viernes, agosto 01, 2014

Joyas paisajistas

A continuación les presento algunas joyas que me topé mientras pedaleaba por la Ecovía de Monterrey.
¿A poco no está a toda madre para andar en bicla?
¡¿Hard Rock Monterrey?! Ah, no: es El Jonuco.
Super Fitness
¡Olga Breeskin vive!, y da conciertos cristianos. Porque un concierto llamado "Levántate y Resplandece" no puede ser otra cosa que un concierto cristiano.
¿Vamos a las carnitas, o qué pedo? Pero vamos a unas "fresonas".
Imagino la historia detrás de este negocio:

-Papá. Mamá: quiero dedicarme a la cocina.
-Pero hijo, la cocina es muy matada.
-¡No me importa, mamá! La comida es mi pasión.
-Ésas son cosas para viejas, mijo.
-¡Ya verán! ¡Voy a demostrarle a todos que están equivocados!

Y fue así como "El Terco" fundó su cadena de restaurantes, snif.
Imagino otra historia detrás de este negocio:

-Necesitamos aumentar las ventas de resortes, Gutiérrez.
-Sí, jefe.
-Este año estuvo muy jodida la cosa. Estamos en números rojos.
-Sí, jefe.
-¿Se le ocurre algo?
-Mmmmm... ¡¡¡Ya sé!!!

Y fue así como Gutiérrez obtuvo un aumento.
Y este fue mi recorrido. Digo, los paisajes no son idílicos, pero al menos son cómicos.
Buen fin de semana.

martes, julio 29, 2014

La ciudad de las bestias al volante

Sí, lo sé, queridos lectores: el 90% de los regiomontanos son bestias. Bestias para trabajar, bestias para tratar a los demás, bestias para comer, para beber, para tener hijos, para comprar, para pensar... Bestias en todos los sentidos. Pero, sobre todo, bestias para manejar esos medios de locomoción llamados "coches", pues en esta ciudad no existe eso que en otros mundos más civilizados llaman “cultura vial”. 

Obviamente la cosa no está tan jodida, pues habemos un 10% de entes civilizados que aspiran a una mejor sociedad y que nos la pasamos  tratando de domesticar a esos energúmenos con los que tenemos que convivir a diario aunque no queramos. Y pues es un proceso difícil y a veces frustrante, pues somos minoría; pero bueno: paso a pasito esperemos que se logren las cosas para beneficio de todos.

Menciono lo bestias que son los regios para manejar porque ayer por fin me animé a recorrer en bicicleta toda la Ecovía: ese proyecto del Gobierno del Estado para mejorar la vialidad. Sesenta y dos kilómetros en total me aventé pedaleando, pues mi recorrido fue de ida y de vuelta. De hecho, creo que soy la primera persona en el mundo que hace esto, pues no me he enterado por ninguna red social que alguien más haya realizado esta hazaña. Pero bueno, dejemos a un lado la vanidad y la gloria y vayamos al punto. 

Les decía que recorrí la Ecovía pensando que era una manera más segura de andar en bicicleta, pues los carriles son exclusivos para los pocos camiones que recorren sus 41 estaciones. Y sí, es más seguro pedalear por ahí que por las avenidas, pero aún así se corren algunos riesgos, ya que el regiomontano promedio al volante es un animal que no respeta nada ni a nadie: choques por no ceder el paso, choques por dar vuelta en donde no se debe, un tráiler en contra dentro del carril exclusivo y un montón de personas sobre las cebras por donde se supone deben cruzar los peatones. Pensará uno que tal vez los conductores andaban borrachos o drogados, y que por eso hacían tanta pendejada; pero no: en sus cinco sentidos manejan como si fueran retrasados mentales.
En esta primera fotografía el coche negro no podía dar vuelta y la quiso dar a huevo en donde el taxi sí tenía permitido darla, y ¡pum! Pasó lo que tenía que pasar. Y ahí estuvieron obstruyendo un buen rato uno de los carriles de la Ecovía, que, se supone, se construyó para "dar fluidez al tráfico", pero con esta recua de acémilas que tenemos por ciudadanos, es imposible pensar en hacerle un bien a esta ciudad. 
Aquí este tráiler se metió por el carril por el que entran los camiones de la Ecovía que salen de la última estación, la estación Valle Soleado. No pude tomarle la foto de frente porque, cuando lo vi metiéndose en donde no debía, me cagué pa´dentro y no reaccioné para sacar la cámara, pues pensé que el conductor había perdido el control o se había quedado sin frenos o algo. Pero nel: simplemente le valió madre y se metió por donde se le hincharon las pocas pelotas que ha de tener.
Aquí podemos ver cómo una damita muy quitada de la pena se sube a las rayitas por donde caminan los peatones, porque es obvio que ¿a quién demonios le interesan los peatones? De seguro son pobres y por eso andan caminando y sudando. Ash, ¡qué asco!

