viernes, agosto 05, 2011

Aquellos fines de semana


Aquellos fines de semana, en vez de ir a un restaurante, antro o cantina -como acostumbraban distraerse los jóvenes de esta ciudad antes de la ola de inseguridad y violencia que se vino-, nos juntábamos en la carnicería Santa Martha, un negocio de carnes y abarrotes propiedad de la familia paterna de Pedro, un amigo de la universidad.

Los viernes a las seis de la tarde, después de la última clase, Erick, Lacho, Chuy y yo corríamos al estacionamiento para montarnos con todo y mochilas a la caja de la pick up roja de Pedro.
En el trayecto a la carnicería –que era largo- cantábamos, fumábamos y bebíamos algunas cervezas que comprábamos en el Oxxo. Recuerdo que Pedro siempre nos decía: “¿Para qué compran cerveza, si allá en la tienda tengo?”.
Ésa era una de las razones por las que nos gustaba ir a la carnicería de Pedro: podíamos agarrar la cerveza que quisiéramos, al igual que bolsas de papas, chicharrones y carnitas de puerco.

Al fondo del pasillo de la Santa Martha –que casi siempre estaba resbaloso porque por ahí deslizaban los trozos de carne congelados para meterlos al cuarto frío-, había una oficina acondicionada con televisión, estéreo y reproductor de devedes, que era donde pasábamos el resto de la tarde y toda la noche, hasta la madrugada. Recuerdo que en una de las paredes de la oficina había un par de calendarios con fotos de viejas bien chichonas y algunos recortes de revistas con escenas de películas -a todos nos gustaba el cine- y de conciertos de rock, pues Pedro soñaba con ser "rockstar".

De las cosas más folclóricas que tenía el lugar, eran sus empleados, que después de las 10 de la noche, cuando cerraban la tienda, se ponían a beber cerveza y a platicar con nosotros: “los amigos fresillas, pero chidos, de Pedro”.

Estaba el Toris, un güey que despachaba la carne y que en vez de decir “güey” decía “wa”; la Chiva, un cholillo con dos aretes en las orejas, que le ayudaba al Toris a cortar carne con la sierra y soñaba con comprarse unos tenis de Michael Jordan; El Botija, un niño gordo de 13 años que metía lo que los clientes compraban en bolsas de plástico y al que se la pasaban asustando diciéndole que en el cuarto frío se aparecían fantasmas; y el más chingón de todos: el Cuino, un cabrón que hacía de todo en la tienda -barría, trapeaba, cocinaba las carnitas, picaba barras de hielo- y se la pasaba hablando de sexo sucio. Una vez nos cagamos de la risa como por una hora porque el Cuino nos dijo que cada que pasaba por una alcantarilla, se le paraba el pito nomás con el olor, jajajaja. Otra vez nos dijo que le gustaba cogerse a las viejas después de que barrían todo el día, que porque así estaban "sudaditas". Por eso le decíamos el Cuino: por cerdo. Pero, ah, cómo nos hacía reír.

Y así pasábamos las horas: platicando y riendo. Confesando anhelos y miedos. Todo fluía perfecto, como las cervezas a través del gaznate.

No teníamos laptops ni blackberrys ni iPhones ni nada. Dependíamos muy poco del teléfono móvil y sus mensajitos. Ninguno era fan de los videojuegos. No necesitábamos otra cosa más que nuestra compañía, música de fondo, cerveza, anécdotas y ganas de vivir y recordar ese momento. A veces nos quedábamos a dormir en casa de Pedro -que vivía a 5 cuadras- o dormíamos ahí en la oficina en unos tendidos improvisados. Cuando hacíamos esto, despertábamos al mediodía, comiendo barbacoa y planeando el resto del sábado. A veces regresábamos a casa en taxi.

En el trayecto de la Santa Martha a mi casa –que era largo- ya estaba pensando en el sábado y en el próximo viernes. Me ponía triste que se acabara ese día; que se acabara el fin de semana. Me ponía triste tener que irme a dormir y que tuvieran que pasar otros 5 o 6 largos días para volver a hacer lo mismo: una rutina que nunca hartaba como la rutina de los días entre semana, que comoquiera era llevadera, pues nos veíamos en el salón de clases.

Pero esos viernes y sábados... Sabía que esos viernes y sábados no durarían toda la vida. Y eso me entristecía. El trabajo, el matrimonio, los hijos, las responsabilidades, crecer, madurar, cuidarse... todo eso.
También sé que aquellos fines de semana durarán por siempre en mi memoria, pero la memoria nunca se comparará con haber vivido un presente que ya no es.

miércoles, agosto 03, 2011

Cag-arte

Cuando me doy la oportunidad de viajar -ya sea a una ciudad cosmopolita o a un pueblo bicicletero- procuro visitar museos. Mis museos favoritos son los de historia natural y los de arte.

No es que sea yo un chango en busca de sus orígenes, un artista, un bohemio o me considere una persona muy culta; no. A veces simplemente voy a los museos en busca de esculturas de viejas encueradas o maniquís de aborígenes en taparrabos, jejeje.

Pero la realidad es que cada que visito los museos de arte –sobre todo los de arte moderno- y observo lo que ahí exponen, no puedo evitar encabronarme y ponerme como Hulk: verde del puro pinche coraje.

Me encabrono porque pienso humildemente que deberían ser mis dibujos los exhibidos en esas paredes; que debería ser yo quien estuviera cotizando sus pinturas en millones de dólares; que debería ser yo quien se la pasara rascándose las pelotas con una mano y pintando con la otra; dando cátedras en universidades y exhibiendo mi trabajo en todos los países del mundo. No esos mamarrachos.

Esto no es arrogancia, lo que pasa es que uno se encuentra con cada cosa...

Por ejemplo: hace poco paseaba por un museo de Austin, Texas, y me topé con un lienzo que tenía pintada una pinche bola amarilla sobre una mancha azul y otra verde; todo dibujado bien al chile. A un lado del lienzo había un papel que explicaba que "eso no era un círculo amarillo, ni un sol, ni una luz, ni un limón, ni una lima, ni el ojo de un gato ni nada; que simplemente era lo que era: una bola amarilla sobre un fondo azul con verde… o lo que el espectador quisiera que fuera”. Madre mía. ¡Qué chingón salió el autor de ese esperpento con la justificación! Niega lo que es pero a la vez es lo que es pero no es lo que a la vez es… ¡Wow! He aquí “la obra de arte” de la que hablo:


¡Qué mamadas!, ¿no creen? Ahora resulta que el arte es burlarse del propio arte; que el arte es tan relativo que ya cualquier pendejada puede llamarse arte. Ahora resulta que con un papelito que justifique o explique lo que el autor quiso plasmar, ya todo se vale.

Pero ahí no acabó la cosa, pues entré a otro recinto del museo y vi un par de mamadototototas (perdonen mi francés): dos cuadros en blanco. Sí, señoritas y señoritos, dos cuadros en blanco colgados de las paredes del mueso de arte más importante de Austin. He aquí la prueba:


Pero ¿saben qué es lo más irónico del caso? Que este trío de mierdas artísticas me inspiraron. Me duele aceptarlo, pero me inspiraron. Me inspiraron para hacer las tiras de esta semana del Capitán Cooltura. Esas obras insípidas, “creadas” por un par de artistas huevones y sin talento, me inspiraron, snif.

Nada más que no lo sepan sus autores, porque entonces justificarán su mierda diciendo que “el arte cumplió su misión inspiradora”.
Los odio.

lunes, agosto 01, 2011

Cliente loco

Hoy llegó al negocio un cliente muy extraño. Era una mezcla de un cotorro con un zombie con un loquito. Una persona muy curiosa.

Era un viejo setentón que iba con una mujer que parecía veintitantos años menor que él y que, por como se hablaban, deduje que era su hija.

Total que ya, les di las buenas tardes y les pregunté que qué se les ofrecía. Y el señor me dijo:

-Es que el sábado vinimos… el sábado aquí estuvimos –y me miró directamente a los ojos.

Y yo: “… ah, ok… ¿y buscaba algo en especial?”. Y el viejo nomás me seguía viendo y su hija seguía viendo las cajas. Después de un silencio largo e incómodo, la mujer me dijo que buscaba una caja de ciertas medidas, y el señor dijo:

-Sí, es que el sábado aquí estuvimos… el sábado vinimos aquí...

Y yo: “… ok… señor… esteee…”, y no me quitaba la mirada de encima el viejo cochino. Total que busqué las medidas de la caja que quería la señora y encontré una similar y la saqué de la bodega; se la mostré y le dije el precio. La señora asintió y se le quedó viendo un rato, y el señor dijo:

-Sí, es que el sábado aquí vinimos... y nos llevamos unas cajas… el sábado aquí anduvimos…

Y pos yo ya de plano no supe a qué chingados se refería el señor con eso de que “el sábado aquí vinimos”. No comprendía tanta insistencia, y entonces le pregunté:

-El sábado yo no estuve aquí en la mañana, señor, pero ¿qué pasó?: ¿lo atendieron mal, no encontró algo que buscaba, la caja era distinta, era otra medida, se la dieron en algún otro precio, le hicieron algún descuento… o por qué me dice eso?

Y el señor:

-No, nomás… es que el sábado aquí vinimos…

Pinche viejo loco... No supe si quería que le agradeciera, que lo felicitara o qué pedo.

viernes, julio 29, 2011

Docu - mentada

Últimamente he estado comprando -o viendo en internet- muchos documentales. Documentales de todo tipo: desde los del reino animal hasta los de avances médicos. Lo que pasa es que el pinche cine comercial -y no comercial- ya me da una hueva tremenda desde hace años; mucho más ahora, que las salas de proyección están inundadas de mamadas de superhéroes y comedias con güeras insípidas que no dan risa.

De entre los documentales que vi en la semana, hubo uno muy interesante sobre la marihuana, el origen de su penalización, los intereses a su alrededor y la guerra para acabar con ella.

