Me quedé petrificado, con un dolor horrible en la tráquea, mirando cómo sus brillantes labios no paraban de decir cosas dolorosísimas para un corazón de nueve años. A mi abuela le sorprendió que no terminara mis lentejas más que los planes de su sobrina. Ella no sabía de eso; ella había estudiado hasta la escuela primaria y a los 15 años tuvo su primer embarazo, al cual le siguieron diez más. Mi abuela no sabía de universidades ni de maestrías ni de viajes o escuelas fuera del país. Yo tampoco sabía nada de eso, pero comenzaban mis lecciones en materia de amor: Luisa acababa de enseñarme que cuando uno no puede seguir comiendo su comida preferida, es porque el corazón se ha hecho picadillo.
Me paré de la mesa cargando el plato con ambas manos y lo deposité en la tarja. Di un beso de buenas noches en la mejilla pegajosa de la abuela y el aroma a cosméticos baratos agredió mi olfato. Besé a Luisa con la otra mejilla. ¡Hey, no te he enseñado cómo hacer el truco con las barajas! –me dijo. Mañana… -respondí, y salí de la cocina antes de que mis ojos se derramaran en llanto.
Esa noche, la tristeza no me dejó dormir, sin embargo, el cansancio y la sensación de tener un peñasco sobre el pecho terminaron por vencerme. Dentro de lo poco que dormí, soñé que Luisa y yo nos besábamos en las profundidades púrpuras del océano.
Después de esa declaración en la cocina sobre su posible viaje al extranjero, no sé cuánto tiempo más estuvo Luisa en la ciudad. Semanas, meses… no me acuerdo. Lo que sí sé es que todo pasó muy rápido, como cuando subes a la resbaladilla del parque y en un instante ya estás sentado en la tierra con las nalgas adoloridas, y, del trayecto de bajada, sólo te queda el ansia de querer que dure una eternidad. No recuerdo cuántas otras veces engañamos a los del Squash Club con la membresía falsa para poder zambullirnos en la alberca; ni cuantos chapuzones, saltos, clavados y maromas me aventé para impresionarla. De seguro fueron muchas otras más las veces que miré sus nalgas cubiertas por el bañador rosa bajo el espejo líquido de aquel estanque de concreto y mosaicos vidriados… pero no me parecieron suficientes. Saber que Luisa se iría a un lugar extraño y lejano, me apedreaba el alma hasta desangrarla.
Me aterraba pensar que no había en el mundo un sólo adulto interesante, que no me tratara como un niño y que platicara conmigo como ella lo hacía; me angustiaba estar tan seguro de que no habría mujer más hermosa y divertida que ella. Pero, sobre todo, considerar que posiblemente nunca más la volvería a ver, aceleraba los días en el calendario y los convertía en la apresurada mecha encendida de una cuenta regresiva que al llegar a cero convertiría mi amor total y puro en carne de cañón.
El día que vinieron los padres de Luisa a la ciudad, mi madre me compró una camiseta color azul. La planchó con cuidado hasta dejarla sin arrugas y me la puse aún estando calientita. Me la abotoné hasta arriba frente al espejo del baño y bajo la mirada compasiva de mi madre, como todos los viernes.
Llegué a casa de la abuela con el pelo lleno de gelatina y el apartado perfecto por un lado. Ese día me puse un poco de loción en el cuello, de esa que guardaba mi padre en un cajón y que usaba sólo en ocasiones especiales. ¡Guaaau!, ¿quién ese este galanazo? -dijo Luisa, y me besó en la mejilla que siempre se me sonrojaba. Nunca la había visto tan hermosa y tan inalcanzable. Besó a mi madre y mi madre le agradecía una y otra vez todas esas veces que se hizo cargo de mí. Luisa metió la mano en su bolso y me regaló un paquete de naipes nuevos. Para que practiques los trucos que te enseñé –dijo. Me quedé mudo. ¿Cómo se dice? -imperó mi madre. Gracias –dije, y Luisa sonrió de la manera más dulce mientras despeinaba mi cabello. Los pajarillos y mariposas que sentía en el estómago por Luisa se habían convertido en murciélagos y dragones que me quemaban las entrañas.
Había muchos familiares rodeándola y deseándole feliz viaje, pero estoy seguro que a nadie le dolía tanto como a mí. Por primera vez desabroché el botón de a mero arriba de mi camisa porque hacía insoportable el nudo que cargaba en el cogote desde la noche aquella en que no pude acabar mi plato de lentejas. Luisa quebró en llanto cuando se despidió de la abuela y permaneció abrazada a ella más tiempo que con cualquier otro pariente.
Mi madre fue la única que advirtió el brusco sonido que emitió el lado izquierdo de mi pecho al despedazárseme el corazón; por eso cruzó su brazo por detrás de mi hombro y acarició mi cuello y mi oreja con sus uñas largas y recién limadas. Yo también la abracé. La soga invisible que rodeaba mi garganta se apretó violentamente cuando Luisa nos abrazo otra vez, más fuerte que la primera, y, cuando se separó, emitió un “adiós” casi imperceptible.
Entre el padre de Luisa y uno de mis tíos terminaron de meter las maletas en la cajuela. Se despidieron y agradecieron por última vez antes de subir al coche. Luisa bajó el vidrio de la puerta trasera y sacó la mitad de su cuerpo: mandaba besos y ondeaba las manos con lágrimas que el viento desparramaba en su rostro. La última mirada que posó en mí fue eterna, como el trayecto de la primera gota que escapó de mi ojo. El coche desapareció al doblar la esquina y sentí como si sus cuatro llantas me pasaran por encima y las vísceras se me hubieran salido por el fondillo.
Mis padres seguían trabajando hasta tarde los sábados. Yo seguí quedándome en casa de la abuela los fines de semana, pero ya no me pulía con el aspecto de mi peinado ni abrochaba el botón de a mero arriba de mi camisa. Dejé de llevar el visor a la alberca del club porque ya no había nada agradable que ver bajo el agua. El personal de limpieza seguía vertiendo cloro de más y no era agradable nadar con los ojos cerrados y chocar accidentalmente contra las nalgas de mi abuela o de algún desconocido. “¡Ten cuidado, niño, ve por dónde nadas!” Ya no me tiraba clavados, pues ya no había a quién impresionar. Dejamos de ir a la piscina cuando las autoridades del centro recreativo se enteraron que nuestra membresía era falsificada.
Y de Luisa no he vuelto a saber.
FIN
jueves, abril 24, 2008
miércoles, abril 23, 2008
Luisa y la alberca. Tercera parte.
No fue a propósito, lo juro por mi mamacita santa. Fue un accidente, aunque he de confesar que muchas veces imaginé mis manos acariciando intencionalmente ese par de botones de rosa. El exceso de cloro en la alberca me impidió abrir los ojos bajo el agua, he ahí la razón de tan agradable encuentro. Creo que los del personal de mantenimiento cloraban de más la piscina porque sabían que los niños acostumbrábamos a orinar dentro de ella.
Le dio un ataque de risa al verme desesperado romper la transparente superficie para tomar aire. Salí con el pelo pegado al rostro sonrojado, tosiendo y pidiéndole perdón por haber metido mi carota exactamente entre sus pompas. ¿Te lastimaste? -preguntó mientras me daba unas palmadas en la espalda. No, ¡cof, cof! No me lastimé -respondí haciéndome el muy macho.
Me gustaba ir a nadar con Luisa porque no me trataba como un niño. Platicaba conmigo como si fuera uno de sus amigos de la universidad, sonreía todo el tiempo, era divertida y me enseñaba trucos con los naipes. Es más, una vez hasta me defendió de unos niños grandes que trataban de mojarme la ropa.
Desde ese incidente en que mis cachetes fueron a dar en medio de “sus cachetes”, empecé a llevar un visor al club para poder abrir los ojos sin ardor. Pasaba horas sumergido bajo el borde cristalino de aquel caldo de orines y cloro, mirando el traje de baño rosa ceñido a su esbelta cintura; todo sobre un fondo de azulejos resplandecientes y sordos movimientos en cámara lenta. Me gustaba ver a Luisa manteniéndose a flote con la cabeza afuera del agua para no mojar su cabello lacio y oscuro, batiendo sus brazos y saltando delicadamente sobre las puntas de sus pies en el fondo celeste. Pero más me gustaba ver cuando su bañador rosado se le metía por la rayita que partía sus glúteos y lo acomodaba con sus manos disimuladamente, sin darse cuenta que yo nunca me perdía ese espectáculo. Bendito visor.
Me gustaba jugar a ver quién aguantaba más tiempo la respiración bajo el agua, pero no hubo una sola vez que pudiera ganarle. Intenté imponer un récord de resistencia para poder mirar por más tiempo su cuerpo semidesnudo bajo el fino oleaje de la piscina, pero a los cuarenta y cinco segundos mis pequeños pulmones y mi rostro rojo a punto de estallar me obligaban a salir a respirar antes que ella.
Salimos de la alberca. Luisa me arropó con una enorme toalla de rayas de colores. Se recostó en el camastro como si fuera a tomar el sol y agarró la mochila. Sacó un paquete de naipes y los sándwiches. Mira, ven, siéntate aquí: te voy a enseñar un truco muy padre. Y me senté a su lado sin dejar de pensar en sus pompas redondas y aperladas, como dos bolitas de suave migajón que mordían un trozo de tela sonrosada
Durante el trayecto de regreso me la pasé suplicándole que me dijera cómo le había hecho para adivinar mi carta: un siete de tréboles. Me prometió que llegando a casa de la abuela me revelaría el secreto, pero antes me hizo jurar que no se lo diría a nadie. A Luisa podía jurarle lo que me pidiera.
Llegamos minutos antes de la hora de la cena y minutos después de que el día oscureciera por completo.
Mi abuela sudaba a mares cuando cocinaba, pero, a pesar de ello, siempre olía a crema facial y maquillaje perfumado. De eso podía percatarme cada que le daba un beso o ella me agarraba a besos. Ya saben cómo son las abuelas de besuconas. Las cremas rejuvenecedoras que se aplicaba a diario avivaban el brillo de su rostro sudoroso y evitaban que los filos ya caídos de su cara se desbordaran en goteras imparables. Fue esa noche -una de tantas donde el viento no sopla-, mientras cenábamos frente a un ventilador en la mesa cubierta por el mantel de frutas de colores que la abuela había bordado años atrás, cuando Luisa nos platicó sobre sus planes al salir de la universidad. Dijo algo de irse al extranjero a seguir estudiando. El corazón se me estrujó al escuchar eso. Pasé la cucharada de lentejas que me acababa de meter en la boca sin masticar. El secreto del truco con los naipes que prometió revelarme dejó de tener importancia. Casi me ahogo y tosí con fuerza, escupiendo un poco de comida. Luisa me palmeó la espalda con delicadeza, ladeó su cabeza y sonrió mirándome directamente a los ojos, igual como lo había hecho por la tarde en la piscina del club. Gracias -le dije raspando la voz para aclarar mi garganta. Me frotó unas cuantas veces y volvió a poner su mano sobre el mantel de frutas bordadas. Habló de que había estado investigando escuelas desde hacía algunos meses y que en el estado de Nebraska había una que le interesaba más que cualquier otra por sus planes de estudio y no sé qué más. Nebraska se escuchaba lejísimos. Para mí era otro planeta. Las tripas se me fueron hasta los pies y no pude seguir comiendo mi platillo favorito.
Continuará...
Le dio un ataque de risa al verme desesperado romper la transparente superficie para tomar aire. Salí con el pelo pegado al rostro sonrojado, tosiendo y pidiéndole perdón por haber metido mi carota exactamente entre sus pompas. ¿Te lastimaste? -preguntó mientras me daba unas palmadas en la espalda. No, ¡cof, cof! No me lastimé -respondí haciéndome el muy macho.
Me gustaba ir a nadar con Luisa porque no me trataba como un niño. Platicaba conmigo como si fuera uno de sus amigos de la universidad, sonreía todo el tiempo, era divertida y me enseñaba trucos con los naipes. Es más, una vez hasta me defendió de unos niños grandes que trataban de mojarme la ropa.
Desde ese incidente en que mis cachetes fueron a dar en medio de “sus cachetes”, empecé a llevar un visor al club para poder abrir los ojos sin ardor. Pasaba horas sumergido bajo el borde cristalino de aquel caldo de orines y cloro, mirando el traje de baño rosa ceñido a su esbelta cintura; todo sobre un fondo de azulejos resplandecientes y sordos movimientos en cámara lenta. Me gustaba ver a Luisa manteniéndose a flote con la cabeza afuera del agua para no mojar su cabello lacio y oscuro, batiendo sus brazos y saltando delicadamente sobre las puntas de sus pies en el fondo celeste. Pero más me gustaba ver cuando su bañador rosado se le metía por la rayita que partía sus glúteos y lo acomodaba con sus manos disimuladamente, sin darse cuenta que yo nunca me perdía ese espectáculo. Bendito visor.
Me gustaba jugar a ver quién aguantaba más tiempo la respiración bajo el agua, pero no hubo una sola vez que pudiera ganarle. Intenté imponer un récord de resistencia para poder mirar por más tiempo su cuerpo semidesnudo bajo el fino oleaje de la piscina, pero a los cuarenta y cinco segundos mis pequeños pulmones y mi rostro rojo a punto de estallar me obligaban a salir a respirar antes que ella.
Salimos de la alberca. Luisa me arropó con una enorme toalla de rayas de colores. Se recostó en el camastro como si fuera a tomar el sol y agarró la mochila. Sacó un paquete de naipes y los sándwiches. Mira, ven, siéntate aquí: te voy a enseñar un truco muy padre. Y me senté a su lado sin dejar de pensar en sus pompas redondas y aperladas, como dos bolitas de suave migajón que mordían un trozo de tela sonrosada
Durante el trayecto de regreso me la pasé suplicándole que me dijera cómo le había hecho para adivinar mi carta: un siete de tréboles. Me prometió que llegando a casa de la abuela me revelaría el secreto, pero antes me hizo jurar que no se lo diría a nadie. A Luisa podía jurarle lo que me pidiera.
Llegamos minutos antes de la hora de la cena y minutos después de que el día oscureciera por completo.
Mi abuela sudaba a mares cuando cocinaba, pero, a pesar de ello, siempre olía a crema facial y maquillaje perfumado. De eso podía percatarme cada que le daba un beso o ella me agarraba a besos. Ya saben cómo son las abuelas de besuconas. Las cremas rejuvenecedoras que se aplicaba a diario avivaban el brillo de su rostro sudoroso y evitaban que los filos ya caídos de su cara se desbordaran en goteras imparables. Fue esa noche -una de tantas donde el viento no sopla-, mientras cenábamos frente a un ventilador en la mesa cubierta por el mantel de frutas de colores que la abuela había bordado años atrás, cuando Luisa nos platicó sobre sus planes al salir de la universidad. Dijo algo de irse al extranjero a seguir estudiando. El corazón se me estrujó al escuchar eso. Pasé la cucharada de lentejas que me acababa de meter en la boca sin masticar. El secreto del truco con los naipes que prometió revelarme dejó de tener importancia. Casi me ahogo y tosí con fuerza, escupiendo un poco de comida. Luisa me palmeó la espalda con delicadeza, ladeó su cabeza y sonrió mirándome directamente a los ojos, igual como lo había hecho por la tarde en la piscina del club. Gracias -le dije raspando la voz para aclarar mi garganta. Me frotó unas cuantas veces y volvió a poner su mano sobre el mantel de frutas bordadas. Habló de que había estado investigando escuelas desde hacía algunos meses y que en el estado de Nebraska había una que le interesaba más que cualquier otra por sus planes de estudio y no sé qué más. Nebraska se escuchaba lejísimos. Para mí era otro planeta. Las tripas se me fueron hasta los pies y no pude seguir comiendo mi platillo favorito.
Continuará...
martes, abril 22, 2008
Luisa y la alberca. Segunda parte.
Por el marco de esa misma puerta, Luisa me recibía los viernes a medio día, cuando mi madre -después de recogerme del colegio- me dejaba para poderse ir a trabajar. Uuuuy, ¿quién es ese galanazo que viene contigo, prima? -decía cada que me veía llegar. Yo me soltaba de inmediato de la mano de mi madre para que Luisa no pensara que era lo que en realidad era: un niño. Mira nada más qué guapetón vienes hoy –y me besaba en la mejilla. Su perfume floral y el tacto fresco de su piel me sonrojaban.
Todos los viernes acostumbraba peinarme de lado con mucha gelatina y abrocharme hasta el último botón de la camisa porque sabía que vería a Luisa. Mi madre me contemplaba con ternura desde la moldura de la puerta del baño cuando me descubría arreglándome para mi amor platónico frente al espejo. Qué bonita está Luisa, ¿verdad que sí, mijo? -preguntaba disimuladamente, cuestión que me ponía muy nervioso y prefería no responder haciendo como que no escuchaba, pues no quería que nadie descubriera mi enamoramiento. Me quedaba callado y aplastaba con fuerza el apartado del peinado con la mano derecha para que no fuera a quedarme algún pelo mal acomodado, sin embargo, en mi interior, revoloteaban todo tipo de aves y mariposas.
A esa hora -las 12:34 del sábado- no había casi nadie en el club. Nos sentábamos en unos camastros a la orilla de la alberca, dejábamos la mochila sobre una mesa que hacía juego con ellos y nos desvestíamos. Yo usaba un traje de baño que no me gustaba; de esos ajustados que aprietan todo y la tela se mete entre las nalgas. Tenía unos barcos de vela, unas anclas doradas y unas cuerdas con nudos estampadas por todos lados sobre un fondo verde militar. Hubiera preferido el bañador azul con las “eses” de Superman que había visto en el Gigante (ahora Soriana) una semana antes, pero mi madre decía que estaba muy caro para ser un simple traje de baño. Fue mi padre quien me compró el bañador de los barquitos en una tienda de rebajas y me lo regaló el Día del Niño, cuando se enteró que teníamos membresía falsificada para entrar al Squash Club del Valle. Al principio no me gustó, pero luego me dijo que era igualito al que usaban los nadadores que habían ganado las medallas de oro en las olimpiadas del 88. Fue así como me convenció para usarlo.
Luisa usaba un bikini en tono rosa muy intenso, pero no fosforescente, aunque todo lo fosforescente estaba de moda en aquella época.
Me paré sobre el margen adoquinado de la piscina y esperé a que Luisa volteara a verme. Quería impresionarla con un clavado: alguna maroma o una bombita que salpicara mucha agua. Ella siempre era la que se aventaba primero; yo era más cauteloso: primero tocaba el agua con la punta del pie y, si no me parecía fría, me aventaba de jalón. De pronto y sin aviso, Luisa saltó a la piscina gritando algo que no entendí. Sacó tanta agua como para bañar a un perro lanudo. Salió a la superficie echándose el cabello hacia atrás con ambas manos y me miró sonriendo. ¡Aviéntate! –me dijo. Fue la primera vez que tomé vuelo y salté sin antes tocar el agua con la punta del dedo gordo. Opté por la bombita, como ella lo había hecho. Saltó agua por todos lados. Luisa rió, se volteó para que las enormes gotas no cayeran en sus ojos… y que voy y choco directamente contra sus nalgas.
Continuará...
Todos los viernes acostumbraba peinarme de lado con mucha gelatina y abrocharme hasta el último botón de la camisa porque sabía que vería a Luisa. Mi madre me contemplaba con ternura desde la moldura de la puerta del baño cuando me descubría arreglándome para mi amor platónico frente al espejo. Qué bonita está Luisa, ¿verdad que sí, mijo? -preguntaba disimuladamente, cuestión que me ponía muy nervioso y prefería no responder haciendo como que no escuchaba, pues no quería que nadie descubriera mi enamoramiento. Me quedaba callado y aplastaba con fuerza el apartado del peinado con la mano derecha para que no fuera a quedarme algún pelo mal acomodado, sin embargo, en mi interior, revoloteaban todo tipo de aves y mariposas.
A esa hora -las 12:34 del sábado- no había casi nadie en el club. Nos sentábamos en unos camastros a la orilla de la alberca, dejábamos la mochila sobre una mesa que hacía juego con ellos y nos desvestíamos. Yo usaba un traje de baño que no me gustaba; de esos ajustados que aprietan todo y la tela se mete entre las nalgas. Tenía unos barcos de vela, unas anclas doradas y unas cuerdas con nudos estampadas por todos lados sobre un fondo verde militar. Hubiera preferido el bañador azul con las “eses” de Superman que había visto en el Gigante (ahora Soriana) una semana antes, pero mi madre decía que estaba muy caro para ser un simple traje de baño. Fue mi padre quien me compró el bañador de los barquitos en una tienda de rebajas y me lo regaló el Día del Niño, cuando se enteró que teníamos membresía falsificada para entrar al Squash Club del Valle. Al principio no me gustó, pero luego me dijo que era igualito al que usaban los nadadores que habían ganado las medallas de oro en las olimpiadas del 88. Fue así como me convenció para usarlo.
Luisa usaba un bikini en tono rosa muy intenso, pero no fosforescente, aunque todo lo fosforescente estaba de moda en aquella época.
Me paré sobre el margen adoquinado de la piscina y esperé a que Luisa volteara a verme. Quería impresionarla con un clavado: alguna maroma o una bombita que salpicara mucha agua. Ella siempre era la que se aventaba primero; yo era más cauteloso: primero tocaba el agua con la punta del pie y, si no me parecía fría, me aventaba de jalón. De pronto y sin aviso, Luisa saltó a la piscina gritando algo que no entendí. Sacó tanta agua como para bañar a un perro lanudo. Salió a la superficie echándose el cabello hacia atrás con ambas manos y me miró sonriendo. ¡Aviéntate! –me dijo. Fue la primera vez que tomé vuelo y salté sin antes tocar el agua con la punta del dedo gordo. Opté por la bombita, como ella lo había hecho. Saltó agua por todos lados. Luisa rió, se volteó para que las enormes gotas no cayeran en sus ojos… y que voy y choco directamente contra sus nalgas.
Continuará...
lunes, abril 21, 2008
Luisa y la alberca. Primera parte.
Nunca imaginé que una mujer pudiera llamarse “Luisa”. A esa edad ignoraba que el nombre de “Luís” podía transformarse en femenino agregando una letra “a” al final y, a pesar de ello, no sonar tan feo: como “Gustavo”, “Sergio” o “Ramón”, que en nombre de mujer deben sonar horribles.
Pero Luisa suena celestial, como quien portaba ese nombre.
Luisa siempre le quitaba las orillas a sus sándwiches y me las regalaba; igual que lo hacía Bety, la del cuarto grado del Colegio Montessori. Decía que no le gustaban porque estaban duras y sabían a tierra. Todas las mujeres son iguales. Eso de que “sabían a tierra” me daba mucha risa, y me las devoraba haciéndome el valiente ante las muecas de asco que ponía Luisa. También acostumbraba comerme las tapas: esos panes con un lado café y otro blanco que todos desprecian y siempre quedan al final en el envoltorio. A Luisa le parecían chistosos mis “gustos raros”, decía, y a mí me gustaba hacerla reír. Recuerdo que todos los sábados, antes del medio día, cortaba finamente los bordes de sus lonches con un cuchillo afilado, los envolvía cuidadosamente en servilletas de papel y los ponía dentro de una bolsa de plástico transparente; los míos los metía en otra, junto con las orillas mochas de los suyos. Cuando hacía eso, el corazón me brincaba como nunca lo había sentido. Ni siquiera con Bety.
Yo tenía 9 años y Luisa tendría unos 20... ó 21. Llevaba cuatro viviendo en casa de la abuela, cursaba el último semestre de la universidad y era la menor de las primas de mi madre; o sea que para mí venía siendo algo así como una tía.
Mi abuela –su tía directa- era quien nos preparaba los bocadillos antes de irnos al club deportivo a nadar, centro recreativo al que teníamos acceso gracias a una membresía que Luisa había falsificado la vez que mi tía Pinole -la ricachona de la familia- le prestó su tarjeta de socia exclusiva del lugar para que fuera a nadar con sus amigos de la facultad. Los emparedados no eran nada del otro mundo: jamón de pavo, queso panela y mayonesa casera batida en la licuadora, sin embargo, para mí eran los mejores: mejores incluso que los de mi mamá. Y, aunque Luisa llevaba casi un lustro viviendo ahí, la abuela aún olvidaba cortarle los costados oscuros a los suyos.
Hubo una temporada que dormí todos los fines de semana en casa de mi abuelita Aeropajita. Mi madre tuvo que ponerse a trabajar cuando un corto circuito acabó con la clínica veterinaria de mi padre, con todo y perros adentro. Mi padre consiguió un empleo temporal y mal pagado en el rastro municipal en lo que reconstruía su negocio y limpiaba su nombre. Mi madre entró a trabajar en la joyería de una comadre. Ambos trabajaban hasta pasadas las seis de la tarde incluso los sábados. A esa edad no me angustiaba la ruina de mi padre, sino lo que debieron haber sufrido los pobres animales al ser consumidos vivos por el fuego. Todas las noches tenía pesadillas y escuchaba aullidos histéricos de perros calcinándose. En casa de la abuela, durmiendo en el mismo cuarto que Luisa, las pesadillas y los quejidos caninos desaparecían.
Cada quien comía un sándwich antes de ir al centro recreativo, los restantes los metíamos en la mochila -entre las toallas y las chanclas- para que no se aplastaran. Nos despedíamos de la abuela y caminábamos las cuatro cuadras de distancia que nos separaban del lugar. Luisa siempre tomaba mi mano como precaución para cruzar la calle, que ni estaba tan transitada en aquella época. Cada que lo hacía, el cuerpo me burbujeaba. ¡Mucho cuidado! -gritaba la abuela Pajita desde el marco de la puerta, mientras dibujaba una cruz en el aire en señal de bendición. Ya saben cómo son las abuelas de religiosas.
Continuará...
Pero Luisa suena celestial, como quien portaba ese nombre.
Luisa siempre le quitaba las orillas a sus sándwiches y me las regalaba; igual que lo hacía Bety, la del cuarto grado del Colegio Montessori. Decía que no le gustaban porque estaban duras y sabían a tierra. Todas las mujeres son iguales. Eso de que “sabían a tierra” me daba mucha risa, y me las devoraba haciéndome el valiente ante las muecas de asco que ponía Luisa. También acostumbraba comerme las tapas: esos panes con un lado café y otro blanco que todos desprecian y siempre quedan al final en el envoltorio. A Luisa le parecían chistosos mis “gustos raros”, decía, y a mí me gustaba hacerla reír. Recuerdo que todos los sábados, antes del medio día, cortaba finamente los bordes de sus lonches con un cuchillo afilado, los envolvía cuidadosamente en servilletas de papel y los ponía dentro de una bolsa de plástico transparente; los míos los metía en otra, junto con las orillas mochas de los suyos. Cuando hacía eso, el corazón me brincaba como nunca lo había sentido. Ni siquiera con Bety.
Yo tenía 9 años y Luisa tendría unos 20... ó 21. Llevaba cuatro viviendo en casa de la abuela, cursaba el último semestre de la universidad y era la menor de las primas de mi madre; o sea que para mí venía siendo algo así como una tía.
Mi abuela –su tía directa- era quien nos preparaba los bocadillos antes de irnos al club deportivo a nadar, centro recreativo al que teníamos acceso gracias a una membresía que Luisa había falsificado la vez que mi tía Pinole -la ricachona de la familia- le prestó su tarjeta de socia exclusiva del lugar para que fuera a nadar con sus amigos de la facultad. Los emparedados no eran nada del otro mundo: jamón de pavo, queso panela y mayonesa casera batida en la licuadora, sin embargo, para mí eran los mejores: mejores incluso que los de mi mamá. Y, aunque Luisa llevaba casi un lustro viviendo ahí, la abuela aún olvidaba cortarle los costados oscuros a los suyos.
Hubo una temporada que dormí todos los fines de semana en casa de mi abuelita Aeropajita. Mi madre tuvo que ponerse a trabajar cuando un corto circuito acabó con la clínica veterinaria de mi padre, con todo y perros adentro. Mi padre consiguió un empleo temporal y mal pagado en el rastro municipal en lo que reconstruía su negocio y limpiaba su nombre. Mi madre entró a trabajar en la joyería de una comadre. Ambos trabajaban hasta pasadas las seis de la tarde incluso los sábados. A esa edad no me angustiaba la ruina de mi padre, sino lo que debieron haber sufrido los pobres animales al ser consumidos vivos por el fuego. Todas las noches tenía pesadillas y escuchaba aullidos histéricos de perros calcinándose. En casa de la abuela, durmiendo en el mismo cuarto que Luisa, las pesadillas y los quejidos caninos desaparecían.
Cada quien comía un sándwich antes de ir al centro recreativo, los restantes los metíamos en la mochila -entre las toallas y las chanclas- para que no se aplastaran. Nos despedíamos de la abuela y caminábamos las cuatro cuadras de distancia que nos separaban del lugar. Luisa siempre tomaba mi mano como precaución para cruzar la calle, que ni estaba tan transitada en aquella época. Cada que lo hacía, el cuerpo me burbujeaba. ¡Mucho cuidado! -gritaba la abuela Pajita desde el marco de la puerta, mientras dibujaba una cruz en el aire en señal de bendición. Ya saben cómo son las abuelas de religiosas.
Continuará...
sábado, abril 19, 2008
viernes, abril 18, 2008
martes, abril 15, 2008
viernes, abril 11, 2008
miércoles, abril 09, 2008
lunes, abril 07, 2008
viernes, abril 04, 2008
miércoles, abril 02, 2008
lunes, marzo 31, 2008
viernes, marzo 28, 2008
Cuando medí mi mano.
Sería en la secundaria o en la prepa cuando por primera vez medí mi mano con la de una chava. Es el primer y mejor pretexto para tocar a la mujer que te gusta o de la que estás enamorado en secreto.
“Uy, qué chiquita tienes la mano”, le dije, y se río mucho, para después tomar una actitud retadora. Me tomó por la muñeca y la puso palma a palma con la suya. “Ay, pero si nomás me sacas una puntita”, dijo, y encorvé mis dedos como garras retractiles de felino para doblar los suyos. Ella hizo lo mismo sonriendo y gruñendo; como jugando luchitas. Me doblé y me dejé ganar. Reímos mucho y efervescí de los pies al pecho. Fue un instante eterno.
Así quisiera sentir a diario, porque así me sentí por muchos años: instantes inmortales, inocentes y espontáneos cargados de pasión.
Y espero que ese largo corredor que se pierde con la noche -alguna metáfora de la vida- siga iluminado; aunque tenga que recorrerlo solo... siempre con la esperanza de que otra vez se crucen nuestros caminos.
“Uy, qué chiquita tienes la mano”, le dije, y se río mucho, para después tomar una actitud retadora. Me tomó por la muñeca y la puso palma a palma con la suya. “Ay, pero si nomás me sacas una puntita”, dijo, y encorvé mis dedos como garras retractiles de felino para doblar los suyos. Ella hizo lo mismo sonriendo y gruñendo; como jugando luchitas. Me doblé y me dejé ganar. Reímos mucho y efervescí de los pies al pecho. Fue un instante eterno.
Así quisiera sentir a diario, porque así me sentí por muchos años: instantes inmortales, inocentes y espontáneos cargados de pasión.
Y espero que ese largo corredor que se pierde con la noche -alguna metáfora de la vida- siga iluminado; aunque tenga que recorrerlo solo... siempre con la esperanza de que otra vez se crucen nuestros caminos.
miércoles, marzo 26, 2008
Más blogueros que no soporto
¡Dios mío, Dios mío, Dios míooooo...!
Al leer blogs no puedo evitar estos arranques de amargura. Y como la vida es un carnaval, sólo se vive una vez y hay que tratar de vivir lo más amargado posible, pues ahí les va.
Si mi blog y el de muchos está considerado como bazofia por estar escrito con las nalgas, el queso de las patas y los pelitos del escroto, dense una vuelta por los demás "blos", nomás para que valoren y digan: "Chale, mi blog no está tan pior."
Acabo de descubrir una nueva especie de blogueros: Los Que Escriben Sus Posts Como Pochos.
No sé si estos señoritos y señoritas piensen que esto es muy "cool" o muy "trendy", o si creerán que su manejo del idioma inglés va a soltar destellos que nos van a "bling bling" y algún día se los publicarán en la revista Caras y Quién por ser tan "fashion" (no entendí ni madres de lo que acabo de escribir, pero bueno...).
Llegué a pensar que esta especie eran blogueros de alguna ciudad fronteriza, o mexicanos radicados en Estados Unidos; y pensé: "Bueno, es justificable su modo de escribir: han de estar tan apendejados con esa crisis de identidad que tienen que han olvidado muchas palabras en español"... ¡¡¡Pero nooooo!!! La mayoría de estos blogueros son de Chiapas, Tabasco, Hidalgo y estados de la república que nada tienen que ver con la cultura gringa mas que el nuevo Starbucks que acaban de inaugurar a lado del único Soriana de su pueblo o el canal 72 de paga donde pasan Telemundo. Es más: estos blogueros llegaron a caerme más mal que los blogueros "cultos" y "de mucho mundo" que abusan de frasecitas en latín, francés o alemán de los que alguna vez hablé.
Ahí les van unos fragmentos de los posts que escriben estos pochos que no son pochos pero se sienten pochos:
"Las canciones de los Counting Crows son tan especiales que podría quotearlas en momentos random de mi vida".
Mi respuesta: Yo podría kickear your ass por mamón que eres.
"...y entonces le contesté con una frase bitchslapeante que la dejó callada..."
Sin comentarios. Frase más pretenciosa no había leído. Estos güeyes están peor que Ricardo Arjona haciendo que rimen a huevo sus canciones; éstos quieren a huevo castellanizar palabras que nomás no suenan bien.
"...y cuando me disponía, ya en casita, a prepararme mi obligado sandwich de peanut butter and jelly, caí en la cuenta que había comprado el frasco de peanut butter sin jelly..."
Pa empezar: ¿Quién vergas se come un lonche de esa madre? Sólo lo he visto en las caricaturas, series y películas gringas; ah: y uno que otro gringo "random" que cree que la crema de cacahuate es un alimento completo.
"Me enfundé unos jeans y me puse mis Crocs: ¡Amo mis Crooocs!"
A ver: ¿Por qué fregados tiene que decir la marca del pinche zapato? Por qué no decir "me puse zapatos" y ya. Es más: decir que se pusieron zapatos está de más; a nadie le importa. Además, presumir que usan esos pinches zapatos tan horribles debería darles vergüenza.
Con esta actitud mía, siento que va a ser una semana muuuy larga.
Al leer blogs no puedo evitar estos arranques de amargura. Y como la vida es un carnaval, sólo se vive una vez y hay que tratar de vivir lo más amargado posible, pues ahí les va.
Si mi blog y el de muchos está considerado como bazofia por estar escrito con las nalgas, el queso de las patas y los pelitos del escroto, dense una vuelta por los demás "blos", nomás para que valoren y digan: "Chale, mi blog no está tan pior."
Acabo de descubrir una nueva especie de blogueros: Los Que Escriben Sus Posts Como Pochos.
No sé si estos señoritos y señoritas piensen que esto es muy "cool" o muy "trendy", o si creerán que su manejo del idioma inglés va a soltar destellos que nos van a "bling bling" y algún día se los publicarán en la revista Caras y Quién por ser tan "fashion" (no entendí ni madres de lo que acabo de escribir, pero bueno...).
Llegué a pensar que esta especie eran blogueros de alguna ciudad fronteriza, o mexicanos radicados en Estados Unidos; y pensé: "Bueno, es justificable su modo de escribir: han de estar tan apendejados con esa crisis de identidad que tienen que han olvidado muchas palabras en español"... ¡¡¡Pero nooooo!!! La mayoría de estos blogueros son de Chiapas, Tabasco, Hidalgo y estados de la república que nada tienen que ver con la cultura gringa mas que el nuevo Starbucks que acaban de inaugurar a lado del único Soriana de su pueblo o el canal 72 de paga donde pasan Telemundo. Es más: estos blogueros llegaron a caerme más mal que los blogueros "cultos" y "de mucho mundo" que abusan de frasecitas en latín, francés o alemán de los que alguna vez hablé.
Ahí les van unos fragmentos de los posts que escriben estos pochos que no son pochos pero se sienten pochos:
"Las canciones de los Counting Crows son tan especiales que podría quotearlas en momentos random de mi vida".
Mi respuesta: Yo podría kickear your ass por mamón que eres.
"...y entonces le contesté con una frase bitchslapeante que la dejó callada..."
Sin comentarios. Frase más pretenciosa no había leído. Estos güeyes están peor que Ricardo Arjona haciendo que rimen a huevo sus canciones; éstos quieren a huevo castellanizar palabras que nomás no suenan bien.
"...y cuando me disponía, ya en casita, a prepararme mi obligado sandwich de peanut butter and jelly, caí en la cuenta que había comprado el frasco de peanut butter sin jelly..."
Pa empezar: ¿Quién vergas se come un lonche de esa madre? Sólo lo he visto en las caricaturas, series y películas gringas; ah: y uno que otro gringo "random" que cree que la crema de cacahuate es un alimento completo.
"Me enfundé unos jeans y me puse mis Crocs: ¡Amo mis Crooocs!"
A ver: ¿Por qué fregados tiene que decir la marca del pinche zapato? Por qué no decir "me puse zapatos" y ya. Es más: decir que se pusieron zapatos está de más; a nadie le importa. Además, presumir que usan esos pinches zapatos tan horribles debería darles vergüenza.
Con esta actitud mía, siento que va a ser una semana muuuy larga.
martes, marzo 25, 2008
viernes, marzo 21, 2008
Frases para la eternidad
El Filósofo de Cantina ayer me dijo:
"No estés con la mujer con la que quisieras vivir el resto de tu vida; estate con la mujer con la que no podrías vivir sin ella el resto de tu vida".
Un amigo que acaba de mudarse con su novia hace dos meses, me dijo:
"Nunca pensé decir esto, pero extraño un chingo la puñeta".
Henry Miller me dijo:
"No es la cultura del trabajo la que nos inculcan nuestros padres; es la ley de la inercia. Cuando tienes un trabajo, te casas y tienes hijos, tu vida se convierte en inercia... tú sabrás si deseas eso para el resto de tu vida".
Amén, pues es semana santa: época de resurrección.
"No estés con la mujer con la que quisieras vivir el resto de tu vida; estate con la mujer con la que no podrías vivir sin ella el resto de tu vida".
Un amigo que acaba de mudarse con su novia hace dos meses, me dijo:
"Nunca pensé decir esto, pero extraño un chingo la puñeta".
Henry Miller me dijo:
"No es la cultura del trabajo la que nos inculcan nuestros padres; es la ley de la inercia. Cuando tienes un trabajo, te casas y tienes hijos, tu vida se convierte en inercia... tú sabrás si deseas eso para el resto de tu vida".
Amén, pues es semana santa: época de resurrección.
miércoles, marzo 19, 2008
El ventarrón que se robó la penumbra

