lunes, abril 20, 2015

Para quienes no pudieron asistir...

...éstas son las 25 ilustraciones que estoy exponiendo en la galería de La Madriguera (dar click en cada dibujo para verlo más grande). La muestra durará hasta el 17 de mayo. Les recomiendo ir en domingo, porque es cuando está el corredor del arte del Barrio Antiguo y hay más cosas para ver, comer, beber, aprender y comprar. Si les gusta algún dibujo, mándenme un correo a guffo76@hotmail.com. Yo no los vendo. En el lugar sí están vendiendo impresiones seriadas porque es una manera de apoyar la existencia -y permanencia- de recintos como éste, que no abundan en la ciudad. También están a la venta unos cuantos ejemplares del Escuadrón Retro y, por una cuota voluntaria, pueden adoptar encinos. Espero les gusten mis dibujos:




viernes, abril 17, 2015

Mi primera exposición

No me gusta el término “artista”. Me suena algo rimbombante y, al mismo tiempo, medio ambiguo e injusto, pues creo que muchas veces el mote le queda chico a algunos y muuuy grande a otros. Yo me considero dentro del segundo grupo. No es falsa modestia, ni humildad, ni "hacer menos mi trabajo"; es simplemente conocer las limitaciones propias y los alcances que puede tener la palabra en cuestión.

Pero también estoy consciente que, aunque no soy un Santiago Carbonell o un Saul Steinberg, tampoco soy uno de esos farsantes como Damien Hirst, Gabriel Orozco o cualquier expositor de Zona Maco, que exhiben sus cabezas de ternera con moscas, sus cajas de zapatos vacías, sus cubetas de colores con agua o su palo de escoba metido en una llanta mientras se forran de fama y dinero de incautos que consideran sus mamarrachadas “arte”.

Siento que lo mío es más honesto. Por eso quiero invitarlos a mi primera "exposición individual"; que también me suena medio mamón el término, pero bueno: eso es.
Lo mío no sé si sea arte. Prefiero llamarlo “dibujitos”; lo que disfruto hacer desde hace mucho tiempo. La exposición es una selección de dibujos que hice de acuerdo a mis intereses, capacidad creativa y algo de talento. No pretendo venderlos en miles de millones de pesos ni hacerme famoso, sino invitar a la gente a la reflexión y a la acción. Son veinticinco dibujos sobre árboles y edificios. Son veinticinco impresiones en vinilo adherido a trovicel que reflejan la lucha eterna y desigual entre la naturaleza y el progreso; el contraste entre lo verde y lo gris; entre el desarrollo urbano irresponsable y el medio ambiente; es el sueño de buscar siempre el equilibrio que nos permita vivir en ciudades más bonitas y más sanas; entre ciudadanos, empresas y autoridades más conscientes y respetuosos del entorno natural.
La cita es el domingo 19 de abril a las 4 de la tarde, en la calle José Mariano Abasolo #916, entre Diego de Montemayor y Mina, en el corazón del Barrio Antiguo de Monterrey. El lugar se llama La Madriguera.
Para los que me preguntaban por el libro del Escuadrón Retro, saqué una pequeña reimpresión que estará a la venta ese día en el lugar de la exposición, o pueden pedirlo por aquí y se los mando. También habrá algunos souvenirs de producción limitada. La exposición durará un mes, por si no pueden ir el domingo.
¡Saludos!

sábado, abril 11, 2015

Vagones abandonados

Recorro desde muy temprano la autopista que lleva al ejido Las Maravillas. En una parte del trayecto me emparejo con el tren. Los vagones pasan a mi lado cortando la bruma; escandalosos, como una serpiente de acero sin aceitar.

¿Cuánta vida se nos va pretendiendo ser trenes: arrastrando vagones que cargan chatarra en cada estación?

Algunos ni siquiera están conscientes de la cantidad de escoria que van remolcando. Creen que van mirando hacia adelante, pero el peso de esa carga los mantiene mirando hacia atrás.

