Mariola entró al Colegio Montessori cuando yo cursaba el quinto año de primaria. Recuerdo perfectamente que entró el verano en que me alivié del sarampión, porque me acuerdo que todavía tenía las marcas de las ronchas en la cara y la comezón en la espalda.
Mariola era la burla de la escuela pues tenía una deficiencia en el habla, ocasionada por un accidente al nacer (no sé de qué tipo); era bizca, usaba lentes de armazón y vidrio grueso, se le salían los mocos todo el día y calzaba unos zapatos extrañísimos -con fierros- que le impedían caminar con normalidad. Una de entre las tantas cosas que le hacían, era que cada vez que pasaba, todos coreaban: "¡A Mariola a Mariola le apesta la cola!"
En el recreo, los niños de la escuela disfrutaban haciéndola llorar quitándole su pelota, jalándole los chongos o metiéndole bolitas arrancadas de los árboles dentro de la blusa. Yo nunca me presté para esas burlas, pues bastante tenía la pobre con que las niñas tampoco se juntaran con ella. De hecho, cuando a mí me aventaban el balón para que yo se lo aventara a otro hijito de la chingada y siguiera el jueguito de no dárselo, yo hacía como que se me caía de las manos para que Mariola pudiera recuperarlo y dejara de llorar.
Los niños del salón se dieron cuenta de mi poca disponibilidad para esas bromas pesadas, y empezaron a molestarme con que "Eeeeh, Gustavo y Mariola se van a casar" "Eeeeh, son novios, son novios" y me empujaban contra ella para que la abrazara. "Uuuuyyyy, la quiere porque la defiende".
No la quería, simplemente no tenía por qué chingados odiarla ni por qué burlarme de ella cada que decía "maaaaexttllrrraaa", tratando de decir "maestra"
Pero en la primaria sólo hay dos cosas peores: Ser el último que escojan para un partido de futbol y que te digan que eres novio de una niña.
Un día, a la hora de la salida, la maestra estaba diciendo los nombres de los alumnos que se podían ir retirando del salón. Mis compañeros estuvieron todo el día mamando con que Mariola y yo éramos novios porque me negué a mojarla con el bebedero durante el recreo. Total, en vez de agarrar a chingazos a todos los niños del salón por estarme jodiendo, opté por algo más cobarde.
La maestra dijo el nombre de Mariola: La niña de paró de su pupitre, tomó su mochila, caminó con dificultad entre los bancos y yo dejé caer a propósito mi portafolio Samsonite color vino al suelo en el momento en que iba pasando. Y ¡Paaaazzzz!
Todavía me retumban los oídos al acordarme del santo chingadazo que se metió y el sonido que hicieron sus rodillas y manos al aplaudir con el piso. Aún recuerdo su cara mocosa, con los lentes en la punta de su nariz a punto de caérseles, empapada en llanto y mirándome con cara de dolor y de "tú eras el único que no me molestaba, ¿por qué hiciste esto?". Los niños del salón estaban atacados de la risa y me palmeaban en la espala, felicitándome, mientras yo me hundía de vergüenza en mi asiento. Quise pararme a ayudarla, pero no tuve los huevos de ser tan hipócrita y me quedé como pendejo temblando, sudando y sintiéndome como la mierda más apestosa del universo; un universo donde plutón aún era planeta. Y más mierda me sentí al darme cuenta que la maestra creyó que Mariola se había caído sola, debido a sus zapatos raros llenos de fierros. Y más mierda me sentí porque Mariola no rajó -porque no podía hablar bien- de que yo había sido el que la había tumbado, y me seguía mirando con llanto en los ojos, preguntándose por qué la había tumbado. Y más mierda me sentí al no recibir ningún castigo.
Bueno, creo que mi castigo es seguir acordándome tan detalladamente de aquel incidente y seguirme sintiendo como mierda cada que lo evoco. Espero Mariola me haya perdonado, porque yo todavía no me perdono del todo.
lunes, agosto 28, 2006
para los interesados
¡Anímense, raza!

Quiero aprovechar para agradecerles al Curry y al Verdette: caricaturistas, moneros y artistas de la tinta y plumilla (ya casi nadie usa ni tinta ni plumillas, pero bueno), por ser ellos quienes me invitaron el año pasado a tan distinguido e importante evento. Y también quiero agradecerles (sí, otra vez) por haberme invitado de nuevo este año y -aparte- por honrarme al haber tomado un monito que hice y usarlo como la imagen del Salón Internacional de la Caricatura 2006 (sí, el rancherito ese de bigote y sombrero que está brincando, lo dibujé yo, snif). Neta que qué detallazo. Gracias infinitas.
¡Mánden su trabajo!

Quiero aprovechar para agradecerles al Curry y al Verdette: caricaturistas, moneros y artistas de la tinta y plumilla (ya casi nadie usa ni tinta ni plumillas, pero bueno), por ser ellos quienes me invitaron el año pasado a tan distinguido e importante evento. Y también quiero agradecerles (sí, otra vez) por haberme invitado de nuevo este año y -aparte- por honrarme al haber tomado un monito que hice y usarlo como la imagen del Salón Internacional de la Caricatura 2006 (sí, el rancherito ese de bigote y sombrero que está brincando, lo dibujé yo, snif). Neta que qué detallazo. Gracias infinitas.
¡Mánden su trabajo!
viernes, agosto 25, 2006
jueves, agosto 24, 2006
qué bonitas pompas

No crean que le tomé una foto a las pompas de esta niña.
Bueno, sí, he de confesar que sí tomé esta foto porque sus pompas me llamaron mucho la atención.
Pero las pompas de jabón, no vayan ustedes a creer que soy miembro del clan Trevi Andrade o que tengo ojos para otras nalgas que no sean las de la Fabi.
Pero en vez de pompas, mejor llamémoslas "burbujas": el juguete por excelencia de la infancia del niño pobre y de clase media, el más barato (casi gratuito) y uno de los más divertidos.
Recuerdo que mi amá lavaba un frasco de mayonesa Hellmans (si tampoco estábamos tan jodidos), le echaba agua del fregadero, tantito jabón en polvo pa´trastes y me sacaba al patio a que lo trapeara; digo, a que jugara y me hiciera pendejo con los efímeros planetitas transparentes y tornasolados que salían por arte de magia ondulando por los aires un alambre doblado en forma de círculo, amarrado a un palo y remojado dentro del envase.
¡Plop!
miércoles, agosto 23, 2006
mal de la chompa
De esas veces que uno se da cuenta que está mal de la cabeza:
Vi la película "Supersize Me", esa del güey que come un mes en McDonalds para comprobar el mugrero de comida que venden esos restaurantes; y, en vez de crearme una repulsión hacia las hamburguesas de Ronald McDonald, se me antojó bien cabrón una Big Mac.
Y, lo peor del caso, es que fui a comprar una y me supo chingona y me valió madre que el hígado se me haga caca con la carne como dicen en la película.
Pinche película engañosa, usa la psicología inversa y tiene mensajes subliminales para que sigamos tragando ahí.
De esas veces que uno se da cuenta que está mal de la cabeza...
Vi la película "Supersize Me", esa del güey que come un mes en McDonalds para comprobar el mugrero de comida que venden esos restaurantes; y, en vez de crearme una repulsión hacia las hamburguesas de Ronald McDonald, se me antojó bien cabrón una Big Mac.
Y, lo peor del caso, es que fui a comprar una y me supo chingona y me valió madre que el hígado se me haga caca con la carne como dicen en la película.
Pinche película engañosa, usa la psicología inversa y tiene mensajes subliminales para que sigamos tragando ahí.
De esas veces que uno se da cuenta que está mal de la cabeza...
martes, agosto 22, 2006
es oficial
Pues ya empezó Big Blogger y siempre sí le entré. Sacien su morbo en http://www.big-blogger.net
Ahora sí traigo mucha hueva para postear. Mejor lean lo que escribí allá.
Saludos.
Ahora sí traigo mucha hueva para postear. Mejor lean lo que escribí allá.
Saludos.
lunes, agosto 21, 2006
final... pero continurá
Pinche boda rara. Con decirles que no había meseros y uno se tenía que parar a la barra por su pisto. Y pues ya se imaginarán a los mexicanitos: metiéndose en la cola y sacando de quicio al barman porque no había tequila. Había cheves, whisky, piñas coladas, martinis y no sé qué otras cosas más, pero tequila no. Como siempre quise probar un martini cosmopolitan y allá en Monterrey los venden como en 70 pesos la copita, pues aproveché en la boda para probarlos. Están buenos pero las copitas en las que los sirven están muy mariconas y chiquitas, se tardan mucho en prepararlos y se beben de volada. Opté mejor por tomar cerveza.
Qué hueva describir la reacción de mis parientes al verme con Fabiola: prefiero que imaginen sus caras, expresiones y diálogos. A la Fabi le gusta bailar, y yo soy de esos de los que la gente habla y se burla cuando se para a dizque bailotear, porque parece que tengo los aparatos y fierros que usaba Forrest Gump de chiquillo; pero pues me valió madre y saqué a bailar a la Fabi. La banda que animaba, al ver que la mayor parte de la familia era mexicana, optó por su repertorio de música en español como “Copa Cabana” y “Tequila”. Vaya imbéciles. Ya me los imagino sacando sus brillantes deducciones: “Ah, mira, son mexicanos: vamos a cantarles la de Tequila para que se sientan en casa”. Pffft, debió haber habido tequila pero para mamar, cabrones. Bueno, a un tío sí se le prendió el foco y llevó una botella o dos. Bah, a mi ni me gusta como quiera. Fue una boda como todas las bodas que hay, lo que la hizo única fue la compañía y mis alocados pasos de baile, ajuuua. Bueno, salvo ese detalle de pararse cada quien por sus alcoholes y de que las bebidas te las cobraban después de las 12 de la noche, todo estuvo bien. A esa hora Fabiola y yo nos despedimos de los aún asombrados de mis familiares, fuimos a nuestro hotel, subimos al doceavo piso sin soltarnos de la mano -esta vez sí nos besamos dentro del elevador- y entramos a la habitación igual.
Vimos el último episodio de Sex and the City y la Fabi lloró. Siempre me pareció una buena serie, pero siempre he pensado que de las cuatro viejas no se hace una; bueno, es que ninguna es mi tipo. Tal vez Samantha. Las de Desperate Housewives están mejores. Bueno, pero lo mejor fue ver llorar a la Fabi. Siempre me gustó que llorara en el cine, viendo Cantando por un Sueño o cuando le leía mis escritos en las noche. Me gustaba que llorara porque me gustaba tener un pretexto más para besarla y abrazarla y decirle que la amaba. La abracé y le besé la frente cuando la pantalla del televisor se puso negra con letritas blancas y ella también me abrazó.
La Fabi tuvo su última conferencia muy temprano en la mañana. Su madre no llegó a Houston, por cierto. No me despertó, pero sentí cómo se quedó un buen rato contemplándome en silencio desde el sillón, ya arreglada y lista para marcharse. También sentí cuando acarició mi pelo y me beso en la boca. Recuerdo entre sueños que me decía que ya se iba y que me amaba mucho y que siguiera dormido. Desperté por completo –medio crudo- minutos después, prendí la lámpara y leí el recadito que me había dejado sobre la cómoda:
“Gracias por este maravilloso fin de semana. Siempre he creído que por algo suceden las cosas. No vayas a perder la llave que está a lado de este mensajito: es la de mi departamento, jijiji. Te veo allá, baby. Te amo y ya te extraño. Besos sabor cosmopolitan, mi bailador con dos patas izquierdas ”.
Ya quería irme a la chingada a Monterrey.
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Qué hueva describir la reacción de mis parientes al verme con Fabiola: prefiero que imaginen sus caras, expresiones y diálogos. A la Fabi le gusta bailar, y yo soy de esos de los que la gente habla y se burla cuando se para a dizque bailotear, porque parece que tengo los aparatos y fierros que usaba Forrest Gump de chiquillo; pero pues me valió madre y saqué a bailar a la Fabi. La banda que animaba, al ver que la mayor parte de la familia era mexicana, optó por su repertorio de música en español como “Copa Cabana” y “Tequila”. Vaya imbéciles. Ya me los imagino sacando sus brillantes deducciones: “Ah, mira, son mexicanos: vamos a cantarles la de Tequila para que se sientan en casa”. Pffft, debió haber habido tequila pero para mamar, cabrones. Bueno, a un tío sí se le prendió el foco y llevó una botella o dos. Bah, a mi ni me gusta como quiera. Fue una boda como todas las bodas que hay, lo que la hizo única fue la compañía y mis alocados pasos de baile, ajuuua. Bueno, salvo ese detalle de pararse cada quien por sus alcoholes y de que las bebidas te las cobraban después de las 12 de la noche, todo estuvo bien. A esa hora Fabiola y yo nos despedimos de los aún asombrados de mis familiares, fuimos a nuestro hotel, subimos al doceavo piso sin soltarnos de la mano -esta vez sí nos besamos dentro del elevador- y entramos a la habitación igual.
Vimos el último episodio de Sex and the City y la Fabi lloró. Siempre me pareció una buena serie, pero siempre he pensado que de las cuatro viejas no se hace una; bueno, es que ninguna es mi tipo. Tal vez Samantha. Las de Desperate Housewives están mejores. Bueno, pero lo mejor fue ver llorar a la Fabi. Siempre me gustó que llorara en el cine, viendo Cantando por un Sueño o cuando le leía mis escritos en las noche. Me gustaba que llorara porque me gustaba tener un pretexto más para besarla y abrazarla y decirle que la amaba. La abracé y le besé la frente cuando la pantalla del televisor se puso negra con letritas blancas y ella también me abrazó.
La Fabi tuvo su última conferencia muy temprano en la mañana. Su madre no llegó a Houston, por cierto. No me despertó, pero sentí cómo se quedó un buen rato contemplándome en silencio desde el sillón, ya arreglada y lista para marcharse. También sentí cuando acarició mi pelo y me beso en la boca. Recuerdo entre sueños que me decía que ya se iba y que me amaba mucho y que siguiera dormido. Desperté por completo –medio crudo- minutos después, prendí la lámpara y leí el recadito que me había dejado sobre la cómoda:
“Gracias por este maravilloso fin de semana. Siempre he creído que por algo suceden las cosas. No vayas a perder la llave que está a lado de este mensajito: es la de mi departamento, jijiji. Te veo allá, baby. Te amo y ya te extraño. Besos sabor cosmopolitan, mi bailador con dos patas izquierdas ”.
Ya quería irme a la chingada a Monterrey.
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jueves, agosto 17, 2006
capitulo 3
Recordamos cuando tus hermanos me iban a madrear una noche que salimos con sleeping bags, copas de vino y sobras de la cena que habíamos pedido en el departamento que tenía en renta tu papá, jajaja. Que yo no me volví a aparecer en tu casa si no hasta navidad, porque dije “bueno, no creo que estos cabrones me partan la madre el mismo día que nació el niñito Jesús”. Mientras llegaba diciembre nos vimos en muchas otras partes a escondidas y, otra vez, en el depa de tu papá, jajaja, pero ahora sí no nos cacharon. Recordamos cuando nos metimos a un coffee shop en Ámsterdam y en un principio pensé que los güeyes te estaban tirando el pedo, pero era al revés: era un coffee shop gay jajaja. Recordamos desde las gorditas de picadillo en Real de 14, las crepas de plátano con Nutela en Paris, lo aburrido del Museo de Louvre y hasta la primera vez que dormimos a la intemperie en Cuatro Ciénegas, bajo una lluvia de estrellas. “Mira, mira: ahí va otra… ¡Otra!... ¡Mira!... No manches, son un chingo… esto está hermoso” y apuntábamos nuestros dedos al cielo, esperando a que cayera una como anillo estelar o a que escribieran nuestros nombres en el negro manto de las tres de la madrugada. Fue cursi y romántico. Eso sí, los pinches mosquitos no nos dejaron dormir hasta que el sueño nos venció y sus picaduras nos valieron madre. Viajamos mucho juntos, y la primera vez que viajamos por separado, coincidimos. Como ayer.
Estaba casi sentada, recargada sobre el respaldo de la cama y las almohadas. Me separé de ella y me puse a modo de cruz: con mi cabeza sobre sus muslos. Hazme piojito por fa, baby, le dije. Sabía que a la Fabi le gustaba hacerme piojito porque le gustaba estarme buscando canas, y fue lo primero que hizo al recostar mi cabeza sobre sus piernas. Parecíamos dos changuillos de zoológico acicalándose y buscándose piojos. Y recordamos a los monos titís de Animal Kingdom que hacían lo mismo que nosotros. No se por qué ella tendrá esa fijación con los canosos. Con decirles que López Obrador se le hace un hombre sexy. Dios mío. Sinceramente, que me salgan canas no me preocupa, me preocupa más quedarme pelón antes de que me pueda salir la primera cana.
No sé cuánto tiempo duró la sesión de piojito y cosquillas en el cuello que me estaba tumbando de sueño otra vez, pero en eso, la Fabi fue la primer valiente en pararse de la cama. Deja me meto a bañar, chiquito. Nooooo, no hay que bañarnos, le dije. Se rió y la agarré de las caderas y las pompas diciéndole que estaba bien buena, que se quedara en la cama o que de castigo diera unas vueltecitas por el cuarto encuerada para verla. La Fabi se atacaba de la risa y cayó de vuelta en la cama. ¡Yaaa, Guffo! suéltameee. Oh, pos quién te manda a estar tan buena, le repetía. Y como típica vieja: ¿Qué te pasa?, estoy bien gordis. Estás bien buena, insistía yo. Ay Guffo, estoy bien aguadita, ya no soy una niña, seguía diciendo ella. Ya quisiera una vieja de 23 años estar como tú a los 33 mamacita, y le volví a apachurrar las nalgas y las caderas y el vientre y esa lonjita que a todas las viejas les trauma. Jajaja, se cagó de la risa y se paró echa madre al baño. Duérmete otro ratito, me dijo… para que no estés chingando, amorcito jajaja. Me reí junto con ella. Siempre sacaba una madreada cuando menos lo esperaba. No estás aguadita, le dije, estás suavecita como el migajón de un pan. Y se volvió a atacar de la risa mientras sus pisadas amortiguaban la alfombra de la habitación y la guiaban a la regadera.
Sólo escuché la llave del agua abriéndose y la puerta del baño cerrándose. Traté de recordar una canción, pero no me acordaba quién la cantaba ni quién la había compuesto. Siempre la escuchaba para reafirmar el por qué me gustaba tanto estar con Fabiola.
Y me acordé de la canción antes de que saliera de la regadera…
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martes, agosto 15, 2006
capítulo 2
Despertamos abrazados bajo el grueso edredón de la cama. Hacía mucho tiempo que no nos levantábamos así: acurrucados y desnudos. Cuando andábamos de novios a mí siempre se me dormía el brazo y amanecía con un hormigueo horrible a falta de circulación, pues la Fabi se quedaba dormidota sobre él a mitad de la película que habíamos rentado y yo ya no me podía mover; por eso perdí –malamente- la costumbre de abrazarla mientras dormía. Esa mañana desperté con ese mismo hormigueo, pero no me pareció incómodo: podía quedarme con el brazo atrapado bajo su cuerpo para siempre. Comencé a acariciar su cabello con la mano que tenía libre y ella me apretó con su abrazo a la altura de mi pecho.
