lunes, agosto 18, 2014

¿Orgulloso de ser de Monterrey?

Hace una semana los regios fuimos noticia -negativa- a nivel nacional:
No hay mucho que decir al respecto, salvo lo que he venido diciendo siempre: los regiomontanos son poco más que bestias. Y digo "son" porque, la neta, me da un chingo de vergüenza incluirme. 

Lo más absurdo es que, a pesar de la información que corrobora la ignorancia y altanería del regiomontano promedio, muchos de ellos se siguen sintiendo orgullosos de vivir aquí; sin mencionar a las autoridades, que no se cansan de recordarnos que "somos más los regios buenos que los malos". Con esos números, no lo creo.

Pero bueno, Regiobelievers: síganse creyendo su puñeta mental de ciudad "progre" y chingona. Allá ustedes. Sigan inflamándose el pecho con su orgullo ranchero de a tres pesos cada que alguien hable de carne asada, fútbol, cerveza, Texas y grandes empresarios. Los comprendo, pues, obviamente es más fácil y cómodo vivir haciéndose pendejo dentro de una burbuja de fantasía a querer cambiar las cosas para bien de todos. 

Lo único que les recuerdo es que ya vimos -y vivimos- las consecuencias de vivir así: ignorancia, corrupción, deterioro ambiental y barbarie eterna; pero al parecer aquí no se aprende de los errores. 

Y que conste que decir que los regiomontanos son bestias, clasistas, racistas, ignorantes, altaneros y mediocres por disfrutar de la pocilga en la que habitan, no es ser intolerante: es simplemente ser honesto.

jueves, agosto 14, 2014

Andanzas moneras

Sí, yo sé que a muchos de mis lectores no les gusta que ponga dibujitos y prefieren que suba escritos, pero la razón por la que últimamente he publicado muchos monos en este blog es porque desde hace 6 meses estoy mandando -cada 15 días- cartones a la revista The New Yorker. Hasta un libro del Escuadrón Retro con su caricatura le mandé al mítico editor de caricaturas, Bob Mankoff:
Y no sólo he mandado mi trabajo al New Yorker, también a otras publicaciones gringas, pero nada de nada. Ni un: "No, gracias, sus dibujitos están de la verga", ni un: "No le damos trabajo a frijoleros". Nada, snif.
En una entrevista que vi en Internet, Bob Mankoff dijo que antes de que le publicaran su primer cartón en el New Yorker, le rechazaron como dos mil. Creo que a mí me faltan como 1900. ¡Hay esperanza!

Quiero suponer que no me pelan porque prefieren contratar moneros con  nacionalidad gringa, o, de perdido, que radiquen allá, para -no sé- evitarse pedos de papeleo, contratos, recibos, pagos, posibles demandas y esos rollos; ya saben cómo son los gringos en lo que a las leyes respecta.
Quiero pensar que esa es la razón por la que ni la molestia de contestarme un correo se han tomado, porque, la neta, he seguido todos sus lineamientos y no creo que mi trabajo esté tan tirado pa´l perro, snif. 

Y pues bueno, esa es la razón por la que últimamente subo muchos cartones a este blog. Si esas publicaciones gringas no los quieren, pues que los disfruten mis lectores. Y también para que los sabelotodo consejeros se enteren y dejen de mamar con sus: "Deberías de mandar tu trabajo a bla bla bla", o: "Deberías de hacer un bla bla bla"; o: "Si yo fuera tú, ya hubiera mandado mis monos a bla bla bla". Cuando ustedes aconsejan, yo ya fui y vine.

Si uno sí lo hace. No crean que no. Como artista uno agota todas las posibilidades de trabajo si se busca vivir de lo que nos gusta: la hueva... ¡digo!: el arrrte; pero a veces no depende de uno. A veces no todas las historias de esfuerzo tienen un final feliz. La cosa es seguir inventando historias. Una debe de acabar bien.

