jueves, septiembre 30, 2010

De niño a niño

Hace algunos meses mandé unas ilustraciones a un concurso de publicaciones infantiles y juveniles. Fueron tres los dibujos que envié, pero no me quedé con copia ni archivo jpg de uno de ellos, porque lo hice con acuarelas y lápices de colores y, aparte, estaba muy grande para escanearlo, snif. Ahí se los debo.
Están algo sencillos mis dibujitos. A ver qué tal me va. Si me va mal, me quedará el consuelo de haberme divertido mucho haciéndolos (y de haberme lavado el coco con esta mentalidad).

En esta ilustración del robot saliendo de una biblioteca, se supone que intenté plasmar el eterno dilema del: "Ay, el pobrecito libro contra las nuevas y malvadas tecnologías que lo quieren borrar de la faz de la tierra, snif", para dar a entender que un formato no tiene por qué estar peleado con el otro. O, al menos, eso creo yo. El helado con la cereza y los patines -accesorios muy streets of Miami-, son para que los niños sientan que leer es bien cool.


Se supone que en este dibujo del dinosaurio, el cuello del reptil forma en el cielo la palabra "lee", pero como ya nadie utiliza la letra manuscrita, se me hace que el mensaje no queda muy claro, por lo que se convierte automáticamente en un mensaje subliminal. Que igual y está mejor, porque así, el efecto que provoca en las cabezas de los niños es más contundente, y quién quite y hasta terminan obedeciéndome, jejeje.


Saludos.

martes, septiembre 28, 2010

Superen esto, novatos de la vida...

Hace 20 años –o poquito más- hice un roadtrip con mi padre.

Todo sucedió de un día para otro. El cuñado de un compadre suyo tenía que viajar de Monterrey a Nueva Jersey, donde vivía por temporadas, ya que daba clases en una universidad. El problema era que tenía que hacer el viaje por carretera, para tener su coche allá –una vagoneta Volvo de color café-, pero no quería aventarse el trayecto solo. Necesitaba un copiloto que le ayudara con la manejada.

De sus parientes y amigos cercanos, nadie pudo –o nadie quiso- acompañarlo, a pesar de que ofrecía pagar el hospedaje y el vuelo de regreso. Cuando le planteó el viaje a mi papá, éste no lo pensó dos veces: dejó encargada su clínica veterinaria a un doctor de confianza y me invitó, pues estaba de vacaciones de verano. El hombre sólo le puso una condición: “Tú pagas el hospedaje y el vuelo de regreso de tu hijo”. Fue un trato justo.

El día que partimos –muy temprano- mi padre me regaló una libreta sin espiral y una pluma de tinta negra, para que escribiera “nuestra aventura”, como él la llamó desde un principio. Aquí la foto:


Está de más decir que recorrimos un chingo de estados en los cuatro días que duró el viaje: Texas, Alabama, Louisiana, Tennessee, Virginia… no recuerdo el orden. Lo que sí recuerdo son las emociones que me invadieron al mirar los diversos paisajes que desfilaban por la ventana del asiento trasero. Si conservara aquella libreta que usé como bitácora, se las detallaría.

Para no hacerles el cuento largo, llegando a Nueva Jersey, mi padre y yo agarramos unas mochilas y nos fuimos a conocer varios lugares: Nueva York, Washington, etc. Tengo fotos en las Torres Gemelas –antes de que los gringos las destruyeran-, con la Estatua de la Libertad a mis espaldas y haciendo el signo de peace and love con la mano en el zoológico de D.C. A continuación, la prueba de mi “hippismo”:


Y acá, la prueba de que regresé a ese mismo zoológico después de más de 20 años y me tomé la misma foto puñetas de cuando estaba morro, snif:


Total que esas vacaciones me la pasé bien chido liro y conocí muchos lugares gracias a mi padre y a ese misterioso señor que lo invitó de viaje, con quien me tome unas fotos. A continuación, una imagen del susodicho:



Pocos pueden presumir haber hecho un roadtrip con su padre, pero creo que nadie puede presumir que viajó con el único mexicano que asesoró a los creadores del Google. Y si no me creen, pues googléenlo o búsquenlo en El Universal. ¿Qué gano yo con mentirles?

domingo, septiembre 26, 2010

Los amantes de más de medio siglo


Esta foto la tomé en Annapolis, capital de Maryland, después de tragarme como 5 crabcakes, una docena de ostiones en su concha y 3 cervezas muy amargas cuya marca no conocía ni quiero volver a conocer.

