miércoles, septiembre 10, 2008

Cintarazos en el verano del 88

No había día en que Doña Pelos anduviera de buen humor. Decía que nosotros, los niños de la cuadra, la poníamos de malas. Debido a eso, colocaba ramas con espinas en el patio delantero de su casa para que no nos acostáramos sobre el zacate a encontrarle formas a las nubes, atravesaba su coche para que no circuláramos en bicicleta y, tres veces al día –o más-, echaba cubetazos de agua con jabón para que no nos sentáramos sobre los escalones que estaban bajo la sombra del enorme encino que se erguía en “su” banqueta. Sí, “su” banqueta: Doña Pelos decía que “era suya” y que le rumbáramos a la chingada de ahí. Muchas veces –harta- visitaba las casas del barrio para hablar personalmente con nuestros padres. Se quejaba de lo ruidosos que eran nuestros juegos y de esa “ociosa” (a los adultos les encanta la palabra “ocioso”) costumbre de sentarnos en sus escalones a descansar después de andar toda la tarde en bicicleta sin “hacer nada de provecho” (otra frase favorita de los adultos). Pero es que Doña Pelos era la única vecina que tenía jardín amplio al frente y el encino de “su” banqueta era de los pocos árboles que los desarrolladores del complejo habitacional no habían talado. En aquel verano del 88, los montes baldíos donde antes jugábamos y buscábamos insectos bajo las rocas comenzaban a desaparecer. En su lugar, construían viviendas de mala calidad a precios de palacios reales.
Ante la situación de Doña Pelos yendo de rajona con nuestros padres, no podíamos hacer nada sino aguantar el castigo que nos impusieran con sentencia de que, si Doña Pelos se quejaba de nuevo, la reprimenda sería peor. Nos hervían las ganas de vengarnos y hacerle una maldad -como huevearle la casa o romperle un vidrio- pero era imposible, pues luego-luego se darían cuenta que los culpables habíamos sido nosotros.
Es por eso que me gustaba Halloween. En Halloween el barrio se llenaba de niños de otras colonias –“colonias más feítas”, decían las vecinas- a quienes echaban la culpa de las naranjas apachurradas a pisotones en la cochera o las pulpas de tamarindo que embarrábamos en la puerta y paredes de su casa.
Una vez, sin querer, rompimos el medidor de luz de casa de Doña Pelos mientras tratábamos de tumbar un panal de avispas a pedradas. La Pelos salió echando humo y gritando mil groserías por minuto. “¡Ora sí van a ver, hijos de la chingada!”A la primera casa que fue, fue a la mía, a donde yo había corrido a esconderme. Al enterarse de lo del medidor, mi padre me subió a jalones de oreja a mi cuarto y me dejó una marca colorada en el brazo derecho cuando intenté -sin éxito- cubrirme los cintarazos que iban directo a mis nalgas.
Desde la ventana de mi habitación observé cómo los demás niños salían con cautela de una casa en obra negra en la que se habían escondido. No sé por qué, pero pensé en la selección natural que mencionaban en el libro de biología y en la supervivencia de los más fuertes; de los más astutos. Sentí como si yo nunca fuera a ser ese niño que se salvaba de los castigos y se salía con la suya... No mientras mi padre usara cinto y yo siguiera pensando que el refugio más seguro era mi casa.

27 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajaja pendejete pues pa que corres pa tu casa, yo dejaba que se le bajara el coraje a mi jefe.. mientras me iba de rol a dar cajetear por otros rumbos...

Drumstick dijo...

Los cintarazos tambien nos hacen fuertes men, pues nos hacen reflexionar en nuestras acciones (aunque de mocosos nos vale madre y volvemos a hacer de las nuestras)... aquellos que no recibieron lecciones por sus obras no creo que les haya ido tan bien en su vida.

Saludos men

Sivoli dijo...

un cintarazo nunca se olvida. Eso si.

Aerín dijo...

Nah, a mi ya no me tocaron esos tiempos dónde te dejaban las nalgas rojas por los cintarazos, aburrido... Ajá.

Saludos!!!

Anónimo dijo...

ok este post explica el porque no quieres tener hijos...

memi dijo...

sin lugar a dudas me encanta cuando escribes de tu infancia, a nosotros no nos cintareaban, nos chingaban con varejones delgados y resistentes que cortaban del àrbol más cercano, directito a las pantorrillas cual latigazos.. aùn asi me encanto esta etapa de mi vida.. saludos.. por cierto..a que mail te pido la info?

