lunes, diciembre 21, 2015

Mi despertar a la Fuerza

Hablar de Star Wars como fan siempre me ha parecido un acto poco objetivo y algo narcisista, pues a veces creemos que la cantidad de recuerdos y emociones tan intensas que evoca la saga, son propias, cuando la realidad es que hay millones de personas de todas las generaciones que sienten lo mismo que uno. Dicho lo anterior, les platicaré de manera breve mi experiencia personal con estas películas, más que los sentimientos que me brotan a causa de ellas.

Nací en 1976 y a los siete años vi El Regreso del Jedi, en estreno y en la mítica pantalla gigante del Cinema Río 70. No recuerdo que mi padre haya sido fan de la primera trilogía; creo más bien que me llevó al cine a ver el episodio VI porque se lo pedí, movido por el marketing -que en aquel tiempo era una burla comparado con las estrategias de venta de ahora- y porque los hermanos mayores de algunos amigos tenían los monitos de las películas pasadas, y pues a mí me gustaban mucho y quería tenerlos todos. Confieso que la primera impresión que tuve al ver uno de los pósteres promocionales de El Regreso del Jedi, en donde salía Wicket, el ewok, fue pensar que esa cosa peluda parecida a un oso, era un Jedi, pues me sonaba a Teddy. Perdón: estaba chavo, snif.

Está de sobra decir que aquella experiencia cinematográfica en el Cinema Río 70 marcó mi vida, como la de tantas personas. 

Los episodios IV y V los vi después, en alguna matinée del cine Montoya, frente a la Alameda Mariano Escobedo, en donde llegaron a proyectar los tres episodios de corrido. Los vi varias veces en el cine y miles de veces más en las videocaseteras Beta -primero- y VHS -después- del cuarto de mis padres. Recuerdo que cada que invitaba amigos a jugar a la casa, le pedía a mi mamá que me rentara en un videoclub cercano la trilogía de Star Wars, y pasábamos casi toda la tarde adelantando y regresando los cassettes para poner las partes que más nos gustaban: los vuelos del Halcón Milenario, las batallas espaciales y los duelos con sables de luz. Después salíamos a la calle y a los montes baldíos a jugar a "Las Guerras de las Galaxias". 

Soñaba con que me saliera la maroma que se avienta Luke sobre el monstruo Sarlacc. Era la escena que más regresaba y le ponía play. Una vez, en unas vacaciones en la playa, intenté hacer lo mismo que mi héroe favorito en la alberca del hotel: brincar al vacío, darme la media vuelta, sujetarme del trampolín, impulsarme hacia arriba y dar un salto mortal hacia el frente para cachar una imaginaria espada de luz; pero lo único que logré fue rasparme los dedos, sentir un tirón en los brazos y caer de panzazo en el agua, aunque eso no impidió que el resto de aquellas vacaciones intentara emular una de mis escenas favoritas de Star Wars.

Me ponía las camisas de mi padre con un cinturón a la altura del ombligo y una bata de baño encima, para parecer un Jedi; hacía mis sables de luz apagando el foco del cuarto, aventando talco y encendiendo una linterna; también con botes de shampoo llenos de agua con colorante para betún, y, al apachurrar el bote, "se encendía" el sable.

De los episodios I, II y III, prefiero no hablar. Cuando supe que las filmarían, no me emocionó. Yo siempre quise que la historia siguiera, no que se fuera para atrás. Nunca me importó saber de dónde venía Darth Vader. De George Lucas, pues sólo le agradezco haber creado este universo, porque sigo pensando que es quien más daño le ha hecho a su creación.

Más que por sus estrategias de marketing, creo que Star Wars me cautivó -y me sigue cautivando- por su mitología y filosofía. Si no me equivoco, fue el primer acercamiento que tuve con "lo espiritual", "lo místico", con los conceptos del bien y el mal; la luz y la oscuridad; el destino, la omnipresencia, la omnipotencia de "algo". Y si no fue mi primer acercamiento, las primeras tres películas sí vinieron a aclararme -y reforzar- lo poco que comprendía algunos de estos conceptos.

Por lo tanto, con El Despertar de la Fuerza, para mí no fueron 10 años de espera: para mí fueron 32 años de espera. Y vaya que valieron la pena.

martes, diciembre 15, 2015

Zona de confort (segunda parte)

Como les platicaba en la primera parte, no estoy de acuerdo con la percepción negativa que algunas personas tienen sobre lo que conocemos como "zona de confort”, término que -lo aclaro para no caer en simplismos ni en coaching barato- va más allá de estar todo el día tirado en una cama o "no tomar riesgos".

Aclarado lo anterior y basándome en experiencias personales y en lo que YO entiendo como zona de confort, confieso que siempre he pensado que quienes te dicen que salgas de tu zona de confort, más que no haberla alcanzado, están muy cómodos en la suya: juzgando a los demás sin juzgarse ellos mismos.
Si se fijan, esas personas sieeeeempre tienen grandes ideas para uno, pero nunca para ellos; siempre dicen qué harían ellos si fueran tú, pero nunca nos enteramos qué hacen ellos siendo ellos; y siempre tienen tiempo para todo y para todos, menos para ellos. Siempre tienen proyectos millonarios, ideas para que tu negocio prospere, para que explotes tu talento, etc.; pero, según ellos, estás atrapado en tu zona de confort, desaprovechando todo ese potencial que ven en ti pero nunca ven en ellos.

Lo más chistoso es que a estas personas les sobran pretextos cuando les reviras sus cuestionamientos: "No, pero es que yo no tengo tu talento; pero si lo tuviera, bla bla bla" o: "No, pero es que a mí no me interesa eso, yo estoy bien así, pero tú deberías bla bla bla", y cosas por el estilo. Si algo he aprendido es que a los enemigos de la zona de confort no hay que cuestionarlos sobre su propia zona de confort, porque si les haces ver que están en ella, se enojan y dicen que eso no es zona de confort; y si les haces ver que no la han alcanzado a pesar de tanto trabajo y sacrificio, los pones a pensar y les explota la cabeza.

Ten en cuenta que cada que hagas algo para facilitarte la existencia, esta gente pensará que estás hundiéndote en tu zona de confort. Para ellos, ser práctico es ser comodino; no haber alcanzado el éxito como ellos lo entienden, es ser un conformista. Estoy seguro que si consiguieras un trabajo cerca de tu casa, con toda la intención de no levantarte temprano y tener la posibilidad de llegar caminando para así evitarte el caos vehicular matutino y regresar temprano al finalizar la jornada laboral, los enemigos de la zona de confort de volada te tacharían de mediocre por pensar así, ya que la mayoría de ellos -según mi experiencia- piensa que la vida es de múltiples sacrificios, obligaciones y responsabilidades; por lo tanto, "nada es fácil", y mientras no busques "partírtela", no saldrás de tu zona de confort.

No sé ustedes, apreciados lectores, pero yo creo que el hombre puede llegar a ser lo suficientemente inteligente y libre como para tomar decisiones que le favorezcan, y una de estas grandes decisiones es no complicarse la existencia. Y pues no sé ustedes, chavos y chavas de onda, pero yo creo que la vida no debería de ser sacrificio ni chinga voluntaria; tampoco una lucha continua o una competencia descarnada, pues la línea de meta siempre es el panteón y, pues, sabiendo esto, muchas cosas que creemos verdad comienzan a perder sentido.

Como paréntesis y a manera de ejemplo, las víctimas más comunes de este bullying zonadeconfortista, son por lo general los artistas y quienes no quieren tener hijos (¡me cayó el saco!).

Si encajas en cualquiera de estas categorías -o en ambas-, seguro escucharás la cantaleta de "Si tuvieras hijos saldrías de tu zona de confort; los hijos te obligan a moverte, a buscar más, a bla bla bla". Bueno, si uno no es un culero, esto es lógico: hay que darle de comer a otra boca, hay que batallarle más; sí, hay que moverse. Lo que estas personas no entienden es que precisamente uno no tiene hijos para no salir de su zona de confort. A lo que les pregunto: ¿qué problema hay en ello si es una decisión consciente?

