lunes, junio 28, 2010

Cambiar la historia


No se pudo… y no se podrá. Tal vez nunca. No aquí. Ni en el fútbol ni en ningún otro campo.

Aparte, ¿qué se puede y qué quieren lograr todos esos que cantan a coro “sí se puede”? Para mí, continúa siendo un misterio; una meta patriotera ambigua que se busca conseguir a base de pasión desbocada y gritos disfrazados de mentalidad positiva.

O quizá esté equivocado y sí funciona pensar así. Tal vez los criminales optaron por esa mentalidad positiva del "sí se puede" y por eso han logrado todo lo que han querido y llegado hasta donde han llegado.

En México es difícil conseguir las cosas, más si uno no se apega a las conductas canallas que rigen un sistema podrido y carente de valores al que deben mimetizarse quienes no quieren quedar fuera. No se consiguen las cosas porque lo que se busca en realidad es otra cosa a la que se dice andar buscando.

No se busca ser mejores: se busca tener mucho. No se busca ser honestos: se busca que nos vean en misa del domingo y hablen bien de nosotros. No se busca hacer las cosas bien: se busca tener ganancias rápidas con el mínimo esfuerzo. No se busca ser moderados: se busca el despilfarro.

Quieren que vivamos de las apariencias: del agente de tránsito iletrado que va crudo a trabajar y no da una por los ciudadanos; ah, pero eso sí: maneja una patrulla último modelo que levanta los 100 kilómetros en 5 segundos. Del futbolista que anuncia refrescos, papas, panes y dulces, pero no sabe pegarle al balón. De los políticos que hablan bonito frente al pueblo pero obedecen a intereses oscuros.

Eso que quieren lograr -el primer mundo, el desarrollo, el país ejemplar, la gente feliz y optimista, etc.- nunca se podrá en una tierra sin ley, con ciudadanos cada vez más ignorantes y jodidos, con diferencias tan marcadas y absurdos tan grandes. Absurdos tan grandes como el sueldo de los futbolistas, la guerra contra las drogas, la eliminación de la tenencia para reactivar la industria automotriz (¡genial!, más coches en las calles) o una ridícula agencia espacial que –como la selección mexicana, que no cargará una copa del mundo- nunca pondrá a un mexicano en órbita.

Cada vez estoy más convencido de que no se puede y no se podrá cambiar nuestra triste historia si no es a balazos o huyendo de aquí. No hay otra opción. Yo, por lo pronto, opto por el aislamiento: estar entre cuatro paredes el mayor tiempo posible, pues se volvió imposible vivir aquí.

Ah, pero es sí: los culpables de todo somos nosotros, los que no tenemos fe. Por eso las cosas están como están.

viernes, junio 25, 2010

El vendedor de cajas con súper poderes

No llevé a lavar mi ropa sucia con tiempo y tengo que andar en camisa de manga larga con este calor. Cada que termino una llamada por teléfono celular, limpio la pantalla empapada de sudor con el faldón de la camisa.

La gente es muy curiosa. Hoy se le cayó el marbete con el precio a una caja de las 100 que tenemos en exhibición. ¿Y qué creen que hacen los clientes cuando entran? Preguntar por ella; preguntar por la única caja en toda la tienda que no tiene precio.

Han sucedido cosas extrañas. O, más bien, he querido verle el lado "extraño" al asunto para no aburrirme tanto. Ayer vino un cliente -el primero del día- y su total fue de 173 pesos. El segundo cliente del día se llevó cosas distintas que el primero, y su cuenta fue de 173 pesos. También me ha pasado que agarro las cosas exactas. O casi exactas. Por ejemplo: un cliente me pidió 50 cajas para tornillos. Tomé una cantidad de cajas para tornillos al azar de un montón, y, al contarlas, eran 49. Más tarde me pidieron 72 bolsas para regalo, y agarré 71. Hoy me pidieron 25 cajas de las blancas, y tomé 26. Con la práctica, de seguro afinaré estos súper poderes que tengo.

Al final del día llego a casa y me reciben cajas apiladas, libros tirados y muebles movidos. Estoy por mudarme a un lugar más económico. Entro al baño, meo y me siento raro al verme en el espejo. No sé si sea porque siento que soy el mismo o porque dudo si lo siga siendo. Cualquiera de las dos opciones hace que uno se sienta raro. Espero sólo sea la primera. Aunque a veces pesa más la segunda sensación.

miércoles, junio 23, 2010

Percas del Nilo en mi ciudad

El negocio de cajas está ubicado en una zona donde las balaceras, los levantones y los bloqueos de calles son comunes. Esta situación ha ayudado a que se eleven las ventas, pues a diario llega gente buscando cajas para meter sus cosas y cambiarse de ciudad o mudarse de país.

Cada que vienen, no puedo evitar sentir un poco de envidia, pues me gustaría estar en sus zapatos. Y es que no le veo otra solución mas que ésa: huir... o tirar una bomba que barra con todo y empezar de nuevo. Ya nos dimos cuenta que poner nuestro "grano de arena" siendo buenos ciudadanos no da ni buenos ni rápidos resultados, porque los granos de arena se ponen donde hay playa, no escolleras de piedras con bordes afilados.

