miércoles, octubre 22, 2014

El diputado

Una mujer empezó a insultarme en la fila del supermercado.

–¡Ladrón! Nosotros te damos de tragar. ¡Nosotros! –dijo histérica, señalando hacia varias partes de la tienda.

Sonreí y la ignoré.

La cajera pesó la bolsa de jitomates y después marcó el frasco de aceitunas,  la botella de vino y el aceite de oliva que había ido a comprar.

–¡Eres un ratero! Tragas gracias a nosotros. ¡Ladrón! –subió el tono de voz.

La miré a los ojos y sonreí. Hice un ademán con la mano izquierda: “Tranquila…”, dije casi susurrando. El niño que la acompañaba se escondió detrás de ella.

–Eres el que sale en la tele diciendo que “No más impuestos”. Nadie te cree, rata asquerosa. ¡Yo te doy para tragar! Trabajas para mí, ¡rata!

Sereno, extendí mi mano y observé al niño. Parecía asustado. Un hombre de corbata –el gerente, supuse– se aceró al escuchar el escándalo.

El niño se asomó y extendió su mano. La estreché y la sacudí con delicadeza.

–¡No le des la mano a esta pinche rata! –aulló la mujer. El hombre de corbata trató de calmarla, pero ésta respondió con un manotazo.

De un movimiento brusco y rápido, jalé al niño hacia mí. Saqué la escuadra que tenía escondida debajo de la axila y posé el cañón sobre la cabeza del pequeño. Todos gritaron.

–Si no se calla le vuelo los sesos.

El niño rió y toco la pistola con una de sus manos.

–¿Se va a callar?, ¿o le vuelo los sesos?

La mujer quedó paralizada. Los ojos se le desbordaron y la boca se le torció. No dijo nada.

Solté al niño y lo acerqué hacia ella con un ligero empujón.

La cajera me dio el cambio con la mano temblorosa.

–Ahora es usted cómplice de algo horrible que he hecho, así es que no vuelva a quejarse –dije, di las gracias, cargué la bolsa con el mandado y me fui.

viernes, octubre 17, 2014

Barroom philosopher

Por primera vez en años la mesa donde acostumbra sentarse el Filósofo de Cantina estaba vacía. Me sentí como en el inicio de aquel capítulo de Friends en el que los frens llegan al Central Perk y hay personas sentadas en "sus" sillones; pero al revés. 

Mon, el mesero bigotón, se acercó a saludarnos haciendo un ademán que señalaba hacia la puerta del baño, mientras separaba las sillas de la mesa para que pudiéramos sentarnos. Pedimos una ronda de cervezas y un plato de higaditos deshidratados con pico de gallo.

A lo lejos se escuchó el rechinar de una puerta. El Filósofo de Cantina atravesó el umbral de los orinales frotándose las manos, como una mantis religiosa.

-Me agarraron con las manos en la masa... cuata -dijo sonriendo, haciendo una mueca chusca, como de repulsión, como dándonos a entender que por esa razón no nos saludaba de mano. Tomó un par de servilletas para quitarse el exceso de agua, las dobló y se las guardó en un bolsillo. Al momento en que el Filósofo tomó asiento, Mon puso frente a nosotros la primera ronda de cervezas.

-El primer paso para empezar a sentirse muerto por dentro, es pensar que has perdido tu tiempo en algo. Nunca pienses que pierdes el tiempo, mucho menos en cuestión de relaciones amorosas. Si ves como tiempo perdido esas relaciones que según tú no proliferaron o no se convirtieron en eso que querías que fueran, no has aprendido nada. Y peor tantito: estás negado a aprender y dispuesto a seguir patrones prefabricados para ser feliz que sólo te traerán frustración, y, aparte, te harán creer que estás en una carrera donde pierdes tu tiempo si tu vida no encaja en cierto molde. Si estás conscientes de que todo es aprendizaje, nunca sentirás que perdiste el tiempo. Creo que las personas que sienten que perdieron su tiempo en una relación es porque sólo estaban dispuestas a recibir algo a cambio de no dar nada; o sólo querían que se hiciera su voluntad; o quizás tienen una imagen tan idealizada de una relación que terminan forzando su cauce natural; o qué sé yo. De lo único que estoy seguro es de que si hiciste lo que deseaste por el simple placer de hacerlo, nunca perdiste tu tiempo.

