jueves, marzo 11, 2010
miércoles, marzo 10, 2010
martes, marzo 09, 2010

P.D. Para esas nuevas generaciones que no conocieron el papel, la pluma y el Liquid Paper, aquí les va un link muy útil que les ayudará a comprendan el chiste anterior.
lunes, marzo 08, 2010
jueves, marzo 04, 2010
Sentí que algo andaba mal cuando se inventó el Facebook y el Twitter.
Confirmé lo que sentí al percatarme de quiénes abren cuentas en esas chingaderas: senadores, diputados, candidatos a algún puesto de elección popular, periodistas que ni así tienen los huevos de decir las cosas como son, nenitas que no saben escribir, pendejazos que se creen galanes porque una foto trucada los favorece, estrellitas de la televisión local, actores de Hollywood que quieren sentirse mortales y ñoños que creen que por esos medios disfrazarán sus obsesiones para tener cerca a su celebridad favorita.
Sueño el día en que todo el mundo emigre a Facebook o a Twitter y me dejen Blogger para mí solito. Es más fácil que se me cumpla este sueño a que se haga realidad el otro que tengo: ése en el que todos se van a la chingada y me dejan la tierra nomás pa´mí.
Soñar no cuesta nada, snif.
Confirmé lo que sentí al percatarme de quiénes abren cuentas en esas chingaderas: senadores, diputados, candidatos a algún puesto de elección popular, periodistas que ni así tienen los huevos de decir las cosas como son, nenitas que no saben escribir, pendejazos que se creen galanes porque una foto trucada los favorece, estrellitas de la televisión local, actores de Hollywood que quieren sentirse mortales y ñoños que creen que por esos medios disfrazarán sus obsesiones para tener cerca a su celebridad favorita.
Sueño el día en que todo el mundo emigre a Facebook o a Twitter y me dejen Blogger para mí solito. Es más fácil que se me cumpla este sueño a que se haga realidad el otro que tengo: ése en el que todos se van a la chingada y me dejan la tierra nomás pa´mí.
Soñar no cuesta nada, snif.
miércoles, marzo 03, 2010
martes, marzo 02, 2010
lunes, marzo 01, 2010
¡Riata ta ta ta!
Ayer domingo fui al periódico y me tocó una balacera.
Fui a eso de la 7 de la noche porque el viernes pasado no había podido ir a recoger mi cheque, por lo que el encargado de pagar las quincenas me lo dejó desde ese día con la editora.
Total que llegué, la editora me dio el papelito, firmé de “recibido” y me dijo que pedirían unas pizzas, que si quería entrarle a la cooperacha. Acepté, solté 50 pesotes y aproveché para checar algunos correos y hacer las caricaturas e ilustraciones para hoy lunes.
Como a eso de las 8, que se escuchan unas explosiones bien gachas afuerita de las instalaciones. Mi compa el guerrillero saltó de su asiento con los ojos pelones, diciendo: ¡Esas fueron granadas, cabrón, esas fueron granadas! Todos nos miramos en silencio, asomados por encima de las paredes de los cubículos, pensando que podría haber sido algún transformador de un poste de luz.
Pero en eso, que llega el culísimo del guardia de la entrada, todo espantado. ¿Escuchó, licenciada?, dijo dirigiéndose a la editora con el rostro pálido. ¡Fue aquí afuerita! "¡Valiendo verga!", pensé.
Escuchamos cómo se acercaba un montón de patrullas y daban vueltas por las calles del rededor con las radiofrecuencias a todo volumen y las torretas encendidas. No pasaron ni 2 minutos... y que se suelta la balacera: ¡trakatrakatraka!
Nomás vi todas las cabezas de mis compañeros desaparecer, como perritos de la pradera metiéndose en su agujero. ¡Al suelo, maestros!, gritaba el guerrillero. ¡Quítense de las ventanas, camaradas!
Yo me cagué todo porque estaba al lado de una ventana. Me puse en 20 uñas hecho la madre y me fui gateando por el pasillo, buscando a la gorda que me sacó a bailar en la posada navideña para ponérmela encima y así me rebotaran las balas, pero la gorda ya estaba bien resguardada debajo de su escritorio comiéndose una torta de huevo con chorizo y frijoles, por lo que tuve que arrastrarme como cucaracha hasta el baño y esconderme en el escusado, por si entraba algún loco resentido a hacer un ajuste de cuentas (y para deshacerme de mis calzones flameados por el susto).
Se escuchó un desmadre los siguientes minutos: llantas rechinando, motores forzados, torretas, enfrenones... pero ya ninguna detonación. Todos salimos de nuestros escondiste asombrados. Riendo nerviosamente. El mero mero salió de su oficina y, tratando de aligerar la tensión, dijo: ¿Quién se quiere lanzar a tomar fotos? Esta nota nadie nos la gana: fue aquí afuerita. Todos reímos.
Ningún medio cubrió la nota.
Llegaron las pizzas y cenamos. Hablamos todo el rato sobre el incidente. Esto está peor que Irak y Tlatelolco juntos, maestro, dijo mi compa el guerrillero antes de meterle una tarascada a su rebanada de pizza hawaiana. En el radio pasaron un anuncio bien mamón del Bicentenario: ése que dice que somos un poema de Jaime Sabines y un plato de mole y no sé qué mamadas más. Uno que dice que llevamos 200 años de ser orgullosamente mexicanos.
Todo suena muy chido, pero creo que a ese anuncio le falta decir que también somos la viuda del soldado, el huérfano del policía, su sueldo miserable, los casquillos de bala regados en las calles, un pasón de coca en el antro, una bolsita llena de tachas, un narcocorrido de los Tigres del Norte... Le falta decir que tenemos 200 años de ser lo peorcito de este mundo, y a eso no le veo motivo de celebración ni de orgullo.
Fui a eso de la 7 de la noche porque el viernes pasado no había podido ir a recoger mi cheque, por lo que el encargado de pagar las quincenas me lo dejó desde ese día con la editora.
Total que llegué, la editora me dio el papelito, firmé de “recibido” y me dijo que pedirían unas pizzas, que si quería entrarle a la cooperacha. Acepté, solté 50 pesotes y aproveché para checar algunos correos y hacer las caricaturas e ilustraciones para hoy lunes.
Como a eso de las 8, que se escuchan unas explosiones bien gachas afuerita de las instalaciones. Mi compa el guerrillero saltó de su asiento con los ojos pelones, diciendo: ¡Esas fueron granadas, cabrón, esas fueron granadas! Todos nos miramos en silencio, asomados por encima de las paredes de los cubículos, pensando que podría haber sido algún transformador de un poste de luz.
Pero en eso, que llega el culísimo del guardia de la entrada, todo espantado. ¿Escuchó, licenciada?, dijo dirigiéndose a la editora con el rostro pálido. ¡Fue aquí afuerita! "¡Valiendo verga!", pensé.
Escuchamos cómo se acercaba un montón de patrullas y daban vueltas por las calles del rededor con las radiofrecuencias a todo volumen y las torretas encendidas. No pasaron ni 2 minutos... y que se suelta la balacera: ¡trakatrakatraka!
Nomás vi todas las cabezas de mis compañeros desaparecer, como perritos de la pradera metiéndose en su agujero. ¡Al suelo, maestros!, gritaba el guerrillero. ¡Quítense de las ventanas, camaradas!
Yo me cagué todo porque estaba al lado de una ventana. Me puse en 20 uñas hecho la madre y me fui gateando por el pasillo, buscando a la gorda que me sacó a bailar en la posada navideña para ponérmela encima y así me rebotaran las balas, pero la gorda ya estaba bien resguardada debajo de su escritorio comiéndose una torta de huevo con chorizo y frijoles, por lo que tuve que arrastrarme como cucaracha hasta el baño y esconderme en el escusado, por si entraba algún loco resentido a hacer un ajuste de cuentas (y para deshacerme de mis calzones flameados por el susto).
Se escuchó un desmadre los siguientes minutos: llantas rechinando, motores forzados, torretas, enfrenones... pero ya ninguna detonación. Todos salimos de nuestros escondiste asombrados. Riendo nerviosamente. El mero mero salió de su oficina y, tratando de aligerar la tensión, dijo: ¿Quién se quiere lanzar a tomar fotos? Esta nota nadie nos la gana: fue aquí afuerita. Todos reímos.
Ningún medio cubrió la nota.
Llegaron las pizzas y cenamos. Hablamos todo el rato sobre el incidente. Esto está peor que Irak y Tlatelolco juntos, maestro, dijo mi compa el guerrillero antes de meterle una tarascada a su rebanada de pizza hawaiana. En el radio pasaron un anuncio bien mamón del Bicentenario: ése que dice que somos un poema de Jaime Sabines y un plato de mole y no sé qué mamadas más. Uno que dice que llevamos 200 años de ser orgullosamente mexicanos.
Todo suena muy chido, pero creo que a ese anuncio le falta decir que también somos la viuda del soldado, el huérfano del policía, su sueldo miserable, los casquillos de bala regados en las calles, un pasón de coca en el antro, una bolsita llena de tachas, un narcocorrido de los Tigres del Norte... Le falta decir que tenemos 200 años de ser lo peorcito de este mundo, y a eso no le veo motivo de celebración ni de orgullo.
viernes, febrero 26, 2010
jueves, febrero 25, 2010
Mi tía Eleazarita y los 50 libros
Cuando de vender libros se trata, siempre es el mismo problema con los familiares. Para que entiendan lo que intento decir, pondré un ejemplo.
Recibo una llamada al celular, contesto y es mi madre:
-Mijito, me dijo tu tía Eleazarita que te quiere comprar 50 libros de esos del fin del mundo que sacaste.
-¿Y pa´qué quiere tantos, má?
-Pues no sé, pero quiere comprarte 50 libros. Creo que se los va a regalar a sus comadres.
-Ah no: dile que le vendo nada más uno.
-P… pero te quiere comprar 50…
-Que no: dile que le vendo nomás uno. Es más: se lo regalo; pero nomás uno. Y si a sus comadres les interesa el libro, que me llamen o me manden un correo.
Sonará absurdo y mamón y tal vez ésa no sea la forma en que un hijo deba tratar a su madre y a sus tías con nombres feos, pero es que esas actitudes humanitarias y bonachonas por parte de nuestros familiares–que en el fondo se agradecen y se agradecerían mucho más si fueran compras en el negocio de cajas- ponen a uno en un dilema.
Sí, es cierto: uno como “autor” quisiera vender todos sus libros -o cualquier otro proyecto-, pero venderlos a gente “interesada” en el producto, no que los compre una tía o una abuelita para regalárselo a sus comadres que sólo leen misales y La Biblia. Con esto no quiero devaluar a la familia ni a los que leen la chingada Biblia, pero, honestamente, cuando un familiar hace este tipo de acciones, a uno le queda esa incertidumbre amarga de: “¿En verdad lo comprarán porque les interesa o nomás por ayudar… o por lastima?”.
La familia, en su eterna bondad, no ve lo humillante que puede resultar para uno -que se siente escritor, snif- que hagan eso. Porque, entonces, cuándo no esté la familia, ¿quién diablos nos va a comprar los libros?
Por eso hago un atento llamado a todos los lectores de este blog y de Recolectivo, para que hagan sus pedidos e impidan que mi malvada tía Eleazarita se quede con los últimos 50 ejemplares de Diarios del Fin del Mundo. El 1 de abril será el último día de ventas, porque ya necesitamos ponernos a planear el siguiente proyecto o pensar en una reedición. Saludos y gracias.
Recibo una llamada al celular, contesto y es mi madre:
-Mijito, me dijo tu tía Eleazarita que te quiere comprar 50 libros de esos del fin del mundo que sacaste.
-¿Y pa´qué quiere tantos, má?
-Pues no sé, pero quiere comprarte 50 libros. Creo que se los va a regalar a sus comadres.
-Ah no: dile que le vendo nada más uno.
-P… pero te quiere comprar 50…
-Que no: dile que le vendo nomás uno. Es más: se lo regalo; pero nomás uno. Y si a sus comadres les interesa el libro, que me llamen o me manden un correo.
Sonará absurdo y mamón y tal vez ésa no sea la forma en que un hijo deba tratar a su madre y a sus tías con nombres feos, pero es que esas actitudes humanitarias y bonachonas por parte de nuestros familiares–que en el fondo se agradecen y se agradecerían mucho más si fueran compras en el negocio de cajas- ponen a uno en un dilema.
Sí, es cierto: uno como “autor” quisiera vender todos sus libros -o cualquier otro proyecto-, pero venderlos a gente “interesada” en el producto, no que los compre una tía o una abuelita para regalárselo a sus comadres que sólo leen misales y La Biblia. Con esto no quiero devaluar a la familia ni a los que leen la chingada Biblia, pero, honestamente, cuando un familiar hace este tipo de acciones, a uno le queda esa incertidumbre amarga de: “¿En verdad lo comprarán porque les interesa o nomás por ayudar… o por lastima?”.
La familia, en su eterna bondad, no ve lo humillante que puede resultar para uno -que se siente escritor, snif- que hagan eso. Porque, entonces, cuándo no esté la familia, ¿quién diablos nos va a comprar los libros?
Por eso hago un atento llamado a todos los lectores de este blog y de Recolectivo, para que hagan sus pedidos e impidan que mi malvada tía Eleazarita se quede con los últimos 50 ejemplares de Diarios del Fin del Mundo. El 1 de abril será el último día de ventas, porque ya necesitamos ponernos a planear el siguiente proyecto o pensar en una reedición. Saludos y gracias.
miércoles, febrero 24, 2010
martes, febrero 23, 2010
lunes, febrero 22, 2010
Estoy abajito de John Lennon
Hace algunos días recibí el correo electrónico de una persona que dio con mi blog gracias a un par de imbéciles que se plagian íntegros mis escritos y los presumen como suyos.
El autor del correo me dijo que “no hiciera berrinches” cuando le pedí que me facilitara los datos de los culpables para irles a partir su madre. Me dijo que hacer corajes por eso era algo absurdo y se negó a darme la información, por lo que sospeché que él era uno de los rateros.
Total que me tranquilicé y reflexioné que, en un país como México, viviendo rodeado de gente con mierda en la cabeza, uno puede esperar eso y cosas peores. Tenía razón el morro: hacer corajes por un robo, viviendo entre ladrones, era algo absurdo.
Le mandé un email con esa profunda reflexión y me respondió que el problema de los “plagios autorales” no era exclusivo de este país. Ahondó en el tema y mencionó que muchos de los grandes escritores de todos los tiempos habían plagiado descaradamente ideas y textos de otros escritores no tan conocidos, siendo los primeros quienes alcanzaban la fama, la admiración y la fortuna, mientras que los autores originales morían miserables y en el anonimato. Uno de los escritores ladrones que mencionó, fue Shakespeare.
Al saber esto, me quité un peso de encima, pues ya estaba comenzando a pensar que estaba loco o era un ignorante, pues siempre he considerado una mierda los textos de Shakespeare.
Por otro lado, no digo que todos estemos obligados a generar ideas nuevas o –como dice la gente común y corriente que gusta de frases prefabricadas- “descubrir el hilo negro”. Hablo simplemente de decencia; de vergüenza; de honestidad. Personalmente, yo me sentiría de la verga haciendo eso. Me sentiría pésimo al saber que no puedo pensar o sacar conclusiones propias ni siquiera en base a pensamientos ya existentes. Me daría un tiro al comprobar que mi cabecita no da para más y me orilla a la penosa necesidad de adjudicarme algo que no es mío.
Por ejemplo: hace poco recibí por correo -correo del antiguo, con cartero que pide propina y toda la cosa- un libro donde viene una frase de mi autoría: algo que publiqué aquí hace tiempo. Fue una lectora de este blog quien se dio cuenta y me lo mandó. Confieso que fue muy gratificante saber que su autor bien pudo haberse fusilado mi ocurrencia, pues nada le garantizaba que fuera a darme cuenta (honestamente, no creo que hubiera comprado el libro); sin embargo, le sacó la lengua al Lado Oscuro de la Fuerza, fue justo y me dio mi crédito.
Lo más chingón de todo, es que mi pensamiento lo puso debajo de uno de John Lennon... Snif... Gracias.
El autor del correo me dijo que “no hiciera berrinches” cuando le pedí que me facilitara los datos de los culpables para irles a partir su madre. Me dijo que hacer corajes por eso era algo absurdo y se negó a darme la información, por lo que sospeché que él era uno de los rateros.
Total que me tranquilicé y reflexioné que, en un país como México, viviendo rodeado de gente con mierda en la cabeza, uno puede esperar eso y cosas peores. Tenía razón el morro: hacer corajes por un robo, viviendo entre ladrones, era algo absurdo.
Le mandé un email con esa profunda reflexión y me respondió que el problema de los “plagios autorales” no era exclusivo de este país. Ahondó en el tema y mencionó que muchos de los grandes escritores de todos los tiempos habían plagiado descaradamente ideas y textos de otros escritores no tan conocidos, siendo los primeros quienes alcanzaban la fama, la admiración y la fortuna, mientras que los autores originales morían miserables y en el anonimato. Uno de los escritores ladrones que mencionó, fue Shakespeare.
Al saber esto, me quité un peso de encima, pues ya estaba comenzando a pensar que estaba loco o era un ignorante, pues siempre he considerado una mierda los textos de Shakespeare.
Por otro lado, no digo que todos estemos obligados a generar ideas nuevas o –como dice la gente común y corriente que gusta de frases prefabricadas- “descubrir el hilo negro”. Hablo simplemente de decencia; de vergüenza; de honestidad. Personalmente, yo me sentiría de la verga haciendo eso. Me sentiría pésimo al saber que no puedo pensar o sacar conclusiones propias ni siquiera en base a pensamientos ya existentes. Me daría un tiro al comprobar que mi cabecita no da para más y me orilla a la penosa necesidad de adjudicarme algo que no es mío.
Por ejemplo: hace poco recibí por correo -correo del antiguo, con cartero que pide propina y toda la cosa- un libro donde viene una frase de mi autoría: algo que publiqué aquí hace tiempo. Fue una lectora de este blog quien se dio cuenta y me lo mandó. Confieso que fue muy gratificante saber que su autor bien pudo haberse fusilado mi ocurrencia, pues nada le garantizaba que fuera a darme cuenta (honestamente, no creo que hubiera comprado el libro); sin embargo, le sacó la lengua al Lado Oscuro de la Fuerza, fue justo y me dio mi crédito.
Lo más chingón de todo, es que mi pensamiento lo puso debajo de uno de John Lennon... Snif... Gracias.
jueves, febrero 18, 2010
miércoles, febrero 17, 2010
martes, febrero 16, 2010
lunes, febrero 15, 2010
viernes, febrero 12, 2010
Las vergüenzas que pasa uno por ser de Monterrey (segunda parte)
Seré breve... Monterrey y su área metropolitana tiene casi 5 millones de habitantes. Se presume como la ciudad más cara para vivir en México, quesque por su pujante industria, por ser harto moderna, porque hay chingos de comercios, porque los centros educativos son de alto pedorraje, por su cercanía con los gringos, etcétera. Con todo y ese kit que pareciera de primer mundo, sigue habiendo nacos que hablan al radio o a la televisión ¡para mandar saludos!
Ejemplo:
-Ahorita te pongo la canción que solicitastesss, compadre -dice el pendejazo del locutor.
-Eh, compa, ¿y puedo mandar un saludillo? -pregunta el puñetas que habló para solicitar una canción que nunca le van a poner.
-Sí, adelante, ¿a quién le quieres mandar saludos?
-Pos a mi familia, ¿vedá?; que aquí me están oyendo (y se escuchan risillas de fondo). Un saludo pa´ellos, que aquí estamos en la casa cenando, ¿veda? (y se escuchan más risillas de fondo y de seguro los niños piensan que "su papá es famoso" porque se escucha su voz en el radio).
¡Unga Bunga!
P.D. En punto de las 12 de la noche, un escrito titulado "La historia de amor que jamás pudo ser" en Recolectivo.
Ejemplo:
-Ahorita te pongo la canción que solicitastesss, compadre -dice el pendejazo del locutor.
-Eh, compa, ¿y puedo mandar un saludillo? -pregunta el puñetas que habló para solicitar una canción que nunca le van a poner.
-Sí, adelante, ¿a quién le quieres mandar saludos?
-Pos a mi familia, ¿vedá?; que aquí me están oyendo (y se escuchan risillas de fondo). Un saludo pa´ellos, que aquí estamos en la casa cenando, ¿veda? (y se escuchan más risillas de fondo y de seguro los niños piensan que "su papá es famoso" porque se escucha su voz en el radio).
¡Unga Bunga!
P.D. En punto de las 12 de la noche, un escrito titulado "La historia de amor que jamás pudo ser" en Recolectivo.
jueves, febrero 11, 2010
miércoles, febrero 10, 2010
martes, febrero 09, 2010
Las vergüenzas que pasa uno por ser de Monterrey (primera parte)
Alguna vez un hombre muy sabio dijo: “El nivel intelectual de una ciudad se mide en base a las estrellas de su televisión”. Fue entonces que los regiomontanos quedaron como los seres más tarados del universo. Ese hombre sabio fui yo: un regiomontano que se avergüenza de haber nacido en esta tierra... ¿y cuál es su pinche pedo?
De entre las “celebridades” que desperdician el valioso tiempo aire de las televisoras, está este puñetas. Parece ser un plomero… o un maistro... o un lavacoches… o un Chabelo parchado… ¡sepa la verga qué chingados sea!, pero se hace llamar –agárrense- El Chilinflas.