- ¿Dormiste rico, chiquita? -le pregunté.
- Muy rico -dijo.
Me besó mientras frotaba mis pies contra los suyos. Siempre disfruté hacer eso, aunque ella me decía que yo no sabía cortarme las uñas de los dedos, que siempre me quedaban como garras afiladas y le raspaban en los tobillos. Esa mañana no me dijo nada de eso, es más, imitó mis movimientos acariciándome también con sus pequeños dedos y la lisita plata de sus pies.
La ropa estaba regada en el piso. El aire acondicionado en su máxima potencia. El hueco entre las dos cortinas mal cerradas dejaba entrar un muro de luz que hacía visibles las pelusitas flotantes que desprenden las sábanas y la alfombra.
- ¿Por qué perdimos todo este tiempo?
- No sé… -le dije-, tal vez lo necesitábamos para aprender…
- ¿Y qué aprendiste? -me preguntó.
- Que aprendo más estando contigo.
Me besó y volvimos a hacer el amor.
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lunes, agosto 14, 2006
novela bloggera audiográfica. capítulo 1.
Instrucciones: Ver la imagen, leer el texto y poner la rolita al final.

Tenía mucho de no verla ni saber de ella, y, ¡oh, surprise!, en dónde me la fui a topar…
Llegué al aeropuerto de Houston el viernes, con dos whiskys y una pinchurrienta bolsita de cacahuates en la panza. La razón: se casaba el primero de todos mis primos por parte de mi madre. Qué pendejo, decían en broma algunos. ¿Y tú para cuándo?, preguntaban otros. Mis padres ya tenían un día en esa ciudad gringa y bushiana, y yo esperaba sentado en una banca incomodísima del aeropuerto a que mi tía –la mamá del futuro castrado, digo: casado- llegara por mí a la Terminal E, pues me hospedaría en su casa junto con otros primos.
Pasó una hora y nada que llegaba. Fui a comprar algo de tomar al Starbux o Starbus, o esa chingadera, y me llamó la atención una vieja que arrastraba una maleta a lo lejos.
Caminaba derechita, sacando la pechuga; muy coqueta, mirando al frente y hablando por celular. Ojos delineados con raya negra muy marcada que hacía juego con su cabello negro anudado en una pinza de esas que usan las viejas y que parecen trampas para osos. Como que la llamada en su móvil se le cortaba y volvía a marcar, y se le cortaba otra vez y volvía a marcar un tanto enfurecida; por no decir, encabronada.
Di un sorbo a la madre esa con choco chips y crema batida que compré, sin desprender mi vista del mujerón aquel que se aproximaba hacia donde yo estaba. Ya le estaba desabrochando el pantalón con la mirada para imaginar de qué color serían sus calzoncitos, cuando: ¡ay güey!; con razón me había llamado tanto la atención: era la Fabi.
Nunca había visto tanto asombro en un rostro. ¿Qué ooondaaa, Guffiiiis?, ¿qué haces aquíiiii?, me dijo mientras me abrazaba con ese olor a Emporio de Armani tan característico en ella. Jaja, tú, qué haces aquí, le dije medio temblando, yo vengo a una boda. Su cara no abandonaba la sorpresa, al igual que la mía. ¿A poco tu primo Dany se casa?, me dijo. Me gustó el detalle de que se acordara de los nombres de mi familia. Bueno, no era para menos, siempre la quisieron mucho y fue bastante el tiempo que estuvimos juntos. Pa´no hacer el cuento largo, me dijo que su mamá había perdido el vuelo de Monterrey, que iban a un congreso de profesionales inmobiliarios y que su madre tenía las reservaciones y la dirección del hotel y no podía comunicarse con ella a falta de señal. Cualquier palabra quedaría corta para platicarles lo hermosa y sabrosa que se veía.
En eso, recibió la llamada de su madre y mi celular también sonó. Mi ex suegra le pasó el número de reservación y el nombre del hotel. Por la bocina de mi fono, mi tía me decía que no podría ir por mí, y me pasó la dirección de su casa para que me fuera en taxi.
Colgamos al mismo tiempo. Seguíamos mirándonos con sorpresa; era increíble que en Monterrey nunca más nos volvimos a topar. Yo estaba nervioso. No sé si ella también Me dijo que quería un café, que fuéramos a tomarnos uno. Y fuimos. Tiré la madre empalagosa que compré en el Starbucks. Platicamos chingón, como siempre lo habíamos hecho. Nos reímos mucho, como siempre lo habíamos hecho. No dejaba de verle las chichis, ni la boca, ni toda su cara, como siempre lo había hecho. Seguíamos incrédulos ante tanta coincidencia y empezamos a hablar del azar, el destino y demás mística barata. Terminó su café (yo no tomo café, pero me tomé una cerveza para que el efecto de los vasitos de whisky del avión no se desvaneciera) y pagué la cuenta. Le dije que si quería que la acompañara a su hotel y me dijo que era precisamente el favor que me iba a pedir: Ya sabes que mi inglés es péeesimo, Guffis, me dijo. “Guffis”, “cafecito”, “galletita”, “blusita”; para todo empleaba diminutivos que contrastaban con su voz ronca; eso siempre me gustó de ella. Reímos cuando le dije que si seguía hablando en náhuatl y diminutivos nadie le iba a entender ni madres. Me dio un manazo riendo aún. Subimos al camión que tenía el logotipo del hotel donde se hospedaría. Platicamos todo camino. No nos reprochamos nada ni quisimos curiosear en lo que habíamos hecho este tiempo que llevábamos separados. No nos preguntamos nada que pudiera lastimarnos o que arruinara nuestro encuentro. Reímos mucho otra vez. Me dijo que de mí siempre le gustó que la hiciera reír mucho. Yo le dije que de ella me gustaba todo. Sonrió.
Llegamos al hotel. Le ayudé con sus maletas. Utilicé mi mejor inglés con la ojiazul de la recepción y la Fabi nomás miraba con cara de “juat?” Jajaja, tiene el pelo con madre, me dijo la Fabi apuntando a un negrito con un afro exageradísimo. Sonreí. La ojiazul de la recepción me dio la llave; bueno, la tarjeta: ya ven que ahora los cuartos de los hoteles se abren con tarjetas. Thank you, le dije, y la Fabi me dijo: aijuesuuuuu, muy gringo o qué. Volví a sonreír.
Ay, muchas gracias, Guffis… ¿y ahora cómo le vas a hacer tú para irte a casa de tu tía?, me da pena que te hayas venido hasta acá. Le dije que no había pedo, me agradeció de nuevo y nos abrazamos. Pero nos abrazamos bien cabrón, acá: apretándonos bien fuerte, sin querernos soltar. Te extraño un chingo, le susurré en el oído. La Fabi derramó una lágrima, me di cuenta porque la sentí escurrir por mi cachete. Quédate conmigo, chiquito… háblales a tu tía y a tus papás y quédate conmigo. A huevo que sí.
Subimos al elevador y en vez de lanzarnos desesperadamente a nuestros brazos y besarnos, nos contemplamos con una sonrisa casi imperceptible. Fue un momento de inocencia de los pocos que se dan cuando dos personas se conocen tanto. Limpié con mi pulgar la raya del delineador corrida en su rostro por culpa de la lágrima que embarró en mi cara y ella cerró los ojos. Caminamos por el pasillo arrastrando las maletas y tomados de la mano.
¿Por qué pasó lo que pasó entre nosotros?, me preguntó en el umbral de la puerta del cuarto. ¿Cuándo se acabó la magia, Guffo?
Pasó lo que pasó… pues no sé, le dije con voz quebrada. Por lo mismo que está pasando esto, chiquita… y sí; la magia se perdió…no sé por qué ni quiero echarme la culpa o culparte a ti… pero ¿no crees que esto que está pasando es algo mágico? Nos besamos. Sentí donde me vencí y ella también, pues nos tomamos del rostro para no despegarnos ni para tomar aire, pero con una delicadeza...
Abrimos la puerta del cuarto 1234 con la tarjeta/llave y la cama era enorme…
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Tenía mucho de no verla ni saber de ella, y, ¡oh, surprise!, en dónde me la fui a topar…
Llegué al aeropuerto de Houston el viernes, con dos whiskys y una pinchurrienta bolsita de cacahuates en la panza. La razón: se casaba el primero de todos mis primos por parte de mi madre. Qué pendejo, decían en broma algunos. ¿Y tú para cuándo?, preguntaban otros. Mis padres ya tenían un día en esa ciudad gringa y bushiana, y yo esperaba sentado en una banca incomodísima del aeropuerto a que mi tía –la mamá del futuro castrado, digo: casado- llegara por mí a la Terminal E, pues me hospedaría en su casa junto con otros primos.
Pasó una hora y nada que llegaba. Fui a comprar algo de tomar al Starbux o Starbus, o esa chingadera, y me llamó la atención una vieja que arrastraba una maleta a lo lejos.
Caminaba derechita, sacando la pechuga; muy coqueta, mirando al frente y hablando por celular. Ojos delineados con raya negra muy marcada que hacía juego con su cabello negro anudado en una pinza de esas que usan las viejas y que parecen trampas para osos. Como que la llamada en su móvil se le cortaba y volvía a marcar, y se le cortaba otra vez y volvía a marcar un tanto enfurecida; por no decir, encabronada.
Di un sorbo a la madre esa con choco chips y crema batida que compré, sin desprender mi vista del mujerón aquel que se aproximaba hacia donde yo estaba. Ya le estaba desabrochando el pantalón con la mirada para imaginar de qué color serían sus calzoncitos, cuando: ¡ay güey!; con razón me había llamado tanto la atención: era la Fabi.
Nunca había visto tanto asombro en un rostro. ¿Qué ooondaaa, Guffiiiis?, ¿qué haces aquíiiii?, me dijo mientras me abrazaba con ese olor a Emporio de Armani tan característico en ella. Jaja, tú, qué haces aquí, le dije medio temblando, yo vengo a una boda. Su cara no abandonaba la sorpresa, al igual que la mía. ¿A poco tu primo Dany se casa?, me dijo. Me gustó el detalle de que se acordara de los nombres de mi familia. Bueno, no era para menos, siempre la quisieron mucho y fue bastante el tiempo que estuvimos juntos. Pa´no hacer el cuento largo, me dijo que su mamá había perdido el vuelo de Monterrey, que iban a un congreso de profesionales inmobiliarios y que su madre tenía las reservaciones y la dirección del hotel y no podía comunicarse con ella a falta de señal. Cualquier palabra quedaría corta para platicarles lo hermosa y sabrosa que se veía.
En eso, recibió la llamada de su madre y mi celular también sonó. Mi ex suegra le pasó el número de reservación y el nombre del hotel. Por la bocina de mi fono, mi tía me decía que no podría ir por mí, y me pasó la dirección de su casa para que me fuera en taxi.
Colgamos al mismo tiempo. Seguíamos mirándonos con sorpresa; era increíble que en Monterrey nunca más nos volvimos a topar. Yo estaba nervioso. No sé si ella también Me dijo que quería un café, que fuéramos a tomarnos uno. Y fuimos. Tiré la madre empalagosa que compré en el Starbucks. Platicamos chingón, como siempre lo habíamos hecho. Nos reímos mucho, como siempre lo habíamos hecho. No dejaba de verle las chichis, ni la boca, ni toda su cara, como siempre lo había hecho. Seguíamos incrédulos ante tanta coincidencia y empezamos a hablar del azar, el destino y demás mística barata. Terminó su café (yo no tomo café, pero me tomé una cerveza para que el efecto de los vasitos de whisky del avión no se desvaneciera) y pagué la cuenta. Le dije que si quería que la acompañara a su hotel y me dijo que era precisamente el favor que me iba a pedir: Ya sabes que mi inglés es péeesimo, Guffis, me dijo. “Guffis”, “cafecito”, “galletita”, “blusita”; para todo empleaba diminutivos que contrastaban con su voz ronca; eso siempre me gustó de ella. Reímos cuando le dije que si seguía hablando en náhuatl y diminutivos nadie le iba a entender ni madres. Me dio un manazo riendo aún. Subimos al camión que tenía el logotipo del hotel donde se hospedaría. Platicamos todo camino. No nos reprochamos nada ni quisimos curiosear en lo que habíamos hecho este tiempo que llevábamos separados. No nos preguntamos nada que pudiera lastimarnos o que arruinara nuestro encuentro. Reímos mucho otra vez. Me dijo que de mí siempre le gustó que la hiciera reír mucho. Yo le dije que de ella me gustaba todo. Sonrió.
Llegamos al hotel. Le ayudé con sus maletas. Utilicé mi mejor inglés con la ojiazul de la recepción y la Fabi nomás miraba con cara de “juat?” Jajaja, tiene el pelo con madre, me dijo la Fabi apuntando a un negrito con un afro exageradísimo. Sonreí. La ojiazul de la recepción me dio la llave; bueno, la tarjeta: ya ven que ahora los cuartos de los hoteles se abren con tarjetas. Thank you, le dije, y la Fabi me dijo: aijuesuuuuu, muy gringo o qué. Volví a sonreír.
Ay, muchas gracias, Guffis… ¿y ahora cómo le vas a hacer tú para irte a casa de tu tía?, me da pena que te hayas venido hasta acá. Le dije que no había pedo, me agradeció de nuevo y nos abrazamos. Pero nos abrazamos bien cabrón, acá: apretándonos bien fuerte, sin querernos soltar. Te extraño un chingo, le susurré en el oído. La Fabi derramó una lágrima, me di cuenta porque la sentí escurrir por mi cachete. Quédate conmigo, chiquito… háblales a tu tía y a tus papás y quédate conmigo. A huevo que sí.
Subimos al elevador y en vez de lanzarnos desesperadamente a nuestros brazos y besarnos, nos contemplamos con una sonrisa casi imperceptible. Fue un momento de inocencia de los pocos que se dan cuando dos personas se conocen tanto. Limpié con mi pulgar la raya del delineador corrida en su rostro por culpa de la lágrima que embarró en mi cara y ella cerró los ojos. Caminamos por el pasillo arrastrando las maletas y tomados de la mano.
¿Por qué pasó lo que pasó entre nosotros?, me preguntó en el umbral de la puerta del cuarto. ¿Cuándo se acabó la magia, Guffo?
Pasó lo que pasó… pues no sé, le dije con voz quebrada. Por lo mismo que está pasando esto, chiquita… y sí; la magia se perdió…no sé por qué ni quiero echarme la culpa o culparte a ti… pero ¿no crees que esto que está pasando es algo mágico? Nos besamos. Sentí donde me vencí y ella también, pues nos tomamos del rostro para no despegarnos ni para tomar aire, pero con una delicadeza...
Abrimos la puerta del cuarto 1234 con la tarjeta/llave y la cama era enorme…
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sábado, agosto 12, 2006
visita bloggera
Sobre aviso no hay engaño. Siempre he dicho que mi ciudad es más fea que la nariz de Carmen Campuzano. Toda ella se reduce a: congestionamientos viales a todas horas del día, montañas hermosas que no se ven a causa del smog, cerros depredados por las constructoras, personas arrogantes que se creen los muy muy, casinos atascados de gente huevona, establecimientos gringos de comida chatarra, congales carísimos, carne asada, cabrito, fútbol de quinta y cerveza. Por eso, es bueno tener un refugio, -una burbujita- para protegerse de tanto pinche villano y lugar de mala muerte. Yo lo tengo; ella bien lo sabe.
Ayer le pedí permiso a la vieja esa que metió un gorrioncillo cantarín en mi pecho y una bomba de “aigre” en mi pirinola para que me diera la noche libre, pues el Chango100 -algo así como el papá de la blogósfera (porque el papacito es José Luís Ávila Herrera)- pisaba tierras regiomontanas.
Pasé a las 10 de la noche a su hotel, nos tomamos unas copas y el viejo feo me dijo que me desvistiera, y yo le dije que no y que se lo iba a ir a contar a quien más confianza le tuviera, y la Chilindrina me felicitó y me dijo “¡así se hace!: tú vales mucho y mereces respeto…”.
No, ya en serio, me la pasé muy chido cerveceando y azotándome con el maese Manuel (así lo apodan). Con decirles que el Filósofo de Cantina ni se apareció. A mí se me hace que tuvo miedo, snif.
Ayer le pedí permiso a la vieja esa que metió un gorrioncillo cantarín en mi pecho y una bomba de “aigre” en mi pirinola para que me diera la noche libre, pues el Chango100 -algo así como el papá de la blogósfera (porque el papacito es José Luís Ávila Herrera)- pisaba tierras regiomontanas.
Pasé a las 10 de la noche a su hotel, nos tomamos unas copas y el viejo feo me dijo que me desvistiera, y yo le dije que no y que se lo iba a ir a contar a quien más confianza le tuviera, y la Chilindrina me felicitó y me dijo “¡así se hace!: tú vales mucho y mereces respeto…”.
No, ya en serio, me la pasé muy chido cerveceando y azotándome con el maese Manuel (así lo apodan). Con decirles que el Filósofo de Cantina ni se apareció. A mí se me hace que tuvo miedo, snif.
viernes, agosto 11, 2006
las 10 doncellitas y un chiste alowey
La primera película porno que vi fue una que se llamaba “Las 10 Doncellitas”. La tenía el hermano mayor de un amigo escondida bajo el colchón de su cama. Qué cliché. En las tardes, cuando no había nadie en su casa, nos metíamos todos los del barrio a verla. Pinche película era como de los setentas, pero ni pedo; de eso, a ver las TV Notas de la jefa en el baño, pos eso. En sí la trama era esta: Diez viejas calientes llegaban a un hotel muy chingón (spas, les dicen ahora) en una isla semidesierta. En dicho hotel había diversas suertes sexuales: el toro mecánico con asiento de pirinola, el columpio mete saca, la hamaca loca y de más cosas que se pueden inventar en un hotel con 10 viejas cachondas en busca de sensaciones nuevas. Pa´no hacerles el cuento largo, resulta que entre las doncellas había una asesina que quería matarlas y también a los güeyes del hotel para quedarse con todo, muakamuaka. Entonces, pos que se empiezan a morir primero todos los batos y las damitas estaban bien preocupadas porque pues quién les iba a dar caña si se morían todos los varones. Y nomás pa´que vean la genialidad del que escribió este peliculón y no crean que es un churrazo: una de las muertes se da cuando un señor -el que cargaba las maletas- le estaba haciendo sexo oral a la villana y, en eso, el señor se empieza a ahogar y se petatea. ¿Cómo murió? ¡¡¡La malvada se había puesto un veneno especial en el chocho!!! Eh, ya ven como no era ningún churro la película esta. Otra de las muertes es cuando una de las 10 doncellitas se muere arriba del toro mecánico porque la malvada le pone en la velocidad más alta y la víctima traía las manos amarradas al techo y pos no pudo bajarse la pobre (aunque no se le veían muchas ganas de bajarse del toro con asiento de pito). Otra muerte fue cuando dos de las chavas se estaban dando amor mutuo con un consolador doble y en eso ¡¡¡se electrocutan!!! La razón: la vieja mala de la película había arreglado el juguetito sexual para que tuviera un corto circuito. Aaaah, jajaja, qué jaladas. Eso sí era buen cine.