Si eres artistas, igual: "Estás ahí muy cómodo haciendo tus dibujos (esculturas, bailes, escritos o performances), en tu zona de confort, sin visión emprendedora, viviendo en la bohemia y bla bla bla". Muy bien, respeto su punto de vista, pero los reto a que vivan un mes de su capacidad artística y creativa, a ver si  los artistas están "tan cómodos en su zona de confort sin ser millonarios pudiendo serlo". Hacer algo que brota de la imaginación y vivir de ello -o intentarlo, al menos-, es muy reconfortante, tanto mental como espiritualmente, por lo que tampoco le veo el problema de "estar ahí". Créanme que el artista siempre anda buscando los medios para subsistir sin dejar de hacer lo que le apasiona; a veces le pega, a veces no, y hay que seguir buscándole. No todos podemos ser Dalís, Picassos o Rembrandts, y pues: ¡perdón, neta que mil perdón! Y si esto es mal visto por ser "zona de confort", pues está cabrón.

Por eso les recomiendo a ustedes, enemigos de la zona de confort, que vayan y agarren todas las responsabilidades y obligaciones y proyectos y actitudes emprendedoras que quieran -si tan importantes se sienten-, nomás a nosotros déjenos en paz, ¿sí?

¿O qué entienden ustedes por "zona de confort"?

miércoles, diciembre 02, 2015

Old Arcade City

La calle El Roble está a espaldas del Gimnasio Nuevo León. Es una pequeña arteria vial antes de llegar a la convulsionada avenida Gonzalitos, viniendo por Ruiz Cortines de poniente a oriente. En la intersección de estas calles hay un edificio de locales comerciales que lleva años abandonado, salvo por un local en donde sacan copias y un Alcohólicos Anónimos en un extremo de la primera planta. En una pequeña caseta, sentada en un banco de plástico, una mujer cobra una cuota fija por el uso del estacionamiento a quienes compran flores en un negocio aledaño para dejárselas a sus muertos en el panteón de enfrente; pero es más común que usen los cajones del aparcamiento quienes van a los eventos deportivos que se llevan a cabo en el gimnasio estatal. En este edificio, como si se hubiera congelado en el tiempo, sigue estando este lugar:
Recuerdo haber ido alguna vez, aunque acostumbraba más ir a jugar al Chispas o al Playland de Galerías Monterrey. En aquella época, la clínica veterinaria de mi padre estaba en contra esquina del Gimnasio Nuevo León, frente al Cinerama 2000, que luego se convirtió –creo– en oficinas de Agua y Drenaje. De hecho, si no me equivoco, el primer trabajo de mi padre como funcionario público, fue en ese recinto deportivo.

En el Mr. Do! conocí al Mr. Do!, el juego del payasito que escarba túneles para recolectar cerezas mientras es perseguido por monstruos, a los que destruye dejándoles caer encima manzanas gigantes. 

Al asomarme por el cristal, alcancé a ver como diez maquinitas clásicas llenándose de polvo. Un Galaga y un Dig Dug entre ellas, con las palancas y los botones intactos. Una pena. El señor de las copias dice que, en más de veinte años, sólo dos veces ha visto a los dueños del lugar. Una de esas veces el hombre les comentó su intención de rentarles el espacio para ampliar su negocio de copias, pero estos se negaron, a pesar de que llevaba ya tiempo cerrado, como hasta ahora.

Quizás los dueños, sumergidos en la nostalgia, pretenden dejar su local intacto, como vestigio de una antigua ciudad en donde alguna vez el cerro de la silla se vio más pixeleado.

viernes, noviembre 27, 2015

Una tarde en el museo

Fuimos a MARCO a ver la exposición del colectivo de artistas cubanos llamado Los Carpinteros, y, aunque me caga la mayoría de lo que nos venden como "arte moderno" sobre todo las instalaciones, esta exposición me pareció interesante. Al menos yo percibí una propuesta más original, sustanciosa y reflexiva que en otras exposiciones que he visitado, en donde se exhiben simples payasadas de oligofrénicos egocentristas que se autodenominan "artistas", que lo único que logran es evidenciar su falta de talento con sus cajas de zapatos vacías y sus montones de ladrillos con llantas a los que llaman "arte". Al menos yo noté que Los Carpinteros le echan más ganitas y más cerebro a sus creaciones, para que se aprecie una estética y cierto trasfondo crítico; incluso hasta divertidas se sienten muchas de sus obras. Vayan, se las recomiendo; sobre todo si les encanta tomarse fotos "chistosas" y subirlas a sus redes sociales: ahí se van a dar vuelo. Aparte hay una exhibición de fotografías de la revista Vogue de varias décadas. 

viernes, noviembre 20, 2015

Zona de confort (primera parte)

Hay un cuento motivacional muy cruel que habla de una familia pobre que tiene una vaca. El animal los provee de leche, queso, nata y mantequilla, productos que intercambian en el pueblo por otros artículos. Una noche, de la nada, llega a la casa "un hombre sabio" con su discípulo. El primero le pide al segundo que tire a la vaca por un barranco. No muy convencido, el discípulo obedece, dejando a la familia sin sustento. A los pocos años, el quesque hombre sabio y su discípulo regresan al lugar y encuentran una casa enorme, con coches, alberca y hasta Sky. El discípulo se pregunta qué fue de aquella familia pobre que ahí habitaba, y, para su sorpresa: ¡ésa era la familia pobre, pero había prosperado gracias a que este güey tiró su vaca por el barranco y así los hizo salir de su zona de confort! Kérmozo, ¿no?
Así es que ya saben la moraleja: hay que ir a quitarle a los pobres lo poco que tienen para que dejen de ser unos huevones que no quieren progresar.

Ya hablando en serio: ¿en qué momento la zona de confort se volvió algo negativo? ¿Por qué algunas personas se la pasan exigiéndole a otras que salgan de su zona de confort? ¿Será que ellos ya la alcanzaron y quieren que todos la conozcan? ¿O será que nunca la han encontrado y por eso están chingue y chingue al resto que está tan cómodo? ¿Acaso no busca el ser humano la paz, la felicidad y la libertad; sentimientos profundos que nos provocan bienestar? ¿O será que la paz, la felicidad y la libertad son sentimientos tan intermitentes y abstractos que no todos pueden asimilarlos? ¿Qué es necesario tener -o sentir- para estar cómodos? ¿Por qué es tan malo permanecer en la comodidad? ¿Acaso el hombre no trabaja exterior e interiormente para eso? Tantas preguntas...

Tal vez la zona de confort sea un problema de conceptos; de valores. Lo que para cada quien significa cada cosa. El peso que le otorgamos. Yo veo a la zona de confort como un estado mental y espiritual; un sentimiento de paz y libertad que se adquiere cuando se tienen menos necesidades; o, si no son menos, de perdido están bien definidas. Y, sobre todo: creo en la zona de confort porque he encontrado más respuestas en la calma que en la acción.

miércoles, noviembre 11, 2015

El juego del matrimonio igualitario

Éste es un juego de memoria que hice para una A.C. que "promueve" el matrimonio entre personas del mismo sexo. La asociación lo va a distribuir en algunas sex shops de la ciudad de Monterrey y, aparte, yo lo venderé por mi cuenta para quien esté interesado en adquirirlo y no viva en la ciudad (o viva aquí pero su religión le prohiba entrar a sex shops, snif).

El juego consta de 56 cartas laminadas (57, con la de las instrucciones), con el borde redondeado e ilustradas bien bonito por quien esto escribe :P 

Y se juega de la siguiente manera: las cartas se colocan al centro, con las imágenes hacia abajo. Un jugador escoge dos barajas y, basándose en la palabra que acompaña al dibujo -ya sea homógrafa...
...homófona...
...o similar en su fonética o gráfica, pero distinta en su género-...
...forma parejas. Si las dos cartas que escogió emparejan, se las queda y tiene derecho a escoger otras dos; si no hacen pareja, las coloca de nuevo hacia abajo en el mismo lugar y cede el turno a otro jugador. El siguiente jugardor hará lo mismo que su compañero, con la ventaja de que si puso atención a las cartas que destapó éste, podrá formar pares con más facilidad. Gana quien consiga hacer más parejas, tanto "tradicionales" como homosexuales.

