jueves, marzo 24, 2011

Toc, toc...

No sé a ustedes pero a mí me encabrona mucho que llamen a la puerta de mi casa. Si no estoy esperando a que venga alguien, nadie tiene por qué tocar. No son bienvenidos; si lo fueran pondría un tapete en la entrada, de ésos con florecitas de colores que dicen: “Bienvenidos”. Pero no, no hay tal tapete, por lo tanto no tienen una razón válida para acercarse a mi puerta, a menos que sean conocidos míos o gente como mi vecina anterior, que cada que timbraba era para darme frijoles charros, rebanadas de pastel o algún guiso. Pero insisto: si no los conozco o no son la vecina que me daba comida: ¡no vengan!, ¡júchile de aquí!

Es que la verdad he tenido muy malas experiencias las pocas veces que he abierto la puerta cuando tocan. El problema es que no tengo una ventana por la que pueda ver quién chingados es y decidir si abro o no. Bueno, sí hay una ventana, pero si me asomo por ella quedo a la vista de la persona que toca y ya no me da tiempo de esconderme y fingir que no estoy. Es por esto que desde que me cambié de casa he tenido que lidiar con testigos de Jehová, mujeres haciendo encuestas de refrescos dietéticos, vendedores de calculadoras y señores que piden dinero con el pretexto de tener a un familiar en el hospital.

Lo que hago ahora es simplemente hacerme pendejo. Al momento de escuchar golpes en la puerta, me bloqueo. Viajo mentalmente a la zona del silencio o a alguna playa en la que sólo se percibe el murmullo del oleaje. Ya no me asomo ni pregunto “¿quién es?” o “¿qué chingados quieren?” ni nada. Nomás aguanto la respiración lo más que puedo y procuro no hacer algún movimiento brusco que delate mi presencia. Si quien toca resulta ser alguien que conozco, pues me llama a mi teléfono y me dice que está afuera y le abro la puerta y asunto arreglado.

Pero ayer… oh, nooo… ayer fue una pesadilla…

Estaba yo muy a gusto rascándome las criadillas en la cama, cuando de pronto escuché golpes en la puerta. Me hice pendejo un rato, pensando que el inoportuno que había osado llamar se retiraría al no recibir respuesta. Pero no. Tocó con más fuerza la segunda vez, lo que provocó que retirara la vista de mi interesantísimo libro “Cañitas”, de Carlos Trejo. Después de percibir un silencio continuo volví a mi lectura, pero quien golpeaba a mi puerta se dio cuenta que había un timbre, y se puso a timbrar. Y ahí estuvo un buen rato, chingue y jode el muy cabrón, golpeando la puerta y timbrando al mismo tiempo. Y yo queriendo acabar esa obra literaria que tenía entre mis manos.

Hasta que la necedad de quien tocaba pudo más que yo y me tuve que parar a abrir, pues llegué a pensar que era alguna emergencia o que era la Fabi que me caía de sorpresa o algún conocido que me visitaba para echarnos unas cervezas. Pero no. Abrir la puerta fue como recibir un cubetazo de agua fría. Del otro lado del umbral se encontraba al que considero mi mayor enemigo: ¡el vendedor de manzanas con chocolate!

¿Cómo supo dónde vivo?, ¿por qué sigue vendiendo manzanas con chocolate en vez de conseguir una profesión más varonil?, ¿por qué chingados si no le abro sigue tocando y timbrando el hijo de puta?

Al ver mi cara de horror, el hombre me dijo:

-¿Qué cree, vecino? Vengo a invitarle una manzana con chocolate.

¡Qué novedad! Ya ni le sonreí ni nada; mas bien puse un gesto de hartazgo. Siempre va al negocio de cajas y por más que le digo que “no, gracias”, me dice: “Bueno, mañana vengo otra vez”. Y la neta ya es muy incómodo para mí estarle diciendo que no.

-No, muchas gracias. No como dulces –le dije.

-Usted no, pero qué tal su mamá o sus hermanas o alguna amiga suya, o su novia?, ¿eh?. ¿Verdad que sí? Ándele, invítele una a esa persona especial.

Ya. Ya no pude. Y traté de ser lo más educado y mamón posible.

