lunes, noviembre 28, 2016

Actualización del Perrotón Navideño 2016

Ahí la llevamos con los donativos, pero aún falta para llegar a la meta (me escuché bien Televiso en época de Teletón, snif). Por eso, para que más personas se animen a apoyar esta causa y recaudemos los $20,401 pesos para Juany Castorena y sus perros: yo, Guffo Caballero, me comprometo a hacerles una caricatura con sus mascotas a quienes donen más de $500 pesos. Aquí les muestro algunas de las que he realizado. ¡Anímense checando la información aquí! Buen inicio de semana.

martes, noviembre 15, 2016

Del lamento a la acción

Confieso que uno de mis pasatiempos favoritos es quejarme. Dicen que uno no gana nada con esto, que nada cambiamos quejándonos. Y tal vez tengan razón, snif.

Pero en defensa de esta "acción" diré que quejarse no sólo significa "lamentarse" o "gimotear", también significa "protestar" y "reclamar"; y pues... ¡pues suena más "guerrero"!, ¿no? Y aparte, en defensa de "Nosotros los Quejumbrosos", diré que si lo hacemos es porque algo nos duele, y ante una sociedad que pareciera agonizar, ¿cómo no quejarse?

Nos quejamos porque sabemos que muchas de las cosas que quisiéramos cambiar para beneficio común no están en nuestras manos, y porque tampoco vemos mucha voluntad en las autoridades competentes de que esto suceda: por eso preferimos decirlo antes que aceptarlo calladitos, aunque digan que nada cambia.

Pero así como dicen que muchas drogas son "el puente" para otras más fuertes, creo que quejarse es el puente que lleva a la reflexión de otros y a la acción propia (pero no a la "acción" de seguir quejándose, sino a la acción-acción).

Por otro lado, y por fortuna, hay muchas cosas que requieren de poca gente, poco tiempo, poco esfuerzo y hasta poco dinero para cambiar. Ya lo dijo León Tolstói: "Pinta tu aldea y pintarás el mundo". Y entre una de esas cosas que uno puede cambiar para bien con resultados inmediatos, está ayudar perros rescatados (sí, porque aparte, alguien ya nos ahorró la tarea de salvarlos, darles vivienda. levantar cacas, trapear orines, etc.).

A lo que voy es que hace poco me enteré por mi hermana de una señora que recoge perros callejeros aquí en Monterrey (bueno, en Apodaca), señora a la cual mi hermana ayuda de vez en cuando. La mujer se llama Juany Castorena y su labor es titánica. Aquí una breve reseña de lo que hace, nomás para que se den una idea:
video
Total que después de enterarme de esto, quise sumarme a la causa (que no es lo mismo que "subirse al tren del mame"), por lo que contacté a Luis Arturo Martín del Campo. ¿Por qué a él? Pues porque por allá de agosto, @LAMCH_, como aparece en Twitter, me mandó un mensaje directo sobre un donativo que quería realizar después de haber leído la historia de Ana, la niña lectora que vendía tostadas en una plaza cerca de mi casa. Fue ese mensaje el que detonó todo lo que ya conocen quienes leen este espacio (y si no, aquí va: primera partesegunda partetercera parte y final); y pues desde ahí se me hizo bien chingón que tanta gente se uniera a la causa (que no empezó como causa), dispuesta a compartir un poco de lo que tenían para aligerarle la carga a alguien.

Aparte, @LAMCH_ ya había organizado un "Perrotón" con muy buenos resultados (ayudaron a ¡mil seiscientos perros! con chingos de kilos de croquetas), por lo que era la persona indicada para que nos echara la mano con la señora Juany. Aquí la historia del primer Perrotón. 

Así que ya sin tanto rollo, ésta es la oportunidad de pasar del lamento a la acción de forma muy sencilla; de acoger aquella frase que dice: "La grandeza de una nación se mide en cómo trata a sus animales" y tal vez cambiarla por: "La grandeza de una persona...", porque ya hablar de una nación está medio cabrón. Pero poco a poco.  
¿Cómo pueden ayudar?

Pues donando 10, 20, 50, 100 pesos. Lo que gusten. Pueden hacerlo en la cuenta Santander 60-54959928-4 (a nombre de Luis Arturo Martín del Campo), o depositar en la tarjeta 5579 0700 6501 2570, también de Santander (ese depósito se puede hacer en el Oxxo). O también pueden depositar vía PayPal con el correo guffo76@hotmail.com

Si no tienen dinero, difundan este mensaje o junten periódico o cajas de cartón para construir camas para los perros (mi hermana junta las del Costco y las forra con plástico y pedazos de tela). Trapos, shampoo, jabones o croquetas también son bienvenidos. Todo lo que puedan que no sea dinero, me avisan al correo guffo76@hotmail.com y yo paso por ello. O si gustan ayudar directamente a la señora Juany, mándenme un correo o mensaje directo por Twitter y les paso su teléfono, para que se pongan de acuerdo con ella.

