martes, octubre 04, 2011

Abrí una cuenta de twitter (@GuffoCaballero) y, como diría el nefasto del Chapulín Colorado: ¡Síganme los buenos! (sí, ya sé que ese chiste lo han dicho veinticatorcemil millones de veces los twitteros, pero déjenme: soy nuevo en esto, snif).

Blogger ya me está dando algo de huevita porque últimamente no tengo mucho de que escribir. Tengo más de 1400 entradas en el blog (y en el cráneo, snif) que siento que ya me estoy ciclando en los mismos temas; por eso decidí cambiar un poco de "aigres", dejar de ser un Australopithecus y modernizarme, ¡unga, bunga!

Como quiera seguiré posteando por aquí, eso que ni qué... dejen nomás recupero la inspiración, así tenga que llegar en forma de Regina Orozco en camizón... ¡brrrrraaggghhh!

lunes, octubre 03, 2011

Fui al Zacatecas a ver al Filósofo de Cantina antes de tomar la decisión de abandonar el país.

No soy del tipo de personas que acostumbra pedir consejos -porque a veces me creo bien chingón y pienso que yo estoy bien y todo el mundo está mal-, pero por alguna extraña razón sentí la necesidad –o la desesperación- de escuchar algo reconfortante: algo que me reafirmara que tomaría la decisión correcta con todo y sus posibles consecuencias negativas y sus pérdidas. Necesitaba escuchar algo que no fueran ni mis corazonadas ni mi niño interior ni mi razón (que siempre me dan por mi lado en todo); algo que me quitara de tajo todos esos miedos e inseguridades que hace un par de meses aún tenía.

En la mesa del fondo, frente a un par de cervezas Superior, le compartía mi sentir al Filósofo de Cantina. De pronto el hombre me interrumpió levantando la mano y mirándome fijamente a los ojos, como si estuviera harto de escuchar lo que salía disparado de mi boca. Guardé silencio apenado, consciente de que en todo ese tiempo no lo había dejado hablar. Le di un trago a mi botella y entonces el Filósofo me dijo muy serio:

- ¿Cuál es tu fruta exótica favorita, Gustavo?

- ¿Qué?

- ¿Cuál es tu fruta exótica favorita?

- No sé… la guanábana… los lichis… ¿por qué?

- Ésta no es tierra ni de guanábanas ni de lichis. ¿Qué estás haciendo aquí?

Y sentí que todo cuadró de pronto con un ejemplo tan sencillo. Mejor no me lo pudieron haber dicho.

- Es como querer tener un cielo azul en una ciudad industrializada. Eso es imposible. Lo que te voy a decir te lo diré con todo respeto, Gustavo: aquí nada más te estás haciendo pendejo, y hacerse pendejo es una actitud hipócrita y más dolorosa que cualquier pérdida, como tú llamas a los cambios. Aquí uno solamente pierde cuando se muere, y a veces he llegado a pensar que hasta en eso salimos ganando.

El Filósofo de Cantina dio un breve sorbo a su cerveza y continuó:

- Ve a donde haya guanábanas y lichis. No pretendas quedarte aquí a cultivarlos. Ni el suelo ni el clima ni la geografía son propicios para que se den. La ciudad, la gente, la felicidad y los sueños que buscas no están aquí. No es suelo propicio para lo que deseas. Sería una estupidez que pensaras en quedarte aquí a “cambiar las cosas”; sería ocioso. Aquí, en esta ciudad, nada va a cambiar mientras haya tanto dinero y tan pocos valores.

El Filósofo de Cantina se quedó callado, mirándome. Pensé que le daría otro sorbo a su cerveza o que estaba esperando a que yo le dijera algo, pero no dije nada. El Filósofo me sonrió. No creo haberlo visto alguna vez sonriendo. O no de esa manera. Fue una sonrisa espontánea, casi paternal. Y me dijo:

- Deja de hacerte pendejo y ve a donde haya guanábanas y lichis. .

miércoles, septiembre 21, 2011

Sabía que tarde o temprano iba a convertirme en “parte de las estadísticas”. No es que lo estuviera esperando o decretando (para que no me salgan con sus jaladas de “la ley de atracción del pensamiento” los fans del libro El Secreto); simplemente observando la cantidad de negocios que han cerrado en los alrededores del nuestro a causa de las extorsiones de los criminales, por lógica no tardaba en tocarme a mí.

El martes, antes del medio día -y cinco minutos después de que salí del negocio a realizar unos trámites- tres hombres armados entraron al local de cajas, le quitaron su camioneta a una clienta, le quitaron sus pertenencias a quien atiende en el mostrador, preguntaron por el encargado o dueño del negocio, entraron a la bodega, entraron hasta mi oficina (cuidada ferozmente por el Cucho), removieron cajones, papeles, se llevaron un usb con tiras cómicas, escritos y fotos, algo de dinero… hasta el teléfono inalámbrico se llevaron.

La disyuntiva es: seguir yendo a trabajar bajo nuestro propio riesgo, dejar de ir a trabajar y morir de hambre, o defender lo nuestro como Don Alejo. Y vaya que es una disyuntiva muy cabrona. De hecho, yo la llamaría "trisyuntiva", pues ninguna de las tres opciones me late, snif.

Entre pagos a Hacienda, multas pendejas a Protección Civil por no tener un letrero de Alto Voltaje en la caja de los fusibles (pero los casinos operando sin salidas de emergencia y sin rociadores de agua), multas estúpidas a Ecología por tener un anuncio adhesivo en la puerta principal (pero otros mochando árboles para que se puedan ver los anuncios panorámicos), pagos a proveedores, descuentos a clientes y estos cabrones que llegan y te quitan a la mala, uno se queda en la calle en pelotas. Es como empezar de cero todos los días. Es caerse y levantarse, caerse y levantarse, hasta el infinito. O más bien es que te tiren y que se esperen a que te levantes para volverte a tirar, una y otra vez; y que, aparte, creas que "así es la vida".

Escribo este post –y prometo que será el último con amargura, pues ya ni eso me divierte- porque yo solamente quiero que me respondan “¿cómo?” Sí, díganme cómo y me quedo. ¿Cómo se lucha aquí?, ¿cómo se pelea?, ¿cómo se defiende lo que es nuestro? Díganme cómo, pero no me digan: ay, educando a nuestros hijos; ay, no consumiendo drogas; ay, siendo buenos ciudadanos; ay, sembrando arbolitos; ay, bla bla bla. No quiero escuchar ni leer las mismas pendejadas de siempre. Si de algo estoy hasta los huevos es de escuchar que “hay más gente buena que gente mala”. Ya les dije que eso es matemáticamente imposible viviendo como vivimos en esta ciudad. Es la gran pinche mentira que todos quieren tragarse para tranquilizarse y pensar que algún día todo estará mejor poniendo las cosas en manos de Diosito y de “los hombres buenos”. Es lo malo de ser un país tan pinche católico: casi todas las personas creen en cosas que no ven, y al creer en cosas que no ven, alucinan cosas que no son, como esa máxima de que hay más gente buena que mala, cuando se refleja todo lo contrario. Hay más jodidos, hay más hambrientos, hay más incultos, hay más necesitados y hay mucho, mucho, mucho dinero que se genera en los negocios ilícitos… hagan sus números y saquen conclusiones.

Cuando nos toque tener un fusil en la cabeza y gritemos ¡Libertad!, mientras jalan el gatillo, ¿será esa la dignidad y el acto heroico que todos esperan? Si es así, yo paso.

Ustedes luchen por lo que crean que vale la pena luchar. Yo no creo que valga la pena. No me gusta defender lo indefendible.

Prefiero vivir debajo de un puente en Estocolmo, aunque me cague de frío. Prefiero dormir dentro de en una alcantarilla de Montevideo o sobre la banca de un parque en Toronto, a esto. Prefiero ser indigente en Quito, vagabundo en Caracas o mendigo en Buenos Aires, a tener un coche, un negocio y una case de renta con todas sus ventanas y puertas con barrotes de protección. Cualquier cosa es mejor que vivir como aquí se vive.

Estaré algunos días fuera de la ciudad. Pero regresaré, pues tengo que seguir con algunos trámites y citas. Trataré de dejar algunos cartones programados. Nos leemos luego.

lunes, septiembre 19, 2011

Posiblemente ésta sea la decisión más difícil que he tomado en mi vida, y espero no tener que tomar decisiones así el resto de ella. No soy del tipo de personas "aventadas", de ésas a las que les gusta tomar riesgos. Cuando tomo riesgos me siento como el policía de las películas que no sabe qué cable cortar para que la bomba no explote: el cable azul o el cable rojo. Pero después de algunos meses –o quizás años- de darle muchas vueltas en mi cabeza a una misma idea, me doy cuenta que simplemente no estoy siendo coherente conmigo mismo, y parte de esa deshonestidad me tiene frustrado, amargado e infeliz –podrán notarlo en la mayoría de mis escritos, jejeje-, a pesar de tener cosas tan buenas y gente tan valiosa a mi alrededor.

Tomé la decisión de irme a vivir fuera de México.

Ya no puedo seguir viviendo aquí. Si me quedo, sentiré a diario esa incongruencia con mi filosofía de vida, con mi visión del mundo, con la ciudad en la que me gustaría vivir y la gente de la que me gustaría estar rodeado.

Ya me pesa levantarme de la cama. Manejar, ir al banco o a trabajar, me pesa lo doble. No me veo futuro ni le veo futuro a esta ciudad; no el futuro que yo busco. Así vuelva a ser la ciudad que algún día fue, tarde o temprano volverán los mismos problemas, pues es precisamente nuestro pasado lo que nos tiene en este horrible presente. Es un círculo vicioso. Un eterno retorno. Es escarbar en el mismo pozo al que se le están viniendo las paredes abajo.

Disculparán si ya no posteo tan seguido como antes, pero ando arreglando papelería, haciendo trámites y vendiendo lo poco que tengo para irme lo antes posible.

Nos leemos pronto.

martes, septiembre 13, 2011

Kaka-raoke

Me declaro enemigo público número uno de los “karaokes”. El puro pinche nombrecito -que no sé lo que significa ni me interesa googlearlo- me produce ardor en el cicirisco.

Cuando alguien conecta un aparatejo de esos en alguna fiesta o reunión, siento que la diversión acaba de valer madre. Por lo general, cuando sucede esto, agarro la mayor cantidad de latas de cerveza posible de las hieleras, las meto en mi coche y me voy a beberlas debajo de algún puente en compañía de vagabundos, ex convictos y muertos de hambre. Todo es mejor que quedarme a ver a un montón de cantantes frustrados berreando canciones por demás conocidas; canciones que la radio se ha empeñado en hacerlas insoportables repitiéndolas día y noche hasta el infinito.

