viernes, enero 08, 2010
jueves, enero 07, 2010
Conspiración masónica para eliminarme, snif...
Hay gente que no puede superar ciertas cosas; que no da vuelta a la página. Por lo general, las personas que se creen inteligentes o dicen ser portadoras de vastos conocimientos, son a quienes más les arden las críticas y las bromas, estancándose en ellas. Supongo que esto se debe a que se toman muy en serio, snif.
Hace más de dos años –¡dooos años!- escribí a manera de parodia -y basándome en experiencias personales-, estos posts; y, a la fecha, no han dejado de comentar en ellos. También sigo recibiendo correos de supuestos masones y ajefistas ofendidos (¡dooos años!).
Uno de ellos me pidió amablemente que lo diera de alta en el msn, para aclarar algunos puntos. Cuando me contactó, lo único que me dijo fue: “¡Cuídate, cabrón!”, y me bloqueó. Otro -de correo oscuro y misterioso, algo así como darknightrival33- me dijo que si no fuera porque un tío abuelo mío fue Gran Maestro y grado 33, “tomaría represalias en mi contra”.
¿Así quieren que uno los respete?, con esa fijación enferma que tienen hacia los Protocolos de los Sabios de Sion (que, por cierto, basta con echarle un ojo a nuestra actualidad y a la actitud de estas personitas para darse cuenta que de ficción no tienen nada).
Uno de los ajefistas agraviados comenta algo muy cierto: “…al que escribe poemas se le denomina poeta, al que escribe novelas se le dice novelista, pero al que escribe pendejadas, como tú, se le denomina pendejo”. ¿Qué diablos hace entonces leyendo mi blog?, pregúntome yo.
De seguro es algún secreto masónico… o un “guilty pleasure”.
Ya, hombreee... perdónenmeeee... snif.
Me consuela saber que mis palabras son tan incendiarias –por lo que leo- que tienen el poder suficiente para hacer tambalear conciencias e instituciones.
Hace más de dos años –¡dooos años!- escribí a manera de parodia -y basándome en experiencias personales-, estos posts; y, a la fecha, no han dejado de comentar en ellos. También sigo recibiendo correos de supuestos masones y ajefistas ofendidos (¡dooos años!).
Uno de ellos me pidió amablemente que lo diera de alta en el msn, para aclarar algunos puntos. Cuando me contactó, lo único que me dijo fue: “¡Cuídate, cabrón!”, y me bloqueó. Otro -de correo oscuro y misterioso, algo así como darknightrival33- me dijo que si no fuera porque un tío abuelo mío fue Gran Maestro y grado 33, “tomaría represalias en mi contra”.
¿Así quieren que uno los respete?, con esa fijación enferma que tienen hacia los Protocolos de los Sabios de Sion (que, por cierto, basta con echarle un ojo a nuestra actualidad y a la actitud de estas personitas para darse cuenta que de ficción no tienen nada).
Uno de los ajefistas agraviados comenta algo muy cierto: “…al que escribe poemas se le denomina poeta, al que escribe novelas se le dice novelista, pero al que escribe pendejadas, como tú, se le denomina pendejo”. ¿Qué diablos hace entonces leyendo mi blog?, pregúntome yo.
De seguro es algún secreto masónico… o un “guilty pleasure”.
Ya, hombreee... perdónenmeeee... snif.
Me consuela saber que mis palabras son tan incendiarias –por lo que leo- que tienen el poder suficiente para hacer tambalear conciencias e instituciones.
miércoles, enero 06, 2010
martes, enero 05, 2010
Bajo el alud
De niño, ver caer nieve era algo parecido a la magia.
Dejé de ver nevar y de creer en la magia hace muchos años.
Cuando se deja de creer en algo, una parte de nosotros muere. Indudablemente.
Tantos años sin ver nevar y, curiosamente, siento como si una avalancha hubiera enterrado parte de lo que fui; como si debajo de un montón de nieve que me oprime el pecho estuviera muerto el que quiero ser.
Tomé el coche y manejé casi un día entero sin parar. Durante el trayecto, pensé en renunciar a todo: en jamás volver al lugar donde me he ido perdiendo.
Quince horas de carretera después, llegué a un primer destino. Caí rendido sobre una cama de alquiler, con los pies adoloridos.
En la mañana, al despertar, estaba nevando.

Lo primero que se me ocurrió fue arroparme y salir a atrapar copos de nieve con la lengua, como lo hice alguna vez en el cuarto grado.
Esa noche dormí con las ventanas escarchadas; ya sin el dolor de los pies.
Al día siguiente no hizo tanto frío. Salí de la habitación y caminé rumbo a una llanura cercana. Algunos cúmulos de hielo blanco sobrevivían al sol. Las espigas y flores del pasto se asomaban en algunas partes, intentando reverdecer.

Todavía siento ese alud oprimiéndome el pecho. No se ha ido y no sé cuándo lo hará. Pero también siento la fuerza de esos sentimientos olvidados que buscan aflorar; esos sueños que esperan encontrar el cálido rayo de luz que derrita la dureza del espíritu y le devuelva a la vida su magia.
Dejé de ver nevar y de creer en la magia hace muchos años.
Cuando se deja de creer en algo, una parte de nosotros muere. Indudablemente.
Tantos años sin ver nevar y, curiosamente, siento como si una avalancha hubiera enterrado parte de lo que fui; como si debajo de un montón de nieve que me oprime el pecho estuviera muerto el que quiero ser.
Tomé el coche y manejé casi un día entero sin parar. Durante el trayecto, pensé en renunciar a todo: en jamás volver al lugar donde me he ido perdiendo.
Quince horas de carretera después, llegué a un primer destino. Caí rendido sobre una cama de alquiler, con los pies adoloridos.
En la mañana, al despertar, estaba nevando.

Lo primero que se me ocurrió fue arroparme y salir a atrapar copos de nieve con la lengua, como lo hice alguna vez en el cuarto grado.
Esa noche dormí con las ventanas escarchadas; ya sin el dolor de los pies.
Al día siguiente no hizo tanto frío. Salí de la habitación y caminé rumbo a una llanura cercana. Algunos cúmulos de hielo blanco sobrevivían al sol. Las espigas y flores del pasto se asomaban en algunas partes, intentando reverdecer.