A continuación les dejo algunos cartones -los dejo en inglés, porque si los traduzco, muchos no se entenderán- que mandé a varias revistas gringas, sin mucho éxito. El humor es el característico de esas publicaciones: blanco, sencillo y hasta ñoño. Ya saben que pueden tomarlas y compartirlas en sus redes sociales, lo único que pido es que no le borren mi firma, snif.
 Que tengan buen fin de semana.

viernes, agosto 08, 2014

Una década

Cuando este blog adquirió cierta fama –allá por el precámbrico, cuando los blogs dominaban la Tierra– no faltaron quienes me recomendaron “cobrar por que me leyeran”. Obviamente nunca lo hice. Un tiempo puse publicidad de Google, pero la quité porque no me gustaba cómo se veía. Lo más chistoso de esto fue que ninguna de las personas que me sugirió cobrar por ver mi blog se dignó en meter la mano en sus bolsillos, sacar un par de billetes y decir: “Ten, Guffo: por todos estos años que llevo leyendo lo que escribes y dibujas de a gratis”. Pero bueno, así es la gente de chistosa, metiche y puro pedo.

No niego que este espacio me ha recompensado de algunas maneras, sobre todo con trabajo y amigos. Tampoco niego que muchos cartones y escritos aquí publicados los vendí a los medios impresos en lo que trabajaba o los recopile en un par de libros para sacar un dinerillo extra; pero la intención de este blog nunca fue ni la fama ni la fortuna: estos llegaron en dosis pequeñas y esporádicas como consecuencia de algo que hice por el simple gusto de hacerlo.

Como diría el artista callejero Banksy: “La gente cree que nada tiene derecho a existir a menos que obtengas una ganancia”.  Esto es lo que todavía muchos no comprenden.

Y este blog es eso. Existe porque, aunque “los blogs hayan pasado de moda” o “ya nadie los lea” o "no sean negocio", es el espacio en el que mejor me expreso, y mantenerlo es un placer tremendo que me remonta al origen de su concepción, cuando nadie me leía; cuando su esencia era materializar lo que pienso y siento, y que la gente fuera dando con esto por accidente. Porque así como dicen que los libros eligen a sus lectores, creo que los blogs hacen lo mismo. Y me gustan los lectores que ha elegido éste.

Muchos no conocen esa satisfacción que deja hacer algo por el simple gusto de hacerlo porque no se lo permiten. Son como esos cantantes mamilas que dicen que los aplausos y el cariño de la gente es lo más importante pero ni un concierto gratuito ofrecen los muy miserables.

A la gente le parece absurdo que alguien haga algo por puro gusto sin esperar un beneficio material a cambio; les parece ocioso y una pérdida de tiempo. Lo consideran un desperdicio. Incluso te creen idiota si lo haces; un chiflado.

Para mí no es así. Por eso sigo aquí.

Este pequeño rollo lo digo porque el día de hoy mi blog cumple una década de vida; y, a pesar de que es mi espacio personal, se ha convertido también en el de ustedes, mis lectores. No se crean eso que dije de que nadie metió la mano en los bolsillos para sacar dinero y dármelo por haber visto más de 1600 entradas de contenido gratuito. No me deben nada. Al contrario: yo les debo todo.

Muchas gracias por estos primeros diez años. Un abrazo y nos seguimos leyendo.

viernes, agosto 01, 2014

Joyas paisajistas

A continuación les presento algunas joyas que me topé mientras pedaleaba por la Ecovía de Monterrey.
¿A poco no está a toda madre para andar en bicla?
¡¿Hard Rock Monterrey?! Ah, no: es El Jonuco.
Super Fitness
¡Olga Breeskin vive!, y da conciertos cristianos. Porque un concierto llamado "Levántate y Resplandece" no puede ser otra cosa que un concierto cristiano.
¿Vamos a las carnitas, o qué pedo? Pero vamos a unas "fresonas".
Imagino la historia detrás de este negocio:

-Papá. Mamá: quiero dedicarme a la cocina.
-Pero hijo, la cocina es muy matada.
-¡No me importa, mamá! La comida es mi pasión.
-Ésas son cosas para viejas, mijo.
-¡Ya verán! ¡Voy a demostrarle a todos que están equivocados!