Y ahora, una tira cómica de esas que cada vez vienen con menos cuadritos, menos humor, menos colorido y menos fans, snif.

Ah, por cierto: me confirmaron que sí voy a entrar a Big Blogger milésima edición. Chas gracias al Arboltsef y al grupo de jueces tan serios y profesionales que tiene. Tanta emoción merece que me ponga a jugar con mis monitos de Star Wars, snif.
Y ahora, una tira cómica de esas que cada vez vienen con menos cuadritos, menos humor, menos colorido y menos fans, snif.
Ah, por cierto: me confirmaron que sí voy a entrar a Big Blogger milésima edición. Chas gracias al Arboltsef y al grupo de jueces tan serios y profesionales que tiene. Tanta emoción merece que me ponga a jugar con mis monitos de Star Wars, snif.
miércoles, agosto 09, 2006
guffo hertziano
Allá por el periodo mesozoico, cuando yo era un joven mamífero en evolución y las computadoras todavía no existían pues Bill Gates andaba de peda con los amigotes en el Hooters, trabajé en una estación de radio. Era una estación de radio gubernamental; entiéndase: sin dinero, y en amplitud modulada (AM) pa´acabarla de chingar. Y para rejoderla aún más, jalaba en un programa de música colombiana cuando la música colombiana (vallenata, le dicen) era de uso exclusivo de marihuanos, pandilleros, inhaladores de cemento, resistol y grasa para bolear zapatos. Me sentía rete orgulloso.
Y ahí estaba yo, muy puntual a las 9 de la mañana, en la cabina, seleccionando las rolitas de Ilusión Vallenata, El Binomio de Oro y Fantasía del Acordeón (¡que pinches nombres tan feos para un grupo de música!). Yo hacía de todo (gato), el operador ponía las rolas, recibíamos llamadas y saludos durante dos horas de los Wachalocos, los Drogoners las Cumbiancheritas, las Gavilanas y de más pandillas, y el programa terminaba muy feliz.
Me acuerdo que una vez hubo un evento masivo: un concierto con chingos de grupos que guakareaban esa música y yo estaba tras bambalinas, ahí nomás, viendo si faltaba esto, que si esto otro, cables, bocinas, etc. Total, que se arma un desmadre entre el público: unos güeyes habían metido bolsas con resistol y thinner y empezaron a bailar como convulsionándose y a tirar madrazos parejo a güeyes y viejas y pos obviamente no había seguridad. Y llega uno de los jefecillos de la estación muy verga y me dice: “A ver Guffo, ve a ver qué traen esos güeyes y si traen drogas o navajas, se las quitas”. Jajajaja. ¿Voy corriendo, utilizo mi patada voladora invertida en la quijada o les descargo las balas expansivas de mi escopeta para matar elefantes?... pendejo.
Total, me cambiaron del programa, pues me dijeron que era “muy fresa” para ese ambiente y me pusieron de achichincle de un bato que tenía un programa de ciencia los domingos: “El Espacio y el Hombre”. Yo hacía unas cápsulas de 5 minutos sobre avances tecnológicos y novedades científicas, entonces tenía que comprar las revistas Muy Interesante (pos es que no había Internet) y fusilarme los artículos que ahí salían. Y ahí aprendí mucho, la mera verdad. Aprendí que nadie se levanta un domingo a las 7 de la mañana para escuchar un pinche programa aburrido de ciencia y tecnología… y menos en AM.
Y ahí estaba yo, muy puntual a las 9 de la mañana, en la cabina, seleccionando las rolitas de Ilusión Vallenata, El Binomio de Oro y Fantasía del Acordeón (¡que pinches nombres tan feos para un grupo de música!). Yo hacía de todo (gato), el operador ponía las rolas, recibíamos llamadas y saludos durante dos horas de los Wachalocos, los Drogoners las Cumbiancheritas, las Gavilanas y de más pandillas, y el programa terminaba muy feliz.
Me acuerdo que una vez hubo un evento masivo: un concierto con chingos de grupos que guakareaban esa música y yo estaba tras bambalinas, ahí nomás, viendo si faltaba esto, que si esto otro, cables, bocinas, etc. Total, que se arma un desmadre entre el público: unos güeyes habían metido bolsas con resistol y thinner y empezaron a bailar como convulsionándose y a tirar madrazos parejo a güeyes y viejas y pos obviamente no había seguridad. Y llega uno de los jefecillos de la estación muy verga y me dice: “A ver Guffo, ve a ver qué traen esos güeyes y si traen drogas o navajas, se las quitas”. Jajajaja. ¿Voy corriendo, utilizo mi patada voladora invertida en la quijada o les descargo las balas expansivas de mi escopeta para matar elefantes?... pendejo.
Total, me cambiaron del programa, pues me dijeron que era “muy fresa” para ese ambiente y me pusieron de achichincle de un bato que tenía un programa de ciencia los domingos: “El Espacio y el Hombre”. Yo hacía unas cápsulas de 5 minutos sobre avances tecnológicos y novedades científicas, entonces tenía que comprar las revistas Muy Interesante (pos es que no había Internet) y fusilarme los artículos que ahí salían. Y ahí aprendí mucho, la mera verdad. Aprendí que nadie se levanta un domingo a las 7 de la mañana para escuchar un pinche programa aburrido de ciencia y tecnología… y menos en AM.
martes, agosto 08, 2006
políticas de alberca
Usaba un traje de baño de esos ajustados que te aprietan los huevos bien gacho y que te comes con la cola la mitad de la tela. Era de barquitos de vela, con anclas doradas y nudos acá bien elegantes; todo sobre un fondo verde militar. Mi papá me lo había comprado en los Estados Unidos y me dijo que era la mera onda: que era lo que usaban los nadadores que habían ganado las medallas de oro en las Olimpiadas del 84. Las pocas veces que salíamos de vacaciones o íbamos a una alberca, lo usaba bien orgulloso y me aventaba mis medallas de oro adentro de ellas. Pero me cagaba que en todas las albercas a las que iba, siempre las reglas eran las mismas:
- Niños menores de 10 años, favor de estar acompañados de un adulto.
- No meter balsas.
- No meter pelotas.
- No correr alrededor de la alberca.
- No tirarse clavados.
- No meter botellas de vidrio.
- No meter bebidas alcohólicas.
- No comer cerca de la piscina.
En pocas palabras: No divertirse.
Ahora, después de varias medallas de oro y varios años como sex symbol, me cago de la risa de esas reglas alberquescas. Lo que no entiendo es por qué, si en el reglamento no dice nada de “prohibido coger en la alberca”, a mí y a mi vieja nos metieron al bote. Snif.
Queremos un abogado.
- Niños menores de 10 años, favor de estar acompañados de un adulto.
- No meter balsas.
- No meter pelotas.
- No correr alrededor de la alberca.
- No tirarse clavados.
- No meter botellas de vidrio.
- No meter bebidas alcohólicas.
- No comer cerca de la piscina.
En pocas palabras: No divertirse.
Ahora, después de varias medallas de oro y varios años como sex symbol, me cago de la risa de esas reglas alberquescas. Lo que no entiendo es por qué, si en el reglamento no dice nada de “prohibido coger en la alberca”, a mí y a mi vieja nos metieron al bote. Snif.
Queremos un abogado.
viernes, agosto 04, 2006
qué mamada
Egipciaco Telésforo llega al congalote de moda y pide una vieja.
- ¡Quiero cogerme a esa vieja! -dice con muchos huevos apuntando a una morena bien nalgona.
- ¿Pos cuánto dinero trae? -le pregunta el encargado del lugar.
- Pos como 20 pesos -le dice Egipciaco.
- Nooo, pos con veinte pesos nomás le pueden hacer una mamada -le dice el encargado del lugar a Chaco.
-´Ta bueno -acepta Egipciaco.
Total, trasladan a Egipciaco (Chaco, pa´la raza) por un pasillo bien lujoso y alfombrado, dos guaruras lo escoltan y le abren una puerta de cristal bien brillante, y lo avientan a la calle y no lo vuelven a dejar entrar al antro.
Qué mamada le hicieron a Egipciaco Telésforo... ¡qué mamada!... y por 20 pesos... snif.
- ¡Quiero cogerme a esa vieja! -dice con muchos huevos apuntando a una morena bien nalgona.
- ¿Pos cuánto dinero trae? -le pregunta el encargado del lugar.
- Pos como 20 pesos -le dice Egipciaco.
- Nooo, pos con veinte pesos nomás le pueden hacer una mamada -le dice el encargado del lugar a Chaco.
-´Ta bueno -acepta Egipciaco.
Total, trasladan a Egipciaco (Chaco, pa´la raza) por un pasillo bien lujoso y alfombrado, dos guaruras lo escoltan y le abren una puerta de cristal bien brillante, y lo avientan a la calle y no lo vuelven a dejar entrar al antro.
Qué mamada le hicieron a Egipciaco Telésforo... ¡qué mamada!... y por 20 pesos... snif.
miércoles, agosto 02, 2006
de videorisas y karmatrones
A diferencia de muchos amigos, yo nunca fui fan de los comics gringos. Nunca me ha gustado ni Batman, ni Superman, ni el Spawn, ni los 4 Fantásticos y, mucho menos, Spiderman. No sé, nunca les hallé sabor; como que se me hacía siempre la misma historia. Los compré un tiempo en español -gracias a editorial VID, la de Memín Pinguin-, pero nunca me emocionaron las aventuras de ninguno de esos hombres en licra entallada que pareciera que van de locas a un carnaval gay.

Por ahí del año 87 –aún lampiño de mi pajarito y axilas- descubrí los Video Risas, gracias a un compañero malandro de la escuela que traficaba con esas revistas, con las barajitas del álbum Hanna Barbera y las Rasca Huele. Los pasquines esos me gancharon de inmediato. El hecho de que satirizaran caricaturas, series y películas de moda y pusieran maldiciones con dibujitos, era otro pedo. En lugar de “pinche”, dibujaban a un cocinerito; en vez de poner “güey”, dibujaban un toro; para poner “madres”, dibujaban a unas monjitas y, para poner “mamón”, dibujaban a un niño con biberón, juarjuar. Tal vez era una táctica de la editorial para que nuestros jefes no se dieran cuenta y no nos las tiraran a la basura por vulgares.
Tanta fue mi adicción a las Video risas que me iba en bicla a un puesto de revistas no muy cercano a mi casa a comprarlas. Y tanta fue mi adicción, que una vez convencí a mi madre de que nos llevara a mi y a un compa a la distribuidora de revistas que estaba en el centro de la ciudad. Nos llevó, pedimos permiso al encargado de entrar a la bodega a buscar números atrasados y fue como entrar a la galería secreta de una pirámide llena de tesoros. ¡No mamen!: montones y montañas y más montones de números atrasados. Nos faltó dinero y manos para llevarnos todas las revistas que queríamos, snif.
Gastaba todo mi dinero en los Video Risas y en los Video Risas Colección de Oro, que eran las mamalonas, porque salían cada 15 días, eran más grandes y con más páginas. En Video Risa chingaron a los Halcones Galácticos, a Candy, a Star Wars, a los Gremlins, a Roxana Banana, Invasión Extraterrestre y demás shows infantiles y películas ochentosas. Además, sacaban a unas monas bien chichonzotas y bien pezonudas, las cuales provocaron los primeros cosquilleos en mi pizarrín.
Al poco tiempo, mi economía iba en picada y mis gastos aumentaron, pues descubrí Karmatrón y los Transformables.

Mi compa, el malandro del salón, los llevó a la escuela como una novedad que aquí en Monterrey no se conseguía. Decía que un primo del D.F. se los había regalado. Los leí y me envicié de volada. Karmatrón y los Transformables era (es) un comic con filosofía hindú, budista, de chacras, energías, poderes mentales, robots, kundalinis, batallas en planetas, naves, seres extraños, villanos, ying y yang y de más mamadas mezcladas al chile. Pero Karmatron era lo más chingón en mi vida en ese momento. Yo quería ser un Guerrero Kundalini. Es más, la revista tenía un apartado especial en donde venían enseñanzas de meditación y de poner la mente en blanco y de ser uno con el universo y de alcanzar la supraconciencia para llegar a ser un Guerrero Kundalini. Yo leía embobado, interesadísimo en el tema, que ya hasta me sentía el Dalai Lama.
Gracias a Karmatron empecé a leer jaladas tibetanas y libros de Lobsang Rampa y demás misticismo barato, pero que sirve de alguna forma para crearse un hábito de lectura y conocer de otras culturas, creencias y ponerse a tono con el mundo espiritual.

Karmatron volvió a salir hace poco y lo descontinuaron, ignoro por qué. Salieron solamente 6 números, los cuales tengo y con los cuales volví a sentir esa emoción cuando los descubrí por primera vez, gracias a mi compa el malandro.
Por ahí del año 87 –aún lampiño de mi pajarito y axilas- descubrí los Video Risas, gracias a un compañero malandro de la escuela que traficaba con esas revistas, con las barajitas del álbum Hanna Barbera y las Rasca Huele. Los pasquines esos me gancharon de inmediato. El hecho de que satirizaran caricaturas, series y películas de moda y pusieran maldiciones con dibujitos, era otro pedo. En lugar de “pinche”, dibujaban a un cocinerito; en vez de poner “güey”, dibujaban un toro; para poner “madres”, dibujaban a unas monjitas y, para poner “mamón”, dibujaban a un niño con biberón, juarjuar. Tal vez era una táctica de la editorial para que nuestros jefes no se dieran cuenta y no nos las tiraran a la basura por vulgares.
Tanta fue mi adicción a las Video risas que me iba en bicla a un puesto de revistas no muy cercano a mi casa a comprarlas. Y tanta fue mi adicción, que una vez convencí a mi madre de que nos llevara a mi y a un compa a la distribuidora de revistas que estaba en el centro de la ciudad. Nos llevó, pedimos permiso al encargado de entrar a la bodega a buscar números atrasados y fue como entrar a la galería secreta de una pirámide llena de tesoros. ¡No mamen!: montones y montañas y más montones de números atrasados. Nos faltó dinero y manos para llevarnos todas las revistas que queríamos, snif.
Gastaba todo mi dinero en los Video Risas y en los Video Risas Colección de Oro, que eran las mamalonas, porque salían cada 15 días, eran más grandes y con más páginas. En Video Risa chingaron a los Halcones Galácticos, a Candy, a Star Wars, a los Gremlins, a Roxana Banana, Invasión Extraterrestre y demás shows infantiles y películas ochentosas. Además, sacaban a unas monas bien chichonzotas y bien pezonudas, las cuales provocaron los primeros cosquilleos en mi pizarrín.
Al poco tiempo, mi economía iba en picada y mis gastos aumentaron, pues descubrí Karmatrón y los Transformables.
Mi compa, el malandro del salón, los llevó a la escuela como una novedad que aquí en Monterrey no se conseguía. Decía que un primo del D.F. se los había regalado. Los leí y me envicié de volada. Karmatrón y los Transformables era (es) un comic con filosofía hindú, budista, de chacras, energías, poderes mentales, robots, kundalinis, batallas en planetas, naves, seres extraños, villanos, ying y yang y de más mamadas mezcladas al chile. Pero Karmatron era lo más chingón en mi vida en ese momento. Yo quería ser un Guerrero Kundalini. Es más, la revista tenía un apartado especial en donde venían enseñanzas de meditación y de poner la mente en blanco y de ser uno con el universo y de alcanzar la supraconciencia para llegar a ser un Guerrero Kundalini. Yo leía embobado, interesadísimo en el tema, que ya hasta me sentía el Dalai Lama.
Gracias a Karmatron empecé a leer jaladas tibetanas y libros de Lobsang Rampa y demás misticismo barato, pero que sirve de alguna forma para crearse un hábito de lectura y conocer de otras culturas, creencias y ponerse a tono con el mundo espiritual.
Karmatron volvió a salir hace poco y lo descontinuaron, ignoro por qué. Salieron solamente 6 números, los cuales tengo y con los cuales volví a sentir esa emoción cuando los descubrí por primera vez, gracias a mi compa el malandro.
martes, agosto 01, 2006
me gustaban más las noches
En las noches no salían los Robachicos ni los Viejos del Costal. La mayoría de ellos eran albañiles, eloteros, paleteros o recolectores de basura satanizados por nuestras madres, quienes nos prohibían entablar amistad o comunicación cualquiera con alguno de ellos, pues no fuera a ser que nos secuestraran y pidieran un rescate imposible de reunir o se metieran a nuestras casas a llevarse el televisor en blanco y negro de la cocina y a violar a la sirvienta o a nuestras hermanas.
La noche era de los aparecidos y los espantos. Del Coco. De las lechuzas que le chistaban a los niños que no se iban a dormir temprano y que se convertían en viejitas y se los robaban para ponerlos a pedir limosna en las calles. De cosas que nunca veíamos pero estábamos casi seguros que ahí estaban; al acecho, mirándonos. La penumbra era el espacio en donde viajaba el lamento de la Llorona, las luces en el cielo y las bolas de fuego que se movían cerca del cerro. Donde navegaban las historias de rancho de Don Chabelo, el velador, en las que abundaban las mujeres de negro y los jinetes que desaparecían entre los matorrales. A esas horas los ovnis bajaban y no podías apuntarlos con el dedo porque si se daban cuenta, venían por ti cuando te durmieras. La noche era cuando las muñecas revivían y se robaban el dinero de la bolsa de la mamá y cuando los pósteres de Rambo y Comando, pegados de las cuatro esquinas con cinta scotch sobre la pared, seguían con la mirada a quien pasara frente a ellos. La noche era cuando el monstruo bajo la cama llenaba nuestras vejigas de agua para obligarnos a ir a miar. A los niños ricos les decían sus padres que en las noches se metían cocodrilos a la alberca, nosotros sólo pensábamos en subir sanos y salvos las escaleras rumbo al cuarto sin que la mano de algún fantasma nos tocara en el hombro.
El día era territorio del Viejo del Costal y era en el día cuando regañaban injustamente a la niña por tomar dinero de la bolsa de su madre y cuando había que aprovechar para quitar el póster de Rambo del cuarto para que ya no nos mirara dormir y era cuando buscábamos sin éxito una criatura bajo la cama para poder ir tranquilamente al baño en las noches.
Hoy a los Robachicos y al Viejo del Costal se les llama secuestradores, asesinos, corruptores de menores, depravados sexuales o pedófilos. Creo que eran más inofensivos cuando simplemente les decían Robachicos. Ahora salen de día y de noche y por todos lados. Ahora los eloteros y paleteros quisieran ser Robachicos, pues deja más dinero y en venganza a que siempre los tacharon de eso por el simple hecho de ser pobres.
También siguen existiendo los fantasmas, los ruidos misteriosos en el piso de abajo, los crujidos en las puertas, las lechuzas que miran jugar escondidillas desde lo alto de un poste de luz. También las muñecas se siguen despertando y caminando por las noches, haciendo travesuras y cambiando las cosas de su lugar. El póster de Indiana Jones sigue enrollado en el closet y sigue siguiéndote con la mirada aunque tú no lo veas.
Me gustaba más la noche, porque era más divertido temerle a cosa que ahora sé que no existen.
