sábado, abril 08, 2006

jawad rana

El Father Camilus era el director del edificio donde estaba mi dormitorio. Me lo presentó Miss Paula llegando a Maur Hill. Era un sacerdote viejo y flaco, de ojos muy claros y barba de cuatro días. Él sí que no hablaba ni una pizca de español. Tenía una tiendita improvisada -pero bien surtida- en su oficina, y una vasta colección de películas en formato vhs, las cuales prestaba en la compra de palomitas para microondas.

El Father Camilus me encaminó hasta el que sería mi cuarto. Era el número 17, casi al final del pasillo. Tenía dos camas, un escritorio, cuatro cajones, dos sillas, un pizarrón de corcho, dos lámparas, un pequeño closet y un aire acondicionado que también servía de calentador; todo en un espacio de cuatro por cuatro metros. Eran veinte los dormitorios, pero veintiún puertas, porque a mediación del pasillo estaba el cuarto de tele: una sala grande con sillas y sillones, video casetera y televisor a color donde se podían ver las películas del Father Camilus; ah, y comer las palomitas que nos vendía como condición para prestarnos su valiosa colección.

El dormitorio olía a humedad disfrazada con polvo para aspirar alfombras. Amontoné las maletas sobre la cama y me senté en una orilla del colchón. Era pequeña pero cómoda. Recordé que tenía que comprar también un cobertor para el invierno, pues sólo nos daban sábanas y fundas para almohada. En el corcho, de lado derecho del escritorio, había varias fotos perforadas y sujetas con tachuelas. Me acerqué para verlas mejor. Eran imágenes de una familia hindú, o árabe, o iraquí, no sé, todos sus miembros eran morenos, de cejas pobladas y nariz prominente; tenían que ser de medio oriente. Entre todas las fotografías, hubo dos que llamaron más mi atención: una era de una cabra y la otra, era de un joven de lentes, más o menos de mi edad, que abrazaba a la misma cabra de la otra foto. Hey, hello, I´m Jawad. Volteé de un sobresalto y ahí estaba, parado bajo el marco de la puerta de la habitación, el mismo güey de lentes que salía abrazando a la cabra en la foto; el que sería mi compañero de cuarto (roomate) durante todo el año. Hi, my name is Jawad Rana, nice to meet you. ¿What´s your name? Yo nomás le entendí que dijo algo de una rana.

jueves, abril 06, 2006

kansas blues

Lee la primera carta arriba del avión y así vete en orden todos los días, me dijo. Yo obedecí. Ese fue el punto de quiebra de mi llanto. Volví a meter la carta en la cajita de plástico, en el mismo lugar de donde la había sacado.

Aterrizamos en Topeka. A pesar de la desvelada del día anterior, no dormí ni un minuto durante el vuelo. Dos maestros del Maur Hill Institue me esperaban puntualmente en el aeropuerto; los distinguí desde la banda giratoria de las maletas porque cargaban con una pancarta que decía mi nombre. Pensé que eso de las pancartas con el nombre de uno sólo le sucedía a gente importante o en las películas. La bienvenida fue cálida. Me ayudaron a cargar los velices llenos de ropa para todo un año. Mr. Ríos y Miss Paula hablaban en un español agringado pero con muy buena pronunciación. Mr. Ríos parecía un mojado indocumentado y no sé si el acento gringo lo hacía a propósito o en realidad no hablaba bien el español por ser norteamericano de padres -o abuelos- mexicanos El camino de la sala 7B hasta el estacionamiento fue largo. Mr. Ríos y Miss Paula rompían el silencio hablando sobre el clima, un huracán y no sé qué más; yo iba pensando en otras cosas -comprar un walkman, comprar sobres y timbres postales para las cartas, aprender a lavar ropa blanca y de color- y no les presté mucha atención.

Subimos las maletas en la van: Maur Hill Institue, decía sobre la puerta en letras casi doradas. En la ventana había un pegote de un cuervo con uniforme deportivo, la mascota de la escuela, pensé. El trayecto a la escuela fue largo y espectacular. Mirando a través del cristal, comprendí de qué me habían estado hablando los dos maestros en los pasillos del aeropuerto. Dos semanas antes, el huracán Calvin había azotado algunos poblados del estado de Kansas, destruyéndolos casi en su totalidad. Era algo impresionante. A la orilla de la carretera se podían ver refrigeradores, sillones, coches volteados, árboles partidos a la mitad, televisores, bañeras, postes de luz acostados, vacas despanzurradas, paredes enteras, puertas, ventanas y grandes charcos anegados. Todo estaba reducido a pedazos, como en pedazos había dejado el corazón de mi madre y de mi primera novia.

Volví a leer la primera carta en la camioneta, mientras Mr. Ríos seguía hablando del huracán. La primera carta terminaba con algo así: “…cada día vas a leer una carta, no importa la hora ni el lugar. Sólo te pido que la última de ellas, la que está al final de la cajita, la leas arriba del avión de regreso…”. Faltaba demasiado para ese día y me volvieron a dar ganas de llorar.

miércoles, abril 05, 2006

kansas

Tiene nombre de estornudo: Atchison. De hecho, cuando alguien me pregunta que en dónde aprendí inglés, bromeo con que tengo una alergia. Abro mi boca, cierro los ojos, frunzo la nariz y hago así: ¡Aaaatchsssn!, como si estornudara con fuerza. Obviamente el chiste es malísimo, aparte, nadie lo entiende; sólo mis familiares, uno que otro amigo y los que estuvieron en ese pueblo olvidado estudiando conmigo. Así se llama el pequeño poblado de Kansas al que me mandaron a estudiar inglés cuando terminé la preparatoria. Atchison.

Iba yo a cumplir los 17 años, aún era virgen, salí con promedio de 8.8 de un colegio marista, acababa de partirle el corazón a mi primera novia con la noticia del viaje y faltaban 4 meses para otra devaluación económica, una más de las tantas que ha tenido mi pobre país.

No olvido las palabras de despedida de la abuela a su nieto mayor: “Las gringas están locas, m´ijito, ten cuidado, esas viejas están bien locas”. Recuerdo también las palabras de mi padre a su hijo el mayor, el día de la fiesta de despedida: “Acuérdate que esta oportunidad no todos la tienen, que estamos haciendo un sacrificio muy grande para tenerte estudiando allá y ojala lo aproveches bla, bla, bla” Mi madre no decía nada, fingía estar contenta, pero luego supe -por palabras de mi padre- que lloró cuando crucé aquella puerta del aeropuerto y desaparecí con mi maleta de mano a lo largo del pasillo. Después supe -de boca de mi madre- que mi papá trató de consolarla apuntando con su dedo a un avión que volaba, diciendo: “Mira, ahí va tu hijo, en esa ventanilla. ¡Dile adiós!”, y como una niña pequeña que se cree todo lo que le dicen, ondeó su mano a contraluz del cielo que resplandecía en su llanto.

Yo lloré ya estando arriba del avión. Miré la ciudad a través de la ventanilla: parecía una maqueta, un trabajo escolar, un mapa turístico. Se me figuró ver a cientos de metros de distancia, en una de sus calles miniatura, un coche similar al de mis padres. Ondeé mi mano a contraluz del blanco intenso de las nubes, como un chiquillo que se cree todo lo que le dicen.

sábado, abril 01, 2006

20 cosas de mi vida que les valen madre

0.- Mi abuelo Gustavo murió un 25 de octubre de 1975 y yo nací exactamente un año después. Todo mundo dice que soy él. Pues si existe la reencarnación, yo ya chingué.

1.- Mi abuelo admiraba a los caricaturistas y yo terminé siendo uno. Mi abuelo tenía un negocio de estopas; a ver si no termino jalando en un negocio de esos.

2.- Mi papá es médico veterinario, tiene más de 10 años en la política y es candidato a diputado federal. Ya le dije que haga reformas pa´que los perros puedan votar.

3.- Mi mamá atiende la veterinaria desde hace mucho tiempo, pero ella no es veterinaria, nomás cobra el billete y pone orden y una que otra vacuna porque no tiene chiste ponerlas.

4.- Tuve dos hermanas mayores.

5.- Si estuvieran aquí, tal vez no tendría dos hermanas menores. O tal vez seríamos cinco y no hubiéramos tenido las mismas oportunidades. Que bueno que nomás fuimos tres.

6.- Soy el mayor de los primos y nietos por parte de la familia de mi mamá. Tiene sus ventajas y desventajas. Cuando todos tus primos son menores te das unas aburridas horribles en los eventos familiares.

7.- Le llevo 28 años a la menor de mis primas. Voy a ser de esos primos rucos de los que nadie se acuerda y con los que nadie se lleva por ruco, snif.

8.- Por parte de mi padre no soy el primo/nieto mayor, pero sí el único hijo varón con el primer apellido Caballero. ¿Quiobo?

9.- Mis primos son hijos de hermanas de mi padre. Mis primas, de sus hermanos; lo que me hace ser el único que puede tener descendencia con apellido Caballero, así es que los demás no valen si tienen hijos, jojojo.

10.- Tuve un galgo, un gran danés, un dálmata y muchos chihuahueños y french poodles. Mi casa nunca olió ni ha olido a perro.

11.- Una vez viajamos mi papá, un amigo de él y yo hasta New Jersey en coche. Fueron 3 días y medio de camino y escribí una bitácora de viaje. Ahí me entró el rollo ese de escribir pendejadas.

12.- Un tiempo iba todos los días a un extinto zoológico de aquí de Monterrey porque mi padre ahí trabajaba. Un pinche chango siempre me jalaba el pelo cuando entraba a su jaula.

13.- Un eland estuvo a punto de escaparse de su jaula levantando la malla con los cuernos. Recuerdo a los visitantes corriendo, a mi padre y otras personas jalando de una soga y yo escondido en la bodega donde tenían el alimento del antílope.

14.- Una vez fuimos a un rancho cinegético por dos bisontes para el zoológico. La mejor aventura que creo haber tenido. La sensación de ir persiguiendo a la manada dentro de la caja de una camioneta… uuuuts.

15.- Mi padre tenía la costumbre de entrar a los cuartos con guitarra en mano y cantar Las Mañanitas en los cumpleaños, cosa que me encabronaba bien cabrón de morrito y aventaba cosas y me ponía a llorar.

16.- También lloraba y hacía corajes cuando me tomaban fotos. Chale, viéndolo bien, estaba bien pinche loco

17.- Le tenía miedo a los payasos, lloraba en el kinder porque me quería ir a mi casa, no me gustaba ir a las fiestas de mis amiguitos y, cuando iba, me la pasaba enchichado con mi amá y lloraba y me abrazaba más fuerte de ella cuando me decían que le fuera a pegar a la piñata. Era un niño genio, ese era el pedo.

18.- Una vez pedí una sangría en un restaurant y, en vez de traerme el refresco, me la trajeron preparada con vino tinto. Recuerdo a mi papá diciéndome "siéntate bien, Gustavo... ¡que te sientes bien!... ¿pos qué tienes m´ijo???". Pos andaba bien pedo.

19.- Nunca me he fracturado nada.

20.- Mi mamá descubrió que una chavita que me cuidaba cuando era yo un pequeñuelo me daba unas chupadotas en el pizarrín. Por más que intento acordarme, no me acuerdo.

jueves, marzo 30, 2006

jueves de 3 x 1 pero aquí arriba sigue diciendo wendesday o esa madre...

Empecemos este jueves con una tira cómica balina y muy mamona pa´ponerlos de mal humor:


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Fui con el Filósofo de Cantina. Dirán ustedes: inche viejo huevón que se la pasa chupe y chupe; pero no, el ñor se da tiempo pa´todo. De hecho, escribió un poema pa´todas las viejas que creen que no merecen amor y que cada que sienten que tienen todo, se echan para atrás por miedo. "A veces hay que desendulzarles el tono a las cabronas, porque luego se empalagan", dijo el Filósofo y esto fue lo que mandó exclusivo para mi blog. Se llama: Eres todo lo que me caga

¿Ya te hartaste de tanto dulce, cabrona?, pos ora te voy a decir lo que realmente eres. Comezón en el paladar, eso es lo que eres. Esa desesperante picazón en el oído interno que quisiera borrar con la punta afilada de un lápiz. Eres el piquete del mosquito entre los dedos de los pies y esa parte de la espalda que no alcanzo a rascarme con la mano. Eres el chicle pisoteado que se aguada con el sol y se pega en la suela de mis tenis. Eres la bolsa de basura con las latas de cerveza de la peda de ayer que empuño con mi mano cuando veo al camión recolector doblando en la esquina. Eres la llamada que suena varias veces y se corta justo en el momento en que desprendo el auricular y digo “¿diga?”. Eres la pluma que se niega a escribir por más que la frotes y zarandees. La pelota de papel arrugado con algún poema que golpea el borde del cesto cuando la lanzo y cae al suelo. La bolsa de plástico que dejan los nacos en un área verde después de un picnic y el graffiti en una barda recién pintada. Eres un coche que no enciende, la sal de más en la sopa, un color al que se le rompe la punta a cada rato y la misma frustración que me invade cuando se termina un rollo de fotos en vacaciones o el rollo de papel higiénico cuando ando suelto del estómago. Es más: tú eres la causa de que se me afloje el estómago. Y sin embargo, te quiero un chingo, jija de la chingada.