No se huye por cobardía, simplemente se busca a los de una misma especie. Es como si viviéramos en una comunidad de negros o en un barrio de chinos siendo los únicos mexicanos, blancos que hablan español. No es que uno sea racista, pero ¿a poco no se sentiría extraño? Bueno, ahora imagínense vivir rodeados de criminales. ¿Cómo creen que se siente?

En Monterrey sucede lo mismo que pasó en el lago Victoria -allá en África- cuando introdujeron la perca del Nilo. El pez –de gran tamaño y enorme voracidad- se adaptó perfectamente a las condiciones del lago y arrasó en menos de 20 años con su ecosistema. Todo lo que hay en el lago Victoria es perca del Nilo. En la actualidad, el filete de este animal es un gran negocio para la Unión Europea, pues se vende como mero en cantidades industriales alrededor del mundo. Lo curioso del asunto es que, quienes viven alrededor del lago Victoria, se mueren de hambre. ¿Por qué acabar con algo que al principio fue un problema pero ahora deja tanto dinero en tan pocas manos?

El culto por lo material, la voracidad, los vicios y la ignorancia se instalaron en mi ciudad, se adaptaron a sus condiciones, impusieron las suyas y han arrasado con todo; generando jugosos negocios para muy pocos y muerte para muchos. No le veo otra solución más que huir… o tirar una bomba que barra con todo y empezar de nuevo.

lunes, junio 21, 2010

Enajenación



Aprovechando la enajenación que provoca el mundial de fútbol, me tomaré la libertad de lanzar algunos tiritititos reflexivos al área. No es nada que no sepamos, pero me ayuda como desahogo para no salir a la calle con mi bazooka a dispararle a todos esos que traen puesta “la verde”:

-Las dos televisoras de siempre, el pan que da chorrillo, el refresco que pica los dientes, las frituras enchiladas que engordan a los niños, la leche rebajada, el servicio telefónico con las tarifas más altas del mundo, el banco más ratero… Con esta “renovada” selección mexicana, que promete cambios que nunca ha aplicado, de seguro todos los mexicanos ganamos.

-La gente prefiere pagarle un millón de pesos mensuales (yendo al estadio, comprando abonos, comprando camisetas oficiales, bebiendo cerveza, etc.) a un pendejo para que patee un balón y lo meta en una portería, que pagarle más de 7 mil pesos mensuales (pagando impuestos, etc.) a un policía o a un médico del seguro social para que hagan bien su chamba. El fútbol ante todo, pos qué chingados.

-Un evento de esta magnitud, en medio de una de las peores crisis económicas, realizado en el continente más jodido del planeta, no me da buena espina. Me huele a que los únicos beneficiados van a ser los mismos huevones encumbrados de siempre: ésos que se la pasan componiendo canciones, haciendo obras de beneficencia y clamando por que se les perdone la deuda a los africanos para quedarse con la tajada más grande del pastel.

-Eso de las pasiones desbordadas por equipos que representan de manera ambigua una ideología, una institución o una patria, tampoco me da buena espina. Nunca he confiado en la gente que basa su estado de ánimo, sus opiniones o su productividad en el resultado final de un partido de su equipo favorito. De hecho, nunca he comprendido el por qué "irle" a alguien o defender "los colores" de una camiseta.

-Para todos ésos que ya ven a México campeón del mundo, desde ahorita les digo: aunque México sea campeón, las cosas no van a cambiar. Hemos tenido muchos campeones del mundo (clavadistas, marchistas, boxeadores, etc.) y no ha pasado de un día de hueva y peda total con resaca y actitud positiva al día siguiente. El verdadero cambio va más allá del “sí se puede” o del “sí se pudo”; va más allá de 11 babosos diciendo que “hagas sándwich” y de su sobrevalorado director técnico choreándonos con que ama a México pero vive fuera de él. Mientras vivamos en una sociedad con tantas y tan marcadas diferencias, donde se mata por comida, coches y droga, México puede ganar mil mundiales y darnos “mil alegrías”, pero si el cambio no es de fondo, seguirá yéndose directito a chingar a su madre.

-Los partidos de fútbol se ganan con goles y las guerras se ganan con balas. Ambas cosas pudieran evitarse –fútbol malo y guerras sangrientas- si al dinero se le diera menos importancia de la que tiene.

-La gente justifica los partidos de fútbol diciendo: “Es que hay que darle de vez en cuando una alegría a la gente en medio de tanta tragedia”. O: “A veces este tipo de distracciones son buenas para que la gente se olvide un rato de sus problemas”. No sé, en lo personal, no comulgo con esas ideas. Si se necesita “darle alegrías y distracciones a la gente”, es porque la vida apesta, y quienes "nos dan esas alegrías” son precisamente los culpables de que la gente crea que su vida apesta a tragedia y problemas, y la solución es consumir los placebos que ellos mismos ofrecen.

-En las escuelas primarias y secundarias de mi país, llevan televisores para ver los partidos de México y, cuando el juego es a la 1:30, dan la salida temprano. Me enteré por ahí que en algunos planteles educativos, si los niños no llevan la camiseta de la selección mexicana, se les castiga haciéndolos llevar el “uniforme de gala” del colegio y no se les dan los “puntos extra” que se les dan a los que sí acatan la orden de comprar su playera. Neta que con un sistema educativo así, si tuviera hijos, preferiría aventarlos al monte para que los educara un oso o una pantera, como en el Libro de la Selva. Sería más seguro.

