viernes, febrero 14, 2014

Construcciones absurdas de mi ciudad

Ese puente peatonal no estaba ahí hace un año.

Sí: acepto que les quedó muy bonito, muy moderno, muy bien hecho; con dos rampas largas de un lado y otras dos del otro, con inclinaciones en ángulos agudos, comodísimos para que los peatones no se fatiguen subiendo escalones y quienes usan bicicleta o silla de ruedas puedan cruzarlo sin problemas. 

Mi única duda es: ¿por qué chingados construyeron la estructura justo en donde hay un semáforo y un paso de cebra?

Cuando no estaba ese puente la gente atravesaba la calle sin ningún pedo; ah, pero ahora, para obligarnos a usar la estructura de metal azul y concreto, pusieron una malla ciclónica a lo largo del camellón que divide la avenida onda Muro de Berlín, para que sea imposible cruzar por abajo. ¿Así o más absurdo?

Y como este puente hay un chingo por toda la ciudad.

Sí, qué paike que indirectamente están provocando que los ciudadanos caminen más, pues necesitamos individuos atléticos y sanos para prevenir la obesidad y la diabetes y los infartos y bla bla bla; pero, si a cada puentecito le meten entre 100 y 200 metros lineales, ¿por qué mejor no dejan de construirlos en donde no se necesitan, los juntan todos en línea recta de un solo lado de la avenida y los convierten en ciclopistas elevadas? Juntando diez o doce de estos puentes inútiles tendríamos dos kilómetros de carriles recreativos para ciclistas, en vez de andar enrejando camellones para impedir el paso, como como si fueran la RDA.

Es en serio, autoridades municipales: si están haciendo un gasto inútil, háganlo útil; hagan lo mismo, pero denle otro sentido. Los ciudadanos lo agradecerán y los odiarán menos. Háganle caso a alguien que quiere odiarlos menos.

jueves, febrero 13, 2014

Nana de aves

Un amigo me encargó cuidar un par de cardenales mientras viaja por Italia con su esposa.

Mi casa es algo fría y no tengo calentador de gas, por lo que decidí poner la jaula sobre el horno de microondas y abrir la persiana para que la luz del sol les pegue directo durante la tarde. Por las noches cubro la jaula con una toalla -como me lo indicó la mujer de mi amigo- y enciendo un rato una de las hornillas de la estufa.

Ayer le mandé un mensaje:

-Me da mucha pena, pero uno de los pajaritos amaneció muerto y el otro está muy triste. No ha comido.

Mi amigo respondió horas después:

-No te preocupes. Mi mujer se puso medio triste, pero no pasa nada. Such is life.

Salí al patio, abrí la jaula y las aves volaron libres en una de las tardes más soleadas que nos ha dado febrero.

lunes, febrero 10, 2014

Rabos

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Retropedia: La Isla de Kolitas.

P.D. A todos los que el fin de semana pidieron libros, separadores, postales y playeras del Escuadrón Retro, les aviso que haré los envíos mañana martes al medio día.
Muchas gracias.

viernes, febrero 07, 2014

Fauna marina retro

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Retropedia: Dulces PEZ

Todavía quedan paquetes de libros, separadores, postales y playeras. Hagan sus pedidos en guffo76@hotmail.com

Buen fin de semana.

miércoles, febrero 05, 2014

Condenado a la extinción

Con frecuencia escuchaba hablar sobre un tipo al que metieron a la cárcel hace como 12 años. Es –o era– amigo de un conocido que, cada que me lo topaba, mencionaba la anécdota de “su amigo que está en el bote” como si fuera lo más interesante que le hubiera sucedido en la vida.

Al encarcelado yo lo conocía “de oídas”, como dicen, debido a la mala fama que tenía cuando era morro (y porque esta ciudad no deja de ser un rancho en el que la mayoría de las personas se conocen).

El susodicho era el típico adolescente clasemediero que iba a las fiestas de quince años a hacérsela de pedo a los chavitos que “se le quedaban viendo feo”. Era el vato mayor que iba a ver a su novia a la prepa acompañado de una bola de amigos malandros que buscaban pleito nomás por buscar pleito, y era también el que se robaba la pistola que escondía su padre en un cajón y la sacaba por la ventana del copiloto para asustar a los conductores.

Todo esto fue hace años; antes de que Monterrey se convirtiera en la triste ciudad temerosa y asolada por el crimen que es ahora. Digamos que en aquella época se habían sembrado las semillas de la nefastez pero todavía no se cosechaban sus frutos.