Recuerda que cada vagón es un posible ataúd; que ese peso desacelera tu marcha y desgasta. Piensa que remolcarlos es como renunciar a tu libertad de acción y pensamiento, a tu paz interior, a nuevos conocimientos y sensaciones.

Por eso me gusta más ver vagones abandonados que convoyes. Furgones pintarrajeados a orillas de alguna carretera, mimetizándose con el paisaje. Cada que veo un coche descarrilado, pienso que alguien -después de una intensa lucha interior- por fin se liberó de algo muy pesado y ahora va cargando sólo lo necesario.

Sólo para eso se mira hacia atrás: para dejar ir todo lo que nos impide avanzar. Bueno: para eso y para encontrar un bonito recuerdo. Pero nada más.

jueves, abril 02, 2015

Lugares sin señal

Bordeando la sierra, a centímetros del precipicio, una cruz blanca en cada curva nos advierte manejar a una velocidad prudente. 
Hay una diminuta capilla a mitad del camino, en medio de la nada, casi adherida a una de las paredes del cerro. Me llama la atención que todas las veladoras están encendidas. Más tarde, en el pueblo, los jóvenes que representan la danza de los chicaleros me explican que son los traileros quienes mantienen las veladoras de la capilla encendidas, como ofrenda de agradecimiento; como guía en su trayecto de regreso. 
Conforme nos adentramos en la serranía, da la sensación de que las verdes paredes fueran a desplomarse sobre nosotros. Huizaches retorcidos floreando de un lado y de otro. Oyameles imponentes. Quisiera tener visión con zoom para apreciar cada detalle que se me escapa: cada insecto, cada lagarto que trepa entre las grietas de las rocas, cada pluma del gavilán agitándose con el viento. 
La entrada al poblado está bien señalizada, arbolada e iluminada, como casi todas las entradas que dan la bienvenida a pueblos modestos. Aunque es el municipio más grande del estado, pareciera un lugar pequeño; limitadísimo en todo lo que a desarrollo humano, económico y sustentable se refiere.
Cinco candidatos de distintos partidos políticos se disputan este lugar. Qué hueva. Se nota que en muchos años no le han hecho un cariñito. Supongo que quien gana la contienda política se queda con el poco dinero que le asignan del presupuesto, porque no veo qué puedan robarle a la gente; si acaso su tranquilidad, pues la riqueza del municipio radica en sus tradiciones y paisajes: sus cerros y su cielo; y he de confesar que me da gusto que la mayoría de ésta permanezca intacta. “Aquí puede andar en bici donde quiera: no hay gente mala”, me dice un lugareño que huele a crudo. Bueno: al menos la tranquilidad también permanece intacta. 
Accedemos al hotel entre calles sin pavimentar y señalamientos impresos en lonas quemadas por el sol. No hay turistas. Le checo el aire a las llantas de las bicicletas y echo un último vistazo a la laguna, antes de que se oculte el sol. La compañía es perfecta. Los silencios son cómodos. No hay señal y, sin embargo, hay señales por todas partes.
El hotel respetó un enorme huizache al momento de su construcción
Si una casa vieja lo entiende, no veo por qué tú no.
Me dieron escalofríos al pasar por aquí.
Enormes yucas frente a iglesia.
Break después de pedalear alrededor de la laguna.
Los chicaleros.
Alabastro modelado por el agua y el viento.
Más alabastro.

lunes, marzo 30, 2015

De prole y mirreyes

Como vivo en una cueva apenas me entero del escándalo que provocó el video que hicieron los alumnos que se graduarán este año de la preparatoria del Instituto Cumbres México; y pues, ¡ah, qué caray!: cuánta gente indignada, en verdad.

