lunes, octubre 19, 2015

No borders

Pues ahora resulta que los novedosos de Bimbo sacaron un pan sin orillas ("pan sándwich corteza tierna", le dicen los mamones). Y lo vienen a sacar treinta años después de que ya a tooooodo el mundo se le había ocurrido esa idea. ¿O a poco a ustedes nunca se les ocurrió?

Tan importante acontecimiento me llevó a cuestionarme de dónde salió esa manía que tiene la gente de quitarle las orillas al pan "de caja", porque, seamos honestos: no es que los bordes sepan horribles o distintos al resto de la rebanada, sino que -me atrevo a pensar- esa maña es más bien cuestión de estética: para que se vean bonitos los canapés y los sangüichitos de los martecitos con las amigüigüis.

Yéndome al extremo mamador conspiranóico, podría pensar que eso de discriminar las orillas de la hogaza es una cuestión de racismo y clasismo -actitudes tan típicas en este país-, pues éstas son "de color humilde", como toda esa gente que desprecia el mexicano promedio.

Otra razón de la ausencia de orillas podría ser la creciente obsesión de las personas por comer sano y verse delgadas, por lo que, supongo, han de creer que quitándoselas "engordan menos".

Pero lo que me parece más lógico es que este fenómeno se relacione con el desprecio hacia las tapas: si alguien sufre discriminación y bullying en el mundo del pan, son las pobrecitas tapas, snif Y volvemos a lo mismo: ¿por qué nadie quiere las tapas?

¿Cuántas veces, buscando comida en los botes de basura, no hem.... Digo, perdón: ¿cuántas veces no hemos visto personas tirando la bolsa del pan con las tapas? Es más, me acuerdo de una vez, mientras me preparaba un sándwich con tapas en casa de un amigo, éste me dijo convencido: "No mames, güey: ésas no se comen". "¿Entonces para qué las ponen?", respondí. Lo que ahora me preocupa es toparme a este amigo y se acuerde de aquella anécdota y, con esto que hizo Bimbo de quitar orillas y tapas, el güey éste crea que siempre tuvo la razón y me diga: "Ya ves, güey: por eso se las quitaron, porque no se comen". Pero bueno, espero nunca topármelo.

He de confesar que siempre que alguien le quita las orillas al pan me pregunto si también le quita la corteza a un bolillo para dejar sólo el migajón y hacerse una torta con él. Suena raro, ¿no? Pues bueno: así de extraña me parece esa costumbre de mutilar la corteza de las rebanadas. Lo bueno es que Bimbo ha llegado a solucionar tan importante problema.

Escribo este post tan idiota porque cada que veo panes sin bordes, me vienen a la mente recuerdos primigenios. Me remonto a mi infancia: a la niña de la que estaba enamorado en la primaria, quien acostumbraba arrancarle las orillas a sus sándwiches de Cheez Whiz y Aladino para dármelas (las orillas). Una vez le pregunté que por qué no le decía a su mamá que se las cortara en su casa y así ya no tenía que quitárselas en el salón. Me respondió: "Ay, pues porque si le digo, ya no te las voy a poder dar, menso" (las orillas). Creo que cuando escuché esto fue la primera vez que sentí mariposas revoloteándome en el pecho, snif.

Si algo le agradezco a Bimbo por este nuevo producto, es haberme traído de vuelta este hermoso recuerdo. Pero habrá que maldecirlo también porque, al quitarle las orillas al pan, le quita la oportunidad a miles de niños de recibir los bordes del sándwich de la niña que les gusta, snif. 

Por lo tanto, en protesta, me haré un sándwich con las dos tapas y sin quitarle las orillas al pan de en medio. A este sándwich lo he bautizado como "Sangüichón Mamalón", y lleva: salchicha polaca, jamón serrano, pechuga de pavo, queso gouda, espinacas, aguacate, aceitunas, cebolla morada, tomate, mayonesa, mostaza y un poco de pimienta. ¡Salud!

miércoles, octubre 07, 2015

Lontananza

Una de mis palabras favoritas es "lontananza". Significa "lejanía". A la lejanía la relaciono con horizontes montañosos, atardeceres en el mar y la incertidumbre de lo que suponemos vendrá. No por nada y aunque suene cursi "lontananza" rima con "esperanza". 

La lejanía es como el final del arcoíris: entre más te acercas, más se aparta. Por eso, debido a esta naturaleza inalcanzable, requiere sólo de contemplación y silencios.

He conocido muchos lugares con este nombre. Sobre todo cantinas. Llamar "Lontananza" a una cantina me parece una acción que raya en lo poético; que honra con el nombre todas las miradas perdidas de los clientes que, frente a un vaso de alcohol, buscan la paz interior, evadirse por un instante o solucionar alguna duda existencial: como si contemplaran el horizonte.

También me ha sorprendido ver tabernas con este nombre en poblados pequeñísimos, donde apenas y hay escuelas. Uno pensaría prejuicioso que es uno que si "lontananza" no es una palabra de uso común en "las ciudades modernas", no lo será en "lugares menos favorecidos por el progreso". Pero tal vez "lontananza" fue alguna vez una palabra que se decía con frecuencia. Tal vez hace mucho tiempo existió un país en donde todos sabían su significado, apreciaban su carga poética y comprendían su trasfondo filosófico. 

Como dato histórico, se dice que la primera cantina que existió en Monterrey se llama Lontananza. Está ubicada sobre la calle Aramberri, en el centro de la ciudad. Tiene más de un siglo de vida y confieso apenado nunca he ido a tomarme una cerveza.

Como dato literario, David Toscana, el escritor regiomontano más reconocido a nivel mundial después de Alfonso Reyes, escribió un libro de relatos basado en este lugar: Historias del Lontananza (o Lontananza, dependiendo la edición que consigan).

Por último: creo que debería existir una ciudad llamada Lontananza; una bebida; una verdura; una película; una balada rock; una bicicleta; una mascota y hasta la salsa para una pasta, porque supongo mientras haya más gente que conozca el significado de "lontananza", habrá esperanza.

Lectura muy recomendable.
Foto tomada de Google Maps del mítico Lontananza, en Monterrey
Miscelánea Lontananza, en Parras de la Fuente, Coahuila
Cervecería Lontananza, en el municipio de García, Nuevo León
Hubo una vez un equipo de futbol amateur llamado Lontananza 

miércoles, septiembre 30, 2015

Meditación de miércoles

Hay un fragmento en la célebre novela No es país para viejos, del escritor estadounidense Cormac McCarthy, que me marcó como pocas frases de libros me han marcado. De hecho, creo haberla compartido en este espacio un par de veces. Es una reflexión tan certera acerca de la decadencia de las sociedades actuales, que me provoca tristeza y escalofríos releerla. Es una cavilación del sheriff Ed Tom Bell, personaje principal del libro, que describe de manera contundente esta degeneración social, y, al mismo tiempo, devela la razón y posible solución al problema; solución que, de tan sencilla, pareciera una fantasía. Aquí el fragmento del libro: 

Me parece saber hacia dónde vamos. Nos están comprando con nuestro propio dinero. Y no son sólo las drogas. Hay por ahí fortunas acumuladas de las que nadie tiene ni idea. ¿Qué pensamos que va a salir de ese dinero? Un dinero que puede comprar naciones enteras. Ya lo ha hecho. ¿Puede comprar este país? Lo dudo. Pero hará que tengas tratos con quien no deberías... Narcóticos siempre han existido. Pero la gente no decide drogarse así porque sí. A millones. No tengo respuesta para eso. En concreto no tengo una respuesta que me dé ánimos... Todo se origina cuando se empiezan a descuidar los buenos modales. En cuanto dejas de oír Señor y Señora el fin está a la vuelta de la esquina.