Y ya para acabar esta miscelanea, les aviso que la Guffilla está recuperada completamente, que nadie la adoptó, snif, y que me la tuve que quedar y que es más desmadrosa y tragona que el demonio de tazmania. Está bien botana porque las patillas de atrás como que le fallan al momento de quererse subir a algún lado y se va de nalguillas al suelo, juar juar. Las escaleras también las baja y las sube bien curioso y se sienta bien raro, como si las patas fueran de goma. Pero como me dicen por ahí: antes di que está viva, pa´la chinga que le pusiste con el carro. He aquí una foto tratando de arrancarme una mano:

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martes, marzo 28, 2006

escuchad esta profecía

N´ombe, ora sí ya nos cargó la huesuda; en verdad que sí. Ayer que iba a sacar unas monedas de mi pantalón para pagar un elote desgranado, pensé: "Si la primer moneda que salga es una de dos pesos, el mundo se va a acabar", y booolas, que saco una moneda de dos pesos. N´ombre, me cagué todo y se la avienté al pinche elotero bien asustado acá como el Brad Pitt en Doce Monos y que me voy corriendo hecho la cochinilla pa´mi casa. Total, llego corriendo a mi casa, que es su casa y es un segundo piso, y digo: "No, ora sí ya: Si el número de escalones de aquí pa´rriba es par, el mundo se va a acabar bien gacho antes de el domingo". Y que cuento los escalones mientras los subía y ¡madres!!!, que eran 16. Ayyy mamachita, esto ya va en serio, pensé. Total, que abro la puerta de mi cuchitril y me dirijo a mi cuarto, y dije "no ya, ora sí va en serio, esta es la definitiva, las otras dos no valen". Total, que arranco una hoja de un cuaderno donde venía una puntuación de unos juegos de dominó y unas riatas dibujadas en señal de la metida que le dimos a la otra pareja, y la hago bolita y digo en voz baja: "Si no meto este papel en el bote de la basura, el mundo se va a acabar". Agarro pose de Maikol Jordan acá, paro las nalguitas, salto, lanzo la bola de papel hacia el cesto (séptimo, octavo...) ¡y cae afuera!!! Ya nos llevó la chingada. El mundo se va a acabar.

lunes, marzo 27, 2006

aquella caminata

El viento sopla como fumador empedernido y poco a poco va borrando el registro de nuestras huellas en la arena tibia; arena con sol de las 6 de la tarde. Las huellas de aquel atardecer que decidimos salir del hotel y pasear por toda la orilla del mar para ver qué tan lejos llegábamos antes de que nos cayera la noche y nos diera hambre. La marea sube y el oleaje se lleva instantáneamente nuestra caminata impresa en la arena oscura y mojada, bajo el sol de las 6 y media de la tarde. No es lo mismo grabar el molde de tus pies en arena seca que en mojada: en la arena seca permanecen más tiempo tus pisadas porque el viento es más condescendiente que el mar. Empieza a apagarse el día cuando el sol se mete a la cuna del mar, es entonces que decidimos volver. Además, empezamos a sentir mucha hambre. Vuelve a subir la marea y de nuestros pasos por la orilla de regreso al hotel sólo quedan pequeños pozos con agua que desaparecen con la siguiente ola. No queda rastro de nada. Al día siguiente, tirado en un camastro -con sol de medio día- después de un chapuzón, contemplo cómo el calor evapora sin piedad los charcos que dejaron al salir del agua mis pies talla 9 y los tuyos, talla 4, en el suelo rasposo que rodea la piscina: desaparecen como espejismos en un desierto. Volvemos al cuarto y la señal de nuestros dedos, arcos y talones hundidos en la alfombra del cuarto ha desaparecido al esponjarse otra vez el fino tejido de lana; sólo los residuos de talco dan la forma y curvatura de lo que pareciera ser un dedo gordo. Mucho tiempo ha pasado desde aquella caminata en la playa, y el tiempo hace lo mismo con mi memoria que el viento, el mar, el sol y la alfombra con las estampas de nuestra descalcez. El tiempo pasa y pasa y empieza a desvanecer tu recuerdo de mi cabeza. Es como si en mi pecho tuviera un océano que con cada ola se va llevando de mi corazón algo que alguna vez estuvo grabado en él.

viernes, marzo 24, 2006

luchitas de viejas

Hacía mucho tiempo que mi vejiga no estaba a punto de estallar, y no por que me rehusara a ir al baño a miar las Tecates de dieta, sino por la méndiga risa. Es que fui a la lucha libre femenil y ah, qué pinche botana agarré, juarjuar. Desde los nombres de las morras ya uno sabe que le dará el mal de orín: La Chacala, Tsunami, Lady Warrior, Linda Star, Intrusa y Princesa Zaranety; finísimas personas todas ellas, por cierto. Precio de la entrada para ver cómo se rajan la madre estas damas: 80 bolas. Cheve Corona: 15 pesos. Sillas de plástico, baños iguales a los de un taller mecánico y pura raza jariosa que no le alcanza para ir a un table dance y prefieren mejor llegar a su casa a hacerle el amor al “Compayito”, rememorando las imágenes de ese show de valkirias malhabladas y sudorosas. Algunas cosas que recuerdo causaron que la mitad de las cervezas me saliera disparada por la nariz y los ojos:

A la Princesa Zaranety le gritaban la Princesa Zorra Nety, y a la Intrusa, la Sin Trusa, porque traía un pinche calzón todo gacho y todo roto como la Gloria Trevi.

Se queja una luchadora “¡¡¡faul, faul!!!”, mientras se agarra la covachita en un gesto de dolor. En eso, grita un pelao del público: “¡Si ni huevos tienes, cabronaaa!!!”

Luego, salió una morra sin máscara, que era el vivo retrato de una Tortuga Ninja Mutante solterona, y empieza la raza “¡ponte una máscara, cabronaaa!!!” Y el mismo güey desmadroso de la vez pasada revira con un “no, mejor que se la quite”. Juarjuar, ese cholo se llevó la noche.

Después, salió una luchadorcilla toda chaparrilla y que la raza malora empieza a corear “mas-ca-ri-ta, mas-ca-ri-ta”, en alusión al luchador aquel que era enanito, y la morra bien encabronada grita “¡Cállense culeros!!!” Y el público presente seguía gritando más gacho “ta-chue-la, ta- chue-la, pinch-enana, pinch-enana” Y en eso, que sale la compañera del la pinche taponcillo al rescate, su partner, su pareja: una gordinflas bien machorra –pero igual de enana- que nomás le faltaba el bigote pa´confundirla con un chofer de la ruta 100. Y que grita el macuarro chistoso del público, fino cual abrigo de mink: “¡Esa gorda sí tiene huevooos!”. “¡Cállese culero, o le parto el hocico!”, le contesta la damita andrógina de peso completo apuntándolo con el dedo y mirándolo furiosa por encima de la tercera cuerda. Y empieza el coro contra la gorda: “Más- carnita, más- carnita”, juarjuar, en lugar de mascarita, más carnita, por choncha.

Otras frases en las que no pude contener el llanto y casi me ahogo con la Corona:

“¡Esa vieja trae Kotex!”, y responde el cholo chido “¡¡¡es el chile!!!
“¡De ahí no la agarres, le vas a ponchar una chicha!!!”
“¡Beee-so, beee-so, beee-so…”
“¡Ya la hirió, réferiiii!!! Ah, no, anda en sus días la cabrona”
“¡Mejor ponte a barrer, cabrona!!!
“Pareces piñata con ese traje, cabrona” (sí, cabrona por aquí y cabrona por allá era lo único que se escuchaba).
“¡Esa vieja es la hermana del réferi!!!
“Aaarrrrrrggggg”, le grita un compa al referi porque se parecía a Chubacca decían que era el hermano de la que parecía Tortuga Ninja Mutante.
“Raaa-fi-ta, Raaa-fi-ta…” le gritaba la banda a la Gorda Más Carnita en referencia al achichincle del Omar Chaparro.

El machismo, el vocabulario soez, la violencia contra la mujer y el sometimiento del sexo débil en todo su esplendor. Qué bonito estuvo.

miércoles, marzo 22, 2006

la ciber juana

Llamémosle Juanita de cariño (con el respeto que merecen todas las Juanas). En el msn siempre se pone Jenny pa´que no se entere la raza que en verdad se llama San Juana. Ni siquiera se pone "Johnny", por no levantar sospechas. Escribe “Jenny” y un corazoncito mamón a un lado. A veces pone caritas amarillas felices y otras llorando y otras que parece que se acaban de chupar un limón. También pone frases cursis en inglés para que menos sospeche la banda que se llama San Juana y que piensen que el Jenny es por "Jennifer" y que habla inglés porque estuvo en escuela privada. El caso es que la San Juana siempre está conectada, ¡siempre!, y eso no lo entiendo y me saca de quicio. Si va a la escuela pone: Jenny *corazoncito* (Ausente) “estoy en clases”. Si va a comer pone (Vuelvo enseguida), si no está en su casa pone “No estoy en mi casa, estoy en casa de mi abuelita”. ¿Qué pedo con Juana; por qué carajos sigue conectada si no está? A ver, por qué cuando va a cagar no pone “Fui a tirar el escombro” o cuando va a hacer pipi no pone “me fui a mojar el pelo”; mira qué chistosa, nomás lo que le conviene. Bueno, el pedo es que siempre está conectada y eso me encabrona porque me encabrona lo que no entiendo. Una vez La Juana salió de vacaciones y seguía conectada. Puso en el msn: “Dejen recado, ando de vacaciones, ¡¡¡qué rico!!!”. ¿Pero por qué coños no te desconectas si andas de vacaciones, pinche Juanita? No lo entiendo. En la madrugada, si por accidente te asomas al msn, ahí está la Jenny conectada aunque no haya nadien, y pone el monito de (Ausente) y entre comillas especifica: “Estoy dormida”. ¡Aaaarrgggghhhh!!! ¿Por qué Ch%&$#?¡ si te vas a dormir o te vas a ir de vacaciones o estás en el trabajo o simplemente no estás frente a la computadora, por qué demonios no te desconectas a la tingada??? Ya la neta: ¿cuántos Juanitos y Juanitas están leyendo este post?

martes, marzo 21, 2006

fabulitas de clasemedia

En aquellos tiempos ochenteros, cuando quería casarme con mi mamá y el disfraz de Súper Ratón ya estaba guardadito en el clóset esperando el próximo Halloween, yo era un niño muy enfermizo. Enfermizo no por el hecho de que me quisiera casar con mi madre, sino porque tenía muchos problemas en las vías respiratorias. Dormía con vaporizadores en el cuarto, se me cerraba la garganta, la nariz y emitía un extraño silbido al respirar por la boca, cosa que se me dificultaba aún más cada que llegaba el invierno. Mi padre me decía que no me podía casar con mi mamá porque él ya estaba casado con ella y que iba a traer un perro chihuahueño a la casa porque, según sus conocimientos veterinarios, esos perros son curativos y quitan el asma y las alergias. Es fecha que no padezco ninguna enfermedad respiratoria ni de ningún tipo. Es fecha que en mi casa tenemos puros perros chihuahueños. Por más que anduviera descalzo sobre el frío piso de mi cuarto, la cocina y los escalones, no agarraba ni un resfriado o catarro. Vino el invierno del 83 y fue el primero que pasé sin problemas de nariz tapada ni ese insoportable chiflido que salía de mi garganta al respirar por la boca. Anunciaban El Regreso del Jedi en los cines y el traje de Súper Ratón seguía colgado en el clóset. De vez en cuando lo sacaba para jugar e impresionar a mi madre; tal vez se diera cuenta de que yo tenía más músculos que mi padre y ,aparte, podía volar con mis superpoderes pedorros.

