martes, octubre 17, 2006

A mis 75 años...

Ayer llegó al periódico el otro caricaturista que dibuja en él. Es un maestro del lápiz y la plumilla. Es un ruco de más de 75 años que ha trabajado en tooodos los periódicos de México: El Norte, Reforma, El Universal, el Excelsior, Novedades, El Porvenir, etc. y ahora está jalando aquí. Yo lo respeto porque mi padre me platicaba de él cuando el señor estaba en sus años mozos y yo alcancé a leer sus mejores cartones de morrillo. Era una estrella del periodismo en aquellos años, el viejillo este. Tiene dos premios nacionales de periodismo, conoció a no sé qué tantos gobernadores, alcaldes y presidentes y de más celebridades de medio pelo.
El señor llegó al periódico en taxi. Y no porque sea malo andar en taxi; sino que andar en taxi es muy caro. A veces llega en camión; y no porque sea malo andar en camión, sino que andar en camión en este país es peligroso porque recibe uno un pésimo servicio.

Me dio mucho miedo verlo, la verdad; porque me visualicé así. Fue como ver a Chilito Relleno -el payaso- sin nariz, con la voz normal y subiéndose a su carro destartalado. Mi Dios se desvaneció de un soplo: Fuuuuuuu… (polvo volando)
Cuando lo vi, dudé en seguir en esta profesión. Lo juro.

Me visualicé a su edad: 75 años (si es que llegó), y no pude más que sentir lástima por mí y mi humilde profesión tan denigrada y mal pagada. Tienes que ser Trino para tener dinero y vivir holgado. La honestidad y lo que uno siente de corazón no es bissness, punto. Y, si en algún momento dado, la fama y el dinero llegan, no son mas que espejismos que sólo los pendejos mal administrados se lo creen y se les suben los humos.

Yo, por eso, espero llegar a mis 75 años bien sano del ano y tener aún a la Fabi a mi lado y en calzones blancos -o negros- sin encaje; porque los calzones de encaje son para las pinches viejillas y la Fabi, por más viejilla que se ponga, estará a toda madre; mejor que Margarita Gralia, mi otro amor. Espero que a mis 75 años todavía se me pare el riel sin necesidad de viagra. Espero que guste mi trabajo, que me lo respeten, que me lo admiren y que me den un trabajo digno y no por lástima; para no quedar en el olvido. Ah, y no tener que andar en camión ni en taxi; no porque andar en camión o en taxi sea malo; sino que andar en camión y en taxi aquí en México es una pesadilla.

Buen martes a todos, caballeros y cabelleras.

P.D. Y es mentira eso que los rucos y los papás ylos políticos dicen de que el futuro está en manos de los jóvenes. Los rucos que dicen eso fueron jóvenes, y no hicieron ni madres por cambiar el futuro; y ahora nos quieren pasar la responsabilidad del desmadre que ellos hicieron a nosotros. No se necesita ser joven para cambiar el mundo: se necesita ser menos culero y tener más corazón... y seguir siendo joven cuando se es ruco y se tienen las riendas de este mundo.

viernes, octubre 13, 2006

Chilito Relleno, el payaso.

Me topé con el payaso cuando terminó la fiesta. Ya no les tenía tanto miedo como antes, cuando estaba en el kinder. Su voz no era la misma -ahora era más ronca- y ya no tenía esa sonrisa que tuvo durante todo su show. Estaba en la cocina con la mamá del Pollo, quien sacaba dinero de su bolso para pagarle por su función de magia, chistes y concursos. El payaso se persignó con los billetes antes de guardarlos en el bolsillo de su pantalón y le dio las gracias a la señora con esa voz grave. Yo lo miraba fijamente, pero ya no como payaso, sino como un hombre normal; y se dio cuenta. Me miró y volvió a sonreír, y también volvió a hacer esa voz chistosa que utilizó durante todo su espectáculo. Me apretó la nariz cariñosamente y salió de la cocina rumbo a la puerta principal de la casa, despidiéndose efusivamente de los invitados con esa misma voz chistosa.

Le entregué a la mamá del Pollo un arete enorme que había encontrado tirado en el patio entre los restos de unos globos reventados. Me dijo que muchas gracias; que sí era de ella, y me besó en la frente. Me gustaba mucho la mamá del Pollo porque siempre andaba bien arreglada y olía bien rico. Salí de la cocina y miré por la ventana a Chilito Relleno, el payaso, mientras los demás niños jugaban y pateaban los restos de la piñata desbaratada. Tengan cuidado -escuché decir a la mamá de Pollo- un niño una vez se sacó un ojo con uno de esos carrizos.
Chilito Relleno enrollaba el cable de su micrófono pensativo. Se quitó la nariz roja y la guardó junto con otras cosas en una maleta desteñida que metió en la cajuela de un coche destartalado: con placas gringas y polveras de distintos colores. Se limpió el sudor con la manga del traje y batalló un poco al tratar de cerrar la portezuela trasera. Pobre carro: el tanque de gasolina tenía un pedazo de trapo a manera de tapón.

Subió al auto y batalló para encenderlo. El motor era muy ruidoso. Avanzaba un poco, daba tirones y se apagaba envuelto en una nube de humo azul y apestoso. Lo encendió de nuevo y ya no se apagó, pero sí dio unos cuantos saltos y soltó uno que otro ruido como si se fuera a ahogar. Se escuchó un fuerte acelerón, una explosión en el mofle y Chilito Relleno se fue envuelto en esa misma nube de smog azulada y apestosa.

Se fue alimentado con toda esa admiración que le teníamos los niños, y envuelto en su triste realidad de voz ronca, poco sueldo, un Dios que no le mandaba suficiente trabajo por más que se persignara, y un automóvil viejo que le daba más problemas en vez de sacarlo de apuros. Dio vuelta en la segunda calle, en la esquina donde vive Doña Pelos, dejando esa estela de humo fantasmagórico y espeso; envuelto en ese nubarrón maloliente de realidad cotidiana que –dichosamente- de niños no veíamos.

miércoles, octubre 11, 2006

Feria del Libro

Por algún error -es lo más seguro- de los organizadores a la hora de programar el evento, resulta que estoy invitado a la Feria Internacional del Libro para dar una “conferencia” sobre blogs, monos y literatura. Uy.

La cita es el jueves 19 de octubre a las 8 de la noche en la sala 102 de Cintermex. Compartiré mesa con Cucamonga, creador de Perra Vida; El Mudo, creador del comic El Arsenal; Luiz, monero, ilustrador y caricaturista; y yo, creador de la tira cómica más pedorra que pueda existir: Chistes Alowey. Brrrr, hasta escalofrío me da mencionarla.
El viernes 20, a la misma hora, estará el buen Yorch, alias Caballo Negro, con otros batos y batas que sí son blogstars de deveras, bujujuju.

Unos compas que dicen que les gustan mis dibujillos, y que creen que algún día seré rico y famoso, me patrocinaron una primera edición a todo color de Chistes Alowey, y pues llevaré por ahí algunos ejemplares.

No esperen mucho, la verdad, pues soy un tipo aburrido y mandilón que para las 9 tiene que estar cocinando miguitas con huevo y melón para la Fabi. Pero pues ahí los espero pa´conocerlos, arreglar el mundo, agradecerles en persona sus visitas a mi blog y decir una que otra babosada.

martes, octubre 10, 2006

El Micho y el hermano mayor del Pollo

El Micho fue la primer mascota que adoptamos los niños de la cuadra y yo. Llegó un día de quién sabe dónde. Yo creo que salió de alguno de los tantos montes baldíos que rodeaban a la colonia. Seguramente algún cabrón lo abandonó por ahí.
Se nos acercó mientras descansábamos en los escalones de la casa de Doña Pelos después de un partido de futbol que había terminado a golpes con los niños de la cuadra de arriba: y todo por un balón que ponchamos sin querer.

Era muy pequeño, de pelaje atigrado, con ojos enormes y su maullido sonaba como el llanto de un bebé hambriento. Trató de trepar a la fuente para beber agua, pero su tamaño se lo impidió. Recuerdo que Chuy corrió a su casa y sacó una vasija de plástico y rebanadas de jamón KIR. Llenamos el recipiente de agua en la fuente de Doña Pelos y partimos en trozos el jamón; que más bien era mortadela de la más barata. Pero el animalito se comió todo. Quién sabe cuántos días tendría perdido y sin comer, el pobre.

Nuestras madres no nos dejaban tener al Micho adentro de nuestras casas, por eso le conseguimos una caja de cartón y el hule espuma de un sillón abandonado en una construcción, y con eso le hicimos una cama en el club secreto que teníamos bajo el mezquite. Todos los días le poníamos un platito hondo con leche y las sobras de la comida del medio día por un lado: huesos de pollo, sopa de arroz, algunos trozos de tortilla y frijoles. Los trozos de tortilla y los frijoles casi nunca se los comía. A veces, entre todos, juntábamos dinero para comprarle latas de atún y, cuando no completábamos, nos las robábamos de la tiendita o de las alacenas de nuestras casas. Desde aquel día en que llegó, frágil y hambriento, el Micho nunca se separó de nosotros. Creció, tuvo novias, tuvo gatitos, peleó con perros… Hasta que vino el hermano mayor del Pollo.

El hermano mayor del Pollo vivía en Estados Unidos con su papá, estudiaba en una escuela militar y venía a Monterrey cada que eran vacaciones de verano. Mi mamá no dejaba que me juntara con él porque era muy maldiciento y siempre traía un rifle de aire comprimido como juguete con el que acostumbraba a romper las ventanas de las casas cuando sus dueños no estaban. Aparte, era un culero que siempre nos quitaba el balón de soccer y lo pateaba lo más lejos que podía o lo aventaba a los techos de las casas para que no pudiéramos recuperarlo. A pesar de ser su hermano, hacía mucho llorar a mi amigo el Pollo. Bueno, aunque el Pollo lloraba por todo.

Es imposible olvidar la vez que vi al hermano del Pollo poniendo una lata de atún afuera de su casa. Me sorprendió mucho porque en verdad era un hijo de puta sin corazón. Ahí estaba afuera; silbando. Buscaba a nuestra mascota, la mascota del club, la masota del barrio; y tronaba los dedos: "Micho, Micho, Micho, Micho", decía. Se sentó en la mecedora del porche y esperó a que el olor atrajera al gato. En eso, Micho salió de entre las hierbas del monte y corrió apresurado a devorar el contenido de la lata. El sol hacía brillar su pelaje dorado con gris. Y en eso: ¡puuum!, que el hermano del Pollo le dispara con el rifle. ¡Hijo de su puta madre!

El gato huyó aullando despavorido a esconderse entre la maleza y el hermano del Pollo no pudo contener la risa: una risa macabra que hacía que le doliera el abdomen; vi como se lo sobaba de satisfacción. Me quedé helado por un instante. Corrí asustadísimo al monte a buscar a Micho. Un ligero maullido, que parecía más bien el quejido de un moribundo, me guió hasta él. Temblé de horror cuando lo vi tirado en una piedra, con el ojo vaciado y una oreja sangrándole; arqueando el lomo y soltando quejidos suaves, largos y punzantes. No supe que hacer. Mis ojos se desbordaron en llanto y los mocos se me salían. Me agache y traté de agarrarlo, pero aulló de dolor de manera espantosa y se revolcó por la tierra, tirándome arañazos. Miaaaauuuuu… auuu… uuuu… aarrrgggggñññññ… Las manos me temblaban. La quijada también. Me llené de odio.
Tomé unas piedras del piso y salí del monte enfurecido. El rostro me escurría en lágrimas y mocos; todo el cuerpo me temblaba y lo sentía caliente. Ardiendo. Cuando vi al hermano del Pollo, le arrojé las piedras con ganas de darle en la cabeza; pero el hijo de puta saltó asustado de la mecedora y las esquivó hábilmente. Soltó el rifle de municiones y se dirigió hacia mí corriendo. Me tumbó de una patada voladora en el pecho. Azoté de nalgas en el piso y mi cabeza sonó hueca al impactarse violentamente contra el pavimento. Lloré más y sin parar. Se me fue casi todo el aire. Sentí que me asfixiaba cuando el hermano del Pollo me puso la rodilla en el pecho y me apretó con fuerza el cuello diciéndome: “¡¿Qué tienes, pinche niño pendejo?!,¡¿qué te pasa, pendejo, por qué me tiras piedras?!” Lo quería matar al hijo de puta, pero él tenía 12 años y yo sólo 8; me habría matado él primero. Salió el Pollo y su mamá corriendo de la casa al momento que escucharon los gritos y mi llanto. En un instante me soltó y se puso de pie al oir las pisadas de las chanclas de su puta madre en la banqueta. El Pollo maldijo a su hermano y corrió a mi lado, pero yo no me podía levantar. Pollito me zangoloteaba para verme el rostro y qué me había pasado. “¡¿Éstas bien?!, ¿qué te hizo el pendejo de mi hermano?”, me decía. Pero yo seguía llorando, recuperando el aire, tosiendo boca abajo, rosando el pavimento con los labios. Me sobaba la cabeza -que me palpitaba- y me ahogaba con mi propia baba.