Retumban en mi cabeza las dos últimas frases: Todo se origina cuando se empiezan a descuidar los buenos modales. En cuanto dejas de oír Señor y Señora el fin está a la vuelta de la esquina. Me inquieta esto último hoy más que nunca, cuando la gente se sorprende de que llegue un convoy de la policía a su "barrio bien" y se lleven detenida a la vecina que acaba de acuchillar a sus tres hijo. Me perturban estas dos frases hoy más que nunca, cuando una caravana del ejercito irrumpe en una "colonia buena" para llevarse a un un grupo de hombres relacionados con actividades criminales. Y me pregunto: ¿qué les sorprende, si ni los "buenos días, vecino" dan?

Vivimos entre delincuentes y ni cuenta nos damos. Podré parecer inocente, pero le doy la razón a McCarthy. En una sociedad donde no se han perdido los buenos modales, se respetan la reglas mínimas de convivencia social, y la amistad y la confianza están bien cimentadas, no hay cabida para este tipo de personas.

¿Y saben qué es lo más curioso?: que si estos parásitos tuvieran un poquito de cerebro, la civilidad podría servirles de disfraz. 

martes, septiembre 22, 2015

Agradecimiento

Muchas gracias a Carlos L. Malo, del periódico El Norte, por dedicarle la última página de la sección dominical, Los Monitos, a mi trabajo:

martes, septiembre 15, 2015

El arte de comer mierda

De seguro han escuchado la frase que dice: "La política es el arte de comer mierda sin hacer gestos". A veces hay quienes la complementan con: "... y pedir que te sirvan más a puños".

De cualquiera de las dos formas, la frase es patética, pero aumenta su nivel de patetismo cuando viene de la boca de alguien que se dedica, precisamente, a la política.

Me ha tocado escuchar amigos y conocidos, metidos en algún partido o buscando algún puesto de elección popular, repetir este aforismo sin reparo; y pues, qué triste, ¿no?

Será que no me imagino a alguien refiriéndose a su profesión, vocación o pasión como "el arte de comer mierda". ¿O se referirían ustedes a lo que hacen de esa manera? Vamos, ni los buzos del drenaje profundo se expresan así de su trabajo.

También me pregunto si en otras latitudes -Noruega, Dinamarca, Holanda, Argentina, Brasil-, quienes hacen política, se refieren así a ésta, o esa sentencia la aplican nada más aquí en México.

A lo que voy es: ¿cómo no va a ser la política una cagada si hasta quienes la ejercen piensan que lo es? ¿Cómo no va a ser una mierda si hasta quienes la practican piensan que es un acto hipócrita y repulsivo?

En lo personal, esta máxima nunca me ha parecido del todo cierta, pues pocas veces hemos visto políticos tragando mierda, pero sí infinidad de ciudadanos tragándose la que estos les avientan.

¡Viva México!

miércoles, septiembre 09, 2015

¡Aguas con el agua!

Pues resulta que a final de cuentas el mentado acueducto Monterrey VI no se llevará a cabo, según palabras del Bronco, gobernador electo en el estado de Nuevo León.
En lo personal, este proyecto millonario siempre me pareció absurdo, caprichoso, peligroso y sospechoso; pero bueno, habrá quienes sigan teniendo sus razones para defenderlo.
Que si el fracking, que si el gas shale, que si el costo de operación, que si el impacto ambiental, que si el desabasto de agua... Ya uno no sabe ni a quién creerle; pero si ustedes, flamantes lectores, están más empapados del tema y tienen más información fidedigna que este servidor, agradecería sus comentarios y opiniones.
A lo que voy es que me llama la atención quienes defendían y justificaban este proyecto ondeando la bandera de "la carencia de agua".

Desde que tengo memoria, Nuevo León tiene pedos con el abastecimiento de agua, a pesar de tener ¡tres presas! Cerro Prieto, Rodrigo Gómez y El Cuchillo para satisfacer tal demanda. Pero pareciera que no son suficientes, pues siempre ¡siempre! hace falta "el vital líquido" como lo llaman los reporteros mamilas, siempre hay recortes, siempre hay sequías y siempre estamos al borde de un árido cataclismo.

Por un lado, podría parecer lógica esta escasez, pues somos una ciudad en donde se producen desde hace más de 100 años cosas que requieren de un chingo de agua: cerveza, agua mineral, refrescos, vidrio, plástico, cemento, acero, celulosa, etcétera; productos de los que por cierto nunca me he enterado que haya un desabasto o una reducción en su producción por falta de agua; y, que yo sepa, el agua que requieren la adquieren aquí, no en Veracruz, Tabasco o el Caribe.
Por otro lado, lo obvio sería que, siendo un territorio con este tipo de pilares económicos, el agua brotara a borbotones, ¿no? Y pues sí: dicen los que saben que Nuevo León tiene agua pa´aventar pa´rriba en el subsuelo, pero le pertenece a las empresas desde hace años y nomás por sus huevos.

Si se fijan, verano tras verano bombardean al ciudadano común con campañas televisivas y radiofónicas para que "ahorre" agua. Y no es que esto esté mal, pero pareciera que nosotros, quienes limpiamos el cepillo de dientes bajo el chorro del lavabo y no en un vaso con agua, somos los culpables de tan alarmante carencia.

Si fueron niños, jóvenes o adultos en los años ochenta, recordarán una exitosa campaña televisiva para el cuidado del agua. Era tan pegajosa como la del "Ándale, así sí" que les tocó a los millennials, pero ésta tenía como personaje principal a un simpático gordito hijo de uno de los Polivoces– que regañaba a su criada gritándole: "¡Amandaaa: ciéeeerrale!". De hecho, si querías bullear a un gordo en aquella época, le gritabas: "¡Amandaaa: ciéeeerrale!", y hacías un ademán con la mano, como si cerraras una llave.

Recuerdo otra campaña creo que ésta sí era local en donde aparecía un güey bañándose en friega, con la obertura de la ópera Guillermo Tell de fondo. El tipo cerraba la regadera, se ponía una toalla en la cintura, bajaba las escaleras corriendo y salía a la calle, donde lo esperaba una multitud aplaudiendo entusiasmada detrás de una especie de "Meta", mientras un hombre trajeado algo así como un juez observaba su reloj de muñeca y decía que el recién bañado acababa de imponer un nuevo récord. La campaña "retaba" a la gente a bañarse en menos de cinco minutos.

Neta que tanta campaña para cuidar el agua llegó a provocar en mí mucha ansiedad. Me angustiaba que en mi casa llenaran una cubeta para trapear y el agua comenzara a desbordarse; me angustiaba ver que la mamá de algún amigo de la cuadra regara la banqueta, o ver que algún tinaco de alguna azotea estuviera chorreándose. Neta que me angustiaba mucho. Pensaba que el agua se iba a acabar y moriríamos todos de sed al día siguiente. Supongo que al provocar esto en mi persona, las campañas fueron exitosísimas, pues me hicieron un ciudadano consciente y aterrado sobre lo importante que es cuidar el agua.

Y aclaro: para mí eso está muy bien, pero: ¿y las empresas, apá? Nunca ¡nunca! he visto una sola campaña sobre el cuidado del agua dirigida a las empresas que han acaparado este recurso por sus purititos huevos (tal vez por lo mismo: porque el agua "es de ellos" y pueden hacer con ella lo que quieran y que los ciudadanos se jodan).