La noche era de los aparecidos y los espantos. Del Coco. De las lechuzas que le chistaban a los niños que no se iban a dormir temprano y que se convertían en viejitas y se los robaban para ponerlos a pedir limosna en las calles. De cosas que nunca veíamos pero estábamos casi seguros que ahí estaban; al acecho, mirándonos. La penumbra era el espacio en donde viajaba el lamento de la Llorona, las luces en el cielo y las bolas de fuego que se movían cerca del cerro. Donde navegaban las historias de rancho de Don Chabelo, el velador, en las que abundaban las mujeres de negro y los jinetes que desaparecían entre los matorrales. A esas horas los ovnis bajaban y no podías apuntarlos con el dedo porque si se daban cuenta, venían por ti cuando te durmieras. La noche era cuando las muñecas revivían y se robaban el dinero de la bolsa de la mamá y cuando los pósteres de Rambo y Comando, pegados de las cuatro esquinas con cinta scotch sobre la pared, seguían con la mirada a quien pasara frente a ellos. La noche era cuando el monstruo bajo la cama llenaba nuestras vejigas de agua para obligarnos a ir a miar. A los niños ricos les decían sus padres que en las noches se metían cocodrilos a la alberca, nosotros sólo pensábamos en subir sanos y salvos las escaleras rumbo al cuarto sin que la mano de algún fantasma nos tocara en el hombro.
El día era territorio del Viejo del Costal y era en el día cuando regañaban injustamente a la niña por tomar dinero de la bolsa de su madre y cuando había que aprovechar para quitar el póster de Rambo del cuarto para que ya no nos mirara dormir y era cuando buscábamos sin éxito una criatura bajo la cama para poder ir tranquilamente al baño en las noches.
Hoy a los Robachicos y al Viejo del Costal se les llama secuestradores, asesinos, corruptores de menores, depravados sexuales o pedófilos. Creo que eran más inofensivos cuando simplemente les decían Robachicos. Ahora salen de día y de noche y por todos lados. Ahora los eloteros y paleteros quisieran ser Robachicos, pues deja más dinero y en venganza a que siempre los tacharon de eso por el simple hecho de ser pobres.
También siguen existiendo los fantasmas, los ruidos misteriosos en el piso de abajo, los crujidos en las puertas, las lechuzas que miran jugar escondidillas desde lo alto de un poste de luz. También las muñecas se siguen despertando y caminando por las noches, haciendo travesuras y cambiando las cosas de su lugar. El póster de Indiana Jones sigue enrollado en el closet y sigue siguiéndote con la mirada aunque tú no lo veas.
Me gustaba más la noche, porque era más divertido temerle a cosa que ahora sé que no existen.
jueves, julio 27, 2006
añoranzas del caminito de la escuela
Alguna vez les platiqué que uno de mis sueños guajiros era ser un Duncampeón (campeón de yoyo Duncan) y salir en la tele moviéndole al yoyo; pero las suertes del “columpio” y “paseando al perrito” nunca me salieron del todo bien. Aparte, era imposible para mis padres estarme comprando yoyos cada que los destrozaba sobre la banqueta intentando realizar “la motoneta”, o sobre las cabezas de mis carnalas cada que el cordel del juguetito se me rompía tratando de hacer el “huracán” y “el paso de la muerte”. Fue entonces que los yoyos quedaron vetados en mi casa, al igual que las revistas Video Risa.
Me di cuenta que el mundo no necesitaba otro Duncampeón y mejor me puse a pensar en otras cosas más productivas, como por ejemplo: buscarle un buen escondite a mis Video Risas que compraba clandestinamente en un puestucho de periódicos cerca de mi casa. También me preocupaba que ya iba a entrar de vuelta a la primaria y me había pasado las vacaciones pendejeando con el yoyo y todavía no le decía a mi madre qué pex con la lana de mis (in)útiles escolares, que consistían en : tijeras de punta chata, colores, sacapuntas, juego de geometría (que de juego no tenía ni madres), resistol para pegar palitos de paleta y sopa de coditos sobre alguna manualidad inservible que nuestras jefas pondrían en la sala de la casa por pura lástima y cuadernos de caligrafía, cuadrícula y doble raya. Los libros de “testo” eran gratuitos.
Me acuerdo que yo quería unos de esos plumones que pintaban plateado y dorado y que olían bien looooco, maestrossss. Los había visto el curso anterior y los quería para poder colorear los robots que dibujaba, pero esos marcadores nada más los llevaban los niños riquillos a la escuela, porque los compraban en Houston o en San Antonio Texas y decían que eran muy caros y que aquí en la ciudad no los vendían y que lero, lero, candelero.
Yo era de esos morros que le gustaba tener en orden sus lápices y los cuadernos con los márgenes de color bien derechitos y los libros bien forraditos (pos sí, porque mi jefa era la que se metía las chingas cortando y pegando plásticos y cinta scotch en las pastas de los libros de la SEP). Me gustaba cómo olían los libros recién forrados y me gustaba el olor de la madera rebanada de los colores “Blanca Nieves” cuando les sacaba punta para trazar los márgenes en cada una de las hojas de las libretas: eran de color rojo para los de quinto grado y azul para los de sexto. Yo hubiera preferido el azul, pero tendría que esperar un año para los márgenes de ese color. También me gustaba el olor aceitoso de la plastilina y el del laboratorio de ciencias naturales donde guardaban a las ranas destripadas en frascos de Nescafé con formol.
El invierno allá afuera tenía el mejor olor de todo, pero en esa estación del año, el salón de clases siempre olía a aliento encerrado de niños recién desayunados. Quien se daba cuenta de tal concentración de gases apestosos era el director, cada que entraba a dar algún aviso y el tufo lo golpeaba en la narizota, haciéndonos abrir las ventanas para que corriera el aire, se saliera la peste y nos congeláramos un rato.
El invierno empañaba las ventanas y los enamorados rechinaban sus dedos sobre el cristal, dejándose recaditos de amor y corazones mal formados. Algunos otros trazábamos monstruos, jugábamos al gato o dibujábamos a la maestra con las chichis puntiagudas, jajaja.
De vuelta a casa, el calentador de gas estaba encendido (en aquella época el gas no era tan caro porque era de camión de relleno y no de tubería) y mi padre me seguía insistiendo con esa filosofía de que no me diera por vencido nunca. Creo que eso lo leyó en no sé qué libro motivacional que estaba de moda a mediados de los ochentas. El efecto del librito y las palabras de mi padre fue inmediato en mi cerebrito aún virgen y tarugo. Me propuse con todas mis ganas que el próximo año -ochenta y tantos- sería un Duncampeón y que ahorraría todos mis domingos para comprar un plumón de esos que pintaba dorado y que sólo los ricardillos llevaban a la escuela.y que me serviría para colorear mis robots. Es que estaban bien padres esos plumones.
Me di cuenta que el mundo no necesitaba otro Duncampeón y mejor me puse a pensar en otras cosas más productivas, como por ejemplo: buscarle un buen escondite a mis Video Risas que compraba clandestinamente en un puestucho de periódicos cerca de mi casa. También me preocupaba que ya iba a entrar de vuelta a la primaria y me había pasado las vacaciones pendejeando con el yoyo y todavía no le decía a mi madre qué pex con la lana de mis (in)útiles escolares, que consistían en : tijeras de punta chata, colores, sacapuntas, juego de geometría (que de juego no tenía ni madres), resistol para pegar palitos de paleta y sopa de coditos sobre alguna manualidad inservible que nuestras jefas pondrían en la sala de la casa por pura lástima y cuadernos de caligrafía, cuadrícula y doble raya. Los libros de “testo” eran gratuitos.
Me acuerdo que yo quería unos de esos plumones que pintaban plateado y dorado y que olían bien looooco, maestrossss. Los había visto el curso anterior y los quería para poder colorear los robots que dibujaba, pero esos marcadores nada más los llevaban los niños riquillos a la escuela, porque los compraban en Houston o en San Antonio Texas y decían que eran muy caros y que aquí en la ciudad no los vendían y que lero, lero, candelero.
Yo era de esos morros que le gustaba tener en orden sus lápices y los cuadernos con los márgenes de color bien derechitos y los libros bien forraditos (pos sí, porque mi jefa era la que se metía las chingas cortando y pegando plásticos y cinta scotch en las pastas de los libros de la SEP). Me gustaba cómo olían los libros recién forrados y me gustaba el olor de la madera rebanada de los colores “Blanca Nieves” cuando les sacaba punta para trazar los márgenes en cada una de las hojas de las libretas: eran de color rojo para los de quinto grado y azul para los de sexto. Yo hubiera preferido el azul, pero tendría que esperar un año para los márgenes de ese color. También me gustaba el olor aceitoso de la plastilina y el del laboratorio de ciencias naturales donde guardaban a las ranas destripadas en frascos de Nescafé con formol.
El invierno allá afuera tenía el mejor olor de todo, pero en esa estación del año, el salón de clases siempre olía a aliento encerrado de niños recién desayunados. Quien se daba cuenta de tal concentración de gases apestosos era el director, cada que entraba a dar algún aviso y el tufo lo golpeaba en la narizota, haciéndonos abrir las ventanas para que corriera el aire, se saliera la peste y nos congeláramos un rato.
El invierno empañaba las ventanas y los enamorados rechinaban sus dedos sobre el cristal, dejándose recaditos de amor y corazones mal formados. Algunos otros trazábamos monstruos, jugábamos al gato o dibujábamos a la maestra con las chichis puntiagudas, jajaja.
De vuelta a casa, el calentador de gas estaba encendido (en aquella época el gas no era tan caro porque era de camión de relleno y no de tubería) y mi padre me seguía insistiendo con esa filosofía de que no me diera por vencido nunca. Creo que eso lo leyó en no sé qué libro motivacional que estaba de moda a mediados de los ochentas. El efecto del librito y las palabras de mi padre fue inmediato en mi cerebrito aún virgen y tarugo. Me propuse con todas mis ganas que el próximo año -ochenta y tantos- sería un Duncampeón y que ahorraría todos mis domingos para comprar un plumón de esos que pintaba dorado y que sólo los ricardillos llevaban a la escuela.y que me serviría para colorear mis robots. Es que estaban bien padres esos plumones.
martes, julio 25, 2006
sin pinche título y con foto
Se casaron por ahí del año 73. Cuando había Maveriks , Gremlins y Rallys. A ella, de 19 años, le dijo una bruja que lee el café que se iba a casar de tarde, cuando en aquella época no se acostumbraba casarse cuando el sol no se metiera. Él, de 24, se sacó la lotería: como un millón de pesos en la época actual. Los padres de ella ahora sí dejaron que se casara con él, pues ya no era un bueno para nada de Ciudad Mante o Victoria o uno de esos pueblos pedorros de Tamaulipas, decían. Se casaron y se fueron a que él terminara de estudiar con una beca del INJUDE a Italia. Y en Italia vivieron muchas cosas y muchas hambres y muchas aventuras y coleccionaban etiquetas de vinos baratos que se tomaban para no pasar fríos. Llegan otra vez a México después de cómo 2 años y él se encuentra con que su papá ya está todo chueco y usa bastón y no puede hablar bien por un tumor en el cerebro. Y le dicen que se va a morir bien joven y que debe un chingo de dinero al banco, y el banco se le echa encima porque él era el único hijo que tenía dinero para pagar lo que su papá enfermo debía porque él se había sacado el premio mayor. Y pos su papá se muere del tumor en la chompa y ay nanita. Pero pues él quería poner un consultorio, pero le iban a quitar su lana que se sacó de chiripa comprándole un boleto que terminaba en 7 a la necia de su abuelita. Pero la abuelita se muere y él se queda con la lana y se asesora con un amigo abogado y le dice que lo mejor que puede hacer es poner todo lo que tiene a nombre de su esposa y divorciarse. Ella acepta y se divorcian pá que no les quiten el dinero. El banco se la pela, no le quita nada y anula la deuda. Compra un terreno, pone su consultorio, rentan una casa y ella tiene dos abortos a consecuencia de un tumor en la matriz. Le quitan el tumor, tiene 3 hijos, se ponen a jalar y nunca más se vuelven a casar... pero tampoco se vuelven a separar, y eso del matrimonio y las firmas y los testigos se les olvida con los hijos, con el trabajo, con los buenos momentos, con la falta de lana, etc.
Luego me enteré que no estaban casados y que soñaron con casarse cuando tuvieran 30 años de vivir juntos, pero nadie -mas que yo- sabe esto; ni su familia, ni la de él y aparte no pudieron cumplir su sueño por equis razones. Estaban planeando hacer un fiestón bien cabrón y avisarle a todo mundo cuando cumplieran los 35, pero el actual trabajo de él pudiera impedirlo y mejor no lo planearon más. Se prometieron casarse otra vez - y de blanco los dos- y revelar su secreto a todo el mundo cuando cumplan los 40 años de estar juntos y sean abuelitos. A mí la verdad me vale madre si se casan o no, o si tienen nietos o no, pues mejor ejemplo de que el matrimonio no vale madre y que lo único que importa es el amor verdadero, no podría tener…

Al fondo: mi padre de amarillo hablando por celular, mi madre escupiendo huesos de tamarindo en las calles de San Miguel, mis hermanas asechando tiendas de ropa, chácharas y comida, y yo, frentón, guapo y cachetón como siempre, snif.
Luego me enteré que no estaban casados y que soñaron con casarse cuando tuvieran 30 años de vivir juntos, pero nadie -mas que yo- sabe esto; ni su familia, ni la de él y aparte no pudieron cumplir su sueño por equis razones. Estaban planeando hacer un fiestón bien cabrón y avisarle a todo mundo cuando cumplieran los 35, pero el actual trabajo de él pudiera impedirlo y mejor no lo planearon más. Se prometieron casarse otra vez - y de blanco los dos- y revelar su secreto a todo el mundo cuando cumplan los 40 años de estar juntos y sean abuelitos. A mí la verdad me vale madre si se casan o no, o si tienen nietos o no, pues mejor ejemplo de que el matrimonio no vale madre y que lo único que importa es el amor verdadero, no podría tener…
Al fondo: mi padre de amarillo hablando por celular, mi madre escupiendo huesos de tamarindo en las calles de San Miguel, mis hermanas asechando tiendas de ropa, chácharas y comida, y yo, frentón, guapo y cachetón como siempre, snif.
lunes, julio 24, 2006
lo que aprendí el fin de semana
Salen tres amigos de una cantina de esas que huelen a miados porque el baño nunca funciona; uno de ellos más pedo que José José en sus buenos tiempos. Total, al borrachín este que andaba bien fumigado y todo orinado y guakareado, se le ocurre ir a un congal que porque andaba caliente y era soltero, pero no sé ni para qué, pues lo único que les iba a poder meter a las viejas en las condiciones en las que andaba, era un buen susto. Total, siguen chupando y oyendo covers de Lupillo Rivera en lo que van al antro. Llegan y el encargado les dice que nada más tiene dos viejas. Entonces, los dos amigos que andaban menos pedos (nivel Potrillo Fernández en el Mundial, pero no nivel José José depresivo), deciden agandallar a las viejas y le dicen al encargado del tugurio que a su amigo el pedote le den una muñeca inflable, que al cabo que ni cuenta se iba a dar de lo mamado que andaba. Y así estuvo la noche: sexo desenfrenado con prostitutas sin licencia sanitaria y una muñeca inflable.
Al día siguiente, se ven los mismo amigos en la misma cantina, a la misma hora y platican sus experiencias de la madrugada antrior. Presume el primero:
- N´ombre, a mí me tocó una rubia hermosa, parecía gringa la cabrona. Tenía unos cocotes más bellos que los de Sabrina.
Dice el segundo:
- A mí me tocó una morenota brasileña a la que no le entendía ni madres pero tenía unas nalgas que hasta la J.Lo hubiera envidiado. Bien buena la méndiga.
Y en eso dice el tercero, ése que andaba pedísimo y le dieron la muñeca inflable:
- N´ombe... a mí me toco una pinche bruja... -dice bien espantado.
- A chinga -le dicen los amigos- ¿cómo que una bruja?
Y responde el pobre infeliz:
- Sí, era una pinche bruja; porque cuando le mordí una chichi, que se suelta volando por todo el cuarto la cabrona.
FIN
Y a continuación, el fan que todo bloggero quisiera tener. Cueeeeerooo, es un lindo este muchacho, me encantan los mails tan románticos que me manda, snif.
Al día siguiente, se ven los mismo amigos en la misma cantina, a la misma hora y platican sus experiencias de la madrugada antrior. Presume el primero:
- N´ombre, a mí me tocó una rubia hermosa, parecía gringa la cabrona. Tenía unos cocotes más bellos que los de Sabrina.
Dice el segundo:
- A mí me tocó una morenota brasileña a la que no le entendía ni madres pero tenía unas nalgas que hasta la J.Lo hubiera envidiado. Bien buena la méndiga.
Y en eso dice el tercero, ése que andaba pedísimo y le dieron la muñeca inflable:
- N´ombe... a mí me toco una pinche bruja... -dice bien espantado.
- A chinga -le dicen los amigos- ¿cómo que una bruja?
Y responde el pobre infeliz:
- Sí, era una pinche bruja; porque cuando le mordí una chichi, que se suelta volando por todo el cuarto la cabrona.
FIN
Y a continuación, el fan que todo bloggero quisiera tener. Cueeeeerooo, es un lindo este muchacho, me encantan los mails tan románticos que me manda, snif.
viernes, julio 21, 2006
mandado a volar
No me llamaba tanto la atención volar. Prefería conseguir un casco de minero y un Kola Loka y hacer lo que hacía el señor del anuncio de la tele, ese que se quedaba pegado a un helicóptero con tan sólo ponerle una gotita de pegamento a su casco y se iba de rol por toda la ciudad colgado nomás de la cabeza. En cierta forma, eso era volar haciendo un poco de trampa. Es que volar-volar lo intenté varias veces, pero ni las toallas, ni las sábanas, ni las colchas amarradas al cuello funcionaban. Lo del pegamento era más real, pero mi madre nunca me dejó hacerlo porque decía que de dónde iba a sacar un helicóptero para hacer la prueba, pero yo le decía que de perdido me ayudara a pegarme al techo, que el casco ya lo había conseguido con un amigo. Los paraguas y las bolsas de basura utilizados como paracaídas tampoco servían. Saltar desde un columpio puede asemejarse al vuelo por unos cuantos segundos o, por unos cuantos miles de dólares, subirse a unos de esos aviones con gravedad cero pudiera ser más cumplidor en cuanto a lo que sería la sensación real de planear como gavilán. El bungee, pudiera ser que uno sienta que se eleva, pero pos no, porque uno cae. además, yo creo que sí me zurro en los calzones, prefiero seguirlo intentando con toallas amarradas al cuello. Total uno se la pasa toda la vida queriendo volar a como dé lugar, aunque sea con efectos especiales o con algún cable amarrado por ahí que no se vea. Luego, uno crece y lo mandan a volar en la escuela, en el amor, en la casa, en el trabajo y en todos lados. No debería de decirse "me mandaron a volar". Esa frase está muy mal empleada. Volar ha de ser la mejor y más chingona experiencia que pueda existir (si no, pregúntenle a sus sueños o a algún cotorro que hable y que no esté en una jaula) y eso de "mandar a volar" no suena nada agradable; más bien parece como una caída desde bien alto o un aterrizaje de hocico sobre el pavimento cada que alguien dice eso.