-Mira, compadre: no tengo ni mamá, ni tías, ni novia, ni hermanas, ni amigas, ni abuelas ni a nadie. Estoy solo en el mundo. Solo. Soy el peor cliente al que pudiste ofrecerle tus manzanas. No tengo a nadie a quien regalárselas. Pierdes tu tiempo cada que me ofreces tu producto.

El güey se me quedó viendo con incredulidad. Noté cómo un chispazo de entendimiento brilló en sus ojos. Se puso la caja en el hombro y se despidió con un gesto de “ok, ya lo entendí”. Pero antes de salir de la cochera, se volteó y me dijo:

-Le puede regalar la manzana a la muchacha que le ayuda en el negocio de cajas. ¿Ya ve que no está del todo solo?

Hijo de la chingada... No se da por vencido.

Chale… estoy pensando seriamente en cerrar el negocio y en mudarme de casa para que este cabrón ya no me moleste... o tal vez sería más fácil y menos radical estacionar mi coche todos los días en la cuadra de atrás, para que la gente piense que no hay nadie en casa y no vengan a joderme.

Sí, eso haré...

martes, marzo 15, 2011

Guffodorowski

La gente habla de avanzar, pero no veo que avancen hacia algún lado.

Avanzar es “dar el siguiente paso”, dicen. El matrimonio es avanzar en una relación de noviazgo. Adquirir un coche del año es avanzar en el estatus social. Obtener un nuevo puesto es avanzar en el organigrama de la empresa.

Pero, ¿se avanza realmente?

Avanzar es el paso que todos, tarde o temprano, nos dicen que tenemos que dar. Avanzar es hundir la pierna en el pozo de mierda que todos han pisado y seguir avanzando, y pensar que vamos bien porque todos traen la pierna enmierdada y el olor no les molesta.

Si eres ingenuo, te harán creer que el único camino es el del pozo con caca; que tienes que mancharte porque nadie aprende en cabeza ajena, y que lo más normal es aprender cagándola. Te dirán eso porque ellos no pueden ver más allá de eso. Porque los enseñaron a equivocarse haciendo algo repetitivo para después no equivocarse más -como en las maquiladoras-, pero no los enseñaron a pensar por sí mismos ni a sentir. No te creas lo que te dicen. ¿Tantos errores cometidos de la misma forma una y otra vez por tantas personas, que crees que no existe alguien capaz de sacarle la vuelta al pozo? Por favor… No les creas. Sácales la vuelta.

Y sólo así avanzarás.

Lo ves a diario. No te contagies. La gente recorre con prisa las calles y avenidas de la ciudad. Ahí sacan todo lo que son por dentro. Van histéricos. Sonando el claxon. Patinando las llantas. Cerrándole el paso a quienes intentan meterse en su carril. Así avanzan ellos. Ése es su concepto de avanzar. Ve a los funcionarios públicos. Cómo avanzan en el tráfico, con sus comandos de camionetas y guaruras. Y esos son quienes dicen que vamos avanzando.

Te preguntarás: ¿a dónde van con tanta prisa? A donde mismo. A donde siempre. A ningún lado. Así los pone el espejismo de avanzar. Así se ponen al saber que su tan cacareado “avance” no es más que estar dando vueltas en el mismo pozo y en reversa, por generaciones y generaciones... Por lo tanto, no pierdas el tiempo en comprender la prisa de muchos por llegar a donde no hay novedad y nunca la ha habido.

Avanzar es enfrascarte en tu propio embotellamiento. Avanzar no es cambiar una rutina.

Avanzar está allá. Aquí adentro.

jueves, marzo 10, 2011

jueves, marzo 03, 2011

Antes de casarse, la mayoría de mis amigos me confesaron que no querían una ceremonia religiosa ni gastar en una fiesta enorme. Obviamente terminaron haciendo ambas cosas para complacer a sus mujeres y, de paso, a sus suegros y a esta cruel sociedad de apariencias, snif.

Es fecha que no conozco a una mujer que diga que no quiere una ceremonia religiosa ni una fiesta enorme sólo por complacer a su hombre.

sábado, febrero 26, 2011


Por cierto: no vean esa mierda de película. Es más, si pueden, quemen todos los cines en los que se exhibe. En serio: ¿a alguien le interesa ver lo que "sufrió" un rey que era tartamudo? Uy, sí, qué historia tan conmovedora... Mierda pura.

jueves, febrero 24, 2011

Ya estoy actuando como teclado de computadora mal apachurrado.