viernes, marzo 17, 2006

reflexiones pa´l fin de semana

No sé qué será más gacho como padre: Que te digan que a tus dos hijos los mataron sadicamente a cuchilladas o que tu hijo acaba de apuñalar sin razón a dos niños. Es irónico y sonará a una broma ofensiva pero, viendo las noticias sobre el chavito este que mató a dos niños en Monterrey cerca de mi casa, las declaraciones de su papá y del hermano diciendo que lo van a apoyar porque lo siguen amando y estarán con él hasta el final por más monstruosos que hayan sido sus actos, uno piensa: Chale, qué familia tan bonita y tan unida hasta en las peores situaciones. Tanto que dicen que la familia es un valor primordial que ahora ya hasta estoy confundido si ver esta situación como un ejemplo bien chido de unión familiar. Ta cabrón. ¿Qué será más gacho: que te vean como al padre de los niños muertos o como al padre del asesino?, ¿que te vean con lástima o que te vean con odio?, ¿cómo vivirás más tranquilo: sabiendo que a tus hijos los asesinaron pero ya están en el cielo o sabiendo que tu hijo sigue vivo y se la pasará el resto de sus días encerrado en un infierno? ¿Qué será más chido? Ta cabrón... chale, ahora ya hasta compadezco al pinche loco matón este.

miércoles, marzo 15, 2006

pendejadas al 2x1

Típico que uno termina en un buque tiburonero con bandera de Chipre, con los calzones todos miados y por encima del pantalón (como Chuperman) y con serpentinas y gorrito de fiesta todavía en la chompa después de una pachangota bien mamalona, ¿no? A mi me pasó una vez. Total, madrié a los batos que mataban tiburones, metí reversa al barco y llegué a un país europeo de esos que se creen muy europeos nomas porque están en Europa. Y ya, llegué con un camarada de esos que quieren ser presidentes de la república y que se van al extranjero a estudiar de mamones (pero pos mejor quedar bien con el futuro presichente del país) y pos me llevó de fiesta oootra vez. Y pues uno que está acostumbrado a la cheve miada que venden en México y a los vinos rebajados con tinte pa´cabello canoso, y pos sus amigos eran bien pipiris nais y pos puro vino acá en vaso, nada de andar tomando directamente del pico de la botella. Entonces pos como a las 2 copas de buen champán (que me supo a sidra Brindis de Oro, de 33 pesos)pos que me pongo bien rrobacho... digo, borracho. Y ya, al día siguiente no aguantaba la boca, el sabor y el olor, parecía que me había tomado pero el agua de todos los pinches escusados. Voy al fregadero a lavarme la boca y ¡puuuaaaaaj!!! Por eso ya no me volví a lavar el hociquito, quedé traumado.

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Y les dejo un Chiste Alowey en blanco y negro porque hoy es el día del blanco y negro. Saludos.


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lunes, marzo 13, 2006

la sirena que chupaba piñas coladas

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Añoras volver al mar pero es imposible. Tu cola de pez se secó, se partió en dos, te salieron piernas y olvidaste cómo nadar. Pasas horas llorando recargada sobre la barandilla de la popa, mirando con nostalgia la negrura ultramarina del océano. Lo más parecido al agua salada donde naciste son las lágrimas arrancadas de tu rostro por el viento, como traslúcidas escamas que vuelan y caen y se revuelven y se confunden con la sal del mar: tu hogar, tu amante, tu origen. Antes de conocerte, yo estaba ahí mismo, donde ahora lloras tú, me estaba tomando una piña colada bien cargada cuando te vi emerger y mirarme y seguirme nadando con tu cola de pez y haciéndome señas de que te sacara de ahí. Al principio pensé que ya andaba bien pedo o que era una mujer ahogándose, pero luego me dijiste que querías ser humana, probar de lo que estaba bebiendo, respirar el aire del cielo que se refleja en la superficie y conocer el amor humano; que no te importaba dejar las frías profundidades de esa masa líquida y llena de vida.
Y yo te lo advertí. Te dije que aquí en la tierra las cosas eran peores: que ese aire del cielo estaba sucio y que existe muy poco amor entre los humanos; es más, te dije que nosotros éramos los culpables de que tu casa estuviera sucia, llena de aceites, combustibles y basura de todo tipo. Que éramos un asco como raza. Pero no te importó. Entonces, te tiré un salvavidas que estaba colgado en la pared y subiste en él. En el momento en que tu cola dejó de tocar el agua, se partió en dos y no volviste a ser sirena jamás. Se te olvidaba eso cuando te ponías peda con piñas coladas, pero después, ya que se te pasaba la cruda, te arrepentias y llorabas. Pero querías ser humana y pagaste las consecuencias.
Me rogaste que te llevara al mar de vuelta y accedí, aún sabiendo que te perdería y que te ahogarías, como la vez que fuimos a Zihuatanejo y trataste de ser sirena otra vez y no te salió cola y casi te ahogas. Juntamos nuestros ahorros y tomamos un barco. Hicimos el amor por última vez en el camarote y te tomaste tu última piña colada decorada con un popote amarillo, una cereza atravesada con una espadita roja y una pequeña sombrilla oriental. Y ahí estás ahora, llorando recargada sobre la barandilla de la popa, respirando el rocío que sueltan las olas al golpear la embarcación. El mar está bravo, tal vez esté enojado porque lo abandonaste por mí. Hay un salvavidas similar al que te lancé años atrás y lo ves con rabia.
Te has terminado la piña colada y te duele la cabeza y te tocas con los dedos la sien y cierras los ojos de dolor. Siempre te dije que no las bebieras tan rápido. Tomas el pequeño paraguas oriental y lo miras y lo giras entre tus dedos, lo abres y lo cierras jugando. Sorpresivamente me besas con tu lengua, casi sin usar los labios; sabes a mar y vodka y sexo recién hecho. Subes a la barandilla sin precaución, alzas el brazo donde traes la pequeña sombrilla y saltas. La sombrilla vuela de tu mano y alcanzo a atraparla. ¡Splash!!!... y desapareces.
Y aquí estoy yo, apoyado sobre tus pisadas en la barandilla, jugueteando con el pequeño paraguas de adorno, con el viento arrancándome cristales de sal de los ojos que se diluyen al caer en ese azul ilimitado que me pasaré viendo durante todo el viaje de regreso.

sábado, marzo 11, 2006

el verdadero yo

Me siento bien mal por ustedes, mis amados lectores, porque desde que abrí este blog les he echado puras pinches mentiras. Yo no soy ese horrible frentón romántico de ojos color de escupitajo con moco que han visto en las fotos. El Filósofo de Cantina tampoco existe, realmente soy yo divagando en mi borrachera y tratando de justificar la conducta de las viejas gachas. De hecho, no trabajo en ningún periódico haciendo caricaturas ni escribiendo columnas exitosas; es más, ni dibujar ni escribir sé y voy a una tele secundaria rural para adultos. La realidad es que tengo una banda de música tropical y guapachosa donde soy el lead singer (debido a mi guapura) y cantamos en bodas de rancho, bautizos, congales de mala muerte y en una cantina que clausuraron ayer porque dos militares le cortaron el chile a un travesti que se los quería agasajar. Este es el verdadero Guffo, líder de la banda "Qué Chévere!!!":

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Sí, lo sé, soy más guapo de lo que pensaban.

Hubo un tiempo en que quise ser actor de cine porno debido a mi parecido con Ron Jeremy, y hasta fui a hacer casting y todo el pedo. Pero descubrieron que el bulto de mis pantalones era falso, que usaba varias prótesis pa´verme más acá y aumentar el tamaño de mi cacahuatito Sabritas. ¿Por qué las mujeres si pueden rellenarse el brasier con algodón, hule espuma y hasta bolas de queso asadero y uno no puede hacer lo mismo?. He aquí la foto del día del casting de la película "Patitas al Hombro Resbala Mejor el Moñoñongo", día en que descubrieron mi farsa. Tuve que romperle la botella de cerveza al director en la cabeza y salir huyendo, buju buju.

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Y eso de que leo mucho y que puro autor bien acá, bien interesante y bien filosófico y que escriben puras cosas existenciales, también es puro pedo. He aquí mi pan de cada día para el cerebro, pa´que se den cuenta por qué tengo tanta popó en la cabeza y escribo las estupideces que escribo:

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Qué chévere!!!

viernes, marzo 10, 2006

a estas alturas

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Lo mejor de viajar en avión es ir en el asiento de lado de la ventana. Y bueno, también las aeromozas. A través de la ventanilla el mundo es una frágil maqueta que se destroza con un coletazo de Godzilla o se barre de un estornudo de cualquier dios. Es como tener el punto de vista de un ave, un relámpago o una gota de lluvia. Aunque debo admitir que a esas alturas es algo decepcionante comprobar que las nubes no se pueden tocar y que los muertos no están en el cielo. Ya lo comprobé cuando he volado, porque el avión atraviesa nubezotas y no veo nada de eso que dicen que hay en el cielo. O tal vez en aquella nube dorada que se ve a la distancia las cosas sean como dicen que son y haya ángeles con aureolas, abuelitos y John Lennon. Sólo el océano no pierde sus dimensiones cuando se ve desde estas alturas; sigue imponente. En tierra uno voltea para arriba añorando la misteriosa infinitud del cielo; pero en el aire, uno voltea para abajo cuestionándose la profundidad del mar. Pero lo más interesante de ir viendo por la diminuta ventanilla, no son las sierras, ni las playas, ni las pistas de aterrizaje clandestinas en los poblados olvidados; me doy cuenta de que tú eres omnipresente… al menos en mi pensamiento.

miércoles, marzo 08, 2006

por la colita me iba a salir un árbol

Después de cada mandarina que me comía, yo siempre tiraba las semillitas al patio con la esperanza de que salieran muchos árboles, para que mi mamá ya no tuviera que ir a comprar más mandarinas a la frutería esa apestosa y llena de abejas a la que iba. Antes me tragaba las semillas, hasta que mi madre me dijo que si me las seguía tragando me iba a salir un árbol por la colita cuando fuera a hacer popó. En aquella época yo me comía como tres mandarinas diarias y a mi mamá le daba mucho gusto que comiera mandarinas en vez de fritos con chilito, pastelitos de chocolate o comida chatarra, como le decía mi padre a esa comida; pero también me regañaba porque me las acababa todas muy rápido y no le dejaba ninguna a mi papá para después de comer o de cenar, que era cuando le gustaba pelarlas y comerlas. El postre para mi padre siempre fueron las frutas, pero yo soñaba con bandejas de helado o refractarios de pirex con gelatina de limón. Pero mientras comiera mandarinas, mi papá no me decía nada y hasta orgulloso de mí se sentía. Igual y me hizo un bien al inculcarme que los postres son frutas y no mugreros azucarados. Eso sí, los árboles de mandarinas nunca se dieron en el pequeño patio de mi casa por más que escupía, enterraba y aventaba semillitas a la tierra, mientras la Chata, nuestra perra boxer, me miraba. No comprendía por qué en la casa de a lado, donde vivían los vecinos regañones, sí se daban los árboles de durazno. ¿Por qué aquí que somos bien buenas gentes no crecen mandarinas y allá que son bien regañones si crecen los duraznos? Y nomás por eso, me robaba los duraznos de a lado, jejeje, y me los comía sentado sobre la barda que dividía nuestras casas. Los limpiaba con la camiseta hasta quitarles la pelusita esa gris que tienen y que se llena de polvo y monch monch, a puras mordidas llegaba hasta el hueso. Una vez que devoraba la carne y la pulpa, roía bien el hueso con la lengua y los dientes, me lo sacaba de la boca con el índice y el pulgar, hacía un pequeño pozo en la tierra, depositaba el huesito, lo tapaba y le echaba agua; siempre ante la apacible mirada de la Chata. Si el árbol crecía, ya no me tendría que robar más los duraznos de los vecinos y mi mamá ya no tendría que ir a esa frutería apestosa y llena de abejas donde compraba la fruta. Pero tampoco se dieron los duraznos. Tal vez fue porque la Chata siempre miaba en ese rinconcito donde yo enterraba los huesos.