El juego tiene un costo de $180 pesos ya incluyendo los gastos del envío (no sé cuánto costará en las sex shops). Se deposita el dinero en la cuenta número 0106819211 de Banorte -o la CLABE 072 580 00106819211 9-, a nombre de Gustavo Fernando Caballero Talavera. Una vez hecho el depósito me mandan un correo a guffo76@hotmail.com con el comprobante y sus datos: nombre, calle, número, colonia, ciudad, estado y código postal, para hacer el envío. También pueden hacer la compra vía Paypal con ese correo. 
Si son de Monterrey y quieren adquirir el memorama directamente conmigo (porque su religión les impide entrar a sex shops), me mandan un mail, nos ponemos de acuerdo y nos vemos para entregarles el juego. De esta forma, el costo es de $150.

Muchas gracias a todos por su atención. Espero les guste este nuevo proyecto. Que tengan buen miércoles.

miércoles, noviembre 04, 2015

Barrotes en la cabeza

Por fin logré que Jairo leyera un libro: Memoria de mis putas tristes. Me dice que le gustó. Me preguntó, sorprendido, si era una historia de la vida real. No soy muy fan de García Márquez; lo único que se me ocurrió decirle fue que no lo dudaba: que a veces los autores disfrazan anécdotas o pasajes de su vida cotidiana como historias de ficción, y que el autor había escrito ese libro en sus últimos años de vida y que por esa razón uno podría sospechar eso y bla bla bla. Me pidió que le prestara otro libro. Le presté El búfalo de la noche, de Guillermo Arriaga. "Está más gordo que el otro", dijo Jairo. "Si te aburre me dices y te lo cambio", respondí. "No, así está chido, pa´que me dure más", y remató con: "¿También es una historia real disfrazada de mentira?". Reí.

La mamá de Jairo le trae desde julio la revista Muy Interesante. Su hijo le comentó que yo le había facilitado un montón de éstas y le habían gustado. Me acuerdo que el primer mes le llevó una repetida, la cual rolé entre los policías del turno. Sólo vi a uno de ellos hojeándola en un descanso. En mi siguiente turno, el mismo guardia seguía leyendo la publicación. Me sentí bien; como si hubiera hecho un pequeño aporte personal que rindió frutos despertando la curiosidad de al menos dos personas.

Antier Jairo me preguntó si podía usar el gimnasio de los policías: un pequeño salón con aparatos muy básicos. Aunque está en una celda amplia, siente que el sedentarismo le está haciendo acumular grasa alrededor del ombligo y aguadando los brazos. Obviamente me dijeron que eso no era posible, ni aunque hubiera un guardia custodiándolo. Jairo camina, hace abdominales y lagartijas adentro de su celda, pero me confesó que se aburre de lo mismo: "Voy a tener cuadritos pero los brazos todos flacos". Por lo pronto le conseguí un par de garrafones de agua que tienen una agarradera en el tapón, se los llené en el grifo y le dije que los usara como pesas. Ahora fue él quien rió; pero no ha dejado de usarlos.

Detrás del escritorio pienso que mi situación es similar a la de Jairo: estoy encerrado casi todo el día, todos los días, en el mismo lugar que él; la diferencia es que mi puerta no es de barrotes, y puedo salir a la tienda y a mi casa al terminar el turno, pero vuelvo, como si nunca me hubiera ido. Irónicamente, Jairo sabe que, por el momento, su único escape es encerrarse dentro de sí mismo, para sentir que está libre. Yo también lo sé. Me pasa lo mismo. Y no creo que sea tan malo. Malo el día en que ni siquiera podamos imaginar nuestra propia libertad: ahí sí estaremos presos. Y de por vida. 

sábado, octubre 31, 2015

¡Esto sí que me asusta!

No sé ustedes, pero yo, cada que escribo un texto ya sea en Whatsapp, Twitter o Blogger, lo releo cuantas veces sea necesario para que tenga coherencia y la mínima cantidad de errores ortográficos posibles. Digo, no es que sea yo una eminencia en la escritura, pero le echo ganitas y aplico mis conocimientos cada que redacto algo, por nimio que sea.
Y no: no es "obsesión" ni "nazismo gramatical", como muchos dicen por ahí cuando se topan con alguien que escribe en base en las reglas: se le llama Escribir Como Se Debe, y, al menos a mí, así me enseñaron en la escuela.
Sí, yo sé que a veces "la inmediatez", "las prisas" y el autocorrector del teléfono nos hacen cometer pifias sobre todo en el Whats, pero no creo que esto sea un pretexto para no escribir con propiedad si tenemos esa posibilidad. ¿Por qué? Pues porque así debe escribirse.
Lo digo porque como que a la mayoría de las personas le ha dejado de importar esto de escribir correctamente. Pensamientos como: “Ay, comoquiera se entiende", "En las redes sociales nadie escribe bien" o "Aquí la ortografía no importa" se han vuelto tan comunes que llega a parecer hilarante y ridícula la persona que se esmera en mandar un Whatsapp con acentos, diéresis y toda la cosa. Incluso hay quienes se molestan si los corrigen. Y pues, ¡qué miedo! 
¿Por qué "qué miedo"? Pues porque esto habla mal de un chingo de cosas: desde un sistema educativo tan deficiente que ni a escribir de manera correcta puede enseñar a la gente, hasta la pereza mental que deforma el lenguaje y lo degrada casi casi a gruñidos y rebuznos que todos imitan y dan por buenos. Y pues uno ya no sabe si escriben así de horrible por hueva o por ignorancia.
Antes esto me provocaba risas, pero ahora me aterra. La incapacidad o hueva de las personas para construir algo tan básico como una oración congruente, está cabrona. Más si tienes la oportunidad de pensar, ordenar, rumiar, redactar y releer lo que escribes para pulirlo y tratar de que el mensaje sea más claro; ya no digamos "estético".
Muchos dirán: "Pues comoquiera se entiende. Se escriba bien o mal, el objetivo es que se capte el mensaje". Pues sí: un golpe en la cara o una patada en los huevos también hacen que captes un mensaje. Pero bueno...
Ya para terminar, les dejo unos ejemplos de lo que hablo. Son capturas de pantalla de una cuenta de Facebook al azar, de una persona que estudió y tiene un trabajo, para que me digan si estoy exagerando. Al leer los textos, pregúntense: "¿Qué les enseñaron en la escuela a esta persona? ¿Cómo piensa? ¿Pensará así como escribe? Si no: ¿qué no conecta en su cerebro para hilvanar una frase coherente? ¿Releerá lo que escribe? Si lo hace: ¿lo entenderá? Si lo entiende: ¿qué pedo que no detecta ese caos que otros percibimos?". Está cabrón, chavos... Está cabrón... Si el lenguaje era lo que nos diferenciaba de los animales, ahora es lo que más nos acerca a ellos.

lunes, octubre 26, 2015

K.O. a la moral

Después del incidente con Jairo, me distancié. No es rencor, decepción o que haya tirado la toalla en cuestión de creer que se puede lograr un cambio positivo en algunas personas; es simplemente precaución: precaución de que a la otra me puedan acusar de negligencia, complicidad o sepa la chingada qué nomás por pasarme de buena gente. Que esté distanciado no significa que ya no platique con él o no haga los crucigramas o no le facilite lecturas, simplemente tuve que retirarle algunos "privilegios" de los que gozaba porque sentí que ya estaba abusando y podía meterme -y meterse- en un problema. Mi intención era que siguiera dibujando, pero me prohibieron rotundamente que tuviera lápices de colores, plumones y hasta gises en su celda; y, como son celdas preventivas y el caso de Jairo es único, las instalaciones no cuentan con facilidades para que los detenidos desarrollen su vena artística.

Su situación sigue sin resolverse. Está en una cuerda floja que parece perderse en el horizonte. Dicen que posiblemente haya novedades hasta febrero, pero nadie sabe si serán buenas o malas noticias; por lo pronto, ya se está haciendo a la idea de que pasará Navidad y Año Nuevo aquí encerrado.
Después de todo este tiempo de conocerlo y, a pesar de lo que ha sucedido, no he visto algo en Jairo que me haga dudar de su inocencia.