De entre todo lo triste que pude tener este personaje –gordo, feo, trabajar en una televisora local, etc.-, lo más triste de todo es que el “departamento de producción” aún no puede ingeniárselas para fabricarle un bigote falso decente, que no sea dibujado con pluma Bic o marcador Pelikan. Es más, todos los quinces de septiembre venden en las calles de todo el país bigotes falsos a 10 pesitos: por favor no sean culeros y ya cómprenle uno al pobre Chilinflas. ¿O me van a decir que dibujarle el bigote es parte de su personalidad mal hecha? Yo, que trabajé en ese canal de mierda un par de años, sé cómo están las cosas de jodidas y cómo son los “ejecutivos”, con su filosofía de no pagar sueldos a cambio de hacer famoso a cualquier pendejo. No dudo que ahora el tal Chilinflas se haya puesto sus moños y haya amenazado con irse "a otra televisora" si no le daban un sueldo jugoso. Y crearon un monstruo.
Pero ahí no para la cosa, queridos lectores. Este “simpático actor” tiene su contraparte femenina con la que -no conformes con dañar a la ciudadanía a través del televisor- hacen shows privados para fiestas infantiles. ¡Pobres de nuestros niños! La vieja se hace llamar Petra, y es una ñora gorda que se disfraza de sirvienta y habla como indita para parecer simpática. Darwin estaría orgulloso de este par de especímenes, miren nomás:

Imagino la junta entre los ejecutivos de la televisora al momento de “crear” a la tal Petra:
-Necesitamos un personaje con el que se identifiquen los regiomontanos –diría el más alto de los mandos.
-Ya sé –respondería el mero mero de los creativos-: una típica indita de San Luis que haga el aseo en una típica casa regiomontana.
-¡Uuuuf, genial idea! Nunca se me habría ocurrido. ¿Y cómo le ponemos?
-Mmmm… ¡Chayo!… No, Chayo no… ¡Chona!… mmm, no… ¡Ya sé!: ¡Petra!
-¡Auméntenle el sueldo a este cabrón de inmediato! -gritaría el más alto de los mandos.
Chaaale… se maman.
Otro “famoso” que convierte en mierda los tubos de rayos catódicos, es este ruco ex drogadicto y pedote que se dice “comediante”. Agarren aire, aguanten la respiración o pongan un bote de basura a lado pa´que avienten la "gomitada", porque las fotos vienen muy fuertes:


