miércoles, junio 25, 2014

Restaurante vegano

Confieso que la semana pasada comí en un restaurante vegano.

¡Por favor no me linchen, amados y carnívoros lectores, orgullosos de sus raíces norteñas y expertos en encender carbón los domingos! Juro que no me he convertido a tal culto gastronómico, cuyos adeptos son más intensos que Testigos de Jehová vendiendo Atalayas.

Deberán comprender que soy un individuo tragón, magnánimo y de panza y fundillo aventureros, que le brinda oportunidad a todo tipo de platillos de entrar en este divino y cuasi perfecto organismo ojiverde, snif. Yo no discrimino ningún alimento: ni siquiera lo vegano, por más mamertos que sean los seguidores de esta práctica alimenticia.

Quise darme la oportunidad de ir porque, saliendo de la sala de cine en donde se proyectó La Danza de la Realidad -último filme de Alejandro Jodorowsky-, escuché a un compa platicar sobre el mentado restaurante este, y me llamó mucho la atención el concepto que describía. Cabe destacar que abrir un restaurante de este giro en una ciudad carnívora, como Monterrey, es una empresa arriesgadísima, y admiro a quienes se avientan a hacerlo; y los admiro aún más cuando su concepto es "novedoso", pues el riesgo es doble.

Será que los pocos restaurantes vegetarianos que he visitado -aquí y en el extranjero- no me han dejado un muy buen sabor de boca. Si acaso un local etíope al que acostumbraba ir en Toronto por lo barato y condimentado de sus platillos; pero fuera de ese lugar, los restaurantes vegetarianos -o veganos- me cagan. Empezando por los nombres con que los bautizan, siempre queriendo hacerlos parecer templos llenos de místicismo: con su decoración hinduista retacada de estatuas de Ganesha, posters de Vishnú y demás monos azules con chingos de brazos; los insoportables y repetitivos cánticos hare krishnas de fondo -quesque para crear un ambiente "de meditación"- y el intenso olor a incienso y loción Siete Machos, que arruina el sabor de cualquier alimento.

Recuerdo en particular una experiencia, tal vez la gota que derramó el vaso: pedí amablemente a la dueña de un establecimiento vegano que me calentara la insípida lasaña de espinacas con elote que había pedido, pues estaba helada, y me respondió muy amablemente que no tenía microondas porque "sus radiaciones matan la energía viva del alimento". De ese pelo la mamada, chavos. Me dijo que tampoco tenía horno eléctrico y no quiso encender el horno de gas para calentar un solo plato porque, pues, ya saben: le hace daño al planeta. Por lo tanto quedé ciscado de estos lugarcitos onda secta ecológica/religiosa/mamona/del-fin-del-mundo, prefiriendo, ¡por mucho!, pastar en el camellón frente a mi casa cada que quería "comer fuera y sano".

Pero bueno, como les decía, le di -y me di- la oportunidad de ir al mencionado restaurante, y, honestamente, fue una experiencia muy agradable; una vivencia más allá de los tres sentido que requiere el arte del buen comer. Neta que sí. Y no es mame vegano.

¿Que por qué fue una experiencia tan enriquecedora? ´Ora lo verán.

Para empezar, el lugar en el que está ubicado el restaurante: adentro de un taller mecánico. Sí, señoras y señores: ¡adentro de un taller mecánico que atiende Pancho el enamorado de Adela Noriega en la telenovela Quinceañera! No es cierto esto último, pero sí está en un taller mecánico en el corazón del municipio de San Pedro. Por eso el nombre: Taller Vegánico (sí, está un poco hipster el nombre, pero qué se le va a hacer).
¿Querían aventura extrema? Pues éste es el restaurante.
Para no echarles más rollo quesque sibarita, resumo: el mobiliario, el patio con vista al taller, adornado con macetas colgantes; la selección de música: sin cánticos harekrishnas, ni mantrams ni mamadas de ésas; la amable atención y recomendaciones de los que ahí laboran, sin las poses mamaertas típicas de la mayoría de los veganos; el menú, los sabores -unos frijoles charros que saben a frijoles charros con cueritos, chorizo y pata de puerco sin tener nada de esto-, la diversidad de productos naturales, orgánicos y pa´bien cagar que venden en las estanterías; y la inquietante manada de leones de yeso acechando en la parte alta del taller... Todo. Por eso digo que visitar ese lugar es una experiencia completa.
Comimos dos burritos de coliflor, champiñones, cebolla y aguacate; un sándwich de betabel con pesto de espinacas en pan negrísimo; dos aguas –una de sandía y otra de alfalfa con pepino- un postre de nueces de la India con higos y esos frijoles a la charra que en verdad sabían a frijoles a la charra. Todo por $270 pesos. Hasta eso: no están chiflados con los precios; por eso también me gustó, jejeje. 