Hubo un tiempo algo prolongado en el que no supe nada de esta persona, hasta que me enteré –por los medios y el conocido que lo idolatraba– que lo habían metido a la cárcel. A “La Grande”. A Almoloya.

Nunca supe bien a bien por qué fue que lo encerraron. La nota en los periódicos locales de aquel día decían que el tipo había matado a un reconocido –y fraudulento– abogado, al que habían encontraron maniatado y con un tiro en la cabeza dentro de la cajuela de su lujoso coche, abandonado en una brecha en donde ahora hay un fraccionamiento con residencias de clase media alta.

Sus allegados –o quienes decían conocerlo– aseguraban que "él sólo vendía drogas y robaba coches” (¡ah, menos mal!), pero que lo habían inculpado "para no culpar" a quien en verdad había cometido el asesinato del jurista. Se decían muchas cosas, pero nadie decía en realidad nada; todas eran historias a medias y teorías que pretendían blanquear algo turbio, pero a mí la verdad me tenía sin cuidado. Confieso que incluso la noticia de su encierro me dio mucho gusto, por la famita de hijo de puta que se cargaba. Fue algo así como que "tranquilizante".

Y pues resulta que el fin de semana me topo con el cabrón éste que siempre presumía a “su amigo el que está en el bote” y me platica que lo liberaron hace un par de meses (si estás leyendo esto, por favor no vengas a matarme, snif).

Me entero también que ya tiene un trabajo como “contratista” en una constructora "de renombre" (pero nadie sabe en cuál). Quesque es "el contacto” entre la constructora y el gobierno para “proyectos grandes” (pero nadie dice qué proyectos). Me entero que irá al Mundial de Brasil 2014 de vacaciones y que trae una camioneta de modelo reciente.

Me entero de todo esto y no comprendo nada. No comprendo cómo un tipo que no tiene carrera universitaria y pasó más de una década encerrado en una prisión de máxima seguridad mexicana, acusado de asesinato, consiga trabajo así de fácil, mientras millones de personas que han llevado vidas honestas batallen para conseguirlo; y, si es que lo consiguen, por lo general son trabajos culeros con salarios de mierda. ¡Y este güey ya hasta al Mundial se va a ir! Increíble que en dos meses hizo lo que nadie hará en años. Pero bueno...

Y me caga que cuando pido explicaciones concisas, precisamente porque no entiendo nada –y hasta me indigna que suceda esto–, nadie las da. Cuando pido respuestas creíbles, nadie las tiene. Todos se tragan la historia "de éxito" de que salió de la cárcel y se puso a trabajar honradamente con "los contactos que hizo estando encerrado" y "los programas del gobierno para ex reos". Puras verdades a medias con tintes fantásticos transmitidas por interlocutores que parecen actuar con secretismo.

Parecería que no es de mi incumbencia, pero en verdad necesito una explicación. La necesito porque de eso depende la permanencia de muchos. Que me digan cómo opera esto. Una respuesta razonable y sincera; que se hablen al chile para al menos no sentirme tan mal. Porque ante estos casos de "éxito", hasta incompetente y huevón se siente uno. Necesito algo para comprender lo que le espera en el futuro a las personas como yo en una sociedad como la actual: podrida, corrupta, carente de valores y de disciplinas artísticas; donde apremian al más inculto, al más incívico, al más despiadado y a quien se mueve en terrenos pantanosos.

En el fondo conozco la respuesta. Sé la explicación. Pero es aterrador conocerla. Es aterrador porque te das cuenta que individuos como tú y como yo, en sociedades como ésta –y según la teoría evolutiva de Charles Darwin–, están condenados a la extinción.

martes, enero 28, 2014

Un montón de revistas Playboy

Nunca fui un niño popular. A pesar de ser extremadamente guapo y encabronadamente sexy –me lo dijo una vez el cura de la iglesia del barrio–, no era de personalidad extrovertida, no era el deportista estrella, no me gustaba ir a las piñatas de mis amiguitos ni tenía en casa la consola de videojuegos más moderna del mercado, snif. 
Por desgracia, saber dibujar y tener un padre veterinario que trabajaba en un zoológico tampoco eran razones suficientes para acceder al menos a una pizca de la popularidad de la que gozaba el insípido Cesarín, del programa Papá Soltero

Ah, pero tenía esto:
Bueno, yo no, mi padre fue quien las coleccionó –y acumuló– a finales de sus veinte y hasta sus treintaytantos, obviamente por los artículos tan interesantes que en ellas se publicaban y no por las fotos de esos bellos pedazos de carne llenos de bolas (hay que darle algo a las feminazis para que se enojen, jejeje).