Por eso me gusta que me inviten a colaborar en proyectos como éste:
Me gustan estos proyectos porque son una forma de domesticar a las bestias motorizadas, que ni por los niños tienen respeto.

Buen martes.

miércoles, junio 25, 2014

Restaurante vegano

Confieso que la semana pasada comí en un restaurante vegano.

¡Por favor no me linchen, amados y carnívoros lectores, orgullosos de sus raíces norteñas y expertos en encender carbón los domingos! Juro que no me he convertido a tal culto gastronómico, cuyos adeptos son más intensos que Testigos de Jehová vendiendo Atalayas.

Deberán comprender que soy un individuo tragón, magnánimo y de panza y fundillo aventureros, que le brinda oportunidad a todo tipo de platillos de entrar en este divino y cuasi perfecto organismo ojiverde, snif. Yo no discrimino ningún alimento: ni siquiera lo vegano, por más mamertos que sean los seguidores de esta práctica alimenticia.

Quise darme la oportunidad de ir porque, saliendo de la sala de cine en donde se proyectó La Danza de la Realidad -último filme de Alejandro Jodorowsky-, escuché a un compa platicar sobre el mentado restaurante este, y me llamó mucho la atención el concepto que describía. Cabe destacar que abrir un restaurante de este giro en una ciudad carnívora, como Monterrey, es una empresa arriesgadísima, y admiro a quienes se avientan a hacerlo; y los admiro aún más cuando su concepto es "novedoso", pues el riesgo es doble.

Será que los pocos restaurantes vegetarianos que he visitado -aquí y en el extranjero- no me han dejado un muy buen sabor de boca. Si acaso un local etíope al que acostumbraba ir en Toronto por lo barato y condimentado de sus platillos; pero fuera de ese lugar, los restaurantes vegetarianos -o veganos- me cagan. Empezando por los nombres con que los bautizan, siempre queriendo hacerlos parecer templos llenos de místicismo: con su decoración hinduista retacada de estatuas de Ganesha, posters de Vishnú y demás monos azules con chingos de brazos; los insoportables y repetitivos cánticos hare krishnas de fondo -quesque para crear un ambiente "de meditación"- y el intenso olor a incienso y loción Siete Machos, que arruina el sabor de cualquier alimento.

Recuerdo en particular una experiencia, tal vez la gota que derramó el vaso: pedí amablemente a la dueña de un establecimiento vegano que me calentara la insípida lasaña de espinacas con elote que había pedido, pues estaba helada, y me respondió muy amablemente que no tenía microondas porque "sus radiaciones matan la energía viva del alimento". De ese pelo la mamada, chavos. Me dijo que tampoco tenía horno eléctrico y no quiso encender el horno de gas para calentar un solo plato porque, pues, ya saben: le hace daño al planeta. Por lo tanto quedé ciscado de estos lugarcitos onda secta ecológica/religiosa/mamona/del-fin-del-mundo, prefiriendo, ¡por mucho!, pastar en el camellón frente a mi casa cada que quería "comer fuera y sano".

Pero bueno, como les decía, le di -y me di- la oportunidad de ir al mencionado restaurante, y, honestamente, fue una experiencia muy agradable; una vivencia más allá de los tres sentido que requiere el arte del buen comer. Neta que sí. Y no es mame vegano.