Pero bueno: ya no les pongo más fotos. Mejor vayan y compruébenlo ustedes mismos. Aquí su página.

viernes, junio 13, 2014

Copa del Mundo Brasil 2014

Algunos cartones inspirados en tan importante evento:


Disfrútenlos, tómenlos, compártanlos.
Y que tengan buen fin de semana.

martes, junio 10, 2014

viernes, junio 06, 2014

Los higos son como dedos del pie de Hulk, pero con gangrena

El nido de la tórtola parece estar abandonado. No he visto rastros de plumas ni entre las ramas del limonero ni regadas en el patio, por lo que supongo que el gato no se comió al ave. Tampoco he escuchado piar a los polluelos, por lo que quiero suponer que aprendieron a volar y se fueron a vivir con su mamá a un árbol más grande. El gato gris ya no volvió.

Hay muchos frutos maduros en la higuera. Otros tantos están a punto de estallar en color púrpura. Calculo que el domingo podré recolectarlos y disfrutarlos.
Nunca había pensado que los higos a punto de madurar parecen los dedos gordos del pie de Hulk, pero con gangrena. ¡Yomi!
Aproveché la tarde para hipsterizar con huacales y macetas un rincón del patio donde hay un tendedero viejo que nunca uso y se ve medio feo. Creo que quedó mejor con mi toque hipster. 
Huacales. Huacales everywhere. Neta que con tantito ingenio y un montón de esas madres uno puede amueblar toda su casa. Mesas de centro con huacales, repisas de huacales, sillones de huacales, lavadora y secadora hechas con huacales, un avión privado construido con huacales. Huacales: nunca se acaben.
Lo que me preocupa de esta situación con los huacales es que al rato las fruterías puedan darse cuenta que la gente los empieza a reutilizar para construir muebles, y, en vez de vender cada uno en $5 pesitos, nos los vayan a querer atascar en $50, snif.

Ah, y por cierto: en el refrigerador tengo las cervezas que compré el domingo pasado en el Festival de la Cerveza.

Buen fin de semana.

miércoles, junio 04, 2014

Ay, La Naturaleza: tan cruel ella, snif.

La semana pasada encontré los restos de un pequeño cascarón de huevo a orillas del limonero. Supongo que los polluelos de la tórtola que anidó en el árbol ya nacieron. No los he escuchado piar, ni me he querido acercar para cerciorarme de lo que supongo, para no molestar.

Lo que me preocupa es que ya van varios días que veo a un gato gris husmeando en el patio. Lo observo en silencio desde la ventana de la cocina mientras me preparo algún sándwich o bebo un vaso con agua.

El gato se sienta a la sombra de árbol y voltea excitado hacia la copa. Cuando rodea el tronco, desesperado, y se pone en posición de ataque -ese movimiento extraño que hacen con las patas, como acariciando el suelo- abro la puerta de tela mosquitera y el felino sale huyendo despavorido.

Dudo que pueda treparse a lo alto del árbol, pues el tronco tiene muchas espinas y las ramas aún están tiernas como para soportar su peso.

También pienso que cada vez que hago esto interfiero con el curso natural de la vida, y que el pobre animal se va a morir de hambre por mi culpa; pero luego pienso en los polluelos, que se quedarían sin su mamá -o viceversa-, y pues es todo un dilema cósmico que me provoca insomnio.