De entre las cosas que más llamaron mi atención, fue la responsabilidad directa que tienen con la prohibición y combate de esta planta los productores textiles, los productores de papel, los productores de combustibles fósiles, las tabacaleras y las farmacéuticas, a quienes retratan en el documental como unos hijos de puta más hijos de puta que cualquier cártel mexicano.

Otra de las cosas que ignoraba y me pareció muy interesante, es que en British Columbia, Canadá, se produce una de las marihuanas más populares en Estados Unidos: la BC Bud. Columbia Británica (en español) tiene una población de 4 millones de habitantes y, según expertos en el tema de narcóticos, más de 40 mil personas se dedican al cultivo hidropónico y venta de marihuana. O sea, más del 1% de su población.

Lo que me pareció bien chingón fue la pregunta que soltó el narrador del documental al final: “¿Por qué aquí en Columbia Británica, donde más de 40 mil personas se dedican a este negocio prohibido, no hay el derramamiento de sangre que hay en cualquier ciudad del norte de México con la misma población que British Columbia?”

Dejemos a un lado si hay que legalizarla o no, si hay que fumarla o no, si hace más daño que el alcohol o no… El pedo aquí es ¿por qué ese puto salvajismo?
¿Será genético nuestro animalismo y de plano no tenemos remedio?

Así somos de curiosos los mexicanos. Así somos de incongruentes. Nos da miedo que el ejército ande patrullando las calles pero no nos da miedo que de jueves a domingo en la madrugada haya medio millón de conductores alcoholizados transitando en las calles (datos de mi ciudad, Monterrey).

Así somos.

P.D. Y antes de que empiecen con sus mamadas, les digo que no: que todo lo que he escrito lo he escrito sin ayuda de ninguna droga, legal o ilegal. Sí, yo sé que es algo increíble, pero así de chingón soy yo, snif.

jueves, julio 28, 2011

La encomienda

Dicen que todos tenemos una misión en la vida. Al menos lo dicen las religiones (mis peores enemigas), algunas películas y todos los libros de autores motivacionales (mis otros peores enemigos) que nos venden la idea de que el universo entero se alinea a nuestro favor cuando deseamos algo positivo, ay, snif.

Yo no lo creo. Posiblemente venimos a desempeñar una función biológica, natural (no sé cómo llamarla); pero no una misión. Será que la palabra “misión” me suena “muy acá”, ¿saen cómo? Como si fuéramos realmente seres tan evolucionados y tan importantes.

Y no creo esto de “la misión” porque somos casi 7 mil millones de habitantes en la tierra. Con esa cantidad de personas ¿en verdad creen que cada uno de nosotros viene a cumplir una misión especial?

Cuando un niño fallece en la incubadora a las dos semanas de nacido, cuando un niño de 6 años muere de cáncer, cuando una mujer que siempre sintió que no se realizó fallece antes de los 35 o cuando un burócrata gubernamental que pasó desapercibido en su trabajo muere de viejo, ¿qué misión cumplieron?, ¿cuál era su misión en esta vida?, ¿ésa? Pues qué pedorra, ¿no?

Por eso no sé por qué muchas personas insisten en que el universo tiene un plan maestro para todos y cada uno de nosotros y que todos estamos aquí “por algo”.

Podríamos inventar mil pendejadas con tal de que todo cuadre a nuestro favor; con tal de que todo tenga un sentido. Podríamos decir que vinieron a darnos un ejemplo, que vinieron a darnos una lección, que vinieron a hacernos valorar más el tiempo y que bla bla bla bla… Puras mamadas.

Es estúpido, perverso y egoísta pensar que Dios –si existiera- nos manda ese tipo de pruebas –de gente que se muere o no trasciende en su vida- para que nos caiga el veinte. Y si Dios existe y así actúa, pues qué culero, ¿no? Y más culeros nosotros, que necesitamos de esas “pruebas” para justificarle un sentido a algo que no lo tiene.

O pudiera ser que nosotros somos los únicos que venimos a cumplir una misión especial y los demás humanos están ahí nomás de adorno, recordándonos no ser como ellos, para sentir que en verdad tenemos un encargo divino, que cambie la condición global.

Pero siendo tan egoístas y tan soberbios al pensar que venimos a cumplir una encomienda importante y que el universo cuadrará a nuestro favor para mandarnos señales para que nos demos cuenta de nuestra labor, no es posible que no nos alcance el cerebro para deducir que la única misión que tenemos de cumplir-egoísta y personal como en el fondo somos-, consiste simplemente en ser felices.

Pudiera ser eso… pero no estoy tan seguro como quisiera estarlo.
Que el universo me mande una señal si me equivoco o si estoy en lo cierto.

miércoles, julio 27, 2011

martes, julio 26, 2011

Prefiero a mis clientes locos que a las grandes empresas

Cuando uno tiene un negocio, sueña con vender sus productos a las grandes compañías: agencias de autos, cadenas de supermercado, tiendas departamentales, dependencias de gobierno y gigantes por el estilo. Pero una vez que les vendes tus productos, el sueño se convierte en una pinche pesadilla.

Las grandes empresas y las dependencias de gobierno son los peores clientes que pueden existir, pues tienen tantas políticas que muchas de ellas llegan a ser estúpidas, absurdas y cagantes.

Sacar un número de proveedor; mandar lista de precios en hoja membretada; esperar a que saquen una orden de compra; esperar a que firmen la orden de compra; esperar a que te manden la orden de compra; levantar el pedido; darles crédito a 30 días; sacar copias de la factura; sellar la factura; registrarte en la entrada; darle una identificación al guardia; ponerte un gafete; que te registren con detector de metales; que te firmen el cheque mil cabrones; que firmes de recibido aquí; que firmes de recibido allá; que deposites el cheque hasta el próximo lunes… ¡hijos de su puta madre, cómo los odio!

Si pidieran un chingo de cosas y me hicieran millonario, pues bueno, ahí sí no les dijera nada, pero ¿por dos mil pinchurrientos pesos la hacen tanto de pedo?

Muy chingones según ellos; mucha pinche presencia en México y muchas pinches instalaciones modernas y climatizadas, pero ni para pagar en efectivo tienen los hojaldras; ni para sacar el dinero del bolsillo y aventarmelo en la cara. Y ésas son las empresas que se dicen líderes y las dependencias que presumen tener presupuesto. Ta´kabrown.

Me comentaba un amigo que le estaba haciendo un trabajo de diseño (unos adhesivos para el piso) a Soriana, y que le dijeron que para colocarlos tenía que ir a las 5 de la mañana o después de las 11 de la noche, pero que si iba después de las 11 de la noche, se tenía que quedar ahí hasta las 8 de la mañana, hasta que abrieran la tienda. ¡Háganme el chingao favor!

Tendré clientes de todo tipo, pero las grandes empresas y las dependencias de gobierno siempre serán los peores.

Bienvenidos sean de nuevo mis clientes que piden cajas altas pero no tan altas, cajas en forma de esfera pero alargada o los que llegan pidiendo imanes cuando afuera está un letrerote enorme que dice "cajas de cartón"; bienvenidos sean, pues de ustedes será el reino de los cielos, snif.

lunes, julio 25, 2011

Confesiones laborales

La verdad es que a veces le rehúyo a esos trabajos que consisten en hacerle dibujitos a parejas de enamorados. Le rehúyo porque el amor los tiene tan cegados que no se dan cuenta de su realidad.

A todos mis clientes les especifico que soy caricaturista, no retratista. Que hago dibujos chuscos, con rasgos exagerados, que pueden ser un novedoso regalo de aniversario o cumpleaños.

El problema es que las parejitas de novios, cegados por ese amor, se creen guapísimos… y -seamos honestos- muchos no lo son.

Con las que más batallo son con las mujeres, que nunca están conformes con nada. No es que sean exigentes, es que simplemente nada les gusta.

Lo que pasa cuando acepto un trabajo de estos, es que, si dibujo a sus novios bizcos, orejones, dientones o pelones –como están en la vida real- las mujeres se ofenden, pues creen que andan con Brad Pitt, William Levy, el Falso Profeta o conmigo. Si pasa esto, trato de hacer la caricatura “menos caricatura”; es decir: sin exagerar tanto esos rasgos acentuados. Pero a veces ni así les gusta el dibujo. Dicen: “Aaaay, mi novio no tiene la nariz tan grande…”, “aaay, no está tan panzón…”, “aaay, el lunar abajo del ojo no lo tiene tan peludo…”.

Total que termino dibujando a una persona completamente distinta. Aquí lo que les sugiero a mis clientas, es que mejor cambien de novio.

Pero dibujar mujeres es peor. Aunque siempre procuro tener mucho tacto en mis trazos, para no causar un efecto grotesco, al verse dibujadas casi con una perfección "miguelangelesca", me salen con que les ponga mejor cuerpo, que les quite cachetes, que les respingue la nariz, que les ponga el pelo de otro color, que les afile los pómulos, etcétera.

En estos casos, lo que les sugiero es un cirujano plástico.

jueves, julio 21, 2011

Adoro a mis clientes

Los clientes del negocio de cajas no son los únicos con peticiones curiosas. Esas frases de: “Quiero una caja alta pero no tan alta”, o: “¿No vende cajas en forma de esfera pero alargada?”, han pasado a la historia. Hoy, la onda son las personas que me piden que les haga dibujos.

Hace un par de días me escribió una jovenzuela que quería que le hiciera una caricatura de ella y de su novio para regalársela en su aniversario. Le pasé la cotización, el tiempo de entrega y todos esos formalismos. La chavita aceptó el trato, pero me hizo una especificación: "Quiero que el dibujo quede como una pintura".

Ok, no hay pedo, pensé, y le pregunté que en qué técnica la quería: óleo, acrílico o acuarela. O que si quería el dibujo coloreado en photoshop con algunos efectos que lo hicieran parecer que estaba "pintado".

Pero me respondió que no; que quería la caricatura en blanco y negro, pero que fuera como una pintura. "O sea, tipo, una caricatura chusca de nosotros en blanco y negro y así, pero que sea como, tipo, una pintura, ¿sí saes cómo?".