Tomé la foto porque me llamó mucho la atención la pareja que está en el extremo derecho. Ambos –fácil- pasaban los 50 años de edad y, en todo lo que duró el viajecito en el barco, no dejaron de besarse ni fajarse los muy calientes, jejeje. Incluso, cuando se bajaron, lo hicieron agarrados de la mano y así se fueron caminando entre las calles del pueblo cangrejero.

Se me hizo muy buen pedo ver una escena como ésta porque en donde me estaba hospedando no había canales pornográficos. ¡No, no es cierto! Se me hizo muy buen pedo porque uno no ve situaciones así tan seguido.

Como contraste de estos amantes veteranos, vean nomás a la pareja del otro lado: tan jóvenes ellos, tan fuertes, tan bellos, tan modernos, con sus lentes oscuros y toda la cosa… pero ni agarrados de la mano iban los pinches aburridos. ¿Dónde quedó esa libido de a todas horas traer la pilinga parada o las piernas temblando por el hecho de estar con la persona que uno decide estar? Malas decisiones, tal vez.

La morrilla que está en el centro de la foto es la hija emo de la pareja joven, que me imagino que todo el tiempo se fue pensando que la habían procreado sin amor y buscaba el momento justo para aventarse a las gélidas aguas de la bahía Cheesecake… o Chesapeake… o algo así.

Pero bueno, no pretendo adivinar o dar por hecho lo que piensan o sienten personas que no conozco (aunque las acciones dicen mucho), la cosa es que todo el trayecto me clavé en lo que hacía la pareja madura, como stalker de blogs, y neta que los rucos nunca se separaron, nunca dejaron de platicarse ni de meterse las manos en las bolsas traseras del pantalón del otro. El ñor siempre miraba a los ojos a la ñora cuando ésta le decía algo; la veía de bien cerquita, casi besándola. Y la ñora igual: lo miraba toda embobada, sonriendo siempre. A veces se decían algo en inglés al oído, y se lo mordían. Bien pinches cachondos los güeyes, jajaja; como comercial de Viagra hagan de cuenta. Y sí, no dudo ni tantito que muchos que los vieron hayan pensado: "Pinches viejos ridículos".

Total, nunca supe -aparte, a mí qué chingados me importa- si eran novios, esposos o amantes, si acababan de conocerse o tenían toda la vida de hacerlo, si estaban celebrando que por fin se habían librado de sus hijos o si habían nacido al revés: viejos, y en algunos años rejuvenecerán y estarán como la pareja joven: aburridos el uno del otro. Pero ojalá hayan nacido normalito, como todos, para que su ejemplo valga.

A veces el amor -a como lo entienda cada quien- nos hace parecer ridículos, pero prefiero un mundo ridiculizado por el amor antes que por la indiferencia o el odio. Son de esas cosas que vemos y no las creemos, pero queremos tenerlas. Porque al final, es lo único que cuenta.


jueves, septiembre 23, 2010

Al menos aquí en Monterrey, he visto cerrar más negocios por broncas con Hacienda, deudas impagables con el banco, malos manejos de contadores inéptos y aumentos desmedidos en los servicios y en los intereses, que por las cuotas de piso que cobra el crimen organizado. ¿Quiénes serán más culeros?... ¿O serán iguales?

miércoles, septiembre 22, 2010

"La ventaja de vivir en un país sin futuro, es que todos aprendemos a valorar nuestro presente"

Pinta que leí en la pared del baño de una cantina.