Ayer que llegué del trabajo y salí al patio a buscar higos maduros, vi pelaje del color del gato en la parte donde las ramas de la higuera y el limonero se entrecruzan. Busqué a la tórtola, pero no estaba. Quise ver si estaban los polluelos, pero no me dio la altura ni subiéndome a una silla.

No sé si el gato ya se los haya merendado y la vida siguió su curso natural: un curso cruel y violento para muchos, pero natural a fin de cuentas.

Antinatural para uno, que si el gato decidió devorar sólo a la madre, voy a tener que googlear "¿Cómo ser la mamá sustituta de unos tórtolos?". 

martes, mayo 27, 2014

El terrorista que regalaba libros a su pueblo

Hace algunas semanas me enteré que Conarte y la Secretaría de Desarrollo Sustentable del Estado de Nuevo León se unieron en pro de la lectura instalando módulos con libros en cada una de las estaciones de la Ecovía, lo cual me pareció una excelente idea. Lo que no me pareció tan buena idea fueron los libros que decidieron poner: puros títulos de mega hueva. Si de por si las personas no leen, menos van a leer sus chingaderas soporíferas. Aquí la nota del evento con los títulos disponibleszzzzzzzz..., para que vean que no miento. Pero bueno, fuera de eso, la iniciativa me pareció chida.

Sí, yo sé que los libros por sí solos no van a hacer del mundo un mejor lugar para vivir; también estoy consciente de que hacen falta medidas de otra índole para regenerar los tejido sociales y que promoviendo sólo la lectura este chancro de ciudad no va a dejar de supurar pus para empezar a producir ciudadanos ejemplares, pero por algo se empieza.

Total que motivado por esta iniciativa decidí dejar de quejarme y poner mi granito de arena para enriquecer el proyecto cultural de estas dos instancias gubernamentales. Mi plan: repartir en las estaciones de la Ecovía títulos que considero más atractivos; libros viejos -o repetidos- que ya no caben en mi librero y de los que me he querido deshacer desde hace tiempo: tomos de Luis Spota, Jorge Ibargüengoitia, José Agustín, García Márquez, Edgar Allan Poe, H.P. Lovecraft, algunos cómics y uno que otro ejemplar de mi Escuadrón Retro y del mítico Diarios del Fin del Mundo; por lo que metí todos los libros que pude en una mochila negra, me monté en mi bicicleta y visité 15 de las 41 estaciones de la Ecovía para heredar mis volúmenes literarios a sus usuarios. Aclaro que recorrí nomás 15 estaciones porque no traía parque suficiente para abastecer todas.

Al llegar a las terminales pedía permiso a los oficiales encargados para entrar a dejar los textos en las estanterías, pues no tuve la precaución de comprar una Tarjeta Feria para entrar y salir a mi antojo, pues pensé que uno entraba y salía libremente y sólo necesitaba la tarjeta para subirse al camión; pero nel.
La mayoría de los oficiales fueron muy amables y me dejaron pasar sin pedos; otros se ofrecían a poner los libros ellos mismos al enterarse que no traía la tarjeta para entrar. Algunos me pidieron mi nombre y que firmara una libreta con datos. Otros no. Lo que sí no me dejaron fue tomar fotos para tener pruebas de mi noble acto, porque, ustedes saben: no vaya a ser que con la información confidencial que pueda sacar de las imágenes planee estrellar un par de aviones en las estaciones; aunque por ahí el gobierno debe de tener los videos del tipo loco que regaló libros la semana pasada. Si los quieren ver, pídanselos a ellos.

