viernes, julio 15, 2011

Más de mi lista de personas non gratas

Me incomoda toparme con ex compañeros de la primaria, secundaria o del barrio, sobre todo con ésos a los que dejé de frecuentar desde hace algún tiempo. Me incomoda topármelos porque siento que tengo que forzar una platica que no da para mucho, pues ponernos al corriente de lo que hemos hecho en los últimos 15 ó 20 años es una tarea casi imposible, que me provoca una hueva tremenda.

Ah, pero más me caga toparme con esos cabrones que “eran un desmadre”, según sus propias palabras.

Son los típicos güeyes que, como no tienen nada de que platicar y siguen sin tener gracia o virtud alguna, se ven en la necesidad de revivir los desmadritos que se aventaron en la adolescencia. Cuando te los encuentras, siempre te dicen: “¿Te acuerdas?, ¿sí te acuerdas?, yo siempre fui un desmadre, ¿te acuerdas?, verdad que yo siempre fui un pinche desmadre”, y uno nomás siguiéndoles la corriente y diciéndoles que sí para no hacerlos sentir mal. Incluso, hasta inferior lo ven a uno por no haber sido como ellos.

“Yo era puro cabrón en aquella época, ¿te acuerdas?”, dicen orgullosos, aferrados a un pasado sin oficio ni beneficio ni memorable en lo más mínimo. Aparte, ¡qué arrogancia! Si algo me caga es que alguien hable y hable y hable de su persona si no se le pregunta por su persona.

Estos cabrones insoportables creen que por haber sido el terror de las fiestas de quinceaños, por haberse agarrado a chingazos con otros morritos, haber roto vidrios de casas, haberse robado el Shadow rojo de su jefecita, haber escapado de clases, haber fumado a los 12 o haber hecho llorar a sus espinilludas noviecitas casándose con otra en una kermés, eran muy cabrones y dignos de admiración.

Pero lo peor de todo, ¡lo peor de lo peor!, ¡el horror de horrores!, es cuando te dicen: “Y mírame ahora: quién iba a pensar que me iba a casar y a tener hijos”.

No sé qué se creen al decir esto, en serio. Como si eso de casarse y tener hijos los redimiera automáticamente de todas las mamadas y pendejadas que hicieron por el puro gusto de ser unos hijos de puta.

Aparte, no sé por qué creían que siendo los desmadrositos eran los “diferentes” o los "liberales" del grupo. La prueba más grande de que nunca fueron diferentes, es que terminaron haciendo lo que cualquier persona con dos neuronas y un poco calentura entre las piernas hace: casarse y tener hijos.

Se creen que eran muy cabrones, pero ni siquiera fueron lo suficientemente cabrones como para desafiar las leyes de la naturaleza y los protocolos sociales negándose a casarse y a tener hijos. Estos güeyes se la pasaron “desafiando” pendejadas infantiloides que no había necesidad de desafiar; reglas pendejas que cualquiera podía cumplir y romper; pero nunca podrán desafiar nada en serio.

Por eso, cuando veo de lejos a una de estas personitas, me cambio de banqueta o me escondo dentro de un basurero o hago como que me abrocho los zapatos, para no tener que hablar con ellos. Y es mejor para esa persona, porque piensa que le siguen teniendo miedo o lo siguen "respetando" por haber sido un cabrón. Y eso le alimenta el ego y es feliz. Y hacer felices a las personas me hace feliza mí, snif.

miércoles, julio 13, 2011

Hipnotizadores

Monterrey ha sido por años la ciudad de los hipnotizadores. En ningún otro lugar estos charlatanes se han hecho tan ricos y tan famosos. El teatro no existe desde hace décadas. Aquí las funciones de teatro son las presentaciones de supuestos encantadores de masas. Tony Kamo, Taurus Do Brasil, John Milton –por mencionar algunos “mentalistas”- han hecho su fortuna gracias a la estupidez de la gente de esta ciudad.

Los canales de televisión local se pelean por tener a esta gente “con poderes” en sus programas de “mayor rating”. Generalmente, cuando el hipnotizador se presenta en dicho programucho, “duerme” a los presentadores y los pone a actuar como imbéciles: bailan, dicen groserías que no dicen al aire, adoptan personalidades bizarras y obedecen los caprichos del hipnotista hasta que éste truena los dedos. Es una coreografía grotesca que no se cree ni su chingada madre, sólo los nacos que ven esos programas.

Recuerdo que hace casi 20 años fui a un show de esta calaña con un par de amigos. Nos había invitado el hermano mayor de una amiga que trabajaba tras bastidores en un teatro. Cuando apagaron las luces del lugar, el güey éste se puso entre el público, en una butaca, y cuando el hipnotizador dio la orden de que nos durmiéramos, el hermano de nuestra amiga hizo como que se quedaba dormido y caminó sonámbulo y lo pasaron al frente -junto a otros pendejos que también se habían dormido-, y lo pusieron a hacer las jaladas de siempre: bailar, decir groserías, obedecer y despertar al tronar los dedos.

Al salir del teatro, mis amigos y yo le preguntamos al hermano de nuestra amiga si algo de lo que habíamos visto había sido real, y el güey nos dijo que sí, que él ya llevaba tiempo “practicando la hipnosis” y que “podía dormirse y desprenderse de su cuerpo cuando él quisiera”. En conclusión nos dijo que todas las pendejadas que había hecho en el teatro, habían “sido reales y fuera de sus cinco sentidos”. Después, el puñetas nos ofreció 50 pesos y entradas gratis a diario si nos prestábamos para hacernos los dormidos y pasábamos al frente a hacer el ridículo. Yo, lo mandé a la verga y me fui de ahí riéndome a mi casa a contarle a la mayor cantidad de personas posible el gran fiasco que me había llevado.

Obviamente, como Monterrey tiene un gran número de estúpidos, me tildaron de loco. La mamá de un amigo, me dijo: “¿A poco no has visto cómo duerme a los conductores de la televisión y los hace llorar cuando están hipnotizados?, ¿crees que alguien se prestaría a hablar de cosas personales en la televisión y ponerse a llorar? Si fuera mentira, ¿no crees que ya lo hubieran dicho en la tele?... esas son cosas delicadas… eso sólo se logra bajo hipnosis”, me dijo la vieja muy segura. Chale... Y esas viejas tienen hijos... y esos hijos eran mis amigos. ¡Qué vergüenza!

Repito: sólo en Monterrey los hipnotizadores hacen fama y fortuna. Y ahora sí, por hipnotizadores me refiero a todo tipo de embrutecedores de las masas: políticos parlanchines, directivos de equipos de fútbol, empresarios cerveceros, comunicadores de chismes de espectáculos, maestros huevones, franquicias de café con mierda y farsantes en general que nos han hecho caer alguna vez en sus espejismos y discursos de hueva; discursos y estilos de vida que no les cree ni su puta madre. Hipnotizadores cuyos poderes han surtido efecto sobre nosotros por error o descuido.

La pregunta es: ¿ahora cómo nos libramos de esta hipnosis colectiva que nos mantiene actuando como imbéciles?
Que alguien truene los dedos o tire una bomba, a ver si con el sonido despertamos de una buena vez.

viernes, julio 08, 2011

Toda la semana se habló sobre la maistra Elba Esther (mejor conocida como la mamá de Chucky), su poder y sus "negociaciones". Y como hoy no tengo nada de qué escribir, les dejo una caricatura que hice hace un par de días.

miércoles, julio 06, 2011

Donde radica la riqueza

Me escribe Fabiola desde Colonia del Sacramento, Uruguay, y lo primero que me dice, es: “Aquí serías muy feliz… muuuy, muuuy feliz”. Me meto a Google para ver las fotografías del lugar, y no dudo de sus palabras.

“No es mentira todo lo que has leído de Uruguay, Guffo” -me dice en su escrito-. “No te has equivocado en tus suposiciones... al menos no en esta parte del país. Aquí la gente es amable, alegre y austera: como su presidente. Las calles empedradas están limpias y libres de coches; la arquitectura y los atardeceres en el Río de la Plata no los he visto nunca en ningún otro lugar”.

Me dan ganas de llorar al comparar las fotos y las imágenes que me vienen a la mente, con el lugar en donde vivo.

Siempre he pensado que la riqueza de una sociedad no radica en la prosperidad económica o en la acumulación de bienes. La riqueza está en cosas tan básicas como la educación, el respeto a los demás, la honra de las tradiciones, la congruencia de los gobernantes, el manejo moderado de los recursos y el amor por el entorno natural. Se tiene que ser educado, respetuoso, congruente, amoroso, moderado y consciente, antes que tener muchos billetes.
Si la prosperidad monetaria o la acumulación de bienes materiales vienen antes de tener todas esas virtudes humanas, tendremos lo que estamos padeciendo a diario en este pobre país.

Vivo en una ciudad que, se supone, es de las más ricas de México. Incluso hay uno que otro empresario alucinado que se atreve a decir que del mundo. Y yo me pregunto: ¿en qué radica la riqueza de mi ciudad? Seamos honestos: la gente no es amable ni austera, las calles no están limpias ni libres de coches, el cielo ya no es azul, las montañas ahora son montañas de residencias y basura, los afluentes se pintan de negro y los atardeceres de sangre todos los días. En serio, ¿en qué radica su riqueza? ¿En la enorme cantidad de drogas que se venden?, ¿en las entradas billonarias que tienen los casinos cada mes?, ¿en la venta de cerveza?, ¿en la venta de galvanizados?... ¿En dónde está esa riqueza de la que tanto presumen?