Sí: el video está muuuy mamón. Sí: refleja una realidad triste y clasista. Sí: refleja un México excluyente. Sí, refleja una juventud vacua. Sí: te dan ganas de patear en los huevos a los pinches chamacos fantoches. Sí: las imágenes podrían considerarse misóginas. Sí: para nada representa los valores y principios de un buen ciudadano y bla bla bla; pero, digo, si se van a poner puritanos y traen ganas de indignarse, ahí está la ingeniosa campaña “Por Ti”, de cerveza Tecate o los alucinantes anuncios del desodorante AXE, que, en contenido, son casi casi lo mismo que el video de los mirreynitos chilangos. O, si le quieren subir dos rayitas de tono, ahí están los videos con canciones del Komander o los que muestran la insalubridad de algunas salas de espera del Seguro Social.

O no nos vayamos tan lejos y los invito a que vean cinco minutos –nomás cinco minutos– de televisión regiomontana. Neta que su programación es un eterno video de ésos: a diario salen a cuadro un montón de imbéciles alzados que se encargan de tratar al público como idiotas, y como “ganado” y “pedazos de carne” –por no decir “escoria”– a las mujeres que ahí laboran enseñando chichi y nalga. Lo raro es que aquí nadie se ofende ni exige que ofrezcan una disculpa o que renuncien, como algunos piden que expulsen a los mirreynitos del video.

Y me surgen tantas preguntas…

¿Qué les habrá molestado tanto a quienes se molestaron? ¿Por qué tanto pinche ardor en la coliflor? ¿Será porque es una institución educativa religiosa que pregona valores y dice predicar con el ejemplo del buen cristiano? ¿Serán los indignados los mismos que se indignaron con el grito de “¡PUTO!” en los estadios de futbol? ¿O serán otros? ¿Por qué no tomar el video con la ligereza que muchos tomaron el “¡PUTO!”, que, según ellos, a nadie ofende porque “así somos” y “es parte de nuestra cultura”? 

Porque, si a ésas vamos –y no por defender a los mequillos riquillos, podemos decir que los chamacos así han sido siempre; que esa actitud “es parte de su cultura”, que “así son”; que tienen ese concepto de las mujeres porque las que los han rodeado toda su vida así actúan, y que no lo hicieron con la intención de ofender a alguien, etcétera.

¿Será que en los anuncio de Tecate todos tenemos cabida porque los protagonistas son más "como somos la mayoría" y por eso nadie se ofende? ¿Será que los anuncios de AXE son iguales a nuestras fantasías de clase media? ¿Será que con el video de los mirreyes nos damos cuenta que hay quienes, desde niños, "cumplen" esas fantasías machistas que otros sólo se permite en sueños o anuncios de desodorantes? ¿Será que escuece porque la cultura del estadio de fut alcanza a más que la cultura de los hijos de papi, pero nos gustaría salpicarnos más de esta última?  ¿Será que en un estadio todos tenemos cabida para gritar “¡PUTO!” entre el montón, pero en el Instituto Cumbres nunca la tendremos y posiblemente tampoco la tendrán nuestros hijos? ¿Por qué en vez de tenerles lástimas, nos da coraje que unos mirreyes jueguen a ser lo que aparentan ser: unos imbéciles?

Tantas preguntas que los ofendidos tendrían que hacerle a su orgullo clasemediero herido para sanar su prole corazón. Tantas preguntas...

lunes, marzo 23, 2015

Mandamientos y mandamases

Recorro las calles de mi ciudad. Por todos lados promocionan candidatos a puestos de elección popular. Han ensayado tanto la sonrisa de la fotografía que hasta parece real.

En las avenidas más transitadas, entre baches encharcados, grupos de jóvenes jubilosos ondean banderas y reparten calcomanías con los rostros de los contendientes.

Supongo que los partidos organizan todo este circo porque aún existe gente que vota por quien tapice la mayor parte de la ciudad con la cara de su aspirante. No le encuentro otra explicación a tanto despilfarro de esfuerzo humano y recursos.

El espectáculo me parece tan ridículo y estéril como las planillas de la preparatoria. Más absurdo todavía. Al menos en la preparatoria se conservaban algunos sueños y una pizca de nobleza en el corazón. Ahora, quién sabe.

