martes, abril 22, 2014

Caricaturas varias "in inglich"

Hace un mes mandé una solicitud a una agencia holandesa que distribuye cartón político de algunos caricaturistas a diversos periódicos de Europa. Les gustó mi trabajo y a los 15 días me aceptaron y me mandaron un freelance contract. Aquí les dejo algunos cartones que me han rechazado, para que no queden en el limbo.




Y en otras noticias, participé en un concurso y gané el primer lugar en la categoría "Ideas Verdes".
Aquí hay más información sobre los ganadores de las otras categorías.

Y esto ha sido todo por hoy. Saludos.

lunes, abril 14, 2014

Los Regiobelievers

Hay de regiomontanos a regiomontanos, pero la especie más nefasta y dañina que existe es la que he bautizado con el nombre de Regiobelievers.

Para los que no son tan cultos como yo, les explico: un belieber que viene de believer: "creyente", en inglés es un fan del mentado Justin Bieber; uno de esos seguidores psicópatas que berrea en los conciertos y amenaza con rebanarse las muñecas si el cantante no le avienta sus trusas faroleadas para olerlas.   

Pues bueno: un Regiobeliever es algo similar a esto, pero con un amor/obsesión enfermizos por la ciudad de Monterrey, sus usos, costumbres y vicios.

Un Regiobeliever no puede escuchar o leer una crítica objetiva sobre su ciudad y su gente porque de volada se ofende y se lo toma personal y te dice que de seguro tú no naciste ni has vivido en Monterrey, y que de seguro has de ser un pinche indio de San Luis o de Oaxaca que le tiene envidia, o, peor tantito: que eres un chilango naco y mantenido... Ah, sí: y que si no te gusta la ciudad, te largues.
Como podrán darse cuenta, el Regiobeliever es de pielecita muy sensible, sentimientos desbocados y cerebro muuuuuy limitado.

Así son ellos, pues sufren de fuertes alucinaciones producto de esa fijación enfermiza por sus raíces norteñas y su inexistente cultura, metida con calzador por la televisión chatarra, las grandes empresas, el gobierno y la cercanía con los EUA; lo que provoca que estos simios desarrollen una ceguera y una sordera severas, que desembocan en un nacionalismo extremo y en una soberbia tan grande que creen que el resto de México no existiría sin ellos. 

Los Regiobelievers en verdad creen que Monterrey es la nación soberana e independiente del trabajo duro, el dinero abundante, el progreso, la modernidad, el futbol, la carne asada y la cerveza; el reino que mantiene al resto del territorio, que, según ellos, está infestado de huevones mantenidos que no saben asar un pedazo de carne porque “nomás estiran la mano y agarran un plátano; estiran la otra y agarran un mango; tiran un hilo y sacan un pez”.

Y sí. Si de algo se jacta el Regiobeliever es de ser muy trabajador, por lo tanto, desprecia al pobre o al frugal, pues lo cree holgazán. "Si algo sabemos hacer los regios, es trabajar", chilla a los cuatro vientos el Regiobeliever, como si en ninguna otra parte del mundo la gente trabajara duro; como si los niños que sacan diamantes en minas africanas o los que bordan tenis Nike en las maquiladoras no trabajaran duro. Es más: ni los japoneses son tan trabajadores como los Regiobelievers. 

Con un Regiobeliever no puedes criticar el tema laboral porque se encabrona. Tienes que decir: "Aquí, dándole: no hay de otra", o: "Aquí en chinga, como siempre", o: "Aquí: correteando la chuleta". No te quejes del trabajo; no le digas que la mentada cultura del esfuerzo y la frase de "no hay crisis que aguante 12 horas de jale" fueron inventadas para explotarlo. Tampoco le digas que ese orgullo laboral y esa filosofía de "traer bien puesta la camiseta" lo inventaron para poder exprimirlo sin que se queje, porque si se lo dices, de seguro le tienes envidia porque "eres un jodido" o "un hambreado" o parte del "infelizaje".

Lo más curioso es que habiendo tanta gente taaaaan trabajadora, la ciudad esté cada vez más jodida, más endeudada, más sucia, más embotellada, más irrespirable y más ignorante. Pero bueno, esto ha de ser porque todo el dinero que ganamos con nuestro trabajo de sol a sol se lo mandamos a los huevones del sur, ¿verdad, mis Regiobelievers? 

Que si somos entrones, que si somos luchones, que si decimos las cosas como son, que si hablamos cantadito pero no estamos enojados, que si nomás nosotros sabemos asar carne, que si somos la mejor afición de México, que si los grandes empresarios, que si La Sultana del Norte… Puras mamadas. En serio: no puede ser que no podamos presumir algo digno. ¿El futbol?, ¿los corridos que hacen apología al desamor y al alcohol?, ¿la gran empresa cervecera que fabrica cerveza que no sabe a nada?, ¿la carne? Chale: incluso Sonora tiene mejor carne que nosotros, y no se la pasan mame y mame con eso. Neta que no podemos presumir de ser cultos, educados, ahorradores, modernos, tolerantes, ecológicos ni de algo que aporte algo al mundo. Si pudiéramos, otra ciudad sería. Somos una "cultura" que no le ha aportado nada bueno a nadie. O díganme ustedes qué.