Lo irónico del caso es que yo, que soy anti reggaetón, anti mariachis, anti Juan Gabriel y anti José José, me sé esa mierda de música por puritita cultura general; entonces: ¡no comprendo cómo unos borrachos asquerosos que se la pasan escuchando esas odas a la jotería, al desamor y al alcohol necesitan leer su letra en una pantalla de un televisor! ¡No lo comprendo! Pinches canciones tienen más de 30 años pasándolas a diario en el radio, ¿y todavía no se las pueden aprender? ¡No mamen! Lo más increíble es que ni leyéndolas puedan cantarlas al compás o sin desafinar; todos traen el ritmo por anca la verga, anden sobrios o borrachos, da lo mismo.

Por donde se le vea, el karaoke es un espectáculo grotesco. Gordas en ropa entallada que se creen Thalía pero se parecen más a Paquita la del Barrio; prietos con pelo de cepillo que se sienten Luis Miguel pero son clones de Delfín Quishpe; güeras nalgonas que no quieren soltar el micrófono porque se creen Paulina Rubio pero le tiran más a Laura León; pendejos que arrastran la letra “s” y ya nomás por eso se creen españoles como Enrique Iglesias; o los típicos machines que creen que se ven muy graciosos imitando los ademanes amanerados de Juan Gabriel... No, no, no, nooooo… qué pinche horror…

De hecho siempre he pensado que las grandes empresas organizan sus pachangas y sus posadas con karaoke como un plan conspiratorio para ver el comportamiento de sus empleados, para así tomar decisiones futuras en el orden del organigrama basándose en su conducta. Que organizan algo así como un “reality show” mezclado con Animal Planet y la serie de The Office disfrazado de “fiesta”. Porque es ahí, en las fiestas de la oficina, donde pueden ver cómo Gutiérrez, el jefe de compras, después de dos cervezas se pone la corbata en la cabeza, hace señas de amor y paz con los dedos y pega de brincos como Rigo Tovar; es ahí donde pueden ver si Aguirre, el hombre serio del departamento de sistemas, disfruta joteando cuando lo ponen a cantar el Noa Noa; es ahí donde pueden ver si Tere, la secretaria chichona, se aloca y enseña calzón cuando canta una de Gloria Trevi. Es ahí donde los hombres detrás de la cortina deciden qué empleados se van y cuales se quedan, pues está comprobado científicamente por la Universidad de Televisa -muy seria institución- que en el karaoke brotan los verdaderos yos de las personas y se reflejan sus miedos y frustraciones.

Pero no todo es malo. Si en algo le hace justicia a la humanidad el karaoke, es que en sus terrenos todos somos iguales. El gerente general pasa al frente a cantar junto a los choferes de los camiones repartidores. Se abrazan fraternalmente -como si no hubiera diferencias de sueldos y prestaciones-, les suda la bisagra y dejan las camisas manchadas de amarillo después de berrear una de José Alfredo Jiménez a todo pulmón, ¡ahjajaaayyy!. En el karaoke no hay barreras, no hay cantantes malos ni cantantes buenos: todos son artistas, todos comparten un mismo sueño: que les aplaudan aunque sea una puta vez en sus miserables vidas, snif.

Si creen que exagero, queridos lectores, a la próxima fiesta que vayan donde haya karaoke, intenten pedir una canción de su agrado, y verán que la rola que quieren ni siquiera existe en “versión karaoke”. Y al decir “canciones de su agrado” estoy dando por hecho que son personas con gustos un poquito más refinados o especializados, no individuos que se van de nalgas o tienen orgasmos con la "música" de María José, Belanova, el grupo Pesado o El Duelo; porque si es así, entonces el karaoke es el paraíso para ustedes.

Y hablando de "paraísos", a mí nomás avísenme a dónde se van los karaokes cuando mueren: al cielo o al infierno. Me vale madres estar en cualquiera de esos dos lugares, siempre y cuando no haya karaoke.

lunes, septiembre 12, 2011

De esas veces que uno se aguanta la risa por puro respeto

El sábado fui a una reunión de un compa. A la mayoría de los invitados ya los conocía. Cuando saludé a un cabrón que nunca había visto, mi amigo, el organizador de la pachanga, me dijo:

-Mira: él es mi compadre el Briones: es investigador de fenómenos paranormales.

Chale, casi me cago de la risa, ja ja ja. ¿En serio existe gente que se dedica "profesionalmente" a "investigar" fenómenos paranormales?

Noté que el tal Briones se sonrojó un poco, pensando tal vez: "No mames, cabrón, no me presentes como el cazafantasmas; nomás preséntame como Briones".

Y la situación se tornó un boomerang, pues mi compa me presentó:

-Él es mi compadre el Guffo: dibuja monitos.

Estoy seguro que el Briones se sintió menos de la chingada, se aguantó las carcajadas y pensó: "¿En serio existe gente que se dedique profesionalmente a dibujar monitos?"

Yo nomás pensé: "No mames, cabrón, no me presentes como el que dibuja monitos; nomás preséntame como Guffo".

Snif.

sábado, septiembre 10, 2011

El orden criminal del mundo

Les dejo un documental que espero les arruine el fin de semana. Sale uno de mis héroes: Eduardo Galeano (uruguayo, pa´cabarla de chingar).

viernes, septiembre 09, 2011

Dato cinematográfico

Hasta hoy me vengo enterando que Hugo Sánchez sale en The Rocky Horror Picture Show.


Con razón nunca le entendí a esa pinche película de locas.

miércoles, septiembre 07, 2011

Ay, mis clientes…

Entra un señor al negocio y me dice:

-Veo que allá afuera en su anuncio dice que venden cartón, y yo ando buscando unos contenedores de cartón…

“Qué manera tan elegante de llamarle a las cajas”, pensé yo.

-Ah, sí. ¿De qué medida los necesita, señor? –le pregunto señalando el montón de cajas que adorna el negocio, como dándole a escoger. El hombre voltea y me dice:

-¿Cuáles son?, ¿dónde están?

-Son ésos: –le digo señalando las columnas de cajas de todos los tamaños.

El hombre me dice:

-No, yo lo que necesito son contenedores de cartón.

-Eeeeh… Por contenedores ¿a qué se refiere, señor?

-Pues son unos recipientes, como cajas, así, de este tamaño: -y hace un ademán con las manos, como si midiera algo invisible.

-Lo que quiere usted es una caja, pero ¿de qué tipo?: ¿con tapa integrada, con tapa separada, con tapa de pestañas, una caja para archivo muerto?… ¿cómo es el contenedor que busca?

-Pues así: como una caja, pero como de este tamaño: -y vuelve a hacer el ademán.

Total que el hombre terminó llevándose una caja que “se parecía” a “los contenedores” que utiliza en su negocio; el pedo es que yo sigo intrigado por saber qué chingados son esos “contenedores” que son como una caja pero no son una caja.

Lo más positivo en lo que va de la semana, es que el gimnasio que estaba a un lado del negocio ya cerró, y ya no tengo que lidiar con ballenas feas y estúpidas que encallaban sus coches y camionetas en mis cajones de estacionamiento. ¡Viva la crisis económica y el cierre masivo de negocios!

martes, septiembre 06, 2011

Se mece la ciudad del fin del mundo

El pronóstico de la primera lluvia de septiembre mece con delicadeza al bambú. La rama más alta del fresno, la que tiene el nido abandonado de una tórtola, se mece igual que el bebedero que nunca atrajo a los colibrís. Se mecen las julietas que se desbordan por la jardinera y ruedan las hojas secas que no he barrido de la terraza ni de la cochera.

Hay nubarrones oscuros que cierran el cielo de mi ciudad. Son metáforas de nuestra naturaleza humana; proyecciones de nuestros corazones. Es agua limpia que se niega a caer para barrer la suciedad. Todo se mece, como las boyas, las gaviotas y los restos de un naufragio en la superficie del mar.

La mierda ha salido a flote y va meciéndose por la ciudad del fin del mundo. Imagino que estamos postrados en una mecedora que tomó tanto impulso que está en el punto crítico entre regresar y tomar más impulso o caer de espaldas.

Todos traemos la mierda hasta el cuello. La pestilencia ya atravesó fronteras. Ya sobrepasó cualquier lógica; cualquier rastro de humanidad. Mierda, hedor y sangre. No hay más que nos puedan ofrecer. No les interesa lo que podamos ofrecerles. Todo es oscuridad. Ojalá fuera la oscuridad del fondo del mar. Una apacible negrura. Pero es la oscuridad del fondo de un mar de mierda.

No esperes a que flote más mierda. Sal a flote tú.

sábado, septiembre 03, 2011

Ayer leí algo que me pareció muy interesante.

El gobernante de un país o ciudad ficticia se encontraba reunido con su secretario particular. El secretario, exaltado, le dice al gobernante:

- ¡Los excluidos se están rebelando, señor!
- Córranlos de sus trabajos.
- No se puede, señor: no tienen trabajo.
- Quítenles entonces los apoyos.
- No reciben ningún apoyo, señor.
- Destruyan sus casas con tanquetas.
- No tienen casas.
- Entonces, estamos perdidos...

¿Será que por eso toleramos tanta mezquindad y tanta sangre: porque tenemos miedo de perder lo poco que tenemos?

Cuando se tiene lo que tenemos, es lo mismo a no tener nada.

jueves, agosto 25, 2011

Hace poco más de 6 horas hubo una masacre en un casino de Monterrey. Más de 50 personas inocentes murieron asesinadas a sangre fría.

Me vienen a la mente todos esos comentarios de las personas a las que alguna vez les menté la madre por ir a jugar a esos congales, al igual que lo hago con los que van a los estadios de fútbol:

“Ay, es sólo una distracción: todos tenemos una”, “ay, mientras no se haga vicio no pasa nada”, “ay, lo hago nada más para pasar el rato”, “ay, si yo nomás le invierto 200 pesitos, no más”, bla bla bla.

Y ya los veo mañana, los casinos abarrotados y la gente diciendo:

“Ay, los casinos no tienen la culpa de lo que está pasando en la ciudad; ya ves Las Vegas, tan seguro que es”, “dejando de ir a jugar a los casinos no se va a acabar el problema de la inseguridad”, "es que ese casino era de los malitos del otro bando", “si me toca una balacera en un casino, pues bueno, ya me tocaba; si no, pues no", "ay, uno no puede vivir con miedo y dejar de hacer lo que le gusta” y bla bla bla.

Y así seguirá una bola infinita de argumentos mediocres, dignos sólo de descerebrados.

Hagan lo que quieran, hijos de la verga: ya no les voy a decir nada. No quieren tomar medidas radicales para tener cambios radicales, pues bueno, no las tomen. Sigan con sus vidas chidas: vayan a los casinos, vayan a los estadios de fútbol, vayan a la verga si quieren. Al parecer otros ya están tomando esas medidas drásticas, y con resultados terroríficos.

miércoles, agosto 24, 2011

La fraternidad de la cheve

Di con la imprenta del señor Manzanares por una casualidad que provocó una urgencia. Nuestra amistad, por consecuencia, fue también accidental.