viernes, septiembre 17, 2010

Escuadrón de fin de semana


Por otro lado, quiero invitar a toda la banda del DF que le gusta la historieta y los webcomics a una exposición muy chingona que abre hoy 17 de septiembre y estará hasta el 7 de noviembre en el Centro Cultural España (Guatemala #18, Centro Histórico, atrás de catedral). Habrá trabajo mío y de otros colegas dibujantes expuesto. Ahí está el póster, para que se den una vuelta:


miércoles, septiembre 15, 2010

Guffotógrafo II

Antier les platicaba que, como todo "bohemio", atravesé por esa etapa de "Querer Ser Artista de la Lente"; etapa en la cual gastaba todo el dinero que ganaba como caricaturista de Grupo Reforma y Editora Regio en viajes a lugares "fotografiables", acompañado de otros compas que disfrutaban de este arte y del arte de la sana borrachera, ¡ajúa!

Les comentaba que hubo un tiempo en que me entró la onda de tomarle fotos a los perros y a los gatos, quesque para tener una temática y un estilo propio. Quería que al ver mis fotos, la gente dijera: "Oh, segurito que ésa es de Guffo", o, de perdido, soltaran un: "¡Aaaay, qué bonitooo!".



También les confesé haber tenido un ataque inesperado de admiración y respeto por mi ciudad, y que un día agarré mi cámara y me salí a las calles y me agarré fotografiando a los mutantes que en ellas habitan:


Después, empecé a comprar libros y revistas especializados en fotografía (o igual y que no fueran taaan especializados, pero sí que trajeran fotitos chingonas). Ya saben, revistas como: México Desconocido, National Geographic, Cuartoscuro, etc. Y fue entonces que tuve mi rachita de queres ser fotógrafo de Nachonal Yografic. De los trabajos más perfectos, después de fotógrafo de Playboy, a mi parecer. Y éste fue uno de los resultados:



Luego me sucedió lo que le sucede a todo "artista". Oh, el conflicto, ay, la crisis creativa, ay, el sufrimiento atroz de vivir. Y empecé a pegarle a la mamada tomándole fotos a cosas que no venían al caso, con encuadres raros y mensajes rebuscados acerca de, ay, la soledad, ay, el amor, ay, el olvido, ay, la futilidad de la vida y, ay, tanta mamada de ésos que creen que para ser artistas tienen que vivir sufriendo y diciendo las cosas de la manera más abstracta posible. Y tomé estas fotos que ni yo sé qué vergas significan:




Nota aclaratoria: Ningún animal resultó muerto en la elaboración de estas imágenes. Ya estaban así.

Y pos ya. Voy a buscar el librillo donde salen unas fotos de mi autoría, cuando expuse con otros fotógrafos en la Cineteca de Nuevo León. Ahí se las debo. Y no, no esperen fotos de viejas en pelotas... Blogger no me deja subirlas, snif.

lunes, septiembre 13, 2010

Guffotógrafo

No me van a negar que la mayoría de las personas atravesamos por esa etapa de “querer ser fotógrafos”. Al menos la mayoría de los que estudiamos ciencias de la comunicación o algún tipo de arte tenemos esa fase. Yo la tuve. Soñaba trabajar con viejas en pelotas, o, de perdido, con viejas en traje de baño; quería viajar por todo el mundo, explorando mares y selvas, trepando montañas, durmiendo en vagones de tren, comiendo en lugares exóticos. Quería tomar una foto mítica, tipo la del Che Guevara; una imagen que se volviera icónica, para hacerme famoso e inmortal, y no tener que volver a trabajar. Vivir de dar cátedras en todas las escuelas a las que me invitaran. No pedía nada, jejeje.

