viernes, septiembre 14, 2012

Cuando tenía poderes II

Como les platicaba el miércoles, de niño tenía la manía de retener en mi cabeza todo tipo de información irrelevante. Hasta que un día esta habilidad me sirvió para sacar 100 en un examen (¡Uy, qué de mucho!). 

Cursaba el tercer año de secundaria en el CUM de Monterrey. Era época de exámenes finales. Aquel lunes presentaríamos el último examen de la materia de Español III. La prueba constaba de cien preguntas sobre autores latinoamericanos y sus respectivas obras literarias. Yo había estudiado suficiente, pues la materia me gustaba mucho; pero de pronto me bloqueé al tener el examen enfrente. Como que no era lo mismo aprenderme pendejadas que aprenderme de memoria cosas para la escuela. Es como cuando uno hace algo por amor al arte y luego lo tiene que hacer por obligación y como que pierde su chiste. Eso me pasó. Aparte, no sé si la cantidad de preguntas me espantó o fueron los códigos que tenían las respuestas, que parecían no tener un patrón establecido. Por ejemplo: el código MAT era para Agustín Yáñez; el EAF, para El Gesticulador; el CBJ, para El Llano en Llamas, y así; y teníamos que escribirlos en el espacio en blanco que había después de cada pregunta. En un principio me pareció confuso el sistemita de la prueba, hasta que vino Rubén Darío a esclarecerme el panorama. Rubén Darío tenía el código GCT, y era la respuesta número cinco. Cuando mi cerebro se percató de eso, empezó a trabajar y a sacar la información inútil que le había metido durante ese año. Yo era el número cinco en la lista del salón y Rubén Darío era la respuesta número cinco. Rubén Darío tenía el código GCT: mis iniciales.

Para asegurarme que no fuera una coincidencia y no errar mi “presentimiento”, chequé la primera respuesta, la que tenía el código MAT; y, ¡en efecto!, las letras concordaba con las iniciales del compañero de clases que era el número uno en la lista: Mauricio Aguilar Thompson. Vi la respuesta número dos, la del código EAF: concordaba con Eduardo Arellanes Femat, el número dos en la lista. Y así sucesivamente. Las respuestas del examen tenían las iniciales de todos los alumnos del salón y estaban en el mismo orden que la lista de asistencia. Éramos como 42 alumnos. Al acabarse los códigos -en el número 43-, empezaban de nuevo, pero ahora numerados de la siguiente forma: MAT1, EAF1, CBJ1, etcétera. Me sentí como deben sentirse los detectives después de dar con la pista definitiva que les ayuda a resolver su caso más difícil.
Lo que me parece medio creepy es que me siga acordando de los nombres de mis compañeros y su número en la lista, brrrrr... Pero bueno, nada puedo hacer contra eso.

Total que al salir del salón le comenté a mi maestro el detalle del examen, y sólo se rió y me palmeó la cabeza. También se los comenté a mis compañeros, pero todos me vieron raro, como si no supieran de qué hablaba. Nadie se había dado cuenta del orden de las respuestas. Algunos dijeron que era una coincidencia y que, aparte, "¿quién chingados se anda aprendiendo los dos apellidos de alguien y el orden en la lista de asistencia?" . Pues nomás yo, snif.

Dos días después el maestro nos dio los resultados del examen. Sólo yo saqué calificación perfecta. Hubo cabrones que tronaron con 45, con 58. Hubo uno que sacó 32. Por no estudiar y por no fijarse en los pequeños detalles. De haber hecho una de estas dos cosas, hubieran pasado el examen. Incluso todos pudieron haber sacado un 100 de ser más perceptivos. Pero ni el más nerd del salón pudo: sacó un 97.

Yo me sentí muy bien por mi "logro" y a la vez medio raro. Sentía como si hubiera hecho trampa. El maestro no mencionó nada de la forma en que había realizado el examen. Yo tampoco volví a mencionar nada de eso. Al final de la clase, mi maestro me echó una mirada cómplice, me felicitó delante del grupo por haber sido "el único 100" de tercero de secundaria, y me sonrió. Yo fui el único que había podido descifrar su secreto. 

15 comentarios:

César JM dijo...

De hecho a mí también me gustaba utilizar mi memoria al máximo. Creo que no llegaba a tus niveles de capacidad de disco pero también me gustaba aprenderme datos a lo wey. Total que cuando iba como en segundo o tercero de primaria, nos dieron unas hojas para estudiar para una prueba de historia y yo lo que hice fue tratar de aprenderme todas las hojas al pie de la letra, letra por letra, renglón por renglón, en lugar de aprenderme sólo los datos más relevantes, hasta que mis padres fueron los que me hicieron ver que no era necesario aprendermelo al 100%. Freaky.

Rox dijo...