Pero bueno: espero que esto de la cancelación del acueducto Monterrey VI sea para el beneficio de todos; sobre todo, para los ciudadanos comunes y el tan vapuleado medio ambiente. Y si nos va mal y se acaba el agua, ¡no importa!, que al cabo hay un chingo de refrescos y cerveza para beber, ¿no?

martes, agosto 25, 2015

Abuso de confianza

Cada una de las salas de visita está dividida a la mitad por un vidrio grueso con orificios. Son cuartos pequeños, de aproximadamente dos metros por dos metros, sin ventilación, con una lámpara de cada lado que hace que las paredes blancas destellen de forma peculiar. Aunque la iluminación es abundante, la acústica no es muy buena, por lo que hay que pegarse al cristal para hablar y escuchar con claridad. Afuera de estos recintos, del lado de los detenidos, un elemento de seguridad hace guardias cada que algún familiar de estos pide tiempo para una visita.

Con Jairo había tenido algunas consideraciones, debido a su situación. Como lleva casi seis meses en prisión preventiva, decidí permitirle ver a su familia en otra parte que no fueran las entrañas de estos cubos de yeso tan impersonales y luminosos. Recrear en mi cabeza la imagen de Jairo con las manos pegadas al vidrio a la altura de las manos de su madre, novia o hermanos –como si se tocaran–, me resultaba triste e indignante; por eso decidí que recibiera sus visitas en un espacio más amplio: una sala de espera con cámara de seguridad y lugar suficiente para que cinco o seis personas puedan estar sentadas. 

Pero todo cambió ayer. La noche estaba tan tranquila que me di el lujo de ver una película en la computadora de mi oficina, hasta que escuché el característico silbido que hace Jairo cuando necesita hablar conmigo. Al escuchar el chiflido, le puse pausa a la movie –que iba a más de la mitad–, me puse de pie y me dirigí al área de celdas. Jairo estaba sentado sobre el muro que le da privacidad al escusado: ése por el que se vio que el Chapo de pronto desapareció. Al verme, Jairo dio un salto hacia el suelo y se dirigió al enrejado. Me saludó de mano por segunda ocasión en mi turno. Lo noté impaciente.

–¿Qué onda, Jairo? –le dije.

–Oiga, Lic., es que necesitaba hablar con usted.

–¿Qué fue?, dime.

–Es que le tengo que confesar algo, pero no quiero que le diga a nadie ni que me lo vaya a tomar a mal ni que se vaya a enojar conmigo.

–Ya me intrigaste, ¿qué pasó?

Jairo me observó dudoso, con una risa nerviosa y las cejas arqueadas. Quizás pensó que por sus palabras creí que me confesaría su culpabilidad o complicidad en el delito del que se le acusa, pero ni por la cabeza me pasó esa idea. Después de unos segundos, Jairo lo soltó.

–La semana pasada, ¿se acuerda que vi a mis papás y a mis carnalillos en la sala de espera?

–Sí, ¿por qué?, ¿qué pasó? –empecé a impacientarme debido a la curiosidad.

 –Pues es que ese día mi mamá me dio un celular envuelto en el periódico, para que pudiera mensajear con mis carnalillos y con mis amigos.

Me quedé inmóvil. No pude articular una sola palabra. La imagen positiva que me había creado de nuestra relación confianza-respeto, maestro de dibujo y crucigramas-alumno, se derrumbó en segundos. Sentí una mezcolanza de rabia, decepción y tristeza. Un "Eres un pendejo, por confiado" me retumbó en las paredes del cráneo. Imaginé a toda la gente que conozco, diciéndome: "Esa gente así es: les das la mano y te agarran el pie". Noté cómo Jairo trataba de descifrar mi rostro en silencio, por lo que intenté controlar la marejada de emociones que me invadía. Lo único que pude hacer fue sonreí forzadamente, soltar un "¡Pfffff!" y una risa falsa, como si su acción me pareciera indiferente. Jairo se sintió en terreno seguro al ver mi reacción, y prosiguió hablando con soltura.

–No le había dicho porque me daba pena, porque sabía que lo podía meter en algún problema, por eso quería esperar al viernes, para devolverle el teléfono a mi mamá.

–No hay bronca. Nomás que no te lo vayan a ver –le dije–. ¿Dónde lo tienes?

–¿En serio no hay bronca?

–No. ¿Dónde lo tienes?

–Atrás del escusado. Envuelto en el periódico.

La sangre me hervía, los brazos me hormigueaban; pero seguía disimulando calma.

–Igual y mejor dámelo, para guardarlo en mi oficina, y te lo paso en las noches, para que no te lo vayan a cachar y nos metamos en un pedo grande.

Jairo asintió. Se dirigió presuroso detrás del muro del escusado, se agachó, sacó el periódico con el celular envuelto y me lo extendió como siempre me lo extiende para hacer el crucigrama:

–¿Me lo podría poner a cargar?

Tomé el periódico con el celular dentro y le dije:

–Vete a la chingada, cabrón. Abusaste de mi confianza. Bastantes consideraciones he tenido contigo y así me jodes.

–No, Lic., es que… Le pido una disculpa, Lic., pero es que…

–¡A la chingada! No vas a volver a ver a tu familia en la sala de espera. Todas las visitas van a ser a través del vidrio. Y si me dicen que tus hermanos no pueden pasar por ser menores de edad, no van a pasar. Ya no voy a interceder por ti para que tengas privilegios. Te mamaste, Jairo.

–Sí, Lic., yo sé que abusé y…

–Me chingaste, Jairo. Me lo hubieras pedido por la buena y ya veía yo cómo le hacía. Pero así no. Por esto me pueden chingar y por esto te puedes empinar tú –me di la media vuelta y regresé a mi oficina con un nudo en la garganta. A mis espaldas, Jairo balbuceaba: "Lic., venga, por favor... Lic...".

No pienso echarlo de cabeza. No le he dicho nada a nadie del trabajo. No por miedo a que me corran, sino para no perjudicarlo. Y si me corren, ya no me importa. A veces siento que es inútil seguir siendo humano en un ambiente deshumanizado. Los que pierden son ellos, no yo. Yo no voy a cambiar para hacerme como ellos creen que uno debe ser en estos ambientes.
Aquí tengo el celular en un cajón. Se lo voy a entregar a la mamá de Jairo cuando venga, sin decir una palabra. Quería pensar y actuar distinto al común denominador para cambiar la imagen que se tienen de las instituciones –"En vez de criticar desde una computadora, haz algo desde adentro"– pero las circunstancias obligan a uno a comportarse como el común denominador. Y eso no me gusta. No aporta nada. No soy así ni puedo ser de otra forma. Pero tal vez no necesitan que alguien aporte algo positivo ni sea "distinto", sino que todo siga igual, como ha sido por años.

Escucho desde mi oficina el silbido insistente de Jairo desde el área de celdas. Me pongo de pie, cierro la puerta con seguro y vuelvo a mi lugar para teclear esto.

viernes, agosto 21, 2015

Monterrey 2020

Vancouver trae un proyecto muy interesante llamado Greenest City 2020. Es un plan a cinco años que pretende hacer de esta ciudad la mejor para vivir en el mundo, todo mediante acciones ligadas a "lo verde": edificios verdes, transporte verde, trabajos verdes, huertos urbanos, energías alternativas, manejo de desperdicios, reducción de emisiones, etcétera. 

