martes, septiembre 28, 2010

Superen esto, novatos de la vida...

Hace poco más de 20 años hice un roadtrip con mi padre.

Todo sucedió de un día para otro. El cuñado de un compadre suyo tenía que viajar de Monterrey hasta Nueva Jersey, donde vivía por temporadas, ya que daba clases en una universidad. El "problema" era que tenía que hacer el viaje por carretera para dejar su coche allá –una vagoneta Volvo de color café, me acuerdo perfectamente-, pero no quería aventarse el trayecto de 24 horas solo, por lo que requería de un copiloto que le ayudara con la manejada; una persona que tuviera, mínimo, cinco días disponibles.

De sus parientes y amigos cercanos, nadie pudo –o nadie quiso– acompañarlo, a pesar de que ofrecía pagar el hospedaje y el vuelo de regreso. Cuando el hombre le planteó el plan a mi padre, éste no lo pensó dos veces: dejó encargada su clínica veterinaria a un doctor de su confianza y a mí –que estaba de vacaciones de verano– me dijo que hiciera mi maleta en chinga, pues saldríamos de viaje al día siguiente. El hombre sólo le puso una condición: “Tú pagas el hospedaje y el vuelo de regreso de tu hijo”. A mi padre le pareció un trato justo.

El día que partimos mi papá me regaló una libreta sin espiral y una pluma de tinta negra, para que escribiera los detalles de “nuestra aventura”, como llamó desde un principio aquella odisea. Aquí la foto de nuestra partida, y yo, tomando notas de eso:


Está de más decir que recorrimos un chorro de estados en los cuatro días que duró el trayecto (el señor que nos invitó no manejaba más de 8 horas y no dejaba que mi papá lo hiciera): Texas, Alabama, Louisiana, Tennessee, Virginia... no recuerdo qué otros más ni el orden. Lo que sí recuerdo son las emociones que me invadían al mirar los diversos paisajes que desfilaban por la ventana del asiento trasero: puentes, montañas, pantanos... Si conservara aquella libreta que usé como bitácora, se las detallaría más a fondo.

Para no hacerles el cuento largo, llegando a Nueva Jersey nuestro anfitrión nos instaló en el ático de su casa, y, al día siguiente, mi padre y yo agarramos unas mochilas y nos fuimos a conocer varios lugares: Nueva York, Washington D.C., etc. En vez de regresarnos al día siguiente –como estaba planeado–, decidimos quedarnos unos días más. El hombre que nos había invitado no tuvo inconveniente de alojarnos un par de días más en su ático. Tengo muchas fotos de ese viaje. Fotos en las Torres Gemelas, en un barco con La Estatua de la Libertad a mis espaldas y haciendo el signo de peace and love en el zoológico de D.C. A continuación, la prueba de mi “hippismo”:


Y acá, la prueba de que regresé a ese mismo zoológico después de más de 20 años y me tomé la misma foto idiota de cuando estaba morro, snif:


Total que esas vacaciones me la pasé bien chido liro y conocí muchos lugares gracias a mi padre y a ese misterioso señor que lo invitó de viaje, con quien también me tome un par de fotos. A continuación, una imagen del susodicho:



Pocos pueden presumir haber hecho un roadtrip con su padre, pero creo que nadie puede presumir que viajó por carretera con el mexicano que asesoró a los creadores del Google. Y si no me creen, pues googléenlo o búsquenlo en Wikipedia y comparen las foto con ésta. ¿Qué gano yo con mentirles?

domingo, septiembre 26, 2010

Los amantes de más de medio siglo


Esta foto la tomé en Annapolis, capital de Maryland, después de tragarme como 5 crabcakes, una docena de ostiones en su concha y 3 cervezas muy amargas cuya marca no conocía ni quiero volver a conocer.

Tomé la foto porque me llamó mucho la atención la pareja que está en el extremo derecho. Ambos –fácil- pasaban los 50 años de edad y, en todo lo que duró el viajecito en el barco, no dejaron de besarse ni fajarse los muy calientes, jejeje. Incluso, cuando se bajaron, lo hicieron agarrados de la mano y así se fueron caminando entre las calles del pueblo cangrejero.

Se me hizo muy buen pedo ver una escena como ésta porque en donde me estaba hospedando no había canales pornográficos. ¡No, no es cierto! Se me hizo muy buen pedo porque uno no ve situaciones así tan seguido.

Como contraste de estos amantes veteranos, vean nomás a la pareja del otro lado: tan jóvenes ellos, tan fuertes, tan bellos, tan modernos, con sus lentes oscuros y toda la cosa… pero ni agarrados de la mano iban los pinches aburridos. ¿Dónde quedó esa libido de a todas horas traer la pilinga parada o las piernas temblando por el hecho de estar con la persona que uno decide estar? Malas decisiones, tal vez.

La morrilla que está en el centro de la foto es la hija emo de la pareja joven, que me imagino que todo el tiempo se fue pensando que la habían procreado sin amor y buscaba el momento justo para aventarse a las gélidas aguas de la bahía Cheesecake… o Chesapeake… o algo así.

Pero bueno, no pretendo adivinar o dar por hecho lo que piensan o sienten personas que no conozco (aunque las acciones dicen mucho), la cosa es que todo el trayecto me clavé en lo que hacía la pareja madura, como stalker de blogs, y neta que los rucos nunca se separaron, nunca dejaron de platicarse ni de meterse las manos en las bolsas traseras del pantalón del otro. El ñor siempre miraba a los ojos a la ñora cuando ésta le decía algo; la veía de bien cerquita, casi besándola. Y la ñora igual: lo miraba toda embobada, sonriendo siempre. A veces se decían algo en inglés al oído, y se lo mordían. Bien pinches cachondos los güeyes, jajaja; como comercial de Viagra hagan de cuenta. Y sí, no dudo ni tantito que muchos que los vieron hayan pensado: "Pinches viejos ridículos".

Total, nunca supe -aparte, a mí qué chingados me importa- si eran novios, esposos o amantes, si acababan de conocerse o tenían toda la vida de hacerlo, si estaban celebrando que por fin se habían librado de sus hijos o si habían nacido al revés: viejos, y en algunos años rejuvenecerán y estarán como la pareja joven: aburridos el uno del otro. Pero ojalá hayan nacido normalito, como todos, para que su ejemplo valga.