Por lo pronto, hoy me dispongo a soñar con que vuelo, o ya de perdido, que puedo brincar bien alto y correr por los techos de los edificios.
Por lo pronto, hoy me dispongo a soñar con que vuelo, o ya de perdido, que puedo brincar bien alto y correr por los techos de los edificios.
jueves, julio 20, 2006
la cisterna
Desprendieron el tinaco de la casa golpeando con mazos unas vigas de acero que pusieron en los costados y que hacían un sonido como de ciencia ficción con cada azote que les daban. La base cedió y, entre dos hombres morenos y de bigote, empujaron el recipiente hasta el borde del techo. Miraron hacia abajo desde la orilla con cautela, para que no hubiera nadie. Y lo dejaron caer. La enorme tinaja se hizo polvo al contacto con el suelo. Yo miré pasmado el espectáculo al que comparé con las explosiones que salían en las películas de guerra.
Decían que esas tinajas de fibra de vidrio causaban cáncer: que si uno bebía el agua contenida en esos recipientes, ni siquiera los filtros del grifo del lavamanos y la cocina limpiaban las pequeñas astillas de cristal que desprendían las paredes internas; y que, a la larga, eso mataba a la gente. Por eso mis padres lo mandaron quitar y por eso hicieron una cisterna. La palabra cáncer se empezaba a escuchar más seguido. Era mediados de los ochentas. Ya casi todo daba cáncer. Antes la gente se moría de otras cosas, pero no de eso. En mi mente sólo aparecía un cangrejo rojo con sombrero y bailando cuando escuchaba esa palabra.
La cisterna estaba terminada Esa no daba cáncer porque no desprendía esas fibras de vidrio. Era sólo cuestión de encender la bomba y esperar a que se llenara. Mi padre entró a la fosa por el hueco que dejaron en el suelo y me dijo que fuera con él. Yo obedecí. Estaba todo oscuro y olía a pintura fresca. Era como una alberca, pero con techo y eco; y una pequeña salida de un metro por un metro por donde entraba la luz. Mi papá golpeaba las paredes con el borde de su puño y palpaba con los dedos para comprobar la firmeza de los muros y el secado de la pintura. Yo lo imitaba: tocaba, golpeaba y me veía las manos buscando rastros de pintura. Es como una alberca, verdad, mijo, me dijo como si me leyera el pensamiento. Si, respondí. Salimos del tanque y mi padre encendió la bomba. El agua retumbaba al caer al piso, produciendo un sonido extraño; haciendo un ruido parecido a lo que, imaginaba yo, pudiera ser el llanto de un robot. Me acosté en el borde de la abertura, con el hueco sonido del agua rebotando en las cuatro paredes, y contemplé cómo el nivel del líquido subía poco a poco. Métete a nadar, yo aquí te cuido, me dijo mi padre, y los ojos se me iluminaron. Por fin teníamos una alberca en casa.
Decían que esas tinajas de fibra de vidrio causaban cáncer: que si uno bebía el agua contenida en esos recipientes, ni siquiera los filtros del grifo del lavamanos y la cocina limpiaban las pequeñas astillas de cristal que desprendían las paredes internas; y que, a la larga, eso mataba a la gente. Por eso mis padres lo mandaron quitar y por eso hicieron una cisterna. La palabra cáncer se empezaba a escuchar más seguido. Era mediados de los ochentas. Ya casi todo daba cáncer. Antes la gente se moría de otras cosas, pero no de eso. En mi mente sólo aparecía un cangrejo rojo con sombrero y bailando cuando escuchaba esa palabra.
La cisterna estaba terminada Esa no daba cáncer porque no desprendía esas fibras de vidrio. Era sólo cuestión de encender la bomba y esperar a que se llenara. Mi padre entró a la fosa por el hueco que dejaron en el suelo y me dijo que fuera con él. Yo obedecí. Estaba todo oscuro y olía a pintura fresca. Era como una alberca, pero con techo y eco; y una pequeña salida de un metro por un metro por donde entraba la luz. Mi papá golpeaba las paredes con el borde de su puño y palpaba con los dedos para comprobar la firmeza de los muros y el secado de la pintura. Yo lo imitaba: tocaba, golpeaba y me veía las manos buscando rastros de pintura. Es como una alberca, verdad, mijo, me dijo como si me leyera el pensamiento. Si, respondí. Salimos del tanque y mi padre encendió la bomba. El agua retumbaba al caer al piso, produciendo un sonido extraño; haciendo un ruido parecido a lo que, imaginaba yo, pudiera ser el llanto de un robot. Me acosté en el borde de la abertura, con el hueco sonido del agua rebotando en las cuatro paredes, y contemplé cómo el nivel del líquido subía poco a poco. Métete a nadar, yo aquí te cuido, me dijo mi padre, y los ojos se me iluminaron. Por fin teníamos una alberca en casa.
miércoles, julio 19, 2006
tutti fruti
Ni siquiera es un sabor. Creo que significa “todas las frutas” en italiano. Oh, qué inteligente soy; cualquiera pudo haber deducido eso. Algunos chicles de mi infancia anunciaban ese sabor impreso en su envoltura. Sabor Tutti Fruti, así, en italiano. Qué loco, ¿no? No había vuelto a ver ni a degustar algo tutti fruti desde hacía ya mucho tiempo. Hasta hace poco. No acostumbro a tomar refresco pero la vez pasada, obligado a comprar uno por los intensos calores y la cruda que sólo se me quita con un agua mineral, decidí comprar algo gaseoso. La escasez de Peñafiel y Topo Chico en el changarrito, y mi aversión por las colas (las de los hombres, la coca cola y la peksi cola), me obligaron a adquirir un humilde refresquito de nombre medio charro, que estaba hasta el fondo de la heladera, como que para que nadie lo viera por la vergüenza de llamarse así. Era un tal “Jarritos”. Mucho gusto, dije yo. Y eso fue lo que atrapó mi atención: el sabor tutti fruti que advertía su etiqueta. También había de tamarindo y limón verde (pos ni modo que morado), pero es que tutti fruti es tutti fruti. Hacía como cuarenta y tantos kilos de rock que no escuchaba ese término y, volverlo a ver, fue como viajar en el tiempo hasta la tiendita de la esquina de mi casa en la que vendían chicles Motitas sabor tutti fruti y había Palelocas sabor tutti fruti y donde los de la cuadra de arriba nos huevearon una vez. Antes no había mora salvaje o mora azul o frutas glaciares y esos sabores mamones que ahora inventan para vender cualquier producto que sepa a algo. En aquella época todo era bien tutti fruti: la vida, los juegos, las emociones, los puntos de vista, los días, los sueños. Comprar el refresco ese no sólo cortó mi cruda, sació mi sed y me llenó de aire la panza; fue como haber comprado -por 6 pesos con 50 centavos- una máquina del tiempo más chingona que la del Doctor Emmet Brown, de Back to the Future.
martes, julio 18, 2006
hola amiguitos del martes
Tengo un amigo que le da pena estarse quedando pelón. Neta que a ese güey le da chingos de vergüenza perder el pelo más que al diputado Kawaghi perder la dignidad con el luchador Cibernético. Será que a mí me vale madre o, simplemente, nunca pienso en eso cada que me veo en el espejo del carro, del motel o de tu madre. Cada que miro mi aparatosa frente, no pienso otra cosa más que Dios me puso una sandía en lugar de un cerebro. O será que nada de eso me mortifica porque le tengo mucha fe al sexo y a mis jabones mágicos de cacahuananche de 7 pesitos de esos que venden en el mercado y que dicen que combaten la calvicie. Mi compa el Pelochas siempre usa gorra y sombrero o se rapa por completo el poco cabello que le queda para así disimular su calvicie y disfrazarla como si fuera un “nuevo look” moderno. Lo peor es que es dos años menor que yo y siento que eso le pesa. Le he recomendado mis jabones y él prefiere comprar el Cre-C y los remedios que venden en la televisión y que anuncia la Galilea Montijo; pero los prueba sin ningún resultado. Toda esta situación me remonta a mi infancia, cundo mi jefe –pelón por cierto- me dijo que yo iba a ser un calvo de mierda irremediablemente. Recuerdo aquél otoño del 81, cuando perdí mis primeros dos dientes –los de leche te echo-. No quería ir al día siguiente a la escuela Montessori, pues temía que todos se burlaran de mí así como se burlaron de mis tenis de Gigante. Fui al colegio y trataba de no abrir la boca y que nadie me hiciera reír para que nadie se diera cuenta del huecote que tenía en el hocico. Así siento a mi amigo: que se siente solo y no se da cuenta que todos vamos para el mismo lado. Porque luego, en la primaria, me di cuenta que todos los niños y niñas del salón empezaron a pasar por la misma situación que yo: a mudar dientes y a que el pinche ratón culero no les dejaba dinero abajo de la almohada; y yo ya no era el único desdentado que tenía una portería en el hocico y ni un cinco en los bolsillos. Ya éramos varios. Y así va a suceder durante toda la vida, eso es lo que le digo a mi amigo el pelón acomplejado; que envejecer y estar pelón no es motivo de avergonzarse. Todos nos vamos a quedar pelones y nos vamos a arrugar de los ojos y nos vamos a aguadar de la panza y de los brazos y del cuello; y vamos a perder los dientes como en la primaria, como cuando teníamos 5 años y todo era novedad; y nos vamos a encorvar y a jorobar y a volver insoportables. Y nos van a meter supositorios por el culo y nos van a dar nuestra medicina y la vamos a escupir y nos vamos a morir y nos van a llorar y no es nada de lo que debamos sentirnos avergonzados. Porque eso pasa: se deja de parar el pito, uno se cansa, y la vagina se aguada, y el amor se acaba, y la costumbre mata, y uno se desilusiona y vive de la rutina y se amarga y se quiere dar un tiro y quiere recuperar lo que perdió y quiere dejar huella y la verga. Obviamente, todo esto es más llevadero –o placentero- si existe alguien en nuestra misma situación o en nuestra misma dimensión o canal o, simplemente, alguien que esté con nosotros para llevarnos a la tumba… pero que esté a nuestro lado siempre y nosotros queramos estar siempre a su lado.
lunes, julio 17, 2006
big blogger
Recuerdo aquella noche, una noche de copas una noche loca, cuando un amiguis consiguió las solicitudes para entrar a Big Brother en Televisa y llegó bien emocionadillo "¡sí las conseguí, sí las conseguí, yujuuuu!". Qué felices e ingenuos fuimos. Nos juntamos en el depa de uno de ellos y -Bacardí con cocacola y pluma Bic azul punto mediano en mano- las llenamos con nuestras mejores y más chuscas e irreverentes respuestas. Todos soñábamos con lo que haríamos con el dinero que nos íbamos a ganar: una casa con alberca, un ferrari, una serenata a la novia con la Banda el Recodo, unas pantuflas con diamante, el batimovil, aumentarnos el tamaño del pito, reducírnoslo, etc. Qué bonito era soñar. Pero a la mera hora nos dieron puro dedo y escogieron a humanos más sin chiste que yo y mis amigos. ¡Bu! Creo que uno de ellos sí llegó hasta el casting final, pero en una respuesta del test ese psicométrico puso algo así de que si se encabronaba iba a matar a todos los habitantes de la casa cuando estuvieran dormidos. Che vato loco.
Ya en la segunda temporada del Big Brother ni solicitud busqué, me acordé de lo poco que vi del primero, de lo malo que fue, de los regios que metieron y ni de pedo iba a hacer el ridículo encerrado con 10 retrasados mentales.
Entrar a las Academias y a Operación Triunfo ni siquiera me pasó por la mente porque no sé cantar.
Hace una semana me llegó a mí y a otros 29 bloggeros un mail sorpresa para el casting de Big Blogger, snif. A ver si ´ora sí hago realidad mi sueño, buju buju.
Ahí luego les aviso dónde diablos pueden votar por quienes quieran que estén dentro de este experimento. Al parecer nomás 10 pueden entrar, 4 viejas y 6 chiludos, y los únicos requisitos son tener un blog y una cámara digital.
Saludos.
Ya en la segunda temporada del Big Brother ni solicitud busqué, me acordé de lo poco que vi del primero, de lo malo que fue, de los regios que metieron y ni de pedo iba a hacer el ridículo encerrado con 10 retrasados mentales.
Entrar a las Academias y a Operación Triunfo ni siquiera me pasó por la mente porque no sé cantar.
Hace una semana me llegó a mí y a otros 29 bloggeros un mail sorpresa para el casting de Big Blogger, snif. A ver si ´ora sí hago realidad mi sueño, buju buju.
Ahí luego les aviso dónde diablos pueden votar por quienes quieran que estén dentro de este experimento. Al parecer nomás 10 pueden entrar, 4 viejas y 6 chiludos, y los únicos requisitos son tener un blog y una cámara digital.
Saludos.
jueves, julio 13, 2006
jueves: pendejadas al 2 x 1
Aquí está una tira cómica que ya no las voy a postear porque luego no me compran mi libro y dicen que ya lo leyeron todo en mi blog, snif.

Y un bonito relato, aaayyy, qué lindo:
Todos los días tenía que ir por el father Thomas a su cuarto. Estaba postrado en una silla de ruedas desde hacía ya como 3 años. El father Thomas era quien nos daba la clase de vocabulario y pronunciación a los que estábamos medio pendejos para el inglés. También era el capellán del departamento de policía de Atchison, Kansas y, a veces, bromeaba con su charola de polecía “arrestando” a los alumnos que no ponían atención o platicaban durante su clase. Los alumnos bromeaban con que le iban a regalar una torreta de patrulla para que se la pusiera a su silla de ruedas y persiguiera criminales. Era un viejo muy simpático, de voz cavernosa y cabello completamente blanco. Vivía en el primer piso del edificio St. John y debido a varias operaciones en la pierna derecha -ignoro las razones, pero dicen que fue una bala- le era imposible caminar. Ese era mi trabajo unos minutos antes de que terminara la clase de reading (lectura): empujar al father Thomas desde su cuarto hasta el salón de clases para enseñarnos palabras nuevas en inglés. El padre Tomás siempre estaba listo, recién bañado y perfumado, y me saludaba agradecido con su voz de león. Durante el trayecto a las aulas, los alumnos que se topaban con nosotros le sonreían y le sacaban plática y le decían que enseñara la placa de policía. Algunos bromeaban que hasta traía pistola, creando una leyenda urbana dentro del colegio igual a la del supuesto balazo en su pierna. Era un hombre apreciado.
Recuerdo que una vez fui antes de la hora acostumbrada, pues la maestra de reading tenía un compromiso familiar. Fui al edificio St. John a recoger al padre Tomás y la puerta de su cuarto estaba entreabierta. Toqué unas cuantas veces suavemente pero no se escuchó el ronco “come in” que siempre decía al oír mi golpeteo sobre la madera. Entré cautelosamente, un tanto asustado: creí que lo encontraría muerto o tirado en el suelo lastimado, pues era ya un hombre mayor, arriba de 70 años tenía fácilmente. De pronto, un rechinido surgió al fondo del pasillo y otra puerta se abrió acompañada del rugir de un escusado. El father Thomas salió caminando del baño con periódico en mano y una Reader´s Digest, muy quitado de la pena. Nos quedamos inmóviles, con los brazos en los costados como dos vaqueros del viejo oeste a punto de comenzar un duelo. “¡It´s a miracle!!!”, gritó el padrecito alzando los brazos al cielo.
Che padre culero

Y un bonito relato, aaayyy, qué lindo:
Todos los días tenía que ir por el father Thomas a su cuarto. Estaba postrado en una silla de ruedas desde hacía ya como 3 años. El father Thomas era quien nos daba la clase de vocabulario y pronunciación a los que estábamos medio pendejos para el inglés. También era el capellán del departamento de policía de Atchison, Kansas y, a veces, bromeaba con su charola de polecía “arrestando” a los alumnos que no ponían atención o platicaban durante su clase. Los alumnos bromeaban con que le iban a regalar una torreta de patrulla para que se la pusiera a su silla de ruedas y persiguiera criminales. Era un viejo muy simpático, de voz cavernosa y cabello completamente blanco. Vivía en el primer piso del edificio St. John y debido a varias operaciones en la pierna derecha -ignoro las razones, pero dicen que fue una bala- le era imposible caminar. Ese era mi trabajo unos minutos antes de que terminara la clase de reading (lectura): empujar al father Thomas desde su cuarto hasta el salón de clases para enseñarnos palabras nuevas en inglés. El padre Tomás siempre estaba listo, recién bañado y perfumado, y me saludaba agradecido con su voz de león. Durante el trayecto a las aulas, los alumnos que se topaban con nosotros le sonreían y le sacaban plática y le decían que enseñara la placa de policía. Algunos bromeaban que hasta traía pistola, creando una leyenda urbana dentro del colegio igual a la del supuesto balazo en su pierna. Era un hombre apreciado.
Recuerdo que una vez fui antes de la hora acostumbrada, pues la maestra de reading tenía un compromiso familiar. Fui al edificio St. John a recoger al padre Tomás y la puerta de su cuarto estaba entreabierta. Toqué unas cuantas veces suavemente pero no se escuchó el ronco “come in” que siempre decía al oír mi golpeteo sobre la madera. Entré cautelosamente, un tanto asustado: creí que lo encontraría muerto o tirado en el suelo lastimado, pues era ya un hombre mayor, arriba de 70 años tenía fácilmente. De pronto, un rechinido surgió al fondo del pasillo y otra puerta se abrió acompañada del rugir de un escusado. El father Thomas salió caminando del baño con periódico en mano y una Reader´s Digest, muy quitado de la pena. Nos quedamos inmóviles, con los brazos en los costados como dos vaqueros del viejo oeste a punto de comenzar un duelo. “¡It´s a miracle!!!”, gritó el padrecito alzando los brazos al cielo.
Che padre culero
martes, julio 11, 2006
sex test
Algún zonzo de la cabeza me mandó al mail un cuestionario con puras preguntas relacionadas con el sexo. Algunas están muy mamonas; otras están buenas. Pero como yo soy un ermitaño monje budista -pero bien cachondo- a continuación pondré las que más me llamaron la atención. No sé quién esté más mal de la chompa: este vato por mandar mails de este tipo a gente que ni conoce, o yo por contestarle. Ni hablar.
- ¿A qué huele el semen?
A alberca con mucho cloro.
- ¿A qué sabe la vagina?
Es como cuando le pones la lengua al polo positivo de una batería Energizer doble A. Se siente curioso y hasta le haces ¡brablabrrrr!, pero luego te gusta.
- ¿A qué se parece una vagina?
A un mejillón.
- ¿A qué huele?
Pos a... no sé; pero es mentira que huele a pescado. Huele a pescado miado.
- ¿A qué sabe el pene?
No me lo alcanzo, como Marylin Manson que se quitó dos costillas para poderse hacer sexo oral el solito y ... puras pendejadas.
- ¿Imagen sexual mental que te enfría?
Hace poco me enteré que un amigo recién divorciado se apachurró a una amiga que, digamos que si los japoneses la ven, le tirarían a matar con arpón. Mi compa es menudito y cuando nos platicó yo lo imaginaba nadando entre todas esas carnes y me venía a la mente el chiste aquel de la hormiguita que se coje a un hipopótamo. Luego no podía ver otra cosa que no fuera: o que la vieja estaba dando a luz, o que mi compa estaba empujando un volkswagen descompuesto.