Sigo leyendo el escrito de la Fabi. Me dice que una señora le platicó que el presidente de Uruguay es como un héroe nacional y, a la vez, como cualquier otro ciudadano. Que viaja en un Volkswagen con su esposa y su perra Manuela, a la que le falta una pata y a la que quiere como a una hija. Que la gente se toma fotos con ellos. Que la gente de ese país tiene al presidente que se merece; por lo tanto, todos son héroes nacionales. Esta última frase me cae como bomba… y ya no quiero seguir leyendo.

Y aquí estoy yo, en Monterrey, lidiando con viejas feas y gordas que acaparan el estacionamiento del negocio de cajas de cartón porque vienen a bajar las lonjas al gimnasio que está a dos locales de éste. Lidiando con personas horribles que cuando les pido amablemente que muevan sus coches para poder entrar o salir, me dicen que son esposas de comandantes de la policía o novias de jefes de sicarios de algún grupo armado, y que ellas se pueden estacionar en donde quieran y que mejor ni la haga de pedo porque me “desmantelan mi changarro”.

¿Qué me queda? ¿Defender hasta la muerte lo que por ley me pertenece? ¿Valdrá la pena morir por un par de lugares de un estacionamiento que es para mis clientes? Bah… que se los queden. Que se queden con todo. Me vale verga.

Mi casa, la gente de la que puedo sentirme orgulloso y mi destino, están en otra parte.

martes, julio 05, 2011

Ve

Hace poco me topé con esta frase:

La vida no es otra cosa que esos miles de pequeños compromisos que hacemos a diario y que eventualmente nos llevan a la pérdida de nosotros mismos.

Después de leerla, me dio miedo tener más compromisos de los que pudiera soportar para no alejarme de quien quiero ser. Me aferré más a vivir bajo mis ideas, reglas y condiciones. Me ayudó a seguir al tanto de mis alcances y limitaciones; a cerrarme más en mí mismo para seguir descubriéndome y no alejarme ni tantito de lo que soy y me gusta ser.

Si piensan que encerrarse en uno mismo no es vida, agarrar tantos compromisos que no te dejan tiempo ni para pensar en esto, tampoco.

No sé por qué la frase me recordó a esos hombres que se jactan de tener "mucha experiencia" por el simple hecho de llevar más años que uno recorriendo el trayecto de esta vida y haber aceptado compromisos -algunos ni siquiera propios- a cambio de cierta seguridad, de que no los consideren irresponsables o los llamen egoístas.

A mí que me llamen como quieran.

Después de reflexionar lo que ahora escribo, como por arte de magia me topé con esta otra cita, que también me gustó mucho y vino a ser como el diamante sobre el anillo (o la cereza en el pastel, pero quise decirlo de manera más "elegante", jejeje):

...porque al final no recordarás el tiempo que pasaste trabajando en una oficina ni las veces que cortaste el césped o pintaste la verja, ¡ve y escala esa montaña!

domingo, julio 03, 2011

Patria y religión. Dos ideas que han estado aquí desde hace mucho tiempo; dos cosas que nunca he comprendido ni he querido necesitar porque creo que son enfermizas. Sin embargo, con el tiempo me las he ido formando a mi manera. No las he ido construyendo porque sienta un gran vacío existencial, sino por gusto propio. Porque creo que empiezo a entender ambos términos y la trascendencia que pueden tener en nuestras vidas.

Por eso te elegí a ti como mi patria, porque la otra patria uno no la escoge y es un sentimiento algo ambiguo que delimitan las fronteras y florece cada que nos conviene. Lo nuestro simplemente floreció y florece a diario. Y carece de fronteras, espacio y tiempo. Con una que otra guerra de vez en cuando, jejeje.

Te declaro a ti mi patria porque no creo en otro nacionalismo que no sea la belleza. Tu belleza. Interna y externa. No sé si el nacionalismo tenga algo que ver con la belleza y esto suene absurdo, pero es mi manera de darle valor y forma a todo lo que para mí representas.

Eres la patria de la que nunca renegaría. De eso puedes estar bien segura. Yo no digo: “Soy mexicano”; yo digo: “Soy de ella”. Eres el territorio que mejor conozco, del que nunca me quiero ir ni quiero ser extraditado. Y quiero seguir siendo su único habitante. Eres el territorio que me vio nacer, pues nacer es cambiar, es abrirse, es ser mejor o querer serlo. Una patria común y corriente no se da cuenta de esto. No lo comprende porque es imprecisa e intangible. Una persona a la que declaras tu patria, sí.

También eres la religión en la que decidí creer, porque es la única en la que puedo ver los milagros. Los vivo a diario. Ni todas las religiones del mundo juntas podrían comprobar tantos milagros. Aquí no hay ángeles con espadas de fuego, vírgenes que tienen hijos, viejos barbones que curan con magia o pecados. Aquí hay amor. Lo que ninguna otra religión profesa. Aquí no se piden sacrificios a cambio de un lugar en el cielo, porque el cielo eres tú, aquí y ahora. No allá arriba. Y lo serás para siempre. Incluso si hay algo allá arriba, a donde me elevo cuando me miras, me hablas, me tocas o me hueles.

La pregunta es: ¿puede una persona ser patria y religión al mismo tiempo? Sí, siempre y cuando se llame Fabiola.

Buen viaje.

viernes, julio 01, 2011

Taquitititos

Alguna vez escuché la leyenda urbana de que por el negocio de cajas existen unos tacos de guisados que valen un peso cada uno. ¡Un peso!

Como el incrédulo que soy, me negué a creer tan fantástica historia. "Ha de ser una conspiración del gobierno para crear una cortina de humo y así distraernos de los verdaderos problemas que aquejan al país", pensaba cuerdamente, y compraba los tacos de veinticatorcemil pesos cada uno que acostumbro.

Hasta que los del negocio de a un lado -muy amablemente- me dijeron que irían por tacos, que si no quería aprovechar la vuelta para pedir algo de comer. Les pregunté: “¿De qué tacos van a traer?", y me respondieron: “De los tacos de a peso". Un escalofrió me recorrió el espinazo. El vello de la nuca se me erizó. El mito gastronómico comenzaba a materializarse.

Y para no hacerles el cuento largo ni aburrido ni mamón con eso de “el mito” y “la leyenda”, por fin conocí los famosos tacos de un peso. La orden, como es costumbre, trae 5 taquitos –literalmente- y vale 5 pesos (obviamente). Y, aparte, están buenos los cabrones. Me dicen que hay filas de personas esperando 300, 500 y 1000 tacos a diario, para eventos y para revenderlos en 2.50 pesos. Vean nomás. ¡Coshiiitaassss!



Si de algo puedo presumir, es que en mi colonia la gente no se muere de hambre y se generan empleos.

jueves, junio 30, 2011

Huyo al viajar


Me queda claro que cuando viajo, estoy huyendo de algo. Algunas personas no lo sentirán así. Pero yo sí.

Y no me da vergüenza aceptarlo, pues disfruto huyendo. Huyo de todo, menos de mí mismo.

Me resulta más fácil huir que adaptarme a mi entorno. Para adaptarme, necesitaría permanecer encerrado. No salir. Aislarme. El aislamiento se debe a mi negación a ajustarme a un entorno como el que ofrece mi ciudad, tierra en la que procuro rodearme de personas y cosas valiosas, pero que sigue sin tener la fuerza de atracción suficiente para mantenerme pegado a su suelo.

Antes viajaba más que ahora porque -irónicamente- tenía más trabajo. En aquel tiempo conocí lugares en donde me sentí mejor que en casa. Lugares en donde no tenía la mínima idea del lenguaje o la escritura que se empleaban; lugares en los que me daba a entender con señas, ruidos o dibujos. Y me sentía seguro. Libre. Pleno. Había conexiones más profundas. Curiosamente, más humanas.

Estuve muy lejos de casa, donde jamás imaginé algún día estar, pero nunca me sentí perdido por más perdido que estuviera. Viajar es encerrarse en uno mismo, aunque se tenga al cielo del horizonte como destino y al mundo entero de camino.

Me gusta viajar. Huir. Es como soñar que exploras tierras desconocidas, pero en carne y hueso. Es volar, rodar, correr y caminar hasta encontrar el lugar perfecto. El lugar que sólo existe en sueños.

Por eso, no entiendo a las personas que no soportan viajar teniendo el tiempo y los recursos. ¿Acaso no quieren huir de nada? No entiendo que no disfruten estar tanto tiempo con ellos mismo. Para esa gente, viajar es “no hacer nada”.

Seis horas viendo por la ventanilla de un tren, dos horas recargado en el barandal de un barco, treinta minutos en un tranvía o todo el día sentado frente a un río que resbala entre piedras heladas y musgo, yo, no lo cambio por nada.

Quisiera viajar constantemente. Huir. Evadirme. Que ese fuera mi trabajo. Llevarme conmigo una maleta pequeña y a todas las personas y cosas que amo y nutren mi espíritu. Hasta encontrar el lugar del que jamás huiría.


miércoles, junio 29, 2011

Padezco de mis facultades sociables

Alguna vez en este blog les platiqué sobre esos familiares que ni siquiera son tus familiares pero se sienten de tu familia. ¡Ah, qué molestos son! Y son molestos porque se dirigen a ti como si te trataran a diario y porque la única vez que te buscan es para pedirte algún favor.