A veces el amor -a como lo entienda cada quien- nos hace parecer ridículos, pero prefiero un mundo ridiculizado por el amor antes que por la indiferencia o el odio. Son de esas cosas que vemos y no las creemos, pero queremos tenerlas. Porque al final, es lo único que cuenta.


jueves, septiembre 23, 2010

Al menos aquí en Monterrey, he visto cerrar más negocios por broncas con Hacienda, deudas impagables con el banco, malos manejos de contadores inéptos y aumentos desmedidos en los servicios y en los intereses, que por las cuotas de piso que cobra el crimen organizado. ¿Quiénes serán más culeros?... ¿O serán iguales?

miércoles, septiembre 22, 2010

"La ventaja de vivir en un país sin futuro, es que todos aprendemos a valorar nuestro presente"

Pinta que leí en la pared del baño de una cantina.

viernes, septiembre 17, 2010

Escuadrón de fin de semana


Por otro lado, quiero invitar a toda la banda del DF que le gusta la historieta y los webcomics a una exposición muy chingona que abre hoy 17 de septiembre y estará hasta el 7 de noviembre en el Centro Cultural España (Guatemala #18, Centro Histórico, atrás de catedral). Habrá trabajo mío y de otros colegas dibujantes expuesto. Ahí está el póster, para que se den una vuelta:


miércoles, septiembre 15, 2010

Guffotógrafo II

Antier les platicaba que, como todo "bohemio", atravesé por esa etapa de "Querer Ser Artista de la Lente"; etapa en la cual gastaba todo el dinero que ganaba como caricaturista de Grupo Reforma y Editora Regio en viajes a lugares "fotografiables", acompañado de otros compas que disfrutaban de este arte y del arte de la sana borrachera, ¡ajúa!

Les comentaba que hubo un tiempo en que me entró la onda de tomarle fotos a los perros y a los gatos, quesque para tener una temática y un estilo propio. Quería que al ver mis fotos, la gente dijera: "Oh, segurito que ésa es de Guffo", o, de perdido, soltaran un: "¡Aaaay, qué bonitooo!".



También les confesé haber tenido un ataque inesperado de admiración y respeto por mi ciudad, y que un día agarré mi cámara y me salí a las calles y me agarré fotografiando a los mutantes que en ellas habitan:


Después, empecé a comprar libros y revistas especializados en fotografía (o igual y que no fueran taaan especializados, pero sí que trajeran fotitos chingonas). Ya saben, revistas como: México Desconocido, National Geographic, Cuartoscuro, etc. Y fue entonces que tuve mi rachita de queres ser fotógrafo de Nachonal Yografic. De los trabajos más perfectos, después de fotógrafo de Playboy, a mi parecer. Y éste fue uno de los resultados:



Luego me sucedió lo que le sucede a todo "artista". Oh, el conflicto, ay, la crisis creativa, ay, el sufrimiento atroz de vivir. Y empecé a pegarle a la mamada tomándole fotos a cosas que no venían al caso, con encuadres raros y mensajes rebuscados acerca de, ay, la soledad, ay, el amor, ay, el olvido, ay, la futilidad de la vida y, ay, tanta mamada de ésos que creen que para ser artistas tienen que vivir sufriendo y diciendo las cosas de la manera más abstracta posible. Y tomé estas fotos que ni yo sé qué vergas significan:




Nota aclaratoria: Ningún animal resultó muerto en la elaboración de estas imágenes. Ya estaban así.

Y pos ya. Voy a buscar el librillo donde salen unas fotos de mi autoría, cuando expuse con otros fotógrafos en la Cineteca de Nuevo León. Ahí se las debo. Y no, no esperen fotos de viejas en pelotas... Blogger no me deja subirlas, snif.

lunes, septiembre 13, 2010

Guffotógrafo

No me van a negar que la mayoría de las personas atravesamos por esa etapa de “querer ser fotógrafos”. Al menos la mayoría de los que estudiamos ciencias de la comunicación o algún tipo de arte tenemos esa fase. Yo la tuve. Soñaba trabajar con viejas en pelotas, o, de perdido, con viejas en traje de baño; quería viajar por todo el mundo, explorando mares y selvas, trepando montañas, durmiendo en vagones de tren, comiendo en lugares exóticos. Quería tomar una foto mítica, tipo la del Che Guevara; una imagen que se volviera icónica, para hacerme famoso e inmortal, y no tener que volver a trabajar. Vivir de dar cátedras en todas las escuelas a las que me invitaran. No pedía nada, jejeje.

No recuerdo cuándo ni por qué dejé de tomar fotos. Creo que dejé de viajar tan seguido y eso me desganó. Y es que cuando me sentía fotógrafo, viajaba un chingo con mi vieja, mis compas, mi Pentax K 1000 y bastantes rollos de 35 mm en blanco y negro y a color, que revelaba en el laboratorio de la escuela o en cualquier Benavides (hasta después tuve cámara digital). Viajamos varias veces a Cuatro Ciénegas, muchas otras a la Huasteca Potosina, a algunas playas mexicanas, a varios países de Europa y al cliché de todo fotógrafo amateur: Real de Catorce. Ay, los inditos, los hippies apestosos que hacen pulseritas y la arquitectura pétrea. Ay, qué bonito, snif. A continuación, algunas fotos de mi autoría en ese lugar, antes de que fuera Brad Pitt y Julia Roberts:








Después, me rebelé -según yo- ante los patrones establecidos por los fotógrafos mamones, y me dije: “Tengo que construir un estilo propio y agarrar una temática que me identifique como artista”. Y fue cuando empecé a tomarle fotos a puros perros y gatos, influenciado -creo yo- por la profesión de veterinario de mi padre. Aquí algunas imágenes:






Cansado de los perros y los gatos, busqué nuevos horizontes (¡ahijuesupinchemadre!, hablo como un artista de verdad, jejeje). Un día, de pronto, me entró un orgullo irracional por mi ciudad, un gusto enfermo que no puedo explicar, y me salí a las calles a retratar a su gente, sus lugares típicos, su cultura y esas mamadas. Me daba mis roles a los negocios del centro: a las cantinas, a los restaurantes, a las librerías; me subía a los camiones, platicaba con los barrenderos, iba a la catedral, a los panteones el día de muertos… Volví a caer en puro pinche cliché fotográfico. Aquí las fotos de esa etapa:







Y ahí mejor luego le sigo, porque si no este post va a estar bien largo. Falta platicarles mi fase "abstracta", mi fase de "soledad", mi fase "experimental" y mi fase "mamona", cuando expuse en el Salón de la Fotografía de la Cineteca de Nuevo León. Ahí se ven. Que tengan buen inicio de semana.