Cuando su carrera estuvo en picada, la cosa ésta tuvo que salir a decir al aire –entre lágrimas de arrepentimiento, ay, snif, y una conductora muy pendeja que creía estar tocando fibras sensibles con sus estúpidas preguntas- que era borracho y adicto a las drogas y que había perdido a su familia a consecuencia de eso. No sé si el güey sintió que sus declaraciones tendrían un impacto tipo The E True Hollywood Story, pero decir que eres –o fuiste- adicto a las drogas y al alcohol es lo más patético que puedes hacer para recuperar “tu carrera”; sobre todo cuando has tenido una carrera tan mediocre.
Después, el güey quiso limpiar su imagen y se puso -según él- muy mamado, se hizo cirugías plásticas -¡las cuales televisaron!- y se casó con una morra como 30 años menor -¡televisaron la boda!-- con la que ahora tiene un hijo. Y sí, adivinaron: ¡también televisaron cuando nació su hijo!
El "talento" del güey éste es disfrazarse de Tarzán y de jotito, decir albures malísimos como: “¿Te quieres pasear en lancha?” o “Tu camisa es rosa celeste” y tener un antro “de comedia” donde cada fin de semana cuenta los miiiiismos chistes sobados de siempre. Si traducimos el éxito en dinero y en que en país de ciegos, el tuerto es rey, ¡este hombre es exitosísimo! Es más, de tan trabajador que es, hasta de luchador andaba como el Mayito Bezares, que ya en vez de dar risa da lástima.
Una vez que lo critiqué en público, me dijo un amigo: "Pues ya quisieras ganar la lana que él gana". Con ese comentario reafirmé una vez más que en país de ciegos el tuerto es el rey, que hay gente que no le importa tirar su dinero y que tengo uno que otro amigo muy pendejo.
Y ya mejor le sigo otro día, porque si no, voy a agarrar un pinche cáncer de estómago de tantos corajes que estoy haciendo. Ahí luego les presento a otras de las “estrellas” que iluminan el firmamento televisivo de mi pedorra ciudad.
De entre las “celebridades” que desperdician el valioso tiempo aire de las televisoras, está este puñetas. Parece ser un plomero… o un maistro... o un lavacoches… o un Chabelo parchado… ¡sepa la verga qué chingados sea!, pero se hace llamar –agárrense- El Chilinflas.

De entre todo lo triste que pude tener este personaje –gordo, feo, trabajar en una televisora local, etc.-, lo más triste de todo es que el “departamento de producción” aún no puede ingeniárselas para fabricarle un bigote falso decente, que no sea dibujado con pluma Bic o marcador Pelikan. Es más, todos los quinces de septiembre venden en las calles de todo el país bigotes falsos a 10 pesitos: por favor no sean culeros y ya cómprenle uno al pobre Chilinflas. ¿O me van a decir que dibujarle el bigote es parte de su personalidad mal hecha? Yo, que trabajé en ese canal de mierda un par de años, sé cómo están las cosas de jodidas y cómo son los “ejecutivos”, con su filosofía de no pagar sueldos a cambio de hacer famoso a cualquier pendejo. No dudo que ahora el tal Chilinflas se haya puesto sus moños y haya amenazado con irse "a otra televisora" si no le daban un sueldo jugoso. Y crearon un monstruo.
Pero ahí no para la cosa, queridos lectores. Este “simpático actor” tiene su contraparte femenina con la que -no conformes con dañar a la ciudadanía a través del televisor- hacen shows privados para fiestas infantiles. ¡Pobres de nuestros niños! La vieja se hace llamar Petra, y es una ñora gorda que se disfraza de sirvienta y habla como indita para parecer simpática. Darwin estaría orgulloso de este par de especímenes, miren nomás:

Imagino la junta entre los ejecutivos de la televisora al momento de “crear” a la tal Petra:
-Necesitamos un personaje con el que se identifiquen los regiomontanos –diría el más alto de los mandos.
-Ya sé –respondería el mero mero de los creativos-: una típica indita de San Luis que haga el aseo en una típica casa regiomontana.
-¡Uuuuf, genial idea! Nunca se me habría ocurrido. ¿Y cómo le ponemos?
-Mmmm… ¡Chayo!… No, Chayo no… ¡Chona!… mmm, no… ¡Ya sé!: ¡Petra!
-¡Auméntenle el sueldo a este cabrón de inmediato! -gritaría el más alto de los mandos.
Chaaale… se maman.
Otro “famoso” que convierte en mierda los tubos de rayos catódicos, es este ruco ex drogadicto y pedote que se dice “comediante”. Agarren aire, aguanten la respiración o pongan un bote de basura a lado pa´que avienten la "gomitada", porque las fotos vienen muy fuertes:


Cuando su carrera estuvo en picada, la cosa ésta tuvo que salir a decir al aire –entre lágrimas de arrepentimiento, ay, snif, y una conductora muy pendeja que creía estar tocando fibras sensibles con sus estúpidas preguntas- que era borracho y adicto a las drogas y que había perdido a su familia a consecuencia de eso. No sé si el güey sintió que sus declaraciones tendrían un impacto tipo The E True Hollywood Story, pero decir que eres –o fuiste- adicto a las drogas y al alcohol es lo más patético que puedes hacer para recuperar “tu carrera”; sobre todo cuando has tenido una carrera tan mediocre.
Después, el güey quiso limpiar su imagen y se puso -según él- muy mamado, se hizo cirugías plásticas -¡las cuales televisaron!- y se casó con una morra como 30 años menor -¡televisaron la boda!-- con la que ahora tiene un hijo. Y sí, adivinaron: ¡también televisaron cuando nació su hijo!
El "talento" del güey éste es disfrazarse de Tarzán y de jotito, decir albures malísimos como: “¿Te quieres pasear en lancha?” o “Tu camisa es rosa celeste” y tener un antro “de comedia” donde cada fin de semana cuenta los miiiiismos chistes sobados de siempre. Si traducimos el éxito en dinero y en que en país de ciegos, el tuerto es rey, ¡este hombre es exitosísimo! Es más, de tan trabajador que es, hasta de luchador andaba como el Mayito Bezares, que ya en vez de dar risa da lástima.
Una vez que lo critiqué en público, me dijo un amigo: "Pues ya quisieras ganar la lana que él gana". Con ese comentario reafirmé una vez más que en país de ciegos el tuerto es el rey, que hay gente que no le importa tirar su dinero y que tengo uno que otro amigo muy pendejo.
Y ya mejor le sigo otro día, porque si no, voy a agarrar un pinche cáncer de estómago de tantos corajes que estoy haciendo. Ahí luego les presento a otras de las “estrellas” que iluminan el firmamento televisivo de mi pedorra ciudad.
lunes, febrero 08, 2010
Andaba el refresco Tab de presumidito...

Chale... Me preocupa que cada vez entra gente más joven a curiosear a este blog. Me preocupa porque en un futuro nadie entenderá mis tiras con humor nostálgico ochentero, snif. Por eso, he optado en poner un "diccionario de imágenes":
Bicicleta Vagabundo
Refresco Tab
Control de Atari
La Balada del Vagabundo (escuchen bien la letra de esta rola "infantil" y entenderán (y se espantarán) por qué la gente pobre no merecen amor ni confianza, son feos, son como las flores marchitas, tienen el alma impura y son cosa del diablo... ¡ay, amachita!).
Bicicleta Vagabundo
Refresco Tab
Control de Atari
La Balada del Vagabundo (escuchen bien la letra de esta rola "infantil" y entenderán (y se espantarán) por qué la gente pobre no merecen amor ni confianza, son feos, son como las flores marchitas, tienen el alma impura y son cosa del diablo... ¡ay, amachita!).
Va otra:

Avalancha
Chabelo
viernes, febrero 05, 2010
De por qué la tecnología sirve pa´pura chingada
Llevo más de 12 años con la misma cuenta de banco. No porque sea un banco bien chingón -ninguno vale madre en realidad-, sino porque me la asignaron cuando entré a trabajar por primera vez.
Desde un principio hubo un error con mis datos: en vez de estar a nombre de "Gustavo", la cuenta está a nombre de "Gystavo". Pensé que a la larga tendría algún problema (ya saben como son los bancos de mamones), por lo que fui a pedirles que corrigieran el error. El gerente -muy amable él- me aseguró que no tendría problema alguno, que no me preocupara y que, aparte, era más pedo cambiar la letrita. Este último comentario lo tomé como una broma o como que el gerente era un pinche huevón.
Hace poco, cuando hice mi cuenta de Paypal, intenté corregir mi nombre, pues pensé que el Paypal se pondría mamón si mi nombre no coincidía con el de mi cuenta. Fui a una sucursal del banco y hablé con el mero mero. Aún no puedo creer el trámite que tengo que hacer para que cambien una "y" por una "u": llenar formas, firmar documentos, mandarlas a la sucursal de la chingada, mandar un correo a otro mero mero, esperar tres semanas su respuesta... ¡Todo por una puta letra!
Le pregunté al gerente si no podía simplemente cambiar mi nombre y ya, y me dijo que el sistema que usan no sé qué, que las contraseñas bla bla bla, que los candados de seguridad y demás chingaderas salidas de una mala película de ciencia ficción.
De buenas el Paypal no se me puso mamón y estoy recibiendo los pagos sin ningún pedo.
Lo que yo me pregunto es: ¿para qué vergas sirve tanta pinche tecnología si no soluciona las cosas más simples?
Desde un principio hubo un error con mis datos: en vez de estar a nombre de "Gustavo", la cuenta está a nombre de "Gystavo". Pensé que a la larga tendría algún problema (ya saben como son los bancos de mamones), por lo que fui a pedirles que corrigieran el error. El gerente -muy amable él- me aseguró que no tendría problema alguno, que no me preocupara y que, aparte, era más pedo cambiar la letrita. Este último comentario lo tomé como una broma o como que el gerente era un pinche huevón.
Hace poco, cuando hice mi cuenta de Paypal, intenté corregir mi nombre, pues pensé que el Paypal se pondría mamón si mi nombre no coincidía con el de mi cuenta. Fui a una sucursal del banco y hablé con el mero mero. Aún no puedo creer el trámite que tengo que hacer para que cambien una "y" por una "u": llenar formas, firmar documentos, mandarlas a la sucursal de la chingada, mandar un correo a otro mero mero, esperar tres semanas su respuesta... ¡Todo por una puta letra!
Le pregunté al gerente si no podía simplemente cambiar mi nombre y ya, y me dijo que el sistema que usan no sé qué, que las contraseñas bla bla bla, que los candados de seguridad y demás chingaderas salidas de una mala película de ciencia ficción.
De buenas el Paypal no se me puso mamón y estoy recibiendo los pagos sin ningún pedo.
Lo que yo me pregunto es: ¿para qué vergas sirve tanta pinche tecnología si no soluciona las cosas más simples?
jueves, febrero 04, 2010
Tiras futboleras
martes, febrero 02, 2010
lunes, febrero 01, 2010
viernes, enero 29, 2010
Gente descolorida