Una de las cosas que se busca con este ambicioso proyecto es que la mayoría de los ciudadanos se mueva a pie, en bicicleta o en transporte público, pues Greenest City 2020 pretende que se dependa lo menos posible de los combustibles fósiles, dándole prioridad a las "energías limpias" y a un estilo de vida saludable y en armonía con el medio ambiente. Si de por si Vancouver es una ciudad arbolada y consciente de su entorno natural, con este proyecto se busca plantar 150 mil árboles más, para así tener "el aire más limpio respirable en una gran ciudad". También se procurará reducir en un 50% los deshechos materiales y que todos los vancuveritas estén a, mínimo, cinco minutos de algún parque, bosque o área verde. Suena chingonsísimo, ¿no? Menciono sólo algunos de los puntos que llamaron mi atención de esta iniciativa, pero aquí les dejo el link del proyecto para que lo lean completito.

Y ahora les pregunto: ¿cómo creen que estará la ciudad de Monterrey en el año 2020? Yo, la verdad, y no es por ser pesimista, pero la veo peor que nunca. Devastada, sucia, saqueada, con el doble de pobres, el doble de fraccionamientos, el doble de coches, el doble de calles, el doble de idiotas, el doble de deuda y el triple de problemas. Pongo este ejemplo de Vancouver porque en verdad me preocupa voltear a ver mi ciudad -quesque rica, quesque empresarial y quesque de gente trabajadora- y no verle un futuro ni prometedor, ni verde, ni limpio, ni civilizado, ni próspero, ni nada. Estamos a años luz de ser un lugar con calidad de vida ejemplar. Es más: ni siquiera sabemos qué es calidad de vida.

Que más del 50% de los regiomontanos pudieran trasladarse a pie, en bicicleta o en transporte público a cualquier parte, es impensable. ¡Ni lo mande Dios! Eso es de pobres. ¿O acaso el gobierno pretende que todos nos hagamos pobres, como en Vancouver? Aquí en Nuevo León se apoya a empresas extranjeras del ramo automotriz para que vengan a invertir y a generar empleos, y así fomentar el uso del automóvil mediante créditos accesibles para que todos podamos hacernos de un coche y así construir más calles y más avenidas y más estacionamientos y más OXXO Gas y más Petro 7, pues así se generan más chamba y eso es sinónimo de progreso y modernidad y de riqueza; no andar a pie, en bicicleta, en camión o cultivando frutitas en los parques: ¡como pinche pobre!

Aquí en Monterrey se construyó un estadio de futbol -¡el más moderno de Latinoamérica!, híjoles, kemosión- sobre el último bosque urbano existente, sólo para que 22 millonarios pateen una pelota frente a 50 mil jodidos que mantienen millonarios a esos 22 y a otros cuantos.
También aquí se acostumbra gastar medio millón de pesos al día en transportación aérea, porque ¿quién dijo que nuestro estado -¡y mucho menos nuestra ciudad!- es pobre? Pobre Vancouver, que anda sembrando arbolitos como hippie y alentando con infraestructura a la gente para que camine y ande en bicicleta. Aquí en Monterrey podrá no haber una sombrita de árbol para resguardarse del sol, pero podemos darnos el lujo de que nuestros representantes se muevan en aeronaves.
Foto de El Norte
En fin. Mejor ya ni le sigo porque ya troné el medidor de sarcasmo, y, aparte, es viernes y no me quiero encabronar. Lo único es que sí creo que para el 2020 Monterrey se parecerá más a Burkina Faso y a Sierra Leona que a Vancouver. Es más: ni siquiera le llegará a los talones a Guadalajara. Y eso es muuuy triste. Aquí "calidad de vida", "proyecto ambicioso", "riqueza" y "primer mundo" siempre han tenido otro significado. Uno muy torcido. 

lunes, agosto 17, 2015

Uber

Un amable lector de este espacio me platicó por correo electrónico su experiencia trabajando para Uber. Aquí se las comparto con su autorización, para que conozcan un poco más sobre esta empresa. Aparte, quiero que lo lean porque creo que su relato es un fiel reflejo de lo que sucede en el triste ámbito nacional, y las ideas que pueden propiciar cambios positivos en la mentalidad y en el actuar de los mexicanos:

Hola Guffo. Disculpa la tardanza, es que no había tenido chance de revisar mis correos.

Te cuento rápido: la empresa donde trabajaba recortó personal debido a la inseguridad en el norte del país (los principales clientes eran/son PEMEX, CFE, Sistemas de Aguas y las oficinas de Catastro de los diferentes estados del país). Yo era técnico fotogrametrista y mi trabajo consistía en ubicar físicamente puntos topográficos sobre fotografías aéreas, medirlos con un GPS o dron y posteriormente procesar la información para convertirla en un mapa digital y así crear una red geodésica.

Entré a Uber en enero de este año, luego de buscar -sin mucho éxito- otras opciones relacionadas con lo que yo hacía. La verdad es que los sueldos raquíticos y las pocas oportunidades de crecimiento en los lugares donde busqué me motivaron a tomar esa decisión. 

No me arrepiento. Gano lo mismo que antes y en algunas ocasiones un poco más. No fue fácil, pues Uber te exige que pases por una serie de filtros que van desde un examen de 50 preguntas sobre ubicación y conocimiento de los puntos de interés en el Distrito Federal, (en mi caso), el cual debes pasar con al menos el 90% de respuestas correctas para continuar con el proceso de certificación como conductor, el cual consta de un examen psicológico, un examen psicométrico, una plática-entrevista con una psicóloga, un examen teórico-práctico de manejo y, por último, si pasas esos cuatro filtros, un examen toxicológico; además de presentar una carta vigente de no antecedentes penales, sin mencionar que no debes tener tatuajes ni perforaciones y mostrar una presentación aceptable (bañado, cabello corto, rasurado) al momento de brindar el servicio (traje y corbata), pues cuando un usuario solicita el servicio, aparece el nombre y la fotografía del conductor que te dará el servicio, su calificación en estrellas así como el modelo y las placas del automóvil que conduce, pues todos tus documentos están disponibles para consulta en el portal de Uber (IFE, licencia, carta de no antecedentes penales, fotografía tomada por Uber y comprobante de domicilio)

La política de Uber es tan estricta que te dan de baja si alguna usuaria se queja de que la miras con morbo o intentas ligarla; si les llamas después de dejarlas sin ninguna razón que no sea relacionada al servicio e, incluso, por negar el servicio a personas con discapacidad (de cualquier tipo) y/o que viajen con sus mascotas. Uber es "Pet Friendly": tiene cero tolerancia con este tipo de actitudes mencionadas.
Cada viaje eres calificado por los usuarios mediante estrellas y si no mantienes una calificación de al menos 4.7 estrellas, Uber te deshabilita una semana donde no puedes conducir y debes asistir a un curso, y si tu calificación no mejora, de plano te dan de baja. Los conductores deben bajarse del auto para darte la bienvenida, abrirte la puerta al abordar y descender del vehículo y mostrarse amables y atentos en todo momento. A grandes rasgos, eso es lo más importante. Los mayoría de los vehículos son del año y deben contar con :seguro de cobertura amplia (el dueño debe estar dado de alta en hacienda), botellas de agua de cortesía, paraguas, dulces, aire acondicionado, Chip TAG para usarlo en las autopistas urbanas, radio con entrada auxiliar para que el usuario ponga su música si así lo desea, deben estar limpios (lavados) y libres de olores extraños (aromatizante); además de que está estrictamente prohibido fumar dentro de un Uber.

Te menciono algunos otros puntos:

-Cuando te registras en la plataforma, tu primer viaje es gratis.

-Si por alguna razón el conductor te lleva a propósito por una ruta diferente o se pierde, tienes derecho a solicitar un "ajuste de tarifa", para que se te haga el cargo correctamente.