P.D. Hagan lo que quieran con estas fotos: róbenselas, imprímanlas, digan que ustedes las tomaron, etc. Me vale madre: yo tengo los negativos originales, jejeje.

jueves, septiembre 09, 2010

Héroes

Lilian Hellman, la escritora norteamericana, alguna vez dijo: "El liberalismo perdió para mí su credibilidad. Lo he sustituido por algo más privado, algo que suelo llamar, a falta de un término más preciso, DECENCIA".

Al leer lo anterior concluí que, así ganen 50 mil o 100 mil pesos mensuales, si los policías -por poner un ejemplo de profesión- no son personas decentes, seguirán aceptando mordidas, extorsionando ciudadanos, pasándose a las filas del crimen y degradando cada vez más un oficio que en algún momento fue noble.

Decencia es lo que se necesita en México... entre muchas cosas más.

Yo no creo que haya que celebrar algo en este centenario/bicentenario. Incluso si creyera que hay algún motivo de festejo, me daría miedo ir a celebrar, por aquello de los balazos y los granadazos.

Tampoco creo en los llamados héroes patrios, así me demuestren con "documentos oficiales", estampitas y películas que alguna vez existieron e hicieron lo que se dice que hicieron. Al menos yo no veo los resultados positivos de sus actos y sus muertes. Tal vez los hubo, pero no perduraron.

Aunque mi fe en la gente de este país es nula, a veces me entra lo cursi y lo soñador por alguna u otra cosa que veo en la calle o me sucede. Sorpresas que me llevan a pensar que los cambios internos -o mínimos- conducen a los grandes cambios externos. Por lo que me puse a dibujar a los nuevos héroes patrios:



No se preocupen, mañana vuelvo a tirarle mierda a la humanidad entera, jejeje. Hoy déjenme disfrutar este arranque de fe de que las cosas van a mejorar gracias a la gente como uno.

martes, septiembre 07, 2010

Supositorio


Alguna vez, por estos lares, platiqué del primer encuentro cercano que tuve con un supositorio, snif.

Fue como a la edad de 3 o 4 años. Todavía no se me olvida el escalofrío que sentí cuando mi jefecita introdujo tremendo misil por mi inocente aniceto. Fue una sensación muy gacha: como de estar cagando para adentro, para, segundos después -con los ojos pelones y cara de "¡a la verga qué gacho se siente!”-, aflojar el chikistrikis y desparramar a presión toda la calabaza sobre la porcelana fina del escusado (amo las metáforas elegantes cuando de hablar de popó se trata).

A lo que voy con esta anécdota escatológica es que aún no me recupero de todo lo que comí y bebí en las vacaciones. Comida hindú, árabe, griega, tailandesa, pakistaní, iraní, turca, italiana, japonesa, china, española, gringa, vodka, ron, cerveza, Dr. Pepper, agua mineral de sabores, whisky… ¡Ay, mamachita!

Pero estoy casi seguro que los que me causaron el problema fueron esos pinches jogdogs de la foto. Me corto un tanate si esos monstruos de embutidos cerca de la Casa Blanca (¿qué andaba haciendo yo, antiyanki confeso, cerca del cantón de Obama?... se los dejo de tarea) no fueron los que conspiraron en mi contra para taponearme la cañería. Nunca me había sentido así por tanto tiempo. Yo, que voy al baño 3 veces al día, y no precisamente a admirar mi musculatura en el espejo y recordarme lo guapo que soy.

Si no me hubiera hecho tan hombre y tuviera todavía la tierna edad de 4 años, dejaría que me metieran un supositorio por el chimuelo. Neta que siento como si pudiera tapar una fuga de petróleo en el Golfo de México con toda la plastilina que tengo acumulada en el intestino. Lástima que ya la hayan tapado (bueno, no lástima; qué bueno que ya la arreglaron), pero para la otra, ya saben los ingenieros: denle de tragar de todo y al final unos jogdogs al puro estilo y desazón gringos, y verán cómo tapan el boquete luego luego.

Lo que sí es que uno nunca está demasiado estreñido como para no chuparse otra cerveza, jejeje.



Saludos.

viernes, septiembre 03, 2010

Banderilla

Ah, cómo les encanta a los gringos señalar los males de otros países y no querer ver nunca los propios. Sobre todo esas desgracias ajenas que ellos mismos provocan y que debido a su enorme arrogancia de salvadores del mundo y su doble moral se niegan a reconocer.

Hace un par de días causó indignación un dibujo. En la caricatura -autoría de un dibujante estadounidense- aparecen la bandera, el águila y la serpiente del escudo nacional balaceadas. Aquí la polémica imagen:


Está muy bien el dibujito. Muy real. Resume a la perfección lo que estamos viviendo en este pobre país. En lo personal, cambiaría el águila mexicana por el águila gringa, y le agregaría una que otra cosita, para hacer de esta caricatura una crítica más objetiva. Aquí el resultado:


jueves, septiembre 02, 2010

Detenidos


Notas aclaratorias:

El conejito asomado en el último cuadro es el Conejo Marihuano, creación de Polo Jasso, colega regiomontano al que no le pedí permiso para dibujarlo, pero puede dormir tranquilo, pues no lucraré con su personaje (no lucro ni con los míos, snif).

Mi post anterior fue un sarcasmo. No se ofendan mis lectores colombianos (porque lectores gringos no creo tener). No, no quiero que les tiren una bomba atómica y se mueran todos, simplemente me puse a pensar en las soluciones tan pendejas y tan en vano que han planteado autoridades y expertos para acabar con el problema de las drogas y la violencia en mi país, sin resultados positivos ni beneficios para la mayoría; y, si de decir pendejadas se trata, en eso yo sí soy experto, jejeje.

miércoles, septiembre 01, 2010

"Pos toda viene de allá", dijo el narcotraficante "la Barbie" cuando le preguntaron si la droga colombiana era mejor que la mexicana. Aclaró que la ruta de distribución que seguía era Panamá-México, y que el dinero en efectivo se lo mandaban en trailers desde Estados Unidos.

Pregúntome yo: ¿No será más fácil borrar del mapa a Colombia y a Estados Unidos para acabar de una vez con todos los pedos de nuestro país?

martes, agosto 31, 2010

Le pido una disculpa al cliente que llamé "pinche loco"...