-Saramago y Monsi, a pesar de todo lo que lucharon, lograron muy poco para hacer de este mundo uno más humano. Su mejor legado -aparte de sus letras, críticas y opiniones- fue su ejemplo. Pero nunca es suficiente pelear con la inteligencia en un entorno que prefiere los proyectiles. Su legado ahí está. Nomás que hay que echarle el doble de huevos si queremos imitarlo. Y educar a los niños para que quieran ser como Saramago y Monsi, no como el "Chicharito" y el "Temo".

¡Haz Lonche!

sábado, junio 05, 2010

Huyamos

Entre más notas leo y más investigo sobre Uruguay, más me sorprende.

Nos llevan aaaaaños de adelanto en un chingo de aspectos que, como buen mexicano, me da hueva y envidia mencionar. Aaaaaños...

Y sí, comprendo que su población es la misma que la de la ciudad de Monterrey y su área metropolitana (o un poco menor) y que los países pequeños no tienen los mismo pedos que los países grandes (que, aparte, son vecinos de los gringos); lo que me pone a pensar: ¿por qué diablos Monterrey -ya no pido todo México- no puede ser como Uruguay en vez de aspirar a ser como cualquier ciudad texana?

Uruguay está en mi top 5 de países -o ciudades- a los que me iré a vivir cuando la delincuencia, los derrames de petróleo, los empresarios, los malos gobernantes y los malos ciudadanos acaben con México.

De hecho, en mi lista, Uruguay está por encima de Copenhague, Brujas, Dublin, Tahití y Lucerna. Ya nomás falta que el 22 de junio le ganen a la que se hace llamar "Selección Mexicana", para agregar "fútbol" a la lista de cosas en las que nos llevan ventaja.

lunes, mayo 31, 2010

Surfin´USA


Aceptar nuestros errores a veces no es suficiente. Tampoco lo es el dinero cuando de pagar daños irreversibles se trata.

En México insisten en explotar aguas profundas. Si lo hacen, nuestro país seguirá siendo pobre, pero con el peligro latente de una catástrofe ambiental. No aprenden de errores ajenos. Dicen que el hecho de que “alguien se haya caído de la bicicleta no es motivo para no subirnos en una”.

Les aviso que aquí nadie se cayó de una bicicleta. Aquí está en juego la vida. Y si la vida no es motivo suficiente para optar por energías más limpias, entonces véanlo con ojos de signos de pesos: con este derrame de crudo peligra el sector energético, el turístico, el restaurantero, el de pesca de atún, camarón, sardina, pulpo y toda la gente que de eso dependen.

¿Quién juzga a las naciones poderosas cuando justifican sus guerras o aceptan sus errores de magnitudes catastróficas? ¿Quién se encarga de sancionarlas?

¿Bastará con un “estamos preparados para lo peor” y un “pagaremos todos los daños”?

Vamos a ver qué dice el planeta. Por lo pronto, es momento de ponerse a temblar, no a rezar.

viernes, mayo 28, 2010

Bolsas plásticas

Compré bolsas de plástico hasta que los clientes comenzaron a pedirlas. Cuando no las tenía, se me quedaban viendo con cara de “¿Y cómo crees que voy a cargar todo esto que acabo de comprar?”.

La verdad, las bolsas de plástico me cagan, y sólo las doy a los clientes cuando no pueden cargar con ambas manos tantas cosas o, de plano, cuando me las piden sin razón. La gente pide bolsas de plástico a lo pendejo.

Hay clientes que, aunque compren una cajita para tarjetas de presentación o un metro de rafia, me piden una bolsa. Un despilfarro absurdo, lo considero. Un monumento a la hueva, con tal de no cargar algo en la mano.

Hoy vino al negocio un señor que compró varias cajas pequeñas, varios cutters, varias etiquetas de “Frágil” y otras cosas. Le ofrecí una bolsa de plástico para que metiera todo dentro de ella.

-No, mijo, muchas gracias. Ya hay mucha pinche basura en todos lados, mejor ahórrate la bolsa, que al cabo ahorita me las arreglo para cargar todo.

Cargó todo haciendo uno que otro malabar y se fue.

Me sentí bien al saber que todavía existe gente con esa mentalidad, aunque me sentí mal porque creo que, ante el señor, quedé como un pendejo-comodino-despilfarrador-ecoterrorista, snif.

miércoles, mayo 26, 2010

Gaytorade

Tantas cosas que deberíamos agradecerle a nuestros hermanos los homosexuales.

Para empezar, no se reproducen (le hacen un bien al planeta) y nos dejan a todas las viejas nomás para nosotros (aunque las méndigas lesbianas son las que ahora nos hacen la competencia, snif). Tienen buen gusto para escoger muebles, diseñan ropa chida, nos cortan el pelo al último grito de la moda (de hecho, decir “último grito de la moda” es bien de gays), han revivido las carreras de Yuri, Laura León, Gloria Trevi y son altamente graciosos cuando se disfrazan de Paulina Rubio o imitan a Juan Gabriel.

Pocas personas –entre ellas, yo, que soy un genio incomprendido- se ponen a pensar en los problemas que pudieran evitarnos las parejas que gustan de “jugar a las espaditas” o “frotarse sus mejillones” si quienes dictan las leyes y normas sociales abrieran tantito su manera de percibir las cosas.