Su madre vino a hablar conmigo después de lo del celular. Estaba muy apenada. Me confesó que su hijo le dijo que yo le había dado permiso de tener el teléfono en su celda, y pues ella le creyó. Ese día lo regañó en la sala de visitas. Abrí el cajón del escritorio y le devolví el móvil. "Si me lo hubiera pedido, habría visto la forma de conseguir el permiso para tener el celular en mi oficina y sacar a su hijo de celdas para que mensajeara con su novia; pero así no, señora". La mujer me pidió otra disculpa, ruborizada. Le dije que no había problema y la acompañé a la salida.

Le he traído más de 100 revistas para que el tiempo se le pase volando. Muy Interesante, National Geographic, H para Hombres, Quo, algunos cómics y hasta pinches TV Notas. Estoy reuniendo un buen stock de material como para hacer una pequeña hemeroteca. Lo que sí no sé es cómo convencerlo de que lea libros: novelas, cuentos, fábulas, microrrelatos, etc. Le traje El rey criollo, de Parménides García Saldaña, y un par de libros de José Agustín, para ver si se ganchaba con el lenguaje sencillo y desmadrosón; pero parece que no. En cambio, me preocupa que se la pase releyendo la pequeña biblia que le trajo su abuela; aunque, si eso le da tranquilidad, lo respeto. Espero al menos esté utilizando el diccionario que le presté para que aprenda el significado de las palabras que desconoce.

He de confesar que a veces este trabajo te tumba la moral. Sobre todo con las cosas que sabes que no puedes cambiar. Te horroriza darte cuenta de la magnitud del problema en que estamos metidos, y saber que no habrá solución posible en 20 ó 30 años, aunque se tenga disposición y recursos. Hay un daño profundo que ya está hecho desde hace mucho tiempo. Desde la cantidad de jóvenes de 17 años que caen detenidos intoxicados, con primaria trunca, sin trabajo, con la mujer golpeada y ya tres hijos que mantener; desde ahí se te nubla la fe en el futuro; desde ahí te desmoralizas y sientes que todo es en vano; que es absurdo formar parte de un sistema que ni cambia las cosas ni te beneficias de él. Un sistema en el que eres un engrane reemplazable. También está el temor de acostumbrarte a ver tantos casos similares y volverte insensible. Es un conflicto eterno de emociones.

Como dijo La Chilindrina la última vez que cayó detenido por intentar meterse a una casa que no era la suya, todo borracho: "¿Para qué me siguen trayendo? No voy a cambiar. Para qué gastan policías, patrullas y gasolina en ir por mí para traerme y encerrarme 24 horas? No voy a cambiar: ustedes solos se hacen tontos".
A veces este trabajo te tumba la moral.

lunes, octubre 19, 2015

No borders

Pues ahora resulta que los novedosos de Bimbo sacaron un pan sin orillas ("pan sándwich corteza tierna", le dicen los mamones). Y lo vienen a sacar treinta años después de que ya a tooooodo el mundo se le había ocurrido esa idea. ¿O a poco a ustedes nunca se les ocurrió?

Tan importante acontecimiento me llevó a cuestionarme de dónde salió esa manía que tiene la gente de quitarle las orillas al pan "de caja", porque, seamos honestos: no es que los bordes sepan horribles o distintos al resto de la rebanada, sino que -me atrevo a pensar- esa maña es más bien cuestión de estética: para que se vean bonitos los canapés y los sangüichitos de los martecitos con las amigüigüis.

Yéndome al extremo mamador conspiranóico, podría pensar que eso de discriminar las orillas de la hogaza es una cuestión de racismo y clasismo -actitudes tan típicas en este país-, pues éstas son "de color humilde", como toda esa gente que desprecia el mexicano promedio.

Otra razón de la ausencia de orillas podría ser la creciente obsesión de las personas por comer sano y verse delgadas, por lo que, supongo, han de creer que quitándoselas "engordan menos".

Pero lo que me parece más lógico es que este fenómeno se relacione con el desprecio hacia las tapas: si alguien sufre discriminación y bullying en el mundo del pan, son las pobrecitas tapas, snif Y volvemos a lo mismo: ¿por qué nadie quiere las tapas?

¿Cuántas veces, buscando comida en los botes de basura, no hem.... Digo, perdón: ¿cuántas veces no hemos visto personas tirando la bolsa del pan con las tapas? Es más, me acuerdo de una vez, mientras me preparaba un sándwich con tapas en casa de un amigo, éste me dijo convencido: "No mames, güey: ésas no se comen". "¿Entonces para qué las ponen?", respondí. Lo que ahora me preocupa es toparme a este amigo y se acuerde de aquella anécdota y, con esto que hizo Bimbo de quitar orillas y tapas, el güey éste crea que siempre tuvo la razón y me diga: "Ya ves, güey: por eso se las quitaron, porque no se comen". Pero bueno, espero nunca topármelo.

He de confesar que siempre que alguien le quita las orillas al pan me pregunto si también le quita la corteza a un bolillo para dejar sólo el migajón y hacerse una torta con él. Suena raro, ¿no? Pues bueno: así de extraña me parece esa costumbre de mutilar la corteza de las rebanadas. Lo bueno es que Bimbo ha llegado a solucionar tan importante problema.

Escribo este post tan idiota porque cada que veo panes sin bordes, me vienen a la mente recuerdos primigenios. Me remonto a mi infancia: a la niña de la que estaba enamorado en la primaria, quien acostumbraba arrancarle las orillas a sus sándwiches de Cheez Whiz y Aladino para dármelas (las orillas). Una vez le pregunté que por qué no le decía a su mamá que se las cortara en su casa y así ya no tenía que quitárselas en el salón. Me respondió: "Ay, pues porque si le digo, ya no te las voy a poder dar, menso" (las orillas). Creo que cuando escuché esto fue la primera vez que sentí mariposas revoloteándome en el pecho, snif.

Si algo le agradezco a Bimbo por este nuevo producto, es haberme traído de vuelta este hermoso recuerdo. Pero habrá que maldecirlo también porque, al quitarle las orillas al pan, le quita la oportunidad a miles de niños de recibir los bordes del sándwich de la niña que les gusta, snif. 

Por lo tanto, en protesta, me haré un sándwich con las dos tapas y sin quitarle las orillas al pan de en medio. A este sándwich lo he bautizado como "Sangüichón Mamalón", y lleva: salchicha polaca, jamón serrano, pechuga de pavo, queso gouda, espinacas, aguacate, aceitunas, cebolla morada, tomate, mayonesa, mostaza y un poco de pimienta. ¡Salud!

miércoles, octubre 07, 2015

Lontananza

Una de mis palabras favoritas es "lontananza". Significa "lejanía". A la lejanía la relaciono con horizontes montañosos, atardeceres en el mar y la incertidumbre de lo que suponemos vendrá. No por nada y aunque suene cursi "lontananza" rima con "esperanza". 

La lejanía es como el final del arcoíris: entre más te acercas, más se aparta. Por eso, debido a esta naturaleza inalcanzable, requiere sólo de contemplación y silencios.

He conocido muchos lugares con este nombre. Sobre todo cantinas. Llamar "Lontananza" a una cantina me parece una acción que raya en lo poético; que honra con el nombre todas las miradas perdidas de los clientes que, frente a un vaso de alcohol, buscan la paz interior, evadirse por un instante o solucionar alguna duda existencial: como si contemplaran el horizonte.

También me ha sorprendido ver tabernas con este nombre en poblados pequeñísimos, donde apenas y hay escuelas. Uno pensaría prejuicioso que es uno que si "lontananza" no es una palabra de uso común en "las ciudades modernas", no lo será en "lugares menos favorecidos por el progreso". Pero tal vez "lontananza" fue alguna vez una palabra que se decía con frecuencia. Tal vez hace mucho tiempo existió un país en donde todos sabían su significado, apreciaban su carga poética y comprendían su trasfondo filosófico. 

Como dato histórico, se dice que la primera cantina que existió en Monterrey se llama Lontananza. Está ubicada sobre la calle Aramberri, en el centro de la ciudad. Tiene más de un siglo de vida y confieso apenado nunca he ido a tomarme una cerveza.

Como dato literario, David Toscana, el escritor regiomontano más reconocido a nivel mundial después de Alfonso Reyes, escribió un libro de relatos basado en este lugar: Historias del Lontananza (o Lontananza, dependiendo la edición que consigan).