No hay luz desde que me amaneció: el foquito rojo del ventilador que siempre permanece encendido aunque el aparato esté apagado me lo advirtió a eso de las nueve.
Una espesa nube de polvo sepia cubre la ciudad. El viento sopla como nunca antes lo había hecho. Y no exagero: quince horas después -cuando vuelve la energía eléctrica- la repetición de los noticieros confirma mi asombro: un par de muertos, daños materiales cuantiosos y medio millón de usuarios sin luz.
Basura de todo tipo se arremolina en cualquier punto donde poses tu mirada herida por el exceso de mugre que vuela rabiosa como enjambre de mosquitos. Ramas de todos tamaños se deslizan por el pavimento como barcos de vela. Gasolineras, restaurantes y hasta la tiendita de la esquina han cerrado.
Los ecologistas -alguna vez tomados por locos y extremistas- tenían razón: Repitieron hasta el cansancio que esto sucedería si la metrópoli seguía creciendo desordenadamente y si las pedreras y fraccionadores continuaban tragándose las montañas que nos rodean.
Lo único justiciero del día es que los más afectados por este ventarrón fueron los negocios de publicidad panorámica, quienes mandan achichincles disfrazados de empleados del municipio a talar árboles centenarios en las madrugadas para que sus anuncios sean visibles desde distintos puntos de la ciudad. Eso fue lo más cómico del día y lo que más gusto me dio -como cuando cuernan de gravedad a un torero-; ver cómo la pagaban con sus lonas desgarradas ondeando como la bandera blanca de un ejército derrotado no tuvo precio, jo jo jo.
Algunos otros -también tomados por locos- dijeron que, en semana santa, la mayoría de las industrias aprovechan para verter sus desperdicios en el aire, para que casi nadie se dé cuenta, ocasionando esta contingencia ambiental. Suena a una paranoica teoría de la conspiración, pero de los acaudalados industriales se puede esperar lo más ruin.
Todo vuelve a ser como en la época de las cavernas, pero con más peligros y más neurosis. Ahora, los depredadores son señalamientos viales de lámina que se desprenden y vuelan por el aire: como los techos de las casas de las colonias populares. Vigas tambaleantes que sostienen publicidad mal hecha y bien cobrada amenazan con colapsarse… y se colapsan; bardas derrumbadas y palmeras fracturadas que golpean transformadores de luz y rompen cables eléctricos.
Y el miedo es el mismo que en la prehistoria: “¿Qué pasará cuando llegue la noche?” Sin televisor, sin música, sin saber dónde están los cerillos y las veladoras. El miedo es mayor para quienes le han sacado la vuelta al camino que los llevará a encontrarse con sí mismos, pues saben que el silencio y la soledad de la oscuridad siempre los tienta a retomar esa vereda; por eso ruegan que los empleados de la Comisión Federal de Electricidad hagan algo pronto para tener el pretexto y seguir distrayéndose de su verdadera esencia.
Quince horas después vuelve la luz. Hay árboles yaciendo sobre el pavimento, con su follaje enredado entre cables negros, como si acabaran de suicidarse con todo y nidos. El viento sopla con más nobleza. Está cansado. Mi coche tiene debajo una gruesa alfombra de hojas, flores de buganvilia, papeles y trozos de cartón. Me subo, lo enciendo y voy en busca de la penumbra que me arrebataron.
lunes, marzo 17, 2008
Los trenes que sueño

