viernes, agosto 27, 2010

¿Pa´dónde nos hacemos?

Hace un mes me escribió un lector. Quería saber si aún tenía Diarios del Fin del Mundo. Le mandé un ejemplar de los tres que guardé para mi archivo personal. Pasaron los días y ya no supe si el lector había recibido mi paquete. Hasta ayer, que me mandó este correo (hacer clic en la imagen para verla en grande):


Me quedo corto en adjetivos para describir lo que sentí al leer esto. Ya no sé de qué manera indignarme, de qué nueva forma quejarme ni cómo encabronarme; no sé qué tan fuerte hay que gritar o cómo encausar una rabia que crece día con día al darme cuenta que mi futuro no depende de mí. Ni siquiera eso depende de uno (no quiero ni pensar en quienes tienen hijos). Sólo sé que con cada cosa que me entero, crece más mi horror y mi decepción. Estoy convencido de que México es un estado fallido.

¿Qué hacer? ¿A quién culpar? ¿Al Presidente?, ¿a los gobernadores?, ¿a los policías?, ¿a los mariguanos?, ¿a los cocainómanos?, ¿a los gringos?, ¿a los colombianos?, ¿a los cárteles?, ¿a los partidos?, ¿al desempleo?, ¿a la corrupción?, ¿a la educación?, ¿a la ambición?, ¿al dinero?, ¿a nuestra deficiente condición humana? Ya no sé ni qué pedo. Neta que estoy totalmente perdido. Si somos imagen y semejanza de un tal Dios, entonces ese Dios es el capo mayor. El rey de los hijos de puta (y por favor que venga el cardenal Sandoval Iñiguez a amenazarme con excomulgarme, yo no lo voy a demandar; al contrario: me haría un enorme favor).

¿Cómo ser feliz en un entorno como el nuestro? ¿Cómo sentirse pleno sabiendo estas cosas? ¿Se podrá estar agradecido porque le tocó a otro y no a nosotros? ¿Cómo vivir con tremendo egoísmo? ¿Se darán cuenta que se están matando entre hermanos, que posiblemente el enemigo no esté en casa y que la vida es tan corta como para hacerla todavía más corta? ¿Valdrá realmente la pena?

Vaya existencia la nuestra, estar cuidándonos la espalda. Apuesto a que en Cuba, Corea del Norte, Venezuela, Ecuador o Bolivia se vive mejor que aquí. Lo único que lamento es no tener el dinero suficiente para largarme con toda la gente que quiero a una nación de esas.
En verdad llegué a pensar que nuestra condición evolutiva y nuestra ubicación geográfica daba para tantito más; para no tener que luchar por nuestra superviviencia, como las gacelas y los leopardos, pero me doy cuenta que no es así.

¿Para dónde nos hacemos? Díganme por favor. Si denuncias, te matan; si le entras al crimen, te matan; si no le entras, también te matan; si lo combates, te matan; si trabajas honradamente, te matan; si tienes un patrimonio, te lo quitan; si eres pobre, te matan; si vas pasando por ahí, te matan... Díganme para dónde nos hacemos, por favor. ¿Nos vamos?, ¿nos quedamos?, ¿nos encerramos?, ¿nos van a pagar el funeral el día que nos pase algo?, ¿nos podrán revivir? Neta, díganme qué pedo. Si me lo explican, seguro que lo entiendo. Incluso hasta puedo justificarlo. Pero díganme las cosas sin rodeos. Como son y como van a ser. Sin tintes partidistas, sin mentiras, sin intereses personales de por medio que no sean los de todos los mexicanos que seguimos vivos.

Me entero de esta tragedia de mi lector y me entero también que las chavas de Sinaloa que tiene el restaurante de mariscos a la vuelta del negocio de cajas, tuvieron que cerrar: por miedo. Un negocio de pollos y otro de fiestas infantiles, también cerraron. La señora del vivero donde compré mis árboles para el jardín, está rematando todo. La asaltaron. Nomás estoy esperando el día en que me toque a mí otra vez. Ya ni ganas de ir a trabajar me dan. Quiero estar encerrado, leyendo, escribiendo y dibujando. No me interesa tener dinero, no me interesa tener futuro, no me interesa hacer crecer el negocio de cajas, no quiero tener éxito. Todo es un riesgo, aunque antes estos riesgos no costaban la vida. No quiero nada. No aquí. Solo quiero vivir tranquilo en los dos o tres metros cuadrados que me rodean y que así viva la gente que amo. Pero incluso, a veces, eso es mucho pedir.

P.D. Lo que menciona mi lector en su correo acerca la tira, ni siquiera yo me lo explico...

jueves, agosto 26, 2010

Nubes

Creo que fue en un consultorio médico. Tendría yo unos 4 o 5 años. Estaba hojeando una revista del montón que había sobre la mesita de la sala de espera. No me acuerdo qué revista era, sólo recuerdo que estaba en inglés y que un dibujo impreso entre sus páginas me llamó mucho la atención. A esa edad muy apenas y podía leer en español, por lo que le pedí a mi padre que me tradujera el pequeño texto que acompañaba a la ilustración.

El dibujo era más o menos así:


En ese momento pensé que era un chiste que no había entendido, pues no me causó gracia alguna y no vi que mi padre sonriera después de leerlo. Pasó el tiempo y siempre recordé esa tarde en el consultorio; pero, sobre todo, el dibujo. Al principio pensé que el recuerdo me llegaba por haber sido una situación algo dolorosa, pues ese día llegué a casa con una nalga picoteada con jeringas y una paleta de caramelo como premio.

Conforme fui creciendo, el dibujo se hacía más presente en mi vida, a pesar de no haberlo visto de nuevo. Hasta que comprendí la razón de mi remembranza. Lo tenía presente porque empezaba a entender su triste significado. Conforme “maduraba”, profundicé en su mensaje y una vez que lo capté, tampoco me pareció gracioso.

Siempre temí convertirme en una de esas personas que sólo ven nubes, como el señor del dibujo. Miedo de acabar siendo una persona que quería una cosa y terminó teniendo otra. Alguien que tuvo un sueño y, de todas las veces que se despertó, en ninguna pudo hacerlo realidad. Miedo a creer profundamente en algo y terminar creyendo lo contrario por razones ajenas a mi persona.

Y no hablo del típico miedo a crecer, hacernos adultos y dejar de ser niños; o a llenarnos de responsabilidades y obligaciones. Es un temor distinto. Es un miedo a convertirte en alguien que no eres, a perder la esencia y la capacidad de ver las cosas de manera distinta. Es un temor a que las circunstancias te cambien cuando te des cuenta que ni el Ratón de los Dientes, ni Santa Clos, ni los Reyes Magos ni la Justicia ni Paz en el Mundo existen. Miedo a amoldarte y tolerar una realidad que no te gusta, pero es. Miedo a darte cuenta que no hay fuerza o magia que cambie las cosas malas y deje las buenas como están.

Crecemos y empezamos a ver las cosas "como son" (o como nos hacen creer que son), “de manera objetiva”, “de manera realista”, “fríamente”, y no perdemos el tiempo en contemplaciones ni en cosas que no nos dejen una satisfacción más allá de un cosquilleo en el estómago.

Cuando vemos sólo nubes, creo que es el primer paso para empezar a jodernos. Cuando pienso en que lo que veo no son animales fantásticos de algodón flotando en el cielo, sino simples gotas de agua suspendidas en la atmósfera, es deprimente, pues siento que es lo mismo a decir que: no son oficiales de tránsito, son pinches ladrones; no son policías, son asesinos al servicio de otros asesinos; no son políticos, son hombres que nunca cumplen con su palabra y se enriquecen de manera ilícita; no son autoridades que imparten justicia, son ojetes que no les importas ni tú ni el país ni nadie; no son empresarios, son ambiciosos de voracidad desmedida que tienen a los políticos trabajando para sus intereses personales…
Y así, contrario a la futilidad de una nube, transformamos una realidad cruel y sólida, difícil de disipar.

No digo que todo sea así. Espero que no. Por nuestro bien. Pero, ¿en qué momento se perdió la magia? Es más: ¿alguna vez existió? Alguna vez tuvo que haber existido, porque si pedimos cambios es porque alguna vez vivimos mejor. Tampoco se trata de vivir en el engaño ni de ver cosas que no son para sobrellevarla sonriendo aunque tengamos la mierda hasta el cuello. Lo que digo es que, a pesar de haber perdido casi toda mi fe, no dudo que entre tanta nube común y corriente, haya una que otra con forma distinta, que nos haga volver a mirar el cielo. Esa nube, lo más seguro, es que esté dentro de cada uno de nosotros.

martes, agosto 24, 2010

Ganó México la corona de Miss Universo. ¡Nuestros problemas están resueltos!

Me meto a ver los periódicos y leo algunos de los cientos de comentarios que ha dejado la gente en las notas referentes a este "triunfo". Me horroriza lo que ponen: "A pesar de todo lo malo, hay belleza en nuestro país", "A pesar de todos nuestros problemas, México siempre sale adelante", "Qué bueno, ya necesitábamos una buena noticia", "¡Viva México!"... ¿Hablan en serio?

