jueves, abril 15, 2010
miércoles, abril 14, 2010
martes, abril 13, 2010
lunes, abril 12, 2010
viernes, abril 09, 2010
Riiinnnggguen a su madre

Con este cartón espero ser muy claro en mi opinión acerca del RENAUT y lo que pueden hacer con mi teléfono celular... pero no con mi Nextel, snif.
Sí, soy de lo peor. Me siento sucio por haberme doblegado ante el sistema. Al Nextel no tuve más remedio que registrarlo porque no es mío, está en línea con otros aparatos del trabajo, tiene radio, no tengo teléfono en mi casa y bla bla bla: pretextos de vida moderna que machacan nuestros sueños guajiros de total independencia; porque no, no les basta con tenernos fichados con la credencial de elector.
Ni hablar. El sistema se nos puso de nalguitas y tuvimos la oportunidad de metérsela toda entera, pero -otra vez- por miedosos y agachones que somos, no lo hicimos.
Tuvimos oportunidad de joder a las compañías de telefonía celular -que se la pasan jodiéndonos a nosotros con sus tarifas absurdas- y llevarle la contra a los ineptos que inventan las reglas de cómo vivir en este país; pero nel: ahí vamos todos a hacer lo que nos dicen, a reafirmar que ellos son quienes mandan.
“Ay, es que el teléfono es mi medio de trabajo”; “ay, es que es muy necesario”; “ay, es que ahí tengo a todos mis clientes”; “ay, es que bla bla bla”. ¿Y cuando no existían los pinches teléfonos celulares cómo le hacía la gente? ¿No trabajaba o qué pedo? ¿Tampoco se podía comunicar con nadie o qué chingados?
Ése es el problema de volver necesario algo que antes no lo era: con acciones como éstas, no tenemos para dónde hacernos. O te alineas o te alineas.
Teniendo taaantas opciones para comunicarnos: Facebook, MSN, Hi5, Blogger, etc., y vamos y damos las nalgas a la menor provocación. Ya hasta nos parecemos al Ricky Martin.
Y no, señoritas y señoritos, esta queja no es nomás por llevar la contra a los pendejo ni decir lo que ya han dicho muchos mails sobre los puntos escabrosos de la iniciativa. La onda es que ya nadie cree en nada que venga de boca de las autoridades que, en lugar de recuperar nuestra confianza hablándonos al chile, nos amenazan si no hacemos tal o cual cosa. Será que todas esas campañas de iniciativas gubernamentales a las que se les invierte tanto dinero y tanto tiempo aire, en las que los motivos no son muy claros y nos piden que hagamos cosas metiéndonos miedo, no me las creo.
Me retiro a darme una ducha y a ponerme pomada en el culo, que todavía me duele. Les recomiendo hacer lo mismo a todos aquellos que registraron su número.
Sí, soy de lo peor. Me siento sucio por haberme doblegado ante el sistema. Al Nextel no tuve más remedio que registrarlo porque no es mío, está en línea con otros aparatos del trabajo, tiene radio, no tengo teléfono en mi casa y bla bla bla: pretextos de vida moderna que machacan nuestros sueños guajiros de total independencia; porque no, no les basta con tenernos fichados con la credencial de elector.
Ni hablar. El sistema se nos puso de nalguitas y tuvimos la oportunidad de metérsela toda entera, pero -otra vez- por miedosos y agachones que somos, no lo hicimos.
Tuvimos oportunidad de joder a las compañías de telefonía celular -que se la pasan jodiéndonos a nosotros con sus tarifas absurdas- y llevarle la contra a los ineptos que inventan las reglas de cómo vivir en este país; pero nel: ahí vamos todos a hacer lo que nos dicen, a reafirmar que ellos son quienes mandan.
“Ay, es que el teléfono es mi medio de trabajo”; “ay, es que es muy necesario”; “ay, es que ahí tengo a todos mis clientes”; “ay, es que bla bla bla”. ¿Y cuando no existían los pinches teléfonos celulares cómo le hacía la gente? ¿No trabajaba o qué pedo? ¿Tampoco se podía comunicar con nadie o qué chingados?
Ése es el problema de volver necesario algo que antes no lo era: con acciones como éstas, no tenemos para dónde hacernos. O te alineas o te alineas.
Teniendo taaantas opciones para comunicarnos: Facebook, MSN, Hi5, Blogger, etc., y vamos y damos las nalgas a la menor provocación. Ya hasta nos parecemos al Ricky Martin.
Y no, señoritas y señoritos, esta queja no es nomás por llevar la contra a los pendejo ni decir lo que ya han dicho muchos mails sobre los puntos escabrosos de la iniciativa. La onda es que ya nadie cree en nada que venga de boca de las autoridades que, en lugar de recuperar nuestra confianza hablándonos al chile, nos amenazan si no hacemos tal o cual cosa. Será que todas esas campañas de iniciativas gubernamentales a las que se les invierte tanto dinero y tanto tiempo aire, en las que los motivos no son muy claros y nos piden que hagamos cosas metiéndonos miedo, no me las creo.
Me retiro a darme una ducha y a ponerme pomada en el culo, que todavía me duele. Les recomiendo hacer lo mismo a todos aquellos que registraron su número.
jueves, abril 08, 2010
Petróleo Blanco
Prometo volver a evadir la realidad con jocosas tiras del Escuadrón Retro y La Neta del Planeta el lunes, porque con este último aumento a la gasolina (apenas me di cuenta hoy, jeje), ¿cómo no soltar veneno?
Y es que me acordé de esos bonitos anuncios televisivos en los que el buen gobierno de Calderón afirmaba que "todos los mexicanos somos dueños del petróleo y nos beneficiamos parejo de él”. Al verlos, hasta sentía el peso de un Rolex Mamalón Plus en mi muñeca, snif.
Al rememorar esos simpáticos spots, me vino a la mente la anécdota del padre que hereda en vida al hijo; que va más o menos así:
-La cuenta con 3 millones de pesos es tuya, hijo mío.
-¡Muchas gracias, papá! Con ese dinero voy a viajar alrededor del mundo, voy a comprar una pequeña casa a la orilla del mar, voy a...
En eso, el joven es interrumpido abruptamente por su padre:
-Aaaah, no: ¡ese dinero no lo tocas hasta que yo me muera!
Total que el hijo muere antes que el padre y nunca disfruta "su herencia".
Moraleja: ¿Entonces pá qué vergas lo heredaba el pinche ruco mamón?
Es lo mismo con esa jalada de que "el petróleo es mío". Ni siquiera puedo controlar su precio ni tener una bomba de gasolina en mi casa para llenar el tanque del coche cada que se me hinchen las pelotas. Es más, ¡ni siquiera tengo opción de respirar aire limpio!
Sería un ingenuo al pensar que en verdad tengo opción, pero aquí lo que encabrona no es que no sea nuestro el petróleo, sino que gasten el dinero en echar mentiras tan estúpidas. De perdido con lo de la influenza le echaron más ganitas y hasta las tienditas de la esquina hicieron su agosto vendiendo tapabocas y gel antibacterial a los pend... precavidos.
Señores del gobierno y hombres detrás de la cortina: yo sí cumplo mi palabra. Aquí tengo un enorme yacimiento de petróleo blanco con dos bombotas. Es todo suyo. ¡Mámense!
Y es que me acordé de esos bonitos anuncios televisivos en los que el buen gobierno de Calderón afirmaba que "todos los mexicanos somos dueños del petróleo y nos beneficiamos parejo de él”. Al verlos, hasta sentía el peso de un Rolex Mamalón Plus en mi muñeca, snif.
Al rememorar esos simpáticos spots, me vino a la mente la anécdota del padre que hereda en vida al hijo; que va más o menos así:
-La cuenta con 3 millones de pesos es tuya, hijo mío.
-¡Muchas gracias, papá! Con ese dinero voy a viajar alrededor del mundo, voy a comprar una pequeña casa a la orilla del mar, voy a...
En eso, el joven es interrumpido abruptamente por su padre:
-Aaaah, no: ¡ese dinero no lo tocas hasta que yo me muera!
Total que el hijo muere antes que el padre y nunca disfruta "su herencia".
Moraleja: ¿Entonces pá qué vergas lo heredaba el pinche ruco mamón?