El Zacatecas es el templo; el Filósofo de Cantina, el predicador; allá afuera, la vida; aquí, dentro de uno mismo, la respuesta para vivirla de la forma más sencilla y feliz.

lunes, octubre 13, 2014

El narcocorrido más longevo

El himno nacional mexicano no es otra cosa que un corrido del llamado "movimiento alterado", pero con casi dos siglos de antigüedad. Neta que al escucharlo bien podríamos pensar que la letra la compuso el Komander o algún integrante de Los Bukanas de Culiacán. 

No es broma: cambien el acero y el bridón por los cuernos de chivo y las camionetas blindadas en caravana; imaginen que retiembla en sus centros la tierra por todos los cadáveres que han enterrado en fosas clandestinas; piensen en el sonoro rugir del cañón como las interminables balaceras a todas horas del día; y visualicen a ese soldado que en cada hijo nos dio como los conocidos "daños colaterales" del sexenio pasado y los "hechos aislados" de sexenio actual.

Ahora díganme con toda honestidad: ¿creen que el himno nacional mexicano es anacrónico?

Para los que no han visto el documental Narco Cultura, aquí se los paso:  

miércoles, octubre 08, 2014

Cartoons

Algunas caricaturas que he realizado últimamente.

Estas tres las hice para una convocatoria que hubo en la ciudad de La Haya, para una exposición sobre Paz y Justicia que fue inaugurada el 21 de septiembre en el lobby del Palacio de la Paz de dicha ciudad holandesa. Se suponía que entre otros dibujantes y yo teníamos que interpretar los dibujos/garabatos sobre paz y justicia realizados por varios estudiantes de educación primaria y secundaria de diversas partes del mundo, a los que convocaron en un concurso previo. De las tres propuestas que realicé, eligieron la tercera para ser exhibida. La idea original del cartón seleccionado es de una niña argentina. Cabe mencionar que, aparte de haber sido exhibida en el palacio, me la pagaron en euros, cosa que me puso más feliz. Cabe también mencionar que quedaron en mandarme fotos del evento y aún no las recibo, snif. A ver qué les parecen.

Pasando a otro dibujo: éste lo hice "inspirado" (más bien horrorizado) en las masacres de niños en Palestina, perpetradas por israelíes, gringos, ingleses o ya ni sé qué pinche nacionalidad son esos monstruos, pero monstruos al fin. Se indignan y le dan toda la atención a un video en donde decapitan a un inglés, pero no la hacen de pedo por todos esos niños que volaron en pedazos. Tampoco recuerdo haber visto al mundo tan indignado con tanto desaparecido, destripado y decapitado aquí en México, pero bueno. 
Ésta la hice cuando fueron las elecciones en Escocia; que si se independizaba o no del Reino Unido. Y pues resultó que no. He de confesar que este cartón lo hice pensando -ingenuamente- en que sí se independizarían, por lo que tuve que cambiarle la carita a la mona de sonriente a triste cuando supe el resultado. Por eso siento que no tiene el mismo efecto la idea del viento y la falda volando. Hubiera tenido más sentido con otro resultado, pero pues ya la tenía hecha y había que aprovecharla, jejeje.
Y esta última la hice porque desde hace tiempo que quería dibujar algo sobre capitalismo, África, food porn y redes sociales. Y pues éste fue el resultado de esa mezcla de tematicas.

martes, septiembre 30, 2014

Otra de Regiobelievers

Cada que un Regiobeliever me dice que soy un amargado por criticar Monterrey y que si no me gusta esta ciudad me vaya a la fregada, la verdad es que sí me pongo bien triste, amigochos y amigochas: ¡bujú bujú snif!