Hace poco recibí una llamada muy incómoda; incómoda para alguien como yo, una persona que padece de sus facultades básicas para la interacción social. Sonó el teléfono, lo contesté y era una voz ranchera, de tonito golpeado, que me dijo:

-¿Qué pedooo, pinche primooo?, ¿cómo estás, cabróoon?

-¿Quién habla? –pregunté.

-¿Cómo que quién habla?, qué rápido te olvidas de la familia, cabróoon.

-¿Quién habla? –repetí. Si algo me encabrona –de entre las 1257364 cosas que me encabronan- es que cuando hago una pregunta me contesten con otra cosa que no sea la respuesta que pido. Como si estuviéramos jugando a las adivinanzas.

-¿Pues quién más, cabrón?, ¿cómo has estado, pinche primo?

-¿Quién habla? –subí el tono de voz, pues empezó a cagarme el palo quien estaba del otro lado de la bocina.

-¿Pues cómo que quién?, pinche primo mamón. Habla tu primo Reginaldo.

-Yo no tengo ningún primo con ese nombre.

-Cómo de que no, cabrón, no mames, primo: soy el esposo de la sobrina política de la tía abuela de la prima de tu papá: Anacahuita.

Con esos pinches nombres, ¿cómo no me iba a acordar de ellos? Al cabrón éste lo había visto una sola vez en toda mi vida -¡UNA!-, junto a mi supuesta prima!; y de eso hace ya como 15 años, pero el güey me hablaba como si fuéramos amigos de toda la vida y hasta me preguntó que “cómo estaban sus tíos”, o sea, mis papás. Ah, pinche vatito confianzudo...

Y conforme se alargaba la llamada, la plática se volvía más y más incómoda.

Y así como lo predije, fue. “Mi primo” necesitaba un favor. Necesitaba cajas de cartón y quería “saber precios” y “ver los descuentos”. Oh, no, qué horror.

Pero ahí no paró la cosa. Lo peor fue cuando me dijo:

-Mañana voy al negocio, para ver lo de las cajas, primo… ah, y para que conozcas a tu sobrina.

¡¿Mi sobrina?! Yo no tengo sobrinos, pinche igualado. Este cabrón confianzudo ahora cree que su hija es mi sobrina. ¡No mames, por favor! Nomás te pido que no mames, “primo”. Neta que qué pinche fastidio. En todo el día no pude pensar en otra cosa que no fuera eso; y en la noche no pude dormir pensando en que el cabrón iba a venir al negocio y me iba a presentar a una niña que en mi vida había visto, pero me reclamaba como “su tío”. ¡Qué pesadilla!

Al día siguiente solucioné el problema llamándole y preguntándole a qué hora vendría al negocio. “A las tres estoy por ahí, primo”, me dijo.

Y a las tres de la tarde no estuve. Obviamente el necio me marcó estando en el negocio, pero le dije que andaba con unos clientes y que no iba a llegar en toda la tarde, pero que ahí lo atendían muy bien. Lo último que me dijo, antes de colgar, fue:

-Lástima, primo: no vas a conocer a tu sobrina.

Uy, sí, de lo que me perdí, snif.

lunes, junio 27, 2011

Nuevo webcómic

Mi nuevo webcómic está listo. A petición de muchos lectores, reviví al capitán Cooltura y al agente Moleskin gracias a una beca creada por Armando Valenzuela, autor de SuperLavandería.

Píquenle aquí para que lean las nuevas aventuras de mis personajes. Habrá actualizaciones de lunes a viernes. Respecto a este blog, seguiré poniendo las mafufadas y berrinches de costumbre. Quedan advertidos.

Buen inicio de semana.

viernes, junio 17, 2011

El corcel de mi infancia

De niño tuve un caballo. Era blanco y se llamaba Tecate.

En verdad no era mío, sino del dueño del rancho al que mi padre le vendía forraje y medicinas para las vacas, pero a veces los papás dicen cosas de ese tipo para hacernos felices.

Lo llamé Tecate porque los rancheros que lo cuidaban siempre estaban tomando cerveza marca Tecate y le aventaban las latas vacías a las patas y el caballo las apachurraba con su pezuña. Tecate era famoso en el rancho por esa gracia.

Una vez por semana, en las tardes, acompañaba a mi padre al rancho de su cliente y montábamos un rato a Tecate. Uno de los rancheros me ponía su sombrero y mi papá me decía que me parecía al Llanero Solitario, pero yo más bien me sentía un centauro. Mundo, el ranchero más viejo, no sabía lo que era un centauro.

Cuando me bajaba de Tecate, lo acariciaba y le daba palmaditas en el cuello antes de que lo metieran de vuelta en su corral. Después, me ponía a buscar cacas duras y las aventaba hacia el tronco de un mezquite para afinar mi puntería. Me gustaba el olor de la caca de caballo. No huele feo como la caca de las personas o la de los perros.

Días después, vi El Corcel Negro en el cine, y quería ir todos los días a montar a Tecate.

Quería llevármelo a vivir al patio de mi casa, pero mi papá decía que era un patio muy pequeño para un caballo. Eso fue antes de que uno de los rancheros me dijera que a Tecate se lo habían llevado del rancho para que corriera unas carreras. Otro de los rancheros dijo: “Se fue a jugar carreras con San Pedro”, y todos se rieron, pero yo no le entendí al chiste.

Cada que veo un caballo blanco, me acuerdo de Tecate. También cuando me tomo unas Tecates.

jueves, junio 16, 2011

Las marchas sí sirven

Hace algunos días, 4000 simpatizantes del ex alcalde de Tijuana, Jorge Hank Rhon, organizaron una marcha para exigir su liberación.

¡Y don Jorge Hank Rhon salió libre en un pedo! ¡La marcha dio resultados, mexicanas y mexicanos!, ¡ay, snif, qué emoción!, ¡sí se pudo, sí se pudo, sí se pudo!

No se emocionen, "apoyadores de marchas": estaba siendo sarcástico.

¿Por qué a estos hijos de la chingada todo les sale bien? ¿Por qué nomás sus marchas tienen resultados "positivos"? ¿Por qué ellos pueden dormir tranquilos y uno no duerme por deber 5 mil pesos al banco? Si, ya sé la respuesta, no me la tienen que decir...

Deberían considerar como delito grave ser feo físicamente, ya que a este viejo cabrón no le pueden comprobar nunca nada.



¡Puro chile para todos!

martes, junio 14, 2011

Que sólo permanezcan las montañas


Hace un par de años, cuando mi hermana se casó, sus suegros vinieron desde India y quedaron fascinados con Monterrey. Las montañas -que pueden verse desde cualquier punto siempre y cuando el smog lo permita- los maravillaron. Es fecha que, a pesar de las noticias bestiales de las que se enteran por medio de internet, quieren volver a venir: sólo para contemplar las montañas.

Últimamente intento ver a mi ciudad con ojos de turista. Con la mirada de alguien que sólo va de paso. La percepción cambia. El pesimismo se reduce y hasta llego a pensar que, si estuviera lejos por algún tiempo, la extrañaría. Pero luego me vuelvo a encabronar y le tiro mierda y deseo que le caiga una pinche bomba y quiero declarar la casa en la que vivo nación soberana e independiente.

Antes de escribir esto, estaba leyendo un pequeño artículo sobre mi ciudad. El autor del escrito relata cómo la mayoría de la gente añora el Monterrey de antes, y reflexiona sobre un punto que me pareció muy interesante: el Monterrey de antes es precisamente el que nos tiene en el Monterrey que hoy padecemos. Y tiene razón.

Esa faceta del Monterrey competitivo (que nos volvió voraces), capitalista (que nos volvió frívolos), industrial (que ensució nuestro aire y nuestros ríos), adinerado (que nos volvió soberbios), que se despierta pensando en trabajar y duerme pensando en seguir trabajando para acumular bienes materiales que son sinónimo de éxito, es justamente la que nos puso en esta tierra racista, sin ley, sin cultura, sin árboles, sin sensibilidad, sin muchas opciones laborales que no tengan que ver con el comercio o la industria y sin muchas opciones recreativas que no tengan que ver con beber cerveza, ver el fútbol o comer carne asada.

¿Qué se puede esperar de una sociedad a la que solamente se le inculcó trabajar y acumular bienes? Que sus habitantes se conviertan en autómatas. Autómatas que no se dan cuenta que quienes les dan sus empleos son los mismos que les ofrecen las distracciones y los mismos que les arrebatan su dinero. Reciben un salario y lo devuelven íntegro a los mismos que se los dieron. Es un círculo perfecto que muchos se niegan a romper porque -hay que aceptarlo- da cierta “seguridad”, pero -también hay que aceptarlo- nos impide ver y valorar otros horizontes.

¿Qué se puede esperar de una sociedad que todo lo ve como una oportunidad para hacer negocios? Pues que vendan su alma a quien "les llegue al precio" a costa de cualquier consecuencia, por negativa o perjudicial que ésta sea.

