viernes, junio 21, 2013

El Aracely

Caminando por el centro de la ciudad me topo con el mítico cine Aracely. Confieso que siempre había escuchado hablar de él, pero nunca lo había tenido enfrente; por lo que decido sacar la cámara de la mochila y tomar algunas fotografías. De pronto, un hombre robusto y con barba de candado sale de una puerta de cristal polarizado; se para en la orilla de la banqueta y me hace un ademán levantando las manos y parando el cuello, como preguntando “¿Qué quieres?”. Guardo la cámara en el bolsillo de la camisa, cruzo la calle y me acerco extendiéndole la mano, explicándole que las fotos son para un supuesto artículo que saldrá la próxima semana en un periódico ficticio: "Un artículo en el que hablo sobre construcciones emblemáticas de Monterrey". “Ah, perdón, pero es que uno ya no sabe las intenciones de la gente, compadre”, me dice, sereno y sonriente; y entonces entramos en confianza. 

El hombre –Héctor, se llama– me dice que el boleto de entrada cuesta $60 pesos. El precio lo confirma una cartulina anaranjada con plumón negro que está pegada en el vidrio de la taquilla. “Abrimos todos los días: los sábados de 10am a 10pm. Es como un cine normal”. Héctor recalca siempre la palabra “normal”. “Tenemos una dulcería, como los cines normales, pero obviamente las medidas de higiene de la sala son mayores”. Prefiero no ahondar en eso de “las medidas de higiene”, pues supongo a lo que se refiere.
Héctor también me platica que lleva 15 años trabajando ahí, y que siguen conservando los proyectores de 35mm –“unas reliquias que han de valer una lana”–, a pesar de que la mayoría de las películas que proyectan ya son en formato DVD. 

En eso, el teléfono de la taquilla suena. Héctor me pide que lo disculpe; mete la mano por una abertura y saca el auricular. Cuelga minutos después. “Si quieres otro día te doy un rol por adentro, ahorita ya me tengo que ir a unos mandados, compadre”. “No te preocupes,” le digo. “Te agradezco mucho tu tiempo” Antes de estrechar su mano para despedirme, me dice que quienes acababan de llamar son los dueños del cine: “Es una pareja de viejitos. Unas reliquias: como los proyectores”. Reímos. Cruzo la calle y me quedo con la imagen de una pareja de más de setenta años usando ropa de látex negro. 

El Aracely es de los pocos cines porno que sobreviven en la ciudad. Está ubicado en la calle Isaac Garza, casi esquina con Villagómez, en el centro de Monterrey. Lo rodean edificios de fachadas desgastadas -algunas balaceadas- y salas de masajes. También varias leyendas urbanas. Una de ellas dice que si vas solo y alguien se sienta en la butaca de enfrente, te está invitando a tener sexo; otra cuenta que los domingos el cine permanece cerrado porque hacen orgías. Pero a la fecha no he conocido alguien a quien le consten tales historias. De hecho, cuando se las mencioné a Héctor, se rió y lo negó. 

Me acuerdo que hace más de veinte años los periódicos todavía publicaban entre sus páginas una larga lista de películas pornográficas en exhibición; incluso más larga que la cartelera infantil, que se limitaba a las matinés de dibujos animados del Teatro Montoya, los fines de semana. 
Lo recuerdo porque a esa edad me llamaban mucho la atención los nombres de estas salas –Sala Rex, Cine Chaplin, El Adelita, Cine Encanto, Vistarama, Lírico I y II– y las películas que proyectaban: “Colegialas Ardientes”, “Sexorama 2000”, La Guarra y el Vagabundo”, "La Ninfómana que se vino del Espacio”, por mencionar algunas. También me llamaba la atención que a estas películas les pusieran tres letras equis, que para mí eran “tachitas”, y que relacionaba con las que ponía mi maestra con tinta roja en los exámenes para los que no había estudiado muy bien. Por lo tanto, en mi cabeza deducía que las "tachas" también eran algo “malo” en el mundo de los adultos; algo “prohibido” pero “permitido” al mismo tiempo; un misterio inquietante para mi edad. 

Hasta que un día dejaron de publicar la lista de películas porno en los dos periódicos que había en ese entonces, a pesar de que los cines seguían funcionando. Imagino que fue cuestión de negocios y de doble moral, defecto que siempre ha caracterizado a esta ciudad. Según Héctor, los cines porno dejaron de ser negocio cuando empezó el auge de las antenas parabólicas y los establecimientos de renta de videos, por eso muchos cerraron; pero eso para El Aracely fue una ventaja, pues había menos competencia. Hasta que se desató la ola de violencia y los cines porno no fueron los únicos negocios que se vieron obligados a cerrar; transformándose manzanas enteras de zonas comerciales en pequeños pueblos fantasma.