Más de un candidato se vende como "Un regio para regios", "Padre de familia", "Orgullosamente norteño, como tú", "Aquí estudié y aquí he vivido siempre". Como si eso los hiciera mejores. ¿No se darán cuenta que ese orgullo enfermizo por "la tierra que los vio nacer" sólo reafirma la fama de  xenófobos, cerrados e intolerantes que tenemos los regiomontanos?

Sigo recorriendo las calles de mi ciudad. La imagen de un candidato abrazando a una viejita. "Adulto mayor", me corregiría si leyera mi pensamiento. Una candidata escucha a un grupo de mujeres “como tú”. Otro candidato trae la camisa remangada, listo para realizar una labor inexistente. Otro se muestra "firme"; "decidido": lo que sea que eso signifique. Pero el colmo de colmos es la candidata que dice que cuidará al estado "como tú cuidarías a tus hijos". Lo que nos faltaba: una mamá.
Y es entonces que el quinto mandamiento de manipulación mediática que supuestamente escribió Noam Chomsky -y que al parecer ya desmintió, pero no por eso deja de ser una representación contundente de la realidad-, se hace presente:

La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. ¿Por qué? Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad.

Nos siguen creyendo idiotas. Y para la mayoría de la gente, está bien. Es más cómodo así. Si no me creen, lean el sexto, séptimo y octavo mandamientos. 

lunes, marzo 16, 2015

Consejos por si te topas con animales

Hubo un tiempo en Monterrey donde tiraban cabezas en las calles, colgaban cuerpos de los puentes peatonales, bloqueaban avenidas para robar coches y se escuchaban balaceras y granadazos a todas horas por todos lados.

No es que la violencia haya terminado: sigue, pero la percepción general es que "ha bajado". O la han ocultado. O -peor aún- nos hemos acostumbrado a ella.

En esa época de terror las autoridades y medios de comunicación "aconsejaban" a los ciudadanos “no arriesgarse”. Por ejemplo: si te tocaba un bloqueo en donde pretendían quitarte tu coche, lo mejor era no resistirse y entregarlo; si te tocaba una balacera, lo mejor era tirarse al suelo, alejarse de las ventanas, arrastrarse a un lugar seguro y esperar a que acabara la tronadera. 

En pocas palabras: si te mataban era por pendejo o por valentón.

Me acordé de lo anterior porque hace un par de días los vecinos de Bosques del Contry grabaron a un grupo de jabalíes que bajó del Cerro de La Silla en busca de alimento. El video lo mandaron al noticiero que conduce una vieja loca y alarmista -que solía dar los consejos de los que hablo- en una de las cadenas de televisión más nefastas del mundo. La mujer dijo al aire que "estos animales son peligrosos", y que, por lo tanto, había que "llamar a la autoridad competente" para atraparlos y llevarlos al triste y olvidado zoológico La Pastora.

Y entonces pensé que el mundo está loco. O sea: si te topas con fauna salvaje en una zona residencial, el consejo es "Llama a la autoridad competente para que atrapen a los animales y los encierren"; mientras que si te topas con delincuentes, el consejo es: "No la hagas de pedo, dales lo que te piden, tírate al suelo y espera a que pase".

¿No debería ser al revés el consejo?

viernes, marzo 06, 2015

Justicia poética (o como dicen por ahí: "¡Qué bueno: por culero!")

Hay un tópico literario llamado “justicia poética”. En pocas palabras: el bueno recibe una recompensa y el malo un castigo. Así de sencillo. La cosa es que en la vida real la justicia verdadera no siempre se hace efectiva.

Me ha tocado presenciar algunas situaciones en las que, tanto la justicia conforme a derecho como la justicia poética, se han hecho presentes. Sobre todo esta última, pero han sido ondas sencillas, tipo “me burlé porque te caíste, me di la media vuelta y me caí”; pero ningún caso tan contundente como el que me tocó vivir esta semana.

Hace un par de días estaba en el trabajo, cumpliendo mi turno de veinticuatro horas. La noche anterior habían detenido a un chavo que andaba borracho gritando afuera de casa de su ex esposa. La mujer le habló a la policía y de inmediato fue una patrulla para traer al escandaloso a las celdas municipales. El tipo no opuso resistencia al momento de su detención y la mujer no quiso levantar cargos, por lo que el hombre salió en libertad al cumplir el arresto "por alterar el orden público".