-Si olvidas algún objeto, puedes contactar al conductor o ir directamente a las oficinas a preguntar si el conductor devolvió el objeto olvidado. Si Uber sospecha que el conductor se lo apropió de manera indebida, puede aplicarle el polígrafo y, si lo considera necesario, el socio y/o conductor deberán reponer el objeto perdido por uno igual o con las mismas características.

-Los conductores pueden negar el servicio a usuarios que estén en avanzado estado de ebriedad o que muestren un comportamiento indebido, además de solicitar "tarifa de limpieza" en caso de que el usuario derrame alguna bebida o vomite dentro del vehículo.

-Los socios (propietarios de los vehículos) deben realizar también el proceso de certificación, pues en primera instancia Uber los considera como primeros conductores del vehículo; posteriormente, ellos deciden si contratan a sus propios conductores.

Saludos y que tengas excelente semana, un abrazo.

Después, para que corroborara que no estaba exagerando con las estrictas políticas de la empresa, mi lector me mandó un correo que le envió Uber sobre una situación que tuvieron con una persona con discapacidad. Aquí la captura de pantalla del correo. 
Ahora se imaginarán por qué están tan encabronadas con Uber las mafias que controlan los taxis.

El único "pero" que le pongo a Uber es eso de no contratar personas con tatuajes o piercings. Está medio arcaico. Todo lo demás me parece muy bien. Ojalá perdure. 

lunes, agosto 10, 2015

Barberías: el nuevo mame del año

Como si no fuera suficiente con los productos orgánicos, los restaurantes veganos, los food trucks, las cervezas artesanales, los mezcales gourmet, los gimnasios de crossfit y los negocios que empiezan con "La" y terminan en "ría" -La Lonchería, La Charcutería, La Tequilería, La Hamburguesería, La Chilaquilería-, llegan las barberías. Sí, las barberías son el mame más reciente del siglo.

El mítico "Tengo una banda de rock" fue mutando poco a poco hasta convertirse en el "Tengo un barecito", para seguir evolucionando hasta llegar al "Tengo un negocio de tatuajes", pasar por el "Tengo una marca de cheve artesanal", transformarse en el "Tengo un food truck" y culminar en el "Tengo una barbería". 

Y así como empezaron a salir programas televisivos sobre chefs, tatuadores, remodeladores de bares, dueños de casas de empeño, gordos que quieren adelgazar, camioneros que manejan en la nieve y pendejos que compran tiliches en bodegas olvidadas, no dudo que pronto tengamos una serie de televisión  (o igual y ya existe y yo ni en cuenta) que convierta a los barberos en los nuevos rockstars. Y por mí está bien; por mí se la pueden arrancar. 

Pero me llama la atención el reciente boom de estos lugares. Me llama la atención porque conozco a varios novedosos -ahora clientes asiduos de estas mentadas barberías- que no hace mucho tiempo tenían prejuicios bien cabrones sobre que un hombre les agarrara la cabeza y les cortara el cabello (sí, en pleno siglo XXI y en la moderna ciudad de Monterrey). Estos güeyes no iban a estéticas donde hubiera hombres porque de seguro eran "jotitos". Y pues bueno, muchas veces sí lo son, pero por mí está bien; por mí se la pueden arrancar, pero estos güeyes eran de que: "¡¿Cómo voy a permitir que un jotito me acaricie el cabello?! ¡Mucho menos que me agarre el rostro y me acerque el suyo para delinearme la barba!". Sí: tal cosa la consideraban una agresión a su virilidad. Y como que las barberías han venido a borrar un poco este tabú/trauma/fobia/prejuicio que -creo yo- comenzó con el surgimiento de las escuelas de belleza y las estéticas, que fue algo así como "la modernización" o "diversificación" de las barberías tradicionales.

¡Holis! 
Pero lo más curioso es que estos novedosos que ahora frecuentan las barberías modernas, antes no iban a las barberías clásicas. De hecho, las barberías más representativas de la ciudad de Monterrey han ido desapareciendo, snif. Lo que me dice que muchos clientes de estos lugares "revividos" son personas que actúan en base a moditas pasajeras -como la mayoría de los regiomontanos promedio-; y pues, qué triste, deveras, porque al rato también van a desaparecer estos negocios, como lo hicieron las peluquerías típicas.

Como paréntesis: recuerdo con cariño la peluquería -con su cilindro azul, blanco y rojo que giraba y toda la cosa- donde de niño me cortaba el cabello; ahí por la colonia Vista Hermosa, en un segundo piso. Pancho, el peluquero, me decía: "Si te mueves te mocho la oreja, cabrón", y yo mantenía el cuerpo rígido. De repente, Pancho me pasaba el borde sin filo de la navaja por detrás de la oreja y me decía: "¡Ándele, cabrón, casi se la mocho", y se reía al ver que se me saltaban los ojos, aguantaba la respiración y más rígido ponía el cuerpo.

(¡Ay, qué bonita historia, Guffo, casi lloro!).

Volviendo a lo de los prejuicios sobre que un hombre le dé mantenimiento a nuestros pelos: como que ahora con este concepto de barberías modernas buenaondita donde hasta puedes chupar alcohol, es distinto. Ahora los hombres muy hombres se dejan que otros hombres muy hombres, barbones, tatuados, con chalequito, corbata y pinta de malandro rehabilitado -al parecer ése es el requisito para trabajar en uno de estos lugares- les acaricien el rostro, se los masajeen, les pongan pomadas, bálsamos -¡qué palabra más maricona!- y les pongan toallitas calientes en sus delicados rostros; les vendan peinecitos y lociones y tratamientos para el cuidado de sus pelos faciales. Lo que nunca. Y por mí está bien; por mi se la pueden arrancar. Yo nunca he tenido pedos con que un hombre muy hombre o uno muy femenino me corte el cabello o me rasure. Mucho menos si es una chichona guapa :)

Somos bien malotes y, sobre todo, ¡bien hombres!
De hecho, este fenómeno del resurgimiento de las barberías me llama la atención precisamente por eso: porque el hombre se está haciendo vanidoso gracias a su barba. Como que el hombre que se cree muy hombre siempre ha tenido miedo a ser vanidoso; o al menos a exteriorizar su vanidad. El hombre muy hombre ve a la vanidad con rescoldos de feminidad. Ser vanidoso es ser femenino. Es como comer ensaladas: si te las comes con un rib eye de dos pulgadas o sobre una pizza, pues te sientes menos mujer. Y sí: como que el hombre muy hombre tenía miedo a ser vanidoso, pero en su barba encontró la manera de serlo sin culpas. Con este fenómeno "reciente" de las barbas largas y las barberías, la ondita retro/elegante que manejan, los productos de grooming y mamadita y media, el hombre muy hombre puede darle vuelo a su vanidad sin dejar de sentirse muy hombre. ¡Qué belleza! ¡Aplausos!

Sí, las barberías no son nada nuevo, pero resulta que ahorita están de moda. De hecho, supongo que muchas barberías legendarias desaparecieron porque nunca se modernizaron; porque nunca le entraron a la fantochada ésa de cambiar las batas blancas por los chalequitos, los tirantes y las corbatitas o moños, que, al parecer, es parte del encanto mamador de estos nuevos templos de hombría, ¡ahijuesupinchimare!