Macolia dijo...

Cinturonazos y cosas peores, yo le agarre rencor a todo, a mis amigos, a mis padres, a mis vecinos, algunos rencores ya no existen, otros se te quedan toda la vida.

Anónimo buena vibra dijo...

¡Ájale! A en mi ya me tocaron los regaños un poco más tranquilos, mi jefe nunca fue de cintarazos, una que otra nalgada derrepe, pero cintarazos nunca. Pero si los llegue a conocer, una vez que mis papás salieron de viaje me quedé con unos tíos, como eran vacaciones ahí andábamos los primos hechando desmadre, un día de estos los más grandes se metieron a una casa en construcción, sacaron unas latas de frijoles que había y nos entretuvimos rompiéndolas, mi tío se dio cuenta y nos metió una cagoteada y cintareada, hay mamacita, como extrañé las nalgadas de mi jefe de veras, y a mis primos más grandes los hizo comprar con la lana que ellos tenían ahorrada las latas que nos habíamos chingado y que le pidieran disculpas a los albañiles. Eso si era educar a los hijos, no que ahora que no se les puede decir no porque "estas reprimiendo su personalidad" y les creas traumas, mamadas!

comecaca dijo...

A mi tambien me tocaron los cintarazos, que feo no? pero ah como sirven

Bombon, la mas deseada dijo...

hola q tal mi guffo, aqui dando un rondin por su blog.
Coincido con sus lectores, quien no ha recibido una cintareada o varias si se era muy tremendit@. A mi me tocaron varias la neta, la mas grave....... mi hna y yo jugabamos corretenado alrededor del comedor y la pendejita (no nos fijamos) q traia la cinta del tenni desabrochada y q se tompieza ( si de trompa ) y MADRES!!! se parte la cabeza en el filo de la pared... se abrio la cabezota y a quien cintarearon??? mi papa me agarro como piñata con el cinto y a dale y dale, la neta ya ni sentia las nalgas y las piernas de tanto madrazo, pero la neta no pensaba en mi dolor, me preocupaba mi hna, la veia mientras me jodian sangrar mucho, mi madre la antendia... y no se daba cuenta de la joda q me ponian, hasta un rato despues no se como pero dejo a mi hna sentadilla con una toalla sosteniendosela y me rescato de la ira de mi padre. Hacia muchos años q no recordaba esto y si, le tuve mucho rencor por meses a mi papa por eso, no era pa tanto la neta, pero bueno... cintarazo dado... ni Dios lo quita...

Saludos

Julio C324r dijo...

Para señoras como esa hay una sala especialmente diseñada en el más recóndito hoyo del infierno.

Miles de diablitos les pican sus anos con varitas de inienso encendidas mientras rompen infinidad de figuras de gatitos de porcelana en sus narices y ellas se retuercen como tlaconetes con sal, pues la inteligencia diabólica, acentuando el castigo, les ha quitado la voz.

De verdad!

Anónimo dijo...

Lo más curioso es que los que nunca recibieron cintarazos ni ese tipo de castigos y sus jefes eran menos extrictos con ellos que el tuyo, son hombre de bien, han hecho su vida mejor que tu y les va mejor que a ti, que vives lleno de miedos inseguridades y rencores por esa educación mierda que te dieeron...

Canibal dijo...

¿qué pedos con el anónimo de acá arribita?


Nel, los madrazos siempre será mejor darlos que recibirlos... mala leche que no le podía poner unas patadas a mi jefe, antes porque era más fuerte que yo, ahora porque pues no mames ya está ruquito... snif...

Ay, mi viejito, voy a prepararle su café...

Bai duende dijo...

Pffff!! no pude no comentar.... Un cinturonazo o nalgada dada a tiempo arregla mucho crío infernal demanda dulces y chillaalowey. El problema es que los padres solían dar chingadazos más para desquitar su neurosis o hartazgo personal que para realmente educar. No es lo mismo una nalgada o dos cinturonazos que una madriza con odio en los ojos no? Como a Bombón esas historias de terror jefil no se olvidan!! Pero pobres padres, lo pagan con achaques de vejez, seguro!!

Anónimo dijo...

Clap clap clap.....
Me encanta como escribes.

Qué lástima que un blog tan chingón reciba tan pocos comentarios.

myselF. dijo...