¿Recuerdan aquel cliente loco que llegó al negocio de cajas a pedirme una "caseta de cartón" para meter ahí al vigilante de su colonia y así resguardarlo del inclemente sol?

Bueno, pues tal parece que el pinche loco incrédulo fui yo. No existen las "casetas", pero sí las "casitas" de cartón. Chale... tengo que modernizar el giro del negocio si quiero competir en el mercado.

Pido una disculpa a mi cliente por haberlo llamado tan feo. He aquí la prueba de que el cliente siempre tiene la razón y no siempre están locos o son necios sin motivo:



Aparte: ¡225 pesitos!, y del mismo tamaño y tan inútil como una del Infonavit. ¡Llévela, llévela!

P.D. Gracias a mi lector Rolando R. por haberme hecho ver mi poca fe y mandarme las fotos.

viernes, agosto 27, 2010

¿Pa´dónde nos hacemos?

Hace un mes me escribió un lector. Quería saber si aún tenía Diarios del Fin del Mundo. Le mandé un ejemplar de los tres que guardé para mi archivo personal. Pasaron los días y ya no supe si el lector había recibido mi paquete. Hasta ayer, que me mandó este correo (hacer clic en la imagen para verla en grande):


Me quedo corto en adjetivos para describir lo que sentí al leer esto. Ya no sé de qué manera indignarme, de qué nueva forma quejarme ni cómo encabronarme; no sé qué tan fuerte hay que gritar o cómo encausar una rabia que crece día con día al darme cuenta que mi futuro no depende de mí. Ni siquiera eso depende de uno (no quiero ni pensar en quienes tienen hijos). Sólo sé que con cada cosa que me entero, crece más mi horror y mi decepción. Estoy convencido de que México es un estado fallido.

¿Qué hacer? ¿A quién culpar? ¿Al Presidente?, ¿a los gobernadores?, ¿a los policías?, ¿a los mariguanos?, ¿a los cocainómanos?, ¿a los gringos?, ¿a los colombianos?, ¿a los cárteles?, ¿a los partidos?, ¿al desempleo?, ¿a la corrupción?, ¿a la educación?, ¿a la ambición?, ¿al dinero?, ¿a nuestra deficiente condición humana? Ya no sé ni qué pedo. Neta que estoy totalmente perdido. Si somos imagen y semejanza de un tal Dios, entonces ese Dios es el capo mayor. El rey de los hijos de puta (y por favor que venga el cardenal Sandoval Iñiguez a amenazarme con excomulgarme, yo no lo voy a demandar; al contrario: me haría un enorme favor).

¿Cómo ser feliz en un entorno como el nuestro? ¿Cómo sentirse pleno sabiendo estas cosas? ¿Se podrá estar agradecido porque le tocó a otro y no a nosotros? ¿Cómo vivir con tremendo egoísmo? ¿Se darán cuenta que se están matando entre hermanos, que posiblemente el enemigo no esté en casa y que la vida es tan corta como para hacerla todavía más corta? ¿Valdrá realmente la pena?

Vaya existencia la nuestra, estar cuidándonos la espalda. Apuesto a que en Cuba, Corea del Norte, Venezuela, Ecuador o Bolivia se vive mejor que aquí. Lo único que lamento es no tener el dinero suficiente para largarme con toda la gente que quiero a una nación de esas.
En verdad llegué a pensar que nuestra condición evolutiva y nuestra ubicación geográfica daba para tantito más; para no tener que luchar por nuestra superviviencia, como las gacelas y los leopardos, pero me doy cuenta que no es así.

¿Para dónde nos hacemos? Díganme por favor. Si denuncias, te matan; si le entras al crimen, te matan; si no le entras, también te matan; si lo combates, te matan; si trabajas honradamente, te matan; si tienes un patrimonio, te lo quitan; si eres pobre, te matan; si vas pasando por ahí, te matan... Díganme para dónde nos hacemos, por favor. ¿Nos vamos?, ¿nos quedamos?, ¿nos encerramos?, ¿nos van a pagar el funeral el día que nos pase algo?, ¿nos podrán revivir? Neta, díganme qué pedo. Si me lo explican, seguro que lo entiendo. Incluso hasta puedo justificarlo. Pero díganme las cosas sin rodeos. Como son y como van a ser. Sin tintes partidistas, sin mentiras, sin intereses personales de por medio que no sean los de todos los mexicanos que seguimos vivos.

Me entero de esta tragedia de mi lector y me entero también que las chavas de Sinaloa que tiene el restaurante de mariscos a la vuelta del negocio de cajas, tuvieron que cerrar: por miedo. Un negocio de pollos y otro de fiestas infantiles, también cerraron. La señora del vivero donde compré mis árboles para el jardín, está rematando todo. La asaltaron. Nomás estoy esperando el día en que me toque a mí otra vez. Ya ni ganas de ir a trabajar me dan. Quiero estar encerrado, leyendo, escribiendo y dibujando. No me interesa tener dinero, no me interesa tener futuro, no me interesa hacer crecer el negocio de cajas, no quiero tener éxito. Todo es un riesgo, aunque antes estos riesgos no costaban la vida. No quiero nada. No aquí. Solo quiero vivir tranquilo en los dos o tres metros cuadrados que me rodean y que así viva la gente que amo. Pero incluso, a veces, eso es mucho pedir.

P.D. Lo que menciona mi lector en su correo acerca la tira, ni siquiera yo me lo explico...

jueves, agosto 26, 2010

Nubes

Creo que fue en un consultorio médico. Tendría yo unos 4 o 5 años. Estaba hojeando una revista del montón que había sobre la mesita de la sala de espera. No me acuerdo qué revista era, sólo recuerdo que estaba en inglés y que un dibujo impreso entre sus páginas me llamó mucho la atención. A esa edad muy apenas y podía leer en español, por lo que le pedí a mi padre que me tradujera el pequeño texto que acompañaba a la ilustración.

El dibujo era más o menos así:


En ese momento pensé que era un chiste que no había entendido, pues no me causó gracia alguna y no vi que mi padre sonriera después de leerlo. Pasó el tiempo y siempre recordé esa tarde en el consultorio; pero, sobre todo, el dibujo. Al principio pensé que el recuerdo me llegaba por haber sido una situación algo dolorosa, pues ese día llegué a casa con una nalga picoteada con jeringas y una paleta de caramelo como premio.