Y ya para terminar: el otro mame; ése sobre que si son lugares exclusivos para caballeros y sólo hombres pueden laborar en ellos. Pues yo creo que es como en las cantinas en las que no trabajan mujeres ni dejan entrar mujeres. No es pedo machista ni misógino ni tiene que ver con la igualdad de géneros ni es para que se encabronen las feminazis. Por eso: ¡paren su mame, plis! Así como hay espacios y tiempos para puras mujeres -sus mentados Martecitos, Juevecitos, despedidas, babyshowers, etc.-, así los hombres requerimos de espacios y tiempos para estar con puros hombres. Tampoco es nada homosexual. Es simplemente tener un espacio sin viejas. Punto.

Y pues bueno, desde hace rato que quería escribir sobre este tema. Sólo falta ver cuánto durará el mame de las barberías. La neta espero que, como todo buen mame y buen negocio, perdure, y no sea sólo una llamarada de petate. 

jueves, agosto 06, 2015

Dos interesantes artículos sobre el Estadio BBV Bancomer

Un excelente escrito autoría de  Federico Compeán, quien habla sobre la frágil identidad prefabricada del regiomontano promedio: Monterrey y su infantil identidad.

Y otro artículo escrito por Víctor Esparza, llamado: Estadio BBV Bancomer: premio al crimen ambiental de la década, en el que  menciona mi post anterior, por lo cual agradezco mucho. 

Buen jueves. 

viernes, julio 31, 2015

Orgasmo colectivo

Este fin de semana la ciudad de Monterrey vivirá un orgasmo más chingón que el de la estudiante de la UACH, pues se inaugura el nuevo estadio del equipo los Rayados de Monterrey.
¡Uy, sí, qué emoción! Borrachera, euforia, enajenación y caos vehicular a todo lo que da.

"PueZ LLo No eZtoI HemoZionaDo GufFo XKe LLo NO ZoY RaLLado: ¡¡¡LLo Zoy TiGre de Koraz..." Sí, amigo: también eso me vale verga.

Lo que no me vale madres es que Femsa, Banco BBV Bancomer, el mentado club de futbol, empresarios, autoridades municipales y estatales hayan sido cómplices de la destrucción de la última reserva ecológica del área metropolitana de Monterrey: el bosque de La Pastora, snif.
Nada pudo hacerse para construir esa bacinica gigante en donde no jodiera un área colmada de agua, flora y fauna. Pero en Nuevo León la vida silvestre no vale nada, diría José Alfredo Jiménez si fuera de Greenpeace. Aquí el verde que importa es el de los billetes, los envases de vidrio para guardar cerveza regia/holandesa y los botes de tereftalato de polietileno para contener agua carbonatada y edulcorantes.

En algún momento el saliente gobernador, Rodrigo Medina, dijo sobre el estadio: "En la medida en que a través del futbol impulsemos el cariño para ídolos de la afición que representen valores positivos, habrá más espacios para generar mejores ciudadanos y para también contribuir al mejoramiento de los valores colectivos en aspectos tan importantes como el combate a la delincuencia, a la violencia y al crimen organizado".

Así es: el tipo no tiene ni puta idea de lo que dice. El güey éste cree como muchos otros que con estadios de futbol donde las personas comunes y corrientes NO practican el deporte, se generan "mejores ciudadanos" y se promueven "valores positivos" bebiendo cerveza y gritándole "¡Puto!" al portero gracias a "ídolos de la afición". Ajá, sí: ídolos que se comportan como divas, visten como cholos fresas con ropas "de marca", manejan automóviles de más de un millón de pesos y viven como jeques.

Seguramente así se promueven más los valores y se crean mejores ciudadanos, y no preservando un pulmón urbano rico en biodiversidad y educando a la gente para que lo aprecie y lo respete. Pero bueno: son rependejos, insensibles y voraces.

Por eso aprovecho para repetir lo que alguna vez dijo  el astrofísico canadiense Hubert Reeves: "El hombre es la especie más insensata: venera a un Dios invisible y masacra a una Naturaleza visible, sin saber que esta Naturaleza que masacra es el Dios invisible que venera". Nada más que este Dios invisible tiene muchos años siendo visible en nuestra ciudad; en nuestro país. Se llama futbol, y aquí se hace lo que él diga. 

lunes, julio 27, 2015

Me preocupa el tiempo perdido

La audiencia intermedia de Jairo no fue nada bien.

Llegué a la oficina y entré a celdas con la esperanza de no encontrarlo. Pero ahí estaba. Cabizbajo sobre el colchón. Desparramado por un lado, el periódico del día de hoy. Al verme se puso de pie, sacó la mano entre los barrotes y me saludó con el ánimo más apagado que de costumbre. "¿Qué pasó?", le dije, y me platicó lo sucedido. Todo lo que escuché fue "desahogo de pruebas", "interponer un amparo", "el juicio hasta que salga el amparo", "no me dieron fecha" y "lo que me preocupa es el tiempo perdido". Hablaba sereno, aunque, por su semblante, deduje que minutos antes había estado llorando.

Jairo seguirá en prisión preventiva hasta quién sabe cuándo.

Hoy lo cambiamos de celda. Van a pintar la suya y a arreglar un desperfecto del baño. Durante "la mudanza" se dieron cuenta de la libreta, los lápices, el borrador y el sacapuntas. Los tenía escondidos debajo del colchón. También se percataron de la pequeña bocina y el USB: la tenía metida en la funda de la almohada.

Acepté que yo había tomado esa decisión por convicción propia; que yo le había permitido tener eso en su celda, pues al muchacho le gusta dibujar y lo más correcto es fomentarle esa vena artística. No me llamaron la atención, pero me dijeron que no podía tener ese tipo de consideraciones. "Le puede entrar una depresión y se puede hacer daño". Propuse que el chavo dibujara mientras esté yo ahí presente, pero me dijeron que no. "Lectura toda la que quiera, pero nada de instrumentos que pueda usar para hacerse daño".

Jairo me miró con tristeza mientras me entregaba el cuaderno y los utensilios de dibujo. La bocina no le dolió tanto entregarla. Tampoco puede tener jabón, shampoo y pasta de dientes dentro del calabozo. Todo se le entregará cuando necesite usarlo.
La administración entrante también verá lo de las visitas de sus hermanos. Por ser menores de edad se supone que no pueden estar dentro de las instalaciones. La noticia le cae como bomba.

Ya instalado en la nueva celda, le digo que él sabe que conmigo no hay problema de nada; que por mí puede dibujar, escuchar música y recibir la visita de sus familiares y su novia más del tiempo permitido; pero "son órdenes de arriba", de la nueva administración, y no puedo hacer nada más. "Yo sé, Lic. Muchas gracias". Jairo toma el periódico del suelo y me extiende la página del crucigrama. "Si quiere hágalo usted solo, yo me voy a dormir". Tomo la hoja de papel y la doblo a la mitad. Jairo me vuelve a dar las gracias y se acuesta viendo hacia la pared.

Vuelvo a mi oficina. Guardo la bocina, el cuaderno y los lápices en un cajón. Aprovecho que no hay trabajo para hacer el crucigrama. Las palabras de Jairo me retumban en la cabeza como rebota el eco de todo lo que se dice en los pasillos de la prisión: "Lo que me preocupa es el tiempo perdido".

A mí también.

miércoles, julio 22, 2015

Fragmentos de ciudad que nos pasan de largo

Una niña juega en la parada del camión. A estas horas de la tarde el sol pega de tal manera que la sombra de la techumbre no cubre a quienes esperan debajo de ella. De la mano de quien supongo es su abuelo,  la nena sube a la banca metálica y pega de brincos hacia la banqueta una y otra vez.