martes, marzo 07, 2006

popotitos

Llego al puesto de comidas corridas y me siento en la mesa donde está el periódico de hoy. Como siempre, le falta la sección deportiva, cosa que me vale madre pues es la que nunca leo. Pienso que si existe el cielo y el arrepentimiento y el perdón, pues vamos a matarnos todos entre todos, ¿no?, que al cabo no pasa nada, que al cabo todos quedaríamos libres de pecado porque los muertos iríamos al cielo bien bonito y los asesinos nos arrepentiríamos de todo corazón de asesinar y también nos iríamos al cielo. No mamen. Así no se puede. El puesto de comidas corridas no es un puesto -me expliqué mal-, es una fondita, algo así como una casa con mesas y cocina abierta al público; como un acuario donde todos ven cómo nadan los peces, pero aquí se ve cómo nadan las milanesas en el aceite. El servicio es tardado pero me traen la limonada que pedí al instante. Revuelvo y revuelvo porque me dijeron que la limonada era natural y no es cierto: es pura azúcar con colorante, de esa que venden ya preparada en sobrecitos de llamativos colores para engañar a los niños. Utilizo el popote como detector de metales bajo un mar lleno de tesoros piratas, y ahí estoy sentado en la mesa del restaurante, buscando en el fondo del vaso alguna semilla de limón. Pero nada, ni siquiera un gajito, pulpa o vellosidad que demuestren lo que dice el menú: “Limonada Natural - $20 pesos”. El azúcar asentado en el vaso es como la arena del fondo en donde reposan los restos de un naufragio. Bueno, a ver si los hielos derritiéndose des endulzan tantito la limonada, así como los lunes de 10 horas de trabajo le quitan sabor a la vida. No queda más que recordar qué era lo que nos mantenía entretenidos en situaciones tediosas como esperar un plato de comida en una fonda. Entonces lo recuerdo: Tapo el hoyo superior del popote con mi dedo índice, inclino mi cabeza hacia atrás, levanto el popote, suelto, y la gravedad hace su trabajo. Si fuera niño y mis padres estuvieran presentes, seguramente me regañarían por esa acción. Siempre que veo un popote sumergido en algún corrosivo refresco no puedo dejar de pensar en lo increíble que es que existan empresas que se dediquen a hacer popotes. Algo que parece tan sin sentido, como lo parecería una fábrica que hace ligas de hule, o una empresa de cerillos -existiendo los encendedores- o una de mondadientes. Esas empresas tiene todo un ejército detrás. Tienen su departamento de contabilidad, de mercadotecnia, de intendencia, de administración y todo nada más para que los huevones no se fatiguen cargando el vaso para llevárselo a la boca. Aunque también sirven para pasar bien el rato mientras se espera un plato de comida que, por cierto, ya tardó 20 minutos y sigue sin llegar. Vuelvo a tapar el orificio superior, levanto el popote, inclino la cabeza hacia atrás, abro la boca y la gravedad hace su trabajo. Puedo sentir que mastico pequeños trocitos de azúcar artificial porque truenan entre mis dientes, como los granos de arena cuando me tiro boca abajo en una playa solitaria durante las vacaciones de verano.

viernes, marzo 03, 2006

el crimen de ayer...

A veces pienso en lo ingenuo que soy al andar salvando perritos atropellados cuando hay gente que tira recién nacidos a la calle o viola niñas. Desde hace mucho perdí la fe en esta raza "humana" (bueno, la neta es que nunca le he tenido fe) y mejor me dedico a hacer mi trabajo como marciano aquí en la tierra lo mejor que puedo. Ayer un chavito de 21 años mató a cuchilladas a sus cuñadillos, una de 3 y otro de 7, o al revés; no recuerdo. Aparte, el señorito fileteó a su novia porque andaba de malas y la dejó muy muy grave en el hospital. Ya se imaginarán lo que dicen en los medios: que las películas, que la música, que la televisión, que el alcohol, que las drogas son los culpables. La verdad yo no sé. Existen alcoholicos y drogadictos que nunca cometerían tales aberraciones y personas disciplinadas con su vida que pueden perder los estribos y llegar a esos grados. Cada cabeza es una barbacoa. Eso de culpar a la música, la tele, y las películas siempe he pensado que son jaladitas.
Por ejemplo: El asesino de John Lennon confesó haberlo matado después de haber leído El Guardián entre el Centeno; mi libro favorito. Una excelente novela que habla sobre la inocencia perdida, la hipocrecía de la gente y la decadencia moral y espiritual que sufrimos tarde o temprano como humanos. ¿Que me guste ese libro me hace a mí un psicópata?, pfffttt, no mamen, por favor se los pido.
El problema es más grave y profundo y no me voy a poner a excavar en él. Lo único que sé es que las pinches cárceles están hasta el cuello de tipejos como estos y, obviamente, prefiero que mis impuestos trabajen para construir más escuelas y no para mantener ojetes de estos encarcelados para ver si se arrepienten de sus chingaderas. Yo no quiero que mis impuestos mantengan a ese tipo de cabrones y sí que le den la oportunidad a los niños de no covertirse en esa clase de cerdos (con el debido respeto que merecen los chanchos)a través de una buena educación.
¿Mi posición ante la pena de muerte?, ya la saben... Nos sale más barato que tenerlos encerrados 50 años dándoles de comer, comprándoles medicinas para el catarro, pomadas para desinflamar golpes, psicólogos que los traten de rehabilitar, pastillitas para el sida que les pegó el jotito de la celda de a lado... salen muy caros y son puro cabrón... no creo que valga la pena, pues nunca le he tenido fe a la raza humana.

jueves, marzo 02, 2006

lo que últimamente me ha molestado

Así como las inditas que venden semillas en los camellones de las avenidas traen a su chamaco cargando en la espalda con un rebozo, así Sabrina, la ex Big Brother, trae a dos chamacos cargando pero por enfrente. ¡Dios mío!, esa vieja es un insulto a la leche, a las vacas y a las madres. Esa mujer al rato va a andar caminando en cuatro patas con todo ese peso o la van a usar de boya en altamar. Es más, hasta al pinche cáncer de mama le ha de dar miedo atacar a esos monstruotes. Y hablando de ese fenómeno, ¿han visto su programa de sexo?, ay diochito santo. No es porque uno se asuste al hablar de pipis de hombres y mujeres, pero esta vieja sí que está bien tocadiscos la pobre, neta que sí. Ahí les van los temas de su programa para gente “openmind”: meterse cosas por el ano, miarle románticamente en la cara a tu pareja, sexo oral entre tres jotitos, consoladores de 15 pulgadas, sadomasoquismo, zoofilia, incesto, pedofilia, necrofilia…aaaahhh, pero eso sí: usen condón, chavos, es lo que les dice Sabrina siempre. Ah, y todavía la hace de psicóloga y doctora corazón con los loquitos que hablan a su programa confesándole que le quieren tronar el ejote a su hermanita de 6 años o que se quieren casar con su papá de ellos. ¡El horrooor! Una cosa es hablar abiertamente de las cosas y otra es caer en lo grotesco.

Años usando los cajeros automáticos y sigue habiendo gente que se apuñeta toda al momento de sacar dinero. Meten la tarjeta al revés, no la pasan correctamente, le pican a los botones a la brava. Ahí los ves a los usuarios, parados como pendejos viendo la pantallita, esperando a que salga el Chavo del 8 o las nalgas de Jennifer López o sepan mis bolas qué esperen. No creo que no entiendan las instrucciones, que están más claras que la piel de un albino y, tampoco creo que su cerebro de jaiba no tenga la suficiente memoria cómo para guardar el orden en que se le pica a los botoncitos.

También esos batitos y batitas que se quedan frente a la maquina de refrescos en los restaurantes de comida rápida donde hay “refil” (o sea, que te puedes servir el refresco que quieras) ¿Por qué se tardan tanto?, ni que hubiera tantas pinches opciones. Cola, naranja, manzana o refresco transparente, eso es todo lo que hay, ¿qué tanto le piensas? Ah, y luego todavía se quedan ahí frente a la máquina poniéndole la tapita a su vasito y metiéndole el popotito por el hoyito. ¿Qué hay que hacer pá que se muevan, arrimarles el popotote?

Ahí se ven.

martes, febrero 28, 2006

la perrilla

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Ya está bien la perrita que casi me chingo con mi carro. Es feliz como una lombriz de esas que le sacaron de la panza con las desparasitadas que le hicieron. Ahorita ya es una perrita de pedigrí: bañadita, peinadita, enterita; aunque feita (dirán algunos), pero bien buena onda, juguetona, tierna y coqueta. Ya hasta me lame la cara y se emociona cuando me ve en señal de perdón por haberle trozado su cuerpecito a la mitad con la Euzkadi del Peyot. Corre, juega, muerde, persigue, ladra, se alborota. Ya está del otro lado y tiene sus vacunas completitas. El primer plan era llevarla al rancho de un amigo, pero una pipa se volcó en la carretera nacional y derramó 37 mil litros de sosa cáustica en el Río Ramos –muriendo el chofer prensado- y quién sabe cuándo pase el efecto dañino en el agua. Los perros del rancho de mi compadre, confiadotes en que el agua del río estaba limpia como siempre, pues la bebieron y se murieron dos de ellos. Lo siento mucho por la familia del chofer que murió prensado; así como también lo siento por las toneladas de pescado, langostinos, tortugas, serpientes, agua cristalina, buenos momentos y turistas que se perderán por un buen tiempo de ese paraje. Lo hemos cuidado nosotros durante 16 años, que es lo que llevamos yendo ahí, y en un instante, un camioncito de detergente manda todo a la meritita chingada. ¡Que coraje!, y le mando una rayada de madre a los dueños del camión, por putos. A lo que voy es que: a la perrita no la quiere la señora que me renta, que fue la que le dio de comer la primera vez y por eso se quedó aquí; es un riesgo tenerla aquí porque está medio inocente y es muy probable que la vayan a atropellar porque duerme debajo de los carros, mi papá tiene ya muchos perros y gatos que le han dejado en abandono ahí en su consultorio que ya no puede mantenerlos y los regala; entonces, pues si sale por ahí un alma valiente y caritativa que tenga un patio grande o –de perdido- buen corazón (taqueros absténganse de venir a pedirla), pues que la adopten. La Guffa , como la apodaron (y a mí me apodaron el pendejo que la atropelló) tiene menos de 4 meses, tiene todas sus vacunas, no va a crecer más (pues ya le chingué sus patitas… jajaja, no es cierto, no crece mas porque la raza criolla no se lo permite) y pues es bien cariñosa, chistosa y bien buena la cachorrita. Si no, pues la daré en adopción y, ya en últimas, pues me la quedo y que viva en donde vivían los patitos de Panchito López.
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sábado, febrero 25, 2006

mediodía en el zacatecas...

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Por fin las nubes trapearon el cielo y alguna que otra calle. Ahora el sol está haciendo su jale de secar todo y que el fondo se vea azul y no pardo, como entre semana, con todo ese humo gacho que no deja ver el fondo. Me gusta cuando sus rayos rebotan de frente en lo oscuro de mis lentes, retándome y cegándome por instantes. El Zacatecas. Desde 1949. Y unas cabezas de venado mal dibujadas “adornan” la leyenda. Estos negocios no necesitan renovar su imagen ni invertir en publicidad ni hacer su página web; eso los haría quebrar, estoy seguro. Así como están, con un pie en su pasado y otro aquí, están bien. El que es bueno, es bueno sin tanto circo. En una mano carga el plato con pico de gallo para los higaditos de cerdo y en la otra, la otra ronda de cervezas. Pasa el trapo, como siempre, sobre los anillos de agua que producen los envases al sudar. Las tostadas de frijoles con queso ya empiezan a transformarse en abono para las plantitas en la panza. El plato quedó limpio y el Chino, el mesero de pelo chino, lo levanta. El Filósofo de Cantina se pone necio e insiste en que el amor a primera vista sí existe. Rodeándolo en la mesa de siempre -la de la esquina, debajo de la cabeza del venado de 10 puntas y el faisán- le decimos los típicos argumentos negativos que desmienten esa utopía: Que eso no es amor, que es atracción física; que eso no es amor, que es idealismo; que no es amor, que es bla bla bla. Pero él insiste en que sí existe el amor a primera vista. Lo único que puede suceder -nos dice muy serio rasgando la etiqueta de su cerveza Bohemia y poniendo los trocitos dentro del cenicero- al conocer a esa persona de la que te enamoraste a primera vista, es que te desenamores porque la idealizaste o que te enamores aún más de ella. Es como la mujer que se enamora del cantante porque le gusta físicamente, le gusta cómo canta y lo que escribe: está enamorada; lo quiere conocer, tocar, ver de cerca. Tal vez al conocerlo ya a fondo se desencante… o tal vez se fascine más de él. Entonces ¿quién dice que no es amor? No es amor hasta que no se compruebe lo contrario; pero si nunca lo compruebas… El Filósofo abanica con delicadeza su mano derecha para espantar una mosca del plato de los higaditos.

jueves, febrero 23, 2006

miércoles con el filósofo...

