Como sabrán, vivo arriba de una casa que tiene dos departamentos independientes, unidos sólo por una terraza, ubicados en un lugar de La Mancha de cuyo nombre prefiero no acordarme. Hace más de un año logré que corrieran a Panchito López, mi Sancho Panza y Némesis, pues odiaba que salieran tan caros los servicios, que no me pagara el dinero de los recibos, que me pidiera prestado para sus pedas, para sus negocios puñeteros, para la gasolina, para el taxi, que no tuviera teléfono y me lo pidiera a cada rato, que llegara del trabajo y lo encontrara en mi cuarto hablando por teléfono, que le subiera tanto a su música, a la tele, que pusiera un tendedero tipo vecindad del Chavo del 8 en la terraza, que lavara ropa en domingo por la mañana, etc. Aunque eso de meter a toda la tribu de su vieja a mi depa cuando me fui a Europa fue lo que más me encabronó.
Cuando logré que Panchito López se fuera, me dijo hasta de lo que me iba a morir, me echó la maldición gitana, magia negra y le dijo a todo el mundo lo, ay, mierda y culero y mal amigo que yo era, snif. Pero bueno, de perdido algo le quedó muy claro a él y a la señora que me renta: que yo no valgo madre, que soy una delicada con el ruido y que no me gusta que me estén chingando y me caga que me toquen en la puerta para pedirme dinero, el teléfono o cualquier otra cosa. Pero eso sí: que pago a tiempo, que no me meto con nadie, que no hago ruido y no estoy chingando ni mortificando a nadie pidiéndole dinero prestado, pidiendo vasos, platos, el asador o cualquier pendejada. Dejo vivir para que me dejen vivir.
Qué bueno que les quedó claro que yo no soy el típico “¡Hooolaaa vecinito, cómo le va!!!”, ni tampoco “el compadrito” que sale a tomar el fresco y hace plática con el otro vecinito y se hacen amiguis y se toman sus cervezas juntos. A mí no me gusta que me molesten cuando estoy en mi casa, punto; y menos para pendejadas. En pocas palabras, moléstenme a menos que se esté quemando la colonia entera porque hizo erupción un cerro, cuando se escapen los presos del penal que está a cinco cuadras o cuando esté un desfile de viejas encueradas en la primaria de enfrente; mientras tanto, no vengan a joder.
Como me enteré que dijo una vez la rentera a alguien que vino a pedir informes del depa contiguo: “Pues el de a lado es muy buen muchacho, no tengo problemas con él, pero como que no le gusta que le hablen ni nada. No socializa y trabaja en las noches. Siempre está encerrado, sale muy poco y ni ruido hace”. ¡Con madre!, pensé yo, me dijeron que soy “misterioso”; hasta me sentí El Lobo Estepario, snif.
Bueno, ya me salí del tema; pues resulta que ahora tengo un enjambre de Panchitos López a un lado. Vive un tipo que es compadre del dueño de la imprenta en la que yo estaba asociado. Yo lo conocía poco, recuerdo que tenía fama de pediche y gandalla. El güey iba a vivir sólo porque estaba en proceso de divorcio con su ruca, pero después se trajo a vivir a sus escandalosos güercos con él porque se los quitó a la vieja. Pero ahora resulta que también la vieja loca –tiene el pelo casi a rapa y pintado con unas rayas fiuchas y siempre trae camisa de los tigres- está ahí metida porque va a haber reconciliación… aaay, cha la la la laaa.
Total, tengo cuatro gentes a un lado, cuatro seres que escuchan Celso Piña y no se pierden Otro Rollo y se alimentan a base de Jarritos de tamarindo y Ruffles verdes con salsa. Y eso no es lo malo, lo peor es que el miércoles, mientras caminaba yo muy campante rumbo a mi coche, que me sale el bato este de la nada y en plena oscuridad, y me saca un pedote porque, pues no es nada guapo, y me dice: “qué onda Guffo, ¿no tendrás 100 pesos que me emprestes?” y pues se los “empresté” para deshacerme rápido de él. Pero ahí no acabó el pedo.
El jueves por la tarde tocan a mi puerta y era el batito este, una mezcla física de Shrek y Felix Greco, el juez que no sabe hablar de Bailando por un Sueño, y me dice:
- ¿Qué onda? –con una sonrisota horrorosa.
- Nada… ¿qué pasó? –le pregunto.
- ¿Qué hace o qué vecino?
- Nada… estoy trabajando… ¿qué fue? –insistía yo en que me dijera qué putas quería.
- A ver tu depa, vecino, no lo conozco.
Puta madre, lo que me faltaba: alguien que cree que soy buena onda, con modales y que me encanta andar socializando y mostrando mi casa e invitándolos a pasar.
- Este… estoy trabajando… estoy en una llamada… orita te busco ahí en tu casa… - le dije cerrándole casi la puerta en las narices
- Oye, no, bueno, es que quería saber si no tenías otros 100 pesos que me “emprestes”
No mames… ¡Hijo de putaaa! Me caga que me vengan a tocar a la puerta para pendejadas, ¿que la señora no le dijo eso a este cabrón, o qué?
Le dije que no tenía dinero y Shrek versión tercermundista empezó a regatear; a regatear vilmente:
- Bueno, ¿no trais cincuenta, de perdido?
- No traigo wey…
- ¿Veinte?
- No traigo nada… -y me tocaba los bolsillos.
- Ay, ¿a poco no traes veinte pesos?
- No –y me seguía tocando las bolsas de los pantalones y sonaron las llaves del carro.
- Ahí trais, wey, no seas gacho
- No wey… son las llaves del carro…estoy en una llamada, orita te veo… -y le cerré la puerta a la verga achatando más su nariz de ogro verde.
Hoy sábado fui a la imprenta de mi ex socio para hacer un trabajo -unas hojas membretadas- y ahí estaba mi vecino, El Shrek Greco. Me miró despectivamente y con cierto ardor en la mirada, al igual que los demás trabajadores. Obviamente ya les había chismeado y todos sabían de “mi mierdencia” y de “lo grosero” y “culo” que era, lo mismo que decía Panchito López de mí.
Y me dio mucho gusto que me odiara, a ver si así deja de estar chingando.
sábado, febrero 17, 2007
viernes, febrero 16, 2007
El mundo está lleno de Panchitos López
Ayer, Jueves de Agasajo en HEB, me hablaron al bati teléfono secreto de mi cuarto buscando a Panchito López, mi antiguo roomate, distinguido oficial de tránsito, prófugo del fisco y nombre predilecto en las listas de números rojos de los bancos, Elektra, Coppel y hasta FAMSA.
Era una llamada en calidad de urgente –precisamente- de un banco, no recuerdo qué banco, pero no creo que del banco de la barra de una cantina donde mi ex compañero también debe de tener algunas cuentas pendientes. Me comentaba el ejecutivo bancario que el Señor Francisco López y su mujer se negaban a contestar las llamadas en su celular y que no tenían otro teléfono en dónde localizarlos y que habían puesto como referencia mi número telefónico, imagino yo, como su última venganza por haberlos corrido a la verga de esta casa.
El tipo me interrogaba como si Panchito López fuera mi hermano lelo o como si lo quisiera mucho o nos llevaramos de piquete de cola, y me advirtió que iban a venir a la casa a investigar y a llevarse mis pertenencias en dado caso de que yo estuviera protegiendo a Panchito López y su mujer. Yo estaba tan ocupado en mis clase de origami y telequinesis, que mandé al tipo directo -y sin escalas- a la verga diciéndole: “Pos vengan… pero lamento decirte, compadre, que Panchito López ya se los chingo con esa lana”.
Para los que no se acuerden quién es Panchito López porque tienen la capacidad cerebral de un pepino de mar, Panchito López fue mi compañero de departamento por casi un año y, entre sus hazañas más memorables, estuvieron:
-Meter a vivir a su vieja en el depa con el pretexto de que “nomás se va a quedar una semana”; y esa semana se convirtió en un año.
-Tener a su vieja todo el día a un lado y, a pesar de la pared que nos separaba, escuchar las mierdas de programas que veía en la tele; esos programas matutinos donde artistuchos pendejos se ponen a bailar por todo para "celebrar que ya es de mañana" y dicen horóscopos y de más pendejadas.
- Adoptar como mascotas a dos patos cagones que luego tiró en un monte baldío el muy ojete.
- Poner a todo volumen al Tropical Panamá, Banda Limón y otros de esos grupos rascuaches y considerar a Los Tigres del Norte como “música de nacos” o "música de infelices". Chale, no sé él qué se creía.
- Coleccionar botes de vidrio, principalmente de mayonesa Hellmans, Tang y Nescafé que no sirvieron para ni madres y aquí los sigo teniendo como herencia y sigo sin entender por qué riatas los lavaba y los guardaba... ¿con qué intención?
- Meter a sus suegros y cuñadillos a vivir en mi cuarto cuando estuve ausente tres semanas en las Europas. Esto si que me encabronó y fue cuando maquiné el plan para que los corriera la rentera, muajajajaja.
- Inflar los recibos de la luz hasta 700 pesos mensuales y el del agua hasta 600.
-Tomarse mis cervezas.
-Sacar dos bolsas de basura de las grandotas a diario. Si a ese güey le dieran un planeta nuevo, se lo chinga en dos semanas; en serio.
- Pedirme 15 mil pesos para poner un negocio de celulares. Casi me cago de risa en su cara.
- Destrozar su carro y las patas de su vieja en un accidente por andar manejando bien pedo con dinero que no era de él.
- Comprar un refrigerador con “ice maker” que escondió en casa de una tía para que no se lo fueran a quitar por no pagarlo.
-Deber más de 60 mil pesos en una tarjeta y ganar 6 mil pesos mensuales, con los cuales pagaba la renta, su carro, el tratamiento de su vieja y de más.
De hecho, todo lo que escribí de Pancho López en este blog lo borré porque, de tanta mala vibra que le tiraba, neta que sí llegué a pensar que yo era el culpable de su mala suerte. Pero en fin, no estuvo tan mal vivir con él pues sus aventuritas dieron para 20 tiras cómicas que muy pronto saldrán en el libro de Chistes Alowey
La cosa es que, si algún día, amados lectores, llegaron como yo a a creer que Panchito López era merma de una fábrica de inmundicia humana y social, los que tengo ahora a lado viviendo son Panchitos López transgénicos, o sea, más cabrones. Ya les platicaré de ellos para que lloren…
Era una llamada en calidad de urgente –precisamente- de un banco, no recuerdo qué banco, pero no creo que del banco de la barra de una cantina donde mi ex compañero también debe de tener algunas cuentas pendientes. Me comentaba el ejecutivo bancario que el Señor Francisco López y su mujer se negaban a contestar las llamadas en su celular y que no tenían otro teléfono en dónde localizarlos y que habían puesto como referencia mi número telefónico, imagino yo, como su última venganza por haberlos corrido a la verga de esta casa.
El tipo me interrogaba como si Panchito López fuera mi hermano lelo o como si lo quisiera mucho o nos llevaramos de piquete de cola, y me advirtió que iban a venir a la casa a investigar y a llevarse mis pertenencias en dado caso de que yo estuviera protegiendo a Panchito López y su mujer. Yo estaba tan ocupado en mis clase de origami y telequinesis, que mandé al tipo directo -y sin escalas- a la verga diciéndole: “Pos vengan… pero lamento decirte, compadre, que Panchito López ya se los chingo con esa lana”.
Para los que no se acuerden quién es Panchito López porque tienen la capacidad cerebral de un pepino de mar, Panchito López fue mi compañero de departamento por casi un año y, entre sus hazañas más memorables, estuvieron:
-Meter a vivir a su vieja en el depa con el pretexto de que “nomás se va a quedar una semana”; y esa semana se convirtió en un año.
-Tener a su vieja todo el día a un lado y, a pesar de la pared que nos separaba, escuchar las mierdas de programas que veía en la tele; esos programas matutinos donde artistuchos pendejos se ponen a bailar por todo para "celebrar que ya es de mañana" y dicen horóscopos y de más pendejadas.
- Adoptar como mascotas a dos patos cagones que luego tiró en un monte baldío el muy ojete.
- Poner a todo volumen al Tropical Panamá, Banda Limón y otros de esos grupos rascuaches y considerar a Los Tigres del Norte como “música de nacos” o "música de infelices". Chale, no sé él qué se creía.
- Coleccionar botes de vidrio, principalmente de mayonesa Hellmans, Tang y Nescafé que no sirvieron para ni madres y aquí los sigo teniendo como herencia y sigo sin entender por qué riatas los lavaba y los guardaba... ¿con qué intención?
- Meter a sus suegros y cuñadillos a vivir en mi cuarto cuando estuve ausente tres semanas en las Europas. Esto si que me encabronó y fue cuando maquiné el plan para que los corriera la rentera, muajajajaja.
- Inflar los recibos de la luz hasta 700 pesos mensuales y el del agua hasta 600.
-Tomarse mis cervezas.
-Sacar dos bolsas de basura de las grandotas a diario. Si a ese güey le dieran un planeta nuevo, se lo chinga en dos semanas; en serio.
- Pedirme 15 mil pesos para poner un negocio de celulares. Casi me cago de risa en su cara.
- Destrozar su carro y las patas de su vieja en un accidente por andar manejando bien pedo con dinero que no era de él.
- Comprar un refrigerador con “ice maker” que escondió en casa de una tía para que no se lo fueran a quitar por no pagarlo.
-Deber más de 60 mil pesos en una tarjeta y ganar 6 mil pesos mensuales, con los cuales pagaba la renta, su carro, el tratamiento de su vieja y de más.
De hecho, todo lo que escribí de Pancho López en este blog lo borré porque, de tanta mala vibra que le tiraba, neta que sí llegué a pensar que yo era el culpable de su mala suerte. Pero en fin, no estuvo tan mal vivir con él pues sus aventuritas dieron para 20 tiras cómicas que muy pronto saldrán en el libro de Chistes Alowey
La cosa es que, si algún día, amados lectores, llegaron como yo a a creer que Panchito López era merma de una fábrica de inmundicia humana y social, los que tengo ahora a lado viviendo son Panchitos López transgénicos, o sea, más cabrones. Ya les platicaré de ellos para que lloren…
jueves, febrero 15, 2007
Retrorecuerdo
Ayer pasé por la casa de mi infancia. Estaba pintada de un color verde muy feo, como pistache, aunque no recuerdo de qué color era cuando viví allí hasta los 9 años.
Desapareció la cochera en la que cabía un coche compacto: la convirtieron en un cuarto o en una sala, no lo sé. Tampoco sé quién la habite ahora. En la casa de a lado, donde vivía un viejito cascarrabias con su esposa, pusieron una lavandería pequeña y el árbol que estaba en la banqueta ya no está. La terraza seguía ahí, parecía ser lo único que no habían cambiado en todos estos años; bueno, sólo en el horroroso color verde. La terraza era donde más me gustaba estar porque se veía la fronda del árbol, los nidos de los pájaros, las lagartijas que trepaban y siempre imaginé que un día bajaría desde ahí arriba hasta la banqueta balanceándome por sus ramas. Una vez le comenté esa idea a mi madre y fue un error, pues ya no me dejaba salir a la terraza por temor a que fuera a cumplir lo que le platiqué.
En esa casa mi madre cocinaba muy seguido lengua de res, hígado y riñones, los que comía sin respingar para evitar un regaño de mi padre. “Es lo que hay y te lo comes todo, punto”, me decía. Y yo obedecía sin hacer caras. Los revolvía con el arroz y los frijoles para que me supieran menos feos y, cuando mi padre no iba a comer, sólo me comía el arroz y los frijoles y mi madre le inventaba a mi papá que sí me había comido todo. Me acuerdo también que comía muchas mandarinas porque el viejo cascarrabias y su esposa tenían árboles en su patio que rebasaban la barda y posaban su sombra en nuestra propiedad. No sé si comía tantas mandarinas inconcientemente para quitarme el fuerte sabor de los riñones y el hígado encebollados o simplemente porque me gustaban. Me las comía con todo y semillas, cosa que impresionaba a los pocos amigos de la escuela que a veces invitaba a la casa; esto era cuando no había de comer hígado, riñones o lengua.
El parque que está en contra esquina, donde aprendí a andar en bicicleta y me descalabré saltando de un columpio, lo vi muy abandonado. Ya no hay columpios ni resbaladeros ni pasamanos, el cual, por cierto, nunca pude cruzar de lado a lado pues el dolor en los brazos me ganaba y tenía qué soltarme poco después de la mitad. La hierba estaba muy alta, la fuente sin agua y toda carcomida y manchada. No había ni un niño jugando; estaba muerto.
En el radio del coche sonó una canción que creo que escuché por primera vez en esa casa... y de pronto, sentí una basurita en el ojo...
Desapareció la cochera en la que cabía un coche compacto: la convirtieron en un cuarto o en una sala, no lo sé. Tampoco sé quién la habite ahora. En la casa de a lado, donde vivía un viejito cascarrabias con su esposa, pusieron una lavandería pequeña y el árbol que estaba en la banqueta ya no está. La terraza seguía ahí, parecía ser lo único que no habían cambiado en todos estos años; bueno, sólo en el horroroso color verde. La terraza era donde más me gustaba estar porque se veía la fronda del árbol, los nidos de los pájaros, las lagartijas que trepaban y siempre imaginé que un día bajaría desde ahí arriba hasta la banqueta balanceándome por sus ramas. Una vez le comenté esa idea a mi madre y fue un error, pues ya no me dejaba salir a la terraza por temor a que fuera a cumplir lo que le platiqué.
En esa casa mi madre cocinaba muy seguido lengua de res, hígado y riñones, los que comía sin respingar para evitar un regaño de mi padre. “Es lo que hay y te lo comes todo, punto”, me decía. Y yo obedecía sin hacer caras. Los revolvía con el arroz y los frijoles para que me supieran menos feos y, cuando mi padre no iba a comer, sólo me comía el arroz y los frijoles y mi madre le inventaba a mi papá que sí me había comido todo. Me acuerdo también que comía muchas mandarinas porque el viejo cascarrabias y su esposa tenían árboles en su patio que rebasaban la barda y posaban su sombra en nuestra propiedad. No sé si comía tantas mandarinas inconcientemente para quitarme el fuerte sabor de los riñones y el hígado encebollados o simplemente porque me gustaban. Me las comía con todo y semillas, cosa que impresionaba a los pocos amigos de la escuela que a veces invitaba a la casa; esto era cuando no había de comer hígado, riñones o lengua.
El parque que está en contra esquina, donde aprendí a andar en bicicleta y me descalabré saltando de un columpio, lo vi muy abandonado. Ya no hay columpios ni resbaladeros ni pasamanos, el cual, por cierto, nunca pude cruzar de lado a lado pues el dolor en los brazos me ganaba y tenía qué soltarme poco después de la mitad. La hierba estaba muy alta, la fuente sin agua y toda carcomida y manchada. No había ni un niño jugando; estaba muerto.
En el radio del coche sonó una canción que creo que escuché por primera vez en esa casa... y de pronto, sentí una basurita en el ojo...
martes, febrero 13, 2007
Gustos gachos
El fin de semana de no me acuerdo qué semana me junté con unos compas que tenía ya rato de no ver. Mientras nadábamos en una alberca llena de billetes del Turista Internacional, bebíamos copa tras copa de quita barniz de puertas Berel y discutíamos temas de relevancia internacional como el precio del chilacayote y la guanábana, todos coincidieron -menos yo- en que la vieja más buena de la serie "Esposas Desesperadas" es la tal Gabrielle Solis, interpretada por la actriz de moda y tapón de alberca Eva Longoria.
Yo les decía que no, que Bree Van der Kamp, interpretada por Marcia Cross, era la más guapa y buenera de las cinco esposas depravadas... digo, desesperadas. Les decía que su peinado perfecto, sus trajes sastre, su carita de mosca muerta, sus obsesiones compulsivas, sus rutinas enfermizas y su inocencia sexual a los cuarentaitantos años hacían como que me dieran ganas de quitarle lo sonsa y rígida a puro macanazo de carne o con masajitos de once dedos.
Una cosa llevó a otra y de repente ya todos mis amigos y yo estábamos pintándonos los labios y... perdón, digo: de repente ya todos estábamos hablando como todo macho alfa de mujeres famosas y de que quiénes estaban más guapas y más buenas y que por quién sí nos poníamos a trabajar… y otra vez discrepé de la opinión de mis amigochos.
Ellos decían que Jennifer López y Catherine Zeta Jones eran las mujeres más chabochas del universo, y yo les decía que a mí no me lo parecían, que a mí en lo personal esas dos arañas pachonas no me gustaban; que yo prefería a Winona Ryder, Drew Barryomore, Alejandra Guzmán y Margarita Gralia. Total, mis compas terminaron concluyendo que yo tengo unos gustos de la reverga y que tiro pa´l monte. Yo les dije que a esas cuatro viejas, las que más me gustan, una vez las metí en una licuadora y salió la vieja perfecta. “Sí ´ombe, ta bueno, ya andas bien pedo”, me dijeron muy amablemente.
De regreso a mi casa me puse a pensar en lo "exigentes" que son mis amigos en cuanto a sus gustos y en lo incongruentes en cuanto a sus acciones, pues nada de ese refinamiento para seleccionar hembras se veía reflejado en las novias ni en las esposas que habían elegido. Algunos siguen solos, ni vieja ni garrote tienen. Y no es por mamón ni por nada, pero de todas no se hace una sola como para andar diciendo que les gusta Caterine Zeta Jones, tengan de vieja a una María Antonieta de las nieves y, aparte, me acusn de tener gustos feos. Aparte, ni buena onda son las pinches viejas como para que digan: “bueno, mi vieja no será Jennifer López, pero es bien a todo dar”. ¿Con qué autoridad me culpan estos cabrones de tener gustos gachos?, pensé, mientras sacaba de abajo de mi colchón la Playboy donde sale la Margara Gralia como pollito rostizado: sin una sola plumita, snif.
Yo les decía que no, que Bree Van der Kamp, interpretada por Marcia Cross, era la más guapa y buenera de las cinco esposas depravadas... digo, desesperadas. Les decía que su peinado perfecto, sus trajes sastre, su carita de mosca muerta, sus obsesiones compulsivas, sus rutinas enfermizas y su inocencia sexual a los cuarentaitantos años hacían como que me dieran ganas de quitarle lo sonsa y rígida a puro macanazo de carne o con masajitos de once dedos.
Una cosa llevó a otra y de repente ya todos mis amigos y yo estábamos pintándonos los labios y... perdón, digo: de repente ya todos estábamos hablando como todo macho alfa de mujeres famosas y de que quiénes estaban más guapas y más buenas y que por quién sí nos poníamos a trabajar… y otra vez discrepé de la opinión de mis amigochos.
