
Una señora que tiende calzones de encaje me ve con cara de "qué hace ese pinche loco tomándose fotos sólo". Las migajas de mi balcón ya no están; eran de pan bimbo integral y levantaron el vuelo en el pico de los pajaritos que cada mañana me vienen a despertar. Cada que salgo, vuelan; no les interesa -o les da miedo- mi amistad. Con justa razón, hemos empuercado su cielo y cortado sus árboles. En este balcón salgo a tender mis pensamientos, mientras postes y cables de luz y teléfono me desmadran la vista del cerro. Pronto desaparecerá ese cerro porque las constructoras se lo están tragando y a nadie le importa. El pan bimbo se hizo duro y me preocupa que, dentro de mis buenas intenciones de alimentar avecillas, éstas caigan una a una en pleno vuelo por la dudosa calidad nutritiva del pan. Reflexiono que aaah cómo nos gustan las migajas. El corazón del hombre es una paloma mendigando que le avienten trocitos de cariño. Cuando un corazón nos ofrece buffet para comer hasta atascarnos, terminamos por hartarnos. Así somos... o fuimos. Yo si prefiero el buffet; comerlo poco a poco pa´ no empacharme, en vez de andar pepenando trocitos de pan en cualquier corazón. La señora ya terminó de colgar sus chones, rugen los camiones, rugen las máquinas que depredan el cerro, el viento frota las hojas de los árboles restantes, se escucha "gooool" en el parque y un pajarillo me ve desde la barda esperando más pan duro...





