La mayoría de la gente se indigna con el simple hecho de pensar que algún día en todo México -o en todo el mundo-, los homosexuales puedan casarse y adoptar niños (dicen que nadie aprende de desgracias en cabeza ajena, por eso yo digo que hay que dejar que la caguen, a ver si así se les quitan las ganas de andar haciendo lo que hacen los heterosexuales, jejeje).

“Ay, es que imagínate que tu hijo esté en el salón con un niño que tiene dos papás o dos mamás, ¿cómo se lo explicas?, o: “¡Ay, es que van a hacer a ese pobre niño jotito o marimacha o degenerado!”, son nada más un par de las tantas excusas que esgrimen los asustadizos. Pero yo les digo que no se preocupen, que ésos como quiera nacen con o sin padres homos.

Ya, fuera de broma, a lo que voy es que, si agilizaran los trámites burocráticos para la adopción de menores y se les permitiera a las parejas del mismo sexo adoptar y criar chamacos, nos harían un enooorme favor. Con tantita inteligencia, tolerancia, ganitas y programas funcionales de adopción, posiblemente hasta se evitarían los abortos que tanto hacen lloriquear a las autoridades, a la iglesia pedófila y al niñito Jesús con camiseta de los Rayados del Monterrey que está en la iglesia de mi barrio.

Imaginen si todos esos chamacos que van a tirar a la basura, al drenaje o a abandonar a su suerte en la calle o –peor tantito- en una casa hogar, se los dieran a los homosexuales que anhelan ser padres y, al mismo tiempo, le dieran la oportunidad de ser abuelos a todos esos ñores que habían perdido la esperanza de serlo desde que vieron a su hijo imitando los pasos de baile de Britney Spears. Les aseguro que habría menos abortos, menos niños sin amor, menos niños no deseados, menos niños maltratados, menos niños pidiendo limosna. En conclusión: menos delincuentes en potencia o parásitos que en un futuro tendrán un costo social. Ah, y si aparte se hacen “mariscos”, como sus padres, pues más viejas para los machines y hasta las lesbianas salen ganando, jejeje.

Repito: deberíamos ser respetuosos y estar agradecidos con los homosexuales, pues ellos vienen de un planeta lejano (T-Pi-Ko el Urano, creo que se llama) a salvarnos de muchos problemas a los que se les busca solución desde hace mucho tiempo. Lástima que vivamos aquí.

Que tengan muy buen miércoles. Le mando un abrazo machín a mis lectores varones, un beso en la mejilla a mis lectoras y un respetuoso piquete de cola a mis lectores gays.

martes, mayo 25, 2010

Fui con el Filósofo de Cantina

Las mejores noches para visitar al Filósofo de Cantina son entre semana.

Llegué al Zacatecas por ahí de las 9. Al abrir la puerta, el Filósofo se sorprendió. Siempre está sentado en la misma mesa, de frente a la entrada. Le dio tanto gusto verme que se puso de pie y me abrazó muy fuerte.

-Échate un taco - dijo ofreciéndome del costillar de puerco adobado que tenía en el plato, pero le confesé que había comido tarde y aún no tenía mucha hambre.

El Filósofo de Cantina ordenó un par de cervezas con un ademán y un silbido. Mon, el mesero, posó las botellas chorreantes sobre unas servilletas dobladas por la mitad. La plática se encendió después del primer trago y se alargó hasta las 2 de la madrugada.

-En efecto: a los hombres y a las mujeres nos enseñan a seguir patrones, no a vivir. Nuestros padres creen que estaremos seguros y felices mientras no nos salgamos de esos moldes que a ellos también les impusieron. En cierta forma, tienen razón, pues esos patrones han funcionado durante años… siempre y cuando no los cuestiones o construyas otros.

Coincidí con su punto de vista dando un trago largo a mi cerveza. El Filósofo de Cantina espantó de un manotazo una mosca que quiso posarse en la guarnición de guacamole que acompañaba a su costillar.

-Es como por ejemplo, cuando una mujer te pide que “por amor” hagas ciertas cosas o sigas ciertos protocolos. Cuando te lo pide, ¡estás frito!, porque eso significa que no cree en ti, ni en tu palabra, ni en lo que sientes por ella, ni en ella, ni en lo que siente por ti… Por lo mismo: porque desde niña le enseñaron a encajar en un molde de “vida perfecta” obligatorio: el vestido blanco, la ceremonia religiosa, la marcha nupcial, los adornos florales, la luna de miel, los bebés, etcétera; pero no le enseñaron lo más importante. Hay amor siempre y cuando haya todo lo demás. Y eso es algo triste.

Asentí y bajé la mirada, que se perdió en el color rojo de la etiqueta de mi botella. El Filósofo prosiguió cuando lo miré de nuevo:

-Admirables son las mujeres que no piden nada. Que no condicionan. Vaya seguridad la suya. Vaya manera de amar. No piden nada porque saben que con tu palabra, con lo que sientes por ellas y, sobre todo, con lo que ellas sienten por ti, lo tienen todo. No lo dudan. Y no hay seguridad más grande que esa.

Llegué a mi casa en taxi casi a las 3 de la mañana.

lunes, mayo 24, 2010

Enseñar a pescar

Repetir patrones. La mayoría de las personas cree que de eso trata la vida.