Todavía siento ese alud oprimiéndome el pecho. No se ha ido y no sé cuándo lo hará. Pero también siento la fuerza de esos sentimientos olvidados que buscan aflorar; esos sueños que esperan encontrar el cálido rayo de luz que derrita la dureza del espíritu y le devuelva a la vida su magia.
lunes, enero 04, 2010
La frase del año
"La prueba más grande de que Dios no existe -y si existe, es un culero-, es que se murió Toño De Nigris en vez de Poncho".
El Filósofo de Cantina.
El Filósofo de Cantina.
viernes, enero 01, 2010
jueves, diciembre 31, 2009
miércoles, diciembre 30, 2009
martes, diciembre 29, 2009
lunes, diciembre 28, 2009
viernes, diciembre 25, 2009
jueves, diciembre 24, 2009
Deseo...
miércoles, diciembre 23, 2009
martes, diciembre 22, 2009
Es algo incómodo enterarte que tu familia lee tu blog. Es como si tu madre te sorprendiera jalándotela en el baño con su crema Nivea y sus revistas Vanidades.
Saber que tu familia lee tu blog es como si automáticamente se activara un candado en tu cabeza que te impide decir las cosas como quieres; es como si de pronto construyeran un dique en tu cerebro que no deja desbordarse a las aguas de la imaginación (y te hace que escribas metáforas mamonas como la del “dique en tu cerebro” y “las aguas de la imaginación”).
Pero a mí eso me vale pura masacuata (es que pensé que la palabra “verga” se leería muy feo, snif, por eso puse “masacuata”).
Hace poco, un familiar me confesó haber sentido preocupación por lo que escribo y lo que pienso. Me dijo que lo único que lograré con mi actitud, es quedarme solo.
Sabias palabras…
¿Cómo no quedarme solo?, si le he tirado mierda a los que les gusta el fútbol, a los que ven la televisión, a los que compran iPods, a los que se casan, a los que tienen hijos, a los que tienen trabajos de oficina, a los que creen en Dios, a los que tienen tarjetas de crédito, a los que ponen pinito de navidad, etcétera.
¿Cómo no voy a quedarme solo, si me he echando al mundo entero en mi contra?
La soledad es tan inevitable como la muerte.
Saber que tu familia lee tu blog es como si automáticamente se activara un candado en tu cabeza que te impide decir las cosas como quieres; es como si de pronto construyeran un dique en tu cerebro que no deja desbordarse a las aguas de la imaginación (y te hace que escribas metáforas mamonas como la del “dique en tu cerebro” y “las aguas de la imaginación”).
Pero a mí eso me vale pura masacuata (es que pensé que la palabra “verga” se leería muy feo, snif, por eso puse “masacuata”).
Hace poco, un familiar me confesó haber sentido preocupación por lo que escribo y lo que pienso. Me dijo que lo único que lograré con mi actitud, es quedarme solo.
Sabias palabras…
¿Cómo no quedarme solo?, si le he tirado mierda a los que les gusta el fútbol, a los que ven la televisión, a los que compran iPods, a los que se casan, a los que tienen hijos, a los que tienen trabajos de oficina, a los que creen en Dios, a los que tienen tarjetas de crédito, a los que ponen pinito de navidad, etcétera.
¿Cómo no voy a quedarme solo, si me he echando al mundo entero en mi contra?
La soledad es tan inevitable como la muerte.
lunes, diciembre 21, 2009
sábado, diciembre 19, 2009
viernes, diciembre 18, 2009
jueves, diciembre 17, 2009
De la vez que me tocó bailar con la más fea
Lo malo de ser un hombre reservado es que, seguramente, durante las posadas, tus compañeros del trabajo se vengarán de ti.
No acostumbro ir al periódico donde laboro desde hace casi 12 años, pues gracias al Diablo y a la tecnología, todo lo puedo escanear y mandar por correo; motivo por el cual convivo poco con mis colegas, lo que ha generado un halo de misterio alrededor de mi persona.
“El Guffo es muy raro: nunca viene”. “El Guffo es muy introvertido: nunca convive”. “El Guffo no habla con nadie”. “El Guffo nomás viene cuando es quincena”, son algunos de los comentarios que he escuchado cuando voy a las oficinas del diario (cada quincena, obviamente).
Ser un ente aparentemente solitario y diferente (qué rima tan chingona me acabo de aventar), no es sano ni es algo de lo que me sienta orgulloso o haga alarde. Desde mi humilde experiencia, les recomiendo que no sigan mi ejemplo, pues llegará el día en que les tocará bailar con la más fea... ¡Literalmente!
Resulta que hace un par de días fue la posada del periódico. “Comida gratis, cerveza tempranera y aguinaldo”, pensé; y que me lanzo al lugar del evento.
Llegué cuando casi no había nadie, pues no me gusta llegar y tener que saludar a todos los invitados. Por lo mismo, me gusta ser el último en irme de todos los eventos: para no tener que despedirme. Algunas veces me he ido antes de que se acaben las reuniones sin despedirme, pero la gente se queda con una imagen muy feita de uno, snif.
Total que llegué a la posada, saludé a los dos o tres invitados hambreados que llegaron antes que yo y me fui a sentar junto a un señor que me cae bien a toda madre. El güey fue guerrillero, estuvo en la Liga Comunista 23 de Septiembre, estuvo preso y está bien pinche loco. Total que ahí me puse a cotorrear con él sobre Cuba, la guerra gringa, el Nobel de la Paz, los antidepresivos para niños, las corporaciones, la comida transgénica y demás. En el calor de la plática, el ñor estuvo a punto de sacar su AK 47 para ir a masacrar a los clientes de un Home Depot cercano -quesque por traidores a la patria-, pero lo tranquilicé pidiendo un par de cervezas más.
A la media hora comenzó a llegar más gente. Llegó el mero mero, llegaron los editores, los impresores, los reporteros, etcétera.
“Ooooh, ése es el Guffo”. “Pensé que no iba a venir”. “Hacía mucho que no lo veía”. “Se fue a sentar con el pinche viejo comunista: los dos están igual de locos”. “Pinche Guffo nomás se aparece cuando es quincena o hay posada”, murmuraba la gente.
Total que algunos de los presentes se pararon y dijeron las palabras de agradecimiento de rigor; otros dijeron palabras “emotivas” –según ellos-; el jefe nos recordó lo difícil de la situación mundial y lo bendecidos que éramos por tener trabajo, para luego decirnos que no habrá aumento de sueldo, como no lo hubo el año pasado ni el antepasado...
Después de tanto pinche rollo, comenzaron a servir la comida. Al finalizar la tragazón, hicieron la rifa de regalos (en la que por cierto, no me saqué ni madres, snif) y llegó el momento esperado por todos (menos por mí): el de abrir pista para el bailongo. Subieron todo el volumen de las bocinas y el cholo que contrataron para “ambientar” la posada ordenó que todos los invitados nos paráramos a bailar.
Debido a que es común que los hombres apuestos, varoniles y que usan Agua de Colonia Sanborns como yo, sean asediados por las mujeres que gustan del baile, me fui a esconder un rato al baño para que no me estuvieran atosigando. Me bajé los pantalones, me senté en la taza del escusado e hice como si estuviera cagando. Ahí me quedé un buen rato, hasta que calculé que todos mis compañeros de trabajo estuvieran ya muy entretenidos en la pista de baile y mi ausencia pasara desapercibida.
Salí del baño y volví a la mesa, pero el guerrillero comunista ya no estaba. Había sido capturado por las carnes de una gorda de esas que son bien entusiastas y bien felices y bien bailadoras. Nomás veía su cara roja roja –como bandera de la U.R.S.S.- , dando pasos de baile todos fuera de ritmo y tiesos, como pensando: “Si me viera el Che Guevara bailando música del imperio cumbianchero, se revolcaría en su tumba, gggrrr”.
Total que ordené otra cerveza y sonreí al pensar que me había librado del pinche baile. Pero Dios es muy culero y ni siquiera dejó que le diera el primer trago a mi cheve.
Mientras sonaban los primeros acordes de El Viejo del Sombrerón, de la Sonora Dinamita, la gorda que estaba bailando con el guerrillero volteó a la mesa y se dio cuenta que ahí estaba yo. Los demás compañeros también voltearon y me apuntaron con el dedo –momento que aprovecho el ñor comunista para escapar- y empezaron a corear: “¡Guuuffo, Guuuffo, Guuuffo!”. Yo volteé y puse mi cara de serio, de “yo soy un tipo muy reservado, yo no me llevo con ustedes, dejen me tomo mi cerveza a gusto”. Pero les valió madre –no inspiro respeto, snif- y siguieron gritando: “¡Guuuffooo, Guuuffooo!”. En eso, el pendejo del animador se dio cuenta del desmadre que estaban armando en la pista, y también se puso gritar mi nombre.
Y fue como si le hubieran puesto un cuete en la cola a la pinche gorda... Y que se abre paso entre la gente que estaba en la pista, y que se deja venir a la mesa, baile y baile, señalándome con ademanes que serían sexys sólo en el planeta Barrigax Z33. Yo estaba petrificado.
Aunque he visto muchas veces la película de Cazadores del Arca Perdida, no pude aplicar la táctica que le aplica Indiana Jones a la piedrotota que le sale en un templo. “Ya-valió-verga”, pensé, mientras era succionado por dos tentáculos enormes a la pista de baile.
Todos aplaudían cagados de la risa. El “serio” del periódico se había parado a bailar para hacer el ridículo, snif. Y la pinche canción que no se acababa: “Va de largo, se regresa, si me encuentra parada en la puerta me lanza un piropo y me toca el pito, pi pi pi…Ya me tiene amañada con el pi piii con el pi piii, con el pi piii, con el pi piii…