Es lo mismo con esa jalada de que "el petróleo es mío". Ni siquiera puedo controlar su precio ni tener una bomba de gasolina en mi casa para llenar el tanque del coche cada que se me hinchen las pelotas. Es más, ¡ni siquiera tengo opción de respirar aire limpio!
Sería un ingenuo al pensar que en verdad tengo opción, pero aquí lo que encabrona no es que no sea nuestro el petróleo, sino que gasten el dinero en echar mentiras tan estúpidas. De perdido con lo de la influenza le echaron más ganitas y hasta las tienditas de la esquina hicieron su agosto vendiendo tapabocas y gel antibacterial a los pend... precavidos.
Señores del gobierno y hombres detrás de la cortina: yo sí cumplo mi palabra. Aquí tengo un enorme yacimiento de petróleo blanco con dos bombotas. Es todo suyo. ¡Mámense!
miércoles, abril 07, 2010
Cuando te toca...
Es lo de hoy. Todos la repiten. Yo, me niego a vivir bajo esa filosofía del “cuando te toca, te toca; y cuando no te toca, ni aunque te pongas”.
Al mexicano le encantan los refranes y creer que su destino está en manos de otros.
Es obvio que con los índices de violencia de este país, hay más probabilidades de que “nos toque”. Si viviéramos en un país organizado, equitativo, armonioso, pacífico, educado, respetuoso, el que “nos toque” sería cosa de muuuy mala suerte… o porque en realidad “ya nos tocaba” que nos comiera un jaguar o nos golpeara un pedazo de estrella.
Me niego a vivir bajo esa mentalidad mediocre y resignada. Me niego a “ponerme en manos de diosito y que él decida lo mejor para mí”.
El trabajo interno es mucho. Esto que vivimos no es otra cosa mas que una crisis de valores muy grave; una crisis donde el dinero, el poder y el consumismo se han impuesto por encima de todo, haciéndonos creer que son los maderos a los que debemos aferrarnos para no hundirnos... y matar para que nadie más se aferre a ellos.
Habría que reinventar la moral, revivir la ética, priorizar nuestras necesidades, jerarquizar las cosas por las que vale la pena vivir, no morir. Habría que aventar más maderos al océano.
El trabajo interno es mucho y muy duro. Hay quienes no saben cómo empezarlo y hay a quienes ni siquiera les interesa hacerlo.
A muchos les parecerá absurda, "hippie" o bohemia mi propuesta. Lo que sí les garantizo, es que sale más barata que la guerra. Pero, como la introspección no deja dinero, creo que la violencia seguirá siendo la “solución” a "nuestros problemas"...
P.D. Para todos aquellos que se ponen locos y se ofenden cuando digo que Monterrey es un asco de ciudad y su gente es de lo peorcito del mundo, lean este interesante artículo, a ver si así dejan de lloriquear cada que les lastiman su "orgullo de ser del norte" y mejor se ponen a hacer ese trabajo interno del que hablo.
El artículo me lo mandó Rafa Ibarra. Si les gusta todo lo relacionado con los vinos y la gastronomía (en otras palabras: si son borrachotes y tragones, jejeje), su blog es una muy buena opción de lectura.
Al mexicano le encantan los refranes y creer que su destino está en manos de otros.
Es obvio que con los índices de violencia de este país, hay más probabilidades de que “nos toque”. Si viviéramos en un país organizado, equitativo, armonioso, pacífico, educado, respetuoso, el que “nos toque” sería cosa de muuuy mala suerte… o porque en realidad “ya nos tocaba” que nos comiera un jaguar o nos golpeara un pedazo de estrella.
Me niego a vivir bajo esa mentalidad mediocre y resignada. Me niego a “ponerme en manos de diosito y que él decida lo mejor para mí”.
El trabajo interno es mucho. Esto que vivimos no es otra cosa mas que una crisis de valores muy grave; una crisis donde el dinero, el poder y el consumismo se han impuesto por encima de todo, haciéndonos creer que son los maderos a los que debemos aferrarnos para no hundirnos... y matar para que nadie más se aferre a ellos.
Habría que reinventar la moral, revivir la ética, priorizar nuestras necesidades, jerarquizar las cosas por las que vale la pena vivir, no morir. Habría que aventar más maderos al océano.
El trabajo interno es mucho y muy duro. Hay quienes no saben cómo empezarlo y hay a quienes ni siquiera les interesa hacerlo.
A muchos les parecerá absurda, "hippie" o bohemia mi propuesta. Lo que sí les garantizo, es que sale más barata que la guerra. Pero, como la introspección no deja dinero, creo que la violencia seguirá siendo la “solución” a "nuestros problemas"...
P.D. Para todos aquellos que se ponen locos y se ofenden cuando digo que Monterrey es un asco de ciudad y su gente es de lo peorcito del mundo, lean este interesante artículo, a ver si así dejan de lloriquear cada que les lastiman su "orgullo de ser del norte" y mejor se ponen a hacer ese trabajo interno del que hablo.
El artículo me lo mandó Rafa Ibarra. Si les gusta todo lo relacionado con los vinos y la gastronomía (en otras palabras: si son borrachotes y tragones, jejeje), su blog es una muy buena opción de lectura.
lunes, abril 05, 2010
Matemáticas simples
Me cuesta creer cuando dicen que somos más los que queremos cosas buenas para el mundo. No porque yo no las deseé, sino porque -matemáticamente hablando- si fuéramos mayoría, sucederían más cosas agradables que funestas.
Pasa algo curioso con ese discursito optimista del “somos más”; algo que puede engañar a mucha gente pero no engañar a las matemáticas simples.
Imaginen que son dueños de un millón de ceros y de un par de unos. Al sumar todos sus ceros, el resultado obvio será cero; pero al sumar el par de unos, el resultado será dos. Los ceros son más que los unos, sin embargo, los unos, aunque muy pocos, juntos valen más.
Así es en México y en casi todo el planeta: se hace lo que una poderosa minoría ordena y, si el mundo es matemático, estamos jodidos.
Por lo tanto, dejen de engañarnos con ese discursito baratón de que “somos más los que queremos paz”, “somos más los que no queremos corrupción”, “somos más los que bla bla bla”.
El día que la minoría dueña de los “unos” quiera que las cosas cambien, ese día cambiarán.
Pasa algo curioso con ese discursito optimista del “somos más”; algo que puede engañar a mucha gente pero no engañar a las matemáticas simples.
Imaginen que son dueños de un millón de ceros y de un par de unos. Al sumar todos sus ceros, el resultado obvio será cero; pero al sumar el par de unos, el resultado será dos. Los ceros son más que los unos, sin embargo, los unos, aunque muy pocos, juntos valen más.
Así es en México y en casi todo el planeta: se hace lo que una poderosa minoría ordena y, si el mundo es matemático, estamos jodidos.
Por lo tanto, dejen de engañarnos con ese discursito baratón de que “somos más los que queremos paz”, “somos más los que no queremos corrupción”, “somos más los que bla bla bla”.
El día que la minoría dueña de los “unos” quiera que las cosas cambien, ese día cambiarán.
miércoles, marzo 31, 2010
Ciao México
La mujer me hace pasar por la puerta trasera de la cocina. Huele a ajo y a especias y en un sartén grande chisporrotea aceite de oliva. Coloco el paquete de cajas de pizza a un lado de la estufa y le entrego el ticket. En un español accidentado me comenta que su esposo tardará un poco: fue al banco, y me pide que tome asiento en una de las mesas del pequeño restaurante.
Abrió apenas hace un mes. Los dueños son una pareja de italianos que supieron del negocio de cajas por una revista de publicidad que se reparte en la zona, donde ellos también se anuncian.
La mujer pone sobre la mesa un plato con cuadritos de queso y palillos. Me dice que son de cortesía, que los pruebe, que se los acaban de mandar desde Italia. Eshe es di leche di búfala, dice señalando el queso de tono más blanco, esperando tal vez una mueca de asombro de mi parte. Nunca había probado queso más rico, le digo honestamente, y sonríe.