Un buen escrito mi guffo. el comentario del Canibal esta cagado jaja. xD
Saludos compradre.

l'observateur dijo...

la neta yo creo que si eran necsarios eso cintarazos no por nada a nosotros ni donde se nos ocurriera hacer berrinches en las tiendtas a nuestros jefes, porque con nos echaran la mirada hipnotizante ya captabamos, ni modo yo creo que si son necesarios de vez en cuando y con moderación,pero ya resulta que la gente lo ve mal,en fin... saludos!

D.D. ... cellar door dijo...

a ver tavo. de todos los papas de todos tus amigos de aquel entonces... quien era el mas KABRON... el que si tiraba chingazos de neta.???? a ver si te acuerdas...
jajaja

Anónimo dijo...

Pos el de guffo. a guffo no lo quieren por eso lo tienen de cajero de una tienda de cajas mientras su demas familia se da la pura buena vida. Si lo quisieran no anduviera viviendo en cuchitriles en zonas pedorras de monterrey. Sus amigos más jodidos y a los que nunca le dieron cinturonzasos se llevan mejor con sus papas y les va mejor económicamente y hasta casa les han puesto a los que eran unas fichitas desmadrosas... y eso que gufo fue de los pocos que estuvo en colegio de paga y se fue a esudiar ingles.
Pobrecito... pero La vida es tan justa... o injusta... SNIF.

malhechecito dijo...

Ja ja ja no manches, como me dio risa eso de que salio en chinga doña pelos, ja ja ja.
Un saludo mi buen

zonico dijo...

Yo no sé si a punta de chingadazos se la mejor forma de educar a los hijos, aqui todos andan diciendo que es mejor porque así fue como los educaron a ellos pero no se fijan en el pinche cagadero en el que estamos convirtiendo este pais.

A mí sí me pegaban mis papás y hasta me toco que también los putos maestros en la escuela. Yo sí tengo un chingo de resentimiento por esas ondas y no parece motivo de orgullo presumir que me educaron a la antiguita. Aunque tambien tienen razón al decir que un buen zopapo, nalgada o manazo aplicado en el momento oportuno hace maravillas.

Buen poste compa Guffo

el de la barra... dijo...

Todos hemos tenido una doña pelos o "don rencor" como nos gustaba decirle al "don pelos" en cuestión...

valdría la pena un comic de "doña pelos" no? la inspiración saldría sola...

salud...os

Anónimo dijo...

Y qué tal los pinches pellizcones que levantaban el cuerito y dejaban morado por varios días,esos los daban las mamás cuando estaban en público y no podía hacerla de tos con tanto escándalo mientras llegabas a la casa,chalee

Lacho dijo...

oye mi guffo y si dejas de admitir a los anónimos? porque deja tu, no caga que se te echen en contra, porque a veces te confieso que dan ganas; el pedo que con todo y su malaleche no tienen el valor de poner su nombre, seguramente es alguien que te conoce, peor pos que te digan no? eso le da sustancia a sus comentarios. Por cierto, no serás antisocial por ser un niño montesori? por cierto, es mejor tirar pal monte y no pala casa de uno. saludos y mentadas a los anónimos malacopa.

Führer dijo...

chale, no me tocaron cintarazos... a lo mucho fue manotazo y ya Pfff

juar juar

Anónimo dijo...

Hola, soy español y aquí le llamamos no cintararazos sino correazos.
Yo creo que lo mejor es no pegar a los niños, pero tampoco pasa nada por dar unos azotes de vez en cuando y sin pasarse.
Yo me lleve muchos azotes en el culo y algunos correazos y no guardo ningún rencor. Mis padres lo hicieron lo mejor que supieron y creo que no lo hicieron mal.
Yo nunca he dado correazos pero reconozco que algunos azotes sí he dado a mis hijos. Espero que nadie me denuncie por ello

Anónimo dijo...

Hola soy de mexico y si coincido con quien comenta que los cintarazos te forjan, a mi me tocaron que mi jefe no era de los que regañaban, a la primera era de quitarse el cinto y aplicar el castigo,m aparte de que provengo de una familia tradicional y cresi en el rancho la formacion d elos varones es mas dura, el cinto siempre fue el correctivo adecuado y cresi bien sin rencores ni traumas. decia mi jefe que mas valia unos cintarazos a tiempo que mil lamentaciones despues.