Como sabrán, la letra "s" está a un lado de la letra "d". En el cartón de ayer escribí una "s" en lugar de una "d", y ni cuenta me di.

Deberían inventar un corrector de Word para la mano, para cuando uno dibuja o escribe en papel... o, si se pudiera, un corrector de Word integrado en cada hoja blanca.

Sería un gran invento para los cavernícolas que aún dibujamos con plumones y papel.

sábado, febrero 19, 2011

Acción Poética es un movimiento cultural regiomontano creado por Armando Alanís, el cual consiste en fusionar a la poesía con el paisaje urbano mediante bardas pintadas de blanco con algún texto breve y profundo en negro. Si lo "googlean" podrán ver de lo que trata. El movimiento cumplió 15 años y lo celebrarán con un librito y una expo, y me invitaron a colaborar -junto a otros colegas moneros- con una ilustración que a continuación les comparto.


miércoles, febrero 16, 2011

Cartón político bilateral


Agentes de Estados Unidos baleados en San Luis Potosí. Supuestos nexos de Al Qaeda con el crimen organizado mexicano. Posible infiltración del narco en las elecciones presidenciales del 2012. Autoridades incompetentes en todos los niveles. Policías corruptos. Ejército y Marina mal coordinados... Pinches gringos ya tienen muy buenos pretextos para seguir metiendo su cuchara en nuestra cacerola y para seguir diciendo que el problema de las drogas es de seguridad nacional y no de salud pública.

Últimamente escucho que tooodo el mundo dice: "Ay, pues si la única solución para que esto se termine es que los gringos manden a sus soldados, pues ya que los manden". ¿Por qué la gente cree que los gringos acabarían con el crimen y la inseguridad y las drogas? ¿Será que los gringos nos quieren hacer creer eso precisamente porque fueron ellos quienes generaron todo este desmadre de ingobernabilidad por buscar siempre gobiernos extranjeros sumisos ante sus intereses y solapadores de sus chingaderas que, por consecuencia, son ellos los únicos que pueden "solucionar" este desmadre?

O tal vez me equivoco y los gringos en verdad son bien rectos y bien nobles y bien justos y buscan la paz mundial. Entonces, si tanto les molesta que haya violencia en nuestro territorio y que les mandemos tanta droga y que seamos un peligro, ¿por qué chingados no cierran sus fronteras? Ah, pues porque el negociazo de las drogas es de ellos, no de los capos mexicanos. Pero en fin. Viven para hacerle creer a los tontos que son unas blancas palomas (que se zurran en todos lados, menos en su casa, obviamente).

NOTA VARIAS Y AJENAS AL TEXTO DE ARRIBA:

Hay lectores que me escriben pidiéndome permiso para usar, imprimir o compartir mis dibujos, fotos o textos. No me pidan permiso: tomen lo que gusten. No me molesta; al contrario, es un halago. Lo que alguna vez dije que me molestaba era que le borraran mi firma o se adjudicaran la autoría de algo que no es suyo, pues esa acción sí la considero un robo.

Si quieren algún cartón o alguna tira en alta resolución porque quieren imprimirla, mándenme un correo y con gusto les mando el archivo.

Y no olviden que Los Diarios del Fin del Mundo siguen a la venta hasta el mes de mayo.

Saludos.

miércoles, febrero 09, 2011

Escuadrón Retro

Visitaban nuestros héroes el Museo de las Aguas Frescas en Retrópolis:

sábado, febrero 05, 2011

Un par de cartones de esta semana

Por primera vez en muchos meses el desmadrito que hay en nuestro país no ocupó los titulares en otros países.

Desde el martes de esta semana, la mayoría de los niños y adolescentes de mi Estado, Nuevo León, faltaron a clases a causa del frío. ¿Quién tiene la culpa?: ¿El frío?, ¿los huevones de los papás?, ¿los huevones de los estudiantes?, ¿los planteles educativos que no cuentan con calefacción?, ¿todos los anteriores?


jueves, febrero 03, 2011

La renuncia del Filósofo de Cantina II

El Filósofo de Cantina regresó del baño frotándose las manos y le pidió otra cerveza a Mon. Yo hice lo mismo.