Algunos se preguntarán: ¿por qué no ayudar a gente? Pues después de la experiencia que tuve con Ana, la niña lectora que vendía tostadas por mi casa, quedé curado de espantos. La "logística" que apliqué no fue la mejor, pequé de inocente, etc., entonces se me hace más fácil ayudar perros. Pero no descarto en un futuro volver a hacer lo que hice, pues comoquiera varios niños salieron beneficiados con la laptop que le correspondía a ella. 

¿Por qué habrían de confiar en mí o en @LAMCH_? Pues no están obligados a hacerlo. Es pura buena fe. Aquí está mi cara desde hace 12 años. Nunca me he escondido. Me conocen más que muchas personas que creen conocerme; conocen mis redes sociales, mi correo electrónico, mi dirección y algunos hasta mi teléfono. No tenemos nada que ocultar ni se nos dio eso de robar realizando estafas por Internet. Todo será documentado como en el primer Perrotón y como con la laptop de Ana que terminó en una escuela del municipio de Escobedo.

Por lo pronto, yo ya hice mi primera aportación para la causa: 11 suéteres. Ojalá puedan echar la mano. Saludos y gracias por su atención.

lunes, noviembre 07, 2016

La importancia de los artistas en la sociedad

A mediados de octubre hice un viaje de 15 días por el noreste de Estados Unidos.

Aclaro que no les platicaré a detalle este viaje porque no me gusta ser como esos engreídos insoportables que se la pasan: "Uuuuy, síiii, mis viajes; mi estilo de vida; viajen para que sean mejores personas; viajen para que conozcan mundos nuevos y sepan de la vida y bla bla bla". Para nada. Simplemente lo del viaje es una introducción para llegar al quid de este escrito (aunque posiblemente les platique más del viaje en otro post, jejeje).

Como les decía: fui a Gringolandia, y no es que me haga muy feliz viajar a este país; mucho menos ahora, a como está el dólar de caro y a como traen la locura de la elección presidencial, pero varios motivos -y un dinero que tenía ahorrado- me llevaron a recorrer esa parte de Los Yunaited  Esteits (como dicen las tías que van de shopping). 

El primer motivo fue visitar a mi hermana y a mi cuñado para conocer a mi nuevo sobrino. Ellos viven en Maryland, muy cerca de D.C. Los demás pretextos del viaje fueron mi cumpleaños 40, el cumpleaños 44 de La Fabi y el habernos conocido hace 15 años (sí, lo sé: soy bien pinche romántico, snif).  

Total que llegando a USA mi cuñado amablemente me prestó su carro y La Fabi y yo huimos de los llantos de mi so... ¡DIGO!: agarramos carretera y comenzamos nuestro roadtrip. Recorrimos algunas partes de Maryland, Virginia, Pensilvania, Nueva Jersey y Delaware; también una diminuta porción de los Apalaches, en el Parque Nacional Shenandoah. En resumen, fue un viaje muy provechoso; un recorrido cuyo propósito era una de las máximas de Schopenhauer: "Desear tan poco y conocer tanto como sea posible".

Pero si algo me sorprendió de las muchas cosas que vi, fue la ciudad de Filadelfia.

La verdad nunca en mi vida hubiera planeado una visita a esta urbe. Las ciudades "modernas" no son lo mío; ya saben: mucha gente, muchos carros, muchos edificios, mucho todo. Mucho menos me llamaba la atención una ciudad que fue la capital de Los Policías del Mundo, donde las ofertas turísticas tienen que ver con historia que no me interesa: una campana "De La Libertad", un edificio "De La Independencia", monumentos a muertos y veteranos de guerra, una estatua de Rocky Balboa y gringomamadas por el estilo. Pero había escuchado hablar sobre su multiculturalidad y su oferta gastronómica; pero, sobre todo, había leído sobre Isaiah Zagar, un artista local único que trabaja el mosaico (denle una buscada en Google a su vida y obra; no se arrepentirán).

Lo que puedo decir es que Isaiah Zagar le ha dado otra cara a la ciudad de Filadelfia: una más bonita y colorida; más noble e imaginativa. Su obra también le ha dado plusvalía a un barrio que iba a ser derribado en los años sesenta y ha atraído turistas y artistas de todas partes del mundo. Al recorrer las calles donde sus más de 200 obras con mosaico están presentes, uno no pude sino reafirmar la importancia de los artistas en la sociedad; una sociedad que se ha ido descomponiendo y perdiendo valores, así como capacidad de asombro e instantes de contemplación. Una sociedad donde pareciera que nada puede existir si no deja un beneficio económico, pues lo que enriquece el espíritu no compra nada palpable.

Yo por eso me quedo con lo que el señor Zagar puso en uno de los rincones de su obra más representativa: los Jardines Mágicos de Filadelfia, en el 1020 de la calle South: "Construí este santuario para ser habitado por mis ideas y mis fantasías".
Eso no tiene precio.