Yo por eso observo las montañas. Son mi nuevo horizonte. Siempre lo han sido. Las observo para olvidarme un poco de esta cultura dinerera que se ha arraigado desde hace años en mi ciudad. Para olvidarme de las matanzas, de la burocracia que nos hace delincuentes por no tener un papel sellado y del contubernio entre autoridades y quienes están fuera de la ley. Las observo porque sé que las montañas estarán ahí siempre, por los siglos de los siglos, recordándonos que no a todo se le puede poner un precio y que vale más quien no lo tiene. Observo las montañas de mi ciudad con la esperanza de que la triste situación que ahora vivimos no sea permanente. Y que sólo permanezcan las montañas.

lunes, junio 13, 2011

Las altruistas que piden fiado

De entre el montón de clientes deleznables que tengo destaca entre los primeros lugares de popularidad un par de viejas locas que dicen tener una asociación que ayuda a mujeres con cáncer… o madres solteras… o madres solteras con cáncer… Algo así, no me acuerdo; pero según ellas ayudan a las mujeres de escasos recursos. Que no digo que esté mal, el problema al que me refiero es otro.

Lo que me caga de que vengan esas viejas locas al negocio es que quieren todo regalado “porque son una asociación no lucrativa, que vive de las donaciones, ay, snif”, y cada que me lo mencionan ponen su cara de dolor y de “tenme lástima”… Y me caga la madre que lo hagan y más me caga la madre que me vengan a pedir que les fíe cosas. ¿Por qué me caga?, pues porque esa jeta de compungidas que ponen cuando me piden que les regale los productos se les borra en el instante en que se suben a su camionetota del año y prenden el aire acondicionado y se van a 200 kilómetros por hora con un montón de cosas que pagaron casi al costo de producción porque el pendejo de yo no sabe decir que no, snif.

En el libro de Ayn Rand, La Rebelión de Atlas (sí, ya sé que qué bien jodo con esa novela, pero seguiré jodiendo hasta que el mundo entero la lea) la autora menciona que uno de los cánceres que tiene empinada a la humanidad, es precisamente esa figura de Robin Hood y todo el conjunto de filosofías, creencias y valores que se han formado alrededor de ella. Esa filosofía de quitarle al que tiene –porque seguramente es una persona mala- para dárselo al que no tiene –porque seguramente es una persona buena- y hacer ver al que quita y da, como un hombre justo.

¿Por qué el que quiere ayudar a los pobres no los ayuda con dinero de su bolsillo? Pues porque no son pendejos y porque por medio de las “donaciones” se pueden deducir muchos impuestos. Esa mentalidad “robinhoodesca” es la que se aplica al llamado altruismo. Que repito: no está mal ayudar a quien lo necesite si así es la voluntad propia, el pedo es “ayudar” a unos quitándole a otros. Es una explicación más extensa y filosófica la que plantea la autora, pero en resumidas cuentas a eso es a lo que se refiere y es por eso que cada que vienen esas clientas me acuerdo de la novela.

Apuesto a que si el par de viejas locas vendiera la camionetota que traen, sacarían, fácil, unos 300 mil pesos muy buenos para su asociación, en vez andarme llorando 90 pinches pesos en toneladas de moños y papeles de china a los que me niego hacerles un descuento del 50% después de hacerles uno del 20%. Noventa pinches pesos me lloriquean…

Lo peor del caso es que a veces vienen estas viejas a ofrecerme las manualidades que hacen las mujeres a las que ayuda su asociación: llaveros, pulseras y adornos para puertas con motivos religiosos; y las viejas culeras los dan en 300 pesos y hasta en 400. Ah, pero eso sí: cuando les dices que están muy caros, que se bajen de precio, no se bajan ni un centavo "porque es para ayudar a las pobres mujeres a las que su asociación apoya"

Vayan al carajo, pinches viejas picudas... ¿O acaso soy un insensible?

viernes, junio 10, 2011

Viernes de lectura

Mientras aquí se señala con desprecio a quien quiere ser presidente de México en el 2012 por gastar 2 millones de dólares en una exclusiva tienda de ropa en Beverly Hills; allá en Uruguay -bendita nación que no tengo el gusto de conocer y en la que me gustaría vivir algún día-, Pepe Mujica, su presidente, exhibe su modo austero de vida como ejemplo de congruencia de valores y de respeto a su pueblo: un pueblo rico y culto, y que, para acabarla de chingar, llega más lejos en los mundiales de fútbol que nuestra selección mexicana, con menos de la mitad del presupuesto y sin tanta chingada publicidad. ¿Qué más se puede pedir? Aparte, don Pepe prohíbe el uso de Facebook y Twitter a los empleados de gobierno para que no se atolondren más de lo que están. Esos son huevos y no mariconadas de: “Ay, estoy en mi derecho de navegar en las redes sociales porque éste es un país libre ña ña ñaaaa buaaa...”. ¡Pónganse a jalar, bola de huevones! Mujica es de los míos: iluminados, radicales y extremistas hasta los pinches tanates, ¡ajuuua!

Un artículo muy interesante sobre el mejor presidente del universo (después de Yo Mero, presidente vitalicio de Vayanalcarajolandia). Léanlo, se los recomiendo... por no decir que se los ordeno.

Gracias a Rox por mandármelo.

P.D. Hablando en serio: ¿no creen que se necesita ser muuuy pendejo para gastar 2 millones de dólares ¡en ropa!? Aún y teniendo dinero de sobra, en serio: ¿no creen que se necesita estar muuuy mal de la cabeza para gastar ese dinero ¡en ropa!? Yo creo que sí.

lunes, junio 06, 2011

Parejas maduras


Me gusta tomarle fotos a parejas maduras. En especial a ésas que se toman de la mano, se abrazan, se besan o ríen mientras platican.

Estoy de acuerdo en que tomarse de la mano, abrazarse o besarse pudiera convertirse en algo instintivo después de tantos años de convivencia; en una conducta que no va más allá de la inercia. Pero seguir platicando y riendo: eso sí está cabrón.

No es cursilería lo de las fotos a las parejas maduras. Simplemente, cuando las observo, siento que saben algo que los demás ignoramos. Pienso que encontraron algo que no todos encuentran, pero la mayoría busca. Que actúan como si tuvieran un secreto, como si lo supieran todo. Como si lo hubieran superado todo.

Cuando me topo con algunas de ellas, pienso en compañía y en libertad, en soledad y eternidad. En la madurez que no tiene nada que ver con las canas. Incluso hasta me imagino pactos de amor suicidas. Pienso en las elecciones importantes de la vida, y también en aquellos que no tienen la capacidad de tomar buenas decisiones.

Hay quienes eligen no tener lo que se ve que tienen las parejas de mis fotos. Quizá no optan por eso para no lidiar con el intenso dolor que provocaría la pérdida de un compañero de vida. Pero apuesto a que muchos eligen tenerlo. ¿Qué dolerá menos: tenerlo y perderlo, o mejor nunca tenerlo?

A final de cuentas, caemos en lo mismo, escojamos lo que escojamos: la soledad. La soledad lleva a la soledad y la compañía lleva a lo mismo. ¿Cuál será mejor mientras dura el trayecto? ¿Qué será más fácil: el dolor de una pérdida valiosa o el dolor de no tener algo valioso que perder?

Buen inicio de semana.

viernes, junio 03, 2011

La fea fe

El día que con fe muevan una montaña, por favor tómenle una foto o, de preferencia, tómenle video y mándenmelo; mientras tanto no me jodan con esa cantaleta de que “la fe mueve montañas”.
Tampoco me salgan con eso de que “la esperanza nunca muere” para justificar el charco de mierda en el que estamos sumergidos.
Ah, y mucho menos vengan a decirme “¿y tú qué haces para que las cosas mejoren, aparte de quejarte?”, porque en verdad hago mucho con el simple hecho de ser yo.

Eso de tener fe y no perder la esperanza me parece el consuelo de los mediocres y los huevones (y que conste que yo a veces me siento mediocre y huevón). Obviamente es preferible decir: “Ten fe” o “No pierdas la esperanza” a corregir el curso erróneo de las cosas y combatir los problemas desde la raíz.

Es como cuando las autoridades y los medios nos piden “ser pacientes” mientras manejamos a vuelta de rueda en un embotellamiento. Obviamente nos dicen eso porque es más fácil y económico vivir en una puñeta mental que construir vialidades inteligentes y ofrecer transporte público eficiente.

Es más fácil decirle a la gente que si tienen fe, la virgencita va a velar por su bienestar, aunque la mierda la tengan hasta el cuello. Creen que el bienestar nos lo va a dar la fe, no la ciencia, no la tecnología, no la educación. La fe basta con tenerla, lo otro, cuesta esfuerzo... y qué hueva.

Así es que ya, por favor… Si andan con sus jaladas de que la fe mueve montañas y de que la esperanza nunca muere, mándenme por favor el video o la foto de la montaña que movieron con fe, y yo les juro que les mando la foto del funeral de la esperanza.

jueves, junio 02, 2011

La Morsa

Cada que alguien menciona la palabra "hijodeputa", me viene a la mente un recuerdo de la secundaria.

Había un cabrón en tercer año al que le decían La Morsa. La Morsa siempre nos pedía dinero a los del primer grado. Obviamente nunca nos negábamos a darle las pocas monedas que traíamos porque le teníamos miedo. La Morsa estaba bien grande –de tamaño y de edad: tenía 15-, bien gordo y bien feo. ¿Cómo no tenerle miedo?