Ellos decían que Jennifer López y Catherine Zeta Jones eran las mujeres más chabochas del universo, y yo les decía que a mí no me lo parecían, que a mí en lo personal esas dos arañas pachonas no me gustaban; que yo prefería a Winona Ryder, Drew Barryomore, Alejandra Guzmán y Margarita Gralia. Total, mis compas terminaron concluyendo que yo tengo unos gustos de la reverga y que tiro pa´l monte. Yo les dije que a esas cuatro viejas, las que más me gustan, una vez las metí en una licuadora y salió la vieja perfecta. “Sí ´ombe, ta bueno, ya andas bien pedo”, me dijeron muy amablemente.
De regreso a mi casa me puse a pensar en lo "exigentes" que son mis amigos en cuanto a sus gustos y en lo incongruentes en cuanto a sus acciones, pues nada de ese refinamiento para seleccionar hembras se veía reflejado en las novias ni en las esposas que habían elegido. Algunos siguen solos, ni vieja ni garrote tienen. Y no es por mamón ni por nada, pero de todas no se hace una sola como para andar diciendo que les gusta Caterine Zeta Jones, tengan de vieja a una María Antonieta de las nieves y, aparte, me acusn de tener gustos feos. Aparte, ni buena onda son las pinches viejas como para que digan: “bueno, mi vieja no será Jennifer López, pero es bien a todo dar”. ¿Con qué autoridad me culpan estos cabrones de tener gustos gachos?, pensé, mientras sacaba de abajo de mi colchón la Playboy donde sale la Margara Gralia como pollito rostizado: sin una sola plumita, snif.
lunes, febrero 12, 2007
Versión Beta
Ah pinche Blogger tan cagalero...
Siempre que entraba a postear primero me preguntaba, con la amabilidad de un vendedor de zapatos gay, si quería cambiarme a la nueva versión beta y yo le decía que no, que no me interesaba, que así estaba muy bien y que me importaban un pito de cangrejo ermitaño sus "beneficios".
Ahora que entro me llevo la sorpresa que es de a huevito cambiarse a la versión beta porque ya no me mostraron la opción de "no, ya les dije que no estén jodiendo con su versión beta" y me obligaron a abrir una cuenta en Google que no sé para qué chingaos me va a servir.
Por eso me cagan los gringos y la tecnología, porque siempre se hace lo que ellos dicen.
Mejor váyanse a Big Blogger que ahí escribí también.
P.D. Apenas voy empezando con esta nueva versión y ya publiqué tres veces este pinche post con letra distinta y tamaño distinto... Creo que no nos vamos a llevar bien Blogger y yo
P.D.2 Ya borré los dos anteriores que repetí.
Siempre que entraba a postear primero me preguntaba, con la amabilidad de un vendedor de zapatos gay, si quería cambiarme a la nueva versión beta y yo le decía que no, que no me interesaba, que así estaba muy bien y que me importaban un pito de cangrejo ermitaño sus "beneficios".
Ahora que entro me llevo la sorpresa que es de a huevito cambiarse a la versión beta porque ya no me mostraron la opción de "no, ya les dije que no estén jodiendo con su versión beta" y me obligaron a abrir una cuenta en Google que no sé para qué chingaos me va a servir.
Por eso me cagan los gringos y la tecnología, porque siempre se hace lo que ellos dicen.
Mejor váyanse a Big Blogger que ahí escribí también.
P.D. Apenas voy empezando con esta nueva versión y ya publiqué tres veces este pinche post con letra distinta y tamaño distinto... Creo que no nos vamos a llevar bien Blogger y yo
P.D.2 Ya borré los dos anteriores que repetí.
viernes, febrero 09, 2007
Mi amigo el Agassi
Le decíamos Agassi, como el tenista, y no porque mi compa practicara ese deporte, sino porque olía siempre bien gacho –como a pipí y a popó-, entonces, cada que se nos acercaba, le decíamos: “¡Hagasialaverga, wey!”, y se le quedó el Agassi.
Una vez el Agassi llegó bien bañadito después de tanta madreada que le tiramos ese día: con el pelo bien peinado con gomina, ropa planchada, zapatos boleados y todo el bote de agua de colonia de su padre embarrado en el cuello.”Ah, pinche Agassi, ¿y ora qué mosco te picó?”, le dijimos. El Agassi sonrió satisfecho. “Es que voy a ver a Lizet; le voy a decir que si quiere ser mi novia”, respondió. Y le dimos pamba loca por mamón. A los 11 años eso de andar con niñas era de maricones o de mentirosos. Se zafó manoteando de la lluvia de manos y volvió a acomodarse el peinado. En eso, el Agassi se sentó en los escalones donde siempre perdíamos el tiempo y se le alcanzaron a ver los calzones: los traía todos cagados hasta el elástico. Y que nos lo empezamos a madrear de que pinche Popoman, de que pinche Cacaboy y de que si Lizet le iba a ir a limpiar la caca de la cola, y le hicimos calzón chino con caca y etc. El Agassi se fue llorando bien cabrón a su casa. “Van a ver con mi papá, culeros ¡buaaa!”, nos amenazó. “A chinga, pos si el que se caga eres tú, no nosotros”, gritó un amigo y todos nos “cagamos” de la risa. En eso, que llega Lizet, la niña más bonita de la cuadra y mayor que nosotros por un año, preguntando por el Agassi. Todos nos quedamos sorprendidamente pendejos; el Agassi no nos había mentido. Y ya se nos hizo muy gacho decirle a Lizet que su futuro novio se había ido a cambiar los calzones cagados.
Las escaleras de afuera de casa de Doña Pelos, donde todos los días nos tirábamos a perder el tiempo, quedaron vacías cuando salió el Agassi con su jefa bien encabronada gritando que por qué habíamos hecho llorar a su hijo cagón.
Una vez el Agassi llegó bien bañadito después de tanta madreada que le tiramos ese día: con el pelo bien peinado con gomina, ropa planchada, zapatos boleados y todo el bote de agua de colonia de su padre embarrado en el cuello.”Ah, pinche Agassi, ¿y ora qué mosco te picó?”, le dijimos. El Agassi sonrió satisfecho. “Es que voy a ver a Lizet; le voy a decir que si quiere ser mi novia”, respondió. Y le dimos pamba loca por mamón. A los 11 años eso de andar con niñas era de maricones o de mentirosos. Se zafó manoteando de la lluvia de manos y volvió a acomodarse el peinado. En eso, el Agassi se sentó en los escalones donde siempre perdíamos el tiempo y se le alcanzaron a ver los calzones: los traía todos cagados hasta el elástico. Y que nos lo empezamos a madrear de que pinche Popoman, de que pinche Cacaboy y de que si Lizet le iba a ir a limpiar la caca de la cola, y le hicimos calzón chino con caca y etc. El Agassi se fue llorando bien cabrón a su casa. “Van a ver con mi papá, culeros ¡buaaa!”, nos amenazó. “A chinga, pos si el que se caga eres tú, no nosotros”, gritó un amigo y todos nos “cagamos” de la risa. En eso, que llega Lizet, la niña más bonita de la cuadra y mayor que nosotros por un año, preguntando por el Agassi. Todos nos quedamos sorprendidamente pendejos; el Agassi no nos había mentido. Y ya se nos hizo muy gacho decirle a Lizet que su futuro novio se había ido a cambiar los calzones cagados.
Las escaleras de afuera de casa de Doña Pelos, donde todos los días nos tirábamos a perder el tiempo, quedaron vacías cuando salió el Agassi con su jefa bien encabronada gritando que por qué habíamos hecho llorar a su hijo cagón.
miércoles, febrero 07, 2007
Cuentito y tira cómica
Suena el teléfono y contesto. Nadie me responde del otro lado de la bocina por más que digo: “¿Diga?”.Me quedo callado para ver si logro escuchar algo: un respiro, algún sonido gutural que me dé una pista de quién me está bromeando; pero nada. De pronto, antes de que cuelgue, una voz cavernosa, como un rugido, me dice: “No te quedes callado, cabroncito, sé que estás ahí… sé que estás ahí sólo en tu cuarto…” Me estremezco y despierto. Despierto en medio de la madrugada. No son ni las cuatro. Fue un sueño. Bueno, casi una pesadilla. Lo que me intriga es que tengo el auricular del teléfono en la mano. ¿Fue un sueño realmente? Una de dos: o soy sonámbulo o alguien realmente me llamó y me dijo eso. No pude volverme a dormir de lo espantado que estaba. Pensaba que, de no haber sido un sueño, me volverían a llamar. Y mejor desconecté el teléfono. Pero tampoco pude volverme a dormir: me intrigaba el hecho de que el teléfono fuera a sonar con el cable desconectado. Ahí sí que me cago. Pero no, no pasó nada y me volví a dormir cuando salió el sol.
Los dejo con un Chiste Alowey... que la fecha se acerca, muajajajaja...
Los dejo con un Chiste Alowey... que la fecha se acerca, muajajajaja...
martes, febrero 06, 2007
El ruco Miss Clairol
En la construcción de donde nos robábamos maderas, trozos de varilla y mangueras de plástico, había un vigilante viejillo que cuidaba que no se fueran a robar todo eso que nosotros –chamacos de 9 años- hurtábamos para construir nuestro club en uno de los tantos montes baldíos que había en la cuadra.
Entrábamos siempre por la misma ventana cada que veíamos que los albañiles salían de su turno de trabajo, cuando el ruco se iba a comprar su Coca Cola y sus galletas Marías de siempre o cuando se quedaba dormido en un catre que ponía en el cuarto de a mero adelante de la construcción. Varias veces nos sorprendió robando y nos correteaba y nos apedreaba y nos gritaba: ¡hijos de su piiinche maaadre!, pero como estaba bien viejillo, pues nunca nos alcanzó y, como no sabía dónde vivíamos, pues nuestros padres nunca se enteraron de nuestras travesuras.
Una de esas veces que entramos a hurtadillas por la misma ventana, vimos que en la pila del patio el viejo estaba agachado pintándose el cabello con uno de esos botecitos de Miss Clairol que nomás usan las mamás y las abuelitas. No pudimos evitar cagarnos de la risa y ser descubiertos. El ruco saltó del susto y que nos corretea encabronadísimo con toda la cara escurriéndole en pintura negra que parecía azul y agarrando piedras del suelo. Pinche viejo joto, le gritábamos mientras huíamos, pinche viejillo maricóoon, jajaja; y él sólo nos respondía con su ya característico ¡hijos de su piiinche madre, van a ver! y una lluvia de grava.
Creo que todo ese día no paramos de reír.
Tres días después decidimos ir de nuevo a la construcción para ver si había una madera grande, como del tamaño de una puerta, para ponerla como techo del club sujetándola entre las dos ramas más gruesas del mezquite. Nos colamos por la ventana y en el piso de concreto encontramos una cinta de medir amarilla, de esas que se enrollan solas. La tomamos. Nunca habíamos tenido una de esas, sólo martillos y seguetas que agarrábamos de los maletines de los albañiles. Pero nuestro sueño era tener una de esas reglas con tubitos de agua verde adentro que traen una burbujita en medio.
En eso, en uno de los cuartos, vimos al viejillo Miss Clairol llorando y metiendo cosas en una maleta toda jodida. El cabello le resplandecía y ya no nos parecía tan viejo como antes. Dejamos de escondernos y nos acercamos un poco, pues nos sorprendió ver a un anciano llorando. Entre sollozos nos dijo:
- Hijos de su pinche madre, por su culpa me corrieron. ¿Ora qué van a tragar mis hijos?, güercos pendejos; mis hijos que no andan robando como ustedes, bola de cabrones…
Mis amigos y yo nos volteamos a ver sin saber bien a bien qué pasaba: lo que para nosotros había sido un juego divertidísimo, al viejo Miss Clairol le había costado su trabajo y el sustento para su familia. El ruco se agachó y tomo piedras de un montón de grava que tenía a un lado y, antes de que nos las aventar, corrimos despavoridos. El ¡hijos de su pinche madre! característico se escucho a lo lejos, justo detrás del de la lluvia de piedras estrellándose y esparciéndose sobre el pavimento de la calle Hernán Cortés.
Quisimos ir a devolver todo lo que nos habíamos robado, junto con algo de comida que tomamos de las alacenas de nuestras casas, pero el viejito Miss Clairol ya no estaba. En su lugar, estaba un señor joven que yo creo que si nos correteaba, sí nos alcanzaba y nos ponía una chinga con nuestros padres. Un guardia al que seguramente no encontraríamos en el patio de la construcción tiñéndose el cabello. Snif.
Entrábamos siempre por la misma ventana cada que veíamos que los albañiles salían de su turno de trabajo, cuando el ruco se iba a comprar su Coca Cola y sus galletas Marías de siempre o cuando se quedaba dormido en un catre que ponía en el cuarto de a mero adelante de la construcción. Varias veces nos sorprendió robando y nos correteaba y nos apedreaba y nos gritaba: ¡hijos de su piiinche maaadre!, pero como estaba bien viejillo, pues nunca nos alcanzó y, como no sabía dónde vivíamos, pues nuestros padres nunca se enteraron de nuestras travesuras.
Una de esas veces que entramos a hurtadillas por la misma ventana, vimos que en la pila del patio el viejo estaba agachado pintándose el cabello con uno de esos botecitos de Miss Clairol que nomás usan las mamás y las abuelitas. No pudimos evitar cagarnos de la risa y ser descubiertos. El ruco saltó del susto y que nos corretea encabronadísimo con toda la cara escurriéndole en pintura negra que parecía azul y agarrando piedras del suelo. Pinche viejo joto, le gritábamos mientras huíamos, pinche viejillo maricóoon, jajaja; y él sólo nos respondía con su ya característico ¡hijos de su piiinche madre, van a ver! y una lluvia de grava.
Creo que todo ese día no paramos de reír.
Tres días después decidimos ir de nuevo a la construcción para ver si había una madera grande, como del tamaño de una puerta, para ponerla como techo del club sujetándola entre las dos ramas más gruesas del mezquite. Nos colamos por la ventana y en el piso de concreto encontramos una cinta de medir amarilla, de esas que se enrollan solas. La tomamos. Nunca habíamos tenido una de esas, sólo martillos y seguetas que agarrábamos de los maletines de los albañiles. Pero nuestro sueño era tener una de esas reglas con tubitos de agua verde adentro que traen una burbujita en medio.
En eso, en uno de los cuartos, vimos al viejillo Miss Clairol llorando y metiendo cosas en una maleta toda jodida. El cabello le resplandecía y ya no nos parecía tan viejo como antes. Dejamos de escondernos y nos acercamos un poco, pues nos sorprendió ver a un anciano llorando. Entre sollozos nos dijo:
- Hijos de su pinche madre, por su culpa me corrieron. ¿Ora qué van a tragar mis hijos?, güercos pendejos; mis hijos que no andan robando como ustedes, bola de cabrones…
Mis amigos y yo nos volteamos a ver sin saber bien a bien qué pasaba: lo que para nosotros había sido un juego divertidísimo, al viejo Miss Clairol le había costado su trabajo y el sustento para su familia. El ruco se agachó y tomo piedras de un montón de grava que tenía a un lado y, antes de que nos las aventar, corrimos despavoridos. El ¡hijos de su pinche madre! característico se escucho a lo lejos, justo detrás del de la lluvia de piedras estrellándose y esparciéndose sobre el pavimento de la calle Hernán Cortés.
Quisimos ir a devolver todo lo que nos habíamos robado, junto con algo de comida que tomamos de las alacenas de nuestras casas, pero el viejito Miss Clairol ya no estaba. En su lugar, estaba un señor joven que yo creo que si nos correteaba, sí nos alcanzaba y nos ponía una chinga con nuestros padres. Un guardia al que seguramente no encontraríamos en el patio de la construcción tiñéndose el cabello. Snif.
sábado, febrero 03, 2007
El Karma es un Boomerang Parte 2
Ese mismo día, pero en la noche, Fernando manejó hasta donde vivía Leticia y su esposo. Dio con el lugar gracias a las señas que ella misma le había dado ingenuamente mientras platicaban en el restaurante. Fernando supo cuál era la casa de Leticia cuando identificó el automóvil grande y gris. Se estacionó en un lote baldío, bajó de su carro y la penumbra lo envolvió. Caminó con cautela hasta la casa de su ex y dejó las fotos dentro de un sombre blanco -sin remitente ni nombre ni nada- en el tapete de la entrada principal.
Al medio día del día siguiente, Lacho fue a buscar a Fernando a su casa, pero éste no estaba ahí. Lacho imaginó que su amigo estaría en casa de Eva, y se fue a buscarlo para allá, pero al llegar a casa de Eva no vio el coche de Fernando. Lacho abrió la puerta del enrejado, que siempre rechinaba, y antes de que timbrara, Eva abrió la puerta, pensando que era Fernando. Lacho brincó del susto, pues estaba casi seguro que no había nadie en la casa. Eva rió y lo saludó efusivamente.
- Es que pensé que aquí iba estar el Fer –dijo Lacho un tanto sobresaltado-, es que como no lo encontré en su casa, pues por eso vine...
- Sí, de hecho pensé que era él, jajaja. Me acaba de hablar, ya no debe de tardar. Pásale, Lacho.
- No… no, gracias; nomás venía a platicarle de unas fotos que tomé…
- Pues si lo quieres esperar aquí tengo unas cervezas que dejó el fin de semana pasado. Tómate una en lo que llega, ya me habló y dice que no tarda.
- Je je, no, no gracias, de hecho ya me tengo que ir... ¿Cómo les ha ido? –cambió de tema.
- Muy bien, Lacho, todo excelente. Ándale, pásale, no seas ranchero, déjame le hablo a Fer para ver si ya viene -insistió Eva.
- N´ombre, no te molestes, no es urgente, ya me tengo que ir... es que mis papás están aquí de visita en la ciudad y… pues voy con ellos ahorita ya...
- Ah, qué bueno, me los saludas mucho, eh. Has de andar bien consentidote, ¿verdad?
- Si, jajaja. Hay que aprovechar cuando vienen, jeje. Bueno, Eva, hablamos luego, ahí le dices a Fer que me hable.
- Ok, yo le digo, byebye.
- Aaah, ten ésto: estaban ahí tirados en el portón –y Lacho le entregó a Eva unos recibos de teléfono, estados de cuenta de algún banco, una guía comercial, volantes y de más papelería que entregan casa por casa.
- Ah, muchas gracias, bye.
Lacho salió de la cochera y cerró el ruidoso portón de hierro. Eva cerró la puerta de su casa y esperó a su amado Fernando sentada en el sillón grande de la sala mientras barajaba los recibos de los servicios, los cupones de ofertas y promociones, los estados de cuenta de la tarjeta de crédito, etc. que Lacho le había entregado.
Pero también había un misterioso sobre; un sobre sin remitente ni nombre ni nada. Un sobre con fotos adentro: fotos de su querido Fernando saliendo de un restaurante con Leticia, subiéndola a su coche y entrando a un motel.
La verdad es que Lacho siempre estuvo enamorado de Eva.
FIN
Al medio día del día siguiente, Lacho fue a buscar a Fernando a su casa, pero éste no estaba ahí. Lacho imaginó que su amigo estaría en casa de Eva, y se fue a buscarlo para allá, pero al llegar a casa de Eva no vio el coche de Fernando. Lacho abrió la puerta del enrejado, que siempre rechinaba, y antes de que timbrara, Eva abrió la puerta, pensando que era Fernando. Lacho brincó del susto, pues estaba casi seguro que no había nadie en la casa. Eva rió y lo saludó efusivamente.
- Es que pensé que aquí iba estar el Fer –dijo Lacho un tanto sobresaltado-, es que como no lo encontré en su casa, pues por eso vine...
- Sí, de hecho pensé que era él, jajaja. Me acaba de hablar, ya no debe de tardar. Pásale, Lacho.
- No… no, gracias; nomás venía a platicarle de unas fotos que tomé…
- Pues si lo quieres esperar aquí tengo unas cervezas que dejó el fin de semana pasado. Tómate una en lo que llega, ya me habló y dice que no tarda.
- Je je, no, no gracias, de hecho ya me tengo que ir... ¿Cómo les ha ido? –cambió de tema.
- Muy bien, Lacho, todo excelente. Ándale, pásale, no seas ranchero, déjame le hablo a Fer para ver si ya viene -insistió Eva.
- N´ombre, no te molestes, no es urgente, ya me tengo que ir... es que mis papás están aquí de visita en la ciudad y… pues voy con ellos ahorita ya...
- Ah, qué bueno, me los saludas mucho, eh. Has de andar bien consentidote, ¿verdad?
- Si, jajaja. Hay que aprovechar cuando vienen, jeje. Bueno, Eva, hablamos luego, ahí le dices a Fer que me hable.
- Ok, yo le digo, byebye.
- Aaah, ten ésto: estaban ahí tirados en el portón –y Lacho le entregó a Eva unos recibos de teléfono, estados de cuenta de algún banco, una guía comercial, volantes y de más papelería que entregan casa por casa.
- Ah, muchas gracias, bye.
Lacho salió de la cochera y cerró el ruidoso portón de hierro. Eva cerró la puerta de su casa y esperó a su amado Fernando sentada en el sillón grande de la sala mientras barajaba los recibos de los servicios, los cupones de ofertas y promociones, los estados de cuenta de la tarjeta de crédito, etc. que Lacho le había entregado.
Pero también había un misterioso sobre; un sobre sin remitente ni nombre ni nada. Un sobre con fotos adentro: fotos de su querido Fernando saliendo de un restaurante con Leticia, subiéndola a su coche y entrando a un motel.
La verdad es que Lacho siempre estuvo enamorado de Eva.
FIN
viernes, febrero 02, 2007
El Karma es un Boomerang Parte 1
Cada que lo negaba, Eduardo la abofeteaba con más coraje. Ahí estaban las pruebas, cómo se atrevía a decir que no era ella si ahí tenía las pruebas en la mano su marido: las fotografías que alguien había dejado en el tapete de la puerta principal de su casa dentro de un sobre blanco sin remitente ni nombre ni nada. Cada que se las mostraba a su mujer, ella lo negaba, y Eduardo le atizaba más fuerte. ¡¿Me crees pendejo o qué Leticia?!, aquí estás tú con tu ex novio Fernando, ¿o me vas a decir que no eres tú, hija de la chingada?, ¿me vas a salir con que es una foto photoshopeada o qué, pendeja?
Leticia lloraba con un ardor insoportable en la mejilla, mientras trataba de darle una explicación a su histérico marido, pero cada que intentaba hablar, recibía un cachetadón que le volteaba el rostro y la tumbaba contra el colchón. En esa última y sonora bofetada, Leticia sintió el sabor agrio de la sangre dentro de su boca.