¿Que por qué fue una experiencia tan enriquecedora? ´Ora lo verán.

Para empezar, el lugar en el que está ubicado el restaurante: adentro de un taller mecánico. Sí, señoras y señores: ¡adentro de un taller mecánico que atiende Pancho el enamorado de Adela Noriega en la telenovela Quinceañera! No es cierto esto último, pero sí está en un taller mecánico en el corazón del municipio de San Pedro. Por eso el nombre: Taller Vegánico (sí, está un poco hipster el nombre, pero qué se le va a hacer).
¿Querían aventura extrema? Pues éste es el restaurante.
Para no echarles más rollo quesque sibarita, resumo: el mobiliario, el patio con vista al taller, adornado con macetas colgantes; la selección de música: sin cánticos harekrishnas, ni mantrams ni mamadas de ésas; la amable atención y recomendaciones de los que ahí laboran, sin las poses mamaertas típicas de la mayoría de los veganos; el menú, los sabores -unos frijoles charros que saben a frijoles charros con cueritos, chorizo y pata de puerco sin tener nada de esto-, la diversidad de productos naturales, orgánicos y pa´bien cagar que venden en las estanterías; y la inquietante manada de leones de yeso acechando en la parte alta del taller... Todo. Por eso digo que visitar ese lugar es una experiencia completa.
Comimos dos burritos de coliflor, champiñones, cebolla y aguacate; un sándwich de betabel con pesto de espinacas en pan negrísimo; dos aguas –una de sandía y otra de alfalfa con pepino- un postre de nueces de la India con higos y esos frijoles a la charra que en verdad sabían a frijoles a la charra. Todo por $270 pesos. Hasta eso: no están chiflados con los precios; por eso también me gustó, jejeje. 

Pero bueno: ya no les pongo más fotos. Mejor vayan y compruébenlo ustedes mismos. Aquí su página.

viernes, junio 13, 2014

Copa del Mundo Brasil 2014

Algunos cartones inspirados en tan importante evento:


Disfrútenlos, tómenlos, compártanlos.
Y que tengan buen fin de semana.

martes, junio 10, 2014

viernes, junio 06, 2014

Los higos son como dedos del pie de Hulk, pero con gangrena

El nido de la tórtola parece estar abandonado. No he visto rastros de plumas ni entre las ramas del limonero ni regadas en el patio, por lo que supongo que el gato no se comió al ave. Tampoco he escuchado piar a los polluelos, por lo que quiero suponer que aprendieron a volar y se fueron a vivir con su mamá a un árbol más grande. El gato gris ya no volvió.

Hay muchos frutos maduros en la higuera. Otros tantos están a punto de estallar en color púrpura. Calculo que el domingo podré recolectarlos y disfrutarlos.
Nunca había pensado que los higos a punto de madurar parecen los dedos gordos del pie de Hulk, pero con gangrena. ¡Yomi!
Aproveché la tarde para hipsterizar con huacales y macetas un rincón del patio donde hay un tendedero viejo que nunca uso y se ve medio feo. Creo que quedó mejor con mi toque hipster. 
Huacales. Huacales everywhere. Neta que con tantito ingenio y un montón de esas madres uno puede amueblar toda su casa. Mesas de centro con huacales, repisas de huacales, sillones de huacales, lavadora y secadora hechas con huacales, un avión privado construido con huacales. Huacales: nunca se acaben.
Lo que me preocupa de esta situación con los huacales es que al rato las fruterías puedan darse cuenta que la gente los empieza a reutilizar para construir muebles, y, en vez de vender cada uno en $5 pesitos, nos los vayan a querer atascar en $50, snif.

Ah, y por cierto: en el refrigerador tengo las cervezas que compré el domingo pasado en el Festival de la Cerveza.

Buen fin de semana.

miércoles, junio 04, 2014

Ay, La Naturaleza: tan cruel ella, snif.