Su esposo la llama al celular. Le dice que tardará un poco más. La mujer cuelga y se disculpa. Le digo que no hay problema. Va a la cocina, menea el aceite del sartén, saca un libro de un cajón y me lo muestra. Esha esh nostra casha, me dice señalando la portada donde se aprecia un hermoso valle. Vuelve a la cocina, deja la puerta de vaivén abierta y todo el lugar se cubre de un exquisito aroma.
Hojeo las páginas mientras espero. Hay imágenes de gente recolectando uvas, ordeñando cabras, esquilando ovejas, bebiendo vino, bailando. También niños en bicicleta, caminos de terracería, horizontes verdes, arroyuelos y cielos azules.
Diez minutos después, llega el señor. Se disculpa por la tardanza y culpa al tráfico. Su español es mejor que el de su esposa. Al ver que hojeo el libro, sonríe: Ooooh, nostra casa, dice con tono nostálgico. Su esposa sale de la cocina y le entrega el ticket: observa el total, saca el dinero del bolsillo y me paga. Me ofrece más queso, le digo que no, pero insiste y me quedo.
Después de apuntarle en un papel los precios de otros productos del negocio de cajas, me platica cómo era su vida antes de llegar a México, a donde tuvieron que venirse porque su única hija se casó con un regiomontano al que conoció en España.
Allá en la parte norte de Italia se dedicaban a curtir pieles y a fabricar quesos. Están asustados por la violencia de la ciudad. Están sorprendidos de la cantidad de envases de plástico que hay, de la cantidad de platos desechables que se usan, de cómo conduce la gente y de los altos recibos de la luz. Allá usábamos celdillas solares y no existen los utensilios desechables: todo se reúsa, me dice el hombre.
Me confiesa que primero pensaron en abrir el restaurante en Playa del Carmen, pero no les gustó: mucho progreso y mucha droga. Después pensaron ponerlo en alguna playa de Nayarit, pero con esos nuevos proyectos “de desarrollo” que trae el gobierno –que hasta en las camisetas de un equipo pedorro de fútbol lo andan anunciando-, le van a dar en la madre a sus costas, cuyo mayor atractivo era precisamente eso: que no había desarrollo. Y total que terminaron abriendo el restaurante aquí en Monterrey, donde vive su hija.
Siento una pena profunda por él y su mujer. Quisiera pedirles disculpas por todo: por mi gente, por este país, por la barbarie. Quisiera meterme en las fotografías de su libro, que lo cierren y no me dejen salir nunca. Me conmueve ese amor de padre y madre, capaz de sacrificar el paraíso por venirse a vivir al infierno.
Le pregunto por qué mejor no se quedaron allá en Lombardía. Me responde que el yerno le dijo que "allá no había nada". Así es la gente de aquí: donde hay todo creen que no hay nada. Por eso el ristorante se iama "Ciao Italia", me dice ondeando la mano, porque no vamos a volver.
Salgo del lugar con un nudo en la garganta horrible. Los coches pitan y aceleran y sus conductores se rayan la madre. Las patrullas pasan con las sirenas encendidas. En el cerro construyen un nuevo edificio con departamentos y otro centro comercial. La gente sigue comentando el partido de fútbol del sábado. Es lo único que les interesa. La cifra de civiles asesinados aumenta con el paso de los días. El cáncer se propaga por todas partes.
De vuelta en el negocio busco noticias buenas en Internet: el 40% de la población de Copenhague usa la bicicleta como medio de transporte; Liberan a una veintena de linces boreales en la tundra sueca; El presidente de Uruguay sigue yendo a comer sin escoltas… y en México continúa la masacre.
No puedo sentir más que desprecio. Es el mismísimo infierno.
Ciao México... aunque sea por unos días.
Abrió apenas hace un mes. Los dueños son una pareja de italianos que supieron del negocio de cajas por una revista de publicidad que se reparte en la zona, donde ellos también se anuncian.
La mujer pone sobre la mesa un plato con cuadritos de queso y palillos. Me dice que son de cortesía, que los pruebe, que se los acaban de mandar desde Italia. Eshe es di leche di búfala, dice señalando el queso de tono más blanco, esperando tal vez una mueca de asombro de mi parte. Nunca había probado queso más rico, le digo honestamente, y sonríe.
Su esposo la llama al celular. Le dice que tardará un poco más. La mujer cuelga y se disculpa. Le digo que no hay problema. Va a la cocina, menea el aceite del sartén, saca un libro de un cajón y me lo muestra. Esha esh nostra casha, me dice señalando la portada donde se aprecia un hermoso valle. Vuelve a la cocina, deja la puerta de vaivén abierta y todo el lugar se cubre de un exquisito aroma.
Hojeo las páginas mientras espero. Hay imágenes de gente recolectando uvas, ordeñando cabras, esquilando ovejas, bebiendo vino, bailando. También niños en bicicleta, caminos de terracería, horizontes verdes, arroyuelos y cielos azules.
Diez minutos después, llega el señor. Se disculpa por la tardanza y culpa al tráfico. Su español es mejor que el de su esposa. Al ver que hojeo el libro, sonríe: Ooooh, nostra casa, dice con tono nostálgico. Su esposa sale de la cocina y le entrega el ticket: observa el total, saca el dinero del bolsillo y me paga. Me ofrece más queso, le digo que no, pero insiste y me quedo.
Después de apuntarle en un papel los precios de otros productos del negocio de cajas, me platica cómo era su vida antes de llegar a México, a donde tuvieron que venirse porque su única hija se casó con un regiomontano al que conoció en España.
Allá en la parte norte de Italia se dedicaban a curtir pieles y a fabricar quesos. Están asustados por la violencia de la ciudad. Están sorprendidos de la cantidad de envases de plástico que hay, de la cantidad de platos desechables que se usan, de cómo conduce la gente y de los altos recibos de la luz. Allá usábamos celdillas solares y no existen los utensilios desechables: todo se reúsa, me dice el hombre.
Me confiesa que primero pensaron en abrir el restaurante en Playa del Carmen, pero no les gustó: mucho progreso y mucha droga. Después pensaron ponerlo en alguna playa de Nayarit, pero con esos nuevos proyectos “de desarrollo” que trae el gobierno –que hasta en las camisetas de un equipo pedorro de fútbol lo andan anunciando-, le van a dar en la madre a sus costas, cuyo mayor atractivo era precisamente eso: que no había desarrollo. Y total que terminaron abriendo el restaurante aquí en Monterrey, donde vive su hija.
Siento una pena profunda por él y su mujer. Quisiera pedirles disculpas por todo: por mi gente, por este país, por la barbarie. Quisiera meterme en las fotografías de su libro, que lo cierren y no me dejen salir nunca. Me conmueve ese amor de padre y madre, capaz de sacrificar el paraíso por venirse a vivir al infierno.
Le pregunto por qué mejor no se quedaron allá en Lombardía. Me responde que el yerno le dijo que "allá no había nada". Así es la gente de aquí: donde hay todo creen que no hay nada. Por eso el ristorante se iama "Ciao Italia", me dice ondeando la mano, porque no vamos a volver.
Salgo del lugar con un nudo en la garganta horrible. Los coches pitan y aceleran y sus conductores se rayan la madre. Las patrullas pasan con las sirenas encendidas. En el cerro construyen un nuevo edificio con departamentos y otro centro comercial. La gente sigue comentando el partido de fútbol del sábado. Es lo único que les interesa. La cifra de civiles asesinados aumenta con el paso de los días. El cáncer se propaga por todas partes.
De vuelta en el negocio busco noticias buenas en Internet: el 40% de la población de Copenhague usa la bicicleta como medio de transporte; Liberan a una veintena de linces boreales en la tundra sueca; El presidente de Uruguay sigue yendo a comer sin escoltas… y en México continúa la masacre.
No puedo sentir más que desprecio. Es el mismísimo infierno.
Ciao México... aunque sea por unos días.
martes, marzo 30, 2010
Puesto vacante
El negocio de cajas no va muy bien. Mejor dicho: no va como debería de ir.
A veces me salen trabajos extra que disfruto hacer: ilustraciones, caricaturas, tiras; pero como "son dibujitos", todos quieren que se los haga de a gratis.
Hay un puesto vacante de burócrata en Agua y Drenaje: el sueldo es de casi 30 mil pesos al mes. Basta con que diga que sí y entro. Ustedes saben: los contactos, las palancas, los favores, los amiguismos, etc.
