martes, octubre 09, 2012

Constelando contemplaciones

De niño siempre quise encontrarle forma a las constelaciones de acuerdo a sus nombres, pero nunca pude ver un pegaso, una hidra, un delfín, un dragón o un cisne. 

Intentarlo era divertido, pues el cielo me recordaba a esos cuadernos para colorear que solían comprarme mis padres, en donde venían laberintos, sopas de letras y juegos de unir puntos que formaban figuras. Cuando me terminaba los cuadernos, me tiraba boca arriba en el pasto, y con el dedo índice apuntaba hacia la noche estrellada.
  
El cielo se despejó de pronto y a medida que se iba ocultando el sol empezaba a bajar la temperatura. Puse mi pantalón y zapatos mojados a un lado de la fogata, y me senté sobre una piedra casi plana a contemplar el fuego. En la tarde, mientras recolectaba leña con los otros miembros del campamento, tuve que aventarme al lago cuando un par de troncos que usaríamos para cocinar, rodaron y cayeron dentro del agua.  

Después de cenar y beber un poco de vino en tetra pak, arrastré la canoa hasta la orilla. Subí en la embarcación y remé dándole la espalda a la luna. Fue como entrar en la boca de un animal. Pude sentir la respiración de la noche, como un ser viviente gigantesco que me inhalaba hacia sus entrañas. Remé hasta el centro del lago, padeciendo una ceguera total que sólo se curaba mirando a las estrellas. 

Estar en medio de una laguna rodeada de bosques, casi a la media noche, confronta a cualquiera con uno mismo y con todo a la vez. “Si no hubiera nada de lo que conocemos, esto sería todo”, pensé entre maravillado y decepcionado. El lago y el cielo se convirtieron en espejos de mi propia naturaleza. Me recosté en el piso de la canoa, como si fuera el pasto de casa de mis padres, y pude ver más formas de las que veía de niño. Esta vez no uní las estrellas con el dedo índice, pues sentí que ya todo estaba perfectamente unido y que, al mismo tiempo, se desunía y se disolvía y se dibujaban nuevas formas en mi cabeza.

Dejé de buscar respuestas y deducciones al montón de preguntas que me surgían. Desconecté la parte del alma que va ligada al cerebro, ésa que siempre nos cuestiona de dónde venimos, para qué venimos, hacia dónde vamos y nos impide disfrutar de este tipo de momentos, y mejor dejé que mi imaginación volara. Fue como reflejarme en una maquinaria perfecta donde podía ver todo lo microscópico de manera macroscópica. Cada estrella era cada uno de mis poros, de mis células, de mis moléculas, de las partículas del polvo que estamos hechos: el polvo de estrellas, quizás. Todo de pronto me pareció circular; un principio que termina igual que un final que comienza. 

Levanté la mano y en vez de unir los puntos luminosos como lo hacía de niño, imaginé que tenía un cepillo al que le frotaba las cerdas llenas de pintura blanca y salpicaba el lienzo más negro que había visto en mi vida. Como una firma particular. Como una señal de que había estado ahí; de que era parte de un todo y que lo sería para siempre.
Al día siguiente, el cielo amaneció alfombrado. Era el triste momento de regresar a la ciudad.

11 comentarios:

Fernando Gil dijo...

Guffo, cada vez escribes mejor. Te está haciendo bien practicar así.

anavitch dijo...

Que dicha la tuya, y la mia de leerte =)

Anónimo dijo...

Guffo
Cada vez ahondas mas en tu alma, que es la misma que la mía, tu descripción me suena familiar conocida solo que tu lo expresas breve conciso mientras que yo me enredo en la maraña de emociones al contemplar el infinito
Bienvenida esta etapa tan fructífera y esencial de tu vida!
Un saludo!

Anónimo dijo...

me imagino al guffo bien pacheco las cosas que filosofaria.........

Guffo Caballero dijo...

FerGil: Muchas gracias, colega.

Anavitch: Más la mía, de que me leas.

Anónimo: No creas, casi siempre me enmaraño y me paso horas tratando de escribir algo así, tan cortito, jajaja.

Anónimo: Cuando he andado pacheco me he dormido o he vomitado, jaja. Nunca fue lo mío.

Sergio Trejo dijo...

Que chingon que tu puedas ir al bosque tranquilamente, aca nosotros no podemos andar ni un kilometro en carretera sin que te pidan derecho de paso...

Syous dijo...

Como siempre una muy vivida descripción que a pesar del ruido de las máquinas de la fábrica hacen que te pierdas un momento en otro lugar, gracias por los recuentos de tu aventura.

Saludos!

Anónimo dijo...

yo tambien quiero ser uno con la naturaleza y experimentar la expansion de la conciencia hasta sentir la evolucion de las galaxiassssssssssssss maestrooooooo.........

quiero que me chupe un hoyo negro de rollo psicodelicoooooooooo

quiero ser la razon ontologica de tu ser, vitrina de tu alma, miradas oblicuas de ardiente deseooooooooooo

puraaaa ondaaaaaaaaaaa





KOKO dijo...

Antes me gustaba leer tu blog, cuando estabas en México, ahora amo leerlo. Me da gusto que seas feliz.
Deinococo

KOKO dijo...

Un placer leerte ahora, antes solo me gustaba. Siento que te conozco de años aunque nunca te haya hablado o visto en persona. Me da gusto que seas feliz.

Reve Kun dijo...

excelente!
con tus palabras viajo a los mismos lugares que tu, lamentablemente no los vivo en persona, espero hacerlo un día... DEBO hacerlo un día...

Me gusta leerte, aquí y en tus comics.

Te felicito por lograr ese efecto en tus lectores y te admiro por ello.


Saludos!