La semana pasada encontré los restos de un pequeño cascarón de huevo a orillas del limonero. Supongo que los polluelos de la tórtola que anidó en el árbol ya nacieron. No los he escuchado piar, ni me he querido acercar para cerciorarme de lo que supongo, para no molestar.

Lo que me preocupa es que ya van varios días que veo a un gato gris husmeando en el patio. Lo observo en silencio desde la ventana de la cocina mientras me preparo algún sándwich o bebo un vaso con agua.

El gato se sienta a la sombra de árbol y voltea excitado hacia la copa. Cuando rodea el tronco, desesperado, y se pone en posición de ataque -ese movimiento extraño que hacen con las patas, como acariciando el suelo- abro la puerta de tela mosquitera y el felino sale huyendo despavorido.

Dudo que pueda treparse a lo alto del árbol, pues el tronco tiene muchas espinas y las ramas aún están tiernas como para soportar su peso.

También pienso que cada vez que hago esto interfiero con el curso natural de la vida, y que el pobre animal se va a morir de hambre por mi culpa; pero luego pienso en los polluelos, que se quedarían sin su mamá -o viceversa-, y pues es todo un dilema cósmico que me provoca insomnio.

Ayer que llegué del trabajo y salí al patio a buscar higos maduros, vi pelaje del color del gato en la parte donde las ramas de la higuera y el limonero se entrecruzan. Busqué a la tórtola, pero no estaba. Quise ver si estaban los polluelos, pero no me dio la altura ni subiéndome a una silla.

No sé si el gato ya se los haya merendado y la vida siguió su curso natural: un curso cruel y violento para muchos, pero natural a fin de cuentas.

Antinatural para uno, que si el gato decidió devorar sólo a la madre, voy a tener que googlear "¿Cómo ser la mamá sustituta de unos tórtolos?". 

martes, mayo 27, 2014

El terrorista que regalaba libros a su pueblo

Hace algunas semanas me enteré que Conarte y la Secretaría de Desarrollo Sustentable del Estado de Nuevo León se unieron en pro de la lectura instalando módulos con libros en cada una de las estaciones de la Ecovía, lo cual me pareció una excelente idea. Lo que no me pareció tan buena idea fueron los libros que decidieron poner: puros títulos de mega hueva. Si de por si las personas no leen, menos van a leer sus chingaderas soporíferas. Aquí la nota del evento con los títulos disponibleszzzzzzzz..., para que vean que no miento. Pero bueno, fuera de eso, la iniciativa me pareció chida.

Sí, yo sé que los libros por sí solos no van a hacer del mundo un mejor lugar para vivir; también estoy consciente de que hacen falta medidas de otra índole para regenerar los tejido sociales y que promoviendo sólo la lectura este chancro de ciudad no va a dejar de supurar pus para empezar a producir ciudadanos ejemplares, pero por algo se empieza.

Total que motivado por esta iniciativa decidí dejar de quejarme y poner mi granito de arena para enriquecer el proyecto cultural de estas dos instancias gubernamentales. Mi plan: repartir en las estaciones de la Ecovía títulos que considero más atractivos; libros viejos -o repetidos- que ya no caben en mi librero y de los que me he querido deshacer desde hace tiempo: tomos de Luis Spota, Jorge Ibargüengoitia, José Agustín, García Márquez, Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft, algunos cómics y uno que otro ejemplar de mi Escuadrón Retro y del mítico Diarios del Fin del Mundo; por lo que metí todos los libros que pude en una mochila negra, me monté en mi bicicleta y visité 15 de las 41 estaciones de la Ecovía para heredar mis volúmenes literarios a sus usuarios. Aclaro que recorrí nomás 15 estaciones porque no traía parque suficiente para abastecer todas.