Había fotos de ella saliendo de un restaurante con su ex, subiendo al coche de éste y entrando a un motel. Cuando Eduardo se cansó de golpearla, le aventó las fotografías en la cara y se puso a llorar desconsolado en la orilla de la cama. Leticia se limpió el rostro, se tocó el labio inferior y no se atrevió a mirar detenidamente las imágenes que la delataban. Alguien la había querido joder y lo había logrado.
Pero eso de las fotos no era del todo cierto, por eso lo negaba ante Eduardo, porque lo del motel no era cierto. ¿Por qué había una foto de ella entrando a un motel con Fernando si ella no había ido? Eso de la photoshopeada no sonaba tan descabellado, pero ¿quién se tomaría la molestia de hacer eso si ni enemigos tenía y Eduardo no había pagado por un detective? Porque es en serio: Leticia nunca había engañado a su marido, nunca, ni le había dado motivos para que sospechara de eso. Sí, sí había ido a comer con Fernando sin avisarle a Eduardo y pensó en decirle pero maquillando un poco la realidad: le diría que se había topado con Fernando por accidente en el centro comercial y que éste le invitó un café. Sí, sí se había subido al coche de su ex pareja, pero nunca fue con él a un motel: se bajó a las dos cuadras, justo en el estacionamiento de su lugar de trabajo, donde había dejado el coche aparcado. Eso trataba de explicarle a su hombre, pero no pudo. Las pruebas ahí estaban. Alguien había querido joderla y lo logró.
Una semana antes Leticia telefoneó a Fernando para saludarlo. Habían terminado hacía ya algunos años, fue Leticia quien rompió con Fernando porque ella quería casarse y Fernando no podía porque pasaba por una mala racha económica. Leticia volvió con Eduardo, un antiguo ex novio que tenía en la preparatoria y se casó con él al año de terminar con Fernando. Llamó por teléfono a Fernando porque nunca le dio explicaciones de su ruptura con él y, en cierta forma, eso siempre le remordió la conciencia. Un día simplemente dejó de contestarle sus llamadas, cambió de celular, se fue a vivir con Eduardo y se casó con él. Ni un aviso ni nada, ni una discusión ni un “ya no te amo”; simplemente desapareció de la vida de Fernando sin avisarle. Leticia quería sacar ese peso de su pecho, esa carga en su conciencia que no la dejaba tranquila, por eso decidió hablarle a su antiguo novio después de quién sabe qué tantos años de no saber nada de él. Le habló para pedirle una sincera disculpa y Fernando la aceptó diciéndole que no se preocupara, que no tenía qué haber hecho eso, pero Leticia le insistió en que tenía que sacarlo para estar más tranquila con ella misma. Platicaron un rato y fue Fernando quien la invitó a tomar algo al día siguiente. Leticia aceptó porque seguía sintiendo culpa de lo que le había hecho años atrás. Sólo por eso aceptó, no porque no amara a su marido, lo quisiera engañar o Fernando le provocara cosquillas en la panza. Quedaron de verse en el Hippo´s a las cuatro de la tarde.
Fernando ya tenía novia, se llamaba Eva, y no sabía si decirle sobre la llamada de Leticia y la invitación al restaurante. Prefirió no hacerlo.
Leticia también pensó en decirle a Eduardo; y se lo diría, pero a su tiempo. Sí se lo iba a decir a su marido porque ya no quería tener más cargas emocionales ni cosas que la hicieran sentirse culpable.
El día en que vería a Leticia, Fernando fue con Eva a desayunar a un VIPS y después a un motel a hacer el amor, del cual salieron a medio día. Ambos eran dueños de su tiempo pues se dedicaban a los bienes raíces y ese día no tenían citas para mostrar propiedades.
Dieron las cuatro de la tarde, Fernando dejó en su casa a Eva inventando alguna excusa y se fue al Hippo´s para encontrarse con Leticia. Y ahí estaba ya ella en una mesa cerca de la barra, pero alejada del gran ventanal que da a la calle.
Platicaron de todo y Leticia se disculpó con él por haberlo dejado de la manera en que lo dejó y Fernando le insistió en que no había problema, en que no se siguiera mortificando por eso, que nunca le guardó rencor. Fernando se tomó tres cervezas y Leticia prefirió beber dos capuchinos. Para antes de las 7 ya estaban saliendo del lugar. Fernando le ofreció a Leticia llevarla por su coche cuando ésta le dijo que se había ido a pie al restaurante porque el lugar de su trabajo –un despacho jurídico- estaba muy cerca de ahí. Leticia aceptó el raid y subió al coche de su ex novio. Fernando manejó dos cuadras, detuvo el coche en el estacionamiento del despacho y Leticia bajó muy agradecida metiendo una de sus manos en el bolso para sacar las llaves y con la otra señalaba su carro –uno grande y de color gris- que ya era de los pocos que estaban en los cajones del aparcamiento. Fernando se despidió de Leticia, le agradeció que hubiera aceptado su invitación, aceleró y fue a casa.
Un par de días después, Lacho, el mejor amigo de Fernando, llegó a casa de éste.
- ¿Qué tal salieron las fotos, wey? –preguntó Fernando después de saludarlo de mano.
- ¿En serio sí te vas a chingar a Leticia así de feo? –respondió Lacho
- No sé. A ver qué pedo… ¿Por qué?...
- No, nomás; creo que ya debes de dejar eso de Leticia atrás y dedicarte a querer a Eva y...
- Ah chinga, si a Eva la quiero un chingo…
- Yo sé, wey, no es que no la quieras, lo que digo es que ya no te andes con estas cosas; pareciera como si todavía te importara mucho Leticia. Ella es feliz con su marido… ¿Estás conciente de el pedote en que la vas a meter?, ¿del daño que les vas a causar?
Fernando sólo se quedó callado y tomó las fotos.
- ¿También tomaste las de Eva y yo entrando al motel? –preguntó.
- Sí, wey, todas las que me pediste aquí están –respondió Lacho.
Continuará...
Leticia lloraba con un ardor insoportable en la mejilla, mientras trataba de darle una explicación a su histérico marido, pero cada que intentaba hablar, recibía un cachetadón que le volteaba el rostro y la tumbaba contra el colchón. En esa última y sonora bofetada, Leticia sintió el sabor agrio de la sangre dentro de su boca.
Había fotos de ella saliendo de un restaurante con su ex, subiendo al coche de éste y entrando a un motel. Cuando Eduardo se cansó de golpearla, le aventó las fotografías en la cara y se puso a llorar desconsolado en la orilla de la cama. Leticia se limpió el rostro, se tocó el labio inferior y no se atrevió a mirar detenidamente las imágenes que la delataban. Alguien la había querido joder y lo había logrado.
Pero eso de las fotos no era del todo cierto, por eso lo negaba ante Eduardo, porque lo del motel no era cierto. ¿Por qué había una foto de ella entrando a un motel con Fernando si ella no había ido? Eso de la photoshopeada no sonaba tan descabellado, pero ¿quién se tomaría la molestia de hacer eso si ni enemigos tenía y Eduardo no había pagado por un detective? Porque es en serio: Leticia nunca había engañado a su marido, nunca, ni le había dado motivos para que sospechara de eso. Sí, sí había ido a comer con Fernando sin avisarle a Eduardo y pensó en decirle pero maquillando un poco la realidad: le diría que se había topado con Fernando por accidente en el centro comercial y que éste le invitó un café. Sí, sí se había subido al coche de su ex pareja, pero nunca fue con él a un motel: se bajó a las dos cuadras, justo en el estacionamiento de su lugar de trabajo, donde había dejado el coche aparcado. Eso trataba de explicarle a su hombre, pero no pudo. Las pruebas ahí estaban. Alguien había querido joderla y lo logró.
Una semana antes Leticia telefoneó a Fernando para saludarlo. Habían terminado hacía ya algunos años, fue Leticia quien rompió con Fernando porque ella quería casarse y Fernando no podía porque pasaba por una mala racha económica. Leticia volvió con Eduardo, un antiguo ex novio que tenía en la preparatoria y se casó con él al año de terminar con Fernando. Llamó por teléfono a Fernando porque nunca le dio explicaciones de su ruptura con él y, en cierta forma, eso siempre le remordió la conciencia. Un día simplemente dejó de contestarle sus llamadas, cambió de celular, se fue a vivir con Eduardo y se casó con él. Ni un aviso ni nada, ni una discusión ni un “ya no te amo”; simplemente desapareció de la vida de Fernando sin avisarle. Leticia quería sacar ese peso de su pecho, esa carga en su conciencia que no la dejaba tranquila, por eso decidió hablarle a su antiguo novio después de quién sabe qué tantos años de no saber nada de él. Le habló para pedirle una sincera disculpa y Fernando la aceptó diciéndole que no se preocupara, que no tenía qué haber hecho eso, pero Leticia le insistió en que tenía que sacarlo para estar más tranquila con ella misma. Platicaron un rato y fue Fernando quien la invitó a tomar algo al día siguiente. Leticia aceptó porque seguía sintiendo culpa de lo que le había hecho años atrás. Sólo por eso aceptó, no porque no amara a su marido, lo quisiera engañar o Fernando le provocara cosquillas en la panza. Quedaron de verse en el Hippo´s a las cuatro de la tarde.
Fernando ya tenía novia, se llamaba Eva, y no sabía si decirle sobre la llamada de Leticia y la invitación al restaurante. Prefirió no hacerlo.
Leticia también pensó en decirle a Eduardo; y se lo diría, pero a su tiempo. Sí se lo iba a decir a su marido porque ya no quería tener más cargas emocionales ni cosas que la hicieran sentirse culpable.
El día en que vería a Leticia, Fernando fue con Eva a desayunar a un VIPS y después a un motel a hacer el amor, del cual salieron a medio día. Ambos eran dueños de su tiempo pues se dedicaban a los bienes raíces y ese día no tenían citas para mostrar propiedades.
Dieron las cuatro de la tarde, Fernando dejó en su casa a Eva inventando alguna excusa y se fue al Hippo´s para encontrarse con Leticia. Y ahí estaba ya ella en una mesa cerca de la barra, pero alejada del gran ventanal que da a la calle.
Platicaron de todo y Leticia se disculpó con él por haberlo dejado de la manera en que lo dejó y Fernando le insistió en que no había problema, en que no se siguiera mortificando por eso, que nunca le guardó rencor. Fernando se tomó tres cervezas y Leticia prefirió beber dos capuchinos. Para antes de las 7 ya estaban saliendo del lugar. Fernando le ofreció a Leticia llevarla por su coche cuando ésta le dijo que se había ido a pie al restaurante porque el lugar de su trabajo –un despacho jurídico- estaba muy cerca de ahí. Leticia aceptó el raid y subió al coche de su ex novio. Fernando manejó dos cuadras, detuvo el coche en el estacionamiento del despacho y Leticia bajó muy agradecida metiendo una de sus manos en el bolso para sacar las llaves y con la otra señalaba su carro –uno grande y de color gris- que ya era de los pocos que estaban en los cajones del aparcamiento. Fernando se despidió de Leticia, le agradeció que hubiera aceptado su invitación, aceleró y fue a casa.
Un par de días después, Lacho, el mejor amigo de Fernando, llegó a casa de éste.
- ¿Qué tal salieron las fotos, wey? –preguntó Fernando después de saludarlo de mano.
- ¿En serio sí te vas a chingar a Leticia así de feo? –respondió Lacho
- No sé. A ver qué pedo… ¿Por qué?...
- No, nomás; creo que ya debes de dejar eso de Leticia atrás y dedicarte a querer a Eva y...
- Ah chinga, si a Eva la quiero un chingo…
- Yo sé, wey, no es que no la quieras, lo que digo es que ya no te andes con estas cosas; pareciera como si todavía te importara mucho Leticia. Ella es feliz con su marido… ¿Estás conciente de el pedote en que la vas a meter?, ¿del daño que les vas a causar?
Fernando sólo se quedó callado y tomó las fotos.
- ¿También tomaste las de Eva y yo entrando al motel? –preguntó.
- Sí, wey, todas las que me pediste aquí están –respondió Lacho.
Continuará...
miércoles, enero 31, 2007
Mi amigo Betito Huevas
Mi amigo Betito Huevas andaba consiguiendo trabajo.
Le decimos Betito porque así le dice su mamá: "Betitoooo, ahí te dejé cena en el refri, Betitooo", o: "Betitooo, ahí te dejé sobre la cómoda el dinero que me pediste, mijitooo". Lo de Huevas, pues es por huevón.
A sus 30 añotes ya tiene más de un año sin trabajar, y no porque no consiga chamba, simplemente porque es huevón.
Hace una semana fue a una entrevista de trabajo a Cemex porque su mamá se puso mala y el dinero que le daba para cheves lo tuvo que utilizar en comprarle sus medicinas. Tuvo tanto éxito en la entrevista que le mandaron llamar de nuevo ayer.
Dice que llegó a la oficina del mero mero y se sentó en un cómodo sillón de piel. El hombre elegante que lo iba a contratar le empezó a decir que le había parecido muy interesante su experiencia y sus desempeños laborales anteriores, a pesar de ser pocos. El hombre puso el currículo de Betito Huevas sobre el escritorio de caoba y le dijo:
- Lic. Alberto: tenemos una plaza disponible en el área de mercadotecnia, no sé si le interese. El sueldo es de 70 mil pesos mensuales y empezaría a trabajar mañana mismo.
- Setenta mil pesos... -dijo muy sorprendido Beto- Ufff, por esa lana... ¡Nooo!, ha de ser mucha chinga. ¿No tendrá un trabajo de unos 15 mil pesos?
Y ya va para dos años sin jalar.
Le decimos Betito porque así le dice su mamá: "Betitoooo, ahí te dejé cena en el refri, Betitooo", o: "Betitooo, ahí te dejé sobre la cómoda el dinero que me pediste, mijitooo". Lo de Huevas, pues es por huevón.
A sus 30 añotes ya tiene más de un año sin trabajar, y no porque no consiga chamba, simplemente porque es huevón.
Hace una semana fue a una entrevista de trabajo a Cemex porque su mamá se puso mala y el dinero que le daba para cheves lo tuvo que utilizar en comprarle sus medicinas. Tuvo tanto éxito en la entrevista que le mandaron llamar de nuevo ayer.
Dice que llegó a la oficina del mero mero y se sentó en un cómodo sillón de piel. El hombre elegante que lo iba a contratar le empezó a decir que le había parecido muy interesante su experiencia y sus desempeños laborales anteriores, a pesar de ser pocos. El hombre puso el currículo de Betito Huevas sobre el escritorio de caoba y le dijo:
- Lic. Alberto: tenemos una plaza disponible en el área de mercadotecnia, no sé si le interese. El sueldo es de 70 mil pesos mensuales y empezaría a trabajar mañana mismo.
- Setenta mil pesos... -dijo muy sorprendido Beto- Ufff, por esa lana... ¡Nooo!, ha de ser mucha chinga. ¿No tendrá un trabajo de unos 15 mil pesos?
Y ya va para dos años sin jalar.
lunes, enero 29, 2007
Casita
Cada vez contemplo más lejano el día en que pueda comprarme una casa. De hecho, ya he empezado a aprender a vivir con esa resignación. Es como cuando uno se compra un coche: no nos compramos el carro que queremos, sino el que nos alcanza. O, igual y sí nos compramos el carro que queremos, pero ahí andamos con las mensualidades, intereses y deudas bien pescadas de los huevos. Igual pasa con las casas: uno no vive donde le gustaría vivir, sino donde le alcanza para vivir. A quién no le gustaría tener la casa de Tony Montana, un depa de lujo en la Estrella de la Muerte o vivir a orillas de un lago rodeado de pinos donde no haya vecinos macuarros ni llegue la pinche comadre pitando a casa de su comadrita para que los salvajitos de los hijos salgan corriendo y se suban a la camioneta Voyaguer para que los lleven a las clases de fútbol. O vivir en un castillo o, ya de jodido, en una casa igual a la de nuestros jefes.
Lo veo lejano porque: o tengo casa, o viajo, o tengo carro, o me dedico a lo que me gusta, o ando de bon vivant, o hago mis libros, o hago cine, etc. Desgraciadamente no puedo hacer todo a la vez, a lo mucho, puedo tirarme un pedo, eructar y cocinar al mismo tiempo, pero no más.
Tengo amigos que sacrificaron su vocación de músicos y poetas por formar una familia y ahora se arrepienten. Les va bien económicamente en las empresas en las que trabajan, pero no hacen lo que les gustaría estar haciendo. Otros sacrificaron su matrimonio por andar de pinches APPOS y escritores y marxistas de café y ahora también se arrepienten. El pedo es no arrepentirse.
Como yo no uso tarjetas de crédito ni tengo cuentas en bancos ni estoy en la nómina de las empresas en las que trabajo, pues eso es una gran desventaja a la hora de sacar un crédito; pero también tiene sus ventajas, no voy a decir que no.
Hasta para rentar un cuchitril es un pedo, por eso, en mi caso, tengo que buscar lugares donde no necesite aval, ni me pidan firmar papeles ni comprobar nada. Como donde vivo ahorita, que a puro trato directo y de palabra son las negociaciones y no hemos tenido ningún pedo porque yo sostengo mi palabra y pago cuando hay que pagar lo que haya qué pagar... a veces me retraso unos días, pero sabe la ñora que no hay falla.
Y hablando de créditos... desde ahí, ya empezamos mal. Esa palabrita es más cagante que el "¿cóoomo estáaan? qué guustaaazooo" de Fernanda Familiar. ¿Quién quiere estar pagando una casa del tamaño de un hongo de los Pitufos por 15, 20 o 30 años? Nadie. Pero a veces no hay de otra, eso es lo triste. A veces sale mejor rentar un depa por 3500 pesos mensuales que pagar 7000 pesos al mes de una casa que va a ser nuestra... en 30 años.
De mis amigos que no heredaron o no les regalaron su casa, casi todos la sacaron con sus puntos de Infonavit y esas cosas (yo ni eso tengo, snif), y la mayoría vive en fraccionamientos allá por la quinta chingada del diablo, en municipios alejados de toda civilización, que huelen a refinería o a matadero de marranos. Viven en casas que cuesta hacerlas 150 mil pesos cada una y que se las meten sin cremita en 600 mil pesos más intereses. Casas con un metro de jardín y un cajón de estacionamiento sin techar para un coche compacto. Fraccionamientos con nombres muy popof, apantallapendejos, apantallaclasemedieros que quieren escalar posiciones sociales, con nombres de árboles como: "Los Encinos", "Privadas de los Abedules", "Hacienda los Naranjos" y que no tienen ni un puto arbolito, que de privados no tienen nada ni de haciendas tampoco y ninguno ofrece nada de todo eso que dicen que son en el nombre.
Bah, en fin. Es lunes.
Lo veo lejano porque: o tengo casa, o viajo, o tengo carro, o me dedico a lo que me gusta, o ando de bon vivant, o hago mis libros, o hago cine, etc. Desgraciadamente no puedo hacer todo a la vez, a lo mucho, puedo tirarme un pedo, eructar y cocinar al mismo tiempo, pero no más.
Tengo amigos que sacrificaron su vocación de músicos y poetas por formar una familia y ahora se arrepienten. Les va bien económicamente en las empresas en las que trabajan, pero no hacen lo que les gustaría estar haciendo. Otros sacrificaron su matrimonio por andar de pinches APPOS y escritores y marxistas de café y ahora también se arrepienten. El pedo es no arrepentirse.
Como yo no uso tarjetas de crédito ni tengo cuentas en bancos ni estoy en la nómina de las empresas en las que trabajo, pues eso es una gran desventaja a la hora de sacar un crédito; pero también tiene sus ventajas, no voy a decir que no.
Hasta para rentar un cuchitril es un pedo, por eso, en mi caso, tengo que buscar lugares donde no necesite aval, ni me pidan firmar papeles ni comprobar nada. Como donde vivo ahorita, que a puro trato directo y de palabra son las negociaciones y no hemos tenido ningún pedo porque yo sostengo mi palabra y pago cuando hay que pagar lo que haya qué pagar... a veces me retraso unos días, pero sabe la ñora que no hay falla.
Y hablando de créditos... desde ahí, ya empezamos mal. Esa palabrita es más cagante que el "¿cóoomo estáaan? qué guustaaazooo" de Fernanda Familiar. ¿Quién quiere estar pagando una casa del tamaño de un hongo de los Pitufos por 15, 20 o 30 años? Nadie. Pero a veces no hay de otra, eso es lo triste. A veces sale mejor rentar un depa por 3500 pesos mensuales que pagar 7000 pesos al mes de una casa que va a ser nuestra... en 30 años.
De mis amigos que no heredaron o no les regalaron su casa, casi todos la sacaron con sus puntos de Infonavit y esas cosas (yo ni eso tengo, snif), y la mayoría vive en fraccionamientos allá por la quinta chingada del diablo, en municipios alejados de toda civilización, que huelen a refinería o a matadero de marranos. Viven en casas que cuesta hacerlas 150 mil pesos cada una y que se las meten sin cremita en 600 mil pesos más intereses. Casas con un metro de jardín y un cajón de estacionamiento sin techar para un coche compacto. Fraccionamientos con nombres muy popof, apantallapendejos, apantallaclasemedieros que quieren escalar posiciones sociales, con nombres de árboles como: "Los Encinos", "Privadas de los Abedules", "Hacienda los Naranjos" y que no tienen ni un puto arbolito, que de privados no tienen nada ni de haciendas tampoco y ninguno ofrece nada de todo eso que dicen que son en el nombre.
Bah, en fin. Es lunes.
viernes, enero 26, 2007
Esos clichés del "artista"
La poca gente que me llega a conocer, muchas veces me dice: “Ay, yo pensé que ibas a estar todo el rato dibujando en servilletas o escribiendo frases que se te ocurren en un cuaderno”.
Ese cliché de que “el artista” (pfff) carga siempre un cuaderno para apuntar sus percepciones de los lugares a los que va y hace bocetos de la gente que frecuenta esos lugares, es solo eso: un cliché.
No digo que no haya raza que sí haga eso, algunos hasta cargan una mochila llena de tiliches que ni cuando estudiaban llevaban a la escuela los pinches huevones, pero eso lo hacen nomás porque se quieren sentir “artistas”, “intelectuales”, “diferentes” o llamar la atención. Es ilógico ir a una cantina y ponerse a dibujar o a escribir. ¿De qué puede uno escribir en una cantina? A una cantina se va a chupar, a empedarse, no a andar buscando inspiración. ¿Qué le pueden inspirar a uno los pinches borrachos que ahí se encuentran? ¿de qué pueden estar platicando fuera del fútbol o las pinches viejas? De nada.