Algunos uniformados me preguntaban que de dónde venía o que "quién me mandaba". Al responder que nadie me mandaba y que era una iniciativa personal la de regalar libros, se ponían medio paranoicos y me observaban con sospecha y empezaban a hacer llamadas y a buscar supervisores por teléfono para ver si les autorizaban mi entrada porque esa situación se salía del manual de operaciones y bla bla bla; porque, ya saben: en este tipo de ciudades a la gente no le cabe en la cabezota que alguien haga algo por simple gusto, sin fines de lucro o sin intenciones oscuras; pero bueno. Debido a esto decidí que, si me volvían a preguntar que de dónde iba o quién me mandaba, usurparía la función de un empleado de Conarte. ¡Y funcionó!, incluso cuando algunos guardias me pidieron mi "identificación del trabajo" y les dije que no traía, me dejaron pasar. Obviamente no me siento muy bien conmigo mismo por haberme hecho pasar por empleado de Conarte, pero hay criminales más peligrosos que yo, se los juro.

Sólo en una estación -la que está frente a Tránsito de Monterrey- el oficial se portó medio altivo y se puso medio loco. Como que se aventó un maratón de películas de acción la noche anterior y al verme con casco, barba y todo sudado, pensó que era un terrorista.
Me presenté, le extendí la mano, le comenté mis intenciones y le mostré algunos libros. El oficial me dijo: "¿Y usted qué o qué? ¡Identifíquese!". Le repetí mi intención y saqué mi IFE, y el hombre me dijo que esa identificación no era válida, que sacara la que comprobara que era empleado de Conarte. Le dije que no la traía, le mostré de nuevo un par de libros, y me dijo: "Pues estos libros no traen el logotipo de Conarte. No puedo dejarlo pasar si no me dice quién lo manda".

-Son sólo libros, oficial, ¿cuál es el problema? -le dije, ya con tono de hartazgo.

-Por eso, ¿quién lo manda? Si no trae una carta firmada por bla bla bla bla...

-No traigo carta ni me manda nadie. Simplemente quiero regalar estos libros.

Al decir esto, me vio de arriba a abajo, con desprecio. Sacó un teléfono y marcó un número.

-¿Quién lo manda?, ¿cómo se llama usted?

Le dije mi nombre. El hombre volteó el gafete que tenía escrito el suyo al notar que mi vista se dirigía al documento que colgaba de su cuello.

-Le digo que no me mandó nadie. Nada más quiero donar estos libros.

-¿Y por qué o qué? ¿Quién lo manda?

-Son libros, oficial. Los estoy regalando. Los he repartido en las demás estaciones y nadie me la ha hecho de pedo.

-¡No me hable así!

-Pues es que no mame...

-¡No me hable así que ahorita mismo le hablo a una patrulla si no me dice quién lo manda!

-¿Y qué les va a decir: que me metan a la cárcel por regalar libros? No mame, señor...

Tomé mi bici y me fui. El guardia gritaba a mis espaldas que no huyera, que no fuera cobarde, que le hablaría a la policía. Yo seguí pedaleando. Fue un día muy divertido.

Faltará conocer la reacción de Conarte y de la Secretaría de Desarrollo Sustentable cuando se enteren que en sus estanterías hay libros que ellos "no autorizaron". De seguro su respuesta -de haberla- será favorable, pues no creo que su intención sea monopolizar la lectura. Aparte, no creo que tenga algo de malo o reprochable que un ciudadano común y corriente decida donar sus libros para el deleite de los demás. ¿O sí?
Por lo pronto este fin de semana iré a repartir más libros a otras 15 estaciones. 

lunes, mayo 12, 2014

Políticocorridos

Escuchando por pura curiosidad –o morbosidad– al tal Komander y su Movimiento Alterado, se me ocurrió una idea: ¿por qué no cambiar las letras de los narcocorridos y hacerlos “políticocorridos”? Es decir: en vez de cantar “Con cuerno de chivo y bazuka en la nuca, volando cabezas de quien se atraviesa, somos sanguinarios, locos, bien ondeados, nos gusta matar”, cantar: “Con permiso comprado y amparo otorgado, corrompiendo conciencias de quienes se dejan, somos descarados, somos bien marranos, nos gusta robar”. 

¿A poco no está bien chingona mi idea? Si el salvajismo y cinismo del crimen organizado ya se volvió una expresión artística, ¿por qué no hacer lo mismo con la vileza y desfachatez de los criminales de cuello blanco?

