lunes, junio 05, 2006

voten por...

De seguro cualquiera de los candidatos que triunfe en las elecciones no se va a aguantar las ganas de meternos la pilinga -sin babita y doblada- a todos los mexicanos. Pa´evitar tentaciones y dolores de ano a futuro -ya que yo cuento con unas nalgas ricas y espectaculares; aparte de un fundillo apretadito- pos mejor voy a votar por Patricia Mercado, esa sí que no nos puede enchorizar. A lo más que podría llegar la señora esa sería a un pellizco coqueto abajito del elástico del calzón, pero de una metida de ñonga sí que nos salvamos.
Voten por Patricia Mercado.

miércoles, mayo 31, 2006

posts alowey

Ayer, platicando con un compa me dijo emocionado que ya le habían entregado su camioneta. Es su primer automóvil; dio un enganche a la agencia y pagará mensualidades de 4000 pesos por los siguientes 2 años. Lo felicité. Me dijo que como quiera no la usaba mucho, pues al trabajo le conviene más irse en el metro, pues lo deja a siete cuadras; además, dice que no hay una sombrita donde estacionarla y que estaría todo el día en el sol y éste pudiera dañar la pintura del vehículo con el tiempo. Dice que lo único que no le gusta de su camioneta de reciente año es que gasta mucha gasolina por ser 6 cilindros y que prefiere no prender el aire acondicionado por temor a gastar lo doble. De plano no hay peor cosa que poseer un auto que lo posea a uno.

Ahora comprendo a los racistas y hasta los justifico. Uno de los periódicos en donde trabajo está cerca de Palacio de Gobierno y del Palacio Municipal. Me toca ver a los políticos buscando estacionamiento y saliendo a comer muy seguido. Pero eso no es lo malo. Lo peor son sus guaruras. Negros feos y con pelo de cepillo que van a menos de un metro de distancia de la defensa de la camioneta de su patrón, manejando por en medio de la raya blanca; o sea, abarcando dos carriles. Me dijo un güey que esa maniobra es parte de su entrenamiento para irle abriendo paso al jefe. Siempre que los veo, manejan de manera agresiva, invadiendo carriles, sacando a los conductores sensatos del suyo y de más cosas bárbaras viales. La vez pasada me tocó ver cómo unos changos de esos se estacionaban en doble fila en una avenida transitada para bajarse a comer unas tostadas con salsa y repollo. ¿Qué se puede esperar de unos vatos que su dieta son tostadas con salsa y repollo? Y se bajan de coche mirando a todos lados, armados, con el micrófono en la oreja y negros y feos y panzones y no les puede decir uno nada porque no dudarían en sacar la charola o la fusca y blam blam. Por qué la mayoría de esos horribles renegridos son tan ignorantes. ¿Tendrá algo qué ver el color de la piel con la inteligencia?, ¿tendrá algo qué ver el pelo de escobeta con el poco sentido común?, ¿cuándo han visto a un militar guapo o que no sea ignorante o que no tenga el pelo de puercoespín? Por eso entiendo a los racistas.

Vimos un programa que se llama Penn and Teller que es ampliamente recomendable. Es como lo que hace Michael Moore con sus documentales y su Awful Truth. Le tiraron mierda a Gandhi, a la madre Teresa de Calcuta y pusieron en evidencia la ignorancia de los gringos y el evidente lavado de cerebro que ha hecho el gobierno y la televisión sobre sus habitantes menos pensantes.

Que si las elecciones, que si los candidatos que si el 2006. Al calor de las cervezas mi cabeza se iluminó con una teoría. AMLO y Salinas de Gortari son uno mismo, uooo (tonadita de canción de timbiriche). Que es puro pedo eso que dice de que “el innombrable” y de más jaladas pejecistas. Todos los camotones de Carlos Salinas ahora están en la campaña de AMLO: Federico Arreola, Manuel Camacho, etc, etc. Por eso dicen que si eres tú de los que piensa que Salinas ha sido el mejor Presidente de México, pues votes por AMLO. Jojojojo.

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Ahí se ven...

lunes, mayo 29, 2006

sexolugares

La plática se empezó a poner cachonda y faltaba todavía un buen de tiempo para llegar. Te dije que enumeráramos los lugares más extraños y memorables en los que habíamos hecho el amor. Prometimos ser muy sinceros; total, lo que no fue en nuestro año nunca nos ha hecho daño. Curiosamente, ambos mencionamos las mismas situaciones. Situaciones que habíamos vivido juntos y no con otras personas, no por no herirnos nuestros sentimientos, sino porque esa era la verdad del asunto. Empezaste y yo te seguí con la lista: en una cama elástica, en el asiento trasero de un auto compacto, en la caja de una camioneta, adentro de un sleeping bag, bajo una lluvia de estrellas, a la orilla de una poza en Cuatro Ciénegas, dentro de una claustrofóbica tienda de campaña, en el baño de la casa de un amigo, en una terraza con vista a un bosque, en una banca, después de comer haschisch en Ámsterdam, en el baño público de un hostal en Brujas, en una hamaca en Playa del Carmen, manejando en una terracería, en cuartos de hotel con paredes de tabla roca, en un sillón de piel, en sillas de plástico, en sillas de lámina que me helaron las nalgas, arriba de un lavamanos, en una oficina escuchando un disco quemado, en un sofá cama, en el tapete de la sala terminando con las rodillas raspadas, sobre los cojines de la sala en el piso para no terminar con las rodillas raspadas, y en el típico jacuzzi. Jajaja. Nada mejor que una plática de esas en una carretera desierta, recta y sin paisajes verdes. Íbamos con rumbo a la playa y de lo que nos dimos cuenta fue que, absurdamente, nunca habíamos hecho el amor en la playa-playa, sobre la arena o dentro del mar. Lo intentamos una vez, pero tú sabes… la arena…
Me planteaste algo mejor para las horas de camino que quedaban: que pensáramos en los lugares donde nos faltaba hacer el amor. Uuuuuy, pos en un chingo, te dije bajando el volumen del estéreo. Nos falta arriba de un caballo, tirándonos en paracaídas, en un cine con gente... Me interumpiste de inmediato. Oríllate, me dijiste, vamos borrando uno de la lista.
Y pues yo soy bien obediente…

viernes, mayo 26, 2006

amores raritos

Me encanta que te enamores de güeyes bien raros; porque casi todos son feos. Ahí es donde me pones a pensar. Lo entendí con Joaquín Sabina, que escribe vergón y tiene porte el vejete ese; pero una vez que estábamos viendo el noticiero del payaso Brozo me dijiste “amo a ese güey”. Yo te dije que él tenía otro noticiero en donde salía sin nariz roja y sin peluca, pero tú me dijiste que no, que a ti te gustaba el payaso porque se te hacía cachondo y vulgar y no sé qué otras cosas. Que ya habías visto a Brozo sin disfraz y que era un pelón gordo sin chiste, pero que tú estabas enamorada de Brozo y de su forma de pensar y de decir las cosas. “¡Vergas!, pinche vieja loca”, pensé. Después viste a Andrés Manuel López Obrador en un programa y me dijiste que tenías un nuevo amor. Que te daba una ternura inmensa su pelo blanco, la manera en que decía las cosas y que su discurso se te hacía el de un soñador comprometido e incomprendido. Y que ese era tu nuevo amor con el que soñarías cuando yo no durmiera contigo. Me encanta que te enamores de güeyes bien raros; ahora comprendo por qué te enamoraste de mí.

jueves, mayo 25, 2006

de nombres curiositos

Me siguen preguntando que si Panchito López –mi ex roomate- y Júpiter Zeuz –socio de la imprenta- realmente existen o si son producto de mi imaginación torcidita; pero yo les contesto y les juro que son tan reales como que el presidente Fox es un mandilón. Estábamos en una pachanguilla y que de pronto salta un güey y me dice: “Pues a mi ese nombre de Júpiter Zeuz se me hace con madre y nada fuera de lo común; deberías de ver cómo se llaman mis abuelos”. A la madre, pensé, ya salió un valiente que conoce personas con nombres más raros que Kevin Costner de Jesús y Bruce Lee Ramírez. Y no sólo eso, si no que son sus familiares y los ama a pesar de tener nombres feos. No tardamos en convencer al vato este pa´que nos revelara los nombres de sus queridos ancestros. Nunca se imaginó que yo tenía un blog donde les pasaría todo el chismorrete para deleite sólo de ustedes, queridos lectores. Helos aquí los nombres que están en el Top 1 de nombres pinches. Agárrense pa´que no se vayan de espaldas:

¡Egipciaco Telésforo y Aeropajita!!!

Verga pa´l muerto. Uno inspirado en la cultura egipcia y las pirámides y en la tele y el fósforo –supongo-, y el otro no tengo ni idea pero que bueno que le pusieron Aeropajita y no Puñeta Voladora a la pobre señora. O tal vez es hija de un piloto, o nació en el baño de un avión mientras un güey se la estiraba, o sepa madres qué fue.
Lo más curioso es que platicándole a otros amigos (porque yo tengo un millón de amigos para así más fuerte poder cantar) sobre los dichosos nombres, me reclama uno de ellos, muy serio: “Eh, güey, así se llamaba mi abuelita: Aeropajita”. No mamar, yo pensé que no existía ese nombre o que sólo en una borrachera con destapa caños y loción Old Spice se le podría haber ocurrido a alguien ponerle así a su hija. Pero este güey estaba peor porque dice que tiene un primo que se llama Orvely y que es mago de fiestas infantiles y usa su nombre real y todo mundo cree que es de a mentiras, juarjuarjuar; estábamos cagados de la risa y en eso, que cae una pinche bomba de humo y aparece el Orvely bien encabronado y convirtió en sapos a dos amigos míos con su barita mágica y los de más corrimos a la riata. Y ya más tranquilo el pedo y después de pedirle disculpas al Orvelly por burlarnos de su nombre, pos hasta cooperó para el cartón de cervezas y sacó dinero de las orejas de los ahí presentes. Obviamente todo lo anterior es mentira, lo que si es verdad es lo de los nombres.
Neta que si alguien se ofende o se llama así, mil disculpas, pero nunca pensé que esos nombres existían.

martes, mayo 23, 2006

un colchón es un desierto

Noto algo raro al tirarme a huevonear en la cama. Ese pozo que se estaba formando en el lado izquierdo está desapareciendo. Ahora más bien parece un perfecto desierto sin dunas; plano y desolado, sin nada interesante que ver a la redonda. Desde el lado derecho de la cama, reposando mi cabeza sobre una montaña de tres almohadas, contemplo la lontananza del colchón, esperando que en su horizonte de sábanas blancas salga tu rostro, como lo haría el sol en el filo del océano que corta el horizonte de esta esfera de planeta. El hueco que formaba tu cuerpo está desapareciendo, mi mano no me engaña: acaricia delicadamente tu espacio y ya no está esa abolladura sobre el colchón que llenabas tú. A veces pongo las almohadas de ese lado -del izquierdo- e imagino tontamente tu cara y me dan ganas de besar toda la noche a las almohadas, jaja. A veces me pongo de ese lado -tu lado- y acaricio la curvatura que ha dejado mi peso en el edredón, imaginando que es la tuya y que vendrás a llenarla otra vez. Mis ronquidos ya no tienen coro de acompañamiento ni compás ni tono. El sonido del ventilador me arrulla, pero no es lo mismo que tus ronquidos, aunque digas que no roncas y te reías cuando te lo decía de madreada. No es lo mismo tener calor en las noches durmiendo sólo, que a tu lado. Me gustaba perder el sueño contemplándote en la hora menos imaginada de la madrugada, sin que te dieras cuenta. Me acuerdo que una vez te despertaste como a eso de las cinco y te asustaste porque yo te estaba mirando fijamente, jaja, como un loquito o un depravado, jaja. Pero cómo evitarlo. Me gustaba no poder dormir porque mis ojos se negaban a cerrarse porque no llenaban de tanto verte ni de tanta belleza. Eso sí, esperando siempre que la luz de la mañana nos revitalizara para empezar el día amando; amor a primera hora del día, mientras todo el mundo se preocupaba por las noticias del noticiero de las 8:00 y el tráfico vehicular para ir al trabajo. Pero ya la cama es un desierto, y las temperaturas de esta ciudad hacen que me lo crea. Vuelvo a mi lado derecho de la cama y acuesto mi cabeza sobre las tres almohadas. El lado donde ibas tú es como una de esas carreteras por donde no pasa nadie, como la zona del silencio o donde se aparece el chupacabras. Veo el horizonte de sábanas blancas, que se ve lejanísimo a pesar de ser una cama matrimonial, y tu rostro no emerge por ningún lado, como lo haría el sol en el filo donde se corta el mar y el cielo.