No cuestionan, no buscan, no ven alternativas. Tampoco se las ofrecen.
Cuando sienten que tienen otra opción, ya están contra la pared.

“Así es esto, no hay de otra”, es una de las frases características de los adultos, que viven resignados, repitiendo las frases que escucharon de sus padres, creyendo que lo mejor es aplicar esas enseñanzas con sus hijos.

Otra de sus frases favoritas es: “No le des el pescado, mejor enséñalo a pescar”.
Un absurdo en un mundo como el de hoy. Un pretexto para quienes no supieron –metafóricamente- construir una represa o racionar sus peces.

¿Enseñarlos a pescar? ¿En dónde?, me pregunto yo, si los muelles tienen dueño, la poco agua que hay está contaminada y la pesca sobreexplotada.

Con esa filosofía no van a garantizarle el futuro a sus hijos.

Buena suerte a todos ésos que trajeron niños al mundo y les están enseñando a pescar en vez de darles el pescado. Espero todavía encuentren sedal, anzuelos, muelles, agua y -sobre todo- peces.

jueves, mayo 06, 2010

La menos sincera de mis disculpas

Le he huevoneado un poco al blog porque en la vida real -la de carne y hueso, ésa donde no tienen amigos- me ha salido algo de trabajo y compromisos y viajes a la tiendita de la esquina, pero prometo que la próxima semana seguiré con las aventuras del Escuadrón Retro y una que otra de mis amarguras.
Por lo pronto, los dejo con uno de los modelos de los "pegotes" en "technicolor" que sacaré en verano. ¡Ta rebonito!


viernes, abril 30, 2010

Treintones ridículos

Casi todos mis amigos tienen Twitter.

Cuando abrí mi blog, yo era el raro, pues nadie tenía -ni quería- un blog. Ahora, sigo siendo el raro, pues soy el único que no tiene -ni quiere- Twitter.

Me di una vuelta por los Twitters de mis compas nomás para ver qué escriben. Nada del otro mundo: chistes obvios, actividades diarias aburridas, frases que sacaron de alguna película de Tarantino que todavía no superan y estados de ánimo descritos con fragmentos de canciones en inglés.

Tienen más de 30 años -algunos ya casi llegan a los 40- y siguen recurriendo a frasecitas de canciones para describir sus estados de ánimo. Lo peor es que algunos recurren a fragmentos de cumbias de Pesado, Intocable o Banda El Recodo para decir cómo se sienten.

Y luego no quieren que odie a mi prójimo, snif.

miércoles, abril 28, 2010

Clientes curiosos

Dos veces por semana viene al negocio una mujer que compra un metro de "plástico burbuja". Sólo eso.

El sábado se nos acabaron los rollos de ese material y no pude hacer un nuevo pedido con tiempo.

El lunes, cuando se apareció la mujer, le ofrecí otro material protector similar, pero sin burbujitas. La clienta sonrió apenada y me dijo:

- Vas a pensar que estoy loca, pero la burbuja la compro porque me relajo tronando las bolitas mientras trabajo.

Hoy llegaron más rollos de aire sellado y éste es el primer post que escribo tronando burbujitas.

martes, abril 27, 2010

Nada existe

Llega un cliente al negocio y me pide “la caja más grande que tenga”.

Le enseño la caja más grande que tenemos y me dice: “No, pero no tan grande”.

Le muestro una un poco más pequeña y me dice: “No, pero no tan chica”.

-¿De qué medidas la necesita? -le pregunto.

-Una medida entre estas dos – dice señalando ambas cajas.

Es como si alguien pidiera una talla de camiseta entre la mediana y la grande: no existe.

La gente se la pasa pidiendo cosas que no existen.

lunes, abril 26, 2010

Blogs que no soporto

Los de las viejas que se refieren a sus hijos como "angelitos que Dios les mandó" o "bendiciones caídas del cielo".

Ya las veré el día en que sus hijos descubran la cerveza, el cigarro, el sexo y la copia de las llaves del coche, a ver si siguen pensando lo mismo.

Buen lunes.

sábado, abril 17, 2010

viernes, abril 16, 2010

Diarios agotados

Se acabaron los Diarios del Fin del Mundo. Muchas gracias a todos los que compraron este primer proyecto impreso de Recolectivo. Ojalá lo hayan disfrutado.

Gracias también a todos los que participaron en él, a la editorial, a los editores, a los correctores, a Alberto Chimal por su prólogo... Gracias.

Qué chido que no hubo necesidad de entrar en las librerías, de aceptar sus condiciones de ventas y comisiones, de hacer presentaciones ostentosas ni cosas de esas para que los 500 ejemplares se agotaran en 4 meses. No sé si esto sea algo sorprendente o algo patético, pero sé que es algo.

Por lo pronto, esperen nuevos proyectos. Esperen también la segunda edición del libro para el 2011. Vendrá "remasterizada" con 10 relatos nuevos de autores distintos, otra portada y algunas sorpresas. Los que adquirieron la primera edición tendrán algunos regalillos extra y descuentos.

Por otro lado, en verano pienso sacar otros diseños de playeras y calcas a todo color del Escuadrón Retro. Ya ando trabajando en eso. Ahí les va una probadita. Estén pendientes...


viernes, abril 09, 2010

Riiinnnggguen a su madre


Con este cartón espero ser muy claro en mi opinión acerca del RENAUT y lo que pueden hacer con mi teléfono celular... pero no con mi Nextel, snif.