Al llegar a las terminales pedía permiso a los oficiales encargados para entrar a dejar los textos en las estanterías, pues no tuve la precaución de comprar una Tarjeta Feria para entrar y salir a mi antojo, pues pensé que uno entraba y salía libremente y sólo necesitaba la tarjeta para subirse al camión; pero nel.
La mayoría de los oficiales fueron muy amables y me dejaron pasar sin pedos; otros se ofrecían a poner los libros ellos mismos al enterarse que no traía la tarjeta para entrar. Algunos me pidieron mi nombre y que firmara una libreta con datos. Otros no. Lo que sí no me dejaron fue tomar fotos para tener pruebas de mi noble acto, porque, ustedes saben: no vaya a ser que con la información confidencial que pueda sacar de las imágenes planee estrellar un par de aviones en las estaciones; aunque por ahí el gobierno debe de tener los videos del tipo loco que regaló libros la semana pasada. Si los quieren ver, pídanselos a ellos.

Algunos uniformados me preguntaban que de dónde venía o que "quién me mandaba". Al responder que nadie me mandaba y que era una iniciativa personal la de regalar libros, se ponían medio paranoicos y me observaban con sospecha y empezaban a hacer llamadas y a buscar supervisores por teléfono para ver si les autorizaban mi entrada porque esa situación se salía del manual de operaciones y bla bla bla; porque, ya saben: en este tipo de ciudades a la gente no le cabe en la cabezota que alguien haga algo por simple gusto, sin fines de lucro o sin intenciones oscuras; pero bueno. Debido a esto decidí que, si me volvían a preguntar que de dónde iba o quién me mandaba, usurparía la función de un empleado de Conarte. ¡Y funcionó!, incluso cuando algunos guardias me pidieron mi "identificación del trabajo" y les dije que no traía, me dejaron pasar. Obviamente no me siento muy bien conmigo mismo por haberme hecho pasar por empleado de Conarte, pero hay criminales más peligrosos que yo, se los juro.

Sólo en una estación -la que está frente a Tránsito de Monterrey- el oficial se portó medio altivo y se puso medio loco. Como que se aventó un maratón de películas de acción la noche anterior y al verme con casco, barba y todo sudado, pensó que era un terrorista.
Me presenté, le extendí la mano, le comenté mis intenciones y le mostré algunos libros. El oficial me dijo: "¿Y usted qué o qué? ¡Identifíquese!". Le repetí mi intención y saqué mi IFE, y el hombre me dijo que esa identificación no era válida, que sacara la que comprobara que era empleado de Conarte. Le dije que no la traía, le mostré de nuevo un par de libros, y me dijo: "Pues estos libros no traen el logotipo de Conarte. No puedo dejarlo pasar si no me dice quién lo manda".

-Son sólo libros, oficial, ¿cuál es el problema? -le dije, ya con tono de hartazgo.

-Por eso, ¿quién lo manda? Si no trae una carta firmada por bla bla bla bla...

-No traigo carta ni me manda nadie. Simplemente quiero regalar estos libros.

Al decir esto, me vio de arriba a abajo, con desprecio. Sacó un teléfono y marcó un número.

-¿Quién lo manda?, ¿cómo se llama usted?

Le dije mi nombre. El hombre volteó el gafete que tenía escrito el suyo al notar que mi vista se dirigía al documento que colgaba de su cuello.

-Le digo que no me mandó nadie. Nada más quiero donar estos libros.

-¿Y por qué o qué? ¿Quién lo manda?

-Son libros, oficial. Los estoy regalando. Los he repartido en las demás estaciones y nadie me la ha hecho de pedo.

-¡No me hable así!

-Pues es que no mame...

-¡No me hable así que ahorita mismo le hablo a una patrulla si no me dice quién lo manda!

-¿Y qué les va a decir: que me metan a la cárcel por regalar libros? No mame, señor...

Tomé mi bici y me fui. El guardia gritaba a mis espaldas que no huyera, que no fuera cobarde, que le hablaría a la policía. Yo seguí pedaleando. Fue un día muy divertido.