¡En la madre!, pensé.

"No, no sé cómo... no te entiendo", le dije apenado. Y me respondió: "¿Has visto las pinturas?" Y yo acá pensando: ¿Las pinturas Berel, las de Joan Miró, las de las uñas de los pies ¡o a qué pinches pinturas te refieres, cabrona!? Y yo, tranquilamente, le respondí: "Eeeemmmhhh, sí, sí he visto muchas pinturas… ¿de qué pintor o a qué te refieres?". Y ella me dijo: "Cualquier pintura de cualquier pintor... osea... así como pintura, ¿saes cómo?".

Chale... No pude más. Hice como si la llamada se hubiera cortado y me quedé mirando hacía la pared. Neta que no pude. Estoy intrigado. No entiendo qué quiere la mujer. No entiendo a qué se refiere.

¡Ayúdenme por favor, lectores genios!

martes, julio 19, 2011

Vicisitudes de un hombre extremadamente guapo

Desde hace tres años voy a la misma sucursal de un banco. Como el profesional analista del comportamiento animal que soy, me he dado cuenta que la mejor hora para ir, es a la hora que abre el lugar -por ahí de las 9 de la mañana-, pues es a la hora que toda la gente trabajadora está en su trabajo trabajando y no se puede salir; y también a la hora de la comida, pues ningún empleado está dispuesto a sacrificar la hora que le dan para comer sus abusivos patrones haciendo filas en una institución financiera. La desventaja que tiene esta última, es que en los bancos los empleados también comen, cosa que yo –a pesar de ser un hombre inteligente y sensible- ignoraba. ¿Quién se iba a imaginar que los empleados de los bancos comen? Pero en fin...

En el banco que voy hay tres empleados que atienden las únicas tres cajas existentes: dos hombres y una mujer. También hay un gerente gordo en un escritorio y, en otro, una señora que pudiera ser la abuela del abuelo de los Simpson. Casi siempre que voy a la hora de la comida, nomás está la mujer que atiende una de las cajas y el gerente panzonzón.

Total que a la mujer que atiende las cajas ya la conozco desde hace tiempo y a veces, para romper el silencio, me platica alguna de sus “aventuras como madre de dos hijos pequeños” -¡yupi!- o se queja de las “desviaciones que hay en las calles que están remodelando”.

A veces me ha tocado llegar al medio día y verla despedirse apresurada de su esposo y de sus hijos, para luego oprimir unos botones en una pared para que se abra una puerta que parece blindada y verla aparecer de pronto, mágicamente, del otro lado del mostrador.

Hoy fui al banco y, como de costumbre, nomás estaban “mi amiga que me platica” y el gerente barrigón. Total que di las buenas tardes e hice las transacciones millonarias de costumbre a las Islas Caimán y a Suiza. Antes de darme mi comprobante impreso, la mujer me dice: “Ah, te quería preguntar algo, pero mejor aquí te lo escribo porque hay gente esperando en la fila”, y arrancó un pedacito de papel de la impresora de tickets. Escribió algo con una pluma negra y me lo entregó junto con mi comprobante. Salí del banco, doblé el comprobante, me lo metí en la bolsa de la camisa, recibí una llamada, la contesté, salí al estacionamiento, me metí al coche, colgué y fue entonces cuando leí la nota:



Indignado y en un llanto, sintiéndome un objeto sexual, snif, me regresé al banco para decirle a la cajera que le aclarara a su compañera que mi vello en pecho, mi panza, mis nalgas, mis bolas, mi pelona (la de arriba y la de abajo) y demás "dentros" tienen propietaria. Al entrar, me di cuenta que los otros dos cajeros ya habían llegado y que la abuela del abuelo de los Simpson también. Bajé la vista y leí de nuevo el recadito escrito... subí la vista y miré a los cinco empleados... bajé la vista y leí otra vez la nota... y ¡ay, nanita!… ni siendo soltero me gustaría saber quién es esa “compañera” que preguntó si era soltero, brrrrrrr…

domingo, julio 17, 2011

Güffeldorf

Después de que un pitbull se chingara a mi perro chihuahueño -el Cucho-, mi madre, preocupada de que a diario llegara a mi casa y no tuviera –literalmente- perro que me ladrara, snif, se puso en contacto con los dueños de los papás del Cucho para que le avisaran cuando tuvieran otra camada de cachorros. Como sabrán, mi padre es veterinario y mi madre ha administrado por casi 30 años la clínica de su propiedad, por lo que ambos conocen todos los tejes y manejes del mundo canófilo. Y total que en febrero, dos meses después de que el Cucho colgara las garras, mi madre me regaló de sorpresa un nuevo Cucho, para que volviera a tener perro que me ladrara. Chale… lo que llega a hacer una madre cuando tiene hijos subnormales, snif.

El nuevo Cucho se ha adaptado a la casa y al negocio de cajas y yo me he adaptado a él, porque, según yo, no iba a volver a tener perros y me iba a ir de pueblo en pueblo lloriqueando: “Aaayyy, mis perrooos”, como la Llorona. Pero bueno, no se hizo.
El Cucho ya se cree el guardián de la bodega y ya sabe orinar encima de periódicos y montarse a un muñeco de peluche que tiene un agujerito entre las piernas. Incluso los sábados se despierta muy entusiasmado –más que yo- para ir a trabajar. Miren nomás cómo acomoda esos montones de cajas. Yo se las aviento desde afuera y él salta y las cacha con el hocico y las pone bajo sus patas. Es un pro el güey. Írenlo en acción:


Después de una jornada de medio día, llegamos a casa, salimos a la terraza y me doy cuenta que los tomates que sembré ya dieron fruto... después de como mil intentos y millones de semillas sembradas. Arranco cuatro frutitos. Me como dos yo y le doy dos al Cucho. Están muy buenos. Esto hay que celebrarlo.


Limpio la parilla del ataúd, coloco algo de carbón, saco unos leños -por si las dudas-, marino unos pollos, meto cervezas al congelador y espero en una silla de la terraza, viendo hacia el árbol cuyo ramaje cubre casi en su totalidad el balcón. El Cucho se vuelve loco con tantos olores, tantos insectos y tanto sonido de pájaros.
Es domingo de terraza en Güffeldorf, esa pequeña y pacífica potencia mundial perdida entre las montañas de la ciudad de Monterrey, donde se fusila a quienes llevan platos y vasos deshechables o tiran las latas de aluminio en la misma bolsa donde pongo los restos de la comida. Sean bienvenidos a este civilizado y hermoso lugar.


viernes, julio 15, 2011

Más de mi lista de personas non gratas

Me incomoda toparme con ex compañeros de la primaria, secundaria o del barrio, sobre todo con ésos a los que dejé de frecuentar desde hace algún tiempo. Me incomoda topármelos porque siento que tengo que forzar una platica que no da para mucho, pues ponernos al corriente de lo que hemos hecho en los últimos 15 ó 20 años es una tarea casi imposible, que me provoca una hueva tremenda.

Ah, pero más me caga toparme con esos cabrones que “eran un desmadre”, según sus propias palabras.

Son los típicos güeyes que, como no tienen nada de que platicar y siguen sin tener gracia o virtud alguna, se ven en la necesidad de revivir los desmadritos que se aventaron en la adolescencia. Cuando te los encuentras, siempre te dicen: “¿Te acuerdas?, ¿sí te acuerdas?, yo siempre fui un desmadre, ¿te acuerdas?, verdad que yo siempre fui un pinche desmadre”, y uno nomás siguiéndoles la corriente y diciéndoles que sí para no hacerlos sentir mal. Incluso, hasta inferior lo ven a uno por no haber sido como ellos.

“Yo era puro cabrón en aquella época, ¿te acuerdas?”, dicen orgullosos, aferrados a un pasado sin oficio ni beneficio ni memorable en lo más mínimo. Aparte, ¡qué arrogancia! Si algo me caga es que alguien hable y hable y hable de su persona si no se le pregunta por su persona.

Estos cabrones insoportables creen que por haber sido el terror de las fiestas de quinceaños, por haberse agarrado a chingazos con otros morritos, haber roto vidrios de casas, haberse robado el Shadow rojo de su jefecita, haber escapado de clases, haber fumado a los 12 o haber hecho llorar a sus espinilludas noviecitas casándose con otra en una kermés, eran muy cabrones y dignos de admiración.

Pero lo peor de todo, ¡lo peor de lo peor!, ¡el horror de horrores!, es cuando te dicen: “Y mírame ahora: quién iba a pensar que me iba a casar y a tener hijos”.

No sé qué se creen al decir esto, en serio. Como si eso de casarse y tener hijos los redimiera automáticamente de todas las mamadas y pendejadas que hicieron por el puro gusto de ser unos hijos de puta.

Aparte, no sé por qué creían que siendo los desmadrositos eran los “diferentes” o los "liberales" del grupo. La prueba más grande de que nunca fueron diferentes, es que terminaron haciendo lo que cualquier persona con dos neuronas y un poco calentura entre las piernas hace: casarse y tener hijos.

Se creen que eran muy cabrones, pero ni siquiera fueron lo suficientemente cabrones como para desafiar las leyes de la naturaleza y los protocolos sociales negándose a casarse y a tener hijos. Estos güeyes se la pasaron “desafiando” pendejadas infantiloides que no había necesidad de desafiar; reglas pendejas que cualquiera podía cumplir y romper; pero nunca podrán desafiar nada en serio.

Por eso, cuando veo de lejos a una de estas personitas, me cambio de banqueta o me escondo dentro de un basurero o hago como que me abrocho los zapatos, para no tener que hablar con ellos. Y es mejor para esa persona, porque piensa que le siguen teniendo miedo o lo siguen "respetando" por haber sido un cabrón. Y eso le alimenta el ego y es feliz. Y hacer felices a las personas me hace feliza mí, snif.

miércoles, julio 13, 2011

Hipnotizadores

Monterrey ha sido por años la ciudad de los hipnotizadores. En ningún otro lugar estos charlatanes se han hecho tan ricos y tan famosos. El teatro no existe desde hace décadas. Aquí las funciones de teatro son las presentaciones de supuestos encantadores de masas. Tony Kamo, Taurus Do Brasil, John Milton –por mencionar algunos “mentalistas”- han hecho su fortuna gracias a la estupidez de la gente de esta ciudad.