Ayer fui con el Filósofo de Cantina. Fui solo. Quería tomarme unas cervezas pa´dormir a gusto. Si me tomo menos de 6 cervezas me da sueño. Si me tomo más, me pongo sabroso. Por eso nunca tengo cheve en mi casa; prefiero dibujar o escribir pa´matar el tiempo. Pero ayer tenía ganas de unas cervezas suficientes pa´que me mandaran de una patada en el fundillo a dormir bien rico. A pesar de admirar a Bukowski, no sigo sus pasos. Como buen culturoso que soy, nunca podría levantarme y tomarme una cheve de desayuno como lo hacía el Buko, que en paz descanse, snif Pero su ternura la he heredado. Y esto fue lo único que me dijo el Filósofo de Cantina; que como que no andaba de muy buen humor:
- Mira cabrón, déjate de mamadas, te voy a decir las 3 verdades absolutas de esta sociedad ya pa´que te vayas a dormir y no gastes en cervezas de 20 pesos:

1.- A los güeyes más machistas y homofóbicos, les gustan las rolas de Juan Gabriel. Podrán no soportar tener un hijo joto o a un amigo puto, pero a Juan Gabriel, lo van a respetar. Así es este pedo de hipócrita.

2.- ¿Has visto a las águilas cuando hacen sus nidos? ¿Cuándo has visto al “águilo” (el macho del águila) haciéndose cargo de sus crías? El águila hembra es la que los enseña a volar y a comer y a sobrevivir. Las mujeres son lo más fuerte que existe y lo más valiente. Es más: si les dieran pico, pala y carretillas a las esposas de los mineros atrapados allá en Coahuila, ya los hubieran sacado. Que eso te quede bien claro. La mujer es la fuerte; nosotros somos los jotos, los Juan Gabrieles.

3.- Si te enamoraste de Winona Ryder por el puro hecho de ver sus películas y ver sus fotos, también te puedes enamorar de una mujer viendo sus fotos. Haz que lo sepa, haz que lo crea y haz que lo sienta. El amor a primera vista si existe; y más, cuando uno sabe y siente lo que quiere.

Ya váyase a dormir, cabrón –me dijo e Filósofo de Cantina.
Y me fui a dormir.

miércoles, febrero 22, 2006

se me va el sueño cuando no te sueño

Otra vez se me volvió a ir el sueño. Ya no hay música pero el estéreo sigue prendido. No sé cuántas horas lleve así. Sólo alcanzo a ver los foquitos rojos y verdes en la penumbra. Me quedé dormido en alguna canción. Busco entre las sábanas el control remoto y escucho el golpe del plástico cuando cae al suelo. Me inclino a recogerlo palpando como ciego el piso helado del cuarto, hasta que lo encuentro. Me sorprende que no se haya roto todavía pues siempre se me cae. Oprimo el botón de on/off -que tampoco veo, pero lo adivino con el tacto por su tamaño- y los foquitos verdes y rojos del estéreo se diluyen en la oscuridad. Escondo de nuevo mi brazo -junto con el control- entre las sábanas.

Se me volvió a ir el sueño. Ni siquiera ganas de orinar tengo y, aunque tuviera, el frío, el peso de las colchas y la comodidad del colchón me impedirían levantarme al baño. Esto de que se me vaya el sueño casi siempre me sucede antes de que amanezca y he notado que, últimamente, me pasa más a menudo cuando no te sueño. No duermo bien si no me visitas por las noches. No me basta con estarte pensando todo el día, porque pensarte no es tan real como soñarte.

De hecho, pensé que vendrías esta noche porque puse puras canciones que te gustan, de esas de las que tienen frases con las que te identificas y usas para todo; como las frases de las películas que te gustan. Pero no, no viniste. Me puse a soñar pendejada y media: túneles, parajes, oficinas, estaciones espaciales, centros comerciales; siempre esperando toparme contigo. Hasta inventé una playa solitaria, pero tu lugar en la arena –a mi lado- se quedó vacío. Cuando no te sueño se me va el sueño.

Me gusta soñarte porque así no pierdo el tiempo inventando ingenuas excusas para verte; porque cada día que no te veo es un día menos que no estaré a tu lado. Por ejemplo: si sé que te voy a amar por 50 años (eso simplemente lo sé, no me preguntes cómo sé), ahora te voy a amar 49 años y 364 días… ¡un día menos!!! Que desperdicio. Por eso me gusta soñarte, porque es como si hubiera estado contigo y no existiera el tiempo perdido.

Vuelvo a sacar mi brazo –con todo y control remoto- de entre las sábanas. El espacio del cuarto está frío como su piso. Los foquitos rojos y verdes del estéreo aparecen como nave extraterrestre. Adivinando las funciones de los botones en la negrura de la madrugada, vuelvo a poner el disco con canciones de esas que sé que te gustan tanto como a mí. A ver si ahora sí vienes…

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martes, febrero 21, 2006

guffo pa´presidente

Ahora que quiero ser Presidente de México, pues me fui a dar un regaderazo de pueblo. Así lo es: Me fui a embarrar los zapatos de lodo y a oler las bisagras de los albañiles a colonias humildes y no pavimentadas como lo hacen todos los políticos. Como sabrán, me estoy promoviendo como Presidente de la Repúlica pedorra esta; digo, de este País, jeje. Y así empezó mi gira:

Fui a la colonia más gacha de Monterrey y toqué en la casa más feita. Un perro callejero me recibió y me ladró y se me echó encima a través de la malla ciclónica:
- Ay amá!!! -dije yo.
- No se preocupé –dijo la ñora- está castrado; pásele.
- Señora –le dije yo- si no tengo miedo que me coja, tengo miedo que me muerda; amárrelo por favor.
Total, agarraron al perro y pasé y platiqué con la ñora bien chido y me dijo que tenía su voto y el de toda su familia… y hasta de los que estaban muertos.

Seguí caminando con toda la raza y seguidores que me hacía bola entre las calles lodosas y las casas de techo de lámina. Ahí iba yo, con todos mis fans atrás, bien chido. En eso, que sale un güey suicida, con cuchillo en mano y todo el pedo:
- Me voy a matar porque la comida aquí no alcanza, nadie aquí come, nos estamos muriendo de hambre; me voy a matar!!! Es mas: me voy a cortar la perinola , me voy a cortar el pajarito –dice el güey.
Y le digo:
- Espérate, hermano: piensa en tu mujer…
Y él me dice:
- Es cierto, voy a pensar en mi mujer… gracias, señor…
- Piensa en tu mujer pa´que se te pare la perinola y alcance pa´que coman todos, cabrón. No te estés quejando de que aquí no hay comida, hijo de la tiznada
Esa fue mi buena acción del día.

Después salió un pinche marigüano que se iba a tirar de el techo de la iglesia. Y como yo ya traía un chingo de seguidores, pues que le decimos:
- Eeeeeeeeh, a que no se tira, pinche joto.
Y el vato bien encabronado:
- Si me tiro, cabrones, si me tiro
Y que empezamos nosotros:
- ¡¡¡Queee se tire, queee se tire, queee se tire!!!!
Y el pinche marigüano que se agüita y que se empieza a bajar del campanario. Y en eso, empezamos todos mis seguidores y yo:
- ¡¡¡Cuuulo, cuuulo, cuuulo!!! ¡No se tiró, no se tiró!!!
Esa fue mi otra obra del día como futuro Presidente de este País.

Ya para irme, llega un adolescente –de esos a los que yo quiero ayudar con becas, canchas deportivas y de más jaladas- y me dice:
- Disculpe, Señor Candidato a la Presidencia de la República:¿dónde está el Yemen???
- Ah, chinga… pos por ahí por Asia…
- No –me dice-, ¿dónde está el Yemen???
- Pos por Asia, güey –le digo, poniéndome a su nivel.
- Pos es que me dijeron que el Yemen está entre las patas de las viejas vírgenes.
- Ese es el HIMEN, pendejo… ¡Vota por mí!!!

¡¡¡Guffo para presidente!!!

jueves, febrero 16, 2006

relatito clasemediero

Aún no le daban respuesta a los crímenes que se estaban cometiendo impunemente en la primaria Montessori. Algún desequilibrado mental se estaba robando las tijeras de punta chatita marca “Elefante” del salón y no había sospechosos. Las niñas estaban aterrorizadas, pues tenían miedo que el loco ese les robara de sus estuchitos sus borradores con aroma, sus crayolas y sus lapiceros de la Kitty que habían comprado en McAllen. A mi me valía madre. Sólo eran unas pinchurrientas tijeras de tres pesos y como quiera yo ni tijeras tenía pues ya las había perdido desde hacía mucho tiempo; además, yo estaba más ocupado intercambiando barajitas para llenar mi álbum de animales “El Arca de Noé”. Ya nada mas me faltaban 4 barajas: el gato de Angora, el dragón de Komodo, el ocelote y la ballena azul, que era la más difícil de conseguir. Ahí andábamos todos los niños en el patio de la escuela con nuestros portafolios Samsonite de burócrata mal pagado, llenos de barajitas repetidas y de calcomanías Rascahuele pegadas en el interior y también de esas que tenían esponjita adentro y ojitos que se movían. Ya, ya, ya, ya, ya, ¡NOOO!, esa no la tengo, era lo que se escuchaba en el patio del Montessori durante las negociaciones de barajitas en el recreo. Ándale, te doy este bonche de barajas repetidas si me das esa que no tengo. ¡Va!, respondía el otro niño. Sonaba el timbre y todos de vuelta al salón y la maestra seguía con la misma cantaleta: Por última vez: les pido que el que tenga las tijeras de sus compañeros las devuelva por favor, si no, a todos les va a ir mal y nos vamos a quedar aquí a la salida hasta que aparezcan esas tijeras. A mi me valía madre si aparecían o no las tijeras, yo ya había conseguido la barajita de la ballena azul a cambio de un buen montón de barajas repetidas.

lunes, febrero 13, 2006

juguetes mi miseria

Amiguitos y amiguitas: Que la pobreza no les robe esa sonrisita con bigotes de leche radioactiva de la Conasupo o bigotes de tierra por las tolvaneras que se forman en su colonia sin pavimentar. No pongan carita de puchero si Santa Clos no les trajo nada por no comer bien o porque lo filetearon unos cacos antes de llegar a su casita a entregarles sus trompitos, baleritos, barbis piratas y luchadorcitos de plástico. No esperes a que los huevones de los políticos se compadezcan de ti y te vayan a aventar balones chafos y despensas caducas a tu coloña. Manda a todos a volar (y diles que yo no fui!!!) y crea tus propios juguetes. Aquí en juguetes Mi Miseria te enseñamos cómo; es más, hasta el Art Attack del Disney Channel nos la pela… bueno, imagino que no has de saber qué es eso de Disney, televisión por cable y de más. Manos a la obra.

Róbate una naranja del puesto de Doña Lencha o del viejito del carretón (que es más fácil de hacer pendejo, por viejito) y pártela en 4 rebanadas con tu navaja y cómete una así como lo muestra el dibujo (foto). Nomás lávala bien (la navaja), porque acuérdate que fue la que le enterraste al maistro de mate en sus tripas por haberte tronado con 5 en la materia y pescarte tronándotela en el baño de viejas.

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Hazle vario cortes a la cáscara pa´llá, pa´llá y pa´lla y luego uno largo pa´l otro lado, como si estuvieras tatuando a un camarada o rayando los días que llevas encerrado en la pared de alguna de esas celdas en las que has caído por robarle naranjas a Doña Lencha. Muuuy bien. Listo.

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Ahora, póntela dentro de la boca (pero antes, límpiate el bigotito de tierra y mocos)con la parte blanca pa´fuera y pon cara de pendejo así como lo hago yo. Ekole kua!!! Ya eres un pinche vampiro como esos de las películas del Santo que nomás se ven en tu tele blanco y negro (qué ironía, y esas películas son el blanco y negro, nunca notarás la diferencia) de perilla de esas que le cambias manualmente y se oye prak prak prak. Diviertete.
Juguetes Mi Miseria, juguetes para niños pobres, pero no cochinos!!!

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domingo, febrero 12, 2006

rolón

De chiquillo me gustaban mucho los trabalenguas. Me sabía a la perfección el de Pepe Pecas y el del Rey de Parangaricutirimícuaro y estaba practicando el de los tres tristes tigres porque de repente se me barría la lengua al pronunciarlo. Qué pendejada. Aunque eso me sirvió pa´aprenderme de memoria las tablas de multiplicar. También me gustaba aprenderme las capitales, banderas y monedas de los países del mundo y presumirles a mis amigos, a quienes les valía madre que yo supiera mucho de geografía. Podía pasar horas viendo mapas, globos terráqueos y enciclopedias de animales imaginando cómo serían y qué animales habría en las pequeñas islas que muy apenas se ven en los mapamundis. Era un niño raro. Tan raro que una de las primeras canciones que me gustó y disfrutaba escuchando una y otra vez porque me daba mucha risa, era esta. ¡Báilenle raza!!!