Ése es el gran problema de nuestro país: que muchos mexicanos necesitan "satisfacciones" de este tipo para sentir que salen de la mierda. Son los mismos mexicanos quienes exigen este tipo de "distracciones" rascuaches, cuando lo que menos necesitamos ahorita, es estar distraidos.

Chale... Por eso seguiremos siendo una bola de atolondrados que se enorgullece de cualquier pendejada; una bola de mediocres que exige distracciones que nos eviten pensar en todo lo malo; hediondos hedonistas en busca de satisfacciones que duren un par de horas aunque todos los días vivamos en la zozobra.

lunes, agosto 23, 2010

Animales

En los museos puedes ver animales disecados que parecen estar vivos.


En los zoológicos puedes ver animales vivos que parecen estar muertos.


No sé qué sea peor. La ventaja de los museos es que puedes ver animales que nunca conociste; y en los zoológicos, animales que tal vez nunca conocerás. Cabe mencionar -como otra ventaja- que la entrada a ambos lugares es gratuita.

De vuelta en mi ciudad, me doy cuenta que los animales más horrendos viven aquí. Y que son una plaga. Y que la gente prefiere ir a regalar su dinero a los casino que meterse tantitos conocimientos en la cabeza. Aunque sean gratis.

sábado, agosto 21, 2010

Rumba Samba Mambo


Ya, en serio: ¿a quién chingados se le ocurrió que estos adefesios podían ser un éxito comercial? Miren nomás qué horror... Espero no tengan pesadillas.

jueves, agosto 19, 2010

Pa´ pinches 500 dólares...

Hoy tampoco me libré de las viejas locas. Es como si su nave nodriza acabara de aterrizar justo en donde vivo. No me tocó en el negocio, pero sí a la hora de ir al banco.

La mujer tenía detenida la fila de clientes porque había ido a cambiar unos dólares y la muy mamona no quería traer "tantos billetes". Pá los pinches 500 dólares pedorros que cambió y todavía se pone sus moños. Es como los cagaleros que llegan al negocio de cajas y no quieren que les dé feria en "moneditas". Como si no fuera dinero. Aparte, las moneditas ayudan a que uno se vea más riatón de lo que está. Inténtenlo y verán.

Bueno, total que la ñora hizo que la cajera -la única que había- hablara a tres sucursales del banco para ver si ahí tenían billetes de a 100, porque los de 50 y 20 "le hacían mucho bulto y ahorita las cosas están muy feas", decía refiriéndose a la inseguridad; como si "los malitos" tuvieran visión de rayos láser y vieran a través de las bolsas de las viejas necias cuánto dinero traen, y, si traen muchos billetes, sí las asaltan, y si no, no.

La cajera, harta, reaccionó, y se puso al nivel de la vieja loca diciéndole: "Los billetes de 100 son mucho más llamativos, señora; aparte nos han tocado algunos casos de billetes falsos de esa denominación. ¿No prefiere mejor que le dé 10 billetes de 50?".

Y la vieja loca aceptó.

Me quedé con ganas de salir corriendo detrás de ella, gritando como enfermo y arrebatarle la bolsa -en broma-, para sacarle un buen pedo y ver si así se deja de mamadas a futuro.

martes, agosto 17, 2010

¿Qué pedo con mis clientas?

¿Qué pedo con las señoras que vienen al negocio? ¿De qué zoológico intergaláctico se escaparon? No conforme con haberme mandado a la necia de ayer que buscaba cajas grandes, hoy, el diablo me manda a una señora con graves problemas de percepción.

La señora buscaba una caja de 50 de largo por 40 de ancho y 8 centímetros de altura. La más parecida que tenemos es de 56 por 40 por 8. Cuando se la mostré, me dijo:

-No… Se me hace que está muy chica.

-Ah, ok, señora, entonces usted necesita una caja más grande.

-No. Necesito una de 50 por 40 por 8.

-Ésta que le estoy mostrando es de 56 por 40 por 8, señora. Tiene 6 centímetros más de largo, pero de las otras medidas es igual a la que busca.

-No… Se me hace muy chica.

¿Cómo una caja más grande puede ser más chica, amables lectores? La respuesta tal vez la encuentren preguntándoselo a las mujeres y a esa magia misteriosa que las rodea y las hace tan necias.

Tuve que meter mi mano en el bolsillo del pantalón para contener esas ganas de hacerla entrar en razón a puras cachetadas -así se acostumbra hacer entrar en razón a las pinches viejas locas- y, como el caballero que soy, le dije:

-Si la caja que busca es de 50 por 40 por 8, ésta es la que más se le parece, señora. Incluso es un poco MÁS GRANDE –dije subiendo el tono de las dos últimas palabras.

La ñora observó la caja, le dio vueltas y la colocó de nuevo en el mostrador:

-No… Está muy chiquita –dijo mirando hacia otro lado de la tienda.

En la pared había otra caja en exhibición, más pequeña aún que la que acababa de mostrarle. ¡Pues no me van a creer que la pinchi vieja me la pidió para compararla!

Y todavía me pregunta: “¿Cuál de las dos es más grande?”

Pobre del marido. Ha de tener el pito bien chiquillo aunque le mida 33 centímetros.

lunes, agosto 16, 2010

Cajas grandes

Aparte de andar esquivando balas y esquirlas de granada, acá, tipo el güey de la película Matrix; evadiendo retenes, bloqueos, comandos armados y raterillos de poca monta; sorteando la crisis, el smog, la cruda y el calor… aparte de todo lo anterior, tengo que aguantar a las pinches viejas locas que vienen todos los días al negocio. ¿Por quéeeee?

Antes de irme de vacaciones vino a la tienda una señora que ha sido lo más parecido a un dolorón de huevos. La vieja necesitaba “cajas grandes”. Así nomás: “cajas grandes”. Cuando le pregunté las medidas específicas, para no caer en relatividades, me respondió: “Es que yo soy más de vista, no de medidas”. “Uooorale”, pensé.

Le mostré las cajas más grandes que teníamos en existencia, para que las midiera con la vista (¡toing!, che vieja loca), pero le parecieron muy caras y “no tan grandes”. Como no entendía bien qué era lo que buscaba la ñora, le pregunté que para qué necesitaba las cajas, y me respondió: “Pa´meter cosas”. Chale... No sé quién esté más pendejo: yo por preguntar lo obvio o ella por responderme. Pero es que a veces por más obvia que parezca la pregunta, es necesario hacerla para ofrecer la opción que cubra mejor las necesidades del cliente (chin... ya hablo como un pinche empleado, snif).

Total que bueno, la vieja quería las cajas para “meter cosas” y las que tenía en ese momento se le hacían muy chiquitas porque ella no era de saberse las medidas sino de verlas, por lo que le comenté que en algunos días nos llegarían cajas más económicas y más grandes, esto último lo dije haciendo un ademán con las manos, como si cargara una cajota, y le dije: “Son cajas como de este vuelo, señora”, y la ñora puso una cara de estar bien contenta y amenazó con volver.

En mi ausencia, llegaron las cajas. Vía e-mil me enteré que la señora volvió al negocio, pero las cajas le siguieron pareciendo pequeñas. Desde el castillo renacentista en el que me encontraba hospedado rascándome los huevos y bebiendo champán entre faisanes, mandé pedir cajas con medidas mayores para mi clienta, pues al cliente lo que pida, ¡sí señor, cómo chingados de que no!

Total que a mi triste regreso -el jueves pasado- recibo en mi teléfono la llamada de doña Cajas Grandes, preguntándome si ya tenía sus cajas. Le dije que no tardaban en llegar, que yo la llamaba al tenerlas, pues no me habían especificado el día del envío. Pero no sé si la vieja ésta sea sorda, esté medio Teletón o nomás le gusta ser bien pinche necia, pues eso de “yo le llamo cuando las tenga” no lo entendió, y me marcó el mismo jueves después de las 7, el viernes en la mañana, el sábado al medio día e incluso el puto domingo, para ver si ya habían llegado las cajas que “tanto le urgían” (che vieja… le urgían tanto que en dos semanas no pudo conseguirlas en otra parte).

Hoy lunes al medio día llegaron las chingadas cajas. La señora necia ya había marcado a las 9 y a las 11 de la mañana. “Ya están aquí sus cajas, señora, puede pasar por ellas”, le dije amablemente con mi última gota de paciencia. Y a los 15 minutos, llegó la vieja.