Los canales de televisión local se pelean por tener a esta gente “con poderes” en sus programas de “mayor rating”. Generalmente, cuando el hipnotizador se presenta en dicho programucho, “duerme” a los presentadores y los pone a actuar como imbéciles: bailan, dicen groserías que no dicen al aire, adoptan personalidades bizarras y obedecen los caprichos del hipnotista hasta que éste truena los dedos. Es una coreografía grotesca que no se cree ni su chingada madre, sólo los nacos que ven esos programas.

Recuerdo que hace casi 20 años fui a un show de esta calaña con un par de amigos. Nos había invitado el hermano mayor de una amiga que trabajaba tras bastidores en un teatro. Cuando apagaron las luces del lugar, el güey éste se puso entre el público, en una butaca, y cuando el hipnotizador dio la orden de que nos durmiéramos, el hermano de nuestra amiga hizo como que se quedaba dormido y caminó sonámbulo y lo pasaron al frente -junto a otros pendejos que también se habían dormido-, y lo pusieron a hacer las jaladas de siempre: bailar, decir groserías, obedecer y despertar al tronar los dedos.

Al salir del teatro, mis amigos y yo le preguntamos al hermano de nuestra amiga si algo de lo que habíamos visto había sido real, y el güey nos dijo que sí, que él ya llevaba tiempo “practicando la hipnosis” y que “podía dormirse y desprenderse de su cuerpo cuando él quisiera”. En conclusión nos dijo que todas las pendejadas que había hecho en el teatro, habían “sido reales y fuera de sus cinco sentidos”. Después, el puñetas nos ofreció 50 pesos y entradas gratis a diario si nos prestábamos para hacernos los dormidos y pasábamos al frente a hacer el ridículo. Yo, lo mandé a la verga y me fui de ahí riéndome a mi casa a contarle a la mayor cantidad de personas posible el gran fiasco que me había llevado.

Obviamente, como Monterrey tiene un gran número de estúpidos, me tildaron de loco. La mamá de un amigo, me dijo: “¿A poco no has visto cómo duerme a los conductores de la televisión y los hace llorar cuando están hipnotizados?, ¿crees que alguien se prestaría a hablar de cosas personales en la televisión y ponerse a llorar? Si fuera mentira, ¿no crees que ya lo hubieran dicho en la tele?... esas son cosas delicadas… eso sólo se logra bajo hipnosis”, me dijo la vieja muy segura. Chale... Y esas viejas tienen hijos... y esos hijos eran mis amigos. ¡Qué vergüenza!

Repito: sólo en Monterrey los hipnotizadores hacen fama y fortuna. Y ahora sí, por hipnotizadores me refiero a todo tipo de embrutecedores de las masas: políticos parlanchines, directivos de equipos de fútbol, empresarios cerveceros, comunicadores de chismes de espectáculos, maestros huevones, franquicias de café con mierda y farsantes en general que nos han hecho caer alguna vez en sus espejismos y discursos de hueva; discursos y estilos de vida que no les cree ni su puta madre. Hipnotizadores cuyos poderes han surtido efecto sobre nosotros por error o descuido.

La pregunta es: ¿ahora cómo nos libramos de esta hipnosis colectiva que nos mantiene actuando como imbéciles?
Que alguien truene los dedos o tire una bomba, a ver si con el sonido despertamos de una buena vez.

viernes, julio 08, 2011

Toda la semana se habló sobre la maistra Elba Esther (mejor conocida como la mamá de Chucky), su poder y sus "negociaciones". Y como hoy no tengo nada de qué escribir, les dejo una caricatura que hice hace un par de días.

miércoles, julio 06, 2011

Donde radica la riqueza

Me escribe Fabiola desde Colonia del Sacramento, Uruguay, y lo primero que me dice, es: “Aquí serías muy feliz… muuuy, muuuy feliz”. Me meto a Google para ver las fotografías del lugar, y no dudo de sus palabras.

“No es mentira todo lo que has leído de Uruguay, Guffo” -me dice en su escrito-. “No te has equivocado en tus suposiciones... al menos no en esta parte del país. Aquí la gente es amable, alegre y austera: como su presidente. Las calles empedradas están limpias y libres de coches; la arquitectura y los atardeceres en el Río de la Plata no los he visto nunca en ningún otro lugar”.

Me dan ganas de llorar al comparar las fotos y las imágenes que me vienen a la mente, con el lugar en donde vivo.

Siempre he pensado que la riqueza de una sociedad no radica en la prosperidad económica o en la acumulación de bienes. La riqueza está en cosas tan básicas como la educación, el respeto a los demás, la honra de las tradiciones, la congruencia de los gobernantes, el manejo moderado de los recursos y el amor por el entorno natural. Se tiene que ser educado, respetuoso, congruente, amoroso, moderado y consciente, antes que tener muchos billetes.
Si la prosperidad monetaria o la acumulación de bienes materiales vienen antes de tener todas esas virtudes humanas, tendremos lo que estamos padeciendo a diario en este pobre país.

Vivo en una ciudad que, se supone, es de las más ricas de México. Incluso hay uno que otro empresario alucinado que se atreve a decir que del mundo. Y yo me pregunto: ¿en qué radica la riqueza de mi ciudad? Seamos honestos: la gente no es amable ni austera, las calles no están limpias ni libres de coches, el cielo ya no es azul, las montañas ahora son montañas de residencias y basura, los afluentes se pintan de negro y los atardeceres de sangre todos los días. En serio, ¿en qué radica su riqueza? ¿En la enorme cantidad de drogas que se venden?, ¿en las entradas billonarias que tienen los casinos cada mes?, ¿en la venta de cerveza?, ¿en la venta de galvanizados?... ¿En dónde está esa riqueza de la que tanto presumen?

Sigo leyendo el escrito de la Fabi. Me dice que una señora le platicó que el presidente de Uruguay es como un héroe nacional y, a la vez, como cualquier otro ciudadano. Que viaja en un Volkswagen con su esposa y su perra Manuela, a la que le falta una pata y a la que quiere como a una hija. Que la gente se toma fotos con ellos. Que la gente de ese país tiene al presidente que se merece; por lo tanto, todos son héroes nacionales. Esta última frase me cae como bomba… y ya no quiero seguir leyendo.

Y aquí estoy yo, en Monterrey, lidiando con viejas feas y gordas que acaparan el estacionamiento del negocio de cajas de cartón porque vienen a bajar las lonjas al gimnasio que está a dos locales de éste. Lidiando con personas horribles que cuando les pido amablemente que muevan sus coches para poder entrar o salir, me dicen que son esposas de comandantes de la policía o novias de jefes de sicarios de algún grupo armado, y que ellas se pueden estacionar en donde quieran y que mejor ni la haga de pedo porque me “desmantelan mi changarro”.

¿Qué me queda? ¿Defender hasta la muerte lo que por ley me pertenece? ¿Valdrá la pena morir por un par de lugares de un estacionamiento que es para mis clientes? Bah… que se los queden. Que se queden con todo. Me vale verga.

Mi casa, la gente de la que puedo sentirme orgulloso y mi destino, están en otra parte.

martes, julio 05, 2011

Ve

Hace poco me topé con esta frase:

La vida no es otra cosa que esos miles de pequeños compromisos que hacemos a diario y que eventualmente nos llevan a la pérdida de nosotros mismos.

Después de leerla, me dio miedo tener más compromisos de los que pudiera soportar para no alejarme de quien quiero ser. Me aferré más a vivir bajo mis ideas, reglas y condiciones. Me ayudó a seguir al tanto de mis alcances y limitaciones; a cerrarme más en mí mismo para seguir descubriéndome y no alejarme ni tantito de lo que soy y me gusta ser.

Si piensan que encerrarse en uno mismo no es vida, agarrar tantos compromisos que no te dejan tiempo ni para pensar en esto, tampoco.

No sé por qué la frase me recordó a esos hombres que se jactan de tener "mucha experiencia" por el simple hecho de llevar más años que uno recorriendo el trayecto de esta vida y haber aceptado compromisos -algunos ni siquiera propios- a cambio de cierta seguridad, de que no los consideren irresponsables o los llamen egoístas.

A mí que me llamen como quieran.

Después de reflexionar lo que ahora escribo, como por arte de magia me topé con esta otra cita, que también me gustó mucho y vino a ser como el diamante sobre el anillo (o la cereza en el pastel, pero quise decirlo de manera más "elegante", jejeje):

...porque al final no recordarás el tiempo que pasaste trabajando en una oficina ni las veces que cortaste el césped o pintaste la verja, ¡ve y escala esa montaña!

domingo, julio 03, 2011

Patria y religión. Dos ideas que han estado aquí desde hace mucho tiempo; dos cosas que nunca he comprendido ni he querido necesitar porque creo que son enfermizas. Sin embargo, con el tiempo me las he ido formando a mi manera. No las he ido construyendo porque sienta un gran vacío existencial, sino por gusto propio. Porque creo que empiezo a entender ambos términos y la trascendencia que pueden tener en nuestras vidas.

Por eso te elegí a ti como mi patria, porque la otra patria uno no la escoge y es un sentimiento algo ambiguo que delimitan las fronteras y florece cada que nos conviene. Lo nuestro simplemente floreció y florece a diario. Y carece de fronteras, espacio y tiempo. Con una que otra guerra de vez en cuando, jejeje.

Te declaro a ti mi patria porque no creo en otro nacionalismo que no sea la belleza. Tu belleza. Interna y externa. No sé si el nacionalismo tenga algo que ver con la belleza y esto suene absurdo, pero es mi manera de darle valor y forma a todo lo que para mí representas.