Sí, soy de lo peor. Me siento sucio por haberme doblegado ante el sistema. Al Nextel no tuve más remedio que registrarlo porque no es mío, está en línea con otros aparatos del trabajo, tiene radio, no tengo teléfono en mi casa y bla bla bla: pretextos de vida moderna que machacan nuestros sueños guajiros de total independencia; porque no, no les basta con tenernos fichados con la credencial de elector.

Ni hablar. El sistema se nos puso de nalguitas y tuvimos la oportunidad de metérsela toda entera, pero -otra vez- por miedosos y agachones que somos, no lo hicimos.

Tuvimos oportunidad de joder a las compañías de telefonía celular -que se la pasan jodiéndonos a nosotros con sus tarifas absurdas- y llevarle la contra a los ineptos que inventan las reglas de cómo vivir en este país; pero nel: ahí vamos todos a hacer lo que nos dicen, a reafirmar que ellos son quienes mandan.

“Ay, es que el teléfono es mi medio de trabajo”; “ay, es que es muy necesario”; “ay, es que ahí tengo a todos mis clientes”; “ay, es que bla bla bla”. ¿Y cuando no existían los pinches teléfonos celulares cómo le hacía la gente? ¿No trabajaba o qué pedo? ¿Tampoco se podía comunicar con nadie o qué chingados?

Ése es el problema de volver necesario algo que antes no lo era: con acciones como éstas, no tenemos para dónde hacernos. O te alineas o te alineas.

Teniendo taaantas opciones para comunicarnos: Facebook, MSN, Hi5, Blogger, etc., y vamos y damos las nalgas a la menor provocación. Ya hasta nos parecemos al Ricky Martin.

Y no, señoritas y señoritos, esta queja no es nomás por llevar la contra a los pendejo ni decir lo que ya han dicho muchos mails sobre los puntos escabrosos de la iniciativa. La onda es que ya nadie cree en nada que venga de boca de las autoridades que, en lugar de recuperar nuestra confianza hablándonos al chile, nos amenazan si no hacemos tal o cual cosa. Será que todas esas campañas de iniciativas gubernamentales a las que se les invierte tanto dinero y tanto tiempo aire, en las que los motivos no son muy claros y nos piden que hagamos cosas metiéndonos miedo, no me las creo.

Me retiro a darme una ducha y a ponerme pomada en el culo, que todavía me duele. Les recomiendo hacer lo mismo a todos aquellos que registraron su número.

jueves, abril 08, 2010

Petróleo Blanco

Prometo volver a evadir la realidad con jocosas tiras del Escuadrón Retro y La Neta del Planeta el lunes, porque con este último aumento a la gasolina (apenas me di cuenta hoy, jeje), ¿cómo no soltar veneno?

Y es que me acordé de esos bonitos anuncios televisivos en los que el buen gobierno de Calderón afirmaba que "todos los mexicanos somos dueños del petróleo y nos beneficiamos parejo de él”. Al verlos, hasta sentía el peso de un Rolex Mamalón Plus en mi muñeca, snif.

Al rememorar esos simpáticos spots, me vino a la mente la anécdota del padre que hereda en vida al hijo; que va más o menos así:

-La cuenta con 3 millones de pesos es tuya, hijo mío.

-¡Muchas gracias, papá! Con ese dinero voy a viajar alrededor del mundo, voy a comprar una pequeña casa a la orilla del mar, voy a...

En eso, el joven es interrumpido abruptamente por su padre:

-Aaaah, no: ¡ese dinero no lo tocas hasta que yo me muera!

Total que el hijo muere antes que el padre y nunca disfruta "su herencia".

Moraleja: ¿Entonces pá qué vergas lo heredaba el pinche ruco mamón?

Es lo mismo con esa jalada de que "el petróleo es mío". Ni siquiera puedo controlar su precio ni tener una bomba de gasolina en mi casa para llenar el tanque del coche cada que se me hinchen las pelotas. Es más, ¡ni siquiera tengo opción de respirar aire limpio!

Sería un ingenuo al pensar que en verdad tengo opción, pero aquí lo que encabrona no es que no sea nuestro el petróleo, sino que gasten el dinero en echar mentiras tan estúpidas. De perdido con lo de la influenza le echaron más ganitas y hasta las tienditas de la esquina hicieron su agosto vendiendo tapabocas y gel antibacterial a los pend... precavidos.

Señores del gobierno y hombres detrás de la cortina: yo sí cumplo mi palabra. Aquí tengo un enorme yacimiento de petróleo blanco con dos bombotas. Es todo suyo. ¡Mámense!

miércoles, abril 07, 2010

Cuando te toca...

Es lo de hoy. Todos la repiten. Yo, me niego a vivir bajo esa filosofía del “cuando te toca, te toca; y cuando no te toca, ni aunque te pongas”.

Al mexicano le encantan los refranes y creer que su destino está en manos de otros.
Es obvio que con los índices de violencia de este país, hay más probabilidades de que “nos toque”. Si viviéramos en un país organizado, equitativo, armonioso, pacífico, educado, respetuoso, el que “nos toque” sería cosa de muuuy mala suerte… o porque en realidad “ya nos tocaba” que nos comiera un jaguar o nos golpeara un pedazo de estrella.