Eso de dibujar o escribir lo hago en mi casa y en el trabajo, si salgo de mi casa es porque lo que menos quiero estar haciendo es dibujando o escribiendo. No me gusta andar en lugarcitos “observando” gente para mi nueva columna o post o caricatura. Esos que se suben a un camión, al metro o van a un antro de mala muerte para inspirarse y contemplan a la gente y tienen contacto con "el México bronco" y luego escriben poesía sobre sus andanzas o hacen pinturas, me dan mucha hueva. No sé cómo pueden disfrutar lo parchado, inspirarse en lo torcido, en lo mal hecho, en lo chilero, en lo miserable.
Subirme a un camión, al metro, mezclarme entre la multitud, caminar por un barrio marginal, ir a un rito en una iglesia en el día de algún santo o meterme en una cantina que huele a miados lo único que me motiva a escribir son relatos amargados, de frustración y de furia, como los que escribo sobre esta pinche ciudad apestosa y su gente. Algunos que los leen esos relatos me dicen que ando muy inspirado, pero nel, es pura pinche frustración la que saco.
¿Por qué ir a una cantina que huele a miados si puedo ir a un Chili´s? ¿Por qué salir a ver gente y a estudiarla si me puedo quedar encerradito en mi casa bien a toda madre? Ah, es que ir a un Chili´s es de fresillas, entonces eso me quita la niebla misterios que envuelve al artista, porque el artista tiene que ir a las centrales camioneras, fumar cigarros sin filtro, beber caguama, platicar con los taxistas (otro clichesote), visitar cantinuchas apestosas del centro de la ciudad donde vendan todavía el mítico pulque, donde haya músicos muertos de hambre y vendedores de cachitos de lotería; ah, y sobre todo, tengo que ser víctima de mí mismo y las circunstancias que me rodean para agarrar inspiración y ser "artista" en toda la extensión que pueda tener esa palabra.
A mí me inspiran los lugares donde no hay gente, donde me pongo pedo solo, donde hay árboles, ríos, aves, tierra, insectos, estrellas, nubes, cielo abierto... Comparen lo que escribo y notarán la diferencia. Por eso, si me conocen, no esperen que saque mi libretita y mi lápiz y me ponga a dibujar o a escribir porque no lo haré.
Aquí les dejo una foto de cuando yo era bien famoso y me llamaba distinto y las mujeres se abalanzaban sobre mí:
Ese cliché de que “el artista” (pfff) carga siempre un cuaderno para apuntar sus percepciones de los lugares a los que va y hace bocetos de la gente que frecuenta esos lugares, es solo eso: un cliché.
No digo que no haya raza que sí haga eso, algunos hasta cargan una mochila llena de tiliches que ni cuando estudiaban llevaban a la escuela los pinches huevones, pero eso lo hacen nomás porque se quieren sentir “artistas”, “intelectuales”, “diferentes” o llamar la atención. Es ilógico ir a una cantina y ponerse a dibujar o a escribir. ¿De qué puede uno escribir en una cantina? A una cantina se va a chupar, a empedarse, no a andar buscando inspiración. ¿Qué le pueden inspirar a uno los pinches borrachos que ahí se encuentran? ¿de qué pueden estar platicando fuera del fútbol o las pinches viejas? De nada.
Eso de dibujar o escribir lo hago en mi casa y en el trabajo, si salgo de mi casa es porque lo que menos quiero estar haciendo es dibujando o escribiendo. No me gusta andar en lugarcitos “observando” gente para mi nueva columna o post o caricatura. Esos que se suben a un camión, al metro o van a un antro de mala muerte para inspirarse y contemplan a la gente y tienen contacto con "el México bronco" y luego escriben poesía sobre sus andanzas o hacen pinturas, me dan mucha hueva. No sé cómo pueden disfrutar lo parchado, inspirarse en lo torcido, en lo mal hecho, en lo chilero, en lo miserable.
Subirme a un camión, al metro, mezclarme entre la multitud, caminar por un barrio marginal, ir a un rito en una iglesia en el día de algún santo o meterme en una cantina que huele a miados lo único que me motiva a escribir son relatos amargados, de frustración y de furia, como los que escribo sobre esta pinche ciudad apestosa y su gente. Algunos que los leen esos relatos me dicen que ando muy inspirado, pero nel, es pura pinche frustración la que saco.
¿Por qué ir a una cantina que huele a miados si puedo ir a un Chili´s? ¿Por qué salir a ver gente y a estudiarla si me puedo quedar encerradito en mi casa bien a toda madre? Ah, es que ir a un Chili´s es de fresillas, entonces eso me quita la niebla misterios que envuelve al artista, porque el artista tiene que ir a las centrales camioneras, fumar cigarros sin filtro, beber caguama, platicar con los taxistas (otro clichesote), visitar cantinuchas apestosas del centro de la ciudad donde vendan todavía el mítico pulque, donde haya músicos muertos de hambre y vendedores de cachitos de lotería; ah, y sobre todo, tengo que ser víctima de mí mismo y las circunstancias que me rodean para agarrar inspiración y ser "artista" en toda la extensión que pueda tener esa palabra.
A mí me inspiran los lugares donde no hay gente, donde me pongo pedo solo, donde hay árboles, ríos, aves, tierra, insectos, estrellas, nubes, cielo abierto... Comparen lo que escribo y notarán la diferencia. Por eso, si me conocen, no esperen que saque mi libretita y mi lápiz y me ponga a dibujar o a escribir porque no lo haré.
Aquí les dejo una foto de cuando yo era bien famoso y me llamaba distinto y las mujeres se abalanzaban sobre mí:
jueves, enero 25, 2007
Chistes Alowey, cuenta regresiva...
Ya la próxima semana voy a empezar a mandar los mails con el número de cuenta de la editorial. Se ha tardado un poco porque andamos viendo también otras formas de pago con tarjeta (un paypal, ebay, amazon... esas cosas). Aparte, aumentó el número de páginas de 60 a 68 y queremos meter los pin ups que me hicieron el maestro Kabeza y el genial Caballo Negro. Ustedes no desesperen. El libro ya quedó, pero para hacer algo bien, pues se lleva su tiempecillo. El costo del libro va a ser de 50 pesos más 20 del envío y por ese precio les podemos mandar hasta 5 libros. O sea: ustedes pagan 250 bolas de 5 libros mas 20 pesos, no 20 pesos por cada uno. ¿Me "esplico"? Por lo pronto, los dejo con un Chiste Alowey:
miércoles, enero 24, 2007
Guffo, a escena...
Hacía mucho que no me despertaba a las 7 de la madrugada. Qué oscuro está a esa hora, ¿a poco la gente se va a trabajar así de oscuro?...no mamennn. Es más común que a esa hora yo me duerma creyendo que todavía es de noche; ya ven cómo somos los “artistas” de curiosos, snif.
Me levanté a esa hora porque iba a ir a hacer el comercial del banco transa ese que les platiqué. Una noche antes me habló mi camarada y me dijo que me fuera disfrazado con pants, quesque porque la iba a hacer de un atleta, juajua. Luego me volvió a llamar para decirme que nel, que me fuera de Guffo, normal, con mis trapos de siempre.
Me levanté en la mañana con una hueva que parecían dos. El día estaba más feo que Cepillín sin maquillaje: los semáforos no funcionaban, choques por todos lados, carros madreados en las arterias viales y un frío de la jodida. Si Dios dijera: “¿Cómo chingaos haré el Apocalipsis?”, de seguro lo haría como ese día y se cagaría de la risa por nuestra desgracia. Me citaron en el Hotel Ancira, pero a causa del tráfico, no llegué a tiempo y los productores hicieron su berrinche y se fueron. Me habla mi compa y me dice: “Vente a la estación Cuauhtémoc del metro de volada”. Chale, con lo que me encanta meterme al centro de la ciudad donde no hay dónde estacionarse, huele a cola, está lleno de chóferes pendejos, borrachos desmañanados y taxistas atrabancados. Yupi yupi. Total, llegué a la mentada estación del metro y ahí estaba todo el crew con sus cámaras y cables y chalecos de director de cine y… aaaa laaaa madre, pensé, esto va en serio; quítate a la verga González Iñarritu que ya llegó tu competencia.
Pero bueno, para no hacerles el cuento largo y no se estén imaginando el día en que sea famoso y presuman que me conocen o la frase con la que se acercarían a pedirme un autógrafo, resulta que me tuvieron ahí un par de horas parado y cagándome de frío, y al señor director “se le ocurrió otra idea” cuando vio los vagones del metro llegar y ver a la gente trabajadora bajando de ellos, entonces, pues me mando muy amablemente a la riata. Tal vez si fuera menos guapo y más común y corriente, habría salido en el comercial, snif. Me dieron 250 pesotes y me fui con la Fabi a unos tacos bien caros (ya ven que ahora todos los tacos están bien carotes por el precio de la tortilla), rentamos 4 películas, compré un libro de monitos y ya.
Valió la pena la despertada temprano, comoquiera, yo ni quería ser famoso. Lo siento mucho por mi agüelita que, apuesto, ya le había dicho a medio mundo que su nieto iba a ser actor de cine. Snif.
Dense la vuelta por el blog de mi plagiador, igual y a él sí le dieron el papel principal en el comercial.
Me levanté a esa hora porque iba a ir a hacer el comercial del banco transa ese que les platiqué. Una noche antes me habló mi camarada y me dijo que me fuera disfrazado con pants, quesque porque la iba a hacer de un atleta, juajua. Luego me volvió a llamar para decirme que nel, que me fuera de Guffo, normal, con mis trapos de siempre.
Me levanté en la mañana con una hueva que parecían dos. El día estaba más feo que Cepillín sin maquillaje: los semáforos no funcionaban, choques por todos lados, carros madreados en las arterias viales y un frío de la jodida. Si Dios dijera: “¿Cómo chingaos haré el Apocalipsis?”, de seguro lo haría como ese día y se cagaría de la risa por nuestra desgracia. Me citaron en el Hotel Ancira, pero a causa del tráfico, no llegué a tiempo y los productores hicieron su berrinche y se fueron. Me habla mi compa y me dice: “Vente a la estación Cuauhtémoc del metro de volada”. Chale, con lo que me encanta meterme al centro de la ciudad donde no hay dónde estacionarse, huele a cola, está lleno de chóferes pendejos, borrachos desmañanados y taxistas atrabancados. Yupi yupi. Total, llegué a la mentada estación del metro y ahí estaba todo el crew con sus cámaras y cables y chalecos de director de cine y… aaaa laaaa madre, pensé, esto va en serio; quítate a la verga González Iñarritu que ya llegó tu competencia.
Pero bueno, para no hacerles el cuento largo y no se estén imaginando el día en que sea famoso y presuman que me conocen o la frase con la que se acercarían a pedirme un autógrafo, resulta que me tuvieron ahí un par de horas parado y cagándome de frío, y al señor director “se le ocurrió otra idea” cuando vio los vagones del metro llegar y ver a la gente trabajadora bajando de ellos, entonces, pues me mando muy amablemente a la riata. Tal vez si fuera menos guapo y más común y corriente, habría salido en el comercial, snif. Me dieron 250 pesotes y me fui con la Fabi a unos tacos bien caros (ya ven que ahora todos los tacos están bien carotes por el precio de la tortilla), rentamos 4 películas, compré un libro de monitos y ya.
Valió la pena la despertada temprano, comoquiera, yo ni quería ser famoso. Lo siento mucho por mi agüelita que, apuesto, ya le había dicho a medio mundo que su nieto iba a ser actor de cine. Snif.
Dense la vuelta por el blog de mi plagiador, igual y a él sí le dieron el papel principal en el comercial.
lunes, enero 22, 2007
Plagiador Hijo de Puta
Este hijito de su reverenda y puta madre se ha estado robando mis escritos, mis fotos, mis pensamientos y mi vida sin que yo me dé cuenta. Ya antes me había pasado y me había valido madre, pero ahora ni madres. Se los va a cargar la choncha y venosa que traigo escondida en el calzón.
Me reencabrona estar viendo su pinche blog pedorro y encontrarme con todo lo que he publicado, los viajes que he hecho, las fotos que he tomado, lo que he pensado y hasta los chistes malos que he dicho y este imbecilazo deshuevado se lo adueñe o lo cuente como si a él le hubiera pasado o se le hubiera ocurrido. No hay cosa que más me encabrone y me encienda un cuete en la cola que este tipo de robos descarados, este tipo de deshonestidad de un pendejete que no tiene ni vida ni cerebro para, de perdido, cambiar un renglón, una palabra, una oración que haga distinto el texto y yo batalle en darme cuenta que es mío.
Obviamente este mongolito me tiene en un altar como su Dios y se masturba de vez en cuando pensando en mí o en el día en que pueda darme personalmente las mamadas que me da inconcientemente en su blog; lo cual, tomaría como un halago, pero nel: chingas a tu madre, puto ratero. ¡Arrrggghhhh!!! Hijo de puta... como me encabrona pelarmela para escribir lo que escribo y que llegue un meco con cerebro de anchoa o trilobito, le de copy/paste y haga creer a sus cuatachos que él lo redacto y sus cuatachos se lo crean y se lo festejen.
Llegar a ese grado de hacerse pasar por otra persona me pone a pensar en la pinche locura y soledad del tipo que la hace de camaleón y toma la identidad de otro. Lo más frustrante, y que me sulfura aún más y me saca baba de perro rabioso por el hocico, es que ahorita estoy en el periódico trabajando y la compu no me deja poner amenazas de muerte, palabras agresivas ni mentadas de madre en el cuchitril de este ojete plagiador.
Hijo de puta, deja que salga de aquí y voy a destrozar tu paginucha de mierda con un un virus que ni sabes por dónde te va a llegar, cabrón.
Ahí si pueden, pues méntenle la madre por mí en lo que salgo del trabajo. Se los agradecería infinitamente.
P.D. Gracias al anónimo que me dio el pitazo de la rata asquerosa esta. Infinitamente agradecido. En serio.
Es que eso no se hace por más tarado que esté uno...
Me reencabrona estar viendo su pinche blog pedorro y encontrarme con todo lo que he publicado, los viajes que he hecho, las fotos que he tomado, lo que he pensado y hasta los chistes malos que he dicho y este imbecilazo deshuevado se lo adueñe o lo cuente como si a él le hubiera pasado o se le hubiera ocurrido. No hay cosa que más me encabrone y me encienda un cuete en la cola que este tipo de robos descarados, este tipo de deshonestidad de un pendejete que no tiene ni vida ni cerebro para, de perdido, cambiar un renglón, una palabra, una oración que haga distinto el texto y yo batalle en darme cuenta que es mío.
Obviamente este mongolito me tiene en un altar como su Dios y se masturba de vez en cuando pensando en mí o en el día en que pueda darme personalmente las mamadas que me da inconcientemente en su blog; lo cual, tomaría como un halago, pero nel: chingas a tu madre, puto ratero. ¡Arrrggghhhh!!! Hijo de puta... como me encabrona pelarmela para escribir lo que escribo y que llegue un meco con cerebro de anchoa o trilobito, le de copy/paste y haga creer a sus cuatachos que él lo redacto y sus cuatachos se lo crean y se lo festejen.
Llegar a ese grado de hacerse pasar por otra persona me pone a pensar en la pinche locura y soledad del tipo que la hace de camaleón y toma la identidad de otro. Lo más frustrante, y que me sulfura aún más y me saca baba de perro rabioso por el hocico, es que ahorita estoy en el periódico trabajando y la compu no me deja poner amenazas de muerte, palabras agresivas ni mentadas de madre en el cuchitril de este ojete plagiador.
Hijo de puta, deja que salga de aquí y voy a destrozar tu paginucha de mierda con un un virus que ni sabes por dónde te va a llegar, cabrón.
Ahí si pueden, pues méntenle la madre por mí en lo que salgo del trabajo. Se los agradecería infinitamente.
P.D. Gracias al anónimo que me dio el pitazo de la rata asquerosa esta. Infinitamente agradecido. En serio.
Es que eso no se hace por más tarado que esté uno...
viernes, enero 19, 2007
Realmente no sé qué título ponerle a este post... no es por mamón, neta que no...
Cómo son las cosas…
Desde hace algunos años que he estado participando en cuanto concurso de escritura y dibujo me entero, pero en ninguno he ganado ni madres. Ni siquiera mención honorífica o un diploma pedorro ni nada. Realmente no me interesa ni el diploma ni la mención honorífica: yo participo para ganarme el dinero del premio, si no, ¿para qué? No sé, yo no soy de esos que piensa que hay que participar por participar y quedar satisfecho por el hecho de participar y que, aaay, todos somos ganadores porque nos atrevimos a participar. Pfff. Dudo si los fracasos sean por esa mentalidad que va tras el premio monetario, porque en el fondo me creo muchas esperanzas, porque no soy realmente tan bueno como monero ni como escritor o porque es un hecho que los concursos ya están arreglados desde antes. Bien me dijo un amigo hace poco: “No mandes trabajos a ese concurso, yo he estado ahí como juez y ya están arreglados”. A lo que voy es que, en todos los concursos a los que he entrado, le he echado todas las ganas, le he puesto todo el corazón, todo mi empeño y he tenido esa actitud positiva y segura de los triunfadores; pero no ha servido de nada ni valido la pena, bujujuju, snif.
Por otro lado, estaba un día yo rascándome los tanates después de una ducha caliente y mirando el noticiero. Suena el teléfono y era un amigo. Me dijo que necesitaba gente para un comercial de Banamex pero que no había alcanzado a hacer todos los videos del casting y que no había conseguido actores o no sé qué cosas. Total, dejé de rascarme los tanates y me fui a echarle la mano a mi compa por ser un muy buen amigo desde hace muchos años. Me hizo unas preguntas frente a una cámara, las respondí, me apendejé, me trabé, a veces me quedé callado por el nervio, a veces no volteaba a la cámara, usaba muletillas, me rascaba la barbilla, etc.
Hoy me volvió a hablar mi compa...
¡Y que me seleccionan para el pinche comercial!
Puta, no mames, qué pinches contradicciones. Cuando uno quiere algo, no lo consigue, cuando a uno le vale vergas, lo consigue. Apuesto a que había actores y actrices que se morían por participar en el comercial, que dieron todo su esfuerzo y todo su empeño y todo su corazón para lograr que los escogieran y terminaron escogiendo al wey apático que le valía madres si salía o no en el anuncio, al wey que fue nomás por hacerle un favor a un camarada y ni ganas le echó a propósito para que no lo fueran a escoger. Y resulta que los productores eso buscaban: gente normal, que no sean actores. Chale…
El martes tengo un llamado formal a filmación y a ver qué pasa. Snif. Y yo tanto que odio a los bancos…
Moraleja: A veces desear tanto algo, luchar mucho para conseguirlo y tener una actitud positiva no vale la pena, jojojojojo.
Desde hace algunos años que he estado participando en cuanto concurso de escritura y dibujo me entero, pero en ninguno he ganado ni madres. Ni siquiera mención honorífica o un diploma pedorro ni nada. Realmente no me interesa ni el diploma ni la mención honorífica: yo participo para ganarme el dinero del premio, si no, ¿para qué? No sé, yo no soy de esos que piensa que hay que participar por participar y quedar satisfecho por el hecho de participar y que, aaay, todos somos ganadores porque nos atrevimos a participar. Pfff. Dudo si los fracasos sean por esa mentalidad que va tras el premio monetario, porque en el fondo me creo muchas esperanzas, porque no soy realmente tan bueno como monero ni como escritor o porque es un hecho que los concursos ya están arreglados desde antes. Bien me dijo un amigo hace poco: “No mandes trabajos a ese concurso, yo he estado ahí como juez y ya están arreglados”. A lo que voy es que, en todos los concursos a los que he entrado, le he echado todas las ganas, le he puesto todo el corazón, todo mi empeño y he tenido esa actitud positiva y segura de los triunfadores; pero no ha servido de nada ni valido la pena, bujujuju, snif.
Por otro lado, estaba un día yo rascándome los tanates después de una ducha caliente y mirando el noticiero. Suena el teléfono y era un amigo. Me dijo que necesitaba gente para un comercial de Banamex pero que no había alcanzado a hacer todos los videos del casting y que no había conseguido actores o no sé qué cosas. Total, dejé de rascarme los tanates y me fui a echarle la mano a mi compa por ser un muy buen amigo desde hace muchos años. Me hizo unas preguntas frente a una cámara, las respondí, me apendejé, me trabé, a veces me quedé callado por el nervio, a veces no volteaba a la cámara, usaba muletillas, me rascaba la barbilla, etc.
Hoy me volvió a hablar mi compa...
¡Y que me seleccionan para el pinche comercial!
Puta, no mames, qué pinches contradicciones. Cuando uno quiere algo, no lo consigue, cuando a uno le vale vergas, lo consigue. Apuesto a que había actores y actrices que se morían por participar en el comercial, que dieron todo su esfuerzo y todo su empeño y todo su corazón para lograr que los escogieran y terminaron escogiendo al wey apático que le valía madres si salía o no en el anuncio, al wey que fue nomás por hacerle un favor a un camarada y ni ganas le echó a propósito para que no lo fueran a escoger. Y resulta que los productores eso buscaban: gente normal, que no sean actores. Chale…
El martes tengo un llamado formal a filmación y a ver qué pasa. Snif. Y yo tanto que odio a los bancos…
Moraleja: A veces desear tanto algo, luchar mucho para conseguirlo y tener una actitud positiva no vale la pena, jojojojojo.
jueves, enero 18, 2007
Chim pum pam tortillas papas
Me importa medio cachete de gallina si la tortilla subió o si ya le fijaron un precio “justo” porque yo no la consumo.
Pensar que mucha gente come sólo eso todos los días, pues sí está medio de la chingada y es motivo para mentarle la madre por pi al cuadrado a quienes velan por el bienestar de los que menos tienen. Pero, ¿por qué no dejar de consumir ese alimento primitivo y tan, ay, ay, folklórico? ¿Por qué no dejar a un lado ese patriotismo pedorro de que es el alimento por excelencia del mexicano, de nuestros antepasados mayitas e inditos, el único que le alcanza y el único que lo nutre al mexicano, y mejor la dejan de comprar? ¿Con qué suplirla?, preguntarán ustedes ante mi atrevimiento antinacionalista. Muy fácil: tres papas cuestan menos –o igual- que un kilo de tortilla y nutren más.