Y fue así como "El Terco" fundó su cadena de restaurantes, snif.
Imagino otra historia detrás de este negocio:

-Necesitamos aumentar las ventas de resortes, Gutiérrez.
-Sí, jefe.
-Este año estuvo muy jodida la cosa. Estamos en números rojos.
-Sí, jefe.
-¿Se le ocurre algo?
-Mmmmm... ¡¡¡Ya sé!!!

Y fue así como Gutiérrez obtuvo un aumento.
Y este fue mi recorrido. Digo, los paisajes no son idílicos, pero al menos son cómicos.
Buen fin de semana.

martes, julio 29, 2014

La ciudad de las bestias al volante

Sí, lo sé, queridos lectores: el 90% de los regiomontanos son bestias. Bestias para trabajar, bestias para tratar a los demás, bestias para comer, para beber, para tener hijos, para comprar, para pensar... Bestias en todos los sentidos. Pero, sobre todo, bestias para manejar esos medios de locomoción llamados "coches", pues en esta ciudad no existe eso que en otros mundos más civilizados llaman “cultura vial”. 

Obviamente la cosa no está tan jodida, pues habemos un 10% de entes civilizados que aspiran a una mejor sociedad y que nos la pasamos  tratando de domesticar a esos energúmenos con los que tenemos que convivir a diario aunque no queramos. Y pues es un proceso difícil y a veces frustrante, pues somos minoría; pero bueno: paso a pasito esperemos que se logren las cosas para beneficio de todos.

Menciono lo bestias que son los regios para manejar porque ayer por fin me animé a recorrer en bicicleta toda la Ecovía: ese proyecto del Gobierno del Estado para mejorar la vialidad. Sesenta y dos kilómetros en total me aventé pedaleando, pues mi recorrido fue de ida y de vuelta. De hecho, creo que soy la primera persona en el mundo que hace esto, pues no me he enterado por ninguna red social que alguien más haya realizado esta hazaña. Pero bueno, dejemos a un lado la vanidad y la gloria y vayamos al punto. 

Les decía que recorrí la Ecovía pensando que era una manera más segura de andar en bicicleta, pues los carriles son exclusivos para los pocos camiones que recorren sus 41 estaciones. Y sí, es más seguro pedalear por ahí que por las avenidas, pero aún así se corren algunos riesgos, ya que el regiomontano promedio al volante es un animal que no respeta nada ni a nadie: choques por no ceder el paso, choques por dar vuelta en donde no se debe, un tráiler en contra dentro del carril exclusivo y un montón de personas sobre las cebras por donde se supone deben cruzar los peatones. Pensará uno que tal vez los conductores andaban borrachos o drogados, y que por eso hacían tanta pendejada; pero no: en sus cinco sentidos manejan como si fueran retrasados mentales.
En esta primera fotografía el coche negro no podía dar vuelta y la quiso dar a huevo en donde el taxi sí tenía permitido darla, y ¡pum! Pasó lo que tenía que pasar. Y ahí estuvieron obstruyendo un buen rato uno de los carriles de la Ecovía, que, se supone, se construyó para "dar fluidez al tráfico", pero con esta recua de acémilas que tenemos por ciudadanos, es imposible pensar en hacerle un bien a esta ciudad. 
Aquí este tráiler se metió por el carril por el que entran los camiones de la Ecovía que salen de la última estación, la estación Valle Soleado. No pude tomarle la foto de frente porque, cuando lo vi metiéndose en donde no debía, me cagué pa´dentro y no reaccioné para sacar la cámara, pues pensé que el conductor había perdido el control o se había quedado sin frenos o algo. Pero nel: simplemente le valió madre y se metió por donde se le hincharon las pocas pelotas que ha de tener.
Aquí podemos ver cómo una damita muy quitada de la pena se sube a las rayitas por donde caminan los peatones, porque es obvio que ¿a quién demonios le interesan los peatones? De seguro son pobres y por eso andan caminando y sudando. Ash, ¡qué asco!

Por eso me gusta que me inviten a colaborar en proyectos como éste:
Me gustan estos proyectos porque son una forma de domesticar a las bestias motorizadas, que ni por los niños tienen respeto.

Buen martes.