Hace dos meses que regresé del viaje de la foto, y cada semana, desde que volví, tengo sueños relacionados con trenes.
En uno, estoy acostado en medio de las vías, inmóvil, con los brazos cruzados sobre el pecho. El tren me pasa por encima; no puedo ni respirar porque cualquier movimiento haría que mi cuerpo rozara con los fierros y metales del convoy, causando mi desmembramiento. Hasta ahorita, en todos los sueños, he salido ileso.
En otro, los vagones del tren pasan rajamadre (muy rápido) frente a mí, y yo tengo que brincar a uno antes de que terminen de pasar, porque si no, me quedo solo en medio de un desierto, sentado en el terraplén, esperando a que pase otro tren que nunca pasa. Hasta ahorita no he logrado subirme: me da miedo porque va muy rápido (rajamadre). En el tren va gente que conozco y quiero, pero nomás me dicen adiós: nadie me echa porras ni me alenta a armarme de valor para subirme. Como que les vale madre si me subo o no.
Los demás sueños que tengo no tienen importancia; son de esos que uno sueña hasta despierto y aún no se logran.
viernes, marzo 14, 2008
Una Doctrina de Terror
No es ninguna novedad mi repudio por la iglesia católica. Crear una lista enumerando las pendejadas que predica, prohíbe, permite y promueve en su nombre está de más. Pensar en toda esa gente que se dice católica y cada día es peor ser humano, me da asco. Pero nunca pensé que fuera a aplaudirle algo a esta iglesia de la que tanto reniego y siempre renegaré. Y no es sarcasmo.
Me refiero a eso de los nuevos pecados sociales. Por mí, están con madre, que al cabo que yo soy ateo y ni los cometía antes de que se anunciaran ni los cometo ahora ni los cometeré. Me refiero a esos que hablan de fomentar la pobreza del prójimo, enriquecerse de manera grotesca sin compartir lo obtenido, contaminar el medio ambiente y pasar por alto las injusticias sociales; que más que con la religión tienen que ver con la educación, ética, moral, conciencia, sentido común y el no ser un pinche ojete como persona. Pero ya ven que la iglesia se mete en todo y, ahora, creo que por fin le atinaron en meterse en cosas que realmente importan y no andarla cagando en nimiedades.
Tanto que los líderes, funcionarios, artistas, delincuentes y de más “hijos de Dios” (¡qué soberbia considerarse hijo de un dios!) predican su “espiritualidad” y “amor” y mamadas de esas con Biblia en mano, mientras viven revolcándose en el soquete de sus propios vicios, hipocresías y contradicciones. A ver si ahora sí les da vergüenza… o igual y siguen de dobles caras, como siempre lo han hecho.
Lo malo de estos nuevos pecados es que puede salir contraproducente esa “buena intención” de la iglesia por crear consciencia y menos injusticias sociales, pues se le pueden ir creyentes que se den cuenta que ni siquiera esa institución predica con el ejemplo y se sigue enriqueciendo y no paga impuestos y mantiene a los pobres pobres, etcétera.
Si infundiéndoles un terror de ir al infierno a esos mexicanos valevergas que tienen jodida a la nación va a traer como consecuencia crear mejores ciudadanos, pues por mí está muy bien; es más: que lavar el coche con manguera o tardar más de 5 minutos en la regadera también sean pecados mortales y que a todos se los cargue la chingada en el infierno. Si así voy a tener playas limpias, cielo azul y parajes libres de basura, ¡adelante!, que se les inculque desde niños el temor a atentar contra el planeta por ser pecado.
Yo siempre he pensado que infundir el terror de manera inteligente es algo muy bueno. No como los pinches gringos, que se la pasan con sus mamadas de: “Ay, puede haber un atentado terrorista en el SuperBowl, nos odian, hay malos allá afuera, son barbones y nos quieren matar, bujujuju”, y dos horas después: “No, ya están a salvo, querido pueblo americano, el gobierno acaba de bombardear otra aldea pobre y se descarta el posible atentado”. Y todos los gringos viven con el culo en la mano, pero protegidos. Pffft, a quién vergas le importa el Superbowl para ir a cometer un acto terrorista, por favor, pinches gringos orates. En fin.
Para que me entiendan mejor esta propuesta de sembrar el terror entre los ciudadanos de manera positiva para así crear mejores personas y mejores sociedades, ahí les va un ejemplo:
Imaginen que agarran a un explotador de niños: un güey que les vendía droga y luego los violaba y cometía las peores vejaciones con ellos. ¿Cómo acabar con el problema sin sobrepoblar los penales? Pues por medio del terror. Agarras al Presidente de la República (un presidente inteligente y con huevos, obviamente), lo grabas con todas las cámaras de todas las televisoras en vivo, en cadena nacional y horario triple A; con pistola en mano, diciendo algo así como: “¡Ya me tienen hasta la chingada, pinches delincuentes, secuestradores, y de más enemigos de la paz y el bienestar de los mexicanos!”. En eso, que le dé un balazo a quemarropa en la cabeza a la pinche piltrafa violadora y luego mire de frente a las cámaras: “No me provoquen hijos de la chingada, porque esto les va a pasar a todos y cada uno de ustedes si siguen cometiendo ilícitos y atrocidades”. ¿A poco no te cagas pa dentro si ves esto en la telera? Y pos uno qué; uno no hace esas cosas, ¿pero qué tal los delincuentes?; de perdido le pensarían dos veces, y todo gracias al terror bien inducido. Así le hacen los gringos con sus videos falsos del Al Quepedo o esa madre; así le hacen los narcotraficantes con sus videos de ejecutados y tienen el dominio el país; ¿por qué no utilizar ese método de terror en algo positivo?
Sí, yo propongo una doctrina del terror, como la que ha venido fomentado pendejamente la iglesia contra el condón, las cogidas fuera del matrimonio o las mujeres divorciadas, pero en temas verdaderamente importantes. Una doctrina del terror bien planteada, menos convenenciera y más dócil; que no caiga en un régimen represor o dictadura, o una de esas cosas pasadas de moda. Un régimen de terror contra terroristas ambientales, infanticidas, delincuentes de cuello blanco y de más cuacha social. Una doctrina de shock positiva para crear mejores seres humanos ¿Que el terror no trae nada positivo? ¡Cómo chingaos que no! Imaginen que en las escuelas católicas a los niños en vez de decirles pendejadas como: “Si le das un beso a tu novia se embaraza y se van a ir al infierno”, mejor les dijeran: "Si tiras papeles en la calle, en el parque o en la playa, el mundo arderá y tú junto con él; si no plantas un árbol cada mes o maltratas los que hay, el diablo te va a meter toda la chaira roja y peluda por el ano hasta sacarte las tripas; si de grande llegas borracho a tu casa y golpeas a tu mujer, Dios mismo vendrá a colgarte de los huevos, etc". ¡Qué bonito! ¿no? Con este terror de buenas intenciones cambiaríamos la mentalidad del ser humano y formaríamos ciudadanos temerosos –obviamente- pero temerosos para un beneficio general. Ciudadanos que en vez de estar pensando en que se van a ir a infierno por comer carne de res un viernes de cuaresma, piensen que se los va a cargar la chingada si explotan y marginan a sus empelados, ensucian el agua con sus bronceadores Hawaiian Tropic, maltratan a su vieja, van a corridas de toros o tienen dinero que nunca van a poder gastar mientras mueren niños por catarros mal cuidados.
Está bien emplear una doctrina de shock, pero repito, de manera positiva, no a lo pendejo como acostumbra hacer la iglesia y el gobierno la mayoría de las veces. Por eso, felicidades por esa nueva lista de pecados.
Me refiero a eso de los nuevos pecados sociales. Por mí, están con madre, que al cabo que yo soy ateo y ni los cometía antes de que se anunciaran ni los cometo ahora ni los cometeré. Me refiero a esos que hablan de fomentar la pobreza del prójimo, enriquecerse de manera grotesca sin compartir lo obtenido, contaminar el medio ambiente y pasar por alto las injusticias sociales; que más que con la religión tienen que ver con la educación, ética, moral, conciencia, sentido común y el no ser un pinche ojete como persona. Pero ya ven que la iglesia se mete en todo y, ahora, creo que por fin le atinaron en meterse en cosas que realmente importan y no andarla cagando en nimiedades.
Tanto que los líderes, funcionarios, artistas, delincuentes y de más “hijos de Dios” (¡qué soberbia considerarse hijo de un dios!) predican su “espiritualidad” y “amor” y mamadas de esas con Biblia en mano, mientras viven revolcándose en el soquete de sus propios vicios, hipocresías y contradicciones. A ver si ahora sí les da vergüenza… o igual y siguen de dobles caras, como siempre lo han hecho.
Lo malo de estos nuevos pecados es que puede salir contraproducente esa “buena intención” de la iglesia por crear consciencia y menos injusticias sociales, pues se le pueden ir creyentes que se den cuenta que ni siquiera esa institución predica con el ejemplo y se sigue enriqueciendo y no paga impuestos y mantiene a los pobres pobres, etcétera.
Si infundiéndoles un terror de ir al infierno a esos mexicanos valevergas que tienen jodida a la nación va a traer como consecuencia crear mejores ciudadanos, pues por mí está muy bien; es más: que lavar el coche con manguera o tardar más de 5 minutos en la regadera también sean pecados mortales y que a todos se los cargue la chingada en el infierno. Si así voy a tener playas limpias, cielo azul y parajes libres de basura, ¡adelante!, que se les inculque desde niños el temor a atentar contra el planeta por ser pecado.
Yo siempre he pensado que infundir el terror de manera inteligente es algo muy bueno. No como los pinches gringos, que se la pasan con sus mamadas de: “Ay, puede haber un atentado terrorista en el SuperBowl, nos odian, hay malos allá afuera, son barbones y nos quieren matar, bujujuju”, y dos horas después: “No, ya están a salvo, querido pueblo americano, el gobierno acaba de bombardear otra aldea pobre y se descarta el posible atentado”. Y todos los gringos viven con el culo en la mano, pero protegidos. Pffft, a quién vergas le importa el Superbowl para ir a cometer un acto terrorista, por favor, pinches gringos orates. En fin.
Para que me entiendan mejor esta propuesta de sembrar el terror entre los ciudadanos de manera positiva para así crear mejores personas y mejores sociedades, ahí les va un ejemplo:
Imaginen que agarran a un explotador de niños: un güey que les vendía droga y luego los violaba y cometía las peores vejaciones con ellos. ¿Cómo acabar con el problema sin sobrepoblar los penales? Pues por medio del terror. Agarras al Presidente de la República (un presidente inteligente y con huevos, obviamente), lo grabas con todas las cámaras de todas las televisoras en vivo, en cadena nacional y horario triple A; con pistola en mano, diciendo algo así como: “¡Ya me tienen hasta la chingada, pinches delincuentes, secuestradores, y de más enemigos de la paz y el bienestar de los mexicanos!”. En eso, que le dé un balazo a quemarropa en la cabeza a la pinche piltrafa violadora y luego mire de frente a las cámaras: “No me provoquen hijos de la chingada, porque esto les va a pasar a todos y cada uno de ustedes si siguen cometiendo ilícitos y atrocidades”. ¿A poco no te cagas pa dentro si ves esto en la telera? Y pos uno qué; uno no hace esas cosas, ¿pero qué tal los delincuentes?; de perdido le pensarían dos veces, y todo gracias al terror bien inducido. Así le hacen los gringos con sus videos falsos del Al Quepedo o esa madre; así le hacen los narcotraficantes con sus videos de ejecutados y tienen el dominio el país; ¿por qué no utilizar ese método de terror en algo positivo?
Sí, yo propongo una doctrina del terror, como la que ha venido fomentado pendejamente la iglesia contra el condón, las cogidas fuera del matrimonio o las mujeres divorciadas, pero en temas verdaderamente importantes. Una doctrina del terror bien planteada, menos convenenciera y más dócil; que no caiga en un régimen represor o dictadura, o una de esas cosas pasadas de moda. Un régimen de terror contra terroristas ambientales, infanticidas, delincuentes de cuello blanco y de más cuacha social. Una doctrina de shock positiva para crear mejores seres humanos ¿Que el terror no trae nada positivo? ¡Cómo chingaos que no! Imaginen que en las escuelas católicas a los niños en vez de decirles pendejadas como: “Si le das un beso a tu novia se embaraza y se van a ir al infierno”, mejor les dijeran: "Si tiras papeles en la calle, en el parque o en la playa, el mundo arderá y tú junto con él; si no plantas un árbol cada mes o maltratas los que hay, el diablo te va a meter toda la chaira roja y peluda por el ano hasta sacarte las tripas; si de grande llegas borracho a tu casa y golpeas a tu mujer, Dios mismo vendrá a colgarte de los huevos, etc". ¡Qué bonito! ¿no? Con este terror de buenas intenciones cambiaríamos la mentalidad del ser humano y formaríamos ciudadanos temerosos –obviamente- pero temerosos para un beneficio general. Ciudadanos que en vez de estar pensando en que se van a ir a infierno por comer carne de res un viernes de cuaresma, piensen que se los va a cargar la chingada si explotan y marginan a sus empelados, ensucian el agua con sus bronceadores Hawaiian Tropic, maltratan a su vieja, van a corridas de toros o tienen dinero que nunca van a poder gastar mientras mueren niños por catarros mal cuidados.
Está bien emplear una doctrina de shock, pero repito, de manera positiva, no a lo pendejo como acostumbra hacer la iglesia y el gobierno la mayoría de las veces. Por eso, felicidades por esa nueva lista de pecados.
miércoles, marzo 12, 2008
La Esposa del Filósofo de Cantina
La Mujer del Filósofo de Cantina alguna vez me dijo:
“Siempre he sentido desprecio por los hombres que se hacen pasar por amigos de las mujeres. Esos que llegan todos lindos y buena onda, ocultando sus verdaderas intenciones hasta ganar tu confianza y -un par de meses después- declararte su amor o llevarte a la cama. No sé, nunca he confiado en ellos. Me parece hipócrita esa actitud; se me hace falsa y alevosa. Yo siempre preferí a los hombres que de buenas a primeras te decían lo que sentían, así fuera al segundo día de verte o al minuto de conocerte. Son más arrojados; más valientes y con los sentimientos a flor de piel. Los que se hacen pasar por amigos son cobardes y la mayoría de ellos cambian cuando se convierten en tus novios: se vuelven todo lo contrario de lo que mostraron ser cuando decían ser tus amigos. Es preferible el hombre que desnuda sus intenciones y sentimientos a la primera -porque estoy segura que no con cualquiera lo hacen-, que el que va recolectando amigas por la vida a ver cuál de todas cae en sus brazos.
Por eso yo amo a mi viejo y sigo con él: por sincerote. Porque el primer día que me vio, me declaró su amor, y aparte, me llevó a la cama”.
“Siempre he sentido desprecio por los hombres que se hacen pasar por amigos de las mujeres. Esos que llegan todos lindos y buena onda, ocultando sus verdaderas intenciones hasta ganar tu confianza y -un par de meses después- declararte su amor o llevarte a la cama. No sé, nunca he confiado en ellos. Me parece hipócrita esa actitud; se me hace falsa y alevosa. Yo siempre preferí a los hombres que de buenas a primeras te decían lo que sentían, así fuera al segundo día de verte o al minuto de conocerte. Son más arrojados; más valientes y con los sentimientos a flor de piel. Los que se hacen pasar por amigos son cobardes y la mayoría de ellos cambian cuando se convierten en tus novios: se vuelven todo lo contrario de lo que mostraron ser cuando decían ser tus amigos. Es preferible el hombre que desnuda sus intenciones y sentimientos a la primera -porque estoy segura que no con cualquiera lo hacen-, que el que va recolectando amigas por la vida a ver cuál de todas cae en sus brazos.
Por eso yo amo a mi viejo y sigo con él: por sincerote. Porque el primer día que me vio, me declaró su amor, y aparte, me llevó a la cama”.
lunes, marzo 10, 2008
...lunes...
Pocas cosas nos hacen saber que no somos poca cosa. Si logras que alguien ría, se ruborice, se conmueva, llore de emoción o se acuerde de ti después de mucho tiempo, entonces ha valido la pena cruzar la maraña de ramas espinadas en que a veces se convierte la vida.
jueves, marzo 06, 2008
Rompiendo el hielo
Me estaba echando unas cheves con un compa el fin de semana. Llegó al lugar un amigo de mi compa que yo no conocía. Cuando mi compa se paró al baño a descargar la primer miada de la noche, su amigo me preguntó lo más extraño que he escuchado en mi vida:
-¿Y qué onda: vas a ir al concierto de los Backstreet Boys?
Me quedé helado.
No sé si fue la manera más pendeja de romper un silencio incómodo con un desconocido, si me vio cara de puto, si pensó que tenía pésimos gustos musicales o no sé qué chingados tendría este güey en la cabeza.
¿O es normal que a un cabrón treintón le gusten los Backstreet Boys?
Brrrrrr... lo recuerdo y me dan escalofríos.
-¿Y qué onda: vas a ir al concierto de los Backstreet Boys?
Me quedé helado.
No sé si fue la manera más pendeja de romper un silencio incómodo con un desconocido, si me vio cara de puto, si pensó que tenía pésimos gustos musicales o no sé qué chingados tendría este güey en la cabeza.
¿O es normal que a un cabrón treintón le gusten los Backstreet Boys?
Brrrrrr... lo recuerdo y me dan escalofríos.
martes, marzo 04, 2008
Noticias
Hoy martes a la una de la tarde rellenamos las estanterías de la cafetería de la librería Gandhi con ¡#$%&! Cómics. Así es que si se dan la vuelta esta semana de seguro encontrarán desde el 1 hasta el recién salido número 5, para todos aquellos que no tengan su colección completa.