Tomó una caja, la analizó, se la pasó a su comadre, le pidió su opinión, la comadre asintió y la vieja necia me dijo: “¡Está perfecta! Deme 2”. ¡¿Dos?! ¡¿Dos pinches cajas de 20 pesos cada una?! ¡Dos putas semanas jodiendo con que necesitaba cajas grandes y nomás se lleva dos! ¿En dos semanas no pudo resolver su problema y prefirió atosigarme a tal grado de hacerme perder la fe en la humanidad y buscar ayuda psiquiátrica? ¿¡Por qué, señora, por qué chingados me hace eso!?
Ah, pero eso no es lo “pior”. A la media hora, la vieja volvió. Yo pensé que venía por más cajas… pero no. ¿Saben a qué regreso? A devolverlas. ¿Saben por qué, amiguitos y amiguitas? ¡Porque las putas cajas ahora le parecían muy grandes y no podía cargarlas! ¿Y saben por qué no debemos portar armas? Por situaciones como éstas. Viejajijadelachingada…

¿Por qué no tengo el suficiente dinero para prolongar mis vacaciones 5 años?, snif

jueves, agosto 12, 2010

Los días como un revólver

Hace algunos años -no muchos-, después de cada viaje, estar de vuelta en mi ciudad me provocaba un tremendo alivio. Así la hubiera pasado de lo más chingón los días que estuve fuera, regresar me hacía sentir que estaba en terreno conocido; donde, a pesar de no ser nadie, me sentía importante. Me sentía seguro.

Ahora, ver a lo lejos el Cerro de la Silla o cualquier otra montaña que me indique que estoy cerca de casa, me revuelve el estómago. Regresar es como un fracaso: una depresión que no se puede esquivar; es sentir que puedo ser la nota roja del periódico del día siguiente nada más porque sí. La mayor de las impotencias.

No se cuál sea la solución. Ni siquiera sé cómo empezó todo el problema. Tal vez hay algo podrido en cada uno de nosotros, pues la historia de la humanidad está plagada de historias violentas, de abusos contra los débiles y sed de poder; y, cuando las cosas suceden al revés, es entonces que nacen los héroes. Muertos todos, pero héroes al fin; héroes que trataron de cambiar el sentido erróneo de la vida y lograron muy poco.

No creo que la violencia acabe legalizando las drogas. Drogas siempre ha habido y violencia también. Tampoco creo que legalizándolas se pagarán impuestos y reinará el orden. Evasores del fisco siempre los ha habido y caos también.

¿Cómo afrontar una realidad de fusiles, granadas, sobornos, poder, dinero, coches bomba y más poder? ¿Cómo afrontarla cuando no se tiene nada de eso?... cuando no se quiere nada de eso. ¿Cómo afrontar con educación y valores -la herencia de nuestros padres- un entorno ignorante y bestial? ¿Cómo no evadir esta realidad si queremos salir vivos de ella? ¿Valdrá la pena morir luchando cuando hay quienes mueren sin ton ni son?

Los días son como un revólver con una sola bala en el barrilete. El tiempo, la ignorancia, la falta de oportunidades, las diferencias sociales tan grandes y la ausencia de valores, son el percutor. Ojalá, cada que detone, no nos encontremos ni en el lugar ni en el tiempo equivocado.

lunes, agosto 09, 2010

El planeta de los árboles mochos



Es exagerado pensar que en un futuro cercano habrá niños que no conocerán los árboles. Aunque no es nada descabellado si nos ponemos a contar la cantidad de gente que ha perdido el mínimo respeto por ellos e ignora sus funciones vitales. Hay quienes incluso han desarrollado un tipo de aversión hacia esos seres ramificados de tallo leñoso.

Me estoy mudando a un barrio que queda más cerca de donde trabajo. Según el vecino de la casa que rentaré, hace un par de años, en el patio trasero, había dos limoneros enormes. Medían como 8 metros de altura cada uno, más de lo que miden los limoneros normales. Los árboles pasaban su ramaje por encima de las bardas y compartían con las casas de los costados su sombra y sus frutos. De un día para otro, los dueños decidieron quitarlos y poner en su lugar una horrible placa de cemento.

Cuando mi nuevo vecino cuestionó a los anteriores ocupantes del inmueble la razón por la que quitaron los limoneros, estos le dijeron: “Es que es muy molesto andar barriendo las hojas” (curioso, pues los limoneros son perennifolios), “atraen muchos moscos y abejas cuando florecen” y “los limones se pudren cuando caen al suelo”. Sus tres razones me parecieron pretextos de gente ignorante y huevona, que carece del mínimo respeto por su entorno.

Lo más triste del asunto, es que me he dado cuenta que muchas personas cercanas a mí, piensan de esa forma. Últimamente, cada que visito las casas de amigos, conocidos o familiares, me fijo en sus áreas verdes. Quienes tienen el privilegio de tener un patio -por más pequeño que éste sea-, optan por poner una alfombrita de zacate, algún bambú, alguna planta de ornato, una palma o un asador; pero nunca un árbol.

“Es que los árboles hacen mucho mugrero y mi vieja no quiere andar barriendo hojas”, es la excusa más común que escucho. Un conocido, el que tiene el patio más grande, pagó casi 5 mil pesos por que le fueran a tumbar un nogal de más de 50 años de antigüedad y 20 metros de altura. Un verdadero crimen. Sus razones para cometerlo: “Soltaba muchas hojas”, “las nueces nadie se las comía” y “en las mañanas, por ahí de las seis, llegaban parvadas de loros verdes y hacían mucho ruido”. ¡Háganme el chingado favor! Prefirió una placa de cemento, una palapa, un asador y muebles de patio a un espectáculo de la naturaleza al que casi nadie tenemos acceso por vivir en una ciudad como ésta. Cada que me acuerdo, me da coraje.

La realidad es que nunca ha existido una cultura de respeto –ya no digo al medio ambiente- a los árboles. O sí la hubo, pero desapareció cuando “nos hicimos modernos y progresamos”. Son pocos los ciudadanos que optan por tener al menos un árbol en su casa y cuidarlo; desgraciadamente, existe mucha ignorancia alrededor de este tema, por eso vemos tantas banquetas levantadas, tanta tubería rota, tanto cable de luz y teléfono desprendido y tanto árbol mocho o sacrificado. Si esto es a nivel individual, imaginen ahora en niveles más altos.

Los gobiernos municipales, estatales y federales no han sabido poner un buen ejemplo respecto a este tema y parecen estar igual de ignorantes que uno. Cada que hablan de áreas verdes, se refieren a campos de golf o a rotondas y camellones con pasto y florecitas. Son ellos los primeros en mandar trasquilar los árboles cuando éstos alcanzan los cables de los postes o tapan algún edificio o anuncio espectacular con publicidad o propaganda política. Son ellos los primeros en plantar palmeras donde nunca hubo palmeras, pero pos “se ven chidas” y hasta parece que estamos en la playa, ¿no? Son ellos quienes deberían fomentar la creación de un sistema que se encargue de plantar y cuidar árboles frutales por toda la ciudad, para regalar sus frutos a quienes no tienen que comer, bajando así los costos sociales que provoca la pobreza y los niveles de basura y mala salud que generan los alimentos procesados; en vez de pensar que el fruto es un problema porque “nadie se lo come y se pudre”.

Quienes tampoco ayudan a fomentar esta cultura verde, son los constructores de viviendas, que cada vez las hacen más pequeñas, imposibilitando así las buenas intenciones de tener un arbolito. Fraccionan y les vale madre: tumban todo lo que se les ponga enfrente para construir casitas del tamaño de cajas de zapatos, en vez de construir en función a lo que dicta el entorno natural. Construyen sobre veneros, cañadas, ex haciendas, cerros, etcétera. Lo más curioso es que a sus fraccionamientos les ponen nombres como: “Los Sabinos”, “El Vergel”, “Bosque de los Encinos”, “Hacienda de Los Robles”, “Cañón de los Huizaches” y no hay ningún pinche sabino, ningún pinche encino, ningún pinche huizache y el barrio no es nada parecido a un pinche vergel (¡ya me encabroné, hijos de su pinche madre!).

Yo, por lo pronto, ya mandé hacer 4 boquetes en la placa de concreto del patio del que será mi nuevo hogar. Cada orificio tiene un metro de diámetro por uno de profundidad. Me cobraron 100 pesos por hacer cada uno. Fui a un vivero cercano y compré un ciruelo rojo, un guayabo, un aguacate y una higuera, todo bajo la filosofía de que: si quiero cambiar el mundo, debo empezar primero por cambiar los metros cuadrados que me rodean.

viernes, agosto 06, 2010

Nazissori

Desde el jardín de niños hasta el segundo año de la secundaria estudié en un colegio tipo Montessori. En aquella época, Monterrey no era el monstruo que es ahora, no había tantas opciones educativas y las escuelas privadas no eran tan grandes ni tan costosas.

De las cosas que más recuerdo de aquel tiempo, están algunas de las “extrañas” políticas de mi escuela. Una de ellas era que los alumnos no llevábamos uniforme. El director decía que no éramos robots, que cada quien era un individuo irrepetible y siempre, en las asambleas, presumía que nuestro plantel era el único en todo el Estado que no obligaba a sus niños a vestirse igual.

La otra política era que teníamos prohibido llevar “lonche” hasta el sexto año de primaria. Eran nuestras madres quienes tenían que organizarse para que cada semana le tocara a una llevar los alimentos de todo el salón. Había dos condiciones: sólo se permitía llevar frutas o verduras y nada de refrescos. Si las aguas eran endulzadas con miel o piloncillo, qué mejor.