Las famosas revistas de viejas en cueros siempre estuvieron a la vista, apiladas en el estante de abajo del librero de madera que cruzaba de pared a pared la biblioteca, una de las habitaciones más concurridas de casa de mis padres.

En la biblioteca había también un televisor –ay, las ironías de la vida–, un Intellivision y muchos cartuchos de juegos. Nunca comenté con nadie la existencia de las revistas. Cada que mis amigos iban a la casa a jugar tenía que disimular los nervios que me causaba pensar que llegaran a descubrirlas. A pesar de que mi padre nunca las escondió –ni siquiera por mis hermanas– ni me prohibió verlas, me daba algo de "miedo" hojearlas; ya saben, esa sensación estúpida que nos inculcan las sociedades hipócritas de pensar que se está haciendo "algo malo" para tenernos viviendo llenos de culpas y complejos.

En fin, les decía que nunca les comenté ni a mis amigos de la escuela ni a los de la cuadra la existencia de las Playboy, hasta que la curiosidad de uno de ellos dio con las revistas. En cinco segundos el Intellivision quedó en el olvido y ya había tirados en el piso un montón de mocosos repasando las curvas de las playmates con los ojos desorbitados.

Y de ahí mi popularidad se extendió.

Todos querían venir a jugar a mi casa: los hermanos mayores de mis amigos, los niños de otras escuelas, los de otros barrios... Yo me ponía bien nervioso cuando se invitaban solos. "Eh, nos dijeron que tu papá tiene revistas porno. Vamos a verlas". No sabía cómo decirles que no, y les daba chance de que las vieran un ratito con la puerta de la biblioteca cerrada con seguro, pero todo el tiempo estaba con el terror de que las fueran a maltratar o no las dejaran en el mismo lugar o se las fueran a robar o les fueran a arrancar alguna página para llevársela de recuerdo o, lo peor: que mis padres nos descubrieran con las manos en la masa... o en los huevitos lampiños.

Me acuerdo que una vez, sudando de los nervios, les dije a un amigo de la secundaria:

-¡Eh, ya vámonos. Ya deja ahí las revistas, pinche enfermo!

Y me respondió: “

-Ah, chinga: si el que las compró fue tu papá.

Buena madreada. Épica, diría yo. ¡Snif!

La cosa es que mi padre se quiere deshacer de su colección de revistas pornochas y las anda vendiendo y me pidió de favor que las ofreciera por este medio. Son 75 revistas Playboy gringas. Hay desde el año 75 hasta el 86. Están en buenas condiciones. El desgaste natural del papel después de 30 años.

Hay portadas de Kathleen Turner, Goldie Hawn, Bo Derek, Brooke Shields, Madonna y hasta una con Steve Martin.
Hay escritos de Stephen King, Gore Vidal, Arthur C. Clarke, Ray Bradbury y demás chingonazos. Cartones del mítico Art Spiegelman, Harvey Kurtzman y dibujantes del New Yorker. Les digo esto porque, pues, todos sabemos que el Playboy se compra por sus artículos y no por otra cosa. 

La revista más antigua es de septiembre de 1975:
La más “nueva” es la de noviembre de 1986, con Brooke Shields en la portada.  

Según mis refinados gustos, la mujer más guapa que vi en todas las portadas, fue ésta:
El ejemplar que trae a Madonna en la portada viene con fotos de la cantante con pelos en los sobacos, repito: ¡pelos en los sobacos! Ah, y un changuito entre las piernas, muy raro...
Si les interesa el montón de revistas, hagan una oferta o mándenme un correo a guffo76@hotmail.com, y les paso más información. ¡Saludos!

martes, enero 21, 2014

Pinball

Como la mayoría de los niños, yo también fui muy aficionado a los videojuegos, devoción enfermiza que perdí por ahí de los dieciséis años: cuando descubrí el sexo con animales de peluche. ¡No es cierto! Tenía diecisiete. 