Conforme fui creciendo, el dibujo se hacía más presente en mi vida, a pesar de no haberlo visto de nuevo. Hasta que comprendí la razón de mi remembranza. Lo tenía presente porque empezaba a entender su triste significado. Conforme “maduraba”, profundicé en su mensaje y una vez que lo capté, tampoco me pareció gracioso.

Siempre temí convertirme en una de esas personas que sólo ven nubes, como el señor del dibujo. Miedo de acabar siendo una persona que quería una cosa y terminó teniendo otra. Alguien que tuvo un sueño y, de todas las veces que se despertó, en ninguna pudo hacerlo realidad. Miedo a creer profundamente en algo y terminar creyendo lo contrario por razones ajenas a mi persona.

Y no hablo del típico miedo a crecer, hacernos adultos y dejar de ser niños; o a llenarnos de responsabilidades y obligaciones. Es un temor distinto. Es un miedo a convertirte en alguien que no eres, a perder la esencia y la capacidad de ver las cosas de manera distinta. Es un temor a que las circunstancias te cambien cuando te des cuenta que ni el Ratón de los Dientes, ni Santa Clos, ni los Reyes Magos ni la Justicia ni Paz en el Mundo existen. Miedo a amoldarte y tolerar una realidad que no te gusta, pero es. Miedo a darte cuenta que no hay fuerza o magia que cambie las cosas malas y deje las buenas como están.

Crecemos y empezamos a ver las cosas "como son" (o como nos hacen creer que son), “de manera objetiva”, “de manera realista”, “fríamente”, y no perdemos el tiempo en contemplaciones ni en cosas que no nos dejen una satisfacción más allá de un cosquilleo en el estómago.

Cuando vemos sólo nubes, creo que es el primer paso para empezar a jodernos. Cuando pienso en que lo que veo no son animales fantásticos de algodón flotando en el cielo, sino simples gotas de agua suspendidas en la atmósfera, es deprimente, pues siento que es lo mismo a decir que: no son oficiales de tránsito, son pinches ladrones; no son policías, son asesinos al servicio de otros asesinos; no son políticos, son hombres que nunca cumplen con su palabra y se enriquecen de manera ilícita; no son autoridades que imparten justicia, son ojetes que no les importas ni tú ni el país ni nadie; no son empresarios, son ambiciosos de voracidad desmedida que tienen a los políticos trabajando para sus intereses personales…
Y así, contrario a la futilidad de una nube, transformamos una realidad cruel y sólida, difícil de disipar.

No digo que todo sea así. Espero que no. Por nuestro bien. Pero, ¿en qué momento se perdió la magia? Es más: ¿alguna vez existió? Alguna vez tuvo que haber existido, porque si pedimos cambios es porque alguna vez vivimos mejor. Tampoco se trata de vivir en el engaño ni de ver cosas que no son para sobrellevarla sonriendo aunque tengamos la mierda hasta el cuello. Lo que digo es que, a pesar de haber perdido casi toda mi fe, no dudo que entre tanta nube común y corriente, haya una que otra con forma distinta, que nos haga volver a mirar el cielo. Esa nube, lo más seguro, es que esté dentro de cada uno de nosotros.

martes, agosto 24, 2010

Ganó México la corona de Miss Universo. ¡Nuestros problemas están resueltos!

Me meto a ver los periódicos y leo algunos de los cientos de comentarios que ha dejado la gente en las notas referentes a este "triunfo". Me horroriza lo que ponen: "A pesar de todo lo malo, hay belleza en nuestro país", "A pesar de todos nuestros problemas, México siempre sale adelante", "Qué bueno, ya necesitábamos una buena noticia", "¡Viva México!"... ¿Hablan en serio?

Ése es el gran problema de nuestro país: que muchos mexicanos necesitan "satisfacciones" de este tipo para sentir que salen de la mierda. Son los mismos mexicanos quienes exigen este tipo de "distracciones" rascuaches, cuando lo que menos necesitamos ahorita, es estar distraidos.

Chale... Por eso seguiremos siendo una bola de atolondrados que se enorgullece de cualquier pendejada; una bola de mediocres que exige distracciones que nos eviten pensar en todo lo malo; hediondos hedonistas en busca de satisfacciones que duren un par de horas aunque todos los días vivamos en la zozobra.

lunes, agosto 23, 2010

Animales

En los museos puedes ver animales disecados que parecen estar vivos.


En los zoológicos puedes ver animales vivos que parecen estar muertos.


No sé qué sea peor. La ventaja de los museos es que puedes ver animales que nunca conociste; y en los zoológicos, animales que tal vez nunca conocerás. Cabe mencionar -como otra ventaja- que la entrada a ambos lugares es gratuita.

De vuelta en mi ciudad, me doy cuenta que los animales más horrendos viven aquí. Y que son una plaga. Y que la gente prefiere ir a regalar su dinero a los casino que meterse tantitos conocimientos en la cabeza. Aunque sean gratis.

sábado, agosto 21, 2010

Rumba Samba Mambo


Ya, en serio: ¿a quién chingados se le ocurrió que estos adefesios podían ser un éxito comercial? Miren nomás qué horror... Espero no tengan pesadillas.

jueves, agosto 19, 2010

Pa´ pinches 500 dólares...

Hoy tampoco me libré de las viejas locas. Es como si su nave nodriza acabara de aterrizar justo en donde vivo. No me tocó en el negocio, pero sí a la hora de ir al banco.

La mujer tenía detenida la fila de clientes porque había ido a cambiar unos dólares y la muy mamona no quería traer "tantos billetes". Pá los pinches 500 dólares pedorros que cambió y todavía se pone sus moños. Es como los cagaleros que llegan al negocio de cajas y no quieren que les dé feria en "moneditas". Como si no fuera dinero. Aparte, las moneditas ayudan a que uno se vea más riatón de lo que está. Inténtenlo y verán.

Bueno, total que la ñora hizo que la cajera -la única que había- hablara a tres sucursales del banco para ver si ahí tenían billetes de a 100, porque los de 50 y 20 "le hacían mucho bulto y ahorita las cosas están muy feas", decía refiriéndose a la inseguridad; como si "los malitos" tuvieran visión de rayos láser y vieran a través de las bolsas de las viejas necias cuánto dinero traen, y, si traen muchos billetes, sí las asaltan, y si no, no.