Agradezco no tener familia, no tener crédito para una casa, no tener responsabilidades más allá de las que quiero adquirir. Si las tuviera, me vería en la desesperada necesidad de aceptar el trabajo. Me vería en la penosa necesidad de ser como no quiero ser.
A veces me salen trabajos extra que disfruto hacer: ilustraciones, caricaturas, tiras; pero como "son dibujitos", todos quieren que se los haga de a gratis.
Hay un puesto vacante de burócrata en Agua y Drenaje: el sueldo es de casi 30 mil pesos al mes. Basta con que diga que sí y entro. Ustedes saben: los contactos, las palancas, los favores, los amiguismos, etc.
Agradezco no tener familia, no tener crédito para una casa, no tener responsabilidades más allá de las que quiero adquirir. Si las tuviera, me vería en la desesperada necesidad de aceptar el trabajo. Me vería en la penosa necesidad de ser como no quiero ser.
lunes, marzo 29, 2010
viernes, marzo 26, 2010
jueves, marzo 25, 2010
miércoles, marzo 24, 2010
martes, marzo 23, 2010
lunes, marzo 22, 2010
viernes, marzo 19, 2010
Nunca he sentido orgullo de ser mexicano. Mucho menos ahora. Es más, si tuviera la oportunidad o los medios, renunciaría a esta nacionalidad.
Para mí, todos esos conceptos intangibles de “ay, la patria”, “ay, la tierra que me vio nacer”, “ay, nuestras raíces históricas”, "ay, qué bonito suena el himno", no son más que burdas mamadas.
Hoy en la madrugada hubo una balacera en el Tecnológico de Monterrey y otra en la avenida que pasa por detrás de mi casa. Muertos todos los días. No existe la ley. El crimen es la autoridad. Cualquier sueño o ideal se topa con cuernos de chivo. Es tanta la apatía que ya ni ganas dan de trabajar para no tener algo por lo que puedan matarnos.
Siguen dándome vueltas en la cabeza las palabras de Pepe Mujica, presidente de Uruguay, al ser cuestionado por un fotógrafo sobre su seguridad mientras comía sin escoltas en un bar: “Dígale al mundo que aquí somos distintos", respondió el mandatario. Sus palabras me calaron hondo. Sentí rabia y envidia. También gusto.
Quizá nuestro error siempre ha sido querer parecernos a Estados Unidos y no a Uruguay; o que hay mucha gente como yo: incapaz de sentir orgullo por una patria. Transa y asesina, pero patria a fin de cuentas.
Y sí, ya sé que me dirán: “Pues si no te gusta llégale a la verga de aquí”, “allá son socialistas”, “allá están peor”, "allá no hay trabajo", "aquí necesitamos gente valiente, no cobardes que quieran huir”. ¿Será?
Todos esos argumentos me suenan a las soluciones estúpidas que dan las autoridades a la ciudadanía: “Si no quieren que les toque una balacera, no salgan en las madrugadas”, “si no quieren que los maten, no se resistan cuando les quiten su coche”, “si les toca una balacera, tírense al suelo y aléjense de las ventanas”. Bonitas medidas de seguridad.
Incluso un conocido sacerdote de la localidad, dijo: "Hay que agradecer a Dios estar vivos en tiempos como estos". Ahchinga... ¡ahora resulta que tengo que agradecer que no me hayan matado!
Dios, si es que existes: ¡rechingas a tu puta madre!
Ya no es vergüenza. Tampoco miedo. Es una tristeza profunda la que siento. Algo contradictorio en mí, que nunca me he sentido orgulloso de ser mexicano.
Para mí, todos esos conceptos intangibles de “ay, la patria”, “ay, la tierra que me vio nacer”, “ay, nuestras raíces históricas”, "ay, qué bonito suena el himno", no son más que burdas mamadas.
Hoy en la madrugada hubo una balacera en el Tecnológico de Monterrey y otra en la avenida que pasa por detrás de mi casa. Muertos todos los días. No existe la ley. El crimen es la autoridad. Cualquier sueño o ideal se topa con cuernos de chivo. Es tanta la apatía que ya ni ganas dan de trabajar para no tener algo por lo que puedan matarnos.
Siguen dándome vueltas en la cabeza las palabras de Pepe Mujica, presidente de Uruguay, al ser cuestionado por un fotógrafo sobre su seguridad mientras comía sin escoltas en un bar: “Dígale al mundo que aquí somos distintos", respondió el mandatario. Sus palabras me calaron hondo. Sentí rabia y envidia. También gusto.
Quizá nuestro error siempre ha sido querer parecernos a Estados Unidos y no a Uruguay; o que hay mucha gente como yo: incapaz de sentir orgullo por una patria. Transa y asesina, pero patria a fin de cuentas.
Y sí, ya sé que me dirán: “Pues si no te gusta llégale a la verga de aquí”, “allá son socialistas”, “allá están peor”, "allá no hay trabajo", "aquí necesitamos gente valiente, no cobardes que quieran huir”. ¿Será?
Todos esos argumentos me suenan a las soluciones estúpidas que dan las autoridades a la ciudadanía: “Si no quieren que les toque una balacera, no salgan en las madrugadas”, “si no quieren que los maten, no se resistan cuando les quiten su coche”, “si les toca una balacera, tírense al suelo y aléjense de las ventanas”. Bonitas medidas de seguridad.
Incluso un conocido sacerdote de la localidad, dijo: "Hay que agradecer a Dios estar vivos en tiempos como estos". Ahchinga... ¡ahora resulta que tengo que agradecer que no me hayan matado!
Dios, si es que existes: ¡rechingas a tu puta madre!
Ya no es vergüenza. Tampoco miedo. Es una tristeza profunda la que siento. Algo contradictorio en mí, que nunca me he sentido orgulloso de ser mexicano.
martes, marzo 16, 2010
lunes, marzo 15, 2010
viernes, marzo 12, 2010
jueves, marzo 11, 2010
miércoles, marzo 10, 2010
martes, marzo 09, 2010

P.D. Para esas nuevas generaciones que no conocieron el papel, la pluma y el Liquid Paper, aquí les va un link muy útil que les ayudará a comprendan el chiste anterior.
lunes, marzo 08, 2010
jueves, marzo 04, 2010
Sentí que algo andaba mal cuando se inventó el Facebook y el Twitter.
Confirmé lo que sentí al percatarme de quiénes abren cuentas en esas chingaderas: senadores, diputados, candidatos a algún puesto de elección popular, periodistas que ni así tienen los huevos de decir las cosas como son, nenitas que no saben escribir, pendejazos que se creen galanes porque una foto trucada los favorece, estrellitas de la televisión local, actores de Hollywood que quieren sentirse mortales y ñoños que creen que por esos medios disfrazarán sus obsesiones para tener cerca a su celebridad favorita.
Sueño el día en que todo el mundo emigre a Facebook o a Twitter y me dejen Blogger para mí solito. Es más fácil que se me cumpla este sueño a que se haga realidad el otro que tengo: ése en el que todos se van a la chingada y me dejan la tierra nomás pa´mí.
Soñar no cuesta nada, snif.
Confirmé lo que sentí al percatarme de quiénes abren cuentas en esas chingaderas: senadores, diputados, candidatos a algún puesto de elección popular, periodistas que ni así tienen los huevos de decir las cosas como son, nenitas que no saben escribir, pendejazos que se creen galanes porque una foto trucada los favorece, estrellitas de la televisión local, actores de Hollywood que quieren sentirse mortales y ñoños que creen que por esos medios disfrazarán sus obsesiones para tener cerca a su celebridad favorita.
Sueño el día en que todo el mundo emigre a Facebook o a Twitter y me dejen Blogger para mí solito. Es más fácil que se me cumpla este sueño a que se haga realidad el otro que tengo: ése en el que todos se van a la chingada y me dejan la tierra nomás pa´mí.
Soñar no cuesta nada, snif.
miércoles, marzo 03, 2010
martes, marzo 02, 2010
lunes, marzo 01, 2010
¡Riata ta ta ta!
Ayer domingo fui al periódico y me tocó una balacera.
Fui a eso de la 7 de la noche porque el viernes pasado no había podido ir a recoger mi cheque, por lo que el encargado de pagar las quincenas me lo dejó desde ese día con la editora.