“La semana pasada fui a comprar algo de verduras y frutas al Soriana que está cerca de donde vivo. En el estacionamiento había una mujer que intentaba cruzar empujando una carriola con un recién nacido. Ninguno de los cuatro coches que iban delante del mío le cedió el paso. Cuando yo se lo cedí, los coches de atrás accionaron el claxon. ¿Quién quiere a esa gente horrible cerca? Yo no. Me niego.

Lo peor del caso es que las actitudes viles son contagiosas. Si no lo fueran, viviríamos en una ciudad distinta, en constante progreso evolutivo. Y no veo ese progreso por ningún lado desde hace años. Al contrario: cada día es peor. ¿Crees que las cosas mejorarán en una ciudad que tiene 60 casinos de lujo pero menos de 10 bibliotecas y más de 50 escuelas sin pupitres? ¿Crees que vamos por el camino correcto? ¿Que defendemos los valores importantes? Yo no.

Ante tal panorama no puede existir la esperanza. Es imposible que la haya. Puede que haya optimistas, pero no esperanza. Y los optimistas son todavía peores, pues para ellos todo está bien y no hay que cambiar nada.

Los verdaderos cambios necesitan medidas drásticas; radicales. Por eso mi decisión fue radical. Cuando les planteas el negro panorama a las personas, te responden que no hay de otra mas que seguir adelante. Están mal. Claro que hay de otra, y no es seguir adelante, sino seguir por otro camino.

En mi nueva ciudad no sucede –ni sucederá- lo que sucede en ésta. En mi nuevo mundo no existen los horrores de este mundo. Mi universo es perfecto, y no pienso ni compartirlo ni sacrificarlo. Que allá afuera se dejen matar de hambre, frío, ignorancia, trabajo o bienes materiales si creen que morir por ello vale la pena. Yo no estoy dispuesto a sacrificarme en provecho de los incompetentes ni de los conformistas ni de los charlatanes ni de los saqueadores.

No odio a la humanidad. Humanidad en el más noble sentido de la palabra. La amo tanto que por eso la he dejado ir, Gustavo. Si alguna vez vuelve, significa que fui parte de ella, si no vuelve, nunca lo fui”.

Y yo, Gustavo, no pude dar un trago más a mi cerveza...

martes, febrero 01, 2011

La renuncia del Filósofo de Cantina

El Filósofo de Cantina ya no frecuenta como antes El Zacatecas, el bar donde lo conocí junto a un grupo de amigos hace casi una década.

Mon, el mesero bigotón, me comentó que iban a descontinuar la cerveza Superior, pues el único que la pedía era el Filósofo. “Siempre tenemos unas 6 o 7 ahí en la hielera, por si viene el señor; pero ya hace mucho que no viene”, me dijo deslizando un trapo rojo por la barra.

“Hoy sí va a venir”, le dije. “Ayer hablé con él”. Mon sonrió y abrió la hielera. Señaló con su mano el frío interior: había algunas cervezas Superior.

Noté al Filósofo más delgado que hace algunos meses, pero con el mismo semblante jovial y ese halo misterioso que rodea a los hombres sencillos y sabios. Después de saludarlo, Mon le puso enfrente una Superior. Mientras le daba el primer trago, le pregunté la razón –o razones- de su larga ausencia.

“Siempre procuré vivir en este mundo de acuerdo a los valores que mi ser me indicaba que eran los correctos; no mis padres ni mis maestros ni personas ajenas a mi individualidad. Pero tal parece que mi ser, o está pasado de moda o siempre estuvo equivocado.

Sí: tomé la decisión de aislarme. Opté por la reclusión casi total para poder crear un mundo propio, a mi gusto, pues las ofertas de éste ya no me atraen en lo absoluto. Me convertí en un ermitaño para edificar un universo personal que ya existía dentro de mí, pero que había descuidado; un cosmos interno que es imposible mezclar con el entorno bárbaro y vacío que nos rodea.

Me di cuenta que lo que he llevado dentro de mí toda la vida, no es el reflejo de lo que hay allá afuera. Y me sentí engañado. Algo decepcionado. Por eso, con mi aislamiento, tengo la esperanza de que, al menos, los metros cuadrados que habito sean el reflejo de mi interior. Mi único refugio. El mundo como lo quiero.