Eres la patria de la que nunca renegaría. De eso puedes estar bien segura. Yo no digo: “Soy mexicano”; yo digo: “Soy de ella”. Eres el territorio que mejor conozco, del que nunca me quiero ir ni quiero ser extraditado. Y quiero seguir siendo su único habitante. Eres el territorio que me vio nacer, pues nacer es cambiar, es abrirse, es ser mejor o querer serlo. Una patria común y corriente no se da cuenta de esto. No lo comprende porque es imprecisa e intangible. Una persona a la que declaras tu patria, sí.

También eres la religión en la que decidí creer, porque es la única en la que puedo ver los milagros. Los vivo a diario. Ni todas las religiones del mundo juntas podrían comprobar tantos milagros. Aquí no hay ángeles con espadas de fuego, vírgenes que tienen hijos, viejos barbones que curan con magia o pecados. Aquí hay amor. Lo que ninguna otra religión profesa. Aquí no se piden sacrificios a cambio de un lugar en el cielo, porque el cielo eres tú, aquí y ahora. No allá arriba. Y lo serás para siempre. Incluso si hay algo allá arriba, a donde me elevo cuando me miras, me hablas, me tocas o me hueles.

La pregunta es: ¿puede una persona ser patria y religión al mismo tiempo? Sí, siempre y cuando se llame Fabiola.

Buen viaje.

viernes, julio 01, 2011

Taquitititos

Alguna vez escuché la leyenda urbana de que por el negocio de cajas existen unos tacos de guisados que valen un peso cada uno. ¡Un peso!

Como el incrédulo que soy, me negué a creer tan fantástica historia. "Ha de ser una conspiración del gobierno para crear una cortina de humo y así distraernos de los verdaderos problemas que aquejan al país", pensaba cuerdamente, y compraba los tacos de veinticatorcemil pesos cada uno que acostumbro.

Hasta que los del negocio de a un lado -muy amablemente- me dijeron que irían por tacos, que si no quería aprovechar la vuelta para pedir algo de comer. Les pregunté: “¿De qué tacos van a traer?", y me respondieron: “De los tacos de a peso". Un escalofrió me recorrió el espinazo. El vello de la nuca se me erizó. El mito gastronómico comenzaba a materializarse.

Y para no hacerles el cuento largo ni aburrido ni mamón con eso de “el mito” y “la leyenda”, por fin conocí los famosos tacos de un peso. La orden, como es costumbre, trae 5 taquitos –literalmente- y vale 5 pesos (obviamente). Y, aparte, están buenos los cabrones. Me dicen que hay filas de personas esperando 300, 500 y 1000 tacos a diario, para eventos y para revenderlos en 2.50 pesos. Vean nomás. ¡Coshiiitaassss!



Si de algo puedo presumir, es que en mi colonia la gente no se muere de hambre y se generan empleos.

jueves, junio 30, 2011

Huyo al viajar


Me queda claro que cuando viajo, estoy huyendo de algo. Algunas personas no lo sentirán así. Pero yo sí.

Y no me da vergüenza aceptarlo, pues disfruto huyendo. Huyo de todo, menos de mí mismo.

Me resulta más fácil huir que adaptarme a mi entorno. Para adaptarme, necesitaría permanecer encerrado. No salir. Aislarme. El aislamiento se debe a mi negación a ajustarme a un entorno como el que ofrece mi ciudad, tierra en la que procuro rodearme de personas y cosas valiosas, pero que sigue sin tener la fuerza de atracción suficiente para mantenerme pegado a su suelo.

Antes viajaba más que ahora porque -irónicamente- tenía más trabajo. En aquel tiempo conocí lugares en donde me sentí mejor que en casa. Lugares en donde no tenía la mínima idea del lenguaje o la escritura que se empleaban; lugares en los que me daba a entender con señas, ruidos o dibujos. Y me sentía seguro. Libre. Pleno. Había conexiones más profundas. Curiosamente, más humanas.

Estuve muy lejos de casa, donde jamás imaginé algún día estar, pero nunca me sentí perdido por más perdido que estuviera. Viajar es encerrarse en uno mismo, aunque se tenga al cielo del horizonte como destino y al mundo entero de camino.

Me gusta viajar. Huir. Es como soñar que exploras tierras desconocidas, pero en carne y hueso. Es volar, rodar, correr y caminar hasta encontrar el lugar perfecto. El lugar que sólo existe en sueños.

Por eso, no entiendo a las personas que no soportan viajar teniendo el tiempo y los recursos. ¿Acaso no quieren huir de nada? No entiendo que no disfruten estar tanto tiempo con ellos mismo. Para esa gente, viajar es “no hacer nada”.

Seis horas viendo por la ventanilla de un tren, dos horas recargado en el barandal de un barco, treinta minutos en un tranvía o todo el día sentado frente a un río que resbala entre piedras heladas y musgo, yo, no lo cambio por nada.

Quisiera viajar constantemente. Huir. Evadirme. Que ese fuera mi trabajo. Llevarme conmigo una maleta pequeña y a todas las personas y cosas que amo y nutren mi espíritu. Hasta encontrar el lugar del que jamás huiría.


miércoles, junio 29, 2011

Padezco de mis facultades sociables

Alguna vez en este blog les platiqué sobre esos familiares que ni siquiera son tus familiares pero se sienten de tu familia. ¡Ah, qué molestos son! Y son molestos porque se dirigen a ti como si te trataran a diario y porque la única vez que te buscan es para pedirte algún favor.

Hace poco recibí una llamada muy incómoda; incómoda para alguien como yo, una persona que padece de sus facultades básicas para la interacción social. Sonó el teléfono, lo contesté y era una voz ranchera, de tonito golpeado, que me dijo:

-¿Qué pedooo, pinche primooo?, ¿cómo estás, cabróoon?

-¿Quién habla? –pregunté.

-¿Cómo que quién habla?, qué rápido te olvidas de la familia, cabróoon.

-¿Quién habla? –repetí. Si algo me encabrona –de entre las 1257364 cosas que me encabronan- es que cuando hago una pregunta me contesten con otra cosa que no sea la respuesta que pido. Como si estuviéramos jugando a las adivinanzas.

-¿Pues quién más, cabrón?, ¿cómo has estado, pinche primo?

-¿Quién habla? –subí el tono de voz, pues empezó a cagarme el palo quien estaba del otro lado de la bocina.

-¿Pues cómo que quién?, pinche primo mamón. Habla tu primo Reginaldo.

-Yo no tengo ningún primo con ese nombre.

-Cómo de que no, cabrón, no mames, primo: soy el esposo de la sobrina política de la tía abuela de la prima de tu papá: Anacahuita.

Con esos pinches nombres, ¿cómo no me iba a acordar de ellos? Al cabrón éste lo había visto una sola vez en toda mi vida -¡UNA!-, junto a mi supuesta prima!; y de eso hace ya como 15 años, pero el güey me hablaba como si fuéramos amigos de toda la vida y hasta me preguntó que “cómo estaban sus tíos”, o sea, mis papás. Ah, pinche vatito confianzudo...

Y conforme se alargaba la llamada, la plática se volvía más y más incómoda.

Y así como lo predije, fue. “Mi primo” necesitaba un favor. Necesitaba cajas de cartón y quería “saber precios” y “ver los descuentos”. Oh, no, qué horror.

Pero ahí no paró la cosa. Lo peor fue cuando me dijo:

-Mañana voy al negocio, para ver lo de las cajas, primo… ah, y para que conozcas a tu sobrina.

¡¿Mi sobrina?! Yo no tengo sobrinos, pinche igualado. Este cabrón confianzudo ahora cree que su hija es mi sobrina. ¡No mames, por favor! Nomás te pido que no mames, “primo”. Neta que qué pinche fastidio. En todo el día no pude pensar en otra cosa que no fuera eso; y en la noche no pude dormir pensando en que el cabrón iba a venir al negocio y me iba a presentar a una niña que en mi vida había visto, pero me reclamaba como “su tío”. ¡Qué pesadilla!

Al día siguiente solucioné el problema llamándole y preguntándole a qué hora vendría al negocio. “A las tres estoy por ahí, primo”, me dijo.

Y a las tres de la tarde no estuve. Obviamente el necio me marcó estando en el negocio, pero le dije que andaba con unos clientes y que no iba a llegar en toda la tarde, pero que ahí lo atendían muy bien. Lo último que me dijo, antes de colgar, fue:

-Lástima, primo: no vas a conocer a tu sobrina.

Uy, sí, de lo que me perdí, snif.

lunes, junio 27, 2011

Nuevo webcómic

Mi nuevo webcómic está listo. A petición de muchos lectores, reviví al capitán Cooltura y al agente Moleskin gracias a una beca creada por Armando Valenzuela, autor de SuperLavandería.

Píquenle aquí para que lean las nuevas aventuras de mis personajes. Habrá actualizaciones de lunes a viernes. Respecto a este blog, seguiré poniendo las mafufadas y berrinches de costumbre. Quedan advertidos.

Buen inicio de semana.

viernes, junio 17, 2011

El corcel de mi infancia

De niño tuve un caballo. Era blanco y se llamaba Tecate.

En verdad no era mío, sino del dueño del rancho al que mi padre le vendía forraje y medicinas para las vacas, pero a veces los papás dicen cosas de ese tipo para hacernos felices.

Lo llamé Tecate porque los rancheros que lo cuidaban siempre estaban tomando cerveza marca Tecate y le aventaban las latas vacías a las patas y el caballo las apachurraba con su pezuña. Tecate era famoso en el rancho por esa gracia.

Una vez por semana, en las tardes, acompañaba a mi padre al rancho de su cliente y montábamos un rato a Tecate. Uno de los rancheros me ponía su sombrero y mi papá me decía que me parecía al Llanero Solitario, pero yo más bien me sentía un centauro. Mundo, el ranchero más viejo, no sabía lo que era un centauro.