Dios santo (y eso que soy ateo). Si el infierno existe, de seguro es una posada de empleados gordos bailando cumbias a todo volumen.
“Bailé” dos -o tres- “canciones” porque no me quedó de otra. Era un rehén de la hermana de Agustín Carstens, sobrina del Botija y prima del Elefagente Secreto. En un breve silencio entre canción y canción, fingí que sonaba mi teléfono y me fui a sentar. Me bebí la cerveza que había pedido de un trago para borrar el mal rato y no tener pesadillas en la noche.
Y luego por qué soy un tipo reservado...
No acostumbro ir al periódico donde laboro desde hace casi 12 años, pues gracias al Diablo y a la tecnología, todo lo puedo escanear y mandar por correo; motivo por el cual convivo poco con mis colegas, lo que ha generado un halo de misterio alrededor de mi persona.
“El Guffo es muy raro: nunca viene”. “El Guffo es muy introvertido: nunca convive”. “El Guffo no habla con nadie”. “El Guffo nomás viene cuando es quincena”, son algunos de los comentarios que he escuchado cuando voy a las oficinas del diario (cada quincena, obviamente).
Ser un ente aparentemente solitario y diferente (qué rima tan chingona me acabo de aventar), no es sano ni es algo de lo que me sienta orgulloso o haga alarde. Desde mi humilde experiencia, les recomiendo que no sigan mi ejemplo, pues llegará el día en que les tocará bailar con la más fea... ¡Literalmente!
Resulta que hace un par de días fue la posada del periódico. “Comida gratis, cerveza tempranera y aguinaldo”, pensé; y que me lanzo al lugar del evento.
Llegué cuando casi no había nadie, pues no me gusta llegar y tener que saludar a todos los invitados. Por lo mismo, me gusta ser el último en irme de todos los eventos: para no tener que despedirme. Algunas veces me he ido antes de que se acaben las reuniones sin despedirme, pero la gente se queda con una imagen muy feita de uno, snif.
Total que llegué a la posada, saludé a los dos o tres invitados hambreados que llegaron antes que yo y me fui a sentar junto a un señor que me cae bien a toda madre. El güey fue guerrillero, estuvo en la Liga Comunista 23 de Septiembre, estuvo preso y está bien pinche loco. Total que ahí me puse a cotorrear con él sobre Cuba, la guerra gringa, el Nobel de la Paz, los antidepresivos para niños, las corporaciones, la comida transgénica y demás. En el calor de la plática, el ñor estuvo a punto de sacar su AK 47 para ir a masacrar a los clientes de un Home Depot cercano -quesque por traidores a la patria-, pero lo tranquilicé pidiendo un par de cervezas más.
A la media hora comenzó a llegar más gente. Llegó el mero mero, llegaron los editores, los impresores, los reporteros, etcétera.
“Ooooh, ése es el Guffo”. “Pensé que no iba a venir”. “Hacía mucho que no lo veía”. “Se fue a sentar con el pinche viejo comunista: los dos están igual de locos”. “Pinche Guffo nomás se aparece cuando es quincena o hay posada”, murmuraba la gente.
Total que algunos de los presentes se pararon y dijeron las palabras de agradecimiento de rigor; otros dijeron palabras “emotivas” –según ellos-; el jefe nos recordó lo difícil de la situación mundial y lo bendecidos que éramos por tener trabajo, para luego decirnos que no habrá aumento de sueldo, como no lo hubo el año pasado ni el antepasado...
Después de tanto pinche rollo, comenzaron a servir la comida. Al finalizar la tragazón, hicieron la rifa de regalos (en la que por cierto, no me saqué ni madres, snif) y llegó el momento esperado por todos (menos por mí): el de abrir pista para el bailongo. Subieron todo el volumen de las bocinas y el cholo que contrataron para “ambientar” la posada ordenó que todos los invitados nos paráramos a bailar.
Debido a que es común que los hombres apuestos, varoniles y que usan Agua de Colonia Sanborns como yo, sean asediados por las mujeres que gustan del baile, me fui a esconder un rato al baño para que no me estuvieran atosigando. Me bajé los pantalones, me senté en la taza del escusado e hice como si estuviera cagando. Ahí me quedé un buen rato, hasta que calculé que todos mis compañeros de trabajo estuvieran ya muy entretenidos en la pista de baile y mi ausencia pasara desapercibida.
Salí del baño y volví a la mesa, pero el guerrillero comunista ya no estaba. Había sido capturado por las carnes de una gorda de esas que son bien entusiastas y bien felices y bien bailadoras. Nomás veía su cara roja roja –como bandera de la U.R.S.S.- , dando pasos de baile todos fuera de ritmo y tiesos, como pensando: “Si me viera el Che Guevara bailando música del imperio cumbianchero, se revolcaría en su tumba, gggrrr”.
Total que ordené otra cerveza y sonreí al pensar que me había librado del pinche baile. Pero Dios es muy culero y ni siquiera dejó que le diera el primer trago a mi cheve.
Mientras sonaban los primeros acordes de El Viejo del Sombrerón, de la Sonora Dinamita, la gorda que estaba bailando con el guerrillero volteó a la mesa y se dio cuenta que ahí estaba yo. Los demás compañeros también voltearon y me apuntaron con el dedo –momento que aprovecho el ñor comunista para escapar- y empezaron a corear: “¡Guuuffo, Guuuffo, Guuuffo!”. Yo volteé y puse mi cara de serio, de “yo soy un tipo muy reservado, yo no me llevo con ustedes, dejen me tomo mi cerveza a gusto”. Pero les valió madre –no inspiro respeto, snif- y siguieron gritando: “¡Guuuffooo, Guuuffooo!”. En eso, el pendejo del animador se dio cuenta del desmadre que estaban armando en la pista, y también se puso gritar mi nombre.
Y fue como si le hubieran puesto un cuete en la cola a la pinche gorda... Y que se abre paso entre la gente que estaba en la pista, y que se deja venir a la mesa, baile y baile, señalándome con ademanes que serían sexys sólo en el planeta Barrigax Z33. Yo estaba petrificado.
Aunque he visto muchas veces la película de Cazadores del Arca Perdida, no pude aplicar la táctica que le aplica Indiana Jones a la piedrotota que le sale en un templo. “Ya-valió-verga”, pensé, mientras era succionado por dos tentáculos enormes a la pista de baile.
Todos aplaudían cagados de la risa. El “serio” del periódico se había parado a bailar para hacer el ridículo, snif. Y la pinche canción que no se acababa: “Va de largo, se regresa, si me encuentra parada en la puerta me lanza un piropo y me toca el pito, pi pi pi…Ya me tiene amañada con el pi piii con el pi piii, con el pi piii, con el pi piii…

Dios santo (y eso que soy ateo). Si el infierno existe, de seguro es una posada de empleados gordos bailando cumbias a todo volumen.
“Bailé” dos -o tres- “canciones” porque no me quedó de otra. Era un rehén de la hermana de Agustín Carstens, sobrina del Botija y prima del Elefagente Secreto. En un breve silencio entre canción y canción, fingí que sonaba mi teléfono y me fui a sentar. Me bebí la cerveza que había pedido de un trago para borrar el mal rato y no tener pesadillas en la noche.
Y luego por qué soy un tipo reservado...
miércoles, diciembre 16, 2009
martes, diciembre 15, 2009
El asador y los calzones de Batman

Me compré un asador y ya me comen las ansias por usarlo (qué puto se escucha decir "me comen las ansias", ¿no creen?).
Me siento igual que de niño, cuando me regalaban sin pilas algún juguete que las necesitaba. Era horrible no tener baterías cargadas o de sobra en casa y tener que esperar hasta el día siguiente para comprarlas y poder jugar.
Recuerdo que una navidad un tío me regaló una ambulancia con todo y las baterías. Creo que él se emocionó más que yo al ver el juguete haciendo ruidos, prendiendo lucecitas y girando sobre el piso.
Ese tío sí entendía las cosas que son importantes para los niños.
Volviendo a lo del asador... Ya visualicé las pencas de nopal sobre la parrilla, las calabazas en rebanadas con tantita naranja y salsa de soya; los muslos de pollo con achiote, mostaza y pimienta chisporroteando y uno que otro ribeye goteando grasa.
Una de las baterías del asador, son las bolsas de carbón o leña. Ésas ya las tengo. La otra pila -la que falta- es una bola de tragones que se organice para desvelarse, apestarse de humo y quedarse callados contemplando el fulgor de las brasas anaranjadas cuando se acabe la cerveza en la madrugada...
Pasando a otra cosa, recibí unos calzones de Batman como regalo. Ésos ya vienen con las pilas incluidas. De hecho, las traen en el mismo lugar donde las tienen los trajes de los toreros, jejeje.
Y también ya me anda por usarlos, aunque nunca fui fan de Batman.
Me siento igual que de niño, cuando me regalaban sin pilas algún juguete que las necesitaba. Era horrible no tener baterías cargadas o de sobra en casa y tener que esperar hasta el día siguiente para comprarlas y poder jugar.
Recuerdo que una navidad un tío me regaló una ambulancia con todo y las baterías. Creo que él se emocionó más que yo al ver el juguete haciendo ruidos, prendiendo lucecitas y girando sobre el piso.
Ese tío sí entendía las cosas que son importantes para los niños.
Volviendo a lo del asador... Ya visualicé las pencas de nopal sobre la parrilla, las calabazas en rebanadas con tantita naranja y salsa de soya; los muslos de pollo con achiote, mostaza y pimienta chisporroteando y uno que otro ribeye goteando grasa.
Una de las baterías del asador, son las bolsas de carbón o leña. Ésas ya las tengo. La otra pila -la que falta- es una bola de tragones que se organice para desvelarse, apestarse de humo y quedarse callados contemplando el fulgor de las brasas anaranjadas cuando se acabe la cerveza en la madrugada...
Pasando a otra cosa, recibí unos calzones de Batman como regalo. Ésos ya vienen con las pilas incluidas. De hecho, las traen en el mismo lugar donde las tienen los trajes de los toreros, jejeje.
Y también ya me anda por usarlos, aunque nunca fui fan de Batman.
lunes, diciembre 14, 2009
viernes, diciembre 11, 2009
Terminaron los ¡#$%&! Cómics.
No pudimos llegar al número 24, como nos lo habíamos propuesto, pero el 22 -con portada del genial BEF- trae 64 paginotas que, espero, compensen esos dos números que ya no podremos imprimir.
Muchas gracias a los suscriptores (ya les mandé su paquete, espérenlo la próxima semana), a los lectores, a los colaboradores, a los que creyeron en el proyecto, a los que le invirtieron dinero, a los que lo distribuyeron, a los que nos invitaron a eventos, etc.
Me quedo con la satisfacción de haber realizado un trabajo honesto, que brotó del simple gusto por dibujar y de fomentar la lectura del cómic.
Los interesados en adquirir números anteriores (del 19 al 22, los demás están completamente agotados), mándenme un mail. Si a alguien no le llegó algún pedido, también avíseme.
Les dejo la imagen del último ejemplar.