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viernes, febrero 10, 2006

de mi colección de música fina...

Hoy me da mucha hueva echar a andar el cerebrito de molusco que tengo, por eso los dejo con una rolita de mi colección de música naquita, antigüita pero bonita. La cantaba una españolita y su banda de malandros. Disfrútenla, que luego les pondré unas de Nelson Ned, Camilo Sesto, El Pirulí y Fandango. Sobres. Buen fin de semana.



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miércoles, febrero 08, 2006

el mustang 73

Cuando cabía, me gustaba acostarme sobre las bocinas de los asientos traseros de los coches. En ese hueco que forman el vidrio por donde se aleja al camino recorrido, el techo y el respaldo del asiento. Te tengo una sorpresa, m´ijo, me dijo mi padre. Yo tenía como unos 6 años. Un hombre elástico, una autopista Escalestrix, pases para ir al programa de Chabelo y traerme mi avalancha verde y mi dotación de Duvalines o, ya muy jodido, un viejo caballo de palo o un paquete de barajitas para llenar mi álbum de animales. Pensé en muchas sorpresas bien chidas y en muchos regalos, pero nunca en lo que en realidad fue. Bajé con mi papá las escaleras de la casa, abrió la puerta que daba a la cochera tomando mi mano y ahí estaba: un Mustang guindo modelo1973; casi 10 años de viejito tenía el coche pero se veía como Harrison Ford, sin una arruguita y bien conservado el cabrón. También mi jefe se vio bien mamilas con eso de que era una sorpresa y de más, obviamente ese iba a ser su carro y me lo iba a heredar 15 años después, cuando el coche ya tuviera casi 25 años de antigüedad, cuando ya no funcionara del todo bien, cuando ya la gasolina NOVA no existiera y cuando hubiera sido imposible –económicamente- mantener a una máquina de esas. Gracias a dios lo prestó y el güey que se lo pidió lo hizo cagada en la carretera. Pero yo comoquiera estaba bien feliz. Y lo que más me gustó de la sorpresa es cómo me vendió la idea mi papá. Me dijo que ese carro era mío y que le había mandado a hacer un asientito especial para mí, que no era otra cosa más que el chingado recarga brazos que esta entre el asiento del piloto y el del copiloto; pero yo estaba bien creído y ahí me sentaba, en mi asiento hecho a la medida. En aquella época no había tanto pedo con los accidentes ni con el cinturón de seguridad ni madres de esas. Recuerdo haber ido yo parado en el asiento del copiloto sin cinturón de seguridad y acostado sobre las bocinas traseras del coche, tapándole toda visibilidad a mi padre. Chale, ahora mi duda es: o el mundo era muy bonito en aquella época que nunca le sucedía nada malo a la gente o, de plano, se querían deshacer de mí mis padres mandándome a volar por el parabrisas. Snif.

lunes, febrero 06, 2006

juan pestañas

Tendría yo unos 5 años y fuimos a comer a no sé donde y estaba el Show de Juan Pestañas: una gloria regiomontana en el rubro del entretenimiento infantil y de los pocos que no tenía que pintarse de payaso para asustar a los niños. El señor usaba traje rojo de lentejuelas, sombrero rojo de copa de lentejuelas, pelo rizado (esponjado, más bien), lentes con aumento y zapatos de charol. Yo lo veía en la tele porque no había mucho que ver en la tele en aquella época. Además, yo conocía a la perfección toda su discografía, sobre todo, aquella rolita de: “Yo quiero hace pipí, yo quiero hacer pipí papáaaaaa, ya no aguanto más papá, yo me hago aquí”. Rock and roll puro y de lo más pesado. Pues resulta que el señor este de las pestañas largas estaba dando su show en el Club de Leones (ya me acordé dónde) y que se baja del escenario (bueno, era una pinche tarima gacha de madera) y que se lanza al público. No sé si se le haya olvidado la rola porque andaba crudo o porque estaba distraído desvistiendo a una de las meseritas con la mirada, pero el caso es que el John Eyelashes empezó a ir de mesa en mesa para que los niños le ayudaran a cantar las estrofas de sus rolitas. Él cantaba un pedacito y luego le ponía el micrófono en la boca (ejem, pero no como Maikol Jackson) a los niños, quienes completaban la cnción. Pero cuando Juan Pestañas llegó a mi mesa, mis padres emocionados me alentaron: “Ándale Guffo, esa sí te la sabes; ándale, es Juan Pestañas, cántala, m´ijo”. Y me puse a chillar como Guffa por la presión y el pánico escénico. Snif.

sábado, febrero 04, 2006

cero y van dos... casi...

Ignoraba que la señora que me renta el depa y su hijo tenían más de tres días alimentando a una perrita callejera. La perrita se metía a la cochera y se acostaba entre las macetas, bajo las mecedoras y bajo los coches. Hasta hoy me dí cuenta de la existencia de la perrita. Hoy que la atropellé... Tanto que he estado hablando del maltrato a los animales que hoy sábado me cayó una maldita maldición. Me disponía a ir con la banda a echar unos mariscos como a eso de la 1:30 de la tarde. Ya bien bañadito y perjumao, pues que me subo al carro, pongo una rolita de Vicentico muy bonita (hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo, es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo, ya no puedo acercarme a tu boca, sin deseártela de una manera loca), meto reversa y ¡crack!!!, ¡plosh!!!, ¡aaauuuuu, aaauuuuuuuu!!! ¡La perrita!!!. Yaaa valiooo madre… pensé. Me paralicé un instante y, pasado el shock, hice el carro para adelante; me bajé hecho la madre y espantadísimo, casi temblando, esperando ver al animalito todo descuartizado. Salió la señora gritando ¡ya la mató, ya la mató!!! Ahí como pude la saqué de abajo del coche, con la mitad del cuerpo inmóvil y colgándole como trapo, chillando y aullando de una manera horrible. Agarré un cojín que me dió la señora de una de las mecedoras, subí a la cachorrita al carro y le pisé al acelerador rumbo a la clínica de mi papá. En el coche el animalito se tranquilizó un poco. Miren nomás la mirada que me ponía, como diciendo: No me dejes morir, pinche Guffo; no me quiero ir al cielo con el Colibrí, cabrón. No me dejes morir, pinche Guffo. Uta madre… che nudo en la garganta de irla viendo y oyendo chillar durante el trayecto.

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LLegé a la clínica de mi padre y la doctora atendió a la perrita, le tomo unas radiografías, la sedó, le acomodó la patita y al parecer le salió barata la atropellada: nomás un pedo en la cadera y una patita tronada. Le ayudó estar todavía chiquita (tendrá unos 3 meses la perrita) ya que sus huesitos aún son como cartílago, pero sí se va a meter como 2 semanas de rehabilitación ahí en la clínica. Aquí en esta foto sale el Guffo consolando a Solovina y pidiéndole una diculpa por no haberla visto. Snif. Vamos a ver cómo salen las cosas. Ya no podría tener en mi lista la muerte accidental de dos perritos.

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viernes, febrero 03, 2006

la tortuga que agarraron de juguete

Estaba un jeep tipo hummer de color verde estacionado en un pequeño claro entre los helechos y la bóveda de ramas y hojas entrelazadas que tapaba el cielo; de música de fondo, el río corriendo entre los pliegues y huecos de las piedras. No sé si andaban ebrios, drogados o así de estúpido es su comportamiento normal todos los días de todos los años. Nosotros brincábamos de piedra en piedra, de roca en roca, para no mojarnos los tenis y para evitar las partes profundas que pudieran mojarnos los pantalones hasta las rodillas. Yo traía mi cámara colgada al cuello, otro amigo una mochila con toallas y shorts, y otros dos camaradas cargaban una hielera con cervezas y hielo. Se escuchaban las risotadas de los hombres que rodeaban el vehículo militar; soldados, por supuesto. Al cruzar el río y llegar a tierra firme, muy cerca del jeep, nos dimos cuenta de la causa de tanta risa: los soldados –armados con rifles modernísimos y cortes de pelo de cepillo- habían sacado una tortuga del río –de esas que tienen dos manchitas anaranjadas en donde irían las orejas- y jugaban con ella a que la ponían patas pa´rriba sobre el parabrisas del vehículote y la soltaban, deslizándose el quelonio por todo el vidrio y también por el cofre hasta caer al suelo. Repetían el chistecito una y otra vez. La verdad nos dio miedo reprocharles algo por más amables que fueran nuestras palabras y argumentos. Preguntamos a un lugareño -de los pocos que había en aquella época en ese lugar antes de que los corrieran y lo arruinaran haciéndolo “turístico”- por los militares esos y nos dijo que estaban ahí para cuidar del lugar. Y vaya que estaban cumpliendo con su trabajo (sarcasticómetro a punto de tronar). Seguimos caminando río arriba, yo con cierta angustia y mis dos amigos que cargaban la hielera con cierto cansancio. Nos turnamos la hielera. Faltaban como 10 minutos para llegar a la cascada donde nadaríamos. De la tortuga ya no supe nada y de los que velan por el bienestar de este país no creo ni madres.

miércoles, febrero 01, 2006

chistes alowey spoiler


Una pequeña probadita de lo que aparecerá en la revista PONX de febrero. Por cierto, ayer me enteré que a un compañero del trabajo le dicen el "RadioBeep"... por pinche inútil. Posted by Picasa

martes, enero 31, 2006

más cosas de mi vida que a nadie le importan...

- Sigo con la colección de cds quemados con música naca. Hoy quemé uno con rolas de los hermanos incestuosos esos de Pimpinela, la greñuda de la Daniela Romo (tuuu, luna máaagicaaa), Diego Vergader, una que otra de los ruquitos de Mocedades y la de "Carretera", de Cecilia Toussaint. Ajuuua!!!

- Al pobre torito ese de la Plaza México que se llamaba "Pajarito" (que por cierto, tenía un pajarototote) le salieron alas y voló a las gradas donde estaba sentado el público y chingó como a 7 personas y cornó a una ruquita (juarjuar). ¿Pa´qué van a esas chingaderas de la fiesta brava, cabrones?. Ah, y todavía lo matan al pobre animal cuando estaba atorado en las gradas con una espadota en el lomo. Que tiernos: México rumbo al primer mundo.

- Y ya para acabarla de chingar, rematan las noticias con la nota y el video de una bebita recién nacida que tiraron a un río en Brasil envuelta en una bolsa de plástico negra para que se ahogara porque su mami no la podía mantener. Mamá hija de su chingada madre: si la vas a matar, pos mátala, pero no la dejes a la suerte a ver si se ahoga o no. Eso sí es ser culera. Ojalá la refundan en el bote a la chinche jefa y ojalá la niña sea adoptada por Mary Poppins.

¡Aaaaaanimo señores!!!, el mundo marcha a toda madre.

P.D. Ah, y Bush sigue con sus puñetas mentales de que Osama nos va a atacar, de que las armas nucleares, de que la guerra, de que la libertad. Lamento decirle, señor Presidente, que ya nadie lo pela con sus paranoias, pinche loco. Usted sígale así.