A veces pienso: “¿Y si los Regiobelievers tienen razón? ¿Y si me estoy perdiendo de algo fabuloso de esta ciudad y su gente por ser un maldito criticón?”.

Es entonces que me propongo sumergirme en los drenajes más profundos del corazón de esta metrópoli norteña: caminar sus rincones más recónditos y pedalear sus calles más pedaleables; contemplarla, olerla, tocarla, saborearla y escucharla para poder comprenderla; para fusionarme en ella y empaparme de todas esas maravillas que pregonan los Regiobelievers con el pecho inflamado de orgullo.

Por lo tanto, hace quince días decidí ir a un evento en el que imaginé que habría mucho Regiobeliever: el desfile del 16 de septiembre. Pero, para mi sorpresa, no vi a ninguno. Vi gente de estrato social humilde (cosa que odian los Regiobelievers), vi a los típicos acarreados que echan porras a lo pendejo (y a los pendejos), vi  a mucho sindicalizado que de seguro tuvo que ir a huevo y también vi mucha parafernalia típica de la que se ve un 16 de septiembre... ¿Y los Regioblievers, papá? ¿Dónde estaban esos regios inmamables que se la pasan presumiendo sus raíces, sus cerros, "sus" empresas y carnes asadas? ¿Dónde estaban? Quiéeen sabe...

Luego tuve un momento de lucidez y dije: “Guffo, no seas tan cerrado: no puedes asegurar que no hay Regiobelievers en este evento, pues mucho Regiobeliever no se distingue a simple vista”, por lo tanto, deduje que la mejor forma de saber si había Regiobelievers presentes era metiéndome a checar sus redes sociales. “De seguro están inmortalizando tan patriótico momento y compartiéndolo con sus seguidores en sus cuentas de Twitter, Facebook, Instagram y..."

Pero naaada. Nada de nada. Cero fotos patrióticas.

Y dije: "Bueno, okey, los patrioteros nefastos no vinieron, pero tal vez sí vinieron esos regios inconformes con El Sistema. Tal vez están aquí para abuchear a las autoridades y exponer sus puntos de vista cuando los meros meros salgan del Palacio de Gobierno y empiecen con la ceremonia de izamiento de la bandera.

Y, pues, nada... Ningún abucheo ni nada. Nomás las débiles porras de unos adormilados acarreados.

Luego pensé: "Bueno, ésos que están en contra del Sistema no tienen por qué haber venido a este evento. Tal vez su protesta fue precisamente esa: no asistir. Pero de seguro todos los que -como yo- andan mame y mame con que haya más espacios para ciclistas, estarán aquí, pues hay muchas calles del centro cerradas. De seguro aprovecharon para andar en bici con su familia y...

Y nada. Éramos como cuatro pinches ciclistas.

A continuación, unas imágenes del evento como intermedio:
Conclusión rápida: los Regiobelievers son puro pinche pedo. Su "Monterrey", su mundito, es el metro cuadrado que los rodea: su asador con arrachera, su televisión con futbol, su cerveza meada, su mesa en el antro, su 2 X 1 en el cine y sus sueños de ir de compras a Texas.

Yo, que ni patriota soy y que me caga esta ciudad y el 90.896537% de su gente, ahí andaba, poniéndoles el pinche ejemplo, cabrones. Pero bueno, ustedes se lo perdieron, pues en verdad que ese día lo disfruté mucho.

lunes, septiembre 22, 2014

Soul Highway

Siempre me ha parecido absurdo pensar en el alma como una energía que nos da vida; por lo tanto, no creo que el alma sea un cuerpo etéreo que, al morir el cuerpo físico, queda vagando como bruma entre nosotros, en busca de otro cuerpo donde residir. 