Me niego a vivir bajo esa mentalidad mediocre y resignada. Me niego a “ponerme en manos de diosito y que él decida lo mejor para mí”.

El trabajo interno es mucho. Esto que vivimos no es otra cosa mas que una crisis de valores muy grave; una crisis donde el dinero, el poder y el consumismo se han impuesto por encima de todo, haciéndonos creer que son los maderos a los que debemos aferrarnos para no hundirnos... y matar para que nadie más se aferre a ellos.

Habría que reinventar la moral, revivir la ética, priorizar nuestras necesidades, jerarquizar las cosas por las que vale la pena vivir, no morir. Habría que aventar más maderos al océano.

El trabajo interno es mucho y muy duro. Hay quienes no saben cómo empezarlo y hay a quienes ni siquiera les interesa hacerlo.

A muchos les parecerá absurda, "hippie" o bohemia mi propuesta. Lo que sí les garantizo, es que sale más barata que la guerra. Pero, como la introspección no deja dinero, creo que la violencia seguirá siendo la “solución” a "nuestros problemas"...


P.D. Para todos aquellos que se ponen locos y se ofenden cuando digo que Monterrey es un asco de ciudad y su gente es de lo peorcito del mundo, lean este interesante artículo, a ver si así dejan de lloriquear cada que les lastiman su "orgullo de ser del norte" y mejor se ponen a hacer ese trabajo interno del que hablo.
El artículo me lo mandó Rafa Ibarra. Si les gusta todo lo relacionado con los vinos y la gastronomía (en otras palabras: si son borrachotes y tragones, jejeje), su blog es una muy buena opción de lectura.

lunes, abril 05, 2010

Matemáticas simples

Me cuesta creer cuando dicen que somos más los que queremos cosas buenas para el mundo. No porque yo no las deseé, sino porque -matemáticamente hablando- si fuéramos mayoría, sucederían más cosas agradables que funestas.

Pasa algo curioso con ese discursito optimista del “somos más”; algo que puede engañar a mucha gente pero no engañar a las matemáticas simples.

Imaginen que son dueños de un millón de ceros y de un par de unos. Al sumar todos sus ceros, el resultado obvio será cero; pero al sumar el par de unos, el resultado será dos. Los ceros son más que los unos, sin embargo, los unos, aunque muy pocos, juntos valen más.

Así es en México y en casi todo el planeta: se hace lo que una poderosa minoría ordena y, si el mundo es matemático, estamos jodidos.

Por lo tanto, dejen de engañarnos con ese discursito baratón de que “somos más los que queremos paz”, “somos más los que no queremos corrupción”, “somos más los que bla bla bla”.

El día que la minoría dueña de los “unos” quiera que las cosas cambien, ese día cambiarán.

miércoles, marzo 31, 2010

Ciao México

La mujer me hace pasar por la puerta trasera de la cocina. Huele a ajo y a especias y en un sartén grande chisporrotea aceite de oliva. Coloco el paquete de cajas de pizza a un lado de la estufa y le entrego el ticket. En un español accidentado me comenta que su esposo tardará un poco: fue al banco, y me pide que tome asiento en una de las mesas del pequeño restaurante.

Abrió apenas hace un mes. Los dueños son una pareja de italianos que supieron del negocio de cajas por una revista de publicidad que se reparte en la zona, donde ellos también se anuncian.

La mujer pone sobre la mesa un plato con cuadritos de queso y palillos. Me dice que son de cortesía, que los pruebe, que se los acaban de mandar desde Italia. Eshe es di leche di búfala, dice señalando el queso de tono más blanco, esperando tal vez una mueca de asombro de mi parte. Nunca había probado queso más rico, le digo honestamente, y sonríe.

Su esposo la llama al celular. Le dice que tardará un poco más. La mujer cuelga y se disculpa. Le digo que no hay problema. Va a la cocina, menea el aceite del sartén, saca un libro de un cajón y me lo muestra. Esha esh nostra casha, me dice señalando la portada donde se aprecia un hermoso valle. Vuelve a la cocina, deja la puerta de vaivén abierta y todo el lugar se cubre de un exquisito aroma.

Hojeo las páginas mientras espero. Hay imágenes de gente recolectando uvas, ordeñando cabras, esquilando ovejas, bebiendo vino, bailando. También niños en bicicleta, caminos de terracería, horizontes verdes, arroyuelos y cielos azules.

Diez minutos después, llega el señor. Se disculpa por la tardanza y culpa al tráfico. Su español es mejor que el de su esposa. Al ver que hojeo el libro, sonríe: Ooooh, nostra casa, dice con tono nostálgico. Su esposa sale de la cocina y le entrega el ticket: observa el total, saca el dinero del bolsillo y me paga. Me ofrece más queso, le digo que no, pero insiste y me quedo.

Después de apuntarle en un papel los precios de otros productos del negocio de cajas, me platica cómo era su vida antes de llegar a México, a donde tuvieron que venirse porque su única hija se casó con un regiomontano al que conoció en España.

Allá en la parte norte de Italia se dedicaban a curtir pieles y a fabricar quesos. Están asustados por la violencia de la ciudad. Están sorprendidos de la cantidad de envases de plástico que hay, de la cantidad de platos desechables que se usan, de cómo conduce la gente y de los altos recibos de la luz. Allá usábamos celdillas solares y no existen los utensilios desechables: todo se reúsa, me dice el hombre.