Y ahí me quedé un buen rato: gimiendo y llorando como Micho, el gatito ese que un día llegó al barrio y lo adoptamos poniéndole lechita en un plato hondo y sobras de comida. Ahí yacía yo, sobre el hirviente asfalto gris de la calle, llorando de dolor y de rabia, mientras en el monte, los berridos de Micho se extinguían y su cabeza -perforada por la munición- se llenaba de moscas.

domingo, octubre 08, 2006

Papel palfun... dillo

Me molesta entrar a un baño y que en el cesto de la basura estén los papeles con caca viendo para arriba. No mamen: denles otra dobladita o pónganlos viendo para abajo; no la jodan. En serio que esa actitud agrede y tengan por seguro que a nadie le interesa saber qué comieron ni qué les cayó mal al estómago.
A veces creo que esto de los papeles con caca es la Ley de Murphy, pero al revés. Ya ven que dicen que los panes con mantequilla siempre caen al suelo con la mantequilla para abajo. Bueno, pues empiezo a creer que los papeles con caca siempre caen con la caca para arriba.

jueves, octubre 05, 2006

Chistes Alowey y música en español de caricaturas takatakas

Un pequeño aperitivo.

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Después del Chiste Alowey, sigue el rollo.

No sé qué tenían las series animadas takatakas (japonesas), pero la música siempre estaba de poca madre. Cómo olvidar los temas de inicio de Heidi y Remi que ocasionaban pesadillas a cualquier mocoso: con esas voces dolorosas y esas notas tristes, cualquier niño pensaba que se lo iban a robar y no volvería a ver a su mamá, bujujuju.
No pongo esas canciones porque ya las han posteado infinidad de veces; mejor búsquenlas ustedes, no sean huevoncitos. Pero eso sí, les voy a poner otras.

Había una caricatura que me gustaba de a madre; de hecho, me gancho por la rolita del principio y porque era una caricatura de animales. Se llamaba Las Fábulas del Verde Bosque.

Había una caricatura pa´viejas que yo veía a escondidas para que no me dijeran que qué jotillo era. La rolita del principio estaba bien cursi, jeje; pero me gustaba un chorro. Además, la niña estaba rete bonita; más bonita que Dafne -la de Scooby Doo- y que la morena cachonda que tocaba el pandero en la banda de Mandibulín. Se llamaba Ángel, la Niña de las Flores. Snif.

Hasta había algunas que me causaban la misma emoción que sentía cuando escuchaba el tema de inicio de La Guerra de las Galaxias. Brrrr, me ponía todo chinito. Ésta era una de ellas y ésta era otra. No manchen: cómo me prendía cuando escuchaba estas rolitas que, para mi edad, consideraba que era el rock más pesado que pudiera existir.

Y todas estas excelentes cancioncillas (menos la de Robotech), junto con la de La Pequeña Lulú, se las debemos a un chileno que se hizo mundialmente famosos y marcó a toda una generación de niños ochenteros hispanoparlante. Es más, tan famoso se hizo el güey este, que ahora de ruco hace -o hacía- conciertos en donde toca estas rolas y la raza treintona (y casi treintona) se prende bien cabrón y pide "otra otra", jajaja. No mames. Está con madre escuchar en concierto la canción de Capitán Futuro y ver a la gente haciendo headbanging y coreando tras la voz de Memo Aguirre -o Capitán Memo-, el cantautor original de estas joyas de mi infancia miona. Megasnif, casi lloro con este pinche concierto.

Otro Chiste Alowey para cerrar con broche de oro:

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miércoles, octubre 04, 2006

Otro post retro pa´revivir al niño interior

A pesar de que Mickey Mouse no era del todo de mi agrado por ser un roedor sin chiste y con voz de afeminado, Súper Ratón era mi héroe favorito cuando yo era un morro. Súper Ratón era lo mismo que “El Ratón Miguelito”, nomás que éste tomaba esteroides, se enchinaba las pestañas y volaba en licras; osea, no sé cuál de los dos ratones era más puto. Pero en fin.

El pedo es que Súper Ratón era lo máximo para mí, a grado tal que me propuse que de grande yo iba a ser Súper Riatón; y lo logré, jeje. No, ya en serio. Me acuerdo que me gustaba mucho la canción del principio de la caricatura, aunque no le entendía ni madres porque era en inglés, pero para todo la tarareaba creyendo que era algo así como un mantra que me daba poderes… hasta que me partí el hocico brincando de una litera a otra con una toalla amarrada al pescuezo que no hizo su función como capa.

También La Hormiga Atómica la movía cañón, pero no tanto como Súper Ratón. De la Hormiga Atómica nomás tengo la cabezota, snif. Intenté disfrazarme de la Hormiga Atómica en un halloween, pero no me pude robar el casco del cobrador que iba cada semana a la casa a cobrar no sé qué cosas. Tampoco pude tener una moto como la de ese personaje porque mi padre decía que comprar una moto era como comprar una pistola y disparártela en la cabeza.

Pero en eso, que empiezan a transmitir una caricatura nueva en la tele, y Súper Ratón y la Hormiga Atómica quedaron en el olvido. Una caricatura que se llevaba de calle a cualquier serie animada que pudiera existir. Una caricatura imaginativa, súper alucinada, graciosa e ingeniosa, casi casi como las de la Pantera Rosa –que disfruté ya más grande porque de niño se me hacía aburrido que no hablara- o Felix el Gato. En lo personal, la mejor caricatura que ha existido. Aquí les dejo un episodio. Disfrútenlo.

lunes, octubre 02, 2006

Otro compa que es un caso...

Yo tengo un amigo al que le decimos el Refresquito.

Todo empezó una noche de viernes cuando salimos -con cerveza en mano- del Kokoloco, un antro chido de acá de Monterrey. Teníamos como unos 20 años de edad; era la época en que Shakira todavía no se ponía pinche como ahora. En eso, que llega la policía y nos sube a la granadera junto con otros batos. Nos llevaron detenidos por "tomar en la vía pública", "alterar el orden" y "negarnos a la detención"; pero esto último más bien fue "negarnos a dar mordida", porque a los otros güeyes sí los bajaron a medio camino, cuando soltaron un billete. El pedo es que nosotros ya no traíamos ni un cinco, snif.
Total, que llegamos a la delegación y que nos encierran en una celda después del dictamen médico; una celda en donde había como otros 10 cabrones.

De entre los batos que estaban adentro de esa jaula apestosa, estaba un güey cagando en el "baño" de pozo. Se quitó la playera, la empezó a romper en trozos y con eso se limpió la cola. Apuesto a que andaba pedísimo o drogado; tenía uno que andar así para atreverse a cagar ahí. Había otro güey que lo detuvieron por orinar en un parque, otro que iba tomando y manejando y se había pasado una luz roja, llegó otro detenido que luego luego se durmió en el piso de lo borracho que andaba y otro imbécil que se la pasó gritando toda la noche que “no sabían con quién se estaban metiendo”. El gritón decía que él era camarógrafo del canal 28 (jajajaja) y que iba a denunciar los abusos cometidos contra él; que iba a llevar a todos los medios al día siguiente y se iban a meter en un problema. Le callaron el hocico de un chingazo en la cabeza y –la verdad- me dio mucho gusto porque no se callaba y porque ahí, en las celdas, todos llegaban alegando que si el abuso de autoridad, que eran influyentes, que conocían a no sé quién, que si sus derechos humanos, que si la riata. Puro pinche mentiroso.
Mi amigo y yo no rezongamos en nada y nos dedicamos a fumar, a ofrecer cigarros a los “roomies” para que no nos fueran a coger y a imaginar la putiza que nos meterían nuestros padres al enterarse.

Cinco horas después, empezó a amanecer. Nos sacaron al patio para tomar lista (como si uno pudiera escaparse de ese cuchitril) y nos llevaron a desayunar al comedor. Ahí dentro, en la fila, uno de los presos me dijo que muchos de los detenidos prefieren quedarse ahí encerrados porque de perdido comen. “Muchos indigentes cometen faltas menores para que los encierren, con tal de que les den de comer”, mencionó.

Total, hicimos fila en la barra del pequeño comedor. Unas mujeres repartían los platos y los vasos. En el plato venían dos taquillos de huevo con frijoles y chorizo y en el vaso, café. Y mi amiguito, fresita al fin, que se le ocurre decir:

-¿De qué son los tacos, señora?

- De huevo con chorizo…

-¿Nada más hay de eso?

En eso, un policía se le acerca.

-Eh, aquí no estas en tu casa, niñito, cómete lo que hay.
Y mi amigo todo azorrillado tomó el plato ya sin decir nada. En eso, la señora le da el vaso con café, y el imbécil de mi amigo vuelve a preguntar pendejamente:

- ¿Es café?... De pura casualidad no tendrá un refresquito…

Oh dios mío. Levantó la furia de los policías y los presos que horas antes eran nuestro amigos porque les dimos cigarros.

-¡Aquí no estás en tu casa, hijo de tu pinche madre! ¡Pinche güerco fresa, vete con tu mami, culero! ¡Vamos a violarlo por fresa al pinche niño llorón! ¡Denle una coca a la nena… pinche maricón! Ooooora, puto, véngaseeeee

Casi se me sale la popó del susto. Mejor se llevaron a mi amigo a que comiera en la celda y a mí me dejaron en el comedor. Comí con el fundillo en la mano y los huevos en el pescuezo de moño; esperando un pinche navajazo o un tubazo en la cabeza por ser “el Amigo del Fresita”. Pero no pasó nada. Hasta eso: los tacos estaban muy buenos.

Y por eso le decimos el Refresquito.

domingo, octubre 01, 2006

Mi compita, otra vez...

Como todos los domingos, me habló mi camarada ese que tiene como 10 años amenazando con suicidarse y posée -según él- una inteligencia superior a la computadora esa que juega ajedrez y nadie le gana. No me habló a las 8 de la mañana -como acostumbra-, me habló a las 9:00... jijo de su pinchi madre. Tampoco me habló para pedirme una dirección extraña, un shampoo para su perro o alguna otra pendejada. Me habló para invitarme a una cena (¿a las 9 de la mañana?, ¿no me pudo haber marcado en la tarde?) que le estaba organizando su mamá para celebrar que ya vive con su novia. Sí, su novia: novia que yo no le conocía y de la que me acabo de enterar. Estaba atónito. ¿Dónde vivían? ¿Dónde y cuándo la conoció? ¿Será la mujer invisible? ¿Estará igual de pinche loca que este güey? Muchas preguntas asaltaron mi cabecita; digo, zota.

En eso, me dice mi compadre bien contento; con voz enmielada:

- Mira, déjame te paso a mi vieja para que la conozcas, compadre.

Y me pasa a su "novia".

- Hola, Gustavo, mucho gusto...

- Ah... Hola, mucho gusto... entonces que ya viven juntos... qué bien Mujer Que No Sé Ni Cómo Te Llamas... -le digo.

- Sí. Oye, nos gustaría mucho que nos acompañaras con tu novia en esta cena que...

En eso, escucho que mi amigocho se pone a atender a unos clientes en su negocio, y su vieja me dice toda apresurada:

- Oye, no, no te creas, no es ninguna cena la que nos van a hacer. Es que ayer este güey tuvo un problema bien grave con su familia porque llegó borrachisimo al negocio y va a ir un sacerdote y uno de esos de Alcohólicos Anónimos que tiene un centro de rehabilitación para hablar con él y creemos que la situación se va a poner muy mal, entonces, por eso queremos que haya amigos, por si este güey trata de hacer alguna pendejada. Tuvimos que engañarlo con eso de la cena para que aceptara ir. Ahorita le tengo que hablar a todos sus amigos para decirles que es pura mentira, pero no se me despega. ¿Me podrías ayudar tú a hacer las llamadas?... Y no vayas a faltar; no sabemos cómo vaya a reaccionar y necesitamos que estén ahí sus amigos...