Por último: creo que debería existir una ciudad llamada Lontananza; una bebida; una verdura; una película; una balada rock; una bicicleta; una mascota y hasta la salsa para una pasta, porque supongo mientras haya más gente que conozca el significado de "lontananza", habrá esperanza.

Lectura muy recomendable.
Foto tomada de Google Maps del mítico Lontananza, en Monterrey
Miscelánea Lontananza, en Parras de la Fuente, Coahuila
Cervecería Lontananza, en el municipio de García, Nuevo León
Hubo una vez un equipo de futbol amateur llamado Lontananza 

miércoles, septiembre 30, 2015

Meditación de miércoles

Hay un fragmento en la célebre novela No es país para viejos, del escritor estadounidense Cormac McCarthy, que me marcó como pocas frases de libros me han marcado. De hecho, creo haberla compartido en este espacio un par de veces. Es una reflexión tan certera acerca de la decadencia de las sociedades actuales, que me provoca tristeza y escalofríos releerla. Es una cavilación del sheriff Ed Tom Bell, personaje principal del libro, que describe de manera contundente esta degeneración social, y, al mismo tiempo, devela la razón y posible solución al problema; solución que, de tan sencilla, pareciera una fantasía. Aquí el fragmento del libro: 

Me parece saber hacia dónde vamos. Nos están comprando con nuestro propio dinero. Y no son sólo las drogas. Hay por ahí fortunas acumuladas de las que nadie tiene ni idea. ¿Qué pensamos que va a salir de ese dinero? Un dinero que puede comprar naciones enteras. Ya lo ha hecho. ¿Puede comprar este país? Lo dudo. Pero hará que tengas tratos con quien no deberías... Narcóticos siempre han existido. Pero la gente no decide drogarse así porque sí. A millones. No tengo respuesta para eso. En concreto no tengo una respuesta que me dé ánimos... Todo se origina cuando se empiezan a descuidar los buenos modales. En cuanto dejas de oír Señor y Señora el fin está a la vuelta de la esquina.

Retumban en mi cabeza las dos últimas frases: Todo se origina cuando se empiezan a descuidar los buenos modales. En cuanto dejas de oír Señor y Señora el fin está a la vuelta de la esquina. Me inquieta esto último hoy más que nunca, cuando la gente se sorprende de que llegue un convoy de la policía a su "barrio bien" y se lleven detenida a la vecina que acaba de acuchillar a sus tres hijo. Me perturban estas dos frases hoy más que nunca, cuando una caravana del ejercito irrumpe en una "colonia buena" para llevarse a un un grupo de hombres relacionados con actividades criminales. Y me pregunto: ¿qué les sorprende, si ni los "buenos días, vecino" dan?

Vivimos entre delincuentes y ni cuenta nos damos. Podré parecer inocente, pero le doy la razón a McCarthy. En una sociedad donde no se han perdido los buenos modales, se respetan la reglas mínimas de convivencia social, y la amistad y la confianza están bien cimentadas, no hay cabida para este tipo de personas.

¿Y saben qué es lo más curioso?: que si estos parásitos tuvieran un poquito de cerebro, la civilidad podría servirles de disfraz. 

martes, septiembre 22, 2015

Agradecimiento

Muchas gracias a Carlos L. Malo, del periódico El Norte, por dedicarle la última página de la sección dominical, Los Monitos, a mi trabajo:

martes, septiembre 15, 2015

El arte de comer mierda

De seguro han escuchado la frase que dice: "La política es el arte de comer mierda sin hacer gestos". A veces hay quienes la complementan con: "... y pedir que te sirvan más a puños".

De cualquiera de las dos formas, la frase es patética, pero aumenta su nivel de patetismo cuando viene de la boca de alguien que se dedica, precisamente, a la política.

Me ha tocado escuchar amigos y conocidos, metidos en algún partido o buscando algún puesto de elección popular, repetir este aforismo sin reparo; y pues, qué triste, ¿no?

Será que no me imagino a alguien refiriéndose a su profesión, vocación o pasión como "el arte de comer mierda". ¿O se referirían ustedes a lo que hacen de esa manera? Vamos, ni los buzos del drenaje profundo se expresan así de su trabajo.

También me pregunto si en otras latitudes -Noruega, Dinamarca, Holanda, Argentina, Brasil-, quienes hacen política, se refieren así a ésta, o esa sentencia la aplican nada más aquí en México.

A lo que voy es: ¿cómo no va a ser la política una cagada si hasta quienes la ejercen piensan que lo es? ¿Cómo no va a ser una mierda si hasta quienes la practican piensan que es un acto hipócrita y repulsivo?

En lo personal, esta máxima nunca me ha parecido del todo cierta, pues pocas veces hemos visto políticos tragando mierda, pero sí infinidad de ciudadanos tragándose la que estos les avientan.

¡Viva México!

miércoles, septiembre 09, 2015

¡Aguas con el agua!

Pues resulta que a final de cuentas el mentado acueducto Monterrey VI no se llevará a cabo, según palabras del Bronco, gobernador electo en el estado de Nuevo León.
En lo personal, este proyecto millonario siempre me pareció absurdo, caprichoso, peligroso y sospechoso; pero bueno, habrá quienes sigan teniendo sus razones para defenderlo.
Que si el fracking, que si el gas shale, que si el costo de operación, que si el impacto ambiental, que si el desabasto de agua... Ya uno no sabe ni a quién creerle; pero si ustedes, flamantes lectores, están más empapados del tema y tienen más información fidedigna que este servidor, agradecería sus comentarios y opiniones.
A lo que voy es que me llama la atención quienes defendían y justificaban este proyecto ondeando la bandera de "la carencia de agua".

Desde que tengo memoria, Nuevo León tiene pedos con el abastecimiento de agua, a pesar de tener ¡tres presas! Cerro Prieto, Rodrigo Gómez y El Cuchillo para satisfacer tal demanda. Pero pareciera que no son suficientes, pues siempre ¡siempre! hace falta "el vital líquido" como lo llaman los reporteros mamilas, siempre hay recortes, siempre hay sequías y siempre estamos al borde de un árido cataclismo.

Por un lado, podría parecer lógica esta escasez, pues somos una ciudad en donde se producen desde hace más de 100 años cosas que requieren de un chingo de agua: cerveza, agua mineral, refrescos, vidrio, plástico, cemento, acero, celulosa, etcétera; productos de los que por cierto nunca me he enterado que haya un desabasto o una reducción en su producción por falta de agua; y, que yo sepa, el agua que requieren la adquieren aquí, no en Veracruz, Tabasco o el Caribe.
Por otro lado, lo obvio sería que, siendo un territorio con este tipo de pilares económicos, el agua brotara a borbotones, ¿no? Y pues sí: dicen los que saben que Nuevo León tiene agua pa´aventar pa´rriba en el subsuelo, pero le pertenece a las empresas desde hace años y nomás por sus huevos.

Si se fijan, verano tras verano bombardean al ciudadano común con campañas televisivas y radiofónicas para que "ahorre" agua. Y no es que esto esté mal, pero pareciera que nosotros, quienes limpiamos el cepillo de dientes bajo el chorro del lavabo y no en un vaso con agua, somos los culpables de tan alarmante carencia.

Si fueron niños, jóvenes o adultos en los años ochenta, recordarán una exitosa campaña televisiva para el cuidado del agua. Era tan pegajosa como la del "Ándale, así sí" que les tocó a los millennials, pero ésta tenía como personaje principal a un simpático gordito hijo de uno de los Polivoces– que regañaba a su criada gritándole: "¡Amandaaa: ciéeeerrale!". De hecho, si querías bullear a un gordo en aquella época, le gritabas: "¡Amandaaa: ciéeeerrale!", y hacías un ademán con la mano, como si cerraras una llave.

Recuerdo otra campaña creo que ésta sí era local en donde aparecía un güey bañándose en friega, con la obertura de la ópera Guillermo Tell de fondo. El tipo cerraba la regadera, se ponía una toalla en la cintura, bajaba las escaleras corriendo y salía a la calle, donde lo esperaba una multitud aplaudiendo entusiasmada detrás de una especie de "Meta", mientras un hombre trajeado algo así como un juez observaba su reloj de muñeca y decía que el recién bañado acababa de imponer un nuevo récord. La campaña "retaba" a la gente a bañarse en menos de cinco minutos.