Este es un pequeño homenaje a Fabiola, por todas esas veces que la hice enojar sin querer con todas las pendejadas que escribo en este mugrero de blog. También es un agradecmiento por ser ella la culpable de un chingo de días felices -más de 1000-, por los viajes espirituales y físicos, los aprendizajes, los colores y olores que agregó a mi vida y por engrandecer y enriquecer mi universo. Por las emociones y sensaciones nuevas, por no haberme dado abasto con tanto cariño, por mutar mi corazón y aparecer como seis más en mi pecho (y todos para ella) y, sobre todo, por comprobar que el amor sí existe y no es un mito.

Nos vemos...

viernes, mayo 19, 2006

ayer con el filósofo de cantina

- ¿Qué religión practica usted, Señor Don Filósofo de Cantina?

- Nunca vamos a terminar con esa pregunta. Mejor dejen les platico algo que me pasó. Hace algunos años me topé con una amiga de la escuela que fue mi novia un tiempo durante la preparatoria. Me la topé en un centro comercial y la invité a tomar un café. Me platicó que se había casado, que se había divorciado, que tenía dos hijos a los que adoraba y por los que daba la vida, que tenía mucho trabajo, que estaba saliendo con un hombre divorciado y con dos hijos como ella; que estaba más feliz y entera que nunca. Me dijo que acababa de ir a confesarse a la iglesia, después de no hacerlo por muchos años, porque iba a ser madrina de su sobrina y porque era algo que quería hacer desde hacía ya tiempo. Dice que llegó con el padrecito y, en un arranque de honestidad, que se suelta con su confesión. El padre casi se va de espaldas, pues creyó que tenía al mismísimo demonio con cara de Bush enfrente. "He robado, he mentido, he sido mala hija, he abortado, soy divorciada pero llevo una muy buena relación con mi ex marido y su esposa, tengo novio, tengo relaciones sexuales con mi novio, a veces el trabajo no me permite disfrutar tanto a mis hijos como yo quisiera pero el tiempo que tengo libre se lo dedico todo a ellos, etc, etc". El padrecito estaba sudando con una cara de espanto. "Pero cómo hija mía... eso del aborto y mentir y tener sexo es gravísimo. Eso apenas un obispo, eso yo no lo puedo absolver, es muy grave. Una mujer en tu situación no puede ser madrina... no puede... son pecados... ¿Por qué has hecho todo eso, hija", culpó el religioso. Mi amiga le respondió: "Padre, lo único que estoy haciendo es ser honesta con usted. Esa es mi verdad y esos son los errores que he cometido por irresponsable, por ignorante, por inmadura y por muchas otras cosas. Son situaciones de las que no me siento orgullosa y muchas de ellas no las volvería a hacer. Aparte, ahora soy una persona completamente distinta a la que fui. Soy una mejor persona, que habla con la verdad y no ha vuelto a cometer esos errores. Que me acuesto con mi novio y no estamos casado, pues sí, la sexualidad es algo importante en mi vida, soy una mujer de 35 años. Pero no he vuelto a robar, a mentir, soy buena hija y excelente madre, buena amiga de mis amigas, de mi ex marido y de su mujer, soy una novia amorosa y una madrastra querendona". El padre se le quedaba viendo mudo, no sabía mi amiga si por compasión u horror o nomas por pinche cachondo. "¿Usted cree que toda esa gente que viene a confesarse es tan honesta como yo? No estoy orgullosa de lo que he hecho, pero esa es mi verdad y he aprendido de los errores que he cometido y ahora mi realidad es otra", le dijo mi amiga. El padre seguía mirándola con los ojos pelones. Tomó aire y le dijo "Diosito te llene de bendiciones hoy y siempre, hija mía. Que Dios te bendiga mucho y siempre lleva a Dios en tu corazón". Dice mi amiga que no sabe si el padre le dijo eso porque sabía que ardería como oveja negra a la griega en las llamas del infierno, o si se lo dijo por lástima, por compasión, porque ya no quería escuchar más cosas horribles, sexuales, tanta verdad o porque realmente el hombre se convenció de la sinceridad de lo que le dijo mi amiga.
Yo no profeso ninguna religión, porque siento que nos imponen culpas y miedos. Yo tengo mi propia doctrina de vida. Si de creer en algo se trata, pues yo creo en hablar con la verdad, en el arrepentimiento sincero, en la sabiduría de los errores y en la pureza de los sentimientos del corazón... así, si existe uno o muchos dioses, o ninguno mas que uno mismo, el perdón llega sólo.

Pidió otra ronda de cervezas el Filósofo de Cantina y dijo que esas iban por su cuenta. Nunca en el tiempo que tenemos de conocerlo nos había invitado una cerveza. Dice que lo hizo para que fueramos creyendo en los milagors.

miércoles, mayo 17, 2006

para ti... aunque te hagas güeya

No es costumbre. Yo creo que es química. Y de la química nace el amor y muchas otras cosas como las plantas y la lluvia y también el smog; pero lo más importante es el amor. El amor: una explosión como esas que salen en las caricaturas donde un científico loco que dice "ñaca ñaca" mezcla dos reactivos de colores y ¡kaboom! Tú y yo somos esos científicos locos; nuestros pechos los tubos de ensayo y, nuestras babas, dos sustancias que hacen ¡pooow! cuando se mezclan al entrelazar las lenguas, las lenguas que se quedan sin palabras para describir lo que es la química, el amor y las explosiones esas en el pecho, en la boca, en tu mirada y en la cama. La química lo es todo. Aunque la maestra de química me caía de la chingada en la secundaria. Una reacción química creó el universo por accidente. Un accidente del tiempo y el espacio y de amigos en común nos hizo coincidir, y lo de más fue pura química. La química del amor, creo que eso fue. La química es importante, pues hace agradables los olores del cuerpo que pudieran ser desagradables. Hace bonitos a los feos, sexys a las gordis, interesantes a los nerds; te hace TÚ a ti. Todo es cuestión de química. Y de la química nace el amor. Qué chido es tener amor con química. Porque así se creó el universo; gracias a la química de lo inexplicable y lo divino. Por eso, con amor y química podemos crear más mundos, galaxias, planetas y todos los dioses, creadores y arquitectos del universo nos vendrían guangos. Yo sé que con nuestra química y nuestro amor podríamos mantener vivo, aunque sea, nuestro mundito.

lunes, mayo 15, 2006

fragmento

Pos espero que ya pa´este diciembre salga el librillo que estoy escribiendo o, de perdido, Sancho Clos me traiga esas pantunflas a control remoto que le pedí. Gracias a los que me están echando la mano con dinero, tiempo, material, distribución, mentadas de madre e ideas, las cuales no utilizaré pa´que no me digan copión. Por eso ya casi no he posteado, snif; pero aquí les dejo un fragmento sin correcciones de la "novela" (uy sí) corta que lleva tentativamente por nombre "Nebraska", a ver si les gusta:

Mi padre tenía este cliente que le dejaba mucho dinero pero le ocasionaba crisis de ética profesional. Alguna vez lo escuché decirle a mi madre que lo que estaba haciendo no estaba del todo bien. Mi madre, mientras limpiaba un montón de frijoles, le respondió que no tenía nada de malo, que ese era su trabajo y que no se sintiera mal. Cuando entré en la cocina cambiaron el tema de conversación, y mi madre me dijo que le ayudara a quitarle las piedritas a los frijoles. Recibía sus llamadas siempre después de la media noche, una o dos veces por semana. Yo escuchaba desde la oscuridad de mi cuarto cuando mi madre lo despedía y mi padre bajaba las escaleras, cerraba la puerta con pasador y encendía el auto. Algunas veces iban a recogerlo a la casa. Yo me daba cuenta porque la ventana de mi cuarto se iluminaba y proyectaba cuatro cuadros de luz en el techo. Oía llegar un vehículo en plena madrugada del que bajaba una persona. El automóvil siempre se quedaba con el motor en marcha y las luces encendidas, pero el motor no era tan ruidoso como el del coche de mi padre. Tocaban discretamente en la puerta de mi casa con un objeto metálico, una llave o una moneda, y mi padre ya estaba despierto esperando sentado en la cocina. Abría la puerta, saludaba, cerraba con seguro, subía al misterioso carro y arrancaban. Mi cuarto quedaba otra vez en penumbra. Algunas veces volvía a quedarme dormido, otras veces no podía y permanecía despierto hasta que escuchaba el fuerte rugido del motor retumbando en la cochera o a que la ventana de mi dormitorio se iluminara y reflejara los cuatro cuadros de luz en el techo. Siempre eran dos o tres horas después cuando llegaba de vuelta a casa. Lo oía abrir la puerta, subir las escaleras y entrar a su cuarto donde lo esperaba mi madre; algunas veces dormida y otras tantas despierta. Recuerdo una vez que mi madre estaba en el hospital por un embarazo complicado. Sonó el teléfono en la madrugada y mi padre fue a mi cuarto. Me despertó cariñosamente y dijo que lo tenía que acompañar al trabajo porque mi mamá no estaba porque yo iba a tener una hermanita.

sábado, mayo 13, 2006

ésgar

Me mandan un video: Un niño botijón incapaz de cruzar un pequeño arroyo por encima de un tronco, resbla porque su amiguito gandalla del otro lado del arroyo le mueve el madero; cae como pelota, se da un madrazo en el agua y se pone a llorar como maricón: "vas a ver, buju, buju, pinche pendejo, buju, buju", y el otro culón de su amigo: "perdón, Édgar, perdón, no vayas a rajar, perdóname". Me dió risa, y hasta gusto, que el pinche gordillo se cayera al agua; pero hasta ahí, nada fuera de lo común de un programa tipo Sopa de Videos Chuscos o ¡Ay Caramba! de TV Apesta. Lo que no pude creer fue lo que sucedió al día siguiente. Toneladas de mails a mi correo con el dichoso video del lechoncito llamado Édgar cayendo al agua, un video musical, una canción remix, nicks sobre el tema por todos lados y hasta entrevistas con el niño. Incrédulo, me meto al interné y me topo con mil páginas sobre "la Caída de Édgar"; sí, páginas de fans del pequeño bodoque cuyo único talento es ser el hazmereir de sus amiguitos. No pude creer que los medios se pelearan por entrevistarlo ni creí cuando leí encabezados en periódicos como "El famoso Édgar", "La Inesperada Fama de Édgar", "édgar, el niño más famoso de internet". El niño dando entrevistas y los papás dando declaraciones de que "están preocupados por su FAMA de su hijo". Dios mío,¡no mames! aún no lo creo Si no saben de lo que hablo, busquen en la red La Caída de Édgar o nomás Édgar y veran la pendejada que están haciendo moda, mito, ícono y no sé qué más y digan ustedes si merece realmente endiosar pendejadas como esa. Quesque el niño dice bien chistoso el "yaaaa weeeeyyyy", que dice muy gracioso las maldiciones, que es muy simpático, que la caída es espectacular... Insisto: es una reverenda pendejada que están magnificando ignoro las razones: falta de notas, desviar la atenión sobre algo realmente importante, van a llegar ya los marcianos... no sé.
¡Por favor! Díganme qué le pueden preguntar en una entrevista: ¿te dolió cuando te caiste?... y ya. ¿Cómo pueden sacar una nota los periódicos sobre eso?, no da para mas que: "Gordillo regiomontano y malhablado se cae a un arroyo por pendejo"... y ya; no da para más, no sé por qué hacen tanto pedo y cómo es posible que todo mundo se haya puesto en el mismo canal y haya considerado este viedo, que hay millones mejores, como la mamada. Si de encumbrar pobres diablos se trata, apuesto a que a estos güeyes sí les dolieron más los chingazos que al tal Édgar y no andan llorando como niña... ni tienen la fama:

http://www.youtube.com/watch?v=3-4I_98KCXQ

http://video.google.com/videoplay?docid=6640225987281635407

martes, mayo 09, 2006

martes de bloggofertas

Van dos Chistes Alowey con fecha de caducidad ya vencida, por eso están tan rancios.

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Cosas que me molestan:

- Que los mayores digan que los jóvenes somos el futuro de México. Nuestros abuelos fueron jóvenes y nuestros padres también lo fueron, y no cambiaron el curso de este mundo. El futuro del mundo está en manos de unos cuantos adinerados, no de los jóvenes. Cuánta marcha por la paz, cuánta acción civil y social que hacen los jóvenes (y no tan jóvenes) pa´que se termine haciendo lo que diga quien tenga el poder.