Hace tiempo que implemente el vegetarianismo -o más bien, la menor ingesta de carne- en las carnes asadas que hago con mis compas (con el perdón de quienes nomás comen tortillas). Se trata de comprar menos carne y llevar más verduras con el objetivo de nutrirnos mejor, ahorrarnos unos pesos y gastarlos mejor en más cervezas. Total, las verduras que llevamos las preparamos con mantequilla, limón, pimienta, a la parrilla, con papel aluminio o así sobre las brasas, como se nos ocurra. Me he dado cuenta que con una papa, una calabaza y una penca de nopal con limoncito y sal, quedo más que bien servido; más que satisfecho. Pregúntenme cuánto me cuesta eso que me como: No más de 15 pesos. Y pregúntenme cómo cago: Delicioso, y suelto todo el animalero que me genera en la panza las pinches tortillas mugrosas que venden aquí en México.
En serio, pueblo de México: mandemos a la chingada la tortilla, no se claven con que es una herencia de nuestros antepasados, que está cara, que el mexicano no puede vivir sin ella, etc, etc. No sirve pa´pura chingada; como la leche, que nomás los becerros se la toman y que le acaban de bajar 50 centavos, uuuyyy, qué gran ayuda. La naturaleza es sabia, por eso las hembras dejan de producirla después de cierto tiempo, porque ya no la necesitamos. Es puro mugrero también como la tortilla. Mejor, cómprense unas papas o unas calabacitas, enciendan una lumbre, pónganlas sobre una tapa de lámina y cocínenlas. Cualquier teporocho puede hacer eso con un poco de visión naturista y económica.
Chingado, ¿por qué no seré Presidente?
Váyanse a Big Blogger que ahí también hay post nuevo.
Pensar que mucha gente come sólo eso todos los días, pues sí está medio de la chingada y es motivo para mentarle la madre por pi al cuadrado a quienes velan por el bienestar de los que menos tienen. Pero, ¿por qué no dejar de consumir ese alimento primitivo y tan, ay, ay, folklórico? ¿Por qué no dejar a un lado ese patriotismo pedorro de que es el alimento por excelencia del mexicano, de nuestros antepasados mayitas e inditos, el único que le alcanza y el único que lo nutre al mexicano, y mejor la dejan de comprar? ¿Con qué suplirla?, preguntarán ustedes ante mi atrevimiento antinacionalista. Muy fácil: tres papas cuestan menos –o igual- que un kilo de tortilla y nutren más.
Hace tiempo que implemente el vegetarianismo -o más bien, la menor ingesta de carne- en las carnes asadas que hago con mis compas (con el perdón de quienes nomás comen tortillas). Se trata de comprar menos carne y llevar más verduras con el objetivo de nutrirnos mejor, ahorrarnos unos pesos y gastarlos mejor en más cervezas. Total, las verduras que llevamos las preparamos con mantequilla, limón, pimienta, a la parrilla, con papel aluminio o así sobre las brasas, como se nos ocurra. Me he dado cuenta que con una papa, una calabaza y una penca de nopal con limoncito y sal, quedo más que bien servido; más que satisfecho. Pregúntenme cuánto me cuesta eso que me como: No más de 15 pesos. Y pregúntenme cómo cago: Delicioso, y suelto todo el animalero que me genera en la panza las pinches tortillas mugrosas que venden aquí en México.
En serio, pueblo de México: mandemos a la chingada la tortilla, no se claven con que es una herencia de nuestros antepasados, que está cara, que el mexicano no puede vivir sin ella, etc, etc. No sirve pa´pura chingada; como la leche, que nomás los becerros se la toman y que le acaban de bajar 50 centavos, uuuyyy, qué gran ayuda. La naturaleza es sabia, por eso las hembras dejan de producirla después de cierto tiempo, porque ya no la necesitamos. Es puro mugrero también como la tortilla. Mejor, cómprense unas papas o unas calabacitas, enciendan una lumbre, pónganlas sobre una tapa de lámina y cocínenlas. Cualquier teporocho puede hacer eso con un poco de visión naturista y económica.
Chingado, ¿por qué no seré Presidente?
Váyanse a Big Blogger que ahí también hay post nuevo.
martes, enero 16, 2007
Pasos bajo la llovizna enero
Las nubes exprimen sobre la verde cabellera del campo las primeras gotas de lluvia de la mañana. Son como diminutas esferas navideñas transparentes que adornan, reflejan y multiplican cada tallo, cada rama y cada hebra de pasto. La tierra se ha perfumado y se ablanda y se pone más oscura que en los días de verano. El viento refresca y mece las hojas de tonos sangrantes de los últimos días de enero. El encino y los naranjos son los únicos árboles que aún conservan su fronda, los demás ya dejan ver sus esqueletos al caérseles toda la hojarasca que forma un grueso edredón a faldas de su corteza y cubre las raíces salidas de la tierra. La fragancia se esparce y desparrama por los rincones cercanos y lejanos del rededor. Todo está a media luz porque el sol se cubre con un enorme paraguas de manta gris -pero sin estampados de aves- que destella y ruge de vez en cuando.
Me viene a la cabeza la palabra “chaparrón” y me da risa. Desde niño me ha causado gracia esa palabra. Mi abuelo siempre la decía cuando veía que iba a llover. La gente vieja tiene esa capacidad de predecir el clima con sólo ver cómo caminan las hormigas a su hormiguero, por la ausencia de nubes o por algún dolor en la rodilla. “Va a caer un chaparrón, mijo”, decía el viejo mirando hacia arriba -con su mano como visera-, y yo reía sin parar porque me acordaba de Chaparrón Bonaparte, el personaje de Chespirito. Hasta después de los 15 años supe lo qué significaba, pero nunca he empleado esa palabra para referirme a una lluvia. “Lluvia” me parece más bonita, más propia y elegante que cualquier otra palabra que pudiera describir esa magia de convertir el vapor en agua.
Pienso que para lo único que serviría aquí un edificio sería para subir por el elevador hasta su azotea y estar más cerca del cielo purificado, para así rozar con la nariz estos cielos que en mi ciudad nunca más he visto... ni veré jamás.
La ciudad ha de ser un caos con esta llovizna: embotellamientos, inundaciones, gente que llega mojada a su trabajo por no tener coche, coches que mojan a gente en la parada del camión, gente tosiendo, estornudando y fallas eléctricas. Aquí el cielo es gris porque así se le pega la gana ser, no porque así lo hayamos pintado nosotros. Aquí, lejos del asfalto y las sombras de los edificios, el aguacero hace más perfecto el ciclo de la vida, más comprensible, más respetable y más asombroso también. La única electricidad existente es la de los truenos y los únicos embotellamientos son los que quisiera yo hacer para llevarme pedazos de nube y litros del agua que chorrean las ramas.
Ahorita no necesito nada más que caminar entre la maleza con los pies descalzos, pisar suave sobre la hierba fría y resbalosa, que mis uñas se llenen de lodo y mi silueta desaparezca poco a poco mientras más me interno en el campo.
viernes, enero 12, 2007
Ciberaventurita
Cada que entro al messenger siento pena de mí mismo. Y eso que entro raras veces porque no termino por hallarle el gusto o saborcito a esa forma de comunicación. Además, los contactos que tengo son pocos, de todos tengo sus teléfonos o sus mails (que a veces siento más personal esta forma de comunicación) o, a veces, sencillamente no tengo ni madres qué decirles. El MSN lo uso sólo para mandar jale al periódico y saludar de vez en cuando a alguien.
Eso de buscar un nick inteligente o ingenioso que sorprenda a mis cibercuates me da harta hueva. Eso de poner comentarios personales que nadie más entiende, no le veo el caso. ¿Qué me importa si uno de sus amiguis cumple años?, ¿qué me importa si venden algo? ¿qué me importa si llevan 4 meses?. No me importa y parece que quisieran que les preguntaran: "Dime, dime por favor qué significaaa que no voy a poder dormiiir" Pfff.
Ah, y quebrarse la cabeza con un nick gracioso también se me hace una pérdida de tiempo.
De lo peor es ver a racita veinteañera y treintona buscando frasecitas de canciones en inglés que describan su estado de ánimo de ese día. "Aaaayyyyyy, que romaaaanticooosss, pusieron una frase de Coldplay porque andan chipiiiissss porque los dejaroooon", diría yo; pero nel, ¡wakalaaa!, eso de poner cancioncitas me produce una diarrea peor que una intoxicada con un coptel de ostión en el mercado de Acapulco.
Y los tíos o tías o primos o familiares con frases de Dios y motivacionales, ¡fúchila!!! Además, ¿quién da de alta a sus tíos? No mamen.
Peores aún son los que ponen como comentario (ese que sale al final en itálicas) frases en alemán o francés o algún idioma mamón de esos.
Me caga porque cuando me conecto, nadie me saluda, ni siquiera para pedirme dinero. Entonces, ¿pa´qué putas me dieron de alta en el MSN?
Más me caga cuando le hago plática a alguien -por pura educación o para matar el tiempo en lo que se mandan los archivos al trabajo- y se tardan horas en contestarme como que diciendo: “Guffo, no estés chingando, estoy platicando con alguien que me interesa más que tú”. Será que yo no puedo tener más de dos ventanas abiertas y platicar al mismo tiempo con dos personas que no tienen nada que ver una con la otra. Más me caga cuando dicen que están “ausentes” o que “vuelven enseguida” y ahí están pero simplemente están platicando con alguien -una vieja fea que pone fotos borrosas, por lo general- y no quieren que los molesten. Pero más me caga cuando de plano no están y están conectados y ponen: “Deja mensaje, no estoy” o “estoy fuera de la ciudad”. ¿Por qué, por qué, por qué? No tienen celular, o Nextel o teléfono o qué chingados. ¿Por qué quedarse conectados si no están?
La cumbre de mi encabronamiento fue hace poco, cuando tuve un pedo y se borraron los pocos contactos que tengo por no sé qué razón. Un amigo me echó la mano y volvió a hacer la lista con las direcciones registradas en mi Hotmail. Obviamente, había mucha gente que yo ni qué pedo, que me había escrito hace un chingo. Me conecté y estaba mandando un jale al periódico, ni me di cuenta de las nuevas direcciones que tenía. Una damita fue la que tronó la vena de mi amplia frente y provocó que casi golpeara el monitor con mi cabeza de carnero cimarrón.
La morra empezó la conversación diciendo:
- Kien eres???
Ya desde que puso “kien” con “k”, me reventó el hígado. Ni siquiera un “Hola”, “Oye, disculpa”, un “jaja”, nada, así de huevos: “kien eres???”.
- Soy Guffo, Gustavo Caballero, es que fijate que la lista de mis contactos por error bla, bla, bla… - le expliqué lo que había pasado.
Y la morra me responde:
-Eh??? De ke hablas??? –y me pone una carita –un icono, o esas mamadas amarillas con ojos- de loco.
Hija de tu ching.... O sea que estoy pendejo para explicar las cosas ¿o qué chingados? ¿No entiendes lo que te digo, no soy claro o qué riatas? No le contesté, pero vi que su nick era algo así como que unos corazones y el nombre de su pobre novio y un “4ever” y mamadas de esas infantiloides. En la foto salía ella con el bato. Pensé: “Si estás taaan enamorada, ¿pa´qué chingados me das de alta en el MSN, para qué vergas das de alta a weyes que ni conoces ni sabes de dónde viene el contacto?, ¿quieres conocer weyes teniendo novio, que te tiren el pedo o quieres hacerte la deseada e imposible de alcanzar porque estás comprometida o qué pedo?” Como si yo anduviera escribiendo direcciones a lo pendejo para ver si una de esas da con ella. Pffffff. Si doy de alta a alguien, siempre es para agradecerle algo o decirle que escribe chingón o que le admiro algo, pero tiene que haber una razón para que quiera yo que la plática sea más personalizada. No tengo ni a mis amigos de contactos, qué chingados voy a andar poniendo raza que ni conozco. Como que en ese mundo cibernético y geek, el que da de alta a alguien siempre es el débil y el que recibe la invitación las lleva de ganar, y más han de pensar así las pinches viejas.
Me limité a responderle:
- Nada… ahorita te borro.
Y que se prende la pinche araña:
- ¡¡¡Eeeeh!!!, quieto, prieto, no le pegues al sekito konmigo ni al sarcástikito; no sé de qué hablas, aunke tu nombre me suena, pero bájale bla, bla bla bla –me dijo… y la borré a la chingada antes de que terminara de escupir su veneno.
¿Qué pedo con los geeks? Lo peor es que, buscando entre mis mails, me di cuenta que la morra sí me había escrito diciéndome lo maravillosos que era, lo fantástico que dibujaba, lo mucho que la hacía reír con mis ocurrencias. Es lo malo de que las viejas feas tengan novio; se les sube de más la autoestima.
Eso de buscar un nick inteligente o ingenioso que sorprenda a mis cibercuates me da harta hueva. Eso de poner comentarios personales que nadie más entiende, no le veo el caso. ¿Qué me importa si uno de sus amiguis cumple años?, ¿qué me importa si venden algo? ¿qué me importa si llevan 4 meses?. No me importa y parece que quisieran que les preguntaran: "Dime, dime por favor qué significaaa que no voy a poder dormiiir" Pfff.
Ah, y quebrarse la cabeza con un nick gracioso también se me hace una pérdida de tiempo.
De lo peor es ver a racita veinteañera y treintona buscando frasecitas de canciones en inglés que describan su estado de ánimo de ese día. "Aaaayyyyyy, que romaaaanticooosss, pusieron una frase de Coldplay porque andan chipiiiissss porque los dejaroooon", diría yo; pero nel, ¡wakalaaa!, eso de poner cancioncitas me produce una diarrea peor que una intoxicada con un coptel de ostión en el mercado de Acapulco.
Y los tíos o tías o primos o familiares con frases de Dios y motivacionales, ¡fúchila!!! Además, ¿quién da de alta a sus tíos? No mamen.
Peores aún son los que ponen como comentario (ese que sale al final en itálicas) frases en alemán o francés o algún idioma mamón de esos.
Me caga porque cuando me conecto, nadie me saluda, ni siquiera para pedirme dinero. Entonces, ¿pa´qué putas me dieron de alta en el MSN?
Más me caga cuando le hago plática a alguien -por pura educación o para matar el tiempo en lo que se mandan los archivos al trabajo- y se tardan horas en contestarme como que diciendo: “Guffo, no estés chingando, estoy platicando con alguien que me interesa más que tú”. Será que yo no puedo tener más de dos ventanas abiertas y platicar al mismo tiempo con dos personas que no tienen nada que ver una con la otra. Más me caga cuando dicen que están “ausentes” o que “vuelven enseguida” y ahí están pero simplemente están platicando con alguien -una vieja fea que pone fotos borrosas, por lo general- y no quieren que los molesten. Pero más me caga cuando de plano no están y están conectados y ponen: “Deja mensaje, no estoy” o “estoy fuera de la ciudad”. ¿Por qué, por qué, por qué? No tienen celular, o Nextel o teléfono o qué chingados. ¿Por qué quedarse conectados si no están?
La cumbre de mi encabronamiento fue hace poco, cuando tuve un pedo y se borraron los pocos contactos que tengo por no sé qué razón. Un amigo me echó la mano y volvió a hacer la lista con las direcciones registradas en mi Hotmail. Obviamente, había mucha gente que yo ni qué pedo, que me había escrito hace un chingo. Me conecté y estaba mandando un jale al periódico, ni me di cuenta de las nuevas direcciones que tenía. Una damita fue la que tronó la vena de mi amplia frente y provocó que casi golpeara el monitor con mi cabeza de carnero cimarrón.
La morra empezó la conversación diciendo:
- Kien eres???
Ya desde que puso “kien” con “k”, me reventó el hígado. Ni siquiera un “Hola”, “Oye, disculpa”, un “jaja”, nada, así de huevos: “kien eres???”.
- Soy Guffo, Gustavo Caballero, es que fijate que la lista de mis contactos por error bla, bla, bla… - le expliqué lo que había pasado.
Y la morra me responde:
-Eh??? De ke hablas??? –y me pone una carita –un icono, o esas mamadas amarillas con ojos- de loco.
Hija de tu ching.... O sea que estoy pendejo para explicar las cosas ¿o qué chingados? ¿No entiendes lo que te digo, no soy claro o qué riatas? No le contesté, pero vi que su nick era algo así como que unos corazones y el nombre de su pobre novio y un “4ever” y mamadas de esas infantiloides. En la foto salía ella con el bato. Pensé: “Si estás taaan enamorada, ¿pa´qué chingados me das de alta en el MSN, para qué vergas das de alta a weyes que ni conoces ni sabes de dónde viene el contacto?, ¿quieres conocer weyes teniendo novio, que te tiren el pedo o quieres hacerte la deseada e imposible de alcanzar porque estás comprometida o qué pedo?” Como si yo anduviera escribiendo direcciones a lo pendejo para ver si una de esas da con ella. Pffffff. Si doy de alta a alguien, siempre es para agradecerle algo o decirle que escribe chingón o que le admiro algo, pero tiene que haber una razón para que quiera yo que la plática sea más personalizada. No tengo ni a mis amigos de contactos, qué chingados voy a andar poniendo raza que ni conozco. Como que en ese mundo cibernético y geek, el que da de alta a alguien siempre es el débil y el que recibe la invitación las lleva de ganar, y más han de pensar así las pinches viejas.
Me limité a responderle:
- Nada… ahorita te borro.
Y que se prende la pinche araña:
- ¡¡¡Eeeeh!!!, quieto, prieto, no le pegues al sekito konmigo ni al sarcástikito; no sé de qué hablas, aunke tu nombre me suena, pero bájale bla, bla bla bla –me dijo… y la borré a la chingada antes de que terminara de escupir su veneno.
¿Qué pedo con los geeks? Lo peor es que, buscando entre mis mails, me di cuenta que la morra sí me había escrito diciéndome lo maravillosos que era, lo fantástico que dibujaba, lo mucho que la hacía reír con mis ocurrencias. Es lo malo de que las viejas feas tengan novio; se les sube de más la autoestima.
miércoles, enero 10, 2007
De jetas y tarjetas
Hola amiguito, hola amiguita:
Hoy, mientras me daba un baño de pueblo en un mercado, miraba los pollos colgados de ganchos, olía el perfume de la manteca, tomaba fotos a gente bien curiosita y trocaba mercancía por espejitos, me puse a pensar en las tarjetas de crédito.
¿Alguna vez has recibido una de esas molestas llamadas de empleados de banco sin qué hacer, gentuza grosera y atrabancada que no te dejan ni hablar y se empeñan en darte una mágica tarjeta de crédito con beneficios maravillosos? ¿Alguna vez les has dicho amablemente que no, que muchas gracias, que no te interesa, que no las utilizas y el monigote o monigota en cuestión no se calla el hocico y sigue hablando y hablando y habla de las virtudes con las que contaras si tienes esa tarjeta de crédito y te hace preguntas de que dónde trabajas, dónde vives, cuánto ganas, si en tu casa no hay alguien interesado en tener tarjeta de crédito y bla bla bla?
Sí, lo sé, todos hemos pasado por esta molesta e incómoda situación comparable sólo a fajarte bien pedo a una prima y topártela sobrio en la cena de navidad.
En estos casos no queda más remedio que colgarles a la verrrg el teléfono o poner otra vez bien peda a tu prima para volvértela a fajar, pero bueno, estamos hablando de la gente que habla para ofrecer tarjetas de crédito, no de armonía familiar. Algunos de estos batitos y batitas ni colgándoles violentamente el fon entienden y llaman de nuevo para hostigar y, con un sarcasmo de los mil demonios, todavía te dicen: “Ay, creo que se le cortó la llamada, señor; le decía: esta tarjeta bla bla bla…”.
Ofenderlos, tampoco funciona, porque luego a uno le graban la voz y le graban su número y luego el gobierno conspira contra uno y todo nos sale mal luego.
Decirles a estos babosos que eres menor de edad para que dejen de estar mamando la borrega, tampoco funciona porque te dicen que les pases a tus papás para ver si ellos quieren la tarjeta o que ya hay una tarjeta para chavitos modernos como tú. Si les dices que tus papás no están, te preguntan que a qué hora llegan o que dónde los pueden localizar. Tendrías que decirles que tus papás murieron y vives sólo, pero pues te preguntarían que cómo le haces para mantenerte sin una tarjeta de crédito. Total, no te puedes librar de su atosigamiento; son como garrapatas en los oídos: muy molestas y difíciles de quitar, lo digo como hijo de veterinario que soy, snif.
He aquí algunas fáciles soluciones para que los gutierritoz del banco que hacen eso, pues dejen de estar chingando y mejor se pongan a atender las largas y lentas filas que tienen todos los días y los pésimos servicios que brindan.
Ya he comprobado éstas técnica y funcionan muy bien.
Cuando alguien te hable para ofrecerte una tarjeta de crédito, diles:
- Ah, ahorita que no tengo trabajo me caería con madre una tarjeta de crédito de su banco, para así pagar todas las demás deudas de tarjetas de crédito que tengo… Sí, sí me interesa, señorita, ¿qué tengo qué hacer?...
- Ah, sí, como no, sí me interesa porque debo todo y no tengo con qué pagar y ya me andan metiendo al bote. Démela por 100 mil pesos de crédito, por favor…
En ese mismo instante la vieja engorrosa colgará el teléfono y no volverá a marcarte nunca.
Si no tienes los huevos para colgarles, no te podrás zafar de su discurso y, sin darte cuenta, en segundos estarás envuelto en su plática como ratoncito en anaconda. No podrás salir y te devorarán y te convencerán de que saques tu tarjeta de crédito. Para estas ocasiones, diles que sí te interesa, pero que si puedes poner datos falsos porque eres narcotraficante y no quieres que la policía se entere de tu identidad.
Puedes también ahuyentarlos haciéndoles preguntas como:
- ¿Y es fácil clonar esas tarjetas? Es que fíjese que las del otro banco son bien difíciles, ya le intenté una vez y…
- Oiga, y si hago un fraude, ¿qué tan rápido se darían cuenta ahí en su banco?
- Oiga, ¿y qué tan fácil es hacérmelos pendejos no pagándoles, destruyendo su tarjeta y sacando otra en otro banco? ¿A poco sí me cachan si hago eso?
O simplemente cuelguen el teléfono a la chingada y déjenlos hablando solos, como le hago yo, que soy un caballero.
Hoy, mientras me daba un baño de pueblo en un mercado, miraba los pollos colgados de ganchos, olía el perfume de la manteca, tomaba fotos a gente bien curiosita y trocaba mercancía por espejitos, me puse a pensar en las tarjetas de crédito.
¿Alguna vez has recibido una de esas molestas llamadas de empleados de banco sin qué hacer, gentuza grosera y atrabancada que no te dejan ni hablar y se empeñan en darte una mágica tarjeta de crédito con beneficios maravillosos? ¿Alguna vez les has dicho amablemente que no, que muchas gracias, que no te interesa, que no las utilizas y el monigote o monigota en cuestión no se calla el hocico y sigue hablando y hablando y habla de las virtudes con las que contaras si tienes esa tarjeta de crédito y te hace preguntas de que dónde trabajas, dónde vives, cuánto ganas, si en tu casa no hay alguien interesado en tener tarjeta de crédito y bla bla bla?