Neta que tanta campaña para cuidar el agua llegó a provocar en mí mucha ansiedad. Me angustiaba que en mi casa llenaran una cubeta para trapear y el agua comenzara a desbordarse; me angustiaba ver que la mamá de algún amigo de la cuadra regara la banqueta, o ver que algún tinaco de alguna azotea estuviera chorreándose. Neta que me angustiaba mucho. Pensaba que el agua se iba a acabar y moriríamos todos de sed al día siguiente. Supongo que al provocar esto en mi persona, las campañas fueron exitosísimas, pues me hicieron un ciudadano consciente y aterrado sobre lo importante que es cuidar el agua.

Y aclaro: para mí eso está muy bien, pero: ¿y las empresas, apá? Nunca ¡nunca! he visto una sola campaña sobre el cuidado del agua dirigida a las empresas que han acaparado este recurso por sus purititos huevos (tal vez por lo mismo: porque el agua "es de ellos" y pueden hacer con ella lo que quieran y que los ciudadanos se jodan).

Pero bueno: espero que esto de la cancelación del acueducto Monterrey VI sea para el beneficio de todos; sobre todo, para los ciudadanos comunes y el tan vapuleado medio ambiente. Y si nos va mal y se acaba el agua, ¡no importa!, que al cabo hay un chingo de refrescos y cerveza para beber, ¿no?

martes, agosto 25, 2015

Abuso de confianza

Cada una de las salas de visita está dividida a la mitad por un vidrio grueso con orificios. Son cuartos pequeños, de aproximadamente dos metros por dos metros, sin ventilación, con una lámpara de cada lado que hace que las paredes blancas destellen de forma peculiar. Aunque la iluminación es abundante, la acústica no es muy buena, por lo que hay que pegarse al cristal para hablar y escuchar con claridad. Afuera de estos recintos, del lado de los detenidos, un elemento de seguridad hace guardias cada que algún familiar de estos pide tiempo para una visita.

Con Jairo había tenido algunas consideraciones, debido a su situación. Como lleva casi seis meses en prisión preventiva, decidí permitirle ver a su familia en otra parte que no fueran las entrañas de estos cubos de yeso tan impersonales y luminosos. Recrear en mi cabeza la imagen de Jairo con las manos pegadas al vidrio a la altura de las manos de su madre, novia o hermanos –como si se tocaran–, me resultaba triste e indignante; por eso decidí que recibiera sus visitas en un espacio más amplio: una sala de espera con cámara de seguridad y lugar suficiente para que cinco o seis personas puedan estar sentadas. 

Pero todo cambió ayer. La noche estaba tan tranquila que me di el lujo de ver una película en la computadora de mi oficina, hasta que escuché el característico silbido que hace Jairo cuando necesita hablar conmigo. Al escuchar el chiflido, le puse pausa a la movie –que iba a más de la mitad–, me puse de pie y me dirigí al área de celdas. Jairo estaba sentado sobre el muro que le da privacidad al escusado: ése por el que se vio que el Chapo de pronto desapareció. Al verme, Jairo dio un salto hacia el suelo y se dirigió al enrejado. Me saludó de mano por segunda ocasión en mi turno. Lo noté impaciente.

–¿Qué onda, Jairo? –le dije.

–Oiga, Lic., es que necesitaba hablar con usted.

–¿Qué fue?, dime.

–Es que le tengo que confesar algo, pero no quiero que le diga a nadie ni que me lo vaya a tomar a mal ni que se vaya a enojar conmigo.

–Ya me intrigaste, ¿qué pasó?

Jairo me observó dudoso, con una risa nerviosa y las cejas arqueadas. Quizás pensó que por sus palabras creí que me confesaría su culpabilidad o complicidad en el delito del que se le acusa, pero ni por la cabeza me pasó esa idea. Después de unos segundos, Jairo lo soltó.

–La semana pasada, ¿se acuerda que vi a mis papás y a mis carnalillos en la sala de espera?

–Sí, ¿por qué?, ¿qué pasó? –empecé a impacientarme debido a la curiosidad.

 –Pues es que ese día mi mamá me dio un celular envuelto en el periódico, para que pudiera mensajear con mis carnalillos y con mis amigos.

Me quedé inmóvil. No pude articular una sola palabra. La imagen positiva que me había creado de nuestra relación confianza-respeto, maestro de dibujo y crucigramas-alumno, se derrumbó en segundos. Sentí una mezcolanza de rabia, decepción y tristeza. Un "Eres un pendejo, por confiado" me retumbó en las paredes del cráneo. Imaginé a toda la gente que conozco, diciéndome: "Esa gente así es: les das la mano y te agarran el pie". Noté cómo Jairo trataba de descifrar mi rostro en silencio, por lo que intenté controlar la marejada de emociones que me invadía. Lo único que pude hacer fue sonreí forzadamente, soltar un "¡Pfffff!" y una risa falsa, como si su acción me pareciera indiferente. Jairo se sintió en terreno seguro al ver mi reacción, y prosiguió hablando con soltura.

–No le había dicho porque me daba pena, porque sabía que lo podía meter en algún problema, por eso quería esperar al viernes, para devolverle el teléfono a mi mamá.

–No hay bronca. Nomás que no te lo vayan a ver –le dije–. ¿Dónde lo tienes?

–¿En serio no hay bronca?

–No. ¿Dónde lo tienes?

–Atrás del escusado. Envuelto en el periódico.

La sangre me hervía, los brazos me hormigueaban; pero seguía disimulando calma.

–Igual y mejor dámelo, para guardarlo en mi oficina, y te lo paso en las noches, para que no te lo vayan a cachar y nos metamos en un pedo grande.

Jairo asintió. Se dirigió presuroso detrás del muro del escusado, se agachó, sacó el periódico con el celular envuelto y me lo extendió como siempre me lo extiende para hacer el crucigrama:

–¿Me lo podría poner a cargar?

Tomé el periódico con el celular dentro y le dije:

–Vete a la chingada, cabrón. Abusaste de mi confianza. Bastantes consideraciones he tenido contigo y así me jodes.

–No, Lic., es que… Le pido una disculpa, Lic., pero es que…

–¡A la chingada! No vas a volver a ver a tu familia en la sala de espera. Todas las visitas van a ser a través del vidrio. Y si me dicen que tus hermanos no pueden pasar por ser menores de edad, no van a pasar. Ya no voy a interceder por ti para que tengas privilegios. Te mamaste, Jairo.

–Sí, Lic., yo sé que abusé y…

–Me chingaste, Jairo. Me lo hubieras pedido por la buena y ya veía yo cómo le hacía. Pero así no. Por esto me pueden chingar y por esto te puedes empinar tú –me di la media vuelta y regresé a mi oficina con un nudo en la garganta. A mis espaldas, Jairo balbuceaba: "Lic., venga, por favor... Lic...".

No pienso echarlo de cabeza. No le he dicho nada a nadie del trabajo. No por miedo a que me corran, sino para no perjudicarlo. Y si me corren, ya no me importa. A veces siento que es inútil seguir siendo humano en un ambiente deshumanizado. Los que pierden son ellos, no yo. Yo no voy a cambiar para hacerme como ellos creen que uno debe ser en estos ambientes.
Aquí tengo el celular en un cajón. Se lo voy a entregar a la mamá de Jairo cuando venga, sin decir una palabra. Quería pensar y actuar distinto al común denominador para cambiar la imagen que se tienen de las instituciones –"En vez de criticar desde una computadora, haz algo desde adentro"– pero las circunstancias obligan a uno a comportarse como el común denominador. Y eso no me gusta. No aporta nada. No soy así ni puedo ser de otra forma. Pero tal vez no necesitan que alguien aporte algo positivo ni sea "distinto", sino que todo siga igual, como ha sido por años.