Desfilaban por nuestros pupitres platos rebosantes de melón, piña, sandía, manzana, pepino y jícama; aguas de tamarindo, mandarina, limón y chía. Era la pura felicidad. Si no veíamos el televisor, no nos acordábamos que existían las frituras enchiladas, los pastelitos rellenos de crema, las galletas con grajeas, las golosinas de colores ni los refrescos. De hecho, si alguien era sorprendido con lo anterior, era reporte seguro, y, acumulando tres, corría el riesgo de expulsión.

El director era –según algunos padres de familia- “un hombre extraño de ideas extremistas”. Como todo director de escuela, era un tipo nada querido por los alumnos; al igual que su hijo. Yo fui de los pocos amigos que tuvo su hijo, pues íbamos en el mismo grado. Recuerdo que los fines de semana nos invitaba a mí y a otros dos compañeros a su casa. Era otro mundo.

Estaba prohibido ver el televisor: sólo se encendía para ver el programa La Canica Azul, Erase que se era -de Cachirulo-, Erase Una Vez El Hombre o algún casete beta de National Geographic, de los que tenían una colección enorme, al igual que de revistas. La falta de televisión se compensaba con montones de libros y enciclopedias de animales, de ciencias (tenían todos los tomos de Proteo Fuerza 10, el sueño húmedo en enciclopedias de los niños de mi época… googléenla, para que vean); había juegos de química, montones de material para hacer manualidades, taller de carpintería, cuadros en todas las paredes, fotografías de paisajes, tenían 2 microscopios, 4 bicicletas, un telescopio y un patio enorme lleno de árboles frutales, hortalizas, tortugas, ranas, peces y aves de distintos tipos. Era muy raro ver al director en su faceta de padre y amigo, sin la cara larga y los regaños que acostumbraba en el colegio, enseñándonos a clasificar hojas y a atrapar insectos para analizarlos en el microscopio; a fabricar granjas de hormigas y pizcar higos para hacer conservas. De hecho, a ese señor tan odiado por todos le agradezco el poder haber visto el cometa Halley, en 1986.

Muchos dirán: pinche viejo loco socialista y anticuado, o: pinche viejo ñoño fascista ecológico autosustentable. Yo, hasta después de muchos años, valoré esa educación que no creo que exista ahora en ninguna escuela. Aparte, mis padres reforzaron esas actitudes y algunas ideas en casa.

Me sacaron del colegio Montessori en segundo de secundaria, cuando el director –por presión de la SEP, por hacer negocio o porque simplemente se dio cuenta que luchaba solo contra el mundo- implementó como obligatorios los uniformes de gala y “de deportes” y puso una tiendita en el patio central del colegio, donde vendían todo tipo de mierda comestible y dañina para los niños.

El ritmo de vida lo cambió todo. Nuestras madres ya no querían lavar tanta ropa ni estar picando fruta 5 días a la semana. Muchas tuvieron que ponerse a trabajar, como nuestros padres, y era más sencillo que lleváramos uniforme, comida empaquetada o algunas monedas para gastarlas en la tiendita.

Mis padres me sacaron del Montessori porque precisamente me habían metido ahí por sus “políticas extremistas”. Eso sí: de que aprendí muchas cosas que en otro colegio no hubiera aprendido, las aprendí y las sigo aplicando a mi vida diaria. Es por eso que yo soy un tipo raro y quejumbroso, que dibuja y escribe en un blog y hace lo que se le pega la gana; mientras la mayoría de la gente que no estudió en una escuela tipo Montessori acabó siendo exitosamente normal.

jueves, agosto 05, 2010

Adelanto

Posible portada para la segunda edición del libro Diarios del Fin del Mundo, que saldrá el próximo año.


P.D. Se aceptan sugerencias en mi mail.

miércoles, agosto 04, 2010

lunes, agosto 02, 2010


Bermuda, Bahama, quieeero una Caguama; Tampico, Jalapa, la la la la la laaa...

¡Ajúa! Al ritmo de los Bitch Boys me despido, pues estaré fuera del país algunos días. Ahí les dejo encargado el blog. Se subirán algunas entradas automáticamente, algunas caricaturas, algunos escritos que me publicaron en Hazme el Chingado Favor y una que otra pendejada, para que no me extrañen.

P.D. Quien se acuerde del nombre, la raza y lo que anunciaba el perro de la tabla de surf en los ochentas, puede estar orgulloso, pues sería un digno miembro del Escuadrón Retro.

Saludos a todos.

viernes, julio 30, 2010

Estoy en proceso (la palabra “proceso” se lee “muy acá”, como si estuviera haciendo algo bien importante, jejeje) de mudarme de domicilio y de realizar un viaje.

El contrato de la casa en donde he vivido los últimos dos años se vence el lunes, y, a pesar de que tengo muy pocas cosas, todavía me falta empacar algunas pendejaditas de las que no me gustaría deshacerme. Lo pesado: el refri, la sala, la mesa, sus sillas y el acuario ya me los llevé.

Me falta también pagar los recibos de los servicios -que llegaron antier- y dejar la casa lo más decente que sea posible para entregarla a sus dueños.

Cuando le comenté lo anterior a un conocido, me dijo: “Nambeee, que te valga verga. Que los recibos los paguen los güeyes que van a entrar a vivir ahí y que limpien la casa los dueños”. Obviamente saqué a esta persona de mi "lista de conocidos" y la agregué a mi lista de "personas a las que hay que aniquilar con todo y familia si queremos vivir en un mejor país”, no sin antes soltar un sonoro "¡Viva México!".

Es muy aburrido hacer maletas, empacar libros y cargar cajas. Pero hoy estuvo chido. Guardando mi ropa me di cuenta que puedo empezar una colección de camisetas de colegas y amigos moneros, jejeje.


lunes, julio 26, 2010

Rasuraditas

Tenía mucho de no escuchar la expresión: "Si quieres te le pongo pelos", y hoy, en una gasolinera -¿dónde más?-, la volví a escuchar gracias a un despachador.

Para los que no saben de lo que hablo, se los explico a continuación. Si uno quiere checarle el aceite al motor de un coche, es necesario sacar una varilla larga que en la punta tiene una marca impresa. La varilla se limpia con un trapo y se mete de nuevo hasta el fondo para volverla a sacar y comprobar que el aceite llegue al nivel indicado.

Por lo general, se batalla para meter la fusta por el orificio, por eso se dice: “Si quieres te le pongo pelos”.

El despachador de hoy salió muy vivo. O muy guarro. Cuando falló en su intento de meter la barrita de metal, sus compañeros de trabajo le dijeron la frase, y éste les respondió: “No, gracias, a mí sí me gustan rasuraditas”. “Tonces ¿por qué le fallas, animal?”, le preguntó un bigotón que parecía ser el líder de los despachadores. “Pos es que este bujero está muy feo: se parece al de tu jefa”.

viernes, julio 23, 2010

A la izquierda del negocio de cajas, cruzando la calle, hay una tienda Oxxo. A la derecha, cruzando otra calle, pero un poco más alejado, está un Seven Eleven. Por “comodidad”, cuando necesitaba algo, iba al Oxxo. Y digo “iba” porque hace dos semanas, a un lado, pegadito al negocio, abrieron un Extra. Por obvias razones –y por huevón-, ahora compro en esta tienda.

Antes compraba en una tiendita de abarrotes que quedaba dos calles atrás. La atendía una viejita y su hija, pero tuvieron que cerrar. Imagino que se las comieron el Oxxo, el Seven Eleven y el Extra, que podrán ofrecer su café rancio, sus hot dogs ojetes y sus burritos para microondas de la verga, pero no venden las tostadas con frijoles, repollo y salsa ni los tamarindos que vendía la viejita.

En menos de 100 metros, por la misma calle, están estas tres tiendas de conveniencia. Si avanzas cincuenta o cien metros más adelante, vez lo mismo: Oxxos, Sevens y Extras amontonados. ¿Serán necesarias tantas? ¿Libre mercado? ¿Libre competencia? ¿Libertad de elección del consumidor? Mamadas.

Comercios con distintos nombres que ofrecen los mismos productos a los mismos precios con el mismo pésimo servicio y los mismos salarios raquíticos para sus empleados. ¿Cuál es su oferta entonces? ¿Que caminemos menos y nos hagamos más huevones?; pues al rato nos van a poner Oxxos, Sevenelevens y Extras a lado de nuestras casas.

Siempre he considerado estas tiendas y la manera en que proliferan, un despropósito, una gran pendejada, un despilfarro de energía y recursos. Voracidad pura.

Hey, pero vivimos en un país rico, libre y moderno. Podemos darnos esos lujos de no caminar tan lejos para comprar algo.

miércoles, julio 21, 2010

Ocupados mis huevos

Como dibujante de monos, soy fan del trabajo de muchos colegas que lo hacen mejor que yo.

Como admirador, he tratado de ponerme en contacto con algunos de ellos, pues han inspirado mi trabajo, han tenido influencia en mis trazos y de grande quisiera ser así de chingón. Calderón, Trino, Falcón, los Chamucos, etcétera.

Algunos de ellos muy amablemente han respondido mis correos, han aclarado mis dudas, me han dado consejos, han colaborado en proyectos a los que los he invitado, o, de perdido, me han agradecido haberles escrito.