Otra cosa:
A partir de la próxima semana trataré de postear todos los días (¿para qué esperarse a enero para cumplir los propósitos de año nuevo?).
Lunes, miércoles y viernes serán del Escuadrón Retro, La Neta del Planeta y cartones de la semana. Martes y jueves serán de las jaladas que acostumbro escribir.
No pudimos llegar al número 24, como nos lo habíamos propuesto, pero el 22 -con portada del genial BEF- trae 64 paginotas que, espero, compensen esos dos números que ya no podremos imprimir.
Muchas gracias a los suscriptores (ya les mandé su paquete, espérenlo la próxima semana), a los lectores, a los colaboradores, a los que creyeron en el proyecto, a los que le invirtieron dinero, a los que lo distribuyeron, a los que nos invitaron a eventos, etc.
Me quedo con la satisfacción de haber realizado un trabajo honesto, que brotó del simple gusto por dibujar y de fomentar la lectura del cómic.
Los interesados en adquirir números anteriores (del 19 al 22, los demás están completamente agotados), mándenme un mail. Si a alguien no le llegó algún pedido, también avíseme.
Les dejo la imagen del último ejemplar.

Otra cosa:
A partir de la próxima semana trataré de postear todos los días (¿para qué esperarse a enero para cumplir los propósitos de año nuevo?).
Lunes, miércoles y viernes serán del Escuadrón Retro, La Neta del Planeta y cartones de la semana. Martes y jueves serán de las jaladas que acostumbro escribir.
jueves, diciembre 10, 2009
El vecino hojarasca

Regresé de viaje y la entrada de mi casa estaba cubierta por una hojarasca.
Hoy, la banqueta amaneció limpia. Alguien –seguramente la vecina del lado izquierdo- barrió las hojas que adornaban el pavimento.
Los vecinos deben pensar que soy el hombre más cochino y huevón de la cuadra, pues no acostumbro recoger las hojas que caen del árbol. Prefiero el tapiz amarillo y quebradizo que va extendiéndose como rompecabezas hacia la calle, a la triste dureza del gris de todos los días.
Si a los vecinos no les parece que yo no barra, a mí tampoco me parece que poden el ramaje de sus árboles durante el otoño.
¿En verdad es tan difícil encontrarle lo bello a un montón de hojas secas?
Pareciera que el curso natural de las últimas estaciones del año es un grave problema para algunas personas.
Golpeo un par de veces el enrejado de la vecina del lado izquierdo con una moneda de diez pesos. Quiero “agradecerle” haber barrido mi banqueta y decirle que no se moleste en hacerlo una próxima vez; pero nadie responde.
Camino rumbo al trabajo. Me envuelve el aroma de los leños ardiendo en el fuego, el vapor de las ollas con elotes hirviendo y la manteca con azúcar donde bulle la masa de los churros.
Llego a la oficina. No hay muchos clientes. Aprovecho y leo las noticias online.
Siento el Nobel de Literatura más cerca que nunca. Si a alguien que justifica las guerras le dan el de la paz, ¿por qué no darle el de literatura a alguien que escribe puras pendejadas?, como yo.
Oslo, allá voy…
Afuera, las hojas siguen cayendo. Se extienden sobre el asfalto como las piezas del rompecabezas de una vida por descifrar.
Hoy, la banqueta amaneció limpia. Alguien –seguramente la vecina del lado izquierdo- barrió las hojas que adornaban el pavimento.
Los vecinos deben pensar que soy el hombre más cochino y huevón de la cuadra, pues no acostumbro recoger las hojas que caen del árbol. Prefiero el tapiz amarillo y quebradizo que va extendiéndose como rompecabezas hacia la calle, a la triste dureza del gris de todos los días.
Si a los vecinos no les parece que yo no barra, a mí tampoco me parece que poden el ramaje de sus árboles durante el otoño.
¿En verdad es tan difícil encontrarle lo bello a un montón de hojas secas?
Pareciera que el curso natural de las últimas estaciones del año es un grave problema para algunas personas.
Golpeo un par de veces el enrejado de la vecina del lado izquierdo con una moneda de diez pesos. Quiero “agradecerle” haber barrido mi banqueta y decirle que no se moleste en hacerlo una próxima vez; pero nadie responde.
Camino rumbo al trabajo. Me envuelve el aroma de los leños ardiendo en el fuego, el vapor de las ollas con elotes hirviendo y la manteca con azúcar donde bulle la masa de los churros.
Llego a la oficina. No hay muchos clientes. Aprovecho y leo las noticias online.
Siento el Nobel de Literatura más cerca que nunca. Si a alguien que justifica las guerras le dan el de la paz, ¿por qué no darle el de literatura a alguien que escribe puras pendejadas?, como yo.
Oslo, allá voy…
Afuera, las hojas siguen cayendo. Se extienden sobre el asfalto como las piezas del rompecabezas de una vida por descifrar.
martes, diciembre 08, 2009
Ya regresé...
Ya llegué de Guadalajara. Me fue muy bien.
Gracias a todos los que compraron el libro “Diarios del Fin del Mundo”, a los que compraron las playeras del Escuadrón Retro, a los que pidieron ¡#$%&! Cómics, a los colegas moneros, a los colegas blogueros, a los que fueron a las conferencias y a los lectores.
Una de las cosas más chidas del viaje fue haberme enterado que incluyeron las 8 páginas que dibujé del Escuadrón Retro el año pasado, en un libro. También aparecen los trabajos de Sergio Aragonés, Humberto Ramos, Bachan y otros maestrazos del cómic. La otra cosa chida fue que dos moneros "famosos" me reconocieron como "el güey que hizo la lotería que están mandando por Internet", jejeje.
Regresé con más ganas de escribir, de dibujar y de hacer mejor mi trabajo. Ah: y habrá cambios en este blog. Cambios para bien, obviamente.
Éste es el libro que les digo. Es tamaño carta y trae 100 páginas. Por si quieren comprarlo, cuesta 200 pesos y lo venden en Caligrama (contacto@caligrama.com.mx)
Gracias a todos los que compraron el libro “Diarios del Fin del Mundo”, a los que compraron las playeras del Escuadrón Retro, a los que pidieron ¡#$%&! Cómics, a los colegas moneros, a los colegas blogueros, a los que fueron a las conferencias y a los lectores.
Una de las cosas más chidas del viaje fue haberme enterado que incluyeron las 8 páginas que dibujé del Escuadrón Retro el año pasado, en un libro. También aparecen los trabajos de Sergio Aragonés, Humberto Ramos, Bachan y otros maestrazos del cómic. La otra cosa chida fue que dos moneros "famosos" me reconocieron como "el güey que hizo la lotería que están mandando por Internet", jejeje.
Regresé con más ganas de escribir, de dibujar y de hacer mejor mi trabajo. Ah: y habrá cambios en este blog. Cambios para bien, obviamente.
Éste es el libro que les digo. Es tamaño carta y trae 100 páginas. Por si quieren comprarlo, cuesta 200 pesos y lo venden en Caligrama (contacto@caligrama.com.mx)
sábado, diciembre 05, 2009
Para los lectores de Guadalajara...
Sigo en la FIL.
Para todos los que quieran su libro de Diarios del Fin del Mundo, pueden ir hoy -a partir de las 8 de la noche- a La Pulquesa, en López Cotilla 1885, casi con Américas. No será una presentación formal, sólo una reunión para conocer a nuestros lectores, firmar sus libros, agradecerles por leer tanta barbaridad y que nos inviten unas Medias de Seda, un Paris de Noche o alguna bebida de esas muy finas que hasta sombrillitas y popotes de colores traen.
Ahí los esperamos.
Para todos los que quieran su libro de Diarios del Fin del Mundo, pueden ir hoy -a partir de las 8 de la noche- a La Pulquesa, en López Cotilla 1885, casi con Américas. No será una presentación formal, sólo una reunión para conocer a nuestros lectores, firmar sus libros, agradecerles por leer tanta barbaridad y que nos inviten unas Medias de Seda, un Paris de Noche o alguna bebida de esas muy finas que hasta sombrillitas y popotes de colores traen.
Ahí los esperamos.
jueves, diciembre 03, 2009
miércoles, diciembre 02, 2009
FIL 2009
A partir de la noche de hoy -miércoles 2 de diciembre-, andaré en la FIL de Guadalajara. Tuve el honor -junto a otros colegas moneros- de ser invitado a algunas actividades y eventos del Encuentro Internacional de Caricatura e Historieta. Ahí estaremos regalando los números 20, 21 y -el recién salidito de imprenta- 22 de ¡#$%&! Cómics, dando pláticas, haciendo monitos, vendiendo souvenirs de nuestros personajes y otras cosillas. Chequen el programa de actividades y por ahí los esperamos.
También llevaré libros de Diarios del Fin del Mundo, los cuales venderé clandestinamente fuera de la FIL, porque ya no alcanzamos fecha ni lugar para presentarlo dentro del evento. Es probable que estén presentes algunos colaboradores de Recolectivo y participantes del libro. En estos días les avisamos dónde será la reunión por si les interesa un ejemplar firmado.
Por lo pronto, los dejo con una triste aventura del Escuadrón Retro:




P.D. Por cierto: todos los que aportaron ideas para las últimas 9 cartas de la lotería de la nota roja, mándenme un correo con su dirección, pues, en agradecimiento -honor a quien honor merece-, se ganaron un pequeño regalo.
Saludos.
También llevaré libros de Diarios del Fin del Mundo, los cuales venderé clandestinamente fuera de la FIL, porque ya no alcanzamos fecha ni lugar para presentarlo dentro del evento. Es probable que estén presentes algunos colaboradores de Recolectivo y participantes del libro. En estos días les avisamos dónde será la reunión por si les interesa un ejemplar firmado.
Por lo pronto, los dejo con una triste aventura del Escuadrón Retro:




P.D. Por cierto: todos los que aportaron ideas para las últimas 9 cartas de la lotería de la nota roja, mándenme un correo con su dirección, pues, en agradecimiento -honor a quien honor merece-, se ganaron un pequeño regalo.
Saludos.
lunes, noviembre 30, 2009
Recuerdo que en la universidad organizaban peregrinaciones para ir a ver a la virgen de Guadalupe. Yo siempre me negué a ir.
Una vez, uno de los organizadores me dijo que ir a una peregrinación era una experiencia muy bonita, pues servía para “contrarrestar los efectos malignos del Halloween”. Juro que vi cómo se le botaban dos tornillos de la cabeza al pobre hombre.
Lo peor fue lo que me dijo para tratar de convencerme. “Va a estar Alicia Villarreal, la del grupo Límite, cantándole”. Apuesto a que si la virgen existiera, hubiera bajado en ese mismo instante a cometer filicidio.
Ya no tengo edad de andar con actitudes de adolescente renegado diciendo que “odio diciembre y odio la navidad y Dios no existe y bla bla bla”.
Pero si hay algo que me patea las pelotas en estas fechas, es todo ese fervor religioso y todos esos “artistas” muertos de hambre que le van a cantar a la virgen de Guadalupe. Como que los covers, los villancicos y los cantos a la virgen son el último recurso de los cantantes en decadencia para reactivar su horrenda carrera musical.
Pero más me cagan ésos que se refieren a la virgen como “nuestra morenita”, y aún más me cagan ésos que se ofenden si alguien se atreve a hablar mal del mito guadalupano.
Se necesita estar muy tocado de la cabeza para encabronarse por algo que no existe y para creer que una mujer invisible es la madre de todos los mexicanos. Incluso es más creíble la morra de los 4 Fantásticos.
Y si yo estuviera en un error y así fuera, pues qué madre tan desobligada, ¿no creen?
Una vez, uno de los organizadores me dijo que ir a una peregrinación era una experiencia muy bonita, pues servía para “contrarrestar los efectos malignos del Halloween”. Juro que vi cómo se le botaban dos tornillos de la cabeza al pobre hombre.
Lo peor fue lo que me dijo para tratar de convencerme. “Va a estar Alicia Villarreal, la del grupo Límite, cantándole”. Apuesto a que si la virgen existiera, hubiera bajado en ese mismo instante a cometer filicidio.
Ya no tengo edad de andar con actitudes de adolescente renegado diciendo que “odio diciembre y odio la navidad y Dios no existe y bla bla bla”.
Pero si hay algo que me patea las pelotas en estas fechas, es todo ese fervor religioso y todos esos “artistas” muertos de hambre que le van a cantar a la virgen de Guadalupe. Como que los covers, los villancicos y los cantos a la virgen son el último recurso de los cantantes en decadencia para reactivar su horrenda carrera musical.
Pero más me cagan ésos que se refieren a la virgen como “nuestra morenita”, y aún más me cagan ésos que se ofenden si alguien se atreve a hablar mal del mito guadalupano.
Se necesita estar muy tocado de la cabeza para encabronarse por algo que no existe y para creer que una mujer invisible es la madre de todos los mexicanos. Incluso es más creíble la morra de los 4 Fantásticos.
Y si yo estuviera en un error y así fuera, pues qué madre tan desobligada, ¿no creen?
domingo, noviembre 29, 2009
Lotería de la nota roja... ¡¡¡Alaaarmaaa!!!
¡El mundo se va a acabar! ¡Se los digo yo que soy bien chingón! Por eso HOY -domingo- deben de comprar el periódico el Metro (en su versión impresa). Cómprenlo los del D.F. Puebla y Toluca (uno no es profeta en su tierra, snif) porque me hicieron una entrevista por mi Nueva Lotería Mexicana Satánica Controvertida, que varias amenazas de muerte -por internet, jajajajaja... qué risa...- me ha traído. Ojalá la disfruten. Aquí les muestro la entrevista y las últimas nueve cartas que me faltaron dibujar (las cuales, lo único que me motivó a hacerlas, fue la fama que me traería este rotativo y los billones de euros que me pagaron por terminarlas; porque pinches lectores ni me echan porras ni me motivan en nada, snif).


P.D. Salgo bien cuero en la foto.
Otra P.D.Gracias a Enrique Morán y gracias a todos por sus ideas.
sábado, noviembre 28, 2009
Volví a Recolectivo. Espero disfruten mi pequeño escrito.
Respecto al libro Diarios del Fin del Mundo:
- No, no vienen monos ni míos ni de Kabeza.
- Ninguno de los relatos ha sido publicado en Recolectivo.
- Todos los envíos se hacen por el Servicio Postal Mexicano.
- Fue un primer tiraje de 500 ejemplares. Ya sólo quedan 300.
- Avisaremos de futuras presentaciones y de algunas librerías en las que estará a la venta.
Gracias a todos por su apoyo.
Respecto al libro Diarios del Fin del Mundo:
- No, no vienen monos ni míos ni de Kabeza.
- Ninguno de los relatos ha sido publicado en Recolectivo.
- Todos los envíos se hacen por el Servicio Postal Mexicano.
- Fue un primer tiraje de 500 ejemplares. Ya sólo quedan 300.
- Avisaremos de futuras presentaciones y de algunas librerías en las que estará a la venta.
Gracias a todos por su apoyo.
jueves, noviembre 26, 2009
Michael Jackson región 4
Quedé impactado con un post/denuncia del Falso Profeta.
Díganme ustedes –porque yo no sé- si es normal que un varón de entre 25 y 35 años de edad tenga amigos de menos de diez. ¿Soy un malpensado o es algo normal ser amigo de los niños?
¿Es común que un veinteañero-treintón tenga un mertoflog donde sube puras fotos de infantes a los que se refiere como “mis amiguitos", y les dice: "Los amo", "loquitos", "tontitos", "los quiero", "gracias por su amistad", "los extraño", "son lo mejor que me ha pasado”?... brrrrr... hasta la piel se me puso de gallina...
Pero en serio, díganme: ¿es normal o soy un hijo de puta malpensado?
Dense una vuelta por esta página y saquen sus propias conclusiones. ¡Hasta un calendario con niños va a sacar el cabrón ése! (el del metroflog, no el Falso Profeta).
Y si le rascan tantito más, darán con una tenebrosa red de pederastia disfrazada; pero eso ya es meterse con mafia muy pesada. Mejor ahí muere.
Brrrrr… Todavía siento ñáñaras...
Díganme ustedes –porque yo no sé- si es normal que un varón de entre 25 y 35 años de edad tenga amigos de menos de diez. ¿Soy un malpensado o es algo normal ser amigo de los niños?
¿Es común que un veinteañero-treintón tenga un mertoflog donde sube puras fotos de infantes a los que se refiere como “mis amiguitos", y les dice: "Los amo", "loquitos", "tontitos", "los quiero", "gracias por su amistad", "los extraño", "son lo mejor que me ha pasado”?... brrrrr... hasta la piel se me puso de gallina...
Pero en serio, díganme: ¿es normal o soy un hijo de puta malpensado?
Dense una vuelta por esta página y saquen sus propias conclusiones. ¡Hasta un calendario con niños va a sacar el cabrón ése! (el del metroflog, no el Falso Profeta).
Y si le rascan tantito más, darán con una tenebrosa red de pederastia disfrazada; pero eso ya es meterse con mafia muy pesada. Mejor ahí muere.
Brrrrr… Todavía siento ñáñaras...
miércoles, noviembre 25, 2009
Astro José, su visita al espacio y otras cosillas
Está de más decir que "así somos". Cuando un mexicano triunfa en el extranjero, todos queremos colgarnos de su éxito y presumir lo maravillosos que semos, Kimosabi.
El astronauta José Hernández fue recibido por el presidente de México y por la Cámara de Diputados. Dicen los que estuvieron presentes que el invitado se sintió "como allá arriba":

