A lo largo de casi diez años escribiendo en este espacio, he recibido correos electrónicos de todo tipo. Algunos de ellos, memorables; otros, entrañables. Aquí algunos ejemplos:
Los hombres que me adulan siempre aclaran que NO son gays. Relájense, vatos. Relájense, aflojen el ano y reciban... ¡¡¡no es cierto!!! Nunca he pensado que son gays aunque me digan cosas de amor homoerótico o tengan cara de Fabiruchis.
Una vez una lectora quería ponerse en contacto con mi mamá porque quería que su futuro hijo fuera como yo. ¿Por qué hacerle ese daño al pobre chamaco?, snif.
Una vez un güey se ligó a una morra fusilándose casi todos mis escritos. Fue descubierto y se la pasó el resto de su vida en casa de sus padres, haciéndole el amor al Compayito con cremita Lubriderm.
Quien te adula también aclara que no es lamehuevos. No le tengan miedo a la adulación, chavos; vieran qué bonita es. Malo cuando se es un pobre diablo y cualquier cumplido inflama tanto el ego que se despegan los pies del suelo.
Un estudiante de doctorado del Departamento de Estudios y Planificación Urbana del MIT, al que conocí por accidente, se puso en contacto conmigo años después para saludarme y para decirme que me convertiría en uno de los moneros más chingones de mi generación. Lamento haberlo defraudado, snif.
Hubo otros que amablemente me pidieron dibujos o poemas o fragmentos de mis escritos para conquistar -o reconquistar- morritas que disfrutaban de mi trabajo.
Me gusta que la gente me escriba diciendo que fue grato encontrar mi blog para enterarse que no son los únicos en el mundo que piensan o sienten como lo hacen. Me emociona que la gente esté despierta, que no piensen que están mal por no cubrir ciertos cánones sociales y no pretendan aparentar algo que no son por complacer a los demás.
Una vez hicieron un cortometraje inspirado en uno de mis escritos.
Gracias a este espacio me han caído propuestas de trabajo, entrevistas y fama efímera, snif.
Algunos seguidores de mi antiguo trabajo en Grupo Reforma después se hicieron seguidores de mi blog.
He recibido historias impresionantes, de gente admirable.
Me gusta conocer a mis lectores -nunca me ha gustado llamarlos "fans"-, aunque no me digan todo lo que sienten cuando estamos de frente. Pero bueno, supongo que para eso está el correo electrónico.
Me gusta que me digan que mis escritos son honestos, pues me recuerdan que lo que pienso y siento lo es.
No me gusta que me envidien, aunque sea "envidia de la buena"; prefiero que retomen lo que les gusta de mí y lo apliquen en su vida diaria.
Para algunos lectores, soy Guffo Wan Kenobi.
Que la fuerza esté con ustedes. Buen fin de semana.