Fue durante mi infancia ochentera cuando comenzaron a aparecer las primeras consolas caseras, cuyas gráficas necesitaban de muchísima imaginación para ver naves espaciales o jugadores de fútbol en donde sólo había cuadros deformes que se movían. Por esta razón –creo yo– una de las actividades más recurrentes de los chamacos de mi generación –aparte de coleccionar calcomanías Rascahuele y llenar Magicuentos– era ir a los centros comerciales a jugar “maquinitas”, término genérico que empleábamos para referirnos a los tragamonedas con palanca y botones dispuestos en lugares públicos y cuyos dibujos superaban por mucho la pedorrencia gráfica de los Ataris e Intellivisions

Me gustaban los arcades (como también se les conoce), pero tenía cierta debilidad por las máquinas de pinball. Me seducía la dinámica del tablero lleno de foquitos de colores, fierros cromados resplandecientes, bandas de hule, zumbidos, rampas y túneles; como si una pequeña ciudad estuviera encerrada en una caja rectangular con tapa de cristal. Se veía tan fascinante todo y a la vez tan rudimentario que sentía que podía construirme un aparato de esos en mi casa, con algunas maderas, alambres, ligas y focos de navidades pasadas, snif.

Y creo que parte del encanto de los pinballs radica en esa sencillez, pero también en que el desempeño y los resultados dependen más del azar, la fuerza de gravedad, la mecánica de sólidos y la ley de elasticidad de Hooke, no de la habilidad del jugador. 

Recuerdo que de niño alucinaba con que hicieran una película en la que un niño de mi edad se metía en una máquina de estas por la ranura de las moneda, y la trama era algo así como la película de Tron y la escena de Cazadores del Arca Perdida en donde Indiana Jones huye de una roca gigante. Como nunca nadie la filmó, pues yo la dibujé en un cuaderno cuadriculado que añoro encontrar... así como añoro el día en que pueda tener una maquinita de pinball en mi casa, snif.

miércoles, enero 15, 2014

El tema de los grupos de autodefensa en Michoacán me recuerda mucho la historia de don Alejo Garza Tamez. ¿Se acuerdan de ella? 

Don Alejo fue un supuesto empresario neoleonés y experimentado cazador septuagenario que una noche de noviembre del 2010 se atrincheró en su rancho para combatir -él solo- a un grupo de criminales que había amenazado con quitarle su propiedad.

Cuenta la leyenda –y Wikipedia– que antes de ser alcanzado por las esquirlas de varias granadas, don Alejo tuvo un cruento enfrentamiento a tiros con los delincuentes, matando a  cuatro de ellos y dejando heridos de gravedad a dos, lo que provocó que el resto huyera desbalagado antes de que el ejército llegara.

La acción de don Alejo fue nota de primeras planas en periódicos nacionales y tema de varios noticieros y reportajes. La sociedad civil, con ayuda del amarillismo de los medio de comunicación, elevó a este señor casi casi al nivel de héroe nacional, pues el momento histórico que atravesábamos –la celebración del mentado bicentenario se prestaba para saciar un poco la necesidad de identidad patriótica que siempre nos ha caracterizado.

No sé ustedes pero yo nunca me tragué del todo el cuento de don Alejo. De hecho escribí un post al respecto hace casi cuatro años, por el que, cabe mencionar, recibí toneladas de insultos en mi correo electrónico por mi atrevimiento e incredulidad. Pero en fin.

A lo que voy es que la situación que se vive en Michoacán con lo de los grupos de autodefensa me recuerda mucho el caso de don Alejo. ¿Por qué? Pues porque me acuerdo que todos -sociedad y medios incluidos- aplaudieron la acción de este señor como "un acto de dignidad y valentía", pero a los grupos de autodefensa que prácticamente están haciendo lo mismo que hizo Garza Tamez los están equiparando con criminales.

Es obvio que quienes están en el poder prefieren criminales organizados a sociedades civiles dignas y organizadas, pues estas últimas tienen el poder de exhibir a las autoridades incompetentes y abusivas. A los criminales tan fácil como comprarlos y ponerlos de su lado.

Las autodefensas ridiculizan al gobierno federal, estatal y municipal porque hacen el trabajo que ellos deberían de hacer, por eso creo que prefieren dudosos héroes espontáneos, como don Alejo, pues no calan, no encienden la mecha, no representan un gasto, no bloquean vialidades y uno no se entera de ellos hasta que mueren; son casos aislados, son daños colaterales de una guerra inventada y sus hazañas quedan en bonitas historias que nadie se atreve a repetir porque, aunque se tenga muy poco, se tiene algo que no se está dispuesto a perder.

Pero ya para que una sociedad tome las armas y se eche a los delincuentes, al gobierno, a los medios, a otros miembros de la sociedad y al ejército en su contra, es porque las cosas están de la megarechingadísima. Cuando la violencia es la única opción ya no para ser escuchados, sino para sobrevivir hemos retrocedido a la época de las cavernas e incluso la hemos superado. No hay nada de nada.