Una vez, en el patio de la escuela, La Morsa me alcanzó antes de llegar al baño y me pidió 5 pesos. Yo le dije que sólo traía 2: metí la mano en el bolsillo de mi pantalón y le mostré las 4 monedas de 50 centavos. La Morsa me dijo que se los diera. Yo obedecí y La Morsa se fue.

Al día siguiente La Morsa me interceptó antes de entrar a clases y me dijo que le pagara los 3 pesos que le debía. Yo, sacado de onda, le dije que no le debía nada; pero el muy hijodeputa me respondió: "Claro que me debes 3 pesos: ayer te pedí 5 y nomás me diste 2; por lo tanto, me debes 3 pesos". Y así fue durante los siguientes días: cada que La Morsa me veía, me exigía que le pagara "los 3 pesos que le debía".

Incluso una vez que la maestra lo vio que me tenía agarrado del cuello de la camisa, La Morsa se defendió diciendo: "Es que su alumno me debe 3 pesos desde hace como dos semanas y no me los quiere pagar, maestra; dígale algo, ¡castíguelo!". Vaya que era un hijodeputa la pinche Morsa.

Años después me enteré que La Morsa se había casado, se había divorciado, se había vuelto a casar, se había vuelto a divorciar, lo habían detenido borracho y con un arma de fuego, lo habían encarcelado, lo habían soltado, lo habían vuelto a encarcelar... hasta que murió en una riña en el patio del penal.

Seguramente le estaba cobrando dinero a alguno de los reos "que le debía", jejejeje.

miércoles, junio 01, 2011

Este año cumplo 35, pero tengo amigos que van a cumplir los 40.

Cuando voy al asilo de ancianos a visitarlos y a dejarles pan caliente con atolito de guayaba, los escucho hablar de Thor, Linterna Verde, Spiderman y los X-Men.

No sé si sea su demencia senil o sea yo quien está "fuera de onda" con este auge de películas de superhéroes.

Me preocupa. Pero no me preocupa estar "fuera de onda", aclaro; lo que me preocupa es que hablan con tanto entusiasmo de los superpoderes de cada uno de esos monigotes, que ya no sé si sepan que NO SON REALES.

¿Es normal que gente de casi 40 años hable de superhéroes con tanto entusiasmo? ¿Estoy fuera de onda?

martes, mayo 31, 2011

Como les comenté hace algunos días, traigo un nuevo proyecto gracias a una beca para webcómics creada por Armando Valenzuela, autor de SuperLavandería. Para este proyecto reviví a un personaje que alguna vez publiqué en este blog, pero que por falta de tiempo -o ideas- no pude seguir con sus tiras. Pero "redepente" las ideas y las historias empezaron a fluir y decidí revivir el proyecto. Estén pendientes...

martes, mayo 24, 2011

Mi mano se hizo famosa

Hace un par de meses me invitaron a participar en una campaña publicitaria para los productos KEY. Traían la idea de hacer algo con dibujos, y me aventé unos monillos a mano alzada. Acabé con un dolorón en el hombro, snif, porque estaba dibujando de pie, con dos lámparas de millones de watts a mi espalda y el brazo lo tenía que tener lo más estirado que fuera posible para que mi cabezota no tapara la toma. Ah, y aparte, pues con el tiempo encima, jejeje, ya ven cómo es eso de la publicidad y la tele y los creativos y esos seres de otros planetas... A ver qué les parece.


viernes, mayo 20, 2011

Sigue la lotería


Algunos lectores me han pedido playeras, por lo que hice unas cuantas en verde, anaranjado y amarillo, en tallas chica, mediana y grande. Si alguien quiere, mándeme un correo a guffo76@hotmail.com. "Iren" qué bonitas y veraniegas están:


jueves, mayo 19, 2011

Lotería retro

Nuestros héroes del Escuadrón Retro tienen un vicio muy cabrón: ¡jugar lotería!


Mañana pongo más, porque si las pongo hoy, mañana no tengo que poner, snif.

miércoles, mayo 18, 2011

Condena

Ayn Rand, filósofa estadounidense de origen ruso, alguna vez dijo:

“Observa el dinero, pues es el barómetro de las virtudes de una sociedad. Cuando veas que el comercio se hace, no por consentimiento de las partes, sino por coerción; cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada; cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes trafican no bienes, sino favores; cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por el trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos, sino por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti; cuando repares en que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en autosacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada”.

No es berrinche ni desplante antipatriótico las ganas que muchos tenemos de vivir en otro país. No es "haber perdido la fe" o "no tener esperanza". Es simplemente lo citado ahí arriba. Mejor no lo puedo explicar.

martes, mayo 17, 2011

Ya me gradué...

Pasé el examen con 95 y me pidieron la tesis para biblioteca. Se supone que tal petición es un honor bien honroso; la onda es que voy a tener que pulirla durante las vacaciones de verano para entregarla en agosto con encuadernación de lujo (y yo que pensaba que ya me había librado de la escuela, snif). Mis maestras y maestros de hace 12 años me felicitaron por mi redacción. Quesque escribo bien bonito y quesque se leyeron el proyecto de una sentada y sin aburrirse.

Me dio gusto que me dijeran eso, porque la presentación estuvo de la chingada. Sigue sin dárseme hablar en público. Me trabo, se me olvidan palabras, tartamudeo, se me revuelven las ideas, sudo, me acomodo los huevos inconscientemente. Me veo bien pendejo, en pocas palabras.

Aparte, hoy dieron los resultados de la primera convocatoria para una beca de webcómics, a la que apliqué hace como 2 meses. Y sí me la dieron, snif. Así es que esperen mi nuevo sitio y mi nuevo webcómic por ahí de julio o agosto.

Buen día el de hoy.

sábado, mayo 14, 2011

Los caminos que sueño

Así como sueño que brinco muy alto y desciendo casi flotando, también sueño muy seguido que voy por un camino, a pie o en bicicleta. Siempre es el mismo camino. Un camino que he recorrido muchas veces en mis sueños, pero siempre me pierdo o me paso de donde debería haber dado la vuelta, y, cuando me quiero regresar, el camino ya es otro. Lo curioso es que es un camino que siento que conozco en la vida real, pero no lo reconozco. Es una vereda de terracería con algunos vados y vegetación a los costados que esconden otras rutas. Lo angustiante del sueño es que nunca llego a donde se supone que voy, pues nunca paso del mismo punto. Como que en el sueño sé hacia donde me dirijo, pero nunca lo menciono. Lo que me desespera es que, si sé hacia dónde voy, ¿entonces por qué me pierdo?.

El sueño termina cuando se me hace de noche y me quedo ahí, perdido.

Ayer soñé que por fin daba vuelta con mi bici en uno de los senderos cubiertos por la vegetación. De pronto sonaba mi teléfono celular y una voz me decía: “Ya te vimos. Te estamos esperando”, y se cortaba la señal.

Después de pedalear un buen rato, llegaba a una parte donde el camino terminaba en un desbarrancadero en forma de plataforma, como las que hay en las albercas olímpicas. Intentaba llamar al número registrado en mi teléfono para pedir orientación, pero nadie me contestaba. En eso sonaba otra vez mi teléfono. Pero ahí me desperté. Y sigo sin saber -en la vida real- hacia dónde diablos y hacia quién conduce ese camino.

viernes, mayo 13, 2011

Un hombre ocupado

Disculparán la falta de actividad de este blog, pero de tres meses a la fecha he andado algo ocupado.

En verdad que he andado ocupado, no crean que me trepo en la pose de esos mamones que dicen estar muy ocupados pero los ves conectados todo el maldito día en el messenger y, cuando les hablas, no te contestan porque según ellos están muy ocupados. Cómo me cagan...

Volviendo al tema... He andado ocupado porque el próximo martes, al medio día, presento mi examen profesional, por lo que todo este tiempo he estado haciendo mi tesis, que consiste en una amplia investigación de megahueva sobre cierto tema relacionado con las ciencias de la comunicación.

Como sabrán, yo me gradué de la carrera hace como 12 años, pero nunca saqué mi título. No lo hice en su tiempo porque soy un rebelde bien cabrón que no cree ni en los diplomas ni en los títulos ni en los premios Tv y Novelas ni en esas mamadas de nombramientos de caballeros. Aparte, en aquel tiempo, antes de salir de la carrera había conseguido trabajo como caricaturista en dos periódicos y en un programa de televisión, por lo que me creía bien chingón y me valía madres el mundo.

La cosa es que si quiero largarme de este chiquero a un país -o planeta- con gente que tenga el mismo nivel de guapura que yo, es mucho más fácil yéndome como estudiante becado que como mojado o como inversionista.

Entonces, he ahí la razón de que ande tan ocupado.

Como comentario adicional, es bien curioso volver a la universidad y ver a todos los estudiantes enajenados con sus iPhones y Blackberrys. Todos van con el aparatejo en la mano y la cabeza agachada. Y en clases está más cabrón. Neta que no sé cómo le hacen para poner atención y estar mensajeando o checando su Facebook al mismo tiempo. Como que es una nueva raza de mutantes que dominarán el mundo, un mundo muy triste, donde nadie se mirará a los ojos y todos andarán apendejados con aparatejos que nadie necesitaba antes.

Otra cosa curiosa fue volver a meterme en las bibliotecas y hemerotecas, recintos que no creo que los nacidos de 1990 a la fecha conozcan. Me sentí Daniel Sempere en el Cementerio de los Libros Olvidados. Es una experiencia muy chingona.