También recuerden que si no son de Monterrey pueden suscribirse por $250 pesitos, incluyendo ya los gastos de envío y uno que otro regalillo que mandamos porque somos bien buenas ondas. Doce números de ¡#$%&! Cómics por esa lana a cualquier parte de la república: ni la Madre Teresa de Calcuta era tan bondadosa, snif. Mándenme un mail -o al mail de la revista- si les interesa, para pasarles la cuenta donde se hace el depósito.
A todos los colaboradores de ¡#$%&! Cómics: por favor manden su dirección para enviarles sus revistas sin costo alguno.
A quienes ya se suscribieron y no les han llegado sus paquetes, pónganse en contacto conmigo. Al parecer -y gracias al Dios de los carteros- nada más fueron dos personas, pues fueron los dos paquetes que me devolvieron sanos y salvos.
Saludos a todos.

También recuerden que si no son de Monterrey pueden suscribirse por $250 pesitos, incluyendo ya los gastos de envío y uno que otro regalillo que mandamos porque somos bien buenas ondas. Doce números de ¡#$%&! Cómics por esa lana a cualquier parte de la república: ni la Madre Teresa de Calcuta era tan bondadosa, snif. Mándenme un mail -o al mail de la revista- si les interesa, para pasarles la cuenta donde se hace el depósito.
A todos los colaboradores de ¡#$%&! Cómics: por favor manden su dirección para enviarles sus revistas sin costo alguno.
A quienes ya se suscribieron y no les han llegado sus paquetes, pónganse en contacto conmigo. Al parecer -y gracias al Dios de los carteros- nada más fueron dos personas, pues fueron los dos paquetes que me devolvieron sanos y salvos.
Saludos a todos.
lunes, marzo 03, 2008
La niña y el Dios cobarde
Domingo, nueve treinta de la noche.
- Mira, mija: ya llegó el muchacho que te gusta.
La niña se sonroja mientras se esconde detrás de la falda de su madre, quien acaba de delatarla. Hago como que no escucho y doy las buenas noches.
Una vez por semana voy a ese puesto de tacos. Los de trompo con queso en tortilla de harina están muy buenos; además de baratos.
- ¡Ándale!, atiende al joven –dice la madre, y la niña asoma el rostro con las manos tapando su boca para ocultar que sonríe.
No tiene más de 12 años. Siempre que posa su mirada en mí es celestial. Le sonrío meneando la mano y por fin sale de atrás de su madre, riendo aún, pero ya sin mirarme. Es morena, de ojos grandes -casi saltones- y muy espigada. De mayor será una belleza.
La pequeña toma una vasija con cebolla y cilantro bien picados, los botes de las salsas y un plato con limones que deja sobre mi mesa.
- Gracias, chula –le digo, y corre hacia su madre para abrazarla riendo, posando de nuevo su mirada en la mía cuando se le pasa la pena.
Es curioso gustarle a una niña. Quién sabe qué pensarán o cómo lo verán a uno. Es un halago inocente que no nos genera ego ni vanidad.
Pero es más curioso que una niña de no más de 12 años tenga que atender un puesto de tacos. Siempre está ahí, sin remilgar, ayudando a su mamá en lo que puede. Ignoro si tenga muñecas, tacitas de té o planchita para jugar. Tal vez el haberla empujado hacia el mundo adulto de las responsabilidades debido a las carencias económicas le haya borrado el recuerdo de su mundo infantil. O tal vez nunca tuvo mundo infantil. Tampoco sé si tenga padre. No sé si tenga bicicleta o patines, pero aunque los tuviera: las calles del barrio son transitadas y peligrosas. Ignoro si vaya a la escuela, aunque ¿qué educación podría recibir en una escuela de gobierno gratuita con maestros mal pagados? Las veces que le he preguntado alguna de estas dudas, ríe y se va corriendo.
Pido la cuenta. Son 28 pesos. Pago con un billete de 50 y le digo a la señora que así lo deje.
- Adiós, chula –me despido de la niña.
- Dile adiós al muchacho, mija –y la niña se esconde detrás de su madre, riéndo, como siempre.
Sé que mis 30 pinches pesillos de más no hacen la diferencia, pero son tiempos en que Dios –si es que existe- le teme a los humanos, por eso no hace acto de presencia.
Dios se ha acobardado, y con justa razón. Teme presentarse y ser denigrado; humillado. Teme ser llamado naco, jodido o pinche barbón chancludo, porque el humano se ha vuelto despectivo y prejuicioso con sus semejantes. Le atemoriza presentarse y darse cuenta el mierdero en que hemos transformado el mundo, por eso mejor hace oídos sordos. Teme quebrarse en llanto por las grandes diferencias que se hemos creado entre nosotros y teme volverse loco ante tanto loco, por eso mejor se hace pendejo.
Por eso, si Dios es un cobarde y no hace su trabajo, pues uno tiene que armarse de huevos y hacerlo, ayudando en lo que pueda, aunque sean 30 pinches pesillos. Así, a falta de Dios, uno se convierte en el Dios de otras personas.
- Mira, mija: ya llegó el muchacho que te gusta.
La niña se sonroja mientras se esconde detrás de la falda de su madre, quien acaba de delatarla. Hago como que no escucho y doy las buenas noches.
Una vez por semana voy a ese puesto de tacos. Los de trompo con queso en tortilla de harina están muy buenos; además de baratos.
- ¡Ándale!, atiende al joven –dice la madre, y la niña asoma el rostro con las manos tapando su boca para ocultar que sonríe.
No tiene más de 12 años. Siempre que posa su mirada en mí es celestial. Le sonrío meneando la mano y por fin sale de atrás de su madre, riendo aún, pero ya sin mirarme. Es morena, de ojos grandes -casi saltones- y muy espigada. De mayor será una belleza.
La pequeña toma una vasija con cebolla y cilantro bien picados, los botes de las salsas y un plato con limones que deja sobre mi mesa.
- Gracias, chula –le digo, y corre hacia su madre para abrazarla riendo, posando de nuevo su mirada en la mía cuando se le pasa la pena.
Es curioso gustarle a una niña. Quién sabe qué pensarán o cómo lo verán a uno. Es un halago inocente que no nos genera ego ni vanidad.
Pero es más curioso que una niña de no más de 12 años tenga que atender un puesto de tacos. Siempre está ahí, sin remilgar, ayudando a su mamá en lo que puede. Ignoro si tenga muñecas, tacitas de té o planchita para jugar. Tal vez el haberla empujado hacia el mundo adulto de las responsabilidades debido a las carencias económicas le haya borrado el recuerdo de su mundo infantil. O tal vez nunca tuvo mundo infantil. Tampoco sé si tenga padre. No sé si tenga bicicleta o patines, pero aunque los tuviera: las calles del barrio son transitadas y peligrosas. Ignoro si vaya a la escuela, aunque ¿qué educación podría recibir en una escuela de gobierno gratuita con maestros mal pagados? Las veces que le he preguntado alguna de estas dudas, ríe y se va corriendo.
Pido la cuenta. Son 28 pesos. Pago con un billete de 50 y le digo a la señora que así lo deje.
- Adiós, chula –me despido de la niña.
- Dile adiós al muchacho, mija –y la niña se esconde detrás de su madre, riéndo, como siempre.
Sé que mis 30 pinches pesillos de más no hacen la diferencia, pero son tiempos en que Dios –si es que existe- le teme a los humanos, por eso no hace acto de presencia.
Dios se ha acobardado, y con justa razón. Teme presentarse y ser denigrado; humillado. Teme ser llamado naco, jodido o pinche barbón chancludo, porque el humano se ha vuelto despectivo y prejuicioso con sus semejantes. Le atemoriza presentarse y darse cuenta el mierdero en que hemos transformado el mundo, por eso mejor hace oídos sordos. Teme quebrarse en llanto por las grandes diferencias que se hemos creado entre nosotros y teme volverse loco ante tanto loco, por eso mejor se hace pendejo.
Por eso, si Dios es un cobarde y no hace su trabajo, pues uno tiene que armarse de huevos y hacerlo, ayudando en lo que pueda, aunque sean 30 pinches pesillos. Así, a falta de Dios, uno se convierte en el Dios de otras personas.
sábado, marzo 01, 2008
Tiras de sábado al 2 X 1
jueves, febrero 28, 2008
Dibujitos
Tener un día de más cada cuatro años hizo a febrero el mes más loco, uy, qué loco; así como a mi compadre Pedro, que nomás porque se tiró un pedo en la secundaria le apodaron el Pedorro de por vida.
Termina este mes -el llamado mes del amor- y según los resultados de las encuestas soltados por la Consula Michilofsky, estas son las mujeres con las que un hombre debe evitar salir:

Y estos son los hombres con quienes las mujeres deben evitar salir.
Termina este mes -el llamado mes del amor- y según los resultados de las encuestas soltados por la Consula Michilofsky, estas son las mujeres con las que un hombre debe evitar salir:

Y estos son los hombres con quienes las mujeres deben evitar salir.
domingo, febrero 24, 2008
Los Apodos en la Secu
“Trejo”, “Lagunes”, “Palomo”, “Ruvalcaba”, “Pacheco”, “Bortoni”. Acostumbrábamos a llamarnos por nuestro apellido. De esos son de los que me acuerdo porque eran los que me parecían chidos. Aparte, a los “Pérez”, “Garza” o “Sánchez” nunca los llamaban así.
Llamarnos por nuestro apellido –el paterno la mayoría de las veces- nos hacía sentir mayores. A quienes llamaban por su apellido tenían la seguridad que no se les pondría un apodo durante los tres años que duraba la secundaria. Era una ley intrínseca que siempre se cumplía.
Algunos apellidos se prestaban para ser apodos, como le sucedió a Rodolfo Pompa, al que llamábamos “Pinche Nalgón”, o a Mauricio Minakata, que le decíamos “Minacaca”. Yo era de este tipo de alumnos con el apellido deformado a apodo y el único al que llamaban por su apellido materno. Me decían “Calavera”, por flaco y por el Talavera. Me dijeron “Caballero” como por dos días, pero al enterarse del Talavera les pareció más gracioso y me lo cambiaron. Pero bueno, eso era mejor y menos cruel que otros apodos.
Recuerdo que a Edmundo, un estudiante chilango, muy moreno, le pusieron "el Caníbal", y en prepa, cuando nuestro humor era más agudo y mordaz, se lo modificaron por "Viernes", el nombre del amigo salvaje de Robinson Crusoe. Yo siempre le dije “Mundo”, pues notaba su mirada de tristeza cada que le decían “Caníbal”, aparte, cargar con el estigma del chilango en un colegio marsita de Monterrey no creo que fuera fácil para él.
La raza es muy cruel en la secu.
Llamarnos por nuestro apellido –el paterno la mayoría de las veces- nos hacía sentir mayores. A quienes llamaban por su apellido tenían la seguridad que no se les pondría un apodo durante los tres años que duraba la secundaria. Era una ley intrínseca que siempre se cumplía.
Algunos apellidos se prestaban para ser apodos, como le sucedió a Rodolfo Pompa, al que llamábamos “Pinche Nalgón”, o a Mauricio Minakata, que le decíamos “Minacaca”. Yo era de este tipo de alumnos con el apellido deformado a apodo y el único al que llamaban por su apellido materno. Me decían “Calavera”, por flaco y por el Talavera. Me dijeron “Caballero” como por dos días, pero al enterarse del Talavera les pareció más gracioso y me lo cambiaron. Pero bueno, eso era mejor y menos cruel que otros apodos.
Recuerdo que a Edmundo, un estudiante chilango, muy moreno, le pusieron "el Caníbal", y en prepa, cuando nuestro humor era más agudo y mordaz, se lo modificaron por "Viernes", el nombre del amigo salvaje de Robinson Crusoe. Yo siempre le dije “Mundo”, pues notaba su mirada de tristeza cada que le decían “Caníbal”, aparte, cargar con el estigma del chilango en un colegio marsita de Monterrey no creo que fuera fácil para él.
La raza es muy cruel en la secu.
miércoles, febrero 20, 2008
lunes, febrero 18, 2008
De Blogstars y otras pendejadas
Fue una noche de copas una noche loca la noche que me metí a checar blogs, deporte que –como el críquet en elefante- no practicaba desde hacía ya mucho tiempo, salvo los blogs que leo de ley desde hace casi 4 años. Tuve que tomarme unas cervezas y medio litro de Charanda "La Verga me han de Pelar" (no es broma, así se llama, denle clic aquí para que vean que es cierto) para agarrar valor y aguantar lo que vi en la blogósfera. Con tanta mamada hacen que uno deje de ser ateo para poder exclamar: ¡Dios mío, qué horror!
Sigue habiendo güeyes que en su perfil ponen:
Nombre: Animal Nocturno (¡ay, weeey!, este wey ha de ser bien interesante y ha de tener una plática bien profunda).
Perfil: Escribo porque es mi única manera de subsistir en este mundo de incoherencias bla bla bla (de hueva)
O el mamón que se autodenomina: “Amante de la luna en tu ombligo y conquistador de tus pechos, poeta de las nubes y soñador irredento”. Alguien mátelo, por favor.
Las que se repiten y repiten y repiten son las viejas histéricas que se autonombran “divina neurótica, de carácter fuerte y voluble, sarcástica cuando la situación lo amerita, bla bla bla”. Les repito: ¿qué persona en su sano juicio quiere conocer a alguien que se autodenomina neurótico, sarcástico, voluble y esas cosas que creen que son “cool”? Y creen que ser así es ser cool nada más porque ven la pinche serie esa del tal Dr. House y, “ay, qué personaje tan chingón, yo quiero ser así de mamón como él”. Chale, qué mugrero. Lo más vergonzoso del caso es que, cuando conoces a estas personas, te das cuenta que son unos ñoñazos.
También me di cuenta que se sigue empleando el término “blogstars” para denominar a uno que otro autor de algún blog entretenido. Ah, y que han surgido nuevos “blogstars”. ¡WOW!
Lo que más risa me da son los blogueros “comunes y corrientes” que se la pasan firmando en los blogs de los llamados “blogstars” para ver si el “blogstar” se digna en visitar su blog y dejarle algún comment. Si Dios se apiada de ellos y el, Oh, Gran Señor “Blogstar” considera bueno el blog de su fan, entonces lo linkeará en su lista de “blogs favoritos”, lo que vendría siendo orgásmico para el pobre pendejo que busca atención.
Pero antes de ser linkeado en el blog del “blogstar” hay todo un proceso. Primero, el “blogstar” se tiene que dar la vuelta al blog del fan que está chingue y chingue que le presten atención (sutilmente, nunca diciendo: “checa mi blog”), y el “blogstar”, muy digno él siempre, al principio no le comentará nada porque, pues no: ¡el es un “blogstar”!, cómo se va a rebajar a dejarle un comment a un principiante. ¡Eso es fama gratuita! ¡Que se la gane a pulso!, piensa el “blogstar” muy digno él siempre.
Ya después de un tiempo, el “blogstar” dejará un mensaje corto, algo así como: “Saludos” o “Chido”. Con estos mensajes cortos y parcos le está diciendo de manera indirecta a su fan: “Sigue trabajando, aún te falta mucho para llegar a ser blogstar como yo, pero aquí te estoy checando a ver si llegas a ser de mi agrado”.
Hay “blogstars que leen en secreto blogs de mortales con cierto talento para escribir pero que no son “blogstars” como ellos. Pero ser “blogstar” y aceptar que eres fan de un blog que no es de un “blogstar” es inaceptable, pues la imagen de “blogstar” todopoderoso se desmorona y el humo de misterio y mamonés que rodea a la “superestrella de la blogósfera” se desvanece. Obviamente, los “blogstars” no dejan comment en esos blogs porque su autor nunca ha dejado comments lambiscones en el blog del “blogstar” y porque, pues no, ellos son “blogstars” y el aceptar que un mortal pedorro y bloguero principiante escribe bien y no se ha fijado en ellos, pues no es de “blogstars”.
O si no, sucede que dejan comments arrogantes y envidiosos en los blogs que leen a escondidas, algo así como: “Antes me gustaba más tu blog… adiós”, creyendo que causan un derrumbe emocional en esa persona. Creen que de seguro el autor del blog va a pensar: “Oh, Dios, no sabía que este blogstar me leía, ¡y sí me leía!, pero ahora ya no me va a leer porque ya no le gusta lo que escribo, ¡snif!, de haber sabido que me leía le hubiera echado más ganas a mis escritos, bujujuju, ahora no me linkeará, ¡buaaa!”. Yo me pregunto: ¿por qué cuando les gustaba el blog nunca pusieron que les gustaba? Bah. ¡Anden a la riata, bola de mamones!
Ya para terminar, porque estoy a punto de golpear mi cabeza contra el monitor de la computadora, los mentados “blogstars” que realmente creen ser “estrellas” y se sienten “famosos” son lo que se la pasan cacareando que a ellos les vale madre el mundo, que les vale ñonga las opiniones, que les vale madre que los visiten o no los visiten, que ellos escriben para ellos y no para los demás y chim pum pam tortillas papas. Pregúntome yo (ya ven lo preguntón que soy): ¿por qué entonces no quitan los comments?
En fin. Que cada quien haga con su ego y su blog lo que quiera.
Sigue habiendo güeyes que en su perfil ponen:
Nombre: Animal Nocturno (¡ay, weeey!, este wey ha de ser bien interesante y ha de tener una plática bien profunda).
Perfil: Escribo porque es mi única manera de subsistir en este mundo de incoherencias bla bla bla (de hueva)
O el mamón que se autodenomina: “Amante de la luna en tu ombligo y conquistador de tus pechos, poeta de las nubes y soñador irredento”. Alguien mátelo, por favor.
Las que se repiten y repiten y repiten son las viejas histéricas que se autonombran “divina neurótica, de carácter fuerte y voluble, sarcástica cuando la situación lo amerita, bla bla bla”. Les repito: ¿qué persona en su sano juicio quiere conocer a alguien que se autodenomina neurótico, sarcástico, voluble y esas cosas que creen que son “cool”? Y creen que ser así es ser cool nada más porque ven la pinche serie esa del tal Dr. House y, “ay, qué personaje tan chingón, yo quiero ser así de mamón como él”. Chale, qué mugrero. Lo más vergonzoso del caso es que, cuando conoces a estas personas, te das cuenta que son unos ñoñazos.
También me di cuenta que se sigue empleando el término “blogstars” para denominar a uno que otro autor de algún blog entretenido. Ah, y que han surgido nuevos “blogstars”. ¡WOW!
Lo que más risa me da son los blogueros “comunes y corrientes” que se la pasan firmando en los blogs de los llamados “blogstars” para ver si el “blogstar” se digna en visitar su blog y dejarle algún comment. Si Dios se apiada de ellos y el, Oh, Gran Señor “Blogstar” considera bueno el blog de su fan, entonces lo linkeará en su lista de “blogs favoritos”, lo que vendría siendo orgásmico para el pobre pendejo que busca atención.
Pero antes de ser linkeado en el blog del “blogstar” hay todo un proceso. Primero, el “blogstar” se tiene que dar la vuelta al blog del fan que está chingue y chingue que le presten atención (sutilmente, nunca diciendo: “checa mi blog”), y el “blogstar”, muy digno él siempre, al principio no le comentará nada porque, pues no: ¡el es un “blogstar”!, cómo se va a rebajar a dejarle un comment a un principiante. ¡Eso es fama gratuita! ¡Que se la gane a pulso!, piensa el “blogstar” muy digno él siempre.
Ya después de un tiempo, el “blogstar” dejará un mensaje corto, algo así como: “Saludos” o “Chido”. Con estos mensajes cortos y parcos le está diciendo de manera indirecta a su fan: “Sigue trabajando, aún te falta mucho para llegar a ser blogstar como yo, pero aquí te estoy checando a ver si llegas a ser de mi agrado”.
Hay “blogstars que leen en secreto blogs de mortales con cierto talento para escribir pero que no son “blogstars” como ellos. Pero ser “blogstar” y aceptar que eres fan de un blog que no es de un “blogstar” es inaceptable, pues la imagen de “blogstar” todopoderoso se desmorona y el humo de misterio y mamonés que rodea a la “superestrella de la blogósfera” se desvanece. Obviamente, los “blogstars” no dejan comment en esos blogs porque su autor nunca ha dejado comments lambiscones en el blog del “blogstar” y porque, pues no, ellos son “blogstars” y el aceptar que un mortal pedorro y bloguero principiante escribe bien y no se ha fijado en ellos, pues no es de “blogstars”.
O si no, sucede que dejan comments arrogantes y envidiosos en los blogs que leen a escondidas, algo así como: “Antes me gustaba más tu blog… adiós”, creyendo que causan un derrumbe emocional en esa persona. Creen que de seguro el autor del blog va a pensar: “Oh, Dios, no sabía que este blogstar me leía, ¡y sí me leía!, pero ahora ya no me va a leer porque ya no le gusta lo que escribo, ¡snif!, de haber sabido que me leía le hubiera echado más ganas a mis escritos, bujujuju, ahora no me linkeará, ¡buaaa!”. Yo me pregunto: ¿por qué cuando les gustaba el blog nunca pusieron que les gustaba? Bah. ¡Anden a la riata, bola de mamones!
Ya para terminar, porque estoy a punto de golpear mi cabeza contra el monitor de la computadora, los mentados “blogstars” que realmente creen ser “estrellas” y se sienten “famosos” son lo que se la pasan cacareando que a ellos les vale madre el mundo, que les vale ñonga las opiniones, que les vale madre que los visiten o no los visiten, que ellos escriben para ellos y no para los demás y chim pum pam tortillas papas. Pregúntome yo (ya ven lo preguntón que soy): ¿por qué entonces no quitan los comments?
En fin. Que cada quien haga con su ego y su blog lo que quiera.
sábado, febrero 16, 2008
Aventurita de borrachera
Estábamos en casa de mi amigo Júpiter Zeuz tomándonos unas cheves, hace ya algunos años, cuando las cheves y la plática se alargaban hasta las 6 o 7 de la mañana. Ese día, ya para antes de las 4 de la madrugada no había ni una cerveza en la hielera ni teníamos dinero para comprar más. En eso, que sale el papá de mi compadre Júpiter Zeuz al patio y nos dice:
- A ver: ¿ pos cuántos son?
Y empieza a contarnos señalándonos con el dedo:
- Uno... dos... tres... cuatro...
Todos pensamos: "Qué a toda madre el señor Don Heitor, de seguro va a darnos las cervezas que tiene guardadas en el refrigerador, pero primero anda viendo si alcanzan para todos".
- ... seis... siete... ¡¡¡Siete cabrones que se me van a chingar a su madre pero YA!!! - tronando los dedos bien feito.
Nos fuimos bien tristes y ya no dejaron que nos juntáramos todos los días a chupar en casa de Júpiter, snif.
- A ver: ¿ pos cuántos son?
Y empieza a contarnos señalándonos con el dedo:
- Uno... dos... tres... cuatro...
Todos pensamos: "Qué a toda madre el señor Don Heitor, de seguro va a darnos las cervezas que tiene guardadas en el refrigerador, pero primero anda viendo si alcanzan para todos".
- ... seis... siete... ¡¡¡Siete cabrones que se me van a chingar a su madre pero YA!!! - tronando los dedos bien feito.
Nos fuimos bien tristes y ya no dejaron que nos juntáramos todos los días a chupar en casa de Júpiter, snif.
miércoles, febrero 13, 2008
Una del 14 y novedades del Capitán Cooltura
Primero que nada, una tira sobre el 14 de febrero:

AVISO:
El lunes 31 de marzo empieza la primera temporada de El Capitán Cooltura y el Agente Moleskine. No se pierdan sus aventuras a todo color, todos los lunes y viernes a partir de ese mentado día.
Ahí les va una probadita pa que no digan que soy gacho:

AVISO:
El lunes 31 de marzo empieza la primera temporada de El Capitán Cooltura y el Agente Moleskine. No se pierdan sus aventuras a todo color, todos los lunes y viernes a partir de ese mentado día.
Ahí les va una probadita pa que no digan que soy gacho:
sábado, febrero 09, 2008
Me retracto a medias...
Chaaale... Ya me regañaron por el post de abajo, snif.
Me dicen que McCain merece más respeto y menos desprecio de mi parte; que si no sé de lo que estoy hablando mejor me calle el hocico, que porque de política no sé nada. ¡Ay, qué frustración!
Algunos me dicen que McCain merece mi admiración por ser un sobreviviente del cáncer de piel; ahí la razón de sus cachetes de jerbo. Cosa que ignoraba (lo del cáncer, no lo de los cachetes de jerbo)
Otros me dicen que McCain merece todo mi respeto y loas por ser un héroe de guerra que pasó más de 5 años preso en Vietnam cuando su avión fue derribado, siendo víctima de las peores torturas y vejaciones que a un hombre se le pueden aplicar. Me dicen que le quebraron el brazo y el hombro a bayonetazos, que le destrozaron la cara a punta de chingazos para sacarle información, que su papi fue un militar de alto rango y que bla bla bla.
Pero yo creo que el que busca encuentra. Es obvio que si vas de montonero a invadir un país jodido sin razón aparente y caes en manos enemigas, pues te van a dar con todo hasta tumbarte el último diente. A mí, la mera verdad, esos "héroes de guerra" que tanto cacarean los Estado Unidos me parecen patéticos. Ni son héroes ni creo que merezcan el mínimo respeto. Son asesinos. Punto. Son pendejos que se creen toda esa mierda patriótica que les vende el gobierno para lavarles el cerebro. Si al señor este le fue como le fue es porque andaba metido en el desmadre. No sé, a mí no me parece algo honorable salir vivo de una guerra; salir con vida del lugar al que fuiste a arrasar con todo. Pero ese es mi humilde punto de vista.
Imaginen de presidente a un güey con esos traumas y con todas esas secuelas que le dejó la guerra en su cabecita. Brrrrr... está para temblar.
Si por algo puedo respetar a McCain es por ser sobreviviente del cáncer. Por otra cosa no.
Me dicen que McCain merece más respeto y menos desprecio de mi parte; que si no sé de lo que estoy hablando mejor me calle el hocico, que porque de política no sé nada. ¡Ay, qué frustración!
Algunos me dicen que McCain merece mi admiración por ser un sobreviviente del cáncer de piel; ahí la razón de sus cachetes de jerbo. Cosa que ignoraba (lo del cáncer, no lo de los cachetes de jerbo)
Otros me dicen que McCain merece todo mi respeto y loas por ser un héroe de guerra que pasó más de 5 años preso en Vietnam cuando su avión fue derribado, siendo víctima de las peores torturas y vejaciones que a un hombre se le pueden aplicar. Me dicen que le quebraron el brazo y el hombro a bayonetazos, que le destrozaron la cara a punta de chingazos para sacarle información, que su papi fue un militar de alto rango y que bla bla bla.
Pero yo creo que el que busca encuentra. Es obvio que si vas de montonero a invadir un país jodido sin razón aparente y caes en manos enemigas, pues te van a dar con todo hasta tumbarte el último diente. A mí, la mera verdad, esos "héroes de guerra" que tanto cacarean los Estado Unidos me parecen patéticos. Ni son héroes ni creo que merezcan el mínimo respeto. Son asesinos. Punto. Son pendejos que se creen toda esa mierda patriótica que les vende el gobierno para lavarles el cerebro. Si al señor este le fue como le fue es porque andaba metido en el desmadre. No sé, a mí no me parece algo honorable salir vivo de una guerra; salir con vida del lugar al que fuiste a arrasar con todo. Pero ese es mi humilde punto de vista.
Imaginen de presidente a un güey con esos traumas y con todas esas secuelas que le dejó la guerra en su cabecita. Brrrrr... está para temblar.
Si por algo puedo respetar a McCain es por ser sobreviviente del cáncer. Por otra cosa no.
jueves, febrero 07, 2008
El mejor análisis político de las elecciones en Estados Unidos
Pregúntome yo: ¿quién riatas es John McCain, de qué privilegios goza y por qué quiere ser el presidente del mundo si parece ser un vil pendejo desconocido cachetes de hamster? ¿Ya lo vieron? A mí no me chingan, eso no es normal: esas protuberancias en su rostro… ¡Dios mío! Ese señor se comió -mínimo- dos bolas de billar o se acostó con la chingada madre del mismísimo demonio y ésta le pegó una enfermedad en la jeta.
Aaaah, pero cómo les gustan a los pinches gringos esos nombrecitos fáciles de recordar y semiheróicos. Ooooh, "Huckabee", oooh, "McCain"… suena como a actor de cine... suena a MacGyver.
¡Buákatelas! Nunca había estado tan orgulloso de mí mismo por ser un racista contra los blancos.
Piénsome yo: ¿qué no nos conviene más a todos que Barack Obama sea el mero chingón y no un ruco albino y feo? Imaginen nomás a Obama:
Negro clarito, minimizado por ser "de color", oprimido, con sed de venganza contra quienes oprimieron a su raza, con rencor guardado en su sangre por generaciones...
¡¿No sería genial?! Si llegáramos a un acuerdo mutuo, estoy seguro que con él en el poder, por fin nos chingaríamos a los pinches Estados Unidos. ¿Por qué? Pues porque Obama ha sentido lo que nuestra gente prietita, de piel chocolate y de habla hispana ha pasado; porque hemos recibido los mismos tratos que su gente y hasta peores. Yo creo que Obama séría el presidente perfecto para los mexicanos y el mundo. Es más: ¡Pinche Obama eres una verga! Eres el consolador más grande de la Sex Shop de Plaza Morelos. Lástima que no pueda votar por él porque no soy puto.
Ay, snif, quesque las mujeres también tienen oportunidad y derecho de ser presidentas... ¿Quién? ¿Hillary Clinton? ¡Bah! Pinche vieja cornuda y blandengue. Imagínense: perdonarle al marido que se haya cogido a una gorda horrible y, aparte, decírselo en su cara y en cadena nacional... Chale…Eso sólo demuestra la falta de huevos de la ñora esa y lo vieja interesada y cobarde que es. Es una de esas viejas que aguantan que el marido las golpee, las humille, las orine y se los eche todos en la cara sin decir: "¡aguas!, ahí te van… aaaahhhh", con tal que les dé dinero y les compre sus trajecitos sastre. Qué asco de panocha... porque esa no es vieja: esa se reduce a panocha que quiere ser presidenta... y, aparte, panocha abandonada por una panocha gorda y joven; snif… pobre Hillary.
Volviéndo a lo del betabel McCain: si tomamos como medida para juzgarlo los estándares mundiales de trato al individuo, pues el tipo es muy feo, semideforme, es casi albino (eso, para mí, es peor que ser negro), pareciera que guarda comida chatarra dentro de unas protuberancias escondidas que tiene en el interior de sus cachetes o que se inyectara lo que Schwarzeneyer en los brazos, y, aparte, es muuuy viejo, y los pinches rucos ya pasaron de moda. Los rucos ya no son cool. Que chinguen a su madre los pinches rucos. Eso sí: ¡que vivan los rucos de los que aprendemos; esos que nos hablan de música, de cine, de libros, de desmadre y de sabias vivencias! ¡Vivan los rucos que escriben, que sueñan, que se enamoran y viajan para seguir aprendiendo! Pero, ¿McCain? ¿Realmente creen que inspira respeto con su papada caída? Es el anciano más desabrido del mundo. Vean nada más su cara y su porte. Se ríe y se le deforma la cara al pobrecito. Da más tristeza que Stallone a sus 60 años enseñando músculo en Rambo 4.
Si el negrito Obama Bin Laden no gana, seguiré sin creer en este puto mundo... y tambien si Ratatouille pierde en la categoría de Mejor Película Animada en los Óscares.
Y este post se los voy a dejar un buen rato hasta que rectifiquen lo que han hecho mal con su vida, pidan perdón y tomen de nuevo la senda del bien. Amén.
Aaaah, pero cómo les gustan a los pinches gringos esos nombrecitos fáciles de recordar y semiheróicos. Ooooh, "Huckabee", oooh, "McCain"… suena como a actor de cine... suena a MacGyver.
¡Buákatelas! Nunca había estado tan orgulloso de mí mismo por ser un racista contra los blancos.
Piénsome yo: ¿qué no nos conviene más a todos que Barack Obama sea el mero chingón y no un ruco albino y feo? Imaginen nomás a Obama:
Negro clarito, minimizado por ser "de color", oprimido, con sed de venganza contra quienes oprimieron a su raza, con rencor guardado en su sangre por generaciones...
¡¿No sería genial?! Si llegáramos a un acuerdo mutuo, estoy seguro que con él en el poder, por fin nos chingaríamos a los pinches Estados Unidos. ¿Por qué? Pues porque Obama ha sentido lo que nuestra gente prietita, de piel chocolate y de habla hispana ha pasado; porque hemos recibido los mismos tratos que su gente y hasta peores. Yo creo que Obama séría el presidente perfecto para los mexicanos y el mundo. Es más: ¡Pinche Obama eres una verga! Eres el consolador más grande de la Sex Shop de Plaza Morelos. Lástima que no pueda votar por él porque no soy puto.
Ay, snif, quesque las mujeres también tienen oportunidad y derecho de ser presidentas... ¿Quién? ¿Hillary Clinton? ¡Bah! Pinche vieja cornuda y blandengue. Imagínense: perdonarle al marido que se haya cogido a una gorda horrible y, aparte, decírselo en su cara y en cadena nacional... Chale…Eso sólo demuestra la falta de huevos de la ñora esa y lo vieja interesada y cobarde que es. Es una de esas viejas que aguantan que el marido las golpee, las humille, las orine y se los eche todos en la cara sin decir: "¡aguas!, ahí te van… aaaahhhh", con tal que les dé dinero y les compre sus trajecitos sastre. Qué asco de panocha... porque esa no es vieja: esa se reduce a panocha que quiere ser presidenta... y, aparte, panocha abandonada por una panocha gorda y joven; snif… pobre Hillary.
Volviéndo a lo del betabel McCain: si tomamos como medida para juzgarlo los estándares mundiales de trato al individuo, pues el tipo es muy feo, semideforme, es casi albino (eso, para mí, es peor que ser negro), pareciera que guarda comida chatarra dentro de unas protuberancias escondidas que tiene en el interior de sus cachetes o que se inyectara lo que Schwarzeneyer en los brazos, y, aparte, es muuuy viejo, y los pinches rucos ya pasaron de moda. Los rucos ya no son cool. Que chinguen a su madre los pinches rucos. Eso sí: ¡que vivan los rucos de los que aprendemos; esos que nos hablan de música, de cine, de libros, de desmadre y de sabias vivencias! ¡Vivan los rucos que escriben, que sueñan, que se enamoran y viajan para seguir aprendiendo! Pero, ¿McCain? ¿Realmente creen que inspira respeto con su papada caída? Es el anciano más desabrido del mundo. Vean nada más su cara y su porte. Se ríe y se le deforma la cara al pobrecito. Da más tristeza que Stallone a sus 60 años enseñando músculo en Rambo 4.
Si el negrito Obama Bin Laden no gana, seguiré sin creer en este puto mundo... y tambien si Ratatouille pierde en la categoría de Mejor Película Animada en los Óscares.
Y este post se los voy a dejar un buen rato hasta que rectifiquen lo que han hecho mal con su vida, pidan perdón y tomen de nuevo la senda del bien. Amén.
martes, febrero 05, 2008
Una tirita y nada de rollo...
lunes, febrero 04, 2008
Hola Crayola
"¿Eso que escribiste qué, pinche Guffo?... ¡¡¡Diviértenos, pendejo!!!"
Esta frase es la que más recibo en los mails que me manda la raza por ser ya medianamente gracioso y no permitir la modalidad de cometarios. Cosa que me vale madre.
Prometo próximamente poner algunos mails que me mandan los loquitos -y no tan loquitos- porque ya me confesaron "mis fans" que, por lo que se metían a mi blog, no era por lo que escribo, sino por los cometarios que me dejaban, SNIF...
Pero de todo esto he aprendido tanto... tanto...
Por ejemplo:
A ustedes no les divierte -ni les importa- si les platico que fui (y hay pendejos que siguen pensando que "fui" lleva acento) a dar dos clases de dibujo a la escuela de una primita (la menor de mis primas y que me considera un héroe porque ninguna de sus amiguitas tiene primos de treinta) y que los niños estuvieron felices porque les dibujé a Bob Esponja y a Los Padrinos Mágicos y les inculqué el amor al dibujo siendo un dibujante mediocre. Realmente a ustedes les vale verga como a mí. Pero a los niños no. Los que me conocen me dijeron: "¡¿Tú?! ¡¿Guffo?!, ¿conviviendo con niños?, ¿cómo le hiciste si no te gustan los niños?", se escandalizaron. Y yo les respondí -una frase nada graciosa, por cierto- : "El hecho de que yo no quiera tener niños no significa que los odie o que le vaya a negar a mi primita la invitación que me está haciendo a su escuela para convivir con sus amiguitos".
Los niños son lo mejor del mundo. Eso pienso porque fui uno con sus traumas y sus carencias, pero un niño muy feliz. Lástima los padres que les tocan -o nos tocan-; es puro pendejo (la mayoría de las veces), y si no fuera así, ya hubiéramos cambiado el mundo; ¿no creen?. Por eso estamos como estamos los jóvenes -y no tan jóvenes- de hoy. ¿No creen? Si tuviéramos padres bien vergas, pos fuéramos bien vergas… ¿No creen?
Pasando a otra cosa que tampoco a nadie divierte y les voy a contar, es ésta: La hija de La Fabi, Ale, entró a un concurso de declamación en su escuela y me pidió que le ayudara a escribir un escrito -valga la rebusnancia- de La Ciudad de Monterrey: esa ciudad horripilante y apestosa de la que reniego y advierto a todos que no vengan. Pero le hice un escrito bonito; hipócrita, tal vez, pero con el corazón macerado y pensando como niño... Y el 18 de febrero va a representar a su escuela y a su estado en un concurso mega mamalón y mega chingón del que esperamos sea la campeona invicta...
Les digo: esto no divierte, tampoco lo que escribo, ni mi vida ni lo que les digo que es; porque lo que es, no divierte.
Estas cosas que escribo son símplemente esas cosas que a uno lo mantienen vivo y siguiendo adelante. Como el evento de ayer en la Gandhi, donde un compa desconocido me agarra y me dice -después de que mi madre se despidió y me dio un beso-: "Pinche Guffo, te creí un culero por lo que escribes y te veo dándole un beso a tu mamá y te ves bien bueno..." ¿Cuándo dije yo que era un culero? Whatever. Nada importa -decía Bukowski- sólo lo que piensas y que hagas realmente lo que piensas: a eso se le llama honestidad. Pinche Bukowski, por eso es mi otro papá.
Esta frase es la que más recibo en los mails que me manda la raza por ser ya medianamente gracioso y no permitir la modalidad de cometarios. Cosa que me vale madre.
Prometo próximamente poner algunos mails que me mandan los loquitos -y no tan loquitos- porque ya me confesaron "mis fans" que, por lo que se metían a mi blog, no era por lo que escribo, sino por los cometarios que me dejaban, SNIF...
Pero de todo esto he aprendido tanto... tanto...
Por ejemplo:
A ustedes no les divierte -ni les importa- si les platico que fui (y hay pendejos que siguen pensando que "fui" lleva acento) a dar dos clases de dibujo a la escuela de una primita (la menor de mis primas y que me considera un héroe porque ninguna de sus amiguitas tiene primos de treinta) y que los niños estuvieron felices porque les dibujé a Bob Esponja y a Los Padrinos Mágicos y les inculqué el amor al dibujo siendo un dibujante mediocre. Realmente a ustedes les vale verga como a mí. Pero a los niños no. Los que me conocen me dijeron: "¡¿Tú?! ¡¿Guffo?!, ¿conviviendo con niños?, ¿cómo le hiciste si no te gustan los niños?", se escandalizaron. Y yo les respondí -una frase nada graciosa, por cierto- : "El hecho de que yo no quiera tener niños no significa que los odie o que le vaya a negar a mi primita la invitación que me está haciendo a su escuela para convivir con sus amiguitos".
Los niños son lo mejor del mundo. Eso pienso porque fui uno con sus traumas y sus carencias, pero un niño muy feliz. Lástima los padres que les tocan -o nos tocan-; es puro pendejo (la mayoría de las veces), y si no fuera así, ya hubiéramos cambiado el mundo; ¿no creen?. Por eso estamos como estamos los jóvenes -y no tan jóvenes- de hoy. ¿No creen? Si tuviéramos padres bien vergas, pos fuéramos bien vergas… ¿No creen?
Pasando a otra cosa que tampoco a nadie divierte y les voy a contar, es ésta: La hija de La Fabi, Ale, entró a un concurso de declamación en su escuela y me pidió que le ayudara a escribir un escrito -valga la rebusnancia- de La Ciudad de Monterrey: esa ciudad horripilante y apestosa de la que reniego y advierto a todos que no vengan. Pero le hice un escrito bonito; hipócrita, tal vez, pero con el corazón macerado y pensando como niño... Y el 18 de febrero va a representar a su escuela y a su estado en un concurso mega mamalón y mega chingón del que esperamos sea la campeona invicta...
Les digo: esto no divierte, tampoco lo que escribo, ni mi vida ni lo que les digo que es; porque lo que es, no divierte.
Estas cosas que escribo son símplemente esas cosas que a uno lo mantienen vivo y siguiendo adelante. Como el evento de ayer en la Gandhi, donde un compa desconocido me agarra y me dice -después de que mi madre se despidió y me dio un beso-: "Pinche Guffo, te creí un culero por lo que escribes y te veo dándole un beso a tu mamá y te ves bien bueno..." ¿Cuándo dije yo que era un culero? Whatever. Nada importa -decía Bukowski- sólo lo que piensas y que hagas realmente lo que piensas: a eso se le llama honestidad. Pinche Bukowski, por eso es mi otro papá.
viernes, febrero 01, 2008
Atenta invitación
Mañana sábado 2 de febrero estaremos en la librería Gandhi los editores de ¡#$%&! Cómics. Regalaremos revistas, revisaremos material para los que quieran publicar con nosotros, haremos dibujillos y llevaremos algunos regalillos. Todo esto entre 2 y 6 de la tarde. Para que se den una vuelta.