Al salir de celdas lo pasé a barandilla para entregarle la bolsa con sus pertenencias: una gorra desgastada de los Spurs, un par de agujetas, una cartera del equipo Tigres con velcro, algunas monedas, un encendedor verde, varios piercings y un manojo de llaves. El hombre vestía uniforme de obrero color negro. Estaba todo empolvado y salpicado con mezcla de cemento y pintura blanca. Visiblemente apenado, me dijo que era albañil, y que cada que se tomaba unas cheves le daba por querer volver con su ex. "Ni chance tuve de cambiarme de ropa cuando los oficiales me agarraron, mi jefe", dijo. “No se preocupe”, respondí, “aquí ni quién se fije en eso”.

Me acompañaba en barandilla un oficial y un licenciado de ésos que se creen muy verguitas nomás porque son “Lics.” pero son unos pendejazos; de esos imbéciles que le piden a todo mundo que les digan “Lic.” o les hablen de “Usted” porque de seguro tienen un complejo muy grande (o un pito muy chico).

Total que el chavo me estaba platicando su vida mientras le ponía las agujetas a sus tenis y se colocaba de vuelta todos los piercings que usaba en la cabeza. Pero El Licenciado, con hartazgo y cara de asco (y nomás por andar de mamón), dijo:

–Ándale, ya acaba de ponerte todo, porque estás aquí ensuciando la mesa.

El hombre no le hizo caso.

–Este uniforme es de Caterpillar, mi jefe –dijo señalando un logotipo amarillo, medio borroso, a la altura del pecho–. Hace mucho me mandaron a Canadá a trabajar por tres años. Ahí fue cuando troné con mi vieja, pero pues siempre he querido volver con ella, ¿vedá?

El Licenciado se rió burlonamente y, con tono sarcástico, le dijo:

–¿Canadá? No has de conocer ni Saltillo, cabrón. ¡Ándale, ya acaba, porque estás ensuciando aquí y nos estás quitando el tiempo!

El hombre, que hasta el momento había mantenido la calma, le clavó la mirada a El Licenciado:

–¿A poco porque me ves así crees que no conozco ni Saltillo? –dijo extendiendo los brazos.

El Licenciado se hizo para atrás: todo culo, y el oficial de policía se acercó. Le hice un ademán así como de: “Tranquilo, no hay pedo”; y al Licenciado Pendejo le hice un gesto llevándome el índice a la boca, así como de: “No mames, ya cállate”.

Don Licenciaducho se rió y dijo:

–Tá bueno´mbe, ya. Acaba de ponerte todos tus aretitos y vete a Canadá. Pero nomás a la otra háblame de “Usted”.

El chavo se quedó callado, pero noté que se había tragado el coraje por la forma en que se le marcaron los pómulos. El Licenciaducho sonreía sabiendo que  tenía todas las de ganar si el güey se la hacía de pedo.

–¿En qué parte de Canadá viviste? –le pregunté a Yahir, como se llamaba el albañil. Y fue aquí en donde la justicia poética se hizo presente.

El hombre pudo haber caído otro día, en otra guardia en donde yo no estuviera, con otro alcaide; o pudo haber vivido en Montreal, Vancouver, Edmonton o New Brunswick; pero no.

–Viví en Toronto, jefe –me dijo.

–¿Qué estación del metro te quedaba más cerca de donde vivías?

Se le iluminaron los ojos.

–¿A poco conoce allá, jefe?

–No estuve tanto tiempo como tú, pero sí; algo –respondí. 

Y que se suelta:

–Primero estuve cerca de Islington, mi jefe, porque vivía por Etobicoke; pero luego me cambié allá por el downtown, por Dundas y bla bla bla bla. ¿Usted por dónde vivía?

–Entre Eglinton y Dufferin, por donde pasa el 29 y el 32. Casi enfrente de la biblioteca bla bla bla.