La cajera, harta, reaccionó, y se puso al nivel de la vieja loca diciéndole: "Los billetes de 100 son mucho más llamativos, señora; aparte nos han tocado algunos casos de billetes falsos de esa denominación. ¿No prefiere mejor que le dé 10 billetes de 50?".

Y la vieja loca aceptó.

Me quedé con ganas de salir corriendo detrás de ella, gritando como enfermo y arrebatarle la bolsa -en broma-, para sacarle un buen pedo y ver si así se deja de mamadas a futuro.

martes, agosto 17, 2010

¿Qué pedo con mis clientas?

¿Qué pedo con las señoras que vienen al negocio? ¿De qué zoológico intergaláctico se escaparon? No conforme con haberme mandado a la necia de ayer que buscaba cajas grandes, hoy, el diablo me manda a una señora con graves problemas de percepción.

La señora buscaba una caja de 50 de largo por 40 de ancho y 8 centímetros de altura. La más parecida que tenemos es de 56 por 40 por 8. Cuando se la mostré, me dijo:

-No… Se me hace que está muy chica.

-Ah, ok, señora, entonces usted necesita una caja más grande.

-No. Necesito una de 50 por 40 por 8.

-Ésta que le estoy mostrando es de 56 por 40 por 8, señora. Tiene 6 centímetros más de largo, pero de las otras medidas es igual a la que busca.

-No… Se me hace muy chica.

¿Cómo una caja más grande puede ser más chica, amables lectores? La respuesta tal vez la encuentren preguntándoselo a las mujeres y a esa magia misteriosa que las rodea y las hace tan necias.

Tuve que meter mi mano en el bolsillo del pantalón para contener esas ganas de hacerla entrar en razón a puras cachetadas -así se acostumbra hacer entrar en razón a las pinches viejas locas- y, como el caballero que soy, le dije:

-Si la caja que busca es de 50 por 40 por 8, ésta es la que más se le parece, señora. Incluso es un poco MÁS GRANDE –dije subiendo el tono de las dos últimas palabras.

La ñora observó la caja, le dio vueltas y la colocó de nuevo en el mostrador:

-No… Está muy chiquita –dijo mirando hacia otro lado de la tienda.

En la pared había otra caja en exhibición, más pequeña aún que la que acababa de mostrarle. ¡Pues no me van a creer que la pinchi vieja me la pidió para compararla!

Y todavía me pregunta: “¿Cuál de las dos es más grande?”

Pobre del marido. Ha de tener el pito bien chiquillo aunque le mida 33 centímetros.

lunes, agosto 16, 2010

Cajas grandes

Aparte de andar esquivando balas y esquirlas de granada, acá, tipo el güey de la película Matrix; evadiendo retenes, bloqueos, comandos armados y raterillos de poca monta; sorteando la crisis, el smog, la cruda y el calor… aparte de todo lo anterior, tengo que aguantar a las pinches viejas locas que vienen todos los días al negocio. ¿Por quéeeee?

Antes de irme de vacaciones vino a la tienda una señora que ha sido lo más parecido a un dolorón de huevos. La vieja necesitaba “cajas grandes”. Así nomás: “cajas grandes”. Cuando le pregunté las medidas específicas, para no caer en relatividades, me respondió: “Es que yo soy más de vista, no de medidas”. “Uooorale”, pensé.

Le mostré las cajas más grandes que teníamos en existencia, para que las midiera con la vista (¡toing!, che vieja loca), pero le parecieron muy caras y “no tan grandes”. Como no entendía bien qué era lo que buscaba la ñora, le pregunté que para qué necesitaba las cajas, y me respondió: “Pa´meter cosas”. Chale... No sé quién esté más pendejo: yo por preguntar lo obvio o ella por responderme. Pero es que a veces por más obvia que parezca la pregunta, es necesario hacerla para ofrecer la opción que cubra mejor las necesidades del cliente (chin... ya hablo como un pinche empleado, snif).

Total que bueno, la vieja quería las cajas para “meter cosas” y las que tenía en ese momento se le hacían muy chiquitas porque ella no era de saberse las medidas sino de verlas, por lo que le comenté que en algunos días nos llegarían cajas más económicas y más grandes, esto último lo dije haciendo un ademán con las manos, como si cargara una cajota, y le dije: “Son cajas como de este vuelo, señora”, y la ñora puso una cara de estar bien contenta y amenazó con volver.

En mi ausencia, llegaron las cajas. Vía e-mil me enteré que la señora volvió al negocio, pero las cajas le siguieron pareciendo pequeñas. Desde el castillo renacentista en el que me encontraba hospedado rascándome los huevos y bebiendo champán entre faisanes, mandé pedir cajas con medidas mayores para mi clienta, pues al cliente lo que pida, ¡sí señor, cómo chingados de que no!

Total que a mi triste regreso -el jueves pasado- recibo en mi teléfono la llamada de doña Cajas Grandes, preguntándome si ya tenía sus cajas. Le dije que no tardaban en llegar, que yo la llamaba al tenerlas, pues no me habían especificado el día del envío. Pero no sé si la vieja ésta sea sorda, esté medio Teletón o nomás le gusta ser bien pinche necia, pues eso de “yo le llamo cuando las tenga” no lo entendió, y me marcó el mismo jueves después de las 7, el viernes en la mañana, el sábado al medio día e incluso el puto domingo, para ver si ya habían llegado las cajas que “tanto le urgían” (che vieja… le urgían tanto que en dos semanas no pudo conseguirlas en otra parte).

Hoy lunes al medio día llegaron las chingadas cajas. La señora necia ya había marcado a las 9 y a las 11 de la mañana. “Ya están aquí sus cajas, señora, puede pasar por ellas”, le dije amablemente con mi última gota de paciencia. Y a los 15 minutos, llegó la vieja.