Otra cosa. Los paquetes que he mandado de revistas a direcciones de trabajo, me los han devuelto. Por favor, si sus revistas no les han llegado a los suscriptores que ya depositaron o a los que depositaron para el tan cacareado libro que no se hizo, favor de mandarme un mail con otra dirección para volverles a hacer el envío. Gracias y saludos.

Otra cosa. Los paquetes que he mandado de revistas a direcciones de trabajo, me los han devuelto. Por favor, si sus revistas no les han llegado a los suscriptores que ya depositaron o a los que depositaron para el tan cacareado libro que no se hizo, favor de mandarme un mail con otra dirección para volverles a hacer el envío. Gracias y saludos.
miércoles, enero 30, 2008
Ya había control remoto...
Ya había control remoto, mas no películas VHS. De hecho, el control de la vídeocasetera BETA era alámbrico; sólo el de la televisión era de mando a distancia.
Creo que fue después de la guerra sucia contra los Burger Boys (en todos lados decían que la carne que utilizaban para hacer sus hamburguesas era de rata). Quebraron –o los hicieron quebrar- y al poco tiempo llegaron las hamburgueserías gringas de la “eme” amarilla. Nadie cuestionó lo absurdo de fabricar hamburguesas con carne de rata. Nadie cuestiona ahora con qué hacen las hamburguesas que vinieron a reemplazar aquella empresa mexicana. Sólo un maestro de la secundaria, Mario, se llamaba; me acuerdo que dijo: “¿Imaginan la cantidad de ratas que se necesita para hacer sólo una hamburguesa? ¡Es ilógico!… No crean todo lo que la televisión dice”, y siguió dando su clase de química. Desde ese día no creo nada de lo que dice la televisión.
Rogaba a mis padre por que me llevaran al programa de Chabelo, pero me decían que se grababa en la ciudad de México. Quería una avalancha, una bicicleta y una autopista de carreras, para luego pasar a la catafixia. La ingenuidad de esa etapa no me dejaba ver que el becerro y el chivito que salían detrás de la catafixia eran en broma; que significaba que alguien acababa de perder todos sus regalos y no se había ganado nada a cambio. Pero yo quería ir al programa para ganarme el becerro o el chivito; para mí eran mejores premios que la avalancha, la bici o la pista de carritos juntos. Insistía e insistía, y se negaban y se negaban por razones obvias que son mejor no decirles a los niños y cambiar el tema. “¿Dónde crees que vamos a meter a ese animalito si te lo ganas, mijo?” –decía mi madre. “En el patio de adelante de casa de mi abuelita” –respondía yo.
Ya había refrescos sin azúcar y sopas instantáneas, pero no microondas. Al menos no en mi casa ni en casa de mis amigos. Las palomitas venían en bolsas de plástico; las más divertidas venían con el maíz teñido de colores. Se preparaban en un sartén tapado con aceite. Tronaban mejor en la cacerola que ahora en las bolsas para microwave. Me gustaba que mi madre las preparara porque sonaban como los balazos de las películas de vaqueros. Durante la ruidosa transformación de maíz a roseta, mis manos se convertían en dos revólveres y huía de los indios entre sillones, patas de mesa y puertas con tela mosquitera. Mi madre sonreía.
Siento que estoy hablando como cuando un viejo platica de algo que no me tocó vivir. Cuando los viejos hablan de juegos con palos, botes, piedras y tableros pintados en la tierra con el dedo. Cualquier persona menor de 25 años se reiría al leer que las rosetas de maíz se preparaban en sartén y que a mí me tocó vivirlo. Suena tan primitivo, tan prehistórico.
Y no es que uno esté viejo, simplemente el progreso va más rápido que nuestros mejores recuerdos.
Creo que fue después de la guerra sucia contra los Burger Boys (en todos lados decían que la carne que utilizaban para hacer sus hamburguesas era de rata). Quebraron –o los hicieron quebrar- y al poco tiempo llegaron las hamburgueserías gringas de la “eme” amarilla. Nadie cuestionó lo absurdo de fabricar hamburguesas con carne de rata. Nadie cuestiona ahora con qué hacen las hamburguesas que vinieron a reemplazar aquella empresa mexicana. Sólo un maestro de la secundaria, Mario, se llamaba; me acuerdo que dijo: “¿Imaginan la cantidad de ratas que se necesita para hacer sólo una hamburguesa? ¡Es ilógico!… No crean todo lo que la televisión dice”, y siguió dando su clase de química. Desde ese día no creo nada de lo que dice la televisión.
Rogaba a mis padre por que me llevaran al programa de Chabelo, pero me decían que se grababa en la ciudad de México. Quería una avalancha, una bicicleta y una autopista de carreras, para luego pasar a la catafixia. La ingenuidad de esa etapa no me dejaba ver que el becerro y el chivito que salían detrás de la catafixia eran en broma; que significaba que alguien acababa de perder todos sus regalos y no se había ganado nada a cambio. Pero yo quería ir al programa para ganarme el becerro o el chivito; para mí eran mejores premios que la avalancha, la bici o la pista de carritos juntos. Insistía e insistía, y se negaban y se negaban por razones obvias que son mejor no decirles a los niños y cambiar el tema. “¿Dónde crees que vamos a meter a ese animalito si te lo ganas, mijo?” –decía mi madre. “En el patio de adelante de casa de mi abuelita” –respondía yo.
Ya había refrescos sin azúcar y sopas instantáneas, pero no microondas. Al menos no en mi casa ni en casa de mis amigos. Las palomitas venían en bolsas de plástico; las más divertidas venían con el maíz teñido de colores. Se preparaban en un sartén tapado con aceite. Tronaban mejor en la cacerola que ahora en las bolsas para microwave. Me gustaba que mi madre las preparara porque sonaban como los balazos de las películas de vaqueros. Durante la ruidosa transformación de maíz a roseta, mis manos se convertían en dos revólveres y huía de los indios entre sillones, patas de mesa y puertas con tela mosquitera. Mi madre sonreía.
Siento que estoy hablando como cuando un viejo platica de algo que no me tocó vivir. Cuando los viejos hablan de juegos con palos, botes, piedras y tableros pintados en la tierra con el dedo. Cualquier persona menor de 25 años se reiría al leer que las rosetas de maíz se preparaban en sartén y que a mí me tocó vivirlo. Suena tan primitivo, tan prehistórico.
Y no es que uno esté viejo, simplemente el progreso va más rápido que nuestros mejores recuerdos.
martes, enero 29, 2008
Capitán Cooltura y el Chimicuil
Se acerca febrero, mes que odian los intelectualoides y culturosillos por ser una fecha inventada por los demonios yankis para equilibrar su economía a través del consumismo desmedido de los ingenuos enamorados. También es repudiada porque el culturoso deadeveras no se enamora mas que de sus musas y de su mano peluda por tanto "lavar a mano".
Por eso, a continuación presento un cartón de El Capitán Cooltura, que nada tiene que ver con el mes de febrero ni con el amor, pero se me hizo buen pretexto para subirlo:

Y después de muchos intentos fallidos por volar, el Chimicuil decide ir a terapia de grupo:

Por eso, a continuación presento un cartón de El Capitán Cooltura, que nada tiene que ver con el mes de febrero ni con el amor, pero se me hizo buen pretexto para subirlo:

Y después de muchos intentos fallidos por volar, el Chimicuil decide ir a terapia de grupo:

domingo, enero 27, 2008
Dormingo
Todo el desmadre empezó aquí. Y este es el diploma oficial que avala mi participación en el Primer Agujero Negro Bloguero:

Y aquí va un adelanto de lo que podrán encontrar en su revista ¡#$%&! Cómics de febrero:


Continuará...

Y aquí va un adelanto de lo que podrán encontrar en su revista ¡#$%&! Cómics de febrero:


Continuará...
jueves, enero 24, 2008
Las habas y el micro mamilas
Apenas ayer, mientras calentaba las habas con arroz que semana con semana me manda mi agüelita (quesque porque un tal doctor Rangel siempre le decía: “Dele a su familia habas y zanahoria todos los días y verá que nunca se le van a enfermar”) me di cuenta de las funciones tan mamonas que tiene mi horno de microondas. Ora verán.
Un botón para palomitas está bien, pero, ¿uno para “cochinita pibil”, otro para “choriqueso”, otro para “salsa chipotle” y uno más para el “chicharrón verde”? NO MAMEN, por favor. Y el de “pastel azeteca” (?)… NO MAMEN DOBLE. Alguien explíqueme -por favor- cómo le hace el chingao aparato para identificar si alguien metió en su interior un pastel azteca; o díganme el tiempo exacto que necesita un pastel azteca para quedar calientito y metérselo por el culo al mamón que le puso esas funciones a mi microondas, snif.
Igualmente con los demás platillos: ¿acaso el chicharrón verde necesita un tiempo específico de calentamiento para estar en su punto y por eso requiere un botón nomás para él solito? Y si meto chicharrón rojo, ¿funcionará la chingadera, lo calentará de más o quedará frío? O si quiero meter carne deshebrada con elote y pimiento morrón ¿ya me chingué porque no se puede porque no hay un botón específico para carne deshebrada con elote y pimiento morrón? ¿Por qué discriminar al picadillo, la barbacoa y la salsa de molcajete y no darles su botoncito propio? ¿Por quéeeee?
Otra mamada: el botón de “Comida para niños”. ¿Quién le dijo a Samsung (marca satánica) que los nuggets de pollo, los hot dogs, las papas fritas y los sandwiches son comida para niños?... Para niños que en 10 años apodarán “El Marra”, “El Cuino” o “El Chancho”, tal vez. Esa no es comida de niños, no mamen. Comida para niños mis huevos rasurados (¡ah, cabrón!, que feo se oyó eso...).
Bueno, y qué decir del botón de "Botanas", por favor no me hagan seguir con el botón de las botanas porque me doy un tiro. Calentar “palitos de queso”, háganme el chingado favor. "Alitas", "cáscaras de papa" (?)... ¡Dios mío!, pura mierda gringa. Pos no que muy mexicano, pinche microondas contradictorio, bipolar y de doble nacionalidad. Traidor a la patria, eso es lo que eres.
En fin. Ya saben que hasta lo que no trago me hace daño y por eso hago corajes de las pendejadas más pendejas.
Y volviendo a lo de las habas de mi agüela que, como siempre, le quedaron bien chingonas, pos yo creo que es cierto eso de que es uno de los alimentos más completos porque, a la fecha, no tengo ni primos ni tíos muertos, enfermos o tarados. Y véanme a mí: un bastión de la salud y la perfección física, snif. Lo único que el mentado doctor Rangel no le dijo a mi agüela es que, comiendo tantas habas, las patas empiezan a olerle a uno a habas. No, no es broma. Es como cuando uno traga mucho atún o come espárragos y va a miar al baño... fuuutssss...
martes, enero 22, 2008
Una tira y una foto
Se está acabando enero y me atrevo -atrevido que soy yo- a hacer un pronóstico de todos aquellos ñoños que hicieron propósitos de año nuevo:

De grande, me gustaría tener un negocio como éste de la foto. Como el soñador que soy, siempre he pensado que los crudos necesitan un trato digno y no sólo los dolores de cabeza matutinos y los reproches de sus esposas fodongas por gastarse el dinero que era para el mandado y los zapatos de los niños en chupe, snif.

P.D. Ya están activadas otra vez las fotos de los posts anteriores. Que no cunda el pánico. Saludos.
De grande, me gustaría tener un negocio como éste de la foto. Como el soñador que soy, siempre he pensado que los crudos necesitan un trato digno y no sólo los dolores de cabeza matutinos y los reproches de sus esposas fodongas por gastarse el dinero que era para el mandado y los zapatos de los niños en chupe, snif.
P.D. Ya están activadas otra vez las fotos de los posts anteriores. Que no cunda el pánico. Saludos.
sábado, enero 19, 2008
miércoles, enero 16, 2008
La tira retro
A continuación un adelanto de lo que podrán encontrar en los siguientes números de ¡#$%&! Cómics, tanto en su verión impresa como en web. Por cierto: hoy miércoles sale la número 4, así es que la podrán conseguir para el fin de semana en los lugares de costumbre.
Estén pendientes de avisos porque vamos a hacer presentaciones en la ciudad y posiblemente fuera de ella; para que se preparen a conocer a los papuchos que hacen la revista, ¡¡¡aaawww!!!.