- Que en todas las series de tv gringa, siempre en la escena de la hora de la cena, ordenan pizzas o tienen cajitas con comida china, la cual, nunca sirven en un plato, sino que la comen directo de la caja.

- La dieta del gringo promovida por las series gringas: macarrones con queso y sandwich de crema de cacahuate. En todas las series y películas mencionan esta "fabulosa" comida.

- La gente mexicana que se cree gringa y que cree que esta comida es chida y, aparte, la pronuncia en inglés: macarroni an chiz and pinut borer.

- Ese estilo de vida gastronómico que fomenta la televisión gringa donde todo parece ser "cool" y donde lo único que venden en sus restaurantes son "buffalo wings", "onion rings", "french fries", "chips" y cerveza. Ah, y nadie es obeso.

- Los menus para niños. ¿Quién dijo que los niños deben de comer distinto que los adultos? ¿por qué creer que los nuggets de pollo y los refrescos de sabores es "comida para niños"?

- Las mamás que le dicen al niño que no tome Coca Cola porque es mala, y que mejor se sirva refresco de naranja o manzana. La misma mierda pero de otro sabor.

Ya me desahogué

lunes, mayo 08, 2006

chismógrafo

Me mandaron un chismógrafo: de esas jaladas que tienes que contestar como mil preguntas para que los demás sepan más de tí y te conozcan, pero la verdad, estaba de hueva; por eso sólo pongo las preguntas que más me gustaron:

- Video juego favorito:
Burguer Time, Pitfall Y Estampide.

- Mejor actuación masculina en una película:
Ben Kingsley en "Sexy Beast".

- Mejor actuación femenina en una película:
Una ex novia lesbiana que fingía pasársela bien en la película de mi vida.

- Qué debe de llevar de ley una hamburguesa:
Aguacate, cebolla y catsup.

- Bebida no alcoholica favorita:
Dr. Pepper, agua de horchata y agüita sola.

- Qué drogas has probado:
Coca Cola, café, tabaco, televisión, alcohol, marihuana, hachis, peyote y cocaina.

- Cuál te gustó:
Coca Cola, cheve, hachis y marihuana... y la tele

- Cuál consumes más seguido:
La Coca Cola, cuando tomo Bacardi. El hachis, cuando voy a Europa (sólo una vez he ido, snif, y no he vuelto). Marihuana, unas dos o tres veces al año, porque no fumo y me ha dado mucho sueño cuando la he fumado. Si de drogas se trata: ¡Lo mejor es la cerveza y la televisión!.

- Periódicos que lees:
El Regio, El Norte, El Universal, La Jornada, Milenio... pero nomás los columnistas que me gustan, no todo completo. Y la nota roja cuando hay un encabezado chistoso.

- Cuál es el carro más lujoso al que te has subido:
Pues a un amigo le va muy bien en Gruma y a otro en British American Tobaco (pa´que no digan que son narcos) y traen un Rover y un BMW sepa la madre qué modelo o qué número, pero están mamalones los carritos.

- Te has subido a un crucero:
Simón. Pinches cervezas están bien caras y no dejan que uno suba al barco alcohol y las noches mexicanas no valen madre porque se visten de españoles y porque dan nachos con queso y frijoles con "chili" y tacos con tortilla dura porque los gringos así ven nuestra cultura.

- Mejor playa a la que has ido:
Pues aún no he ido a Fiji ni a Hawaii. Las de México son bonitas, pero va mucho naco y no hay la cultura de no tirar basura; por eso no vale madre ninguna, y aparte, hay mucho mol y plazas y tiendas y comercios y todos tiran toda la cagada de los turistas en el mar.

- Sé bien sincero. ¿Qué película de dibujos animados te hacía llorar y en qué escena? (si no hay ninguna, no vales madre y nunca fuiste niño):
La de "Dumbo", cuando la mamá saca la trompa de la jaula y lo abraza y lo mece y... buuuaaaaa, snif, ya no voy a contestar este pinche chismógrafo... bujubujuuuu snif.

jueves, mayo 04, 2006

pequeño cuento de terror

Los eventos extraños comenzaron a suceder aquella noche que soñé lo del McDonalds. Soñé que llegaba hambriento y a media noche por una hamburguesa. El estacionamiento estaba vacío; mi coche era el único. Entraba en el McDonalds y ordenaba en la caja. Mientras pagaba, volteaba para atrás y me daba cuenta de que las mesas estaban llenas de personas: hombre, mujeres y niños. Me parecía extraño, pues no había carros afuera. Volteaba para el estacionamiento y mi auto era el único. Volteaba de nuevo hacia las mesas del establecimiento y todos los clientes me miraban fijamente a los ojos. Ahí fue cuando desperté.

Quemé unos discos de música en la computadora y estuve todo el día escuchándolos en el coche mientras hacía mis vueltas de trabajo. En la noche, de regreso a mi casa, decidí pararme en un McDonalds para cenar. Ordené en la caja y me dieron mi comida de inmediato. Tomé el periódico y lo leí mientras cenaba. Despegué mi vista de una noticia interesante cuando escuché de fondo una canción de Oasis; una que había escuchado horas antes en el coche y que había quemado en uno de los discos. Volví a mi lectura, pero me fue imposible seguir leyendo. Me concentré en la música de fondo del establecimiento. Algo andaba mal. Algo extraño estaba sucediendo. Algo realmente inexplicable me inquietó. El orden de las canciones que se escuchaban era el mismo de las que traía en uno de los discos. Era imposible; una coincidencia que rayaba en lo sobrenatural. Me levanté y fui a la caja. Ahí estaba el hombre que me había atendido minutos antes. No sabía qué decirle, estaba realmente desconcertado y mi explicación parecería la de un loco.

-Oye… este… disculpa: ¿quién puso el disco ese que se escucha de fondo? Es que quiero saber el nombre de una canción -le dije.

-No es un disco –me respondió el empleado-, alguien programa varias canciones en la mañana y las deja correr todo el día en la computadora, que está conectada a las bocinas del restaurante.

En eso, la música dejó de escucharse. Le di las gracias al hombre y volví a mi lugar. Recogí la charola y deposite la basura en el contenedor. De pronto, la música de fondo comenzó a escucharse de nuevo. Era una canción de The Wallflowers; justamente, la número uno del disco que traía en el coche. La piel se me puso de gallina. Volteé a ver al empleado de la caja: me miraba inmóvil y fijamente a los ojos, con la sonrisa más macabra que he visto en mi vida.

miércoles, mayo 03, 2006

reflexiones de una noche de dominó



-Que raro que no haya capos de la droga gringos, o al menos eso es lo que los gringos nos quieren hacer creer.

-Que raro que todas la ejecuciones ligadas al narco sucedan en México y no en Estados Unidos. Nunca se habla de ejecuciones allá, no sé si lo han notado.

-Más raro aún, que sucedan en Nuevo Lareo y no en Laredo USA.

-Que curioso que, siendo los Estados Unidos el país que más drogas consume, allá no haya ejecuciones, ni cárteles, ni capos, ni pistas clandestinas de aterrizaje, ni decomisos. Toda acá en México.

-Que raro que los gringos siempre están en guerra y nunca es en su territorio. Siempre mandan tanques, aviones y de más a otras tierras, pero nunca he visto tanques, aviones o bombardeos en tierras gringas.

-Desde que el Santoy dijo que la música de Oasis era su favorita, desde ahí empecé a creer que no había actuado sólo y que no podía ser tan malo. Tal vez pendejo y mandilón y enculado, pero no malo.

-Erika, la morrita de Santoy, tenía más motivos para querer matar a sus hermanitos: pa´empezar, no eran sus hermanitos, los llevaba a la escuela, los ponía a hacer la tarea, los cuidaba... tal vez se hartó. Además, se rumora que hay ahí un pedo de dinero, de un seguro, de una herencia... que igual son inventos.

-A la morrita, supuestamente, la hicieron abortar su mamá y el novio (esposo, amante, whatever) de la mamá, el padre de los niños muertos y, en venganza, la morra se hecho a sus medios hermanos, convenciendo al pendejo de su novio que la ayudara.

-El Santoy dijo que por eso había terminado con su vieja, que porque "no se quitó cuando debió haberse quitado" mientras tenían relaciones. Esto confirma que tal vez la chavita estuvo embarazada. Mencionan a un tal "Enrique" en una declaración ("para que Enrique sepa lo que se siente"), al parecer, el padre de los niños muertos (que por cierto, no ha aparecido). Fue este, supuestamente, el que la llevó a abortar junto con su madre.

-Por algo se rajó el primer abogado de los Peña Coss, un abogado con prestigio y de los pocos con fama de honesto acá en Monterrey. Vean nomás al nuevo abogado que traen. Es más naco que la mismísima Raquenel, abogada de los Santoy.

Son suposiciones, sólo eso...

martes, mayo 02, 2006

don nacho, el taquero transa

Don Nacho era un taquero bien tramposo. Siempre preparaba las salsas bien picosas para que la gente pidiera doble refresco. Vendía tacos de barbacoa, picadillo, huevo con chorizo, deshebrada y frijoles. La salsa roja siempre estaba más picosa que la verde. La barbacoa siempre se le acababa después de las 12 del día. Ponía su carrito de tacos a unas cuantas cuadras de mi barrio, cerca de las bombas de agua que decían en el enrejado “Peligro: Alta Tensión”. Siempre llevábamos dinero exacto para 5 tacos y un refresco. Llegábamos y dejábamos las bicis sobre la banqueta, a un lado de la jardinera sin plantas. Yo evitaba ponerle mucha salsa a mis tacos porque luego me enchilaba y, al tercer taco, ya necesitaba otro refresco, el cuál no podía comprar porque llevaba dinero sólo para uno. Mis amigos se hacían los valientes y bañaban con las dos salsas su orden de tacos. Pollito, el único que llevaba dinero de sobra, nunca les echaba salsa; sólo limón y sal, y era el que terminaba prestándome dinero para mi otro refresco cuando me envalentonaba a bañar los tacos con ambas salsas. Don Nacho me parecía muy transa por hacer sus salsas tan picosas, pero no dejábamos de ir a desayunar con él cada sábado. Los tacos de Don Nacho siempre estaban llenos de clientes y una vez vimos que Don Nacho se tomó una foto con uno de los que estaban ahí desayunando. Luego nos dijo que era un político del PRI muy importante, y colgó ahí en su puesto la foto, orgulloso. Luego, como tres sábados después, lo vimos retratarse con otra persona. Nos dijo que era un político muy importante del PAN, y también colgó la foto, a un lado de la de el priísta. En aquellos tiempos no existía el PRD ni otros partidos; o al menos eso creía yo, si no, Don Nacho de seguro se habría fotografiado con ellos. Nos contó que ambos políticos eran fanáticos de sus tacos y que, cuando fueron a desayunar ahí, le habían regalado unas playeras, gorras, vasos y que hasta habían dejado una muy generosa propina. Le preguntamos que por cuál de ellos votaría en las próximas elecciones. N´ombe, por ninguno de los dos: los dos son bien pinches transas, nos respondió. Yo nunca voto. Que chinguen a su madre los dos, pero que sigan viniendo a tragar a mis tacos, rió el taquero cínicamente. Y siguió haciendo sus salsas bien picosas –la roja más que la verde- para que sus clientes pidieran doble refresco. Ya dejó el carrito y puso una fonda, pero no sé si siga sin ir a votar.

sábado, abril 29, 2006

regalitos del día del niño

Si eran niños ñoños allá a principios de los ochentas, recordarán que Televisa organizaba un concurso que se llamaba "Juguemos a Cantar", que era como el Festival OTI nomás que de niños. En uno de esos festivales donde participó Lolita Cortéz, Lorenzo Antonio ("la mano izquierda va´delante y la derecha para´trás"), Katy la Niña de las Vocales ("...y así se ríe la A ja ja ja ja, y a sí se ríe la E je je je je...") y el famosísimo Sergio Andrade como compositor, mucho antes de ser manager de la satanizada Gloria Trevi; también particípó un peculiar niño prietito y muy feito, que decía que no tenía papá, snif, y que era muy pobrecito, snif. Recuerdo que tenía una voz como Toñita la de La Academia, pero más grave, y cantaba con un sentimiento más cabrón que el de Pepe el Toro que, ay, mamachita, ponía los ojos llorosos y le hacía un nudo en el gaznate hasta al más machote. Su nombre era Juanito Farías; su canción: "Caballo de Palo. Confieso que esa pinche canción me causaba pesadillas en las noches y que siempre que veía el programa ese donde Juanito Farías cantaba con el alma y lloraba y decía que era huerfanito y que Santa Clos no le traía regalos y todo el público le aplaudía de pie llorando, SNIF, yo tenía que irme a esconder al baño a llorar, bujuuu. El horror fue cuando descalificaron a Juanito Farías del concurso; pasando éste a formar parte de los tan queridos Campeones sin Corona, que siempre son más alabados que los verdaderos ganadores en un país como el nuestro. A continuación, la triste rolita. Voy al baño, snif.