Otros, ni se tomaron esa molestia. Los “más famosos” son los que regularmente hacen eso. Algunos me respondieron a través de su asistente personal, diciéndome que “el señor” estaba demasiado ocupado y por el momento no podía responderme.

Eso de “estar muy ocupado” que ni un pinche correo electrónico puedas responder, siempre me ha parecido un mito, por más famoso u ocupado que estés.

Como prueba de ello -y después de escribirles un par de correos más que tampoco obtuvieron respuesta-, se me ocurrió la puntada de crear una cuenta de facebook, de blogger y de correo, haciéndome pasar por mujer. Agarré unas fotos de no recuerdo qué sitio y me creé todo un perfil.

Volví a escribirles a mis moneros favoritos con mi nueva personalidad de vieja buenota, y les pregunté cualquier pendejada. En menos de una hora ya tenía respuesta de todos esos que “no tenían tiempo”, comprobando que mis mensajes simplemente se los habían pasado por los huevos.

Si algo aprendí de esta experiencia, es a no ser como los dibujantes que quiero ser. Al menos no como persona, porque como artistas los sigo admirando.

lunes, julio 19, 2010

Manual cinematográfico del idealista frustrado.

No había visto la película de Avatar... y por fin la vi. ¡Oh, qué gran mierda! La vi porque todo mundo hablaba maravillas de ella, de sus impresionantes efectos especiales y de ese “gran mensaje ecológico”; mensaje ecológico que a todos les encanta cacarear pero nadie pone en práctica ni en las cosas mínimas de su vida diaria. Lo que más me sorprende es que haya críticos que se atrevan a afirmar que James Cameron está revolucionando la industria cinematográfica. ¿Cómo un cabrón que hace películas tres veces más caras de lo que costaría normalmente una superproducción y trata de revivir al ochenterísimo 3D, está revolucionando al cine? Pero bueno, para los gringos eso de “revolucionar el cine” es sinónimo de la cantidad de dinero que metas en taquilla.
Aparte, la historia, los personajes… ¡qué horror! Como dijo un conductor de MTV: Imagina que eres un productor de cine y llega alguien y te dice: “Tengo una idea genial para una película: extraterrestres azules de más de dos metros de altura, con rasgos felinos, que viven en un árbol, montan dragones y tienen sexo a través de sus colas de caballo”. ¿Qué pensarías? Yo, pensaría que está orate y que su película será una mierda. Como lo es.
Lo único positivo de verla fue que saqué un buen apodo para mi amigo El Sabalito de Chapopote, un güey alto, flaco y moreno. Ahora le decimos el Avatar. Aunque Sabalito de Chapopote sigue sonando mejor.

Total que para quitarme ese trago amargo que me provocó ver Avatar, me fui de rol a varias librerías, tiendas de discos y changarros para ver si conseguía algo nutritivo para mi reproductor de dvds, y conseguí películas muy chidas, que traen mucho idealismo y mucho mensaje de hermandad, igualdad, lucha, libertad, respeto, paz, sha la la la laaa y esas cosas bonitas que no existen afuera de la pantalla. Ora verán:


Mi primera recomendación se llama los Edukadores. Es una película alemana del 2004 que cuenta las aventuras de dos amigos, Peter y Jan, que se hacen llamar así: los Edukadores. Son una onda tipo artistas callejeros que por las noches entran a las casas de los millonarios a hacer desmadre y a dejar mensajes como: “Sus días de abundancia están contados”, o: “¿No crees que tienes mucho dinero?”. Todo lo anterior como un acto de protesta, casi artístico e inofensivo, pues no roban nada y sólo entran a las casas cuando sus dueños están de vacaciones. Su objetivo es crear un terror psicológico para ver si así esos ogros capitalistas recapacitan, snif. Peter tiene una novia, Jule, que trabaja horas extra de mesera en un restaurante para poder pagar una deuda interminable, pues, irónicamente, chocó contra el auto de un ricachón. La morra no puede pagar más la renta de su depa y tiene que mudarse a vivir con su novio, quien comparte apartamento con Jan. Un día, Peter viaja a Barcelona y deja a Jule con Jan, quien le revela sus actividades nocturnas. Jan y Jule buscan la mansión del millonario al que Jule le está pagando el coche, la ven sola y deciden entrar. Pero al salir, Jule olvida su teléfono celular (ah, pinchis viejas, nomás cagándola). Total que vuelven a la mansión a buscar el teléfono y el burgués propietario del inmueble los sorprende. A los chavos no les queda otra más que amordazar al hombre cuando éste amenaza con llamar a la policía. Llaman a Peter, que ha regresado de su viaje, y entre los tres deciden tomar como rehén al millonetas. Total que los cuatro se van a una cabaña en una montaña con paisajes rete hermosos, propiedad de un pariente de Jule, donde permanecen varios días mientras resuelven qué chingaos hacer con el jueguito que se les salió de control. Después de algunos pleitos, diálogos y reflexiones muy chidas, y de las típicas frases de los viejos derrotados pero “exitosos”, esas de: “Yo pensaba igual que ustedes, pero el mundo me cambió y uno no puede cambiar al mundo”, deciden regresar al millonario a su casa, pues éste promete no denunciarlos. Y ya no les cuento más. Véanla. Está muy chingona y cuesta 50 pesitos en la Gandhi.


Otra recomendación que les hago se llama Martín (Hache), así, entre paréntesis. Es una coproducción de Argentina y España de hace más de una década. Hache (así le dicen porque es Martín Hijo) es un morro de 19 años que no estudia ni trabaja (¡qué envidia!, snif), vive con su madre y toca en una banda de rock con sus amigos. Una noche, despechado porque una chavita lo rechaza, se pone bien pedo, se mete cocaína y termina en el hospital. Su padre, un exitoso director de cine que detesta Argentina y vive en Madrid desde hace ya mucho tiempo, vuela a Buenos Aires para verlo, después de 5 años de no hacerlo. Ya recuperado, la madre de Hache, quien ha formado otra familia, habla con el padre de éste y lo convence de que se lo lleve a España, porque ahí en casa nomás le estorba. En Madrid, Hache conoce a Alicia, la joven amante yonki de su padre, y se reencuentra con Dante, un actor bisexual, el mejor y único amigo de su papá. La película es una reflexión profunda y divertida acerca de la vida, acerca de esa búsqueda de identidad y sentido. Un discurso sobre la hipocresía social, los ideales y sobre la imposibilidad de evadir las responsabilidades y obligaciones cuando se llega a la adultez, pues, según el protagonista, tener obligaciones no es vida, sino esclavitud. La neta la película trae muy buenas cavilaciones sobre el significado de la patria, el trabajo, la soledad, el amor, la pertenencia. Todos los personajes tienen puntos de vista distintos y, al final, terminamos dándonos cuenta que todos tienen razón, por crudas o ingenuas que sean sus conclusiones; basta saber cómo queremos vivir nuestras vidas para encajar en alguna de ellas, con el único fin de no vivir equivocados o, peor aún, frustrados. La pueden bajar o ver en el youtube. Yo no conseguí el dvd. Ah, aparte salen las chichas a Cecilia Roth, jejeje.


Ésta es más famosona, se llama Into the Wild, y es una película que vale madres si la dirigió Sean Penn o está basada en un suceso de la vida real o tuvo algunas nominaciones al Óscar. Lo chingón de esta película es que refleja todo lo que un verdadero hombre –y no una rata de dos patas, como diría Paquita la del Barrio- quisiera hacer: aflojarse la corbata, desabotonarse la camisa y correr en pelotas entre los matorrales, gritando como animal; enloquecer un día y abandonarlo todos para irnos a vivir lo más alejados que sea posible de la tecnología, las guerras, el materialismo, el dinero, la mala televisión y, ay, esta falsa sociedad.
Se cuenta la historia de un morro recién salido de la universidad que decide dejar las comodidades y la seguridad de “su mundo” para convertirse en un nómada que cree que viviendo en contacto con la naturaleza y valiéndose por sí mismo, alcanzará la felicidad y se sentirá pleno. El chavo viaja por Estados Unidos durante dos años hasta que en Alaska encuentra un camión abandonado que le sirve de casa. Si alguna vez llegan a hacer lo que el protagonista de esta película hizo, no cometan su mismo error. Por eso mejor estudien botánica, o, de perdido, tengan un amigo hierbero, jejeje. Nunca está de más.


Temporada de Patos es una película mexicana en la que no sale ni Diego Luna ni los hermanos Bichir, gracias a Dios. “Ay, guákatelas, cine mexicano, ¡qué asco!”, dirán muchos, pero allá ustedes si se la pierden. También vale 50 pesitos en la Gandhi, cómprenla de perdido por el precio, no sean cabrones. Trata de dos chavitos de unos 13 años que se juntan un domingo a jugar al “Nintendos” y a pedir una “pikza”. El repartidor llega como un minuto tarde (según los 30 minutos establecidos de entrega) y los morrillos se lo quieren chingar diciéndole que no se la van a pagar. Total que lo que empieza como una pendejada desencadena una trama llena de personajes conmovedores, con vidas torcidas y sueños frustrados; empezando por el repartidor, que quería ser veterinario y termina trabajando en el antirrábico, de donde renuncia porque no soporta sacrificar perros. Un personaje muy chingón ése del repartidor de las pizzas. Hay una escena que no tiene madre, ya casi al final. Dura como 20 segundos, pero resume de manera genial el mensaje de la película. Al terminar de verla queda una espinita clavada: la de algún día tener los huevos para dejar de ir a trabajar, recibir la llamada del jefe bien encabronado pidiendo una explicación y mentando madres, y contestarle: “Pues córrame, pinche viejo… me vale pito", para después sentir una paz enorme porque nos quitamos un pesote de encima.