Ya me tienen hasta la madre con esa frasecita de: "Mano dura contra la delincuencia"... aunque ya entendí a qué se refieren:

De repente me da por dibujar chistes rápidos, sencillos, tontos, obvios o conocidos. Lo hago cuando no se me ocurre nada para el periódico o para algún otro trabajo; para ver si así se me desapendeja el cerebro y me llega alguna buena idea. A veces me tomo el tiempo y rompo mis propios récords... qué vida más triste, snif.


El astronauta José Hernández fue recibido por el presidente de México y por la Cámara de Diputados. Dicen los que estuvieron presentes que el invitado se sintió "como allá arriba":

Ya me tienen hasta la madre con esa frasecita de: "Mano dura contra la delincuencia"... aunque ya entendí a qué se refieren:

De repente me da por dibujar chistes rápidos, sencillos, tontos, obvios o conocidos. Lo hago cuando no se me ocurre nada para el periódico o para algún otro trabajo; para ver si así se me desapendeja el cerebro y me llega alguna buena idea. A veces me tomo el tiempo y rompo mis propios récords... qué vida más triste, snif.


lunes, noviembre 23, 2009
El abuelo de Bob
viernes, noviembre 20, 2009
Si les interesa comprar el libro pero no tienen tarjeta de crédito, cuenta de paypal o simplemente la tecnología les saca ronchas como a mí, mándenme un correo y les digo otras formas de pago, que incluyen palomas mensajeras, billetes doblados en forma de avioncito y depósitos directos en un banco.
Saludos y muchas gracias a los que ya adquirieron su libro. Ojalá les guste.
Saludos y muchas gracias a los que ya adquirieron su libro. Ojalá les guste.
jueves, noviembre 19, 2009
Libro
2012. Para unos, será un año catastrófico y cabalístico. Para los integrantes de Recolectivo es sólo un pretexto para lanzar su primer proyecto editorial: Diarios del fin del mundo.

Sus autores trabajaron en veinte cuentos cortos bajo la misma premisa: narrar el fin del mundo desde diferentes perspectivas y estilos.
El resultado salió a la luz en noviembre de 2009, te invitamos a conocerlo.

Sus autores trabajaron en veinte cuentos cortos bajo la misma premisa: narrar el fin del mundo desde diferentes perspectivas y estilos.
El resultado salió a la luz en noviembre de 2009, te invitamos a conocerlo.
martes, noviembre 17, 2009
domingo, noviembre 15, 2009
Plácido Domingo