Cuando me bajaba de Tecate, lo acariciaba y le daba palmaditas en el cuello antes de que lo metieran de vuelta en su corral. Después, me ponía a buscar cacas duras y las aventaba hacia el tronco de un mezquite para afinar mi puntería. Me gustaba el olor de la caca de caballo. No huele feo como la caca de las personas o la de los perros.

Días después, vi El Corcel Negro en el cine, y quería ir todos los días a montar a Tecate.

Quería llevármelo a vivir al patio de mi casa, pero mi papá decía que era un patio muy pequeño para un caballo. Eso fue antes de que uno de los rancheros me dijera que a Tecate se lo habían llevado del rancho para que corriera unas carreras. Otro de los rancheros dijo: “Se fue a jugar carreras con San Pedro”, y todos se rieron, pero yo no le entendí al chiste.

Cada que veo un caballo blanco, me acuerdo de Tecate. También cuando me tomo unas Tecates.

jueves, junio 16, 2011

Las marchas sí sirven

Hace algunos días, 4000 simpatizantes del ex alcalde de Tijuana, Jorge Hank Rhon, organizaron una marcha para exigir su liberación.

¡Y don Jorge Hank Rhon salió libre en un pedo! ¡La marcha dio resultados, mexicanas y mexicanos!, ¡ay, snif, qué emoción!, ¡sí se pudo, sí se pudo, sí se pudo!

No se emocionen, "apoyadores de marchas": estaba siendo sarcástico.

¿Por qué a estos hijos de la chingada todo les sale bien? ¿Por qué nomás sus marchas tienen resultados "positivos"? ¿Por qué ellos pueden dormir tranquilos y uno no duerme por deber 5 mil pesos al banco? Si, ya sé la respuesta, no me la tienen que decir...

Deberían considerar como delito grave ser feo físicamente, ya que a este viejo cabrón no le pueden comprobar nunca nada.



¡Puro chile para todos!

martes, junio 14, 2011

Que sólo permanezcan las montañas


Hace un par de años, cuando mi hermana se casó, sus suegros vinieron desde India y quedaron fascinados con Monterrey. Las montañas -que pueden verse desde cualquier punto siempre y cuando el smog lo permita- los maravillaron. Es fecha que, a pesar de las noticias bestiales de las que se enteran por medio de internet, quieren volver a venir: sólo para contemplar las montañas.

Últimamente intento ver a mi ciudad con ojos de turista. Con la mirada de alguien que sólo va de paso. La percepción cambia. El pesimismo se reduce y hasta llego a pensar que, si estuviera lejos por algún tiempo, la extrañaría. Pero luego me vuelvo a encabronar y le tiro mierda y deseo que le caiga una pinche bomba y quiero declarar la casa en la que vivo nación soberana e independiente.

Antes de escribir esto, estaba leyendo un pequeño artículo sobre mi ciudad. El autor del escrito relata cómo la mayoría de la gente añora el Monterrey de antes, y reflexiona sobre un punto que me pareció muy interesante: el Monterrey de antes es precisamente el que nos tiene en el Monterrey que hoy padecemos. Y tiene razón.

Esa faceta del Monterrey competitivo (que nos volvió voraces), capitalista (que nos volvió frívolos), industrial (que ensució nuestro aire y nuestros ríos), adinerado (que nos volvió soberbios), que se despierta pensando en trabajar y duerme pensando en seguir trabajando para acumular bienes materiales que son sinónimo de éxito, es justamente la que nos puso en esta tierra racista, sin ley, sin cultura, sin árboles, sin sensibilidad, sin muchas opciones laborales que no tengan que ver con el comercio o la industria y sin muchas opciones recreativas que no tengan que ver con beber cerveza, ver el fútbol o comer carne asada.

¿Qué se puede esperar de una sociedad a la que solamente se le inculcó trabajar y acumular bienes? Que sus habitantes se conviertan en autómatas. Autómatas que no se dan cuenta que quienes les dan sus empleos son los mismos que les ofrecen las distracciones y los mismos que les arrebatan su dinero. Reciben un salario y lo devuelven íntegro a los mismos que se los dieron. Es un círculo perfecto que muchos se niegan a romper porque -hay que aceptarlo- da cierta “seguridad”, pero -también hay que aceptarlo- nos impide ver y valorar otros horizontes.

¿Qué se puede esperar de una sociedad que todo lo ve como una oportunidad para hacer negocios? Pues que vendan su alma a quien "les llegue al precio" a costa de cualquier consecuencia, por negativa o perjudicial que ésta sea.

Yo por eso observo las montañas. Son mi nuevo horizonte. Siempre lo han sido. Las observo para olvidarme un poco de esta cultura dinerera que se ha arraigado desde hace años en mi ciudad. Para olvidarme de las matanzas, de la burocracia que nos hace delincuentes por no tener un papel sellado y del contubernio entre autoridades y quienes están fuera de la ley. Las observo porque sé que las montañas estarán ahí siempre, por los siglos de los siglos, recordándonos que no a todo se le puede poner un precio y que vale más quien no lo tiene. Observo las montañas de mi ciudad con la esperanza de que la triste situación que ahora vivimos no sea permanente. Y que sólo permanezcan las montañas.

lunes, junio 13, 2011

Las altruistas que piden fiado

De entre el montón de clientes deleznables que tengo destaca entre los primeros lugares de popularidad un par de viejas locas que dicen tener una asociación que ayuda a mujeres con cáncer… o madres solteras… o madres solteras con cáncer… Algo así, no me acuerdo; pero según ellas ayudan a las mujeres de escasos recursos. Que no digo que esté mal, el problema al que me refiero es otro.

Lo que me caga de que vengan esas viejas locas al negocio es que quieren todo regalado “porque son una asociación no lucrativa, que vive de las donaciones, ay, snif”, y cada que me lo mencionan ponen su cara de dolor y de “tenme lástima”… Y me caga la madre que lo hagan y más me caga la madre que me vengan a pedir que les fíe cosas. ¿Por qué me caga?, pues porque esa jeta de compungidas que ponen cuando me piden que les regale los productos se les borra en el instante en que se suben a su camionetota del año y prenden el aire acondicionado y se van a 200 kilómetros por hora con un montón de cosas que pagaron casi al costo de producción porque el pendejo de yo no sabe decir que no, snif.

En el libro de Ayn Rand, La Rebelión de Atlas (sí, ya sé que qué bien jodo con esa novela, pero seguiré jodiendo hasta que el mundo entero la lea) la autora menciona que uno de los cánceres que tiene empinada a la humanidad, es precisamente esa figura de Robin Hood y todo el conjunto de filosofías, creencias y valores que se han formado alrededor de ella. Esa filosofía de quitarle al que tiene –porque seguramente es una persona mala- para dárselo al que no tiene –porque seguramente es una persona buena- y hacer ver al que quita y da, como un hombre justo.

¿Por qué el que quiere ayudar a los pobres no los ayuda con dinero de su bolsillo? Pues porque no son pendejos y porque por medio de las “donaciones” se pueden deducir muchos impuestos. Esa mentalidad “robinhoodesca” es la que se aplica al llamado altruismo. Que repito: no está mal ayudar a quien lo necesite si así es la voluntad propia, el pedo es “ayudar” a unos quitándole a otros. Es una explicación más extensa y filosófica la que plantea la autora, pero en resumidas cuentas a eso es a lo que se refiere y es por eso que cada que vienen esas clientas me acuerdo de la novela.

Apuesto a que si el par de viejas locas vendiera la camionetota que traen, sacarían, fácil, unos 300 mil pesos muy buenos para su asociación, en vez andarme llorando 90 pinches pesos en toneladas de moños y papeles de china a los que me niego hacerles un descuento del 50% después de hacerles uno del 20%. Noventa pinches pesos me lloriquean…

Lo peor del caso es que a veces vienen estas viejas a ofrecerme las manualidades que hacen las mujeres a las que ayuda su asociación: llaveros, pulseras y adornos para puertas con motivos religiosos; y las viejas culeras los dan en 300 pesos y hasta en 400. Ah, pero eso sí: cuando les dices que están muy caros, que se bajen de precio, no se bajan ni un centavo "porque es para ayudar a las pobres mujeres a las que su asociación apoya"

Vayan al carajo, pinches viejas picudas... ¿O acaso soy un insensible?

viernes, junio 10, 2011

Viernes de lectura

Mientras aquí se señala con desprecio a quien quiere ser presidente de México en el 2012 por gastar 2 millones de dólares en una exclusiva tienda de ropa en Beverly Hills; allá en Uruguay -bendita nación que no tengo el gusto de conocer y en la que me gustaría vivir algún día-, Pepe Mujica, su presidente, exhibe su modo austero de vida como ejemplo de congruencia de valores y de respeto a su pueblo: un pueblo rico y culto, y que, para acabarla de chingar, llega más lejos en los mundiales de fútbol que nuestra selección mexicana, con menos de la mitad del presupuesto y sin tanta chingada publicidad. ¿Qué más se puede pedir? Aparte, don Pepe prohíbe el uso de Facebook y Twitter a los empleados de gobierno para que no se atolondren más de lo que están. Esos son huevos y no mariconadas de: “Ay, estoy en mi derecho de navegar en las redes sociales porque éste es un país libre ña ña ñaaaa buaaa...”. ¡Pónganse a jalar, bola de huevones! Mujica es de los míos: iluminados, radicales y extremistas hasta los pinches tanates, ¡ajuuua!

Un artículo muy interesante sobre el mejor presidente del universo (después de Yo Mero, presidente vitalicio de Vayanalcarajolandia). Léanlo, se los recomiendo... por no decir que se los ordeno.

Gracias a Rox por mandármelo.

P.D. Hablando en serio: ¿no creen que se necesita ser muuuy pendejo para gastar 2 millones de dólares ¡en ropa!? Aún y teniendo dinero de sobra, en serio: ¿no creen que se necesita estar muuuy mal de la cabeza para gastar ese dinero ¡en ropa!? Yo creo que sí.

lunes, junio 06, 2011

Parejas maduras


Me gusta tomarle fotos a parejas maduras. En especial a ésas que se toman de la mano, se abrazan, se besan o ríen mientras platican.