Y ya por último, La Vida de los Otros, que es la película que le ganó al Laberinto del Fauno el Óscar a Mejor Película Extranjera.
En 1984, la Stasi –que era la policía de la República Democrática Alemana- vigila la vida de la gente. Gerd Wiesler es un duro capitán de la Stasi a quien se le asigna espiar a Georg Dreyman, un famoso dramaturgo, y a su novia, pues dudan sobre la fidelidad de Dreyman al régimen. La Stasi instala micrófonos ocultos en su departamento y el espionaje le permite a Wiesler adentrarse en el mundo artístico de Dreyman y en sus relaciones afectivas.
Después del suicidio de un director de teatro amigo suyo, Dreyman consigue una máquina de escribir de contrabando que le traen del oeste (pues la Stasi tenía registradas todas las máquinas de escribir), y redacta un artículo sobre el alto índice de suicidios en la RDA, dato que es mantenido en secreto por el gobierno comunista. Dreyman esconde la máquina en un hueco en el suelo de su departamento, para no ser descubierto.
El oficial Wiesler, seducido por “la vida de los otros”, abandona su objetivo inicial de encontrar pruebas que inculpen a Dreyman como traidor al régimen (a esas alturas, ya tenía suficientes pruebas para empinarlo). Wiesler también se da cuenta de la corrupción, absurdos, abusos y contradicciones del sistema en el que siempre había creído, se sensibiliza y decide proteger a Dreyman escribiendo datos falsos y sin trascendencia en sus informes.
El artículo de los suicidios aparece publicado poco después en una importante revista de la Alemania Occidental, causando revuelo. La Stasi se pone a buscar al escritor responsable para jodérselo. La novia de Dreyman es llevada a prisión para que declare ante el mismísimo Wiesler (¿pos no que ya se había vuelto bueno?). Al no soportar la presión ni las amenazas de éste, termina delatando a su novio y el escondite de la máquina de escribir. Pero, oh, sorpresa…
Y ya no les digo más porque se las arruino. Sólo les digo que es uno de los finales más chingones que he visto en mi vida. De los que mejor sabor de boca me ha dejado. Hasta optimista me sentí, y eso que soy bien pinche fatalista. También consiguen esta película en la Gandhi.

miércoles, julio 14, 2010

Píquele a la palabra color verde

Otra nota positiva sobre Uruguay; la cual, me plantea serias dudas.

¿Habría hecho lo mismo ese director técnico que gana 4 millones de pesos al mes y no da buenos resultados; el mismo que con la prensa española dice que México está jodido y luego se desdice para aparecer como líder en una campaña mediática a nivel nacional diciendo que cree en su país y que lo ama y que es momento de cambiar su historia?

¿Harían lo mismo esos guerreros aztecas que defendieron los colores de la patria pateando balones fuera de la portería, anunciando sándwiches, saliendo con "estrellas" de la TV y yéndose de peda a los antros favoritos de la delincuencia organizada?

¿Harían lo mismo esos directivos anticuados, miserables y corruptos de la Federación Mexicana de Fútbol?

No lo creo. Ha quedado demostrado un chingo de veces que su "amor por México" es de dientes pa´fuera. Su amor es al dinero, y eso no es suficiente para cambiar este país.

Insisto: ¿No se le podrá aprender algo, aunque sea un poquito, a Uruguay?

viernes, julio 09, 2010

De rol con el Escuadrón Retro


P.D. A todos los que me han ofrecido su casa, su agua, su comida, su baño y han tenido tantas atenciones conmigo, se los agradezco de corazón. Muchas gracias. Ya tengo luz y agua y ya no tengo pretexto para seguir sin bañarme, snif.

P.D.2. Estén pendientes de Hazme el Chingado Favor, porque voy a colaborar con ellos.

miércoles, julio 07, 2010

Amo a mis clientes

Las mujeres son necias por naturaleza y al negocio de cajas llegan por montones. Con el tiempo me he dado cuenta que, cuando una mujer se casa con una idea, no hay quién se la quite de la cabeza.

Ah, pero eso sí: no hay peor cosa que una mujer necia y, aparte, que sea fea y ande de mal humor. Ésas deberían incluir un instructivo que advierta: No mojar, que no le dé la luz y no alimentarla después de la media noche, como a los pinches Gremlins; o, de perdido, que cuenten con un permiso de la PROFEPA, para que puedan andar sueltas en las calles.
Y es que me toca cada caso. Por ejemplo, ayer llegó una señora que yo no sé por qué no se la llevó el huracán Alex o la nave nodriza que la abandonó en este planeta. La charla estuvo así:

-Hola, buenas tardes, señora –le digo cuando abre la puerta, pero no me responde. La mujer observa a detalle la tienda y, después de mirar en todas direcciones, por fin se percata de que estoy ahí.

-Busco unas cajas de plástico que tienen una tapita que…

-Híjole, señora, no manejamos cajas de plástico –le digo, pero se me queda viendo con cara de “¿por qué me interrumpes, imbécil?”, y prosigue.

-Son unas cajas así: cuadraditas, blancas, como de plástico corrugado –dice haciendo ademanes con las manos.

-No, señora, tenemos puras cajas de cartón corrugado, doble corrugado y micro corrugado.

-No, pero yo la quiero de plástico.

-Es que no manejamos cajas de plástico, señora. No las fabricamos, pero puede conseguirlas en...

-¿Y de las transparentes?

-¿Transparentes de cuáles, señora?

-De plástico transparente.

-Es que manejamos puras cajas de cartón, señora. No fabricamos cajas de plástico.

La mujer me mira con sospecha y vuelve a pasear su vista por el local, registrando cada rincón y cada artículo, para percatarse de que no miento. Me observa de nuevo y me dice:

-Bueno, entonces por lo pronto me voy a llevar 10 cajas de esas que dice ahí que son para mudanza; quiero guardar ropa.

-Claro que sí, señora, ahorita se las traigo.

Llego al mostrador con las 10 cajas para mudanza y la señora me dice:

-Ay, ¿pero a poco vienen así: desarmadas?

-Sí señora, pero no tiene chiste armarlas. Mire: nomás las abre y les pone…

-No. Yo las quiero armadas.

-Es que si las armo luego no…

-¿Hay un costo extra por armarlas o qué? –me dice con tonito desafiante.

-No, señora, claro que no – le digo, y me pongo a armar las pinches cajas. Al armar la segunda y ver el volumen que ocupan, la señora voltea a ver su coche y luego voltea a verme pelando los ojos:

-¡Ay, pero no me van a cabeeer!

Pensé que la rata que hacía girar su cerebro reaccionaría como a la sexta caja, pero me salió barato: reaccionó a la segunda caja armada.

-Por eso le decía, señora, que mejor se las lleve así: desarmadas.

-Ay, ¿pero luego en mi casa cómo las armo?

-Con cinta, señora. Les pone cinta en...

-Ay, pero también te voy a tener que comprar la cinta, ¿verdad?

-Eh… sí, si en su casa no tiene cinta, sí va a tener que comprarla.

-Pues ándale, dame entonces también una cinta –me dice como si fuera yo el culpable de sus desgracias. Pero ahí no paró la cosa. Como estaba lloviendo, me dice:

-Ay, pero está lloviendo, se van a mojar.

-Sí, tal vez le caen algunas gotitas en el trayecto al coche, pero no les pasa nada, señora.

-¿No tienes una bolsa?

-Híjoles, señora, es que para estas cajas se necesita una bolsa más grande que las de los tambos de la basura.

-¿Y no tienes de esas bolsas?

-No, señora, pero le juro que no les pasa nada a las cajas con que les caigan tantitas gotas. Si les pasa algo, se las cambio y no se las cobro.

La mujer no quitó esa mirada sospechosa ni ese gesto de desaprobación hasta que metí todo en su coche y arrancó.

Insisto: hay mujeres que deberían traer un instructivo: No mojar, que no le dé el sol y no alimentar después de la media noche, como a los pinches Gremlins.

martes, julio 06, 2010

Uruguay, otra vez

Sin el patrocinio millonario de televisoras, bancos, teléfonos, alimentos, refrescos, cervezas o tiendas de conveniencia.

Sin los “pensamientos positivos” o “buenas vibras” de 50, 70 o 90 millones de habitantes.

Sin jugadores inflados al nivel de superestrellas ni salarios obscenos.

Sin campañas de “sí se puede”, “es nuestro momento”, “es ahora o nunca”, “hay que cambiar la historia”, etcétera.

Sin comentaristas lamehuevos y tendenciosos ni el mejor equipo de comediantes y viejas buenas.