Escucho desde mi oficina el silbido insistente de Jairo desde el área de celdas. Me pongo de pie, cierro la puerta con seguro y vuelvo a mi lugar para teclear esto.

viernes, agosto 21, 2015

Monterrey 2020

Vancouver trae un proyecto muy interesante llamado Greenest City 2020. Es un plan a cinco años que pretende hacer de esta ciudad la mejor para vivir en el mundo, todo mediante acciones ligadas a "lo verde": edificios verdes, transporte verde, trabajos verdes, huertos urbanos, energías alternativas, manejo de desperdicios, reducción de emisiones, etcétera. 

Una de las cosas que se busca con este ambicioso proyecto es que la mayoría de los ciudadanos se mueva a pie, en bicicleta o en transporte público, pues Greenest City 2020 pretende que se dependa lo menos posible de los combustibles fósiles, dándole prioridad a las "energías limpias" y a un estilo de vida saludable y en armonía con el medio ambiente. Si de por si Vancouver es una ciudad arbolada y consciente de su entorno natural, con este proyecto se busca plantar 150 mil árboles más, para así tener "el aire más limpio respirable en una gran ciudad". También se procurará reducir en un 50% los deshechos materiales y que todos los vancuveritas estén a, mínimo, cinco minutos de algún parque, bosque o área verde. Suena chingonsísimo, ¿no? Menciono sólo algunos de los puntos que llamaron mi atención de esta iniciativa, pero aquí les dejo el link del proyecto para que lo lean completito.

Y ahora les pregunto: ¿cómo creen que estará la ciudad de Monterrey en el año 2020? Yo, la verdad, y no es por ser pesimista, pero la veo peor que nunca. Devastada, sucia, saqueada, con el doble de pobres, el doble de fraccionamientos, el doble de coches, el doble de calles, el doble de idiotas, el doble de deuda y el triple de problemas. Pongo este ejemplo de Vancouver porque en verdad me preocupa voltear a ver mi ciudad -quesque rica, quesque empresarial y quesque de gente trabajadora- y no verle un futuro ni prometedor, ni verde, ni limpio, ni civilizado, ni próspero, ni nada. Estamos a años luz de ser un lugar con calidad de vida ejemplar. Es más: ni siquiera sabemos qué es calidad de vida.

Que más del 50% de los regiomontanos pudieran trasladarse a pie, en bicicleta o en transporte público a cualquier parte, es impensable. ¡Ni lo mande Dios! Eso es de pobres. ¿O acaso el gobierno pretende que todos nos hagamos pobres, como en Vancouver? Aquí en Nuevo León se apoya a empresas extranjeras del ramo automotriz para que vengan a invertir y a generar empleos, y así fomentar el uso del automóvil mediante créditos accesibles para que todos podamos hacernos de un coche y así construir más calles y más avenidas y más estacionamientos y más OXXO Gas y más Petro 7, pues así se generan más chamba y eso es sinónimo de progreso y modernidad y de riqueza; no andar a pie, en bicicleta, en camión o cultivando frutitas en los parques: ¡como pinche pobre!

Aquí en Monterrey se construyó un estadio de futbol -¡el más moderno de Latinoamérica!, híjoles, kemosión- sobre el último bosque urbano existente, sólo para que 22 millonarios pateen una pelota frente a 50 mil jodidos que mantienen millonarios a esos 22 y a otros cuantos.
También aquí se acostumbra gastar medio millón de pesos al día en transportación aérea, porque ¿quién dijo que nuestro estado -¡y mucho menos nuestra ciudad!- es pobre? Pobre Vancouver, que anda sembrando arbolitos como hippie y alentando con infraestructura a la gente para que camine y ande en bicicleta. Aquí en Monterrey podrá no haber una sombrita de árbol para resguardarse del sol, pero podemos darnos el lujo de que nuestros representantes se muevan en aeronaves.
Foto de El Norte
En fin. Mejor ya ni le sigo porque ya troné el medidor de sarcasmo, y, aparte, es viernes y no me quiero encabronar. Lo único es que sí creo que para el 2020 Monterrey se parecerá más a Burkina Faso y a Sierra Leona que a Vancouver. Es más: ni siquiera le llegará a los talones a Guadalajara. Y eso es muuuy triste. Aquí "calidad de vida", "proyecto ambicioso", "riqueza" y "primer mundo" siempre han tenido otro significado. Uno muy torcido. 

lunes, agosto 17, 2015

Uber

Un amable lector de este espacio me platicó por correo electrónico su experiencia trabajando para Uber. Aquí se las comparto con su autorización, para que conozcan un poco más sobre esta empresa. Aparte, quiero que lo lean porque creo que su relato es un fiel reflejo de lo que sucede en el triste ámbito nacional, y las ideas que pueden propiciar cambios positivos en la mentalidad y en el actuar de los mexicanos:

Hola Guffo. Disculpa la tardanza, es que no había tenido chance de revisar mis correos.

Te cuento rápido: la empresa donde trabajaba recortó personal debido a la inseguridad en el norte del país (los principales clientes eran/son PEMEX, CFE, Sistemas de Aguas y las oficinas de Catastro de los diferentes estados del país). Yo era técnico fotogrametrista y mi trabajo consistía en ubicar físicamente puntos topográficos sobre fotografías aéreas, medirlos con un GPS o dron y posteriormente procesar la información para convertirla en un mapa digital y así crear una red geodésica.

Entré a Uber en enero de este año, luego de buscar -sin mucho éxito- otras opciones relacionadas con lo que yo hacía. La verdad es que los sueldos raquíticos y las pocas oportunidades de crecimiento en los lugares donde busqué me motivaron a tomar esa decisión. 

No me arrepiento. Gano lo mismo que antes y en algunas ocasiones un poco más. No fue fácil, pues Uber te exige que pases por una serie de filtros que van desde un examen de 50 preguntas sobre ubicación y conocimiento de los puntos de interés en el Distrito Federal, (en mi caso), el cual debes pasar con al menos el 90% de respuestas correctas para continuar con el proceso de certificación como conductor, el cual consta de un examen psicológico, un examen psicométrico, una plática-entrevista con una psicóloga, un examen teórico-práctico de manejo y, por último, si pasas esos cuatro filtros, un examen toxicológico; además de presentar una carta vigente de no antecedentes penales, sin mencionar que no debes tener tatuajes ni perforaciones y mostrar una presentación aceptable (bañado, cabello corto, rasurado) al momento de brindar el servicio (traje y corbata), pues cuando un usuario solicita el servicio, aparece el nombre y la fotografía del conductor que te dará el servicio, su calificación en estrellas así como el modelo y las placas del automóvil que conduce, pues todos tus documentos están disponibles para consulta en el portal de Uber (IFE, licencia, carta de no antecedentes penales, fotografía tomada por Uber y comprobante de domicilio)

La política de Uber es tan estricta que te dan de baja si alguna usuaria se queja de que la miras con morbo o intentas ligarla; si les llamas después de dejarlas sin ninguna razón que no sea relacionada al servicio e, incluso, por negar el servicio a personas con discapacidad (de cualquier tipo) y/o que viajen con sus mascotas. Uber es "Pet Friendly": tiene cero tolerancia con este tipo de actitudes mencionadas.
Cada viaje eres calificado por los usuarios mediante estrellas y si no mantienes una calificación de al menos 4.7 estrellas, Uber te deshabilita una semana donde no puedes conducir y debes asistir a un curso, y si tu calificación no mejora, de plano te dan de baja. Los conductores deben bajarse del auto para darte la bienvenida, abrirte la puerta al abordar y descender del vehículo y mostrarse amables y atentos en todo momento. A grandes rasgos, eso es lo más importante. Los mayoría de los vehículos son del año y deben contar con :seguro de cobertura amplia (el dueño debe estar dado de alta en hacienda), botellas de agua de cortesía, paraguas, dulces, aire acondicionado, Chip TAG para usarlo en las autopistas urbanas, radio con entrada auxiliar para que el usuario ponga su música si así lo desea, deben estar limpios (lavados) y libres de olores extraños (aromatizante); además de que está estrictamente prohibido fumar dentro de un Uber.

Te menciono algunos otros puntos:

-Cuando te registras en la plataforma, tu primer viaje es gratis.

-Si por alguna razón el conductor te lleva a propósito por una ruta diferente o se pierde, tienes derecho a solicitar un "ajuste de tarifa", para que se te haga el cargo correctamente.