Pero El Aracely ha sobrevivido. Según Héctor, nunca ha cerrado sus puertas, aunque acepta que ha bajado la afluencia de clientes. El Aracely sigue de pie, a pesar de las nuevas tecnologías, las crisis económicas y la violencia. El Aracely sigue ahí, rodeado de abandono, recordándonos que hubo un tiempo en que abundaron este tipo de cines y Monterrey era un mejor lugar para vivir.

12 comentarios:

Rafael Nieto dijo...

Yo tambien me doy mis recorridos por el Monterrey antigüo, especialmente por la colonia Mirador y la Purísima, aunque mi queja es ver las casonas remodeladas (algo que ocurre tambien en el Contry) es posible dicernir el pasado y la vida que llevaban los habitantes de la ciudad hace 50 o 70 años.

Nunca falta un descubrimiento andando estas calles, casonas en el abandono, otras aún habitadas y árboles enormes, todas gritando historia. Te recomiendo el rumbo, saludos!

MexMen dijo...

Eh Guffo, no sabía que eras de Monterrey, Yo también soy de allá.

Mi abuela vivía por la Diego de Montemayor, casi casi donde quedó la plaza mayor o como se llame, no me acuerdo en estos etílicos momentos.

saludos.

Guffo Caballero dijo...

Rafa: Saludos. Me daré una vuelta por esos rumbos. Y sí. Me ha tocado ver que cubren el mítico sillar con yeso.

MexMen: Jejejeje... es La Macroplaza, compadre. ¡Salud!

Daniel Mendez dijo...

Me hiciste recordar mis tiempos de puberto calenturiento visitando el Teresa o el Ciudadela, aquí en el DF. Me inspiraste :-D esta semana escribiré sobre eso.

Saludos Enfermos.

Anónimo dijo...

Si wey, finge demencia. Ahí es donde conociste al pinche joto del cucamonga y donde hacen sus orgias, par de jotos sidosos

Julissa dijo...

Saludos, Gus..

¿Por que no se visualizan tus tweets en la página? Se me hacía más fácil leerlos desde aquí mismo, que entrando a la pagina de Twitter.

Un fuerte abrazo desde Venezuela.

Anónimo dijo...

Ni modo Guffo, los comentarios para tus post son como las épocas de vacas flacas.

Antes por lo general alcanzabas en promedio unas 80 réplicas. Luego prohibiste los comentarios supongo que por aquello de cría fama y échate a dormir; diciendo que era lo mejor...

Y mírate hoy. Te imagino mendingando un comentario aunque sea de un "anónimo"

No se los demás pero yo, te cobro 100 varos por cada comentario que te deje y así te sientas feliz.

Más al rato te paso mi número de cuenta para que me deposites.

Sale guffo, saludos.

Guffo Caballero dijo...

Daniel: Gracias por pasar a leer. Un abrazo.

Anónimo: Tienes razón.

Julissa: Hola. No sé qué pase con eso de Twitter. Deja lo checo. Saludos.

Anónimo: Tienes razón.

Nachito dijo...

Viejo, la verdad si me gusta leerte tienes frescura. Bueno el tema de los cines Porky esta bueno y mejor aun a verte sacado la mentria de la manga (eso es bueno) asi poder sacar mas informacion. Creo que todos contamos con la curiosidad de saber como funcionan mas nuestra moral no nos lo permite (en verdad nunca he ido)

Un dia pasando por Felix U. Gomez (antes de llegar al peni riel) me di cuenta que existe un cine Porky de nombre Cometa me sorprendio que estuviera ahi, he pasado muchas veces por ahi y nunca lo habia visto.

Saludos !

Fernando dijo...

nunca entre a uno ´pero quiero jajaja

hay muchos de esos por aca. todavia tienes libros del escuadron de la muerte?


pd. sigue a elwarpig en el twitter. te va a gustar.

saludos.

Sombrerudo dijo...

A mí me gusta mucho caminar de la tabacalera a la estación cuauhtemoc, siguiendo las vías del tren, aunque terminar por la estación edison. Una vez seguí las vías incluso después de que abandonaban mi rumbo, y me perdí por una antigua estación de trenes. Había casas muy pobres y derruidas construidas a un lado de las vías, un vagabundo con una fogata de basura y unas bragas y zapatos de mujer, que jamás sabre si fueron de unos adolescentes calenturientos o de un crimen sexual.

Te recomiendo mucho el recorrido.

Anónimo dijo...

Busca la cuenta de twitter del cine Aracely, si publican los horarios de las orgias!