Estoy de acuerdo en que tomarse de la mano, abrazarse o besarse pudiera convertirse en algo instintivo después de tantos años de convivencia; en una conducta que no va más allá de la inercia. Pero seguir platicando y riendo: eso sí está cabrón.

No es cursilería lo de las fotos a las parejas maduras. Simplemente, cuando las observo, siento que saben algo que los demás ignoramos. Pienso que encontraron algo que no todos encuentran, pero la mayoría busca. Que actúan como si tuvieran un secreto, como si lo supieran todo. Como si lo hubieran superado todo.

Cuando me topo con algunas de ellas, pienso en compañía y en libertad, en soledad y eternidad. En la madurez que no tiene nada que ver con las canas. Incluso hasta me imagino pactos de amor suicidas. Pienso en las elecciones importantes de la vida, y también en aquellos que no tienen la capacidad de tomar buenas decisiones.

Hay quienes eligen no tener lo que se ve que tienen las parejas de mis fotos. Quizá no optan por eso para no lidiar con el intenso dolor que provocaría la pérdida de un compañero de vida. Pero apuesto a que muchos eligen tenerlo. ¿Qué dolerá menos: tenerlo y perderlo, o mejor nunca tenerlo?

A final de cuentas, caemos en lo mismo, escojamos lo que escojamos: la soledad. La soledad lleva a la soledad y la compañía lleva a lo mismo. ¿Cuál será mejor mientras dura el trayecto? ¿Qué será más fácil: el dolor de una pérdida valiosa o el dolor de no tener algo valioso que perder?

Buen inicio de semana.

viernes, junio 03, 2011

La fea fe

El día que con fe muevan una montaña, por favor tómenle una foto o, de preferencia, tómenle video y mándenmelo; mientras tanto no me jodan con esa cantaleta de que “la fe mueve montañas”.
Tampoco me salgan con eso de que “la esperanza nunca muere” para justificar el charco de mierda en el que estamos sumergidos.
Ah, y mucho menos vengan a decirme “¿y tú qué haces para que las cosas mejoren, aparte de quejarte?”, porque en verdad hago mucho con el simple hecho de ser yo.

Eso de tener fe y no perder la esperanza me parece el consuelo de los mediocres y los huevones (y que conste que yo a veces me siento mediocre y huevón). Obviamente es preferible decir: “Ten fe” o “No pierdas la esperanza” a corregir el curso erróneo de las cosas y combatir los problemas desde la raíz.

Es como cuando las autoridades y los medios nos piden “ser pacientes” mientras manejamos a vuelta de rueda en un embotellamiento. Obviamente nos dicen eso porque es más fácil y económico vivir en una puñeta mental que construir vialidades inteligentes y ofrecer transporte público eficiente.

Es más fácil decirle a la gente que si tienen fe, la virgencita va a velar por su bienestar, aunque la mierda la tengan hasta el cuello. Creen que el bienestar nos lo va a dar la fe, no la ciencia, no la tecnología, no la educación. La fe basta con tenerla, lo otro, cuesta esfuerzo... y qué hueva.

Así es que ya, por favor… Si andan con sus jaladas de que la fe mueve montañas y de que la esperanza nunca muere, mándenme por favor el video o la foto de la montaña que movieron con fe, y yo les juro que les mando la foto del funeral de la esperanza.

jueves, junio 02, 2011

La Morsa

Cada que alguien menciona la palabra "hijodeputa", me viene a la mente un recuerdo de la secundaria.

Había un cabrón en tercer año al que le decían La Morsa. La Morsa siempre nos pedía dinero a los del primer grado. Obviamente nunca nos negábamos a darle las pocas monedas que traíamos porque le teníamos miedo. La Morsa estaba bien grande –de tamaño y de edad: tenía 15-, bien gordo y bien feo. ¿Cómo no tenerle miedo?

Una vez, en el patio de la escuela, La Morsa me alcanzó antes de llegar al baño y me pidió 5 pesos. Yo le dije que sólo traía 2: metí la mano en el bolsillo de mi pantalón y le mostré las 4 monedas de 50 centavos. La Morsa me dijo que se los diera. Yo obedecí y La Morsa se fue.

Al día siguiente La Morsa me interceptó antes de entrar a clases y me dijo que le pagara los 3 pesos que le debía. Yo, sacado de onda, le dije que no le debía nada; pero el muy hijodeputa me respondió: "Claro que me debes 3 pesos: ayer te pedí 5 y nomás me diste 2; por lo tanto, me debes 3 pesos". Y así fue durante los siguientes días: cada que La Morsa me veía, me exigía que le pagara "los 3 pesos que le debía".

Incluso una vez que la maestra lo vio que me tenía agarrado del cuello de la camisa, La Morsa se defendió diciendo: "Es que su alumno me debe 3 pesos desde hace como dos semanas y no me los quiere pagar, maestra; dígale algo, ¡castíguelo!". Vaya que era un hijodeputa la pinche Morsa.

Años después me enteré que La Morsa se había casado, se había divorciado, se había vuelto a casar, se había vuelto a divorciar, lo habían detenido borracho y con un arma de fuego, lo habían encarcelado, lo habían soltado, lo habían vuelto a encarcelar... hasta que murió en una riña en el patio del penal.

Seguramente le estaba cobrando dinero a alguno de los reos "que le debía", jejejeje.

miércoles, junio 01, 2011

Este año cumplo 35, pero tengo amigos que van a cumplir los 40.

Cuando voy al asilo de ancianos a visitarlos y a dejarles pan caliente con atolito de guayaba, los escucho hablar de Thor, Linterna Verde, Spiderman y los X-Men.

No sé si sea su demencia senil o sea yo quien está "fuera de onda" con este auge de películas de superhéroes.

Me preocupa. Pero no me preocupa estar "fuera de onda", aclaro; lo que me preocupa es que hablan con tanto entusiasmo de los superpoderes de cada uno de esos monigotes, que ya no sé si sepan que NO SON REALES.

¿Es normal que gente de casi 40 años hable de superhéroes con tanto entusiasmo? ¿Estoy fuera de onda?

martes, mayo 31, 2011

Como les comenté hace algunos días, traigo un nuevo proyecto gracias a una beca para webcómics creada por Armando Valenzuela, autor de SuperLavandería. Para este proyecto reviví a un personaje que alguna vez publiqué en este blog, pero que por falta de tiempo -o ideas- no pude seguir con sus tiras. Pero "redepente" las ideas y las historias empezaron a fluir y decidí revivir el proyecto. Estén pendientes...

martes, mayo 24, 2011

Mi mano se hizo famosa

Hace un par de meses me invitaron a participar en una campaña publicitaria para los productos KEY. Traían la idea de hacer algo con dibujos, y me aventé unos monillos a mano alzada. Acabé con un dolorón en el hombro, snif, porque estaba dibujando de pie, con dos lámparas de millones de watts a mi espalda y el brazo lo tenía que tener lo más estirado que fuera posible para que mi cabezota no tapara la toma. Ah, y aparte, pues con el tiempo encima, jejeje, ya ven cómo es eso de la publicidad y la tele y los creativos y esos seres de otros planetas... A ver qué les parece.


viernes, mayo 20, 2011

Sigue la lotería


Algunos lectores me han pedido playeras, por lo que hice unas cuantas en verde, anaranjado y amarillo, en tallas chica, mediana y grande. Si alguien quiere, mándeme un correo a guffo76@hotmail.com. "Iren" qué bonitas y veraniegas están:


jueves, mayo 19, 2011

Lotería retro

Nuestros héroes del Escuadrón Retro tienen un vicio muy cabrón: ¡jugar lotería!


Mañana pongo más, porque si las pongo hoy, mañana no tengo que poner, snif.

miércoles, mayo 18, 2011

Condena

Ayn Rand, filósofa estadounidense de origen ruso, alguna vez dijo:

“Observa el dinero, pues es el barómetro de las virtudes de una sociedad. Cuando veas que el comercio se hace, no por consentimiento de las partes, sino por coerción; cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada”.

No es berrinche ni desplante antipatriótico las ganas que muchos tenemos de vivir en otro país. No es "haber perdido la fe" o "no tener esperanza". Es simplemente lo citado ahí arriba. Mejor no lo puedo explicar.

martes, mayo 17, 2011

Ya me gradué...

Pasé el examen con 95 y me pidieron la tesis para biblioteca. Se supone que tal petición es un honor bien honroso; la onda es que voy a tener que pulirla durante las vacaciones de verano para entregarla en agosto con encuadernación de lujo (y yo que pensaba que ya me había librado de la escuela, snif). Mis maestras y maestros de hace 12 años me felicitaron por mi redacción. Quesque escribo bien bonito y quesque se leyeron el proyecto de una sentada y sin aburrirse.

Me dio gusto que me dijeran eso, porque la presentación estuvo de la chingada. Sigue sin dárseme hablar en público. Me trabo, se me olvidan palabras, tartamudeo, se me revuelven las ideas, sudo, me acomodo los huevos inconscientemente. Me veo bien pendejo, en pocas palabras.

Aparte, hoy dieron los resultados de la primera convocatoria para una beca de webcómics, a la que apliqué hace como 2 meses. Y sí me la dieron, snif. Así es que esperen mi nuevo sitio y mi nuevo webcómic por ahí de julio o agosto.

Buen día el de hoy.

sábado, mayo 14, 2011

Los caminos que sueño

Así como sueño que brinco muy alto y desciendo casi flotando, también sueño muy seguido que voy por un camino, a pie o en bicicleta. Siempre es el mismo camino. Un camino que he recorrido muchas veces en mis sueños, pero siempre me pierdo o me paso de donde debería haber dado la vuelta, y, cuando me quiero regresar, el camino ya es otro. Lo curioso es que es un camino que siento que conozco en la vida real, pero no lo reconozco. Es una vereda de terracería con algunos vados y vegetación a los costados que esconden otras rutas. Lo angustiante del sueño es que nunca llego a donde se supone que voy, pues nunca paso del mismo punto. Como que en el sueño sé hacia donde me dirijo, pero nunca lo menciono. Lo que me desespera es que, si sé hacia dónde voy, ¿entonces por qué me pierdo?.