-Si olvidas algún objeto, puedes contactar al conductor o ir directamente a las oficinas a preguntar si el conductor devolvió el objeto olvidado. Si Uber sospecha que el conductor se lo apropió de manera indebida, puede aplicarle el polígrafo y, si lo considera necesario, el socio y/o conductor deberán reponer el objeto perdido por uno igual o con las mismas características.

-Los conductores pueden negar el servicio a usuarios que estén en avanzado estado de ebriedad o que muestren un comportamiento indebido, además de solicitar "tarifa de limpieza" en caso de que el usuario derrame alguna bebida o vomite dentro del vehículo.

-Los socios (propietarios de los vehículos) deben realizar también el proceso de certificación, pues en primera instancia Uber los considera como primeros conductores del vehículo; posteriormente, ellos deciden si contratan a sus propios conductores.

Saludos y que tengas excelente semana, un abrazo.

Después, para que corroborara que no estaba exagerando con las estrictas políticas de la empresa, mi lector me mandó un correo que le envió Uber sobre una situación que tuvieron con una persona con discapacidad. Aquí la captura de pantalla del correo. 
Ahora se imaginarán por qué están tan encabronadas con Uber las mafias que controlan los taxis.

El único "pero" que le pongo a Uber es eso de no contratar personas con tatuajes o piercings. Está medio arcaico. Todo lo demás me parece muy bien. Ojalá perdure. 

lunes, agosto 10, 2015

Barberías: el nuevo mame del año

Como si no fuera suficiente con los productos orgánicos, los restaurantes veganos, los food trucks, las cervezas artesanales, los mezcales gourmet, los gimnasios de crossfit y los negocios que empiezan con "La" y terminan en "ría" -La Lonchería, La Charcutería, La Tequilería, La Hamburguesería, La Chilaquilería-, llegan las barberías. Sí, las barberías son el mame más reciente del siglo.

El mítico "Tengo una banda de rock" fue mutando poco a poco hasta convertirse en el "Tengo un barecito", para seguir evolucionando hasta llegar al "Tengo un negocio de tatuajes", pasar por el "Tengo una marca de cheve artesanal", transformarse en el "Tengo un food truck" y culminar en el "Tengo una barbería". 

Y así como empezaron a salir programas televisivos sobre chefs, tatuadores, remodeladores de bares, dueños de casas de empeño, gordos que quieren adelgazar, camioneros que manejan en la nieve y pendejos que compran tiliches en bodegas olvidadas, no dudo que pronto tengamos una serie de televisión  (o igual y ya existe y yo ni en cuenta) que convierta a los barberos en los nuevos rockstars. Y por mí está bien; por mí se la pueden arrancar. 

Pero me llama la atención el reciente boom de estos lugares. Me llama la atención porque conozco a varios novedosos -ahora clientes asiduos de estas mentadas barberías- que no hace mucho tiempo tenían prejuicios bien cabrones sobre que un hombre les agarrara la cabeza y les cortara el cabello (sí, en pleno siglo XXI y en la moderna ciudad de Monterrey). Estos güeyes no iban a estéticas donde hubiera hombres porque de seguro eran "jotitos". Y pues bueno, muchas veces sí lo son, pero por mí está bien; por mí se la pueden arrancar, pero estos güeyes eran de que: "¡¿Cómo voy a permitir que un jotito me acaricie el cabello?! ¡Mucho menos que me agarre el rostro y me acerque el suyo para delinearme la barba!". Sí: tal cosa la consideraban una agresión a su virilidad. Y como que las barberías han venido a borrar un poco este tabú/trauma/fobia/prejuicio que -creo yo- comenzó con el surgimiento de las escuelas de belleza y las estéticas, que fue algo así como "la modernización" o "diversificación" de las barberías tradicionales.

¡Holis! 
Pero lo más curioso es que estos novedosos que ahora frecuentan las barberías modernas, antes no iban a las barberías clásicas. De hecho, las barberías más representativas de la ciudad de Monterrey han ido desapareciendo, snif. Lo que me dice que muchos clientes de estos lugares "revividos" son personas que actúan en base a moditas pasajeras -como la mayoría de los regiomontanos promedio-; y pues, qué triste, deveras, porque al rato también van a desaparecer estos negocios, como lo hicieron las peluquerías típicas.

Como paréntesis: recuerdo con cariño la peluquería -con su cilindro azul, blanco y rojo que giraba y toda la cosa- donde de niño me cortaba el cabello; ahí por la colonia Vista Hermosa, en un segundo piso. Pancho, el peluquero, me decía: "Si te mueves te mocho la oreja, cabrón", y yo mantenía el cuerpo rígido. De repente, Pancho me pasaba el borde sin filo de la navaja por detrás de la oreja y me decía: "¡Ándele, cabrón, casi se la mocho", y se reía al ver que se me saltaban los ojos, aguantaba la respiración y más rígido ponía el cuerpo.

(¡Ay, qué bonita historia, Guffo, casi lloro!).

Volviendo a lo de los prejuicios sobre que un hombre le dé mantenimiento a nuestros pelos: como que ahora con este concepto de barberías modernas buenaondita donde hasta puedes chupar alcohol, es distinto. Ahora los hombres muy hombres se dejan que otros hombres muy hombres, barbones, tatuados, con chalequito, corbata y pinta de malandro rehabilitado -al parecer ése es el requisito para trabajar en uno de estos lugares- les acaricien el rostro, se los masajeen, les pongan pomadas, bálsamos -¡qué palabra más maricona!- y les pongan toallitas calientes en sus delicados rostros; les vendan peinecitos y lociones y tratamientos para el cuidado de sus pelos faciales. Lo que nunca. Y por mí está bien; por mi se la pueden arrancar. Yo nunca he tenido pedos con que un hombre muy hombre o uno muy femenino me corte el cabello o me rasure. Mucho menos si es una chichona guapa :)

Somos bien malotes y, sobre todo, ¡bien hombres!
De hecho, este fenómeno del resurgimiento de las barberías me llama la atención precisamente por eso: porque el hombre se está haciendo vanidoso gracias a su barba. Como que el hombre que se cree muy hombre siempre ha tenido miedo a ser vanidoso; o al menos a exteriorizar su vanidad. El hombre muy hombre ve a la vanidad con rescoldos de feminidad. Ser vanidoso es ser femenino. Es como comer ensaladas: si te las comes con un rib eye de dos pulgadas o sobre una pizza, pues te sientes menos mujer. Y sí: como que el hombre muy hombre tenía miedo a ser vanidoso, pero en su barba encontró la manera de serlo sin culpas. Con este fenómeno "reciente" de las barbas largas y las barberías, la ondita retro/elegante que manejan, los productos de grooming y mamadita y media, el hombre muy hombre puede darle vuelo a su vanidad sin dejar de sentirse muy hombre. ¡Qué belleza! ¡Aplausos!

Sí, las barberías no son nada nuevo, pero resulta que ahorita están de moda. De hecho, supongo que muchas barberías legendarias desaparecieron porque nunca se modernizaron; porque nunca le entraron a la fantochada ésa de cambiar las batas blancas por los chalequitos, los tirantes y las corbatitas o moños, que, al parecer, es parte del encanto mamador de estos nuevos templos de hombría, ¡ahijuesupinchimare!

Y ya para terminar: el otro mame; ése sobre que si son lugares exclusivos para caballeros y sólo hombres pueden laborar en ellos. Pues yo creo que es como en las cantinas en las que no trabajan mujeres ni dejan entrar mujeres. No es pedo machista ni misógino ni tiene que ver con la igualdad de géneros ni es para que se encabronen las feminazis. Por eso: ¡paren su mame, plis! Así como hay espacios y tiempos para puras mujeres -sus mentados Martecitos, Juevecitos, despedidas, babyshowers, etc.-, así los hombres requerimos de espacios y tiempos para estar con puros hombres. Tampoco es nada homosexual. Es simplemente tener un espacio sin viejas. Punto.

Y pues bueno, desde hace rato que quería escribir sobre este tema. Sólo falta ver cuánto durará el mame de las barberías. La neta espero que, como todo buen mame y buen negocio, perdure, y no sea sólo una llamarada de petate.