Es en serio lo que les planteo. ¿Por qué no enaltecer las corruptelas de los funcionarios públicos deshonestos a ritmo de banda y rimas ingeniosas?; ¿por qué no alabar sus andanzas ilegales y excesos como si fueran héroes? ¿Cuál sería la diferencia con los narcocorridos?

Porque, digo: si los cantantes y defensores de este género musical dicen que sólo retratan la realidad de México –como si hiciera falta que nos la recordaran– y aseguran que sus letras no son el problema, ni hacen apología de la violencia, ni del crimen, ni provocan muertes, ni influyen en la mente de los jóvenes: ¿por qué no componerle corridos adulatorios a porros, líderes sindicales, burócratas y políticos inmorales? ¿Qué tendría de malo?

Sí, tal vez uno que otro miembro de algún partido político o los burócrata de alguna  institución pública pondrían el grito en el cielo y se ofenderían y considerarían las letras "difamatorias", pero, la verdad, yo nunca he sabido de sicarios, pozoleros, dealers, cocainómanos o capos indignados por las letras de los narcocorridos. Nunca. Al contrario.

Si como ciudadanos toleramos los narcocorridos y hasta jocosas expresiones culturales nos parecen, ¿qué sentiríamos al escuchar canciones donde nos aseguran que quien no transa no avanza? ¿Qué emociones nos invadirían al escuchar letras que narran cómo algunos funcionarios públicos pueden comprar la justicia y tener la ley siempre de su lado, y el ciudadano común y corriente no? ¿Qué pensaríamos si nos restregaran en la cara que con nuestro dinero se compran ropa "de marca", relojes de oro con diamantes, coches de lujo y viajes a destinos exóticos; y, aparte, que los intérpretes lo justificaran diciendo que "sólo es un retrato de la realidad", o que "es sólo una expresión artística" y que "sus letras no son el problema ni hacen apología de la ilegalidad".

Y me surgen más y más preguntas cada que pienso si existiera este nuevo género musical: ¿tendría el mismo éxito que los narcocorridos?; ¿sus letras serían consideradas una crítica al sistema o nomás un retrato fiel de la realidad?; ¿las censurarían?; ¿sus seguidores verían como héroes al Profesor Hank González o al ex gobernador de Tabasco así como ven como héroes a los sicarios que descuartizan y "andan empecherados y en caravanas, prestos pa´ levantar"?; ¿o no es tan emocionante ser un bandido de traje y corbata que está en una oficina como ser el que se mancha las manos de sangre accionando armas de grueso calibre? 

No sé. Creo que sería un buen experimento crear un Movimiento Alterado con letras referentes a la política nacional. ¿O ustedes qué piensan?

martes, mayo 06, 2014

Higos

La higuera del patio de mi casa ya está dando higos. El limonero ahí la lleva, pero todavía están muy pequeños sus limones; son como los de Paris Hilton, que ya quisiera tener las chichis del tamaño de mis higos. Del ciruelo y del guayabo, ni sus luces; no veo para cuándo. Y al decir esto último me siento como esos señores a los que les urge ser abuelos, nada más que yo reprochándole a dos de mis árboles por no darme frutos aún. 

lunes, abril 28, 2014

El río que cruza la ciudad

Pocos regiobelievers están enterados de la riqueza biológica del río Santa Catarina, cuyo cauce corre entre dos de las avenidas más importantes y transitadas de Monterrey: Constitución y Morones Prieto. Ignoran la importancia vital de este afluente porque pasa lo mismo que con las montañas: las ven ahí a diario que no reparan en todo lo que sucede en ellas.

El Santa Catarina siempre se ha pensado como un río seco, un torrente que cuando lleva agua provoca tragedias, un negocio de unos cuantos y un vertedero de desperdicios de todo tipo; pero nunca lo han visto como un ecosistema complejo que ha sabido sobrevivir a pesar de la mano del hombre.