A estas alturas, ya se imaginarán la cara de El Licenciaducho. Nomás pelaba los ojos, todo pendejo; incrédulo.

–¿A poco sí es verdad lo que está diciendo? –interrumpió.

–Ni modo que lo esté inventando –le respondí.

Total que ahí en lo que acababa de ponerse los piercings, estuve platicando con Yahir, que por último se atornilló una bolita de acero que tenía en la lengua, me dio las gracias, se despidió y se fue.

El Licenciaducho seguía con cara de que no lo podía creer.

–Pinche mugroso… Se me quiso poner muy picudo –murmulló cuando Yahir iba cruzando el portón de salida. Obviamente no lo escuchó.

–Pues mugroso mugroso pero está más paseado que  usted, mi Lic. –le dije.

–¿Eso qué? –dijo sin mirarme a los ojos.

–Lo mismo pienso: “¿Eso qué?” cuando pides que te hablen de “Usted”.

Cuando estuvimos solos, el oficial de barandilla me dijo:

–Se la metió hasta el fondo, mi Lic. Si se hubiera puesto un chicle en la puntita, lo hubiera masticado, el cabrón. ¡Qué bueno!, porque ese Lic. es bien mamón.

–Justicia poética, le llaman –dije.

–Pues en mi Rancho le dicen "metérsela con todo y huevos" –remató, y reímos.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, amiguitos y amiguitas. Así de curiosa es. Lo más chistoso es que "siendo Licenciado", tengo más cosas en común –y de que platicar– con ese albañil que con el imbécil ese que quiere que le hablen de “Usted”por ser "Lic.".

P:D. Como el Lic. trajo todo el día la mazacuata adentro y ya no hallaba ni cómo sacársela, me madreba –según él con: "¿Qué onda con su amiguito el albañil? Vivieron juntos allá en Canadá, ¿verdad?". Me daba tanta lástima que nomás le seguía la corriente y me reía y le decía que sí; que nos quitábamos el frío a besos y arrimones. El Lic. nomás sonreía, creyendo que había triunfado.

Pobre imbécil.

martes, marzo 03, 2015

Mis árboles y yo

Qué bonito florece el ciruelo. 

Del patio, es mi árbol favorito.

Me gusta la higuera, pues fue la que más rápido creció, la que proyecta más sombra y da más frutos.

Del guayabo me gusta la fragilidad de sus ramas aún tiernas y esa paciencia con la que ha ido trazando en el aire su altura. Un jardinero una vez me dijo que era "el más flojo" de mis árboles, pues es el que recibe más tiempo la luz del sol.

Me gusta también el misterioso árbol que compré como limonero y da frutos igualitos a las mandarinas, pero con sabor a lima. Es un mutante verde de tronco espinoso y follaje perenne. Me gusta esa incertidumbre que deja en quienes prueban su jugo, pues siempre es motivo de debate; y me gusta que la gente debata sobre árboles, no sobre política y futbol.

Este árbol es como un enigma de la madre naturaleza tomando forma en mi patio. Me gusta sobre todo en esta época del año, pues sus recientes flores atraen cantidad de abejas y colibríes que forman una orquesta de zumbidos sobre mi cabeza.

Pero el ciruelo es especial. Algo tienen sus ramas de tonos vino, sus hojas guindas y sus flores blancas a las que, curiosamente, no he visto acercarse ni a las abejas ni a los colibríes.

El mismo jardinero que me dijo lo del guayabo me comentó que no era fácil que se diera un ciruelo. Menos en esta ciudad. Menos en mi pequeño patio. Tal vez por eso es mi preferido. Tiene ya más de cinco años que lo planté. Requieren de muchos cuidados, me dijo el hombre. Tierra especial, luz adecuada, espacio considerable. Confieso que con ninguno de mis árboles he tenido tratos especiales. Los únicos cuidados que he tenido son regarlos, podarlos de vez en cuando y salir a contemplarlos por las tardes; sobre todo al ciruelo, pues imagino el día en que su follaje púrpura cubra el cielo, como un campo azul envuelto en llamas que se confundirán con el arrebol y se entrelazarán con los tallos de sus hermanos.