Vergas. ¿Por qué a mí otra vez?... ¿No sería más fácil darle la pistola a este payaso?

Bueno; me consuela que por fin se le va a hacer a mi compadre ser todo eso que no es y quisiera ser. Esa mezcla de Jim Morrison, Colin Farrel y Liam Gallagher, pero en vaquero; a la regiomontana.

Le dije que si podía ir, iba, pero antes tenía que ir a misa o una chingadera de esas. Además, esos papelitos ya se los he aguantado desde hace 10 años a mi compadre y la verdad ya me dan mucha hueva.

P.D. Lo que nunca he entendido es por qué, si mi compadre es bien pedote, me habla a las 8 de la mañana en domingo. A esas horas un buen borracho está bien dormido y no anda trabajando, como él.

viernes, septiembre 29, 2006

Post retro

Allá en tiempos remotos, cuando los carritos Hot Wheels costaban un huevo y la mitad del otro, y los Matchbox eran los baratillos y con los que jugábamos los clasemedieros, esta era la mejor serie televisiva que existía.

Bueno, no es que fuera lo mejor de lo mejor, pero esto era lo que había hace más de 20 años; cuando sólo había como cuatro canales en la televisión y uno se tenía que parar para cambiarle -qué hueva, pero no había control remoto, chavos y chavas- dándole vuelta a una rueda que hacía clak clak clak y acomodar bien la antena pa´que agarrara señal.

Esta serie, junto con Rintintin, la Señorita Cometa, La Pandilla de la Mano Roja, Burbujas, La Canica Azul y Chabelo, hicieron los sábados de mi infancia más felices.

Recuerdo que uno de mis juegos favoritos -influenciado por esta serie- era construir toda una ciudad en mi cuarto con los juguetes que tenía: con el Castillo del Dragón Rosa de Fisher Price, La Casa del Árbol de la misma marca, una ambulancia de pilas, la Pista de Carreras Zip Zap (chafísima, por cierto) como carretera, monitos de Star Wars y Wilburs como los habitantes, alguno que otro muñeco de peluche, mis Matchbox, animalitos de plástico y..... ¡Poooowww! ¡Craaaash! ¡Puuum!, todo lo destruía y lo pateaba haciendo gestos de maldad (ñaka ñaka) y gruñidos de monstruo (groooaarrrr). Una vez hasta le prendí fuego a una caja de cartón que usé como edificio, para hacer la cosa más real; pero lo único real fue que mis nalgas quedaron más coloradas que de costumbre debido a los cintarazos que me dieron por andar de incendiario.

Les presento a Goldar, mi primer héroe; y a uno de sus archienemigos. Snif. Con las pendejadas que nos entreteníamos antes…

jueves, septiembre 28, 2006

Otra vez mi compa que me habla los domingos...

Tenía ya mucho tiempo de no ver a mi camarada ese que me habla a las 8 de la mañana los domingos para preguntarme pendejadas. Y, precisamente ayer, me cayó en el depa sin avisar y sin darme tiempo para escondérmele.

Llego en su camionetota, reprochándome que por qué ya no le contestaba el teléfono: que me había estado hablando varios días y yo, ni mis luces. No sé qué excusa estúpida le saqué y se la creyó.

Llegó a mi departamento con una botella de Buchanans y aguas minerales, y pues yo no opuse resistencia y ya no hice tanto coraje, slurp, slurp. Mi compa empezó a hablar y a hablar –a este güey le fascina hablar de él- y a seguir hablando sin callarse un momentito. Yo nomás me servía y servía whiskys para ver si me daba una congestión alcohólica antes de caer desmayado de aburrimiento o golpeado por su inmenso ego.

Platicaba las mismas mamadas de siempre: que si ya vamos a cumplir 30 años, que se sentía frustrado, que si yo estaba frustrado, que antes él era una verga para todo, que si los sueños de juventud, que ya no eramos unos niños, que quería estabilidad, que el trabajo, que el desamor, que qué iba a ser de la vida. ¡Dios mío!

Aparte, mi compadre siempre se ha sentido galán y es muy común en él tomar actitudes mamonas de rockstar y de casanova déspota quesque porque pistea todos los días y tiene mil viejas que mueren por él (pero no le conozco ninguna), que dizque necesita prozac y ayuda psicológica porque su mente está bien cabrona, que se siente incomprendido, que quiere meterse a rehabilitación, que ha pensado mil veces en darse un tiro en la cabeza; puras mamadas de adolescente puñetín.

Este güey siempre se ha querido crear problemas que no tiene, no sé si para llamar la atención o ser como su ídolos Colin Farrel y Jim Morrison. Y lo más curioso es que su familia es la más normal del mundo y la más consentidora y querendona y menos disfuncional, pero como que a este güey no le gusta tanta normalidad y quiere ser él el disfuncional y problemático. Me acuerdo que en la carrera asustaba a mis amigas con sus actitudes extrañas y las acosaba en las madrugadas hablándoles por teléfono, juarjuar. Todas le sacaban la vuelta por extraño y mamón.

Estaba muy serio hablando; ah, porque ete güey se pone muy solemne y se toma muy en serio cuando habla que hasta hace una voz pausada y pone mirada de intelectual amargado, como si fuera una persona interesante. Y me dijo:

-Te digo algo, Gustavo (“pos ya qué chingados le hago”, pensé): yo tuve que haberme muerto a los 27 años, como los grandes. En dos meses voy a cumplir 30; pero debí de haber muerto a los 27, hermano; los grandes mueren a esa edad. No vale la pena vivir así, es un asco. Todos me dicen que soy una persona demasiado inteligente. Y lo soy, estoy muy por encima de los demás. Me acuerdo que en la escuela escribía bien cabrón y tocaba la guitarra bien cabrón y componía unas canciones que ya quisieran Los Strokes; ¿y para qué?...

Chale. Doctor: lo perdimos, doctor; lo perdimos. Cu cuuu, cu cuuu...

Yo siempre he pensado que cuando alguien cree que es “demasiado inteligente”, es porque tiene problemas graves. Esos “genios incomprendidos” ya me dan mucha hueva al igual que todas esas pláticas de frustraciones que yo ya superé hace mucho. Yo siempre soy la persona menos indicada para estas situaciones. Quería que le diera un consejo y cada cosa que yo le decía, el güey me respondía: “Me decepcionas, creí que eras más inteligente”. Uuuuyyy, discúlpeme su Alteza Serenísima.
De lo que no se daba cuenta es que la mera verdad me valía riata lo que hiciera, quería que ya se fuera y me dejara la botella porque ese rollo se lo vengo escuchando desde que teníamos 19 años: que se va a suicidar, que si es un músico genial, que sus problemas con el alcohol, que es el mil morras, que esto que lo otro, que el amor, que nada vale madre, etc. Pero en realidad no hace nada para remediar su situación y el güey es puro pedo que ya me da hueva aunque sea mi amigo.

Pero el whisky es el whisky, y más de gratis… y seguí escuchándolo…

martes, septiembre 26, 2006

Post para salir del apuro diario



Tengo un amigo puto que se llama Paco Gerte. Dice Paquito que se quedó con muchas ganas de verga nar a los Tigres el fin de semana pasado. ¿Alguien quiere quitarle las ganas a mi compadre?

Tengo otro amigo que se hecha unos pedotes bien feitos, y dice que Bush ya lo mandó llamar al Army como arma biológica.

Tengo otro amigo que es más aburrido que la Hora Nacional y es más predecible que una actuación de Nicolas Cage en cualquiera de sus películas. No se los recomiendo; no se pierden de nada.

Resignado ante mi inminente calvicie, he optado por el peinado de "Queso Oaxaca": Me voy a dejar crecer los pelos de los lados de la cabeza y luego -ya que estén bien largos- me los voy a envolver en la pelona como el susodicho quesito; así como un turbante. Snif. A ver si no me confunden con terrorista.

sábado, septiembre 23, 2006

Unos frentazos en el ombligo

Este blog es un penacho de plumas multicolores, que en las noches se viste de charro y se pone a cantarle al amor... o algo así va la pinchurrienta canción esa de Luís Mugrel. Así como un día puedo hablar sobre recuerdos ñoños y traumas retro ochenteros de la infancia, también otros días puedo dar agudos puntos de vista sobre política, verdades absolutas o filosofar sobre pensamientos inservibles acerca de la vida, el amor, la naturaleza y cómo limpiarse en fundillo cuando no hay papel en el baño y uno no trae calcetines.

Pero pos este blog también es hombre, y también es un blog muy macho, y pues le gusta hablar de sexo de vez en cuando y dar consejos útiles a sus lectores vírgenes, cachondos, y hasta a los que “no paraguay”. Por eso este blog les dice: No sean gachos, raza; no traten mal a las viejas cuando les está bajando el Kool Aid de fresa. Andan bien sensibles en esos días y lo que menos quieren es que uno las esté jodiendo o forzando a hacer cosas que no quieren.

Es que yo conozco a muchos batos que les gusta pasarse los rojos y ahí andan de rogones: "Ándale... ándale... al cabo ponemos una toalla o una camisa que ya no sirva sobre la sábana para que no se manche... ándale" o "no hay pedo, mañana llevo el edredón a la tintorería y digo que se me tiró una lata de chile chipotle". Pero pos a algunas morritas no les gusta hacer el amor cuando la carne se les está descongelando porque quesque se sienten sucias y dizque huelen mal y quién sabe que tantos inventos y tabúes y conjuros le dicen a uno. Total, como la morrita no quiere amor, pues uno luego luego piensa: "Ah, bueno, si no quiere así, pos entonces que me dé unas chupa chups esta semanita".

Pero hasta para pedir eso hay que ser muy sutil y romántico, no sean güeyes. No se trata nomás de llegar y decir: "Oye mi amor, como te está bajando pues entonces hazme sexo oral". Por favor, ¿quién dice "sexo oral" para referirse así a unas mamadas? Nadie. Como tampoco nadie llega proponiéndole a su pareja: "Tengamos coito, ¿no, mi vida?" o "vamos a aparearnos, baby" o “nos cruzamos como los perritos, chiquita”. No, no chinguen, tampoco traten de ser tan correctos porque se ven puñetotes y ese es un “turn off”.

Tampoco está bien decirle: "Ándale chiquita, dame unas mamadas". Eso se oye más vulgar que Rafael Inclán hasta el huevo de pedo en una pulquería. Pero tampoco hay que caer en la extrema ternura de: "Dame unos besitos en mi pipí que está muy tristesita y extraña tu lengüita juguetona, snif". No sean infantiles, por favor, suenan a Barney o al padre Marcial Maciel.

En estos días de goteras coloradas, hay que ser muy ingeniosos para no herir susceptibilidades, para no caer en el extremo de la guarrez ni en lo cursi que nos haga ver mansitos. Este blog por eso les recomienda que les digan a sus mujeres:

"Mi amor, disfrutaría mucho si me dieras unos frentazos en el ombligo".

Así, la ponen a pensar un ratito y, cuando descifre lo que quisieron decirle, los dos van a estar a la risa y risa por tus geniales ocurrencias y la damita accederá a tus peticiones por creer que eres un genio incomprendido y un amante fabuloso.
Pruébenlo y verán.

P.D. Para los que sigan sin entender el título de este post: Cuando la muchacha accede a soplarles el pajarito, su frente femenina rebota entre las carnes de su ombligo. Eh ahí el nombre del post.
Mamada = Frentazos en el ombligo.

martes, septiembre 19, 2006

La Mosca

Tengo un amigo que tenía un puesto importante en la Secretaría de Vialidad y Tránsito. Varias veces me contó de los abusos de los oficiales y de cómo se maneja el dinero dentro de la institución: moches, mordidas, sobornos, repartos y de más. No digo que este güey no hacía nada de eso teniendo un alto mando, pero tampoco se mamaba ni abusaba cuando no debía.

Por ejemplo: Una vez llegó una señora quejándose con él de que un tránsito le había quitado 500 pesos por traer placas gringas en una vagoneta de esas regularizadas bien madreada. Decía que ese dinero era lo único que tenía para toda la semana y que, parte de él, era para comprar unas cosas para la humilde fiesta de quinceaños de su hija. La señora era un mar de llanto.