No recuerdo cuándo ni por qué dejé de tomar fotos. Creo que dejé de viajar tan seguido y eso me desganó. Y es que cuando me sentía fotógrafo, viajaba un chingo con mi vieja, mis compas, mi Pentax K 1000 y bastantes rollos de 35 mm en blanco y negro y a color, que revelaba en el laboratorio de la escuela o en cualquier Benavides (hasta después tuve cámara digital). Viajamos varias veces a Cuatro Ciénegas, muchas otras a la Huasteca Potosina, a algunas playas mexicanas, a varios países de Europa y al cliché de todo fotógrafo amateur: Real de Catorce. Ay, los inditos, los hippies apestosos que hacen pulseritas y la arquitectura pétrea. Ay, qué bonito, snif. A continuación, algunas fotos de mi autoría en ese lugar, antes de que fuera Brad Pitt y Julia Roberts:








Después, me rebelé -según yo- ante los patrones establecidos por los fotógrafos mamones, y me dije: “Tengo que construir un estilo propio y agarrar una temática que me identifique como artista”. Y fue cuando empecé a tomarle fotos a puros perros y gatos, influenciado -creo yo- por la profesión de veterinario de mi padre. Aquí algunas imágenes:






Cansado de los perros y los gatos, busqué nuevos horizontes (¡ahijuesupinchemadre!, hablo como un artista de verdad, jejeje). Un día, de pronto, me entró un orgullo irracional por mi ciudad, un gusto enfermo que no puedo explicar, y me salí a las calles a retratar a su gente, sus lugares típicos, su cultura y esas mamadas. Me daba mis roles a los negocios del centro: a las cantinas, a los restaurantes, a las librerías; me subía a los camiones, platicaba con los barrenderos, iba a la catedral, a los panteones el día de muertos… Volví a caer en puro pinche cliché fotográfico. Aquí las fotos de esa etapa:







Y ahí mejor luego le sigo, porque si no este post va a estar bien largo. Falta platicarles mi fase "abstracta", mi fase de "soledad", mi fase "experimental" y mi fase "mamona", cuando expuse en el Salón de la Fotografía de la Cineteca de Nuevo León. Ahí se ven. Que tengan buen inicio de semana.

P.D. Hagan lo que quieran con estas fotos: róbenselas, imprímanlas, digan que ustedes las tomaron, etc. Me vale madre: yo tengo los negativos originales, jejeje.

jueves, septiembre 09, 2010

Héroes

Lilian Hellman, la escritora norteamericana, alguna vez dijo: "El liberalismo perdió para mí su credibilidad. Lo he sustituido por algo más privado, algo que suelo llamar, a falta de un término más preciso, DECENCIA".

Al leer lo anterior concluí que, así ganen 50 mil o 100 mil pesos mensuales, si los policías -por poner un ejemplo de profesión- no son personas decentes, seguirán aceptando mordidas, extorsionando ciudadanos, pasándose a las filas del crimen y degradando cada vez más un oficio que en algún momento fue noble.

Decencia es lo que se necesita en México... entre muchas cosas más.

Yo no creo que haya que celebrar algo en este centenario/bicentenario. Incluso si creyera que hay algún motivo de festejo, me daría miedo ir a celebrar, por aquello de los balazos y los granadazos.

Tampoco creo en los llamados héroes patrios, así me demuestren con "documentos oficiales", estampitas y películas que alguna vez existieron e hicieron lo que se dice que hicieron. Al menos yo no veo los resultados positivos de sus actos y sus muertes. Tal vez los hubo, pero no perduraron.

Aunque mi fe en la gente de este país es nula, a veces me entra lo cursi y lo soñador por alguna u otra cosa que veo en la calle o me sucede. Sorpresas que me llevan a pensar que los cambios internos -o mínimos- conducen a los grandes cambios externos. Por lo que me puse a dibujar a los nuevos héroes patrios:



No se preocupen, mañana vuelvo a tirarle mierda a la humanidad entera, jejeje. Hoy déjenme disfrutar este arranque de fe de que las cosas van a mejorar gracias a la gente como uno.

martes, septiembre 07, 2010

Supositorio


Alguna vez, por estos lares, platiqué del primer encuentro cercano que tuve con un supositorio, snif.