Sí, lo sé, todos hemos pasado por esta molesta e incómoda situación comparable sólo a fajarte bien pedo a una prima y topártela sobrio en la cena de navidad.
En estos casos no queda más remedio que colgarles a la verrrg el teléfono o poner otra vez bien peda a tu prima para volvértela a fajar, pero bueno, estamos hablando de la gente que habla para ofrecer tarjetas de crédito, no de armonía familiar. Algunos de estos batitos y batitas ni colgándoles violentamente el fon entienden y llaman de nuevo para hostigar y, con un sarcasmo de los mil demonios, todavía te dicen: “Ay, creo que se le cortó la llamada, señor; le decía: esta tarjeta bla bla bla…”.
Ofenderlos, tampoco funciona, porque luego a uno le graban la voz y le graban su número y luego el gobierno conspira contra uno y todo nos sale mal luego.
Decirles a estos babosos que eres menor de edad para que dejen de estar mamando la borrega, tampoco funciona porque te dicen que les pases a tus papás para ver si ellos quieren la tarjeta o que ya hay una tarjeta para chavitos modernos como tú. Si les dices que tus papás no están, te preguntan que a qué hora llegan o que dónde los pueden localizar. Tendrías que decirles que tus papás murieron y vives sólo, pero pues te preguntarían que cómo le haces para mantenerte sin una tarjeta de crédito. Total, no te puedes librar de su atosigamiento; son como garrapatas en los oídos: muy molestas y difíciles de quitar, lo digo como hijo de veterinario que soy, snif.
He aquí algunas fáciles soluciones para que los gutierritoz del banco que hacen eso, pues dejen de estar chingando y mejor se pongan a atender las largas y lentas filas que tienen todos los días y los pésimos servicios que brindan.
Ya he comprobado éstas técnica y funcionan muy bien.
Cuando alguien te hable para ofrecerte una tarjeta de crédito, diles:
- Ah, ahorita que no tengo trabajo me caería con madre una tarjeta de crédito de su banco, para así pagar todas las demás deudas de tarjetas de crédito que tengo… Sí, sí me interesa, señorita, ¿qué tengo qué hacer?...
- Ah, sí, como no, sí me interesa porque debo todo y no tengo con qué pagar y ya me andan metiendo al bote. Démela por 100 mil pesos de crédito, por favor…
En ese mismo instante la vieja engorrosa colgará el teléfono y no volverá a marcarte nunca.
Si no tienes los huevos para colgarles, no te podrás zafar de su discurso y, sin darte cuenta, en segundos estarás envuelto en su plática como ratoncito en anaconda. No podrás salir y te devorarán y te convencerán de que saques tu tarjeta de crédito. Para estas ocasiones, diles que sí te interesa, pero que si puedes poner datos falsos porque eres narcotraficante y no quieres que la policía se entere de tu identidad.
Puedes también ahuyentarlos haciéndoles preguntas como:
- ¿Y es fácil clonar esas tarjetas? Es que fíjese que las del otro banco son bien difíciles, ya le intenté una vez y…
- Oiga, y si hago un fraude, ¿qué tan rápido se darían cuenta ahí en su banco?
- Oiga, ¿y qué tan fácil es hacérmelos pendejos no pagándoles, destruyendo su tarjeta y sacando otra en otro banco? ¿A poco sí me cachan si hago eso?
O simplemente cuelguen el teléfono a la chingada y déjenlos hablando solos, como le hago yo, que soy un caballero.
sábado, enero 06, 2007
Mandemos a la chin#$%& el turismo
Siempre he pensado que promover los destinos turísticos del país es un grave error. Lo mejor, es ahuyentar al turista; que no venga. Entre menos gente venga a nuestras tierras, mucho mejor se conservan las riquezas naturales y más empleos se pierden, obligando así a las autoridades a echar mano –pero ahora sí en serio- a este problema y a cuidar sus áreas ecológicas que, malamente, aquí se dicen “de recreo” o “esparcimiento” y lo único que se esparce son macuarros ignorantes, empaques aluminizados y envases de pet, la comida favorita y dieta básica de la raza cataflana y proletarios cerebrales.

Para que entiendan a lo que me refiero. A la derecha de la imagen se puede apreciar el arte exterminador de los cacos enamorados que vandalizan las bellezas naturales con el pretexto de su amor y la oscuridad de su ignorancia. Lo más preocupante es que estos cacos se van a reproducir y van a tener hijos más tarados que ellos que van a ir a dejar sus bolsas de basura ahí para que algún pendejo como yo las recoja, porque sí, nunca falta un pendejo como yo que se angustia por estas cosas. Yo por eso siempre he estado a favor de la pena de muerte o, ya de perdido, la castración química para toda esta bola de "artistas" y enamorados que graban su amor y pendejez en roca o corteza. Vayan a rayar su amor en el culo de su pinche madre. Óoorale, pero ya.
Volviendo al tema: Si ahuyentamos el turismo, se genera menos basura, menos litros de agua con cagada de los hoteles van a dar al mar, menos actos de estos, se consumen menos botes de agua, refresco y paquetes de frituras que flotan entre la brisa de las olas o la corriente de los ríos. Lo mejor es ahuyentar al turismo nacional –el peor de todos, porque ni dinero trae- y extranjero –el no tan peor- y decirles que no vengan a esta letrina de país, para ver si así el puto gobierno, al ver que se pierden miles de empleos y se van volando jugosas ganancias, se pone a limpiar los pinches escusados que tenemos como playas, a reforestar los bosques, a crear programas para tratar las toneladas de basura generadas a diario, a tener iniciativa, inventiva y –sobre todo- ganas para conservar esos lugares. Suena imposible, lo sé, porque la mayoría de nuestras autoridades son cataflanes de medio pelo que se impresionan más con una camioneta, un yate, un muelle con barcotes y hotelotes 5 estrellas, que con un arrecife de coral, un manglar o una caminata entre árboles centenarios. Pero a alguno le tiene que caer el veinte algún día.
Recuerdo hace poco más de 10 años, de las primeras veces que viajamos a la huasteca potosina, huyendo de la pestilencia de mi ciudad. Xilitla, Pago Pago, Micos, Tamul, Tamuin, Aquismón, Tamasopo, etc, etc. Todo era virgen, los caminos sin pavimentar eran de tierra rojiza, el acceso era casi imposible, no había tendajos con coca colas ni baños, no había gente que conociera o le interesara conocer los maravillosos lugares a los que íbamos, sólo los lugareño, quienes te abrían las puertas de sus casas amablemente. Gente humilde, honesta y servicial Recuerdo que había una hidroeléctrica abandonada en medio de la selva y devorada por las enredaderas, helechos y lianas; que seguías por ese camino y llegabas a una enorme cueva con agua. Algo hermoso. Obviamente íbamos pura raza que le gusta cuidar esas ondas de la naturaleza, no iba ningún ecoterrorista que tira las fichas de la cerveza al agua o las colillas del cigarro. Puro bato ordenado y conciente. Pero en eso, al puto gobierno de San Luis Potosí se le ocurrió la gran idea de promocionar sus cascadas, su vegetación, acantilados, montañas, sus rápidos color turquesa, sus cuevas escondidas entre la jungla y de más maravillas increíbles, y fue ahí donde mandaron todo a la verga. A la verga. Se llenó de gente, podaron, cortaron, talaron, pavimentaron, tumbaron… de la verga. Quesque le dan empleo a la gente de los ejidos y bla bla bla. Pues sí, esa gente te puede vender refrescos, cervezas y fritos en sus tienditas y ganarse un dinerito, pero: ¿y la basura quién la recoge en un lugar donde no entra el pinche camión de la basura? Antes uno iba y le hacían de comer y le daban agua fresca y uno pagaba hasta de más ese trato tan calido de los pocos habitantes de por ahí. Y eso de la basura es sólo uno de tantos problemas, la verdad me da hueva mencionar los otros porque siento que es como aventar guayabas a un saco roto.

En fin. Que este año no le partan la madre más a nuestros recursos naturales con gases, humos, toxinas, detergentes, pesca indiscriminada, tala igual, etc, etc, porque si no, nos vamos a freír de calor y a morir de sed a la verga en este planeta. No es broma.

Para que entiendan a lo que me refiero. A la derecha de la imagen se puede apreciar el arte exterminador de los cacos enamorados que vandalizan las bellezas naturales con el pretexto de su amor y la oscuridad de su ignorancia. Lo más preocupante es que estos cacos se van a reproducir y van a tener hijos más tarados que ellos que van a ir a dejar sus bolsas de basura ahí para que algún pendejo como yo las recoja, porque sí, nunca falta un pendejo como yo que se angustia por estas cosas. Yo por eso siempre he estado a favor de la pena de muerte o, ya de perdido, la castración química para toda esta bola de "artistas" y enamorados que graban su amor y pendejez en roca o corteza. Vayan a rayar su amor en el culo de su pinche madre. Óoorale, pero ya.
Volviendo al tema: Si ahuyentamos el turismo, se genera menos basura, menos litros de agua con cagada de los hoteles van a dar al mar, menos actos de estos, se consumen menos botes de agua, refresco y paquetes de frituras que flotan entre la brisa de las olas o la corriente de los ríos. Lo mejor es ahuyentar al turismo nacional –el peor de todos, porque ni dinero trae- y extranjero –el no tan peor- y decirles que no vengan a esta letrina de país, para ver si así el puto gobierno, al ver que se pierden miles de empleos y se van volando jugosas ganancias, se pone a limpiar los pinches escusados que tenemos como playas, a reforestar los bosques, a crear programas para tratar las toneladas de basura generadas a diario, a tener iniciativa, inventiva y –sobre todo- ganas para conservar esos lugares. Suena imposible, lo sé, porque la mayoría de nuestras autoridades son cataflanes de medio pelo que se impresionan más con una camioneta, un yate, un muelle con barcotes y hotelotes 5 estrellas, que con un arrecife de coral, un manglar o una caminata entre árboles centenarios. Pero a alguno le tiene que caer el veinte algún día.
Recuerdo hace poco más de 10 años, de las primeras veces que viajamos a la huasteca potosina, huyendo de la pestilencia de mi ciudad. Xilitla, Pago Pago, Micos, Tamul, Tamuin, Aquismón, Tamasopo, etc, etc. Todo era virgen, los caminos sin pavimentar eran de tierra rojiza, el acceso era casi imposible, no había tendajos con coca colas ni baños, no había gente que conociera o le interesara conocer los maravillosos lugares a los que íbamos, sólo los lugareño, quienes te abrían las puertas de sus casas amablemente. Gente humilde, honesta y servicial Recuerdo que había una hidroeléctrica abandonada en medio de la selva y devorada por las enredaderas, helechos y lianas; que seguías por ese camino y llegabas a una enorme cueva con agua. Algo hermoso. Obviamente íbamos pura raza que le gusta cuidar esas ondas de la naturaleza, no iba ningún ecoterrorista que tira las fichas de la cerveza al agua o las colillas del cigarro. Puro bato ordenado y conciente. Pero en eso, al puto gobierno de San Luis Potosí se le ocurrió la gran idea de promocionar sus cascadas, su vegetación, acantilados, montañas, sus rápidos color turquesa, sus cuevas escondidas entre la jungla y de más maravillas increíbles, y fue ahí donde mandaron todo a la verga. A la verga. Se llenó de gente, podaron, cortaron, talaron, pavimentaron, tumbaron… de la verga. Quesque le dan empleo a la gente de los ejidos y bla bla bla. Pues sí, esa gente te puede vender refrescos, cervezas y fritos en sus tienditas y ganarse un dinerito, pero: ¿y la basura quién la recoge en un lugar donde no entra el pinche camión de la basura? Antes uno iba y le hacían de comer y le daban agua fresca y uno pagaba hasta de más ese trato tan calido de los pocos habitantes de por ahí. Y eso de la basura es sólo uno de tantos problemas, la verdad me da hueva mencionar los otros porque siento que es como aventar guayabas a un saco roto.
En fin. Que este año no le partan la madre más a nuestros recursos naturales con gases, humos, toxinas, detergentes, pesca indiscriminada, tala igual, etc, etc, porque si no, nos vamos a freír de calor y a morir de sed a la verga en este planeta. No es broma.
jueves, enero 04, 2007
La historia...
"No creo en la historia porque nada de lo que dice me consta"
Si quieren saber más de esta genial frase que se me ocurrió después de beberme como 5 litros de agua de la regadera con brandy Napoleón, (Nacoleón, para la raza), pues váyansen a Big Blogger, ahí está la verdad absoluta que os hará libres y cachondos de por vida.
Saludos a todos y todas.
domingo, diciembre 31, 2006
Buen año
Hoy no se trabaja. Mejor dense una vuelta por Big Blogger, ahí sí me pusieron a trabajar porque son bien negreros como en las maquiladoras de la frontera y escribí un bonito escrito bien escribido que, por cierto, no me van a pagar como día festivo ni con el aumento de un pesote con noventa centavotes al salario mínimo. Esto es puro amor al arte, razaaa.
Buen año 2007 para todos.
Buen año 2007 para todos.
lunes, diciembre 25, 2006
Ventaneando a doña Tere en calzones
Esa noche, como todas las demás, fuimos a espiar a doña Tere. Bueno, en realidad teníamos ya mucho tiempo de no balconearla porque su esposo casi nos cacha una vez que llegó temprano del trabajo y escuchó ruidos en el pasillo que daba al patio, donde estaba la ventana de su cuarto. Recuerdo que saltamos despavoridos por la barda que daba al lote baldío cuando escuchamos el grito de “¡¿Quién chingados anda ahí!?”. El Chompi, que era el más chaparro de la cuadra, se lastimó un pie al saltar desde lo alto del muro y caer sobre un block roto. Me acuerdo que se le hinchó bien gacho y se le puso todo morado. Eso sí: el marido de doña Tere nunca nos descubrió y nadie supo la verdadera razón de la pata de elefante del Chompi. "Jugando fútbol... me torcí", decía.
Esa noche –noche de navidad, por cierto ( si ya sé que ya ni la chingamos)- decidimos volver. Es que teníamos que ir esa noche a huevo porque días antes habían estado los camiones de la mudanza subiendo muebles en la casa de doña Tere. Faltaba muy poco para que la señora Tere y sus nalgotas se fueran del barrio y no podíamos perder ni una oportunidad. Esa noche podía ser la última vez que la veríamos en calzones, tranquilamente, sin que su esposo llegara a estropearnos el momento.
Entramos por la cochera y recorrimos el pasillo que rodeaba la casa hasta llegar al patio, donde estaba la ventana de su cuarto. La señora Tere estaba dormida. Chin… qué mala suerte. Vimos que se movió entre las sábanas varias veces, pero en ningún momento se puso de pie. En eso, el Cometomates, amigo de la colonia que se había ganado ese apodo por tragarse los tomates como si fueran manzanas, dijo: “Mi mamá tiene el teléfono de doña Tere. Chinguesumadre, le voy a marcar y a colgar para que se pare. Oí que mi mamá dijo que ya se van mañana de esta casa, que compraron una casota bien grande en un barrio de ricos”.
Corrió el Cometomates a su casa. Nosotros mirábamos atentos por la ventana. Minutos después: “Riiiiiiiiing… riiiiiing…” Y que se para doña Tere de la cama y que todo se vuelve en cámara lenta y en silencio. Y ahí iban esas nalgas blancas que se temblaban suavecito con cada pisadas; ahí iba la primera mujer que habíamos visto en calzones en carne y hueso -en vivo- y no en las revistas con páginas duras que escondía el hermano del Chompi bajo el colchón, que ni porno eran. Pinche hermano del Chompi cachondo, se la jalaba viendo Tv y Novelas y Vanidades.
“Bueno… ¿bueeeno?”, dijo doña Tere con dulce voz, con esa voz con la que siempre nos saludaba y no imaginaba que la espiábamos. Colgó de nuevo el auricular y volvió a la cama. En eso, llegó corriendo el Cometomates, jadeando, y le hicimos un lugar para que alcanzara a ver por última vez las nalgas de doña Tere.
Debo admitir que el Cometomates era un genio.
Después me sentí un poco mal por haber ventaneado a la señora el día en que el niñito Jesús nació, pero, al entrar a mi casa y ver en el nacimiento al niñito Chuyito encuerado, se me quitó el remordimiento, pues pensé que alguien que se hace llamar el hijo de Dios y anda enseñando las verijas no puede enojarse con alguien que ve a una mujer en calzones.
Esa noche –noche de navidad, por cierto ( si ya sé que ya ni la chingamos)- decidimos volver. Es que teníamos que ir esa noche a huevo porque días antes habían estado los camiones de la mudanza subiendo muebles en la casa de doña Tere. Faltaba muy poco para que la señora Tere y sus nalgotas se fueran del barrio y no podíamos perder ni una oportunidad. Esa noche podía ser la última vez que la veríamos en calzones, tranquilamente, sin que su esposo llegara a estropearnos el momento.
Entramos por la cochera y recorrimos el pasillo que rodeaba la casa hasta llegar al patio, donde estaba la ventana de su cuarto. La señora Tere estaba dormida. Chin… qué mala suerte. Vimos que se movió entre las sábanas varias veces, pero en ningún momento se puso de pie. En eso, el Cometomates, amigo de la colonia que se había ganado ese apodo por tragarse los tomates como si fueran manzanas, dijo: “Mi mamá tiene el teléfono de doña Tere. Chinguesumadre, le voy a marcar y a colgar para que se pare. Oí que mi mamá dijo que ya se van mañana de esta casa, que compraron una casota bien grande en un barrio de ricos”.
Corrió el Cometomates a su casa. Nosotros mirábamos atentos por la ventana. Minutos después: “Riiiiiiiiing… riiiiiing…” Y que se para doña Tere de la cama y que todo se vuelve en cámara lenta y en silencio. Y ahí iban esas nalgas blancas que se temblaban suavecito con cada pisadas; ahí iba la primera mujer que habíamos visto en calzones en carne y hueso -en vivo- y no en las revistas con páginas duras que escondía el hermano del Chompi bajo el colchón, que ni porno eran. Pinche hermano del Chompi cachondo, se la jalaba viendo Tv y Novelas y Vanidades.
“Bueno… ¿bueeeno?”, dijo doña Tere con dulce voz, con esa voz con la que siempre nos saludaba y no imaginaba que la espiábamos. Colgó de nuevo el auricular y volvió a la cama. En eso, llegó corriendo el Cometomates, jadeando, y le hicimos un lugar para que alcanzara a ver por última vez las nalgas de doña Tere.
Debo admitir que el Cometomates era un genio.
Después me sentí un poco mal por haber ventaneado a la señora el día en que el niñito Jesús nació, pero, al entrar a mi casa y ver en el nacimiento al niñito Chuyito encuerado, se me quitó el remordimiento, pues pensé que alguien que se hace llamar el hijo de Dios y anda enseñando las verijas no puede enojarse con alguien que ve a una mujer en calzones.
FIN
Dense una vuelta por Big Blogger, hay una encuesta nueva en la que pueden votar y un post nuevo que pueden disfrutar.
Y también aquí les dejo una tira cómica de fin de año:
jueves, diciembre 21, 2006
De una vez les deseo lo mejor
El libro de Chistes Alowey va lento pero seguro. Tardará un poquito más en salir porque se le añadieron páginas, se le pondrá un prólogo bien rollero que mi colega Kabeza me hizo el honor de escribir y se le darán acabados al papel bien chiros, acá como los espejitos que nos cambiaban los españoles por oro. Espero que para el 15 de enero ya tenga los millones de ejemplares en mis manos.
Ya tengo los datos de varia raza, pero me faltan todavía. Mándenme un mail por favor para que me confirmen cuántos libros van a querer y decirles lo del depósito y la fecha de entrega. El costo va a ser de 50 pesos más gastos de envío (que serían unos 15 pesitos más... a menos que encuentre una mensajería más barata, snif). Si conocen a raza que le guste leer mugrero o tienen amigochos que tengan mal gusto y quieran el libro en su ciudad, pues les mando varios en un mismo paquete y así no paguan tantos envíos. Ahí nomás ustedes los reparten o los queman en alguna misa negra. Por lo pronto, aquí les dejo un Chiste Alowey:

Aquí les dejo una tira cómica predecible, pero navideña, por si ya no los veo en estos días de posadas, pasadas, borrachera y tragadera eterna.
Que la pasen de lujo esta navidad todos y cada uno de ustedes, mis queridos lectores, snif, que se toman la molestia de pasar por este humilde pesebre cibernético cada que pueden. Saludos a todos, raza.
Ya tengo los datos de varia raza, pero me faltan todavía. Mándenme un mail por favor para que me confirmen cuántos libros van a querer y decirles lo del depósito y la fecha de entrega. El costo va a ser de 50 pesos más gastos de envío (que serían unos 15 pesitos más... a menos que encuentre una mensajería más barata, snif). Si conocen a raza que le guste leer mugrero o tienen amigochos que tengan mal gusto y quieran el libro en su ciudad, pues les mando varios en un mismo paquete y así no paguan tantos envíos. Ahí nomás ustedes los reparten o los queman en alguna misa negra. Por lo pronto, aquí les dejo un Chiste Alowey:

Aquí les dejo una tira cómica predecible, pero navideña, por si ya no los veo en estos días de posadas, pasadas, borrachera y tragadera eterna.
Que la pasen de lujo esta navidad todos y cada uno de ustedes, mis queridos lectores, snif, que se toman la molestia de pasar por este humilde pesebre cibernético cada que pueden. Saludos a todos, raza.
miércoles, diciembre 20, 2006
Moto
De morro yo quería una moto.
El grupo Menudo fue el culpable de meterme esa idea en la cabezota de globo de fiesta que desde aquel entonces tenía. Ese tema de "Súbete a mi moto" era pegajosísimo. Me acuerdo que hasta mis compas y yo jugábamos a ser Menudo y que yo siempre pedía ser Miguel porque era el que se veía menos puñal de todos.
Oyendo esa rolita me imaginaba por las calles de la ciudad a toda velocidad, subiéndome los lentes oscuros lentamente y cerrándoles el ojo a las niñas que paseaban en sus bicicletas con llantitas de prueba en el parque.
"Mejor te compro una pistola cargada", fue lo que me dijo mi padre cuando le externé mi inocente y costoso deseo motorizado. Aunque esta respuesta estuvo más bonita que la vez que le pregunté que a dónde le iba a ir a comprar los clavos y tuercas que me había encargado para arreglar un closet: "Pos ni modo que a la iglesia, pendejo", me dijo. Snif.