El hombre parece exhausto, aunque no deja de sonreír y de seguirle el juego a su nieta. Un par de minutos después, la carga y la sienta sobre su regazo. Intenta calmarla haciéndole caballito en sus piernas. Se quita la gorra y se limpia el sudor con la manga de la camiseta, que trae el logotipo de un partido político estampado a la altura del corazón. La pequeña toma al viejo por los cachetes. El hombre le tira una mordida juguetona, atrapando sus pequeños dedos entre los labios. La niña estalla en risas y engurruña el cuerpo hasta quedar tendida sobre la plancha de metal, reposando la cabeza en el regazo de su abuelo.

La pequeña toma con las manos los cordones que le salen del cuello del vestido, los observa unos segundos y se los mete a la boca. El hombre le dice que no lo haga, dando un suave manotazo. La niña se pone de pie sobre la banca, como una catapulta. El viejo hace lo mismo, la toma de una mano y le sigue el juego de brincar una y otra vez del asiento a la acera.

El camión se aproxima.

La niña se para en el borde de la raya amarilla y levanta la mano. El abuelo se apresura a sostenerla por los hombros con sus manos toscas, para impedir que vaya a dar un paso en falso. La masa metálica se detiene soltando resoplidos hidráulicos y rechinidos. La puerta de abre justo frente a la pequeña, quien voltea emocionada a ver a su abuelo: cree que tiene poderes; que hizo magia. Su abuelo la carga y suben al camión atestado de gente.

Para la niña, esperar el transporte colectivo con su abuelo es toda una aventura. Por la mirada que me concede el viejo de ventana a ventana, deduzco que le entristece saber que algún día su nieta dejará de ser niña y se dará cuenta del suplicio que implica moverse en esta ciudad para poder apenas sobrevivir.

lunes, julio 13, 2015

La vida es un crucigrama

Jairo se supo nueve de las veintiocho respuestas del crucigrama de hoy. Nada mal para un chavo de nivel socioeconómico bajo que no ha terminado la preparatoria.

Y digo "nada mal" porque alguna vez intenté implementar "La Hora del Crucigrama" en el trabajo, para no estar con el cerebro en neutral durante los tiempos muertos de oficina. Pero mi idea no tuvo éxito. Los Godínez se desesperaban con facilidad, les daba hueva pensar más de un minuto, se rendían al menor esfuerzo y preferían hablar de futbol o ver videos de comediantes mexicanos en Youtube. Juro que no resolvían ni cinco interrogantes entre cuatro Licenciados.

Hoy, Jairo se supo "púlpito", "poseso", "pelotón", "pabilo", "apatía" y otras cuatro que no recuerdo. Me sorprendió que se supiera "púlpito" y "pabilo". A mí ni por la cabeza me pasó la segunda palabra. "Es que mi abuelita prende muchas veladoras", me dijo sonriendo. Los Godínez, al enterarse que Jairo ha respondido más casillas en blanco que ellos, dedujeron que: si es inteligente, entonces debe ser culpable de lo que se le acusa. "Así son de inteligentes los delincuentes peligrosos".

Yo me supe veintiun respuestas. Supongo que para los Godínez soy un delincuente peligroso en potencia. Aunque confieso que el crucigrama de hoy venía relativamente fácil, a comparación de otros días, que preguntan las capitales de Bangladesh, Laos, Uganda y Zimbabue. Me gusta que el crucigrama venga difícil. Que sea un reto. Una vez sólo respondí siete casillas. Aprendí muchas cosas aquel día.

Salgo de celdas, regreso a mi oficina y le doy otra pensada al acertijo. Me cuesta trabajo, pero resuelvo otras dos: "cadencia" y "corcova". Busco las restantes en Google y regreso a las mazmorras para decirle a Jairo el resto de los resultados, aunque a veces ni usando Google doy con todos. Una de las respuestas es "casualidad". Quizás la razón por la que Jairo esté aquí.

Me gusta que queden casillas en blanco. Disfruto la expectación que me provoca el periódico del día siguiente con las soluciones del día anterior.

Aparte de dibujar, los crucigramas son mi forma de enseñarle algo a Jairo; mi aporte desinteresado. Es mi forma de mantener su mente ocupada, ejercitada, para que no se le atrofie, como a los pobres Licenciados con quienes trabajo.

Desde hace unos cinco años que le agarré el gusto a este pasatiempo gracias al papá de la Fabi, que nos ponía a resolverlos en grupo todos los domingos, mientras asábamos carne y vegetales en su patio.

Poniéndome filosófico y metafórico -y un poco mamón-, creo que la vida es como un crucigrama: llena de encrucijadas y espacios en blanco que hay que ir llenando; buscar respuestas, ayudarte con las que ya tienes y saber esperar las que no llegan. Pero creo que también se trata de no conocerlas todas, pues se acabaría el misterio; la emoción que provocan las cosas por aprender.

Horizontales. 25.-Destino. Me vinieron a la cabeza "azar", "suerte" y "fortuna". La respuesta correcta era "casualidad".
El 22 de julio es la audiencia intermedia de Jairo. "A ver si en ésta me voy", dice con seriedad. "Es como esperar el crucigrama del día siguiente para saber la respuesta, ¿verdad, Lic.?; pero en éste hay que esperar diez días más". Me quedo callado, pensando sólo en que el destino de Jairo sea el justo.

lunes, julio 06, 2015

El caso de Jairo

Jairo cumplirá cuatro meses de prisión preventiva en las celdas del único municipio en el estado de Nuevo León donde ganó la alcaldía un candidato independiente.

Nunca me había tocado un caso como el suyo. Es decir: nunca alguien se había quedado más de 36 horas detenido en este lugar. Jairo está aquí porque no hay casas de arraigo y sigue un proceso legal en su contra, esperando librarse de ir al escabroso Penal del Topo Chico. Su próxima audiencia será el 22 de julio.

No ahondaré mucho en términos o referencias legales, pues soy un ignorante del tema. Lo muy poco que sé es por oídas, algunas lecturas, papeleo de oficina y pláticas con el propio Jairo, que, por su situación, sabe más que yo de materia penal. Tampoco hago muchas preguntas sobre su caso a otras personas porque, pues, a mí qué me importa. Y no es que no me importe, pero, digamos que laboralmente, su asunto no debe ser de mi incumbencia. Las contadas veces que han venido el fiscal y su abogado, me quedo escuchando al margen de la puerta de la sala de visitas, pues mi trabajo se limita a que la estancia de Jairo en celdas sea digna.

Jairo acaba de cumplir los 19 años. Se le acusa de violación y robo con violencia a una menor de edad. He convivido con él, con su novia y su familia durante el tiempo que lleva detenido, y, conociéndolo un poco más a fondo -su mirada, movimientos, pensamientos, carácter, el tono en que agradece o pide las cosas por favor-, creo que es inocente.

Su historia es medio confusa. Parece una mala jugada del destino. La versión de Jairo es que su hermano menor -un chavito de 13 años- encontró en un lote baldío el chip del teléfono de la chavita a la que violaron, y se lo puso al suyo. Dieron con él por la foto del Whatsapp. Al principio la chavita dijo que el de la foto no era su agresor, pues, según su versión, éste era mayor y tenía aspecto de indigente. Después, al ver a Jairo, dijo que se parecía a quien había abusado de ella, "pero en limpio". Total que lo señaló y lo acusaron y aquí está encerrado.
A la chica le han realizado algunos estudios médicos. No encontraron semen ni desgarramiento anal, como en un principio refirió la joven en su versión del ataque, la cual, tiene algunas contradicciones. Jairo asegura nunca haber visto a la chica, pero piensa que pudiera estar encubriendo a alguien. Quizás a su novio, de quien sí ha escuchado hablar y dice tener "mala fama".
Hay más pruebas a favor de Jairo, pero me comentan que los padres de la niña pudieran tener miedo de que salga libre y tome acciones legales en su contra por el tiempo que le hicieron pasar encerrado siendo inocente; por eso dicen que la niña no se retracta de lo que dice. Espero que esta versión sea sólo un rumor. Jairo asegura que nunca haría eso. Que no quiere problemas ni dinero. Que nada más quiere volver a la prepa. Le duele no haberse graduado junto a su novia.