Ahí se ven.

lunes, enero 30, 2006

doble nudo

Si para algo yo era bueno; es más: ¡un maestro!, era para abrocharme los zapatos con doble nudo. Ahí sí todos me la pelaban. Recuerdo el día en que aprendí a abrocharme las cintas (agujetas) de los zapatos; fue tan glorioso como el día en que mi madre ya no tuvo que ir al baño a limpiarme después de hacer popochas, aunque ella insistía en que todavía no lo sabía hacer bien. Obviamente los resultados no eran los mismos porque abrocharse los zapatos de la escuela era más fácil porque uno puede ver los resultados y en la otra actividad no, pues uno podía dejar una mancha café en los calzones Fruit of the Loom. Manchando chones y con gangrena en las patas de lo apretado que usaba los tenis fue como me di cuenta de mi genial capacidad pues, sabía anudarme los zapatos muy bien, pero tenía que refinar mi técnica para limpiarme después de ir al baño a soltar la calabaza. Pero eso no importaba, pues tenía casi 5 años y yo era el experto y el único que sabía anudarme las agujetas y me sentía grande por haberme abrochado los zapatos yo solito y, aparte, con doble nudo, cabrones. El mundo estaba a mis pies. Recuerdo que llegué a la primaria presumiéndole a mis amigos lo del doble nudo y los dejaba apantallados (todavía no tenía mis tenis de Gigante, tenía unos Panam bien chiros). Ooooijoles, ¿cómo le hiciste?, me decía la racilla. Y yo como pavo real, dominando la situación, enseñándoles a todos la técnica del doble nudo e inflamándoseme el pecho con la adulación de los demás. Pero nunca falta el hijo de puta que le derrumba a uno su torre de barajitas o su caminito de fichas de domino paradas. Yo traía pants en esa ocasión porque nos tocaba deportes (Educación Física, le decían, y con un maestro bien pedote) y que llega ese hijo de la rechingada madre y que me baja el pants y que todos me ven la rajita de lodo en los calzones. Esa rajita que dejaba por no saberme limpiar bien y que yo creía que me limpiaba. Todos rieron y me dijeron: ¿¡pos no que muy reata?!?! juarjuar. Y yo les dije: para lo que yo soy bueno es para abrocharme los zapatos con doble nudo, no pa´ limpiarme la colita... Snif. Si no se hubiera ido corriendo ese güey que me bajó el pants habría sentido la furia de mis tenis Panam con doble nudo en sus huevos.

sábado, enero 28, 2006

el perro feo


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Este perro siempre anda merodeando por el barrio vendiéndonos su lástima. Creo que empezó a venir más seguido desde que le aventé unos huesos de t-bone que sobraron de una carne asada que hicimos en el departamento. Lo vi frente al parque husmeando entre las hierbas y me dio tristeza lo esquelético que estaba y le aventé unos huesos junto con una mitad de un trozo de carne que nadie se terminó. Al principio se asustó y corrió: debió haber pensado que alguien lo estaba apedreando, pero el olor de los restos de carne pegada al hueso lo hizo volver a devorarlos con gusto y un hambre contenida de semanas atrás. Me he dado cuenta que a este pobre perro nadie en el barrio lo quiere por feo y callejero. Sólo el taquero de a lado le da las sobras de los pellejos que fríe para los tacos, pero como dicen por ahí: perro no come perro. Salvo yo y el taquero de a lado, las demás personas lo tratan de la fregada al pobre animal. Tal vez si este perro fuera de raza o tuviera pedigrí o estuviera más bonito lo tratarían de otra manera, porque así somos los humanos hasta para tratar a nuestros semejantes. He visto como la señora de la tiendita lo corre ondeándole un trapo o una chancla, y como el señor de la carnicería lo espanta de su negocio diciéndole: ¡júuuuchile, oooorale, váyase de aquí, cabrón!!!, en vez de aventarle un trocito de carne de esos que les sobran y que prefiere tirar a la basura. Este perro flaco no tuvo la misma suerte que tuvo el perro de la casa de la esquina que siempre me ladra cuando paso; así como muchos hombres y mujeres no tuvieron la misma suerte y oportunidades que uno tuvo. No me sorprende que las personas no sientan compasión o algo de lástima por este perro, pues no lo hacen con sus semejantes, ¿por qué habrán de hacerlo con un pinche perro feo? Últimamente en las carnes asadas ya no como carne. Compro unas papas y unas calabacitas, las parto, les pongo mantequilla y pimienta, las envuelvo en aluminio y listo. Ah, y compro algunas costillas de esas baratas, pero con carnita, por si viene el perro feo.

miércoles, enero 25, 2006

cuando el amor llega asi de esta manera uno no tiene la culpa...

Se apagó el monito rojo y se prendió el monito verde. Como siempre, uno que otro carro se pasa de largo ignorando el semáforo en luz roja. Les vale madre y les seguirá valiendo madre; aquí no es como en las películas esas donde el transeúnte es quien lleva la mano en la calle. El agente de tránsito estaba más entretenido viéndoles las nalgas a las secretarias que regresaban de su hora de comida. Crucé la calle y nunca falta el imbecilazo que mete toda la trompa del coche sobre la raya amarilla de los peatones porque no tuvo los huevos suficientes para cruzarse en luz roja porque vio de último momento al tránsito en la esquina y mejor decidió frenarse sobre el paso peatonal. Así somos. Le saqué la vuelta al carro del tarado ese y subí a la banqueta contraria por un lado de la rampa para discapacitados que, sinceramente, nunca he visto que las usen porque no creo que se atrevan a salir a las calles con tan chaparra cultura vial que tenemos. El agente de tránsito seguía apendejado con la temblorina de las nalgas de las secres y ejecutivas que por ahí pasaban. El hombre hacía como que trabajaba ondeando la mano como idiota mientras les rompía el traje sastre a las mujeres con una mirada que hacía suponer que tenía mucho tiempo ya de que no le gustaba su esposa. En vez de multar al cabrón que estaba obstruyendo el paso de los peatones prefería descremarse mentalmente. Ni hacer corajes es bueno. Formé mi burbuja concentrándome en la fricción de mis pantalones de pana; un sonido muy común en el invierno. Pero me detuve. Aunado al rip rip de la pana al caminar, el ruido de mis zapatos recién boleados que molían las pocas hojas sobre la banqueta me impedían escuchar la canción que tocaban en algún establecimiento a lo lejos. El penetrante olor de la grasa negra seguía colgado de los pelitos de mi nariz. Miré al suelo para concentrarme en la melodía y noté que la grasa había manchado un poco el pantalón: pinche bolero, ya ni porque siempre le doy propina lo hace con cuidado. Le di turn off al sonido ambiental y formé otra burbuja donde lo único que escuchaba era la tonada de esa canción. “…cuando el amor llega así de esta manera, uno no se da ni cuenta…” Aaaah, cómo no, ya había escuchado antes esa rola y desde la primera vez se volvió una de mis favoritas. “…cuando el amor llega así de esta manera uno no tienen la culpa, quererse no tiene horario ni fecha en el calendario cuando las ganas se juntan”. Todo el día tuve esa rola en la cabeza. Salí apurado del trabajo, empezaba el frío y no le había echado suficientes monedas al parquímetro, pero como quiera, me detuve en la farmacia a comprar algún dulce o algún chicle. Compré unos chicles de esos que vienen en una cajita de cartón. Tres pesos con cincuenta centavos. Sonaban como maraca las tabletitas cuadradas y acarameladas dentro de la caja cuando la agitaba. Eran de esos chicles blancos, de menta; no de los verdes esos para el mal aliento que queman la boca con su sabor. El tiempo en el parquímetro había expirado pero no me multaron. Me subí al coche y estaba caliente, como sauna. Me gusta ese abrazo del calor cuando me subo después de haberlo dejado varias horas bajo el sol y de caminar varias cuadras entre la ventisca fresca de las 5 de la tarde. Traté de quitar el celofán del empaque de los chicles que sonaba como fuego crepitando. En un intento desesperado y un movimiento torpe, abrí el empaque al revés y los chicles volaron por los aires cayendo directamente en el asiento del copiloto… formando tu sonrisa…. hasta esos dos dientes que dices que tienes chuecos y que a mí tanto me gustan. Es que cuando el amor llega así de esta manera uno no tiene la culpa…

lunes, enero 23, 2006

firmes... ya

Teniendo palancas, como quiera saqué mi cartilla militar de manera honesta. ¡Qué pendejo!!!, me dijeron mis amigos remisos que pagaron por ella a los 24 años. Igual y sí, igual y no. De todos modos me tocó bola negra, de esos que no marchan. A mi amigo el Takechi sí le tocó bola blanca y se jodió y tuvo que ir a marchar. Mira Tekechi -le decíamos- bajate el pantalón y enséñale al General que si tienes las bolas negras, pa´que ya no marches -jajaja, y el Takechi se cagaba todo. Como quiera terminó arreglando su situación de bola blanca con un billetito. Cuando fui a recoger mi cartilla liberada al campo militar, no faltaban los soldaduchos mamones y prepotentes que le hablan a uno con muchos huevos. "Pinches fresitas, aquí los vamos a hacer hombres, pinches niñas" o "aquí no queremos greñudos como los del grupo Molotov", eran las frases que se escuchaban. Pero de entre la multitud, alguien respondió: ¡Los de Molotov no andan greñudos, pendejoooo!!! Juarjuar, explotamos en risa toda la clase 76 y el pinche militar se puso morado del coraje y empezó a gritar: ¿Quién fue, quién fue pinches jotos maricones??? - y no salía el culpable, obviamente- ¡Pónganse a correr todos hijos de la chingada!!! Juarjuar, pos sí, pero lo tarado y la humillación no se la quitó con nada y la risa me duró las 3 vueltas que dimos al campo de futbol. Hubiera querido ser yo el que gritó eso. Con madre.
Luego les cuento cuando mi papá me mandó trajeado y encorbatado a tomarme la foto pa´la credencial de elector. Snif, maldito nacionalismo patriótico.

sábado, enero 21, 2006

tonterías que a nadie le importan

Es fin de semana, no ando ganoso de escribir. Pondré cosas que a nadie le interesan:

- Ayer compré mi pelícúla número 105. Me faltan de a madre pa´llegar a las 1000.

- Me dio coraje que se muriera la ballena encallada en el río Támesis, pero me valió madre que ejecutaran a tres personas.

- Quemé un disco pá la colección de "música patética pero sabrosa": Flans (las miiil y una noches que pasé... las mil una no...), Fresas con Crema (...tour, empezó en Paris y Roma, Andalucía y en Costa del Sol...), Magneto (al suuuuuuur). Sí, ya sé que me la mamé pero es un disco pa´l desmadre.

- Para compensar el pecado anterior fui a comprar un disco de Ibrahim Ferrer.

- Ayer en casa de un amigo -después de arreglar el mundo y jugar un torneo importantísimo de dominó-, pusieron porno y no me animó ni me emocionó ni nada. ¿Estaré muerto por dentro?

- La frase interesante de la noche: "El criminal es ignorante y la ignorancia es criminal"
La frase estúpida de la noche: " George Constanza de Seinfeld está con madre"

- ¿Por qué Evo Morales puede andar fachoso y andrajoso en todos los eventos y yo no? Ya ves, amá; ese güey anda fachoso y es Presidente, déjame andar con la camisa desfajada, no pasa nada.

- ¿Por qué Brad Pitt puede tener hijos a los 42 años y nadie lo anda chingando con que "no los vas a disfrutar" "cuando tu hija tenga 15 años tu vas a tener 57 y no vas a poder bailar el bals con ella en su quinceaños", "no vas a poder jugar futbol con él porque vas a estar muy grande"? Como si tener un hijo se redujera a esas tres pendejadas.

Ya me voy a comer unas empanadas de marlin con camarón y queso que no les digo dónde las venden muajajaja.

miércoles, enero 18, 2006

un barrio tranquilo... una vida igual


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Cada que voy a la tiendita este méndigo perro me saca un pedo. Tal vez huele que en mi conciencia pesa la muerte accidental de uno de los de su especie. Guaf guaf!!!, me ladra el muy cabrón desde la azotea y yo brinco sin saber por dónde va a salir. Es un barrio tranquilo: Frente a la tiendita está una escuela primaria, la Batallón 201; en contra esquina está una carnicería, la carnicería López y más adelantito los tacos y menudo de Don Rulo. Todo me queda a una cuadra. Hasta el mercadito que se pone los domingos de 8 de la mañana a 3 de la tarde. Mis vueltas a la tiendita son muy casuales, sólo voy a comprar pan para hacer supersandwiches, cerveza, garrafones de agua y una que otra cosa para cocinar cuando me entra el espíritu de chef. Hoy fui a comprar tortillas, aguacates verdes y papa porque probablemente mañana hagamos carne asada y los aguacatitos estarán buenos pa´la noche. Las siete palmeras que escoltan la escuela siguen estando ahí, pero ya no las veo tan seguido desde que taparon el patio del negocio. De regreso, el perro me vuelve a ladrar; volteo y le sonrío. Alcanzo a ver cómo le escurre la baba. En esta misma acera donde vive el perro está la imprenta en la que me asocié con Júpiter. Es un barrio tranquilo. Frente a mi casa hay un parque donde se la pasan jugando niños, a un lado hay un árbol de mandarinas que siempre me dice que me las robe y, en las noches, los vecinos del otro lado sacan un puesto de tacos, flautas y enchiladas pa´ganarse unos centavos extras. Es un barrio tranquilo, una vida tranquila. Dibujo en mi casa, cruzo la calle para hacer chamba de imprenta y voy al periódico en las noches un par de horas. Es una vida tranquila.

martes, enero 17, 2006

la tira

Pos estoy haciendo una serie de tiras cómicas con humor exclusivo para retrasados mentales y genios. Las estoy publicando en el PONX impreso y en http://ponx.ws/main.htm y, muy posiblemente, en una página de internet que se llama www.altadosis.com (pero orita chequé y dice cancelada, jejeje, a ver si no salen como Mágico, snif). Todo es jale artesanal, 100% a mano (y sin lavármela después de ir a miar, es el ingrediente secreto), con humor incomprendido y muuuy pendejo (como yo, igualito). Ahí les dejo la primera que hice y que no salió a la luz pública por maleta, precisamente; las demás van mejorando. Es que las musas andan de apretadas, ya ni porque hace frío se quieren venir a acurrucar conmigo.