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Y a continuación, la que consideraba a mis 7 añitos como la mejor canción del universo y la mejor película del universo; bueno, mi niño interior lo sigue considerando. Naaaa, pa´qué me hago güey: ¡es la mejor rola y la mejor película del mundo! Yo quería tener el pelo como Atreyu, el morrillo que sale en la película, o de perdido, como el vato que canta en el video; pero mi jefecita nunca me dejó y ahora que puedo hacer lo que quiero, no tengo tanto pelo, snif.

miércoles, abril 26, 2006

miércoles de 2 x 1

Un Chiste Alowey para indigestarlos:

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Y ahora, un escrito mamilas para terminar de una vez con el sufrimiento que implica leer mis jaladas.

Si el cielo tuviera un tope, un techo o un final, es muy probable que yo estuviera volando al ras de ese límite, tratando de abrir un hueco para seguir subiendo más y más arriba. Si el cielo tuviera un final, obviamente estaría pintado a brochazos de un azul muy claro que por las noches se oscurecería asemejando al color del yodo, dejando brillar unas estrellas de cristal cortado que pendieran de hilos. Los planetas y la luna estarían amarrados a mecates colgantes y muy resistentes, como las bolas de las discotecas, o estarían pintados cuidadosamente sobre la superficie de concreto si la atmósfera fuera finita. El sol sería una inmensa mancha de pintura anaranjada fresca, que gotearía rayos de luz muy calientes, en donde calentaría mis quesadillas echas con queso de la luna, jojo. Las nubes serían toneladas de estopa blanca pegada con pegamento blanco sobre el yeso atmosférico con tonos como de betún de pastel. Eso sí: los aviones y los pajarillos tendrían que andar con mucho cuidado si el cielo tuviera un fin. También los cohetes y los astronautas deberían de andar con cautela para no chocar con la bóveda pensando que el cielo es infinito. Tampoco deberían de poner mucho peso sobre los planetas y la luna, con todas esas máquinas y maquinaria que llevan, para así evitar romper los mecates de los que cuelgan. Si el cielo tuviera un final, muy probablemente yo estaría volando al ras de la superficie, así como algunas veces he volado al ras del suelo y he raspado mi barbilla, mi pecho y mis manos. No me importaría sufrir daño alguno tratando de abrir un hueco para subir más pa´rriba y comprobarle a los incrédulos que el cielo es infinito. Lo bueno es que sí lo es, pues lo dicen los libros y los científicos; lo único que no ha cambiado es que las estrellas, las nubes, los planetas, el sol y la luna, siguen siendo de cristal cortado, de estopa blanca, cuelgan de hilos y están pintados con pintura de aceite en un manto infinito.

lunes, abril 24, 2006

lunes miscelaneo

Aquí les va otra de las peores tiras cómicas del universo:

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El exceso de jale en la imprenta, la falta de lana, que no me hayan pagado a tiempo dinero que me deben, lana que presté, varios pagos que se me juntaron, etc. me obligaron a pasar las vacaciones aquí en Monterrey de mis horrores (y apuesto a que el dinero que presté y que me deben, la usaron pa´irse de vacaciones los muy jijos de la chi$%&#). Heme aquí: comiendo sabalitos de sabores y sacando a la guffilla al parque pa´ que cague y asuste a los niños latosos, juajua.

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Bueno, no todo fue trabajo, también hicimos carnillas asadas y fuimos al rancho de un compa a nadar; pero las salchichas que cocinamos estaban muy misteriosas y nada apetecibles. ¡Auch! Como diría un compa: "¿Y esas salchichas se comen por la boca o por el fundillo?"

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jueves, abril 20, 2006

marciano cielo azabache

Nos acostábamos en la bajada de la cochera del Chuy a ver el cielo. La cochera estaba hecha de la llamada piedrita de Reynosa: esa piedrita multicolor y chiquita que, si te quedas mucho tiempo recargado sobre ella, se te hacen un chingo de hoyitos en la piel; como escamas o piel de monstruo. Siempre esperábamos ver un ovni o una estrella fugaz y, cundo veíamos una estrella fugaz, pensábamos que era un ovni. Con todas esas películas de E.T. , Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, Exploradores y de más, añorábamos el día en que una navezota aterrizara en nuestra cuadra y le partiera la madre a los de la cuadra de arriba, que nos había hecho correr de nuestros propios dominios con sus rifles de postas y sus hermanos mayores apedreándonos. Se veían aviones a lo lejos y no queríamos que fueran aviones: queríamos que fueran naves extraterrestres surcando ese grandote telón negro. Al principio, pensábamos que eran extraterrestres cuando veíamos las luces salir del cerro; pero, una vez que escuchábamos las turbinas cortando el aire, la decepción era grande. Veíamos que los planetas y las estrellas cambiaban de color porque así lo decía el libro de ciencias, pero nosotros nos ahuevábamos a creer en que, si cambiaban de color, era porque eran las lucecitas de los ovnis. Vi muchos ovnis en mi infancia cuando nos tirábamos en la entrada de la cochera del Chuy a ver el cielo azabache. La espalda y los brazos nos quedaban marcados hasta el día siguiente por la piedrita de Reynosa. No tengo pruebas. Si me presentaran pruebas de que lo que vi en aquellos tiempos es una farsa, son aviones, son estrellas o satélites o planetas; lo voy a negar. ¡Tengo que seguir creyendo en algo de lo que creía en la niñez, chingada madre…!

miércoles, abril 19, 2006

motivos

RAZONES POR LAS CUALES NO HE TENIDO TANTAS MUJERES COMO BRAD PITT, A PESAR DE SER MUCHO MÁS GUAPO Y MÁS SABIO QUE ÉL:

Ahorré todas las vacaciones para llevar a una morra a cenar a un restaurante bien mamón de comida exótica y tailandesa y mamada y media y, al llegar al restaurante, la cabrona pidió una milanesa empanizada con arrocito y frijolitos charros. ¡Jija de tu pinche madre!!! ¿A poco pensaste que te volvería a hablar después de que me hiciste lavar coches y vender los pocos monos de Star Wars que me quedaban?. Mejor te hubiera llevado a una comida corrida de 35 pesos con todo y soda, culera.

Ya subidos en el coche de mi mamá (un Cougar 85 bien madreado), iba a dejar a otra morra a su casa y, la morra ésta en turno, pues sacó unos chicles de su bolsa: abrió la ventana, se metió los chicles en el hocico y tiró los papeles para afuera. Ah, y no me ofreció la cabrona. Aparte de cochina, mal agradecida.

Después, salí con una chavita bien a todo dar, pero por andar en un Cougar 85 bien madreado de mi mamá, me dejó y se burló de mí. Snif.

Otra morra a la que llevé al Chilis a cenar (para apantallarla, porque yo tenía un amigo que jalaba ahí que le escupía a los platillos de los que se portaban mamones a la hora de pedir, jojojo). Y empecé con mi plática interesante acerca de mamíferos voladores, marsupiales, calentamiento global e inversión térmica; y la pendeja no sabía lo que era un erizo; es más: ni siquiera sabía qué era un erizo de mar (¡háganme el favor!). Después, me enteré que no tenía televisión de paga para ver el Discovery, la pobre. Y después, me enteré que no tenía cerebro.

Otra, fumaba como chimenea

Otra, fumaba de a madre

Otra, nomás fumaba

A otra le dije que los antros me daban hueva y no me volvió a llamar porque no le quise hacer una ID falsa ni quise hacerme pasar como su esposa con el cadenero. Y - aparte- fumaba.

Una morrita me invitó a una boda y, ahí sentados en la mesa con el whisky gratis, le dije que me cagaba bailar. Se fue a bailar con sus primos y yo me fui a agarrar el pedo con mis amigos de la cuadra, que estaban -como siempre- agarrando el pedo en la cuadra. Ah, pero yo lleve una botella de whisky gratis. ¡Ajuuua!!!

Ahí luego les cuento más... sooobres.

martes, abril 18, 2006

soñando a miss luz maría

No me acuerdo si amanecía con la pilinga parada, lo que si me acuerdo es que soñaba mucho a Miss Luz María cuando estaba de vacaciones. No sé si la extrañaba o me gustaba mucho; o las dos cosas. Llevaba 3 semanas sin ir a la escuela y ya me empezaba a aburrir. Aún vivíamos sobre aquella avenida congestionada y peligrosa que hacía inexistentes los juegos de niños de patear la pelota o andar en bicicleta. Mi madre optaba por llevarnos a cualquier lado para ella tampoco volverse loca encerrada en casa durante aquel julio del 84. Y no quiero que me pidan nada porque no traigo dinero, sentenciaba mi madre. Si acaso les compro una nieve, pero nada más. Esas eran nuestras idas al centro comercial: dar la vuelta y ver los aparadores mientras terminábamos nuestro vaso con una bola de nieve de algún sabor. Lo mejor era cuando entrábamos a la juguetería mi hermana y yo para ver qué le pediríamos a Santa Clos, no importaba que apenas estuviéramos en verano. Ir al centro comercial era mejor que quedarse en casa, aunque sólo nos compraran un helado sencillo, pues había aire acondicionado y escaleras eléctricas. Terminándonos los helados –de pistache el mío y de fresa el de mi hermana-, regresábamos a casa en el volkswagen amarillo con las ventanas abajo y un calor de más de 35 grados. Mi madre nos partía melón en cuadritos, nos metía a bañar, nos ponía las pijamas sobre la cama y ya estábamos listos para cuando llegaba mi padre del trabajo a desearnos dulces sueños. Noté a mi hermana muy pensativa; mirando al techo beige del cuarto. Yo, por más calor que hiciera en ese cuarto, no podía dormir destapado: me daba miedo que algún fantasma me jalara las patas en la noche. ¿Qué le vas a pedir a Santa Clos?, le pregunté a mi hermana antes de dormir. Pues no sé. Es que quiero muchos juguetes pero acuérdate que sólo nos puede traer tres cosas a cada quien, me respondió. No seas chillona, le dije, es más, yo nomás le voy a pedir dos juguetes para que a ti te traiga cuatro. Sonrió desde su cama y, a los pocos minutos, nos quedamos dormidos. “Pinche Santa Clos, ¿por qué si él fabrica los juguetes no nos puede traer todos los que le pedimos?”; ese fue mi último pensamiento antes de empezar a soñar que Miss Luz María me daba un beso y me decía que le agarrara una chicha.

domingo, abril 16, 2006

una telaraña y un rifle de postas

Descansábamos en los escalones de doña Pelos, después de la correteada que nos pusieron los de la cuadra de arriba por destruirles su club; el club secreto –no tanto- que tenían en el monte baldío a un lado de la tiendita. Se lo merecían, pues habían robando algunas cosas de la construcción abandonada en donde nosotros teníamos el nuestro. Huimos cuando nos vieron salir del monte donde tenían su escondite. Nos vieron desde una lejana banca del parque, porque salimos atacados de la risa y haciéndoles la señal del dedo medio. Corrieron enfurecidos hacia nosotros, pero mis amigos y yo ya estábamos pedaleando nuestras bicicletas a toda velocidad con rumbo a la cuadra de abajo, a donde no se acercaban los de la cuadra de arriba. Gritaban y amenazaban con sacar rifles de postas, pero sólo nos persiguieron con sus hermanos mayores arrojándonos piedras e insultos a nuestras madres. Ninguna piedra nos dio, la más cercana pegó en una de la llantas de la bici del Chuy. Ya en nuestro barrio, dejamos las bicicletas tiradas en la calle y nosotros nos tiramos bajo la sombra del huisache del patio frontal de la casa de Doña Pelos. Hicimos eso porque vimos que no estaba su coche –el Pelosmovil- y no había manera de que nos corriera a cubetazos de agua con el pretexto de barrer los escalones. Me paré y fui por segunda ocasión a tomar agua de la fuente. Estaba empapado en sudor. Contemplé el enorme huisache. Había una telaraña fantasmal y hermosa de rama a rama. ¡Qué padre está este árbol! Me gusta mucho, dije; y todos echaron a reír. ¿Qué tiene de chido?, es un pi$%&#, árbol, jajaja. Tú estás loco, me respondieron. No dije nada más. Me quedé callado, no fuera a ser que al decirles lo maravilloso de la telaraña, la destruyeran gustosos. Todos se pusieron a correr de un salto y subieron a sus bicicletas. ¡Ahí vienen!, gritó Chuy. Desprendí la mirada de la telaraña y mi boca del chorro de agua, girando mi cabeza: los de la cuadra de arriba estaban en nuestra cuadra, con sus hermanos mayores y un rifle de postas.