Estén pendientes de avisos porque vamos a hacer presentaciones en la ciudad y posiblemente fuera de ella; para que se preparen a conocer a los papuchos que hacen la revista, ¡¡¡aaawww!!!.
martes, enero 15, 2008
Nacayotadas del fin de semana
Lo más naco que he visto y escuchado últimamente:
Un comercial regiomontano de acumuladores para autos que bien pudiera estar más pinche que los anuncios de Banco Azteca. Me refiero a la publicidad de los famosísimos Acumuladores LOBO (¡Ahijoelachingada! que nombre tan varonil).
Bueno, resulta que el comercial de este producto empieza con unas tomas en video bien pedorro; tomas de coches y trocas del año, "bien acá", bien lujosotas, y tomas de mecánicos muy contentos trabajando sin ensuciarse de grasa. En eso, una voz en off misteriosa dice: "Acumuladoreees L O O O B O", y en eso entra la canción de Dulce: "Porque eres un looobooo... un lobo que siempre ha vestiiido piel de ovejaaa...". Y fade out. ¡Háganme el chingado favor!
Otra nacada:
Un compa que me pregunta:
- Oye, ¿tú tienes papeles pa´ cruzar pal otro la´o?
¿"Papeles"? ¿"Cruzar"? ¿"El otro la´o"?
Por qué no dejar de emplear términos de coyote, mojarra o deportado y mejor decir: Oye, ¿tienes pasaporte? Y ya. Con eso es suficiente. Con esa sencilla frase uno entiende que se puede cruzar la frontera sin necesidad de "tienes papeles pa´cruzar pal otro la´o". Naco.
Otra:
Me topé a un conocido que compra y vende perros y a todos sus canes les pone nombres bien puñetas. Por ejemplo: si tiene un perro Collie, le pone Lassie; si tiene un perro Pastor Alemán, le pone Rin Tin Tin; si el perro es negro, le pone Negro; si es blanco, le pone Nieve; si es café, le pone Nieve de Chocolate... En fin, bien puñetas y predecible el güey este.
Total que llegó la vez pasada con un perro que tenía una mancha negra que le cubría todo el ojo, y pensé: "De seguro este cabrón le puso Pirata al pinche perro este". Y le digo:
- ¿Qué onda, güey?, y ese perro se llama Pirata o qué pedo.
- No, se llama Jack -me responde muy serio.
- ¡Vaya, cabrón!, hasta que le dejaste de poner nombres predecibles a tus animalitos y...
Pero en eso me interrumpe:
- Se llama Jack Esperrow
- ¡Plop!
Un comercial regiomontano de acumuladores para autos que bien pudiera estar más pinche que los anuncios de Banco Azteca. Me refiero a la publicidad de los famosísimos Acumuladores LOBO (¡Ahijoelachingada! que nombre tan varonil).
Bueno, resulta que el comercial de este producto empieza con unas tomas en video bien pedorro; tomas de coches y trocas del año, "bien acá", bien lujosotas, y tomas de mecánicos muy contentos trabajando sin ensuciarse de grasa. En eso, una voz en off misteriosa dice: "Acumuladoreees L O O O B O", y en eso entra la canción de Dulce: "Porque eres un looobooo... un lobo que siempre ha vestiiido piel de ovejaaa...". Y fade out. ¡Háganme el chingado favor!
Otra nacada:
Un compa que me pregunta:
- Oye, ¿tú tienes papeles pa´ cruzar pal otro la´o?
¿"Papeles"? ¿"Cruzar"? ¿"El otro la´o"?
Por qué no dejar de emplear términos de coyote, mojarra o deportado y mejor decir: Oye, ¿tienes pasaporte? Y ya. Con eso es suficiente. Con esa sencilla frase uno entiende que se puede cruzar la frontera sin necesidad de "tienes papeles pa´cruzar pal otro la´o". Naco.
Otra:
Me topé a un conocido que compra y vende perros y a todos sus canes les pone nombres bien puñetas. Por ejemplo: si tiene un perro Collie, le pone Lassie; si tiene un perro Pastor Alemán, le pone Rin Tin Tin; si el perro es negro, le pone Negro; si es blanco, le pone Nieve; si es café, le pone Nieve de Chocolate... En fin, bien puñetas y predecible el güey este.
Total que llegó la vez pasada con un perro que tenía una mancha negra que le cubría todo el ojo, y pensé: "De seguro este cabrón le puso Pirata al pinche perro este". Y le digo:
- ¿Qué onda, güey?, y ese perro se llama Pirata o qué pedo.
- No, se llama Jack -me responde muy serio.
- ¡Vaya, cabrón!, hasta que le dejaste de poner nombres predecibles a tus animalitos y...
Pero en eso me interrumpe:
- Se llama Jack Esperrow
- ¡Plop!
sábado, enero 12, 2008
Heladas barrancas del norte
No puede aferrarse más a la roca y el pedazo de hielo cae produciendo un sonido pesado y profundo en el arroyuelo. Las paredes forradas de heno gotean y la brisa que provoca un hilillo de la cascada se eleva y dibuja en lo alto un arcoiris con ayuda de las lenguas de luz que escapan entre las nubes matutinas.
A pesar de tanta belleza, paz y lejanía, estoy en “territorio Telcel”: lo dice un anuncio panorámico sobre la carretera antes de llegar a las faldas de este santuario natural. ¿Quién invitó a Carlos Slim a este lugar? No lo sé, posiblemente se invitó solo. La Coca Cola, la Bimbo y la Sabritas también han venido y han empezado a meter sus narices donde nadie los llama, donde nadie las necesita y donde sus empaques indestructibles afearán y sepultarán el paisaje en un par de años, cuando “empresarios visionarios” vean –valga la redundancia- un signo de pesos en esta majestuosa caída de agua helada y la atiborren de gente puerca e inconciente (pero con centavos en los bolsillos) a pesar del costo ambiental.
Y no soy negativo, simplemente es lo que veo que han hecho con todos estos lugares.
Un trozo de hielo de buen tamaño comienza una reacción en cadena. Cae y golpea a otro y ese otro parte en dos a otro más pequeño. Ha empezado el deshielo del medio día y con él se multiplican las crines del salto de agua hasta formar un hermoso telón blanco y ruidoso que cubre y corre por la pared de la montaña como el velo inmaculado de una novia.
Me pregunto -preguntón que soy yo- ¿para qué necesitaría alguien un teléfono celular o beber una Coca Cola en este lugar? Pero, como soy rependejo, no encuentro respuesta en mis adentros, lo único que encuentro en mis adentros son tripas vacías y mucha hambre, pero la Sabritas y la Bimbo pueden pasar a chingar a su bimbuñuela madre. Gorditas de maíz azul con una margarita de pitaya, el brunch de los campeones, como yo.
jueves, enero 10, 2008
La historia más triste, más feliz y más corta del mundo
Había una vez una niña que le gustaba mucho cantar y bailar. La pequeña soñaba con algún día salir en la tele...
Y lo logró: terminó como Interventora de la Secretaría de Gobernación y, una vez, el mismísimo Marco Antonio Regil la pasó al frente a validar un premio en Cien Mexicanos Dijeron.
¡SNIF! qué emoción...
Y lo logró: terminó como Interventora de la Secretaría de Gobernación y, una vez, el mismísimo Marco Antonio Regil la pasó al frente a validar un premio en Cien Mexicanos Dijeron.
¡SNIF! qué emoción...
martes, enero 08, 2008
Entre barrancas del norte y la película de trenes más corta del mundo
Empezaré diciendo lo que diría cualquier adolescente que se siente intenso: Yo no acostumbro dar gracias por el año que se fue ni tampoco por las cosas buenas que en él sucedieron. Hablando en un contexto general y no en plano personal, son muy pocas cosas buenas las que suceden de un tiempo a la fecha, lo que hace pensar que el mundo gira para un lado que no es el correcto. En otras palabras: el mundo anda pedo y nos va a cargar la fregada a todos con la resaca.
Es un hecho que con el par de huevos que traía colgando -y digo “traía” porque ya no los traigo colgando por el frío de la chinchurria que ha estado haciendo, snif- me es suficiente para enumerar lo positivo del 2007. Ya ni los dedos de las manos sirven para contar lo bonito que sucedió en los 365 días que se fueron el fin de semana antepasado. A ver si este año no termino utilizando nada más medio huevo para enumerar media cosa buena que va a suceder. Eso sí: para contar balaceados, robos, choques, decomisos, corruptelas, mentiras y conductores ebrios que se parten la madre siempre hacen falta manos, dedos, pies y huevos.
Tampoco acostumbro hacer propósitos o pedir deseos, pues soy hombre de poca fe. A veces –y me da pena aceptarlo- hasta pierdo la fe en mí mismo, pero la recupero al día siguiente, o un sábado con cielo añil o un mes después que se me pasa el azote. Algunas veces recupero esa confianza con la misma intensidad que un motivador profesional siente al vender sus libros a los gutierritos de una empresa; y otras veces, con no muchas expectativas sobre un próspero futuro. Lo bueno es que siempre hay algo que me mantiene a flote, y ese sueño, esa meta o esa persona (en mi caso, las tres cosas) se convierten en nuestras balsas anti mordidas de tiburones y anti volcaduras por olas de ojetería social.
Pero son más las veces que pierdo la fe en los demás y es ahí cuando concluyo que, el hecho de perder la esperanza en uno mismo es algo natural y no debemos reprochárnoslo o sentir vergüenza de ello, pues es consecuencia de nuestra condición humana; de ser uno más de todos esos individuos en los que uno no cree ni creerá jamás y que no le quitan el curso erroneo ni la peda al mundo, sino se la fomentan. Habitar un mundo que se ha convertido en el matadero de la razón y los ideales no ayuda en mucho.
El año pasado y el antepasado reafirme que la mayoría de la gente es puro pedo. Todos sin excepción. Que los que predican optimismo son los más negativos de todos; que los que predican amor son los menos aptos para amar; que los que se dicen hombres de paz son los más belicosos. Los que presumen ser buenos esposos no lo son; los que se dicen revolucionarios terminan siendo borregos. Y ni mencionar a los hombres de fe; esos son los más hipócritas de todos. Tal vez por eso de repente me saco de onda y prefiero perder la fe en todo, para ser más congruente conmigo mismo y tener la conciencia tranquila.
He comprendido que la gente que te dice que vivas la vida al máximo es la que menos sabe vivirla; que la gente que te dice que hay que ser feliz es la más infeliz. Que esos que hablan de libertad son quienes tienen más ataduras mentales, espirituales y físicas. Que nunca han sido felices, ni libres y en sus vidas han inhalado una partícula microscópica de lo que predican porque se la pasan perdiendo el tiempo en pendejadas: en celos absurdo, en ambiciones desmedidas, rencores, venganzas, temores… Odian a gente que ni conocen, se ahogan en vasos de agua, prohíben, calculan, prejuzgan, se vuelven obsesivos, se toman demasiado en serio, creen que el amor dura cien años, no creen que el amor puede durar 100 años, quieren ser amados a la fuerza, cumplen patrones sociales que dicen valerles madre pero en el fondo les pesan y calan hondo; buscan complacer a gente que no deben de complacer, quedan bien con gente con quien no deben de quedar bien. Etcétera.
La gente no le da espacio a la sabiduría del tiempo ni a lo que susurran al oído las experiencias cuando se viven realmente y con intensidad. La gente no vive; vive para los demás. No están a gusto si no poseen y controlan algo o alguien, si no son dueños de la situación y, también, si no tienen un amo que les diga qué hacer y cómo hacerlo. Creen que poseer les da seguridad, pero no se dan cuenta que se crean ataduras mentales y grilletes con cadenas espirituales. Que pierden su libertad. Pero dicen ser felices y estar en calma. Allá ellos. El problema es cultural y, por lo que veo, seguiremos empinados porque nuestra cultura está empinada. La liberación es acá, en la cabecita (o cabezota, en mi caso), es en el corazón y en el espíritu. Si no, estoy seguro que nos llevará el pinche tren...
sábado, enero 05, 2008
Por las barrancas del norte
La piel del rostro siempre cuarteada por las inclemencias del tiempo. Pómulos cuadriculados como cuaderno de matemáticas donde el sol podría escribir la ecuación que soluciona el caos infinito. Mocos secos y petrificados por la tierra y el aire que corre entre laderas, acantilados y voladeros por los que quisiera volar. Ojos profundos y rasgados; a veces llorosos, tal vez por la alegría, la tristeza, el humo del fuego que calienta la cueva o alguna infección sin importancia del monte. Corretear detrás de gallinas y huir cuando se acerca una cámara fotográfica: esa arma que dispara incómodas ráfagas de luz que devoran la esencia. Vivir donde alguien –o algo- dejó caer desde el cielo un gigantesco manto verde, cuyas arrugas, relieves e imperfecciones son las que embellecen el paisaje y recortan la lejanía del filo del mundo. Quisiera tener una mano larga y enorme para pasearla al ras de la hierba que cubre los valles y terrenos perfectamente accidentados. También quisiera conocer el nombre de cada árbol; nombres que aquí son necesarios para hacerles reverencia, pero que en la ciudad son inútiles porque ahí sólo importan los nombres de las empresas, de los coches de modelo reciente y los apellidos influyentes.
Allá en la ciudad nadie sonríe así. Allá en mi ciudad la gente tiene de más y ese peso extra que cargan en lujos, pendejadas innecesarias y todo lo que tener eso acarrea, les estira el rostro hasta el suelo y les borra cosas tan sencillas como la risa. De qué sirve tener tanto si en el fondo no se tiene nada... Si yo pudiera tener tanto, lo tendría todo. Y heme aquí, sin nada y con todo... bueno, casi todo.
Continuará...
jueves, enero 03, 2008
Mis Pro Pó Si Tos llegando de vacaciones
Entre mis propósitos de año nuevo están los siguientes:
Rascarme la espalda como este perro.

En humano, esta acción se traduciría en: Tirarse en pelotas sobre el patio frontal de una iglesia católica, retorcerse de un lado a otro -boca arriba- hasta que la comezón pase y la satisfacción sea desbordante. Por último, lamerse el chile con la lengua para quitarse las virutas de pasto seco y... ¡ah, cabrón!, no, eso no. Nomás tirarme al piso y rascarme la espalda.
Otro: Aprender a volar.
Porque es un desperdicio estar frente a la Barranca del Cobre y limitarse a mirarla. No basta todo lo que pueda inspirar el paisaje y su inmensidad: si uno no puede volar, no vale la pena estar ahí. Además, si uno se avienta al vacío para tener la experiencia de su vida, lo tachan de loco, suicida o, peor aún, uno se muere, snif.

Noten que se me ve el escote de plomero, la alcancía o, para los que aún no han entendido, la rayita de las nalgas.
Otro de mis propósitos es: Dominar el mundo. De hecho, mi colega/monero Kabeza ya se unió a la causa y estamos planeando cómo lograrlo. Aquí estamos en una de nuestras macabras (o macabronas) juntas en lo que pareciera ser un apestoso congal de mala muerte... y sí lo es: es el bar de un Sanborns.

¿Qué lugar, con tantita decencia, corre a las 11 de la noche de un lunes a sus dos únicos clientes borrachines? Nada más el Sanborns. Hijos de puta. Por eso este lugar está abajo del Starbucks en mi lista de lugares a los que hay que ir a poner una bomba.
P.D. Muchos saludos y un agradecimiento very special al compadre Kabeza por los libros y la playera del Oso Bipolar que me regaló, la platica chidaguan que nos aventamos y los besotes que... ¡ah, chinga!, no, eso no les importa. Ah, y gracias por haberme dado la primicia (bueno, eso dice él, jeje) de la foto de la verdadera Lupita; la de carne y hueso, y contarme parte de la historia actualizada que tanto intriga a sus lectores. Muy guapa la Lupe, por cierto (que así no se llama, pero también empieza con "L").
Ah, verdá, esa no se la esperaban, jejeje.
Ahí se ven.
Rascarme la espalda como este perro.
En humano, esta acción se traduciría en: Tirarse en pelotas sobre el patio frontal de una iglesia católica, retorcerse de un lado a otro -boca arriba- hasta que la comezón pase y la satisfacción sea desbordante. Por último, lamerse el chile con la lengua para quitarse las virutas de pasto seco y... ¡ah, cabrón!, no, eso no. Nomás tirarme al piso y rascarme la espalda.
Otro: Aprender a volar.
Porque es un desperdicio estar frente a la Barranca del Cobre y limitarse a mirarla. No basta todo lo que pueda inspirar el paisaje y su inmensidad: si uno no puede volar, no vale la pena estar ahí. Además, si uno se avienta al vacío para tener la experiencia de su vida, lo tachan de loco, suicida o, peor aún, uno se muere, snif.
Noten que se me ve el escote de plomero, la alcancía o, para los que aún no han entendido, la rayita de las nalgas.
Otro de mis propósitos es: Dominar el mundo. De hecho, mi colega/monero Kabeza ya se unió a la causa y estamos planeando cómo lograrlo. Aquí estamos en una de nuestras macabras (o macabronas) juntas en lo que pareciera ser un apestoso congal de mala muerte... y sí lo es: es el bar de un Sanborns.
¿Qué lugar, con tantita decencia, corre a las 11 de la noche de un lunes a sus dos únicos clientes borrachines? Nada más el Sanborns. Hijos de puta. Por eso este lugar está abajo del Starbucks en mi lista de lugares a los que hay que ir a poner una bomba.
P.D. Muchos saludos y un agradecimiento very special al compadre Kabeza por los libros y la playera del Oso Bipolar que me regaló, la platica chidaguan que nos aventamos y los besotes que... ¡ah, chinga!, no, eso no les importa. Ah, y gracias por haberme dado la primicia (bueno, eso dice él, jeje) de la foto de la verdadera Lupita; la de carne y hueso, y contarme parte de la historia actualizada que tanto intriga a sus lectores. Muy guapa la Lupe, por cierto (que así no se llama, pero también empieza con "L").
Ah, verdá, esa no se la esperaban, jejeje.
Ahí se ven.
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