jueves, abril 06, 2006

kansas blues

Lee la primera carta arriba del avión y así vete en orden todos los días, me dijo. Yo obedecí. Ese fue el punto de quiebra de mi llanto. Volví a meter la carta en la cajita de plástico, en el mismo lugar de donde la había sacado.

Aterrizamos en Topeka. A pesar de la desvelada del día anterior, no dormí ni un minuto durante el vuelo. Dos maestros del Maur Hill Institue me esperaban puntualmente en el aeropuerto; los distinguí desde la banda giratoria de las maletas porque cargaban con una pancarta que decía mi nombre. Pensé que eso de las pancartas con el nombre de uno sólo le sucedía a gente importante o en las películas. La bienvenida fue cálida. Me ayudaron a cargar los velices llenos de ropa para todo un año. Mr. Ríos y Miss Paula hablaban en un español agringado pero con muy buena pronunciación. Mr. Ríos parecía un mojado indocumentado y no sé si el acento gringo lo hacía a propósito o en realidad no hablaba bien el español por ser norteamericano de padres -o abuelos- mexicanos El camino de la sala 7B hasta el estacionamiento fue largo. Mr. Ríos y Miss Paula rompían el silencio hablando sobre el clima, un huracán y no sé qué más; yo iba pensando en otras cosas -comprar un walkman, comprar sobres y timbres postales para las cartas, aprender a lavar ropa blanca y de color- y no les presté mucha atención.

Subimos las maletas en la van: Maur Hill Institue, decía sobre la puerta en letras casi doradas. En la ventana había un pegote de un cuervo con uniforme deportivo, la mascota de la escuela, pensé. El trayecto a la escuela fue largo y espectacular. Mirando a través del cristal, comprendí de qué me habían estado hablando los dos maestros en los pasillos del aeropuerto. Dos semanas antes, el huracán Calvin había azotado algunos poblados del estado de Kansas, destruyéndolos casi en su totalidad. Era algo impresionante. A la orilla de la carretera se podían ver refrigeradores, sillones, coches volteados, árboles partidos a la mitad, televisores, bañeras, postes de luz acostados, vacas despanzurradas, paredes enteras, puertas, ventanas y grandes charcos anegados. Todo estaba reducido a pedazos, como en pedazos había dejado el corazón de mi madre y de mi primera novia.

Volví a leer la primera carta en la camioneta, mientras Mr. Ríos seguía hablando del huracán. La primera carta terminaba con algo así: “…cada día vas a leer una carta, no importa la hora ni el lugar. Sólo te pido que la última de ellas, la que está al final de la cajita, la leas arriba del avión de regreso…”. Faltaba demasiado para ese día y me volvieron a dar ganas de llorar.

15 comentarios:

Poly dijo...

Estimado Guffo: Muy emotivos sus dos ultimos capitulos. Algunos de nosotros dificilmente nos tveriamos a dejar o ni siquiera llegar a los limites del estado donde nacimos. Yo en mi particular caso tengo el deseo de enviar a mi engendro a uno de tales lugares, la pregunta es ¿Vale la pena?.

manuel dijo...

Felices épocas en que el correo tardaba 15 días en llegar de un lado a otro, ahora es instantáneo y en tu cel.
Bueno, no todo tiempo pasado fue mejor


Saludos

.:Lemon:. dijo...

Saludos, Maese Guffo.
Viví algo similar en el 97, cuando dejé mi rancho para irme un año a Chicago. Solo hubiera podido darle dos consejos en aquel entonces: VIVA, con letras y acciones mayúsculas, y nunca permita que algo con tonos rojos se cuele al montón de ropa blanca. Yo guardo de recuerdo unos calzones rosas que me tuve que poner ante la crisis monetaria de mi bolsillo, snif.
Un abrazo, Guffo.

MEOW dijo...

Típico de cuando viajas solito, no sabes ni lavar la ropa, y aprendes

Te cuesta uno y la mitad del otro, pero aprendes

besos compa

Farra dijo...

decia, que...cuendo lei este post, por un momento me imágine estar leyendo un libro escrito por el buen Guffo, ojala que algún día lo hagas, creo que valdría la pena. buen fin!

EL MATUTE dijo...

Pinche Guffo y nos vas a tener con el chile adentro hasta que cuentes que decia la ultima carta, no manches. Mis papas tambien me escribieron carta, pa "los momentos dificiles" y es fecha que todavia la conservo, la leo y me vuelvo a poner a chillar, recordar es vivir!!! saludos, buen w-end y feliz semana santa.

Juanelo dijo...

no alcanzaste a ver a Dorothy??


no veda, se habia ido con el tornado, antes de que llegaras...

a si me pasa a mi cuando le leo compadre, me transporta muy chido a ese lugar que no conozco, pero al cual ya fui...

saludos compadre, buen fin.

flacoman dijo...

Y no le dieron ganas de leer todas las cartas el mismo dia maestro? yo no me podria aguantar las ganas, eso de extranar ta feo.

Saludos! Buen fin de semana!

Sivoli dijo...

Yo también las hubiera leído todas. Y luego una por una cada día.

Buen detalle señor... Que disfrute los próximos días de hueva.

Guffo Caballero dijo...

Jajajaja, pues la mera verdad no me entró la tentación de leerlas todas. No había mucho que hacer en la escuela ni en el pueblo, así es que entre más tareas tuviera para distraerme, mejor; leer una carta diaria era una de esas tareas. Saludos a todos y buen fin de semana.

angello dijo...

NO MAMES GUFFO, HASTA ME DIERON GANAS DE HACER UNA NUEVA VERSION DEL MAGO DE OZ, DONDE TU SERAS DOROTY, EL JUPO EL LEON COBARDE, EL PANCHO LOPEZ EL HOMBRE DE OJALATA Y EL CHAVA EL ESPANTAPAJAROS JAJAJAJAJA, EL AREVALO SERA LA BRUJA MALA DE DONDE NO ME ACUERDO DONDE MADRES MADRES, LA QUE MANDA LOS MONOS, AL ARNOLDO Y AL BONY, JAJAJJAAJAJAJAJAJAJA, QUE MAMADA Y ESO NOMAS POR ESTAR PISTENDO. Y MORA OBIAMENTE SERIA EL MAGO DE OZ, PERO CON UNA VOZ MEDIA PUÑAL Y PIDIENDO SU COCOL, JAJAJAJAJAJA.

El Tremendo Juez dijo...

que triste es dejar el nido para salir a buscar nuevos horizontes. Te felicito Guffo por tener esos huevooootes, no le hace que hayas llorado mucho.

p.d pasen a mi blog, no sean ojais, que soy nuevo en esto.

Luis Luna dijo...

Oiga Guffo, ya se puso buena la novela... esperamos el siguiente capitulo.

Anónimo dijo...

esta es la primera vez que te escribo aunque leo tus blogs siempre, este en especial me hizo recordar lo que yo vivi cuando tambien me fui a estudiar a los USA, la diferencia radica en que las cartas las escribieron mi mamá y mi hermana, las escondieron en mi maleta sin que yo me diera cuenta, asi que al desempacar mis cosas la sorpresa fue enorme no eran muchas pero si muy emotivas y efectivas, hace ya rato que regrese de alla, pero aun las conservo, y cuando algo no anda muy bien en este mundo las leo como si fuera la primera vez y siempre vuelvo a llorar...

CHAD dijo...

"vacas despanzurradas"

Ya se me quito lo triste. No traera unas fotitos por ahi. jojojo!