¿Y sabes qué es lo mejor, Gustavo? Me di cuenta que en verdad no necesito nada. Pero aún mejor es saber que nadie necesita de mí. Te repito: no hay nada que puedan ofrecerme y, lo que yo puedo ofrecer, no les interesa. Estamos a mano. No existe nada allá afuera que me entusiasme tanto como lo poco que tengo en mi pequeño mundo, donde decidí encerrarme voluntariamente y a la vez arrastrado por factores externos que no soporté más.

Sembré árboles en el patio de la casa que habito y llené cada rincón con plantas, pues siempre quise vivir en la selva sin perder ciertas comodidades. Decoré las paredes con mis fotos, mis dibujos y mis recuerdos; y amueble el comedor, la cocina y la habitación a mi gusto, con poco dinero.

Tengo a Hermann Hesse, Charles Bukowski, Italo Calvino, Ayn Rand, Pacheco, Paz, Cortázar y a muchos más en los libreros. A Kurosawa, Del Toro, Linklater, Cazals, Wenders, Bergman y otros en el mueble del televisor, donde también tengo algunos discos compactos. Y tengo a mi mujer a mi lado. Con su mundo entrelazando el mío. No necesito nada más. No hay nada que no tenga ahí. Estoy en paz. Estoy feliz".

Posó con suavidad sobre la barra el envase vacío de su cerveza. Me miró y sonrió. “No te asustes. No estoy enfermo, en fase terminal ni me volví loco. De hecho, renuncié a la locura y a la muerte en vida, Gustavo”. Me palmeó en el hombro y se puso de pie, diciendo que iba a orinar.

Nunca había deseado tanto ser esa persona.

miércoles, enero 26, 2011

Opiniones en cartones

¿Han leído los comunicados de los supuestos secuestradores del Jefe Diego? Si no lo han hecho, aquí están.


No sé si sea verdad o todo esto del secuestro sea un teatrito montado, pero creo que me preocuparía más si todo fuera verdad. ¿Por qué? Ora verán:

Al leer los comunicados, uno nota que quienes los redactaron son personas cultas, con conocimientos ortográficos, gramaticales, literarios, históricos y hasta filosóficos; que son propios al expresarse, que manejan un vocabulario amplio, que hablan de causas justas, sueños revolucionarios, ideales nobles, libertad, que respetan la vida y buscan cambios benéficos para todos.

Y eso es precisamente lo que me preocupa, pues me pone a pensar que este viejo cabrón del Jefe Diego, aparte de que tiene todo el poder político, económico y empresarial, todavía tiene la pinche suerte de que le toquen secuestradores bien a toda madre y hasta cultos. O sea, no conforme con todos los privilegios de los que goza este barbón, todavía lo vienen a plagiar personas razonables con una "noble causa".

No mamen… Hasta en eso nos joden los poderosos. Déjenos algo bueno, ¿no? Ya ni la chingan.

Ah, y pasando a otra cosa, falleció el Obispo y defensor de los derechos de los pueblos indígenas, Samuel Ruiz, un personaje tan importante y tan querido como el ex presidente Vicente Fox, con quien tuvo muchas similitudes.


martes, enero 25, 2011

Pensamientos mientras espero el autobús


¿Por qué las personas agradecen a Dios cuando les sucede algo que consideran positivo?

Si consiguen un trabajo, si conservan ese trabajo, si superan una enfermedad, si sacan buena nota en un examen, si tienen éxito, si tienen hijos sanos, si tienen la posibilidad de salir de viaje o de comprarse un coche nuevo, le dan las gracias a Dios.

Ah, pero que no cometan un error, porque ahí sí le echan la culpa a su condición humana.

“Soy humano, cometo errores”, “todo el mundo se equivoca”, “ni pedo, la cagué”, “de los errores se aprende”, “no nacemos sabiendo ser padres”, “no soy perfecto” y demás lloriqueos que obstruyen el camino hacía la sobrehumanidad y nos hunden en acciones cada vez más imperfectas.

