Se ven horrendos: como matamoscas gigantes que tapan el cielo. Algunos se caen con los aironazos y con las lluvias. Se la pasan anunciando puras pendejadas con la mínima pizca de creatividad, la mayoría de las cuales ni siquiera necesitamos. Y, para acabarla de joder, le parten el queso a los árboles que “se atreven a taparlos”. Así son los anuncios espectaculares.
Al menos en Monterrey, mi ciudad natal, esto de los anuncios espectaculares sigue siendo un negocio turbio –dicen que no-, que no está regularizado –dicen que sí- y una sentencia de muerte para la vegetación endémica que se cruza en el camino de estos gigantes de lona y acero. No creo que exista ciudad que tenga más chingaderas de éstas que Monterrey, lo que implica otro récord absurdo en la lista de todos los récords inútiles que ha acumulado mi ciudad en su historia, tales como: la ristra de chorizo más larga, el hombre más gordo, el alcalde más imbécil, la mayor cantidad de robos de autos en menos días, la mayor cantidad de casinos que no atraen turistas, etcétera.
En Monterrey ponen estas estructuras por todos lados, sin ton ni son; sin reglas claras de altura, longitud, metros cuadrados, sin evaluaciones de impacto ambiental (aunque digan que sí). Nomás las autoridades y los dueños de este negocio saben qué pedo y cuántos billetes se embolsan para que valga la pena afear la ciudad -de por sí fea- y dejarla sin árboles, que al cabo ellos con el dinero que deja pasarse las leyes -de todo tipo- por los huevos pueden irse a vivir a la luna o a una isla con hartos arbolitos.
Siendo bien honesto, no creo que este problema se vaya a acabar, pues nadie lo ve como un problema y a quienes debería importarles simplemente les vale gorro porque les gusta más el verde del dinero que el verde de los árboles.
Entonces, a lo que voy es que si ya las autoridades y los empresarios de este ramo hicieron el daño y lo van a seguir haciendo, de perdido hagan como que les preocupa –ya no les pido que les preocupe de verdad, sino que finjan hacerlo, pues eso se les da muy bien- y hagan lo siguiente para “solucionarlo”:
¿Qué tal? Incluso hasta pueden hacer negocio con quien les fabrique las jardineras de plástico y les venda las plantas; y de paso hacen que la ciudad se vea más bonita por fuera; como la estrategia que tanto les gusta: cambiar la forma pero no el contenido.
Tomen mi idea, gobiernos del mundo que han hecho negocio con la invasión de los anuncios espectaculares. Se las regalo, culeros.