Lo más triste de lo que sucede en Michoacan es que pareciera que la gente no tiene opción: si dejan las armas, los matan; si no las dejan, también.

Esto es México. Una carrera para salvar nuestra vida entre muros que se desmoronan a propósito.

Y aquí les dejo una entrevista con el escritor y periodista Arturo Pérez-Reverte, que algo tiene que ver con el tema.

viernes, enero 10, 2014

Coprodiversión

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Si no me creen que este cachivache cagón existía -o existe-, aquí está la Retropedia para corroborar que sí:

Y recuerden el paquete de año nuevo por $150 pesitos: libro del Escuadrón Retro autografiado, 10 separadores de La Neta del Planeta y postal pro árboles. Ya incluye gastos de envío. Si quieren el paquete con playera (me quedaron algunas del FESTO), son $250 pesos. Manden sus correos a guffo76@hotmail.com para cualquier duda.

lunes, enero 06, 2014

Complejo de cura

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Si naciste en los años noventa, de seguro no sabes qué diablos es un tocadiscos (a menos de que seas un hipster). Aquí la Retropedia te saca de la duda.

viernes, enero 03, 2014

Burbujas justicieras

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Retroenciclopedia: tira inspirada en este juguete y en esta película.

Y por último les informo que hay un paquete especial de año nuevo. Libro del Escuadrón Retro autografiado, diez tiras/separadores de libro de La Neta del Planeta y una postal de conciencia ecológica por $150 pesitos. ¡Ya incluye gastos de envío!

Pueden comprarlo vía PayPal con el botón que está en el lado superior derecho de este blog o mandarme un correo a guffo76@hotmail.com

¡Muchas gracias a todos ustedes por regalarle otro año a este blog!
Paketaxo de inicio de año

miércoles, diciembre 25, 2013

Karma-shnikov

"Duermo tranquilo. La culpa es de los políticos, por no lograr llegar a un acuerdo y recurrir a la violencia", dijo en 2007 el recién fallecido Mijaíl Kaláshnikov, inventor del fusil AK-47. En cierta forma, creo que tenía algo de razón.

Pero no vengo aquí a debatir los motivos de las guerras, ni a exponer mi opinión sobre la violencia como un recurso para conseguir algo; tampoco a confrontar mis principios morales contra los de la industria armamentista (si es que ésta los tiene) y, mucho menos, a cuestionar la aparente tranquilidad de conciencia con la que vivió el señor este.

Quise empezar mi escrito con esa frase porque la noticia de su deceso me hizo reflexionar algunas cosas, sobre todo, acerca del llamado karma y ese halo de misticismo que lo rodea.

A como entiendo que opera eso del karma, el tal Kaláshnikov debió haber tenido uno muy malo –o lo tendrá en su “siguiente vida”-, pues inventó un arma que asesinó a miles de personas en todo el mundo.

Pero, ¿mal karma? ¡Para nada! Según las notas que leí, el señor Mijaíl murió pacíficamente, lleno de condecoraciones, a los 94 años de edad y millonario. Ah, y con la conciencia tranquila. Y, si el karma le llegara a cobra la factura en su próxima vida -suponiendo que esto exista-, ni nos enteraremos, snif.

Muchos dirán: “Tú no sabes, Guffo. No puedes estar seguro de que este hombre no haya sufrido durante su vida y haya tenido que pagar algo”. Ah, obviamente que no lo sé, pero posiblemente sufrió y "pagó" lo que cualquier otro hombre sufre y "paga" en vida porque, pues, así es la vida: decepciones amorosas, muertes de seres queridos, sueños que no se cumplen, injusticias, enfermedades, consecuencias negativas a causa de errores, arrepentimientos por malos fallos, etcétera; situaciones que -creo- nada tienen que ver con una energía difusa que premia o castiga a futuro según nuestro comportamiento. Somos nosotros y nuestras circunstancias; nosotros y nuestras decisiones.

O podrán ponerse del otro lado de la moneda y pensar: “¿Y quién te dice a ti, Guffo, que este hombre no le hizo un bien a la humanidad con su invento bélico; que tal vez con su rifle de asalto muchos pueblos pudieron defenderse de sus opresores y así alcanzar la libertad. Aparte, Mr. Kaláshnikov no fue quien apretó el gatillo y mató a toda esa gente; por lo tanto, el karma no se la cobró”.