Total que llegué, la editora me dio el papelito, firmé de “recibido” y me dijo que pedirían unas pizzas, que si quería entrarle a la cooperacha. Acepté, solté 50 pesotes y aproveché para checar algunos correos y hacer las caricaturas e ilustraciones para hoy lunes.
Como a eso de las 8, que se escuchan unas explosiones bien gachas afuerita de las instalaciones. Mi compa el guerrillero saltó de su asiento con los ojos pelones, diciendo: ¡Esas fueron granadas, cabrón, esas fueron granadas! Todos nos miramos en silencio, asomados por encima de las paredes de los cubículos, pensando que podría haber sido algún transformador de un poste de luz.
Pero en eso, que llega el culísimo del guardia de la entrada, todo espantado. ¿Escuchó, licenciada?, dijo dirigiéndose a la editora con el rostro pálido. ¡Fue aquí afuerita! "¡Valiendo verga!", pensé.
Escuchamos cómo se acercaba un montón de patrullas y daban vueltas por las calles del rededor con las radiofrecuencias a todo volumen y las torretas encendidas. No pasaron ni 2 minutos... y que se suelta la balacera: ¡trakatrakatraka!
Nomás vi todas las cabezas de mis compañeros desaparecer, como perritos de la pradera metiéndose en su agujero. ¡Al suelo, maestros!, gritaba el guerrillero. ¡Quítense de las ventanas, camaradas!
Yo me cagué todo porque estaba al lado de una ventana. Me puse en 20 uñas hecho la madre y me fui gateando por el pasillo, buscando a la gorda que me sacó a bailar en la posada navideña para ponérmela encima y así me rebotaran las balas, pero la gorda ya estaba bien resguardada debajo de su escritorio comiéndose una torta de huevo con chorizo y frijoles, por lo que tuve que arrastrarme como cucaracha hasta el baño y esconderme en el escusado, por si entraba algún loco resentido a hacer un ajuste de cuentas (y para deshacerme de mis calzones flameados por el susto).
Se escuchó un desmadre los siguientes minutos: llantas rechinando, motores forzados, torretas, enfrenones... pero ya ninguna detonación. Todos salimos de nuestros escondiste asombrados. Riendo nerviosamente. El mero mero salió de su oficina y, tratando de aligerar la tensión, dijo: ¿Quién se quiere lanzar a tomar fotos? Esta nota nadie nos la gana: fue aquí afuerita. Todos reímos.
Ningún medio cubrió la nota.
Llegaron las pizzas y cenamos. Hablamos todo el rato sobre el incidente. Esto está peor que Irak y Tlatelolco juntos, maestro, dijo mi compa el guerrillero antes de meterle una tarascada a su rebanada de pizza hawaiana. En el radio pasaron un anuncio bien mamón del Bicentenario: ése que dice que somos un poema de Jaime Sabines y un plato de mole y no sé qué mamadas más. Uno que dice que llevamos 200 años de ser orgullosamente mexicanos.
Todo suena muy chido, pero creo que a ese anuncio le falta decir que también somos la viuda del soldado, el huérfano del policía, su sueldo miserable, los casquillos de bala regados en las calles, un pasón de coca en el antro, una bolsita llena de tachas, un narcocorrido de los Tigres del Norte... Le falta decir que tenemos 200 años de ser lo peorcito de este mundo, y a eso no le veo motivo de celebración ni de orgullo.
Fui a eso de la 7 de la noche porque el viernes pasado no había podido ir a recoger mi cheque, por lo que el encargado de pagar las quincenas me lo dejó desde ese día con la editora.
Total que llegué, la editora me dio el papelito, firmé de “recibido” y me dijo que pedirían unas pizzas, que si quería entrarle a la cooperacha. Acepté, solté 50 pesotes y aproveché para checar algunos correos y hacer las caricaturas e ilustraciones para hoy lunes.
Como a eso de las 8, que se escuchan unas explosiones bien gachas afuerita de las instalaciones. Mi compa el guerrillero saltó de su asiento con los ojos pelones, diciendo: ¡Esas fueron granadas, cabrón, esas fueron granadas! Todos nos miramos en silencio, asomados por encima de las paredes de los cubículos, pensando que podría haber sido algún transformador de un poste de luz.
Pero en eso, que llega el culísimo del guardia de la entrada, todo espantado. ¿Escuchó, licenciada?, dijo dirigiéndose a la editora con el rostro pálido. ¡Fue aquí afuerita! "¡Valiendo verga!", pensé.
Escuchamos cómo se acercaba un montón de patrullas y daban vueltas por las calles del rededor con las radiofrecuencias a todo volumen y las torretas encendidas. No pasaron ni 2 minutos... y que se suelta la balacera: ¡trakatrakatraka!
Nomás vi todas las cabezas de mis compañeros desaparecer, como perritos de la pradera metiéndose en su agujero. ¡Al suelo, maestros!, gritaba el guerrillero. ¡Quítense de las ventanas, camaradas!
Yo me cagué todo porque estaba al lado de una ventana. Me puse en 20 uñas hecho la madre y me fui gateando por el pasillo, buscando a la gorda que me sacó a bailar en la posada navideña para ponérmela encima y así me rebotaran las balas, pero la gorda ya estaba bien resguardada debajo de su escritorio comiéndose una torta de huevo con chorizo y frijoles, por lo que tuve que arrastrarme como cucaracha hasta el baño y esconderme en el escusado, por si entraba algún loco resentido a hacer un ajuste de cuentas (y para deshacerme de mis calzones flameados por el susto).
Se escuchó un desmadre los siguientes minutos: llantas rechinando, motores forzados, torretas, enfrenones... pero ya ninguna detonación. Todos salimos de nuestros escondiste asombrados. Riendo nerviosamente. El mero mero salió de su oficina y, tratando de aligerar la tensión, dijo: ¿Quién se quiere lanzar a tomar fotos? Esta nota nadie nos la gana: fue aquí afuerita. Todos reímos.
Ningún medio cubrió la nota.
Llegaron las pizzas y cenamos. Hablamos todo el rato sobre el incidente. Esto está peor que Irak y Tlatelolco juntos, maestro, dijo mi compa el guerrillero antes de meterle una tarascada a su rebanada de pizza hawaiana. En el radio pasaron un anuncio bien mamón del Bicentenario: ése que dice que somos un poema de Jaime Sabines y un plato de mole y no sé qué mamadas más. Uno que dice que llevamos 200 años de ser orgullosamente mexicanos.
Todo suena muy chido, pero creo que a ese anuncio le falta decir que también somos la viuda del soldado, el huérfano del policía, su sueldo miserable, los casquillos de bala regados en las calles, un pasón de coca en el antro, una bolsita llena de tachas, un narcocorrido de los Tigres del Norte... Le falta decir que tenemos 200 años de ser lo peorcito de este mundo, y a eso no le veo motivo de celebración ni de orgullo.
viernes, febrero 26, 2010
jueves, febrero 25, 2010
Mi tía Eleazarita y los 50 libros
Cuando de vender libros se trata, siempre es el mismo problema con los familiares. Para que entiendan lo que intento decir, pondré un ejemplo.
Recibo una llamada al celular, contesto y es mi madre:
-Mijito, me dijo tu tía Eleazarita que te quiere comprar 50 libros de esos del fin del mundo que sacaste.
-¿Y pa´qué quiere tantos, má?
-Pues no sé, pero quiere comprarte 50 libros. Creo que se los va a regalar a sus comadres.
-Ah no: dile que le vendo nada más uno.
-P… pero te quiere comprar 50…
-Que no: dile que le vendo nomás uno. Es más: se lo regalo; pero nomás uno. Y si a sus comadres les interesa el libro, que me llamen o me manden un correo.
Sonará absurdo y mamón y tal vez ésa no sea la forma en que un hijo deba tratar a su madre y a sus tías con nombres feos, pero es que esas actitudes humanitarias y bonachonas por parte de nuestros familiares–que en el fondo se agradecen y se agradecerían mucho más si fueran compras en el negocio de cajas- ponen a uno en un dilema.