- ¿Música que pones para hacer el amor?
Pos nomás la del rechinido de la cama, la demás me distrae.
- ¿Alguna frase que te encienda?
Ring... ring... suena el teléfono a las 8 de la mañana.
¿Bueno?, contesto.
Ay, chiquito: amanecí bien cachondaaa... ¿no podrías venir a mi casa, hacemos el amor bien rico y luego nos vamos a desayunar?
Y yo le digo: No, no soy un objeto sexual, yo tengo cerebro y sentimientos, snif, bujuuu, buaaa, buaaa, y me pongo a llorar.
Buen martes.
- ¿A qué huele el semen?
A alberca con mucho cloro.
- ¿A qué sabe la vagina?
Es como cuando le pones la lengua al polo positivo de una batería Energizer doble A. Se siente curioso y hasta le haces ¡brablabrrrr!, pero luego te gusta.
- ¿A qué se parece una vagina?
A un mejillón.
- ¿A qué huele?
Pos a... no sé; pero es mentira que huele a pescado. Huele a pescado miado.
- ¿A qué sabe el pene?
No me lo alcanzo, como Marylin Manson que se quitó dos costillas para poderse hacer sexo oral el solito y ... puras pendejadas.
- ¿Imagen sexual mental que te enfría?
Hace poco me enteré que un amigo recién divorciado se apachurró a una amiga que, digamos que si los japoneses la ven, le tirarían a matar con arpón. Mi compa es menudito y cuando nos platicó yo lo imaginaba nadando entre todas esas carnes y me venía a la mente el chiste aquel de la hormiguita que se coje a un hipopótamo. Luego no podía ver otra cosa que no fuera: o que la vieja estaba dando a luz, o que mi compa estaba empujando un volkswagen descompuesto.
- ¿Música que pones para hacer el amor?
Pos nomás la del rechinido de la cama, la demás me distrae.
- ¿Alguna frase que te encienda?
Ring... ring... suena el teléfono a las 8 de la mañana.
¿Bueno?, contesto.
Ay, chiquito: amanecí bien cachondaaa... ¿no podrías venir a mi casa, hacemos el amor bien rico y luego nos vamos a desayunar?
Y yo le digo: No, no soy un objeto sexual, yo tengo cerebro y sentimientos, snif, bujuuu, buaaa, buaaa, y me pongo a llorar.
Buen martes.
lunes, julio 10, 2006
se fini fútbol
Chikitibum a la bimbom va. Por fin terminó el evento que más sentimientos negativos y racistas aflora; después -claro está- de los discursos de Bush, Fox y Schwarzzeneller, los Three Amigos minusválidos. Me refiero al mentado Mundial de fútbol. Y no me digan que ninguno de ustedes no empleó alguna de estas frases -en serio o en broma- en los partidos en que jugaban negritos, cafeses, narizones o vatos cuya bandera no aparece en las estampitas para la escuela ni en los libros de "testo" gratuitos:
-"A esos güeyes les cuelgan los restos de una gacela en la portería del rival, pa´ que metan goles" (ante Angola).
-"¡Aviéntenle un plátano al pinche chango ese!" (a cualquier jugador negro).
-"A esos güeyes los entrenan en la sabana, con chitas persiguiéndolos".
-"Encadénenlo en su árbol" (cuando expulsaban a un negrito, snif).
-"A esos negros les dan a oler un pedazo de red antes de cada juego, como sabuesos, pa´que ataquen la portería contraria".
-"Pinche Francia, trae a puro negro".
-"Es que acuerdate de la conquista, por eso traen puro esclavo".
Y es que es neta. Como jugador: ¿qué insulto se te vendría primero a la mente con alguien feo, de otra raza (o planeta, vaya usted a saber) que casi te truena la pierna con una falta?. Pos le dices: pinche mexicano jodido, tercermundista, pinche güero desabrido, tu mamá es puta, pinche budista; narizón terrorista, chino ojete (chino entiendase: japoneses, coreanos y todos los que tengan ojos de raya de nalga pero acostada), etc. El insulto fácil y de tintes racista es la mera onda en el Mundial.
Ignoro qué le haya dicho el italiano ese al tal Zidane para tremendo cabezazo que ni yo me aviento cuando veo unas chichis; pero de seguro fue un insulto racista. Por eso, hubiera sido más justo que expulsaran a los dos y asunto arreglado.
Así es, acabó el mundial, pero empezó "Bailando por la Boda de mis Sueños" por Televisa.¡Qué emoción! Pero yo insisto en que creo que debieron mejor haberle puesto "Haciéndo el Ridículo para Casarme con mi Novia de Rancho y Apantallarla"
Ahí se ven.
-"A esos güeyes les cuelgan los restos de una gacela en la portería del rival, pa´ que metan goles" (ante Angola).
-"¡Aviéntenle un plátano al pinche chango ese!" (a cualquier jugador negro).
-"A esos güeyes los entrenan en la sabana, con chitas persiguiéndolos".
-"Encadénenlo en su árbol" (cuando expulsaban a un negrito, snif).
-"A esos negros les dan a oler un pedazo de red antes de cada juego, como sabuesos, pa´que ataquen la portería contraria".
-"Pinche Francia, trae a puro negro".
-"Es que acuerdate de la conquista, por eso traen puro esclavo".
Y es que es neta. Como jugador: ¿qué insulto se te vendría primero a la mente con alguien feo, de otra raza (o planeta, vaya usted a saber) que casi te truena la pierna con una falta?. Pos le dices: pinche mexicano jodido, tercermundista, pinche güero desabrido, tu mamá es puta, pinche budista; narizón terrorista, chino ojete (chino entiendase: japoneses, coreanos y todos los que tengan ojos de raya de nalga pero acostada), etc. El insulto fácil y de tintes racista es la mera onda en el Mundial.
Ignoro qué le haya dicho el italiano ese al tal Zidane para tremendo cabezazo que ni yo me aviento cuando veo unas chichis; pero de seguro fue un insulto racista. Por eso, hubiera sido más justo que expulsaran a los dos y asunto arreglado.
Así es, acabó el mundial, pero empezó "Bailando por la Boda de mis Sueños" por Televisa.¡Qué emoción! Pero yo insisto en que creo que debieron mejor haberle puesto "Haciéndo el Ridículo para Casarme con mi Novia de Rancho y Apantallarla"
Ahí se ven.
viernes, julio 07, 2006
a casi una semana...
El domingo pasado en la casilla -crayón y boletas en mano- estuve tentado a dibujar la cara del Dr. Simi en todas la hojas y ponerle un globito de texto que dijera "¡Chinguen a su madre todos, putos!" y una manilla pintando un dedo. Pero luego pensé: No, no mames Guffo, esto es serio: estás decidiendo el futuro de la nación. Y entonces voté por Patricia Mercado. Bah!. Pero bueno, no me arrepiento. Alcanzó el registro y yo no ando angustiado pensando si le robaron o no el triunfo, o si es un peligro para la nación, o si le da contratos millonarios a su cuñado, o si va a posar en pellejos para la Playboy cuando se quede sin chamba. Puro vodevil político. Además, eso del Doctor Simi no lo hice porque al momento en que contaran los votos, iban a decir: Ah, mira, éste del dibujo del Dr. Simi fue el pinche Guffo; es su trazo, a mi no me chinga. ´Ora verá, le voy a decir a su papá.
Cuando me pidieron la credencial de elector, quise decir que me llamaba Egipciaco Telésforo Aeropajito, pa´ponerle un poco de sabor al asunto; pero me dió miedo, no fuera a ser que mentir en mi nombre fuera delito federal o una mamada de esas. Entonces dije mi aburrido y verdadero nombre.
Después dije: Bueno, voy a decir mi nombre verdadero pero en idioma de borrachos; osea: Gustrago Pedernando Caballebrio Taverna. Pero pues era ley seca, snif.
También estuve tentado a escribir en cada cuadrito donde venía el nombre del candidato, su homólogo en el Privilegio de Mandar. Por ejemplo: abajo de Roberto Madrazo Pintado, escribir "Arath de la Torre", abajo de Felipe Calderón, poner "Lalo España", abajo del Peje, pos "el más feo de los dos Mascabrothers" porque no sé cómo se llaman; y así. Hubiera estado requete divertido, habría puesto a trabajar mi memoria y hubiera valido más la pena la levantada temprano.
También pensé en hacerle una caricatura a cada uno de los candidatos en su respectivo espacio, pero era domingo y los domingos me da hueva trabajar. Además, la punta del crayón ya estaba muy chata y el trazo habría salido muy feo.
En fin. Pa´payasadas y pendejadas, pos mejor las mías. Mi actitud ante todo esto no podría describirla mejor mas que este gato:
Cuando me pidieron la credencial de elector, quise decir que me llamaba Egipciaco Telésforo Aeropajito, pa´ponerle un poco de sabor al asunto; pero me dió miedo, no fuera a ser que mentir en mi nombre fuera delito federal o una mamada de esas. Entonces dije mi aburrido y verdadero nombre.
Después dije: Bueno, voy a decir mi nombre verdadero pero en idioma de borrachos; osea: Gustrago Pedernando Caballebrio Taverna. Pero pues era ley seca, snif.
También estuve tentado a escribir en cada cuadrito donde venía el nombre del candidato, su homólogo en el Privilegio de Mandar. Por ejemplo: abajo de Roberto Madrazo Pintado, escribir "Arath de la Torre", abajo de Felipe Calderón, poner "Lalo España", abajo del Peje, pos "el más feo de los dos Mascabrothers" porque no sé cómo se llaman; y así. Hubiera estado requete divertido, habría puesto a trabajar mi memoria y hubiera valido más la pena la levantada temprano.
También pensé en hacerle una caricatura a cada uno de los candidatos en su respectivo espacio, pero era domingo y los domingos me da hueva trabajar. Además, la punta del crayón ya estaba muy chata y el trazo habría salido muy feo.
En fin. Pa´payasadas y pendejadas, pos mejor las mías. Mi actitud ante todo esto no podría describirla mejor mas que este gato:
jueves, julio 06, 2006
el perro con el chile de fuera
Recuerdo que en el barrio había un perro que se la pasaba lamiéndose el chile. Nos miraba sentado jugar futbeis con el pito colorado de fuera y las niñas de la cuadra nomás se reían y se secreteaban y hacían caras de asco. Su pilinga era tan roja y brillante como el lipstick que usaban nuestras madres cuando se reunían a jugar a la baraja y que sacaban de sus bolsos junto con un espejo para retocarse el maquillaje. Y nosotros - los niños- nos reíamos, nos secreteábamos y hacíamos caras de asco al imaginar el chile del perro cachondo en los labios de nuestras madrecitas. Cuando comprábamos tostadas con salsa en la tiendita, el animal nos miraba lamiéndose la pipí. Cuando pasaba el paletero, el can se chupaba y se chupaba. Cuando descansábamos en la casa de doña Pelos después de andar en bicicleta, se lengüeteaba ahí abajo sin parar. Muchas veces entre nosotros bromeábamos con imitarlo pero, lógicamente, ninguno de nosotros tenía esa flexibilidad. Una vez, vimos que el perro estaba montado arriba de una perrita que llegó a la colonia de un día a otro. La perrita nomás sacaba la lengua bien contentota y el perro que se lamía el chile jadeaba como si tuviera sed. Luego, se quedaron pegados y caminaban juntos, muy despacito, de un lado para otro y todos los niños y niñas del barrio alrededor viendo bien asombrados. Una niña muy asustada fue llorando a decirle a su mamá que alguien le había puesto pegamento en la cola a los perros y que no se podían despegar los pobrecitos. Salió la ñora y resolvió el problema con un cubetazo de agua caliente y un "¡ooorale cabrones, juuuchile de aquí!". Y el perrito se volvió a lamer el chile todo el día. Snif.
martes, julio 04, 2006
visión empresarial
* Pues le metieron una joda al PRI hasta por las orejas... pero de los pocos que ganaron, mi jefe fue uno de ellos. Es oficial. Gracias a todos por su apoyo.
A otra cosa:
Uno llega bien acá, bien riata, el primer día de trabajo, ¿no?: con ideas innovadoras y bien revolucionarias, pa´ impresionar al jefe, pa´ servirle mejor al cliente, a la nación, a la virgencita, y ser el number guan en el mercado y hacer mucho dinero y largarse de esta ciudad y comprar unas cuantas hectáreas de selva y vivir como Hugo Stiglitz en la película de Robinson Crusoe. Pero pues: o uno está de plano muy pendejo o muy avanzado para su época. Quiero creer que es lo segundo.
Así llegué yo a la imprenta el primer día. Con el poder que me otorgaba haber pagado un año de renta por adelantado y la promesa -que cumplí- de conseguir 10 clientes nuevos en menos de un mes, llegué bien vergas dando órdenes a todo mundo: “A ver, tú: dame de lo que estás comiendo”, “a ver, tú: voltéate pa´llá porque estás muy feo y tu presencia me agrede”, y así. Lo primero que hice fue una ley que prohibiera fumar dentro del negocio. Les dije que iba a comprar unas mesitas y unas sillas para el patio donde se pudiera fumar al aire libre para que adentro no oliera feo y no arriesgarnos al material inflamable y los solventes; además, por cuestión de imagen a los clientes y de respetar a los que no fuman. La respuesta: se cagaron de risa en mi cara y me dijeron que estaba más tarado que Poncho Denigris. Que su derecho a fumar donde ellos quisieran nadie se los quitaba. Ni siquiera mis ejemplos de motivador de quinta sobre empresas exitosas que prohíben a sus empleados fumar durante el trabajo, sirvieron. Tooodos me mandaron directitito a la ñonga con mi idea "gringa" y me dijeron que no gastara en pendejadas para el patio y que mejor me comprara un cartón de cervezas y unos cigarros pa´echar a andar las máquinas de offset con más gusto. Bueno, total: no creo que inhalar humo de fumadores todo el día y toda la noche me vaya a hacer daño...
Después llegué con la genial idea de quitarles la televisión a los impresores. Dije: "O trabajan o ven la televisión, pero ambas cosas está cabrón". Sugerí poner un estereo y unas bocinas con música de Mozart, así como le hacen a lo bebés antes de que nazcan pa´que no nazcan mensos. Les comprobé que parte de las cagazones que cometían los empleados se debía a que estaban enajenados viéndole las chichis a la del programa "Venga la Alegría" y a la del pronóstico del tiempo; y que estaba más preocupado por saber si Erasmo Catarino y Toñita son novios o por saber si la Fea más Bella le daba las nalgas a Jaime Camil. Uy, pero fue peor tantito esa idea. Casi casi me dicen que "con el pueblo y sus costumbres mejor ni me meta" y que ni se me ocurriera quitarles la tele a los trabajadores porque se me echaban encima cuales macheteron de Atenco. Bueno, dije: qué le hace pagar 12 horas de televisión diaria encendida...
Después llegué con la idea de hacer una recepción con un muestrario de los productos que manejamos en una vitrina bien acá, bien pipiris nais. Poner unos sillones bonitos y cómodos, la vitrina reluciente, un pequeño refrigerador con refrescos para ofrecerles a los clientes, un garrafón de agua con barquillos, etc. Y me dijeron: "Muy buena idea, compra todo eso, suena muy chido..." Pos sí, y suena más chido cuando no se pone ni un cinco. Mejor desistí y no hay recepción y sentamos a los clientes en el suelo.
Otra de mis estrategias para cambiar al mundo empresarial y al mundo en general, fue hacerme amigocho de todos. Llevarles tacos a los trabajadores, comer con ellos, compartir el lonche, echarme unas cheves, hacerles carnitas asadas, platicarles de mi vida, que me platiquen de la suya, etc. Pero pues salió peor. Ahora si no les llevo tacos me dicen. "Uuuuh, ora no va a haber tacos, patrón", "es que el patrón puro caviar, qué se va a rebajar a comer tacos con nosotros" “su papá es político, y el patrón hace campaña con nosotros”. Ahora hasta madreado salgo. Una vez tuve la idea de caerles con unas cervezas porque habían jalado horas de más (horas que se les pagaron) y pasé a comprar un doce de cheves en lata. Grave error; los ofendí: "Uuuuy, el patrón toma pura lata, nos desprecia las cervezas en vidrio" (bueno, en realidad dijeron "vridio", pero en fin). Y así es tooodos los días: "No le ofrezco una soda, patrón, porque es en envase de vridio y yo sé que usted toma pura en lata". Vean el odio y resentimiento que creó un puto doce de cervezas en lata. Bien me decía un conocido al que taché de racista y mamón cuando me dijo: “no los trates bien, esos güeyes nacieron pa´chingarse, no son como tú, no los hagas tus iguales”. Snif. Y yo que quería ser como Nelson Mandela, snif.
¿Qué he aprendido? Pues a chingar mi madre con mis ideas revolucionarias a otro lado.
A otra cosa:
Uno llega bien acá, bien riata, el primer día de trabajo, ¿no?: con ideas innovadoras y bien revolucionarias, pa´ impresionar al jefe, pa´ servirle mejor al cliente, a la nación, a la virgencita, y ser el number guan en el mercado y hacer mucho dinero y largarse de esta ciudad y comprar unas cuantas hectáreas de selva y vivir como Hugo Stiglitz en la película de Robinson Crusoe. Pero pues: o uno está de plano muy pendejo o muy avanzado para su época. Quiero creer que es lo segundo.
Así llegué yo a la imprenta el primer día. Con el poder que me otorgaba haber pagado un año de renta por adelantado y la promesa -que cumplí- de conseguir 10 clientes nuevos en menos de un mes, llegué bien vergas dando órdenes a todo mundo: “A ver, tú: dame de lo que estás comiendo”, “a ver, tú: voltéate pa´llá porque estás muy feo y tu presencia me agrede”, y así. Lo primero que hice fue una ley que prohibiera fumar dentro del negocio. Les dije que iba a comprar unas mesitas y unas sillas para el patio donde se pudiera fumar al aire libre para que adentro no oliera feo y no arriesgarnos al material inflamable y los solventes; además, por cuestión de imagen a los clientes y de respetar a los que no fuman. La respuesta: se cagaron de risa en mi cara y me dijeron que estaba más tarado que Poncho Denigris. Que su derecho a fumar donde ellos quisieran nadie se los quitaba. Ni siquiera mis ejemplos de motivador de quinta sobre empresas exitosas que prohíben a sus empleados fumar durante el trabajo, sirvieron. Tooodos me mandaron directitito a la ñonga con mi idea "gringa" y me dijeron que no gastara en pendejadas para el patio y que mejor me comprara un cartón de cervezas y unos cigarros pa´echar a andar las máquinas de offset con más gusto. Bueno, total: no creo que inhalar humo de fumadores todo el día y toda la noche me vaya a hacer daño...