Tomó una caja, la analizó, se la pasó a su comadre, le pidió su opinión, la comadre asintió y la vieja necia me dijo: “¡Está perfecta! Deme 2”. ¡¿Dos?! ¡¿Dos pinches cajas de 20 pesos cada una?! ¡Dos putas semanas jodiendo con que necesitaba cajas grandes y nomás se lleva dos! ¿En dos semanas no pudo resolver su problema y prefirió atosigarme a tal grado de hacerme perder la fe en la humanidad y buscar ayuda psiquiátrica? ¿¡Por qué, señora, por qué chingados me hace eso!?
Ah, pero eso no es lo “pior”. A la media hora, la vieja volvió. Yo pensé que venía por más cajas… pero no. ¿Saben a qué regreso? A devolverlas. ¿Saben por qué, amiguitos y amiguitas? ¡Porque las putas cajas ahora le parecían muy grandes y no podía cargarlas! ¿Y saben por qué no debemos portar armas? Por situaciones como éstas. Viejajijadelachingada…

¿Por qué no tengo el suficiente dinero para prolongar mis vacaciones 5 años?, snif

jueves, agosto 12, 2010

Los días como un revólver

Hace algunos años -no muchos-, después de cada viaje, estar de vuelta en mi ciudad me provocaba un tremendo alivio. Así la hubiera pasado de lo más chingón los días que estuve fuera, regresar me hacía sentir que estaba en terreno conocido; donde, a pesar de no ser nadie, me sentía importante. Me sentía seguro.

Ahora, ver a lo lejos el Cerro de la Silla o cualquier otra montaña que me indique que estoy cerca de casa, me revuelve el estómago. Regresar es como un fracaso: una depresión que no se puede esquivar; es sentir que puedo ser la nota roja del periódico del día siguiente nada más porque sí. La mayor de las impotencias.

No se cuál sea la solución. Ni siquiera sé cómo empezó todo el problema. Tal vez hay algo podrido en cada uno de nosotros, pues la historia de la humanidad está plagada de historias violentas, de abusos contra los débiles y sed de poder; y, cuando las cosas suceden al revés, es entonces que nacen los héroes. Muertos todos, pero héroes al fin; héroes que trataron de cambiar el sentido erróneo de la vida y lograron muy poco.

No creo que la violencia acabe legalizando las drogas. Drogas siempre ha habido y violencia también. Tampoco creo que legalizándolas se pagarán impuestos y reinará el orden. Evasores del fisco siempre los ha habido y caos también.

¿Cómo afrontar una realidad de fusiles, granadas, sobornos, poder, dinero, coches bomba y más poder? ¿Cómo afrontarla cuando no se tiene nada de eso?... cuando no se quiere nada de eso. ¿Cómo afrontar con educación y valores -la herencia de nuestros padres- un entorno ignorante y bestial? ¿Cómo no evadir esta realidad si queremos salir vivos de ella? ¿Valdrá la pena morir luchando cuando hay quienes mueren sin ton ni son?

Los días son como un revólver con una sola bala en el barrilete. El tiempo, la ignorancia, la falta de oportunidades, las diferencias sociales tan grandes y la ausencia de valores, son el percutor. Ojalá, cada que detone, no nos encontremos ni en el lugar ni en el tiempo equivocado.

lunes, agosto 09, 2010

El planeta de los árboles mochos



Es exagerado pensar que en un futuro cercano habrá niños que no conocerán los árboles. Aunque no es nada descabellado si nos ponemos a contar la cantidad de gente que ha perdido el mínimo respeto por ellos e ignora sus funciones vitales. Hay quienes incluso han desarrollado un tipo de aversión hacia esos seres ramificados de tallo leñoso.

Me estoy mudando a un barrio que queda más cerca de donde trabajo. Según el vecino de la casa que rentaré, hace un par de años, en el patio trasero, había dos limoneros enormes. Medían como 8 metros de altura cada uno, más de lo que miden los limoneros normales. Los árboles pasaban su ramaje por encima de las bardas y compartían con las casas de los costados su sombra y sus frutos. De un día para otro, los dueños decidieron quitarlos y poner en su lugar una horrible placa de cemento.

Cuando mi nuevo vecino cuestionó a los anteriores ocupantes del inmueble la razón por la que quitaron los limoneros, estos le dijeron: “Es que es muy molesto andar barriendo las hojas” (curioso, pues los limoneros son perennifolios), “atraen muchos moscos y abejas cuando florecen” y “los limones se pudren cuando caen al suelo”. Sus tres razones me parecieron pretextos de gente ignorante y huevona, que carece del mínimo respeto por su entorno.

Lo más triste del asunto, es que me he dado cuenta que muchas personas cercanas a mí, piensan de esa forma. Últimamente, cada que visito las casas de amigos, conocidos o familiares, me fijo en sus áreas verdes. Quienes tienen el privilegio de tener un patio -por más pequeño que éste sea-, optan por poner una alfombrita de zacate, algún bambú, alguna planta de ornato, una palma o un asador; pero nunca un árbol.

“Es que los árboles hacen mucho mugrero y mi vieja no quiere andar barriendo hojas”, es la excusa más común que escucho. Un conocido, el que tiene el patio más grande, pagó casi 5 mil pesos por que le fueran a tumbar un nogal de más de 50 años de antigüedad y 20 metros de altura. Un verdadero crimen. Sus razones para cometerlo: “Soltaba muchas hojas”, “las nueces nadie se las comía” y “en las mañanas, por ahí de las seis, llegaban parvadas de loros verdes y hacían mucho ruido”. ¡Háganme el chingado favor! Prefirió una placa de cemento, una palapa, un asador y muebles de patio a un espectáculo de la naturaleza al que casi nadie tenemos acceso por vivir en una ciudad como ésta. Cada que me acuerdo, me da coraje.

La realidad es que nunca ha existido una cultura de respeto –ya no digo al medio ambiente- a los árboles. O sí la hubo, pero desapareció cuando “nos hicimos modernos y progresamos”. Son pocos los ciudadanos que optan por tener al menos un árbol en su casa y cuidarlo; desgraciadamente, existe mucha ignorancia alrededor de este tema, por eso vemos tantas banquetas levantadas, tanta tubería rota, tanto cable de luz y teléfono desprendido y tanto árbol mocho o sacrificado. Si esto es a nivel individual, imaginen ahora en niveles más altos.

Los gobiernos municipales, estatales y federales no han sabido poner un buen ejemplo respecto a este tema y parecen estar igual de ignorantes que uno. Cada que hablan de áreas verdes, se refieren a campos de golf o a rotondas y camellones con pasto y florecitas. Son ellos los primeros en mandar trasquilar los árboles cuando éstos alcanzan los cables de los postes o tapan algún edificio o anuncio espectacular con publicidad o propaganda política. Son ellos los primeros en plantar palmeras donde nunca hubo palmeras, pero pos “se ven chidas” y hasta parece que estamos en la playa, ¿no? Son ellos quienes deberían fomentar la creación de un sistema que se encargue de plantar y cuidar árboles frutales por toda la ciudad, para regalar sus frutos a quienes no tienen que comer, bajando así los costos sociales que provoca la pobreza y los niveles de basura y mala salud que generan los alimentos procesados; en vez de pensar que el fruto es un problema porque “nadie se lo come y se pudre”.