Y por último, una de las muchas cosas que aprendí haciendo mi tesis, es que Google no vale verga al momento de buscar cierta información. Sí, será muy rápido y cómodo, pero no hay la variedad de información que hay en una biblioteca universitaria o estatal. No todavía.

En fin. Después del martes habrá más escritos y más dibujos.
Buen fin de semana.

jueves, mayo 12, 2011

La virgen de las cajas y el tortero honesto

Hoy, mientras le rezaba a la virgen que se aparece en una de las cajas de Suavelastic que vendemos en el negocio, sentí que… ¿Qué?, ¿no me creen que una virgen se aparece en una caja de Suavelastic en el negocio? Ahorita mismo se los compruebo, bola de incrédulos:


Mírenme: ahí estoy volteando hacia arriba, hacia donde está la virgen. Mi mirada compasiva no puede expresar otra cosa más que devoción a una entidad divina. Si esta foto no es una prueba irrefutable de que en el negocio se aparece una virgen, pues entonces no sé de qué forma quieren que se los compruebe, bola de escépticos que irán al infierno.

Bueno, siguiendo con el tema. Les decía que mientras me persignaba y agradecía a la virgen por mandarme a los peores clientes del mundo, me entró un hambre bien cabrona. Y es que esta pinche dieta que estoy haciendo siempre me deja con hambre y no he podido bajar más de 6 kilos. Me mantengo entre los 87 y los 90 kilos, que, para un hombre de 2 metros con 35 centímetros -como yo- está muy bien. El pedo es que no hago ejercicio porque mi mamá dice que los hombres guapos y de ojos verdes -como yo- no necesitamos estar mamados. Dice que eso es sólo para los feos; que los guapos de ojos verdes -como yo- tenemos el poder de producir un efecto letal sólo con la mirada, efecto comparable sólo al que produjeron los hombres barbados que llegaron en barcos a chingarse a nuestros pobres inditos, snif.

Total que traía un hambre bien perra y se me ocurrió hablar a “Pepe Lonches”, que son tortas de carnes frías a domicilio. En "Pepe Lonches" hay tres tipos de tortas: La de Medio Kilo, La de Kilo y La Imposible (sí, así se llaman). Como no quería romper -tanto- mi dieta, pedí una de medio kilo.

Cuando mi torta llegó al negocio, me entró la paranoia normal que le entra a cualquier loquito, ésa de que el mundo es una conspiración en nuestra contra y mamadas por el estilo. Y ¿cómo no creer eso?, viendo la situación que atraviesa el país, donde nos venden litros de gasolina de a 800 y "kilos" de tomate de 900.

Entonces pensé: "Pinche Pepe Lonches, me ha de estar chingando con sus tortas el muy cabrón". Y decidí ir a comprar una báscula industrial pequeña para pesar mi torta y comprobar si en verdad pesaba lo que el nombre afirma.
Y, ¡oh, sorpresa!: “Pepe Lonches” es una empresa honesta. La torta de medio kilo pesa poco más de medio kilo. Aquí la prueba:


Hay esperanza, mexicanos y mexicanas... hay esperanza, snif...

martes, mayo 03, 2011

El Guffo Tibetano

Muchas cosas curiosas –generalmente agradables- me han sucedido desde que tengo este blog.

Entre esas cosas “curiosas” se encuentran las veces que me han escrito los novios o esposos de mujeres que me leen, pidiéndome algún escrito o algún dibujo para regalárselo a sus amadas; o cuando me preguntan que en dónde pueden comprar una playera del Escuadrón Retro o el libro de Diarios del Fin del Mundo, que porque su novia o esposa “es fan de mis monitos” o fan de los berrinches que hago o de mis amarguras (les digo: ches viejas locas).

Otros hombres me han confesado que dieron con mi blog porque alguna vez sus mujeres les dijeron: “¡Ash, deberías de ser como Guffo!”, y en un arranque de ira se meten al internet a buscar quién chingados es el tal Guffo y entonces dan con mi blog y se ponen en contacto conmigo y yo empiezo a temblar y a orinarme en mis calzones de Bob Esponja porque pienso que me quieren venir a partir la madre así como yo le quiero ir a partir la madre a Joaquín Sabina y a Brad Pitt por tener tanto pegue, snif.

Pues total que ayer fue uno de esos días curiosos, en el que recibí un detallazo por parte del marido de una lectora.

El compa me escribió un correo electrónico hace un par de días. En él me confesó que su mujer me lee desde hace tiempo, que es “mi fans”, que le gusta lo que escribo, que piensa muchas cosas como yo y que es como yo en muchos aspectos (pobre de él) y que quería darle como sorpresa un libro de Diarios del Fin del Mundo firmado por mí.

Ayer en la tarde vinieron al negocio de cajas por el libro. Su esposa se puso toda apenada y nomás se reía cuando le di el ejemplar firmado y no decía nada y nomás veía a su marido porque éste no le había dicho a dónde la llevaba. Total que al despedirnos, el esposo me entregó un sobre con una tarjeta. Al abrir el sobre en la oficina, me llevé una grata sorpresa:


Creo que eso del Dalai Lama lo dice por mi "corte de cabello a la monje", nada de llamarlo "calvicie".


Pero bueno, prefiero que me digan Dalai Lama a que me digan Nariz de Alcanza Quesos o Gonzo, como me dicen los culeros de los lectores de Hazme el Chingado Favor, donde a veces colaboro. Creo que la foto que tengo en aquella página no le hace mucha justicia a mi gallardía. Aunque, si ven esta imagen, igual y dejarán de decirme Gonzo y esas cosas, pero no creo que me vayan a decir Dalai Lama. Más bien me dirán Cabeza de Papa, Frente de Vochito, Cabeza de mi Huevo Izquierdo o algo por el estilo. Ya ven cómo es la raza de gacha, snif.

lunes, mayo 02, 2011

Científicos loquitos

Mientras al planeta Tierra se lo carga la chingada con los derrames de petróleo, la sobrepoblación, la sobre explotación de sus recursos, los incendios, la contaminación radiactiva, el hambre, las enfermedades, la guerra, etcétera; nuestros respetados científicos aplican las tecnologías más modernas para mandar arañas al espacio.

¡Bravo, pinches inútiles! ¡Acaban de cambiar el curso de la humanidad hacia un prometedor horizonte de estupidez nunca antes vista! ¡Bravo, clap, clap, clap, clap!



Y no, no estoy en contra ni de la ciencia ni de la tecnología, simplemente me caga que se usen en pendejadas inservibles como el iPod, el iPad, las consolas de videojuegos, las medicinas que no curan o mandar arañas al espacio.

Por cierto: vayan a ver esta película. Para los subtítulos en español, píquenle al botoncito que dice "cc", abajo del video, casi a un lado de donde agrandan la pantalla.

Buen inicio de semana.

viernes, abril 22, 2011

Yo estoy bien, todos están mal

“Tantas personas no pueden estar equivocadas”.

La anterior es una frase que considero como una de las más grandes mentiras de la humanidad.

Al contrario, creo que entre más personas concuerden en algo, más equivocados están. ¿O acaso no recuerdan la frase del intelectual gringo, Walter Lippmann, que dice: “Donde todos piensan igual, ninguno piensa mucho”?

Vean nomás a los católicos, a los seguidores de los equipos de fútbol, a los fans de los libros de vampiros adolescentes o a los de las telenovelas mexicanas. ¿En verdad creen que esa gente está en lo correcto? Obviamente que no.

¿Que qué autoridad tengo para descalificar los gustos o creencias de la gente? Toda. ¿Por qué? Porque tengo cerebro. Nada más por eso.

Ahora que la ciudad está casi vacía por las vacaciones, me doy cuenta que no es una metrópoli tan pinche y odiosa como pensaba. Ahora compruebo que quienes la afean son todos esos que ahorita andan de viaje, afeando otros lugares.

Por eso, eviten decirme “pues si no te gusta, lárgate a otra parte” cada que me queje de esta ciudad. Los que están mal son ustedes. Prueba de ello es que Monterrey es maravillosa sin ustedes. Tanta gente no puede estar en lo correcto, por lo tanto, el que está en lo correcto soy yo.

Así es que ahí les encargo que se queden donde andan el mayor tiempo posible. Por favor. Déjenme la ciudad para mi solo. No la jodan con su presencia.

martes, abril 19, 2011

El lamentable caso de un lector

Hace casi un año, Édgar, un lector del blog, me pidió un libro. Le mandé el libro por correo y ya no supe si le llegó, pues perdí contacto con él. Tiempo después me escribió un email agradeciéndome por el libro y por la dedicatoria, y de paso me explicó la razón de su larga ausencia. Resulta que al salir de su trabajo, mientras esperaba un taxi para volver al hotel donde se hospedaba, le tocó una balacera. Aquí un fragmento del correo que me envió aquella vez:


Estuvimos en contacto durante algún tiempo, y hace poco me mandó este otro correo, con una triste revelación. También me mandó una carta -de la cuál pongo un fragmento más abajo- en donde me cuenta parte de su odisea en las dependencias de gobierno:


Fragmento de su carta:

…el siguiente paso fue buscar una prótesis. Y es aquí en donde pasas de víctima a “culpable”, por decirlo de alguna manera. Y es que con cada funcionario que trataba y en cada área en la que me tenía que meter a hacer trámites, la respuesta y el sentimiento eran de: “¿Quién te manda andar perdiendo una pierna?… aquí así es de tardado el papeleo… o te esperas o te chingas”. Y a final de cuentas uno se aguanta el trato de perro porque cree que le resolverán algo; pero terminan ofreciéndote algo más indignante que una pata de palo, al más puro estilo pirata.