miércoles, abril 12, 2006

a orillas del tiempo perdido

Las manecillas de los relojes se han oxidado y puesto lentas como la huída del un caracol, llegando casi a la parálisis, como si montones de arena hubieran entrado en esa minuciosa maquinaria. Olvidé mi reloj y el tiempo no parece avanzar en esta playa de suave oleaje. Tengo como única referencia de las horas a la posición del sol quemándose en el cielo y el movimiento de las sombras que reflejan las palmeras sobre la arena azafranada. La verdad es que no olvidé mi reloj: se lo regalé a un hombre que vendía jugos de naranja a la orilla de la carretera que conduce a esta playa, justo ahí, en donde está el cruce de las vías abandonadas del tren. Prefiero decir que lo olvidé en algún lugar, o que lo extravié, a decir que lo cambié por un litro de jugo; simplemente porque no quiero que me molesten con comentarios superficiales acerca de mi atrevimiento de cambiar algo con más valor por algo de mucho menos. No se alarmen, era simplemente un pinche reloj: un aparato que mide el tiempo para angustiarnos y hacernos creer que no hay tiempo para nada.

lunes, abril 10, 2006

el tour de jawad y el yuca

Jawad Rana era de Pakistán pero había vivido casi toda su infancia -y lo que iba de su adolescencia- en Arabia Saudita. Era su primer año en Maur Hill, donde cursaría la preparatoria completa. Tenía 15 años y estaba más delgado que un perro callejero. Usaba lentes con fondo de botella que agrandaban sus ojos de manera descomunal y, en vez de darle un look de tonto, lo hacían parecer un tipo muy agradable. Y sí que lo era. Me dijo que esa cabra a la que salía abrazando en la foto era su mascota. Después rió y me confesó que el animalito fue el banquete que dieron en su fiesta de despedida allá en Arabia hacia más de 6 meses; casualmente, el mismo día en que cumplió 15 años. Me platicó que la tradición decía que el animal -que más bien era chivo, y no cabra- tenía que ser hospedado en su casa todo un día y él y su familia deberían tratarlo como rey, para así, justificar su sacrificio en la celebración y agradecer su carne. Todo esto me lo tradujo el Yuca, un yucateco que había sido roomate de Jawad un semestre antes.

Jawad me regaló unos dulces árabes, unas monedas y unos billetes de baja denominación de Pakistán y de Arabia. Hablaba urdu, pero era raro escucharlo hablar en ese idioma, aún y estando con su grupo de amigos de la misma nacionalidad. La mayoría de los estudiantes extranjeros en Maur Hill eran de Pakistán, pero ellos tomaban clases regulares de preparatoria, no cursos intensivos de inglés como yo. Los Pakis, como les decíamos, tenían en común dos cosas aparte de sus rasgos físicos: todos vivían en Arabia y todos hablaban en inglés entre ellos. En aquella época, el odio y la ignorancia no llegaban a tanto como para hacer bromas a sus espaldas sobre ataques terroristas o para evitar sentarse con ellos en la mesa. Ese año el mundo era un lugar mejor y los gringos no eran tan paranoicos como para ver a un terrorista en cada extranjero que entrara a su país.

Jawad y el Yuca me dieron un tour por el colegio. Me explicaron las reglas y los horarios a grandes rasgos. Me mostraron el comedor, la lavandería, el gimnasio, la pista de atletismo, los jardines, las mesas de ping pong, la iglesia. Era obligatorio para todos los estudiantes residentes de Maur Hill ir a misa los domingos, incluso los musulmanes y budistas tenían que ir. Ese era el trato –o chantaje-: Ellos iban a misa católica los domingos, y la escuela respetaba su religión y costumbres gastronómicas. De hecho, durante el Ramadan, a los estudiantes de fe islámica les cocinaban cosas especiales y los dejaban rezar durante la madrugada en el cuarto de tele, que era el cuarto más grande del edificio. Después de las 10 de la noche, nadie podía salir del dormitorio si no era para ir al baño; a los musulmanes sí se les permitía hacer eso durante su Ramadan. Eso era lo que me gustaba de esa escuela: la tolerancia y el respeto. Y eso es lo que más extraño: que en ese año, el mundo era un lugar mejor.

sábado, abril 08, 2006

jawad rana

El Father Camilus era el director del edificio donde estaba mi dormitorio. Me lo presentó Miss Paula llegando a Maur Hill. Era un sacerdote viejo y flaco, de ojos muy claros y barba de cuatro días. Él sí que no hablaba ni una pizca de español. Tenía una tiendita improvisada -pero bien surtida- en su oficina, y una vasta colección de películas en formato vhs, las cuales prestaba en la compra de palomitas para microondas.

El Father Camilus me encaminó hasta el que sería mi cuarto. Era el número 17, casi al final del pasillo. Tenía dos camas, un escritorio, cuatro cajones, dos sillas, un pizarrón de corcho, dos lámparas, un pequeño closet y un aire acondicionado que también servía de calentador; todo en un espacio de cuatro por cuatro metros. Eran veinte los dormitorios, pero veintiún puertas, porque a mediación del pasillo estaba el cuarto de tele: una sala grande con sillas y sillones, video casetera y televisor a color donde se podían ver las películas del Father Camilus; ah, y comer las palomitas que nos vendía como condición para prestarnos su valiosa colección.

El dormitorio olía a humedad disfrazada con polvo para aspirar alfombras. Amontoné las maletas sobre la cama y me senté en una orilla del colchón. Era pequeña pero cómoda. Recordé que tenía que comprar también un cobertor para el invierno, pues sólo nos daban sábanas y fundas para almohada. En el corcho, de lado derecho del escritorio, había varias fotos perforadas y sujetas con tachuelas. Me acerqué para verlas mejor. Eran imágenes de una familia hindú, o árabe, o iraquí, no sé, todos sus miembros eran morenos, de cejas pobladas y nariz prominente; tenían que ser de medio oriente. Entre todas las fotografías, hubo dos que llamaron más mi atención: una era de una cabra y la otra, era de un joven de lentes, más o menos de mi edad, que abrazaba a la misma cabra de la otra foto. Hey, hello, I´m Jawad. Volteé de un sobresalto y ahí estaba, parado bajo el marco de la puerta de la habitación, el mismo güey de lentes que salía abrazando a la cabra en la foto; el que sería mi compañero de cuarto (roomate) durante todo el año. Hi, my name is Jawad Rana, nice to meet you. ¿What´s your name? Yo nomás le entendí que dijo algo de una rana.

jueves, abril 06, 2006

kansas blues

Lee la primera carta arriba del avión y así vete en orden todos los días, me dijo. Yo obedecí. Ese fue el punto de quiebra de mi llanto. Volví a meter la carta en la cajita de plástico, en el mismo lugar de donde la había sacado.

Aterrizamos en Topeka. A pesar de la desvelada del día anterior, no dormí ni un minuto durante el vuelo. Dos maestros del Maur Hill Institue me esperaban puntualmente en el aeropuerto; los distinguí desde la banda giratoria de las maletas porque cargaban con una pancarta que decía mi nombre. Pensé que eso de las pancartas con el nombre de uno sólo le sucedía a gente importante o en las películas. La bienvenida fue cálida. Me ayudaron a cargar los velices llenos de ropa para todo un año. Mr. Ríos y Miss Paula hablaban en un español agringado pero con muy buena pronunciación. Mr. Ríos parecía un mojado indocumentado y no sé si el acento gringo lo hacía a propósito o en realidad no hablaba bien el español por ser norteamericano de padres -o abuelos- mexicanos El camino de la sala 7B hasta el estacionamiento fue largo. Mr. Ríos y Miss Paula rompían el silencio hablando sobre el clima, un huracán y no sé qué más; yo iba pensando en otras cosas -comprar un walkman, comprar sobres y timbres postales para las cartas, aprender a lavar ropa blanca y de color- y no les presté mucha atención.

Subimos las maletas en la van: Maur Hill Institue, decía sobre la puerta en letras casi doradas. En la ventana había un pegote de un cuervo con uniforme deportivo, la mascota de la escuela, pensé. El trayecto a la escuela fue largo y espectacular. Mirando a través del cristal, comprendí de qué me habían estado hablando los dos maestros en los pasillos del aeropuerto. Dos semanas antes, el huracán Calvin había azotado algunos poblados del estado de Kansas, destruyéndolos casi en su totalidad. Era algo impresionante. A la orilla de la carretera se podían ver refrigeradores, sillones, coches volteados, árboles partidos a la mitad, televisores, bañeras, postes de luz acostados, vacas despanzurradas, paredes enteras, puertas, ventanas y grandes charcos anegados. Todo estaba reducido a pedazos, como en pedazos había dejado el corazón de mi madre y de mi primera novia.

Volví a leer la primera carta en la camioneta, mientras Mr. Ríos seguía hablando del huracán. La primera carta terminaba con algo así: “…cada día vas a leer una carta, no importa la hora ni el lugar. Sólo te pido que la última de ellas, la que está al final de la cajita, la leas arriba del avión de regreso…”. Faltaba demasiado para ese día y me volvieron a dar ganas de llorar.

miércoles, abril 05, 2006

kansas

Tiene nombre de estornudo: Atchison. De hecho, cuando alguien me pregunta que en dónde aprendí inglés, bromeo con que tengo una alergia. Abro mi boca, cierro los ojos, frunzo la nariz y hago así: ¡Aaaatchsssn!, como si estornudara con fuerza. Obviamente el chiste es malísimo, aparte, nadie lo entiende; sólo mis familiares, uno que otro amigo y los que estuvieron en ese pueblo olvidado estudiando conmigo. Así se llama el pequeño poblado de Kansas al que me mandaron a estudiar inglés cuando terminé la preparatoria. Atchison.

Iba yo a cumplir los 17 años, aún era virgen, salí con promedio de 8.8 de un colegio marista, acababa de partirle el corazón a mi primera novia con la noticia del viaje y faltaban 4 meses para otra devaluación económica, una más de las tantas que ha tenido mi pobre país.

No olvido las palabras de despedida de la abuela a su nieto mayor: “Las gringas están locas, m´ijito, ten cuidado, esas viejas están bien locas”. Recuerdo también las palabras de mi padre a su hijo el mayor, el día de la fiesta de despedida: “Acuérdate que esta oportunidad no todos la tienen, que estamos haciendo un sacrificio muy grande para tenerte estudiando allá y ojala lo aproveches bla, bla, bla” Mi madre no decía nada, fingía estar contenta, pero luego supe -por palabras de mi padre- que lloró cuando crucé aquella puerta del aeropuerto y desaparecí con mi maleta de mano a lo largo del pasillo. Después supe -de boca de mi madre- que mi papá trató de consolarla apuntando con su dedo a un avión que volaba, diciendo: “Mira, ahí va tu hijo, en esa ventanilla. ¡Dile adiós!”, y como una niña pequeña que se cree todo lo que le dicen, ondeó su mano a contraluz del cielo que resplandecía en su llanto.

Yo lloré ya estando arriba del avión. Miré la ciudad a través de la ventanilla: parecía una maqueta, un trabajo escolar, un mapa turístico. Se me figuró ver a cientos de metros de distancia, en una de sus calles miniatura, un coche similar al de mis padres. Ondeé mi mano a contraluz del blanco intenso de las nubes, como un chiquillo que se cree todo lo que le dicen.

sábado, abril 01, 2006

20 cosas de mi vida que les valen madre

0.- Mi abuelo Gustavo murió un 25 de octubre de 1975 y yo nací exactamente un año después. Todo mundo dice que soy él. Pues si existe la reencarnación, yo ya chingué.

1.- Mi abuelo admiraba a los caricaturistas y yo terminé siendo uno. Mi abuelo tenía un negocio de estopas; a ver si no termino jalando en un negocio de esos.

2.- Mi papá es médico veterinario, tiene más de 10 años en la política y es candidato a diputado federal. Ya le dije que haga reformas pa´que los perros puedan votar.

