Siendo bien honesto conmigo, he llegado a la conclusión que mi “talento” para dibujar no me va a llevar a Marvel, Image, DC, Norma o alguna otra editorial gringa o europea.
Sé que lo que escribo no va a pasar de este blog o del libro que pueda publicar con mis propios recursos económicos y con ayuda de mis amigos, lectores o familiares que lo van a comprar tal vez por lástima.
Aparte, no me gusta eso de “andar en el medio” o "en los eventos culturales para conocer gente del medio", o presentándome con los zares de la cultura del país para que "me echen la mano". Tampoco me gusta andar aplicando para concursos y becas (que lo he hecho), pues las becas se acaban y no son eternas; pero se agradecen un chingo cuando se reciben y, cuando esto sucede, se demuestra que uno es una verga y puede seguir con el proyecto a como dé lugar.
Por eso
¡#$&&! Cómics seguirá hasta que las ganas se nos acaben, nos quedemos sin colegas interesados en el proyecto (a los que no se les paga ni un cinco y se los agradecemos con los calzones en las rodillas por estar comprometidos con el amor al arte y la filosofía de "si yo gano, todos ganamos") o nos quedemos sin manos para dibujar. Y si nos quedamos sin manos, dibujaremos con las pinches patas y con el corazón.
Once años haciendo lo que me gusta profesionalmente (profesionalmente me refiero a estar dado de alta en Hacienda y dar facturas por lo que hago) y nunca he buscado que se me reconozca; simplemente quiero hacer lo que me gusta y que la gente disfrute lo que hago. Pero eso se convierte en trabajo desde que das recibo y te dicen qué dibujar y cómo dibujarlo; entonces, pierde el chiste y lo disfrutable.
Once años dibujando y escribiendo y que las revistas de tu ciudad te digan: “Me gusta mucho tu trabajo y te quiero en mi publicación, pero te puedo pagar 500 pesos cada dos meses”. Muchas gracias, responde uno, y simplemente te vas a la chingada, pues de mejores congales me han corrido. Tampoco abusen, revistas popof, y tampoco me vengan con el cuento de que: "Esta revista te va a dar proyección”. La proyección me vale madre si tienen anunciantes como Fendi, Aeroméxico o el Tec de Monterrey. Una vez, una publicación de Monclova -¡Monclova!- me ofreció mil pesos (1000) por una tira quincenal en blanco y negro, y no tenían esos patrocinadores. Eso es ser justo y humano. Y es más: no les cobré; trabajé gratis, por el simple hecho de que me ofrecieron lo que no pensé que me podían pagar y por ser honestos desde un principio conmigo.
¿Proyección? Tengo bastante frente como para proyectar un domo IMAX en mi futura calvicie.
Y es aquí donde entra mi padre: político priísta recalcitrante, enamorado de su país (todavía cree que México es una chingonada de país y que puede salir adelante sin tener su casa en Vallarta, Cancún o un reloj como el del puto Romero Deschamps), workaholic de 5 de la mañana a 10 de la noche (ni el pinche Pedro Ferriz de Con se levanta tan temprano) y con quien yo choco muy cabrón por ser eso: priísta recalcitrante, enamorado de México (prefiero Europa) y trabajador de esos de chinga bruta que hasta sus casi 60 años está viendo resultados y viviendo holgadamente (pues sí, se lo merece, ¿y qué pedo?):
-Mira mijo –dijo mi padre una noche de esas en que se dio cuenta que la vida se termina en lo que caga un gato-. No tengo dinero, y aunque tuviera, no te lo voy a dar. Los ahorros que tenemos son para reinvertirlos; son para poner un negocio de cajas de cartón, porque esto de estar en la política se acaba pronto; es sólo un espejismo… No dura y no es como la gente cree que es. ¿Cómo ves: le entras?, o si no, consigo a un cabrón que le interese…
-¿Cajas de cartón? –dije yo-. ¿Por qué no un cantina, un restorán de mariscos, un golf miniatura, una juguetería, una editorial de cómics o algo más divertido, apá? –cuestioné (¿y la Cheyene, apá?). Pero mi padre es tan correcto, visionario y, a veces, hasta cagante, como todos los padres, que respondió:
-Así está la cosa... ¿Le entras o no? Lo que yo te puedo dejar son estudios y trabajo: mucho trabajo; disciplina y libertad de seguir haciendo lo que te gusta pero con una entrada extra… Vendiendo cajas de cartón… Eso te ofrezco.
-Psss…¡Va!… Le entro… -respondí
-El lunes 2 de junio, a las 7 de la mañana, te vas al DF a la capacitación de la franquicia…
Mi vida –y la de otros- ha dado un vuelco de siéntateamiladoydatevueltas grados.
Los mantendré al tanto…