Hubo un tiempo en el que, sobre los parajes yermos del río, había juegos mecánicos, ciclopista, estacionamientos y hasta canchas de futbol de pasto sintético. Fue en  1988 y en el 2009 que  la ciudad de Monterrey fue golpeada por dos potentes huracanes –el Gilberto y el Alex– que barrieron con todo lo que en su cauce había, provocando que el caudal se desbordara y ocasionara destrozos y muertes debido a la mala planeación urbana.

El tiempo pasó, la ciudad se reconstruyó y el futuro del río Santa Catarina sigue siendo un enigma; al menos para mí. No sé si lo canalizarán –gran pendejada–, no sé si volverán a construir canchas de fut u otra ciclopista; ignoro también si lo explotarán –en el mejor sentido de la palabra– como atractivo turístico o lo aprovecharán como pulmón natural de la ciudad, pero ojalá sean estas tres últimas.

Desde hace tiempo quería pedalear por ahí. Es difícil acceder a él, pues la entrada más viable y segura estaba dentro del Parque Fundidora, pero ya pusieron una barda de concreto que impide el paso. Al Santa Catarina no se puede llegar a pie o en bicicleta sin correr el riesgo de ser atropellado, pues las avenidas que lo bordean las han convertido en carriles de alta velocidad. Para entrar al afluente de manera segura hay que hacerlo en coche, por donde entra la maquinaria pesada del gobierno a hacer sus obras de reconstrucción.

El pasado fin de semana por fin logré pedalear por los alrededores del río. Entré por un puente peatonal aparentemente abandonado que está a la altura del Parque España y da a una parte del río que parece lote baldío. Pedaleé todo el día y quedé maravillado con lo que vi. 

A pesar de que hay tramos tristes, con descargas pestilentes de residuos líquidos y vertederos de escombro, hacia el municipio de Cadereyta, con rumbo al aeropuerto, el río es un oasis casi impenetrable; un bosque ripario de abundante flora y fauna endémica.

Gracias a mis escasos conocimientos de botánica regional pude distinguir sauces, sabinos, retamas, huizaches, anacahuitas, ricinos y girasoles. También vi garzas blancas, patos, tortugas, mojarras, sardinas, martines pescadores, ranas, conejos, lagartijas y unas garzas negras que más bien parecían ibis. En algunos tramos el agua es tan cristalina que hasta se antoja beberla o meterse a nadar. A continuación, algunas fotos: 
Una garza blanca sobrevolando el lecho del río.
Un martín pescador posando en una piedra.
Yo, bien intrépido, snif.
Hubo unas partes en las que de plano ya no pude pasar con la bicicleta, de lo tupidas de vegetación que estaban, y pues me quedé con ganas de explorarlas y tomar fotos; pero algún día de estos volveré (agita el puño en el aire).

Y sí, chavos y chavas: ojala a la sociedad y a la autoridad algún día la cabeza les dé para comprender que el río Santa Catarina es un habitante más de esta metrópoli, tal vez uno de los residentes más antiguos, como las montañas; un ser vivo que respira y palpita al ritmo del corazón de todos los regiomontanos.

NOTA: discúlpenme, pero tuve que cerrar con esa frase tan cursi para llegarle a los regiobelievers, que sólo saben de trabajo, más trabajo, progreso, modernidad, edificiotes, partidos de fut y cosas que se compran con dinero.

jueves, abril 24, 2014

¿Ciclovía regia?

Ayer el gobierno del estado entregó un proyecto urbano que cuenta con una plaza "multimodal" que une al Barrio Antiguo de Monterrey con la colonia Independencia. Ignoro si la ciclovía tendrá más kilómetros, si pasará por más lugares, si pretenden conectarla con la del municipio de San Pedro -que tendrá más de 100 kms. de carriles-, si es funcional para quienes pretenden moverse por la ciudad en bici o es sólo con fines recreativos. Lo poco que vi del proyecto la semana pasada que anduve por ahí paseando, me gustó. Tendré que ir el fin de semana a recorrerlo todo -y a tomar más fotos- para juzgarlo. 
Neta que deseo de todo corazón que sea un gran proyecto, que la gente lo aproveche y lo cuide, y que no quede en el abandono con el cambio de administraciones y colores partidistas. 