Sí, es cierto: uno como “autor” quisiera vender todos sus libros -o cualquier otro proyecto-, pero venderlos a gente “interesada” en el producto, no que los compre una tía o una abuelita para regalárselo a sus comadres que sólo leen misales y La Biblia. Con esto no quiero devaluar a la familia ni a los que leen la chingada Biblia, pero, honestamente, cuando un familiar hace este tipo de acciones, a uno le queda esa incertidumbre amarga de: “¿En verdad lo comprarán porque les interesa o nomás por ayudar… o por lastima?”.
La familia, en su eterna bondad, no ve lo humillante que puede resultar para uno -que se siente escritor, snif- que hagan eso. Porque, entonces, cuándo no esté la familia, ¿quién diablos nos va a comprar los libros?
Por eso hago un atento llamado a todos los lectores de este blog y de Recolectivo, para que hagan sus pedidos e impidan que mi malvada tía Eleazarita se quede con los últimos 50 ejemplares de Diarios del Fin del Mundo. El 1 de abril será el último día de ventas, porque ya necesitamos ponernos a planear el siguiente proyecto o pensar en una reedición. Saludos y gracias.
Recibo una llamada al celular, contesto y es mi madre:
-Mijito, me dijo tu tía Eleazarita que te quiere comprar 50 libros de esos del fin del mundo que sacaste.
-¿Y pa´qué quiere tantos, má?
-Pues no sé, pero quiere comprarte 50 libros. Creo que se los va a regalar a sus comadres.
-Ah no: dile que le vendo nada más uno.
-P… pero te quiere comprar 50…
-Que no: dile que le vendo nomás uno. Es más: se lo regalo; pero nomás uno. Y si a sus comadres les interesa el libro, que me llamen o me manden un correo.
Sonará absurdo y mamón y tal vez ésa no sea la forma en que un hijo deba tratar a su madre y a sus tías con nombres feos, pero es que esas actitudes humanitarias y bonachonas por parte de nuestros familiares–que en el fondo se agradecen y se agradecerían mucho más si fueran compras en el negocio de cajas- ponen a uno en un dilema.
Sí, es cierto: uno como “autor” quisiera vender todos sus libros -o cualquier otro proyecto-, pero venderlos a gente “interesada” en el producto, no que los compre una tía o una abuelita para regalárselo a sus comadres que sólo leen misales y La Biblia. Con esto no quiero devaluar a la familia ni a los que leen la chingada Biblia, pero, honestamente, cuando un familiar hace este tipo de acciones, a uno le queda esa incertidumbre amarga de: “¿En verdad lo comprarán porque les interesa o nomás por ayudar… o por lastima?”.
La familia, en su eterna bondad, no ve lo humillante que puede resultar para uno -que se siente escritor, snif- que hagan eso. Porque, entonces, cuándo no esté la familia, ¿quién diablos nos va a comprar los libros?
Por eso hago un atento llamado a todos los lectores de este blog y de Recolectivo, para que hagan sus pedidos e impidan que mi malvada tía Eleazarita se quede con los últimos 50 ejemplares de Diarios del Fin del Mundo. El 1 de abril será el último día de ventas, porque ya necesitamos ponernos a planear el siguiente proyecto o pensar en una reedición. Saludos y gracias.
miércoles, febrero 24, 2010
martes, febrero 23, 2010
lunes, febrero 22, 2010
Estoy abajito de John Lennon
Hace algunos días recibí el correo electrónico de una persona que dio con mi blog gracias a un par de imbéciles que se plagian íntegros mis escritos y los presumen como suyos.
El autor del correo me dijo que “no hiciera berrinches” cuando le pedí que me facilitara los datos de los culpables para irles a partir su madre. Me dijo que hacer corajes por eso era algo absurdo y se negó a darme la información, por lo que sospeché que él era uno de los rateros.
Total que me tranquilicé y reflexioné que, en un país como México, viviendo rodeado de gente con mierda en la cabeza, uno puede esperar eso y cosas peores. Tenía razón el morro: hacer corajes por un robo, viviendo entre ladrones, era algo absurdo.
Le mandé un email con esa profunda reflexión y me respondió que el problema de los “plagios autorales” no era exclusivo de este país. Ahondó en el tema y mencionó que muchos de los grandes escritores de todos los tiempos habían plagiado descaradamente ideas y textos de otros escritores no tan conocidos, siendo los primeros quienes alcanzaban la fama, la admiración y la fortuna, mientras que los autores originales morían miserables y en el anonimato. Uno de los escritores ladrones que mencionó, fue Shakespeare.
Al saber esto, me quité un peso de encima, pues ya estaba comenzando a pensar que estaba loco o era un ignorante, pues siempre he considerado una mierda los textos de Shakespeare.
Por otro lado, no digo que todos estemos obligados a generar ideas nuevas o –como dice la gente común y corriente que gusta de frases prefabricadas- “descubrir el hilo negro”. Hablo simplemente de decencia; de vergüenza; de honestidad. Personalmente, yo me sentiría de la verga haciendo eso. Me sentiría pésimo al saber que no puedo pensar o sacar conclusiones propias ni siquiera en base a pensamientos ya existentes. Me daría un tiro al comprobar que mi cabecita no da para más y me orilla a la penosa necesidad de adjudicarme algo que no es mío.
Por ejemplo: hace poco recibí por correo -correo del antiguo, con cartero que pide propina y toda la cosa- un libro donde viene una frase de mi autoría: algo que publiqué aquí hace tiempo. Fue una lectora de este blog quien se dio cuenta y me lo mandó. Confieso que fue muy gratificante saber que su autor bien pudo haberse fusilado mi ocurrencia, pues nada le garantizaba que fuera a darme cuenta (honestamente, no creo que hubiera comprado el libro); sin embargo, le sacó la lengua al Lado Oscuro de la Fuerza, fue justo y me dio mi crédito.
Lo más chingón de todo, es que mi pensamiento lo puso debajo de uno de John Lennon... Snif... Gracias.
El autor del correo me dijo que “no hiciera berrinches” cuando le pedí que me facilitara los datos de los culpables para irles a partir su madre. Me dijo que hacer corajes por eso era algo absurdo y se negó a darme la información, por lo que sospeché que él era uno de los rateros.
Total que me tranquilicé y reflexioné que, en un país como México, viviendo rodeado de gente con mierda en la cabeza, uno puede esperar eso y cosas peores. Tenía razón el morro: hacer corajes por un robo, viviendo entre ladrones, era algo absurdo.
Le mandé un email con esa profunda reflexión y me respondió que el problema de los “plagios autorales” no era exclusivo de este país. Ahondó en el tema y mencionó que muchos de los grandes escritores de todos los tiempos habían plagiado descaradamente ideas y textos de otros escritores no tan conocidos, siendo los primeros quienes alcanzaban la fama, la admiración y la fortuna, mientras que los autores originales morían miserables y en el anonimato. Uno de los escritores ladrones que mencionó, fue Shakespeare.
Al saber esto, me quité un peso de encima, pues ya estaba comenzando a pensar que estaba loco o era un ignorante, pues siempre he considerado una mierda los textos de Shakespeare.
Por otro lado, no digo que todos estemos obligados a generar ideas nuevas o –como dice la gente común y corriente que gusta de frases prefabricadas- “descubrir el hilo negro”. Hablo simplemente de decencia; de vergüenza; de honestidad. Personalmente, yo me sentiría de la verga haciendo eso. Me sentiría pésimo al saber que no puedo pensar o sacar conclusiones propias ni siquiera en base a pensamientos ya existentes. Me daría un tiro al comprobar que mi cabecita no da para más y me orilla a la penosa necesidad de adjudicarme algo que no es mío.
Por ejemplo: hace poco recibí por correo -correo del antiguo, con cartero que pide propina y toda la cosa- un libro donde viene una frase de mi autoría: algo que publiqué aquí hace tiempo. Fue una lectora de este blog quien se dio cuenta y me lo mandó. Confieso que fue muy gratificante saber que su autor bien pudo haberse fusilado mi ocurrencia, pues nada le garantizaba que fuera a darme cuenta (honestamente, no creo que hubiera comprado el libro); sin embargo, le sacó la lengua al Lado Oscuro de la Fuerza, fue justo y me dio mi crédito.