El abogado de Jairo también cree que es inocente. Lo he escuchado decir eso varias veces en privado, cuando no está presente Jairo. "Mire, Lic., la verdad no perdería mi tiempo sabiendo que el chavo es culpable". Por otro lado, el fiscal no está tan convencido. La historia del chip en el lote baldío le parece absurda. ¿Encontrar un chip de teléfono entre tanto escombro y maleza? Una vez el fiscal llegó a sugerir que el hermano de Jairo pudiera haber sido el violador y que Jairo se había echado la culpa. "Me ha tocado ver niños sicarios", fue su argumento.
Jairo dice que su hermano cruza ese lote baldío casi a diario para ir a la secundaria y que desde que Jairo está preso, siente mucha culpa, llora y no duerme por las noches. Otro argumento a favor del fiscal: "el hermano siente culpa por algo". Yo nunca he visto llorar a Jairo. Tampoco lo he escuchado hacerse la víctima. Platica con soltura y sonríe seguido, como si no le guardara rencor a nada ni a nadie. Por eso digo que si Jairo está diciendo la verdad, su situación es una muy mala jugada del destino.

A diario vienen familiares a verlo. Su mamá le trae desayuno, comida y cena. Una vez me regaló elotes y tamales. Una tía le trajo una Biblia y un rosario. Su papá siempre le trae el periódico El Metro. También dejé que pasaran una pequeña bocina y unos audífonos para que escuche música. Yo le he traído algunos libros y muchas revistas para fomentarle el gusto por la lectura. Hace poco me pidió hojas y lápiz. "Me gusta mucho dibujar, Lic.". Me muestra sus dibujos. Le doy algunos consejos y tips de lo poco que sé y le muestro los que yo hago. La vez pasada le ayudé a trazar un rinoceronte que vio en una National Geographic. Los dibujos los pega en la pared de la celda con cinta adhesiva. Los oficiales los observan curiosos y lo felicitan. También le estoy enseñando a hacer los crucigramas de la penúltima página del periódico. La otra vez me sorprendió que se supiera la palabra "etnia" como respuesta. También se supo "caparazón", "oleaje", "hilera" y "reprender".

Éste es el caso de Jairo. Sólo quería que lo conocieran. Estas cosas son las que hacen interesante este trabajo; las que hacen que valga la pena venir y sentir que se hace una diferencia, aunque sea en una persona. Sólo espero que después de la audiencia del 22 de julio, Jairo sea declarado inocente y quede en libertad. 

miércoles, julio 01, 2015

El blues del chupamirto

Esta situación de la colibrí anidando en una rama del bambú de la cochera de mi casa, me puso muy sensible, snif. Sí: aunque se burlen de mí, bola de cabrones; y aunque me digan que "¡Ay, ay, inche joto": es la verdad, ¿qué quieren que haga? (es verdad que me puse sensible, no que sea joto, snif). Y digo "sensible" porque como que se exponenció la percepción que tengo respecto a la relación del hombre con su entorno; de cómo hasta el ser "más insignificante" es importante y complejo; y de cómo si uno es un imbécil puede borrar de un manotazo un eslabón -o varios- de ese engranaje perfecto que es La Madre Naturaleza. 

Desde que vi los huevos de colibrí en el nido me puse a leer tooodo lo relacionado con estos animalitos. Incluso encontré una página donde vienen "primeros auxilios para bebés colibrí" y explican qué hacer en caso de que la mamá no volviera al nido o alguno de los polluelos se cayera de él. Por ejemplo, aprendí que los colibríes no tienen olfato, por lo que un polluelo puede ser regresado al nido por un humano sin problema de que sea rechazado por la madre. ¿Cómo ven?

Pero bueno... Volviendo al tema: la neta sí me preocupó bastante tener un nido de colibrí en casa. Me sentí privilegiado -algo así como un Neo de La Matrix de los colibríes- y a la vez, sentía una responsabilidad medio cabrona, pues no quería que les fuera a pasar algo. Con decirles que hasta a mi gato el Chocorrol le prohibí sus salidas.

Y pues bueno: resultó que entre más leí sobre colibríes, más me maravillaron estos pajaritos. Su fragilidad y, a pesar de ella, la capacidad de adaptación que tienen en un medio tan hostil como el de la ciudad de Monterrey, es impresionante. Que un ave de esas características pueda sobrevivir entre el concreto, el hierro, el vidrio, el smog, las balaceras y el plástico, está muy cabrón. Es una maravilla de la evolución, no un milagro, religiosos pederos.

Si antes los respetaba por el simple hecho de ser seres vivos, ahora los respeto más. Ahora respeto todo más. Incluso estoy a dos pasos de preferir echar pa´fuera a escobazos a los cucarachos que pisarlos para escuchar cómo truenan.

Les platico todo esto porque ayer, al salir de casa, volteé a ver el nido de colibrí y me percaté que los picos negros de los polluelos no sobrepasaban el borde. ¡Y me preocupé! Lo primero que pensé fue que se habían caído del nido. Escaneé el suelo con mis hermosos ojos color esmeralda (:P), poniendo minuciosa atención a cada centímetro de concreto, pero no vi nada.

Esperé un poco a una distancia prudente para cerciorarme que la mamá colibrí no anduviera cerca, pues cada que salgo, se aparece, revolotea a mi alrededor y se va a posar sobre un cable de teléfono. Agudicé mi oído para ver si apreciaba el sonido que hacen los colibríes -como un chasquido intermitente- pero no escuché nada. Esperé unos cinco minutos, pero el avecilla no apareció. Me asomé a la calle y miré hacia el cable, pero tampoco estaba ahí.  Fue entonces que decidí acercarme al nido.

Estaba vacío.

Hice cálculos mentales y, según lo que aprendí en mis lecturas, los polluelos ya están en edad de dejar el nido, cosa me que dio mucho gusto, pues hay dos colibríes más en la ciudad que nacieron en mi casa. Neta que ojalá mi hogar se convierta en un santuario de colibríes, y que llegue a haber tantos que se coman a mis vecinos :)
Por otro lado, me da algo de tristeza y me pongo chipil, snif, pues ya no los voy a ver. Mientras duró, fue un espectáculo que disfruté mucho; de los mejores de mi vida (tan cabrón como cuando vi a Roger Watters en Toronto, en el 2012)

Como les dije al principio: esto de tener un nido de colibríes me sensibilizó más de lo que estaba. Si antes me preocupaba, ahora me resulta horrendo pensar en el poder e inconsciencia del hombre hacia su entorno. Me aterra pensar que sigamos viviendo rodeados de imbéciles que tengan la fuerza y la ignorancia suficiente como para borrar algo tan maravilloso de un manotazo. Espero que con este escrito cambie su percepción y pongan más atención a cosas que antes no la merecían. Y, como dijo Hubert Reeves: "El hombre es la especie más insensata: venera a un Dios invisible y masacra a una Naturaleza visible, sin saber que esta Naturaleza que masacra es el Dios invisible que venera".