Hay mucha gente de colores. Está Hulk, los Simpson, el hombre del traje gris y los príncipes azules. Pero existe más gente descolorida.
De Hulk, ya tengo lo amargado y los pantalones rotos; de los Simpson, ahí la llevo con la cerveza y la caída del cabello; el traje gris ya no me queda y de los príncipes azules no tengo nada. Ni me interesa tenerlo.
Me conformo con ser el sueño del que te levantes furiosa por haber despertado en la mejor parte. El sueño al que intentes volver para empezar donde te quedaste. El sueño del que te acuerdes todo el día y todos los días sean como un sueño.
¿Para qué quieres gente de colores? Ésa sólo existe en la televisión. ¿Para qué vivir una realidad de gente descolorida, si a mí puedes tenerme en tus sueños? Soy tan real como ellos.
De Hulk, ya tengo lo amargado y los pantalones rotos; de los Simpson, ahí la llevo con la cerveza y la caída del cabello; el traje gris ya no me queda y de los príncipes azules no tengo nada. Ni me interesa tenerlo.
Me conformo con ser el sueño del que te levantes furiosa por haber despertado en la mejor parte. El sueño al que intentes volver para empezar donde te quedaste. El sueño del que te acuerdes todo el día y todos los días sean como un sueño.
¿Para qué quieres gente de colores? Ésa sólo existe en la televisión. ¿Para qué vivir una realidad de gente descolorida, si a mí puedes tenerme en tus sueños? Soy tan real como ellos.
jueves, enero 28, 2010