Total, el caso es que me di cuenta, por el ligero sarcasmo en su respuesta, que mi padre nunca me compraría una motocicleta y, como yo era un niño bastante inteligente, maquilé un plan perfecto. Le pediría la moto a Santa Clos, juarjuar, qué gran idea, mi padre se iba a chingar en su decisión.
Pero resultó que el viejo cabrón, barbón, panzón que siempre trae la misma ropa nunca me trajo la moto. Una de dos: o el gordo era muy tacaño o mi padre habló con él sin que yo me diera cuenta y le dijo que no me la regalara.
Nunca tuve la moto, y qué bueno. Ahora les tengo miedo, un miedo injustificado, pues nunca he manejado una de dos llantas y nadie que conozca –cercano a mí- se ha muerto en un accidente de esos.
A veces vivir con miedos infundados es algo bueno.
El grupo Menudo fue el culpable de meterme esa idea en la cabezota de globo de fiesta que desde aquel entonces tenía. Ese tema de "Súbete a mi moto" era pegajosísimo. Me acuerdo que hasta mis compas y yo jugábamos a ser Menudo y que yo siempre pedía ser Miguel porque era el que se veía menos puñal de todos.
Oyendo esa rolita me imaginaba por las calles de la ciudad a toda velocidad, subiéndome los lentes oscuros lentamente y cerrándoles el ojo a las niñas que paseaban en sus bicicletas con llantitas de prueba en el parque.
"Mejor te compro una pistola cargada", fue lo que me dijo mi padre cuando le externé mi inocente y costoso deseo motorizado. Aunque esta respuesta estuvo más bonita que la vez que le pregunté que a dónde le iba a ir a comprar los clavos y tuercas que me había encargado para arreglar un closet: "Pos ni modo que a la iglesia, pendejo", me dijo. Snif.
Total, el caso es que me di cuenta, por el ligero sarcasmo en su respuesta, que mi padre nunca me compraría una motocicleta y, como yo era un niño bastante inteligente, maquilé un plan perfecto. Le pediría la moto a Santa Clos, juarjuar, qué gran idea, mi padre se iba a chingar en su decisión.
Pero resultó que el viejo cabrón, barbón, panzón que siempre trae la misma ropa nunca me trajo la moto. Una de dos: o el gordo era muy tacaño o mi padre habló con él sin que yo me diera cuenta y le dijo que no me la regalara.
Nunca tuve la moto, y qué bueno. Ahora les tengo miedo, un miedo injustificado, pues nunca he manejado una de dos llantas y nadie que conozca –cercano a mí- se ha muerto en un accidente de esos.
A veces vivir con miedos infundados es algo bueno.
lunes, diciembre 18, 2006
La navidá ya no me enoja
Encabronarse en estas fechas ya se me hace una actitud muuuy de adolescente rebelde, espinilludo, de muñeca puñetera, codo de tenista y pelo largo. Yo ya aprendí a no enojarme en navidad porque ya me di cuenta qué es lo que me encabrona. Años atrás, el simple hecho de mencionar estas fiestas hacía que me pusiera más feo que el novio de Paulina Rubio.
No me enoja ese consumismo desmedido ni la actitud buena onda y ñoña –pero hipócrita- de la gente, me enfurece meterme a las tiendas, buscar estacionamiento, no encontrar estacionamiento, andar dando vueltas como pendejo buscando un lugar en el estacionamiento, entrar al centro comercial y escuchar el bullicio de la gente buscando regalos entre montones de ropa revuelta y hacer largas filas para pagar.
Por eso yo ya no hago corajes y soy más feliz que el especial navideño de Snoopy que pasan todos los pinches años en el canal 5, porque ya no voy de compras. De hecho ayer hablé bien neta con la Fabi y, como el hombre de huevos que soy, después de lavar los platos y secarme las manos (que por cierto me quedaron bien lisitas con el nuevo Axion jugo de limón con doble potencia que compramos), saqué mi cartera con millones de dólares y le dije: “Mira vieja, neta que no sé qué regalarte, mamacita; después de tanto tiempo deberás de saber que me llena de cólera ir de shopping”. En eso, le tomé la mano y le di el dinero, que se desbordaba entre sus dedos y le tapaba los zapatos de tanto billete que se caía al suelo.
El lunes (o sea, hoy) se va a ir a McAllen, Texas, a su terapia de compras femeninas, ¿qué mejor regalo que el frívolo dinero en esta navidad? Así uno no se arriesga a que el sweater, pantalón, abrigo, aretes, calzón, consolador o zapatos no le queden o no le gusten. Con dinero uno les dice a las mujeres: “Cómprate lo que se te hinche la chichi izquierda”.
Los regalos de los demás –familiares o conocidos-, pues Fabi es la que se encarga porque a ella sí le gusta andar de tienda en tienda peleando prendas, escarbando entre los montones de ropa y cazando ofertas. Yo, confío en su buen gusto. Regalar dinero es muy práctico. También cachitos de lotería. Háganlo.
Para regalarme a mí, yo no batallo. Me voy a alguna librería o tienda de discos y me compro libros de Trino, de Liniers, de Jis, de Rius, de algún novelista chiro, DVDs, CDs y ya, asunto arreglado; aunque mi vieja se encabrone porque no me compró ropa y siempre ando con las mismas garras fachosas como Diego Luna en los premios MTV.
Aquí les dejo una cursi tira cómica que me pidieron en el trabajo para apoyar una buena causa. Tiene un bonito mensaje, snif.
No me enoja ese consumismo desmedido ni la actitud buena onda y ñoña –pero hipócrita- de la gente, me enfurece meterme a las tiendas, buscar estacionamiento, no encontrar estacionamiento, andar dando vueltas como pendejo buscando un lugar en el estacionamiento, entrar al centro comercial y escuchar el bullicio de la gente buscando regalos entre montones de ropa revuelta y hacer largas filas para pagar.
Por eso yo ya no hago corajes y soy más feliz que el especial navideño de Snoopy que pasan todos los pinches años en el canal 5, porque ya no voy de compras. De hecho ayer hablé bien neta con la Fabi y, como el hombre de huevos que soy, después de lavar los platos y secarme las manos (que por cierto me quedaron bien lisitas con el nuevo Axion jugo de limón con doble potencia que compramos), saqué mi cartera con millones de dólares y le dije: “Mira vieja, neta que no sé qué regalarte, mamacita; después de tanto tiempo deberás de saber que me llena de cólera ir de shopping”. En eso, le tomé la mano y le di el dinero, que se desbordaba entre sus dedos y le tapaba los zapatos de tanto billete que se caía al suelo.
El lunes (o sea, hoy) se va a ir a McAllen, Texas, a su terapia de compras femeninas, ¿qué mejor regalo que el frívolo dinero en esta navidad? Así uno no se arriesga a que el sweater, pantalón, abrigo, aretes, calzón, consolador o zapatos no le queden o no le gusten. Con dinero uno les dice a las mujeres: “Cómprate lo que se te hinche la chichi izquierda”.
Los regalos de los demás –familiares o conocidos-, pues Fabi es la que se encarga porque a ella sí le gusta andar de tienda en tienda peleando prendas, escarbando entre los montones de ropa y cazando ofertas. Yo, confío en su buen gusto. Regalar dinero es muy práctico. También cachitos de lotería. Háganlo.
Para regalarme a mí, yo no batallo. Me voy a alguna librería o tienda de discos y me compro libros de Trino, de Liniers, de Jis, de Rius, de algún novelista chiro, DVDs, CDs y ya, asunto arreglado; aunque mi vieja se encabrone porque no me compró ropa y siempre ando con las mismas garras fachosas como Diego Luna en los premios MTV.
Aquí les dejo una cursi tira cómica que me pidieron en el trabajo para apoyar una buena causa. Tiene un bonito mensaje, snif.
jueves, diciembre 14, 2006
Varios posts sobre nada importante
Ay sí, ahora resulta que tooodo mundo oye música a tooodas horas y en tooodos lados. Que nadie puede vivir sin la música. Pffff. En la fila del banco veo a batos, en el supermercado veo a ñoras, en la oficina veo secres; en todos lados veo gente que trae su I pod. Qué raro. Cuando salieron los walkmans y los discmans -que eran mucho más baratos y la situación económica estaba mejor- no veías a tanta gente usándolos en tantas partes. Lo mismo pasó con los pinches tamagochis y ahora ya nadie los usa. Ah, y apuesto a que todos ya están pensando en cambiar su I pod por uno más nuevo y más pequeño y con capacidad para un millón de canciones. ¿Quién escucha un millón de canciones? ¿quién conoce, si acaso, 5 mil canciones que le gusten? Bah.
Y me caga escribir esto porque, cuando me junto con gente que me lee y trae su I pod y se siente bien orgulloso, me ven con cara de rabia, como diciendo: “sí sé lo que escribiste, pero me vale madre, puto, ¿qué pedo?”. Y otros, más nobles, como que se apenan de traer el aparatillo y mejor lo usan acá, sordeadón.
El Filósofo de Cantina no existe, lamento decirles. Ya no vayan al Zacatecas a preguntar por él porque me hacen quedar como un pinche mentiroso y nomás van a encontrar a un mesero de pelo chino que se parece a Moe el de los Simpson y a un vendedor de cachitos de lotería. Lamento informarles que El Filósofo de Cantina soy yo cuando hago a un lado el machismo latente en mi sangre mexicana e intento comprender y justificar las acciones, sentimientos y emociones de las pinches viejas. Ya no vayan al Zacatecs a preguntar por él, mejor, cuando vayan y me vean, invítenme una cerveza, ojaldras.
De las cosas que más me encabronan, a grado tal de considerarlo un crimen, es tirar la comida. Me encabrona ver cómo los meseros se llevan los platos todavía llenos de comida en los restaurantes: platillos de arriba de 100 pesos con media pechuga de pollo o medio t bone, con el puré de papa intacto y las verduras medio mordidas. Me caga ver cómo en las bodas le retiran el plato a las viejas que según ellas están a dieta y nomás se comen los brócolis del plato y dejan todo el filete miñón o el pollo a la cordon blue. Y no me salgan con que es de mal gusto dejar el plato limpio. Es de más pésimo gusto dejar un filete entero para que lo echen directo a la basura. Es mentira esa regla de etiqueta, es más, me paso por mis huevos hechos pasita por el frío sus reglas de etiqueta. Y repito: no es que yo diga: “ay, es que hay niños en África que no tienen qué comer”, no, simplemente se me hace una chingadera tirar comida a la basura.
Pero también me caga decir que esto me encabrona porque cuando la gente me conoce, no come a gusto. Me miran incómodos, así como que pensando: “chin… me tengo que comer toda la comida porque aquí está el Guffo y leí en uno de sus posts que le cagaba la gente que no se come todo lo que hay en el plato y tira la comida”
Dando el rol por mi blog el domingo pasado, releyendo antiguos escritos de aquellos tiempos cuando yo era gracioso, mi vida más interesante, era el Joaquín Sabina de la Fabi y mi creatividad florecía, me di cuenta que tenía más lectores o, al menos, me comentaban otras personas que ahora ya no lo hacen. No sé si ya no me visiten o me visiten anónimamente o les caí gordo porque yo no les ponía comments o simplemente dejaron de perder su tiempo leyendo mi pendejadas, snif. Me di cuenta que muchos de ellos cerraron sus blogs y que otros siguen escribiendo y tenía ya mucho tiempo de no volverlos a leer. También me di cuenta que en aquellos tiempos me dejaban comments blogstars de la talla del Chango 100, el Huevo, Mal Bicho, Chidoguan, Rox, Plaqueta entre otros.
A todos mis amigos que han puestos negocios, no les ha ido bien. Y no porque sean pendejos o huevones. Simplemente llega un punto en que no pueden invertir y no pueden pedir préstamos o, si piden uno, viven y trabajan para pagarlo, encerrándose en un círculo del que nunca saldrán ni sobresaldrán, pero sobrevivirán ahí, apenitas, que creo que es la idea de este modelo económico. Ya ninguno de esos amigos tiene su negocio y, los que aún lo tienen, sobreviven más o menos. Me he asociado con dos y las dos veces ha sido un fracaso. Todos mis amigos que tienen casa, carro, televisiones de plasma, prestaciones, seguros de gastos médicos, afores, primas vacacionales, ahorros y de más, son empleados. Como que ahora ser empleado conviene más que tener negocio propio. Tener un negocio propio es un pedo y ya no se vive bien.
Things change.
Y me caga escribir esto porque, cuando me junto con gente que me lee y trae su I pod y se siente bien orgulloso, me ven con cara de rabia, como diciendo: “sí sé lo que escribiste, pero me vale madre, puto, ¿qué pedo?”. Y otros, más nobles, como que se apenan de traer el aparatillo y mejor lo usan acá, sordeadón.
El Filósofo de Cantina no existe, lamento decirles. Ya no vayan al Zacatecas a preguntar por él porque me hacen quedar como un pinche mentiroso y nomás van a encontrar a un mesero de pelo chino que se parece a Moe el de los Simpson y a un vendedor de cachitos de lotería. Lamento informarles que El Filósofo de Cantina soy yo cuando hago a un lado el machismo latente en mi sangre mexicana e intento comprender y justificar las acciones, sentimientos y emociones de las pinches viejas. Ya no vayan al Zacatecs a preguntar por él, mejor, cuando vayan y me vean, invítenme una cerveza, ojaldras.
De las cosas que más me encabronan, a grado tal de considerarlo un crimen, es tirar la comida. Me encabrona ver cómo los meseros se llevan los platos todavía llenos de comida en los restaurantes: platillos de arriba de 100 pesos con media pechuga de pollo o medio t bone, con el puré de papa intacto y las verduras medio mordidas. Me caga ver cómo en las bodas le retiran el plato a las viejas que según ellas están a dieta y nomás se comen los brócolis del plato y dejan todo el filete miñón o el pollo a la cordon blue. Y no me salgan con que es de mal gusto dejar el plato limpio. Es de más pésimo gusto dejar un filete entero para que lo echen directo a la basura. Es mentira esa regla de etiqueta, es más, me paso por mis huevos hechos pasita por el frío sus reglas de etiqueta. Y repito: no es que yo diga: “ay, es que hay niños en África que no tienen qué comer”, no, simplemente se me hace una chingadera tirar comida a la basura.
Pero también me caga decir que esto me encabrona porque cuando la gente me conoce, no come a gusto. Me miran incómodos, así como que pensando: “chin… me tengo que comer toda la comida porque aquí está el Guffo y leí en uno de sus posts que le cagaba la gente que no se come todo lo que hay en el plato y tira la comida”
Dando el rol por mi blog el domingo pasado, releyendo antiguos escritos de aquellos tiempos cuando yo era gracioso, mi vida más interesante, era el Joaquín Sabina de la Fabi y mi creatividad florecía, me di cuenta que tenía más lectores o, al menos, me comentaban otras personas que ahora ya no lo hacen. No sé si ya no me visiten o me visiten anónimamente o les caí gordo porque yo no les ponía comments o simplemente dejaron de perder su tiempo leyendo mi pendejadas, snif. Me di cuenta que muchos de ellos cerraron sus blogs y que otros siguen escribiendo y tenía ya mucho tiempo de no volverlos a leer. También me di cuenta que en aquellos tiempos me dejaban comments blogstars de la talla del Chango 100, el Huevo, Mal Bicho, Chidoguan, Rox, Plaqueta entre otros.
A todos mis amigos que han puestos negocios, no les ha ido bien. Y no porque sean pendejos o huevones. Simplemente llega un punto en que no pueden invertir y no pueden pedir préstamos o, si piden uno, viven y trabajan para pagarlo, encerrándose en un círculo del que nunca saldrán ni sobresaldrán, pero sobrevivirán ahí, apenitas, que creo que es la idea de este modelo económico. Ya ninguno de esos amigos tiene su negocio y, los que aún lo tienen, sobreviven más o menos. Me he asociado con dos y las dos veces ha sido un fracaso. Todos mis amigos que tienen casa, carro, televisiones de plasma, prestaciones, seguros de gastos médicos, afores, primas vacacionales, ahorros y de más, son empleados. Como que ahora ser empleado conviene más que tener negocio propio. Tener un negocio propio es un pedo y ya no se vive bien.
Things change.
martes, diciembre 12, 2006
Fans from hell
Todos hemos tenido -o tenemos- fans from hell, esos dulces admiradores que insultan a la jefa, a la novia, a las hermanas, amenazan de muerte, mandan mails con virus y de más cosas que la gente normal y sana acostumbra hacer en su rutina diaria. Pero, los fans from hell españoles, son lo mejor que un bloggero puede tener, es a lo máximo que uno puede aspirar en esta noble profesión de letras e internet. De hecho, yo ya le pedí dos de estos batos a Santa Clos.
Teniendo fans from hell españoles, uno ya se puede autonombrar “Blogstar” y puede morir en paz como lo hacen los hombres: tirados con el cuerpo en mitad calle y mitad banqueta, afuera de su cantina favorita mientras un perro callejero les huele el culo.
Estos güeyes, los fans psicópatas españoles, sí que son elegantes para insultar y no andan con insultillos tipo “me cojo a tu mamá” o “eres puto” como los naquitos mexicanos iletrados que aún se balancean por las ramas como changuitos. Estos tíos sí que tienen mucha clase y un humor hilarante que a cualquiera deja pendejo. Son enjundiosos, se les nota la rabia ponzoñosa y se tiran directo a la yugular, inmovilizando a su víctima e imposibilitándola para poder pensar y responder con una madreada o albur bueno que taponée el duro efecto de la recibida por uno. Estos batos sí que sueltan ofensas inteligentes; de entre sus favoritas se encuentran las del tipo prehispánica (indio), mamífera (mico, mono, simio) y de más palabras que tengan que ver con algo racial, étnico o que denote nuestro, ay, tercermundismo, snif.
Dando el rol por mi blog el domingo pasado, releyendo mis escritos y los comentarios de mis adorados lectores, me di cuenta que tenía varios comments que no había leído y que de entre todos esos comments nuevos había dos de unos españolitos que –creo- me odian muncho, snif. Y casi me meo de la emoción, pues yo ya puedo presumir que tengo dos fans from hell españoles. Ahora soy más feliz que un Teletubbie y puedo autoproclamarme Blogstar.
Aquí les dejo a mis dos nuevos amiguitos, que se ofendieron porque usé las palabras “jotito” y “putito” para escribir una de mis aventuritas, palabras que nunca utilicé –y nunca he utilizado- como ofensa homofóbica o término despectivo; simplemente las usé para darle un toque más cómico a mi historia. Chequen los comentarios 10 y 11, uno es de un anónimo y el otro de un tal Nabuco.
Si los homosexuales no tienen un apelativo “ofensivo” o “burlón” o de ese tipo como “jotito” o “maricón” para los heterosexuales, no es mi pedo.
Además, pues no es nada agradable que a la tierna edad de 17 años unos homosexuales treintones te quieran enamorar para meterte el pito. Snif.
Teniendo fans from hell españoles, uno ya se puede autonombrar “Blogstar” y puede morir en paz como lo hacen los hombres: tirados con el cuerpo en mitad calle y mitad banqueta, afuera de su cantina favorita mientras un perro callejero les huele el culo.
Estos güeyes, los fans psicópatas españoles, sí que son elegantes para insultar y no andan con insultillos tipo “me cojo a tu mamá” o “eres puto” como los naquitos mexicanos iletrados que aún se balancean por las ramas como changuitos. Estos tíos sí que tienen mucha clase y un humor hilarante que a cualquiera deja pendejo. Son enjundiosos, se les nota la rabia ponzoñosa y se tiran directo a la yugular, inmovilizando a su víctima e imposibilitándola para poder pensar y responder con una madreada o albur bueno que taponée el duro efecto de la recibida por uno. Estos batos sí que sueltan ofensas inteligentes; de entre sus favoritas se encuentran las del tipo prehispánica (indio), mamífera (mico, mono, simio) y de más palabras que tengan que ver con algo racial, étnico o que denote nuestro, ay, tercermundismo, snif.
Dando el rol por mi blog el domingo pasado, releyendo mis escritos y los comentarios de mis adorados lectores, me di cuenta que tenía varios comments que no había leído y que de entre todos esos comments nuevos había dos de unos españolitos que –creo- me odian muncho, snif. Y casi me meo de la emoción, pues yo ya puedo presumir que tengo dos fans from hell españoles. Ahora soy más feliz que un Teletubbie y puedo autoproclamarme Blogstar.
Aquí les dejo a mis dos nuevos amiguitos, que se ofendieron porque usé las palabras “jotito” y “putito” para escribir una de mis aventuritas, palabras que nunca utilicé –y nunca he utilizado- como ofensa homofóbica o término despectivo; simplemente las usé para darle un toque más cómico a mi historia. Chequen los comentarios 10 y 11, uno es de un anónimo y el otro de un tal Nabuco.
Si los homosexuales no tienen un apelativo “ofensivo” o “burlón” o de ese tipo como “jotito” o “maricón” para los heterosexuales, no es mi pedo.
Además, pues no es nada agradable que a la tierna edad de 17 años unos homosexuales treintones te quieran enamorar para meterte el pito. Snif.
lunes, diciembre 11, 2006
Ya apareció mi compa
Hacía ya mucho tiempo que mi compa, ese que me habla los domingos a las 8 de la mañana para preguntarme puras pendejadas, no me hablaba.
Sospechaba algo raro desde aquella vez que su vieja me confesó que sus papás le iban a llevar a un sacerdote y a un güey de esos en rehabilitación de Alcohólicos Anónimos a su casa para que hablaran con él y le sacaran el demonio de adentro antes de que le sacaran el dinero y el hígado en un hospital privado. Yo siento que es más el pedo que le hacen a mi compadre, porque yo lo conozco desde hace mucho tiempo y es muy pedero –se siente el Robert Downey Jr. norteño y con delantal de carnicero-, pero en fin.
Después de esa revelación que me hizo su ruca le marqué varias veces a su negocio y un muchacho gangoso, al que imaginé de lentes y forrado de espinillas en el rostro, me dijo: “nostá, anda anca de vacacionesss”. Se me hizo muy raro porque mi compadre será muy jodón, pero nunca se toma vacaciones porque tiene la falsa idea de que sin él, los negocios de su familia quebrarían. Es un bato bien raro; más raro que un hijo de Prince y Michael Jackson engendrado por una de sus primas cercanas.
Recuerdo que cuando todos nos íbamos al pedo a Ciudad Valles o a alguna playa en semana santa o en vacaciones de verano, éste bato se quedaba jalando en las carnicerías de su familia, haciendo corajes y viviendo la semana santa como se debe vivirla: rezando de a huevo, encabronándose con sus hermanos, multiplicando sus ganancias y metiéndose a la vejiga una botella de whisky diaria para soportar a las ñoras necias que entraban al negocio pidiendo tripitas y manitas de puerco para hacer tamales.