Ojo: que desee todo esto no quita que siga odiando a los pinches Regiobelievers.

martes, abril 22, 2014

Caricaturas varias "in inglich"

Hace un mes mandé una solicitud a una agencia holandesa que distribuye cartón político de algunos caricaturistas a diversos periódicos de Europa. Les gustó mi trabajo y a los 15 días me aceptaron y me mandaron un freelance contract. Aquí les dejo algunos cartones que me han rechazado, para que no queden en el limbo.




Y en otras noticias, participé en un concurso y gané el primer lugar en la categoría "Ideas Verdes".
Aquí hay más información sobre los ganadores de las otras categorías.

Y esto ha sido todo por hoy. Saludos.

lunes, abril 14, 2014

Los Regiobelievers

Hay de regiomontanos a regiomontanos, pero la especie más nefasta y dañina que existe es la que he bautizado con el nombre de Regiobelievers.

Para los que no son tan cultos como yo, les explico: un belieber que viene de believer: "creyente", en inglés es un fan del mentado Justin Bieber; uno de esos seguidores psicópatas que berrea en los conciertos y amenaza con rebanarse las muñecas si el cantante no le avienta sus trusas faroleadas para olerlas.   

Pues bueno: un Regiobeliever es algo similar a esto, pero con un amor/obsesión enfermizos por la ciudad de Monterrey, sus usos, costumbres y vicios.

Un Regiobeliever no puede escuchar o leer una crítica objetiva sobre su ciudad y su gente porque de volada se ofende y se lo toma personal y te dice que de seguro tú no naciste ni has vivido en Monterrey, y que de seguro has de ser un pinche indio de San Luis o de Oaxaca que le tiene envidia, o, peor tantito: que eres un chilango naco y mantenido... Ah, sí: y que si no te gusta la ciudad, te largues.
Como podrán darse cuenta, el Regiobeliever es de pielecita muy sensible, sentimientos desbocados y cerebro muuuuuy limitado.

Así son ellos, pues sufren de fuertes alucinaciones producto de esa fijación enfermiza por sus raíces norteñas y su inexistente cultura, metida con calzador por la televisión chatarra, las grandes empresas, el gobierno y la cercanía con los EUA; lo que provoca que estos simios desarrollen una ceguera y una sordera severas, que desembocan en un nacionalismo extremo y en una soberbia tan grande que creen que el resto de México no existiría sin ellos. 

Los Regiobelievers en verdad creen que Monterrey es la nación soberana e independiente del trabajo duro, el dinero abundante, el progreso, la modernidad, el futbol, la carne asada y la cerveza; el reino que mantiene al resto del territorio, que, según ellos, está infestado de huevones mantenidos que no saben asar un pedazo de carne porque “nomás estiran la mano y agarran un plátano; estiran la otra y agarran un mango; tiran un hilo y sacan un pez”.

Y sí. Si de algo se jacta el Regiobeliever es de ser muy trabajador, por lo tanto, desprecia al pobre o al frugal, pues lo cree holgazán. "Si algo sabemos hacer los regios, es trabajar", chilla a los cuatro vientos el Regiobeliever, como si en ninguna otra parte del mundo la gente trabajara duro; como si los niños que sacan diamantes en minas africanas o los que bordan tenis Nike en las maquiladoras no trabajaran duro. Es más: ni los japoneses son tan trabajadores como los Regiobelievers. 

Con un Regiobeliever no puedes criticar el tema laboral porque se encabrona. Tienes que decir: "Aquí, dándole: no hay de otra", o: "Aquí en chinga, como siempre", o: "Aquí: correteando la chuleta". No te quejes del trabajo; no le digas que la mentada cultura del esfuerzo y la frase de "no hay crisis que aguante 12 horas de jale" fueron inventadas para explotarlo. Tampoco le digas que ese orgullo laboral y esa filosofía de "traer bien puesta la camiseta" lo inventaron para poder exprimirlo sin que se queje, porque si se lo dices, de seguro le tienes envidia porque "eres un jodido" o "un hambreado" o parte del "infelizaje".