Por otro lado, Jerome David Salinger, autor de El Guardían entre el Centeno, murió hoy a los 91 años de edad en su casa de New Hampshire, donde vivía aislado del mundo desde hacía décadas.
Cuando leí por primera vez esa novela, lo primero que pensé fue: "No estoy mal, no soy el único". Eso me marcó. Sentir que alguien que no conoces "te entiende" y te habla de manera tan sencilla y honesta, como uno quisiera decir y hacer las cosas, es algo con lo que uno queda agradecido y admirado.
Chale... neta que sí me dolió la noticia, snif. Nomás por eso, hoy me recluiré a leer por milésima vez su libro más famoso: El Guardían entre el Centeno.
Cuando leí por primera vez esa novela, lo primero que pensé fue: "No estoy mal, no soy el único". Eso me marcó. Sentir que alguien que no conoces "te entiende" y te habla de manera tan sencilla y honesta, como uno quisiera decir y hacer las cosas, es algo con lo que uno queda agradecido y admirado.
Chale... neta que sí me dolió la noticia, snif. Nomás por eso, hoy me recluiré a leer por milésima vez su libro más famoso: El Guardían entre el Centeno.
miércoles, enero 27, 2010
Clientes V.I.P.
Así los llaman ahora. Futbolistas alcohólicos, tetonas que dicen cantar, culonas que dicen actuar, funcionarios drogadictos, juniors prepotentes, empresarios mafiosos y escoltas armados.
“Gente exitosa” que no “se divierte” en cualquier lugar piojoso. Personas que se pueden “dar el lujo” de desvelarse hasta las 6 de la madrugada un lunes.
A eso aspira la mayoría de la juventud: a entrar en los lugares “exclusivos” que frecuentan estos buenos para nada.
He de confesar que alguna vez -de más chavo- estuve deslumbrado por ese ambiente fantoche, pues tuve una novia de “familia bien” a la que le encantaba andar de pedota en los antros V.I.P.
Filas interminables para entrar después de la media noche, aguantando las humillaciones y criterios racistas de los imbéciles detrás de la cadena; aguantando las miradas de odio de los demás cuando tú entrabas y ellos no; tirando el poco dinero que ganaba en cervezas y copas de precios infladísimos. Todo por estar ahí.
Una noche, mientras mi ex levantaba la mano desesperada para que el de seguridad del lugar la viera y nos dejara entrar, me pregunté: “¿Qué vergas estoy haciendo aquí?” Me sentí tan mal conmigo mismo. Tan imbécil.
Me fui de ahí. Ni siquiera me despedí. Imagino que esa noche creció mi fama de “novio extraño” entre las retrasadas mentales de sus amigas.
Al día siguiente hablé para disculparme y terminar la relación. Volví a ser yo.
Clientes V.I.P. Dejen me río: ja ja ja. Para mí no son más que la pelusa de mi ombligo, el queso de los dedos de los pies y el sudor añejo que se forma entre los huevos.
“Gente exitosa” que no “se divierte” en cualquier lugar piojoso. Personas que se pueden “dar el lujo” de desvelarse hasta las 6 de la madrugada un lunes.
A eso aspira la mayoría de la juventud: a entrar en los lugares “exclusivos” que frecuentan estos buenos para nada.
He de confesar que alguna vez -de más chavo- estuve deslumbrado por ese ambiente fantoche, pues tuve una novia de “familia bien” a la que le encantaba andar de pedota en los antros V.I.P.
Filas interminables para entrar después de la media noche, aguantando las humillaciones y criterios racistas de los imbéciles detrás de la cadena; aguantando las miradas de odio de los demás cuando tú entrabas y ellos no; tirando el poco dinero que ganaba en cervezas y copas de precios infladísimos. Todo por estar ahí.
Una noche, mientras mi ex levantaba la mano desesperada para que el de seguridad del lugar la viera y nos dejara entrar, me pregunté: “¿Qué vergas estoy haciendo aquí?” Me sentí tan mal conmigo mismo. Tan imbécil.
Me fui de ahí. Ni siquiera me despedí. Imagino que esa noche creció mi fama de “novio extraño” entre las retrasadas mentales de sus amigas.
Al día siguiente hablé para disculparme y terminar la relación. Volví a ser yo.
Clientes V.I.P. Dejen me río: ja ja ja. Para mí no son más que la pelusa de mi ombligo, el queso de los dedos de los pies y el sudor añejo que se forma entre los huevos.
martes, enero 26, 2010
lunes, enero 25, 2010
Mañana en el D.F.
viernes, enero 22, 2010
jueves, enero 21, 2010
El niño, la niña y el pez
Después de mis arrebatos conspiracionistas y paranoides de ayer, paso a otra cosa.
Mucha gente me pregunta que qué pedo con el libro Diarios del Fin del Mundo. Algunos dicen que no se animan a comprarlo si no leen algún fragmento primero. Les aviso que ya sólo quedan 100 ejemplares de los 500 que sacamos y, para que vean que no soy gacho y se animen a apoyar esta noble causa para alimentar a los blogueros pobres, ahí les va un pequeño fragmento de mi texto titulado: "El niño, la niña y el pez".
"Antier cumplí años. No hubo piñata ni invitados, sólo el pastel de chocolate que siempre prepara mi abuela. Cumplir años en martes no es igual que cumplir en viernes o sábado: es muchísimo más aburrido.
Por culpa de la maestra de inglés, que me pasó al frente para cantarme el happy birthday, los del salón se enteraron que cumplí diez, y en todo el día no dejaron de molestar con lo mismo: ─ ¡Tienes diez y te apestan la cola y los pies!─. En el recreo estuve a punto de pelearme con Godzilla, uno de sexto que, aparte de burlarse de mí, me dio una patada en las nalgas. El muy marica salió corriendo cuando me vio con el puño levantado. Estará muy grandullón, pero no deja de ser un mariquita.
Cuando llegué a casa, papá y mamá me tenían una sorpresa: un pez. Me emocioné mucho porque siempre quise tener uno. Fabi, mi hermana menor, dijo que se parecía a “Memo”; quiso decir “Nemo”, el de la caricatura, pero todavía está chiquita y no sabe pronunciar bien la ene. Mamá me preguntó que cómo me había ido en la escuela, yo le dije que muy bien; no la vi a los ojos porque siempre que la veo me descubre las mentiras.
Nemo es anaranjado, vive en una esfera de vidrio con piedritas de colores y una planta de plástico en el fondo. Cuando abro las cortinas del cuarto, sus aletas se ponen doradas y el agua del tanque refleja un arco iris que baila sobre el mueble. Hoy no he abierto las cortinas porque Sofi, mi otra hermana, todavía duerme.
Cuando sepa que hoy no vamos a ir a la escuela se va a poner muy contenta.
Acabo de llamar a papá, pero no me contestó. De seguro es porque en los hospitales no dejan usar el celular porque despiertas a los enfermos. Comoquiera ya le dejé dos mensajes para que no olvide la comida de Nemo. Es que ayer, antes de dormirme, le di trocitos de pan y galleta molida, pero creo que no le gustaron porque todavía hay pedacitos flotando en el agua.
Sofi brinca de la cama como una catapulta y lo primero que hace es saludar a Nemo rasguñando con un dedo el vidrio de su pecera. Abro las cortinas y las escamas de mi pez brillan igualito que el sol.
Sofi tiene hambre. Le digo que papá y mamá llevaron a Fabi al doctor y que no van a poder hacernos el desayuno ni llevarnos a la escuela, pero no se pone tan contenta como creí. Antes de salir mamá dijo que llamara a la abuela o pidiera los tacos que a veces pedimos los domingos, los del imán amarillo que está pegado en la puerta del refri.
Sofi cree que Fabi vomitó toda la noche por comer tanto pastel en mi cumpleaños. Yo pienso lo mismo. Le digo que vayamos a la cocina, pero no quiere dejar solo a Nemo, por lo que cargamos con mucho cuidado la pecera y la ponemos en la mesa del comedor. Tiramos tantita agua sobre el mantel. La mancha que se forma es idéntica al conejo de la piyama de Sofi. Cuando se lo digo, sonríe.
El teléfono de mi abuelita suena más de veinte veces. No contesta. Ha de estar dormida. Sofi destapa la jaula de los canarios porque mamá lo olvidó. Cuando marco de memoria el número del imán, Sofi grita muy fuerte. El teléfono se me cae del susto y la tapita donde van las pilas sale volando.
Hay tres canarios muertos. Tienen sangre en el pico y las plumas. El único que está vivo se ve muy triste: ya no canta ni se mece en el columpio de su jaula.
Sofi se pone a llorar, ─Le dije a mami que los soltara para que volaran en el cielo─. La abrazo para que no los vea. Le digo que los enterremos en la jardinera donde mamá tiene sus flores. ─Los canarios ya están en el cielo, hermanita, donde siempre quisiste que estuvieran─. Sofi me dice que sí moviendo la cabeza. Tiene los cachetes llenos de lágrimas y absorbe los mocos que se le quieren escurrir.
Abro el cajón de arriba del gabinete y agarro un cucharón para usarlo como pala.
Las flores de mamá están marchitas y el aire de afuera huele feo, como cuando los vecinos queman basura. Sofi hace un pozo en la tierra con el cucharón. A veces se talla los ojos y le digo que no lo haga porque le va a entrar tierra y le van a picar, pero no me hace caso. Los labios le tiemblan, como si quisiera llorar otra vez.
Corro a la cocina por los canarios. El único vivo está tirado sobre la tapita del frasco de mayonesa que usan para beber agua. Respira muy rápido, con el pico abierto. El pajarito me mira, como si me pidiera ayuda. Cuando abro la puertita de la jaula, su cabecita le cuelga y un chorro de sangre le sale del pico. Deja de respirar, como si se le desinflara el cuerpo. No sé qué pasa. No debo asustarme. Antier papá me dijo que ya tengo diez, que soy el hombre de la casa y debo cuidar a mis hermanas cuando él o mamá no estén.
Envuelvo al canario en el delantal que está colgado en la agarradera del horno y lo echo hasta mero abajo del bote de la basura. Si Sofi me pregunta por él, le diré que voló cuando abrí la jaula.
Sofi tiene la carita llena de tierra. Le brillan los ojos cuando le digo que el canario voló. Voltea hacia los árboles y al cielo gris para buscarlo. ─Uy, ya debe de ir bien lejos─ le digo. Me siento mal por echarle mentiras y por haberlo tirado al bote de la basura.
Metemos los canarios muertos al pozo. La tierra del fondo está fría. Sofi hace pucheros, no quiere que se les suban las hormigas, pero es imposible. Cuando tapamos el hoyo, empiezan a caer muchas gotas: como si lloviera de color rojo. Es Sofi que le sangra la nariz..."
¡Cómprenlo si quieren ver en qué acaba, bwaaahahahahaha!