Desde que uno le busca sentido a algo, obviamente es porque carece de éste.
El domingo es uno de esos días en que todo cobra sentido sólo para recordarnos que nada lo tiene.
Los únicos domingos que valen la pena, son los que al día siguiente no se tiene que trabajar. O en los que corre el viento aunque haya mucho sol.
Las pequeñas cosas siempre están ahí para sorprendernos. Para salvar el día. Para enfrascar demonios aunque sea por un rato.
Creo que el mundo terminará cuando nos quiten esto. Cuando nosotros mismos cambiemos esos instantes por falsas necesidades o distracciones por las que pensemos que vale la pena morir... o matar.
El horror sobrepasará a la actualidad y ya no habrá refugios momentáneos: hojas anaranjadas cayendo del árbol, lagartijas trepando por su corteza, filas de hormigas cruzando la banqueta, nubes de fuego en un amanecer de tonos rojos...
...o lunes sin ir al trabajo para pasarlos contigo.
El domingo es uno de esos días en que todo cobra sentido sólo para recordarnos que nada lo tiene.
Los únicos domingos que valen la pena, son los que al día siguiente no se tiene que trabajar. O en los que corre el viento aunque haya mucho sol.
Las pequeñas cosas siempre están ahí para sorprendernos. Para salvar el día. Para enfrascar demonios aunque sea por un rato.
Creo que el mundo terminará cuando nos quiten esto. Cuando nosotros mismos cambiemos esos instantes por falsas necesidades o distracciones por las que pensemos que vale la pena morir... o matar.
El horror sobrepasará a la actualidad y ya no habrá refugios momentáneos: hojas anaranjadas cayendo del árbol, lagartijas trepando por su corteza, filas de hormigas cruzando la banqueta, nubes de fuego en un amanecer de tonos rojos...
...o lunes sin ir al trabajo para pasarlos contigo.
viernes, noviembre 13, 2009
Twitéame las pelotas
Hoy me acabo de enterar que tengo -o tenía- cuenta de twitter.
Justo cuando empezaba a pensar que los loquitos que me leen y quieren ser como yo no podían caer más bajo, caen más bajo.
Si me ven en twitter, no soy yo. Nunca seré yo.
Buen fin de semana.
P.D. Si el blog causa daños permanentes en las personas, convirtiéndolas en monstruitos egocéntricos insoportables, imagínense con el twitter.
Ahora resulta que todo el mundo cree que su vida es interesante y merece tener seguidores. Dios mío…(y eso que soy ateo).
Justo cuando empezaba a pensar que los loquitos que me leen y quieren ser como yo no podían caer más bajo, caen más bajo.
Si me ven en twitter, no soy yo. Nunca seré yo.
Buen fin de semana.
P.D. Si el blog causa daños permanentes en las personas, convirtiéndolas en monstruitos egocéntricos insoportables, imagínense con el twitter.
Ahora resulta que todo el mundo cree que su vida es interesante y merece tener seguidores. Dios mío…(y eso que soy ateo).
jueves, noviembre 12, 2009
El ego de los blogueros
Desde que quité la modalidad de comentarios, he recibido correos de personas que me exigen los vuelva a activar, alegando que era lo más chido y divertido de este blog.
Otros me tachan de cobarde -que “no aguanto nada”- e incluso algunos me han apostado dinero: dicen que no duraré mucho tiempo así y al rato volveré a ponerlos, pues mi ego es demasiado grande como para no dejar que la gente comente; que soy tan mamón y patético que me excita saber lo que los demás piensan acerca de lo que dibujo y escribo, y que me excita aún más -a nivel de orgasmo- saber que tengo 20, 30 o 40 comentarios diarios, ya que soy un pendejo soberbio que se alimenta de eso porque fuera del blog no tengo vida.
¡Aaaay, qué cosas tan horrorosas dicen!
De lo que nadie se ha dado cuenta, es que la cosa es al revés. Sí, mi ego es enorme: tan grande que por eso quité los comentarios.
¿No comprenden mi razonamiento? ¿Les parece absurdo lo que digo? Ahí les va explicado con alcachofas y acelgas, pa´que me entiendan:
Decir que vienen a leer a mis comentadores y no a leerme a mí, duele en el orgullo. Confesar que se meten a mi blog para leer y reírse de las pendejadas que otras personas escriben en vez de leer y reír con las pendejadas que yo escribo y dibujo, sí que es un durísimo golpe a mi ego. Uno muy cabrón, snif.
Por lo tanto, nunca más dejaré que comenten. Primero está la salud de mi ego y después todo lo demás.
P.D. Y no, la foto con los audífonos no es porque sea yo un melómano de esos que abuuuuundan en los blogs y creen oír la música más chingona del universo. Lo de los audífonos es porque, desde que quité los comentarios, he dejado de escuchar/leer muchas pendejadas.
Y no, no voy a patentar el "snif" porque no es mío.
Otros me tachan de cobarde -que “no aguanto nada”- e incluso algunos me han apostado dinero: dicen que no duraré mucho tiempo así y al rato volveré a ponerlos, pues mi ego es demasiado grande como para no dejar que la gente comente; que soy tan mamón y patético que me excita saber lo que los demás piensan acerca de lo que dibujo y escribo, y que me excita aún más -a nivel de orgasmo- saber que tengo 20, 30 o 40 comentarios diarios, ya que soy un pendejo soberbio que se alimenta de eso porque fuera del blog no tengo vida.
¡Aaaay, qué cosas tan horrorosas dicen!
De lo que nadie se ha dado cuenta, es que la cosa es al revés. Sí, mi ego es enorme: tan grande que por eso quité los comentarios.
¿No comprenden mi razonamiento? ¿Les parece absurdo lo que digo? Ahí les va explicado con alcachofas y acelgas, pa´que me entiendan:
Decir que vienen a leer a mis comentadores y no a leerme a mí, duele en el orgullo. Confesar que se meten a mi blog para leer y reírse de las pendejadas que otras personas escriben en vez de leer y reír con las pendejadas que yo escribo y dibujo, sí que es un durísimo golpe a mi ego. Uno muy cabrón, snif.
Por lo tanto, nunca más dejaré que comenten. Primero está la salud de mi ego y después todo lo demás.
P.D. Y no, la foto con los audífonos no es porque sea yo un melómano de esos que abuuuuundan en los blogs y creen oír la música más chingona del universo. Lo de los audífonos es porque, desde que quité los comentarios, he dejado de escuchar/leer muchas pendejadas.
Y no, no voy a patentar el "snif" porque no es mío.
martes, noviembre 10, 2009
El Chayanne regiomontano
No dudo que muchos de nosotros seríamos personas normales, felices y sin pedos en la cabeza, si no fuera por culpa de nuestras madres, que lo echan a perder a uno.
Hace algunos años –quince, para ser exactos- cometí el horror de dejarme crecer el cabello hasta –casi casi- los hombros. No pondré las fotos de mi ridículo look de antaño, pues no soportaría otra vergüenza pública de esa magnitud; aunque creo que en el archivo de este blog hay alguna imagen de ésas perdida por ahí.
Total que corría 1994, tenía 18 añitos, pensaba que el pelo me duraría para siempre y que mis abundantes crines tenían un efecto similar al de Sansón con las mujeres. Recuerdo que, entre clase y clase, llegaban amigas o conocidas y me decían: “Ay qué padre está tu pelo, ¿cómo te lo cuidas?”, me lo acariciaban y yo tenía que disimular que se me paraba el chile, snif.
Me sentía invencible con mi melena... groaaarrr… Y parte de la culpa la tuvo mi madre, pues ella me motivó a dejarme el pelo largo porque “andaba de moda” –ya ven que las mamás siempre se quieren hacer las buena onda- y se me “iba a ver muy bien”. ¿Cómo no creer en las palabras de una madre? Entonces, obedecí y dejé de visitar al peluquero.
Debo aclarar que para mi mamá, el cantante Chayanne es el hombre más guapo que existe sobre la faz de la tierra, y que en aquel tiempo, el tal Chayanne usaba el pelo largo, se hacía un “chonguito” y –Oh, Dios mío: agárrense, lectores-, según mi madre: ¡yo me parecía a Chayanne!
Yo sé que las mamás ven a sus hijos como los seres más hermosos del universo aunque el doctor les diga que poco nos faltó para nacer anfibios y que lo mejor sería echarnos al escusado y jalarle a la palanca. Pero así son las mamás y sus “ojos de amor”.
Total que –con mucho orgullo- me convertí en el Chayanne regiomontano, ante la burla de mis hermanas, a quienes veía por encima del hombro -gallardo y magnánimo- y les decía: “Huercas envidiosas, de seguro son adoptadas”.
En aquella época yo todavía no veía lo afeminado y gay que ahora me parece el mentado cantante ése (pero nomás como baila); al contrario: lo veía como el galán de galanes y, que me pareciera a él –según mi jefa-, era el mayor cumplido que pudiera haber recibido.
Peeero, un día de esos en que caminaba partiendo plaza por los pasillos de la universidad, con el pelo recogido en una coleta, cometí el error de comentarle a unos compas que mi mamá me había dicho que me parecía al Chayanne.
Pobre inocente y egocentrista de mí.
Un amigo –hijo de puta, como él solo- me dijo: “¡Será Chollón, por pinche cabezón!” Y los demás, le siguieron y no pararon: “¡Pinche Chollón! Pinche chollota que tienes, jajajaja”. Y se ponían a cantarme y a bailar -entre clase y clase- la de "Provócame", "Tiempo de Vals" y demás canciones nacas que sonaban en la radio.
En ese momento dejé de ser una persona normal, feliz y con pelo. Dejé de ser el Chayanne regiomontano, snif.
En mi defensa puedo alegar que tengo dos amigos que en ese tiempo también se dejaron crecer el cabello -lo tenían rizado- hasta abajo de los hombros, y que ambos iban juntitos a alaciárselo a una estética de un centro comercial. Hacían cita y toda la cosa los muy puñales. Apuesto a que si sus esposas supieran esto, se divorcian de ellos o se hacen bien comadres y hasta intercambiarían esmaltes de uñas y maquillaje.
Yo nunca caí tan bajo. Yo simplemente fui el Chayanne regiomontano. Y a mucha honra, sí señor. Y nada más por eso: ¡Fieeeee-sta-en-A-méee-ri-ca,-fieeeee-sta-en-A-méee-ri-ca... ¡Ajúa!
Hace algunos años –quince, para ser exactos- cometí el horror de dejarme crecer el cabello hasta –casi casi- los hombros. No pondré las fotos de mi ridículo look de antaño, pues no soportaría otra vergüenza pública de esa magnitud; aunque creo que en el archivo de este blog hay alguna imagen de ésas perdida por ahí.
Total que corría 1994, tenía 18 añitos, pensaba que el pelo me duraría para siempre y que mis abundantes crines tenían un efecto similar al de Sansón con las mujeres. Recuerdo que, entre clase y clase, llegaban amigas o conocidas y me decían: “Ay qué padre está tu pelo, ¿cómo te lo cuidas?”, me lo acariciaban y yo tenía que disimular que se me paraba el chile, snif.
Me sentía invencible con mi melena... groaaarrr… Y parte de la culpa la tuvo mi madre, pues ella me motivó a dejarme el pelo largo porque “andaba de moda” –ya ven que las mamás siempre se quieren hacer las buena onda- y se me “iba a ver muy bien”. ¿Cómo no creer en las palabras de una madre? Entonces, obedecí y dejé de visitar al peluquero.
Debo aclarar que para mi mamá, el cantante Chayanne es el hombre más guapo que existe sobre la faz de la tierra, y que en aquel tiempo, el tal Chayanne usaba el pelo largo, se hacía un “chonguito” y –Oh, Dios mío: agárrense, lectores-, según mi madre: ¡yo me parecía a Chayanne!
Yo sé que las mamás ven a sus hijos como los seres más hermosos del universo aunque el doctor les diga que poco nos faltó para nacer anfibios y que lo mejor sería echarnos al escusado y jalarle a la palanca. Pero así son las mamás y sus “ojos de amor”.
Total que –con mucho orgullo- me convertí en el Chayanne regiomontano, ante la burla de mis hermanas, a quienes veía por encima del hombro -gallardo y magnánimo- y les decía: “Huercas envidiosas, de seguro son adoptadas”.
En aquella época yo todavía no veía lo afeminado y gay que ahora me parece el mentado cantante ése (pero nomás como baila); al contrario: lo veía como el galán de galanes y, que me pareciera a él –según mi jefa-, era el mayor cumplido que pudiera haber recibido.
Peeero, un día de esos en que caminaba partiendo plaza por los pasillos de la universidad, con el pelo recogido en una coleta, cometí el error de comentarle a unos compas que mi mamá me había dicho que me parecía al Chayanne.
Pobre inocente y egocentrista de mí.
Un amigo –hijo de puta, como él solo- me dijo: “¡Será Chollón, por pinche cabezón!” Y los demás, le siguieron y no pararon: “¡Pinche Chollón! Pinche chollota que tienes, jajajaja”. Y se ponían a cantarme y a bailar -entre clase y clase- la de "Provócame", "Tiempo de Vals" y demás canciones nacas que sonaban en la radio.
En ese momento dejé de ser una persona normal, feliz y con pelo. Dejé de ser el Chayanne regiomontano, snif.
En mi defensa puedo alegar que tengo dos amigos que en ese tiempo también se dejaron crecer el cabello -lo tenían rizado- hasta abajo de los hombros, y que ambos iban juntitos a alaciárselo a una estética de un centro comercial. Hacían cita y toda la cosa los muy puñales. Apuesto a que si sus esposas supieran esto, se divorcian de ellos o se hacen bien comadres y hasta intercambiarían esmaltes de uñas y maquillaje.
Yo nunca caí tan bajo. Yo simplemente fui el Chayanne regiomontano. Y a mucha honra, sí señor. Y nada más por eso: ¡Fieeeee-sta-en-A-méee-ri-ca,-fieeeee-sta-en-A-méee-ri-ca... ¡Ajúa!
lunes, noviembre 09, 2009
Otro más a la lista de Cliente del Año
Hay un anciano mamón que visita seguido el negocio. Siempre que viene pregunta todos los precios, y cada que se los digo, me dice: “Y con el descuento que me vas a hacer, ¿en cuánto sale?”. En un principio, me parecía gracioso. Me reía de su puntada por respeto a su edad: ya ven que algunos viejitos son bromistas y quieren aparentar ser “cool”. Pero ya no. Ya no me causa gracia, y lo sigue haciendo el culero. Lo hace con más frecuencia cuando viene acompañado de su esposa o de su hija.
La vez pasada, preguntó por un despachador de cinta adhesiva.
-Ya no manejamos ese producto, señor -le dije.
-Uy, pues deberían de manejarlo: yo les compraría muchos –respondió.
Sí, cómo no… Dejamos de vender el despachador porque lo pedían poco y por caro. En otros lugares se puede conseguir a mejor precio, y no quisiera crearme fama de carero ni que, al rato, el pinche viejo éste me ande reclamando: “Ay, en el Home Depot y en el Soriana el despachador de cinta está más barato, snif”.
Pero fue el sábado cuando cayó la gota que derramó el vaso.
Estaba cerrando las cortinas metálicas y poniendo candados, cuando llegó el viejo. Llegó accionando el claxon y ondeando la mano, para que no cerrara. Se estacionó y bajó apresurado del coche, diciendo: “Uf, qué bueno que te alcancé, me urge comprar algo”. “No se preocupe, aquí estamos para servirle”, dije sereno. Quité los candados, abrí las cortinas y desactivé la alarma.
Su urgencia era una caja para tornillos y una cinta adhesiva. Sumaron 39 pesos ya con IVA. Me pagó con un cheque... Sí: me hizo un cheque por 39 pinches pesos.
Estoy seguro que ese señor se levanta todos los días pensando: “Hoy le voy a cagar el palo a alguien”. Y lo logra.
La vez pasada, preguntó por un despachador de cinta adhesiva.
-Ya no manejamos ese producto, señor -le dije.
-Uy, pues deberían de manejarlo: yo les compraría muchos –respondió.
Sí, cómo no… Dejamos de vender el despachador porque lo pedían poco y por caro. En otros lugares se puede conseguir a mejor precio, y no quisiera crearme fama de carero ni que, al rato, el pinche viejo éste me ande reclamando: “Ay, en el Home Depot y en el Soriana el despachador de cinta está más barato, snif”.
Pero fue el sábado cuando cayó la gota que derramó el vaso.
Estaba cerrando las cortinas metálicas y poniendo candados, cuando llegó el viejo. Llegó accionando el claxon y ondeando la mano, para que no cerrara. Se estacionó y bajó apresurado del coche, diciendo: “Uf, qué bueno que te alcancé, me urge comprar algo”. “No se preocupe, aquí estamos para servirle”, dije sereno. Quité los candados, abrí las cortinas y desactivé la alarma.
Su urgencia era una caja para tornillos y una cinta adhesiva. Sumaron 39 pesos ya con IVA. Me pagó con un cheque... Sí: me hizo un cheque por 39 pinches pesos.
Estoy seguro que ese señor se levanta todos los días pensando: “Hoy le voy a cagar el palo a alguien”. Y lo logra.
viernes, noviembre 06, 2009
Más de la nueva lotería mexicana
Hace más de un mes dibujé esta lotería. Dos semanas después, me llegó como cuatro veces a mi correo en forma de "carta cadena", con títulos como: "Hagamos algo", "Para reflexionar", "¿Viva México?" o "La Nueva Lotería Mexicana". También la vi en algunos sitios de internet, blogs y esas cosas; lo cual agradezco. Como me han estado chingue y chingue que no sea huevón y la termine, aquí les hago entrega de otras 18 cartas, que, con las anteriores, suman 45. Ya nomás me faltan nueve, pero están bien cabronas y ya no se me ocurre nada. Ahí si se les prende el foco de Luz y Fuerza del Centro y saben qué poner en el cantarito, el paraguas, el tambor, el bandolón, el violín, el arpa, la rosa y no me acuerdo qué otras dos, pues me avisan, las dibujo y les doy su crédito.
Que las disfruten y que viva México, pos ya qué...
Que las disfruten y que viva México, pos ya qué...