Era un sábado por la mañana y necesitaba imprimir lo antes posible unos recibos fiscales. Tenía que entregárselos a un cliente el martes por la tarde para poder cobrar mi cheque ese mismo viernes y liquidar el lunes un adeudo pendiente que tenía con la mueblería que me había facilitado un crédito para comprar una sala de color beige que combinara con mi apartamento.

Los últimos 15 recibos fiscales que tenía se habían echado a perder porque la caja de cartón donde los guardaba se había mojado tres días antes: el día del aguacero que duró toda la noche, tapó alcantarillas, hizo que se fuera la luz en mi colonia y se inundaran algunas calles de la ciudad.

Aquel sábado el cielo amaneció despejado después de casi toda una semana con nubarrones negros. Desde temprano me puse a recorrer en mi coche las calles del centro de Monterrey esperando encontrar una imprenta autorizada para imprimir documentos fiscales. Pensé que sería difícil, pues pocos negocios abren los sábados y todas las imprentas que veía al pasar estaban cerradas. Después de manejar por casi una hora me acordé que mi amigo el Rodo alguna vez mencionó la imprenta de un conocido suyo -o de su papá- en la que se juntaban los fines de semana a asar carne. Me acordé de eso porque el Rodo se había referido a la imprenta como “la que está en contra esquina de los masajes LeBaron”, una famosa casa de citas a la que llegué a ir con mis amigos de la prepa, pero sólo a dar lástimas, pues entre todos no pudimos completar el dinero para pagar una puta.

Conduje un par de minutos más hasta dar con los “masajes LeBaron”, y, en contra esquina, efectivamente había una imprenta abierta.

El negocio se llamaba “MegaPrinter”. Al frente tenía un anuncio impreso en lona con el nombre en letras muy grandes y azules. Me pareció gracioso que la letra “pe” tuviera una manzana mordida en el centro. Como la de Apple. Hasta después entendí que ese detalle hacía referencia al apellido del dueño del negocio, no a las computadoras.

Estacioné el coche en la entrada de la imprenta y bajé con la memoria usb donde tenía guardado el archivo con el diseño de mis facturas. Cuando crucé la puerta, que estaba abierta de par en par, me llegó el característico olor de la leña de mezquite cuando arde.

Caminé por un pasillo que tenía dos puertas del lado derecho. En una había una oficina con una computadora y un pizarrón de corcho donde colgaba publicidad de todo tipo –negocios de tacos, de tortas, tintorerías y talleres mecánicos-, y en la otra puerta se apreciaba una habitación más grande, con algunas máquinas de rodillos, montones de paquetes con hojas de papel y botes de tinta. Al fondo había otra puerta. Era una puerta metálica negra con una ventana con algunos barrotes horizontales, por la que se escuchaban voces y risas y se colaba un humo espeso. Me asomé a través de los barrotes y vi a tres hombres que rondaban los 50 o 60 años. Uno estaba de pie, iba muy bien vestido, con la camisa fajada en unos pantalones de tela café y los zapatos boleados; los otros dos estaban sentados en unas cubetas de plástico puestas al revés. Tenían manchas de grasa y tinta de colores en casi toda su ropa. Entre sus piernas, los hombres manchados resguardaban cada uno un par de cartones con envases de cerveza.

-Buenas tarde –dije golpeando con suavidad el metal negro de la puerta, y los tres hombres me voltearon a ver.

-Buenas tardes –contestaron en coro.

-¿En qué puedo ayudarlo, joven? –dijo el hombre que vestía ropas pulcras, quien, supuse, era el dueño del lugar.

-Disculpe que lo moleste en sábado, señor, pero vi que el negocio estaba abierto. Lo que pasa es que necesito unas facturas de urgencia y quería ver si usted me las podía imprimir… soy amigo del Rodo.

-¿Eres amigo del Pedorro? -dijo, y todos rieron.

-De Rodo, de Rodolfo Fontanery –respondí sonriendo.

-¡Ah, eres amigo del pinche Pedorro del Nery! Pásale y sírvete una cerveza, que nos hace falta un jugador para el dominó. Al rato vemos lo de tus facturas.

Titubeé un poco, ya ven cuánto viejo mañoso hay en esta ciudad; pero el semblante de sus rostros era más bien bonachón. Atravesé la puerta y me presenté diciendo mi nombre. El hombre de ropas limpias me extendió su mano y me dijo que se llamaba Mateo Manzanares. Era el dueño del lugar. El señor Manzanares me presentó a sus empleados mientras me daban un apretón de manos.

-Ese güey es el Chatanuga.

-Mucho gusto, señor Chatanuga –dije sacudiendo su brazo, y todos se rieron.

-Y ese otro cabrón es el Hogan.

-Mucho gusto, señor Hogan –dije, y soltaron una risa más escandalosa.

El Chatanuga y el Hogan eran los impresores de Megaprinter y, obviamente, así no se llamaban. El Chatanuga era el barrigón de lentes. Así le decían por su parecido físico con Pedro Weber Chatanuga, el cómico mexicano. El Hogan era el que usaba un bigote largo que terminaba en punta, era calvo y el poco pelo blanco que tenía le colgaba por encima de los hombros, como el luchador norteamericano Hulk Hogan.

El Chatanuga agarró una cerveza del cartón que tenía entre sus piernas, le quitó la corcholata y me la dio. Le di un largo sorbo mientras contemplaba un naranjo repleto de frutas enormes y un asador con varios troncos de leña ardiendo.

-Así que eres amigo del Pedorro del Nery…- dijo el señor Manzanares sonriendo

Fue así como conocí a la Fraternidad de la Cerveza.




martes, agosto 23, 2011

De fut, balazos y pendejos

Reforzarán la seguridad en los estadios de fútbol después de la balacera en Torreón. Eso sí: no esperes que hagan lo mismo en tu calle o en tu colonia. Tú no eres tan importante como un partido de fútbol. Entiéndelo. No generas ese dinero. Los pocos impuestos que pudieras estar pagando no te garantizan una vida tranquila y plena.

Tú estás aquí para partirte el lomo y gastar lo poco que ganas en esos juegos de pelota. Y así como tú hay muchos. Y así como muchas personas inteligentes harían la diferencia, muchos enajenados son los que producen las jugosas ganancias que impiden ese cambio. Por eso, si es necesario poner policías, militares, guerreros medievales y hasta un dragón en los partidos de fut, lo harán con tal de que vayas con la otra bola de alienados a seguir tirando tu dinero sin temor a que te maten. Pero que te quede bien claro que no lo hacen porque les importes tú o tu familia o tu seguridad o el deporte: lo hacen porque les importa no ver mermadas sus ganancias.

Lo peor para ellos sería que de repente pensaras y dejaras de ir a ese pseudo espectáculo deportivo y dejaras de poner en tu Facebook: “Vamos por 3 goles, mis Tigres” o en tu Twitter: “Vamos a dar todo en la cancha, Rayados”. Pero saben que eso nunca va a suceder mientras te den más fútbol.

Saben que es más fácil que se pongan de acuerdo 45 mil personas para ir a ver un partido de soccer a que 100 personas tengan los suficientes huevos para dejar de ir en protesta para exigir vivir en paz. Saben que aunque esos 45 mil individuos se manifestaran con pancartas frente a palacio de gobierno, no los escucharán. Les pondrían atención y tal vez los escuchen el día en que esos 45 mil dejen de ir a un estadio y hagan saber las razones por las que ya no van.

¿Algunas vez has visto o sabido que le roben el coche a un jugador de fútbol famoso; o que se roben algún camión de Carta Blanca, de la Coca Cola, de la leche Lala, de Bimbo, de Televisa, de TV Azteca? Sin embargo a cada rato escuchas que le robaron el coche a un amigo, que le quitaron su negocio a una tía, que le quitaron su casa a un primo, que dejaron en la calle a un conocido. Esto es porque tú no les importas. Mientras a los poderosos no les pase eso, nada va a cambiar. Mientras les sigas entregando tu dinero, nada va a cambiar.

Por eso recemos por que haya más sucesos violentos en los estadios de fútbol. Que se recrudezcan las balaceras para que la gente deje de ir aunque los pinches jugadores salgan con sus mamadas de que “la afición debe de estar unida y no se debe dejar amedrentar” y bla bla blaaa. Eso lo dicen porque tienen miedo de perder sus privilegios. Privilegios que tú les das. Sólo pegándole a los dueños del dinero y a los enajenadores de masas nos van a escuchar. Dejen que haya más atentados y que la gente deje de ir por miedo a los estadios y que dejen de tener su ganancias millonarias las refresqueras, las televisoras y las cerveceras, y van a ver cómo se ponen las pilas las autoridades. Así como se las están poniendo con el sector turístico (echando un chingo de mentira y promoviendo imágenes de un país que no existe), así se las pondrán para todo.

Recuérdalo: tú no les importas. Mientras les des tu dinero, no les importas. Al único que deberías de importarle, es a ti mismo. Ya desapendéjate, por favor. No te pierdes de nada con dejar de seguir a un equipo de fútbol. No va a pasar nada nuevo. Es una monotonía que tú mismo te has creado que no te hace mejor persona y sí te degrada a niveles de bruto. Deja de ir y le harás mucho bien a ese país que tanto dices amar; ese país que está en manos de estas empresas criminales. Deja de ir y ahí sí se van a cagar. Ahí sí los vas a hacer temblar. Ahí sí se van a poner a jalar parejo para todos. Ya desapendéjate. Deja de venerar los colores de una camiseta a la que no le debes nada y deja ya de coger a lo pendejo para no seguir trayendo niños que “hereden tu pasión por un equipo”. Ya córtales la chichi para que dejen de mamarse. Sólo tú puedes hacerlo… siempre y cuando te desapendejes.


jueves, agosto 18, 2011

Retiro espiritual

Cuando vi el documental Jesus Camp –una de las películas más aterradoras que he visto en mi vida-, me vino a la mente mi época de preparatoria, cuando “la sociedad de alumnos maristas” organizaba esas mamadas llamadas “retiros espirituales”.

Lo que más me cagaba de los retiros espirituales es que eran obligatorios. Si llegabas a faltar, te jodían con faltas –valga la rebusnancia- o con alguna calificación baja en alguna materia de ésas sin importancia pero que te jodía el promedio general.