En conclusión, los Regiobelievers están loquitos y son muy peligrosos; por lo tanto, nos toca a los inconformes quejumbrosos salvar esta ciudad. Así es que si el escrito te ofendió, de seguro eres un Regiobeliever, y antes de decirme que si no me gusta la ciudad me largue, yo te hago la misma invitación: si esta ciudad te gusta tal y como es, ¡rúmbale al chorizo, maldito mediocre! El que se tiene que ir de aquí eres tú, no yo. El cáncer social eres tú, no yo. Lárgate de aquí, hijo de tu retiznada madre, y déjanos trabajar a nosotros, los soñadores inconformes que queremos una ciudad mejor; que visualizamos algo así como Copenhague, Vancouver, Ámsterdam, Estocolmo, Viena, Zurich, Auckland, Punta del Este o, incluso, Austin. 
¿Te da risa mi comparación de Monterrey con estas ciudades de primer mundo?, ¿te parece descabellada o ridícula? Obvio: eres un mediocre que no aspira a algo mejor, por lo tanto, tienes que irte lo antes posible, para que dejes de provocar tanto daño.
¡Órale, júchile a la verga! 

jueves, abril 03, 2014

Ando muy ecoloco

Convertí un viejo especiero en un modernísimo macetero. Y no, no me salió vagina.
Estas plantitas moradas -no recuerdo su nombre- se reproducen como plaga de zombies. Están buenas para adornar botellas o cubrir rápido espacios donde sólo hay tierra. No necesitan cuidados especiales (echarles agua dos o tres veces por semana no cuenta como "cuidado especial", es algo lógico). Se dan tanto en sombra como en luz. Basta con arrancar un tallo y ponerlo en la tierra -ni siquiera enterrarlo- para que a las dos semanas broten más. O será que yo tengo muy buena mano para esto de la jardinería; no sé.

Después, ya entrado en esto de la onda de la cultura del reuso, construí una elegante mesa con un viejo vidrio, cajas para verdura -conocidas como "huacales"- y cinchos. La puse en la terraza y la bauticé como La Mesa Verdulera.

Vean cómo de cuatro focos que puedo poner en la pared, sólo tengo uno. No por tacaño, sino porque no creo que necesite cuatro focos.
Ya por último: quería hacer una parrillada en el patio, pero una tortolita decidió anidar en el limonero y no quiero molestarla. La parrillada tendrá que esperar... o podría hacerla en la terraza y estrenar La Mesa Verdulera.
No tomé la foto de más cerca porque, como ya lo dije, no quería molestarla.

lunes, marzo 31, 2014

Torre de control


De noche y desde lo alto la ciudad parece el tablero gigantesco de una torre de control. Si te sientas al borde del mirador del cerro o en la orilla de alguna azotea sentirás que piloteas el mundo dentro de una cabina de vuelo a cielo abierto. Pero apreciar la ciudad desde abajo también tiene su encanto. Recorrer sus calles iluminadas es dejarse arrastrar por el torrente sanguíneo de un ser penumbroso que padece una enfermedad terminal, que brilla sólo para ser más llevadera. Lo que más disfruto es el efecto de barrido de las luces cuando giro la cabeza hacia cualquier otro lado: se asemeja a las fotos nocturnas sin flash cuando el pulso no es muy bueno; como si cada foco cobrara vida, como luciérnagas eléctricas grafiteando la oscuridad. Y es entonces que todo cobra sentido y se vuelve tan vibrante como en un sueño que se esfuma al amanecer. 

viernes, marzo 21, 2014

Manada de dromedarios

Las montañas que rodean mi ciudad son como una manada de dromedarios. A veces el horizonte de jorobas verdes desaparece bajo una bruma tan blanca como un mar de leche; otras, bajo un telón de brea gris.

Y es en esas partes alcanzadas por el desarrollo donde la manada se hunde precipitadamente en un pantano de concreto, fierro y vidrio; como si atravesara un hormiguero o un río lleno de pirañas, donde el hombre -en su función de marabunta o cardumen- les trepa por las patas para devorar pedazos de carne y piel. 

Las edificaciones modernas pretenden competir con este horizonte. Todas tienen el complejo de La Torre de Babel. No buscan formar una manada libre, sino una caravana guiada: la caravana del progreso y la modernidad, cuyo perfil a contraluz no alude a las jorobas del dromedario, sino al esqueleto de un pez gigante que lo apesta todo.