Sin todo lo anterior, Uruguay llegó a semifinales. ¿Cuánto tiempo seguirán soñando los fieles enajenados mexicanos con que su país llegue -de perdido- al quinto partido? ¿Por qué un país diminuto y charchino -para muchos- sí puede lograr eso; y una rica superpotencia como México -según otros-, no puede?

Un país enfermo, lo está de todas partes. No puede estar enfermo de la mitad pa´ rriba y sano de la mitad pa´ bajo. Las enfermedades se expanden y lo infectan todo.

Algo tan insignificante como el fútbol viene siempre a recordarnos nuestra condición agónica, los males que arrastramos desde hace tiempo y los males actuales. Con un país enfermo, al que se le receta por años el mismo medicamento que no lo cura pero lo mantiene vivo, no hay más que hacer dos cosas: o se le cambia el medicamento de manera radical (como cambiarle las quimios por veneno de alacrán volador a un enfermo de cáncer) o se le deja morir, porque mantenerlo vivo, la verdad, sale muy caro.

Un país sin cambios no es un país sano.

Siempre pongo de ejemplo a Uruguay porque se que es un país en el que ha habido verdaderos cambios. Cambios tan profundos en su esencia que el resultado se refleja de manera positiva en cosas tan superficiales como su fútbol.

Ya lo dije una vez: no pido que México sea ordenado, austero, limpio, culto, equilibrado o tolerante como lo es Uruguay; me conformo con que Monterrey y su área metropolitana lo sean.

¿Qué nos falta? O será: ¿qué nos sobra?

lunes, julio 05, 2010

La colonia donde vivo lleva cinco días sin luz ni agua. Si esto fuera el fin del mundo, no sería tan malo. Es simplemente volver al origen: reconectarnos con el hombre de las cavernas que se adapta a un entorno. Seguimos portando el gen prehistórico de la supervivencia básica, que se niega a desaparecer a pesar de todas esas comodidades que pretenden volvernos inútiles.

La gente a la que no le fue tan mal con el huracán, no sabe convivir con ese gen salvaje. No lo activa. No aprovecha el agua de la lluvia para beberla o bañarse; no aprovechan el silencio que ofrece la falta de energía eléctrica para revalorar su condición humana. Prefieren -al más puro estilo de las producciones hollywoodenses- salir a la calle desesperados, pidiendo ayuda, a buscar el tumulto, a corretear el camión de los garrafones, atiborrar los comercios. Quieren ser víctimas también. Que se les tome en cuenta. Que se les salve como los salva la virgencita y los gobiernos.

Por las noches, las flamas de las velas dan un aspecto hostil a mi habitación cada que bailan con la tenue brisa que se cuela por la ventana. Si algo positivo dejó tanta agua, es que se limpió el cielo y se ven las estrellas. Cuando las flamas tiemblan, las sombras se deslizan por el techo y las paredes, y el abanico que pende sobre mi cama es como una araña inmóvil que me acecha. En esos momentos aprovecho para pensar.

Hoy en la mañana empezaron las labores de limpieza y reconstrucción del estado. Algunos ciudadanos se han solidarizado con quienes lo perdieron todo. Han mandado toneladas de agua embotellada, latería, pasta y pañales a las zonas afectadas. El problema después va a ser las toneladas de basura: botes de plástico, latas, empaques y pañales que, queriendo solucionar un problema, causarán otro. Aquí prevén una cosa pero descuidan muchas otras. Razonamiento típico de un país del tercer mundo. Pero la buena intención es la que a final de cuentas cuenta.

Al medio día, en un café internet, leí que aumentarán el gas un 55%. Se necesita ser muy hijo de puta para hacer esto. ¿Qué medidas deberán tomarse para darles tantita conciencia a esos empresarios extranjeros de mierda que lucran con la tragedia en nuestro país y en nuestras narices? ¿Será necesario un atentado terrorista en sus instalaciones? Sería viable, e incluso lo apoyo, pues en este país se consiguen más cosas por la vía del terror que por la de la protesta o la razón. ¿Será necesario un dictador de la magnitud de Hugo Chávez? No sería mala idea. Incluso también la apoyaría. Un dictador que expropie compañías rateras que ofrecen pésimos servicios a precios elevados; un dictador que, como don Hugo Chávez, cierre a la verga todas las estaciones de radio y televisión que se la pasan diciendo pendejada tras pendejada, peleando por rating y vendiendo lástima. La verdad, no creo que perdamos gran cosa y, al contrario, ganaríamos bastante.

En fin. En situaciones como éstas uno se da cuenta que siempre son los más jodidos quienes se solidarizan con sus semejantes: las clases bajas y medias. Son ellos quienes reparten lo poco que tienen para que alguien más pueda tener. Los ojetes de siempre seguirán siendo los ojetes de siempre. Los que tienen todo gracias a que hay muchos que no tienen nada. Los mismos que nos instan a cambiar las cosas cuando ellos no mueven un dedo. Y no mueven un dedo porque de seguro los tienen metidos en el culo.

viernes, julio 02, 2010

Entre olas de lodo y violencia

Mi ciudad, mi estado y mi país: entre olas de lodo y violencia. ¿Cuáles dejarán más estragos?

Las primeras arrastran basura, piedras, fierros, coches, calles mal planeadas, casas de madera, muebles, trastos y una que otra vida. Pero no se llevan la mugre verdadera.

Las segundas arrasan con la paz, las ganas de luchar, el optimismo, el amor por una patria, la confianza en un gobierno, la fe en las personas y muchas vidas inocentes.

Si en algo se parecen, es que ambas se llevan nuestro presente y nuestro futuro. Ese patrimonio por el que trabajan tantos.

La gran diferencia es que las primeras se calman cuando la tormenta se aleja y es entonces que empieza la tarea de reconstrucción. Las segundas, ¿cuándo se calmarán?

P.D. Y falta que llegue la marea negra, cortesía de British Petroleum.


miércoles, junio 30, 2010

He llegado a creer que la mayoría de la gente en México toma sus decisiones de esta manera:

lunes, junio 28, 2010

Cambiar la historia


No se pudo… y no se podrá. Tal vez nunca. No aquí. Ni en el fútbol ni en ningún otro campo.

Aparte, ¿qué se puede y qué quieren lograr todos esos que cantan a coro “sí se puede”? Para mí, continúa siendo un misterio; una meta patriotera ambigua que se busca conseguir a base de pasión desbocada y gritos disfrazados de mentalidad positiva.

O quizá esté equivocado y sí funciona pensar así. Tal vez los criminales optaron por esa mentalidad positiva del "sí se puede" y por eso han logrado todo lo que han querido y llegado hasta donde han llegado.

En México es difícil conseguir las cosas, más si uno no se apega a las conductas canallas que rigen un sistema podrido y carente de valores al que deben mimetizarse quienes no quieren quedar fuera. No se consiguen las cosas porque lo que se busca en realidad es otra cosa a la que se dice andar buscando.

No se busca ser mejores: se busca tener mucho. No se busca ser honestos: se busca que nos vean en misa del domingo y hablen bien de nosotros. No se busca hacer las cosas bien: se busca tener ganancias rápidas con el mínimo esfuerzo. No se busca ser moderados: se busca el despilfarro.

Quieren que vivamos de las apariencias: del agente de tránsito iletrado que va crudo a trabajar y no da una por los ciudadanos; ah, pero eso sí: maneja una patrulla último modelo que levanta los 100 kilómetros en 5 segundos. Del futbolista que anuncia refrescos, papas, panes y dulces, pero no sabe pegarle al balón. De los políticos que hablan bonito frente al pueblo pero obedecen a intereses oscuros.

Eso que quieren lograr -el primer mundo, el desarrollo, el país ejemplar, la gente feliz y optimista, etc.- nunca se podrá en una tierra sin ley, con ciudadanos cada vez más ignorantes y jodidos, con diferencias tan marcadas y absurdos tan grandes. Absurdos tan grandes como el sueldo de los futbolistas, la guerra contra las drogas, la eliminación de la tenencia para reactivar la industria automotriz (¡genial!, más coches en las calles) o una ridícula agencia espacial que –como la selección mexicana, que no cargará una copa del mundo- nunca pondrá a un mexicano en órbita.

Cada vez estoy más convencido de que no se puede y no se podrá cambiar nuestra triste historia si no es a balazos o huyendo de aquí. No hay otra opción. Yo, por lo pronto, opto por el aislamiento: estar entre cuatro paredes el mayor tiempo posible, pues se volvió imposible vivir aquí.

Ah, pero es sí: los culpables de todo somos nosotros, los que no tenemos fe. Por eso las cosas están como están.

viernes, junio 25, 2010

El vendedor de cajas con súper poderes

No llevé a lavar mi ropa sucia con tiempo y tengo que andar en camisa de manga larga con este calor. Cada que termino una llamada por teléfono celular, limpio la pantalla empapada de sudor con el faldón de la camisa.

La gente es muy curiosa. Hoy se le cayó el marbete con el precio a una caja de las 100 que tenemos en exhibición. ¿Y qué creen que hacen los clientes cuando entran? Preguntar por ella; preguntar por la única caja en toda la tienda que no tiene precio.