Los retiros espirituales no tenían nada de espirituales. No sé por qué la gente se empeña en relacionar a la fe católica con “lo espiritual”. No tiene nada que ver una cosa con la otra. La fe católica es una locura adoctrinamensos y el espíritu ni siquiera se ha comprobado si existe o no. Lo mismo pasa con los valores: siempre los relacionan con Dios. “Quien se aleja de Dios no tiene valores”. Puras pendejadas, pero bueno…

Les decía que llegaba uno –a la fuerza- al retiro espiritual y se topaba con que las viejas más buenonas y los güeyes más galanes (menos yo) eran quienes lo impartían. Ya desde ahí uno se ganchaba con tal de ver nalgas.
Después de un pequeño discurso de introducción, cursi y chantajista, empezaban las actividades mamonas. Especialmente recuerdo dos:

En la primera, colgaban una piñata con forma de marrano en el salón y pasaban al frente al más pendejo del grupo o al que tuviera cara de ser el más débil mental. Las viejas y los vatos que impartían el “retiro” empezaban a decirle al pendejo que esa piñata representaba todo lo que odiaba: el maestro que lo había reprobado, el castigo que le había impuesto su padre, el permiso que le habían negado, la fiesta que se perdió, la chava que no quiso ser su novia, el amigo que alguna vez lo ofendió, etcétera. Total que el acoso de los oradores era tanto que el pendejo empezaba a golpear la piñata con odio y con lágrimas en los ojos. Después, otros pendejos se paraban de su asiento y también se ponían a golpear la piñata llorando. Total que al final, cuando la piñata quedaba hecha mierda, de entre los residuos de papel de colores, periódico y varas de carrizo, sacaban una imagen de Diosito, ay, snif… Y una de las viejas pendejas que impartía el curso la elevaban al cielo y decía: “¡Miren lo que le han hecho a Jesúuuuus! ¡Esto que acaban de hacer se lo hicieron a Jesús, Nuestro Señooor! ¡Porque Jesús está hasta en nuestro peor enemigooo!”, y toda la bola de pendejos resentidos se ponía a berrear y a tirarse al suelo y a hacer un circo, juajuajuajua… ¡qué pinche risa! Me acuerdo que no aguanté y ahí mismo se me salió una carcajada, y un puñetas me dijo: “¿Te crees perfecto o qué? Cuando estés frente a Dios te vas a cagar, hermano, ¡te vas a cagaaarrr!”. “Ta bueno, pendejo”, dije entre dientes.

La otra actividad estaba todavía más mamona. Después de todo el show lagrimal, los que impartían el curso se ponían a leer pasajes de la Biblia con voz dulce y a preguntarnos lo que habíamos entendido. A mí me preguntaron varias veces, como que para humillarme enfrente del grupo por haberme reído de los pinches chillones de la piñata; total que respondía cualquier pendejada para que ya no me estuvieran chingando. De entre los pasajes que leyeron estuvo ése donde Chuy les lava los pies a sus discípulos. Y que empiezan las pinches viejas mamonas con el chantaje: “¿Serían ustedes capaces de ser tan humildes como Jesús, Nuestro Señor, y lavarle los pies a los pobres?”. Y todos como pinches borreguitos: “Síiii, a huevo, yo sí le lavaría los pies a los pobres, beehehehe”. Y nomás dijeron eso y que entra al salón una bola de indigentes apestosos y haraposos que habían agarrado debajo de un puente; ¡y pues órale!, a lavarles los pinches pies. Los indigentes no sabían ni qué pedo: volteaban a ver para todos lados con cara de hambre, imaginándose que cada uno de nosotros era un filete o una pierna de pollo o algo así. Obviamente muchas pinches viejas hociconas, de ésas que habían dicho que ellas sí les lavarían los pies a los pobres, saltaron de su asiento del asco y se pusieron a llorar y a decir que ellas no lo iban a hacer. Otras, con tal de quedar bien con los demás y sentirse bien con ellas mismas, de volada se pusieron a tallar con estropajo las callosidades de esos pobres cabrones, que no entendían ni puta idea aquel circo estúpido.

Yo, me quedé sentado, y se me acercó uno de los jefecillos y me dijo: “Ándale Gustavo, ¿o qué, no te atreves?”. Y le respondí: “Me parece una pendejada lavarle los pies a unos indigentes. Mejor cómprenles comida o regálenles unas cobijas”. Y el puñetas me respondió: “Claro que vamos a hacer eso. Esto es sólo una metáfora de la palabra del Señor”. Y yo me quedé sentado y le dije: “Pues a ver si por mojarles los pies no les da una pinche pulmonía y se mueren y se van al cielo con Nuestro Señor”. Y nomás se me quedó viendo con cara de “no me gusta tu actitud”.

Y ya. Se acabó el pinche retiro y todos salieron sintiéndose mejores personas. Yo salí de ahí sin poder creer que estuviera rodeado de tantos pendejos enajenados.Tal vez por eso no tuve muchos amigos, snif.

martes, agosto 16, 2011

El lamentable caso de un lector, segunda parte.

El martes 19 de abril del presente año di a conocer el caso de Édgar Avena, un lector de este blog -y otros tantos- que perdió una pierna al quedar en medio del fuego cruzado entre bandas rivales de delincuentes.

Mandé su caso a Hazme el Chingado Favor y a algunos otros contactos, para que lo leyeran y lo reenviaran en dado caso de conocer a alguien en la misma situación que está Édgar.

Hoy, el periódico El Universal le dedicó un artículo a Édgar y, de rebote, a todas las víctimas de la violencia en este país.


Aquí el enlace para que lean el artículo completo.





lunes, agosto 15, 2011

El yoga y el cartón van de la mano

Ahora sí que se la jaló una clienta que vino en la mañana.

A simple vista parecía una señora normal, de ésas que piden lo que hay en la tienda: cajas de cartón, moños, bolsas para regalo, etcétera; pero no: resultó ser uno de esos clientes orates.

La señora me pidió unas cajas pequeñas para meter unos "regalitos" que les iba a dar a las clientas de sus clases de yoga. Cuando le entregué las cajas, me dijo:

-¿Y de pura casualidad no vendes tapetes para hacer yoga?

“Claro que sí, señora. No se imagina la cantidad de personas que vienen a un negocio de cajas de cartón a pedir tapetes para hacer yoga. Me los piden mucho porque el yoga y las cajas de cartón son dos mercados idénticos. ¿Cuántos tapetes para hacer yoga va a querer?: ¿cien?, ¿doscientos?, ¿mil?; ahorita mismo se los traigo, señora”.

Obviamente lo anterior es un sarcasmo. Le respondí que “no manejábamos ese producto” y, como si me leyera la mente, me dijo:

-Pues deberías de manejarlo. Es muy buen negocio.

Qué poca visión de negocios tengo. Cajas de cartón y tapetes para hacer yoga: ¿cómo no se me ocurrió antes? Después pondré un negocio de azulejos para baño y paseos en globo aerostático; porque cuando uno entra a un negocio de azulejos para baño lo primero que piensa es en globos aerostáticos.

Aaaay, no… y apenas es lunes, snif.

viernes, agosto 12, 2011

Perra infancia

En mi casa siempre hubo perros. Es la ventaja de tener papá veterinario. Otra de las ventajas es que te ahorras mucho dinero en doctores.

Una vez a mi hermana menor le tronó un agua mineral de vidrio en el suelo y le rajó toda la pierna. Mi papá se la llevó a su consultorio llorando y sangrando y, en la plancha metálica donde operan a los perros, ahí le cosió la pierna. Le quedó una cicatriz blanca, como una larva que le sube por el chamorro, pero no hubo necesidad de gastar en médicos para humanos. A mi otra hermana le enyesó un brazo cuando se cayó del librero jugando a que era un chango y, como broma, le dijo que la iba a meter en una de las jaulas donde meten a los perros hospitalizados, a ver si así ya se portaba bien. Yo no llegué a tanto: mi padre solamente me checaba los oídos –con los que siempre tuve problemas- o me ponía yodo en los raspones.

Pero volviendo a lo de tener perros en casa: casi siempre tuvimos Chihuahuas o French Poodles, porque los patios de nuestras casas nunca fueron muy amplios.

Una vez tuvimos un Whippet, que es como un Galgo Inglés, pero más chaparro. También tuvimos un Gran Danés, pero ése estaba en el patio de la clínica veterinaria, que era más grande y, aparte, servía para ahuyentar a los ladrones. El único perro grande que tuvimos en casa fue una Boxer que existía antes de que yo naciera y murió un par de años después de que nací.

Mi perro favorito de todo el mundo siempre ha sido el Saluki, o Galgo Persa. Después le siguen el Borsoi, o Galgo Ruso y el Mastín Napolitano. Con este último soñaba que lo montaba y recorríamos el barrio brincando bardas y coches.

Mis amigos de la escuela no sabían mucho de perros. Para ellos, los mejores perros eran el Pastor Alemán y el Dóberman, pues siempre han sido algo así como que “los más famosos” o "de los más comunes". Pero cuando les enseñaba algunos libros donde venían fotos de lebreles y otros perros de caza, cambiaban sus gustos.

Con los niños del barrio jugaba a que cada quien era un perro. Imaginábamos que éramos un grupo de perros con poderes que salvaba a la ciudad después de que se escapaban unos leones de un zoológico galáctico. La única regla era que no se podía ser el mismo perro que alguien más. Yo, obviamente, siempre escogía ser un Saluki, y dos amigos siempre se peleaban por ser el San Bernardo. Dejaron de pelear hasta que a uno de ellos le enseñé una foto del Mastín Napolitano, y prefirió ser ése perro a ser el San Bernardo. Lo que no me gustaba era cuando jugaba el hermano mayor del Pollo, porque siempre quería ser "un perro de pelea” –ni sabía la raza ni nada, sólo "un perro de pelea"- y se la pasaba de mamón, dándonos patadas o manotazos en la cabeza. Cuando le reclamábamos, nos decía: "¿Quéeeee? Soy un perro de pelea". Me cagaba que jugara con nosotros.

Hace poco llegó un hombre al consultorio y dejó a un Rottweiler moribundo. Al checarlo, se dieron cuenta que el perro estaba machacado por dentro. Lo habían golpeado salvajemente y lo tuvieron que dormir para que no sufriera más. El supuesto dueño del perro no volvió a contestar el teléfono ni volvió a aparecerse. Es curioso que uno no sienta lo mismo cuando en las noticias dicen que le hicieron lo mismo a una persona. Es curioso que uno quiera buscar al dueño de ese perro y hacerle lo mismo sin ningún remordimiento.

Qué ironía: los perros nos hacen más humanos; en cambio el prójimo nos roba esa humanidad.

miércoles, agosto 10, 2011

Una finísima persona

Si son mis lectores desde hace tiempo, sabrán que soy una finísima persona. Finísima e importante. Mi profesión –bloguero famoso- me mantiene ocupado las 38 horas del día los 1743 días del año.

Entre los compromisos que uno debe de soportar, están las invitaciones de los fans a comer, cenar o beber. En efecto: la gente me invita a salir para escucharme hablar o simplemente para contemplar a alguien tan pinche guapo como yo.