Faltará conocer la reacción de Conarte y de la Secretaría de Desarrollo Sustentable cuando se enteren que en sus estanterías hay libros que ellos "no autorizaron". De seguro su respuesta -de haberla- será favorable, pues no creo que su intención sea monopolizar la lectura. Aparte, no creo que tenga algo de malo o reprochable que un ciudadano común y corriente decida donar sus libros para el deleite de los demás. ¿O sí?
Por lo pronto este fin de semana iré a repartir más libros a otras 15 estaciones. 

lunes, mayo 12, 2014

Políticocorridos

Escuchando por pura curiosidad –o morbosidad– al tal Komander y su Movimiento Alterado, se me ocurrió una idea: ¿por qué no cambiar las letras de los narcocorridos y hacerlos “políticocorridos”? Es decir: en vez de cantar “Con cuerno de chivo y bazuka en la nuca, volando cabezas de quien se atraviesa, somos sanguinarios, locos, bien ondeados, nos gusta matar”, cantar: “Con permiso comprado y amparo otorgado, corrompiendo conciencias de quienes se dejan, somos descarados, somos bien marranos, nos gusta robar”. 

¿A poco no está bien chingona mi idea? Si el salvajismo y cinismo del crimen organizado ya se volvió una expresión artística, ¿por qué no hacer lo mismo con la vileza y desfachatez de los criminales de cuello blanco?

Es en serio lo que les planteo. ¿Por qué no enaltecer las corruptelas de los funcionarios públicos deshonestos a ritmo de banda y rimas ingeniosas?; ¿por qué no alabar sus andanzas ilegales y excesos como si fueran héroes? ¿Cuál sería la diferencia con los narcocorridos?

Porque, digo: si los cantantes y defensores de este género musical dicen que sólo retratan la realidad de México –como si hiciera falta que nos la recordaran– y aseguran que sus letras no son el problema, ni hacen apología de la violencia, ni del crimen, ni provocan muertes, ni influyen en la mente de los jóvenes: ¿por qué no componerle corridos adulatorios a porros, líderes sindicales, burócratas y políticos inmorales? ¿Qué tendría de malo?

Sí, tal vez uno que otro miembro de algún partido político o los burócrata de alguna  institución pública pondrían el grito en el cielo y se ofenderían y considerarían las letras "difamatorias", pero, la verdad, yo nunca he sabido de sicarios, pozoleros, dealers, cocainómanos o capos indignados por las letras de los narcocorridos. Nunca. Al contrario.

Si como ciudadanos toleramos los narcocorridos y hasta jocosas expresiones culturales nos parecen, ¿qué sentiríamos al escuchar canciones donde nos aseguran que quien no transa no avanza? ¿Qué emociones nos invadirían al escuchar letras que narran cómo algunos funcionarios públicos pueden comprar la justicia y tener la ley siempre de su lado, y el ciudadano común y corriente no? ¿Qué pensaríamos si nos restregaran en la cara que con nuestro dinero se compran ropa "de marca", relojes de oro con diamantes, coches de lujo y viajes a destinos exóticos; y, aparte, que los intérpretes lo justificaran diciendo que "sólo es un retrato de la realidad", o que "es sólo una expresión artística" y que "sus letras no son el problema ni hacen apología de la ilegalidad".

Y me surgen más y más preguntas cada que pienso si existiera este nuevo género musical: ¿tendría el mismo éxito que los narcocorridos?; ¿sus letras serían consideradas una crítica al sistema o nomás un retrato fiel de la realidad?; ¿las censurarían?; ¿sus seguidores verían como héroes al Profesor Hank González o al ex gobernador de Tabasco así como ven como héroes a los sicarios que descuartizan y "andan empecherados y en caravanas, prestos pa´ levantar"?; ¿o no es tan emocionante ser un bandido de traje y corbata que está en una oficina como ser el que se mancha las manos de sangre accionando armas de grueso calibre? 

No sé. Creo que sería un buen experimento crear un Movimiento Alterado con letras referentes a la política nacional. ¿O ustedes qué piensan?

martes, mayo 06, 2014

Higos

La higuera del patio de mi casa ya está dando higos. El limonero ahí la lleva, pero todavía están muy pequeños sus limones; son como los de Paris Hilton, que ya quisiera tener las chichis del tamaño de mis higos. Del ciruelo y del guayabo, ni sus luces; no veo para cuándo. Y al decir esto último me siento como esos señores a los que les urge ser abuelos, nada más que yo reprochándole a dos de mis árboles por no darme frutos aún.