miércoles, noviembre 04, 2009
El pájaro que canta bonito
Todas las mañanas llega al patio de la oficina un pájaro que canta bonito.
Se esconde en las ramas del bambú, brinca por la enredadera, pasea entre la bugambilia y asoma su pecho amarillo.
Minutos después, llegan otros pajarillos iguales. Cuatro o cinco más. Arman un revuelo con sus chirridos, alborotan el follaje y tiran algunas hojas secas al piso.
El Cucho, mi perro, se pone alerta: mira hacia arriba con la frente arrugada y las orejas rígidas. Yo, lo imito.
Minutos después, las aves vuelan a otra parte… para regresar al día siguiente.
El pequeño jardín es como un oasis entre tanto pavimento y olor acre.
Entro de vuelta a la oficina. La jornada laboral comienza tranquila. Sin gente.
Por todos lados escucho que no hay dinero; que la situación está difícil.
Si tuviéramos la mitad de la inteligencia de los animales, no necesitaríamos trabajar ni generar empleos.
Aprovecho la ausencia de clientes para leer las noticias. Asesinatos, secuestros, extorsiones y ajustes de cuentas: los padecimientos normales de una sociedad que ha elevado el dinero a niveles divinos.
Todos reciben lo que merecen. Tarde o temprano. Castigo físico, desprecio colectivo, intranquilidad en la conciencia o un funeral vacío.
Yo no sé qué haya hecho bien, que a diario recibo conciertos de aves a domicilio, o el beso express que vienes y me plantas en la orilla de la boca cuando andas por estos rumbos.
Se esconde en las ramas del bambú, brinca por la enredadera, pasea entre la bugambilia y asoma su pecho amarillo.
Minutos después, llegan otros pajarillos iguales. Cuatro o cinco más. Arman un revuelo con sus chirridos, alborotan el follaje y tiran algunas hojas secas al piso.
El Cucho, mi perro, se pone alerta: mira hacia arriba con la frente arrugada y las orejas rígidas. Yo, lo imito.
Minutos después, las aves vuelan a otra parte… para regresar al día siguiente.
El pequeño jardín es como un oasis entre tanto pavimento y olor acre.
Entro de vuelta a la oficina. La jornada laboral comienza tranquila. Sin gente.
Por todos lados escucho que no hay dinero; que la situación está difícil.
Si tuviéramos la mitad de la inteligencia de los animales, no necesitaríamos trabajar ni generar empleos.
Aprovecho la ausencia de clientes para leer las noticias. Asesinatos, secuestros, extorsiones y ajustes de cuentas: los padecimientos normales de una sociedad que ha elevado el dinero a niveles divinos.
Todos reciben lo que merecen. Tarde o temprano. Castigo físico, desprecio colectivo, intranquilidad en la conciencia o un funeral vacío.
Yo no sé qué haya hecho bien, que a diario recibo conciertos de aves a domicilio, o el beso express que vienes y me plantas en la orilla de la boca cuando andas por estos rumbos.
lunes, noviembre 02, 2009
Cartones del día de muertos
Recordando lo que hacía para las ediciones juveniles del periódico El Norte, de Grupo Reforma, me encontré esta tira del día de muertos. Chale, qué ñoño estaba a veces mi trabajo.

Eso de "vil pendejo" que aparece en el último cuadrito, obviamente que se lo borraron. Cuando les dije que me parecía absurdo que lo borraran porque era un suplemento para chavos y los chavos hablan con maldiciones y Trino las escribe en sus tiras en la sección principal del periódico; me respondieron: "Sí: pero Trino es Trino". Uy, per-dón.
Ahora hago puro cartón político en otro periódico y, la verdad, a veces extraño hacer mis tiras ñoñas para adolescentes. Aunque no niego que a veces también me "añoño" con los cartones políticos, jejeje. Aquí va un cartón suavezón referente a esta fecha "tan mexicana".

Eso de "vil pendejo" que aparece en el último cuadrito, obviamente que se lo borraron. Cuando les dije que me parecía absurdo que lo borraran porque era un suplemento para chavos y los chavos hablan con maldiciones y Trino las escribe en sus tiras en la sección principal del periódico; me respondieron: "Sí: pero Trino es Trino". Uy, per-dón.
Ahora hago puro cartón político en otro periódico y, la verdad, a veces extraño hacer mis tiras ñoñas para adolescentes. Aunque no niego que a veces también me "añoño" con los cartones políticos, jejeje. Aquí va un cartón suavezón referente a esta fecha "tan mexicana".
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