¿No podría ser al revés... o igual? Tus virtudes son tuyas, al igual que tus fallas; pero las fallas pueden evitarse, las virtudes no. Pendejo es quien evita las virtudes teniéndolas. Por eso mucha gente odia al que razona las cosas dos veces para no equivocarse; por eso tachan de frívolos e insensible a quienes prefieren pensar.

Por eso la humanidad está tan devaluada. No creemos en nuestra capacidad creativa ni en nuestra inteligencia ni en nuestras virtudes. Ponemos siempre a la razón por debajo del instinto, de las emociones chantajistas y del pensamiento mágico, y a los sentimientos por debajo de la razón las pocas veces que debiéramos ser compasivos. Hasta para eso somos convenencieros e hipócritas.

Creemos que todo lo bueno nos llega del cielo y lo malo lo traemos cargando desde que nacemos. Por eso la ignorancia y la barbarie no pasan de moda. Por eso son tiempos como estos.

lunes, enero 24, 2011

Compra, tira y vuelve a comprar

Aquí les dejo uno de los mejores documentales que he visto en mi vida. Habla sobre el motor secreto de las sociedades de consumo: acortar la vida de los productos para aumentar sus ventas.

Espero comprendan por qué los gringos odian tanto a los supuestos “países comunistas” (osea, los que no despilfarran sus recursos); espero que no crean ese mito de que “para hacer crecer las economías, hay que comprar”; y que, al menos, piensen dos veces antes de comprar las cosas que compran, preguntándose: “¿Realmente lo necesito?”, y no: "Lo compro porque puedo".

Ah, y también a ver si ya bajan del pedestal mediático y tecnológico a ese viejo loco de conductas compulsivas contagiosas llamado Steve Jobs, que no hace otra cosa más que andar ideando aparatitos inservibles y extremadamente caros para verles la cara de mensos a unos cuantos incautos, sin mencionar el terrible daño ecológico que le han provocado a los países de tercer mundo él y sus amiguitos nerds, que navegan con bandera de "genios que hacen la vida más práctica". ¿Será?

Ojalá lo disfruten tanto como yo.


viernes, enero 21, 2011

Capulina me bajó a mi vieja

Hubo una etapa en mi vida -como de los 8 a los 10 años- que quise ser como Capulina. La neta le tenía mucha envidia a ese pinche gordo ridículo y bigotón. El motivo de mi envidia/admiración: Rosalba Brambila. Ay, ostión... Qué mujer...




¿A poco no? Esa mirada desvalida, ese puchero de congoja, ese peinado a gogo... Creo que fue mi primer amor que no era una caricatura. Siempre fantaseaba con que me convertía en Ricky Ricón de carne y hueso y la contrataba de mucama en mi mansión y que luego inventaba un rayo secreto que en las noches me convertía en adulto y bajaba a su cuarto y ella no sabía que era yo, sino otro, y la seducía para que me hiciera piojito y me soplara en la oreja y... bbbrrrrr... y ya en la mañana, otra vez me convertía en niño y me comía el desayuno que me preparaba y seguía enamorado de ella en secreto y ella no sabía que en verdad era yo el que la seducía en las noches.

Sí, estaba bien enfermo de morrillo. Pero es que los primeros amores platónicos son tan bellos ellos, snif.

jueves, enero 20, 2011

Pues con la novedad de que agarraron al agresor del fútbolista Cabañas, el tal "JJ". Estoy bien decepcionado, pues yo pensé que "El JJ" era otra persona, snif.

miércoles, enero 19, 2011

El vendedor de manzanas

Ayer por la tarde vino al negocio de cajas un cabrón que vendía manzanas cubiertas de chocolate. ¿Manzanas cubiertas de chocolate? ¿Qué hombre que se jacte de ser bien hombre anda vendiendo manzanitas con chocolate? “Aaaay, aaay, lleve la manzanaaa, llévela, llévelaaa, tiene chocolatito encimaaa bien ricooo, aaayyy, me duelen las nalgaaas”… ¡No mamen! Me veo más hombre yo vendiendo bolsitas de Blanca Nieves y de Winnie Pooh que este vato de las manzanas; pero bueno…

El caso fue que llegó este cabrón al negocio y me “frikió” todo. Lo que me aterró no fue que vendiera la fruta cubierta de dulce ensartada en un palo, sino los métodos macabros que empleaba para concretar sus ventas. Si antes odiaba con odio jarocho a los vendedores, gracias a este hijo de su manzanera madre los odio aún más. ¡Los aborrezco!