Después llegué con la genial idea de quitarles la televisión a los impresores. Dije: "O trabajan o ven la televisión, pero ambas cosas está cabrón". Sugerí poner un estereo y unas bocinas con música de Mozart, así como le hacen a lo bebés antes de que nazcan pa´que no nazcan mensos. Les comprobé que parte de las cagazones que cometían los empleados se debía a que estaban enajenados viéndole las chichis a la del programa "Venga la Alegría" y a la del pronóstico del tiempo; y que estaba más preocupado por saber si Erasmo Catarino y Toñita son novios o por saber si la Fea más Bella le daba las nalgas a Jaime Camil. Uy, pero fue peor tantito esa idea. Casi casi me dicen que "con el pueblo y sus costumbres mejor ni me meta" y que ni se me ocurriera quitarles la tele a los trabajadores porque se me echaban encima cuales macheteron de Atenco. Bueno, dije: qué le hace pagar 12 horas de televisión diaria encendida...
Después llegué con la idea de hacer una recepción con un muestrario de los productos que manejamos en una vitrina bien acá, bien pipiris nais. Poner unos sillones bonitos y cómodos, la vitrina reluciente, un pequeño refrigerador con refrescos para ofrecerles a los clientes, un garrafón de agua con barquillos, etc. Y me dijeron: "Muy buena idea, compra todo eso, suena muy chido..." Pos sí, y suena más chido cuando no se pone ni un cinco. Mejor desistí y no hay recepción y sentamos a los clientes en el suelo.
Otra de mis estrategias para cambiar al mundo empresarial y al mundo en general, fue hacerme amigocho de todos. Llevarles tacos a los trabajadores, comer con ellos, compartir el lonche, echarme unas cheves, hacerles carnitas asadas, platicarles de mi vida, que me platiquen de la suya, etc. Pero pues salió peor. Ahora si no les llevo tacos me dicen. "Uuuuh, ora no va a haber tacos, patrón", "es que el patrón puro caviar, qué se va a rebajar a comer tacos con nosotros" “su papá es político, y el patrón hace campaña con nosotros”. Ahora hasta madreado salgo. Una vez tuve la idea de caerles con unas cervezas porque habían jalado horas de más (horas que se les pagaron) y pasé a comprar un doce de cheves en lata. Grave error; los ofendí: "Uuuuy, el patrón toma pura lata, nos desprecia las cervezas en vidrio" (bueno, en realidad dijeron "vridio", pero en fin). Y así es tooodos los días: "No le ofrezco una soda, patrón, porque es en envase de vridio y yo sé que usted toma pura en lata". Vean el odio y resentimiento que creó un puto doce de cervezas en lata. Bien me decía un conocido al que taché de racista y mamón cuando me dijo: “no los trates bien, esos güeyes nacieron pa´chingarse, no son como tú, no los hagas tus iguales”. Snif. Y yo que quería ser como Nelson Mandela, snif.
¿Qué he aprendido? Pues a chingar mi madre con mis ideas revolucionarias a otro lado.
lunes, julio 03, 2006
ay amá...
Este pedo de las elecciones está bieeen cabrón. El PRI lleva casi todas perdidas acá en Nuevo León... de 38 diputaciones llevan ventaja en 10 y mi papá es uno de ellos (de los que lleva ventaja mínima)... esperemos que mi apá gané... lleva ventaja... pero muy poca... chan chan chan chaaaan... Ay diosito, ora sí creo en tí... snif. Quién les manda tener mala fama por cabornes, ni pedo, su castigo es pasar a ser tercera fuerza...
Ahora los pocos priístas van a tener que sufrir las que sufrió el PRD cuando eran tercera fuerza.
¡Vamos jefe!!! Este es un momento histórico y que te la vas a pelar... como siempre, pos no hay de otra...
Ahora los pocos priístas van a tener que sufrir las que sufrió el PRD cuando eran tercera fuerza.
¡Vamos jefe!!! Este es un momento histórico y que te la vas a pelar... como siempre, pos no hay de otra...
sábado, julio 01, 2006
pre elexionex
Me preguntan muchas cosas sobre política como si fuera yo -ejem- polítio. Ahí les van las respuestas a las preguntas más frecuentes:
0.- Que si soy priísta. No, no soy priísta.
1.- Que por quién voy a votar. Por Patricia Mercado.
2.- Que si mi papá es candidato. Sí, mi papá es candidato a Diputado Federal por el PRI.
3.- Que si mi familia es burócrata. No, nunca hemos vivido del presupuesto. Mi papá es médico veterinario de profesión.
4.- Que sus propuestas. Pos una de sus tantas propuestas que me platicó es hacer deducible de impuestos los pagos en educación de los hijos.
5.- Mejor campaña política, según yo. Pues la de Demetrio Sodi. Ese güey es el único que no se apendeja frente a las cámaras, no se ve rígido, no se ve actuado (o actúa muy bien) y además la propaganda para la TV que le hicieron está muy chida.
6.- Me da harta hueva hablar del Peje. Que es un peligro, que es un Hugo Chávez, que si comunista, que si populista, que si tiene empleados transas, etc. ¿Qué les sorprende?, ha hecho lo que todos presidentes han hecho: puro bla bla bla con muchos huevos y más blabla. Sigo pensando que Salinas está detrás de él.
7.- Que cómo es posible que yo, siendo un vato tan a toda madre, soñador pispireto y bohemio, tenga un padre en la bancada priísta:
Pues mi apá siempre ha creído en ese partido y ha estado ahí desde hace 12 años en las buenas y en las malísima. Es como yo, que creo en dibujar monitos y escribir babosadas. Mi papá es un güey muy disciplinado, que fue maratonista, triatleta, corredor y ciclista hasta que le tronaron las rodillas y se las operaron; que me levantaba a las 5 de la mañana para que me fuera a correr con el y nunca fui, que sigue llendo al gimnasio en las mañanas, que trae a mi jefa pa´todos lados, que come pura ensalada y frutas, come carne tres veces por semana, no va al cine, cocina comida italiana, no me dejaba desayunar fruti lupis y me decía que comiera all bran con plátano, jugo de naranja y dientes de ajo; toma poca cerveza y más vino tinto, se duerme viendo películas si son después de las 9 de la noche, prohibió los refrescos en mi casa y las papitas y frituras, lee, toca la guitarra, le decía a mi madre que endulzara las aguas frescas con miel de abeja en vez de azúcar, es fan de Rius, Ibargüengoitia, Sainz, Spota y Aguilar Camín; me inscribió en todos los deportes pero yo nunca quise entrar a ninguno... qué puedo decir... chingos de cosas más. Si es cierto eso que dicen de que "mente sana en cuerpo sano", mi jefe lo cumple. Cosa que yo nunca le aprendí por más que me lo inculcó.
La honestidad fue otra de las cosas que me enseñó. Esa creo que sí entró en mi sistema. Por eso decidí salirme de mi casa; porque no creo en la política y antes que nada, tengo que ser honesto conmigo mismo para ser honesto con los demás. Sin embargo, la llevamos muy bien. Y si esa honestidad que él me enseñó con discursos y a punta de coscorrones cuando me robaba mazapanes de la tiendita sigue latente en él, no dudo que vaya a ser un excelentediputado.
Preguntas contestadas.
0.- Que si soy priísta. No, no soy priísta.
1.- Que por quién voy a votar. Por Patricia Mercado.
2.- Que si mi papá es candidato. Sí, mi papá es candidato a Diputado Federal por el PRI.
3.- Que si mi familia es burócrata. No, nunca hemos vivido del presupuesto. Mi papá es médico veterinario de profesión.
4.- Que sus propuestas. Pos una de sus tantas propuestas que me platicó es hacer deducible de impuestos los pagos en educación de los hijos.
5.- Mejor campaña política, según yo. Pues la de Demetrio Sodi. Ese güey es el único que no se apendeja frente a las cámaras, no se ve rígido, no se ve actuado (o actúa muy bien) y además la propaganda para la TV que le hicieron está muy chida.
6.- Me da harta hueva hablar del Peje. Que es un peligro, que es un Hugo Chávez, que si comunista, que si populista, que si tiene empleados transas, etc. ¿Qué les sorprende?, ha hecho lo que todos presidentes han hecho: puro bla bla bla con muchos huevos y más blabla. Sigo pensando que Salinas está detrás de él.
7.- Que cómo es posible que yo, siendo un vato tan a toda madre, soñador pispireto y bohemio, tenga un padre en la bancada priísta:
Pues mi apá siempre ha creído en ese partido y ha estado ahí desde hace 12 años en las buenas y en las malísima. Es como yo, que creo en dibujar monitos y escribir babosadas. Mi papá es un güey muy disciplinado, que fue maratonista, triatleta, corredor y ciclista hasta que le tronaron las rodillas y se las operaron; que me levantaba a las 5 de la mañana para que me fuera a correr con el y nunca fui, que sigue llendo al gimnasio en las mañanas, que trae a mi jefa pa´todos lados, que come pura ensalada y frutas, come carne tres veces por semana, no va al cine, cocina comida italiana, no me dejaba desayunar fruti lupis y me decía que comiera all bran con plátano, jugo de naranja y dientes de ajo; toma poca cerveza y más vino tinto, se duerme viendo películas si son después de las 9 de la noche, prohibió los refrescos en mi casa y las papitas y frituras, lee, toca la guitarra, le decía a mi madre que endulzara las aguas frescas con miel de abeja en vez de azúcar, es fan de Rius, Ibargüengoitia, Sainz, Spota y Aguilar Camín; me inscribió en todos los deportes pero yo nunca quise entrar a ninguno... qué puedo decir... chingos de cosas más. Si es cierto eso que dicen de que "mente sana en cuerpo sano", mi jefe lo cumple. Cosa que yo nunca le aprendí por más que me lo inculcó.
La honestidad fue otra de las cosas que me enseñó. Esa creo que sí entró en mi sistema. Por eso decidí salirme de mi casa; porque no creo en la política y antes que nada, tengo que ser honesto conmigo mismo para ser honesto con los demás. Sin embargo, la llevamos muy bien. Y si esa honestidad que él me enseñó con discursos y a punta de coscorrones cuando me robaba mazapanes de la tiendita sigue latente en él, no dudo que vaya a ser un excelentediputado.
Preguntas contestadas.
jueves, junio 29, 2006
chiste juarjuar
Un chiste que me contó un compa y que pongo por la inmensa hueva que me ha dado últimamente postear:
Llega una pareja con su pequeño hijo al doctor.
- Doctor, nuestro hijo no tiene ni los tres años de edad y lo único que sabe decir son malas palabras.
- ¿Cómo? Eso es imposible... es muy pequeño para ser tan maldiciento.
El doctor mira al niño, le frota el cabello con cariño y le dice:
- A ver: ¿quién soy yo?; dime...
Y el pequeño le responde:
- Pedia...a... ata
- Ya ven -responde el médico- dijo "Pediatra".
- No doctor: le está diciendo que "le pela la riata".
Bu!
Llega una pareja con su pequeño hijo al doctor.
- Doctor, nuestro hijo no tiene ni los tres años de edad y lo único que sabe decir son malas palabras.
- ¿Cómo? Eso es imposible... es muy pequeño para ser tan maldiciento.
El doctor mira al niño, le frota el cabello con cariño y le dice:
- A ver: ¿quién soy yo?; dime...
Y el pequeño le responde:
- Pedia...a... ata
- Ya ven -responde el médico- dijo "Pediatra".
- No doctor: le está diciendo que "le pela la riata".
Bu!
lunes, junio 26, 2006
lección de baile
No me gusta bailar porque no sé. Parezco un pinche pingüino androide a contol remoto y con un corto circuito. Si eso les sonó mamón, así es mi estilo de baile: muy moderno, pero feo a la vista. Un amigo me comentó acerca de una danza milenaria muy romántica, un baile pegadito, cachete con cachete, pechito con pechito al que no diría que no y con gusto aprendería a bailarlo a la perfección. Trataré de explicarlo en tres pasos, a ver si queda claro (nomás no vayan ustedes a pensar que lo aprendí ensayandolo con mi compa):
viernes, junio 23, 2006
chistes alowey, pensamientos y recomendaciones
Y estas son las tiras cómicas más fresas que publico en otros lados más fresas. Sí, lo sé, ninguna de las dos vale madre, snif.
No había escuchado el jingle que le hicieron a mi jefe para su campaña pa´ser diputado. Antier lo escuché: es la rola de "Fina Estampa, Caballero" pero en modalidad de cumbia, con güiro y acordeón y toda la cosa, juarjuar. Va más o menos así: "Fina estaaampa, Caballero, votemos todos por Caballeeero, Diputado, por el quinto distriiito, Caballero" juarjuar, estuvo con madre.
La verdad no entiendo a los gringos. Atrapan a mil cabrones que quieren cometer actos terroristas en su país con bombas y misiles; en la Torre Sears, en los estadios de baseball, en los aeropuertos, puro arabe e irakí supuestamente loco... pero no pezcan a ningún narcotraficante pesado porque -según ellos- todos son de México y ellos sólo consumen, son las víctimas y nosotros somos los malitos. Qué raro. Puro terrorista y ningún narcotraficante. Qué raro, la verdad.
Háganle un masaje de once dedos a su mujer. Se los va a agradecer. Si no tienen imaginación, luego les pongo las gráficas de cómo se hace.
Ya me voy a planchar oreja.
martes, junio 20, 2006
el chilindrino
A que no le agarras la nalga a esa gatita, me retó el Chilindrino.
Tenía poco tiempo de juntarse en el barrio y como que a nuestros padres no les gustaba su presencia porque era mayor que nosotros. El Chilindrino siempre andaba montado en nuestras bicicletas, nos pedía comida y dinero y nos pedía cosas prestadas –juguetes, playeras, pelotas- que nunca nos devolvía. Una vez me castigaron un mes sin salir porque le presté al Chilindrino un rompevientos y nunca me lo devolvió porque dice que lo perdió; pero estoy seguro que lo vendió el muy ojete. Era un hijo de puta abusivo.
A los 14 años ya traía coche -un Sakura 82 blanco bien madreado- y pasaba por nosotros que teníamos entre 10 y 11 años; edad en la que, obviamente, nuestros padres nos mataban si se enteraban que nos subíamos en el Chilindrinomóvil o en cualquier carro. No sé ni cómo me convenció pero me subí al ´Ta cura (así le decíamos al carrillo Sakura porque estaba bien curado: ´Ta cura). Total, me convenció de que lo acompañara a la tiendita en su coche. Me agaché al pasar por mi casa para que no me fuera a ver mi mamá, y el muy culero pitó vaarias veces mientras gritaba “¡señora, señora, aquí va su hijo en mi carro! Jajajajaja”.
Dos cuadras antes de llegar a la tiendita, caminaba por la calle la muchacha que ayudaba con el aseo en la casa de Pollito; caminaba precisamente de regreso de la tiendita porque había ido a comprar leche y otras cosas para la cena. A que no le agarras una nalga a esa gatita, me retó el Chilindrino. No mames, es Carmelita, la que trabaja en la casa de Pollito, le respondí. ¿Y luego?, me dijo, está bien buena, ¿a poco no? Empecé a incomodarme. Giró en la rotonda y disminuyó la velocidad. Carmelita iba del lado izquierdo de la calle. El Chilindrina aceleró un poco, sacó la mano izquierda por la ventana, con la derecha metió cambió y le dio tal apretón en la nalga que vi perfectamente cómo se arrugó la falda de Carmelita cuando cerró con fuerza sus sucios dedos. Yo sólo me agaché y dije “¡no mames!”. Aceleró cobardemente atacado de la risa. ¡Que ricas nalgas tiene Carmelita!, y le hacía como si se saboreara algo. Detuvo el coche en una esquina alejada. Jajajaja, ¿pa´que te agachas, pinche joto? Abrí la puerta del Sakura blanco y salí. Aceleró para irles a contar a los demás su hazaña, no sin antes gritarme “¡pinche jotillo maricón!”. Volví a la tiendita por el lado derecho de la calle, el lado opuesto por el que venía Carmelita. La vi sollozando y limpiándose las lágrimas. Tenía poco de trabajar en casa del Pollito. Trapeaba, barría y cocinaba por un sueldo de mierda. Me paré queriéndole decir algo, pero su caminar era apresurado y vergonzoso. Los sollozos se convirtieron en llanto y Carmelita corrió tapándose el rostro con una sola mano porque con la otra cargaba la bolsa con la leche y las demás cosas para la cena.
En verdad que era un hijo de la gran puta ese Chilindrino. Ojala tenga puras hijas el cabrón.
Tenía poco tiempo de juntarse en el barrio y como que a nuestros padres no les gustaba su presencia porque era mayor que nosotros. El Chilindrino siempre andaba montado en nuestras bicicletas, nos pedía comida y dinero y nos pedía cosas prestadas –juguetes, playeras, pelotas- que nunca nos devolvía. Una vez me castigaron un mes sin salir porque le presté al Chilindrino un rompevientos y nunca me lo devolvió porque dice que lo perdió; pero estoy seguro que lo vendió el muy ojete. Era un hijo de puta abusivo.
A los 14 años ya traía coche -un Sakura 82 blanco bien madreado- y pasaba por nosotros que teníamos entre 10 y 11 años; edad en la que, obviamente, nuestros padres nos mataban si se enteraban que nos subíamos en el Chilindrinomóvil o en cualquier carro. No sé ni cómo me convenció pero me subí al ´Ta cura (así le decíamos al carrillo Sakura porque estaba bien curado: ´Ta cura). Total, me convenció de que lo acompañara a la tiendita en su coche. Me agaché al pasar por mi casa para que no me fuera a ver mi mamá, y el muy culero pitó vaarias veces mientras gritaba “¡señora, señora, aquí va su hijo en mi carro! Jajajajaja”.
Dos cuadras antes de llegar a la tiendita, caminaba por la calle la muchacha que ayudaba con el aseo en la casa de Pollito; caminaba precisamente de regreso de la tiendita porque había ido a comprar leche y otras cosas para la cena. A que no le agarras una nalga a esa gatita, me retó el Chilindrino. No mames, es Carmelita, la que trabaja en la casa de Pollito, le respondí. ¿Y luego?, me dijo, está bien buena, ¿a poco no? Empecé a incomodarme. Giró en la rotonda y disminuyó la velocidad. Carmelita iba del lado izquierdo de la calle. El Chilindrina aceleró un poco, sacó la mano izquierda por la ventana, con la derecha metió cambió y le dio tal apretón en la nalga que vi perfectamente cómo se arrugó la falda de Carmelita cuando cerró con fuerza sus sucios dedos. Yo sólo me agaché y dije “¡no mames!”. Aceleró cobardemente atacado de la risa. ¡Que ricas nalgas tiene Carmelita!, y le hacía como si se saboreara algo. Detuvo el coche en una esquina alejada. Jajajaja, ¿pa´que te agachas, pinche joto? Abrí la puerta del Sakura blanco y salí. Aceleró para irles a contar a los demás su hazaña, no sin antes gritarme “¡pinche jotillo maricón!”. Volví a la tiendita por el lado derecho de la calle, el lado opuesto por el que venía Carmelita. La vi sollozando y limpiándose las lágrimas. Tenía poco de trabajar en casa del Pollito. Trapeaba, barría y cocinaba por un sueldo de mierda. Me paré queriéndole decir algo, pero su caminar era apresurado y vergonzoso. Los sollozos se convirtieron en llanto y Carmelita corrió tapándose el rostro con una sola mano porque con la otra cargaba la bolsa con la leche y las demás cosas para la cena.