El sueño termina cuando se me hace de noche y me quedo ahí, perdido.

Ayer soñé que por fin daba vuelta con mi bici en uno de los senderos cubiertos por la vegetación. De pronto sonaba mi teléfono celular y una voz me decía: “Ya te vimos. Te estamos esperando”, y se cortaba la señal.

Después de pedalear un buen rato, llegaba a una parte donde el camino terminaba en un desbarrancadero en forma de plataforma, como las que hay en las albercas olímpicas. Intentaba llamar al número registrado en mi teléfono para pedir orientación, pero nadie me contestaba. En eso sonaba otra vez mi teléfono. Pero ahí me desperté. Y sigo sin saber -en la vida real- hacia dónde diablos y hacia quién conduce ese camino.

viernes, mayo 13, 2011

Un hombre ocupado

Disculparán la falta de actividad de este blog, pero de tres meses a la fecha he andado algo ocupado.

En verdad que he andado ocupado, no crean que me trepo en la pose de esos mamones que dicen estar muy ocupados pero los ves conectados todo el maldito día en el messenger y, cuando les hablas, no te contestan porque según ellos están muy ocupados. Cómo me cagan...

Volviendo al tema... He andado ocupado porque el próximo martes, al medio día, presento mi examen profesional, por lo que todo este tiempo he estado haciendo mi tesis, que consiste en una amplia investigación de megahueva sobre cierto tema relacionado con las ciencias de la comunicación.

Como sabrán, yo me gradué de la carrera hace como 12 años, pero nunca saqué mi título. No lo hice en su tiempo porque soy un rebelde bien cabrón que no cree ni en los diplomas ni en los títulos ni en los premios Tv y Novelas ni en esas mamadas de nombramientos de caballeros. Aparte, en aquel tiempo, antes de salir de la carrera había conseguido trabajo como caricaturista en dos periódicos y en un programa de televisión, por lo que me creía bien chingón y me valía madres el mundo.

La cosa es que si quiero largarme de este chiquero a un país -o planeta- con gente que tenga el mismo nivel de guapura que yo, es mucho más fácil yéndome como estudiante becado que como mojado o como inversionista.

Entonces, he ahí la razón de que ande tan ocupado.

Como comentario adicional, es bien curioso volver a la universidad y ver a todos los estudiantes enajenados con sus iPhones y Blackberrys. Todos van con el aparatejo en la mano y la cabeza agachada. Y en clases está más cabrón. Neta que no sé cómo le hacen para poner atención y estar mensajeando o checando su Facebook al mismo tiempo. Como que es una nueva raza de mutantes que dominarán el mundo, un mundo muy triste, donde nadie se mirará a los ojos y todos andarán apendejados con aparatejos que nadie necesitaba antes.

Otra cosa curiosa fue volver a meterme en las bibliotecas y hemerotecas, recintos que no creo que los nacidos de 1990 a la fecha conozcan. Me sentí Daniel Sempere en el Cementerio de los Libros Olvidados. Es una experiencia muy chingona.

Y por último, una de las muchas cosas que aprendí haciendo mi tesis, es que Google no vale verga al momento de buscar cierta información. Sí, será muy rápido y cómodo, pero no hay la variedad de información que hay en una biblioteca universitaria o estatal. No todavía.

En fin. Después del martes habrá más escritos y más dibujos.
Buen fin de semana.

jueves, mayo 12, 2011

La virgen de las cajas y el tortero honesto

Hoy, mientras le rezaba a la virgen que se aparece en una de las cajas de Suavelastic que vendemos en el negocio, sentí que… ¿Qué?, ¿no me creen que una virgen se aparece en una caja de Suavelastic en el negocio? Ahorita mismo se los compruebo, bola de incrédulos:


Mírenme: ahí estoy volteando hacia arriba, hacia donde está la virgen. Mi mirada compasiva no puede expresar otra cosa más que devoción a una entidad divina. Si esta foto no es una prueba irrefutable de que en el negocio se aparece una virgen, pues entonces no sé de qué forma quieren que se los compruebe, bola de escépticos que irán al infierno.

Bueno, siguiendo con el tema. Les decía que mientras me persignaba y agradecía a la virgen por mandarme a los peores clientes del mundo, me entró un hambre bien cabrona. Y es que esta pinche dieta que estoy haciendo siempre me deja con hambre y no he podido bajar más de 6 kilos. Me mantengo entre los 87 y los 90 kilos, que, para un hombre de 2 metros con 35 centímetros -como yo- está muy bien. El pedo es que no hago ejercicio porque mi mamá dice que los hombres guapos y de ojos verdes -como yo- no necesitamos estar mamados. Dice que eso es sólo para los feos; que los guapos de ojos verdes -como yo- tenemos el poder de producir un efecto letal sólo con la mirada, efecto comparable sólo al que produjeron los hombres barbados que llegaron en barcos a chingarse a nuestros pobres inditos, snif.

Total que traía un hambre bien perra y se me ocurrió hablar a “Pepe Lonches”, que son tortas de carnes frías a domicilio. En "Pepe Lonches" hay tres tipos de tortas: La de Medio Kilo, La de Kilo y La Imposible (sí, así se llaman). Como no quería romper -tanto- mi dieta, pedí una de medio kilo.

Cuando mi torta llegó al negocio, me entró la paranoia normal que le entra a cualquier loquito, ésa de que el mundo es una conspiración en nuestra contra y mamadas por el estilo. Y ¿cómo no creer eso?, viendo la situación que atraviesa el país, donde nos venden litros de gasolina de a 800 y "kilos" de tomate de 900.

Entonces pensé: "Pinche Pepe Lonches, me ha de estar chingando con sus tortas el muy cabrón". Y decidí ir a comprar una báscula industrial pequeña para pesar mi torta y comprobar si en verdad pesaba lo que el nombre afirma.
Y, ¡oh, sorpresa!: “Pepe Lonches” es una empresa honesta. La torta de medio kilo pesa poco más de medio kilo. Aquí la prueba:


Hay esperanza, mexicanos y mexicanas... hay esperanza, snif...

martes, mayo 03, 2011

El Guffo Tibetano

Muchas cosas curiosas –generalmente agradables- me han sucedido desde que tengo este blog.

Entre esas cosas “curiosas” se encuentran las veces que me han escrito los novios o esposos de mujeres que me leen, pidiéndome algún escrito o algún dibujo para regalárselo a sus amadas; o cuando me preguntan que en dónde pueden comprar una playera del Escuadrón Retro o el libro de Diarios del Fin del Mundo, que porque su novia o esposa “es fan de mis monitos” o fan de los berrinches que hago o de mis amarguras (les digo: ches viejas locas).

Otros hombres me han confesado que dieron con mi blog porque alguna vez sus mujeres les dijeron: “¡Ash, deberías de ser como Guffo!”, y en un arranque de ira se meten al internet a buscar quién chingados es el tal Guffo y entonces dan con mi blog y se ponen en contacto conmigo y yo empiezo a temblar y a orinarme en mis calzones de Bob Esponja porque pienso que me quieren venir a partir la madre así como yo le quiero ir a partir la madre a Joaquín Sabina y a Brad Pitt por tener tanto pegue, snif.

Pues total que ayer fue uno de esos días curiosos, en el que recibí un detallazo por parte del marido de una lectora.

El compa me escribió un correo electrónico hace un par de días. En él me confesó que su mujer me lee desde hace tiempo, que es “mi fans”, que le gusta lo que escribo, que piensa muchas cosas como yo y que es como yo en muchos aspectos (pobre de él) y que quería darle como sorpresa un libro de Diarios del Fin del Mundo firmado por mí.

Ayer en la tarde vinieron al negocio de cajas por el libro. Su esposa se puso toda apenada y nomás se reía cuando le di el ejemplar firmado y no decía nada y nomás veía a su marido porque éste no le había dicho a dónde la llevaba. Total que al despedirnos, el esposo me entregó un sobre con una tarjeta. Al abrir el sobre en la oficina, me llevé una grata sorpresa:


Creo que eso del Dalai Lama lo dice por mi "corte de cabello a la monje", nada de llamarlo "calvicie".


Pero bueno, prefiero que me digan Dalai Lama a que me digan Nariz de Alcanza Quesos o Gonzo, como me dicen los culeros de los lectores de Hazme el Chingado Favor, donde a veces colaboro. Creo que la foto que tengo en aquella página no le hace mucha justicia a mi gallardía. Aunque, si ven esta imagen, igual y dejarán de decirme Gonzo y esas cosas, pero no creo que me vayan a decir Dalai Lama. Más bien me dirán Cabeza de Papa, Frente de Vochito, Cabeza de mi Huevo Izquierdo o algo por el estilo. Ya ven cómo es la raza de gacha, snif.

lunes, mayo 02, 2011

Científicos loquitos

Mientras al planeta Tierra se lo carga la chingada con los derrames de petróleo, la sobrepoblación, la sobre explotación de sus recursos, los incendios, la contaminación radiactiva, el hambre, las enfermedades, la guerra, etcétera; nuestros respetados científicos aplican las tecnologías más modernas para mandar arañas al espacio.

¡Bravo, pinches inútiles! ¡Acaban de cambiar el curso de la humanidad hacia un prometedor horizonte de estupidez nunca antes vista! ¡Bravo, clap, clap, clap, clap!



Y no, no estoy en contra ni de la ciencia ni de la tecnología, simplemente me caga que se usen en pendejadas inservibles como el iPod, el iPad, las consolas de videojuegos, las medicinas que no curan o mandar arañas al espacio.

Por cierto: vayan a ver esta película. Para los subtítulos en español, píquenle al botoncito que dice "cc", abajo del video, casi a un lado de donde agrandan la pantalla.

Buen inicio de semana.