3.- Mi mamá atiende la veterinaria desde hace mucho tiempo, pero ella no es veterinaria, nomás cobra el billete y pone orden y una que otra vacuna porque no tiene chiste ponerlas.

4.- Tuve dos hermanas mayores.

5.- Si estuvieran aquí, tal vez no tendría dos hermanas menores. O tal vez seríamos cinco y no hubiéramos tenido las mismas oportunidades. Que bueno que nomás fuimos tres.

6.- Soy el mayor de los primos y nietos por parte de la familia de mi mamá. Tiene sus ventajas y desventajas. Cuando todos tus primos son menores te das unas aburridas horribles en los eventos familiares.

7.- Le llevo 28 años a la menor de mis primas. Voy a ser de esos primos rucos de los que nadie se acuerda y con los que nadie se lleva por ruco, snif.

8.- Por parte de mi padre no soy el primo/nieto mayor, pero sí el único hijo varón con el primer apellido Caballero. ¿Quiobo?

9.- Mis primos son hijos de hermanas de mi padre. Mis primas, de sus hermanos; lo que me hace ser el único que puede tener descendencia con apellido Caballero, así es que los demás no valen si tienen hijos, jojojo.

10.- Tuve un galgo, un gran danés, un dálmata y muchos chihuahueños y french poodles. Mi casa nunca olió ni ha olido a perro.

11.- Una vez viajamos mi papá, un amigo de él y yo hasta New Jersey en coche. Fueron 3 días y medio de camino y escribí una bitácora de viaje. Ahí me entró el rollo ese de escribir pendejadas.

12.- Un tiempo iba todos los días a un extinto zoológico de aquí de Monterrey porque mi padre ahí trabajaba. Un pinche chango siempre me jalaba el pelo cuando entraba a su jaula.

13.- Un eland estuvo a punto de escaparse de su jaula levantando la malla con los cuernos. Recuerdo a los visitantes corriendo, a mi padre y otras personas jalando de una soga y yo escondido en la bodega donde tenían el alimento del antílope.

14.- Una vez fuimos a un rancho cinegético por dos bisontes para el zoológico. La mejor aventura que creo haber tenido. La sensación de ir persiguiendo a la manada dentro de la caja de una camioneta… uuuuts.

15.- Mi padre tenía la costumbre de entrar a los cuartos con guitarra en mano y cantar Las Mañanitas en los cumpleaños, cosa que me encabronaba bien cabrón de morrito y aventaba cosas y me ponía a llorar.

16.- También lloraba y hacía corajes cuando me tomaban fotos. Chale, viéndolo bien, estaba bien pinche loco

17.- Le tenía miedo a los payasos, lloraba en el kinder porque me quería ir a mi casa, no me gustaba ir a las fiestas de mis amiguitos y, cuando iba, me la pasaba enchichado con mi amá y lloraba y me abrazaba más fuerte de ella cuando me decían que le fuera a pegar a la piñata. Era un niño genio, ese era el pedo.

18.- Una vez pedí una sangría en un restaurant y, en vez de traerme el refresco, me la trajeron preparada con vino tinto. Recuerdo a mi papá diciéndome "siéntate bien, Gustavo... ¡que te sientes bien!... ¿pos qué tienes m´ijo???". Pos andaba bien pedo.

19.- Nunca me he fracturado nada.

20.- Mi mamá descubrió que una chavita que me cuidaba cuando era yo un pequeñuelo me daba unas chupadotas en el pizarrín. Por más que intento acordarme, no me acuerdo.

jueves, marzo 30, 2006

jueves de 3 x 1 pero aquí arriba sigue diciendo wendesday o esa madre...

Empecemos este jueves con una tira cómica balina y muy mamona pa´ponerlos de mal humor:


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Fui con el Filósofo de Cantina. Dirán ustedes: inche viejo huevón que se la pasa chupe y chupe; pero no, el ñor se da tiempo pa´todo. De hecho, escribió un poema pa´todas las viejas que creen que no merecen amor y que cada que sienten que tienen todo, se echan para atrás por miedo. "A veces hay que desendulzarles el tono a las cabronas, porque luego se empalagan", dijo el Filósofo y esto fue lo que mandó exclusivo para mi blog. Se llama: Eres todo lo que me caga

¿Ya te hartaste de tanto dulce, cabrona?, pos ora te voy a decir lo que realmente eres. Comezón en el paladar, eso es lo que eres. Esa desesperante picazón en el oído interno que quisiera borrar con la punta afilada de un lápiz. Eres el piquete del mosquito entre los dedos de los pies y esa parte de la espalda que no alcanzo a rascarme con la mano. Eres el chicle pisoteado que se aguada con el sol y se pega en la suela de mis tenis. Eres la bolsa de basura con las latas de cerveza de la peda de ayer que empuño con mi mano cuando veo al camión recolector doblando en la esquina. Eres la llamada que suena varias veces y se corta justo en el momento en que desprendo el auricular y digo “¿diga?”. Eres la pluma que se niega a escribir por más que la frotes y zarandees. La pelota de papel arrugado con algún poema que golpea el borde del cesto cuando la lanzo y cae al suelo. La bolsa de plástico que dejan los nacos en un área verde después de un picnic y el graffiti en una barda recién pintada. Eres un coche que no enciende, la sal de más en la sopa, un color al que se le rompe la punta a cada rato y la misma frustración que me invade cuando se termina un rollo de fotos en vacaciones o el rollo de papel higiénico cuando ando suelto del estómago. Es más: tú eres la causa de que se me afloje el estómago. Y sin embargo, te quiero un chingo, jija de la chingada.

Y ya para acabar esta miscelanea, les aviso que la Guffilla está recuperada completamente, que nadie la adoptó, snif, y que me la tuve que quedar y que es más desmadrosa y tragona que el demonio de tazmania. Está bien botana porque las patillas de atrás como que le fallan al momento de quererse subir a algún lado y se va de nalguillas al suelo, juar juar. Las escaleras también las baja y las sube bien curioso y se sienta bien raro, como si las patas fueran de goma. Pero como me dicen por ahí: antes di que está viva, pa´la chinga que le pusiste con el carro. He aquí una foto tratando de arrancarme una mano:

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martes, marzo 28, 2006

escuchad esta profecía

N´ombe, ora sí ya nos cargó la huesuda; en verdad que sí. Ayer que iba a sacar unas monedas de mi pantalón para pagar un elote desgranado, pensé: "Si la primer moneda que salga es una de dos pesos, el mundo se va a acabar", y booolas, que saco una moneda de dos pesos. N´ombre, me cagué todo y se la avienté al pinche elotero bien asustado acá como el Brad Pitt en Doce Monos y que me voy corriendo hecho la cochinilla pa´mi casa. Total, llego corriendo a mi casa, que es su casa y es un segundo piso, y digo: "No, ora sí ya: Si el número de escalones de aquí pa´rriba es par, el mundo se va a acabar bien gacho antes de el domingo". Y que cuento los escalones mientras los subía y ¡madres!!!, que eran 16. Ayyy mamachita, esto ya va en serio, pensé. Total, que abro la puerta de mi cuchitril y me dirijo a mi cuarto, y dije "no ya, ora sí va en serio, esta es la definitiva, las otras dos no valen". Total, que arranco una hoja de un cuaderno donde venía una puntuación de unos juegos de dominó y unas riatas dibujadas en señal de la metida que le dimos a la otra pareja, y la hago bolita y digo en voz baja: "Si no meto este papel en el bote de la basura, el mundo se va a acabar". Agarro pose de Maikol Jordan acá, paro las nalguitas, salto, lanzo la bola de papel hacia el cesto (séptimo, octavo...) ¡y cae afuera!!! Ya nos llevó la chingada. El mundo se va a acabar.

lunes, marzo 27, 2006

aquella caminata

El viento sopla como fumador empedernido y poco a poco va borrando el registro de nuestras huellas en la arena tibia; arena con sol de las 6 de la tarde. Las huellas de aquel atardecer que decidimos salir del hotel y pasear por toda la orilla del mar para ver qué tan lejos llegábamos antes de que nos cayera la noche y nos diera hambre. La marea sube y el oleaje se lleva instantáneamente nuestra caminata impresa en la arena oscura y mojada, bajo el sol de las 6 y media de la tarde. No es lo mismo grabar el molde de tus pies en arena seca que en mojada: en la arena seca permanecen más tiempo tus pisadas porque el viento es más condescendiente que el mar. Empieza a apagarse el día cuando el sol se mete a la cuna del mar, es entonces que decidimos volver. Además, empezamos a sentir mucha hambre. Vuelve a subir la marea y de nuestros pasos por la orilla de regreso al hotel sólo quedan pequeños pozos con agua que desaparecen con la siguiente ola. No queda rastro de nada. Al día siguiente, tirado en un camastro -con sol de medio día- después de un chapuzón, contemplo cómo el calor evapora sin piedad los charcos que dejaron al salir del agua mis pies talla 9 y los tuyos, talla 4, en el suelo rasposo que rodea la piscina: desaparecen como espejismos en un desierto. Volvemos al cuarto y la señal de nuestros dedos, arcos y talones hundidos en la alfombra del cuarto ha desaparecido al esponjarse otra vez el fino tejido de lana; sólo los residuos de talco dan la forma y curvatura de lo que pareciera ser un dedo gordo. Mucho tiempo ha pasado desde aquella caminata en la playa, y el tiempo hace lo mismo con mi memoria que el viento, el mar, el sol y la alfombra con las estampas de nuestra descalcez. El tiempo pasa y pasa y empieza a desvanecer tu recuerdo de mi cabeza. Es como si en mi pecho tuviera un océano que con cada ola se va llevando de mi corazón algo que alguna vez estuvo grabado en él.

viernes, marzo 24, 2006

luchitas de viejas

Hacía mucho tiempo que mi vejiga no estaba a punto de estallar, y no por que me rehusara a ir al baño a miar las Tecates de dieta, sino por la méndiga risa. Es que fui a la lucha libre femenil y ah, qué pinche botana agarré, juarjuar. Desde los nombres de las morras ya uno sabe que le dará el mal de orín: La Chacala, Tsunami, Lady Warrior, Linda Star, Intrusa y Princesa Zaranety; finísimas personas todas ellas, por cierto. Precio de la entrada para ver cómo se rajan la madre estas damas: 80 bolas. Cheve Corona: 15 pesos. Sillas de plástico, baños iguales a los de un taller mecánico y pura raza jariosa que no le alcanza para ir a un table dance y prefieren mejor llegar a su casa a hacerle el amor al “Compayito”, rememorando las imágenes de ese show de valkirias malhabladas y sudorosas. Algunas cosas que recuerdo causaron que la mitad de las cervezas me saliera disparada por la nariz y los ojos:

A la Princesa Zaranety le gritaban la Princesa Zorra Nety, y a la Intrusa, la Sin Trusa, porque traía un pinche calzón todo gacho y todo roto como la Gloria Trevi.

Se queja una luchadora “¡¡¡faul, faul!!!”, mientras se agarra la covachita en un gesto de dolor. En eso, grita un pelao del público: “¡Si ni huevos tienes, cabronaaa!!!”

Luego, salió una morra sin máscara, que era el vivo retrato de una Tortuga Ninja Mutante solterona, y empieza la raza “¡ponte una máscara, cabronaaa!!!” Y el mismo güey desmadroso de la vez pasada revira con un “no, mejor que se la quite”. Juarjuar, ese cholo se llevó la noche.

Después, salió una luchadorcilla toda chaparrilla y que la raza malora empieza a corear “mas-ca-ri-ta, mas-ca-ri-ta”, en alusión al luchador aquel que era enanito, y la morra bien encabronada grita “¡Cállense culeros!!!” Y el público presente seguía gritando más gacho “ta-chue-la, ta- chue-la, pinch-enana, pinch-enana” Y en eso, que sale la compañera del la pinche taponcillo al rescate, su partner, su pareja: una gordinflas bien machorra –pero igual de enana- que nomás le faltaba el bigote pa´confundirla con un chofer de la ruta 100. Y que grita el macuarro chistoso del público, fino cual abrigo de mink: “¡Esa gorda sí tiene huevooos!”. “¡Cállese culero, o le parto el hocico!”, le contesta la damita andrógina de peso completo apuntándolo con el dedo y mirándolo furiosa por encima de la tercera cuerda. Y empieza el coro contra la gorda: “Más- carnita, más- carnita”, juarjuar, en lugar de mascarita, más carnita, por choncha.