Pues sí, puede ser. Pueden ser muchas cosas. Un chingo, de hecho. Razones absurdas para justificar algo como el karma -o cualquier otra creencia- siempre habrán.

Esto me recuerda el capítulo de El dragón en el garaje, del libro El mundo y sus demonios, de Carl Sagan, en el que –si mal no recuerdo- están dos weyes platicando y uno le dice al otro:

—En mi garaje tengo un dragón que escupe fuego.
—¡Enséñamelo!
Van al garaje y el dueño del animal fantástico dice:
—Aquí está el dragón.
—¿Dónde?
—Aquí. Lo que pasa es que es invisible.
—Pues entonces cubre de harina el suelo para que queden las huellas marcadas.
—Buena idea, pero es que mi dragón flota.
—Bueno, entonces usa un sensor infrarrojo para detectar el fuego invisible.
—Buena idea, pero el fuego invisible no produce calor.
—Entonces pinta con spray al dragón para hacerlo visible.
—No se puede porque es un dragón incorpóreo, por lo tanto, la pintura no se le pega.
Y así hasta el infinito de pretextos.
Suena bonito y justo eso del karma, pero desgraciadamente no existe. Si uno se porta bien con sus semejantes, ellos se portarán bien con uno por simple civilidad, no por karma; y a veces ni esto está garantizado. Si, es una regla social implícita que cualquier ser civilizado entiende, pero sabemos que no abundan mucho los seres civilizados, por eso añoramos una ley mágica que premie o castigue. 

Por ejemplo: si vas por la vida pateando perros, un día uno te va a atacar y te va a morder. No es karma: es probabilidad, es lógica; a menos que decidas patear puro perro pequeño, cuya tarascada sepas que no te hará daño; ahí ya estás siendo consciente de tus actos, estás midiendo las consecuencias. Posiblemente uno de esos perros no te haga nada, pero el dueño del perro sí; entonces sigues midiendo las consecuencias y calculando tus actos y es así como decides patear puro perro pequeño y sin dueño. Y así te la llevas, aunque eso no quite que tarde o temprano te topes con alguien que te dé "tu castigo" por culero; no por karma: por simple civilidad, porque a la gente civilizada no le cabe en la cabeza que alguien patee a un perro indefenso. 

Siento que vivimos en un mundo carente de valores y estamos obligados a actuar sin más guía que nuestra propia conciencia; que lo que determina nuestra naturaleza humana y nos define como individuos, son nuestros actos, y que estos actos también definen muchas veces lo que recibiremos; no por karma: por simple derecho natural. Por ser humanos. Por vivir aquí y ahora. 

jueves, diciembre 19, 2013

La oquedad de una noche con lluvia de estrellas

No me acordaba que conozco el significado de la palabra “oquedad”. Quizá porque nunca en mi vida la he empleado en frase, escrito o plática alguna; pero tal parece que hoy es buen pretexto para usarla.

La oquedad es el espacio que en un cuerpo sólido queda vacío; una cavidad; un hueco.

Me fascina que la palabra tenga tantas acepciones, desde las más obvias hasta las más profundas y filosóficas. La caries en el diente. Las burbujas en un vaciado de concreto. La cueva en la montaña. El agujero en el estómago donde a veces revolotean mariposas. La sensación de vacuidad universal.

El fin de semana fuimos a La Azufrosa, una pequeña localidad de aguas termales en el municipio de Ramos Arizpe, Coahuila, para ver una lluvia de meteoros: las Gemínidas.

Hacía mucho que no presenciaba un espectáculo de estos; desde las Leónidas de aquel 16 de noviembre del 2001, en Cuatro Ciénegas, también Coahuila. Un viaje que no olvido. Como no olvidaré este último.

Y se preguntarán que esto del viaje a qué viene al caso. Pues bueno. Resulta que tirado sobre una cobija en un claro del monte, pensé mucho en la oquedad. Vacíos que se llenan con más vacíos. Vacíos que adquieren significados. Vacíos que no se llenan con nada. Vacíos infinitos que se llenan con muy poco. Vacíos inventados. Vacíos del vacío de otro vacío.

A las cuatro de la madrugada un montón de estelas de luz comenzaron a trazar el cielo, creando una conexión inmediata con mi ser. Con el instante. Como si la noche penetrara por mis poros; como si pudiera sentirla respirando a mi ritmo cardíaco. Una atracción primitiva, similar a cuando uno está frente al mar o frente a una fogata. Un llamado ancestral y misterioso.