Mi amigo atendió muy amablemente a la señora en su oficina y mandó llamar a los oficiales que estaban en la avenida donde la habían infraccionado. La señora señaló al culpable y mi amigo dijo: “A ver, dame los 500 pesos que le quitaste a esta señora”, y el oficial le dijo que no los traía que porque ya se los habían repartido entre los tres y se lo había gastado. Entonces, mi amigo saca 1500 pesos de su cartera y se los da a la señora y le dice: “Tenga señora, le ofrezco una disculpa; hágale el quinceaños a su hija”, y la señora toda sacada de onda y bien agradecida se fue con los mil quinientos bolas. “Mañana”, dijo mi compa, “cada uno de ustedes me va a traer mil pesos: o sea, 3 mil pesos. Lléguenle a la verga de mi oficina”

Total, a la semana, que despiden a mi amigo de su trabajo. Salió su foto en tooooodos los periódicos bajando de su coche y con un encabezado que decía algo más o menos así: “Director de no sé qué de Tránsito usa placas colgadas en su auto de lujo”. Y bye bye.

Pero el propósito de este post es el apodo que le pusimos a mi compa después del incidente de su desempleo a raíz de ese roce con la prensa escrita.
Llegó una vez a una carne asada, todavía tristecillo y avergonzado, y que todos empezamos a hacerle: “Bzzzzzzzzzzzz, bzzzzzzzzzzzz” y a mover las manos como si fueran alas. Y este güey dice:

- Qué pedo, ¿por qué le hacen así?
- Pues de ahora en adelante te vamos a decir “La Mosca” -le dijimos.
- A chinga, ¿por qué? –dice mi amigo desconcertado.
- Pues porque te mataron a puro periodicazo, juar juar, juar.

Y así se le quedó: La Mosca.

sábado, septiembre 16, 2006

Navidad adelantada

Les voy a adelantar su navidad regalándoles un Chiste Alowey navideño, pa´que luego en diciembre no me digan que nos les di nada. Además, es un buen "pretesto" para no escribir nada porque es sábado y la hueva me envuelve con sus tentáculos. Bye.

miércoles, septiembre 13, 2006

El Sabritas

De chiquillo tenía un amigo al que le decíamos El Sabritas porque era una botana el cabrón. El Sabritas acostumbraba a cambiarle la letra a las canciones de moda y ponerles puras groserías. Una vez le cambió la letra a la canción de la caricatura de Heidi, y decía: “Abuelito dime tú, por qué el chivito te la mamó, abuelito dime tú…”. Otra vez nos cantó la de Cuando Calienta el Sol y decía: “Cuando calienta el sol aquí en la playa, siento tus chichis brincar cerca de mí…” La que más me daba risa era la del Bazar de las Flans, esa que estaba bien de moda en aquella época y que decía “te conocí en un bazar un sábado a mediodía, ente libros y revistas, camisetas discos y tú” o algo así. Pero el pinche Sabritas la cantaba: “Te conocí en un congal un sábado bien cachondo, entre tetas, pantaletas, chichis, vergas, pitos y tú”. Se le ocurría cada pendejada al Sabritas que siempre nos tenía cagados de la risa. Una vez su mamá lo oyó cantar una de sus canciones y lo metió de los pelos a la casa, juar juar.
Hoy se me hizo verlo en Liverpool. No estoy seguro si era él; se veía ya bien señor y bien gordo. Quise llegar y decirle: “Eh, tu eres el Sabritas, ¿verdad?”, y que me dijera que sí y cantar juntos la de te conocí en un congal la la la la la la la la. Pero no.

Explicación para mis lectores internacionales:
Sabritas es una marca de frituras mexicana. A esas frituras se les llama botanas. Una persona "botana" es una persona muy chistosa, graciosa, etc. Servidos.

Y por último,un Chiste Alowey para acabar de amargarles el día:

domingo, septiembre 10, 2006

cuentitos

Entré otra vez a unos concursos de cuentos y relatos hiperbreves en los que ya van varias veces que participo y no me gano ni madres ni quedo entre los de mención honorífica ni nada de nada (no he de valer pito para escribir, snif).
Como sólo a ustedes, amados lectores (y a la Fabi, of course), les tengo que rendir cuentas de las pendejadas que escribo y sólo su aplauso sincero o desprecio vil es mi mejor premio, pues aquí se los dejo a ver qué les parecen:

La Otra Tierra

Nuestra nave descendió sobre aquel desolado planeta. La superficie estaba erosionada y no había rastros de agua por ningún lado; las agujas de los equipos de medición marcaban altos índices de radiación tóxica y una temperatura mayor a los 80 grados centígrados. Los indicios de vida eran nulos. ¡Maldición!, un grupo de humanos ya había estado aquí antes que nosotros.

La Lechuza

Contaba Don Chabelo, el velador del barrio, que las lechuzas se convertían en brujas. Regresé a mi casa por la noche, después de un partido de fútbol con los niños de la cuadra de arriba. Caminaba cargando el balón y escuché que me chistaban por la espalda: “sht, sht”. Miré para atrás, pero no había nadie. Volvían a chistarme: “sht, sht”, y yo volvía a voltear, pero seguía sin haber alguien. Escuché un aleteo cercano que me puso la piel de gallina... “Sht, sht”... Miré hacia atrás y ¡Aaaaahhhhhhrrrrggggg!!!

Mejor vayan a Big Blogger para que sigan leyendo más de mis babosadas.

viernes, septiembre 08, 2006

este consejo les doy...

Ya no acostumbro manejar pedo porque ahora soy más conciente y porque una vez destrocé mi carro contra un muro de contención en una de las avenidas principales de aquí de Monterrey. El carro quedó hecho cagada, al igual que mis calzones por el susto. A mí no me pasó nada, todo gracias al rosario mágico ese que mi madre siempre se empeña en colgar en el retrovisor de todos los coches a los que se sube; ah, y también gracias a la crucecita de San Benito que traía de llavero en esa época y que servía igualmente para cuidar borrachos que para abrir cervezas.

Esa noche iba tomado y encabronado por no me acuerdo qué pendejada (una novia lesbiana, creo; nada del otro mundo) y quería seguir tomando y, en una joroba, por andar manejando con una mano, que pierdo el control de Kit el Auto Increíble y que pego de lado, de frente, de reversa, mami, de reversa.... El coche giraba por el aceite derramado del motor y yo me sentía adentro de una licuadora Oster y nomás oía golpes huecos por fuera. El automóvil fue pérdida total. De buenas que el chingadazo fue en la madrugada y no había nada de tráfico ni de gente; si no: ay amachita.

Pues total que llega Tránsito y -siempre- lo primero que quieren hacer, es intimidar a uno diciéndole mil mamadas de que la cárcel y que las multas y que la verga. Total, uno de los tránsitos me bajó 500 pesos con engaños y pos yo se los di y pues ahí voy, a hablarle a mi papá por teléfono para que me echara la mano con lo del seguro y porque el carro estaba a su nombre. Lo único que dijo mi padre al ver el auto fue: “Pues te salió cara la pedita, Guffito”, y yo le dije, “sí, pinche botella de Buchanans se tiró toda en el carro”… ah, no, no es cierto, no le dije eso.
Total, resulta que el tránsito que me había bajado los 500 pesos conocía a mi papá y pues le dijo bien apenado que me había quitado esa lana pero que ya había arreglado con el comandante esa cantidad y, total, terminamos ayudando al jijuelaverga ese con tal de que la rata asquerosa de su comandante no lo corriera porque tenía cinco hijos y una esposa enferma de cáncer. Total, arreglamos lo del seguro, le pagué el carro a mi jefe y bla bla bla.

A lo que voy con esta historia -que hasta a mí ya me dio hueva - es que no manejen pedos, cabrones y cabronas. Mi cuñado chocó hace más de un año en la misma condición que yo andaba (pedo) y aún se sigue recuperando.

El blog de Guffo al servicio de la comunidad y creando conciencia entre los jóvenes.

miércoles, septiembre 06, 2006

chistes alowey y datos misceláneos

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Boletos de avión, ya.
Hospedaje en hotel, ya.
Boletos para el concierto de Joaquín Sabina en el DF, también (sería muy pendejo de mi parte comprar boletos de avión y pagar hospedaje en el DF sin tener los boletos del concierto, ¿no?)

Por fin el sueño de la Fabi se hará realidad. La veré llorando, cantando, derritiéndose con las palabras de otro güey y gritándole que lo ama.
Oye Fabi, ¿cuándo vamos a ir a Hollywood a buscar a Winona Ryder?, digo, para estar a mano ¿no?, jejeje.

Recuerdo que de niño, querer ser Presidente de México, era algo bien chingón. Soñarse saliendo en las estampitas de las tareas y en los libros de texto; ser héroe nacional ayudando a la gente pobre y cuidando nuestros recursos de manos de los villanos, eso era algo bien chingón. Pero ahora... Qué gacho ha de ser que nadie te quiera, no tener amigos, que se te acerque la gente por pura conveniencia para hacer bissness, que la mayoría te odie y repudie todo lo que hagas, no poderte pasear en las calles sin que te rayen la madre, tener a Chespirito como único defensor... Ser Presidente ya no debe de ser el sueño de nuestros niños, nomás se malean.

Ignoro por qué cada que me preguntan que por quién vote, nadie me cree cuando les digo que por Patricia Mercado. Les parece una broma y me dicen "¿a poco?, no mames, ya dinos por quién votaste". Cuando les reafirmo que voté por ella y que no es broma, me dicen que tiré mi voto a la basura. Tirar el voto a la basura también es una opción, ¿no? No están ahí berreando tanto eso de ir a votar y ejercer la democracia y, cuando uno les dice su voto, lo primero que hacen es decir que lo tiré a la basura y que mejor no hubiera ido a votar. ¿No es eso intolerancia? Muy mi pinche pedo si la Paty me caía bien y de antemano sabía que no iba a ganar ni aunque le diera las nalgas a Fox ¿no? Lo más curioso, y no es por generalizar, pero todos los que me han dicho esto (amigos, conocidos, familiares), votaron por Felipe. No tengo nada en contra ni de Felipe ni de AMLO ni de Madrazo, tengo algo en contra de los felipistas, lopezobradoristas y madracistas pendejos, nada más.

martes, septiembre 05, 2006

las sucias colas

Hace mucho que no escribo algo ecológico, así es que, si les caga Greenpeace y los ecologistas les parecen puros pájaros nalgones, mejor huyan de aquí.

Todos los fabricantes de refrescos, aguas negras y de más gaseosas pica muelas se enorgullecen en brindarles a sus consumidores la “comodidad” y “practicidad” de las botellas de plástico no retornables. Pues sí: es muy cómodo comprar, beber y tirar a la verch el envase pero, ¿han visto de qué están llenas las playas, las carreteras, las calles de su barrio, los bosques y otros centros de recreo del país? Es más, no se vayan tan lejos: échenle un ojo al bote de basura de su casa, de su jale o de la escuela y vean qué es lo que más abunda en esa bolsa negra y apestosa que se asemeja al fundillo prieto de nuestro México. Botes de plástico, es la respuesta. ¿Dónde quedaron las cajas de coca colas con esos envases verdosos que resplandecían con el sol?, ¿a dónde se fue esa costumbre de “ir por las cocas” cargando una canastilla con envases retornables adentro? Ahora uno va a la tienda sin nada y regresa cargando unos refrescotes familiares del tamaño de un niño.

Por todos lados está lleno de esos pinches envases transparentes de 500, 600, 2000 y 3000 mililitros de refresco de cola y sabores que nos hacen la vida más fácil, la panza más redonda y los eructos más sonoros. Flotan por los ríos, se pierden entre las hierbas, los dejan entre las piedras, los patean los niños en las calles como juguete gratuito y habitual de un mundo moderno. Lo peor del caso es que yo sé que a la mayoría de ustedes les vale madre lo que yo piense porque pues es bien chido comprar una soda sin andar cargando un envase y porque es la única opción que ya ofrecen las transnacionales: los envases “compra y tira, no te compliques la vida” o no retornables.