Después de que le hablé al negocio y el muchacho gangoso me dijo que andaba de vacaciones, le marqué a casa de sus padres y su mamá me contestó el teléfono. Me dijo que, en efecto, mi compa andaba de vacaciones allá por Torreón, con un tío, en un rancho ganadero; que llegaba como en 6 semanas. Wooow, vacaciones allá por Torreón, dije yo, en un rancho más rancho y más polvoriento que Torreón, viendo vacas y cómo los granjeros que viven en medio de la nada las seducen y ordeñan con la boca, wooow, eso suena divertidísimo y muy sexy.
Le dije a la señora que le dijera a su hijo que me hablara cuando llegara.
Y precisamente ayer domingo, pasaditas las 8 de la madrugada, cuando apenas me estaba poniendo mi traje de Batman y me disponía a salvar ciudad Gótica e ir por barbacoa, que suena el teléfono; me despierto y era él.
No, no me habló para preguntarme alguna calle del centro de la ciudad en la que ha vivido toda su chingada vida, tampoco me pidió el nombre de alguna refacción para su camioneta (como si yo fuera mecánico) ni tampoco para preguntarme si los Gigantes y Sorianas abren en domingo (como si yo fuera cerillito, de esos chamacos pendejos que meten todo lo que uno compra por anca la verga dentro de las bolsas de plástico). No. Me habló para decirme que tenía que hablar conmigo; su, ay, único amigo. Snif.
Total, nos vimos en un Chilis y me platicó que lo metieron a la fuerza a un centro de rehabilitación allá en Coahuila. ¿En seeerioooo?, fingí demencia. Obviamente toda su aventura desintoxicológica me la platico mamándose unos vasotes de Buchanans de 90 pesos y dos tarros de cerveza oscura para que hiciera un buen corto circuito en la chompa. Me platicó que conoció a un sobrino de Azcarraga Jean y a otras celebridades de medio pelo. Pero sentí que como que a este güey no le quedó muy claro qué pedo con lo que le pasó; al contrario, me lo platicaba como algo bien chingón, algo que les tiene que pasar a todos los rockstars y galanes de hollywood (dos cosas de las que mi compadre no está ni a un pelo de mi pelona de convertirse); porque mencionó varias veces a Colin Farrell, a Sean Penn y a Robert Downey Jr. (no comprendo esa obsesión que tiene con estos güeyes; se me hace que hay un putito latente dentro de mi amigocho y no un alcoholico/drogadicto). Sentí que contaba su experiencia como algo chingón, algo de lo que podía presumir, algo así como que “yo ya he sido mujeriego, chupador, drogo y he estado internado en una clínica de rehabilitación; nada me impresiona” Como que hizo todo lo posible por que le sucediera eso. Estoy seguro que pidió a gritos que se lo llevaran a esa clínica para sentirse intenso. Total, me dijo en la barra del Chilis que su problema no era el alcohol ni las drogas, si no su personalidad; que él podía chupar lo que quisiera. Eso sí, antes me recitó de memoria los 12 acuerdos de los borrachines en rehabilitación: estar conciente de que se tiene una enfermedad, no negarla, bla, bla, bla, puras pendejadas.
El problema fue al final, cuando terminamos de comer y de chupar y este bato terminó de lloriquear de que por qué nunca sus amigos le dijimos que andaba mal, que estaba abusando, bujujuju, snif. Payaso, como si yo fuera su mamá. Además, cuando se lo decíamos, el batito se encabronaba y mejor se iba a esconder al baño para meterse polvo porque nosotros eramos "muy fresas" para su rollo. Bueno, total, en eso que mi compa se pone bien serio y me dice, con una solemnidad sacerdotal que, si en realidad yo era su amigo, lo acompañara a una junta de doble A que tenía a las 7.
¡Puta! No voy ni a misa, qué chingados voy a ir a esas mamadas en domingo. Ni aunque hubiera barra libre y alienígenas encueradas con ganas de sobrepoblar su planeta iría a una jalada de esas. El güey obviamente se ofendió cuando le dije que ni madres, y que yo -en lo personal- le recomendaba que no anduviera pastoreando raza para esas mamadas, porque parecía testigo de Jehová chingando y neceando que le compren sus revistitas.
Snif, y ya no me considera su amigo... cosa que tiene sus ventajas, porque ahora sí voy a poder dormir hasta tarde los domingos.
Pero estoy tan salado que nomás falta que este güey me hable el próximo domingo a las meritas 8 a.m. para pedirme perdón y volver a ser mi amigo. Chingao.
Sospechaba algo raro desde aquella vez que su vieja me confesó que sus papás le iban a llevar a un sacerdote y a un güey de esos en rehabilitación de Alcohólicos Anónimos a su casa para que hablaran con él y le sacaran el demonio de adentro antes de que le sacaran el dinero y el hígado en un hospital privado. Yo siento que es más el pedo que le hacen a mi compadre, porque yo lo conozco desde hace mucho tiempo y es muy pedero –se siente el Robert Downey Jr. norteño y con delantal de carnicero-, pero en fin.
Después de esa revelación que me hizo su ruca le marqué varias veces a su negocio y un muchacho gangoso, al que imaginé de lentes y forrado de espinillas en el rostro, me dijo: “nostá, anda anca de vacacionesss”. Se me hizo muy raro porque mi compadre será muy jodón, pero nunca se toma vacaciones porque tiene la falsa idea de que sin él, los negocios de su familia quebrarían. Es un bato bien raro; más raro que un hijo de Prince y Michael Jackson engendrado por una de sus primas cercanas.
Recuerdo que cuando todos nos íbamos al pedo a Ciudad Valles o a alguna playa en semana santa o en vacaciones de verano, éste bato se quedaba jalando en las carnicerías de su familia, haciendo corajes y viviendo la semana santa como se debe vivirla: rezando de a huevo, encabronándose con sus hermanos, multiplicando sus ganancias y metiéndose a la vejiga una botella de whisky diaria para soportar a las ñoras necias que entraban al negocio pidiendo tripitas y manitas de puerco para hacer tamales.
Después de que le hablé al negocio y el muchacho gangoso me dijo que andaba de vacaciones, le marqué a casa de sus padres y su mamá me contestó el teléfono. Me dijo que, en efecto, mi compa andaba de vacaciones allá por Torreón, con un tío, en un rancho ganadero; que llegaba como en 6 semanas. Wooow, vacaciones allá por Torreón, dije yo, en un rancho más rancho y más polvoriento que Torreón, viendo vacas y cómo los granjeros que viven en medio de la nada las seducen y ordeñan con la boca, wooow, eso suena divertidísimo y muy sexy.
Le dije a la señora que le dijera a su hijo que me hablara cuando llegara.
Y precisamente ayer domingo, pasaditas las 8 de la madrugada, cuando apenas me estaba poniendo mi traje de Batman y me disponía a salvar ciudad Gótica e ir por barbacoa, que suena el teléfono; me despierto y era él.
No, no me habló para preguntarme alguna calle del centro de la ciudad en la que ha vivido toda su chingada vida, tampoco me pidió el nombre de alguna refacción para su camioneta (como si yo fuera mecánico) ni tampoco para preguntarme si los Gigantes y Sorianas abren en domingo (como si yo fuera cerillito, de esos chamacos pendejos que meten todo lo que uno compra por anca la verga dentro de las bolsas de plástico). No. Me habló para decirme que tenía que hablar conmigo; su, ay, único amigo. Snif.
Total, nos vimos en un Chilis y me platicó que lo metieron a la fuerza a un centro de rehabilitación allá en Coahuila. ¿En seeerioooo?, fingí demencia. Obviamente toda su aventura desintoxicológica me la platico mamándose unos vasotes de Buchanans de 90 pesos y dos tarros de cerveza oscura para que hiciera un buen corto circuito en la chompa. Me platicó que conoció a un sobrino de Azcarraga Jean y a otras celebridades de medio pelo. Pero sentí que como que a este güey no le quedó muy claro qué pedo con lo que le pasó; al contrario, me lo platicaba como algo bien chingón, algo que les tiene que pasar a todos los rockstars y galanes de hollywood (dos cosas de las que mi compadre no está ni a un pelo de mi pelona de convertirse); porque mencionó varias veces a Colin Farrell, a Sean Penn y a Robert Downey Jr. (no comprendo esa obsesión que tiene con estos güeyes; se me hace que hay un putito latente dentro de mi amigocho y no un alcoholico/drogadicto). Sentí que contaba su experiencia como algo chingón, algo de lo que podía presumir, algo así como que “yo ya he sido mujeriego, chupador, drogo y he estado internado en una clínica de rehabilitación; nada me impresiona” Como que hizo todo lo posible por que le sucediera eso. Estoy seguro que pidió a gritos que se lo llevaran a esa clínica para sentirse intenso. Total, me dijo en la barra del Chilis que su problema no era el alcohol ni las drogas, si no su personalidad; que él podía chupar lo que quisiera. Eso sí, antes me recitó de memoria los 12 acuerdos de los borrachines en rehabilitación: estar conciente de que se tiene una enfermedad, no negarla, bla, bla, bla, puras pendejadas.
El problema fue al final, cuando terminamos de comer y de chupar y este bato terminó de lloriquear de que por qué nunca sus amigos le dijimos que andaba mal, que estaba abusando, bujujuju, snif. Payaso, como si yo fuera su mamá. Además, cuando se lo decíamos, el batito se encabronaba y mejor se iba a esconder al baño para meterse polvo porque nosotros eramos "muy fresas" para su rollo. Bueno, total, en eso que mi compa se pone bien serio y me dice, con una solemnidad sacerdotal que, si en realidad yo era su amigo, lo acompañara a una junta de doble A que tenía a las 7.
¡Puta! No voy ni a misa, qué chingados voy a ir a esas mamadas en domingo. Ni aunque hubiera barra libre y alienígenas encueradas con ganas de sobrepoblar su planeta iría a una jalada de esas. El güey obviamente se ofendió cuando le dije que ni madres, y que yo -en lo personal- le recomendaba que no anduviera pastoreando raza para esas mamadas, porque parecía testigo de Jehová chingando y neceando que le compren sus revistitas.
Snif, y ya no me considera su amigo... cosa que tiene sus ventajas, porque ahora sí voy a poder dormir hasta tarde los domingos.
Pero estoy tan salado que nomás falta que este güey me hable el próximo domingo a las meritas 8 a.m. para pedirme perdón y volver a ser mi amigo. Chingao.
miércoles, diciembre 06, 2006
Cuando pensé que Buda me había perdonado
Regresé de la escuela con un reporte. Era el primero que me ponían en toda la primaria. Estaba bien nervioso porque no sabía qué le iba a decir a mi papá. Mi padre era muy estricto en esas cosas de la disciplina en la escuela y en la casa, siempre amenazaba con mandarme a la escuela del barrio de abajo –La Bomberito Juárez: pública, llena de pandilleros, cholos y maestros huevones- si no sacaba buenas calificaciones o me portaba mal. Me sale muy cara tu educación como para que la desperdicies sacando seises, me decía. Pero yo sabía que si le decía la verdad, como quiera de unas nalgadas y un castigo de una semana no me iba a librar. En fin.
Y todo esto del reporte de mala conducta fue por culpa de Buda, el hijo de puta del salón, quien se la había pasado todo el día burlándose de mis pantalones porque me quedaban rabones y porque se alcanzaban a ver mis calcetones blancos que contrastaban con el brillo de mis zapatos negros recién boleados. Mi madre ya me había prometido que me compraría otros pantalones porque a esos ya no les podía bajar más la bastilla, pero me dijo que me tendría que esperar hasta fin de mes, cuando el negocio de mi padre se ponía un poquito mejor en cuanto a dinero. Pero apenas había pasado una semana y yo ya estaba bombo con las burlas del pinche Buda.
Odiaba los días en que mis otros dos pantalones estaban sucios y tenía que ponerme ese pantalón rabón. Durante clases procuraba pararme lo menos posible del pupitre para que no se dieran cuenta que los pantalones me quedaban brincacharcos, pero a la hora del recreo era imposible: no dejaban que ningún alumno se quedara en el salón y yo no podía seguir ocultando mis encogidos pantalones. Durante el recreo trataba de estar casi todo el tiempo parado, sin moverme, porque así no se notaba que mis pantalones estaban tan cortos. Al momento de caminar o de sentarme era cuando los pantalones se me subían hasta medio empeine y era cuando Buda empezaba a joder y a reírse. Nadie le decía nada a Buda porque nadie podía con él. Era un hijito de la chingada de 11 años –el único que tenía esa edad- enorme, papadón y abusivo que nos hacía la vida pesada a los alumnos de sexto “A”. Ah, y aparte, era sobrino del director. Como yo era demasiado cobarde, ese día en el recreo, cuando me dijo que mis pantalones eran de niño pobre y que mejor me fuera en shorts a la escuela, tomé el termo de mi lonchera y le arrojé la leche con Quick en la cara. Mis tenis marca Gigante corrieron como nunca antes habían corrido; ni siquiera como todas esas veces que intenté ganarle a Betty en las carreritas. Pero Buda resultó ser aún más cobarde que yo y, en vez de corretearme encabronadísimo para ponerme unos chingazos, se puso a llorar con la ropa empapada y tallándose los ojos, llamando la atención de las maestras, quienes me llevaron jalándome de una manga de la camisa con el director. El dire reprobó mi actitud por más que le dije que Buda me había estado molestando todo el día. Miró mis pantalones cuando le dije la causa del incidente y sólo sonrió.
Cuando le mostré el reporte a mi padre y le expliqué lo que había pasado, también reprobó mi actitud porque él nunca me había enseñado eso de “si te pegan, pégales de vuelta”, y me castigó una semana sin salir. Las nalgadas no me las dio, de esas sí me salvé.
Esa noche entró mi madre a mi cuarto y me dijo en voz baja que le había pedido dinero prestado a la vecina, que al día siguiente iríamos a comprarme un pantalón nuevo. Me emocioné mucho.
Saliendo de la escuela fuimos a Gigante y mi madre me compró un pantalón nuevo bien chido. Me lo probé con orgullo: ya no se me veían los calcetines pues los pantalones los cubrían por completo porque me llegaban debajo de los tobillos. Me los compró un poco más largos; mejor dicho, mucho más largos, para que me duraran de perdido un par de años más.
Tenía unas ganas tremendas de que fuera lunes para que Buda viera que ya no tenía pantalones brincacharcos y así dejara de estarme jodiendo. Cuídalos mucho, mijo, me dijo mi madre. No andes en la bici con ellos ni jugando fútbol. Sí, mami, le dije.
Llegó el lunes, pero Buda no fue a la escuela. El martes tampoco. Ni tampoco el miércoles. Ese día, el director entró al salón para darnos un aviso: El papá de Buda –o sea, su hermano- había fallecido en un accidente automovilístico y habría una misa el jueves en al patio de la escuela. Traigan todos su uniforme de gala, dijo el director muy serio. Con "uniforme de gala" se refería a que no fueramos a ir en playera.
El jueves fue la misa. Yo llegué con mi pantalón nuevo y Buda ahí estaba en una jardinera del patio mirando inmóvil al suelo. Nunca lo había visto de esa manera; será que siempre lo vi como un villano miserable sin compasión, pero el güey estaba llorando con un sentimiento horrible, de ese llanto que sale desde adentro. Se veía indefenso. Durante toda la ceremonia Buda se la pasó a un lado del director y su esposa, con los ojos vidriosos y sonándose para adentro los mocos. Terminando nos metimos al salón y Buda entró junto con el grupo. Se quedaría a clases. Algunos le daban palmadas en la espalda, yo fui uno de ellos, y Buda sólo trataba de sonreír agradeciendo, pero el llanto le ganaba
Me senté en mi pupitre y lo miré con lástima. Realmente me ponía triste verlo así aunque fuera un hijo de la chingada. Volteó a verme, se limpió las lágrimas del rostro y me dijo:
- No creas que ya se me olvidó lo del Quick… te va a cargar la verga en el recreo, cabrón.
Y todo esto del reporte de mala conducta fue por culpa de Buda, el hijo de puta del salón, quien se la había pasado todo el día burlándose de mis pantalones porque me quedaban rabones y porque se alcanzaban a ver mis calcetones blancos que contrastaban con el brillo de mis zapatos negros recién boleados. Mi madre ya me había prometido que me compraría otros pantalones porque a esos ya no les podía bajar más la bastilla, pero me dijo que me tendría que esperar hasta fin de mes, cuando el negocio de mi padre se ponía un poquito mejor en cuanto a dinero. Pero apenas había pasado una semana y yo ya estaba bombo con las burlas del pinche Buda.
Odiaba los días en que mis otros dos pantalones estaban sucios y tenía que ponerme ese pantalón rabón. Durante clases procuraba pararme lo menos posible del pupitre para que no se dieran cuenta que los pantalones me quedaban brincacharcos, pero a la hora del recreo era imposible: no dejaban que ningún alumno se quedara en el salón y yo no podía seguir ocultando mis encogidos pantalones. Durante el recreo trataba de estar casi todo el tiempo parado, sin moverme, porque así no se notaba que mis pantalones estaban tan cortos. Al momento de caminar o de sentarme era cuando los pantalones se me subían hasta medio empeine y era cuando Buda empezaba a joder y a reírse. Nadie le decía nada a Buda porque nadie podía con él. Era un hijito de la chingada de 11 años –el único que tenía esa edad- enorme, papadón y abusivo que nos hacía la vida pesada a los alumnos de sexto “A”. Ah, y aparte, era sobrino del director. Como yo era demasiado cobarde, ese día en el recreo, cuando me dijo que mis pantalones eran de niño pobre y que mejor me fuera en shorts a la escuela, tomé el termo de mi lonchera y le arrojé la leche con Quick en la cara. Mis tenis marca Gigante corrieron como nunca antes habían corrido; ni siquiera como todas esas veces que intenté ganarle a Betty en las carreritas. Pero Buda resultó ser aún más cobarde que yo y, en vez de corretearme encabronadísimo para ponerme unos chingazos, se puso a llorar con la ropa empapada y tallándose los ojos, llamando la atención de las maestras, quienes me llevaron jalándome de una manga de la camisa con el director. El dire reprobó mi actitud por más que le dije que Buda me había estado molestando todo el día. Miró mis pantalones cuando le dije la causa del incidente y sólo sonrió.
Cuando le mostré el reporte a mi padre y le expliqué lo que había pasado, también reprobó mi actitud porque él nunca me había enseñado eso de “si te pegan, pégales de vuelta”, y me castigó una semana sin salir. Las nalgadas no me las dio, de esas sí me salvé.
Esa noche entró mi madre a mi cuarto y me dijo en voz baja que le había pedido dinero prestado a la vecina, que al día siguiente iríamos a comprarme un pantalón nuevo. Me emocioné mucho.
Saliendo de la escuela fuimos a Gigante y mi madre me compró un pantalón nuevo bien chido. Me lo probé con orgullo: ya no se me veían los calcetines pues los pantalones los cubrían por completo porque me llegaban debajo de los tobillos. Me los compró un poco más largos; mejor dicho, mucho más largos, para que me duraran de perdido un par de años más.
Tenía unas ganas tremendas de que fuera lunes para que Buda viera que ya no tenía pantalones brincacharcos y así dejara de estarme jodiendo. Cuídalos mucho, mijo, me dijo mi madre. No andes en la bici con ellos ni jugando fútbol. Sí, mami, le dije.
Llegó el lunes, pero Buda no fue a la escuela. El martes tampoco. Ni tampoco el miércoles. Ese día, el director entró al salón para darnos un aviso: El papá de Buda –o sea, su hermano- había fallecido en un accidente automovilístico y habría una misa el jueves en al patio de la escuela. Traigan todos su uniforme de gala, dijo el director muy serio. Con "uniforme de gala" se refería a que no fueramos a ir en playera.
El jueves fue la misa. Yo llegué con mi pantalón nuevo y Buda ahí estaba en una jardinera del patio mirando inmóvil al suelo. Nunca lo había visto de esa manera; será que siempre lo vi como un villano miserable sin compasión, pero el güey estaba llorando con un sentimiento horrible, de ese llanto que sale desde adentro. Se veía indefenso. Durante toda la ceremonia Buda se la pasó a un lado del director y su esposa, con los ojos vidriosos y sonándose para adentro los mocos. Terminando nos metimos al salón y Buda entró junto con el grupo. Se quedaría a clases. Algunos le daban palmadas en la espalda, yo fui uno de ellos, y Buda sólo trataba de sonreír agradeciendo, pero el llanto le ganaba
Me senté en mi pupitre y lo miré con lástima. Realmente me ponía triste verlo así aunque fuera un hijo de la chingada. Volteó a verme, se limpió las lágrimas del rostro y me dijo:
- No creas que ya se me olvidó lo del Quick… te va a cargar la verga en el recreo, cabrón.
lunes, diciembre 04, 2006
Hola y adiós
Buen lunes, jóvenes y jóvenas, morros y morras, rucos y rucas, marcianos y marcianas.
Pueden pasar a Big Blogger, pues escribí nada más y nada menos que una sonsera (por qué todos los entrevistadores de la televisión dicen "...y está con nosotros, nada más y nada menos que...", ¿por qué lo dicen? Es cagante).
También pueden hacer bilis con el humor incomprendido y avanzado para su tiempo de los Chistes Alowey que, por cierto, ya falta poco para que salga el libro recopilatorio de 60 páginas a todo alcoholor, muaaaa ja ja ja jaaaargh cof cof cof...¡cof!
Recibí un piropo de un bato que me dijo que no entiende cómo a la raza sí le gusta el humor alucinógeno y mamón de JIS y no le gusta el de Chistes Alowey, si está igual de fumado y mamón. Snif. Gracias, bato, tú sí eres un iluminado.


¡Pónganse a jalaaar!!!.
Pueden pasar a Big Blogger, pues escribí nada más y nada menos que una sonsera (por qué todos los entrevistadores de la televisión dicen "...y está con nosotros, nada más y nada menos que...", ¿por qué lo dicen? Es cagante).
También pueden hacer bilis con el humor incomprendido y avanzado para su tiempo de los Chistes Alowey que, por cierto, ya falta poco para que salga el libro recopilatorio de 60 páginas a todo alcoholor, muaaaa ja ja ja jaaaargh cof cof cof...¡cof!
Recibí un piropo de un bato que me dijo que no entiende cómo a la raza sí le gusta el humor alucinógeno y mamón de JIS y no le gusta el de Chistes Alowey, si está igual de fumado y mamón. Snif. Gracias, bato, tú sí eres un iluminado.
¡Pónganse a jalaaar!!!.
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