Lo mejor de todo fue que di con la Asociación Nacional de Amputados de España (ANDADE). Increíble, ¿no creen? Encontrar ayuda en otro país que no tiene ni vela en el entierro con mi situación y, aún así, con disposición a ayudarme, sin costos ni nada.

Y ahora, aquí estoy. Me llamo Víctima del Delito y estoy buscando una prótesis que me reintegre a la sociedad, ya que, amputado, no soy parte de ella. A pesar de todo, amo en donde vivo y no le he perdido la fe. Quiero y sé que puedo reintegrarme. No con ayuda de los “buenos” de esta guerra, sino con el apoyo de la poca gente que me conoce. Me ha sorprendido que, de quienes a veces no esperas nada, hacen mucho por ti; y de quienes esperas mucho, no hacen nada. Pero así es la vida. En algún momento nos toca estar bajo la rueda.

Y les repito: ni la PGR, ni la PGJ, ni la PGJE, ni ninguna “P”, ni ninguna “S” ni nada que tenga que ver con el gobierno han asumido su responsabilidad ni han brindado ayuda de la manera correcta a nosotros, las víctimas del delito: inocentes que estaban “en el momento y en el lugar equivocado”.

Me despido sabiendo que no voy a cambiar el mundo, ni mejorar los servicios de las instituciones de mi país; pero, si de algo sirve ser víctima del delito, es saber apreciar más tu vida, tu familia, tu entorno… En mi caso, mi hijo, que es y será mi vida.

Y como dijo el gran José Saramago: “Yo no escribo por amor, sino por desasosiego; escribo porque no me gusta el mundo donde estoy viviendo”.


Triste realidad la nuestra... Una realidad en la que las autoridades se empeñan en hacernos creer que, si nos pasa algo así, es porque "estuvimos en el lugar y en el momento equivocados". ¿No será al revés?

Son esos hijos de puta –gobernantes ineptos y criminales- quienes no están en el lugar en el que deberían estar: en la cárcel o muertos o trabajando en otra cosa en la que no dañen a terceros y den resultados positivos a la sociedad. Son ellos –gobernantes ineptos y criminales- quienes están en el momento equivocado, pues deberían estar en la prehistoria, en la inquisición, en una película de bandoleros o en alguna de esas épocas oscurantistas donde el salvajismo se comía a la razón. Son ellos, no nosotros...

lunes, abril 18, 2011

Tole-rancia

Cuando escucho hablar a mis amigos casados acerca de la tolerancia, me sacan de onda.

“Es que no es fácil convivir todos los días con una persona, por eso hay que tener tolerancia”, dicen casi siempre después de que sus esposas les hablan por teléfono para rayarles la madre por no estar en casa a las 9 de la noche.

Tolerancia –si así le quieren llamar- es la que se les tiene a los homosexuales, a los miembros del islam, a los católicos y a la lactosa. Y es más, yo ni siquiera le llamaría tolerancia, sino respeto.

Pero, ¿tenerle tolerancia a quien se supone que es tu complemento, tu media naranja, la madre de tus hijos, la decisión más importante de tu vida, la compañía que tendrás el resto de tus días?... Nel. No se hace.

Creo que si en una relación de pareja existe la tolerancia, significa que ninguno de los dos está con la persona correcta. Que la cagaron en la elección, en pocas palabras. Y que ya se chingaron... por "tolerantes".

sábado, abril 16, 2011

...siempre serán eso: sueños.


Soñar es como tener una nube que va cambiando de forma adentro de tu cabeza.

Nunca he soñado que vuelo, pero sí he soñado que puedo brincar muy alto y descender flotando si agito los pies y las manos, como si pedaleara o nadara. Es casi como volar. Esos sueños son mis favoritos porque me la paso brincando casas, edificios, parques y árboles toda la noche. Soy tan bueno saltando que incluso puedo pasar entre los cables de la luz y del teléfono sin tocarlos. Cuando hago esto, brinco como si fuera un delfín: con los brazos hacia el frente, en forma de flecha; desciendo de la misma forma, me doy una maroma y caigo de pie sobre la banqueta, suavemente, como si me envolviera un humo muy espeso que amortigua el golpe.

Anoche soñé bien chido. Soñé que caminaba entre unas calles muy largas y muy amplias buscando una ciudad de la que me habían hablado mucho pero no encontraba. El problema era que nadie sabía dónde estaba, que todos los trenes se me iban antes de tiempo y que ya no traía un centavo en la bolsa del pantalón. De repente la estación de trenes se quedaba sola y veía que enfrente de mí había un lago que parecía un espejo y tenía un puente flotante en medio.
Crucé las vías del tren y caminé por el puente hasta llegar a una puerta de tela mosquitera muy alta, que estaba cerrada con candado. Entonces me acordé que tenía el poder de saltar bien alto y salté bien alto y me impulsé moviendo las piernas como si pedaleara y las manos como si nadara porque la puerta estaba tan larga que pensé que de un salto no la iba a poder sobrepasar. Pero pude pasar por encima de ella y descendí muy lento y al caer del otro lado vi la ciudad más bonita que he visto en toda mi vida.
Había casas tipo chalet, con muchas molduras de colores en las fachadas. Las calles estaban limpias, el pavimento era de color beige. No había carros y había poca gente caminando en ellas, casi todos con sus perros o con sus gatos. Había muchos árboles y puentes empedrados y canales con patos, grullas y nutrias. Las ventanas de los edificios y de las oficinas eran acuarios con muchos peces de muchos colores. En los pisos más altos podía ver tiburones y ballenas como si fueran en miniatura. Pero lo que más recuerdo de la ciudad, es que el viento no dejaba de soplar. Era como llevar la cabeza afuera de la ventana de un coche todo el tiempo. Era un aire fresco, una brisa agradable que olía a algo que me hacía sentir mucha tranquilidad, como si se me limpiaran los pensamientos o se me purificaran los sentimientos y olvidara todo y volviera a empezar sin saber ni sentir nada. No recuerdo haber soñado con olores. Tampoco haber sentido esa paz alguna vez. Por eso digo que soñé chido.

Y el viento soplaba y soplaba y la gente me saludaba, los perros me lamían las piernas, las grullas hacían sonidos extraños, las nutrias nadaban muy gracioso en los canales y los peces de los acuarios se pegaban al vidrio. Los árboles se mecían como si cada rama y cada hoja pensaran. En eso, un hombre se puso a mi lado cuando se dio cuenta que miraba sorprendido la hilera infinita de árboles que se mecían, y me dijo: “Buenas tardes. Aquí nadie brinca. Aquí todos volamos. Por eso el viento...”. Se quitó el sombrero, lo tomó como si fuera el volante de un coche y esperó a que se llenara de aire. Después, se elevó.

Desperté, me vine a la oficina, leí los diarios, vinieron algunos clientes, imprimí tickets, escuché ambulancias, hice facturas, vi patrullas de policías pasar. Curiosamente, el viento está soplando desde muy temprano en la ciudad. Lo pueden comprobar quienes vivan en Monterrey. El problema es que en esta ciudad nadie salta tan alto como en mis sueños y, mucho menos, pueden volar. Ni siquiera con este viento.

Las pesadillas siempre son reales. Los sueños siempre serán sueños.

miércoles, abril 13, 2011

Más de mis clientes...

Ah, cómo me encabrona que vengan abuelos al negocio. Y por abuelos me refiero a esos cuarentones o cincuentones pendejos que cargan –orgullosos- con sus nietos para todos lados. Para empezar, ¿pa´ qué chingados cargan con chamacos? ¿No tuvieron suficiente con la bola de hijos que tuvieron, o qué?

Y me caga que vengan al negocio porque dejan que los pinches escuincles hagan lo que se les antoja. Agarran cajas, se sientan sobre ellas, tumban las cajas, agarran conitos para beber agua, tiran el agua en el piso, lloran porque quieren que les compren todo, hacen berrinches… y el pendejo del abuelo blandengue no hace ni madres para calmarlos o meterles orden. La mayoría de los que vienen son de esos viejos idiotas con mentalidad de: “Ay, es que a los nietos se les quiere más que a los hijos”, “ay, es que a los nietos uno ya no los regaña porque ya no se tienen fuerzas para eso”, “ay, es que a los nietos sólo se les disfruta”… Hijos de puta.

Ah, pero ya me imagino con sus hijos: han de haber sido unos culeros bien estrictos. O peor aún: igual de blandos que con sus nietos. Neta que si yo fuera el hijo de uno de esos abuelos y me diera cuenta que mi padre trata mejor a mi hijo de lo que me trataba a mí cuando tenía esa edad, lo mando directito a la verga. Pos éste...

Y no me hagan seguir con las abuelas que vienen al negocio… ésas son todavía peores y lo doble de pendejas y permisivas.

Pero mejor ya me retiro, porque el coraje me va a reventar una arteria. Voy a hacer un letrero que prohiba la entrada a los abuelos con sus nietos.

martes, abril 12, 2011

Bye, TV, bye...