¿Qué va a pasar el día en que esos pinches envases -que tardan quién sabe qué tanto tiempo en desaparecer pero casi lo mismo que un pañal cagado- nos sepulte? ¿No les da asco ver las playas donde nadan, los lugares donde turistéan o la plaza en donde dan el rol con su morrita después de comprarle su elote desgranado, llenas de envasitos de esos?
Lo más curiosos es que ninguna refresquera ha optado por hacer puras latas ni, mucho menos, por los envases retornables de vidrio -como antes se usaban- porque dicen quesque “no son higiénicos”. No mamen. Las latas las compran muy bien como aluminio, hasta 11 pesos por kilo me ha tocado que me den al irlas a vender después de una buena peda. Es más: tirar una lata de cerveza por la ventana del coche hace más bien a la comunidad que no tirarla porque, tirándola, uno ayuda a un pepenador o pordiosero a juntar su kilito de latitas para que se pueda comprar su sopa Maruchan y coma bien. Una lata sí la recogen; un envase de plástio no, esa es la gran diferencia.
Y en cuanto a los envases de vidrio, pues es lo más factible y sano para el bienestar y equilibrio del planeta, creo yo.

Es más: si una refresquera hiciera una campaña de denuncia como publicidad para su producto, diciendo que ellos utilizan puros envases de vidrio retornables para sus refrescos porque les preocupa el medio ambiente y, pusieran en evidencia a los demás fabricantes haciéndolos quedar como sucios contaminantes y terroristas ecológicos por producir puras sodas en envases de plástico no retornable anteponiendo la comodidad al medio ambiente; ese refresco sería un éxito.

Si la conciencia ecológica de la gente esta despierta, el pedo es que no hay muchas opciones para aplicarla.
Los fabricantes de refrescos me pueden robar mi idea de allá arriba, no hay pedo, no los voy a demandar, con tal de que le hagan un bien a este mundo.

domingo, septiembre 03, 2006

ches amiguitos que tengo

Otro de los discursos persuasivos que se avienta mi amigo -del que les platiqué en el post anterior- cuando llega a traer novia formal, es este:

Mira mi amor: te aviso que si tú no te acuestas conmigo, yo me voy a empezar a acostar con otras mujeres. No es amenaza ni chantaje, no me lo tomes así; simplemente es lo que va a suceder porque para mí lo sexual es muy importante dentro de una relación y no pienso esperar "hasta el matrimonio" para poder hacer el amor contigo. ¿Más de tres años sin coger?, no, no estoy dispuesto. Asi es que, pues ya estás advertida. Ah, y eso que me dices siempre que te pido las nalgas, eso de que "es que si me quieres puedes esperar", se me hace el argumento más estúpido y ñoño que pueda existir. Asi es que no me culpes si me acuesto con otras. Tú decides. Tú serás la culpable de mandarme a los brazos de otras viejas.

Algunas han terminado acostándose con él por miedo a que las deje y otras lo han mandado al carajo, pero nadie puede decir que mi compadre es deshonesto con las mujeres.

Tengo otro amigo que, ¡este güey sí que ya me tiene hasta la madre!!!
Me habla un domingo a las 8 de la mañana, como acostumbra a hacerlo; y yo de pendejo que sigo contestando el teléfono a esa hora.

- Bueno... -contesto semicrudo.

- Oye carnal, ¿cuál es la calle Hidalgo?

Sí, así es: este rejijo de su repinch#$%& me habla a las 8 a.m. para pedirme la ubicación de una calle en el centro de la ciudad. No mames, por favor.

- Eh... pues es la del Carls Jr. del centro... -le respondo muy a huevo y amablemente.

- Ah, chinga, ¿ a poco hay un Carls Jr. en el centro?, jajajaja, ni sabía. ¿Qué pedo, pues acompáñame, no?, es que tengo que ir a surtir unas cosas del almacén porque...

En ese momento de su choro sin importancia ni trascendencia para mi vida, es cuando desconecto el teléfono a la verga y no vuelvo a saber de él en una o dos semanas.

La semana pasada me volvió a hablar y ¿adivinen qué día y a qué horas? Efectivamente: un domingo a las 8 de la mañana. Yo, ingenuo, contesto otra vez el teléfono:

- Bueeeno... -pinche voz ronca, bien varonil, a causa del gargajo atorado en mi garganta.

- Oye güey, es que el Kikis quiere bañar al Filipo pero pues ¿a poco sí se puede bañar con cualquier shampoo?

Verga, ¿quién es el Kikis y quién es el Filipo?, pienso yo. Así de chingazo me soltó este argumento: sin vaselina, sin decir "ahí va el agua", "fuera abajo" ni explicación alguna. Imagínen que a las 8 de la madrugada suene el teléfono de su casa y lo primero que les digan es esta mamada. ¿Pos qué chingados hace uno?

- ¿Cómo?... ¿qué pasó?... no te entendí, compadre -le pregunto apendejadísimo.

- Sí: es que el Kikis quiere bañar al Filipo, pero no sabemos si se necesita un jabón especial. Pregúntale a tu papá, ¿no?

Ahí es cuando deduzco que el Filipo es un pinche perro y que el mentado Kikis también tiene nombre de mascota. El que sí de plano no tengo duda que sea un animal, es mi compadre (snif, aunque lo aprecie mucho pero es que la verdad que se la mama).

- Háblale a tu papá, ¿no? -me dice- Ah, o es más: que pasen por el perro acá a la casa ¿no? Sí tienen servicio a domicilio ahí en el negocio de tu papá, ¿no?

- Pues sí carnal, nada más que es domingo... mi jefe no abre los domingos, y menos pa´bañar a un perro... -le digo ya molesto.

- Aaaah... ¿no abre los domingos? -me dice.

Y sí: le volví a colgar el teléfono a la riata.
Hoy no me habló, pero: ¿con qué pendejada saldrá el próximo domingo?

viernes, septiembre 01, 2006

filosofía de un compa

Tengo un amigo que a todas las mujeres que acaba de conocer les dice:

-Mira: si hoy no me acuesto contigo, no te voy a volver a hablar, porque no tengo motivo ni interés para hacerlo. Voy a pensar que eres aburrida y mocha. En cambio, si hoy mismo me das las nalgas, ten por seguro que mañana a primera hora recibirás mi llamada para desearte los buenos días, y hasta te invitaré a comer o a cenar y te mandaré flores y, muy probablemente, salgamos por mucho tiempo más porque puede ser que me enamore. El amor muchas veces entra por el pito o por la vagina, mi reina.

Mi compa dice que las mujeres se confunden en estas situaciones. Las mujeres piensan que si se acuestan con un güey la primera noche que lo conocieron, el güey nunca más les volverá a hablar porque va a pensar mal de ellas. Eso es mentira. ¿Qué güey no quiere coger todos los días? ¿Qué hombre no quiere enamorarse?

Pero esto no viene al caso, fue nada más un gancho para mis lectores para que se vayan directamente a http://www.big-blogger.net y lean lo que ahí escribí, porque hoy andamos de fiesta y aniversario.
Píquenle nomás a donde dice Guffo y que la gocen, snif.

jueves, agosto 31, 2006

toing

Sí...
Ya sé que te vas a encabronar...
Me vas a decir que "cómo es posible que me quede despierto hasta las cinco o seis de la mañana para escribir en el blog y no me levante temprano para ir a verte". Para empezar: mañana no tengo por qué levanterme temprano y -aparte- una de las razones por las que me quedé despierto tan tarde, eres tú. Pinche Fabi: haces que me desvele. Ya ni la chingas, la verdad.
Es que es en serio: la pilinga no se me baja de tanto pensar en ti. Los huevos me duelen un chorro, mi oreja derecha se mal acostumbra a tu voz y tus mordidas, y mis manos jotean si tocan algo más duro que la carnita suavecita que forra tu alma.
¿Nos podemos ver al rato para ya sabes qué?
Pero no me culpes si ando desvelado, pues es tu culpa.
¡Toing!

miércoles, agosto 30, 2006

execute

A diferencia de muchas personas, a mí no me preocupa la ola de ejecuciones violentas que se ha venido dando en mi ciudad. Al contrario, y no me lo tomen como sarcasmo, pero agradezco sinceramente que alguien -por fin- esté tomando cartas en el asunto y barra con toda la mugre de esta metrópoli, de por sí fea por sus cerros pelones, horrorosos calores, su gente neurótica y sus embotellamientos a todas horas del día

A diario me levanto emocionado, esperando ver en las noticias de la tele o el periódico otra ejecución; y la verdad es muy triste cuando no hay ninguna o matan nomás a uno de los cuatro güeyes que balacearon.

Van 35 ejecutados en lo que va del año 2006 -uno por semana-, mas todos los que se han salvado de morir. Casi todos manejaban Hummers, camionetas o carros de súperlujo. La mayoría andaban vestidos de vaqueros (por favor, ¿quién se viste de vaquero y maneja un Hummer?, nomás los nacos), bien pedos en la madrugada, saliendo del antro Los Rieles (lugar de reunión por excelencia de narcos, guaruras, sicarios y de más malandrines que disfrutan de la música de banda y la cumbia y que cierra hasta las 10 de la mañana todos los días). Casi todos eran hijos de ex comandantes de la Judicial, ex judiciales, ex AFIs, ex ministeriales o parientes de ex judiciales de esos que usan bigote y camisa Versace de seda. En fin, puros güeyes que estoy seguro no pondrán el nombre de México en alto; güeyes sin los que el mundo es un lugar mejor. De hecho, espero de todo corazón que el número de ejecutados se duplique cuando termine el año.

Yo nunca he tenido pedo con el narcotráfico, pues creo que cada quien se dedica a lo que más le gusta y estoy seguro que este país no se ha hundido gracias a ese negocio. Mi pedo es con las autoridades mentirosas, creadoras de cortinas de humo, programas incipientes de combate e incapaces de negociar con ellos. Agradezco de antemano a los sicarios que están haciendo esta labor de limpieza en mi ciudad y espero que exista pronto un arreglo entre el gobierno y el narcotráfico para volver a tener la paz que antes teníamos y un crimen muy bien organizado y no tan desmadrado como ahora (¿qué es eso de andar tirando a un muerto en Avenida Constitución a plena luz de las 3 de la tarde?, ya ni chingan, señores).

Y si me ven en alguna cantina o bar o restaurante (porque ahora a los narcos les gusta juntarse en el Vips y en el Toks), no me disparen, no sean gachos; yo no tengo nada en su contra y mejor pídanme un autógrafo.

lunes, agosto 28, 2006

mariola

Mariola entró al Colegio Montessori cuando yo cursaba el quinto año de primaria. Recuerdo perfectamente que entró el verano en que me alivié del sarampión, porque me acuerdo que todavía tenía las marcas de las ronchas en la cara y la comezón en la espalda.

Mariola era la burla de la escuela pues tenía una deficiencia en el habla, ocasionada por un accidente al nacer (no sé de qué tipo); era bizca, usaba lentes de armazón y vidrio grueso, se le salían los mocos todo el día y calzaba unos zapatos extrañísimos -con fierros- que le impedían caminar con normalidad. Una de entre las tantas cosas que le hacían, era que cada vez que pasaba, todos coreaban: "¡A Mariola a Mariola le apesta la cola!"

En el recreo, los niños de la escuela disfrutaban haciéndola llorar quitándole su pelota, jalándole los chongos o metiéndole bolitas arrancadas de los árboles dentro de la blusa. Yo nunca me presté para esas burlas, pues bastante tenía la pobre con que las niñas tampoco se juntaran con ella. De hecho, cuando a mí me aventaban el balón para que yo se lo aventara a otro hijito de la chingada y siguiera el jueguito de no dárselo, yo hacía como que se me caía de las manos para que Mariola pudiera recuperarlo y dejara de llorar.

Los niños del salón se dieron cuenta de mi poca disponibilidad para esas bromas pesadas, y empezaron a molestarme con que "Eeeeh, Gustavo y Mariola se van a casar" "Eeeeh, son novios, son novios" y me empujaban contra ella para que la abrazara. "Uuuuyyyy, la quiere porque la defiende".
No la quería, simplemente no tenía por qué chingados odiarla ni por qué burlarme de ella cada que decía "maaaaexttllrrraaa", tratando de decir "maestra"

Pero en la primaria sólo hay dos cosas peores: Ser el último que escojan para un partido de futbol y que te digan que eres novio de una niña.