Lo más chingón de todo, es que mi pensamiento lo puso debajo de uno de John Lennon... Snif... Gracias.
jueves, febrero 18, 2010
miércoles, febrero 17, 2010
martes, febrero 16, 2010
lunes, febrero 15, 2010
viernes, febrero 12, 2010
Las vergüenzas que pasa uno por ser de Monterrey (segunda parte)
Seré breve... Monterrey y su área metropolitana tiene casi 5 millones de habitantes. Se presume como la ciudad más cara para vivir en México, quesque por su pujante industria, por ser harto moderna, porque hay chingos de comercios, porque los centros educativos son de alto pedorraje, por su cercanía con los gringos, etcétera. Con todo y ese kit que pareciera de primer mundo, sigue habiendo nacos que hablan al radio o a la televisión ¡para mandar saludos!
Ejemplo:
-Ahorita te pongo la canción que solicitastesss, compadre -dice el pendejazo del locutor.
-Eh, compa, ¿y puedo mandar un saludillo? -pregunta el puñetas que habló para solicitar una canción que nunca le van a poner.
-Sí, adelante, ¿a quién le quieres mandar saludos?
-Pos a mi familia, ¿vedá?; que aquí me están oyendo (y se escuchan risillas de fondo). Un saludo pa´ellos, que aquí estamos en la casa cenando, ¿veda? (y se escuchan más risillas de fondo y de seguro los niños piensan que "su papá es famoso" porque se escucha su voz en el radio).
¡Unga Bunga!
P.D. En punto de las 12 de la noche, un escrito titulado "La historia de amor que jamás pudo ser" en Recolectivo.
Ejemplo:
-Ahorita te pongo la canción que solicitastesss, compadre -dice el pendejazo del locutor.
-Eh, compa, ¿y puedo mandar un saludillo? -pregunta el puñetas que habló para solicitar una canción que nunca le van a poner.
-Sí, adelante, ¿a quién le quieres mandar saludos?
-Pos a mi familia, ¿vedá?; que aquí me están oyendo (y se escuchan risillas de fondo). Un saludo pa´ellos, que aquí estamos en la casa cenando, ¿veda? (y se escuchan más risillas de fondo y de seguro los niños piensan que "su papá es famoso" porque se escucha su voz en el radio).
¡Unga Bunga!
P.D. En punto de las 12 de la noche, un escrito titulado "La historia de amor que jamás pudo ser" en Recolectivo.
jueves, febrero 11, 2010
miércoles, febrero 10, 2010
martes, febrero 09, 2010
Las vergüenzas que pasa uno por ser de Monterrey (primera parte)
Alguna vez un hombre muy sabio dijo: “El nivel intelectual de una ciudad se mide en base a las estrellas de su televisión”. Fue entonces que los regiomontanos quedaron como los seres más tarados del universo. Ese hombre sabio fui yo: un regiomontano que se avergüenza de haber nacido en esta tierra... ¿y cuál es su pinche pedo?
De entre las “celebridades” que desperdician el valioso tiempo aire de las televisoras, está este puñetas. Parece ser un plomero… o un maistro... o un lavacoches… o un Chabelo parchado… ¡sepa la verga qué chingados sea!, pero se hace llamar –agárrense- El Chilinflas.

De entre todo lo triste que pude tener este personaje –gordo, feo, trabajar en una televisora local, etc.-, lo más triste de todo es que el “departamento de producción” aún no puede ingeniárselas para fabricarle un bigote falso decente, que no sea dibujado con pluma Bic o marcador Pelikan. Es más, todos los quinces de septiembre venden en las calles de todo el país bigotes falsos a 10 pesitos: por favor no sean culeros y ya cómprenle uno al pobre Chilinflas. ¿O me van a decir que dibujarle el bigote es parte de su personalidad mal hecha? Yo, que trabajé en ese canal de mierda un par de años, sé cómo están las cosas de jodidas y cómo son los “ejecutivos”, con su filosofía de no pagar sueldos a cambio de hacer famoso a cualquier pendejo. No dudo que ahora el tal Chilinflas se haya puesto sus moños y haya amenazado con irse "a otra televisora" si no le daban un sueldo jugoso. Y crearon un monstruo.
Pero ahí no para la cosa, queridos lectores. Este “simpático actor” tiene su contraparte femenina con la que -no conformes con dañar a la ciudadanía a través del televisor- hacen shows privados para fiestas infantiles. ¡Pobres de nuestros niños! La vieja se hace llamar Petra, y es una ñora gorda que se disfraza de sirvienta y habla como indita para parecer simpática. Darwin estaría orgulloso de este par de especímenes, miren nomás:

Imagino la junta entre los ejecutivos de la televisora al momento de “crear” a la tal Petra:
-Necesitamos un personaje con el que se identifiquen los regiomontanos –diría el más alto de los mandos.
-Ya sé –respondería el mero mero de los creativos-: una típica indita de San Luis que haga el aseo en una típica casa regiomontana.
-¡Uuuuf, genial idea! Nunca se me habría ocurrido. ¿Y cómo le ponemos?
-Mmmm… ¡Chayo!… No, Chayo no… ¡Chona!… mmm, no… ¡Ya sé!: ¡Petra!
-¡Auméntenle el sueldo a este cabrón de inmediato! -gritaría el más alto de los mandos.
Chaaale… se maman.
Otro “famoso” que convierte en mierda los tubos de rayos catódicos, es este ruco ex drogadicto y pedote que se dice “comediante”. Agarren aire, aguanten la respiración o pongan un bote de basura a lado pa´que avienten la "gomitada", porque las fotos vienen muy fuertes:


Cuando su carrera estuvo en picada, la cosa ésta tuvo que salir a decir al aire –entre lágrimas de arrepentimiento, ay, snif, y una conductora muy pendeja que creía estar tocando fibras sensibles con sus estúpidas preguntas- que era borracho y adicto a las drogas y que había perdido a su familia a consecuencia de eso. No sé si el güey sintió que sus declaraciones tendrían un impacto tipo The E True Hollywood Story, pero decir que eres –o fuiste- adicto a las drogas y al alcohol es lo más patético que puedes hacer para recuperar “tu carrera”; sobre todo cuando has tenido una carrera tan mediocre.
Después, el güey quiso limpiar su imagen y se puso -según él- muy mamado, se hizo cirugías plásticas -¡las cuales televisaron!- y se casó con una morra como 30 años menor -¡televisaron la boda!-- con la que ahora tiene un hijo. Y sí, adivinaron: ¡también televisaron cuando nació su hijo!
El "talento" del güey éste es disfrazarse de Tarzán y de jotito, decir albures malísimos como: “¿Te quieres pasear en lancha?” o “Tu camisa es rosa celeste” y tener un antro “de comedia” donde cada fin de semana cuenta los miiiiismos chistes sobados de siempre. Si traducimos el éxito en dinero y en que en país de ciegos, el tuerto es rey, ¡este hombre es exitosísimo! Es más, de tan trabajador que es, hasta de luchador andaba como el Mayito Bezares, que ya en vez de dar risa da lástima.
Una vez que lo critiqué en público, me dijo un amigo: "Pues ya quisieras ganar la lana que él gana". Con ese comentario reafirmé una vez más que en país de ciegos el tuerto es el rey, que hay gente que no le importa tirar su dinero y que tengo uno que otro amigo muy pendejo.
Y ya mejor le sigo otro día, porque si no, voy a agarrar un pinche cáncer de estómago de tantos corajes que estoy haciendo. Ahí luego les presento a otras de las “estrellas” que iluminan el firmamento televisivo de mi pedorra ciudad.
De entre las “celebridades” que desperdician el valioso tiempo aire de las televisoras, está este puñetas. Parece ser un plomero… o un maistro... o un lavacoches… o un Chabelo parchado… ¡sepa la verga qué chingados sea!, pero se hace llamar –agárrense- El Chilinflas.