Un día normal en mi vida es recorrer restaurantes lujosos –sí, aquí puro lector pudiente-, donde bebo martinis de manzana, cervezas importadas y cócteles variados; ordeno platillos de comida tailandesa, afgana o mariscos exóticos: como la langosta albina, el pepinillo de mar al chipotle, celacanto al mojo de ajo o algún aguachile de fauna abisal. Aquí les muestro unas fotos, para que vean que no miento:



A pesar de ser una buena vida –ya que yo no pago ni madres-, es una vida vacía; una rutina sin sentido que me plantea muchas dudas existenciales y me mantiene en la búsqueda de algo más sustancioso para mi espíritu.

Y la solución la he encontrado en la lectura. Por eso después de una jornada de invitaciones a comer, cenar o beber con mis lectores, me refugio en la lectura. Pero no en cualquier lectura. Yo pura lectura de primer nivel. Porque si son mis lectores desde hace tiempo, sabrán que soy una finísima y cultísima persona.



viernes, agosto 05, 2011

Aquellos fines de semana


Aquellos fines de semana, en vez de ir a un restaurante, antro o cantina -como acostumbraban distraerse los jóvenes de esta ciudad antes de la ola de inseguridad y violencia que se vino-, nos juntábamos en la carnicería Santa Martha, un negocio de carnes y abarrotes propiedad de la familia paterna de Pedro, un amigo de la universidad.

Los viernes a las seis de la tarde, después de la última clase, Erick, Lacho, Chuy y yo corríamos al estacionamiento para montarnos con todo y mochilas a la caja de la pick up roja de Pedro.
En el trayecto a la carnicería –que era largo- cantábamos, fumábamos y bebíamos algunas cervezas que comprábamos en el Oxxo. Recuerdo que Pedro siempre nos decía: “¿Para qué compran cerveza, si allá en la tienda tengo?”.
Ésa era una de las razones por las que nos gustaba ir a la carnicería de Pedro: podíamos agarrar la cerveza que quisiéramos, al igual que bolsas de papas, chicharrones y carnitas de puerco.

Al fondo del pasillo de la Santa Martha –que casi siempre estaba resbaloso porque por ahí deslizaban los trozos de carne congelados para meterlos al cuarto frío-, había una oficina acondicionada con televisión, estéreo y reproductor de devedes, que era donde pasábamos el resto de la tarde y toda la noche, hasta la madrugada. Recuerdo que en una de las paredes de la oficina había un par de calendarios con fotos de viejas bien chichonas y algunos recortes de revistas con escenas de películas -a todos nos gustaba el cine- y de conciertos de rock, pues Pedro soñaba con ser "rockstar".

De las cosas más folclóricas que tenía el lugar, eran sus empleados, que después de las 10 de la noche, cuando cerraban la tienda, se ponían a beber cerveza y a platicar con nosotros: “los amigos fresillas, pero chidos, de Pedro”.

Estaba el Toris, un güey que despachaba la carne y que en vez de decir “güey” decía “wa”; la Chiva, un cholillo con dos aretes en las orejas, que le ayudaba al Toris a cortar carne con la sierra y soñaba con comprarse unos tenis de Michael Jordan; El Botija, un niño gordo de 13 años que metía lo que los clientes compraban en bolsas de plástico y al que se la pasaban asustando diciéndole que en el cuarto frío se aparecían fantasmas; y el más chingón de todos: el Cuino, un cabrón que hacía de todo en la tienda -barría, trapeaba, cocinaba las carnitas, picaba barras de hielo- y se la pasaba hablando de sexo sucio. Una vez nos cagamos de la risa como por una hora porque el Cuino nos dijo que cada que pasaba por una alcantarilla, se le paraba el pito nomás con el olor, jajajaja. Otra vez nos dijo que le gustaba cogerse a las viejas después de que barrían todo el día, que porque así estaban "sudaditas". Por eso le decíamos el Cuino: por cerdo. Pero, ah, cómo nos hacía reír.

Y así pasábamos las horas: platicando y riendo. Confesando anhelos y miedos. Todo fluía perfecto, como las cervezas a través del gaznate.

No teníamos laptops ni blackberrys ni iPhones ni nada. Dependíamos muy poco del teléfono móvil y sus mensajitos. Ninguno era fan de los videojuegos. No necesitábamos otra cosa más que nuestra compañía, música de fondo, cerveza, anécdotas y ganas de vivir y recordar ese momento. A veces nos quedábamos a dormir en casa de Pedro -que vivía a 5 cuadras- o dormíamos ahí en la oficina en unos tendidos improvisados. Cuando hacíamos esto, despertábamos al mediodía, comiendo barbacoa y planeando el resto del sábado. A veces regresábamos a casa en taxi.

En el trayecto de la Santa Martha a mi casa –que era largo- ya estaba pensando en el sábado y en el próximo viernes. Me ponía triste que se acabara ese día; que se acabara el fin de semana. Me ponía triste tener que irme a dormir y que tuvieran que pasar otros 5 o 6 largos días para volver a hacer lo mismo: una rutina que nunca hartaba como la rutina de los días entre semana, que comoquiera era llevadera, pues nos veíamos en el salón de clases.

Pero esos viernes y sábados... Sabía que esos viernes y sábados no durarían toda la vida. Y eso me entristecía. El trabajo, el matrimonio, los hijos, las responsabilidades, crecer, madurar, cuidarse... todo eso.
También sé que aquellos fines de semana durarán por siempre en mi memoria, pero la memoria nunca se comparará con haber vivido un presente que ya no es.

miércoles, agosto 03, 2011

Cag-arte

Cuando me doy la oportunidad de viajar -ya sea a una ciudad cosmopolita o a un pueblo bicicletero- procuro visitar museos. Mis museos favoritos son los de historia natural y los de arte.

No es que sea yo un chango en busca de sus orígenes, un artista, un bohemio o me considere una persona muy culta; no. A veces simplemente voy a los museos en busca de esculturas de viejas encueradas o maniquís de aborígenes en taparrabos, jejeje.

Pero la realidad es que cada que visito los museos de arte –sobre todo los de arte moderno- y observo lo que ahí exponen, no puedo evitar encabronarme y ponerme como Hulk: verde del puro pinche coraje.

Me encabrono porque pienso humildemente que deberían ser mis dibujos los exhibidos en esas paredes; que debería ser yo quien estuviera cotizando sus pinturas en millones de dólares; que debería ser yo quien se la pasara rascándose las pelotas con una mano y pintando con la otra; dando cátedras en universidades y exhibiendo mi trabajo en todos los países del mundo. No esos mamarrachos.

Esto no es arrogancia, lo que pasa es que uno se encuentra con cada cosa...

Por ejemplo: hace poco paseaba por un museo de Austin, Texas, y me topé con un lienzo que tenía pintada una pinche bola amarilla sobre una mancha azul y otra verde; todo dibujado bien al chile. A un lado del lienzo había un papel que explicaba que "eso no era un círculo amarillo, ni un sol, ni una luz, ni un limón, ni una lima, ni el ojo de un gato ni nada; que simplemente era lo que era: una bola amarilla sobre un fondo azul con verde… o lo que el espectador quisiera que fuera”. Madre mía. ¡Qué chingón salió el autor de ese esperpento con la justificación! Niega lo que es pero a la vez es lo que es pero no es lo que a la vez es… ¡Wow! He aquí “la obra de arte” de la que hablo:


¡Qué mamadas!, ¿no creen? Ahora resulta que el arte es burlarse del propio arte; que el arte es tan relativo que ya cualquier pendejada puede llamarse arte. Ahora resulta que con un papelito que justifique o explique lo que el autor quiso plasmar, ya todo se vale.

Pero ahí no acabó la cosa, pues entré a otro recinto del museo y vi un par de mamadototototas (perdonen mi francés): dos cuadros en blanco. Sí, señoritas y señoritos, dos cuadros en blanco colgados de las paredes del mueso de arte más importante de Austin. He aquí la prueba:


Pero ¿saben qué es lo más irónico del caso? Que este trío de mierdas artísticas me inspiraron. Me duele aceptarlo, pero me inspiraron. Me inspiraron para hacer las tiras de esta semana del Capitán Cooltura. Esas obras insípidas, “creadas” por un par de artistas huevones y sin talento, me inspiraron, snif.

Nada más que no lo sepan sus autores, porque entonces justificarán su mierda diciendo que “el arte cumplió su misión inspiradora”.
Los odio.

lunes, agosto 01, 2011

Cliente loco

Hoy llegó al negocio un cliente muy extraño. Era una mezcla de un cotorro con un zombie con un loquito. Una persona muy curiosa.

Era un viejo setentón que iba con una mujer que parecía veintitantos años menor que él y que, por como se hablaban, deduje que era su hija.

Total que ya, les di las buenas tardes y les pregunté que qué se les ofrecía. Y el señor me dijo:

-Es que el sábado vinimos… el sábado aquí estuvimos –y me miró directamente a los ojos.

Y yo: “… ah, ok… ¿y buscaba algo en especial?”. Y el viejo nomás me seguía viendo y su hija seguía viendo las cajas. Después de un silencio largo e incómodo, la mujer me dijo que buscaba una caja de ciertas medidas, y el señor dijo:

-Sí, es que el sábado aquí estuvimos… el sábado vinimos aquí...

Y yo: “… ok… señor… esteee…”, y no me quitaba la mirada de encima el viejo cochino. Total que busqué las medidas de la caja que quería la señora y encontré una similar y la saqué de la bodega; se la mostré y le dije el precio. La señora asintió y se le quedó viendo un rato, y el señor dijo:

-Sí, es que el sábado aquí vinimos... y nos llevamos unas cajas… el sábado aquí anduvimos…

Y pos yo ya de plano no supe a qué chingados se refería el señor con eso de que “el sábado aquí vinimos”. No comprendía tanta insistencia, y entonces le pregunté:

-El sábado yo no estuve aquí en la mañana, señor, pero ¿qué pasó?: ¿lo atendieron mal, no encontró algo que buscaba, la caja era distinta, era otra medida, se la dieron en algún otro precio, le hicieron algún descuento… o por qué me dice eso?

Y el señor:

-No, nomás… es que el sábado aquí vinimos…

Pinche viejo loco... No supe si quería que le agradeciera, que lo felicitara o qué pedo.

viernes, julio 29, 2011

Docu - mentada

Últimamente he estado comprando -o viendo en internet- muchos documentales. Documentales de todo tipo: desde los del reino animal hasta los de avances médicos. Lo que pasa es que el pinche cine comercial -y no comercial- ya me da una hueva tremenda desde hace años; mucho más ahora, que las salas de proyección están inundadas de mamadas de superhéroes y comedias con güeras insípidas que no dan risa.

De entre los documentales que vi en la semana, hubo uno muy interesante sobre la marihuana, el origen de su penalización, los intereses a su alrededor y la guerra para acabar con ella.