De pronto, la sensación de vacío. Pero no ese vacío típico de la condición humana que se caracteriza por la apatía, el aburrimiento, la desesperanza o la alienación social (bueno, tal vez un poquito de esto último sí). Me refiero a un vacío más apegado a lo que algunas filosofías orientales interpretan como un estado de realización, no de decadencia o pesadumbre. Un momento sin pensamientos, sin emociones, sin significados, sin opiniones, sin prejuicios, sin preguntas ni respuestas. Simplemente una conexión directa con la aparente oquedad del cosmos.

Al amanecer, me sentí pleno. Aunque fuera una sensación fugaz, como el inolvidable espectáculo de las Gemínidas. Ése sí será eterno en mi memoria.

viernes, diciembre 13, 2013

Día libre en viernes 13

Una de las pocas "tienditas de la esquina" que sobreviven en el barrio donde vivo, se surte de bolillos y teleras de una de las pocas panaderías que han sobrevivido a las cadenas de supermercados y farmacias que ofrecen este alimento como opción al "pan de caja". 

Me gusta comprar ahí el pan para prepararme mi famoso megalonche matutino, o, como tan creativamente lo llamo yo: La Monster Torta Desayu-uy-uy-uy-no (el uy-uy-uy se supone que debe denotar miedo, eh). 

El suave bolillo de la humilde panadería va partido por la mitad, lleva frijoles en bola, queso asadero y dos huevos estrellados; luego se mete un ratito en el horno eléctrico o se pone tantito en la plancha de la estufa. Queda poca madre. Si quieren hacer más batidero, pueden agregarle salsa. Yo, cuando ando más hambriento que de costumbre y pretendo contrarrestar los efectos colesterólicos de los dos blanquillos, le pongo rebanadas de aguacate y tomate. Es un espectáculo hermoso, snif. 
Y sí, yo sé: pensarán que qué platos tan adelantados a su época, que qué vajilla tan retro, que qué gustos tan kitsch o sepa el niñito Jesús qué piensen; la cosa es que ya casi todo lo que uso -combine o no combine con el mobiliario de mi casa- es reciclado. Como quien dice, soy un pepenador moderno (y muy guapo). No me importa si los cubiertos van con la vajilla o ésta no combina con la cocina, con los manteles o con los calzones de la pinchi madre del consumismo. Neta que no me importa. Casi todo en mi casa es de segunda mano y me siento muy bien, pues odio invertir mi dinero en cosas tan básicas e insignificantes pensando en que tienen que hacer juego a huevo con algo. Prefiero dejar a un lado la angustia que eso provoca en muchos de ustedes y mejor armar mi espacio con cachos de aquí y cachos de allá, aunque todo se vea capiroteado. De hecho, es la intención: que todo sea un collage de estilos e historias.

Lo anterior lo aprendí con el tiempo, leyendo -y viendo videos- sobre Pepe Mujica y otros hombres que practican la austeridad como estilo de vida; empapándome también de algunos textos sobre la obsolescencia programada, los efectos del consumismo desmedido y los sistemas capitalistas; conducta "rebelde" que vino a reafirmarse durante mi estancia en Canadá, donde vivía con menos cosas de las que ahora vivo -aunque la vida era más cara- y me sorprendía que la mayoría de la gente que conocí no desperdiciaba casi nada; eran muy frugales en sus hábitos de consumo, más precavidos "a pesar" de vivir en un país de primer mundo. Y pues dejó de hacerme clic el estilo de vida de muchos paisanos: casas de clase media con cuartos y muebles de sobra; comedores de ocho personas que sólo ocupan espacios muertos; lavabos y azulejos de precios excesivos; refrigeradores enormes que se aprovechan a la mitad de su capacidad; mesitas de cantera con vidrio para poner lámparas o adornos inservibles; puertas de madera con decorados tallados a los que hay que darle mantenimiento cada seis meses; vajillas y más vajillas que se amontonan porque sólo se utilizan en "ocasiones especiales"... Puuuras mamadas. Mejor regálenmelo o véndanmelo bara bara. Neta. Pero no lo tiren. Ofrézcanlo. Pendejo quien se ofenda si le ofrecen cosas de segunda mano. No acumulen chingaderas. No compren lo que no necesitan o le van a dar uso una vez al año. No tengan cosas de más. No es bueno.