De entre todo lo triste que pude tener este personaje –gordo, feo, trabajar en una televisora local, etc.-, lo más triste de todo es que el “departamento de producción” aún no puede ingeniárselas para fabricarle un bigote falso decente, que no sea dibujado con pluma Bic o marcador Pelikan. Es más, todos los quinces de septiembre venden en las calles de todo el país bigotes falsos a 10 pesitos: por favor no sean culeros y ya cómprenle uno al pobre Chilinflas. ¿O me van a decir que dibujarle el bigote es parte de su personalidad mal hecha? Yo, que trabajé en ese canal de mierda un par de años, sé cómo están las cosas de jodidas y cómo son los “ejecutivos”, con su filosofía de no pagar sueldos a cambio de hacer famoso a cualquier pendejo. No dudo que ahora el tal Chilinflas se haya puesto sus moños y haya amenazado con irse "a otra televisora" si no le daban un sueldo jugoso. Y crearon un monstruo.
Pero ahí no para la cosa, queridos lectores. Este “simpático actor” tiene su contraparte femenina con la que -no conformes con dañar a la ciudadanía a través del televisor- hacen shows privados para fiestas infantiles. ¡Pobres de nuestros niños! La vieja se hace llamar Petra, y es una ñora gorda que se disfraza de sirvienta y habla como indita para parecer simpática. Darwin estaría orgulloso de este par de especímenes, miren nomás:

Imagino la junta entre los ejecutivos de la televisora al momento de “crear” a la tal Petra:
-Necesitamos un personaje con el que se identifiquen los regiomontanos –diría el más alto de los mandos.
-Ya sé –respondería el mero mero de los creativos-: una típica indita de San Luis que haga el aseo en una típica casa regiomontana.
-¡Uuuuf, genial idea! Nunca se me habría ocurrido. ¿Y cómo le ponemos?
-Mmmm… ¡Chayo!… No, Chayo no… ¡Chona!… mmm, no… ¡Ya sé!: ¡Petra!
-¡Auméntenle el sueldo a este cabrón de inmediato! -gritaría el más alto de los mandos.
Chaaale… se maman.
Otro “famoso” que convierte en mierda los tubos de rayos catódicos, es este ruco ex drogadicto y pedote que se dice “comediante”. Agarren aire, aguanten la respiración o pongan un bote de basura a lado pa´que avienten la "gomitada", porque las fotos vienen muy fuertes:


Cuando su carrera estuvo en picada, la cosa ésta tuvo que salir a decir al aire –entre lágrimas de arrepentimiento, ay, snif, y una conductora muy pendeja que creía estar tocando fibras sensibles con sus estúpidas preguntas- que era borracho y adicto a las drogas y que había perdido a su familia a consecuencia de eso. No sé si el güey sintió que sus declaraciones tendrían un impacto tipo The E True Hollywood Story, pero decir que eres –o fuiste- adicto a las drogas y al alcohol es lo más patético que puedes hacer para recuperar “tu carrera”; sobre todo cuando has tenido una carrera tan mediocre.
Después, el güey quiso limpiar su imagen y se puso -según él- muy mamado, se hizo cirugías plásticas -¡las cuales televisaron!- y se casó con una morra como 30 años menor -¡televisaron la boda!-- con la que ahora tiene un hijo. Y sí, adivinaron: ¡también televisaron cuando nació su hijo!
El "talento" del güey éste es disfrazarse de Tarzán y de jotito, decir albures malísimos como: “¿Te quieres pasear en lancha?” o “Tu camisa es rosa celeste” y tener un antro “de comedia” donde cada fin de semana cuenta los miiiiismos chistes sobados de siempre. Si traducimos el éxito en dinero y en que en país de ciegos, el tuerto es rey, ¡este hombre es exitosísimo! Es más, de tan trabajador que es, hasta de luchador andaba como el Mayito Bezares, que ya en vez de dar risa da lástima.
Una vez que lo critiqué en público, me dijo un amigo: "Pues ya quisieras ganar la lana que él gana". Con ese comentario reafirmé una vez más que en país de ciegos el tuerto es el rey, que hay gente que no le importa tirar su dinero y que tengo uno que otro amigo muy pendejo.
Y ya mejor le sigo otro día, porque si no, voy a agarrar un pinche cáncer de estómago de tantos corajes que estoy haciendo. Ahí luego les presento a otras de las “estrellas” que iluminan el firmamento televisivo de mi pedorra ciudad.
lunes, febrero 08, 2010
Andaba el refresco Tab de presumidito...

Chale... Me preocupa que cada vez entra gente más joven a curiosear a este blog. Me preocupa porque en un futuro nadie entenderá mis tiras con humor nostálgico ochentero, snif. Por eso, he optado en poner un "diccionario de imágenes":
Bicicleta Vagabundo
Refresco Tab
Control de Atari
La Balada del Vagabundo (escuchen bien la letra de esta rola "infantil" y entenderán (y se espantarán) por qué la gente pobre no merecen amor ni confianza, son feos, son como las flores marchitas, tienen el alma impura y son cosa del diablo... ¡ay, amachita!).
Bicicleta Vagabundo
Refresco Tab
Control de Atari
La Balada del Vagabundo (escuchen bien la letra de esta rola "infantil" y entenderán (y se espantarán) por qué la gente pobre no merecen amor ni confianza, son feos, son como las flores marchitas, tienen el alma impura y son cosa del diablo... ¡ay, amachita!).
Va otra:

Avalancha
Chabelo
viernes, febrero 05, 2010
De por qué la tecnología sirve pa´pura chingada
Llevo más de 12 años con la misma cuenta de banco. No porque sea un banco bien chingón -ninguno vale madre en realidad-, sino porque me la asignaron cuando entré a trabajar por primera vez.
Desde un principio hubo un error con mis datos: en vez de estar a nombre de "Gustavo", la cuenta está a nombre de "Gystavo". Pensé que a la larga tendría algún problema (ya saben como son los bancos de mamones), por lo que fui a pedirles que corrigieran el error. El gerente -muy amable él- me aseguró que no tendría problema alguno, que no me preocupara y que, aparte, era más pedo cambiar la letrita. Este último comentario lo tomé como una broma o como que el gerente era un pinche huevón.
Hace poco, cuando hice mi cuenta de Paypal, intenté corregir mi nombre, pues pensé que el Paypal se pondría mamón si mi nombre no coincidía con el de mi cuenta. Fui a una sucursal del banco y hablé con el mero mero. Aún no puedo creer el trámite que tengo que hacer para que cambien una "y" por una "u": llenar formas, firmar documentos, mandarlas a la sucursal de la chingada, mandar un correo a otro mero mero, esperar tres semanas su respuesta... ¡Todo por una puta letra!
Le pregunté al gerente si no podía simplemente cambiar mi nombre y ya, y me dijo que el sistema que usan no sé qué, que las contraseñas bla bla bla, que los candados de seguridad y demás chingaderas salidas de una mala película de ciencia ficción.
De buenas el Paypal no se me puso mamón y estoy recibiendo los pagos sin ningún pedo.
Lo que yo me pregunto es: ¿para qué vergas sirve tanta pinche tecnología si no soluciona las cosas más simples?
Desde un principio hubo un error con mis datos: en vez de estar a nombre de "Gustavo", la cuenta está a nombre de "Gystavo". Pensé que a la larga tendría algún problema (ya saben como son los bancos de mamones), por lo que fui a pedirles que corrigieran el error. El gerente -muy amable él- me aseguró que no tendría problema alguno, que no me preocupara y que, aparte, era más pedo cambiar la letrita. Este último comentario lo tomé como una broma o como que el gerente era un pinche huevón.
Hace poco, cuando hice mi cuenta de Paypal, intenté corregir mi nombre, pues pensé que el Paypal se pondría mamón si mi nombre no coincidía con el de mi cuenta. Fui a una sucursal del banco y hablé con el mero mero. Aún no puedo creer el trámite que tengo que hacer para que cambien una "y" por una "u": llenar formas, firmar documentos, mandarlas a la sucursal de la chingada, mandar un correo a otro mero mero, esperar tres semanas su respuesta... ¡Todo por una puta letra!
Le pregunté al gerente si no podía simplemente cambiar mi nombre y ya, y me dijo que el sistema que usan no sé qué, que las contraseñas bla bla bla, que los candados de seguridad y demás chingaderas salidas de una mala película de ciencia ficción.
De buenas el Paypal no se me puso mamón y estoy recibiendo los pagos sin ningún pedo.
Lo que yo me pregunto es: ¿para qué vergas sirve tanta pinche tecnología si no soluciona las cosas más simples?
jueves, febrero 04, 2010
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