sábado, enero 12, 2013

Atardecer de invierno después del fin del mundo

Una línea de asfalto que parece interminable se extiende frente al parabrisas del coche. A un lado del camino hay tierra, yucas y matorrales; al otro, más tierra y el Cerro del Fraile, que se eleva con todo el esplendor que puede otorgarle un atardecer de invierno a casi un mes del fin del mundo.

Las yucas son de la especie brevifolia, una agavácea conocida también como árbol de Josué. No puedo  evitar recordar el primer casete de U2 que compré y la inocente sensación de escucharlo completo en el estéreo del pequeño estudio que tenía mi padre en casa. Aquella tarde, tirado en el sillón que estaba a un lado de las bocinas, imaginé lugares con "calles sin nombre"; lo que nunca imaginé fue que veinte años después "seguiría sin encontrar todo lo que andaba buscando".

La interferencia de la radio comienza a raspar el aire y decido mejor apagarla. Me quedo a solas con el paisaje desértico y el silencio. Y uno que otro insecto que se embarra en el vidrio.

Kilómetros adelante me orillo del lado del Cerro del Fraile. Tengo ganas de orinar. Volteo para ambos lados de la carretera antes de desabotonarme el pantalón, para cerciorarme de que no vengan patrullas. Una vez me quisieron llevar detenido por orinar entre la hierba frente al acotamiento. No había baños en cien kilómetros a la redonda, pero sí había patrullas vigilando que nadie orinara. Absurdo. 

Sopla el viento. La tierra se desprende como si fuera humo y se combina con el vapor de la orina. Las hebras de pasto se mecen haciendo un sonido similar al del radio cuando no agarra señal. Contemplo la textura accidentada del cerro. Parece un gigante abatido. Siento como si me fundiera con la tierra y el cielo, hasta que un escalofrío me sacude el cuerpo y unas gotas de meados mojan mi mano, arrebatándome del trance.

Me seco el costado de la mano con el pantalón y subo al coche. Continúo manejando por la línea recta que parece no tener fin. Me gustaría que esta carretera llevara al mar. Me pregunto cómo sería yo de haber nacido en el mar. Siempre he pensado que la geografía moldea nuestra esencia; nuestra forma de vivir y ver la vida.

La radio sigue transmitiendo interferencia. Como mi mente.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

¿sigues con tus pinchis historias del libro semanal? No mames pelon webon...

zchymczyk dijo...

También es mi álbum favorito de U2.
Me imagino conduciendo por esa carretera, pero no sé manejar.
Hay no leemos...

Josie dijo...

Me fascina la forma en la que te expresas.
Lo malditos policías, parece que les pagan para joder ala gente en lugar de ayudar que es para lo que se suponen trabajan.
Tener un mar cerca de casa siempre da tranquilidad, es tan rico decidir escaparte alguna tarde de todo y caminar a la orilla, con el olor de la sal y el sonido suave de las olas. Te relaja aún si hace frío.

Saludos.

Alexander Strauffon dijo...

Al leer, recordé ciertas ocasiones en que fui a acampar. Es de las pocas cosas que encuentro apacibles.

Anónimo dijo...

Pues yo digo que estoy aqui por error geografico, porque segun yo deberia estar en un lugar mejor

Shercas del bajio

Saludos

Danillo Araújo dijo...

hahaha! Buenos dias!!

Rolo dijo...

todas las carreteras llevan al mar...solo hay que siguirlas.

Anónimo dijo...

????? orinar en la via publica es una falta administrativa, orinar al borde de una carretera segun yo no es delito alguno........

ya escribe sobre tus viejas y sobre tu vida sentimental guffo, estos posts estan muy pedorros !!!

jajaja