Un día, a la hora de la salida, la maestra estaba diciendo los nombres de los alumnos que se podían ir retirando del salón. Mis compañeros estuvieron todo el día mamando con que Mariola y yo éramos novios porque me negué a mojarla con el bebedero durante el recreo. Total, en vez de agarrar a chingazos a todos los niños del salón por estarme jodiendo, opté por algo más cobarde.

La maestra dijo el nombre de Mariola: La niña de paró de su pupitre, tomó su mochila, caminó con dificultad entre los bancos y yo dejé caer a propósito mi portafolio Samsonite color vino al suelo en el momento en que iba pasando. Y ¡Paaaazzzz!
Todavía me retumban los oídos al acordarme del santo chingadazo que se metió y el sonido que hicieron sus rodillas y manos al aplaudir con el piso. Aún recuerdo su cara mocosa, con los lentes en la punta de su nariz a punto de caérseles, empapada en llanto y mirándome con cara de dolor y de "tú eras el único que no me molestaba, ¿por qué hiciste esto?". Los niños del salón estaban atacados de la risa y me palmeaban en la espala, felicitándome, mientras yo me hundía de vergüenza en mi asiento. Quise pararme a ayudarla, pero no tuve los huevos de ser tan hipócrita y me quedé como pendejo temblando, sudando y sintiéndome como la mierda más apestosa del universo; un universo donde plutón aún era planeta. Y más mierda me sentí al darme cuenta que la maestra creyó que Mariola se había caído sola, debido a sus zapatos raros llenos de fierros. Y más mierda me sentí porque Mariola no rajó -porque no podía hablar bien- de que yo había sido el que la había tumbado, y me seguía mirando con llanto en los ojos, preguntándose por qué la había tumbado. Y más mierda me sentí al no recibir ningún castigo.

Bueno, creo que mi castigo es seguir acordándome tan detalladamente de aquel incidente y seguirme sintiendo como mierda cada que lo evoco. Espero Mariola me haya perdonado, porque yo todavía no me perdono del todo.

para los interesados

¡Anímense, raza!



Quiero aprovechar para agradecerles al Curry y al Verdette: caricaturistas, moneros y artistas de la tinta y plumilla (ya casi nadie usa ni tinta ni plumillas, pero bueno), por ser ellos quienes me invitaron el año pasado a tan distinguido e importante evento. Y también quiero agradecerles (sí, otra vez) por haberme invitado de nuevo este año y -aparte- por honrarme al haber tomado un monito que hice y usarlo como la imagen del Salón Internacional de la Caricatura 2006 (sí, el rancherito ese de bigote y sombrero que está brincando, lo dibujé yo, snif). Neta que qué detallazo. Gracias infinitas.

¡Mánden su trabajo!

viernes, agosto 25, 2006

jueves, agosto 24, 2006

qué bonitas pompas



No crean que le tomé una foto a las pompas de esta niña.

Bueno, sí, he de confesar que sí tomé esta foto porque sus pompas me llamaron mucho la atención.

Pero las pompas de jabón, no vayan ustedes a creer que soy miembro del clan Trevi Andrade o que tengo ojos para otras nalgas que no sean las de la Fabi.

Pero en vez de pompas, mejor llamémoslas "burbujas": el juguete por excelencia de la infancia del niño pobre y de clase media, el más barato (casi gratuito) y uno de los más divertidos.

Recuerdo que mi amá lavaba un frasco de mayonesa Hellmans (si tampoco estábamos tan jodidos), le echaba agua del fregadero, tantito jabón en polvo pa´trastes y me sacaba al patio a que lo trapeara; digo, a que jugara y me hiciera pendejo con los efímeros planetitas transparentes y tornasolados que salían por arte de magia ondulando por los aires un alambre doblado en forma de círculo, amarrado a un palo y remojado dentro del envase.

¡Plop!

miércoles, agosto 23, 2006

mal de la chompa

De esas veces que uno se da cuenta que está mal de la cabeza:

Vi la película "Supersize Me", esa del güey que come un mes en McDonalds para comprobar el mugrero de comida que venden esos restaurantes; y, en vez de crearme una repulsión hacia las hamburguesas de Ronald McDonald, se me antojó bien cabrón una Big Mac.
Y, lo peor del caso, es que fui a comprar una y me supo chingona y me valió madre que el hígado se me haga caca con la carne como dicen en la película.
Pinche película engañosa, usa la psicología inversa y tiene mensajes subliminales para que sigamos tragando ahí.

De esas veces que uno se da cuenta que está mal de la cabeza...

martes, agosto 22, 2006

es oficial

Pues ya empezó Big Blogger y siempre sí le entré. Sacien su morbo en http://www.big-blogger.net
Ahora sí traigo mucha hueva para postear. Mejor lean lo que escribí allá.
Saludos.

lunes, agosto 21, 2006

final... pero continurá

Pinche boda rara. Con decirles que no había meseros y uno se tenía que parar a la barra por su pisto. Y pues ya se imaginarán a los mexicanitos: metiéndose en la cola y sacando de quicio al barman porque no había tequila. Había cheves, whisky, piñas coladas, martinis y no sé qué otras cosas más, pero tequila no. Como siempre quise probar un martini cosmopolitan y allá en Monterrey los venden como en 70 pesos la copita, pues aproveché en la boda para probarlos. Están buenos pero las copitas en las que los sirven están muy mariconas y chiquitas, se tardan mucho en prepararlos y se beben de volada. Opté mejor por tomar cerveza.

Qué hueva describir la reacción de mis parientes al verme con Fabiola: prefiero que imaginen sus caras, expresiones y diálogos. A la Fabi le gusta bailar, y yo soy de esos de los que la gente habla y se burla cuando se para a dizque bailotear, porque parece que tengo los aparatos y fierros que usaba Forrest Gump de chiquillo; pero pues me valió madre y saqué a bailar a la Fabi. La banda que animaba, al ver que la mayor parte de la familia era mexicana, optó por su repertorio de música en español como “Copa Cabana” y “Tequila”. Vaya imbéciles. Ya me los imagino sacando sus brillantes deducciones: “Ah, mira, son mexicanos: vamos a cantarles la de Tequila para que se sientan en casa”. Pffft, debió haber habido tequila pero para mamar, cabrones. Bueno, a un tío sí se le prendió el foco y llevó una botella o dos. Bah, a mi ni me gusta como quiera. Fue una boda como todas las bodas que hay, lo que la hizo única fue la compañía y mis alocados pasos de baile, ajuuua. Bueno, salvo ese detalle de pararse cada quien por sus alcoholes y de que las bebidas te las cobraban después de las 12 de la noche, todo estuvo bien. A esa hora Fabiola y yo nos despedimos de los aún asombrados de mis familiares, fuimos a nuestro hotel, subimos al doceavo piso sin soltarnos de la mano -esta vez sí nos besamos dentro del elevador- y entramos a la habitación igual.

Vimos el último episodio de Sex and the City y la Fabi lloró. Siempre me pareció una buena serie, pero siempre he pensado que de las cuatro viejas no se hace una; bueno, es que ninguna es mi tipo. Tal vez Samantha. Las de Desperate Housewives están mejores. Bueno, pero lo mejor fue ver llorar a la Fabi. Siempre me gustó que llorara en el cine, viendo Cantando por un Sueño o cuando le leía mis escritos en las noche. Me gustaba que llorara porque me gustaba tener un pretexto más para besarla y abrazarla y decirle que la amaba. La abracé y le besé la frente cuando la pantalla del televisor se puso negra con letritas blancas y ella también me abrazó.

La Fabi tuvo su última conferencia muy temprano en la mañana. Su madre no llegó a Houston, por cierto. No me despertó, pero sentí cómo se quedó un buen rato contemplándome en silencio desde el sillón, ya arreglada y lista para marcharse. También sentí cuando acarició mi pelo y me beso en la boca. Recuerdo entre sueños que me decía que ya se iba y que me amaba mucho y que siguiera dormido. Desperté por completo –medio crudo- minutos después, prendí la lámpara y leí el recadito que me había dejado sobre la cómoda:
“Gracias por este maravilloso fin de semana. Siempre he creído que por algo suceden las cosas. No vayas a perder la llave que está a lado de este mensajito: es la de mi departamento, jijiji. Te veo allá, baby. Te amo y ya te extraño. Besos sabor cosmopolitan, mi bailador con dos patas izquierdas ”.

Ya quería irme a la chingada a Monterrey.



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jueves, agosto 17, 2006

capitulo 3

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Recordamos cuando tus hermanos me iban a madrear una noche que salimos con sleeping bags, copas de vino y sobras de la cena que habíamos pedido en el departamento que tenía en renta tu papá, jajaja. Que yo no me volví a aparecer en tu casa si no hasta navidad, porque dije “bueno, no creo que estos cabrones me partan la madre el mismo día que nació el niñito Jesús”. Mientras llegaba diciembre nos vimos en muchas otras partes a escondidas y, otra vez, en el depa de tu papá, jajaja, pero ahora sí no nos cacharon. Recordamos cuando nos metimos a un coffee shop en Ámsterdam y en un principio pensé que los güeyes te estaban tirando el pedo, pero era al revés: era un coffee shop gay jajaja. Recordamos desde las gorditas de picadillo en Real de 14, las crepas de plátano con Nutela en Paris, lo aburrido del Museo de Louvre y hasta la primera vez que dormimos a la intemperie en Cuatro Ciénegas, bajo una lluvia de estrellas. “Mira, mira: ahí va otra… ¡Otra!... ¡Mira!... No manches, son un chingo… esto está hermoso” y apuntábamos nuestros dedos al cielo, esperando a que cayera una como anillo estelar o a que escribieran nuestros nombres en el negro manto de las tres de la madrugada. Fue cursi y romántico. Eso sí, los pinches mosquitos no nos dejaron dormir hasta que el sueño nos venció y sus picaduras nos valieron madre. Viajamos mucho juntos, y la primera vez que viajamos por separado, coincidimos. Como ayer.

Estaba casi sentada, recargada sobre el respaldo de la cama y las almohadas. Me separé de ella y me puse a modo de cruz: con mi cabeza sobre sus muslos. Hazme piojito por fa, baby, le dije. Sabía que a la Fabi le gustaba hacerme piojito porque le gustaba estarme buscando canas, y fue lo primero que hizo al recostar mi cabeza sobre sus piernas. Parecíamos dos changuillos de zoológico acicalándose y buscándose piojos. Y recordamos a los monos titís de Animal Kingdom que hacían lo mismo que nosotros. No se por qué ella tendrá esa fijación con los canosos. Con decirles que López Obrador se le hace un hombre sexy. Dios mío. Sinceramente, que me salgan canas no me preocupa, me preocupa más quedarme pelón antes de que me pueda salir la primera cana.

No sé cuánto tiempo duró la sesión de piojito y cosquillas en el cuello que me estaba tumbando de sueño otra vez, pero en eso, la Fabi fue la primer valiente en pararse de la cama. Deja me meto a bañar, chiquito. Nooooo, no hay que bañarnos, le dije. Se rió y la agarré de las caderas y las pompas diciéndole que estaba bien buena, que se quedara en la cama o que de castigo diera unas vueltecitas por el cuarto encuerada para verla. La Fabi se atacaba de la risa y cayó de vuelta en la cama. ¡Yaaa, Guffo! suéltameee. Oh, pos quién te manda a estar tan buena, le repetía. Y como típica vieja: ¿Qué te pasa?, estoy bien gordis. Estás bien buena, insistía yo. Ay Guffo, estoy bien aguadita, ya no soy una niña, seguía diciendo ella. Ya quisiera una vieja de 23 años estar como tú a los 33 mamacita, y le volví a apachurrar las nalgas y las caderas y el vientre y esa lonjita que a todas las viejas les trauma. Jajaja, se cagó de la risa y se paró echa madre al baño. Duérmete otro ratito, me dijo… para que no estés chingando, amorcito jajaja. Me reí junto con ella. Siempre sacaba una madreada cuando menos lo esperaba. No estás aguadita, le dije, estás suavecita como el migajón de un pan. Y se volvió a atacar de la risa mientras sus pisadas amortiguaban la alfombra de la habitación y la guiaban a la regadera.