Me confiesa que primero pensaron en abrir el restaurante en Playa del Carmen, pero no les gustó: mucho progreso y mucha droga. Después pensaron ponerlo en alguna playa de Nayarit, pero con esos nuevos proyectos “de desarrollo” que trae el gobierno –que hasta en las camisetas de un equipo pedorro de fútbol lo andan anunciando-, le van a dar en la madre a sus costas, cuyo mayor atractivo era precisamente eso: que no había desarrollo. Y total que terminaron abriendo el restaurante aquí en Monterrey, donde vive su hija.

Siento una pena profunda por él y su mujer. Quisiera pedirles disculpas por todo: por mi gente, por este país, por la barbarie. Quisiera meterme en las fotografías de su libro, que lo cierren y no me dejen salir nunca. Me conmueve ese amor de padre y madre, capaz de sacrificar el paraíso por venirse a vivir al infierno.

Le pregunto por qué mejor no se quedaron allá en Lombardía. Me responde que el yerno le dijo que "allá no había nada". Así es la gente de aquí: donde hay todo creen que no hay nada. Por eso el ristorante se iama "Ciao Italia", me dice ondeando la mano, porque no vamos a volver.

Salgo del lugar con un nudo en la garganta horrible. Los coches pitan y aceleran y sus conductores se rayan la madre. Las patrullas pasan con las sirenas encendidas. En el cerro construyen un nuevo edificio con departamentos y otro centro comercial. La gente sigue comentando el partido de fútbol del sábado. Es lo único que les interesa. La cifra de civiles asesinados aumenta con el paso de los días. El cáncer se propaga por todas partes.

De vuelta en el negocio busco noticias buenas en Internet: el 40% de la población de Copenhague usa la bicicleta como medio de transporte; Liberan a una veintena de linces boreales en la tundra sueca; El presidente de Uruguay sigue yendo a comer sin escoltas… y en México continúa la masacre.

No puedo sentir más que desprecio. Es el mismísimo infierno.
Ciao México... aunque sea por unos días.

martes, marzo 30, 2010

Puesto vacante

El negocio de cajas no va muy bien. Mejor dicho: no va como debería de ir.

A veces me salen trabajos extra que disfruto hacer: ilustraciones, caricaturas, tiras; pero como "son dibujitos", todos quieren que se los haga de a gratis.

Hay un puesto vacante de burócrata en Agua y Drenaje: el sueldo es de casi 30 mil pesos al mes. Basta con que diga que sí y entro. Ustedes saben: los contactos, las palancas, los favores, los amiguismos, etc.

Agradezco no tener familia, no tener crédito para una casa, no tener responsabilidades más allá de las que quiero adquirir. Si las tuviera, me vería en la desesperada necesidad de aceptar el trabajo. Me vería en la penosa necesidad de ser como no quiero ser.

viernes, marzo 19, 2010

Nunca he sentido orgullo de ser mexicano. Mucho menos ahora. Es más, si tuviera la oportunidad o los medios, renunciaría a esta nacionalidad.

Para mí, todos esos conceptos intangibles de “ay, la patria”, “ay, la tierra que me vio nacer”, “ay, nuestras raíces históricas”, "ay, qué bonito suena el himno", no son más que burdas mamadas.

Hoy en la madrugada hubo una balacera en el Tecnológico de Monterrey y otra en la avenida que pasa por detrás de mi casa. Muertos todos los días. No existe la ley. El crimen es la autoridad. Cualquier sueño o ideal se topa con cuernos de chivo. Es tanta la apatía que ya ni ganas dan de trabajar para no tener algo por lo que puedan matarnos.

Siguen dándome vueltas en la cabeza las palabras de Pepe Mujica, presidente de Uruguay, al ser cuestionado por un fotógrafo sobre su seguridad mientras comía sin escoltas en un bar: “Dígale al mundo que aquí somos distintos", respondió el mandatario. Sus palabras me calaron hondo. Sentí rabia y envidia. También gusto.

Quizá nuestro error siempre ha sido querer parecernos a Estados Unidos y no a Uruguay; o que hay mucha gente como yo: incapaz de sentir orgullo por una patria. Transa y asesina, pero patria a fin de cuentas.

Y sí, ya sé que me dirán: “Pues si no te gusta llégale a la verga de aquí”, “allá son socialistas”, “allá están peor”, "allá no hay trabajo", "aquí necesitamos gente valiente, no cobardes que quieran huir”. ¿Será?
Todos esos argumentos me suenan a las soluciones estúpidas que dan las autoridades a la ciudadanía: “Si no quieren que les toque una balacera, no salgan en las madrugadas”, “si no quieren que los maten, no se resistan cuando les quiten su coche”, “si les toca una balacera, tírense al suelo y aléjense de las ventanas”. Bonitas medidas de seguridad.

Incluso un conocido sacerdote de la localidad, dijo: "Hay que agradecer a Dios estar vivos en tiempos como estos". Ahchinga... ¡ahora resulta que tengo que agradecer que no me hayan matado!
Dios, si es que existes: ¡rechingas a tu puta madre!

Ya no es vergüenza. Tampoco miedo. Es una tristeza profunda la que siento. Algo contradictorio en mí, que nunca me he sentido orgulloso de ser mexicano.