jueves, mayo 14, 2015

James en busca de Aztlán

Aquel día el agua cambió de color. Un día antes, mientras descendíamos por el angosto camino, pudimos apreciar, entre la maleza, los destellos azul turquesa de la imponente laguna de Santa María del Oro. Pero, al día siguiente, el agua amaneció de color verde brillante. “Es por el volcán que está abajo”, nos comentó un lugareño que vendía chicharrón de pescado en una pequeña palapa. “Es el chan del agua”, mencionó otro, refiriéndose a una especie de criatura fantástica que, según leyendas locales, "mantiene viva" la laguna.

Antes de tomar el camino de regreso al pueblo de Santa María del Oro –una pequeña carretera de unos 10 kilómetros de longitud, pavimentada y llena de curvas– nos detuvimos en una tiendita para comprar un par de botellas con agua. Al volver al coche y ponerlo en marcha, un anciano enjuto, de vestimenta blanca, impecable, se acercó a mi ventana. Bajé el vidrio para ver qué se le ofrecía. El hombre, en perfecto español con tonito agringado, me dijo que si podía llevarlo al pueblo, pues el taxi colectivo bajaba a la laguna hasta las cuatro de la tarde, y eran apenas las tres. Accedí con gusto quitando el botón de la puerta trasera. El hombre se despojó del elegante sombrero que portaba e intentó subir al coche. Vi de reojo cómo se sostenía de la puerta con una sola mano, tembloroso, y se apalancaba con dificultad para acomodarse en el asiento. Me sentí un poco mal por no haberme bajado a ayudarlo. Como que no reaccioné a tiempo, pues, a simple vista, el hombre no me pareció taaan mayor; supongo que fue por la lucidez con la que se expresaba. Ya para cuando reaccioné, estaba adentro. Y entonces, comenzamos el ascenso.

El anciano se llamaba James. James era de Nueva York, pero vivía desde hacía 30 años en la ciudad de Guadalajara. Vivía de su pensión y hacía trabajo voluntario: daba clases de inglés y fungía como traductor para grupos de turistas que visitaban la ciudad. Decidió venirse a vivir a México porque, según nos comentó, con su pensión no le alcanzaba para seguir viviendo en Nueva York.

A mitad del camino James nos platicó que acababa de regresar de Estados Unidos: su hermano mayor había fallecido apenas la semana pasada, a los 94 años de edad. Ahí fue donde calculé que, si James era el hermano menor de una familia numerosa, debía de tener, mínimo, 85 años; máximo, 92.

Ya entrados en confianza, gracias a su personalidad tan desenvuelta, le ofrecimos nueces, almendras, pasas cubiertas con chocolate y uno de los botes de agua que habíamos comprado, pero James, dando las gracias, no aceptó nada. "Acabo de comer", dijo.
Le preguntamos si andaba solo, pues su edad y condición nos llamó la atención. "Sí. Siempre ando solo". Nos confesó que nunca se había casado ni tenido hijos; que tenía varios sobrinos, pero no los frecuentaba. De hecho, en el velorio de su hermano, uno de sus sobrinos le dijo que quería hacerse cargo de él, pero James se negó, y regresó a Guadalajara para venir hasta Santa María del Oro en autobús, como hacía cada mes: a rentar una pequeña casa en el pueblo, por $2000 pesos, sin aire acondicionado.

De pronto, James se puso serio, como si reflexionara.

–De aquí voy a Mexcaltitán –dijo.

–¿A dónde? –pregunté, pues no lo escuché bien, ya que llevábamos las ventanas abiertas.

–A Mexcaltitán. ¿Sí saben? –negamos con la cabeza. –Dicen que Mexcaltitán es Aztlán, la ciudad perdida de los aztecas.

–¡Órale!, no sabía de ese lugar. Y ¿cómo es? ¿Qué hay ahí?

–Pescadores. Mucha agua. Y mucha paz.

–¿Va a conocer? ¿O ya conoce? –preguntó mi acompañante.

–Voy a morir -respondió.

Continuará...

9 comentarios:

Jore Osuna dijo...

Si sigues por estas tierras, hay unas playas al sur que siempre estan solas, no es tan dificil llegar, pero vale la pena ir a verlas.

Jore Osuna dijo...

Si sigues por estas tierras, hay unas playas al sur muy chingogas que siempre o casi siempre estan solas, no es muy dificil llegar, pero vale la pena ir.

Jore dijo...

Si sigues por estas tierras, hay unas playas muy chingonas al sur que estan siempre solas, vale la pena darse una vuelta por ahi.

Guffo Caballero dijo...

Jore: ¿Cómo se llaman? Fui a San Pancho, Chacala, Lo de Marcos y Sayulita. Saludos, gracias por escribir.

Jore Osuna dijo...

Salio muchas veces el comentario jajaja, Estan por esa zona, el monteon es una y hay otra que todos los que la conocen le tienen nombre distinto, pero esta cerca de un pueblo llamado el divisadero:

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Yómero dijo...

San Pancho, Lo de Marcos y Sayulita ya se las acabaron. La del divisadero que dice el paisano Jore y Matanchén, más al norte, son las que valen la pena.
Y Mexcaltitán también ya nos lo acabamos :(

¡Espero hayas disfrutado Nayarit!

Guffo Caballero dijo...

Jore y Yómero: Gracias por las recomendaciones. Disfruté muchísimo Nayarit. Espero no le pase a todas esas playas lo que a Sayulita. Sí, está hippie; sí, mucho europeo y canadiense; sí, se come rico; sí, hay mucho que ver; sí, bla ba bla; pero prefiero menos gente y menos comercios. Que predomine la naturaleza.
Una duda: La del divisadero está en Chacala, ¿no?; ¿o me equivoco?
Saludos, y a ver si este año vuelvo a ir.

Àngello dijo...

Siguele carnal, ya me quede picado, snif...

Jore Osuna dijo...

El divisadero esta unos 7 km al sur de chacala. Y como dice el paisano, las que se suponia eran las mejores playas ya se las cargaron. Antes podias irte a esos pueblos tranquilamente sin que te molestara nadie, ahora hay disque hippies ambientalistas que nomas van de faroles y no andas de disque hippie ambientalista te la arman de pedo por cualquier estupides.