Otras frases en las que no pude contener el llanto y casi me ahogo con la Corona:

“¡Esa vieja trae Kotex!”, y responde el cholo chido “¡¡¡es el chile!!!
“¡De ahí no la agarres, le vas a ponchar una chicha!!!”
“¡Beee-so, beee-so, beee-so…”
“¡Ya la hirió, réferiiii!!! Ah, no, anda en sus días la cabrona”
“¡Mejor ponte a barrer, cabrona!!!
“Pareces piñata con ese traje, cabrona” (sí, cabrona por aquí y cabrona por allá era lo único que se escuchaba).
“¡Esa vieja es la hermana del réferi!!!
“Aaarrrrrrggggg”, le grita un compa al referi porque se parecía a Chubacca decían que era el hermano de la que parecía Tortuga Ninja Mutante.
“Raaa-fi-ta, Raaa-fi-ta…” le gritaba la banda a la Gorda Más Carnita en referencia al achichincle del Omar Chaparro.

El machismo, el vocabulario soez, la violencia contra la mujer y el sometimiento del sexo débil en todo su esplendor. Qué bonito estuvo.

miércoles, marzo 22, 2006

la ciber juana

Llamémosle Juanita de cariño (con el respeto que merecen todas las Juanas). En el msn siempre se pone Jenny pa´que no se entere la raza que en verdad se llama San Juana. Ni siquiera se pone "Johnny", por no levantar sospechas. Escribe “Jenny” y un corazoncito mamón a un lado. A veces pone caritas amarillas felices y otras llorando y otras que parece que se acaban de chupar un limón. También pone frases cursis en inglés para que menos sospeche la banda que se llama San Juana y que piensen que el Jenny es por "Jennifer" y que habla inglés porque estuvo en escuela privada. El caso es que la San Juana siempre está conectada, ¡siempre!, y eso no lo entiendo y me saca de quicio. Si va a la escuela pone: Jenny *corazoncito* (Ausente) “estoy en clases”. Si va a comer pone (Vuelvo enseguida), si no está en su casa pone “No estoy en mi casa, estoy en casa de mi abuelita”. ¿Qué pedo con Juana; por qué carajos sigue conectada si no está? A ver, por qué cuando va a cagar no pone “Fui a tirar el escombro” o cuando va a hacer pipi no pone “me fui a mojar el pelo”; mira qué chistosa, nomás lo que le conviene. Bueno, el pedo es que siempre está conectada y eso me encabrona porque me encabrona lo que no entiendo. Una vez La Juana salió de vacaciones y seguía conectada. Puso en el msn: “Dejen recado, ando de vacaciones, ¡¡¡qué rico!!!”. ¿Pero por qué coños no te desconectas si andas de vacaciones, pinche Juanita? No lo entiendo. En la madrugada, si por accidente te asomas al msn, ahí está la Jenny conectada aunque no haya nadien, y pone el monito de (Ausente) y entre comillas especifica: “Estoy dormida”. ¡Aaaarrgggghhhh!!! ¿Por qué Ch%&$#?¡ si te vas a dormir o te vas a ir de vacaciones o estás en el trabajo o simplemente no estás frente a la computadora, por qué demonios no te desconectas a la tingada??? Ya la neta: ¿cuántos Juanitos y Juanitas están leyendo este post?

martes, marzo 21, 2006

fabulitas de clasemedia

En aquellos tiempos ochenteros, cuando quería casarme con mi mamá y el disfraz de Súper Ratón ya estaba guardadito en el clóset esperando el próximo Halloween, yo era un niño muy enfermizo. Enfermizo no por el hecho de que me quisiera casar con mi madre, sino porque tenía muchos problemas en las vías respiratorias. Dormía con vaporizadores en el cuarto, se me cerraba la garganta, la nariz y emitía un extraño silbido al respirar por la boca, cosa que se me dificultaba aún más cada que llegaba el invierno. Mi padre me decía que no me podía casar con mi mamá porque él ya estaba casado con ella y que iba a traer un perro chihuahueño a la casa porque, según sus conocimientos veterinarios, esos perros son curativos y quitan el asma y las alergias. Es fecha que no padezco ninguna enfermedad respiratoria ni de ningún tipo. Es fecha que en mi casa tenemos puros perros chihuahueños. Por más que anduviera descalzo sobre el frío piso de mi cuarto, la cocina y los escalones, no agarraba ni un resfriado o catarro. Vino el invierno del 83 y fue el primero que pasé sin problemas de nariz tapada ni ese insoportable chiflido que salía de mi garganta al respirar por la boca. Anunciaban El Regreso del Jedi en los cines y el traje de Súper Ratón seguía colgado en el clóset. De vez en cuando lo sacaba para jugar e impresionar a mi madre; tal vez se diera cuenta de que yo tenía más músculos que mi padre y ,aparte, podía volar con mis superpoderes pedorros.

viernes, marzo 17, 2006

reflexiones pa´l fin de semana

No sé qué será más gacho como padre: Que te digan que a tus dos hijos los mataron sadicamente a cuchilladas o que tu hijo acaba de apuñalar sin razón a dos niños. Es irónico y sonará a una broma ofensiva pero, viendo las noticias sobre el chavito este que mató a dos niños en Monterrey cerca de mi casa, las declaraciones de su papá y del hermano diciendo que lo van a apoyar porque lo siguen amando y estarán con él hasta el final por más monstruosos que hayan sido sus actos, uno piensa: Chale, qué familia tan bonita y tan unida hasta en las peores situaciones. Tanto que dicen que la familia es un valor primordial que ahora ya hasta estoy confundido si ver esta situación como un ejemplo bien chido de unión familiar. Ta cabrón. ¿Qué será más gacho: que te vean como al padre de los niños muertos o como al padre del asesino?, ¿que te vean con lástima o que te vean con odio?, ¿cómo vivirás más tranquilo: sabiendo que a tus hijos los asesinaron pero ya están en el cielo o sabiendo que tu hijo sigue vivo y se la pasará el resto de sus días encerrado en un infierno? ¿Qué será más chido? Ta cabrón... chale, ahora ya hasta compadezco al pinche loco matón este.

miércoles, marzo 15, 2006

pendejadas al 2x1

Típico que uno termina en un buque tiburonero con bandera de Chipre, con los calzones todos miados y por encima del pantalón (como Chuperman) y con serpentinas y gorrito de fiesta todavía en la chompa después de una pachangota bien mamalona, ¿no? A mi me pasó una vez. Total, madrié a los batos que mataban tiburones, metí reversa al barco y llegué a un país europeo de esos que se creen muy europeos nomas porque están en Europa. Y ya, llegué con un camarada de esos que quieren ser presidentes de la república y que se van al extranjero a estudiar de mamones (pero pos mejor quedar bien con el futuro presichente del país) y pos me llevó de fiesta oootra vez. Y pues uno que está acostumbrado a la cheve miada que venden en México y a los vinos rebajados con tinte pa´cabello canoso, y pos sus amigos eran bien pipiris nais y pos puro vino acá en vaso, nada de andar tomando directamente del pico de la botella. Entonces pos como a las 2 copas de buen champán (que me supo a sidra Brindis de Oro, de 33 pesos)pos que me pongo bien rrobacho... digo, borracho. Y ya, al día siguiente no aguantaba la boca, el sabor y el olor, parecía que me había tomado pero el agua de todos los pinches escusados. Voy al fregadero a lavarme la boca y ¡puuuaaaaaj!!! Por eso ya no me volví a lavar el hociquito, quedé traumado.

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Y les dejo un Chiste Alowey en blanco y negro porque hoy es el día del blanco y negro. Saludos.


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lunes, marzo 13, 2006

la sirena que chupaba piñas coladas

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Añoras volver al mar pero es imposible. Tu cola de pez se secó, se partió en dos, te salieron piernas y olvidaste cómo nadar. Pasas horas llorando recargada sobre la barandilla de la popa, mirando con nostalgia la negrura ultramarina del océano. Lo más parecido al agua salada donde naciste son las lágrimas arrancadas de tu rostro por el viento, como traslúcidas escamas que vuelan y caen y se revuelven y se confunden con la sal del mar: tu hogar, tu amante, tu origen. Antes de conocerte, yo estaba ahí mismo, donde ahora lloras tú, me estaba tomando una piña colada bien cargada cuando te vi emerger y mirarme y seguirme nadando con tu cola de pez y haciéndome señas de que te sacara de ahí. Al principio pensé que ya andaba bien pedo o que era una mujer ahogándose, pero luego me dijiste que querías ser humana, probar de lo que estaba bebiendo, respirar el aire del cielo que se refleja en la superficie y conocer el amor humano; que no te importaba dejar las frías profundidades de esa masa líquida y llena de vida.
Y yo te lo advertí. Te dije que aquí en la tierra las cosas eran peores: que ese aire del cielo estaba sucio y que existe muy poco amor entre los humanos; es más, te dije que nosotros éramos los culpables de que tu casa estuviera sucia, llena de aceites, combustibles y basura de todo tipo. Que éramos un asco como raza. Pero no te importó. Entonces, te tiré un salvavidas que estaba colgado en la pared y subiste en él. En el momento en que tu cola dejó de tocar el agua, se partió en dos y no volviste a ser sirena jamás. Se te olvidaba eso cuando te ponías peda con piñas coladas, pero después, ya que se te pasaba la cruda, te arrepentias y llorabas. Pero querías ser humana y pagaste las consecuencias.
Me rogaste que te llevara al mar de vuelta y accedí, aún sabiendo que te perdería y que te ahogarías, como la vez que fuimos a Zihuatanejo y trataste de ser sirena otra vez y no te salió cola y casi te ahogas. Juntamos nuestros ahorros y tomamos un barco. Hicimos el amor por última vez en el camarote y te tomaste tu última piña colada decorada con un popote amarillo, una cereza atravesada con una espadita roja y una pequeña sombrilla oriental. Y ahí estás ahora, llorando recargada sobre la barandilla de la popa, respirando el rocío que sueltan las olas al golpear la embarcación. El mar está bravo, tal vez esté enojado porque lo abandonaste por mí. Hay un salvavidas similar al que te lancé años atrás y lo ves con rabia.
Te has terminado la piña colada y te duele la cabeza y te tocas con los dedos la sien y cierras los ojos de dolor. Siempre te dije que no las bebieras tan rápido. Tomas el pequeño paraguas oriental y lo miras y lo giras entre tus dedos, lo abres y lo cierras jugando. Sorpresivamente me besas con tu lengua, casi sin usar los labios; sabes a mar y vodka y sexo recién hecho. Subes a la barandilla sin precaución, alzas el brazo donde traes la pequeña sombrilla y saltas. La sombrilla vuela de tu mano y alcanzo a atraparla. ¡Splash!!!... y desapareces.
Y aquí estoy yo, apoyado sobre tus pisadas en la barandilla, jugueteando con el pequeño paraguas de adorno, con el viento arrancándome cristales de sal de los ojos que se diluyen al caer en ese azul ilimitado que me pasaré viendo durante todo el viaje de regreso.

sábado, marzo 11, 2006

el verdadero yo

Me siento bien mal por ustedes, mis amados lectores, porque desde que abrí este blog les he echado puras pinches mentiras. Yo no soy ese horrible frentón romántico de ojos color de escupitajo con moco que han visto en las fotos. El Filósofo de Cantina tampoco existe, realmente soy yo divagando en mi borrachera y tratando de justificar la conducta de las viejas gachas. De hecho, no trabajo en ningún periódico haciendo caricaturas ni escribiendo columnas exitosas; es más, ni dibujar ni escribir sé y voy a una tele secundaria rural para adultos. La realidad es que tengo una banda de música tropical y guapachosa donde soy el lead singer (debido a mi guapura) y cantamos en bodas de rancho, bautizos, congales de mala muerte y en una cantina que clausuraron ayer porque dos militares le cortaron el chile a un travesti que se los quería agasajar. Este es el verdadero Guffo, líder de la banda "Qué Chévere!!!":

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Sí, lo sé, soy más guapo de lo que pensaban.

Hubo un tiempo en que quise ser actor de cine porno debido a mi parecido con Ron Jeremy, y hasta fui a hacer casting y todo el pedo. Pero descubrieron que el bulto de mis pantalones era falso, que usaba varias prótesis pa´verme más acá y aumentar el tamaño de mi cacahuatito Sabritas. ¿Por qué las mujeres si pueden rellenarse el brasier con algodón, hule espuma y hasta bolas de queso asadero y uno no puede hacer lo mismo?. He aquí la foto del día del casting de la película "Patitas al Hombro Resbala Mejor el Moñoñongo", día en que descubrieron mi farsa. Tuve que romperle la botella de cerveza al director en la cabeza y salir huyendo, buju buju.