Qué bonito florece el ciruelo. 

Del patio, es mi árbol favorito. 

lunes, febrero 16, 2015

Siete Leguas

Según mi filosofía de vida, con una mente en silencio, los sentidos bien alerta, una irresponsable actitud de a-donde-me-lleve-el-viento y la compañía perfecta la de uno mismo también cuenta como compañía perfecta, cualquier nimiedad aparente o salidita a la esquina puede transformarse en una experiencia memorable. Y en eso se convirtió mi visita a la mítica cantina Siete Leguas.
El Siete Leguas es una cantina ubicada en el poblado de Paredón, en el municipio de Ramos Arizpe, Coahuila; a casi 100 kilómetros de la ciudad de Monterrey. 

Había escuchado, leído y visto muchas historias, reportajes y artículos sobre este peculiar sitio, pero nunca había tenido la oportunidad de visitarlo. Hasta hace poco.

Paredón es una pequeña localidad al sur del estado coahuilense, donde convergen dos líneas de ferrocarril. Durante la Revolución Mexicana, Paredón fue un importante centro ferrocarrilero, pues era un punto estratégico para la movilización de tropas y armamento. De hecho, según la historia oficial, Pancho Villa sometió a las fuerzas federales de Victoriano Huerta en este lugar. 
Como dato adicional: Paredón está muy cerca de Icamole, Nuevo León, lugar donde supuestamente Porfirio Díaz rompió en llanto al verse derrotado por Mariano Escobedo, ganándose el apodo de El Llorón de Icamole.

El nombre de la cantina hace honor a un corrido revolucionario que se titula "Siete Leguas", que, al mismo tiempo, alude al nombre del que fuera el caballo predilecto de Villa.

Como podrán deducir por lo que he escrito hasta el momento, el lugar es un templo dedicado al Centauro del Norte y al México revolucionario. Las paredes rezuman historia: fotos de soldados y trenes en tonalidades sepia; documentos, monedas y bilimbiques enmarcados; casquillos de balas, pistolas oxidadas y un sin fin de souvenirs de aquella época. 
Don Gaspar atiende el Siete Leguas desde un banco de madera. Muy apenas puede caminar. El menú es limitadísimo: cerveza de Grupo Modelo y bolsas de cacahuates y chicharrones con salsa Botanera. A veces algún cliente lleva limones o una salsa casera. También hay un par de mesas de billar.

Don Gaspar dice que la cantina es propiedad de uno de sus hijos que "vive fueras". Presume que mucha gente se la ha querido comprar, pero su hijo no quiere deshacerse de ella. Asegura que han venido a beber cerveza bien fría alcaldes y gobernadores, y "gente muy importante". También presume que "se han modernizado", pues en la parte de atrás hay un par de asadores amplios, mesas y sillas, "para quienes quieran hacer una carnita".

Pienso en la gentrificación de algunos lugares a los que les tuve cierto afecto, pues comienzo a tenerle aprecio a éste. Sitios a donde llegó gente con el capital suficiente para comprarlos y "mejorarlos". Imagino lo que yo haría con un lugar de estos si tuviera el dinero para comprarlo. Deduzco que dentro de la "mediocridad" o "mal servicio" o la inexistente variedad en el menú, es mejor que el Siete Leguas se mantenga así como es.
Hay oro molido flotando en todas partes. Pláticas que nunca imaginamos. Personas que marcarán nuestro día con una frase. Basta curiosidad. Basta lo que dije al principio: mente silenciosa, sentidos alerta, actitud de a-donde-me-lleve-el-viento y compañía perfecta.

Al caer la noche en Paredón sólo se escucha el canto de las cigarras. Las suelas de mis zapatos crujen con las rocas del camino y los insectos callan. Pudiera asegurar que es tanto el silencio que, cuando corre el viento, escucho cada partícula de tierra levantando el vuelo.