Han sucedido cosas extrañas. O, más bien, he querido verle el lado "extraño" al asunto para no aburrirme tanto. Ayer vino un cliente -el primero del día- y su total fue de 173 pesos. El segundo cliente del día se llevó cosas distintas que el primero, y su cuenta fue de 173 pesos. También me ha pasado que agarro las cosas exactas. O casi exactas. Por ejemplo: un cliente me pidió 50 cajas para tornillos. Tomé una cantidad de cajas para tornillos al azar de un montón, y, al contarlas, eran 49. Más tarde me pidieron 72 bolsas para regalo, y agarré 71. Hoy me pidieron 25 cajas de las blancas, y tomé 26. Con la práctica, de seguro afinaré estos súper poderes que tengo.

Al final del día llego a casa y me reciben cajas apiladas, libros tirados y muebles movidos. Estoy por mudarme a un lugar más económico. Entro al baño, meo y me siento raro al verme en el espejo. No sé si sea porque siento que soy el mismo o porque dudo si lo siga siendo. Cualquiera de las dos opciones hace que uno se sienta raro. Espero sólo sea la primera. Aunque a veces pesa más la segunda sensación.

miércoles, junio 23, 2010

Percas del Nilo en mi ciudad

El negocio de cajas está ubicado en una zona donde las balaceras, los levantones y los bloqueos de calles son comunes. Esta situación ha ayudado a que se eleven las ventas, pues a diario llega gente buscando cajas para meter sus cosas y cambiarse de ciudad o mudarse de país.

Cada que vienen, no puedo evitar sentir un poco de envidia, pues me gustaría estar en sus zapatos. Y es que no le veo otra solución mas que ésa: huir... o tirar una bomba que barra con todo y empezar de nuevo. Ya nos dimos cuenta que poner nuestro "grano de arena" siendo buenos ciudadanos no da ni buenos ni rápidos resultados, porque los granos de arena se ponen donde hay playa, no escolleras de piedras con bordes afilados.

No se huye por cobardía, simplemente se busca a los de una misma especie. Es como si viviéramos en una comunidad de negros o en un barrio de chinos siendo los únicos mexicanos, blancos que hablan español. No es que uno sea racista, pero ¿a poco no se sentiría extraño? Bueno, ahora imagínense vivir rodeados de criminales. ¿Cómo creen que se siente?

En Monterrey sucede lo mismo que pasó en el lago Victoria -allá en África- cuando introdujeron la perca del Nilo. El pez –de gran tamaño y enorme voracidad- se adaptó perfectamente a las condiciones del lago y arrasó en menos de 20 años con su ecosistema. Todo lo que hay en el lago Victoria es perca del Nilo. En la actualidad, el filete de este animal es un gran negocio para la Unión Europea, pues se vende como mero en cantidades industriales alrededor del mundo. Lo curioso del asunto es que, quienes viven alrededor del lago Victoria, se mueren de hambre. ¿Por qué acabar con algo que al principio fue un problema pero ahora deja tanto dinero en tan pocas manos?

El culto por lo material, la voracidad, los vicios y la ignorancia se instalaron en mi ciudad, se adaptaron a sus condiciones, impusieron las suyas y han arrasado con todo; generando jugosos negocios para muy pocos y muerte para muchos. No le veo otra solución más que huir… o tirar una bomba que barra con todo y empezar de nuevo.

lunes, junio 21, 2010

Enajenación



Aprovechando la enajenación que provoca el mundial de fútbol, me tomaré la libertad de lanzar algunos tiritititos reflexivos al área. No es nada que no sepamos, pero me ayuda como desahogo para no salir a la calle con mi bazooka a dispararle a todos esos que traen puesta “la verde”:

-Las dos televisoras de siempre, el pan que da chorrillo, el refresco que pica los dientes, las frituras enchiladas que engordan a los niños, la leche rebajada, el servicio telefónico con las tarifas más altas del mundo, el banco más ratero… Con esta “renovada” selección mexicana, que promete cambios que nunca ha aplicado, de seguro todos los mexicanos ganamos.

-La gente prefiere pagarle un millón de pesos mensuales (yendo al estadio, comprando abonos, comprando camisetas oficiales, bebiendo cerveza, etc.) a un pendejo para que patee un balón y lo meta en una portería, que pagarle más de 7 mil pesos mensuales (pagando impuestos, etc.) a un policía o a un médico del seguro social para que hagan bien su chamba. El fútbol ante todo, pos qué chingados.

-Un evento de esta magnitud, en medio de una de las peores crisis económicas, realizado en el continente más jodido del planeta, no me da buena espina. Me huele a que los únicos beneficiados van a ser los mismos huevones encumbrados de siempre: ésos que se la pasan componiendo canciones, haciendo obras de beneficencia y clamando por que se les perdone la deuda a los africanos para quedarse con la tajada más grande del pastel.

-Eso de las pasiones desbordadas por equipos que representan de manera ambigua una ideología, una institución o una patria, tampoco me da buena espina. Nunca he confiado en la gente que basa su estado de ánimo, sus opiniones o su productividad en el resultado final de un partido de su equipo favorito. De hecho, nunca he comprendido el por qué "irle" a alguien o defender "los colores" de una camiseta.

-Para todos ésos que ya ven a México campeón del mundo, desde ahorita les digo: aunque México sea campeón, las cosas no van a cambiar. Hemos tenido muchos campeones del mundo (clavadistas, marchistas, boxeadores, etc.) y no ha pasado de un día de hueva y peda total con resaca y actitud positiva al día siguiente. El verdadero cambio va más allá del “sí se puede” o del “sí se pudo”; va más allá de 11 babosos diciendo que “hagas sándwich” y de su sobrevalorado director técnico choreándonos con que ama a México pero vive fuera de él. Mientras vivamos en una sociedad con tantas y tan marcadas diferencias, donde se mata por comida, coches y droga, México puede ganar mil mundiales y darnos “mil alegrías”, pero si el cambio no es de fondo, seguirá yéndose directito a chingar a su madre.

-Los partidos de fútbol se ganan con goles y las guerras se ganan con balas. Ambas cosas pudieran evitarse –fútbol malo y guerras sangrientas- si al dinero se le diera menos importancia de la que tiene.

-La gente justifica los partidos de fútbol diciendo: “Es que hay que darle de vez en cuando una alegría a la gente en medio de tanta tragedia”. O: “A veces este tipo de distracciones son buenas para que la gente se olvide un rato de sus problemas”. No sé, en lo personal, no comulgo con esas ideas. Si se necesita “darle alegrías y distracciones a la gente”, es porque la vida apesta, y quienes "nos dan esas alegrías” son precisamente los culpables de que la gente crea que su vida apesta a tragedia y problemas, y la solución es consumir los placebos que ellos mismos ofrecen.

-En las escuelas primarias y secundarias de mi país, llevan televisores para ver los partidos de México y, cuando el juego es a la 1:30, dan la salida temprano. Me enteré por ahí que en algunos planteles educativos, si los niños no llevan la camiseta de la selección mexicana, se les castiga haciéndolos llevar el “uniforme de gala” del colegio y no se les dan los “puntos extra” que se les dan a los que sí acatan la orden de comprar su playera. Neta que con un sistema educativo así, si tuviera hijos, preferiría aventarlos al monte para que los educara un oso o una pantera, como en el Libro de la Selva. Sería más seguro.

-Saramago y Monsi, a pesar de todo lo que lucharon, lograron muy poco para hacer de este mundo uno más humano. Su mejor legado -aparte de sus letras, críticas y opiniones- fue su ejemplo. Pero nunca es suficiente pelear con la inteligencia en un entorno que prefiere los proyectiles. Su legado ahí está. Nomás que hay que echarle el doble de huevos si queremos imitarlo. Y educar a los niños para que quieran ser como Saramago y Monsi, no como el "Chicharito" y el "Temo".

¡Haz Lonche!

sábado, junio 05, 2010

Huyamos

Entre más notas leo y más investigo sobre Uruguay, más me sorprende.

Nos llevan aaaaaños de adelanto en un chingo de aspectos que, como buen mexicano, me da hueva y envidia mencionar. Aaaaaños...

Y sí, comprendo que su población es la misma que la de la ciudad de Monterrey y su área metropolitana (o un poco menor) y que los países pequeños no tienen los mismo pedos que los países grandes (que, aparte, son vecinos de los gringos); lo que me pone a pensar: ¿por qué diablos Monterrey -ya no pido todo México- no puede ser como Uruguay en vez de aspirar a ser como cualquier ciudad texana?

Uruguay está en mi top 5 de países -o ciudades- a los que me iré a vivir cuando la delincuencia, los derrames de petróleo, los empresarios, los malos gobernantes y los malos ciudadanos acaben con México.

De hecho, en mi lista, Uruguay está por encima de Copenhague, Brujas, Dublin, Tahití y Lucerna. Ya nomás falta que el 22 de junio le ganen a la que se hace llamar "Selección Mexicana", para agregar "fútbol" a la lista de cosas en las que nos llevan ventaja.