Sólo escuché la llave del agua abriéndose y la puerta del baño cerrándose. Traté de recordar una canción, pero no me acordaba quién la cantaba ni quién la había compuesto. Siempre la escuchaba para reafirmar el por qué me gustaba tanto estar con Fabiola.
Y me acordé de la canción antes de que saliera de la regadera…



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martes, agosto 15, 2006

capítulo 2

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Despertamos abrazados bajo el grueso edredón de la cama. Hacía mucho tiempo que no nos levantábamos así: acurrucados y desnudos. Cuando andábamos de novios a mí siempre se me dormía el brazo y amanecía con un hormigueo horrible a falta de circulación, pues la Fabi se quedaba dormidota sobre él a mitad de la película que habíamos rentado y yo ya no me podía mover; por eso perdí –malamente- la costumbre de abrazarla mientras dormía. Esa mañana desperté con ese mismo hormigueo, pero no me pareció incómodo: podía quedarme con el brazo atrapado bajo su cuerpo para siempre. Comencé a acariciar su cabello con la mano que tenía libre y ella me apretó con su abrazo a la altura de mi pecho.

- ¿Dormiste rico, chiquita? -le pregunté.
- Muy rico -dijo.

Me besó mientras frotaba mis pies contra los suyos. Siempre disfruté hacer eso, aunque ella me decía que yo no sabía cortarme las uñas de los dedos, que siempre me quedaban como garras afiladas y le raspaban en los tobillos. Esa mañana no me dijo nada de eso, es más, imitó mis movimientos acariciándome también con sus pequeños dedos y la lisita plata de sus pies.

La ropa estaba regada en el piso. El aire acondicionado en su máxima potencia. El hueco entre las dos cortinas mal cerradas dejaba entrar un muro de luz que hacía visibles las pelusitas flotantes que desprenden las sábanas y la alfombra.

- ¿Por qué perdimos todo este tiempo?
- No sé… -le dije-, tal vez lo necesitábamos para aprender…
- ¿Y qué aprendiste? -me preguntó.
- Que aprendo más estando contigo.

Me besó y volvimos a hacer el amor.



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lunes, agosto 14, 2006

novela bloggera audiográfica. capítulo 1.

Instrucciones: Ver la imagen, leer el texto y poner la rolita al final.

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Tenía mucho de no verla ni saber de ella, y, ¡oh, surprise!, en dónde me la fui a topar…

Llegué al aeropuerto de Houston el viernes, con dos whiskys y una pinchurrienta bolsita de cacahuates en la panza. La razón: se casaba el primero de todos mis primos por parte de mi madre. Qué pendejo, decían en broma algunos. ¿Y tú para cuándo?, preguntaban otros. Mis padres ya tenían un día en esa ciudad gringa y bushiana, y yo esperaba sentado en una banca incomodísima del aeropuerto a que mi tía –la mamá del futuro castrado, digo: casado- llegara por mí a la Terminal E, pues me hospedaría en su casa junto con otros primos.
Pasó una hora y nada que llegaba. Fui a comprar algo de tomar al Starbux o Starbus, o esa chingadera, y me llamó la atención una vieja que arrastraba una maleta a lo lejos.

Caminaba derechita, sacando la pechuga; muy coqueta, mirando al frente y hablando por celular. Ojos delineados con raya negra muy marcada que hacía juego con su cabello negro anudado en una pinza de esas que usan las viejas y que parecen trampas para osos. Como que la llamada en su móvil se le cortaba y volvía a marcar, y se le cortaba otra vez y volvía a marcar un tanto enfurecida; por no decir, encabronada.
Di un sorbo a la madre esa con choco chips y crema batida que compré, sin desprender mi vista del mujerón aquel que se aproximaba hacia donde yo estaba. Ya le estaba desabrochando el pantalón con la mirada para imaginar de qué color serían sus calzoncitos, cuando: ¡ay güey!; con razón me había llamado tanto la atención: era la Fabi.

Nunca había visto tanto asombro en un rostro. ¿Qué ooondaaa, Guffiiiis?, ¿qué haces aquíiiii?, me dijo mientras me abrazaba con ese olor a Emporio de Armani tan característico en ella. Jaja, tú, qué haces aquí, le dije medio temblando, yo vengo a una boda. Su cara no abandonaba la sorpresa, al igual que la mía. ¿A poco tu primo Dany se casa?, me dijo. Me gustó el detalle de que se acordara de los nombres de mi familia. Bueno, no era para menos, siempre la quisieron mucho y fue bastante el tiempo que estuvimos juntos. Pa´no hacer el cuento largo, me dijo que su mamá había perdido el vuelo de Monterrey, que iban a un congreso de profesionales inmobiliarios y que su madre tenía las reservaciones y la dirección del hotel y no podía comunicarse con ella a falta de señal. Cualquier palabra quedaría corta para platicarles lo hermosa y sabrosa que se veía.
En eso, recibió la llamada de su madre y mi celular también sonó. Mi ex suegra le pasó el número de reservación y el nombre del hotel. Por la bocina de mi fono, mi tía me decía que no podría ir por mí, y me pasó la dirección de su casa para que me fuera en taxi.

Colgamos al mismo tiempo. Seguíamos mirándonos con sorpresa; era increíble que en Monterrey nunca más nos volvimos a topar. Yo estaba nervioso. No sé si ella también Me dijo que quería un café, que fuéramos a tomarnos uno. Y fuimos. Tiré la madre empalagosa que compré en el Starbucks. Platicamos chingón, como siempre lo habíamos hecho. Nos reímos mucho, como siempre lo habíamos hecho. No dejaba de verle las chichis, ni la boca, ni toda su cara, como siempre lo había hecho. Seguíamos incrédulos ante tanta coincidencia y empezamos a hablar del azar, el destino y demás mística barata. Terminó su café (yo no tomo café, pero me tomé una cerveza para que el efecto de los vasitos de whisky del avión no se desvaneciera) y pagué la cuenta. Le dije que si quería que la acompañara a su hotel y me dijo que era precisamente el favor que me iba a pedir: Ya sabes que mi inglés es péeesimo, Guffis, me dijo. “Guffis”, “cafecito”, “galletita”, “blusita”; para todo empleaba diminutivos que contrastaban con su voz ronca; eso siempre me gustó de ella. Reímos cuando le dije que si seguía hablando en náhuatl y diminutivos nadie le iba a entender ni madres. Me dio un manazo riendo aún. Subimos al camión que tenía el logotipo del hotel donde se hospedaría. Platicamos todo camino. No nos reprochamos nada ni quisimos curiosear en lo que habíamos hecho este tiempo que llevábamos separados. No nos preguntamos nada que pudiera lastimarnos o que arruinara nuestro encuentro. Reímos mucho otra vez. Me dijo que de mí siempre le gustó que la hiciera reír mucho. Yo le dije que de ella me gustaba todo. Sonrió.

Llegamos al hotel. Le ayudé con sus maletas. Utilicé mi mejor inglés con la ojiazul de la recepción y la Fabi nomás miraba con cara de “juat?” Jajaja, tiene el pelo con madre, me dijo la Fabi apuntando a un negrito con un afro exageradísimo. Sonreí. La ojiazul de la recepción me dio la llave; bueno, la tarjeta: ya ven que ahora los cuartos de los hoteles se abren con tarjetas. Thank you, le dije, y la Fabi me dijo: aijuesuuuuu, muy gringo o qué. Volví a sonreír.

Ay, muchas gracias, Guffis… ¿y ahora cómo le vas a hacer tú para irte a casa de tu tía?, me da pena que te hayas venido hasta acá. Le dije que no había pedo, me agradeció de nuevo y nos abrazamos. Pero nos abrazamos bien cabrón, acá: apretándonos bien fuerte, sin querernos soltar. Te extraño un chingo, le susurré en el oído. La Fabi derramó una lágrima, me di cuenta porque la sentí escurrir por mi cachete. Quédate conmigo, chiquito… háblales a tu tía y a tus papás y quédate conmigo. A huevo que sí.
Subimos al elevador y en vez de lanzarnos desesperadamente a nuestros brazos y besarnos, nos contemplamos con una sonrisa casi imperceptible. Fue un momento de inocencia de los pocos que se dan cuando dos personas se conocen tanto. Limpié con mi pulgar la raya del delineador corrida en su rostro por culpa de la lágrima que embarró en mi cara y ella cerró los ojos. Caminamos por el pasillo arrastrando las maletas y tomados de la mano.

¿Por qué pasó lo que pasó entre nosotros?, me preguntó en el umbral de la puerta del cuarto. ¿Cuándo se acabó la magia, Guffo?
Pasó lo que pasó… pues no sé, le dije con voz quebrada. Por lo mismo que está pasando esto, chiquita… y sí; la magia se perdió…no sé por qué ni quiero echarme la culpa o culparte a ti… pero ¿no crees que esto que está pasando es algo mágico? Nos besamos. Sentí donde me vencí y ella también, pues nos tomamos del rostro para no despegarnos ni para tomar aire, pero con una delicadeza...
Abrimos la puerta del cuarto 1234 con la tarjeta/llave y la cama era enorme…



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sábado, agosto 12, 2006

visita bloggera

Sobre aviso no hay engaño. Siempre he dicho que mi ciudad es más fea que la nariz de Carmen Campuzano. Toda ella se reduce a: congestionamientos viales a todas horas del día, montañas hermosas que no se ven a causa del smog, cerros depredados por las constructoras, personas arrogantes que se creen los muy muy, casinos atascados de gente huevona, establecimientos gringos de comida chatarra, congales carísimos, carne asada, cabrito, fútbol de quinta y cerveza. Por eso, es bueno tener un refugio, -una burbujita- para protegerse de tanto pinche villano y lugar de mala muerte. Yo lo tengo; ella bien lo sabe.
Ayer le pedí permiso a la vieja esa que metió un gorrioncillo cantarín en mi pecho y una bomba de “aigre” en mi pirinola para que me diera la noche libre, pues el Chango100 -algo así como el papá de la blogósfera (porque el papacito es José Luís Ávila Herrera)- pisaba tierras regiomontanas.
Pasé a las 10 de la noche a su hotel, nos tomamos unas copas y el viejo feo me dijo que me desvistiera, y yo le dije que no y que se lo iba a ir a contar a quien más confianza le tuviera, y la Chilindrina me felicitó y me dijo “¡así se hace!: tú vales mucho y mereces respeto…”.
No, ya en serio, me la pasé muy chido cerveceando y azotándome con el maese Manuel (así lo apodan). Con decirles que el Filósofo de Cantina ni se apareció. A mí se me hace que tuvo miedo, snif.

viernes, agosto 11, 2006

las 10 doncellitas y un chiste alowey

La primera película porno que vi fue una que se llamaba “Las 10 Doncellitas”. La tenía el hermano mayor de un amigo escondida bajo el colchón de su cama. Qué cliché. En las tardes, cuando no había nadie en su casa, nos metíamos todos los del barrio a verla. Pinche película era como de los setentas, pero ni pedo; de eso, a ver las TV Notas de la jefa en el baño, pos eso. En sí la trama era esta: Diez viejas calientes llegaban a un hotel muy chingón (spas, les dicen ahora) en una isla semidesierta. En dicho hotel había diversas suertes sexuales: el toro mecánico con asiento de pirinola, el columpio mete saca, la hamaca loca y de más cosas que se pueden inventar en un hotel con 10 viejas cachondas en busca de sensaciones nuevas. Pa´no hacerles el cuento largo, resulta que entre las doncellas había una asesina que quería matarlas y también a los güeyes del hotel para quedarse con todo, muakamuaka. Entonces, pos que se empiezan a morir primero todos los batos y las damitas estaban bien preocupadas porque pues quién les iba a dar caña si se morían todos los varones. Y nomás pa´que vean la genialidad del que escribió este peliculón y no crean que es un churrazo: una de las muertes se da cuando un señor -el que cargaba las maletas- le estaba haciendo sexo oral a la villana y, en eso, el señor se empieza a ahogar y se petatea. ¿Cómo murió? ¡¡¡La malvada se había puesto un veneno especial en el chocho!!! Eh, ya ven como no era ningún churro la película esta. Otra de las muertes es cuando una de las 10 doncellitas se muere arriba del toro mecánico porque la malvada le pone en la velocidad más alta y la víctima traía las manos amarradas al techo y pos no pudo bajarse la pobre (aunque no se le veían muchas ganas de bajarse del toro con asiento de pito). Otra muerte fue cuando dos de las chavas se estaban dando amor mutuo con un consolador doble y en eso ¡¡¡se electrocutan!!! La razón: la vieja mala de la película había arreglado el juguetito sexual para que tuviera un corto circuito. Aaaah, jajaja, qué jaladas. Eso sí era buen cine.