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Y eso de que leo mucho y que puro autor bien acá, bien interesante y bien filosófico y que escriben puras cosas existenciales, también es puro pedo. He aquí mi pan de cada día para el cerebro, pa´que se den cuenta por qué tengo tanta popó en la cabeza y escribo las estupideces que escribo:

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Qué chévere!!!

viernes, marzo 10, 2006

a estas alturas

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Lo mejor de viajar en avión es ir en el asiento de lado de la ventana. Y bueno, también las aeromozas. A través de la ventanilla el mundo es una frágil maqueta que se destroza con un coletazo de Godzilla o se barre de un estornudo de cualquier dios. Es como tener el punto de vista de un ave, un relámpago o una gota de lluvia. Aunque debo admitir que a esas alturas es algo decepcionante comprobar que las nubes no se pueden tocar y que los muertos no están en el cielo. Ya lo comprobé cuando he volado, porque el avión atraviesa nubezotas y no veo nada de eso que dicen que hay en el cielo. O tal vez en aquella nube dorada que se ve a la distancia las cosas sean como dicen que son y haya ángeles con aureolas, abuelitos y John Lennon. Sólo el océano no pierde sus dimensiones cuando se ve desde estas alturas; sigue imponente. En tierra uno voltea para arriba añorando la misteriosa infinitud del cielo; pero en el aire, uno voltea para abajo cuestionándose la profundidad del mar. Pero lo más interesante de ir viendo por la diminuta ventanilla, no son las sierras, ni las playas, ni las pistas de aterrizaje clandestinas en los poblados olvidados; me doy cuenta de que tú eres omnipresente… al menos en mi pensamiento.

miércoles, marzo 08, 2006

por la colita me iba a salir un árbol

Después de cada mandarina que me comía, yo siempre tiraba las semillitas al patio con la esperanza de que salieran muchos árboles, para que mi mamá ya no tuviera que ir a comprar más mandarinas a la frutería esa apestosa y llena de abejas a la que iba. Antes me tragaba las semillas, hasta que mi madre me dijo que si me las seguía tragando me iba a salir un árbol por la colita cuando fuera a hacer popó. En aquella época yo me comía como tres mandarinas diarias y a mi mamá le daba mucho gusto que comiera mandarinas en vez de fritos con chilito, pastelitos de chocolate o comida chatarra, como le decía mi padre a esa comida; pero también me regañaba porque me las acababa todas muy rápido y no le dejaba ninguna a mi papá para después de comer o de cenar, que era cuando le gustaba pelarlas y comerlas. El postre para mi padre siempre fueron las frutas, pero yo soñaba con bandejas de helado o refractarios de pirex con gelatina de limón. Pero mientras comiera mandarinas, mi papá no me decía nada y hasta orgulloso de mí se sentía. Igual y me hizo un bien al inculcarme que los postres son frutas y no mugreros azucarados. Eso sí, los árboles de mandarinas nunca se dieron en el pequeño patio de mi casa por más que escupía, enterraba y aventaba semillitas a la tierra, mientras la Chata, nuestra perra boxer, me miraba. No comprendía por qué en la casa de a lado, donde vivían los vecinos regañones, sí se daban los árboles de durazno. ¿Por qué aquí que somos bien buenas gentes no crecen mandarinas y allá que son bien regañones si crecen los duraznos? Y nomás por eso, me robaba los duraznos de a lado, jejeje, y me los comía sentado sobre la barda que dividía nuestras casas. Los limpiaba con la camiseta hasta quitarles la pelusita esa gris que tienen y que se llena de polvo y monch monch, a puras mordidas llegaba hasta el hueso. Una vez que devoraba la carne y la pulpa, roía bien el hueso con la lengua y los dientes, me lo sacaba de la boca con el índice y el pulgar, hacía un pequeño pozo en la tierra, depositaba el huesito, lo tapaba y le echaba agua; siempre ante la apacible mirada de la Chata. Si el árbol crecía, ya no me tendría que robar más los duraznos de los vecinos y mi mamá ya no tendría que ir a esa frutería apestosa y llena de abejas donde compraba la fruta. Pero tampoco se dieron los duraznos. Tal vez fue porque la Chata siempre miaba en ese rinconcito donde yo enterraba los huesos.

martes, marzo 07, 2006

popotitos

Llego al puesto de comidas corridas y me siento en la mesa donde está el periódico de hoy. Como siempre, le falta la sección deportiva, cosa que me vale madre pues es la que nunca leo. Pienso que si existe el cielo y el arrepentimiento y el perdón, pues vamos a matarnos todos entre todos, ¿no?, que al cabo no pasa nada, que al cabo todos quedaríamos libres de pecado porque los muertos iríamos al cielo bien bonito y los asesinos nos arrepentiríamos de todo corazón de asesinar y también nos iríamos al cielo. No mamen. Así no se puede. El puesto de comidas corridas no es un puesto -me expliqué mal-, es una fondita, algo así como una casa con mesas y cocina abierta al público; como un acuario donde todos ven cómo nadan los peces, pero aquí se ve cómo nadan las milanesas en el aceite. El servicio es tardado pero me traen la limonada que pedí al instante. Revuelvo y revuelvo porque me dijeron que la limonada era natural y no es cierto: es pura azúcar con colorante, de esa que venden ya preparada en sobrecitos de llamativos colores para engañar a los niños. Utilizo el popote como detector de metales bajo un mar lleno de tesoros piratas, y ahí estoy sentado en la mesa del restaurante, buscando en el fondo del vaso alguna semilla de limón. Pero nada, ni siquiera un gajito, pulpa o vellosidad que demuestren lo que dice el menú: “Limonada Natural - $20 pesos”. El azúcar asentado en el vaso es como la arena del fondo en donde reposan los restos de un naufragio. Bueno, a ver si los hielos derritiéndose des endulzan tantito la limonada, así como los lunes de 10 horas de trabajo le quitan sabor a la vida. No queda más que recordar qué era lo que nos mantenía entretenidos en situaciones tediosas como esperar un plato de comida en una fonda. Entonces lo recuerdo: Tapo el hoyo superior del popote con mi dedo índice, inclino mi cabeza hacia atrás, levanto el popote, suelto, y la gravedad hace su trabajo. Si fuera niño y mis padres estuvieran presentes, seguramente me regañarían por esa acción. Siempre que veo un popote sumergido en algún corrosivo refresco no puedo dejar de pensar en lo increíble que es que existan empresas que se dediquen a hacer popotes. Algo que parece tan sin sentido, como lo parecería una fábrica que hace ligas de hule, o una empresa de cerillos -existiendo los encendedores- o una de mondadientes. Esas empresas tiene todo un ejército detrás. Tienen su departamento de contabilidad, de mercadotecnia, de intendencia, de administración y todo nada más para que los huevones no se fatiguen cargando el vaso para llevárselo a la boca. Aunque también sirven para pasar bien el rato mientras se espera un plato de comida que, por cierto, ya tardó 20 minutos y sigue sin llegar. Vuelvo a tapar el orificio superior, levanto el popote, inclino la cabeza hacia atrás, abro la boca y la gravedad hace su trabajo. Puedo sentir que mastico pequeños trocitos de azúcar artificial porque truenan entre mis dientes, como los granos de arena cuando me tiro boca abajo en una playa solitaria durante las vacaciones de verano.

viernes, marzo 03, 2006

el crimen de ayer...

A veces pienso en lo ingenuo que soy al andar salvando perritos atropellados cuando hay gente que tira recién nacidos a la calle o viola niñas. Desde hace mucho perdí la fe en esta raza "humana" (bueno, la neta es que nunca le he tenido fe) y mejor me dedico a hacer mi trabajo como marciano aquí en la tierra lo mejor que puedo. Ayer un chavito de 21 años mató a cuchilladas a sus cuñadillos, una de 3 y otro de 7, o al revés; no recuerdo. Aparte, el señorito fileteó a su novia porque andaba de malas y la dejó muy muy grave en el hospital. Ya se imaginarán lo que dicen en los medios: que las películas, que la música, que la televisión, que el alcohol, que las drogas son los culpables. La verdad yo no sé. Existen alcoholicos y drogadictos que nunca cometerían tales aberraciones y personas disciplinadas con su vida que pueden perder los estribos y llegar a esos grados. Cada cabeza es una barbacoa. Eso de culpar a la música, la tele, y las películas siempe he pensado que son jaladitas.
Por ejemplo: El asesino de John Lennon confesó haberlo matado después de haber leído El Guardián entre el Centeno; mi libro favorito. Una excelente novela que habla sobre la inocencia perdida, la hipocrecía de la gente y la decadencia moral y espiritual que sufrimos tarde o temprano como humanos. ¿Que me guste ese libro me hace a mí un psicópata?, pfffttt, no mamen, por favor se los pido.
El problema es más grave y profundo y no me voy a poner a excavar en él. Lo único que sé es que las pinches cárceles están hasta el cuello de tipejos como estos y, obviamente, prefiero que mis impuestos trabajen para construir más escuelas y no para mantener ojetes de estos encarcelados para ver si se arrepienten de sus chingaderas. Yo no quiero que mis impuestos mantengan a ese tipo de cabrones y sí que le den la oportunidad a los niños de no covertirse en esa clase de cerdos (con el debido respeto que merecen los chanchos)a través de una buena educación.
¿Mi posición ante la pena de muerte?, ya la saben... Nos sale más barato que tenerlos encerrados 50 años dándoles de comer, comprándoles medicinas para el catarro, pomadas para desinflamar golpes, psicólogos que los traten de rehabilitar, pastillitas para el sida que les pegó el jotito de la celda de a lado... salen muy caros y son puro cabrón... no creo que valga la pena, pues nunca le he tenido fe a la raza humana.

jueves, marzo 02, 2006

lo que últimamente me ha molestado

Así como las inditas que venden semillas en los camellones de las avenidas traen a su chamaco cargando en la espalda con un rebozo, así Sabrina, la ex Big Brother, trae a dos chamacos cargando pero por enfrente. ¡Dios mío!, esa vieja es un insulto a la leche, a las vacas y a las madres. Esa mujer al rato va a andar caminando en cuatro patas con todo ese peso o la van a usar de boya en altamar. Es más, hasta al pinche cáncer de mama le ha de dar miedo atacar a esos monstruotes. Y hablando de ese fenómeno, ¿han visto su programa de sexo?, ay diochito santo. No es porque uno se asuste al hablar de pipis de hombres y mujeres, pero esta vieja sí que está bien tocadiscos la pobre, neta que sí. Ahí les van los temas de su programa para gente “openmind”: meterse cosas por el ano, miarle románticamente en la cara a tu pareja, sexo oral entre tres jotitos, consoladores de 15 pulgadas, sadomasoquismo, zoofilia, incesto, pedofilia, necrofilia…aaaahhh, pero eso sí: usen condón, chavos, es lo que les dice Sabrina siempre. Ah, y todavía la hace de psicóloga y doctora corazón con los loquitos que hablan a su programa confesándole que le quieren tronar el ejote a su hermanita de 6 años o que se quieren casar con su papá de ellos. ¡El horrooor! Una cosa es hablar abiertamente de las cosas y otra es caer en lo grotesco.

Años usando los cajeros automáticos y sigue habiendo gente que se apuñeta toda al momento de sacar dinero. Meten la tarjeta al revés, no la pasan correctamente, le pican a los botones a la brava. Ahí los ves a los usuarios, parados como pendejos viendo la pantallita, esperando a que salga el Chavo del 8 o las nalgas de Jennifer López o sepan mis bolas qué esperen. No creo que no entiendan las instrucciones, que están más claras que la piel de un albino y, tampoco creo que su cerebro de jaiba no tenga la suficiente memoria cómo para guardar el orden en que se le pica a los botoncitos.

También esos batitos y batitas que se quedan frente a la maquina de refrescos en los restaurantes de comida rápida donde hay “refil” (o sea, que te puedes servir el refresco que quieras) ¿Por qué se tardan tanto?, ni que hubiera tantas pinches opciones. Cola, naranja, manzana o refresco transparente, eso es todo lo que hay, ¿qué tanto le piensas? Ah, y luego todavía se quedan ahí frente a la máquina poniéndole la tapita a su vasito y metiéndole el popotito por el hoyito. ¿Qué hay que hacer pá que se muevan, arrimarles el popotote?

Ahí se ven.