Quienes tampoco ayudan a fomentar esta cultura verde, son los constructores de viviendas, que cada vez las hacen más pequeñas, imposibilitando así las buenas intenciones de tener un arbolito. Fraccionan y les vale madre: tumban todo lo que se les ponga enfrente para construir casitas del tamaño de cajas de zapatos, en vez de construir en función a lo que dicta el entorno natural. Construyen sobre veneros, cañadas, ex haciendas, cerros, etcétera. Lo más curioso es que a sus fraccionamientos les ponen nombres como: “Los Sabinos”, “El Vergel”, “Bosque de los Encinos”, “Hacienda de Los Robles”, “Cañón de los Huizaches” y no hay ningún pinche sabino, ningún pinche encino, ningún pinche huizache y el barrio no es nada parecido a un pinche vergel (¡ya me encabroné, hijos de su pinche madre!).

Yo, por lo pronto, ya mandé hacer 4 boquetes en la placa de concreto del patio del que será mi nuevo hogar. Cada orificio tiene un metro de diámetro por uno de profundidad. Me cobraron 100 pesos por hacer cada uno. Fui a un vivero cercano y compré un ciruelo rojo, un guayabo, un aguacate y una higuera, todo bajo la filosofía de que: si quiero cambiar el mundo, debo empezar primero por cambiar los metros cuadrados que me rodean.

viernes, agosto 06, 2010

Nazissori

Desde el jardín de niños hasta el segundo año de la secundaria estudié en un colegio tipo Montessori. En aquella época, Monterrey no era el monstruo que es ahora, no había tantas opciones educativas y las escuelas privadas no eran tan grandes ni tan costosas.

De las cosas que más recuerdo de aquel tiempo, están algunas de las “extrañas” políticas de mi escuela. Una de ellas era que los alumnos no llevábamos uniforme. El director decía que no éramos robots, que cada quien era un individuo irrepetible y siempre, en las asambleas, presumía que nuestro plantel era el único en todo el Estado que no obligaba a sus niños a vestirse igual.

La otra política era que teníamos prohibido llevar “lonche” hasta el sexto año de primaria. Eran nuestras madres quienes tenían que organizarse para que cada semana le tocara a una llevar los alimentos de todo el salón. Había dos condiciones: sólo se permitía llevar frutas o verduras y nada de refrescos. Si las aguas eran endulzadas con miel o piloncillo, qué mejor.

Desfilaban por nuestros pupitres platos rebosantes de melón, piña, sandía, manzana, pepino y jícama; aguas de tamarindo, mandarina, limón y chía. Era la pura felicidad. Si no veíamos el televisor, no nos acordábamos que existían las frituras enchiladas, los pastelitos rellenos de crema, las galletas con grajeas, las golosinas de colores ni los refrescos. De hecho, si alguien era sorprendido con lo anterior, era reporte seguro, y, acumulando tres, corría el riesgo de expulsión.

El director era –según algunos padres de familia- “un hombre extraño de ideas extremistas”. Como todo director de escuela, era un tipo nada querido por los alumnos; al igual que su hijo. Yo fui de los pocos amigos que tuvo su hijo, pues íbamos en el mismo grado. Recuerdo que los fines de semana nos invitaba a mí y a otros dos compañeros a su casa. Era otro mundo.

Estaba prohibido ver el televisor: sólo se encendía para ver el programa La Canica Azul, Erase que se era -de Cachirulo-, Erase Una Vez El Hombre o algún casete beta de National Geographic, de los que tenían una colección enorme, al igual que de revistas. La falta de televisión se compensaba con montones de libros y enciclopedias de animales, de ciencias (tenían todos los tomos de Proteo Fuerza 10, el sueño húmedo en enciclopedias de los niños de mi época… googléenla, para que vean); había juegos de química, montones de material para hacer manualidades, taller de carpintería, cuadros en todas las paredes, fotografías de paisajes, tenían 2 microscopios, 4 bicicletas, un telescopio y un patio enorme lleno de árboles frutales, hortalizas, tortugas, ranas, peces y aves de distintos tipos. Era muy raro ver al director en su faceta de padre y amigo, sin la cara larga y los regaños que acostumbraba en el colegio, enseñándonos a clasificar hojas y a atrapar insectos para analizarlos en el microscopio; a fabricar granjas de hormigas y pizcar higos para hacer conservas. De hecho, a ese señor tan odiado por todos le agradezco el poder haber visto el cometa Halley, en 1986.

Muchos dirán: pinche viejo loco socialista y anticuado, o: pinche viejo ñoño fascista ecológico autosustentable. Yo, hasta después de muchos años, valoré esa educación que no creo que exista ahora en ninguna escuela. Aparte, mis padres reforzaron esas actitudes y algunas ideas en casa.

Me sacaron del colegio Montessori en segundo de secundaria, cuando el director –por presión de la SEP, por hacer negocio o porque simplemente se dio cuenta que luchaba solo contra el mundo- implementó como obligatorios los uniformes de gala y “de deportes” y puso una tiendita en el patio central del colegio, donde vendían todo tipo de mierda comestible y dañina para los niños.

El ritmo de vida lo cambió todo. Nuestras madres ya no querían lavar tanta ropa ni estar picando fruta 5 días a la semana. Muchas tuvieron que ponerse a trabajar, como nuestros padres, y era más sencillo que lleváramos uniforme, comida empaquetada o algunas monedas para gastarlas en la tiendita.

Mis padres me sacaron del Montessori porque precisamente me habían metido ahí por sus “políticas extremistas”. Eso sí: de que aprendí muchas cosas que en otro colegio no hubiera aprendido, las aprendí y las sigo aplicando a mi vida diaria. Es por eso que yo soy un tipo raro y quejumbroso, que dibuja y escribe en un blog y hace lo que se le pega la gana; mientras la mayoría de la gente que no estudió en una escuela tipo Montessori acabó siendo exitosamente normal.

jueves, agosto 05, 2010

Adelanto

Posible portada para la segunda edición del libro Diarios del Fin del Mundo, que saldrá el próximo año.


P.D. Se aceptan sugerencias en mi mail.