Y ahora, una tira cómica de esas que cada vez vienen con menos cuadritos, menos humor, menos colorido y menos fans, snif.

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Ah, por cierto: me confirmaron que sí voy a entrar a Big Blogger milésima edición. Chas gracias al Arboltsef y al grupo de jueces tan serios y profesionales que tiene. Tanta emoción merece que me ponga a jugar con mis monitos de Star Wars, snif.

miércoles, agosto 09, 2006

guffo hertziano

Allá por el periodo mesozoico, cuando yo era un joven mamífero en evolución y las computadoras todavía no existían pues Bill Gates andaba de peda con los amigotes en el Hooters, trabajé en una estación de radio. Era una estación de radio gubernamental; entiéndase: sin dinero, y en amplitud modulada (AM) pa´acabarla de chingar. Y para rejoderla aún más, jalaba en un programa de música colombiana cuando la música colombiana (vallenata, le dicen) era de uso exclusivo de marihuanos, pandilleros, inhaladores de cemento, resistol y grasa para bolear zapatos. Me sentía rete orgulloso.

Y ahí estaba yo, muy puntual a las 9 de la mañana, en la cabina, seleccionando las rolitas de Ilusión Vallenata, El Binomio de Oro y Fantasía del Acordeón (¡que pinches nombres tan feos para un grupo de música!). Yo hacía de todo (gato), el operador ponía las rolas, recibíamos llamadas y saludos durante dos horas de los Wachalocos, los Drogoners las Cumbiancheritas, las Gavilanas y de más pandillas, y el programa terminaba muy feliz.
Me acuerdo que una vez hubo un evento masivo: un concierto con chingos de grupos que guakareaban esa música y yo estaba tras bambalinas, ahí nomás, viendo si faltaba esto, que si esto otro, cables, bocinas, etc. Total, que se arma un desmadre entre el público: unos güeyes habían metido bolsas con resistol y thinner y empezaron a bailar como convulsionándose y a tirar madrazos parejo a güeyes y viejas y pos obviamente no había seguridad. Y llega uno de los jefecillos de la estación muy verga y me dice: “A ver Guffo, ve a ver qué traen esos güeyes y si traen drogas o navajas, se las quitas”. Jajajaja. ¿Voy corriendo, utilizo mi patada voladora invertida en la quijada o les descargo las balas expansivas de mi escopeta para matar elefantes?... pendejo.

Total, me cambiaron del programa, pues me dijeron que era “muy fresa” para ese ambiente y me pusieron de achichincle de un bato que tenía un programa de ciencia los domingos: “El Espacio y el Hombre”. Yo hacía unas cápsulas de 5 minutos sobre avances tecnológicos y novedades científicas, entonces tenía que comprar las revistas Muy Interesante (pos es que no había Internet) y fusilarme los artículos que ahí salían. Y ahí aprendí mucho, la mera verdad. Aprendí que nadie se levanta un domingo a las 7 de la mañana para escuchar un pinche programa aburrido de ciencia y tecnología… y menos en AM.

martes, agosto 08, 2006

políticas de alberca

Usaba un traje de baño de esos ajustados que te aprietan los huevos bien gacho y que te comes con la cola la mitad de la tela. Era de barquitos de vela, con anclas doradas y nudos acá bien elegantes; todo sobre un fondo verde militar. Mi papá me lo había comprado en los Estados Unidos y me dijo que era la mera onda: que era lo que usaban los nadadores que habían ganado las medallas de oro en las Olimpiadas del 84. Las pocas veces que salíamos de vacaciones o íbamos a una alberca, lo usaba bien orgulloso y me aventaba mis medallas de oro adentro de ellas. Pero me cagaba que en todas las albercas a las que iba, siempre las reglas eran las mismas:

- Niños menores de 10 años, favor de estar acompañados de un adulto.
- No meter balsas.
- No meter pelotas.
- No correr alrededor de la alberca.
- No tirarse clavados.
- No meter botellas de vidrio.
- No meter bebidas alcohólicas.
- No comer cerca de la piscina.

En pocas palabras: No divertirse.

Ahora, después de varias medallas de oro y varios años como sex symbol, me cago de la risa de esas reglas alberquescas. Lo que no entiendo es por qué, si en el reglamento no dice nada de “prohibido coger en la alberca”, a mí y a mi vieja nos metieron al bote. Snif.
Queremos un abogado.

viernes, agosto 04, 2006

qué mamada

Egipciaco Telésforo llega al congalote de moda y pide una vieja.
- ¡Quiero cogerme a esa vieja! -dice con muchos huevos apuntando a una morena bien nalgona.
- ¿Pos cuánto dinero trae? -le pregunta el encargado del lugar.
- Pos como 20 pesos -le dice Egipciaco.
- Nooo, pos con veinte pesos nomás le pueden hacer una mamada -le dice el encargado del lugar a Chaco.
-´Ta bueno -acepta Egipciaco.
Total, trasladan a Egipciaco (Chaco, pa´la raza) por un pasillo bien lujoso y alfombrado, dos guaruras lo escoltan y le abren una puerta de cristal bien brillante, y lo avientan a la calle y no lo vuelven a dejar entrar al antro.

Qué mamada le hicieron a Egipciaco Telésforo... ¡qué mamada!... y por 20 pesos... snif.

miércoles, agosto 02, 2006

de videorisas y karmatrones

A diferencia de muchos amigos, yo nunca fui fan de los comics gringos. Nunca me ha gustado ni Batman, ni Superman, ni el Spawn, ni los 4 Fantásticos y, mucho menos, Spiderman. No sé, nunca les hallé sabor; como que se me hacía siempre la misma historia. Los compré un tiempo en español -gracias a editorial VID, la de Memín Pinguin-, pero nunca me emocionaron las aventuras de ninguno de esos hombres en licra entallada que pareciera que van de locas a un carnaval gay.

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Por ahí del año 87 –aún lampiño de mi pajarito y axilas- descubrí los Video Risas, gracias a un compañero malandro de la escuela que traficaba con esas revistas, con las barajitas del álbum Hanna Barbera y las Rasca Huele. Los pasquines esos me gancharon de inmediato. El hecho de que satirizaran caricaturas, series y películas de moda y pusieran maldiciones con dibujitos, era otro pedo. En lugar de “pinche”, dibujaban a un cocinerito; en vez de poner “güey”, dibujaban un toro; para poner “madres”, dibujaban a unas monjitas y, para poner “mamón”, dibujaban a un niño con biberón, juarjuar. Tal vez era una táctica de la editorial para que nuestros jefes no se dieran cuenta y no nos las tiraran a la basura por vulgares.
Tanta fue mi adicción a las Video risas que me iba en bicla a un puesto de revistas no muy cercano a mi casa a comprarlas. Y tanta fue mi adicción, que una vez convencí a mi madre de que nos llevara a mi y a un compa a la distribuidora de revistas que estaba en el centro de la ciudad. Nos llevó, pedimos permiso al encargado de entrar a la bodega a buscar números atrasados y fue como entrar a la galería secreta de una pirámide llena de tesoros. ¡No mamen!: montones y montañas y más montones de números atrasados. Nos faltó dinero y manos para llevarnos todas las revistas que queríamos, snif.

Gastaba todo mi dinero en los Video Risas y en los Video Risas Colección de Oro, que eran las mamalonas, porque salían cada 15 días, eran más grandes y con más páginas. En Video Risa chingaron a los Halcones Galácticos, a Candy, a Star Wars, a los Gremlins, a Roxana Banana, Invasión Extraterrestre y demás shows infantiles y películas ochentosas. Además, sacaban a unas monas bien chichonzotas y bien pezonudas, las cuales provocaron los primeros cosquilleos en mi pizarrín.
Al poco tiempo, mi economía iba en picada y mis gastos aumentaron, pues descubrí Karmatrón y los Transformables.

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Mi compa, el malandro del salón, los llevó a la escuela como una novedad que aquí en Monterrey no se conseguía. Decía que un primo del D.F. se los había regalado. Los leí y me envicié de volada. Karmatrón y los Transformables era (es) un comic con filosofía hindú, budista, de chacras, energías, poderes mentales, robots, kundalinis, batallas en planetas, naves, seres extraños, villanos, ying y yang y de más mamadas mezcladas al chile. Pero Karmatron era lo más chingón en mi vida en ese momento. Yo quería ser un Guerrero Kundalini. Es más, la revista tenía un apartado especial en donde venían enseñanzas de meditación y de poner la mente en blanco y de ser uno con el universo y de alcanzar la supraconciencia para llegar a ser un Guerrero Kundalini. Yo leía embobado, interesadísimo en el tema, que ya hasta me sentía el Dalai Lama.
Gracias a Karmatron empecé a leer jaladas tibetanas y libros de Lobsang Rampa y demás misticismo barato, pero que sirve de alguna forma para crearse un hábito de lectura y conocer de otras culturas, creencias y ponerse a tono con el mundo espiritual.

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Karmatron volvió a salir hace poco y lo descontinuaron, ignoro por qué. Salieron solamente 6 números, los cuales tengo y con los cuales volví a sentir esa emoción cuando los descubrí por primera vez, gracias a mi compa el malandro.

martes, agosto 01, 2006

me gustaban más las noches

En las noches no salían los Robachicos ni los Viejos del Costal. La mayoría de ellos eran albañiles, eloteros, paleteros o recolectores de basura satanizados por nuestras madres, quienes nos prohibían entablar amistad o comunicación cualquiera con alguno de ellos, pues no fuera a ser que nos secuestraran y pidieran un rescate imposible de reunir o se metieran a nuestras casas a llevarse el televisor en blanco y negro de la cocina y a violar a la sirvienta o a nuestras hermanas.

La noche era de los aparecidos y los espantos. Del Coco. De las lechuzas que le chistaban a los niños que no se iban a dormir temprano y que se convertían en viejitas y se los robaban para ponerlos a pedir limosna en las calles. De cosas que nunca veíamos pero estábamos casi seguros que ahí estaban; al acecho, mirándonos. La penumbra era el espacio en donde viajaba el lamento de la Llorona, las luces en el cielo y las bolas de fuego que se movían cerca del cerro. Donde navegaban las historias de rancho de Don Chabelo, el velador, en las que abundaban las mujeres de negro y los jinetes que desaparecían entre los matorrales. A esas horas los ovnis bajaban y no podías apuntarlos con el dedo porque si se daban cuenta, venían por ti cuando te durmieras. La noche era cuando las muñecas revivían y se robaban el dinero de la bolsa de la mamá y cuando los pósteres de Rambo y Comando, pegados de las cuatro esquinas con cinta scotch sobre la pared, seguían con la mirada a quien pasara frente a ellos. La noche era cuando el monstruo bajo la cama llenaba nuestras vejigas de agua para obligarnos a ir a miar. A los niños ricos les decían sus padres que en las noches se metían cocodrilos a la alberca, nosotros sólo pensábamos en subir sanos y salvos las escaleras rumbo al cuarto sin que la mano de algún fantasma nos tocara en el hombro.

El día era territorio del Viejo del Costal y era en el día cuando regañaban injustamente a la niña por tomar dinero de la bolsa de su madre y cuando había que aprovechar para quitar el póster de Rambo del cuarto para que ya no nos mirara dormir y era cuando buscábamos sin éxito una criatura bajo la cama para poder ir tranquilamente al baño en las noches.
Hoy a los Robachicos y al Viejo del Costal se les llama secuestradores, asesinos, corruptores de menores, depravados sexuales o pedófilos. Creo que eran más inofensivos cuando simplemente les decían Robachicos. Ahora salen de día y de noche y por todos lados. Ahora los eloteros y paleteros quisieran ser Robachicos, pues deja más dinero y en venganza a que siempre los tacharon de eso por el simple hecho de ser pobres.

También siguen existiendo los fantasmas, los ruidos misteriosos en el piso de abajo, los crujidos en las puertas, las lechuzas que miran jugar escondidillas desde lo alto de un poste de luz. También las muñecas se siguen despertando y caminando por las noches, haciendo travesuras y cambiando las cosas de su lugar. El póster de Indiana Jones sigue enrollado en el closet y sigue siguiéndote con la mirada aunque tú no lo veas.

Me gustaba más la noche, porque era más divertido temerle a cosa que ahora sé que no existen.