Mucha gente me pregunta que qué pedo con el libro Diarios del Fin del Mundo. Algunos dicen que no se animan a comprarlo si no leen algún fragmento primero. Les aviso que ya sólo quedan 100 ejemplares de los 500 que sacamos y, para que vean que no soy gacho y se animen a apoyar esta noble causa para alimentar a los blogueros pobres, ahí les va un pequeño fragmento de mi texto titulado: "El niño, la niña y el pez".
"Antier cumplí años. No hubo piñata ni invitados, sólo el pastel de chocolate que siempre prepara mi abuela. Cumplir años en martes no es igual que cumplir en viernes o sábado: es muchísimo más aburrido.
Por culpa de la maestra de inglés, que me pasó al frente para cantarme el happy birthday, los del salón se enteraron que cumplí diez, y en todo el día no dejaron de molestar con lo mismo: ─ ¡Tienes diez y te apestan la cola y los pies!─. En el recreo estuve a punto de pelearme con Godzilla, uno de sexto que, aparte de burlarse de mí, me dio una patada en las nalgas. El muy marica salió corriendo cuando me vio con el puño levantado. Estará muy grandullón, pero no deja de ser un mariquita.
Cuando llegué a casa, papá y mamá me tenían una sorpresa: un pez. Me emocioné mucho porque siempre quise tener uno. Fabi, mi hermana menor, dijo que se parecía a “Memo”; quiso decir “Nemo”, el de la caricatura, pero todavía está chiquita y no sabe pronunciar bien la ene. Mamá me preguntó que cómo me había ido en la escuela, yo le dije que muy bien; no la vi a los ojos porque siempre que la veo me descubre las mentiras.
Nemo es anaranjado, vive en una esfera de vidrio con piedritas de colores y una planta de plástico en el fondo. Cuando abro las cortinas del cuarto, sus aletas se ponen doradas y el agua del tanque refleja un arco iris que baila sobre el mueble. Hoy no he abierto las cortinas porque Sofi, mi otra hermana, todavía duerme.
Cuando sepa que hoy no vamos a ir a la escuela se va a poner muy contenta.
Acabo de llamar a papá, pero no me contestó. De seguro es porque en los hospitales no dejan usar el celular porque despiertas a los enfermos. Comoquiera ya le dejé dos mensajes para que no olvide la comida de Nemo. Es que ayer, antes de dormirme, le di trocitos de pan y galleta molida, pero creo que no le gustaron porque todavía hay pedacitos flotando en el agua.
Sofi brinca de la cama como una catapulta y lo primero que hace es saludar a Nemo rasguñando con un dedo el vidrio de su pecera. Abro las cortinas y las escamas de mi pez brillan igualito que el sol.
Sofi tiene hambre. Le digo que papá y mamá llevaron a Fabi al doctor y que no van a poder hacernos el desayuno ni llevarnos a la escuela, pero no se pone tan contenta como creí. Antes de salir mamá dijo que llamara a la abuela o pidiera los tacos que a veces pedimos los domingos, los del imán amarillo que está pegado en la puerta del refri.
Sofi cree que Fabi vomitó toda la noche por comer tanto pastel en mi cumpleaños. Yo pienso lo mismo. Le digo que vayamos a la cocina, pero no quiere dejar solo a Nemo, por lo que cargamos con mucho cuidado la pecera y la ponemos en la mesa del comedor. Tiramos tantita agua sobre el mantel. La mancha que se forma es idéntica al conejo de la piyama de Sofi. Cuando se lo digo, sonríe.
El teléfono de mi abuelita suena más de veinte veces. No contesta. Ha de estar dormida. Sofi destapa la jaula de los canarios porque mamá lo olvidó. Cuando marco de memoria el número del imán, Sofi grita muy fuerte. El teléfono se me cae del susto y la tapita donde van las pilas sale volando.
Hay tres canarios muertos. Tienen sangre en el pico y las plumas. El único que está vivo se ve muy triste: ya no canta ni se mece en el columpio de su jaula.
Sofi se pone a llorar, ─Le dije a mami que los soltara para que volaran en el cielo─. La abrazo para que no los vea. Le digo que los enterremos en la jardinera donde mamá tiene sus flores. ─Los canarios ya están en el cielo, hermanita, donde siempre quisiste que estuvieran─. Sofi me dice que sí moviendo la cabeza. Tiene los cachetes llenos de lágrimas y absorbe los mocos que se le quieren escurrir.
Abro el cajón de arriba del gabinete y agarro un cucharón para usarlo como pala.
Las flores de mamá están marchitas y el aire de afuera huele feo, como cuando los vecinos queman basura. Sofi hace un pozo en la tierra con el cucharón. A veces se talla los ojos y le digo que no lo haga porque le va a entrar tierra y le van a picar, pero no me hace caso. Los labios le tiemblan, como si quisiera llorar otra vez.
Corro a la cocina por los canarios. El único vivo está tirado sobre la tapita del frasco de mayonesa que usan para beber agua. Respira muy rápido, con el pico abierto. El pajarito me mira, como si me pidiera ayuda. Cuando abro la puertita de la jaula, su cabecita le cuelga y un chorro de sangre le sale del pico. Deja de respirar, como si se le desinflara el cuerpo. No sé qué pasa. No debo asustarme. Antier papá me dijo que ya tengo diez, que soy el hombre de la casa y debo cuidar a mis hermanas cuando él o mamá no estén.
Envuelvo al canario en el delantal que está colgado en la agarradera del horno y lo echo hasta mero abajo del bote de la basura. Si Sofi me pregunta por él, le diré que voló cuando abrí la jaula.
Sofi tiene la carita llena de tierra. Le brillan los ojos cuando le digo que el canario voló. Voltea hacia los árboles y al cielo gris para buscarlo. ─Uy, ya debe de ir bien lejos─ le digo. Me siento mal por echarle mentiras y por haberlo tirado al bote de la basura.
Metemos los canarios muertos al pozo. La tierra del fondo está fría. Sofi hace pucheros, no quiere que se les suban las hormigas, pero es imposible. Cuando tapamos el hoyo, empiezan a caer muchas gotas: como si lloviera de color rojo. Es Sofi que le sangra la nariz..."
¡Cómprenlo si quieren ver en qué acaba, bwaaahahahahaha!
miércoles, enero 20, 2010
¿Por qué Estados Unidos siempre es el primero en apoyar a los damnificados de las tragedias mundiales?
¿Será que se quieren apoderar de la nación en desgracia?
No dudo que estos putos sionistas –los gringos- hayan provocado el sismo en Haití y los otros dos que le sucedieron. No lo dudo ni tantito.
Y ahora resulta que en Nuevo León –mi estado- ¡hay alerta de temblor! (según los periódicos, los investigadores "serios" y los noticieros locales de mierda).
¡Por favor!
Aquí nunca ha temblado, pero ahora, en nombre del Calentamiento Global, dicen que todo puede suceder.
JA JA JA.
Lo mismo pasó con la influenza.
Es puro pedo. Pero un pedo muuuy macabro.
¿Será que se quieren apoderar de la nación en desgracia?
No dudo que estos putos sionistas –los gringos- hayan provocado el sismo en Haití y los otros dos que le sucedieron. No lo dudo ni tantito.
Y ahora resulta que en Nuevo León –mi estado- ¡hay alerta de temblor! (según los periódicos, los investigadores "serios" y los noticieros locales de mierda).
¡Por favor!
Aquí nunca ha temblado, pero ahora, en nombre del Calentamiento Global, dicen que todo puede suceder.
JA JA JA.
Lo mismo pasó con la influenza.
Es puro pedo. Pero un pedo muuuy macabro.
martes, enero 19, 2010
La Sencilla Existencia 2
"La gente no quiere trabajar". A diario escucho esta frase.
En parte comprendo a esa gente, pues imagino las ofertas de trabajo que tendrán: barrendero, lavaplatos, burócrata, ayudante de contador, asistente de gerente de ventas.
No es que sean trabajos indignos; simplemente nadie soñó con ser algo de eso.
La desesperación generada por necesidades no satisfechas convierte a cualquiera en esclavo con mentalidad de mercenario. Las personas creen que existen más necesidades de las necesarias, por eso tienen que aceptar trabajos que no les gustan y, aparte, agradecer por ello.
Dicen que el trabajo es alimento para el espíritu; sin embargo, muchas veces no es alimento suficiente ni para el estómago.
¿Qué grandeza espiritual puede adquirir un individuo que va de lunes a sábado -de 9 de la mañana a 9 de la noche- al mismo lugar a hacer lo que otros le dicen que haga durante 35 años de su vida?
¿Qué se podrá platicar con él? ¿Qué nos enseñará? ¿Podremos aprenderle algo?
Nada. Simplemente nada. ¿Cuál experiencia? La experiencia está en otra parte.
Por eso, me quedo con lo que me gusta hacer y con quien quiero estar, con las pláticas en la cocina, las de media noche en la cama, los pocos libros que he leído, los silencios y abrazos largos, una sonrisa que aún no olvido, un correo inesperado, la música de fondo, alguna foto, algún recuerdo de la playa, preparar cada día mejor un sándwich, los pájaros que hacen ruido por las mañanas en el árbol y las cenas con cerveza que se alargan hasta que amanece.
Eso me nutre el alma. Y estoy trabajando para tenerlo todos los días.
En parte comprendo a esa gente, pues imagino las ofertas de trabajo que tendrán: barrendero, lavaplatos, burócrata, ayudante de contador, asistente de gerente de ventas.
No es que sean trabajos indignos; simplemente nadie soñó con ser algo de eso.
La desesperación generada por necesidades no satisfechas convierte a cualquiera en esclavo con mentalidad de mercenario. Las personas creen que existen más necesidades de las necesarias, por eso tienen que aceptar trabajos que no les gustan y, aparte, agradecer por ello.
Dicen que el trabajo es alimento para el espíritu; sin embargo, muchas veces no es alimento suficiente ni para el estómago.
¿Qué grandeza espiritual puede adquirir un individuo que va de lunes a sábado -de 9 de la mañana a 9 de la noche- al mismo lugar a hacer lo que otros le dicen que haga durante 35 años de su vida?
¿Qué se podrá platicar con él? ¿Qué nos enseñará? ¿Podremos aprenderle algo?
Nada. Simplemente nada. ¿Cuál experiencia? La experiencia está en otra parte.
Por eso, me quedo con lo que me gusta hacer y con quien quiero estar, con las pláticas en la cocina, las de media noche en la cama, los pocos libros que he leído, los silencios y abrazos largos, una sonrisa que aún no olvido, un correo inesperado, la música de fondo, alguna foto, algún recuerdo de la playa, preparar cada día mejor un sándwich, los pájaros que hacen ruido por las mañanas en el árbol y las cenas con cerveza que se alargan hasta que amanece.
Eso me nutre el alma. Y estoy trabajando para tenerlo todos los días.
lunes, enero 18, 2010
viernes, enero 15, 2010
La Sencilla Existencia