Lo más curioso es que habiendo tanta gente taaaaan trabajadora, la ciudad esté cada vez más jodida, más endeudada, más sucia, más embotellada, más irrespirable y más ignorante. Pero bueno, esto ha de ser porque todo el dinero que ganamos con nuestro trabajo de sol a sol se lo mandamos a los huevones del sur, ¿verdad, mis Regiobelievers? 

Que si somos entrones, que si somos luchones, que si decimos las cosas como son, que si hablamos cantadito pero no estamos enojados, que si nomás nosotros sabemos asar carne, que si somos la mejor afición de México, que si los grandes empresarios, que si La Sultana del Norte… Puras mamadas. En serio: no puede ser que no podamos presumir algo digno. ¿El futbol?, ¿los corridos que hacen apología al desamor y al alcohol?, ¿la gran empresa cervecera que fabrica cerveza que no sabe a nada?, ¿la carne? Chale: incluso Sonora tiene mejor carne que nosotros, y no se la pasan mame y mame con eso. Neta que no podemos presumir de ser cultos, educados, ahorradores, modernos, tolerantes, ecológicos ni de algo que aporte algo al mundo. Si pudiéramos, otra ciudad sería. Somos una "cultura" que no le ha aportado nada bueno a nadie. O díganme ustedes qué.

En conclusión, los Regiobelievers están loquitos y son muy peligrosos; por lo tanto, nos toca a los inconformes quejumbrosos salvar esta ciudad. Así es que si el escrito te ofendió, de seguro eres un Regiobeliever, y antes de decirme que si no me gusta la ciudad me largue, yo te hago la misma invitación: si esta ciudad te gusta tal y como es, ¡rúmbale al chorizo, maldito mediocre! El que se tiene que ir de aquí eres tú, no yo. El cáncer social eres tú, no yo. Lárgate de aquí, hijo de tu retiznada madre, y déjanos trabajar a nosotros, los soñadores inconformes que queremos una ciudad mejor; que visualizamos algo así como Copenhague, Vancouver, Ámsterdam, Estocolmo, Viena, Zurich, Auckland, Punta del Este o, incluso, Austin. 
¿Te da risa mi comparación de Monterrey con estas ciudades de primer mundo?, ¿te parece descabellada o ridícula? Obvio: eres un mediocre que no aspira a algo mejor, por lo tanto, tienes que irte lo antes posible, para que dejes de provocar tanto daño.
¡Órale, júchile a la verga! 

jueves, abril 03, 2014

Ando muy ecoloco

Convertí un viejo especiero en un modernísimo macetero. Y no, no me salió vagina.
Estas plantitas moradas -no recuerdo su nombre- se reproducen como plaga de zombies. Están buenas para adornar botellas o cubrir rápido espacios donde sólo hay tierra. No necesitan cuidados especiales (echarles agua dos o tres veces por semana no cuenta como "cuidado especial", es algo lógico). Se dan tanto en sombra como en luz. Basta con arrancar un tallo y ponerlo en la tierra -ni siquiera enterrarlo- para que a las dos semanas broten más. O será que yo tengo muy buena mano para esto de la jardinería; no sé.

Después, ya entrado en esto de la onda de la cultura del reuso, construí una elegante mesa con un viejo vidrio, cajas para verdura -conocidas como "huacales"- y cinchos. La puse en la terraza y la bauticé como La Mesa Verdulera.

Vean cómo de cuatro focos que puedo poner en la pared, sólo tengo uno. No por tacaño, sino porque no creo que necesite cuatro focos.
Ya por último: quería hacer una parrillada en el patio, pero una tortolita decidió anidar en el limonero y no quiero molestarla. La parrillada tendrá que esperar... o podría hacerla en la terraza y estrenar La Mesa Verdulera.
No tomé la foto de más cerca porque, como ya lo dije, no quería molestarla.