De entre las cosas que más llamaron mi atención, fue la responsabilidad directa que tienen con la prohibición y combate de esta planta los productores textiles, los productores de papel, los productores de combustibles fósiles, las tabacaleras y las farmacéuticas, a quienes retratan en el documental como unos hijos de puta más hijos de puta que cualquier cártel mexicano.

Otra de las cosas que ignoraba y me pareció muy interesante, es que en British Columbia, Canadá, se produce una de las marihuanas más populares en Estados Unidos: la BC Bud. Columbia Británica (en español) tiene una población de 4 millones de habitantes y, según expertos en el tema de narcóticos, más de 40 mil personas se dedican al cultivo hidropónico y venta de marihuana. O sea, más del 1% de su población.

Lo que me pareció bien chingón fue la pregunta que soltó el narrador del documental al final: “¿Por qué aquí en Columbia Británica, donde más de 40 mil personas se dedican a este negocio prohibido, no hay el derramamiento de sangre que hay en cualquier ciudad del norte de México con la misma población que British Columbia?”

Dejemos a un lado si hay que legalizarla o no, si hay que fumarla o no, si hace más daño que el alcohol o no… El pedo aquí es ¿por qué ese puto salvajismo?
¿Será genético nuestro animalismo y de plano no tenemos remedio?

Así somos de curiosos los mexicanos. Así somos de incongruentes. Nos da miedo que el ejército ande patrullando las calles pero no nos da miedo que de jueves a domingo en la madrugada haya medio millón de conductores alcoholizados transitando en las calles (datos de mi ciudad, Monterrey).

Así somos.

P.D. Y antes de que empiecen con sus mamadas, les digo que no: que todo lo que he escrito lo he escrito sin ayuda de ninguna droga, legal o ilegal. Sí, yo sé que es algo increíble, pero así de chingón soy yo, snif.

jueves, julio 28, 2011

La encomienda

Dicen que todos tenemos una misión en la vida. Al menos lo dicen las religiones (mis peores enemigas), algunas películas y todos los libros de autores motivacionales (mis otros peores enemigos) que nos venden la idea de que el universo entero se alinea a nuestro favor cuando deseamos algo positivo, ay, snif.

Yo no lo creo. Posiblemente venimos a desempeñar una función biológica, natural (no sé cómo llamarla); pero no una misión. Será que la palabra “misión” me suena “muy acá”, ¿saen cómo? Como si fuéramos realmente seres tan evolucionados y tan importantes.

Y no creo esto de “la misión” porque somos casi 7 mil millones de habitantes en la tierra. Con esa cantidad de personas ¿en verdad creen que cada uno de nosotros viene a cumplir una misión especial?

Cuando un niño fallece en la incubadora a las dos semanas de nacido, cuando un niño de 6 años muere de cáncer, cuando una mujer que siempre sintió que no se realizó fallece antes de los 35 o cuando un burócrata gubernamental que pasó desapercibido en su trabajo muere de viejo, ¿qué misión cumplieron?, ¿cuál era su misión en esta vida?, ¿ésa? Pues qué pedorra, ¿no?

Por eso no sé por qué muchas personas insisten en que el universo tiene un plan maestro para todos y cada uno de nosotros y que todos estamos aquí “por algo”.

Podríamos inventar mil pendejadas con tal de que todo cuadre a nuestro favor; con tal de que todo tenga un sentido. Podríamos decir que vinieron a darnos un ejemplo, que vinieron a darnos una lección, que vinieron a hacernos valorar más el tiempo y que bla bla bla bla… Puras mamadas.

Es estúpido, perverso y egoísta pensar que Dios –si existiera- nos manda ese tipo de pruebas –de gente que se muere o no trasciende en su vida- para que nos caiga el veinte. Y si Dios existe y así actúa, pues qué culero, ¿no? Y más culeros nosotros, que necesitamos de esas “pruebas” para justificarle un sentido a algo que no lo tiene.

O pudiera ser que nosotros somos los únicos que venimos a cumplir una misión especial y los demás humanos están ahí nomás de adorno, recordándonos no ser como ellos, para sentir que en verdad tenemos un encargo divino, que cambie la condición global.

Pero siendo tan egoístas y tan soberbios al pensar que venimos a cumplir una encomienda importante y que el universo cuadrará a nuestro favor para mandarnos señales para que nos demos cuenta de nuestra labor, no es posible que no nos alcance el cerebro para deducir que la única misión que tenemos de cumplir-egoísta y personal como en el fondo somos-, consiste simplemente en ser felices.

Pudiera ser eso… pero no estoy tan seguro como quisiera estarlo.
Que el universo me mande una señal si me equivoco o si estoy en lo cierto.

miércoles, julio 27, 2011

martes, julio 26, 2011

Prefiero a mis clientes locos que a las grandes empresas

Cuando uno tiene un negocio, sueña con vender sus productos a las grandes compañías: agencias de autos, cadenas de supermercado, tiendas departamentales, dependencias de gobierno y gigantes por el estilo. Pero una vez que les vendes tus productos, el sueño se convierte en una pinche pesadilla.

Las grandes empresas y las dependencias de gobierno son los peores clientes que pueden existir, pues tienen tantas políticas que muchas de ellas llegan a ser estúpidas, absurdas y cagantes.

Sacar un número de proveedor; mandar lista de precios en hoja membretada; esperar a que saquen una orden de compra; esperar a que firmen la orden de compra; esperar a que te manden la orden de compra; levantar el pedido; darles crédito a 30 días; sacar copias de la factura; sellar la factura; registrarte en la entrada; darle una identificación al guardia; ponerte un gafete; que te registren con detector de metales; que te firmen el cheque mil cabrones; que firmes de recibido aquí; que firmes de recibido allá; que deposites el cheque hasta el próximo lunes… ¡hijos de su puta madre, cómo los odio!

Si pidieran un chingo de cosas y me hicieran millonario, pues bueno, ahí sí no les dijera nada, pero ¿por dos mil pinchurrientos pesos la hacen tanto de pedo?

Muy chingones según ellos; mucha pinche presencia en México y muchas pinches instalaciones modernas y climatizadas, pero ni para pagar en efectivo tienen los hojaldras; ni para sacar el dinero del bolsillo y aventarmelo en la cara. Y ésas son las empresas que se dicen líderes y las dependencias que presumen tener presupuesto. Ta´kabrown.

Me comentaba un amigo que le estaba haciendo un trabajo de diseño (unos adhesivos para el piso) a Soriana, y que le dijeron que para colocarlos tenía que ir a las 5 de la mañana o después de las 11 de la noche, pero que si iba después de las 11 de la noche, se tenía que quedar ahí hasta las 8 de la mañana, hasta que abrieran la tienda. ¡Háganme el chingao favor!

Tendré clientes de todo tipo, pero las grandes empresas y las dependencias de gobierno siempre serán los peores.

Bienvenidos sean de nuevo mis clientes que piden cajas altas pero no tan altas, cajas en forma de esfera pero alargada o los que llegan pidiendo imanes cuando afuera está un letrerote enorme que dice "cajas de cartón"; bienvenidos sean, pues de ustedes será el reino de los cielos, snif.

lunes, julio 25, 2011

Confesiones laborales

La verdad es que a veces le rehúyo a esos trabajos que consisten en hacerle dibujitos a parejas de enamorados. Le rehúyo porque el amor los tiene tan cegados que no se dan cuenta de su realidad.

A todos mis clientes les especifico que soy caricaturista, no retratista. Que hago dibujos chuscos, con rasgos exagerados, que pueden ser un novedoso regalo de aniversario o cumpleaños.

El problema es que las parejitas de novios, cegados por ese amor, se creen guapísimos… y -seamos honestos- muchos no lo son.

Con las que más batallo son con las mujeres, que nunca están conformes con nada. No es que sean exigentes, es que simplemente nada les gusta.

Lo que pasa cuando acepto un trabajo de estos, es que, si dibujo a sus novios bizcos, orejones, dientones o pelones –como están en la vida real- las mujeres se ofenden, pues creen que andan con Brad Pitt, William Levy, el Falso Profeta o conmigo. Si pasa esto, trato de hacer la caricatura “menos caricatura”; es decir: sin exagerar tanto esos rasgos acentuados. Pero a veces ni así les gusta el dibujo. Dicen: “Aaaay, mi novio no tiene la nariz tan grande…”, “aaay, no está tan panzón…”, “aaay, el lunar abajo del ojo no lo tiene tan peludo…”.

Total que termino dibujando a una persona completamente distinta. Aquí lo que les sugiero a mis clientas, es que mejor cambien de novio.

Pero dibujar mujeres es peor. Aunque siempre procuro tener mucho tacto en mis trazos, para no causar un efecto grotesco, al verse dibujadas casi con una perfección "miguelangelesca", me salen con que les ponga mejor cuerpo, que les quite cachetes, que les respingue la nariz, que les ponga el pelo de otro color, que les afile los pómulos, etcétera.

En estos casos, lo que les sugiero es un cirujano plástico.

jueves, julio 21, 2011

Adoro a mis clientes

Los clientes del negocio de cajas no son los únicos con peticiones curiosas. Esas frases de: “Quiero una caja alta pero no tan alta”, o: “¿No vende cajas en forma de esfera pero alargada?”, han pasado a la historia. Hoy, la onda son las personas que me piden que les haga dibujos.

Hace un par de días me escribió una jovenzuela que quería que le hiciera una caricatura de ella y de su novio para regalársela en su aniversario. Le pasé la cotización, el tiempo de entrega y todos esos formalismos. La chavita aceptó el trato, pero me hizo una especificación: "Quiero que el dibujo quede como una pintura".

Ok, no hay pedo, pensé, y le pregunté que en qué técnica la quería: óleo, acrílico o acuarela. O que si quería el dibujo coloreado en photoshop con algunos efectos que lo hicieran parecer que estaba "pintado".

Pero me respondió que no; que quería la caricatura en blanco y negro, pero que fuera como una pintura. "O sea, tipo, una caricatura chusca de nosotros en blanco y negro y así, pero que sea como, tipo, una pintura, ¿sí saes cómo?".

¡En la madre!, pensé.

"No, no sé cómo... no te entiendo", le dije apenado. Y me respondió: "¿Has visto las pinturas?" Y yo acá pensando: ¿Las pinturas Berel, las de Joan Miró, las de las uñas de los pies ¡o a qué pinches pinturas te refieres, cabrona!? Y yo, tranquilamente, le respondí: "Eeeemmmhhh, sí, sí he visto muchas pinturas… ¿de qué pintor o a qué te refieres?". Y ella me dijo: "Cualquier pintura de cualquier pintor... osea... así como pintura, ¿saes cómo?".

Chale... No pude más. Hice como si la llamada se hubiera cortado y me quedé mirando hacía la pared. Neta que no pude. Estoy intrigado. No entiendo qué quiere la mujer. No entiendo a qué se refiere.