Yo busco la vida sencilla. El pensamiento decente. La acción coherente. La esencia ligera. Un camino sin complicaciones.
Siempre he creído que así debe de ser. No por cómodo o haragán. Quizá es mi naturaleza, pues nadie pide venir a existir a un mundo como éste.
Responsabilidades, sacrificios y obligaciones. ¿Quién en su sano juicio quiere eso?
Las personas viven engañadas. Creen ser libres sin salirse de lo convencional. Creen ser felices haciendo lo que otros les piden que hagan. Se la pasan justificando sus decisiones, resignándose a las consecuencias.
Imposible no sentir frustración. Por eso el mundo está lleno de gente de mirada apagada. Nos roban lo elemental. Lo que queremos ser.
Son muy pocas las cosas por las que vale la pena estar aquí, que me parece absurdo seguir engañándonos el resto del viaje.
Yo busco la vida sencilla. La existencia simple. Sin complicaciones.
Siempre he creído que así debe de ser. No por cómodo o haragán. Quizá es mi naturaleza, pues nadie pide venir a existir a un mundo como éste.
Responsabilidades, sacrificios y obligaciones. ¿Quién en su sano juicio quiere eso?
Las personas viven engañadas. Creen ser libres sin salirse de lo convencional. Creen ser felices haciendo lo que otros les piden que hagan. Se la pasan justificando sus decisiones, resignándose a las consecuencias.
Imposible no sentir frustración. Por eso el mundo está lleno de gente de mirada apagada. Nos roban lo elemental. Lo que queremos ser.
Son muy pocas las cosas por las que vale la pena estar aquí, que me parece absurdo seguir engañándonos el resto del viaje.
Yo busco la vida sencilla. La existencia simple. Sin complicaciones.
jueves, enero 14, 2010
miércoles, enero 13, 2010
martes, enero 12, 2010
lunes, enero 11, 2010
sábado, enero 09, 2010
viernes, enero 08, 2010
jueves, enero 07, 2010
Conspiración masónica para eliminarme, snif...
Hay gente que no puede superar ciertas cosas; que no da vuelta a la página. Por lo general, las personas que se creen inteligentes o dicen ser portadoras de vastos conocimientos, son a quienes más les arden las críticas y las bromas, estancándose en ellas. Supongo que esto se debe a que se toman muy en serio, snif.
Hace más de dos años –¡dooos años!- escribí a manera de parodia -y basándome en experiencias personales-, estos posts; y, a la fecha, no han dejado de comentar en ellos. También sigo recibiendo correos de supuestos masones y ajefistas ofendidos (¡dooos años!).
Uno de ellos me pidió amablemente que lo diera de alta en el msn, para aclarar algunos puntos. Cuando me contactó, lo único que me dijo fue: “¡Cuídate, cabrón!”, y me bloqueó. Otro -de correo oscuro y misterioso, algo así como darknightrival33- me dijo que si no fuera porque un tío abuelo mío fue Gran Maestro y grado 33, “tomaría represalias en mi contra”.
¿Así quieren que uno los respete?, con esa fijación enferma que tienen hacia los Protocolos de los Sabios de Sion (que, por cierto, basta con echarle un ojo a nuestra actualidad y a la actitud de estas personitas para darse cuenta que de ficción no tienen nada).
Uno de los ajefistas agraviados comenta algo muy cierto: “…al que escribe poemas se le denomina poeta, al que escribe novelas se le dice novelista, pero al que escribe pendejadas, como tú, se le denomina pendejo”. ¿Qué diablos hace entonces leyendo mi blog?, pregúntome yo.
De seguro es algún secreto masónico… o un “guilty pleasure”.
Ya, hombreee... perdónenmeeee... snif.
Me consuela saber que mis palabras son tan incendiarias –por lo que leo- que tienen el poder suficiente para hacer tambalear conciencias e instituciones.
Hace más de dos años –¡dooos años!- escribí a manera de parodia -y basándome en experiencias personales-, estos posts; y, a la fecha, no han dejado de comentar en ellos. También sigo recibiendo correos de supuestos masones y ajefistas ofendidos (¡dooos años!).
Uno de ellos me pidió amablemente que lo diera de alta en el msn, para aclarar algunos puntos. Cuando me contactó, lo único que me dijo fue: “¡Cuídate, cabrón!”, y me bloqueó. Otro -de correo oscuro y misterioso, algo así como darknightrival33- me dijo que si no fuera porque un tío abuelo mío fue Gran Maestro y grado 33, “tomaría represalias en mi contra”.
¿Así quieren que uno los respete?, con esa fijación enferma que tienen hacia los Protocolos de los Sabios de Sion (que, por cierto, basta con echarle un ojo a nuestra actualidad y a la actitud de estas personitas para darse cuenta que de ficción no tienen nada).
Uno de los ajefistas agraviados comenta algo muy cierto: “…al que escribe poemas se le denomina poeta, al que escribe novelas se le dice novelista, pero al que escribe pendejadas, como tú, se le denomina pendejo”. ¿Qué diablos hace entonces leyendo mi blog?, pregúntome yo.
De seguro es algún secreto masónico… o un “guilty pleasure”.
Ya, hombreee... perdónenmeeee... snif.
Me consuela saber que mis palabras son tan incendiarias –por lo que leo- que tienen el poder suficiente para hacer tambalear conciencias e instituciones.
miércoles, enero 06, 2010
martes, enero 05, 2010
Bajo el alud
De niño, ver caer nieve era algo parecido a la magia.
Dejé de ver nevar y de creer en la magia hace muchos años.
Cuando se deja de creer en algo, una parte de nosotros muere. Indudablemente.
Tantos años sin ver nevar y, curiosamente, siento como si una avalancha hubiera enterrado parte de lo que fui; como si debajo de un montón de nieve que me oprime el pecho estuviera muerto el que quiero ser.
Tomé el coche y manejé casi un día entero sin parar. Durante el trayecto, pensé en renunciar a todo: en jamás volver al lugar donde me he ido perdiendo.
Quince horas de carretera después, llegué a un primer destino. Caí rendido sobre una cama de alquiler, con los pies adoloridos.
En la mañana, al despertar, estaba nevando.