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sábado, enero 14, 2006

magico strikes back

Pues resultó ser mucha la gente que conoce a Don Mágico. Por ahí me dijeron que Mágico se arrepintió de todos sus pecados hace mucho tiempo. No me importa si lo hizo o no, yo nunca le guardé rencor y lo perdoné de inmediato. Dicen que, con la culpa a cuestas y con meses de insmnio por las trakalas que se aventaba, Mágico llegó bañado en llanto e implorando perdón a confesarse con un sacerdote:
- Padre, hace algunos años robé a un pobre dibujante de 17 años de edad. Me hizo unos dibujos y nunca se los pagué, snif -esa fue una de entre tantas cosas turbias que un Mágico desenmascarado le contó al padrecito.
- Aaaay, hijo mío -le dijo el sacerdote.
- ¿Qué hago padre? yo no quiero seguir siendo así, ¡ayúdeme por favor!!! -balbuceaba el luchador a la sombra del confesionario-. ¿Cuántos Padres Nuestros rezo?, ¿cuántas Aves Marías digo para ya no ser así y alcanzar el perdón divino???
Y el padre le contestó:
- No hijo mío, nada de eso. Mejor en las noche, cuando ya te vayas a dormir después de tus oraciones, pon unas rebanaditas de queso bajo tu almohada...
- ¿Queso, padre???
- Si, hijo mio, por si te da hambre en la noche, ¡¡¡pinche rata asquerosa!!!

miércoles, enero 11, 2006

mágico

- Si, buenas tardes, me comunica con "Mágico"...
- Eh... ¿de parte de quién?
- Gustavo Caballero.
- Ah, Gustavo, cómo estás: Yo soy "Mágico".

Aaaa la chingaaada!!! Estaba hablando con el mismísimo "Mágico", luchador profesional. Tendría yo unos 17 o 18 años, acababa de regresar de estudiar fuera y no había alcanzado las fechas para entrar a la carrera, por lo que me puse (pusieron) a trabajar. Mi papá conoció a "Mágico" no sé por qué chingados y le dijo que yo era dibujante, que le estaba quitando clientela a la clínica por matar perros y que le podría yo ayudar en su proyecto de sacar unos cuadernos de lucha libre para iluminar y de pasatiempos. Le hablé por teléfono y me pasó la dirección, que apunté en la misma tarjeta. Me bajé del camión en la dirección de la tarjeta y entré en un consultorio naturista y esotérico.

- Buenas tardes, vengo con "Mágico" -le dije a la secretaria, quien me miró con cierta sospecha.
- Un momentito -me dijo, y entro en una puerta-. Pásale, te está esperando.

Aaaaaa la chingaaaaada!!! Qué emocióooon

Entré en un consultorio hasta la madre de lleno de parafernalia de luchadores: posters, máscaras, fotos, rings, botas, capas, más máscaras. En el escritorio estaba un hombre moreno y mamado, con una bata blanca:
- Siéntate, Gustavo -y me senté-. Soy el Dr. Victor Noséqué... este... bueno... lo único que te pido es discreción: "YO SOY MÁGICO"

¡Aaaaa la chingaaaaada!!!, hasta la música de los Súper Amigos se escuchó al momento de la revelación. Total, ya, me platicó el proyecto, bla bla bla, hice los dibujos, inventé los jueguitos, crucigramas, laberintos, relacionar columnas, colorear a los Campeones de la Salud, que eran los achichincles de "Mágico" y que eran frutas con antifaz y capa: "Súper Mango", "Manzana Fortaleza", "Plátano Múscular", etc. Total,
cuando terminé el proyecto y se lo entregué, "Mágico" desapareció como por arte de magia con todo y mi dinero, snif. Fue como una poderosa urracarrana desde la tercera cuerda a mis sueños de juventud, snif.

lunes, enero 09, 2006

el perrito que se me murió

Así es que de aspirante a dibujante pasé a ser el peluquero mataperros, snif. No se me olvida el pedo que me saqué al ver al pobre "Colibrí" (así se llamaba el can ahora occiso; si, ya sé que a quién chingados se le ocurre ponerle de nombre "Colibrí" a un perro). Con la lengüilla de fuera, ya todo inmóvil, colgado como piñata peluda y negra. Dejé al perro que traía cargando en una jaula y me apresuré a cargar al "Colibrí" (juarjuar, se la mamaron con el nombre) pa´ volverlo a poner sobre la mesa, pero pos ya qué fregados: ya estaba más tieso que el pants de un estudiante de secundaria viendo morritas. Le quité el bozal, pero pos yo no sabía dar respiración de boca a boca y la neta estaba bien pinche barbón el "Colibrí" porque no tuve chance de meterle tijera ni rasuradora. Y les digo, ya se imaginarán la chinga que me puso mi jefe, quien se negaba a creer que el pobre perro se había suicidado por culpa de tan feo nombre que le habían puesto sus amos. Es que es neta, ningún mendigo perro había hecho eso que hizo este menso. ¿A quién se le ocurre saltar al vacío teniendo una soga en el cuello??? Ya ni recuerdo qué le dijimos a los dueños, quienes sí agarraron onda, tal vez porque el "Colibrí" estába muy feito y ni de raza pura era. "Colibrí", Dios te tenga en su gloria y te vuelvo a pedir una disculpa por mi negligencia... pero yo insisto en que te suicidaste, cabrón.

sábado, enero 07, 2006

los jales del guffo

Antes de trabajar en lo que me gusta confieso que hice muchas cosas que no me gustan. Una vez fui a pedir trabajo a una agencia de edecanes. Así lo es. Cuando estaban promocionando el Gatorade necesitaban chavos y chavas que lo regalaran en eventos deportivos y escuelas y de más. Quedé contratado gracias a mis espiritifláuticos chamorros, pero cuando me enteré de que tenía que levantarme a las 5 de la mañana y usar shortsitos ajustados, no me volví a presentar, juarjuar. Una vez trabajé con un luchador, un tiempo jale en una estación de radio del gobierno haciendo aburridísimas cápsulas y también en un programa de música colombiana en la AM. Cuando comencé a hacer lo que me gusta, no me gustaba lo que me pagaban, pues hacía 3 caricaturas diarias y a veces no publicaban ninguna y me pagaban por caricatura publicada. Una vez llegué a ganar al mes la grandiosa cantidad de 150 pesos, o sea, tres caricaturas publicadas de las casi 45 que había hecho. Agradecí al periódico y lo mandé a chingar a su madre. Obviamente trabajé mucho tiempo en la clínica veterinaria de mi papá bañando perros, cortándoles en pelo, recibiendo mordidas y limpiando cacas... hasta que una vez un perro se me murió en la mesa de la estética. Lo subí, lo ganché a la cadena que colgaba del techo, le puse el bozal y empecé a cepillarlo. En eso, mi papá me habla por el altavoz para que fuera por otro perro a la recepción. Entonces, voy por el perrito y al llegar otra vez al área de estética canina, pues el pinche perro que estaba cepillando se había tratado de bajar de la mesa, brincó y quedó colgado el pobre animal. Y ya se imaginarán la chinga... Antes de trabajar en lo que me gusta, hice muuuchas cosas que no me gustan. Gracias a la vida que ya no las hago.

viernes, enero 06, 2006

el piñas

Mi amigo el Piñas soñaba con sacarse el mono de la rosca de reyes porque decía que ese era el único mono que podía tener y recibir como regalo. A nosotros nos regalaban los monos del Jedi, los de G.I. Joe y los de He-man, y a este güey no le regalaban ni madres porque era pobre y sus papas eran divorciados y borrachos. Por eso, cuando partíamos la rosca de reyes en casa de algún cabrón, nadie se quería sacar el monito y, el que se lo sacaba, lo volvía a poner adentro del pan duro y se lo llevábamos al Piñas y él se sacaba el monito y era bien feliz el güey con su monito plasticoso y blanco. Le decíamos el Piñas porque era bien mentiroso; pero en lo que nunca mentía era en que se había sacado el monito de la rosca de reyes. Nosotros éramos los mentirosos con tal de hacerlo feliz. Una vez el Piñas nos invitó a su casa porque su mamá había hecho tamales por lo de haberse sacado el muñequito de la rosca. Yo fui con un amigo, los demás no quisieron ir. Sentado en la humilde sala color vino que el papá del Piñas había comprado en abonos, comprendí que todos somos iguales, que no todos tenemos las mismas oportunidades y que cada ser humano se la pela bien duro a como le toca; pero se la pela siempre para seguir siendo humano... Dejé de ver al Piñas como dejé de ver a mi Bety y a la maestra Paula; entendí que la vida iba a ser así de ahora en adelante: bien culera... pero siempre esperando que vengan cosas mejores.

miércoles, enero 04, 2006

el clasemedierito enamorado

El director del Montessori imponía miedo, no respeto. Siempre entraba al salón en el momento menos esperado: alto, feo, papadón y muy serio; siempre con las manos por detrás. Se quedaba inmóvil en la puerta, mirándonos por encima como si fuéramos cucarachas, como si la corbata le apretara; con su cutis cicatrizado y cacarizo. Todos nos callábamos cuando lo veíamos ahí parado; nos sentábamos y hacíamos como que estudiábamos. Con un silencio sacado de lo más profundo del mar, regañaba parejo a todo el salón y se aventaba alguno que otro comentario sarcástico contra algún alumno en especial, por lo general, contra los más indisciplinados. Salía del salón y los murmullos y susurros subían de volumen otra vez. Yo sentía pena por el hijo del director, pues era mi compañero y casi nadie lo quería por ser el hijo del director. Qué culpa tenía él de tener un padre tan mamón. Noté que se habían llevado el pupitre de Bety a otro salón. Al día siguiente, la maestra de arte no fue a la escuela. El director volvió a entrar al salón con su pose perdonavidas y nos dijo que saliéramos al patio, que no íbamos a tener la clase de artísticas. Yo, de pendejo, levanté la mano. Dime Gustavo, me dijo el dire. ¿Por qué no va a venir la maestra Paula?, le pregunté. Esas son cosas que a ti no te interesan, me dijo, tú ocúpate de estudiar y yo me ocupo de arreglar los problemas de la escuela, ¿si? ; es más: ponte a recoger los papeles del patio, me ordenó el viejo culero. Su hijo me volteó a ver avergonzado pues yo no lo trataba tan mal como los demás alumnos. Le devolví la mirada haciéndole entender que él no tenía la culpa de tener un papá tan mamón. Salí al patio y detrás de mí los demás alumnos. A ellos los pusieron a hacer lagartijas, palomillas, sentadillas y demás ejercicios. Yo me puse a recoger los papeles del patio como me lo había ordenado el director. Ahora resulta que no tenía yo el derecho de preguntar por qué mi segundo amor se había ido sin ni siquiera darme una explicación. Viejo ojete.

lunes, enero 02, 2006

el clasemedierito valiente

Volvimos a clases y Bety ya no estaba en la escuela. Ignoro las razones por las que sus padres la sacaron del Montessori. La maestra Celia fue quien nos dio la noticia y recuerdo escuchar llorar a dos de sus amiguitas. Yo, lloré en silencio. Miraba su banco vacío y la imaginaba desprendiendo las orillas de su sandwich. Creí alcanzar a ver algunas migajas aún sobre el pupitre, pero no; era sólo polvo. Bety ya no estaba, se había ido. Bety: la que me ganaba a las carreritas, la que nunca se burló de mis tenis de Gigante, la que fue virgen en la pastorela y yo no quise ser su San José, la que tocaba la flauta bien bonito y me hizo imaginar por primera vez el sabor de un beso. Bety, la que me regalaba las orillas de su sandwich de Cheez Wiz con mortadela. Salió del salón la maestra Celia diciendo algo sobre que nos portáramos bien y sobre una nueva maestra que nos iba a dar la clase de artísticas, la verdad no puse atención pues estaba dibujando la imagen de Bety en el pupitre vacío. Entró en el salón la nueva maestra: Paula, se llamaba. Bety se desmoronó cual Polvorón Marinela de mi mente. Ya tenía un nuevo amor. Se llamaba Paula. Ojalá ella no me dejé sin razón o, si me va a abandonar, que de perdido me dé una... no como Bety, que se fue sin razones.