Ora verán por qué, no crean que mi odio es sin fundamentos. Resulta que el güey llegó, abrió la puerta del negocio, entró muy pinche sonriente y me dijo:

-Hola, amigo, mire: vengo a invitarle una deliciosa manzana con chocolate –y me extendió la mano con su producto, en un ademán que me pareció delicado y elegante.

Yo, pendejamente, al escuchar “vengo a invitarle”, pensé: “Qué a toda madre: ¡son gratis!”, y de volada agarré la manzana y le di las gracias. Peeero, el muy cabrón me respondió:

-Estas manzanas valen 50 pesos, amigo; pero yo le pongo la mitad. Usted nomás me va a dar la cantidad de 25 pesitos.

¡¡¡Mira qué verga salió!!! “Vengo a invitarle”... sí, cómo no... ¿Cómo pude ser tan menso para caer en su trampa?

Confieso que me quedé todo trabado, sin saber qué hacer, como cuando al chavito del 8 le da la garrotera. Con manzana en mano tardé en asimilar en qué momento me había arrinconado y chingado este güey. Después de como un minuto de silencio incómodo, le dije, devolviéndole la manzana:

-No, muchas gracias, amigo: yo no como de éstas.

-¿Entonces por qué me la aceptó, amigo?

-Porque dijiste que “me la invitabas”… pensé que eras de alguna campaña para niños hambrientos y me viste cara de niño hambriento.

Se rió como si mi chiste hubiera estado bien chingón.

-Si usted no come de estas manzanas, llévesela a su mamá, o a su esposa, o a su hija, o a su abuela, o a alguna amiga… no falta a quien sí le gusten. ¿A poco no se ven deliciosas? –me dijo mirándola con orgullo.

Saqué del cajón 25 pesos y se los di no muy contento. Ya me había chingado, ya qué. El vato me devolvió la manzana, me dio la mano, me la sacudió con fuerza y se fue con la misma sonrisota que había entrado.

No me he comido la manzana nomás por puro pinche orgullo, snif.

lunes, enero 17, 2011

Lunes optimista

Hoy me levanté de muy buen humor (sí, yo me levanto a las pinches seis y media de la tarde, ¿cuál es el pedo?) y decidí hacer una caricatura esperanzadora de lo que sucede en nuestro México. Ahí les va:

martes, enero 11, 2011

La señora Nalgona

Así se llama el escrito extra que hice para la segunda edición de Diarios del Fin del Mundo. Algunos lectores me han pedido que suba un fragmento. Aquí está:

El Gordo pasó por mí a las siete de la noche para ir a espiar a la señora Carmona. La señora Teresa Carmona de Vargas vive a tres casas de mi casa, pero en la banqueta de enfrente. Ése es su verdadero nombre, pero en el barrio todos la conocemos como “La Señora Nalgona de Vergas”.

Teníamos ya rato de no balconearla porque la última vez su esposo casi nos descubre. No nos dimos cuenta que había llegado más temprano que de costumbre, y de seguro escuchó nuestros murmullos en el pasillo que da a la ventana de su cuarto. Corrimos todos espantados y brincamos por la barda que da al monte cuando gritó: “¡¿Quién chingados anda ahí?!”. Mi amigo el Chompi cayó sobre un block quebrado y se torció un pie. Al siguiente día se le hinchó bien feo y se le puso morado. Tuvo que decirle a sus papás que se había lastimado jugando fútbol, pero el Chompi está tan güey que ni jugar al fútbol sabe.

Esa noche el Chompi no pudo acompañarnos porque había reprobado dos materias y su papá lo tenía castigado. El Gordo y yo entramos como si nada por la cochera de la señora Nalgona. Sabíamos que su esposo andaba de viaje. Recorrimos el pasillo que rodea la casa y llegamos al patio donde está la ventana de su habitación. Y ahí estaba doña Tere acostada en la cama, viendo tele, pero tapada hasta arriba con las sábanas. ¡Qué mala suerte!