Lo primero que se me ocurrió fue arroparme y salir a atrapar copos de nieve con la lengua, como lo hice alguna vez en el cuarto grado.
Esa noche dormí con las ventanas escarchadas; ya sin el dolor de los pies.
Al día siguiente no hizo tanto frío. Salí de la habitación y caminé rumbo a una llanura cercana. Algunos cúmulos de hielo blanco sobrevivían al sol. Las espigas y flores del pasto se asomaban en algunas partes, intentando reverdecer.

Todavía siento ese alud oprimiéndome el pecho. No se ha ido y no sé cuándo lo hará. Pero también siento la fuerza de esos sentimientos olvidados que buscan aflorar; esos sueños que esperan encontrar el cálido rayo de luz que derrita la dureza del espíritu y le devuelva a la vida su magia.
Dejé de ver nevar y de creer en la magia hace muchos años.
Cuando se deja de creer en algo, una parte de nosotros muere. Indudablemente.
Tantos años sin ver nevar y, curiosamente, siento como si una avalancha hubiera enterrado parte de lo que fui; como si debajo de un montón de nieve que me oprime el pecho estuviera muerto el que quiero ser.
Tomé el coche y manejé casi un día entero sin parar. Durante el trayecto, pensé en renunciar a todo: en jamás volver al lugar donde me he ido perdiendo.
Quince horas de carretera después, llegué a un primer destino. Caí rendido sobre una cama de alquiler, con los pies adoloridos.
En la mañana, al despertar, estaba nevando.

Lo primero que se me ocurrió fue arroparme y salir a atrapar copos de nieve con la lengua, como lo hice alguna vez en el cuarto grado.
Esa noche dormí con las ventanas escarchadas; ya sin el dolor de los pies.
Al día siguiente no hizo tanto frío. Salí de la habitación y caminé rumbo a una llanura cercana. Algunos cúmulos de hielo blanco sobrevivían al sol. Las espigas y flores del pasto se asomaban en algunas partes, intentando reverdecer.

Todavía siento ese alud oprimiéndome el pecho. No se ha ido y no sé cuándo lo hará. Pero también siento la fuerza de esos sentimientos olvidados que buscan aflorar; esos sueños que esperan encontrar el cálido rayo de luz que derrita la dureza del espíritu y le devuelva a la vida su magia.
lunes, enero 04, 2010
La frase del año
"La prueba más grande de que Dios no existe -y si existe, es un culero-, es que se murió Toño De Nigris en vez de Poncho".
El Filósofo de Cantina.
El Filósofo de Cantina.
viernes, enero 01, 2010
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