Que practique esto no significa que ya no compre cosas. ¡Ni que viviera en la época de las cavernas! De hecho, hace poco fui a una tienda departamental y vi unas ofertas muy locas en el apartado de blancos, por lo que compré 20 cojines de a $50 pesos cada uno y un tapete de $900; y pues que me armo una sala de $1900 pesos. Y eso porque no sé hacer cojines ni tapetes, si no, yo mismo los hubiera hecho. Pero, ¿una sala de $1900? ¿En dónde la consiguen?
¿Mesitas de centro de cantera y vidrio para poner adornos de pewter?, ¿muebles de caoba para poner el estéreo y payasitos de papel maché? No, gracias. ¿Qué tal unas cajas de verdura del mercado de abastos? Aparte, se ven bien hipsters.
Y es así como poco a poco voy armando mi espacio.

Pero mi lugar favorito es el patio. Los árboles ya necesitan una podada "para que se vayan más pa´rriba", como dijo el jardinero la última vez que vino. El ciruelo, la higuera y el limón sobrepasan ya los tres metros de altura. El guayabo es el que sigue chaparro: no pasa los dos metros. "Así ni cómo treparse al guayabo, ¿verdá?", dijo el jardinero aquella vez. Me causó gracia. Y se preguntarán: "¿Por qué Guffo paga un jardinero si es tan austero y anticapitalista?". Pues porque no pienso comprar utensilios de jardinería que utilizaré una vez al año, porque prefiero darle el dinero a un hombre que sobrevive trabajando con vegetales y porque es muy mi pinche pedo.

La higuera ya perdió casi todo su follaje. Las hojas se endurecen en el piso; quedan retorcidas, como petrificadas. Me gusta salir a pisarlas o a triturarlas entre mis manos. Después, barro los residuos y los amontono en el pequeño círculo de tierra que rodea los troncos, como composta.

Así son mis días libres.

viernes, diciembre 06, 2013

Correos

A lo largo de casi diez años escribiendo en este espacio, he recibido correos electrónicos de todo tipo. Algunos de ellos, memorables; otros, entrañables. Aquí algunos ejemplos:

Los hombres que me adulan siempre aclaran que NO son gays. Relájense, vatos. Relájense, aflojen el ano y reciban... ¡¡¡no es cierto!!! Nunca he pensado que son gays aunque me digan cosas de amor homoerótico o tengan cara de Fabiruchis.
Una vez una lectora quería ponerse en contacto con mi mamá porque quería que su futuro hijo fuera como yo. ¿Por qué hacerle ese daño al pobre chamaco?, snif.
Una vez un güey se ligó a una morra fusilándose casi todos mis escritos. Fue descubierto y se la pasó el resto de su vida en casa de sus padres, haciéndole el amor al Compayito con cremita Lubriderm.
Quien te adula también aclara que no es lamehuevos. No le tengan miedo a la adulación, chavos; vieran qué bonita es. Malo cuando se es un pobre diablo y cualquier cumplido inflama tanto el ego que se despegan los pies del suelo.
Un estudiante de doctorado del Departamento de Estudios y Planificación Urbana del MIT, al que conocí por accidente, se puso en contacto conmigo años después para saludarme y para decirme que me convertiría en uno de los moneros más chingones de mi generación. Lamento haberlo defraudado, snif.
Hubo otros que amablemente me pidieron dibujos o poemas o fragmentos de mis escritos para conquistar -o reconquistar- morritas que disfrutaban de mi trabajo.
Me gusta que la gente me escriba diciendo que fue grato encontrar mi blog para enterarse que no son los únicos en el mundo que piensan o sienten como lo hacen. Me emociona que la gente esté despierta, que no piensen que están mal por no cubrir ciertos cánones sociales y no pretendan aparentar algo que no son por complacer a los demás.
Una vez hicieron un cortometraje inspirado en uno de mis escritos.
Gracias a este espacio me han caído propuestas de trabajo, entrevistas y fama efímera, snif.
Algunos seguidores de mi antiguo trabajo en Grupo Reforma después se hicieron seguidores de mi blog.
He recibido historias impresionantes, de gente admirable.
Me gusta conocer a mis lectores -nunca me ha gustado llamarlos "fans"-, aunque no me digan todo lo que sienten cuando estamos de frente. Pero bueno, supongo que para eso está el correo electrónico.
Me gusta que me digan que mis escritos son honestos, pues me recuerdan que lo que pienso y siento lo es.
No me gusta que me envidien, aunque sea "envidia de la buena"; prefiero que retomen lo que les gusta de mí y lo apliquen en su vida diaria.
Para algunos lectores, soy Guffo Wan Kenobi.
Que la fuerza esté con ustedes. Buen fin de semana.