Tampoco me trago el cuento del limbo, ni de que los espíritus se aparecen a la medianoche porque "dejaron algo pendiente" en el plano material y "no pueden descansar"; y si estoy equivocado: ¡que vengan los fantasmas de mis ancestros a demostrarme lo contrario!

Pero si de creer en almas se trata, yo más bien creería que nos vamos forjando una en el tiempo que tenemos de vida, pues sí creo que nuestro cuerpo tiene una contraparte: no mística ni mágica, sino intangible; pero no por eso insensible. ¿Me explico? Hablo de una contraparte que vamos descubriendo por medio de las experiencias, los sentidos y la razón; y a la que en vez de "alma", me gusta llamar "verdad", "inteligencia", "conocimiento", "iluminación", "libertad", "ser mejor ser humano" o "ser congruente en el actuar y en el pensar".

Algunos creen descubrir esa contraparte a través de la fe, pero a mí eso me parece más como un lavado de cerebro que nos provoca complejos y alucinaciones, alejándonos de nuestra esencia; de ese núcleo que no trabaja con sensaciones aprendidas, sino espontáneas; ni con lugares comunes, sino descubiertos por uno mismo.

Si desde niños somos moldeados por nuestros padres, maestros, sociedad y medios de comunicación para ser un engrane que encaje a la perfección en el mundo material, también creo que hay cosas que nos moldean para cuestionarlo y enterarnos que hay un mundo incorpóreo en el que la imaginación vuela y los sentidos van más allá de lo que nos han puesto enfrente; un mundo que debe ser alimentando, pues es ahí en donde se cimienta lo que conocemos como "alma".

¿Que qué creo que sucede al morir con esta alma que nos forjamos? Nada. No creo que quede flotando como bruma, buscando otro cuerpo donde meterse. Quizás sea nuestro recuerdo el que queda revoloteando en el aire, pero no un cuerpo etéreo. Lo que sí creo es que en vida compartimos fragmentos de esta alma que nunca terminamos de construir, ayudando a otros a erigir la propia.

El alma es un corto circuito; la chispa que brota cuando se nos bota un tornillo.

jueves, septiembre 11, 2014

Y todo por preguntar por unos chorizos

A pesar de que está a dos horas de Monterrey, nunca había ido a Parras del la Fuente, Coahuila. El único “recuerdo” –por llamarlo de alguna forma– que tengo de ese lugar, es un roommate que tuve cuando estudié inglés en un pueblito de Kansas, a la edad de 17 años.

Mi roommate, El Parras, siempre me decía: "Cuando salgamos de este instituto de señoritos, quiero que vayas a mi pueblo: te la vas a pasar poca madre". El Parras siempre hablaba con orgullo de su ciudad natal y nos platicaba unas anécdotas muy graciosas –casi increíbles– sobre las vacaciones de Semana Santa y las fiestas del vino.

Con el tiempo perdimos contacto. Era la época de las cartas a mano y las llamadas de larga distancia. Salía muy caro y tedioso tener amigos de fuera. Era el año de 1993: todavía faltaba para el auge de los correos electrónicos y para que este mundo se convirtiera en la modernísima Aldea Global que pronosticó Marshall McLuhan .

Total que no volví a saber del Parras, mi ex roomie; ni de Parras, el pueblo mágico del estado de Coahuila.

Últimos días del mes de agosto del 2014. Llegamos a Parras el jueves al medio día. La primera noche cenamos en un lugar llamado Enoteca. Hice corajes porque las copas de vino estaban en 60 pesos y te las servían peor de caciqueadas que en Monterrey. Ni siquiera una cuarta parte de la copa tenía vino. “Ya ni la chingan: ya ni porque aquí hacen el vino te llenan la copa”, dije, como el viejito gruñón que soy. Total que, para no hacer berrinches, mejor pedí un par de cervezas, y, al terminar de cenar, nos fuimos al hotel.