Fue como a la edad de 3 o 4 años. Todavía no se me olvida el escalofrío que sentí cuando mi jefecita introdujo tremendo misil por mi inocente aniceto. Fue una sensación muy gacha: como de estar cagando para adentro, para, segundos después -con los ojos pelones y cara de "¡a la verga qué gacho se siente!”-, aflojar el chikistrikis y desparramar a presión toda la calabaza sobre la porcelana fina del escusado (amo las metáforas elegantes cuando de hablar de popó se trata).

A lo que voy con esta anécdota escatológica es que aún no me recupero de todo lo que comí y bebí en las vacaciones. Comida hindú, árabe, griega, tailandesa, pakistaní, iraní, turca, italiana, japonesa, china, española, gringa, vodka, ron, cerveza, Dr. Pepper, agua mineral de sabores, whisky… ¡Ay, mamachita!

Pero estoy casi seguro que los que me causaron el problema fueron esos pinches jogdogs de la foto. Me corto un tanate si esos monstruos de embutidos cerca de la Casa Blanca (¿qué andaba haciendo yo, antiyanki confeso, cerca del cantón de Obama?... se los dejo de tarea) no fueron los que conspiraron en mi contra para taponearme la cañería. Nunca me había sentido así por tanto tiempo. Yo, que voy al baño 3 veces al día, y no precisamente a admirar mi musculatura en el espejo y recordarme lo guapo que soy.

Si no me hubiera hecho tan hombre y tuviera todavía la tierna edad de 4 años, dejaría que me metieran un supositorio por el chimuelo. Neta que siento como si pudiera tapar una fuga de petróleo en el Golfo de México con toda la plastilina que tengo acumulada en el intestino. Lástima que ya la hayan tapado (bueno, no lástima; qué bueno que ya la arreglaron), pero para la otra, ya saben los ingenieros: denle de tragar de todo y al final unos jogdogs al puro estilo y desazón gringos, y verán cómo tapan el boquete luego luego.

Lo que sí es que uno nunca está demasiado estreñido como para no chuparse otra cerveza, jejeje.



Saludos.

viernes, septiembre 03, 2010

Banderilla

Ah, cómo les encanta a los gringos señalar los males de otros países y no querer ver nunca los propios. Sobre todo esas desgracias ajenas que ellos mismos provocan y que debido a su enorme arrogancia de salvadores del mundo y su doble moral se niegan a reconocer.

Hace un par de días causó indignación un dibujo. En la caricatura -autoría de un dibujante estadounidense- aparecen la bandera, el águila y la serpiente del escudo nacional balaceadas. Aquí la polémica imagen:


Está muy bien el dibujito. Muy real. Resume a la perfección lo que estamos viviendo en este pobre país. En lo personal, cambiaría el águila mexicana por el águila gringa, y le agregaría una que otra cosita, para hacer de esta caricatura una crítica más objetiva. Aquí el resultado:


jueves, septiembre 02, 2010

Detenidos


Notas aclaratorias:

El conejito asomado en el último cuadro es el Conejo Marihuano, creación de Polo Jasso, colega regiomontano al que no le pedí permiso para dibujarlo, pero puede dormir tranquilo, pues no lucraré con su personaje (no lucro ni con los míos, snif).

Mi post anterior fue un sarcasmo. No se ofendan mis lectores colombianos (porque lectores gringos no creo tener). No, no quiero que les tiren una bomba atómica y se mueran todos, simplemente me puse a pensar en las soluciones tan pendejas y tan en vano que han planteado autoridades y expertos para acabar con el problema de las drogas y la violencia en mi país, sin resultados positivos ni beneficios para la mayoría; y, si de decir pendejadas se trata, en eso yo sí soy experto, jejeje.

miércoles, septiembre 01, 2010

"Pos toda viene de allá", dijo el narcotraficante "la Barbie" cuando le preguntaron si la droga colombiana era mejor que la mexicana. Aclaró que la ruta de distribución que seguía era Panamá-México, y que el dinero en efectivo se lo mandaban en trailers desde Estados Unidos.

Pregúntome yo: ¿No será más fácil borrar del mapa a Colombia y a Estados Unidos para acabar de una vez con todos los pedos de nuestro país?