¡Ayúdenme por favor, lectores genios!

martes, julio 19, 2011

Vicisitudes de un hombre extremadamente guapo

Desde hace tres años voy a la misma sucursal de un banco. Como el profesional analista del comportamiento animal que soy, me he dado cuenta que la mejor hora para ir, es a la hora que abre el lugar -por ahí de las 9 de la mañana-, pues es a la hora que toda la gente trabajadora está en su trabajo trabajando y no se puede salir; y también a la hora de la comida, pues ningún empleado está dispuesto a sacrificar la hora que le dan para comer sus abusivos patrones haciendo filas en una institución financiera. La desventaja que tiene esta última, es que en los bancos los empleados también comen, cosa que yo –a pesar de ser un hombre inteligente y sensible- ignoraba. ¿Quién se iba a imaginar que los empleados de los bancos comen? Pero en fin...

En el banco que voy hay tres empleados que atienden las únicas tres cajas existentes: dos hombres y una mujer. También hay un gerente gordo en un escritorio y, en otro, una señora que pudiera ser la abuela del abuelo de los Simpson. Casi siempre que voy a la hora de la comida, nomás está la mujer que atiende una de las cajas y el gerente panzonzón.

Total que a la mujer que atiende las cajas ya la conozco desde hace tiempo y a veces, para romper el silencio, me platica alguna de sus “aventuras como madre de dos hijos pequeños” -¡yupi!- o se queja de las “desviaciones que hay en las calles que están remodelando”.

A veces me ha tocado llegar al medio día y verla despedirse apresurada de su esposo y de sus hijos, para luego oprimir unos botones en una pared para que se abra una puerta que parece blindada y verla aparecer de pronto, mágicamente, del otro lado del mostrador.

Hoy fui al banco y, como de costumbre, nomás estaban “mi amiga que me platica” y el gerente barrigón. Total que di las buenas tardes e hice las transacciones millonarias de costumbre a las Islas Caimán y a Suiza. Antes de darme mi comprobante impreso, la mujer me dice: “Ah, te quería preguntar algo, pero mejor aquí te lo escribo porque hay gente esperando en la fila”, y arrancó un pedacito de papel de la impresora de tickets. Escribió algo con una pluma negra y me lo entregó junto con mi comprobante. Salí del banco, doblé el comprobante, me lo metí en la bolsa de la camisa, recibí una llamada, la contesté, salí al estacionamiento, me metí al coche, colgué y fue entonces cuando leí la nota:



Indignado y en un llanto, sintiéndome un objeto sexual, snif, me regresé al banco para decirle a la cajera que le aclarara a su compañera que mi vello en pecho, mi panza, mis nalgas, mis bolas, mi pelona (la de arriba y la de abajo) y demás "dentros" tienen propietaria. Al entrar, me di cuenta que los otros dos cajeros ya habían llegado y que la abuela del abuelo de los Simpson también. Bajé la vista y leí de nuevo el recadito escrito... subí la vista y miré a los cinco empleados... bajé la vista y leí otra vez la nota... y ¡ay, nanita!… ni siendo soltero me gustaría saber quién es esa “compañera” que preguntó si era soltero, brrrrrrr…

domingo, julio 17, 2011

Güffeldorf

Después de que un pitbull se chingara a mi perro chihuahueño -el Cucho-, mi madre, preocupada de que a diario llegara a mi casa y no tuviera –literalmente- perro que me ladrara, snif, se puso en contacto con los dueños de los papás del Cucho para que le avisaran cuando tuvieran otra camada de cachorros. Como sabrán, mi padre es veterinario y mi madre ha administrado por casi 30 años la clínica de su propiedad, por lo que ambos conocen todos los tejes y manejes del mundo canófilo. Y total que en febrero, dos meses después de que el Cucho colgara las garras, mi madre me regaló de sorpresa un nuevo Cucho, para que volviera a tener perro que me ladrara. Chale… lo que llega a hacer una madre cuando tiene hijos subnormales, snif.

El nuevo Cucho se ha adaptado a la casa y al negocio de cajas y yo me he adaptado a él, porque, según yo, no iba a volver a tener perros y me iba a ir de pueblo en pueblo lloriqueando: “Aaayyy, mis perrooos”, como la Llorona. Pero bueno, no se hizo.
El Cucho ya se cree el guardián de la bodega y ya sabe orinar encima de periódicos y montarse a un muñeco de peluche que tiene un agujerito entre las piernas. Incluso los sábados se despierta muy entusiasmado –más que yo- para ir a trabajar. Miren nomás cómo acomoda esos montones de cajas. Yo se las aviento desde afuera y él salta y las cacha con el hocico y las pone bajo sus patas. Es un pro el güey. Írenlo en acción:


Después de una jornada de medio día, llegamos a casa, salimos a la terraza y me doy cuenta que los tomates que sembré ya dieron fruto... después de como mil intentos y millones de semillas sembradas. Arranco cuatro frutitos. Me como dos yo y le doy dos al Cucho. Están muy buenos. Esto hay que celebrarlo.


Limpio la parilla del ataúd, coloco algo de carbón, saco unos leños -por si las dudas-, marino unos pollos, meto cervezas al congelador y espero en una silla de la terraza, viendo hacia el árbol cuyo ramaje cubre casi en su totalidad el balcón. El Cucho se vuelve loco con tantos olores, tantos insectos y tanto sonido de pájaros.
Es domingo de terraza en Güffeldorf, esa pequeña y pacífica potencia mundial perdida entre las montañas de la ciudad de Monterrey, donde se fusila a quienes llevan platos y vasos deshechables o tiran las latas de aluminio en la misma bolsa donde pongo los restos de la comida. Sean bienvenidos a este civilizado y hermoso lugar.


viernes, julio 15, 2011

Más de mi lista de personas non gratas

Me incomoda toparme con ex compañeros de la primaria, secundaria o del barrio, sobre todo con ésos a los que dejé de frecuentar desde hace algún tiempo. Me incomoda topármelos porque siento que tengo que forzar una platica que no da para mucho, pues ponernos al corriente de lo que hemos hecho en los últimos 15 ó 20 años es una tarea casi imposible, que me provoca una hueva tremenda.

Ah, pero más me caga toparme con esos cabrones que “eran un desmadre”, según sus propias palabras.

Son los típicos güeyes que, como no tienen nada de que platicar y siguen sin tener gracia o virtud alguna, se ven en la necesidad de revivir los desmadritos que se aventaron en la adolescencia. Cuando te los encuentras, siempre te dicen: “¿Te acuerdas?, ¿sí te acuerdas?, yo siempre fui un desmadre, ¿te acuerdas?, verdad que yo siempre fui un pinche desmadre”, y uno nomás siguiéndoles la corriente y diciéndoles que sí para no hacerlos sentir mal. Incluso, hasta inferior lo ven a uno por no haber sido como ellos.

“Yo era puro cabrón en aquella época, ¿te acuerdas?”, dicen orgullosos, aferrados a un pasado sin oficio ni beneficio ni memorable en lo más mínimo. Aparte, ¡qué arrogancia! Si algo me caga es que alguien hable y hable y hable de su persona si no se le pregunta por su persona.

Estos cabrones insoportables creen que por haber sido el terror de las fiestas de quinceaños, por haberse agarrado a chingazos con otros morritos, haber roto vidrios de casas, haberse robado el Shadow rojo de su jefecita, haber escapado de clases, haber fumado a los 12 o haber hecho llorar a sus espinilludas noviecitas casándose con otra en una kermés, eran muy cabrones y dignos de admiración.

Pero lo peor de todo, ¡lo peor de lo peor!, ¡el horror de horrores!, es cuando te dicen: “Y mírame ahora: quién iba a pensar que me iba a casar y a tener hijos”.

No sé qué se creen al decir esto, en serio. Como si eso de casarse y tener hijos los redimiera automáticamente de todas las mamadas y pendejadas que hicieron por el puro gusto de ser unos hijos de puta.

Aparte, no sé por qué creían que siendo los desmadrositos eran los “diferentes” o los "liberales" del grupo. La prueba más grande de que nunca fueron diferentes, es que terminaron haciendo lo que cualquier persona con dos neuronas y un poco calentura entre las piernas hace: casarse y tener hijos.

Se creen que eran muy cabrones, pero ni siquiera fueron lo suficientemente cabrones como para desafiar las leyes de la naturaleza y los protocolos sociales negándose a casarse y a tener hijos. Estos güeyes se la pasaron “desafiando” pendejadas infantiloides que no había necesidad de desafiar; reglas pendejas que cualquiera podía cumplir y romper; pero nunca podrán desafiar nada en serio.

Por eso, cuando veo de lejos a una de estas personitas, me cambio de banqueta o me escondo dentro de un basurero o hago como que me abrocho los zapatos, para no tener que hablar con ellos. Y es mejor para esa persona, porque piensa que le siguen teniendo miedo o lo siguen "respetando" por haber sido un cabrón. Y eso le alimenta el ego y es feliz. Y hacer felices a las personas me hace feliza mí, snif.

miércoles, julio 13, 2011

Hipnotizadores

Monterrey ha sido por años la ciudad de los hipnotizadores. En ningún otro lugar estos charlatanes se han hecho tan ricos y tan famosos. El teatro no existe desde hace décadas. Aquí las funciones de teatro son las presentaciones de supuestos encantadores de masas. Tony Kamo, Taurus Do Brasil, John Milton –por mencionar algunos “mentalistas”- han hecho su fortuna gracias a la estupidez de la gente de esta ciudad.

Los canales de televisión local se pelean por tener a esta gente “con poderes” en sus programas de “mayor rating”. Generalmente, cuando el hipnotizador se presenta en dicho programucho, “duerme” a los presentadores y los pone a actuar como imbéciles: bailan, dicen groserías que no dicen al aire, adoptan personalidades bizarras y obedecen los caprichos del hipnotista hasta que éste truena los dedos. Es una coreografía grotesca que no se cree ni su chingada madre, sólo los nacos que ven esos programas.

Recuerdo que hace casi 20 años fui a un show de esta calaña con un par de amigos. Nos había invitado el hermano mayor de una amiga que trabajaba tras bastidores en un teatro. Cuando apagaron las luces del lugar, el güey éste se puso entre el público, en una butaca, y cuando el hipnotizador dio la orden de que nos durmiéramos, el hermano de nuestra amiga hizo como que se quedaba dormido y caminó sonámbulo y lo pasaron al frente -junto a otros pendejos que también se habían dormido-, y lo pusieron a hacer las jaladas de siempre: bailar, decir groserías, obedecer y despertar al tronar los dedos.

Al salir del teatro, mis amigos y yo le preguntamos al hermano de nuestra amiga si algo de lo que habíamos visto había sido real, y el güey nos dijo que sí, que él ya llevaba tiempo “practicando la hipnosis” y que “podía dormirse y desprenderse de su cuerpo cuando él quisiera”. En conclusión nos dijo que todas las pendejadas que había hecho en el teatro, habían “sido reales y fuera de sus cinco sentidos”. Después, el puñetas nos ofreció 50 pesos y entradas gratis a diario si nos prestábamos para hacernos los dormidos y pasábamos al frente a hacer el ridículo. Yo, lo mandé a la verga y me fui de ahí riéndome a mi casa a contarle a la mayor cantidad de personas posible el gran fiasco que me había llevado.