De regreso al hotel pasamos por un lugarcito que no tenía nombre, sólo la imagen estilizada de una fábrica como logotipo. Estaba ubicado justo afuera de las instalaciones de La Estrella, una antigua fábrica de mezclilla que se fue a huelga y cerró sus puertas hace algunos años. El pequeño restaurante/bar tenía mesas de patas largas al aire libre, un asador sobre la banqueta, una barra en el interior con iluminación tan tenue que apenas y se apreciaban las botellas de licor de la pared del fondo, y música de mi total agrado. Se veía con ondita el antrillo. “Mañana mejor venimos aquí", dije. 

La noche siguiente fuimos a La Factory, como bauticé al lugar sin nombre. Nos sentamos en una mesa de las de afuera. Sonaba I melt with you, de Modern English. Un mesera nos atendió muy amable. Las copas de vino las servían igual de caciqueadas que en la Enoteca y que en cualquier restaurante mamón de Monterrey, por lo que opté de nuevo por pedir cerveza. La chica nos dijo que de cenar sólo había hot dogs con chorizo uruguayo y salsa chimichurri, y señaló la parrilla que tenían montada a un lado de la calle. Me gustó la idea.

El hot dog estaba tan bueno que me comí dos, y la salsa chimichurri estaba de n-o-m-a-m-e-s. Como que estaba toda “integrada”, o sea: no estaba el aceite y las especias flotando por separado, como que estaba licuada; como una salsa verde para tacos, consistente y muy sabrosa. En eso empezó a sonar Pictures of you.

Total que le pregunté al morro que estaba asando los hot dogs en la parrilla que dónde compraban los chorizos y que cómo hacían la salsa. Y le habló al dueño. A la mesa llegó un vato de pelo chino, más o menos de mi edad; muy amable y rockerón, que era también el DJ. Me dijo que los chorizos y la salsa los hacía un amigo suyo que vivía en Monterrey. "Ah, nosotros somos de Monterrey", y bla bla bla: se soltó la plática. Total que el dueño del bar me dice: “Deja te paso la tarjeta de mi compa el de los chorizos”, y saca de la cartera un rectángulo blanco con los datos de su amigo y un marrano y una vaca muy elegantes, con bowtie. Al leer el nombre, dije:

–Óooorale. Yo tenía un amigo que se apellida igual que tu amigo. Tal vez lo conozcas: se llama E. V.

–Nooo… No me suena... ¡Aaaah!, pero el güey que está en esa mesa –dijo apuntando a la mesa de al lado– se llama E. P. V. Igual y es su pariente.

Volteé a ver al güey de la mesa de al lado, ¡y era El Parras! No me acordaba de su primer apellido porque siempre usaba el segundo.

Me paré de mi asiento, me acerqué y le dije: “¡¿Qué pedo, pinche Parras?!”. Todos los comensales voltearon, como pensando: "¿Y este foráneo mamón por qué le dice "pinche" a nuestro pueblo?". "¡¿Calaca?!", me gritó E. mientras se ponía de pie (me decían Calaca porque me apellido Talavera: Talavera–Calavera–Calaca; aparte estaba bien pinche ñango).  

Nos abrazamos, platicamos, recordamos un chingo de anécdotas y bebimos hasta las dos de la madrugada. Al día siguiente fuimos a su casa y de rol por algunos sitios turísticos. Al otro día también nos invitó a su casa y comimos pozole y hamburguesas. Muy amable su familia.
Al despedirnos quedamos en que volvería a visitar Parras, pero no como la última vez que nos despedimos y nunca volvimos a vernos.

"Sorpresas que da la vida", dicen algunos. "Qué coincidencias tan extrañas" o "Por algo suceden las cosas", dicen otros. Yo no sé. Lo que sí creo es que, si no hubiera preguntado por los mentados chorizos uruguayos y la salsa de chimichurri de los hot dogs, ni me hubiera enterado que estaba cenando al lado del roomie que tuve hace 20 años en aquel pueblito de Kansas.