En verdad que era un hijo de la gran puta ese Chilindrino. Ojala tenga puras hijas el cabrón.
lunes, junio 19, 2006
di por qué, dime agüelita...
- No sé ni cómo aguanté, será que Diosito siempre estuvo a mi lado. Pero ni a cagar podía ir, m´ijito. Ni a cagar.
- Y nomás tuviste once, ¿o tuviste algún aborto?.
- No, todos se dieron, gracias a Dios. Pero tu abuelito no me ayudaba en nada. Me acuerdo que se enojaba mucho si alguno de los bebés lloraba. No le gustaba que lloraran; ni le gustaba cargarlos tampoco. El se iba a trabajar y llegaba en la noche a cenar y a dormir. Si no le gustaba la cena, me tiraba el plato y cuando los niños lloraban, se iba a dormir a otro lado bien encabronado.
- ¿Y por qué aguantaste todo eso, abuelita?
- Pues siempre fui huérfana, m´ijito; y no estudié. De eso, a quedarme en la calle, pues mejor eso. Tendría un carácter de la chingada tu abuelo, pero era trabajador y comida nunca nos faltó. Hasta una camionetita compramos pa´meter ahí a todos los huercos y sacarlos a pasear.
Platicando con amigas de la escuela que ya están casadas, esto me comentan:
- Pues yo lo conocí drogadicto y pues ni modo. Pero no creas que se droga como antes, ahora con los niños ya le bajó a su pedo. Yo estoy acompañándolo a sus sesiones de narcóticos anónimos.
- Pero vamos a juntarnos en mi casa, porque Pepe ya no me deja salir a ningún lado ni con mis amigas.
- Chuy, mi marido, no deja que las niñas jueguen con niños; y tiene razón: hay huerquitos de 3 años que son bien precocez y ahí andan agarrandoles las piernas y dándoles besos.
- Beto mi marido ya no quiere que suba a las niñas a su carro porque le dejan un mugrero horrible. Es que él cuida a su carro como no tienen idea. Es su adoración.
- Aish, ya me está hablando mi marido para que le vaya a dar de cenar al niño y a dormirlo, es que dice que él ya se va al dominó con los amigos. Otro día platicamos con más calma y a ver si ora sí me puedo terminar mi cerveza a gusto.
-No, ya no voy a trabajar, Lalo ya no quiso. No quiere hijos de guardería.
- Ya van varias veces que lo cacho a mi marido con pases de descuentos en table dances y que huele a perfume. Y siempre que anda raro, no quiere hacer el amor.
Mujeres con una educación universitaria, en una escuela privada, con cerebro, con trabajo... ¿por qué aguantan todo eso?
No cabe duda que mi abuela de perdido es honesta, más no pendeja.
- Y nomás tuviste once, ¿o tuviste algún aborto?.
- No, todos se dieron, gracias a Dios. Pero tu abuelito no me ayudaba en nada. Me acuerdo que se enojaba mucho si alguno de los bebés lloraba. No le gustaba que lloraran; ni le gustaba cargarlos tampoco. El se iba a trabajar y llegaba en la noche a cenar y a dormir. Si no le gustaba la cena, me tiraba el plato y cuando los niños lloraban, se iba a dormir a otro lado bien encabronado.
- ¿Y por qué aguantaste todo eso, abuelita?
- Pues siempre fui huérfana, m´ijito; y no estudié. De eso, a quedarme en la calle, pues mejor eso. Tendría un carácter de la chingada tu abuelo, pero era trabajador y comida nunca nos faltó. Hasta una camionetita compramos pa´meter ahí a todos los huercos y sacarlos a pasear.
Platicando con amigas de la escuela que ya están casadas, esto me comentan:
- Pues yo lo conocí drogadicto y pues ni modo. Pero no creas que se droga como antes, ahora con los niños ya le bajó a su pedo. Yo estoy acompañándolo a sus sesiones de narcóticos anónimos.
- Pero vamos a juntarnos en mi casa, porque Pepe ya no me deja salir a ningún lado ni con mis amigas.
- Chuy, mi marido, no deja que las niñas jueguen con niños; y tiene razón: hay huerquitos de 3 años que son bien precocez y ahí andan agarrandoles las piernas y dándoles besos.
- Beto mi marido ya no quiere que suba a las niñas a su carro porque le dejan un mugrero horrible. Es que él cuida a su carro como no tienen idea. Es su adoración.
- Aish, ya me está hablando mi marido para que le vaya a dar de cenar al niño y a dormirlo, es que dice que él ya se va al dominó con los amigos. Otro día platicamos con más calma y a ver si ora sí me puedo terminar mi cerveza a gusto.
-No, ya no voy a trabajar, Lalo ya no quiso. No quiere hijos de guardería.
- Ya van varias veces que lo cacho a mi marido con pases de descuentos en table dances y que huele a perfume. Y siempre que anda raro, no quiere hacer el amor.
Mujeres con una educación universitaria, en una escuela privada, con cerebro, con trabajo... ¿por qué aguantan todo eso?
No cabe duda que mi abuela de perdido es honesta, más no pendeja.
jueves, junio 15, 2006
erecciones
Me preguntan que por quién voy a votar. De los que me conocen, hay quienes afirman que votaré por Patricia Mercado quesque por mi debilidad por las ñoras cincuentonas como Margarita Gralia o María Conchita Alonso y que también por mis ideas "liberales" que alguna vez externé en cuanto a los matrimonios gays y las drogas. Aclaro: a mi me vale pilinga lo que hagan los gays y los drogos porque ni soy gay ni soy drogo. Simplemente creo que cada quien debe hacer lo que le haga más feliz. No me molesta si dos vaqueros bigotones en patalón entallado se besan como locas de lengüita en plena calle. Lo que necesita este mundo es amor, cualquiera que sea de este su presentación. Que se casen, que adopten, que se den por la coliflor; no me importa. De las drogas, es como la primera vez que probé el tequila: me pareció la bebida más asquerosa y repugnante que pueda existir y jamás lo he vuelto a probar. No que las drogas me parezcan repugnantes, pues no soy experto y no he provado muchas; simplemente no me ganchan tanto como una tarde en la cama con mi morrita viendo una película en bolas y tomando una cerveza. El que se ganche de cualquier droga, pos muy su pedo. Si eso es la felicidad, que nos valga madre, ¿no?.
Otro afirman que soy "rojillo", comunista y anti yankee porque entre mis héroes está Michael Moore o porque alguna vez he mencionado cosas positivas de López Obrador. Si digo tal o cual cosa que considero buena del Peje ¡YA!, soy un perredista populachero pro Fidel Castro y Chavista que le va a quitar a los ricos para dárselo a lo pobres y que odio a los empresarios y a los ricos, etc, etc. Pero si salgo con mi ingenua teoría de que creo que Carlos Salinas está detrás de López Obrador, ahí sí me dicen: Ah, pues entonces no está tal mal, porque con Salinas estuvimos muy bien como país.
Otros afirman que voy a votar por Campa nomás por llevar la contra y ser un "antisistema" y "anarquista" porque me gustó la película V de Venganza y porque en las elecciones pasadas voté por Gilberto Rincón Gallardo, tirando mi voto a la basura. Me vale madre si lo tiré a la basura, el ñor ese me parece un chingón y de antemano sabía que no iba a ganar ni aunque le crecieran las manitas.
Otros dicen que voy a votar por Felipe que porque estoy igual de pelón que él. Chinguen a su madre.
Por lo pronto, mi gallo es un vato que se llama igualito que yo y hasta dicen que me parezco a él (físicamente y también en lo pelón). El señor me regaló un mandil (algo me conocerá), un calendario con todos los partidos del mundial, sus propuestas en forma de comic, unas calcamonías que me dijo que pegara en mi carro (ni madres, luego es un pedo quitarlas) y hasta un morral pa´ir por las sodas. Lástima que no sea de mi distrito y no pueda votar por él.
Otro afirman que soy "rojillo", comunista y anti yankee porque entre mis héroes está Michael Moore o porque alguna vez he mencionado cosas positivas de López Obrador. Si digo tal o cual cosa que considero buena del Peje ¡YA!, soy un perredista populachero pro Fidel Castro y Chavista que le va a quitar a los ricos para dárselo a lo pobres y que odio a los empresarios y a los ricos, etc, etc. Pero si salgo con mi ingenua teoría de que creo que Carlos Salinas está detrás de López Obrador, ahí sí me dicen: Ah, pues entonces no está tal mal, porque con Salinas estuvimos muy bien como país.
Otros afirman que voy a votar por Campa nomás por llevar la contra y ser un "antisistema" y "anarquista" porque me gustó la película V de Venganza y porque en las elecciones pasadas voté por Gilberto Rincón Gallardo, tirando mi voto a la basura. Me vale madre si lo tiré a la basura, el ñor ese me parece un chingón y de antemano sabía que no iba a ganar ni aunque le crecieran las manitas.
Otros dicen que voy a votar por Felipe que porque estoy igual de pelón que él. Chinguen a su madre.
Por lo pronto, mi gallo es un vato que se llama igualito que yo y hasta dicen que me parezco a él (físicamente y también en lo pelón). El señor me regaló un mandil (algo me conocerá), un calendario con todos los partidos del mundial, sus propuestas en forma de comic, unas calcamonías que me dijo que pegara en mi carro (ni madres, luego es un pedo quitarlas) y hasta un morral pa´ir por las sodas. Lástima que no sea de mi distrito y no pueda votar por él.
lunes, junio 12, 2006
aventuritas en la kermés
En aquella época cuando las sopas Maruchan aún no dominaban el mundo y Los Hombres G eran los rockeros de habla hispana más pesados que existían, me gustaba ir a las kermeses que organizaba la iglesia de mi barrio. Con las bocinas de fondo a ritmo del remix de “Marta ti ti ti ti ti ti ti ti ti tiene un marca pa pa pa pa pa pa sos” llegaba con toda mi racilla a subirme a los juegos destartalados y a ver morritas con calcetones hasta arriba de las rodillas. Ah, qué bonitos tiempos aquellos cuando uno todavía no pensaba en el triangulito de peluche, snif. Recuerdo que había bodas falsas y me acuerdo que una vez mis amigos me hicieron llorar porque me querían casar con la niña más fea de la colonia y la vieja ésta estaba bien puesta y me aventaba besos llenos de mocos verdes que burbujeaban en sus fosas nasales mientras yo trataba de huir de sus garras con todas mis fuerzas. Y ahí estaba yo, llore y llore, como típico video de Édgar: “Yaaaaa güeyes, yaaaaa; con ella no me caaaaseeeen, pinches pendejoooos, ya suéltenmeeeee, le voy a decir a mi mamáaaaaaa...”, juarjuar. También me acuerdo que lloraba porque los niños malandros del sector aventaban desde las sillas voladoras a los pollitos que se sacaban en las rifas y los pobres pajarillos de granja terminaban despanzurrados en plena calle. Aunque bueno, no faltaba el perro solovino que no le hacía el feo a todo el triperío de fuera y se los merendaba con gusto y con todo y plumas. Como típicos padres, los míos no me dejaban juntarme con algunos niños de la cuadra por ser “mala influencia”, y lo más curioso es que ahora esos que eran mala influencia porque se la pasaban de vagos o jugando, ahora están casados, tienen hijos, casa, puestos importantes en empresas, coches y viven una vida “normal” y ninguno terminó de vago o drogadicto, que hasta siento que ahora yo soy la mala influencia para ellos por no estar casado, no tener hijos, ni casa, ni trabajo estable, ni llevar una vida “normal” como tal vez mi jefes quisieran. Los misterios de la vida. Era bien gacho no llevar dinero a la kermés y, más gacho, que los refrescos y las papitas que vendía el padrecitos te las ensartaba más caras que en un restaurante de lujo, el muy cabrón; y no se apiadaba de los pobres hambrientos que llevábamos 5 pesos en la bolsa y nuestros padres no nos dejaban comer papitas ni refresco porque nos picaban los dientes. Snif. Qué tiempos aquellos, qué tiempos los de hoy, ¿qué tiempos vendrán?
viernes, junio 09, 2006
sabias reflexiones de ayer
Los gringos mataron al terrorista este, al más chingón que había, al tal gshso2urfjdo%&$hsaie o como chingados se llame. El vato es de medio oriente, donde hay chingos de petróleo; eso es lo que importa. Lo más curioso es que viendo el video donde bombardean su guarida donde estaba chupando con otros compas, se ve donde explota todo el pedo a la redonda y ¡shazaaaam!: la televisión muestra el cuerpo del susodicho criminal COMPLETO, con sangre en la boca y uno que otro raspón en la frente; pero está ENTERITO. Ah caray. Entonces las bombas de 200 kilogramos que aventaron no son tan efectivas y potentes como para desmembrar carne humana ¿o qué?.
Otra mamada. Oswaldo Sanchez llegó al funeral de su padre en jeans y camiseta verde; cuando a mí mi madre me regaña bien cabrón por no ir con la camisa fajada dentro del pantalón a misa. Son mamadas. ¿Qué tengo qué hacer para que me dejen en paz? ¿ser el portero de la selección?
Consejo para todos aquellos que andan con viejas divorciadas o madres solteras y su mami no los deja (juajuajua, su mami no los deja, juajua): ¿Por qué Brad Pitt sí puede y uno no? ¿Nomás porque es Brad Pitt?
No hay peor cosa que una mujer fea embarazada. Me tocó ver a una en un restaurant y se sentía bordada a mano la cabrona. Como diciéndole a todo mundo: "Ya ven, si hubo un borracho pendejo que me hiciera un hijo". Dios mío. Cómo se les sube el autoestima cuando nunca lo han tenido arriba.
Antier vi el último capítulo de la serie "Los Años Maravillosos", que repite TV Azteca a las 5 de la tarde y que ha sido la mejor serie (aparte de LOST) que ha existido (aparte de Friends). ¡No mamen!!! ¡Kevin no se queda ni se casa con Winnie, la pinche huerca flaca! Kevin la va a recoger al aeropuerto -después de 8 años de estudiar artes fuera- con su esposa y su pequeña hija. SNIF. Y al final, el hijo de la voz en off del narrador -que es Kevin de peludote- le dice que se vaya a jugar con él. SNIF SNIF SNIF. Y todavía remata en una de las frases antes de los créditos con: "Muchas veces no sucede lo que uno desea que suceda". Pinche serie mata sueños, que se vaya al infierno.
Jejejeje, ya saben que todo esto es mitad broma y mitad en serio. Agarren la mitad que quieran. Bye.
Y como sé que no han leído el libro que siempre recomiendo de José Emilio Pacheco, Las Batallas en el Desierto, pues aquí les dejo la canción, si la escuchan es como si lo hubieran leído.
batallas
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Otra mamada. Oswaldo Sanchez llegó al funeral de su padre en jeans y camiseta verde; cuando a mí mi madre me regaña bien cabrón por no ir con la camisa fajada dentro del pantalón a misa. Son mamadas. ¿Qué tengo qué hacer para que me dejen en paz? ¿ser el portero de la selección?
Consejo para todos aquellos que andan con viejas divorciadas o madres solteras y su mami no los deja (juajuajua, su mami no los deja, juajua): ¿Por qué Brad Pitt sí puede y uno no? ¿Nomás porque es Brad Pitt?
No hay peor cosa que una mujer fea embarazada. Me tocó ver a una en un restaurant y se sentía bordada a mano la cabrona. Como diciéndole a todo mundo: "Ya ven, si hubo un borracho pendejo que me hiciera un hijo". Dios mío. Cómo se les sube el autoestima cuando nunca lo han tenido arriba.
Antier vi el último capítulo de la serie "Los Años Maravillosos", que repite TV Azteca a las 5 de la tarde y que ha sido la mejor serie (aparte de LOST) que ha existido (aparte de Friends). ¡No mamen!!! ¡Kevin no se queda ni se casa con Winnie, la pinche huerca flaca! Kevin la va a recoger al aeropuerto -después de 8 años de estudiar artes fuera- con su esposa y su pequeña hija. SNIF. Y al final, el hijo de la voz en off del narrador -que es Kevin de peludote- le dice que se vaya a jugar con él. SNIF SNIF SNIF. Y todavía remata en una de las frases antes de los créditos con: "Muchas veces no sucede lo que uno desea que suceda". Pinche serie mata sueños, que se vaya al infierno.
Jejejeje, ya saben que todo esto es mitad broma y mitad en serio. Agarren la mitad que quieran. Bye.
Y como sé que no han leído el libro que siempre recomiendo de José Emilio Pacheco, Las Batallas en el Desierto, pues aquí les dejo la canción, si la escuchan es como si lo hubieran leído.
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miércoles, junio 07, 2006
el feeling de un niño
Adrenalina pura el un dos tres por mí y salvación por todos mis amigos; eso si que era pinche adrenalina y eso sí que era un acto heroico digno de cargar a cualquiera que lo logrará en hombros. El vértigo al mirar el suelo de tierra colorada desde lo alto de una resbaladilla. La eterna caída libre al saltar de un columpio en marcha. Meter bien los pies en la cama para evitarles tentaciones a los monstruos que viven debajo de ella. Construir palacios y cuevas con los cojines del sillón de la sala. Saltar desde una barda con una bolsa para tambos de basura como paracaídas. Llorar días por la muerte de una mascota. Trepar a un árbol para bajar el freezbee atorado. Agüitarse todo el mendigo día porque el papalote se enredó en un chingado cable de teléfono. Buscar insectos bajo las piedras. Intentar volar con una toalla amarrada al cuello. Llevar una dieta a base de puros Fruti Loopis y Cheetos. Ejercitar el cuerpo pateando botes de plástico y huyendo del perro del vecino al recuperar el balón que se metió en su patio. Encontrar el camino siguiendo una hilera de hormigas. Caber en una hielera donde cabrían 60 cervezas. Regaños maternos detonados por collares de tierra alrededor del cuello. Tallones de pasto verde en las bolsas traseras del pantalón. Parches con forma de balón de soccer en las rodillas. Pasteles de lodo decorados con hojitas y flores. Beber agua del único globo sobreviviente en una guerra con globos de agua. Fabricarse una barba blanca con la espuma del shampoo Caprice que tiene una etiqueta en donde sale una niña con cabello bien bonito. Bolsillos y calcetines agujerados. Preferir el migajón del pan al pan. Reportes por uñas largas. Castigos por orejas y zapatos sucios. Meter vasos con refresco al congelador y esperar pacientes la magia del raspado casero. Que nos prohíban la cocacola y ver telenovelas. Hacer tarea de caligrafía. Preferir el agua de tamarindo, tuba o chía sobre cualquier refresco embotellado de manzana o naranja. Meterse todos los chicles del paquete y masticar hasta que la quijada duela. Enamorarse de una botarga o un dibujo animado o de la que tocaba el pandero en "Los Neptunos", la banda de Mandibulín…
Hacernos lo suficientemente gigantes para girar el mundo al otro lado y volver a pensar y sentir así y que la vida sea una eterna borrachera con rompope.
Y ahora, otro momentito retro con una cancioncita que me gusta mucho:
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Hacernos lo suficientemente gigantes para girar el mundo al otro lado y volver a pensar y sentir así y que la vida sea una eterna borrachera con rompope.
Y ahora, otro momentito retro con una cancioncita que me gusta mucho:
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