Obviamente, como Monterrey tiene un gran número de estúpidos, me tildaron de loco. La mamá de un amigo, me dijo: “¿A poco no has visto cómo duerme a los conductores de la televisión y los hace llorar cuando están hipnotizados?, ¿crees que alguien se prestaría a hablar de cosas personales en la televisión y ponerse a llorar? Si fuera mentira, ¿no crees que ya lo hubieran dicho en la tele?... esas son cosas delicadas… eso sólo se logra bajo hipnosis”, me dijo la vieja muy segura. Chale... Y esas viejas tienen hijos... y esos hijos eran mis amigos. ¡Qué vergüenza!

Repito: sólo en Monterrey los hipnotizadores hacen fama y fortuna. Y ahora sí, por hipnotizadores me refiero a todo tipo de embrutecedores de las masas: políticos parlanchines, directivos de equipos de fútbol, empresarios cerveceros, comunicadores de chismes de espectáculos, maestros huevones, franquicias de café con mierda y farsantes en general que nos han hecho caer alguna vez en sus espejismos y discursos de hueva; discursos y estilos de vida que no les cree ni su puta madre. Hipnotizadores cuyos poderes han surtido efecto sobre nosotros por error o descuido.

La pregunta es: ¿ahora cómo nos libramos de esta hipnosis colectiva que nos mantiene actuando como imbéciles?
Que alguien truene los dedos o tire una bomba, a ver si con el sonido despertamos de una buena vez.

viernes, julio 08, 2011

Toda la semana se habló sobre la maistra Elba Esther (mejor conocida como la mamá de Chucky), su poder y sus "negociaciones". Y como hoy no tengo nada de qué escribir, les dejo una caricatura que hice hace un par de días.

miércoles, julio 06, 2011

Donde radica la riqueza

Me escribe Fabiola desde Colonia del Sacramento, Uruguay, y lo primero que me dice, es: “Aquí serías muy feliz… muuuy, muuuy feliz”. Me meto a Google para ver las fotografías del lugar, y no dudo de sus palabras.

“No es mentira todo lo que has leído de Uruguay, Guffo” -me dice en su escrito-. “No te has equivocado en tus suposiciones... al menos no en esta parte del país. Aquí la gente es amable, alegre y austera: como su presidente. Las calles empedradas están limpias y libres de coches; la arquitectura y los atardeceres en el Río de la Plata no los he visto nunca en ningún otro lugar”.

Me dan ganas de llorar al comparar las fotos y las imágenes que me vienen a la mente, con el lugar en donde vivo.

Siempre he pensado que la riqueza de una sociedad no radica en la prosperidad económica o en la acumulación de bienes. La riqueza está en cosas tan básicas como la educación, el respeto a los demás, la honra de las tradiciones, la congruencia de los gobernantes, el manejo moderado de los recursos y el amor por el entorno natural. Se tiene que ser educado, respetuoso, congruente, amoroso, moderado y consciente, antes que tener muchos billetes.
Si la prosperidad monetaria o la acumulación de bienes materiales vienen antes de tener todas esas virtudes humanas, tendremos lo que estamos padeciendo a diario en este pobre país.

Vivo en una ciudad que, se supone, es de las más ricas de México. Incluso hay uno que otro empresario alucinado que se atreve a decir que del mundo. Y yo me pregunto: ¿en qué radica la riqueza de mi ciudad? Seamos honestos: la gente no es amable ni austera, las calles no están limpias ni libres de coches, el cielo ya no es azul, las montañas ahora son montañas de residencias y basura, los afluentes se pintan de negro y los atardeceres de sangre todos los días. En serio, ¿en qué radica su riqueza? ¿En la enorme cantidad de drogas que se venden?, ¿en las entradas billonarias que tienen los casinos cada mes?, ¿en la venta de cerveza?, ¿en la venta de galvanizados?... ¿En dónde está esa riqueza de la que tanto presumen?

Sigo leyendo el escrito de la Fabi. Me dice que una señora le platicó que el presidente de Uruguay es como un héroe nacional y, a la vez, como cualquier otro ciudadano. Que viaja en un Volkswagen con su esposa y su perra Manuela, a la que le falta una pata y a la que quiere como a una hija. Que la gente se toma fotos con ellos. Que la gente de ese país tiene al presidente que se merece; por lo tanto, todos son héroes nacionales. Esta última frase me cae como bomba… y ya no quiero seguir leyendo.

Y aquí estoy yo, en Monterrey, lidiando con viejas feas y gordas que acaparan el estacionamiento del negocio de cajas de cartón porque vienen a bajar las lonjas al gimnasio que está a dos locales de éste. Lidiando con personas horribles que cuando les pido amablemente que muevan sus coches para poder entrar o salir, me dicen que son esposas de comandantes de la policía o novias de jefes de sicarios de algún grupo armado, y que ellas se pueden estacionar en donde quieran y que mejor ni la haga de pedo porque me “desmantelan mi changarro”.

¿Qué me queda? ¿Defender hasta la muerte lo que por ley me pertenece? ¿Valdrá la pena morir por un par de lugares de un estacionamiento que es para mis clientes? Bah… que se los queden. Que se queden con todo. Me vale verga.

Mi casa, la gente de la que puedo sentirme orgulloso y mi destino, están en otra parte.

martes, julio 05, 2011

Ve

Hace poco me topé con esta frase:

La vida no es otra cosa que esos miles de pequeños compromisos que hacemos a diario y que eventualmente nos llevan a la pérdida de nosotros mismos.

Después de leerla, me dio miedo tener más compromisos de los que pudiera soportar para no alejarme de quien quiero ser. Me aferré más a vivir bajo mis ideas, reglas y condiciones. Me ayudó a seguir al tanto de mis alcances y limitaciones; a cerrarme más en mí mismo para seguir descubriéndome y no alejarme ni tantito de lo que soy y me gusta ser.

Si piensan que encerrarse en uno mismo no es vida, agarrar tantos compromisos que no te dejan tiempo ni para pensar en esto, tampoco.

No sé por qué la frase me recordó a esos hombres que se jactan de tener "mucha experiencia" por el simple hecho de llevar más años que uno recorriendo el trayecto de esta vida y haber aceptado compromisos -algunos ni siquiera propios- a cambio de cierta seguridad, de que no los consideren irresponsables o los llamen egoístas.

A mí que me llamen como quieran.

Después de reflexionar lo que ahora escribo, como por arte de magia me topé con esta otra cita, que también me gustó mucho y vino a ser como el diamante sobre el anillo (o la cereza en el pastel, pero quise decirlo de manera más "elegante", jejeje):

...porque al final no recordarás el tiempo que pasaste trabajando en una oficina ni las veces que cortaste el césped o pintaste la verja, ¡ve y escala esa montaña!

domingo, julio 03, 2011

Patria y religión. Dos ideas que han estado aquí desde hace mucho tiempo; dos cosas que nunca he comprendido ni he querido necesitar porque creo que son enfermizas. Sin embargo, con el tiempo me las he ido formando a mi manera. No las he ido construyendo porque sienta un gran vacío existencial, sino por gusto propio. Porque creo que empiezo a entender ambos términos y la trascendencia que pueden tener en nuestras vidas.

Por eso te elegí a ti como mi patria, porque la otra patria uno no la escoge y es un sentimiento algo ambiguo que delimitan las fronteras y florece cada que nos conviene. Lo nuestro simplemente floreció y florece a diario. Y carece de fronteras, espacio y tiempo. Con una que otra guerra de vez en cuando, jejeje.

Te declaro a ti mi patria porque no creo en otro nacionalismo que no sea la belleza. Tu belleza. Interna y externa. No sé si el nacionalismo tenga algo que ver con la belleza y esto suene absurdo, pero es mi manera de darle valor y forma a todo lo que para mí representas.

Eres la patria de la que nunca renegaría. De eso puedes estar bien segura. Yo no digo: “Soy mexicano”; yo digo: “Soy de ella”. Eres el territorio que mejor conozco, del que nunca me quiero ir ni quiero ser extraditado. Y quiero seguir siendo su único habitante. Eres el territorio que me vio nacer, pues nacer es cambiar, es abrirse, es ser mejor o querer serlo. Una patria común y corriente no se da cuenta de esto. No lo comprende porque es imprecisa e intangible. Una persona a la que declaras tu patria, sí.

También eres la religión en la que decidí creer, porque es la única en la que puedo ver los milagros. Los vivo a diario. Ni todas las religiones del mundo juntas podrían comprobar tantos milagros. Aquí no hay ángeles con espadas de fuego, vírgenes que tienen hijos, viejos barbones que curan con magia o pecados. Aquí hay amor. Lo que ninguna otra religión profesa. Aquí no se piden sacrificios a cambio de un lugar en el cielo, porque el cielo eres tú, aquí y ahora. No allá arriba. Y lo serás para siempre. Incluso si hay algo allá arriba, a donde me elevo cuando me miras, me hablas, me tocas o me hueles.

La pregunta es: ¿puede una persona ser patria y religión al mismo tiempo? Sí, siempre y cuando se llame Fabiola.

Buen viaje.

viernes, julio 01, 2011

Taquitititos

Alguna vez escuché la leyenda urbana de que por el negocio de cajas existen unos tacos de guisados que valen un peso cada uno. ¡Un peso!

Como el incrédulo que soy, me negué a creer tan fantástica historia. "Ha de ser una conspiración del gobierno para crear una cortina de humo y así distraernos de los verdaderos problemas que aquejan al país", pensaba cuerdamente, y compraba los tacos de veinticatorcemil pesos cada uno que acostumbro.

Hasta que los del negocio de a un lado -muy amablemente- me dijeron que irían por tacos, que si no quería aprovechar la vuelta para pedir algo de comer. Les pregunté: “¿De qué tacos van a traer?", y me respondieron: “De los tacos de a peso". Un escalofrió me recorrió el espinazo. El vello de la nuca se me erizó. El mito gastronómico comenzaba a materializarse.

Y para no hacerles el cuento largo ni aburrido ni mamón con eso de “el mito” y “la leyenda”, por fin conocí los famosos tacos de un peso. La orden, como es costumbre, trae 5 taquitos –literalmente- y vale 5 pesos (obviamente). Y, aparte, están buenos los cabrones. Me dicen que hay filas de personas esperando 300, 500 y 1000 tacos a diario, para eventos y para revenderlos en 2.50 pesos. Vean nomás. ¡Coshiiitaassss!



Si de algo puedo presumir, es que en mi colonia la gente no se muere de hambre y se generan empleos.