“Tu mamá es bien amiga de doña Tere, güey”, me dijo el Gordo. “Ve a tu casa y márcale por teléfono”. “¿Y qué le voy a decir?”, le pregunté. “No seas pendejo: marcas y cuelgas; para que se pare y poder verle las nalgas”. Me cae que al Gordo siempre se le ocurren las mejores ideas.

Corrí a mi casa lo más rápido que pude. Me gusta tomarme el tiempo en mi cabeza: hice 48 segundos. Un nuevo récord. Mi mamá y mi abuela no se dieron cuenta cuando entré. Estaban viendo la televisión con un rosario entre sus manos, como casi todos los días. Abrí el cajón de la mesita del teléfono, saqué la libretita azul y busqué el nombre de la señora Nalgona. Aparecía como “Tere la vecina de enfrente”, y entre paréntesis, con letra de la abuela, decía: “(la vieja puta)”. Cuando levanté la bocina del teléfono, las manos me temblaron y batallé para marcar los números. Por los nervios no me di cuenta que el teléfono no daba línea, “estaba muerto”, como dicen los adultos.

Volví corriendo con el Gordo, pero se me olvidó tomarme el tiempo para ver si rompía mi nuevo récord. El Gordo seguía asomado por la ventana, rascándose los huevos. Le dije que el teléfono de mi casa no funcionaba. Le pregunté que si le había visto las nalgas a doña Tere y me dijo que no. “¿Entonces por qué te estás agarrando los huevos, pinche cochino?” El Gordo se sacó la mano del pantalón y acercó sus dedos a mi nariz. Pinche Gordo es un ojete. No le pude decir nada ni meterle un chingazo porque si no, la señora Tere nos podía cachar.

En eso, el cielo tronó fuertísimo y se iluminó, como si fuera a haber una tormenta. Doña Tere volteó a la ventana y muy apenas alcanzamos a agacharnos. Se asomó entre las cortinas rojas un buen rato y después se fue. Volvimos a asomarnos con cuidado. La vimos caminando por el cuarto con el teléfono en la mano. Traía puesto un camisón floreado que le tapaba las nalgas a medias. De pronto, volvió a tronar y a encenderse el cielo...

sábado, enero 08, 2011

Shopping culturoso

El año pasado me invitaron -junto a otros moneros y artistas de verdad- a participar en un proyecto editorial de Francisco Haghenbeck y Grupo Santillana. Era un libro sobre "mexicanos no tan famosos", por así decirlo; mexicanos borrados de la historia oficial u olvidados por nuestra memoria.

Todo sucedió un día que me encontraba combatiendo el crimen de la ciudad a ritmo de la "Thrillercumbia" (¿qué?... a mí me gusta combatir a los malosos bailando), cuando "redepente" me llegó un correo con un guión sobre la vida de María Sabina, la shamana de los hongos (no sé de qué me vieron cara), y me dijeron que mi misión era dibujarla en 4 páginas, sin ponerle los textos, nomás mis hermosos dibujitos.

Cumplí mi misión en un día y medio (porque, aparte, me dijeron que urgía)... pasó un año... ¡y que por fin sale el libro!... snif, qué emoción...



Un mexicano en cada hijo te dio está a la venta en los Sanborns, en la Gandhi y en un chingo de librerías más. También en Mercado Libre. Participan en este proyecto muchos colegas y amigos: Bachan, Cucamonga, Cavazos, Pinto, BEF, Betteo, Kabeza, Jasso, Juanele, etcétera.

Ah, y recuerden que también pueden seguir comprando los Diarios del Fin del Mundo por este medio o escribiéndome un mail. Compren muchos muchos muchos libros, para que así pueda dedicarme de tiempo completo a la bohemia culturosa. Compren muchos libros para que ya no tengan que ver fotos tan horrorosas como la de aquí abajo, donde parece que estoy trabajando, peleándome con el contador del negocio, hablando con algún proveedor que aumentó sus precios, con los culeros de la luz que nunca traen el recibo a tiempo o haciendo esas cosas que hace la gente normal, bbbrrrrr. ¡Háganme bohemio!, os lo pido y oslo (Noruega) agradeceré, snif.



(Tan grandote y tan macho y vendiendo bolsitas de Winnie Pooh... ojalá nadie vea esta foto porque no me la voy a acabar...)