¡jajaja! esa es inteligencia de verdad. Me acordé de un libro que se llama Cómo me hice monja de Cesar Aira, en la que la niña inventa historias dramáticas de sus compañeritos.

Saluditos :)

Alexander Strauffon dijo...

Muchos maestros hacen eso. Es genial descifrarlos. Tambien llegue a tener uno que nos puso un mensaje en letras pequeñas "Pon el nombre a tu examen, y entregalo en blanco, y tienes 100". Otras dos personas y yo lo hicimos.

Reve Kun dijo...

ZAZ! Qué chido tu poder...!!!
Yo batallo mucho con eso de la memoria pero coincido en eso de prestar atención en los detalles, lo leí en un libro "el diablo vive en los detalles" y pos creo que para ganarle ahí está el detalle, mi chato...

bien por ti!

la MaLquEridA dijo...

Uuuuuuiiiiiii! Listillo que saliste.


:)

BlancheWorld dijo...

Estimado Guffo Caballero Talavera (GCT). Tu relato me ha pasado a encantar. A veces los engranes del destino trabajan de tal modo que nos dan esos regalos en nuestra vida. Nuestras habilidades encuentran una oportunidad, y sucede lo que nos acabas de relatar. En realidad me intriga que alguien tenga tan buena memoria para recordar los 2 apellidos de sus companieros de clase, y encima su orden en la lista. He de confesar que yo tambien tengo memoria de rencorosa jeje, es decir me acuerdo de todo, pero tengo que reconocer que jamas me aprendi el orden en la lista de mis companieros de clase. Por lo tanto este relato me ha llegado sencillamente a fascinar. Te has de haber sentido como el protagonista del Escarabajo de Oro :)... Un abrazo desde la tierra que atrapo el sol.

Guffo Caballero dijo...

Olvidé poner que éramos 42 compañeros y que en la pregunta número 43 volvía a empezar con MAT, pero ahora con un 1: MAT1. Y en la 85, con MAT2. Disculparán que se me pasó algo muy importante de la historia.

Anónimo dijo...

Adrián
Interesantísimo Maese Guffo!
Este material tuyo va a ser obligatorio de leer para todos mis alumnos. Breve: la observación es la herramienta por excelencia de todas las ciencias y artes.
Este post tuyo es uno de los mejores que he leído, saludos Maestro desde el defectuoso!
Mucho éxito!

Guffo Caballero dijo...

César: Jajajaja. Yo recuerdo que una vez nos dijo una maestra que si alguien se aprendía de memoria una página de la obra teatral Electra, de Sófocles, pasaba con 100. Nadie pudo, jaja.

Rox: Saludos, Rox. Le voy a echar el ojo a eselibro.

Alexander: Ésa estuvo buena, jajaja.

Reve: Ah, simón. O esa otra frase que dicen: El poder del diablo radica en hacerle creer a todos que no existe.

Malquerida: Muchas gracias, Saludos.

Blanche: Me da risa que a veces los relatos que menos pienso son a veces los que más gustan, jejeje. Muchas gracias.

Adrián: Muchas gracias por tan halagadoras palabras, compadre. Ojalá les guste a tus alumnos. Igualmente para ti: éxito.

Anónimo dijo...

eres un ñoñazo guffo....... por casualidad no te aprendes los nombres de las estrellas ??

zaz !!

MAKROS dijo...

Pues deja y te comento que a mi me paso algo parecido pero en la Universidad al profe de contabilidad le dio le dio flojera y las respuestas eran SU NOMBRE! Y eso significaba que había mas de una vocal repetida pero según el eran mayúsculas y minúsculas, como la vez!

Anónimo dijo...

¿Como se llama mi abuelita?

Alejandro Del Valle dijo...

En una ocasión un maestro dijo que quien entregará primero el examen tenía 100 de calificación. Así que le puse mi nombre y se lo entregué. Y el wey ya no se pudo hacer pa' atrás delante de todos.

Ya la siguiente ocasión dijo que el wey que entregara el examen contestado, con más de 30 por ciento de las preguntas bien contestadas tenía 100. Cómo eran cerca de 53 preguntas, hice corto circuito y no supe hacer la división necesaria para sacar el 30 por ciento.

Esa vez sí troné.

Saludos Gus.

sergio trejo dijo...

Jajajaja, fijese don guffo que a mi me paso algo similar, la profesora ponia palabras enteras como respuestas, por ejemplo la palabra "felicidad", y las letras que se repetian eran mayusculas, lo malo es que yo no lo descubri por mi inteligencia, sino porque escuche los planes de la maestra cuando estaba hablando con otro profesor en la cafeteria de la escuela.

A dijo...

jajajaj que bueno que estabas en la secundaria, en una historia de detectives "el malo" tendría que matarte por "saber demsiado" ; )
jejeje...