Desde que me deshice definitivamente del televisor -invento del diablo-, leo más libros que antes. Esto fue a finales de julio del 2010, cuando me cambié de casa.

En casi 9 meses he leído más de 5000 páginas. Para muchos, el número sonará impresionante, pero no es otra cosa que la ridícula cantidad de ¡20 páginas diarias!; lo que dicen algunos expertos que lee el mexicano promedio en un año, snif.

Parte de mi decisión de no tener televisor fue que, cuando hablé a Cablevisión -la empresa que me daba el servicio- para contratar un nuevo paquete de canales de paga, me salieron con la novedad de que les debía dos meses: los dos meses que llevaba viviendo en mi nueva casa. Me los estaban cobrando porque “no di de baja el servicio en el domicilio anterior, y el servicio se suspende, pero se sigue cobrando si uno no lo da de baja”. O sea que te cortan el servicio para que ya no veas la tele pero tienes que seguir pagando algo que no ves… ¡Mira qué vergas salieron!

Total que intenté hablar con algún ente racional de esa empresa de TV de paga para explicarle que me parecía injusto que me cobraran dos meses de algo que ni siquiera estaba usado porque ya no vivía ahí y que, además, era un servicio que no estaba activado. El empleaducho que me atendió me dijo que si quería que me pusieran canales de paga en mi nuevo domicilio, tenía que liquidar los dos meses que debía del servicio cortado en el domicilio anterior, porque el contrato así lo estipulaba. Obviamente le dije que no les iba a pagar ni madres, que la deuda se la fueran a cobrar a su chingada madre y que el contrato, junto con sus “letras chiquitas,” lo hicieran rollito y se lo zambutieran por el fundillo.

El empleaducho, todo encabronado, me dijo: “Es que en el contrato que usted firmó dice claramente que bla bla bla bla… usted está robando a nuestra empresa, señor; a eso se le llama robo. ¡Es usted un ladrón!”. “Mira, pendejo” –le respondí-, “en la calle donde ahora vivo toda la gente tiene Cablevisión gratis. Tooodos mis vecinos están colgados de los postes donde están sus cables; todos se están robando la señal y ni cuenta se han dado. Si yo quisiera sus canales, haría lo mismo que ellos; pero ni gratis quiero su pinche servicio mugroso… Y ya te dije que le vayas a cobrar esos dos meses que debo a tu chingada madre”. Colgué la llamada y ya no me volvieron a molestar. Supongo que la deuda la terminó pagando su chingada madre, jejeje.

Pero bueno, entonces les estaba platicando que desde que me liberé del televisor por ese berrinche que hice en contra del Sistema, he leído bastante (sí, yo sé que eso se nota en mi amplio y refinado vocabulario). Y les decía que ahora soy más feliz y casi casi un ser iluminado porque me brilla la frentota que tengo cada que enciendo la lámpara de mi buró para esas lecturas nocturnas.

Y fue así como descubrí a Ayn Rand, a Italo Calvino y a Fernando Pessoa; releí El Juego de los Abalorios, de Hermann Hesse y Franny and Zooey, de J.D. Salinger. Me dejé influenciar por la muchedumbre y me aventé la trilogía de moda de Stieg Larsson; y ya en esa onda comercial bestselleriana, me compré los libros que me faltaban de Carlos Ruiz Zafón. Leí algunos autores mexicanos a los que tuve el gusto de conocer en algún evento o tengo la debilidad de admirar. En fin. La he pasado bien sin televisor. He descubierto muchas cosas. Un chingo.

Cuando tenga tiempo -y ganas-, haré una lista de recomendaciones literarias como la que hice hace algún tiempo. Por mientras, vayan a ver tele.

Buen martes.

viernes, abril 08, 2011

De héroes y trigonometría

Primero fue el Escuadrón Recto, copia "pirata" y escatológica de nuestros héroes. Ahora, es esto:


Y hablando de matemáticas... Me acuerdo que en la escuela, cuando empezamos a ver trigonometría, nos pidieron un horrible libro azul marino con rayas horizontales en tono celeste que llevaba por título "Tablas Matemáticas" (pueden googlearlo). Cuando le dije a mi papá que necesitaba dinero para comprar el mentado libro, me dijo que no había necesidad. Abrió un cajón del librero de su cuarto y lo sacó, como si fuera un mago. Me quedé con los ojos cuadrados. "Mi tío Arquímedes lo hizo", me dijo mi padre irradiando orgullo. “En todas las escuelas del país piden su libro”. "¿Tengo un tío qué se llama Arquímedes?", pensé, y luego me cagué de la risa en mi cabeza, jajajaja.

Al día siguiente llegué a la escuela con el libro en mis manos, ni siquiera lo metí en la mochila. Lo primero que hice fue presumirle a mi maestra que el hermano de mi abuelito había escrito ese libro. Antes de empezar con la clase, la maestra aprovechó para dar la noticia en el salón, para inflarme -creo yo- un poquito el ego. Pero como que a mis compañeritos no les hizo mucha gracia que yo tuviera un tío abuelo que se dedicara a complicarles la vida a los estudiantes con numeritos, triangulitos, ángulos, mediciones, operaciones y demás mamadas.

Como podrán deducir, no fui muy popular en aquella época de mi vida, snif. Pero si algo aprendí -aparte de trigonometría- es que no hay que ser presumidos cuando haya gente famosa en nuestra familia, a menos que sean famosos porque salen en la televisión.

Les deseo un buen fin de semana, y que en todo lo que realicen encuentren la hipotenusa de su vida.

miércoles, abril 06, 2011

¿No les encabronan las personas que no responden lo que les preguntan?

Ejemplo:

-Qué rico está este chicharrón en salsa verde, ¿quién lo preparó?
-Sí, ¿verdad que está delicioso?
-Sí, muy bueno. ¿Quién lo hizo?
-Yo ya llevo como 6 tacos, jejeje.
-Sí... emmm... ¿quién lo preparó?
-Está delicioso. Ahí hay mucho todavía. Sírvete las veces que quieras.
-¡¿Que quién chingados lo preparó?!

A mí sí me encabronan.

lunes, abril 04, 2011

La huelga de los hombres de razón

Al leer la carta en la que el poeta mexicano Javier Sicilia -a quien acaban de asesinarle un hijo- renuncia definitivamente a las letras, me invade ese sentimiento de hartazgo y zozobra que a diario padecemos la mayoría de los mexicanos cuando nos enteramos de lo que sucede en nuestro entorno; pero, sobre todo, me recuerda mucho a la novela La Rebelión de Atlas, de la filósofa ruso americana Ayn Rand.

A grandes rasgos la novela habla de una resistencia pasiva, o, mejor dicho, de una "huelga de hombres de razón". De un día para otro empiezan a desaparecer misteriosamente músicos prodigiosos, empresarios ricos y honestos, intelectuales visionarios, inventores y demás hombres de virtudes especiales; los cuales siempre han sido perseguidos y chantajeado por funcionarios del gobierno que inventan leyes y cobros de impuestos para enriquecerse con el trabajo y talento ajenos. Los legados e imperios de estos hombres- que van desde piezas musicales e industrias metalúrgicas que generan materiales más baratos y ligeros que el acero, hasta motores impulsados por electricidad estática- son abandonados, quemados, desaparecidos o destruidos por completo; algunos con letreros que dicen: "Si lo quieren, tómenlo como yo lo encontré". Conforme avanza la novela -de más de 1000 páginas-, uno se va dando cuenta de las razones de la desaparición de estos hombres, mientras el canibalismo gubernamental provoca un colapso mundial.

Javier Sicilia renuncia a la poesía. A su pasión. A lo que dedicó su vida entera. "Sólo la poesía puede acercarse un poco a él (a su hijo), y ustedes no saben de poesía", les espeta a los políticos y criminales en su carta. Es su manera de protestar como hombre de razón: quitándole al mundo su palabra escrita, su talento, su sensibilidad, su virtuosismo.

Dice una frase de la novela: “Buscamos el poder y lo lograremos. No hay manera de dominar a la gente inocente. El único poder que tiene el gobierno es aplastar a los delincuentes. Entonces, cuando no hay suficientes delincuentes, los inventamos. Declaramos qué tantas cosas son delitos que resulta imposible que la gente viva sin quebrantar la ley. Ése es el sistema. Ése es el juego. Y una vez que lo comprendan, será más fácil lidiar con ustedes”.

Vamos leyendo -o releyendo- La Rebelión de Atlas. Verán cómo cambia su manera de ver el mundo, de comprenderlo; tanto el exterior como el interior. No más "ojo por ojo, diente por diente", no más marchas inútiles por la paz ni actos "heróicos" como el de don Alejo. Vamos haciendo una huelga de hombres de razón, y que los salvajes se maten entre ellos. Ya habrá tiempo de reconstruir las ruinas que dejen a su paso. Para empezar de nuevo. Para empezar bien desde el principio. Como hombres de razón.

viernes, abril 01, 2011

Lo digo yo

No creo que la naturaleza del hombre –ni de la mujer- sea la reproducción.

El problema es que vinieron a ponernos el placer en la punta del pito –y en el clítoris- , y, obviamente, muchos caen en la trampa.

Aunque ésa fuera la ley natural de nuestra existencia, chingones aquellos que la desafían.

No cualquiera es tan cabrón para desafiar a la naturaleza.

Mucho menos al placer.